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3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 142: "Y así comienza"

Pius Thicknesse acechaba afuera de la entrada del Departamento de Misterios. No entró al cuarto circular lleno de puertas. Estar parado allí intentando adivinar la puerta correcta era una manera segura de ser atrapado por un Auror suspicaz o un trabajador ministerial que fuera pasando. Acechar afuera del cuarto circular era más fácil. El corredor no tenía mucho tráfico, pero si le preguntaban la razón del porqué estaba parado allí el dar la excusa de "estar esperando a alguien" no se consideraría rara.

El viejo mortífago 'espía' que tenian en el Departamento de Misterios, Augusto Rockwood, había sido expuesto por Karkaroff durante el juicio, junto con Barty Crouch Junior y otros cuantos más. Sin embargo, había existido otro espía 'junior' que Rockwood había estado entrenando para ser aceptado en el Ministerio como miembro legítimo del DDM.

Orinda Axeman después del arresto de Rockwood de inmediato enterró toda la evidencia de que podría haber estado trabajando con éste. Por suerte, pocos sabían que ella era la prima en tercer grado de Rockwood.

Ella suspiró al salir de la entrada del cuarto circular y ver allí a Pius esperándola. Cuando fuera contactada por Pius con el pedido de obtener información acerca de las Llaves de las puertas de Hogwarts, que fueron hechas durante la era de los Fundadores, se encontró algo vacilante acerca de responderle o no.

Aun así, ella no podía ignorar totalmente un mensaje de Lord Voldemort. Si bien no había sido marcada durante el último alzamiento del Señor Oscuro, se había esperado que lo fuera tan pronto completara su entrenamiento en el DDM.

Ahora, aunque todavía concordaba con la mayoría de la retórica de los sangre pura, también podía ver que "Lo Oscuro" ya no era lo que solía ser. Lo Oscuro solía tener una meta . . . proteger al mundo mágico de ser destruido por los muggles. Aun antes del final del primer alzamiento del Señor Oscuro, él parecía haber descendido en cambio en una euforia de asesinatos.

Ahora 'Quien-No-Debía-Ser-Nombrado' parecía todavía querer matar a un enorme montón de gente. Ella se dio cuenta que si él purgaba al mundo de cualquiera que no quisiera seguirlo sin cuestionamientos, quedarían muy pocos con vida. Si él ganaba, los Mortífagos tendrían que aferrarse a la esperanza de que a Voldemort le tomara unos cuantos siglos matar a todos los muggles y nacidos de muggles antes de que comenzara a matarlos a ellos mismos.

Orinda apretó el pergamino con la información y frunció el ceño. Después de encontrar la información que el Señor Oscuro deseaba, ella se había sentido jalada en dos direcciones por dos días acerca de esto. Le repelía la idea de ayudar al Señor Oscuro sediento de sangre a obtener acceso a la escuela llena de niños. Pero por el otro lado, el pensamiento de ayudar de cualquier manera a Dumbledore le hacia querer tomar una ducha. Realmente odiaba al Director y a sus seguidores traidores de sangre y sus amigotes de sangre mezclada.

Se forzó a relajarse y brindarle a Pius una sonrisa helada que no alcanzó sus ojos―. Esto es todo a lo que fui capaz de conseguir acceso. Creo que será suficiente para pasar por las puertas, pero han pasado cerca de mil años desde que las Llaves fueron hechas y habilitadas con estas barreras mágicas . . . es posible que las cosas hayan variado.

Orinda bien podría haber sido una Ravenclaw, pero ella sabía cuando actuar también con astucia. Decidió que haría 'feliz' a ambos lados. Ella no quería enfurecer a Lord Voldemort... especialmente por si triunfaba, así que la información que le entregó era el comienzo de los hechizos para abrir las puertas principales de Hogwarts. Eso los llevaría lo bastante lejos para aterrar a los habitantes de Hogwarts y asegurar que los Mortífagos creyeran que ella los había 'ayudado'.

Por otra parte, si el viejo chiflado de Dumbledore vencía, los hechizos no llevarían a los Mortífagos lo bastante lejos a través de las barreras mágicas en las puertas para conseguir ser arrojada a Azkaban; esperaba ella. Si esto era descubierto, ella diría que había sido chantajeada y probaría que poseía todos los hechizos para conseguir pasar completamente por las puertas . . . pero que no se los había entregado a los Mortífagos.

Orinda entregó el pergamino en las manos ansiosas de Pius y desapareció de regreso al Departamento de Misterios mientras él aferraba el pergamino contra su pecho y se escurría de vuelta al bastión de los Black, del cual se había apoderado ya completamente el Señor Oscuro.

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Voldemort revisó el pergamino con la información acerca de las barreras que eran controladas por las Llaves. Ese tipo de protecciones mágicas eran nuevas para él. Era obvio que eran una forma antigua, de cuando los magos solamente se molestaban en resguardar las puertas fuertemente con magia, y alguna otra forma de barrera en los muros. A veces ellos tan sólo usaban guardianes, bestias como manticoras o esfinges. Podía ver que esta información estaba incompleta. Ya sea Orinda Axeman no pudo hallar toda la información, o tal vez el Departamento de Misterios no contaba con ella . . . o ella no era en realidad una aliada del Señor Oscuro después de todo.

Aun así el pergamino señalaba las debilidades en las puertas. Un grupo de magos y brujas muy poderosos posiblemente podrían echar abajo las puertas de Hogwarts. El problema sería que tendría que enviar a la mayoría de su círculo interno: a sus Mortífagos más poderosos para hacer esto. Sin embargo, Dumbledore y probablemente los Jefes de las Casas tendrían que responder a esa amenaza y dejar el castillo desprotegido por el Director.

Sí, aunque las puertas siguieran en pie . . . sería una ganancia.

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Tres días antes de que los estudiantes tuvieran que marcharse por el receso de primavera, la Reserva de Dragones actuó. Yuan y Severus habían hablado con dragones y sus Jinetes, escogiendo los mejores equipos de lucha.

Por supuesto un enorme porcentaje de los Dragones y Jinetes, así como los Cuidadores que no estaban aliados con un solo dragón, se habían presentado voluntarios para resguardar Hogwarts y luchar para proteger el colegio. Yuan había tenido que hacer uso de muchas habilidades diplomáticas para sortear los solicitantes y decidir quien se quedaría esperando cerca del colegio, y quien se uniría a la batalla cuando sonara la alarma, así como a los que tendría que 'alentar' a que permanecieran en la Reserva para 'protegerla'.

El Director Dumbledore y Hugo Savage habían descubierto diez lugares cerca de la periferia de los terrenos de Hogwarts donde un dragón y un mago o bruja podrían esconderse por unos pocos días sin ser detectados. Finalmente, Yuan consiguió reducir el grupo a un manojo de luchadores que sabía como usar su varita en la mano dominante y empuñar una espada con la otra, pero eso podría ser la diferencia entre ganar y perder si la lucha se realizaba en una lucha mano a mano.

Los otros que podían luchar tendrían que volar hacia Hogwarts lo más rápido posible después que sonara la alarma. Realizaron una prueba con uno de los ágiles dragones galeses verdes y su jinete probó que con una corriente de aire alta en la atmósfera ellos podrían llegar a Hogwarts justo antes de que se cumpliera una hora.

Yuan suspiró insatisfecho. Una hora era demasiado tiempo durante una batalla. Podría haber todo terminado en una hora. Si solamente ellos pudieran mudar a los dragones más cerca esperando una señal... pero ese uso de magia sería notado, si no por los muggles entonces ciertamente por el Ministerio o los Mortífagos. La magia que rodeaba al colegio enmascararía a quienes se ocultaran allí, pero intentar esconderlos en alguna otra parte no funcionaria. No contaban con tiempo para encontrar otros lugares lo bastantes mágicos para esconder a los Dragones.

Por fin Yuan terminó de organizar las parejas de Dragones y Jinetes y los envió hacia Hogwarts. Se volteó para regresar a sus oficinas solamente para verse encarado a medio camino de allí por Beth, quien estaba siendo urgida a ello por Gigi y sus tres inquietos pretendientes.

―Gigi también quiere ir ―explicó Beth de forma llana, mientras Gigi los vigilaba con una mirada de resolución en sus ojos.

Yuan se rascó la nuca mientras se le unía un curioso Yao, un Severus vagamente alarmado y un perplejo Tom.

Yuan miró a la Colacuerno determinada e hizo ruidos en su garganta mientras pensaba. No tenía duda de que Gigi y sus chicos resultarían invaluables en una batalla, pero no le gustaba que no hubiera un Jinete para evitar que ella atacara demasiado pronto o que quizás confundiera a amigo por enemigo.

Gigi adivinó las preocupaciones de Yuan, y Beth de nuevo intervino―. Ella dice que no necesita a ningún humano para que le diga quien es amigo o enemigo. Además, es probable que vaya detrás de los Dementores y los Gigantes, así que no necesitan preocuparse ―Beth traspasó las aseveraciones refunfuñantes de Gigi en casi el mismo tono que la dragona enviaba a la niña pequeña.

―Ya llenamos los escondites que encontramos ―comenzó Yuan, preguntándose cual sería el plan de Gigi.

―Hazelette dice que todos ellos pueden esconderse en la caverna que esta en Hogwarts. Estarán un poco apretados, pero nadie buscará allí ―Beth sonrió feliz a Yuan, mientras Gigi intentaba hacer entrar a sumisión a Yuan con su mirada sobre el hombro de Beth.

Yuan caviló en ello. Hazelette era ahora parte de Hogwarts. Sencillamente ya no podía emprender el vuelo entre la Reserva y el colegio varias veces al año, y prefería quedarse bajo el cuidado amoroso de Hagrid.

Yuan finalmente asintió―. Gigi, puedes hacer eso. Pero solamente si prometes mantener tu furia bajo control para que sea de ayuda y no un estorbo. No necesitamos que salgas volando desbocada, ni siquiera entre los Mortífagos ―Yuan esperaba escucharse sincero. El recordar como Hazelette se había encargado de McNair le hacia preguntarse si unos cuantos Dragones desbocados no serían algo bueno.

Beth echó la cabeza para atrás para poder mirar a la amenazante Colacuerno Húngaro. Severus observó la interacción con una mezcla de asombro y nerviosismo. Cada vez que veía a su hija diminuta con la dragona que la había escogido tenía que reconciliar en su mente esta imagen de nuevo. Es que parecía imposible que la dragona no fuera un peligro para su hijita.

―Gigi dice que esta bien, pero que no será fácil. A ella no le gustan los Mortífagos, y esta muy celosa de que le hayan permitido a Hazelette meterle el diente a uno, y ella no ha tenido la oportunidad ―Beth sonrió de nuevo ampliamente a Yuan, sin duda sin llegar a comprender exactamente lo que Gigi quería decir con eso de 'meter el diente'.

Yuan y Yao estuvieron de acuerdo con el plan, y con un adiós alegre a Beth, Gigi y su acompañamiento de tres machos preocupados comenzaron a quedarse con Hazelette. Ellos rápidamente cayeron en un estado de medio-alerta medio-dormidos de un depredador esperando a que su presa pasara cerca de ellos. Los Dragones podían mantenerse en ese estado cerca de una semana después de lo cual el hambre los haría salir en busca de caza. Los Colacuerno se habían atiborrado con carne de cabra antes de irse de la Reserva, para no sentir hambre por varios días, y de todos modos se esperaba que la situación se resolviera en un día o dos de todos modos.

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El día antes de que los estudiantes debieran irse por el receso de primaveral, amaneció nublado con un cielo amenazante y un viento helado. Albus y Hugo estaban nerviosos, contando las horas, paseándose en la oficina del Director. Lucius había dejado abandonado a Remus para que antagonizara solo a Umbridge, mientras que Lucius se paseaba alrededor del pasillo de entrada y entraba y salida del Gran Salón. Presentía que hoy sería el día, y Severus pronto se le unió, seguido por Tom.

El Señor Oscuro venia en camino y él querría hacer una gran entrada que probablemente le conduciría allí, al Gran Salón, donde podría hacer la escena más memorable para los libros de historia.

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Los aliados de Voldemort lentamente se encaminaron hacia el colegio, tratando de no alertar a los Centauros y los Unicornios. Fenrir Greyback dirigía ahora una manada pequeña por el túnel que salia de Hogsmeade donde ingresarían a la escuela por el cuarto piso. Blaise y su grupo de apoyo finalmente habían despejado las rocas, y Neville había reportado esto obedientemente al Director, por intermedio de susurros en los oídos de Pansy quien había pasado esta información a Harry y Draco.

Ahora Fenrir estaba apostado en el fondo de las escaleras, esperando con ansias la señal de atacar. Literalmente salivando con anticipación ante la masacre que vendría. Oh, el Señor Oscuro había dicho que quería a la mayoría de los niños con vida para usarlos como rehenes. Fenrir sonrió con malicia. ¿Pero quien sabe lo que podría suceder en medio de la confusión de la batalla?

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Bellatrix y su hermana Narcissa se aproximaron a los portones principales de Hogwarts, acompañadas del anciano (y ahora el único) Nott, quien tenía un perturbador brillo de insanidad en la mirada. Yaxley y Rockwood venían detrás de ellos arrastrando los pies. Rockwood, por lo menos, sabía que la posibilidad de echar abajo las puertas era insultantemente baja. Ellos no eran nada más que una distracción, y Rockwood había pasado demasiados años en Azkaban para querer ser una distracción incluso para el formidable Director. Después de explicar la situación, Yaxley tampoco estaba muy entusiasta con ello.

Varios jóvenes Mortífagos venían detrás de ellos cinco. Era poco probable que añadieron algo a los hechizos que echarían abajo las puertas, pero podrían lanzar hechizos para proteger a los cinco principales atacantes, y , con suerte, atraer algo de los ataques de los defensores.

Bella y Nott, con una Cissa despectiva, de inmediato comenzaron a atacar las puertas. Narcissa tenía toda la intención de ayudar a Bella en esto, pero en el momento que las puertas fueran traspasadas, o cuando se detuviera el ataque, tenía toda la intención de ir detrás de su propio blanco: la Mansión Malfoy y esos insultos vivientes hacia ella, la nueva esposa squib de Lucius y su hija bastarda... Petunia y Victoria.

En el momento que el grupo atacó las puertas, las protecciones mágicas alertaron a Albus, quien inhaló hondo. Era casi un alivio el ver aparecer el comienzo del fin. De una forma u otra, la batalla terminaría aquí. Albus le hizo gestos a Hugo, y ellos activaron los brazaletes encantados que todos los miembros de la Orden, y sus aliados, tenían con ellos.

Albus frunció el ceño al darse cuenta que las puertas principales eran el punto de ataque. Se suponía que nadie sabía como funcionaban las protecciones mágicas, así que ellos no deberían estar echando abajo las salvaguardas tan efectivamente. Sacudió la cabeza, después de la batalla tendrían que descubrir como era que Voldemort había tenido acceso a esta información... asumiendo que ellos sobrevivieran.

Minerva apareció en las escaleras justo cuando Albus descendía por ellas corriendo hacia las puertas principales. Minerva comenzó a hacer los anuncios para que las clases fueran canceladas y los estudiantes fueran de inmediato a sus dormitorios.

Hugo corrió por un pasillo lleno de salones de clases de contenían a los de sexto y séptimo año, y rápidamente recogió a los que habían anunciado de antemano que se les unirían en la pelea.

La primera asignación a los estudiantes fue recoger a los otros en sus dormitorios; en especial a los que ellos pensaban que podrían unirse a los Mortífagos. Para su desmayo, muchos de esos se encontraban ausentes de clases ese día; estaba claro que habían estado prevenidos de cuando sería el ataque. Los reclutas de Albus con rapidez fueron a sus siguientes asignaciones... la mitad de ellos corrieron a apoyar a Dumbledore en las puertas, y los otros fueron a hacer un recuento de estudiantes en los dormitorios, y a encontrar a los estudiantes faltantes si se necesitaba.

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Fenrir y su grupo, que era una mezcolanza de los restos de su vieja manada y algunos nuevos renegados de Europa y Norteamérica que estaban buscando crear anarquía donde pudieran, unidos a los Mortífagos menos talentosos, como los Carrows, así como a aquellos a quienes Azkaban había enloquecido demasiado para ser muy efectivos. Para peor, Pettigrew había sido lanzado en esa mezcla. Fenrir no estaba muy seguro de si se suponía que este debía ser los ojos y oídos del Señor Oscuro, o si Voldemort tenía la esperanza que la pequeña rata resultara muerta. La verdad era que a Fenrir no le importaba. De todos modos pensaba hacer lo que le viniera en gana.

Fenrir sabía que el grupo de Dumbledore ya sabría que un grupo estaba planeando entrar por el túnel y se encontraría enfrentado a una emboscada al llegar, pero eso no le preocupaba. Él podría derrotar a cualquier profersocillo debilucho o a un estudiante novato.

Faltaban dos días para la luna llena así que los hombres-lobo estaban muy tensos. Fenrir, claro está, pasaba la mayor parte del tiempo parcialmente transformado ya que le encantaba el terror que inspiraba.

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Neville creía que le avisarían antes de comenzar el ataque, pero se encontraba en la biblioteca escribiendo un ensayo de Encantamientos cuando sonaron las alarmas. Corrió hacia el cuarto piso preguntándose si debería unirse a la pelea contra los secuaces de Ya Saben Quien, o revelar su alianza con la Luz. Tendría que ver con iba a enfrentarse.

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Dudley esperaba con impaciencia en las cocinas con los elfos domésticos. Los hermanos Creevey, unos cuantos Gryffindors, junto con Dora y un puñado de jóvenes Aurores esperaban a su lado. El túnel que Fenrir se encontraba atravesando era grande, pero tratar de entablar allí una batalla campal sería una locura. Ellos pretendían atacar en medio del grupo, cortando su fuerza por la mitad. El frente del grupo sería emboscado al salir del túnel; el resto sería obligado a retroceder por el grupo de Dudley.

Dudley sonrió ufano. *Su grupo*. Se sentía bastante orgulloso de haber pensado en usar la entrada que usaban los elfos a la cocina del castillo, y a los elfos domésticos mismos como un medio de ataque. Dudley había reclutado además a los otros Gryffindor, y a Dora y su grupo cuando venían saliendo por el Flú del Director.

Un elfo pequeño apareció con un 'pop' y chilló―. Los atacantes estar en la puerta. Es hora.

Dudley asintió y los elfos doblaron la palanca que abrió una puerta grande por donde venían los carros que traían las provisiones en los tiempos medievales. La fila de invasores se congeló y se volteó a mirar la entrada iluminada brillantemente como ciervos deslumbrados. Para disgusto de Dudley, reconoció entre ellos a varios estudiantes que se habían graduado apenas el año anterior.

Dudley y los Creevey se lanzaron hacia adelante, flanqueados por los elfos chillando que lanzaban hechizos que arrojaban a los invasores contra las paredes de los túneles mientras empuñaban enormes y alarmantes cuchillos de carniceros y machetes para cortar carne. Dora y los tres Aurores se escurrieron detrás de ellos, esperando que la pelea no hubiera terminado antes que ellos lograran lanzar un solo maleficio.

Los Carrow y unos pocos Mortífagos escapados de Azkaban se encontraban justo al frente del ataque de Dudley, y rápidamente corrieron detrás de los hombres-lobo que ni siquiera habían dado una mirada detrás de ellos.

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Los Centauros y Unicornios se movieron a través de los arboles del Bosque Prohibido, sin realmente encontrarse juntos sino que simplemente yendo en la misma dirección. Ellos habían sabido que la batalla sería pronto. Los Centauros habían estado observando los cielos y la lluvia de estrellas fugaces la noche anterior había anunciado las muertes de muchos que ocurriría dentro de poco.

Los Unicornios simplemente presentían la oscuridad circundante, y por supuesto la presencia de los Dragones acechando cerca no había pasado desapercibida para ninguno de ellos.

Ruth y Heather Black, junto con Oliver, cargaron a través de los terrenos del Bosque. Ellos habían llegado por Flú a Hogwarts cuando sonó la alarma, y se apresuraron a alertar a los Unicornios y ayudarlos durante la batalla que se cernía. Los tres rápidamente se encontraron montados en tres yeguas ancianas que controlaban las manadas del Bosque.

Centauros y Unicornios formaron una línea vaga cerca del borde del Bosque, enfrentando el Bosque y los atacantes que vendrían. Podían ver acercándose hacia a ellos a cerca de treinta Gigantes y los Dementores que quedaban de Azkaban. Las Acromántulas que variaban desde el tamaño de perros pequeños a autos grandes se unieron pronto a la carga.

Los centauros dispararon sus flechas con buen efecto contra las arañas pequeñas, pero las pocas flechas que alcanzaban a los Gigantes, apenas eran notadas por ellos mientras seguían con la intención de alcanzar el castillo. Los unicornios rápidamente se lanzaron a la carga y se deshicieron de algunos de los Dementores lo bastante tontos para tratar de deslizarse entre los arboles; el resto voló sobre la arboleda donde los furiosos Unicornios no podían alcanzarlos.

Los centauros seguían disparando a las arañas, y la manada se dividió en tres partes; dos tercios flanquearon a los centauros y un tercio persiguió a los Dementores que huían.

Las arañas más grandes no se veían afectadas por las flechas, ni siquiera a las que los centauros prendieron fuego. Llevó a varios unicornios echar abajo a las más grandes, y tuvieron unas cuantas bajas entre los unicornios por su causa. A pesar de eso, ellos solamente detuvieron el paso de la mitad de las arañas realmente grandes. Aragog y su pareja habían sido irritantemente prolíficos.

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Lupin dejó que Dex y cualquier hombre-lobo de la colonia que deseara unirse a la lucha que pasara a través del Flú antes de correr al cuarto piso para ocuparse del grupo de Fenrir. La mitad de la tropa siguió a Lupin, mientras que la otra mitad siguió a Dex hacia los terrenos para detener el avance de la línea de Acromántulas.

Gilderoy Lockhart había sido arrastrado por las prisas para defender Hogwarts, consternado al encontrar a sí mismo incapaz de retirarse con gracia. Gilderoy se encontraba enamorado de una mujer-loba tímida y más bien retraída llamada Rosalind. Ella era discretamente bonita con un colorido castaño apagado y formas delicadas. Él nunca la habría notado de no ser por su sonrisa. Debía admitir que ella se lo ganó con la primera gran sonrisa dirigida hacia él.

Cuando ella corrió a defender el castillo lleno de estudiantes, Gilderoy no tuvo más alternativa que seguirla. Si Rosalind iba corriendo al encuentro de una cruel muerte, no tenía más opción que compartir esa suerte. Dando alaridos y gimoteando todo el camino, por supuesto, pero lo compartiría si debía hacerlo.

Demasiado pronto Gilderoy se encontraba justo detrás de Rosalind cuando ella saltó enfrente de una enorme araña quien, a sus ojos aterrados, parecía ser del tamaño de un elefante. Rosalind valientemente lanzó hechizos corta-sable al monstruo, y hasta consiguió cortarle una de sus ocho patas. La acromántula dejó escapar un chillido iracundo, y golpeó a la mujer-loba, haciéndola dar volteretas hacia un costado con un grito de dolor.

Ese grito sacudió a Gilderoy de su terror congelante, compeliéndolo a actuar. En un acto de coraje poco característico, saltó delante de Rosalind y lanzó un hechizo que Tom Riddle había estado demostrando a los estudiantes en las clases de DCAO en que los dos estaban humillando a Dolores.

―¡ARANIA EXUMAI! ―chilló Gilderoy en un tono bastante agudo, su mismo pánico dándole fuerza al hechizo que hizo tambalear a la araña hacia atrás, cayendo por un costado de la colina.

―Oooh, esa fue buena, Gilderoy ―Rosalind le sonrió con un azorado asombro, haciendo que él olvidara por un momento que sus túnicas nuevas de seda y su cabello recién peinado se encontraban en un grave peligro, al menos hasta que notó que otro mastodonte de ocho patas se dirigía en su dirección.

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Voldemort Apareció en las afueras de Hogsmeade, con la Choza de los Gritos a la vista, y marchó a grandes pasos hacia la ruina vieja y desvencijada con sus tropas llegando en pequeños grupos detrás de él. Cuando cada grupo entraba a la choza, otro Aparecía en las afueras de la villa. Con suerte, las alarmas no se dispararían por estos grupos pequeños.

Se tomó su tiempo pasando a través de la Choza, ya que de todos modos solamente se podía pasar de a uno por el túnel. Él deseaba darle tiempo a las criaturas oscuras para crear caos, y las distracciones de Fenrir, y el ataque a las puertas para ocupar a Dumbledore y a algunos de sus luchadores más diestros.

Una vez que salieron por el Sauce Boxeador, y el árbol atacante fue destruido con maldiciones explosivas, Voldemort convocó a los Trols en que había colocado compulsiones. En realidad existían muy pocos hechizos que tuvieron efectos en los trols. En su mayoría explosiones de alto poder o maldiciones cortantes eran usadas tradicionalmente en trols. Los hechizos Confundus eran difíciles porque, bueno, los trols no contaban con mucho en materia de cerebro para confundir en primer lugar. Quirrell, empero, había reinventado un hechizo que funcionaba en los trols en forma parecida a una maldición Imperius. Voldemort sonrió torcidamente con contento. Ah, Quirrell. Un completo burro en algunas cosas pero, por Merlín, él conocía de trols como nadie.

En esos momentos los trols estaban siendo utilizados como bestias de pastoreo para los Inferi que Voldemort había transportado hasta allí. Los Aurores habían erradicado a los Inferi dentro de la caverna que albergara el relicario-horcrux. Voldemort se encontró perturbado por eso cuando descubrió que tanto el relicario como los Inferi que colocara de guardia habían desaparecido, pero eso había ocurrido tan sólo unos pocos días atrás y simplemente no tuvo más tiempo que lanzarle unos crucio a unos pocos esbirros debido al ultraje.

Tendría que hacer otro horcrux para reemplazar ese, pero primero destruiría a Harry Potter y los traidores que estaban ayudándolo. Le hubiera gustado haber matado lentamente a Lucius y Severus delante del mundo mágico, donde la gente quedara aterrorizada con el espectáculo. Pero eso era poco probable que sucediera ahora. Lo más probable era que murieran en la batalla. Ninguno de los dos magos era del tipo que se rendía, y eran demasiados capaces en el duelo para ser capturados.

Voldemort aún no tenía claro de que hacer acerca de Tom, su heredero. Y finalmente se decidió a abatirlo sin matarlo, si fuera posible. Tom sin duda estaría parado junto al 'elegido'. Él encontraría la manera de convertirlo más tarde. Y si no, bueno, era lo bastante conocido para hacer de él un 'buen ejemplo' con una ejecución pública, de ser necesario.

Mientras tanto, se encontró aliviado al descubrir que la caverna adyacente a la primera todavia contenía Inferi esperando con paciencia a que su amo regresara. Era un grupo pequeño, de sólo trescientos o algo así, pero bastantes para ayudar a sobrepasar a los defensores de Hogwarts en la batalla que se venia.

Los Inferi habían sido transportados hasta el borde del Bosque cerca de la choza sosteniendo largas sogas convertidas en Transladores, para después ser conducidos por los trols hacia los terrenos del castillo con órdenes de matar a cualquiera que encontraran sin una marca oscura. Los Mortífagos sabían que debían enseñar su marca si eran lo bastante poco diestros para ser arrinconados por un Inferi.

Los Dragones salieron de su escondite y se encontraron decepcionados de descubrir solamente arañas gigantes en el área general que ya había sido segada por unicornios y centauros. Después espiaron la llegada de Inferi y los trols que los conducían, junto con una línea de gigantes que se dirigían lentamente en dirección a Hogwarts, y su interés en la batalla se disparó. Se apresuraron a ir alegremente a emplear su fuego contra los despojos tambaleantes que se encaminaban hacia el castillo.

Voldemort renegó un poco al cruzar los terrenos de Hogwarts. Había estado seguro que le llevaría tiempo a los dragones para llegar hasta el colegio. No habían existido señales de ninguno cerca, con la excepción de la anciana dragona verde galesa. Aun así, los defensores se encontraban ocupados; incluido Dumbledore, cuyo hechizo incendiario dirigido hacia las puertas podía verse claramente a la distancia.

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Umbridge escuchó los anuncios de McGonagall a la par que los estudiantes. Estaba en su clase de sexto año y vio como uno o dos estudiantes de esa clase que se encontraban trabajando con ella, escaparon por la parte de atrás del salón antes de que Lupin pudiera decir algo.

Remus frunció el ceño y salió del salón de clases que estaba en el segundo piso, dirigiéndose hacia el cuarto piso y la entrada del túnel. Sabía que por lo dicho por Neville, Fenrir pretendía entrar por ese lugar, seguido por quien sabe quien. Voldemort había conseguido restringir la información de sus secuaces en Hogwarts de por donde tenía intención de hacer su gran entrada a Hogwarts, pero Remus dudaba que fuera a ser a través del túnel... simplemente no era lo bastante grandioso.

Remus, Lucius y Sirius llegaron rápidamente al pasillo que se estrechaba hacia el espacio donde estaba la puerta de espejo. Neville estaba allí, junto con Blaise, Goyle y Crabbe quienes estaban abriéndole la puerta a los hombres-lobo y los Carrow. Una rata se escurrió detrás de ellos y consiguió desaparecer detrás de unos tapices antes de ser divisada.

De inmediato empezó el caos, con Fenrir cargando contra los tres con la mitad de su grupo siguiéndolo. Los tres magos consiguieron mantener a raya a los licántropos, pero fueron siendo empujados hacia atrás a lo largo del pasillo, alejándolos de la escalera y dejándola así libre para que los Carrows y el resto de la manada bajara por allí adentrándose en el castillo.

Lucius y Sirius rechinaron los dientes y consiguieron romper los escudos de algunos hombres-lobo matando a un par de ellos, mientras que Remus empujó físicamente a Fenrir lo suficientemente fuerte para empujarlo por la balaustrada y hacer que cayera hacia abajo... para mala suerte aterrizando sobre la escalera en vez de sufrir una fatal caída de cuatro pisos.

Lucius y Sirius bajaron por la escalera detrás de los hombres-lobo y los Mortífagos que corrían dentro de los corredores buscando víctimas.

Neville había aprovechado la oportunidad para lanzarse detrás de un tapiz cuando Blaise y sus dos sombras se escabulleron por las escaleras detrás de los viejos combatientes. Desde allí observó entretanto como Umbridge interceptaba a Remus cuando el comenzaba a seguirlos.

Umbridge vio con satisfacción como Remus se apartaba de ella. Dolores había estado planeando esto desde el comienzo de esas clases humillantes, con ese hombre-lobo semibestia como su principal atormentador. Ella había ido a su habitaciones en la parte de atrás del salón de clases para cambiarse rápidamente antes de buscar su blanco.

Dolores ahora llevaba anillos de plata en todos sus dedos, brazaletes de plata anchos y una gargantilla gruesa alrededor del cuello. Sus túnicas llevaban hilos gruesos de plata en su tejido. Era pesado moverse, pero pudo ver que Remus empalidecía y tiritaba mientras ella se acercaba más. La bruja arrojó algunos cuantos maleficios a Remus que éste trató de bloquear, pero apenas podía pensar mientras Lunático aullaba de dolor y miedo en ese escenario.

Dolores le sonrió dulcemente a Remus y dijo con afectación unos pocos insultos―. Ahora no somos tan engreídos ni nos creemos tan listos, ¿no es así? Estas arrastrándote como el animal que eres ―ella conjuró una Bombarda que arrojó a Remus en una esquina. Pero ella avanzó demasiado cerca y Lunático, ahora se sintió atrapado. Aun cubierta de plata, Dolores ahora era su blanco. Remus le lanzó un golpe con el brazo con los ojos color ámbar frenéticos en los que un hombre-lobo empavorecido miraba hacia afuera.

Remus nunca había sufrido de ningún cambio físico excepto en la luna llena, así que fue con un sentido de horror que observó como sus manos ahora tenían garras y lucían más como zarpas que como manos. Siempre había mantenido a Lunático bien 'enjaulado' excepto en Luna Llena, pero ahora el lobo estaba completamente fuera de control. Vio como el rostro de Dolores cambiaba de una satisfacción maligna al terror cuando las garras la desgarraron y el golpe la arrojó contra la muralla, aturdiéndola.

Neville observó todo desde detrás del gobelino, un poco preocupado por el profesor Lupin que siempre había sido amable con él, pero también estaba muy asustado ahora del hombre-lobo claramente fuera de control. Algo se arrastró cerca de sus pies, y con un gruñido disgustado pateó la rata en medio del pasillo.

Remus justo empezaba a ganar control sobre Lunático, con ahora Dolores y su atavío incrustado en plata lejos de él, pero al ver la rata -Pettigrew- , tanto Lupin como Lunático se unificaron en su cólera dirigida contra el traidor de su manada.

Peter había estado observando como Remus era torturado con cierto grado de alegría. Condenado merodeador santurrón que era Remus. Y de pronto se encontró pateado en el pasillo encarando a un Remus parcialmente transformado. Remus comenzó a avanzar hacia él y Peter volvió a su forma humana, moviendo su varita con nerviosismo hacia su antiguo amigo. Un movimiento hacia atrás de Lunático cuando movió su mano izquierda para tratar de detener la carga del merodeador, le recordó que ahora contaba con una mano de plata.

En vez de lanzar una maldición, Peter simplemente agarró a Remus por la garganta con su mano de plata. Fue difícil aferrar al hombre-lobo que gritaba y se retorcía, pero Peter sabía que su propia vida estaba en juego.

Neville vio con el corazón hundido como Lupin se tornaba rojo y después morado cuando su aire se cortaba y la plata empezaba a envenenar la sangre del licántropo. Neville albergaba la esperanza de pasar la tormenta fuera de vista, pero no pudo dejar a esta suerte a su antiguo profesor. Cuando Lupin comenzó a realizar un alarmante ruido de gorgoteo, Neville salió disparado, aferró una espada de una armadura cercana y dio un mandoble hacia la cabeza de Peter como si estuviera tratando de hacer un gol en el campo de quidditch.

De inmediato se sintió algo asqueado al ver el rocío de sangre y sesos cubrir su túnica. Quizás debería haber usado una maldición, pero los dos magos estaban demasiado cerca y en el medio de una lucha. Sin embargo ahora Remus estaba cubierto de sangre y sesos también y se hubiera visto aterrador de no ser porque se encontraba derrumbado en el suelo respirando en penosos jadeos.

Neville pateó el cuerpo de Peter fuera del camino y levitó a Lupin para conducirlo hacia la Enfermería, haciendo una pausa para quebrar la varita de Umbridge debajo de los tacones de sus zapatos mientra pasaba junto a ella, todavía quejándose en el suelo.

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En el intertanto, los Dragones quemaban a los Inferi lo más rápido posible, pero debían quemarlos de a uno, así que iban más lento de lo que quisieran. Los trols dejaron de conducir a los Inferi y comenzaron a atacar a los defensores en cambio y pronto se les unieron los gigantes de lentos movimientos.

Gigi y sus pretendientes dejaron a los Inferi y los trols para los otros, y fueron derecho a los gigantes. Los Dragones que venían de la Reserva llegarían luego, pensaba ella. Pronto echaron abajo a uno de los Gigantes que iba adelante, golpeándolo fuerte y literalmente desgarrándolo con sus garras sin molestarse en usar llamas.

Esto hizo que los otros Gigantes se quedaran mirando y se removieran inquietos vacilando. Ellos no habían acordado en eso. El resto arribó pesadamente, y por fin los otros continuaron aun más lentamente. Gigi y sus muchachos cambiaron a hacer ataques de fuego a intervalos, pero llevaba muchas rondas de fuego el matar a uno de ellos, así que esto marchaba más lento de lo que ella le gustara.

Aun quedaban seis gigantes cuando llegaron cerca de uno de los patios afuera del castillo. Uno de los machos de Gigi voló demasiado cerca de un gigante tratando de espantarlo, y el garrote del gigante le dio haciéndolo caer contra el suelo. El dragón no entró en pánico, sin embargo. Tenía una lesión en su ala, pero todavía tenía garras, dientes y llamas. Se colocó delante del patio con las alas desplegadas y dejó salir su mejor llamarada de fuego. El gigante aulló, pero cargó hacia adelante y aferró al dragón por el cuello, cortando su aire... y su fuego. El dragón lo rasgó frenéticamente con sus garras donde lograba alcanzar, pero el gigante estaba desesperado también y el dragón finalmente quedó laxo en su muerte.

Gigi y los otros dos machos volaron en ayuda del otro dragón, pero llegaron demasiado tarde. Gigi fue robada de su venganza contra el gigante cuando este terminó asimismo muerto, sucumbiendo a las profundas heridas y quemaduras sufridas por las llamas.

Gigi inmediatamente pasó a la ofensiva, atacando los cinco gigantes restantes con rabia desatada. Los gigantes la habían robado de uno de sus muchachos, y ellos pagarían caro por ello. Ninguno de los gigantes se iría con vida.

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Harry y Draco habían estado en Historia de la Magia, escuchando una clase acerca de las interacciones de Grindewald con el ejercito alemán y como en verdad había influenciado los eventos. Hermione y el profesor Pucey se encontraban en medio de un apasionado debate concerniente a los bombardeos sobre Londres cuando los anuncios los interrumpieron.

El estómago de Harry se retorció en nudos por un rato, pero cuando menos pronto todo habría terminado. Draco y él esperaron hasta que el salón de clases se vaciara y después se encaminaron hacia la entrada del frente y el Gran Salón. Ellos pasaron por un pasillo que estaba repleto con una masa de Lazos del Diablo que contenían enredados apretadamente a varios hombres-lobo. Cerca de allí una exhausta profesora Sprout estaba siendo atendida por algunos Hufflepuff de cursos superiores. Arrojar unas semillas y usar su magia para hacerlas crecer instantáneamente para capturar a los hombres-lobo atacantes la habían drenado bastante.

Se detuvieron a lanzarles unos maleficios a los Carrow y a los enloquecidos fugados de Azkaban. Ellos habían sido arrinconados cerca de una escalera que Cho Chang y Mafalda Prewett habían hechizado para que rehusara moverse así que los Mortífagos no habían podido usarla para abandonar el área.

Los gemelos Weasley y Argus Filch, junto con varios Ravenclaw y Hufflepuff los estaban manteniendo confundidos y confinados con las invenciones que Fred y George estaban pensando en comercializar. Argus Filch tenía los brazos llenos de 'cremas de canarios' y otros similares: 'lenguas de alce' y 'patas de pingüino', que usaba con entusiasmo una vez que se dio cuenta que no necesitaba de magia para hacerlos funcionar, tan sólo necesitaba arrojárselos y quien quiera que golpeaba se convertía en uno de esos animales por cerca de cinco minutos. Había escuchado que los gemelos estaban buscando un patrocinador para abrir una tienda después de graduarse y ahora estaba determinado a sobrevivir la batalla y hacer negocios con ellos.

Era un tanto enervante observar al squib normalmente agrio arrojar con entusiasmo los trucos a los Mortífagos, bajo la cubierta de los hechizos de escudo de los gemelos. Ellos habían descubierto que Argus tenía una puntería fantástica.

Harry y Draco se hicieron a un lado pasando por un costado de los combatientes, y después pasaron otras escaramuzas entre estudiantes que habían sido reclutados por Dumbledore y Hugo Savage y los estudiantes que apoyaban a los Mortífagos. Después llegaron a la entrada delantera donde Severus y Tom estaban esperando, justo cuando Lucius y Sirius aparecieron corriendo para unirseles.

Harry miró a su padre y su hermano ―. No deberíamos esperarlo aquí, todos los estudiantes están por aquí.

Severus asintió una vez, y caminó hacia las grandes puertas de entrada abriéndolas de golpe con un movimiento de su varita. Ellos pudieron ver a Voldemort cruzando el pasto mientras ellos salían de la escuela.

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Nota de la Autora: Tenía la intención de poner la batalla entera en este capítulo, pero ya estaba bastante extenso. Además, yo seguia regresando atrás para re-escribirlo, asi que decidí postearlo antes de rehacerlo de nuevo.

N/T: ¡Qué emoción! Aunque no me satisface lo de Neville, esperaba verlo sufrir en serio cuando menos. Muchas gracias a todos quienes dejan comentarios y han seguido favoreciendo y siguiendo esta historia.

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