He vuelto, no sé si alguien esté leyendo esto jaja pero por si acaso... recuerden tener paciencia, lo digo por lo OOC que continuará destruyendo el buen concepto y *suspirar* bromeo, todo tiene propósito, lo prometo.

Capítulo 2

—Espera, espera… —refutó el albino a mitad de la historia—, lo dices como si en verdad Illumi fuera una victima. Te informo de que yo pasé por lo mismo y no por eso soy un idiota como él.

—¿Me vas a dejar continuar o tengo que esperar a que termines tus…?

—Termina pues —interrumpió molesto.

—Te dije que es una historia larga.

—Y si continuas así, no terminarás jamás.

El hombre suspiró y antes de tomarse las cosas de forma personal, decidió seguir relatando su historia.

—Habla, Tsubone.

—Illumi-sama no tiene poco de comportarse de este modo. Desde que tiene nueve años…

—¿Nueve? ¿Quieres decir que esto de matar a los mayordomos no es algo nuevo?

—Al principio sólo nos hacía cumplir caprichos infantiles como ayudar a hacerle bromas a Milluki-sama o ser sus conejillos de indias en sus entrenamientos en solitario… pero fue evolucionando sus deseos y su capacidad de manipulación.

—Silva —alzó la voz el abuelo Zoldyck— esto sólo significa una cosa… Illumi no puede ser el futuro representante de la familia.

—¡Cómo te atreves a decir algo como eso! —Gritó Kikyo enfadada— ¡Es sólo un niño! ¡No podemos…!

—Cálmate Kikyo… —Silva decidió frenarla antes de que continuara su escándalo.

—Imaginen que él llegara al puesto como cabeza de la familia, ¿qué creen que ocurriría?

Sí, el anciano tenía razón— destruiría a la familia… acabaría con todo nuestro legado —y fue la misma Kikyo la que respondió.

—Nadie aceptaría apoyar su causa, no lo seguirían ni lo respetarían, buscarían cómo acabar con él hasta que lo lograran —secundó Silva.

—Mi pobre bebé —lloró la desesperada madre— mi pequeño ha estado así, enfermo, y no hemos sabido tratarlo, ¿qué podemos hacer?

—Lo único que se me ocurre, es que necesitamos otro heredero y está claro que Milluki tampoco está a la altura de la situación, apenas hizo su primer trabajo y no le veo con muchas ganas de hacer otra cosa que estar jugando con su computadora… —habló Zeno Zoldyck.

—Yo estoy de acuerdo con ello, pero no sé si Kikyo quiera.

—… —ella dudó, estaban hablando de desplazar a un niño que había sido tratado toda su vida como el heredero de la familia. Pero finalmente no pudo contra la presión— s-sí, está bien.

—No creo que esté bien que sólo tengan otro hijo más —continuó Zeno— Illumi creció en un entorno solitario y ha llegado a este punto… la diferencia de edades entre él y Milluki no les ha permitido llevarse del todo bien; además sería bueno que tuvieran otros dos hijos más, si uno de ellos no es lo suficientemente apto para el oficio, el otro lo sería así. Se compensaría.

—Tiene lógica —expresó Silva.

—Además podrían crecer más sanamente y aprenderían a desempeñar sus papeles de mejor modo. Quizá esto podría ayudar a Illumi y a Milluki a ser más responsables —concluyó la mujer para demostrar su apoyo a la decisión.

—Quién sabe, a lo mejor, un bebé en casa ayudaría a Illumi a valorar más la vida de otras personas.

Illumi nunca supo que esto estaba pasando mientras él estaba entrenando con Milluki -que era algo que ocurría más seguido ahora-, sólo supo varios meses después que su mamá tendría otro bebé nuevo en casa.

Milluki había hecho un gran escándalo. No quería perder sus privilegios de hermano menor y se echó a llorar en el suelo al tiempo que su padre lo regañaba duramente por su berrinche. Illumi, por su parte, no hizo ninguna expresión. Recordaba haber visto a su hermano menor cuando llegó a su casa aquél día y se preguntó si sería otro niño débil más con quién convivir. En ese momento, consideró que era algo que no tenía nada qué ver con él mismo, así que no le dio importancia al asunto.

Killua nació un siete de julio en medio la sutil tensión familiar y, para sorpresa, tenía un hermoso cabello plateado que lo hacía resaltar entre todos. Hubo fiesta, y los adultos en casa se alegraron mucho por su nacimiento; así mismo, Killua había sido hasta ahora el niño más bonito que había nacido en la familia. El único que mostró su inconformidad en aquel entonces, como era de esperarse, había sido Milluki.

Illumi había asumido que no era su asunto y vaya que se había equivocado.

Desde el momento en que el nuevo integrante cumplió una semana de haber nacido, su abuelo y sus padres habían preparado un plan para que no se repitiera la misma historia de Milluki.

Normalmente habrían esperado a que el niño caminara para comenzar con sus entrenamientos, y había sido por causa de esta espera que, durante el desarrollo de su segundo varón, habían mostrado compasión por él cuando notaron que no tendría la misma capacidad que su hermano mayor, atrasando así sus entrenamientos.

Esta vez se asegurarían de que aún si tuviera o no la capacidad física para ser un asesino profesional, por lo menos desarrollara la resistencia necesaria mínima para ser un buen asesino. Así que recibía pequeñas dosis de choques eléctricos y venenos. Sólo lo justo para que esto no afectara a su crecimiento y salud. Cuando se tenía que hacer esta clase de cosas, Illumi normalmente estaba ahí por ordenes de sus padres y estuvo yendo hasta que entendió que él tendría que hacerlo de vez en cuando, sobre todo en aquellas ocasiones en las que su padre y su abuelo no estaban, y su madre le ayudaba entre tanto.

Por lo menos Killua no era un bebé llorón como su hermano, era un niño alegre excepto cuando tenía que aplicarle los muy ligeros choques eléctricos o los venenos. Y estaba agradecido de no tener que ser el encargado de todos los cuidados que ese bebé requería. Después de su rutina de con él, podía salir del cuarto y dejarle el resto a los mayordomos.

Llegado el momento, Kikyo decidió que era tiempo de enseñarle algo nuevo a su hijo mayor y, tras una charla donde hizo comprometer al muchacho a ser cuidadoso con sus hermanos menores, le comenzó a enseñar a usar el arte de la magia.

Desde el momento en que sus dedos tocaron un libro de encantamientos, quedó fascinado con ello. La mente humana, las emociones, las promesas, las ilusiones y deseos, todo lo que alguna vez se había preguntado estaba ahí plasmado y se dio cuenta de que eran cosas que él podía usar a su favor. Era la clase de cosas que a él le gustaba controlar y ahí decían diversas formas para hacerlo.

Requería de un estricto control de Nen, y pese a que su padre y su abuelo no estaban de acuerdo con lo que su madre le quería enseñar, siguió estudiándolo, mientras se sentaba junto a la cuna de Killua. De ese modo se volvió más soportable estar ahí cerca de él.

A los tres meses del nacimiento del albino, Kikyo volvió a quedar embarazada, para desgracia de Milluki y también ahora de Illumi que se aburría infinitamente cada vez que tenía que realizar sus responsabilidades con su pequeño hermano. Se preguntó si al final esto tendría algún objetivo justo para su vida.

A los cuatro meses de embarazo, Kikyo quedó en cama. Era un embarazo de alto riesgo y no podría moverse como antes mientras durara aquello. Durante un tiempo se habló de un posible aborto, pero no pasó a mayores. Lo único que cambió fue que Illumi ahora tenía que cuidar más tiempo a su hermano Killua, su padre se lo asignó y no pudo negarse.

En casa estaban convencidos de que esa responsabilidad en el mayor de los muchachos lo volvería más estable; no obstante, su frustración empeoró, él no quería ser niñero de nadie, no tenía interés en cuidar a un bebé; sentía que no había quien tomara en cuenta sus deseos y era verdad, el problema era que tampoco él se atrevía a decirlo.

Lo único que hacía era ignorar al máximo la presencia del bebé que cuidaba mientras se dedicaba a estudiar los libros que su madre le había dejado. Y por supuesto, usaba a sus mayordomos como sus sujetos de pruebas para sus experimentos con lo que aprendía. Mientras que no fuera solicitado un reporte, no se le notificó a ningún Zoldyck del malévolo comportamiento de su primogénito. De cualquier modo, esta vez no harían ni dirían nada aún si se enteraban. Se suponía que los mayordomos debían tener la resistencia para poder trabajar con amos tan exigentes como ellos así que no valía la pena hacer alarde al respecto.

Alluka nació muerto, estuvo muerto durante ocho minutos hasta que respiró de milagro y soltó el llanto. Aquel debate entre la vida y la muerte hizo dudar a todos si Alluka tendría algún problema en su aprendizaje y fue un tema de tristeza en la casa. No hubo fiesta por Alluka, además, no tenían el humor. Alluka estaba enfermo al igual que su madre la cual quedó inconsciente por tres semanas. Tuvieron que quedarse en cuidados intensivos mientras que Silva se hacía cargo de todo en casa.

No quisieron que Illumi se responsabilizara de todos los asuntos de Killua porque dudaban si él sería capaz de lograrlo, tan sólo tenía trece años cuando todo eso ocurrió.

El solitario muchacho se dedicó a entrenar por su cuenta, encontró una gran diversión en los libros de su madre y mejoró mucho su control de Nen, sobre todo con las agujas que solía usar para sus practicas de encantamientos. Pero no podía dedicarse sólo a ello.

Silva tenía el objetivo muy claro, había fallado con Illumi, pero esta vez no lo haría con Killua. Se concentró en su pequeño hijo.

Los primeros pasos de Killua fueron dados mientras que él veía a su hermano entrenar. Illumi tuvo que detenerse abruptamente para no terminar atacándolo accidentalmente porque el pequeño comenzó a atravesarse en su camino.

Desde ese instante, los entrenamientos rudos comenzaron. Esta vez, contaría con Illumi para enseñarle al pequeño a conseguir las habilidades necesarias para su futuro.

Illumi no objetó a las ordenes de su padre, si quería que él entrenara a su hermano, lo haría. Después de todo, él ya conocía bien la resistencia del menor, y podía sugerir de vez en cuando, el momento para detenerse y cuanta presión debían ejercer sobre él. Quedó fascinado, Killua no era un bebé débil como lo había sido Milluki. Así que al poco tiempo, aceptó su entrenamiento como parte de sus experimentos personales.

Tuvieron miedo de que Alluka fuera tan delicado que muriera durante los entrenamientos, de hecho creían que podía morir en cualquier momento. Comenzaron a hablar sobre la posibilidad de tener otro hijo, tendrían más cuidado con su embarazo y se dedicarían a vigilar que no pasara lo mismo que con Alluka.

Kikyo quedó embarazada cinco meses después, asegurando que estaría bien. Aunque Illumi varias veces la escuchó quejarse entre dientes— otro niño, otro niño, ¿cuándo tendré una niña?

Alluka siempre estaba rodeado de médicos, en un cuarto aislado y sólo sus padres podían entrar a verlo. Así que él no conoció a Alluka hasta que el pequeño cumplió dos años de edad y dieron por seguro que viviría.

—Papá, pa-pá —Killua había comenzado a hablar y su primer palabra había sido "papá", aunque por ser un bebé y no entender lo que decía, terminó usando esa palabra para todo.

Silva acarició el pequeño rostro del bebé, a su lado Illumi observaba todo con curiosidad.

—Cuándo tú comenzaste a hablar, también a todos nos decías "papá", y luego todos fuimos "mamá" —volteó a ver a Killua y se dirigió a él— di I-llu-mi, I-llu-mi —el bebé veía con seriedad los labios de su padre pero no respondía.

El muchacho lo observó con ironía— no era necesaria la historia, podía imaginarlo.

Silva rio fuertemente mientras notaba el bochorno que sentía su hijo mayor— deberías hacer que diga tu nombre, vas a ver que te sentirás bien cuando lo haga. Es más, te lo dejo de tarea.

No sintió mucha satisfacción al escuchar esa nueva "misión" y sólo asintió con la cabeza. Apenas salió su padre y se sentó frente a su hermano.

—Bien, Killua, ahora di Illumi —se sentía apenado de dirigirle la palabra así a su hermano, no que antes no hubiera intentado hablarle, pero para cosas como regaños, para detenerlo por alguna travesura que fuera a hacer... Hacerlo así lo hacía sentir patético— I-llu-mi.

Vio que Killua seguía sus silabas haciendo un ligero movimiento con la cabeza y se animó a seguir intentándolo, después de todo era una tarea que su padre le había impuesto.

—I-llu-mi -continuó así— I-llu-mi… I

—Mumi —dijo Killua— Mumi.

Sintió que enrojecía en contra de su voluntad— no, no es mumi, es Illumi.

—Mumi —y reía sin sentido alguno.

—Me rindo Killua, nunca aprenderás a hablar, le diré a papá mi conclusión.

—Mumi.

Era más la pena de escucharlo intentar decir su nombre que la tarea en sí. Y para su desgracia, Killua comenzó a llamarlo "Mumi" después de eso.

Kalluto nació sano y también aplicaron en él la misma técnica de entrenamiento que con Killua, aunque con menos empeño, dado que Alluka en aquel entonces requería de mucha atención y sólo pensaban en el cuidado del pequeño enfermo. Además de eso, Kikyo empeoró emocionalmente.

Una noche mientras el mayor le mostraba a su madre sus avances, ella acarició sus cabellos y detuvo su voz.

—Illumi-chan —le sonrió débilmente. Se notaba realmente afectada por su último embarazo y por la situación con Alluka, tanto así que raramente se le escuchaba preguntar por Killua a quién prácticamente ignoraba— eres un niño muy lindo ¿sabías?

—¿Mamá? —Se sorprendió mucho, él no estaba acostumbrado a escuchar esta clase de palabras. Un rubor suave se asomó por sus mejillas.

—Casi podría jurar que pareces mujer —soltó una risita mientras que su hijo enrojecía más— deberías dejarte crecer el cabello, quién sabe, un día terminarás enamorando a un buen caballero para ti.

—¡Mamá! —Comprendía que ella estaba muy delicada e inestable, (además que en su experiencia pasada, sabía que a ella no le agradaban esa clase de charlas) por eso no quiso refutarle más— ¿te sentirás mejor? —Pese a todo él quería mucho a su familia, estaba dispuesto a ser un buen representante. Quería que su madre volviera a estar bien, pero ella parecía enloquecer cada vez que salía del cuarto de Alluka.

—Sí, mamá estará bien ¿lo harás?

—Si papá me deja, sí.

Illumi ya tenía el entendimiento en primera mano sobre desarrollo de su cuerpo: estaba comenzando a cambiar y aunque no lo tomaba como algo relevante en su vida, su cuerpo dejaba entrever sus propios deseos de vez en cuando y eso prácticamente comenzó a mermar su concentración.

Una noche descubrió que su mente no podía dejar de pensar en el día que observó a los dos mayordomos teniendo relaciones sexuales, solía soñar con ello, no tan nítidamente sino de forma extraña, inentendible; apenas era sólo la idea de lo que había visto, pero eso le producía cierto placer que no podía controlar. Sus sueños húmedos le mortificaban, y aunque era una cosa que sabía que pasaría, no estaba del todo preparado para enfrentarlo.

En las mañanas se levantaba de mal humor pensando que esos mayordomos habían arruinado su vida y tranquilidad, que las imágenes habían quedado muy dentro de su cabeza y ahora no encontraba medio para liberarse. Y lo peor de todo es que comenzaba a gustarle. De cierto modo sentía curiosidad por ver más "cosas de esas", pero se resistía porque no estaba conforme con ello, era una lucha interna entre lo que quería y lo que sabía que era lo normal para él.

Pasó un tiempo así, hasta que logró controlarse enfocando su pensamiento de forma médica, pensando en los procesos naturales que pasarían, en lo que hacía falta para enfocar su mente en el entrenamiento. Y sobre todo en cómo no dejar que sus emociones, que estaban aflorando a causa de sus hormonas, derrumbaran todo por lo que había trabajado.

Aún así no le quitaron su responsabilidad sobre Killua dado que su madre tenía más trabajo con Kalluto y Alluka, y sólo de vez en cuando su padre le ayudaba con su deber, a menos que su madre solicitara su presencia.

—Kikyo-sama me pidió que le llevara a Killua-sama —una de los mayordomos iba por una de esas ocasiones raras donde el albino era llevado frente a su madre.

Llevaron al niño hasta donde estaba Kikyo, y hasta entonces Illumi se relajaba un rato en su cuarto, libre de bebés.

—¡Mi niño bonito! — Kikyo lo abrazaba y revisaba su progreso en sus entrenamientos para seguir con sus otros niños— mamá te tiene un nuevo veneno para ti.

La mujer le daba de vez en cuando un veneno más como parte de su labor, y siempre se encargaba de revisar su resistencia hasta que tuviera que inyectar alguna solución para detener el progreso del veneno y aumentar su aguante.

Aquel día, como normalmente ocurría, el bebé comenzó a llorar y a retorcerse de dolor. Apenas podía decir algunas palabras, no lo suficiente para expresar exactamente lo que le dolía ni entender lo que le pasaba. El asunto era, que hecho ovillo en el suelo, como lo estaba en ese momento, no era una señal de que estuviera aguantando el dolor.

—¡Mumi! ¡Mumi! —Comenzó a gritar desesperado por su sufrimiento.

—Aquí estoy cariño, no pasa nada —le respondió Kikyo cargándolo amorosamente, pero el bebé aun pataleaba y lloraba insistentemente.

—¡Mumi!

Kikyo comenzó a desesperarse por culpa del llanto del pequeño y no conseguía hacer que se calmara ni un poco, ni siquiera para ponerle el antídoto. Hasta que comenzó a alterarse por la situación— ¡Killua, aquí estoy, tranquilízate!

Illumi escuchó el llanto de su hermano, victima de sus instintos, sintió que tenía que ir a ver si su madre necesitaba su ayuda. Efectivamente al entrar vio que ella estaba con un inquieto niño en brazos que no se dejaba de retorcer de dolor y gritar.

—¡Mumi!

—Aquí estoy Killua —le contestó Illumi, reconociendo que le llamaba a él. El niño inmediatamente le extendió los brazos para que su hermano lo tomara y entonces dejó de moverse— dame el antídoto mamá, yo se lo pongo.

Kikyo estaba impresionada por la habilidad de su muchacho para controlar al peliblanco. Illumi pronto le puso el antídoto y se fue calmando progresivamente entre sus brazos.

—¿Ahora tu eres "Mumi"? —Se rio Kikyo. A chico no le causó gracia en lo más mínimo.

—Ya está mamá, Killua está tranquilo, toma —le extendió al bebé, pero el niño rechazó apartarse de su hermano.

—No, no… llévatelo, prefiere estar contigo.

Para Illumi y Milluki era más interesante estar practicando sus técnicas y sus propios asuntos, que estar con sus hermanos; eso era evidente. Pero en casa los adultos querían que los dos hermanos mayores permanecieran junto a los más pequeños por más tiempo, a causa de ello comenzaron a obligarlos a llevarlos a jugar al que alguna vez había sido el área de juegos construído para ambos.

Podían estar ahí un rato conversando entre ellos, tratando de no prestar mucha atención, mientras que Killua y Alluka se entretenían con lo que pudieran; Kalluto aún era demasiado pequeño para esos juegos, así que permanecía en la cuna junto a su madre.

Luego Milluki comenzó a participar más en los entrenamientos y a tener sus primeras misiones. Así que hizo un trato con su padre: si le absolvían de sus deberes con sus hermanos menores, aceptaría ir a cuantas misiones le pusieran sin objetar y obedecer. Era conveniente para sus padres que Milluki tomara una actitud más centrada en el oficio de la familia, así que terminaron aceptando.

Ahora sólo era Illumi el que no podía liberarse de sus hermanos, eso ni siquiera estaba a discusión. Él no tenía la capacidad de hacer las cosas como lo hacía Milluki. Estaba concentrado en parecer el hijo perfecto, el asesino estrella, no podía darse el lujo de parecer débil o reluctante a su deber.

Fue evidente que -el ya adolescente- no prestaba la adecuada atención a su obligación como hermano mayor, un día que el pequeño Killua tropezó desde algún lugar alto al que se le ocurrió subir y cayó sobre su hermano menor, lastimándose los dos en el proceso. Se preguntaron, cómo era posible que, teniendo tan buenos reflejos y velocidad en su cuerpo, no hubiera sido capaz de prevenir el accidente.

El mayorcito había visto todo, pero se había quedado de brazos cruzados mientras veía cómo ambos niños se lastimaban.

—Alluka es aún muy débil, y Killua se lastimó una muñeca, necesitará vendaje para poder aguantar los entrenamientos esta semana… si estabas viendo lo que pasaba ¿por qué no lo detuviste?

—… —estaba en silencio frente a su padre, no mostraba alguna emoción que lo delatara como culpable, pero estaba claro que no era inocente.

—Responde.

—Padre… yo… —no encontraba las palabras adecuadas, el sentimiento comenzaba a ganarle, quería gritar "yo también pasé por eso cuando era pequeño, y no recuerdo a nadie protegiéndome así…"— no sabía que debía evitarlo —sus mejillas mostraron un rubor de emociones contenidas.

El corazón del asesino se ablandó un instante. Se preguntó si ellos habían sido malos padres con él, si su falta de sentido común era a causa de algo que ellos no hicieron bien. No tuvo la fuerza para regañar más a su hijo, ni castigarlo.

—Illumi —se acercó hasta él y puso una mano en su hombro— tu deber como hermano mayor es protegerlos, eres responsable por ellos ahora, si algo malo les pasa, será tu culpa. Hoy pasaré por alto esto, pero si vuelve a pasar… irás a la sala de torturas de nuevo.

Un escalofrío lo recorrió. Recordó aquella vez con Milluki y las horas imparables de dolor. Esos días de fiebre, hambre y sed. No, no quería volver a pasar por ello. Protegería a sus hermanos como debía ser.

—Sí papá, haré lo mejor que pueda.

Los entrenamientos con Kalluto pasaron a ser responsabilidad de Kikyo, quién insistía en ello. Silva sólo se aseguraba de que Kalluto estuviera avanzando apropiadamente. Parecía como si la mujer hubiera olvidado por completo la estrategia del heredero, no obstante, cada día se convencían más de que Killua era excepcional.

Sí que lo era, era un niño talentoso y extraordinario. No sólo era rápido para aprender, (con mucha resistencia y sentido de supervivencia), sino que era esforzado y, sobre todo, tenía una increíble gracia y personalidad. No había nadie en casa que pudiera resistirse a sus encantos, nadie salvo sus dos hermanos mayores, uno que prefería tratarlo estrictamente por asuntos de familia y trabajo, y otro que no le tenía la más mínima paciencia.

En gran medida era gracias a la forma en la que Killua estaba siendo educado que él pudiera desarrollar tales habilidades.

Silva sentía culpa por lo ocurrido con Illumi, sentía que había fallado como padre, pero no lo diría en voz alta. Entonces había optado por ser diferente con su otro hijo, y cada vez que veía que su niño tenía miedo a realizar alguna cosa peligrosa no se imponía ante él, sino que lo estimulaba.

—Tú puedes Killua, confío en ti —. Solía decirle.

El niño observaba con mucho respeto a su padre y aceptaba, tal vez dudaba aún, pero saber que contaba con el apoyo y confianza de su padre era suficiente para poner su vida en riesgo tantas veces. Y, aunque el hijo mayor de los Zoldyck no lo admitiera, estaba más que celoso por ello, no deseaba que su hermano menor tuviera un trato tan desigual al suyo.

Pronto comenzó a notar que su padre también trataba de mostrarle una actitud más abierta hacia él. Cosa que consideró buena dado que eso le permitía más libertades, y las aprovechaba para elegir sus misiones y salir sin compañía de nadie, ni vigilancia. Podría matar a su estilo. Era la mejor libertad que podía pedir.

Al igual que había ocurrido con Illumi, Killua a los tres años fue llevado a observar su primer asesinato, pero a él le tocaría ser el vigilante. Lo haría en compañía de su abuelo y su hermano que estarían ahí para asegurarse de que lo realizara correctamente. El pequeño estaba nervioso, su actitud era contraria a todo lo que había mostrado momentos antes de estar ahí. No se sentía preparado para ello.

Para su abuelo esa era buena señal, buena sangre corriendo por sus venas. Por otra parte, su hermano no estaba conforme con eso, sabía que a ese paso Killua no haría el trabajo, conocía al pequeño en ese aspecto. Hacía falta mucho estímulo positivo para lograr que el niño saliera de sus temores y realizara su trabajo, y por eso esperó a que su abuelo se retirara un poco para acercarse a él.

—Kil —lo llamó y el pequeño volteó a verlo con mucha duda. Hasta ese momento de su vida, Illumi no había tratado de hablar con él antes, salvo para darle instrucciones sobre lo que tenía que hacer en sus entrenamientos, y consejos para mejorar sus técnicas. Killua tampoco se había interesado en tratarlo de forma diferente porque su hermano parecía muy distante para él, no era como Milluki que tenía "juguetes escondidos" y de vez en cuando compartía sus videojuegos con él y Alluka, era diferente, siempre silencioso y a la vez sabía que su hermano estaba ahí para cuidarlo, eso era lo que siempre le decían y así lo creía.

—¿Aniki?

—Lo harás bien —pronunció con mucho esfuerzo, tratando de concentrarse en que lo hacía por la misión— confío en ti.

Aunque sus palabras y su expresión no concordaban. Para Killua fueron las palabras más dulces que había escuchado de su hermano y le sonrió de la forma encantadora con la que había enamorado a todos en casa.

—Gracias, aniki —su sonrisa y sus palabras atravesaron a Illumi, era lo más cautivador que había visto jamás. Se quedó paralizado, observando al pequeño peliblanco, pero reaccionó inmediatamente y dirigió al niño al interior de la casa donde Zeno los estaba esperando.

Lejos de sentir felicidad por aquello que le había sido trasmitido, tenía unas tremendas ganas de matar, ¿cómo era posible que un mocoso tan torpe como lo era su hermano comprendiera mejor sus sentimientos que las personas por las que se había esforzado tanto? No podía tolerarlo, no podía resistir las ganas de acabar con esa sonrisa que estaba desgraciando su vida.

Apretó los dientes con ira. Se quedó de pie junto a la puerta mientras observaba lo que ocurría adentro del cuarto, Zeno terminó de darle instrucciones.

Killua le dirigió una ultima mirada sonriente esperando ganar la aprobación de su hermano, pero no tuvo respuesta. El abuelo comenzó con la labor, mientras que el niño veía con conciencia lo que significaba acabar con una vida.

De cualquier modo el pequeño tampoco estuvo tuvo una reacción alegre por ver su primer asesinato. Se quedó ensimismado durante todo el camino de regreso. Illumi no dejó de verlo durante todo ese viaje.

—¿Está bien Kil, abuelo? —Preguntó finalmente. Dentro de él esperaba que no fuera así, que su abuelo diera malas noticias y le retiraran la responsabilidad de entrenar a ese niño.

—Sí, es normal, tu padre también estuvo así su primer día, esto es valorar la vida y respetar la muerte.

No fue lo que esperaba. No era así, para nada.

Para colmo del caso, se recuperó un par de horas después y todo quedó como antes, sería cosa de que el niño se acostumbrara a ello. Su mente era muy fuerte así que después de varias misiones más, logró adaptarse a la situación hasta que comenzó a tomarlo de buena manera, como parte de su trabajo.

En casa todos hablaban de lo increíble que era Killua, de lo talentoso y valiente. Sólo hablaban maravillas de él.

—Será nuestro futuro heredero, el heredero de la familia.

Ese día llegó. Illumi escuchó esas palabras de boca de su padre y helaron su espíritu. Lo habían convocado a una reunión familiar importante en la que había anunciado su decisión final.

Silva se había sentado frente a sus tres hijos mayores, mientras que Alluka y Kalluto se quedaban junto a su madre.

—Killua tiene todos los requisitos para ser la futura cabeza de familia, es justamente lo que los Zoldyck estamos buscando y estoy seguro de que superará por mucho nuestras expectativas.

—Padre… —Kikyo, que estaba de pie, detrás de Silva, con un pequeño Kalluto aferrado a su falda, dirigió su vista a su hijo mayor y luego la bajó con tristeza hacia el suelo, no podía enfrentar a la expresión de su hijo, no tenía la fuerza para hacerlo. Alluka comenzó a correr y a jugar distraídamente.

Zeno, que se encontraba sentado justo detrás de los tres muchachos mayores, pero frente a Silva, miró con desaprobación a su hijo, estaba en total desacuerdo con la manera en la que había procedido. Sabía que había sido muy cruel al haber hablado tan fácilmente.

Milluki, a la derecha de Illumi, fue quien hizo la expresión de horror más notoria en todos. Su mirada de decepción se posó en su padre. Por mucho tiempo había visto el esfuerzo de su hermano mayor hasta que había llegado a la conclusión de que no había otro individuo más digno de ser el representante de la casa. Lo respetaba bastante y, ahora, había sido echado fácilmente por culpa de un niño que apenas había realizado unos cuantos trabajos. Luego de ver que su padre hablaba en serio, con la boca abierta y lleno de ira se giró hacia Illumi, esperando ver una respuesta contra su padre que defendiera su posición, y su sorpresa fue muy grande cuando lo observó.

El mayor estaba inmóvil, su expresión no había cambiado en nada, no podía adivinar lo que pasaba por su mente. Sin embargo, por primera vez podía escuchar su respiración, Illumi respiraba profunda y fuertemente, era evidente que estaba haciendo todo lo posible por calmarse.

Habían roto sus sueños. Desde que había nacido era lo único para lo que había vivido, y ahora sabía perfectamente que esto se volvería algo que jamás tendría la posibilidad de alcanzar. Su vida ya no tendría ese propósito. Y le Dolía. Dolía más que el dolor que alguna vez había experimentado antes. Se había aferrado a no moverse, temeroso de que sus emociones lo traicionaran.

—¿Qué pasa? —la voz de Killua rompió con el silencio. Era el único ahí que, pese a tener la capacidad de comprender lo que ocurría, no entendía nada, dado que no estaba enterado de la situación— Papá, ¿qué es lo que está pasando?

Nadie respondió su pregunta. Illumi hizo una pequeña reverencia y alzó la voz— papá, necesito salir en este momento, espero puedan comprenderme. Lo siento.

—Sí, adelante —Le respondió su padre, y él salió de casa. Sin nadie que le vigilara ni le detuviera. Incluso los sirvientes que no le estimaban sintieron pena por él.

—¿Así es como pensabas enfrentar el problema de Illumi? —Inquirió Zeno.

—Es mi hijo, yo decido cómo tratarlo.

—Esperaba que tuvieras al menos un poco más de tacto al respecto. Ese chico lo único que ha hecho desde que nació ha sido seguir nuestras ordenes.

—Aprenderá a enfrentar las decisiones de esta casa, no siempre se le complacerá.

Milluki contuvo su rabia, por respeto a su hermano que había aguantado en silencio, pero no tenía tanta resistencia como él, así que salió gruñendo y cerrando la puerta con fuerza para expresar su absoluta inconformidad. A partir de ese día, decidió que no volvería a ejercer su profesión como asesino, se quedaría encerrado en su cuarto haciendo lo que le placiera, no dejaría que esa decisión quedara impune.

—Papá, ¿pasará algo conmigo? ¿Hice algo malo? —Interrumpió un desesperado Killua.

—Killua-chan —contestó Kikyo acercándose hasta donde estaba su pequeño niño— no has hecho nada malo, sólo significa que eres muy fuerte y hábil. Ahora tendrás una gran responsabilidad en tus manos —rodeó con sus brazos a su muchacho— mamá está muy orgullosa de ti.

—A partir de mañana tus entrenamientos subirán de nivel —Fue lo que contestó Silva.

—Sí, papá.

Pasó una semana sin que nadie supiera nada sobre Illumi, el quinceañero se había esfumado sin dar aviso del lugar en que podría estar. Durante esos días el único que se tomó la molestia de explicarle al pequeño Killua lo ocurrido fue Gotoh. El mayordomo vio las lágrimas sinceras del niño al enterarse que su hermano mayor había sido desplazado por su culpa.

Gotoh se enterneció, le dijo que lo mejor era mostrar fuerza para que así, el sacrificio de Illumi (si es que podía llamarse así), valiera la pena. Hasta entonces, prometió que no lloraría por eso frente a nadie más y que sería fuerte, pero dentro de él sentía mucha carga por su hermano.

Hasta que una noche Illumi volvió a casa. No le hicieron preguntas al respecto, pero parecía que el muchacho se encontraba mejor o, por lo menos, estable.

Silva le dio la orden de retomar su entrenamiento con su hermano, habló con él sobre el tema, y le encargó una nueva misión para él: su deber ahora era asegurarse de que Killua se trasformara en un digno heredero de la familia. Al no mostrar sus sentimientos -ni siquiera hacer algún comentario en su defensa-, Silva lo tomó como una buena señal, que lo estaba tomando con calma. Estaba verdaderamente equivocado.

Illumi no quería esa misión, no quería entregar sus sueños a un niño que había descubierto su interior y lo había puesto en una mala posición. Tampoco lo quería ayudar a entrenar, no sentía simpatía por él. Ese niño estaba lleno de defectos, según su opinión.

Varios días después de eso, la frustración de Illumi salió a la luz.

Había estado observando el entrenamiento del peliblanco. Sabía que se había estado poniendo muy nervioso cuando él le observaba entrenar, lo notaba en su expresión tensa y sus movimientos se entorpecían más. Eso lo irritaba bastante porque parecía que Killua no avanzaba, y se preguntaba cómo un mocoso como ese pudo haberle arrebatado sus sueños.

—Así no es, así estás anunciando que vas a golpear por la derecha, hasta un novato sabría cómo defenderse de ese golpe.

—Lo siento, hermano…

—No te disculpes, haz lo que te digo.

—Sí…

Pero continuó haciéndolo mal. El adolescente se puso de pie y se acercó hasta dónde estaba el albino.

—Golpéame cómo lo estás haciendo.

—Hermano… no, aún no lo coordino bien.

—¡Golpéame! —Levantó la voz, y Killua dio un paso atrás con miedo. Estaba nervioso y confundido sobre cumplir esa orden o huir temeroso de lo que pasaría.

Aniki… —no tuvo tiempo ni de posicionarse para defenderse, Illumi lo había tomado de la mano y lo había elevado sobre el suelo— detente.

—Golpéame, te dije, golpéame o si no yo lo haré.

Pero él no respondió, y la amenaza de Illumi se volvió real. Le asestó un golpe en la cara, que le abrió el labio y una sensación de alivio que surgió dentro de él al hacerlo.

Aniki, no…

—¿Cómo un mocoso como tú pudo hacerme esto? ¿Cómo?

Otro golpe más en la cabeza, y otra herida nueva se abrió, luego otro golpe en el estómago le dejó sin aliento. Illumi disfrutaba todo aquello, apretó fuertemente la mano del menor— ¿no me vas a golpear? —y le asestó una patada, soltando al tiempo aquella mano y mandándolo contra una pared cercana. Killua cayó contra el suelo casi inconsciente. El horror del Nen que su hermano desprendía era lo único que lo hacía ponerse a la defensiva, sabía que si alguien no lo detenía, sería su fin.

—No te golpearé... aniki —dijo mientras intentaba recuperar el aliento.

Illumi caminó hasta donde estaba, sus cabellos se habían teñido de rojo, sus labios sangraban, una de sus muñecas estaba dislocada y apenas podía respirar. Él estaba dispuesto a dar un último golpe, estaba dispuesto a ello, hasta que una voz lo detuvo.

—Tienes un minuto para ir al cuarto de torturas, un movimiento más contra Killua y te arrepentirás para siempre —su padre estaba ahí y sus temores regresaron.

Se dio la vuelta y caminó hacia donde le habían indicado. Aunque no lo mostrara, iba temblando de miedo.

A pesar de que ahora tenía más resistencia al dolor, y pocas cosas podían hacer contra él para que la tortura se volviera insoportable; su padre y su abuelo conocían el límite de su cuerpo mejor que nadie y la tortura esta vez fue peor de lo que había sido antes.

Durante los últimos dos días ahí, en casa pudieron escuchar sus gritos.

Esta vez no suplicó perdón, no pidió misericordia. Sólo gritó hasta que quedó sin aliento y su consciencia escapó de su cuerpo.

Luego de eso, no pudo caminar por casi un mes y tuvo que permanecer en el cuarto de recuperaciones durante todo ese tiempo. Tampoco hablaba con nadie, no respondía a las preguntas que le hacían, y muy a duras penas comía algo. Se sentía humillado de verdad, podía decir que la tortura había cruzado un límite que no había sido tocado antes, casi a lo sexual, era una tortura que había leído antes pero no la había experimentado en carne propia.

De nuevo nadie hablaba del tema. Parecía que cuando algo salía mal, Illumi era quien tenía que pagar, era como un conejillo de indias para sus padres.

—Milluki ¿tú has estado ahí?

—Por cuestiones de entrenamiento, sí. Pero no me han castigado como a Illumi-niisan.

—¿Crees que sea algo horrible?

—Hace años Illumi-niisan fue castigado y tuvo que estar en el cuarto de torturas, recuerdo que después de eso no pudo moverse y estuvo en cama muchos días. Así que sí, seguramente se trata de algo horrible.

—…

Durante los días que estuvo en la habitación de torturas, Killua se dedicó a indagar sobre las cosas que pasaban ahí, y entonces descubrió lo muy solitario que era su hermano.

—Oye, cuando aniki tenía mi edad ¿a qué jugaban juntos?

—Mmm… cuando Illumi tenía tú edad, yo no había nacido, así que supongo que jugaba con otras personas de la casa.

—¿Tenía juguetes?

—Que yo recuerde, no. Ahora que lo dices… cuando yo era pequeño, papá nos compró nuestra primera consola de videojuegos para que pudiéramos jugar juntos, pero antes de mi… antes de eso Illumi no tenía otra cosa con qué divertirse.

Escuchó algunas historias sobre él cuando tenía su edad, supo que siempre estaba solo en casa, y su pequeño corazón no pudo soportarlo, ¿cómo podía haber sido feliz un niño que no jugaba con nadie, ni tenía nada con qué jugar? Illumi no le había pegado a Killua por no poder hacer bien una técnica, o por cuestiones de entrenamiento, le había pegado por su propio dolor. No podía culpar a su hermano mayor por actuar de ese modo.

Escuchar sus gritos le hacía tener pesadillas, incluso se sentía culpable por lo que le pasaba y Milluki no facilitaba las cosas al decirle constantemente que por su causa Illumi lo estaba pasando mal.

No pudo resistirlo más, y una semana después de que Illumi saliera del cuarto de torturas, fue a verlo. Se escabulló de todos, porque sabía que no le dejarían entrar ahí hasta asegurarse de que el adolescente controlara sus impulsos.

Aniki… —le hablo desde la puerta, pero no recibió respuesta.

Illumi tenía la misma expresión de siempre, aunque viendo hacia la nada, mientras que sus puños apretaban la cobija que cubría sus piernas heridas.

Aniki… —volvió a llamarle y entendió que no le respondería— lo siento, lo siento de verdad —su sensibilidad le traicionó y comenzó a llorar copiosas lágrimas— no quise herirte, no fue mi intención.

El adolescente de cabellos negros, quedó paralizado como aquel día en que la sonrisa y la gratitud habían traspasado su corazón, nunca antes había escuchado una disculpa sincera, tampoco la había esperado, sin embargo, sin saberlo, él mismo la deseaba ansiosamente. Giró su rostro y encontró la dolida mirada de su adorable hermano. El niño corrió hacia él y se subió a la cama para tirarse al regazo de su hermano mayor, ahogando el llanto en su pecho. Y por primera vez, Illumi no sintió ira por eso, no sintió que fuera una muestra de debilidad, le abrazó y le acarició los cabellos, tratando de calmarlo.

—No llores Kil —pidió en voz baja, su voz sonaba lastimada, probablemente por todo lo que había tenido que gritar en el cuarto de torturas.

—Pero aniki está aquí por mi culpa, no quiero desagradarle a aniki —Illumi abrió los ojos impresionado por las palabras de afecto tan sinceras. Y detuvo sus caricias.

—No estoy aquí por tu culpa, estoy aquí porque yo te lastimé a ti, no debí hacerlo, soy yo… —su voz se quebró un muy breve instante— soy yo quien debería disculparse…

Killua levantó el rostro y permitió que su hermano viera de cerca su carita roja y cubierta de lágrimas— no es así, por mi culpa tú te sientes solo… yo no quiero ser el jefe de la familia, no quiero que aniki esté triste por eso.

Illumi fue totalmente derrotado ese día, no había duda que Killua era -por mucho- superior a él. Y ahora podía comprenderlo. Él no tenía ese "algo" que el albino sí tenía. Se dio cuenta que toda la ira que había sentido desde el momento en que aquel niño había nacido, no era por culpa de la diferencia de tratos entre él y su hermano, sino era por su frustración completa hacia el amor. Illumi siempre había estado solo, no había recibido esa atención tan noble que Killua le otorgaba y al recibirla, no había sabido cómo enfrentarla, observó que las heridas que había provocado en su cuerpo aun no terminaban de sanar y se entristeció, se dejó llevar por lo que sentía y limpió dulcemente aquellas enrojecidas mejillas— ¿sabes qué Kil? No volveré a estar triste por eso, si me dejas estar junto a ti, ¿podrías perdonarme por haberte herido?

—Sí, sí aniki, pero también déjame estar junto a ti —y vio esa sonrisa que tanto adoraba en secreto.

—Lo haré, prometo que siempre te protegeré Kill, no dejaré que nada te pase. Tu hermano mayor siempre estará junto a ti.

—Confío en ti —Killua volvió a abrazarlo y él le correspondió, no se había sentido tan lleno de vida antes, quería estar junto a ese pequeño por siempre.

Después de ese día, Killua comenzó a visitar tanto como podía a su hermano. Lo hacía en secreto porque temía que lo regañaran por acercarse a él. Aunque de cualquier modo todos terminaron enterándose de lo que hacía. Después de todo, no era como si fuera experto en ocultarse, sobre todo estando rodeado de tantas personas con mucha más experiencia y preparación.

Y no sólo eso, cuando hacía sus visitas nocturnas llegaba a quedarse dormido junto a su hermano. Illumi no podía estar más agradecido por su presencia, alguien que no esperaba nada de él ni tenía que ser duro, era alguien que le permitía bajar la guardia y además, le daba esa sensación de hogar que no había sentido antes. Su padre llegó a sacar al pequeño Killua del cuarto las veces que se quedaba dormido ahí. Observaba en silencio la escena, alegrándose de que algo tan lamentable se volviera algo positivo.

Illumi ya no lucía infeliz como antes y Killua de verdad disfrutaba su presencia. Silva descansó su conciencia cuando lo notó.

El pequeño Zoldyck solía llevarle libros de magia que sabía que a su hermano le gustaban. En cuanto terminaba de leer uno, le traía otro diferente, además guardaba dulces para compartirlos con él. Su unidad se fortaleció a través de esos días en que no podía caminar a causa de sus músculos heridos. Pero fueron buenos días de provecho, dado que el mayor pudo aprender más cosas sobre técnicas de posesividad que podía ayudarle a mejorar su habilidad con las agujas.

Lo cierto era que durante la semana que no estuvo en casa, se había prometido que, a toda costa, tomaría el lugar para el que había nacido y para ello estaba dispuesto a controlar las mentes de toda su familia, por lo que estuvo practicando con personas inocentes su nuevo truco, el control por medio de agujas. No contaba con que su hermano le haría desistir de su estrategia y no se lamentaba por ello.

De cualquier modo, continuaría desarrollando su técnica. La puliría y la usaría al servicio de su hermano menor, si su padre lo había destinado a ayudarlo a subir a la cima de la familia, lo haría con todas sus fuerzas, no porque fuera su orden, sino porque de verdad lo deseaba.

Cuando Illumi volvió a caminar, el ritmo de las cosas en casa continuaron como antes. Entrenaba con su padre y Killua se tomaba su tiempo para practicar sus técnicas, iba a hacer sus encargos, vigilaba a su hermano y lo cuidaba en sus horas libres, la única diferencia era que ahora disfrutaba todo aquello, ya no era pesado estar viendo un par de niños jugar, siempre y cuando pudiera observar a Killua sonreír.

Su técnica comenzó a volverse poderosa para cuando cumplió dieciséis.

"Justo a tiempo". Pensó.

Killua cumpliría cuatro años en poco tiempo y su primer trabajo como asesino sería realizado. Esperaba que su técnica ayudara a su hermano a desempeñarse mejor.

Cuando el día llego. El peliblanco no estaba contento por ello, su mirada se ensombreció y la desesperación parecía ganarle, él no quería matar a nadie aunque tampoco se quejaría de hacerlo, sabía que terminaría decepcionando a su familia que contaban con él. Pero más que a nadie en casa, decepcionaría a su hermano mayor.

Gracias por leer. Gracias a Luna Mikk por salvarme de nuevo. Si les gusta como va esto, me agradaría bastante saberlo, hasta pronto ▲