He vuelto al fin, de nuevo un capítulo con recuerdos cursi y florecitas para todos. No se olviden que esto es sólo recuerdos, en algún momento Illumi y Killua se volverán lo que son en realidad. Ahorita son un adolescente y un niño *risas*
Oh cierto, hay un punto que quiero aclarar, por el momento me referiré a Alluka como hombre y más adelante dejaré de hacerlo, en mi historia Alluka es transgénero y haré como frecuente ocurre con los transgénero (nadie los trata como el género que en realidad son hasta que ellos ya están grandes para afirmarlo).
¡Paciencia! Pronto comenzará lo bueno...
Capítulo 3
Salió de casa junto a su padre y su hermano. Esta vez Silva se quería asegurar de que no ocurriera lo mismo que había pasado con Illumi. Trató de alentar al pequeño e hizo que su hermano lo llevara hasta donde estaba su víctima.
—Aniki… tengo miedo —murmuró mientras se acercaban al lugar.
—Cierra los ojos, Kil —indicó. Estaba un poco nervioso de hacer eso con su hermano, ya lo había probado antes con otras personas cientos de veces y sabía perfectamente cómo hacerlo, pero no podía negar que al tratarse de un niño tan pequeño y la persona que más protegía en su mundo, le resultaba doloroso. Respiró hondo, lo hacía por su propio bien, no quería que la pureza de su hermano se corrompiera con esa sangre.
Giró una muy corta aguja entre sus dedos; la recubrió con Nen— no tengas miedo Kil, aniki está aquí para ayudarte —velozmente clavó la aguja en el hombro del niño. El cual, apenas sintió un pinchazo pero no se molestó por ello— ve, haz lo que tienes que hacer.
La mirada pálida del pequeño le indicó que había hecho bien su trabajo, ahora su hermano no sentiría miedo, ni preocupación, ni nada que lo detuviera a realizar su labor como asesino. Sacó a luz su concentración y la enfocó hacia su objetivo. Su expresión era fría, justo lo que necesitaba para poder atreverse a matar.
Cuando menos lo pensó, Killua ya estaba de regreso. Para el momento en que llegó su padre, él ya estaba fuera del trance. Como el hechizo sólo lo hacía concentrarse mejor y apartar sus dudas, no había perdido la memoria, ni sus sentimientos habían cambiado, se quedó en silencio mirando hacia la nada.
—Buen trabajo, Kil —le dijo su padre, acariciando sus cabellos y ayudándole a regresar en sí mismo.
—Lo hice —su voz sonaba pausada, de cierto modo sospechaba que algo raro había pasado con su cuerpo, pero no podía ni siquiera adivinar lo que era. La sensación de seguridad simplemente se había desvanecido antes de que pudiera responder.
Regresaron a casa, esta vez Silva lo llevó entre sus brazos para brindarle confort. Sabía que Killua era un buen niño, obediente y noble, no sería un proceso fácil para él y por eso cuidaría que su mente no quedara dañada con tales actividades. Sentía culpa por su hijo mayor, y lo único que podía hacer era aceptar dejarlo ser como él quisiera, sin cuestionar sus deseos, siempre y cuando Illumi también cumpliera su parte dentro de la familia y obedeciera las reglas.
En ese tiempo Silva y Kikyo Zoldyck decidieron que era el momento de enviar a Milluki a la Torre Celestial. Ya había sido demasiada espera para él, incluso sus habilidades se consideraban lo suficientemente buenas como para llegar al piso doscientos en un par de meses y no como había sido en el caso de Illumi.
Su sorpresa fue ver la pasión con la que rechazó salir de casa, llevaba un año sin aceptar realizar misiones y ahora ni por causas de entrenamiento había accedido cumplir su papel como parte de la tradición familiar. Pese a que estaban indignados por su actitud, comprendieron sus sentimientos.
—Si Illumi no es el futuro líder de esta familia, yo no aceptaré seguir como un asesino. Sus órdenes pueden ser traicioneras, he dejado de confiar en ustedes.
Gracias a la forma tan acalorada en la que había dicho tales cosas, consiguió que tomaran en cuenta su petición, aunque no del modo en que él quería, si no que tuvieron que llegar a un acuerdo con Milluki al respecto.
—Si no matarás para la familia entonces ¿qué harás? ¿Cuál será tu función en esta casa? —Cuestionó Silva.
—Yo... me dedicaré en cuerpo y alma al funcionamiento de la casa, me aseguraré de que haya mejor vigilancia, seguridad y llevaré el registro de la familia, todo lo relacionado con la tecnología.
No habían considerado esa clase de necesidades como una prioridad antes, y consideraron que, si con eso iban a mantener a Milluki en orden y obediente, entonces aceptarían.
—Lo aceptaremos bajo la condición de que si eso harás, entonces serás el mejor.
—Así será.
La suerte del muchacho era incuestionable, hasta ahora no le había tocado ser verdaderamente reprendido. La razón por la que no habían sido severos con Milluki era por otra causa más, una situación compleja y, para algunos, desafortunada. El asunto de Alluka.
Ya en casa, sabían que Kikyo estaba pasando por un problema emocional, Kalluto era su quinto varón y ella estaba aferrada en tratarlo como si de una niña se tratase, por ello secretamente todos asumían que era responsabilidad de ella que Alluka actuara extraño.
Mientras que todos le hablaban como un niño, él insistía en referirse a sí mismo como niña en algunas ocasiones, y más extraño aún era cuando se refería a sí mismo en forma plural.
Tenían sus dudas, por un lado creían que era cosa de Kikyo y, por otro, sospechaban que tenía alguna especie de retraso o enfermedad mental a causa de las condiciones de su nacimiento, y en algunos rumores entre la servidumbre, se decía que era un caso de hermafroditismo, pero aun así había huecos en sus acusaciones, como que él no tenía ejemplos de alguien que se refiriera a sí mismo en forma plural. No había sentido en ello.
Y estaban tan estresados por ello que su concentración en gran parte giraba en las necesidades del pequeño. En aquel entonces, Kikyo sugirió que no prestaran atención a esas actitudes; la justificación que dio fue que si se concentraban mucho en el problema entonces confundirían a Alluka y terminaría tratándose de un asunto más serio. Tan serio como el de Illumi.
Siempre y cuando Alluka tuviera el buen ejemplo de Killua, estaban seguros de que él estaría bien. Así que no dieron instrucciones al respecto, lo dejaron pasar, sin darse cuenta que se olvidaban de algo más. Se olvidaban de Kalluto, el menor de todos, pero no había mucho que pudieran hacer al respecto, Kikyo siempre le cuidaba y le entrenaba porque Alluka aún estaba demasiado débil y sensible como para empezar a entrenar, además Kalluto era muy apegado a ella, el más apegado de todos.
Cuando cumplió los diecisiete años, su vida era lo que podría considerar casi perfecta. Así lo veía él. Su sueño ya no era ser la cabeza de la familia, sino vivir para Killua y a cambio él le daba algo que nadie más podía hacer y que no permitía que alguien más le diera: amor, un amor por el que estaba dispuesto a morir.
Nadie sabía de eso dado que el, ya adolescente, no era expresivo y además Silva había ordenado no molestarle, incluso Zeno confiaba el cuidado del futuro heredero en las manos de Illumi, que era el que lucía más entusiasmado en casa por la seguridad y desarrollo peliblanco. Tanto así que ahora Illumi sorprendía a todos con sus observaciones y opiniones durante las reuniones en casa.
Hablaba sobre sus experiencias durante los entrenamientos, aportando buenos métodos para mejorar las capacidades de Killua. También se daba la libertad de opinar respecto a otras cosas, como la relación con Alluka y Kalluto, o los demás mayordomos. Esa actitud fue muy bien recibida en casa, daba a entender que Illumi estaba madurando.
Para él, que siempre había enfocado su mente en ser el responsable de la casa, la familia era lo más importante en su vida, no podía evitar tener esa mentalidad después de haber sido criado exclusivamente con ese objetivo. Eso significaba que fuera de los asuntos de casa, no había otra cosa que para él valiera la pena y era precisamente por eso que los mayordomos se cuidaban de él, porque mientras que con su familia era servicial y buen hermano, con otros podía ser un inmisericorde y despiadado asesino.
Mantenían una distancia prudente, y de todos modos, sus habilidades mentales eran tan superiores que no había quién pudiera detenerlo ahora. Ya sus padres le habían dado la libertad de ser él mismo y no pensaban cuestionar sus acciones de nuevo. Por eso no dudaban que hasta esa nueva actitud era parte de algún plan de Illumi, y muchos mayordomos se lamentaban de que Killua pasara tanto tiempo junto a su hermano mayor.
Hubiera prolongado más su etapa de plenitud de no ser por un nuevo sentimiento que surgió en su interior y que terminó por romper el ambiente en el que había estado hasta ahora.
Fue durante una época invernal.
Él no siempre estaba ahí para vigilar a sus hermanos mientras jugaban, había estado teniendo mucho trabajo últimamente y eso le hacía ocuparse bastante, sin embargo, esto no le había resultado una molestia, sabía que sus padres se ocuparían de ello, además no había nada que temer mientras los niños estuvieran en casa, con tantos sirvientes a su disposición.
Hacía mucho frío en la montaña durante ése tiempo, era un clima que complicaba bastante los movimientos, (que solían aprovechar para entrenarse bajo situaciones extremas). Por eso no le extrañó ver el lugar tan solitario a esa hora del día, estaba bastante silencioso cuando entró, además dentro de un par de horas sería la cena, así que pensaba apresurar el paso para llegar a tiempo sin ser detectado, como usualmente le gustaba hacer.
Un ruido le hizo detenerse un instante, un par de pisadas a unos metros de distancia de él. Buscó con la mirada a lo lejos, y frente a él notó la presencia de Gotoh, que caminaba pausadamente mientras sostenía algo entre sus brazos. Reconoció de inmediato la blanquecina melena que sobresalía entre sus hombros.
"Debe haber salido sin abrigarse correctamente…".
Se le ocurrió tal cosa debido a que Gotoh parecía cubrir con su abrigo al pequeñuelo que se acurrucaba entre sus brazos, y tenía razón. Ralentizó el paso para no alcanzarlos, dejó que Gotoh lo llevara hasta la cima, tenía curiosidad de ver lo que pasaba con su hermano mientras él no estaba en casa.
No sabía que esa decisión le afectaría por siempre.
Gotoh lo había llevado a la casa hasta detenerse fuera de la mansión para bajarlo al suelo. Notó entonces con cuanto cariño le trataba, despeinó ligeramente sus blancos cabellos y Killua le sonrió de esa manera tan dulce que solía deslumbrar a todos en casa.
—Gracias, Gotoh.
Un dolor atravesó al mayor de los Zoldyck. No un típico dolor físico, nada que reconociera o que hubiera experimentado antes. Era una sensación incómoda, inconforme. Como si Gotoh hubiera hecho algo realmente malo.
"Kil está bien, Gotoh no se atrevería a lastimarlo" se dijo a sí mismo tratando de descifrar su interior "… entonces… ¿por qué me siento así?". Decidió ignorar su malestar, si Gotoh realmente planeaba hacerle algo malo, él estaría ahí para protegerlo, no dejaría que nadie se metiera con su hermano.
Siguió su camino hasta la casa, y en su trayecto se cruzó con el mayordomo quién lo saludó ceremoniosamente y él respondió con brevedad, entrando a la mansión rápidamente, aun así el hombre pudo percibir en él una ligera sensación asesina que irradiaba.
Planeaba asearse antes de ir a cenar.
En el pasillo fuera de su cuarto se encontró con la agradable sorpresa de su pequeño hermano esperándole.
—Aniki, sabía que vendrías pronto.
—Kil… —caminó hacia él y se detuvo cuando estuvo cerca— ¿estás bien?
—Sí, ¿entrenaremos hoy juntos? Sé que acabas de llegar de trabajar y no quiero molestarte.
Sonrió satisfecho. Killua seguramente había bajado la montaña desesperado por verle, no había otra cosa que le hiciera así de feliz que saber que su hermano le adoraba.
—Oh… pues… —se quedó pensando un instante.
—Ya casi no he podido entrenar contigo, por favor hermano —le tomó del pantalón e hizo un puchero de inconformidad.
—¡Ah! Maldición, no se podrá Kill —el suave roce en su pierna le provocó un cosquilleo y tomó su mano con cuidado para liberarse de la sensación— jaja me haces cosquillas.
—Te haré más cosquillas si dices que no —sonrió traviesamente ante la acción de su hermano mayor.
—Kil, no es que no quiera estar contigo —se arrodillo para estar frente a él— pero tengo que ir con papá a reportar cosas importantes del trabajo, ¿me explico? Prometo entrenar contigo mañana. Mañana estaremos juntos todo el día.
Killua no parecía conforme con ello, su carita se entristeció e Illumi tuvo el impulso de tocarlo. Puso su mano en la cabeza del pequeño, para brindarle confort— aniki… yo… —sus mejillas se tornaron de un tono rojo y su hermano mayor se sorprendió por ello, tenía mucha curiosidad por lo siguiente que diría—… uhmm… no, nada.
—Dime, Kil. No pasa nada malo, ¿verdad?
La mirada del pequeño cambió a una más sorprendida— no, no. ¡Nada de eso! —Expresó— este… hermano, tienes el cabello muy oscuro y lacio —el repentino cambio de tema intrigó más al adolescente, pero no quiso hacer presión. El pequeño alzó la mano y tocó apenas la punta de uno de sus mechones.
—¿No te gusta?
—Sí, sí me gusta, tu cabello es muy bonito, el mío es aburrido.
—No es así Kil, a mí me gusta tu cabello.
—Está bien… aniki —de nuevo esa expresión de vergüenza.
—¿Qué ocurre Kil? Has estado un poco raro hoy.
—Mmm… ¿ah? no… más tarde te lo diré uah —contestó apresuradamente.
Killua se fue corriendo de ahí dejando a un muy confundido Illumi. De haber tenido el derecho, habría sacado la verdad a la fuerza, y en lugar de eso, supo resistir. Ya sabía que habría otros métodos para saber la verdad.
Para la hora de cenar no ocurrió nada particularmente especial. Lo único que pasaba, era que el mayor esperaba ansiosamente el momento en que pudiera estar a solas con su hermanito.
Terminando la cena, se fue con su padre, como le había dicho a Killua que haría y tras esa reunión, caminando por la casa, divisó al pequeño junto con Alluka mientras jugaban en la sala. Se acercó en silencio, esperando no ser detectado. Analizaría la posibilidad de descubrir por su propia cuenta aquello que el niño no había podido decirle antes.
Al parecer el juego que tenían ellos dos fue abruptamente cortado por las extrañas actitudes del más pequeño.
—Vamos, vamos, vamos —decía Alluka como si hablara con su hermano— sí, ya voy, espera —pero se contestaba a sí mismo. Alluka comenzó a corretear por la casa sin sentido alguno.
Killua estaba muy habituado a estas actitudes, nunca se quejaba al respecto ni cuestionaba a su hermano, era de conocimiento familiar que el albino trataba a Alluka como si fuera mujer, probablemente a causa de la convivencia tan frecuente que ellos dos tenían. Era el único que parecía no estar enterado de que lo que le ocurría a su hermano menor no era común.
—Killua-sama —una tercera voz se escuchó en la sala, Illumi se inclinó para observar mejor lo que pasaba adentro— aquí le manda Tsubone-sensei un regalo —era una de las aprendices de Tsubone, una sonriente chica de quince años probablemente.
—¿Eh? —Killua observó el regalo— ¡Chocolate! —Gritó emocionado, sus ojos se alumbraron de felicidad ante el redondo pastel de chocolate que estaba frente a él— ¡Dile que muchas gracias! —Tomó el pastel y lo puso en una mesa.
La chica le dirigió una mirada repleta de ternura. Illumi volvió a sentir esa extraña molestia de antes, una ira oscura que crecía en su interior.
"¿Por qué me siento así?".
—Con permiso, Killua-sama —hizo una reverencia la chica. Mientras que el sigiloso observador sentía alivio al ver que se iría pronto.
—Ah, espera, espera —pero su alivio se esfumó al ver que le detenía— oye… mm…
—¿Killua-sama?
—… —el niño bajó la mirada inconforme.
—Ah, ya veo —sonrió la chica y se arrodilló frente al niño— Killua-sama aún tiene dudas… no tenga miedo Killua-sama, apuesto que si le pregunta, se llevará una sorpresa.
Y vio con mucho odio cómo la aprendiz de Tsubone se inclinaba para abrazar al albino. Nunca en su vida se había sentido tan corrompido por dentro, su aura asesina salió a relucir por un segundo, el suficiente para enviar escalofríos a los dos muchachos en la sala.
La chica se alejó despavoridamente del lugar, su cuerpo se tensó y ni un adiós dio al pequeño. Ella sabía que si se quedaba ahí, Illumi no tendría misericordia de ella. Sólo se lamentó haber dejado a ese pequeño cerca de su hermano el monstruo.
—¿I-Illumi? —Escuchó la voz de Killua llamarle con duda, pero no respondió. Se dio la vuelta y se alejó a toda prisa de ahí.
Se encerró en su cuarto, tratando de contener sus emociones. No sabía lo que sentía, sólo entendía que algo dentro de él le estaba abrumando. Era como un temor a algo, y a la vez un odio irracional. Illumi no podía tener esa clase de debilidades, él se había entrenado a sí mismo para mantener siempre la calma y pensar con frialdad. En cambio, sólo deseaba que Gotoh y la mujer esa murieran, deseaba matarlos, no entendía como resistiría las ganas de hacerlo. Estaba comenzando a enloquecer de ira y a la vez de una especie de vacío sin respuesta.
A la mañana siguiente, se decía entre los sirvientes en voz baja lo que había pasado. Illumi se estaba volviendo más peligroso.
Silva mandó a llamar a su hijo mayor. La noche anterior, durante su informe el muchacho le había hecho una petición y tenía ya la respuesta a ello.
—Ayer me dijiste que Killua te pidió que hoy entrenaran juntos y pediste que te sustituyeran en tus trabajos este día para poder dedicarle tiempo a tu hermano.
—Así es papá —respondió con una sonrisa relajada.
A su espalda se encontraba Tsubone y Gotoh junto a algunos aprendices que habían sido convocados a su vez.
—La verdad es que estaba considerando que fuera así desde antes, el equipo de Gotoh se hará cargo de cumplir tus deberes para que tú te ocupes de Kil. Illumi…
—¿Sí, papá?
—Tú madre y yo tendremos que salir de viaje esta semana, necesitamos que te quedes a cargo de la casa durante estos días, el abuelo se ocupará de los trabajos pendientes y tu tendrás que mantener todo bajo control, ¿de acuerdo?
Por primera vez en mucho tiempo sintió una gran emoción por una responsabilidad como esa. Era la mejor oportunidad de su vida para hacerse cargo de todas las cosas que le tenían inconforme podría deshacerse de todos los inconvenientes que se habían estado presentando en su vida y sobre todo podría descubrir lo que le estaba aquejando, haciendo algunos experimentos con las situaciones diversas que se podrían presentar.
—De acuerdo.
—Illumi, escucha con atención. Milluki se ocupará de los entrenamientos de Kalluto, Kikyo ya le está dando las instrucciones necesarias para mantener al niño enfocado a su labor; y el cuidado de Alluka quedará en manos de Tsubone. Es tú responsabilidad cuidar de Kil, asegúrate de que siga con el entrenamiento como debe ser. Cerciórate de que coman a las horas que deben comer y que se comporten correctamente, no dejes que hagan demasiadas travesuras o esto terminará siendo una molestia para todos; además, deberás darles un tiempo de descanso a los niños, deja que jueguen libremente sin que estés observando cada movimiento que hacen, tu madre y yo los dejamos ser, para que puedan descansar de todos sus deberes —eso último lo había dicho porque conocía de sobra a su muchacho, sabía que si le daba esa libertad, vigilaría cada instante de las vidas de los niños— y otra cosa más… —había estado tratando de permanecer tranquilo ante lo último que diría— compórtate Illumi, trata de controlar tus impulsos —observó a los mayordomos que estaban detrás de él, aunque no lo dijera, todos sabían que se refería a la naturaleza violenta y cruel que el adolescente solía mostrar cuando nadie lo vigilaba— quiero que haya vida cuando vuelva a casa…
Illumi se dio cuenta que su plan podía fallar, su padre conocía bien sus intenciones, pero desconocía aún todas sus capacidades, se había preparado para esta clase de casos— sí… papá —así que asintió como si estuviera de acuerdo con ello, después de todo, sus habilidades de control eran tan buenas que ni siquiera conociéndolo desde pequeño podrían adivinar lo que estaba pensando.
—Correcto, entonces no se hable más.
—Oh, papá… una cosa más.
—Dime.
—Tengo una pequeña duda que sólo tú me puedes responder.
—Hazla.
—¿Es correcto que los mayordomos y trabajadores muestren apego a la familia?
—Naturalmente si hay un buen líder, la lealtad es algo que nace en los seguidores.
—Mm… replantearé mi pregunta entonces —detrás de él, la tensión aumentó— ¿está bien que los mayordomos y trabajadores hagan muestras de afecto a nuestros niños?
Silva observó a los mayordomos esperando encontrar el motivo que le llevaba a realizar dicha pregunta a su hijo, y todos evitaron el contacto visual con él.
—¿Qué ocurre Illumi? ¿Por qué repentinamente preguntas eso?
—No es nada serio —mintió— sólo es una mera pregunta por curiosidad.
—No, no está bien. Volverían a nuestros niños débiles. El único afecto que ellos necesitan, es el de la familia misma. Que uno de nuestros mayordomos haga algo como eso merece un castigo ejemplar.
Un escalofrío recorrió a Tsubone y a Gotoh. Entendieron perfectamente el mensaje que les estaba enviando el muchacho de oscura melena.
—Ah, perfecto, lo tendré a consideración —volvió a sonreír y el ambiente se tensó más.
Era claro lo que quería decirles: ustedes no tienen derecho de hacer expresiones así sobre Killua, yo sí, aléjense de él.
—Illumi… —pero su padre lo sacó de sus pensamientos— de cualquier modo, si algo de esa naturaleza llegara a suceder, déjamelo a mí, sólo ocúpate en reportármelo.
—Por supuesto que será así padre.
Mejor aún para él, así él no se mancharía las manos en caso de que algo así ocurriera. De nuevo quedaría como el hijo obediente y tendría un poder sobre los demás.
Ese mismo día, Killua fue muy feliz sabiendo que su hermano se quedaría con él. Si había alguien en casa que comprendía el peso que cargaba sobre sus hombros era él, y en gran medida era por ello que se sentía cómodo a su lado. Él había pasado por eso de tener el puesto de futuro representante de la familia y le ayudaba mucho a comprender las cosas de la casa que eran demasiado complejas para su infantil mente.
Además, el silencioso hermano era muy paciente con él, su forma de enseñarle las cosas era práctica, bastaba un poco de sus palabras y el resto eran ejemplos claros basados en su experiencia. Killua era talentoso, y eso le daba comodidad al mayor al momento de enseñarle. No batallaba en absoluto porque el pequeño era disciplinado y confiaba en él. Eso era justo lo que necesitaba.
Quizá lo único extravagante era que los últimos días la actitud del niño era diferente. Aún tenía la curiosidad de saber qué era aquello de lo que quería hablar con él anoche. Afortunadamente tenía la paciencia necesaria para hacer presión sin verse ansioso, sabía que requeriría tranquilidad y el momento adecuado para conseguir su objetivo.
Por la tarde detuvo las cosas y lo dejó descansar. El pequeño había aguantado todo, así que lo dejó marcharse a jugar y mientras tanto él fingía ocuparse en otras cosas para vigilarlo desde las sombras, esperaba tener su oportunidad para desquitar ese sentimiento que había surgido desde el día anterior.
Y finalmente lo tuvo.
Una hora después de que Killua hubo jugado un rato junto a sus hermanos menores, Kalluto fue llevado hasta donde estaba su madre, y Alluka finalmente se fue a jugar distraídamente por algún lado de la casa. Entonces fue que la chica del día anterior se acercó al él. Illumi sonrió malignamente y contuvo sus emociones.
—Killua-sama ¿se encuentra bien?
—Ah, Kasuga —le sonrió— sí, creo que sí.
—¿Arregló su problema?
Killua dio un paso hacia atrás y se cruzó de brazos— no —un rubor apareció en su rostro. Illumi sostuvo la respiración para contener la ira que comenzaba a aflorar— pero… pero, lo haré más tarde.
La chica rio suavemente al ver la reacción— Killua-sama es usted un niño adorable —Kasuga terminó de reír cuando vio que el niño se cubría el rostro con vergüenza.
—¡Tú dices cosas muy vergonzosas! —Estaba completamente rojo.
Illumi, que rechinaba los dientes inconscientemente, tuvo que desviar la mirada un momento para poder controlarse y no ser descubierto.
—Ay, pero qué dice Killua-sama, usted es muy querido por todos, va a ver que todo saldrá bien.
—Ah… —se descubrió el rostro y aún ruborizado se concentró en ella— tú… tú, ¿también tienes a alguien como yo mm…? —era evidente que le costaba hablar del tema.
—Parece que hay alguien, pero estoy muy cómoda aquí en casa, me gusta mucho estar con usted, amo.
Illumi logró controlarse, ese último comentario contenía información que podía ser de su interés— Kasuga, yo… —ya no dejó que el pequeño continuara con el tema, había tenido suficiente. No soportaba ver que su hermano le dedicara esa atención a otra persona, una persona que se estaba ganando su amistad, era un abuso a su inocencia, o eso mismo era lo que pensaba como justificación a sus emociones.
—Illumi-sama —el aliento escapó por sus labios, la mujer retrocedió lentamente con mucho temor mientras observaba el oscuro Nen que desprendía. Incluso Killua tuvo miedo, de nuevo sentía esa horrenda opresión en su cuerpo.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
—I-Illumi-sama, yo… yo sólo —estaba atemorizada, sabía que no tendría capacidad de enfrentarse a él.
—¿Sólo perdiendo el tiempo? ¿No se supone que tienes trabajo qué hacer? —Aunque su voz sonaba calmada, su presencia no infundía seguridad.
—Pues…
Killua empezó a sentir que se ahogaba, la presencia maligna de su hermano era tan poderosa que sus piernas comenzaron a temblar y ni la voz podía sacar.
—Sabes perfectamente que los mayordomos no pueden mostrar afecto a los miembros de esta familia, ¿debería reportarlo con mi padre o tal vez te gustaría conocer mi piedad?
Ambas cosas sonaban aterradoras para ella. Intentó pensar en una idea que le salvara y dirigió su vista hacia el albino, tal vez si encontraba misericordia en él, se salvaría. En el momento en que sus ojos se posaron en esos blanquecinos cabellos, un dolor extraño recorrió su cuerpo. Una aguja había entrado en su cuello y dejó escapar un suspiro de dolor.
—Pon atención mientras te hablo —escuchó que Illumi le ordenaba y su cuerpo comenzó a moverse en contra de su voluntad, su cabeza se levantó y sus ojos se enfocaron directamente a los ojos negros que parecían hipnotizarle.
—Amo Illumi —otra voz sonó en el cuarto.
Entre la sombras se asomó la vieja Tsubone. Mostraba seriedad y firmeza, sabía que no había forma de intimidar al mayor de los Zoldyck— Silva-sama le ordenó comportarse. Si usted considera adecuado, yo misma reportaré a Silva-sama la situación.
No por eso Illumi bajó la guardia ni ocultó su Nen o liberó a la chica, pero enfocó su vista en la anciana e, inexpresivamente, continuó— no hace falta Tsubone, parece que Kasuga aprendió la lección.
—Por favor Illumi-sama, libérela de su poder.
—¿De qué hablas? —Fingió inocencia.
Tsubone caminó hasta donde ella estaba y la sostuvo por los hombros— Illumi-sama… Kasuga no tiene la culpa de sus celos, pero si cree que merece un castigo sabe que tiene que reportarlo al amo Silva.
Celos, esa palabra sonó en su cabeza con mucha fuerza. Eso era lo que sentía, esa era la palabra que había estado buscando.
—Vale —contestó y liberó a Kasuga de su nen— retírense.
—Gracias Illumi-sama. Con su permiso —Tsubone salió del cuarto, casi arrastrando a una temerosa Kasuga.
La sala quedó en silencio. Killua estaba paralizado, tenía tanto miedo que gruesas gotas de sudor resbalaban desde su cabeza, nunca antes había presenciado una fuerza maligna de esa magnitud. Ni durante sus misiones ni siquiera cuando trabajaba con su padre o su abuelo. Sí, notaba que tenían mucho poder y eso era indudable, sin embargo, no irradiaban esa horrenda presencia y sed de sangre.
—Kil.
Killua se colocó en una posición de defensa, como si esperara un golpe. Las imágenes de la ocasión en que su hermano le había apaleado aparecieron en su mente y cerró los ojos, conteniendo el aliento.
Illumi no supo reaccionar a esa respuesta, pero mantuvo la calma- Kil -volvió a llamarlo y caminó hacia él, no obstante, el niño retrocedió instintivamente— tranquilo Kil.
—Ani… ki —murmuró abriendo los ojos, encontrándose con su hermano que se arrodillo frente a él.
—Sí, soy yo, respira hondo.
El niño obedeció mientras bajaba los brazos e Illumi lo atrajo hacia él, cargándolo cuidadosamente.
—¿Ves lo que provocas, Kil? —El peliblanco se acurrucó entre los brazos su hermano y se dejó guiar, estaba apesadumbrado y débil. No lograba asimilar las palabras del mayor— pudo haber salido herida esa mujer y todo por culpa de esos comportamientos inapropiados que provocas ¿lo notas?
—Pero… no entiendo aniki, no lo entiendo.
—No te culpo por no entenderlo, apenas eres un niño —lo dirigió hasta su habitación, donde lo recostó en su cama mientras que trataba de calmarse aún, el estrés vivido había sido demasiado para su joven cuerpo.
Illumi se acostó junto a él y quedaron ambos de frente. Lo requería, necesitaba tener más control sobre el albino si iba a seguir sintiendo esos celos, además, no quería para nada compartirlo. No podía concebir la idea de permitir que alguien más tuviera esos abrazos y cariños que el niño le prodigaba.
—¿Qué es lo que hice mal hermano? —Le preguntó, observando directamente a los ojos a Illumi.
—Papá y yo te lo hemos dicho, ¿no? Lo único que debes considerar al conocer a una persona es si eres capaz de matarla o no, ¿sabes qué significa?
—Eso creo…
—Significa que no necesitas preocuparte por tratar a los demás, no necesitas ser su amigo, en estos momentos no tienes la fuerza necesaria para tener amigos… —recordó el incidente de su infancia, durante la Torre Celestial— cuando te acercas de ese modo a las personas, sólo te vuelves débil y si no tienes la fuerza necesaria te volverás una carga.
—Entonces yo… ¿soy una carga para ti y papá?
—En estos momentos lo eres, pero dejarás de serlo en cuanto puedas desarrollar bien tus habilidades, seguramente cuando domines tu Nen.
—¿Nen?
—Cuando estábamos abajo ¿sentiste algo extraño que fluía a través de mí?
—Sí, hermano, me dio miedo.
—Eso es Nen, y es bueno que tengas miedo, cuando sea el momento, te lo enseñaré.
Killua no era consciente de todo lo que pasaba, Illumi no sólo estaba jugando con su mente, al tiempo que conversaba con él y lo motivaba a relajarse. Comenzó a usar sus habilidades extraordinarias de hipnosis para inducir al niño a un estado inconsciente.
—Hermano, tengo sueño…
—Puedes dormir Kil, sólo prométeme una cosa.
—Di… me —su voz sonaba pausada.
—No dejarás que nadie te toque como yo y papá lo hacemos, te reservarás para mí.
—Haré lo mejor… —contestó antes de quedar dormido.
Sonrió satisfecho. Tanto tiempo en entrenamiento, tanto estudio y práctica estaban rindiendo frutos.
La verdad es que Illumi por sus propios méritos no conocía otra forma de conseguir sus objetivos. Todo lo que había logrado hasta ahora, con respecto a sus relaciones, se debían a su singular capacidad para controlar las emociones, deseos y pensamientos de los demás. No conocía un medio diferente, un método más sano y considerado para lograrlo. Sabía que Killua lo tenía de forma natural, tenía ese "algo" que él no podía conseguir por más que se esforzaba por comprender. Actualmente ya no conservaba deseos de desarrollar esa habilidad. Mientras que él se encontrara bien, y no bajara la guardia ni hubiera algo que le estorbara en su camino, significaba que todo estaba en orden.
Por ende podríamos concluir que los celos habían resultado una amenaza a su estabilidad, eran algo que le estaban provocando de alguna manera a bajar la guardia y mostrar su aura asesina, era algo que tenía que corregir y para hacerlo, primero necesitó comprender el motivo que lo desencadenaba.
Ahora se había asegurado de enviar ese mensaje a la mente de Killua. Lo había privado de la capacidad de ser cariñoso con los demás como lo había sido hasta ahora. Sabía que era egoísta, y creía firmemente que era correcto en su modo de actuar, todo por su propio bien y el de Killua.
Killua despertó quince minutos después, sintiéndose como si hubiera descansado muchas horas.
Esa noche su padre dio el anuncio de que saldrían por una semana, no hablaron del motivo que los llevó a salir, sólo dejaron en claro que Illumi estaría a cargo y que los niños debían ser buenos y obedientes con su hermano; que su abuelo iría a verlos de vez en cuando.
Se vieron entre ellos con un aire de complicidad que hasta Milluki compartió y se despidieron de sus padres. Habría sido una despedida normal de no haber sido por un pequeño detalle.
—¡No, mamá! —Chillo Killua cuando su madre se acercó a él a abrazarlo y besarlo— ¡Ay! Esto es vergonzoso.
Era la primera vez que veían que Killua rechazaba una de esas expresiones de cariño por parte de su madre, cuando usualmente las toleraba. Claro que, al ser un niño, lo consideraron algo totalmente normal.
—Ya está entrando en esa etapa —se rio su padre, aún recuerdo cuando Milluko comenzó a actuar así.
—Ay, mi muchachito está creciendo muy rápido, que orgullo.
Illumi se dio cuenta que necesitaría cambiar las condiciones que había introducido en la mente de su hermano o terminaría rechazando al resto de su familia y aún no estaba dispuesto a revelar todas sus habilidades a sus padres en dado caso de que fuera descubierto que algo anormal ocurría en Killua.
Sí, esa noche cuando llevó a dormir a los niños, particularmente le dedicó unos minutos para asegurarse que el rechazo se diera hacia cualquier persona fuera de la familia. La única duda que tenía respecto a esa habilidad, era cuánto duraría, esperaba que al menos lo suficiente, en lo que su cerebro adoptaba esa nueva actitud como una costumbre natural.
Odiaba experimentar con su hermano, lamentablemente consideraba que esta era una situación de emergencia, algo justificable.
Al día siguiente la casa tenía un pésimo ambiente. Los mayordomos se andaban con cuidado, parecía como si hubieran liberado a una bestia, que no tomaría a consideración la delicada situación con tal de satisfacerse. Los únicos exentos de ello, eran precisamente los hermanos Zoldyck de los cuales sólo los dos mayorcitos tenían conciencia de lo que en realidad pasaba.
Nada podía complacer más a Illumi, que saber que tendría el control de todo, aunque debía seguir siendo cuidadoso puesto que desconocía el momento en que llegaría su abuelo si es que de verdad había salido. Illumi Zoldyck no era un tonto, sabía que su abuelo solía vigilarlo aún, no le daría la oportunidad de sospechar de él.
El mayor de los Zoldyck tuvo que despertar un poco más temprano de lo que acostumbraba para dar las instrucciones normales que su madre solía repartir sobre las cosas que debían atenderse en la casa. Para ello, su madre había dejado notas recordándole lo que tenía que hacer.
Había una cosa de esa lista que debía realizar por él mismo, y que su madre hacía sin ayuda de ningún mayordomo. Bañar a los niños.
Kikyo no quería que ninguna persona fuera de la familia pusiera un dedo sobre sus hijos, mucho menos darles la oportunidad de ver sus cuerpos al desnudo. En eso estaba totalmente de acuerdo con su madre.
Alluka era el primero en bañarse, y también el primero en despertar (en este caso, después de Illumi), su madre tenía la costumbre de bañarlo en la mañana únicamente a él por motivos del entrenamiento que tenían Killua y Kalluto, a ellos dos los prefería bañar antes de cenar, para que pudieran dormir mejor.
Para su mala suerte Alluka era demasiado juguetón y distraído, así que en un principio su tarea resultó molesta por culpa del desobediente niño. No tenía tiempo que perder, se preguntó cómo era posible que su madre se ocupara de ese chiquillo todos los días.
No se tomó la molestia de analizarlo más, se arrodilló tomando al niño por los hombros para controlarlo con firmeza y lo detuvo fijando sus miradas para acelerar su trabajo. Dejó que su Nen comenzara a fluir, no necesitaba ser demasiado agresivo, aun así Alluka era bastante sensible a su poder y al instante comenzó a gimotear con tristeza mientras contenía sus lagrimitas.
—Te vas a controlar y te vas a portar bien conmigo.
Le ordenó con seriedad, enviando señales a su inconsciente y el pequeño inocente asintió con la cabeza. Sin poder resistir más continuó llorando en silencio. Sentía que no podía respirar y estaba mareado. Era tanto su temor hacia su hermano que se aguantó cualquier queja que tuviera.
Alluka era sociable únicamente cuando tenía confianza, fuera de ahí podía mantenerse apartado y silencioso hasta que algo lo instara a hablar. Obviamente, Illumi no le daba esa confianza, por lo tanto se resistió a hablar.
El resto del baño Alluka se limitó a obedecer las órdenes de su hermano mayor, no quería volver a sentirse así.
Después de eso, el día avanzó como normalmente pasaba con las tareas normales. Tal vez y lo único que era diferente para los hermanos Zoldyck, era que se sentían menos presionados debido a que no tenían a sus padres sobre ellos y eso se notó al siguiente día, cuando tuvieron más confianza.
Los niños estaban demasiado inquietos a la hora de su descanso, tenían muchas ganas de jugar dentro de la casa, ya que afuera hacía mucho frío. Illumi para ese momento, se había retirado a su cuarto a leer y el único que andaba errante por la montaña era Milluki, que se había ausentado sin ningún motivo aparente.
Kalluto incluso estaba un poco más participativo, aunque era demasiado pequeño para alcanzar a sus hermanos mayores que habían corrido al segundo piso mientras jugaban por el pasillo.
—¡Onii-chan! —Se escuchó la voz de Alluka atravesar de un extremo a otro del pasillo.
Kalluto al fin los encontró, guiado por la voz de su hermano.
—¡Miren, miren, miren! —Abrió un poco la puerta del cuarto al que había llegado.
—¡Oh! —Los otros dos niños gritaron al unísono.
—Es el cuarto de Milluki —dijo Killua.
Y los tres entraron, pasmados por la cantidad de juguetes que se encontraban ahí. La colección de Milluki era enorme y muy llamativa. Había varias consolas de videojuegos a la vista. Los tres pequeños conocían sólo la que tenían en su sala de juegos, y ver otras diferentes les había atraído más. Ni siquiera lo pensaron mucho, eran un grupo de niños curiosos. Comenzaron a ver a su alrededor.
—No vayan a romper nada —advirtió el mayorcito de los tres— para que no se entere Milluki que entramos a su cuarto.
—Pero onii-chan, ¡quiero una de estas! —Alluka tomó una de las muñecas que se encontraban a su alcance.
—¡Alluka, no…! —Killua apenas se acercó para quitarle la muñeca cuando la voz del dueño los interrumpió.
—¡Qué carajo están haciendo malditos mocosos! —Milluki estaba hecho una furia— ¡Suelta eso!
Le arrebató la muñeca a su hermano, y lo empujó. Alluka cayó de espaldas contra el suelo, rompiendo en llanto.
—¡Oye! No seas aprovechado —reaccionó Killua.
—Tú no me dices qué hacer —lo tomó de la camiseta y lo elevó sobre el suelo.
—¡Su-suéltalo! —Kalluto apenas alzó la voz y la mirada de furia de Milluki lo detuvo—… por favor —y se sintió tan intimidado que ya no quiso moverse. También quería defender a sus hermanos, pero se dio cuenta de que su poder era demasiado inferior y comenzó a llorar al igual que su otro hermano que seguía sin ponerse de pie.
—Cállate imbécil —fue lo que le respondió Milluki.
Killua continuaba elevado sobre el suelo, gracias a sus habilidades podía resistir la fuerza en su cuello, y sólo apretaba la mano de Milluki intentando liberarse de esa molestia hasta que se desesperó y lanzó una patada que para su desgracia no alcanzó su objetivo.
—¡Maldito estorbo! —grito nuevamente Milluki arrojando al peliblanco contra el suelo, lamentablemente en el proceso el niño chocó su cabeza contra la orilla de un mueble y comenzó a sangrar aunque no muy fuertemente— demonios… ¡Esto es su culpa! No debieron meterse a mi cuarto —terminó por acusarlos.
—¿Qué está pasando aquí? —Illumi apareció en la puerta con su aura oscura expuesta, ya había aprendido que la requería para intimidar. Tenía un efecto casi instantáneo.
Los cuatro se quedaron paralizados ante la voz de su hermano mayor, ninguno de ellos respondió al momento.
—Illu-nii, los niños…
—Kil…—vio que su hermano estaba de rodillas con una mano cubriendo torpemente la herida en su nuca. Se giró hacia donde estaba Milluki con su aura aún más marcada— comienza a hablar, Milluki.
—¡Ellos comenzaron Illu-nii! Entraron a mi cuarto a escondidas e iban a destruir mi colección de no ser porque llegué aquí a tiempo…
—¡No es cierto! —Interrumpió Killua— no íbamos a tocar nada, pero… —volteo a ver a Alluka, recordando que él era quién había comenzado a desobedecer.
—¿Pero…? —Continuo Illumi.
No iba a delatar a su hermano menor, era el más débil de todos y él sabía que era su deber cuidar a sus menores, particularmente a Alluka que requería más delicadeza— yo tomé una de las muñecas, es mi culpa —eso no le quitaba el miedo, su hermano resultaba tenebroso en momentos como ese.
—No, no —añadió Kalluto, intentando formular sus palabras— onii-chan no…
—Sí, Kalluto —lo interrumpió— yo soy el culpable —se puso de pie, poniéndose frente a sus hermanos menores en forma protectora— por favor aniki, no les hagas nada.
—Oye no, espera —habló Milluki— si alguien va a castigarlos seré yo, así aprenderán a no meterse con mis cosas.
—¡Pero fui yo! A mí es a quién tienes que castigar.
—Muy bien, tú me lo pagarás —dio un paso al frente para tomar al peliblanco que retrocedió instintivamente mientras observaba como Illumi continuaba con esa aura a su alrededor.
—Milluki, detente —un escalofrío recorrió a los cuatro, el mencionado se giró para enfrentar a su hermano— papá me dejo a cargo de la casa, y eso incluye esta situación —caminó hasta que quedó frente a los tres pequeños que temblaban de miedo. Killua se armó de valor y sostuvo su llorosa mirada hacia el mayor.
—Illumi-nii… ¿no ves que esto tiene qué ver conmigo? A mí también me dejaron a cargo, debería tener una satisfacción por lo que me acaban de hacer, no es justo —comenzó iracundo.
—Por favor, aniki… deja que Milluki se desquite conmigo, por favor —seguía en esa posición protectora, mientras que Kalluto y Alluka se escondían tras su espalda. Había pedido aquello porque temía lo que Illumi podría hacerles, sabía que tampoco tendría misericordia por parte de Milluki, sin embargo, le era más agradable la idea de enfrentarse al castigo de él, que de alguien con una presencia tenebrosa.
—Mmm… ¡Qué problema! Parece que ustedes dos ya se pusieron de acuerdo —suspiró Illumi, aparentando tranquilidad. No tenía coherencia porque nadie ahí se confiaba de su fachada.
—Si eso es lo que quiere su majestad, le conduciré por mí mismo al cuarto de torturas —continuó sarcásticamente Milluki.
—De acuerdo Milluki, sólo te dejaré así hasta la hora de cenar, no quiero que Kil se quede sin comer algo antes de dormir —se dio la vuelta caminando hacia la salida del cuarto— Alluka, Kalluto, vengan conmigo.
La mirada de horror incrementó en los ojos de Killua— ¡no, no! —Gritó lloroso— ¡no te los lleves, ellos no hicieron nada, por favor aniki, por favor! —Alluka y Kalluto se aferraban a la ropa de su hermano.
—¿Qué pasa Kil? ¿No era lo que querías?
Killua temblaba de miedo y por fin, gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas— no les hagas nada, aniki, te lo ruego…
Illumi se volvió a dar la vuelta, desde la puerta y extendió las manos— acércate Kil…
El niño dudó un momento pero luego le indicó con la mirada a sus hermanos que le dejaran ir. Caminó cabizbajo hasta que quedó frente a su hermano, el cual se arrodilló para luego alzarle el rostro y ambos se observaron fijamente.
—Kil, tú pediste esto, me llevaré a Alluka y a Kalluto conmigo, no lo hagas más difícil.
—Pero aniki —su voz sonaba entrecortada— soy yo quien va a pagar, no quiero que los lastimes.
—Estarán bien, te lo aseguro —deslizó sus dedos delicadamente para limpiar las lágrimas de sus mejillas.
—Me… ¿Me lo prometes?
Suspiró— es una promesa.
—… Gracias… aniki.
El mayor volvió a ocultar su Nen y tras una breve señal, salió del cuarto seguido de Alluka quien no paraba de llorar y lamentarse por su hermano, y Kalluto que lucía triste, mirando hacia el suelo. Ambos pequeños sabían que él no merecía el castigo pero ninguno de los dos se prestó lo suficiente para ayudarle.
Milluki arrastró al pequeño hasta el cuarto de torturas, no era la primera vez que estaba ahí, sin embargo, era la primera vez que lo hacía con un fin diferente al de sus entrenamientos. Había sido un niño muy bien portado hasta el momento en que tomó la decisión de proteger a sus hermanos del peligro.
Un agradecimiento a Luna Mikk que de nuevo corrigió mi trabajo. Y gracias por sus mensajes a killua minamoto y Susubaru *_*, sus mensajes me animaron bastante, ya verán que pronto las cosas comenzarán a tener un sentido diferente, y ojalá esta historia siga pareciendoles interesante. Prometo actualizar pronto.
De ahora, creo que comenzaré a publicar cada dos semanas.
Si les va gustando la historia, agradecería bastante que me lo hicieran saber ▲
