He vuelto. Aquí les dejo un capítulo un poco más corto de lo normal (quizá una página menos ja...) eso sí, con mucho contenido porque ya de poco en poco comenzaré a centrarme en lo que va a ser la historia.
Una cosa importante, esta vez, no les pido su paciencia, les pido que recuerden que irá subiendo de nivel y bueno, sólo que recuerden que Killua tiene unos 5 años más o menos, a los 5 años uno es naturalmente tierno ¿no?
Gracias por seguir leyendo
Capítulo 4
Durante la hora de cenar no se hablaban, había un ambiente triste. El estrés recaía más sobre el malherido niño que hacía lo posible por sonreír a sus pequeños hermanos.
Killua apenas comió algo. No tenía hambre, sólo había ido para no disgustar a Illumi, que de vez en cuando le dirigía una mirada de reproche por dejar de comer.
Cuando hubo que bañar a los pequeños, Killua se quedó dormido. El pobre estaba tan agotado por haber soportado tanto dolor físico y mental, que difícilmente podía sostenerse en pie. En ese momento Illumi cayó en cuenta de la presión a la que lo había sometido y sintió ternura, una extraña ternura hacia su predilecto niño que había mostrado una actitud valiente en una situación que, aunque no era peligrosa, era difícil para su joven espíritu.
Después de secarles el cabello a ambos y ponerles sus pijamas, los llevó hasta sus cuartos. Killua iba entre sus brazos dormido, así que trataba de tener cuidado con las heridas que había tenido que curar antes de colocarle su pijama. Lo hacía con delicadeza a pesar que dentro de él, moría de ganas por apretarlo en un cálido abrazo.
—Aniki… —murmuró el pequeño cuando le recostó en la cama.
—... —no le respondió porque creyó que balbuceaba en sueños.
Se quedó quieto indagando en la clase de sueño que podría estar teniendo, pero el niño abrió sus ojos ligeramente, enfocando su cansada vista en su hermano que aún seguía de pie junto a él— gracias, aniki.
Las mejillas del muchacho enrojecieron, estaba aguantando mucho sus emociones. Quería abrazarlo, besarlo y hacerle cariños; decirle cosas tiernas y dulces que le trasmitieran todo lo que su hermano mayor estaba sintiendo en esos momentos. Lamentablemente, no sabía hacer nada de eso, ni siquiera imaginaba cómo podría empezar a expresar cualquier clase de sensación amorosa, y sólo pudo dejar entrever por su rostro una ligera sonrisa.
Otro día más.
Illumi continuó con su rutina pese a que Killua seguía adolorido, sabía que no le haría ningún bien el darle tiempo para recuperarse cuando en un futuro su situación podría ser peor. Necesitaba acostumbrarlo aún más al dolor.
Para la tarde, el ambiente de nuevo era tranquilo, podría decirse que eso que había ocurrido, era el equivalente a la clásica discusión de hermanos que fácil viene y fácil se va.
El mayor de los Zoldyck se encontraba sentado en la sala junto a una caja de agujas que había conseguido recientemente. Las estaba examinando atentamente porque quería asegurarse de que todas fueran a servir de acuerdo a su gusto. En eso estaba cuando una pequeña y agradable presencia lo interrumpió.
—Aniki…
—Kil.
—Ah… ¿son agujas nuevas? —Para ese entonces, Killua tenía entendido que su hermano las usaba para pelear, y al igual que su padre, desconocía el modo en que él las empleaba.
—¿Ocurre algún problema?
—Mmm… no… mmm —en ese momento Illumi reconoció esa actitud, era la misma actitud que había tenido días antes y recordó que aún había algo que el niño no le decía.
—¿Ya me dirás lo del otro día?
—¿Eh? ¿Qu-qué cosa? —Supo rápidamente de qué hablaba, sólo que se encontraba tan nervioso que no quiso ir directamente al asunto.
—Kil… sabes que puedes decirle lo que quieras a tu hermano mayor —trató de darle confianza.
—Sí, sí —, pero no funcionó aparentemente. El niño enrojeció todavía más— ¡Oh! Alluka me dijo que le regañaste el otro día cuando se bañaba, dijo que te tiene miedo —Illumi notó que nuevamente desviaba la conversación para evitar hablar de ese tema que le costaba trabajo confesar.
—Si Alluka se porta mal, no es correcto premiarlo ¿verdad?
—Mm… no pero…
—No puedo hacer una excepción, no creo que él sea un tonto.
—No, no lo es, pero Alluka no es mala, ella… ella tiene muy buen corazón.
Abrió los ojos con impresión por un segundo, era la primera vez que escuchaba a su hermano referirse a Alluka como mujer. Naturalmente cruzó la idea de corregirle, sólo que la curiosidad le ganó.
—Aniki, perdónala —puso una expresión triste— deja que juegue, ella pasa por muchas cosas…
—¿Muchas cosas?
—…
—¿Kil?
La puerta de la sala se abrió sorpresivamente y un tenso Milluki interrumpió la conversación. El responsable de la casa sintió una gran molestia repentina, odiaba saber que Killua le guardaba secretos, lo detestaba completamente, no obstante, lo último que pensaba era forzarlo a hablar. Nunca usaría sus trucos para convencerlo ni mucho menos utilizaría una de sus agujas para forzarlo. Era su adoración, su pequeño e inocente hermano al que amaba, no un enemigo para agredirlo de ese modo. Haría lo que fuera por ganarse su completa confianza y devoción, si para ello necesitaba paciencia, entonces aguantaría hasta que llegara el momento adecuado.
—¿Ahora qué quieres mocoso? —Fue lo primero que dijo Milluki refiriéndose al más chico en la sala.
—Ya nada, me largo —suspiró con molestia y se dio a la fuga antes de que Illumi pudiera detenerlo.
—Sí, sí, largo de aquí…
—¿Qué ocurre ahora Milluki? —De cierto modo comenzó a comprender a sus padres con las constantes interrupciones y necesidades de su hermano. Se acomodó el cabello, y dejó a un lado la caja con agujas que aun sostenía.
—Hermano, necesito pedirte un gran favor, ¿podemos hablar en privado?
Primero lo miró con molestia un momento, tratando de averiguar que era aquello y saber si en realidad era tan importante, luego con un ademán de su mano, ordenó a los mayordomos ahí presentes retirarse del lugar.
—Gracias hermano —continuó Milluki.
—¿De qué se trata?
—Bien… —se notaba algo nervioso— eeh… veamos, ya somos grandes así que hablaré esto directamente.
Illumi levantó una ceja con ironía. No veía a su hermano para nada como un adulto, lo veía como a un chiquillo, después de todo, tenía doce años.
—Sabes… desde hace tiempo que estoy pasando por "los cambios"… —hizo énfasis para que su hermano entendiera a lo que se refería.
—¿A qué te refieres? —Pero él no lo captó.
—Ya sabes, todo eso de comenzar a ser un hombre de verdad.
-Ah…—repasó en lo absurdo que había sonado esa frase— ¿Y…?
Milluki siempre se extrañaba de ver a su hermano actuar tan tranquilamente, no lograba descifrar lo siguiente que haría o diría.
—Al grano —expresó todavía más nervioso. Trataba de darse ánimo hablando rápidamente— pues hace varios días que comencé a curiosear y he estado pagando a algunas prostitutas para divertirme —se quedó viendo a su hermano para ver si conseguía congeniar con él en esos momentos, pero no hubo reacción alguna— he sido bastante cuidadoso con eso, pero el problema es que para que no me descubran en casa, he tenido que hacer todo en la montaña y no es precisamente cómodo. He tenido que encontrar un espacio donde no haya mucho aire y aun así hace frío allá afuera, además es molesto tener que estar cuidando de que no me vean los mayordomos…
—No veo el punto.
—Yo… bueno, hermano, mis papás no están en casa… ¿me dejarías traer algunas chicas aquí?
—Milluki…
—Dime.
—¿Qué te hace pensar que yo te dejaría traer a una de esas mujeres aquí?
—¡Oh, vamos! Hermano, necesito experimentar y desahogarme un poco… debes comprenderme, sólo será un rato. No me digas que no lo has hecho —Illumi se quedó en silencio, su expresión seria era evidente— ¿No has tenido sexo aun?
—¿Es acaso asunto tuyo?
—¡Eso es un no! —Levantó la mano señalándolo acusadoramente.
—No pareces querer convencerme aún —sonrió maliciosamente.
—Ah, por favor hermano, anda, seré cuidadoso, no dejaré que nadie se entere de lo que ocurre, te lo ruego.
Era una situación extraña, eso era cierto. Illumi no era precisamente la clase de persona que estuviera interesada en sexo, -salvo que su inconsciente naturalmente le traicionara-, y fuera de ello, siempre se jactaba de tener todo su cuerpo y mente bajo control.
Ver a su hermano tan necesitado, y a sabiendas de que esta podría ser una oportunidad para hacer que Milluki le debiera un favor, optó por darle un sí, no sin antes hacerle entender tendría que devolverlo luego.
—Puede que sí… pero, sabes, no quiero meterme en problemas. Si nos llegan a descubrir sería una verdadera molestia que papá nos castigara a ambos.
—No, no, ya sé cómo hacerle para traerlas hasta aquí, recuerda que yo me ocupo de la vigilancia de la casa, sé cómo moverme entre las cámaras y sé dónde están todos.
—Mmm… aún así…
—Y-y si me llegan a descubrir, no diré que me diste permiso, diré que fue mi idea y ya, te lo prometo, di que sí hermano, por favor.
—Está bien —sonrió— pero si te descubren, deberás sacar a las mujeres de aquí y nada de volver a sugerir algo como eso, ¿de acuerdo?
—Sí —se emocionó por la respuesta de su hermano— gracias Illu-nii… —luego recordó su pequeño nuevo descubrimiento— oye…
—¿Ahora qué?
—¿En serio no has tenido sexo en toda tu vida?
—¿Es eso relevante?
—Hermano… no puedo creerlo, eres un tipo bien parecido… no todo en la vida puede ser entrenamiento y matar, ¡no puedo creer que aún seas virgen! Aunque bueno, para ti todo tú mundo es matar y entrenar a Kil.
—No metas a Kil en una conversación tan vulgar.
—Pfff… es en serio Illu-nii, deberías liberar tu tensión, seguramente por eso andas de amargado. Necesitas algo de sexo, ¿por lo menos, ves porno?
—¿Parezco alguien que ve esas cosas?
—¿Lo ves? Tienes un gran problema, a éste paso lo más cercano al porno que verás será bañar a los niños —Illumi no se inmutó, aunque sintió una ligera molestia en su interior a causa del comentario— eh… olvídalo, incluso para mí eso es demasiado perturbador —se frotó la frente con vergüenza— sólo… sólo relájate un poco… a este paso Killua perderá la virginidad primero que tú —y soltó la carcajada al imaginarlo.
Para el adolescente aquella frase fue superior a todo, no conseguía ni si quiera repetirla en su mente. Su adorado hermano no podía perder su ternura e inocencia. En su interior, él era algo sagrado e intocable que no debía ensuciarse ni con palabras como esa— Milluki, no vuelvas a decir algo como eso. Te lo he advertido una vez, no metas a Killua en tus conversaciones vulgares —comprendía que Milluki no lo viera de ese modo así que sólo quiso dejar las cosas en claro.
—Ay, ay, está bien, dejaré a tu novio Killua en paz…
—…
—De cualquier forma, si quieres ver el catálogo, ven a mi cuarto antes de las seis. A esa hora el pedido quedará listo.
—No, gracias. Ahora sólo vete por favor.
El mayor no reclamó más porque estaba confundido. Por una parte siempre había sido disciplinado y responsable con su familia y por otra estaban sus propios deseos. Él, que nunca antes había deseado algo para sí, guardaba en su interior la idea de que, a través de Killua, llegaría a su meta como líder de la familia y por ello le dedicaba tanto tiempo como podía, sin embargo, fuera de eso, constantemente olvidaba que era un humano, que tenía necesidades comunes; necesidades que, de alguna manera, estaba suprimiendo o resolviendo a través de otras cosas. Las cuales luego terminarían abriendo un camino hacia algo que nadie en esa casa ni siquiera se imaginaría.
Antes de la hora dicha no fue a ver a Milluki, y para la noche, cuando iba a bañar a los dos niños, se dio cuenta que Milluki había salido, seguramente a ir por su pedido.
Desvió su mente de ello, no quería mostrarse incómodo frente a los pequeños que lo estaban esperando.
Tras bañarlos, los mandó a sus cuartos a dormir y notó que, curiosamente, el segundo piso ya estaba vacío. Respiró hondo, sólo esperaba que las cosas no llegaran demasiado lejos, aunque sabía que estando él al cargo nada de eso ocurriría.
Regresó silenciosamente hasta su cuarto y vio una chica parada afuera, junto a su puerta. Detuvo su camino cuando estuvo frente a ella.
—Milluki-sama me pidió que le esperara aquí, usted debe ser Illumi-sama —la chica hizo una reverencia.
Illumi sabía que era una tontería por parte de su hermano el haber enviado a esa chica hasta ahí. Era una broma cruel de su parte, lo entendió bastante bien al ver la fachada de la mujer. Era una chica de baja estatura, cabello largo y recogido en dos coletas, vestida como colegiada, aunque eso no era lo especial. Lo destacable, era su largo cabello blanquecino y sus grandes ojos azules. Era un mensaje, como si quisiera mostrarle una versión femenina y mayor del pequeño Killua.
No se tomó la molestia de responder a la chica, se dio la vuelta y caminó hacia el cuarto de su hermano sin hacer ningún gesto.
Sigilosamente ingresó al cuarto.
Milluki estaba sentado, con una chica sobre él fingiendo estar muy excitada por la situación. Decidió recargarse en la puerta de la entrada y esperar a que su hermano se diera cuenta de su presencia.
Pero no fue así. Quien lo notó primero fue la chica, que se asustó al verle.
—¡Hey! Illumi, ¿qué no ves que estoy ocupado? ¿Qué estás haciendo aquí?
—Lo sé, pero… como tu pequeña broma esta parada fuera de mi cuarto decidí venir aquí a hacerte compañía.
—Ja, ja... —comenzó a reír en voz alta— para que sigas viendo a tu adorado Killua.
—No le veo la gracia, Milluki.
—Ya, ya hombre… si no la quieres, mándala para aquí o échala. A fin de cuentas, ya está pagado el servicio. Le ordené a los mayordomos que no subieran a estos pisos, así que nadie se enterará de nada… de verdad te hace falta divertirte un poco, deberías intentarlo al menos.
—Le diré que vuelva a tu cuarto, no quiero que una prostituta ande caminando por la casa descuidadamente o terminará muerta.
La verdad era que estaba un poco alarmado de que hubiera una mujer así en su casa mientras que había niños por ahí. Sabía que, aunque los mandaban a dormir, solían salirse de sus cuartos y terminar durmiendo juntos o incluso a veces bajaban a tomar algo y terminaban dormidos en los sillones. Caminó de prisa y para su desgracia, atinó lo que temía.
Killua estaba de pie observando a la chica que estaba en su cuarto. Bajó el ritmo de sus pisadas, no iba a llegar asustando al pequeño.
El niño la miraba con mucha curiosidad, pero no le dirigía la palabra.
—Hola pequeñín, que bonito niño, ¿no es algo tarde para estar despierto? —La chica estaba con sus manos en sus rodillas, para poder ver al niño un poco más de cerca.
—¡Oh! Tu cabello es como el mío —dijo con sorpresa.
—Ah, pero mi cabello está pintado de este color, ¿el tuyo es así siempre?
Illumi observaba el panorama y escuchaba lo que ocurría, vigilando que no llegara a más. Le causaba mucha conmoción ver a su hermano parado frente a una mujer como esa, pero lo que más le inquietaba era el hecho de que Milluki hubiera elegido a una mujer con esa apariencia para él, de cierto modo, le había gustado aquello y lo confirmó al ver al pequeño junto a ella.
—Sí, así es mi cabello… ¿De dónde eres? ¿Por qué estás aquí?
—Que hermoso, ¡ah! Que ternura de niño
—Detente ahí —la mujer iba a tocar al peliblanco, eso alertó a Illumi y tuvo que intervenir.
—¡Aniki! —Le sonrió el pequeño.
—Kil, ¿qué haces despierto? Mañana tendrás un entrenamiento muy pesado, deberías ir a dormir ya, diles a los niños que no los quiero ver fuera de sus cuartos o los castigaré.
—Pero…
—No, Kil, ahora no.
—Quiero estar contigo —bajó la voz e hizo un puchero inconforme. Illumi sonrió, e inmediatamente recordó que tenía un problema que atender primero.
—Mañana. Te prometo que iré a dormir a tu cuarto mañana.
—¿De verdad? —Sus ojos se iluminaron de felicidad.
—Sí, ahora ve a tu cuarto.
El pequeño volvió a observar a la chica un momento más y luego se alejó corriendo. Illumi cambió su sonrisa por una expresión de seriedad. De nuevo había visto esa imagen. El infante frente a aquella mujer del bajo mundo y volvió a sentir esa excitación, que decidió ya no controlar.
Normalmente lo único que hacía para satisfacer su curiosidad hasta ahora, durante sus misiones, cuando se había topado alguna escena de sexo, se detenía a ver. Se quedaba ahí desde algún punto donde pudiera vigilar toda la acción hasta el final. A veces había visto cosas absurdas, otras más candentes. No podía determinar si alguna de ellas le había gustado, de todos modos cumplían su papel de satisfacer su curiosidad. Así que tenía la noción de lo que tenía qué hacer.
Abrió la puerta de su cuarto. No le gustaba la idea de meter una mujer así en su habitación, no obstante, rechazaba aún más la idea de dejar que la tipa entrara a algún otro lugar del que él no tuviera el control total, y su cuarto era el único que podía usar para lo que planeaba hacer.
Le indicó con la mano que entrara— no hagas ningún ruido —le ordenó.
La chica caminó con desconfianza, no sabía exactamente que podía y que no podía hacer, y tampoco podía preguntar al respecto.
Illumi caminó frente a ella. Por un momento dudó sobre lo que estaba haciendo. Y volvió a centrarse en la idea que lo había llevado a iniciar con todo aquello.
La tomó de la muñeca y la acercó hasta su lecho. No, no iba a dejar que ella subiera a su cama, menos si deseaba que Killua continuara acompañándolo a dormir de vez en cuando.
Quedaron los dos de frente, mientras la chica intentaba comunicarse con él con la mirada, pero él seguía inexpresivo. Finalmente guió la mano de la mujer hacia su pantalón y ella comprendió lo que tenía qué hacer mientras que él concentraba su mente en la imagen del pasillo, Killua de pie frente a ella. Tan puro, tan inocente.
La chica dejó al desnudo su miembro semi-erecto, y él dio un paso hacia atrás, para sentarse en su cama cómodamente— ponte de rodillas, usa tu boca —le indicó a ella— y no hagas ningún ruido.
No quería escuchar la voz de la prostituta. Cualquier sonido que proviniera de ella le haría salir de su fantasía. Le recordaría que era una mujer la que estaba ahí, y no lo que verdaderamente estaba deseando en esos momentos.
La chica obedeció y comenzó con su trabajo, observando que su momentáneo jefe parecía estar en otro mundo.
Para Illumi, los ojos azules y el cabello blanco de la chica, estimulaba aún más su concentración, sobre todo cuando ella comenzó a hacerle el oral, sus cabellos blancos le hacían recordar a su adorable Killua.
Hasta que comenzó a visualizarlo, imaginaba que era él quién estaba ahí, con sus inmaculados labios siendo ultrajados por él. Apretó fuerte la cobija de su cama, su visión comenzó a nublarse de placer.
—Kil… Killua —sus labios pronunciaron su nombre, pero no salió ningún sonido de ellos. Había llegado a la aceptación. Eso era lo que de verdad deseaba tener. A su casto y delicado hermano, en cuerpo y alma, y si podía, aún más allá de eso.
Después de que hubo terminado. Entró en razón y sintió pánico, como si todos a su alrededor estuvieran enterados de lo que había estado pensando, y en un impulso tomó del cuello a la muchacha y la estrelló contra la pared, aunque no lo suficientemente fuerte como para alertar a todos en la casa.
—Ay —se quejó la maltratada trabajadora, tratando de aguantar el dolor sin hacer sonido alguno como le habían ordenado.
Los ojos del muchacho cambiaron, mostraban una especie de encanto en su interior. Estaba enloquecido por dentro. Sólo una parte de su voluntad lo estaba frenando de asesinar a la chica y tomar el control de sus impulsos. Respiró hondo y usó sus conocimientos de hipnosis para inducir a un estado mental vulnerable a la mujer.
—Olvida todo lo que ocurrió aquí.
La pobre mujer quedó en blanco en un instante. La sacó de su cuarto y la hizo caminar hasta el cuarto de Milluki. De ahí en más, no se interesó en saber lo que ocurrió, ni pensar en lo que había hecho.
Batalló mucho al día siguiente para mantener su mente limpia de esos pensamientos. Cada vez que veía a su peliblanco hermano sentía que su corazón saltaba de su pecho y eso le molestaba. La idea de que había ensuciado imaginariamente a esa inocente criatura le hacía enfurecer contra sí mismo. No, Illumi no era débil, prefería ser un frío e insensible asesino antes que formar parte de esa sociedad que, por un poco de placer, cae en las trampas más absurdas.
Lo que más le molestó durante el día fue tener que hacer el entrenamiento con electricidad, eso exigía que el niño mostrara un poco más piel de lo normal y no era como si estuviera en condiciones para ver a su hermanito bajo esa situación. Tuvo que contener sus emociones como nunca antes hasta que logró enfocarse en su labor, cosa que consiguió. No en vano había pasado casi toda su vida entrenándose para dominarse.
Hasta la noche, cuando tuvo que bañar a los muchachos, consiguió sentirse como antes. Un sentimiento plano y seguro.
—Aniki —escuchó que Killua le llamó cuando estaban caminando hacia su cuarto— ayer me prometiste que te quedarías a dormir conmigo.
Illumi había olvidado eso, así que cuando se lo recordó no pudo evitar traer a memoria el momento en que lo vio junto a la prostituta— … —así que se mantuvo en silencio.
—Oye, oye, no me ignores.
—No te ignoro Kil —respondió disimulando su reacción— sólo… pensaba si está bien que duerma contigo, ya estas creciendo y no quiero que te acostumbres a depender tanto de mí.
—¡No es así! Yo también cuido a mis hermanos —puso las manos en su cadera con una graciosa expresión de enfado en el rostro— además lo prometiste aniki, ¿lo recuerdas?
No le quedó de otra. Le había enseñado a no usar las palabras a la ligera, si le había dicho que era una promesa, cumpliría, así fuera molesto o no—Sí, sí, sólo pensaba en eso. Vamos pues —lo cargó de la cintura y él le refutó, necesitaba relajarse un poco antes de que terminara haciendo algo indebido.
Al llegar a su cuarto, el peliblanco reía por el comportamiento de su hermano. Estaba muy feliz de poder verlo tranquilo, se sentía verdaderamente agradecido de que una persona tan seria y tenebrosa, abriera un poco su corazón para él. Ambos se comprendían en su soledad y tristeza. Sabía que Illumi sufría en silencio, por eso quería hacerle las cosas más simples, ser obediente y, de ser posible, hacerle sonreír.
Colocó al pequeño en la cama, y él se hizo a un lado para que su hermano pudiera acomodarse junto a él— aniki —uso ese tono de voz que le recordó a Illumi que desde hace días tenía una cosa que no se animaba a decirle, y se dio cuenta que había ideado la situación para poder hablar con él en privado— uh… mm…
—¿Qué ocurre Kil?
—Oye, ¿quién era la tipa del otro día?
Lo que más detestaba de estar tan vulnerable (en comparación a su actitud de siempre) era que tenía junto a él a la razón de su momentánea debilidad y para colmo, que le hacía recordar lo que quería olvidar.
—No es nadie, no importa.
—¿Es… es… es tu novia? —Killua estaba comenzando a ruborizarse, parecía como si comprendiera de qué hablaba, y a la vez lo decía con tanta inocencia que no era fácil de resistir.
—¿Novia? ¿Qué es eso?
—¡No intentes engañarme! Los adultos saben mejor de esas cosas.
Illumi estaba intrigado no sólo por el hecho de que Killua había utilizado una palabra que él no usaba más que en asuntos que fueran estrictamente necesarios, sino que alguien debió haberle inculcado la idea y ese alguien ahora era de su interés — veamos… primero quiero saber qué entiendes sobre ello y lo más importante, ¿quién te habló de eso?
Killua se puso graciosamente nervioso y tomó una almohada para cubrirse la cara
—¡Aniki!
—Kil…
—Es la… ya sabes, una novia es… eso de adultos, una persona con quién quieres estar todo el día y se dan besos y esas cosas… ugh…
—Ah, ya veo… ¿quién te habló de eso?
—No le dirás a nadie, ¿verdad?
—Puedes confiar en mí.
—Kasuga.
Illumi se alegró internamente, había querido desquitarse de esa mujer desde hace tiempo, pero necesitaba una verdadera excusa que le diera motivos para matarla — ¿Kasuga? ¿Ella tiene novio?
—Pues… no, pero... —Illumi lo volteó a ver— hace poco conoció a un chico que le gusta, ¡son puras tonterías!
Tal vez no tenía aún lo que necesitaba para incriminarla, pero estaba a punto de ocurrir, así que sólo haría uso de su paciencia.
—Entonces no importa.
—Illu-nii, la chica de ayer…
—No, Kil, yo no tengo novia. Tampoco pienso en eso.
—¡Ah! Lo sabía, tú no harías algo así.
—Ja, ja, ja. —se rio y quiso cambiar el foco de atención— Kil, deja esa almohada, pareces una niña hablando de cosas de niñas.
Killua le arrojó la almohada a la cara e Illumi no la esquivó porque sabía que el niño estaba molesto por su comentario, lo que no esperaba era que Killua se pusiera de pie sobre la cama y se arrojara contra él para tumbarlo sobre el colchón.
—¡Cállate! Oh… maldición —quedaron uno sobre el otro— no digas tonterías aniki.
Illumi sintió una calidez en su interior, una sensación completamente agradable que recorría su cuerpo. El infante de nuevo estaba dándole a su corazón ese algo que sólo él podía darle, esa vida que no lograba comprender, y sin poder resistirse más, lo rodeó con sus brazos para sostenerlo contra su pecho.
Killua ni se resistió, se sonrojó ligeramente y le correspondió el abrazo—. Hay algo que te he querido preguntar desde hace días, pero… pero la verdad es que tengo miedo de la respuesta —sus respiraciones eran pausadas, Illumi estaba tan relajado ahora que no quería moverse.
—Es sólo una respuesta, ¿no? No pasará nada malo. Yo no dejaría que te pasara algo malo.
—Mm… es algo complicado.
—Sólo dilo.
—Aniki… tú… —tomó aire para agarrar valor— ¿me quieres? Quiero decir… sé que me entrenas porque papá te da la orden y sé que te tomas la molestia de enseñarme muchas cosas, además, me cuidas y me tratas bien. Es sólo que nunca te he escuchado decir algo así sobre nadie, ni sobre mí. No podría estar seguro de que lo haces porque es tu deber o porque en realidad quieres…
El momento pacífico terminó para Illumi. A su punto de vista Killua no debería estar hablando de ese modo, sin embargo, no era tan grave como para que terminara por molestarse. Únicamente resultaba en una situación incómoda— ¿quién te hizo pensar todo eso? —Sabía que alguien más estaba detrás de su razonamiento, era demasiado niño como para idear algo por el estilo.
—Kasuga… —confesó. A diferencia del pelinegro, el albino se había relajado más. Estar entre los brazos de su hermano mayor le hacía sentir esa tranquilidad que probablemente no debería sentir— ella me preguntó si alguna vez tú me habías dicho que me querías y eso me hizo dudar porque en realidad nunca lo he escuchado de ti. Alluka, mamá y papá me lo han dicho… de hecho una vez Kalluto me lo dijo, sólo tú y Milluki no lo han hecho. Milluki no importa, pero tú…
Ato cabos. Seguramente eso que Kasuga le había dicho era con el fin de hacer que Killua se alejara de él. No sólo eso, lo más probable era que aquello no era obra de la misma Kasuga, era un plan por parte de algún grupo de los mayordomos que evidentemente desconfiaban de él. Illumi no caería en esa trampa, siempre se anticipaba a sus enemigos.
—Kil… no es algo que yo suelo decir.
—Lo sé…
—No esperes que yo lo esté diciendo así, tan fácilmente, pero… —deslizó una de sus manos para comenzar a acariciar sus cabellos— yo te quiero Kil. Si te cuido y te entreno es porque es mi deber, pero también lo hago porque te quiero y me gusta estar contigo.
—Yo también te quiero —susurró muy abochornado por sus palabras.
El corazón de Illumi comenzó a latir fuertemente. Era la primera vez que escuchaba esas palabras, no importaba que las hubieran dicho tan bajo que apenas y fueran entendibles, ni siquiera si se lo habían dicho de frente. Lo que importaba era que lo habían dicho con sinceridad, había sido de nuevo ese Killua que lo había derrotado por segunda vez. Para colmo, Killua pudo sentir como su corazón se aceleraba y eso le hizo ruborizarse también.
—Aniki, tu corazón…
—Cállate…
—Ja, ja. —se rio en voz baja— ¡Ah! Cierra los ojos —se detuvo abruptamente, como si se hubiera acordado de algo y se movió de esa posición en la que se encontraban para gatear sobre la cama y acercarse hasta el rostro de su hermano.
—¿Kil? ¿Qué haces?
—Ciérralos, anda…
No le quedó de otra que obedecer. Illumi tembló cuando unos pequeños labios depositaron un suave y tibio beso en su mejilla.
—Ya, espero no volver a hacerlo nunca más… —de nuevo estaba cubriéndose la cara con la cobija, jalando de ella hasta que pudo esconderse entre la tela— estoy dormido, adiós.
Illumi tocó su mejilla, estaba harto de perder contra él; cansado de no poder defenderse cuando se trataba de Killua. Era como si ese chiquillo de sólo cinco años pudiera leer su mente y conocer las necesidades más ocultas de su alma, todo aquello por lo que rogaba y nunca se le concedió, por lo que se resignó a no recibir. De pronto ahora lo tenía, y no sabía qué debía hacer, ni qué actitud debía tomar.
Se levantó de la cama y buscó a su hermano que fingía estar dormido dentro de la cobija y luego la estiró para descubrirlo.
—¡Hace frío! —Se quejó.
—¿Me dejarás dormir aquí o no?
—S-sí… —desvió la mirada, el pelinegro no lo sabía, pero el menor también se sentía vulnerable en esos momentos. Había dado un beso a su hermano y no estaba seguro del efecto que tendría, sólo esperaba que no arruinara las cosas que había conseguido con él.
Para suerte del pequeño, este le sonrió. Pudo ver esa ligera sonrisa en su rostro y él le respondió del mismo modo. Illumi era pésimo para expresar sus emociones, pero Killua era demasiado bueno para comprenderlo.
—Ven aquí —le pidió amablemente Illumi. Y él respondió caminando sobre la cama hasta que quedó frente a él, entonces hizo algo que ni él mismo esperaba hacer. Lo tomó de las suaves mejillas infantiles y le dio un beso prolongado en su frente— supongo que así… estamos a mano.
No hablaron más, ambos sabían que ya no era necesario agregar más a lo que se trasmitían. Durante la noche el confundido hermano mayor permitió que el pequeñuelo se abrazara a su pecho. Para ese momento no le importaba si él sentía su apresurado corazón o si volvía a sentirse derrotado. Lo único que le preocupaba era que todo eso sólo estaba comenzando a desatar en su vida un verdadero problema.
Porque mientras que Killua se abrazaba a él con toda confianza, él, en medio de sus sueños vio de nuevo esa fantasía que había tenido cuando había estado con la prostituta. Comenzó a desearlo aún más.
Despertó alterado, y el hecho de tener a Killua junto a él, no facilitó las cosas.
—No puede ser… —murmuró sin moverse. Casi no pudo dormir después de eso, secretamente se maldecía por manchar imaginariamente su casto cuerpo.
Por fortuna su abuelo llegó al día siguiente, durante la tarde. Se lo encontró cuando salía de la sala de torturas con Killua en brazos, había tenido un entrenamiento demasiado pesado y el niño se encontraba realmente agotado. Para su bien había descubierto que tenía mucha más resistencia a la electricidad de lo que habían calculado, eso y que su instinto de supervivencia estaba cada vez más refinado. Lo único problemático ahora, era que las sesiones con la electricidad lo dejaban bastante aturdido. A veces no podía entrar en razón tan rápidamente y tenían que darle tratamiento para ayudarle a reaccionar.
—Abuelo… —murmuró al verlo en el pasillo.
El venerable hombre estaba con las manos en la espalda mientras observaba fijamente a sus nietos.
—¿Cómo está Killua?
—Está bien, sólo está desorientado por las descargas. Hoy le subí casi al doble de lo que normalmente aguanta y lo hizo bastante bien —el pequeño hizo un sonido en forma de queja a causa del movimiento involuntario que Illumi hizo para observar a su abuelo mientras hablaba con él.
—Que buenas noticias… Illumi, ¿has estado cuidando bien de tus hermanos?
Zeno no confiaba en su nieto, sospechaba que guardaba muchos secretos a la familia. No era un hombre tonto, sabía que desde que era un niño, había sido capaz de burlar a sus padres muchas veces. Pese a su falta de confianza había optado por darle ese beneficio de duda porque confiaba en que no hablaba con un tonto, alguien que sabía cuál era su límite.
Ambos se ocultaban cosas a conveniencia. Eran bastante buenos encubriendo detalles de sus expresiones, entonación y posturas. Zeno asumía rápidamente que todo lo que salía de la boca de su nieto era una mentira más, sin importar si él mismo luego comprobaba que no era así.
—Sí abuelo, he hecho lo mejor que he podido.
—Me alegra bastante, ahora déjame a mí tomar el mando estos días que quedan.
Caminaron hacia el cuarto de descanso, donde había el equipo de emergencia necesario para poder curarse las heridas y otras clases de medicamentos que solían usar en esos casos. Una vez dentro, Illumi sentó al peliblanco en la camilla para comenzar a darle el tratamiento.
—Kil, reacciona —lo sacudió por los hombros con delicadeza— saluda al abuelo.
—¿A… bue… lo? —Evidentemente Killua no estaba muy bien, su mirada estaba totalmente perdida y aunque movió la cabeza para ver al anciano, sus ojos veían a la nada. A duras penas podía escuchar lo que le decían, sólo que sin entenderles— abuelo —murmuró. Repitiendo la palabra pero sin encontrar un sentido.
—¡Ah que muchacho! —Suspiró Zeno— al menos ya se ve mejor que antes.
—Sí, está mejorando muy rápidamente… —No pudo continuar hablando porque sintió algo que lo sacó de su balance. Killua lo había tomado de su playera y lo había estirado para atraerlo cerca de él.
—Illumi-niisan —normalmente no lo llamaba de ese modo, así que estaba claro que no estaba en sus cinco sentidos— Illumi-nii… san —quedó muy cerca de él y sus pequeños brazos lo intentaron rodear, aunque temblaba por la falta de fuerzas.
Un agradecimiento a Marjorieayamekuran y Lunna Mikk por la infinita ayuda que me ofrecieron al corregir mis errores. Que va, sería un asco sin ustedes.
Y un agradecimiento especial a Susubaru y Killua Minamoto por sus mensajes.
Susubaru: Jaja me reí tanto con eso último, no soy un pervertido, prometo que todo lo que estará escrito aquí va a tener tanta lógica como mi cerebro me permita. ¡Killua es adorable en mi mente! Lamentablemente sé que se le irá quitando lo tierno. Gracias por leer.
Killua Minamoto: Thanks, I'm a little worried because this fic will be an IlluKillu (a complicate pairing). I never write without a reason and in this fic I won't talk about yaoi if it is not necessary. Every scene has a reason to exist. I hope you have enjoyed this chapter.
Hasta la próxima quincena ▲
