He vuelto y con más. Quisiera tardarme mucho menos de lo que lo hago, pero el trabajo consume mi alma.
Importante: Quiero recordarles a todos que esto es y será un IlluKillu, es decir, un incesto + yaoi. Me molesta decirlo porque prácticamente les estoy contando una clave de la historia y esa no es mi intención. Si les recuerdo es porque no quiero que me reclamen luego. Es mi fic, así es como me divierto y mi diversión es primero.
Ocurre que no me gusta escribir yaoi porque sí, lo más importante en esta historia no es el yaoi, ni lo será.
Y... ya, no quise sonar grosero, pero tampoco quiero decepcionarles si es que esperaban algo diferente, porque sé que el IlluKillu no es precisamente aceptado. En fin.
Ya es momento de seguir bombardeando con mis headcanons *risas*
Capítulo 5
Illumi estaba paralizado, para él, esa expresión de cariño hecha con tanta naturalidad, era algo que prefería en privado. Descubrió que no le gustaba que nadie lo viera en esa situación. Pese a todo no se movió, dejó que Killua continuara abrazándolo sin fuerzas, mientras recargaba su tibia frente en el pecho de su hermano mayor.
—Oye, Kil, necesito atender tus heridas —trató de zafarse amablemente, la mirada de su abuelo comenzaba a sacarlo de quicio— iré por el termómetro, no vaya a ser que tengas fiebre…
—No te vayas, no, no —el albino apretó, tan fuerte como podía, la tela de su ropa.
Apenas iba a reaccionar, lo iba a alejar de sí mismo cuando Zeno lo detuvo— deja que el niño se exprese un poco, debe estar confundido. Si te alejas se caerá de la cama. Yo iré por el termómetro y el medicamento, espera un momento.
—Sí, abuelo.
En cuanto el anciano caminó hacia el cubículo de medicamentos, el muchacho tomó de los hombros a su hermano y lo separó suavemente mientras susurraba— Kil, Kil, detente. El abuelo nos está viendo —para él, lo que ocurría era malo. Pese a que no tenía ningún motivo para pensar así, sentía que de alguna manera estaba siendo descubierto un secreto terrible y eso le hacía alarmarse.
La realidad era que Zeno consideró aquella acción en el pequeño como una buena señal para Illumi. De todos los Zoldyck, el que menos confiaba en el hijo mayor de Silva, era él, debido a que él le había descubierto en sus pensamientos cuando aún no tenía la capacidad de ahora para ocultar sus intenciones. Por eso, ver a Illumi siendo un buen hermano, le dio esperanza de que el muchacho comenzara a valorar la vida y la muerte como debía.
Zeno Zoldyck era el más honorable asesino de la familia. Nunca había matado a una víctima equivocada ni por error. Él era quien más cumplía con la regla de no matar por placer. Era consciente que sólo se trataba de su deber, su trabajo, no su diversión. Además, tenía un sentido humano, cosa destacable tratándose de un asesino; podía convivir en cualquier ambiente sin ningún problema siempre consciente de quién era él, y qué era delante de las personas. No tenía problema en declararse un asesino abiertamente, porque no temía a ser enfrentado, temía perder su humanidad y razonamiento. A diferencia de su hijo, Silva, pese al buen ejemplo y la sabiduría que siempre le había compartido, su hijo era más salvaje. A veces, incluso, mataba sin razón alguna, como una reacción natural en él ante las situaciones.
Silva había tenido un buen padre, dentro de lo que cabe, y considerando que también se trataba de un asesino.
Fue hasta su tercer hijo que descubrió lo importante que era ser un buen ejemplo para ellos. Claro que cargaba siempre en su consciencia a su primogénito, que no había sido tratado quizá como un ser humano, sino como un asesino desde que nació y pese a su esfuerzo, no lograba mantener más cercanía con él. Lo único que podía hacer para compensarle, era aceptarlo como era y dejarlo ser, aún si eso resultara decepcionante.
—Kil…
—¿Ocurre algo, Illumi?
La voz de su abuelo lo hizo salir de sus pensamientos.
—Sólo intento hacer reaccionar a Kil. Está actuando raro…
—¿Raro?¿Cómo es eso de raro?
Entonces cayó en cuenta que el único raro ahí, era él. Eran hermanos, se suponía que se deberían tener la confianza y el cariño suficiente como para tratarse de esos modos de vez en cuando, sobre todo, considerando que Killua era el niño más expresivo de la casa, tanto que Alluka, que siempre estaba en las nubes, solía abrazarlo constantemente.
—… —si algo sabía bien, era que no le convenía mentirle a su abuelo, considerando que él no le apreciaba lo suficiente—. ¿Sabes, abuelo…? Yo soy el que está cansado, todos estos días han sido estresantes para mí.
—No te preocupes, sí quieres déjamelo, yo me hago cargo de él.
Iba a separarse de nuevo del niño, pero Killua volvió a detenerlo con más insistencia—. Aniki… no me siento bien, no te vayas.
—No, no te vayas Illumi, no hace falta, de cualquier modo necesito hablar contigo.
Se quedó quieto y aceptó la orden. Entonces trató de asimilar las cosas, no le parecía bien estar en esa posición frente a su abuelo, con un niño buscando su protección cuando él había pasado una parte de la noche tratando de luchar contra sus instintos sexuales.
Killua era demasiado para él y cada libertad que le daba en su vida, consciente o no, aumentaba su deseo de querer sobrepasar esa línea.
—¿Has notado algo extraño en Alluka? —Preguntó mientras comenzaba su labor de examinar al delirante niño.
—Alluka tiene demasiadas cosas extrañas como para poder enfrascar esa pregunta en una sola respuesta.
—Ja, ja, cierto, cierto —se relajó un poco. Illumi no se daba cuenta de cuán gracioso podía resultar escucharle hablar—, pero hablando seriamente, ¿notas en él alguna cosa que te parezca peligrosa?
—No —fue sincero, recordó que había bastado una sola amenaza el día en que se estaba comportando mal durante su baño para que ya no volviera a tomar esa actitud el resto de la semana. Si Alluka podía obedecer así de rápido, entonces quería decir que no era peligroso—, lo único que he notado es que Killua ya habla de él como si fuera mujer.
—Naturalmente. Ha crecido junto a él y por lo tanto es normal que, si escucha a su hermano hablar de ese modo, él mismo termine por seguirle el juego.
—Ya veo…
—¿Tus padres te dijeron a dónde iban?
—No hablaron de ello.
—Tu madre tiene un problema serio —continuó. Illumi hacía lo posible por ir atando cabos en la conversación—, después de que nació Killua simplemente se encerró en sus rituales, esperando tener a un hijo que pudiera tener todas las cualidades necesarias para ser el más brillante asesino de todos —se sorprendió ante esa declaración. Su abuelo daba a entender que su madre buscaba desde ese entonces a otro hijo para ser la cabeza de la familia y reemplazarle—, pero se equivocó… o eso creo yo… se equivocó en sus pactos y demás cosas que hizo. De alguna manera terminó comprometiendo a su siguiente hijo y en realidad a estas alturas desconocemos el verdadero origen de Alluka. Cualquiera diría que tiene una actitud demasiado anormal para tratarse de un niño de cuatro años… Te lo digo porque necesito ver en ti un análisis objetivo del asunto, antes de que lleguen tus padres y te hagan pensar de algún modo menos objetivo.
Illumi quedó pensativo por un rato. No era una prueba como para que se sintiera de alguna manera preocupado por lo que fuera a decir, trató de pensar con sinceridad si había notado algo de qué hablar—. Siendo franco… paso demasiado tiempo ocupado en mis deberes que en tratar con Alluka. El único que realmente podría decir algo al respecto sería Killua, pero él es demasiado pequeño para distinguir si algo debería ser hablado o no.
—Tienes razón —, afirmó, disculpando el nerviosismo de su nieto—. Por el momento, Silva me dijo que no hay forma de revertir lo que ya está hecho y que tampoco saben qué cosa se ha desatado en Alluka.
Para ese momento, Killua estaba ya dormido.
No había sido una buena noticia y Zeno agradecía que el niño no se encontrara en condiciones para entender lo que estaba pasando. Los siguientes días, habría tristeza en la casa por tener que pasar por ese cambio de ver a un pequeño y juguetón niño, a alguna especie de criatura oscura y desconocida.
Antes de que Silva y Kikyo regresaran con las nuevas noticias a la casa, Illumi tuvo una breve conversación con Milluki. No era como si hubiera querido gastar el favor que él le había hecho a su hermano tan rápidamente, no obstante, necesitaría de la ayuda de él para lograr deshacerse del estorbo que estaba apareciendo en su vida, y dejarle en claro a los mayordomos cuál era el límite que no debían pasar de nuevo.
—Milluki, tienes el control de las redes de la casa ¿cierto?
—Sí, obviamente.
—¿Qué tan difícil sería para ti el tener vigilada la comunicación vía internet?
—¡Pan comido! De hecho lo hago, aunque nunca encuentro nada interesante ahí.
—¿Seguro?
—… —dudó—, tal vez no reviso con tanta frecuencia.
—Necesito que vigiles a una de las aprendices de Tsubone, una chica llamada Kasuga.
—¿Qué hay con ella?
—Aún nada, pero en cuanto ocurra, quiero ser el primero en saber.
—Uh, suena interesante… —se rio maliciosamente imaginando lo que posiblemente su hermano tramaba—. De acuerdo, déjamelo a mí, hermano.
Todo sería cuestión de tiempo.
Unos meses después, Killua cumplió los seis años, y para ese entonces ya había superado sus pruebas con la electricidad. Sólo quedaba que se mantuviera con el hábito de sostener su tenacidad a ese límite. Illumi llegó a decir que tenía mucho más control sobre la electricidad que él mismo a esa edad. Lo que le seguía era mejorar sus habilidades de resistencia, porque estaba claro que, a su muy corta edad, ya podía hacer cosas increíbles como sostener el eco rítmico como todo un experto, y sus pisadas eran tan controladas que empezó a usar sus artes para jugar bromas en casa.
En aquél entonces descubrieron el secreto que Killua y Alluka habían estado guardando.
Para Alluka el único que quedaba disponible era Killua. Se sabía que Kalluto le tenía envidia por tener tanta atención, aunque era demasiado bebé como para controlar sus impulsos.
Alluka tenía su propia guardia de mayordomos a su mano, juguetes y más horas de diversión, su madre y su padre habían hecho una gran excepción con él al no entrenarle y por lo tanto, no pasaba el sufrimiento como lo hacían los otros dos niños, y además estaba la atención de Killua sobre él. Kalluto expresaba su necesidad de atención, era evidente que le molestaba que los demás tuvieran esta preferencia sobre su hermano mayor por ser el más débil. Admiraba a su hermano peliblanco porque, como su madre le repetía incansablemente, a su cortísima edad ya había sido promovido como el futuro representante de la familia y porque naturalmente todos lo adoraban por ser como era.
Así que no, un niño tan complicado como Alluka, no podía contar más que con su hermano mayor y sus mayordomos, no todos querían estar cerca de él después de las muertes ocurridas y en realidad eso no importaba. De cualquier modo él no se enteraba, estaba tan pequeño y además su mente estaba tan poseída por ese espíritu que no requería de la compañía de nadie para estar distraído o de buen humor.
Killua apenas comenzaba a practicar sus habilidades de puntería. Su padre le había dejado el reto de los dardos, que había sido el gran talento de Illumi a esa edad. Eso lo hacía sentirse presionado porque se la pasaba escuchando las anécdotas de como su hermano había roto todas las marcas y puntajes de los Zoldyck en sólo un par de meses, y él, en cambio, sentía que cada día era peor. Lo malo para él era que no había podido ver al mayor en todo ese tiempo debido a que el muchacho tenía bastantes misiones por hacer y no regresaría a casa en, por lo menos, un mes.
Quería su consejo porque no soportaba a veces pasar el tiempo escuchando a su padre exigirle mejorar en una habilidad donde Illumi había sido demasiado bueno.
Illumi estaba agradecido de estar fuera de casa, lejos de la posibilidad de caer en la tentación de acercarse demasiado a su hermano. De ese modo volvía a controlar sus impulsos y se enfocaba en otra cosa que no fuera él. Aunque incluso estando fuera, su inconsciente lo traicionaba. No siempre lograba mantenerse así de lúcido, y por fortuna eso sólo ocurría cuando él se encontraba a solas en algún lugar donde pudiera desahogarse sin que nadie lo viera.
Por eso, las ocasiones en las que podía volver a la montaña, prefería estar fuera y argumentar cualquier excusa para no hacerlo.
Sólo volvió hasta que ya no podía dejar de extrañar al peliblanco y su hermosa sonrisa. Sabía que estaba mal, que estaba contradiciéndose al regresar por tal situación, pero no dejaba de soñar con él, ni de pensar en él, de hecho, podía jurar que su cuerpo exigía su presencia.
Esta vez, su suerte había acabado. Para cuando llegó a la montaña Killua había sido designado a ir a la Torre Celestial a demostrar sus habilidades y ponerlas en práctica.
Hasta ese momento, el pequeño había estado bajo el cuidado de su familia y no era como si todos los días le dejaran trabajos como asesino, sólo le delegaban lo que estaba en su posibilidad y lo más frecuente que se le ordenaba hacer era trabajos de espionaje, lo cual era sencillo para él, tratándose de un niño que podía pasar totalmente inadvertido con facilidad.
La Torre Celestial, entonces, significaba que por fin pondría sus habilidades aprendidas a prueba y que lo haría sin la ayuda de nadie. Como lo había hecho Illumi. Claro está, que sería vigilado y que de vez en cuando irían a ponerle algún ejercicio nuevo, dado que su entrenamiento con los dardos no había sido tan destacable como lo había sido en el caso de Illumi. Le faltaba poco para terminar pero lucía frustrado por no haberlo hecho tan brillantemente como su hermano mayor.
—Regresarás hasta que hayas llegado al piso doscientos, de ahí ya no continúes, sólo ven a casa, ¿entendido?
—Sí, papá… —contestó discorde.
—¿Qué ocurre?
—Mm… nada.
—Kil, dime… de lo contrario no podrás preguntar nada hasta que regreses, eso puede tomarte demasiado tiempo y lo sabes.
Eso había ocurrido en su última reunión con su padre y su abuelo. Tenía muchas preguntas, sobre todo por la situación de su hermano menor. Quería saber si Alluka estaría bien, lo había visto muy abandonado aunque sospechaba que si se atrevía a indagar no le dirían la verdad; también se preguntaba si en verdad lo dejarían actuar solo o si tendría alguna instrucción en particular, y su duda más importante— papá, yo… quisiera saber por qué mis hermanos mayores no pueden ser los futuros herederos de la familia como yo…
—Sabía que un día te lo preguntarías, bueno, ya estás en edad de saber ciertas cosas y en realidad te convendría saberlo.
—¿Qué cosas?
Zeno asintió, como dando indicación a Silva de que le respondiera.
—Primero que nada, dime, ¿crees que Milluki podría ser el futuro de la familia?
Dejó salir una sonora carcajada mientras lo imaginaba— no, definitivamente no necesito ser demasiado listo para darme cuenta de lo obvio.
—Bien, ahí tienes tu respuesta con Milluki.
—Pero… Illumi… aniki es un gran asesino, es muy fuerte y además es muy inteligente, apuesto que él sí podría. Además tiene mucha más experiencia que yo, ¿por qué yo sí, y él no?
—No te culpo por no darte cuenta de las cosas, aun eres muy pequeño… —Killua hizo un puchero inconforme—. ¿Recuerdas que te hemos enseñado que tu deber es ser un asesino?
—Sí.
—Eso es porque independientemente de lo que sientas, lo principal es que recuerdes que es el oficio de la familia. Tu abuelo siempre te dice que lo hagas por trabajo y que no te olvides que todas las vidas cuentan y se deben valorar, ¿no es así? —Killua asintió con la cabeza.
—Yo nunca he matado a nadie por error ni de forma innecesaria, así es como debe ser un asesino —continuó Zeno—, debes tener la mente firme y clara en tu objetivo. Se requiere de mucha estabilidad emocional para lograr hacer este oficio sin perderte a ti mismo.
—Recuerdo que alguna vez me han dicho algo como eso antes… y yo hago lo posible por enfocarme en mi trabajo para no fallar.
—Y lo has hecho bien —respondió Silva— eso es porque has entendido quién eres tú, y cuáles son tus objetivos.
—Son personas. Como yo… —tragó saliva, no le gustaba la idea de pensar así porque le hacía dudar en si debía o no matar, siempre tenía que enfriar su mente para lograr realizar su trabajo correctamente y esa parte era la más difícil de todas.
—Para Illumi las cosas son diferentes, él no lo ve como su trabajo.
—¿Eh? —De pronto se sintió perdido— ¿Entonces qué es?
—¿Su diversión, tal vez? ¿Su juego? No lo sabemos, pero definitivamente él no piensa en nadie como parte de su mundo —fue la respuesta de Silva.
—Illumi ha matado a demasiadas personas de forma innecesaria, por sus propios deseos y objetivos, sin importar si esas personas eran parte de su deber o no —continúo Zeno.
—… —Killua no lo podía creer. Era como si le estuvieran hablando de una persona que no existe, como si no conocieran bien a Illumi o se hubieran confundido. Si se quedó en silencio fue porque sabía que no valía la pena discutir si su padre y su abuelo opinaban así de su hermano mayor, nada de lo que él dijera los haría cambiar de parecer.
—Tal vez no lo veas ahora pero un día te darás cuenta y decidirás por ti mismo que debes hacer en este caso. Mientras tanto, lo mejor para ti es que no te preocupes por ello, Illumi no te mataría nunca —esa parte sí era creíble—, pero con una persona como tu hermano, es imposible contar como líder, no tiene las cualidades para serlo. Las personas a su alrededor, en un punto, buscarían matarlo ¿lo entiendes?
Killua partió después de recibir sus últimas instrucciones, nada fuera de lo normal. Pero se fue con un mal sabor. No le gustaba el trato que tenían con Alluka ni con Illumi, las cosas parecían ponerse muy difíciles para él.
Después de esos sucesos, llegó Illumi a casa. Hasta ese momento, cayó en cuenta de su situación. Se estaba debilitando nuevamente, y no podía considerar justificable, en ningún aspecto, el hecho de requerir de su hermano para sentirse nuevamente recuperado. Eso estaba absolutamente mal.
Illumi creía que era cuestión de distancia y distracción para dejar de sentir esa atracción y necesidad hacia el pequeño, no era un tonto, sabía perfectamente que lo que ocurría no era apropiado.
Tener esos sentimientos de lazos hacia alguien tan débil, le recordaba sobre todo a su experiencia cuando era niño, que vio la muerte de uno de los muchachos. Se dio cuenta que él nunca permitiría que algo así le ocurriera a su hermano, que independientemente de sus sentimientos y deseos, primero estaba su deber familiar.
—Ya enviamos a Killua a la Torre Celestial, en tú opinión, ¿qué crees que ocurra con él? —Le preguntó su padre durante su reunión, tras unos días después de que él llegara a su casa.
—Tomando en cuenta que llevo meses sin verlo, y sólo puedo dar mi opinión de acuerdo a la última vez que lo vi. Creo que es apto para esto, su resistencia al dolor ha llegado a un punto muy superior a lo que habíamos esperado en un principio, además es indiscutible su talento y creatividad para pelear.
—Le falta poco para terminar su entrenamiento con los dardos.
—Sí, supe que ya estaba con eso.
—Creo que le ha afectado mucho escuchar las anécdotas sobre tú habilidad con los dardos. Pese a que ha progresado bastante bien, no lo vi muy seguro de ello. Necesito que vayas a animarlo. Nosotros hemos intentado convencerlo de que va bien, pero supongo que él está esperando que seas tú quien se lo diga.
Sintió un descontento muy marcado. Internamente luchaba contra sus sentimientos y su voluntad. Y ciertamente, esa posición era precisamente en la que no quería estar. Tener que ir a verlo cuando aún no encontraba la solución a su dilema.
—Sí, papá.
—Además… Killua ya está en edad de iniciar con sus estudios, enviaremos a un maestro a darle clases, necesitamos que también evalúes el desempeño de su maestro. Eso significa que estarás yendo a vigilar a tu hermano, asegurarte de su progreso.
—…
—Illumi.
—…
—¿Illumi?
—Lo siento, sí escuché… sólo me quedé pensando en eso.
—Sé que debes estarte preguntando por qué hago esto así, Illumi. Killua es el futuro de nuestra familia, tengo grandes expectativas de él y yo no puedo dejarle esta tarea a un mayordomo, confío en que tú harás un buen trabajo.
—Así será, padre —no quería decir eso, simplemente no le quedó opción—, iré tan pronto como termine mis asuntos aquí en casa.
—Sobre eso… tú madre quiere hablar contigo, me pidió que te enviara con ella después de hablar conmigo. Así que te recomiendo que vayas de una vez.
Salió en busca de su madre, inmediatamente de esa reunión. Por el tono serio de la voz de su padre y su actuación tan cautelosa, tenía la sospecha de que no se trataba de algo afortunado para él. Su padre tenía esa costumbre de tratarlo con mucho cuidado, sobre todo durante esos últimos días. Comprendía que fuera así porque había cierta desconfianza hacia él, sin embargo, sabía que había algo diferente y el hecho de que lo enviara con su madre, le dejaba en claro las cosas.
—Pasa Illumi, querido.
—Gracias, mamá.
Entró en su recámara, y se sentó cerca de ella después de recibir su indicación.
—¿Cómo va todo? ¿Has estado practicando todo lo que te dejé?
—Sí, todo bien.
—Has estado practicando cosas nuevas, ¿verdad?
—Nada relevante, supongo —hablaba distraídamente.
—Vi que había al menos unos diez libros nuevos… en realidad te está gustando mucho eso del cerebro humano y las prácticas oscuras.
—… Algo así —fingió no entender lo que hablaba.
—Ven, dame tu mano —le extendió su mano y dejó caer su palma sobre la de ella.
—Déjame ver tu palma —comenzó a acariciar las líneas que había en ella— sabes que me gusta ver las palmas de sus manos. Todos mis hijos tienen historias que parecen un misterio. Pero de todos ustedes, tú eres el que tiene la línea del corazón más misteriosa de todas.
—Mamá… —respondió fastidiado— la quiromancia es una de las cosas menos confiables que he encontrado en tus libros. No hay la suficiente seriedad como para creer en eso, el futuro puede cambiar en cualquier momento.
—Eso es porque no lo has aprendido como yo. Yo no lo veo como la gente normalmente lo ve.
—Mamá… —quiso quitarle su mano, pero ella no se lo permitió.
—Sólo déjame cumplir mi capricho, niño —deslizó sus dedos sobre su palma, para verla con mayor atención— esta línea tuya, es la que más me ha obsesionado desde que la entendí, ¿sabes qué dice?
—No, sabes que no me interesa.
—Dice que ya encontraste al amor de tu vida. Aquí dice que conociste al amor de tu vida desde muy joven y me extraña mucho porque en casa no sabemos nada sobre ello, ¿quién es?
—Mi vida sólo ha sido cumplir mi deber como asesino. Nunca he pensado en involucrarme con nadie fuera de casa, y no es como que me interese alguien de nuestro personal…
—Lo sé… por eso me extraña —siguió deslizando su dedo por esa línea— y a partir de aquí dice cómo empieza tu relación con esa persona y se vuelve tan extraña que no logro entenderla, aunque… —se quedó en silencio e Illumi sólo la observó esperando su continuación— bueno, no eres el único en casa que tiene una parte turbia en su línea del corazón, también Killua y Kalluto la tienen, pero la tuya es… la tuya, me da la impresión de que falta poco para que comience a entrar a esa etapa conflictiva.
—Madre, primero debería haber conocido al supuesto "amor de mi vida" —remarcó con ironía— cosa que no ha ocurrido. Y eso, considerando que ya debería haber aparecido.
—Tal vez no has querido reconocer tus sentimientos. Pero Illumi… nos lo has ocultado a todos muy bien jovencito… como nos has ocultado a todos tus progresos con los entrenamientos que te he dejado.
—No ha sido gran cosa.
—Illumi, no me mientas, puedo verlo en tu mano.
Le sonrió a su madre, divertido— sólo que aún no he terminado mis pruebas, preferiría hacerlo cuando ya haya resuelto todas mis dudas.
—Si no quieres decírmelo a mí, díselo a tu padre, él estará esperando por que vayas a hablar con él.
No, no tenía otra opción. Comenzarían a vigilarlo si continuaba ocultando su situación y eso no le convendría en lo más mínimo.
Su madre lo había llamado para hacerle la advertencia con su sutil manera de decir las cosas, eso también significaba que el motivo por el que su padre había estado a la defensiva era porque temía lo que estuviera planeando hacer con su desarrollo. El miedo a lo desconocido es la inquietud más grande de cualquier humano. Y dejar a todos sin saber sus capacidades era como volverse la más grande amenaza de la familia.
Respiró hondo. Él no era un enemigo, no tenía por qué actuar de ése modo. Se conformó con regresar a ver a su padre y hablar de esos asuntos complejos que había decidido no descubrir hasta su momento. Lamentablemente este sería otro cambio en su vida.
—Padre, lamento interrumpirte de nuevo, ¿puedo hablarte un momento?
—Adelante Illumi.
Probablemente para ese momento Silva ya tenía conocimiento de lo que venía a hacer el muchacho. Sólo estaba tomando su papel de hombre precavido.
—Mamá me pidió que te informara de mis progresos con sus entrenamientos. La verdad me hubiera gustado haberte informado bien cuando ya hubiera terminado de desarrollar la base de mis descubrimientos, pero me veo forzado a hablarte de esto antes de tiempo… —tomó aire—, he estado preparándome en el conocimiento del cerebro y el cuerpo humano en general, y siendo más precisos, las funciones que controlan las capacidades motoras del cuerpo y las emociones.
—Sí, tú madre me habló un tanto de ello.
—Pues en realidad he desarrollado un método para controlar a las personas en un aspecto físico, aunque está aún en fase experimental.
—¿Cómo es esa fase experimental?
—Primero, aún no sé cuánta duración tiene pero ya tengo una sospecha de eso; y la segunda es que las personas que controlo son como zombis, todavía no logro hacer que aparenten tener consciencia. Sin embargo, ya estoy por terminar esa etapa, porque ya he logrado tener control de muchas emociones en las personas, no todas pero sí algunas importantes, como el miedo y la lealtad.
—Eso suena impresionante, hijo —. Más que impresionante, sonaba terrorífico— ¿qué sospecha tienes de la duración?
—Tengo dos personas controladas de ese modo en un campo, la única actividad que hacen es cavar, llevan aproximadamente quince días sin comer, ni beber algún líquido y están muriendo.
—Entonces puedo asumir que aguantarán el efecto hasta que mueran.
—Así es.
—¿Cómo lo haces?
—El mejor método es a través de agujas. Dependiendo de lo que necesito elijo el hechizo que voy a usar con mi Nen y puedo controlarlos como humanos aguja, o puedo matarlos primero para poder controlar sus expresiones faciales y su voz.
—Interesante… quiero decir, con eso que has desarrollado supongo que podrías controlar casi cualquier situación que se presente, así como a los involucrados, estén muertos o no, y hacerlos cambiar de parecer si es necesario.
Básicamente esa era la idea que él mismo tenía. Sabía que su padre creía que lo había desarrollado para beneficiarse a sí mismo, pero él vio una posibilidad más para su futuro.
—Sí, pero esto lo hago para la familia… —y para ello, no le convenía continuar siendo tratado como un enemigo.
—Entiendo, entonces no se quedará sin ser aprovechado. Tenlo en cuenta.
—Sí, gracias papá.
Unas dos semanas después, le fue asignado asistir a la Torre a ver a Killua. Iba de muy mal humor porque los últimos días no lograba tener control de sus deseos carnales, ni de esas emociones molestas y absurdas que sólo hacían que su mente se desestabilizara. Sabía que gran parte del motivo de que se sintiera de ese modo era a causa de sus hormonas y su desarrollo, sólo que él quería creer que, de no ser por el exceso de libertad de cercanía que tenía hacia él, no estaría batallando tanto en esos momentos.
Llegó durante la tarde, y lo encontró con su En, en el piso noventa, obviamente no permitió que lo descubriera. Se detuvo a observarlo durante su pelea, no iba a ser una pelea imposible para él. Era evidente que el niño, pese a sus seis años, tenía una capacidad superior a la de sus contrincantes en ese piso, aunque le tomó varios minutos acabar con la pelea. Y al final -por un par de segundos apenas perceptibles- notó que el pequeño no pisó correctamente, como usualmente lo hacía, y se delató ante Illumi que estaba herido.
Su estómago se revolvió y el mal humor acabó. Sabía que Killua podía con eso y más, que a veces durante sus entrenamientos había quedado incluso con huesos rotos y había continuado entrenando como parte de su desarrollo de resistencia al dolor, pero algo no le gustaba para nada de eso. Tenía un mal presentimiento al respecto, su experiencia se lo decía.
Lo vio andar hasta el siguiente nivel, y correr entre el pasillo, evadiendo a las personas que andaban en su camino.
Lo había extrañado mucho, extrañaba verlo correr libremente y deseaba hablarle, pero se limitó a hacer su trabajo, caminó hacia donde el niño iba, el piso cien.
No era que Illumi fuera demasiado cursi como para sentirse preocupado todo el tiempo por su hermano, sino que entendía bien su labor. Tal vez Killua tenía una preparación absolutamente buena y poseía grandes capacidades de resistencia al dolor, velocidad entre otras cosas. De todos modos, seguía siendo un niño y al final de cuentas algo podía afectarle severamente como para arruinar toda su formación. Un golpe mal cuidado podía significar una lesión de por vida y por lo tanto, un importante punto débil.
La profesión de la familia exigía que no hubiera debilidades de las cuales el enemigo pudiera sacar provecho.
Al parecer había aprendido a tomar las cosas con calma, porque no se apuntó inmediatamente en otra pelea para esa misma noche. De todos modos, a los ojos de Illumi, había elegido la decisión equivocada al inscribirse en un encuentro para el día siguiente, no importaba que fuera un día más, sino que el niño no parecía darse cuenta de sus límites y eso lo llevaba a elegir peleas de manera consecutiva, sin esperar a descansar lo suficiente como para su siguiente enfrentamiento.
—Demonios… —maldijo en voz baja—. ¿No puede ser más precavido?
Sería una lección importante para él. Hasta ahora había tenido la suerte de no enfrentar a contrincantes verdaderamente fuertes, sino peleadores del nivel de su hermano, que no eran precisamente experimentados.
Lo observó los dos días siguientes, de nuevo la suerte parecía acompañarle y había llegado al piso ciento diez con algunas nuevas lesiones, y sobre todo, con el pie ahora más marcadamente lastimado.
Para su mala suerte, el siguiente contrincante era un peleador más avanzado; de esa clase de hombres que van a pelear por dinero y lo que más quieren es avanzar rápido a los pisos con buena paga. Illumi entendía que no podía esperar que su hermano hiciera una correcta evaluación de sus posibilidades y capacidades, y se protegiera correctamente para no terminar sacrificando algo de lo que pudiera arrepentirse en una simple pelea sin ninguna relevancia.
Killua simplemente tenía una mente infantil que había sido presionada a pensar maduramente y no podía hacer una estimación tan compleja como la que había hecho su hermano. Él meramente se enfocó a demostrar su valentía. Valentía que Illumi consideraba absurda e ineficiente.
Odió ver a su hermano desperdiciar tanta energía en una escueta pelea, que además era arriesgado para su cuerpo. Pese a que había dado una buena batalla a su oponente, el resultado era evidente.
La pelea terminó cuando su contrincante lo arrojó fuera del cuadrilátero y en el proceso, el pie que ya tenía herido terminó por lastimarse aún más, fracturando así el hueso.
El mayor de los hermanos Zoldyck, salió de su escondite instintivamente y caminó hacia donde estaba su adoración, tomándolo entre sus brazos y cargándolo hacía algún lugar donde pudiera atenderlo.
El personal de la Torre corrió hacia donde él estaba y ofreció sus servicios.
—¿Aniki?
—Maldición Kil… —fue lo único que respondió.
Killua hizo un gesto de enfado. Estaba sorprendido de ver de nuevo a su hermano tras varios meses de ausencia. Descubrió que por fin podía expresar su enojo por haber sido abandonado y por el recibimiento tan amable que había tenido.
—No soy un bebé, aniki. Puedo ir por mí mismo.
—Aja… —continuó caminando hacia la enfermería sin prestarle atención.
—¡Bájame! ¡Ah! Esto es estúpido.
—Cuida tu vocabulario y deja de patear, vas a empeorar las cosas.
—Mira quién lo dice, ahora sí te importa…
Illumi no entendió a lo que se refería el pequeño, pero no le preguntó en ese momento porque acababa de llegar al lugar y estaba dispuesto a atenderlo él mismo, después de todo, él ya conocía bastante de medicina debido a sus investigaciones, además no confiaba fácilmente en cualquier doctor que pudiera atender a su hermano y no estaba dispuesto a arriesgarse.
Lo colocó en la camilla y salió a solicitar atenderle por él mismo. No recibió una respuesta positiva, pero no importó. Uso un poco de presión psicológica para conseguir su objetivo, cabe decir que nadie pudo negarse a asistir sus peticiones y aceptar sus órdenes.
Extendió la pierna del niño una vez que terminó con los primeros auxilios y dejó que una de las enfermeras lo terminara de enyesar.
—Veo que mejoraste con tus agujas… —observó Killua—. No sabía que podías atender heridas con eso.
—Es para el flujo de tu energía, que no te quejes tanto del dolor y ayuda un poco a apresurar el proceso de curación.
—Mmm… —de nuevo recordó que estaba molesto y se cruzó de brazos mientras cerraba los ojos. Intentando demostrar su enojo.
—Kil.
—¿Qué quieres?
—¿A qué te refieres con que ahora sí me importa? Los asuntos familiares siempre me han importado, no tiene sentido lo que dices.
Recordó que le había dicho eso momentos atrás y abrió los ojos para observarlo, seguía aún feliz de verlo, pero quería una explicación a pesar de que sabía que no tenía caso. Sabía que su excusa sería el negocio familiar.
—No soy un bebé, podía conseguir atención médica por mí mismo.
—¿Y arriesgarte a que termines con un tratamiento de unos dos meses?
—Sí, sí… Al menos ellos estarían atendiéndome dos meses.
Illumi levantó una ceja comprendiendo el significado oculto en sus palabras—. ¿Me estás reclamando?
—No… —Killua ladeó el rostro para ocultar su expresión.
—He estado trabajando. Aunque, claro, eso ya lo sabías. Suponiendo que no me estás reclamando entonces tampoco es necesario explicar lo evidente.
—¡Qué no te estoy reclamando! Sé que estabas trabajando aunque tus trabajos no eran como para que te ausentaras tanto y te quedaras fuera en algún lugar —bufó aún más molesto.
Illumi suspiró y se sentó junto a él, Killua había estado investigando sobre los asuntos que había estado atendiendo y eso le demostraba cuanto le había importado al niño su ausencia—Oye, sabes bien que no soy bueno para estas cosas.
—Lo sé… umm.
—Entonces, ¿por qué el reclamo?
—Yo sólo… bueno, las cosas… —comenzó a ruborizarse—. Olvídalo, es ridículo.
Iba levantarse e Illumi lo detuvo sosteniéndolo por el hombro para que recordara que tenía un pie recientemente enyesado.
—Sí vas a ponerte en pie, será con muletas…
—No quiero —de nuevo esas expresiones que le recordaban que estaba tratando con un niño pequeño.
—Aprovecharás esto para entrenar con los dardos, no necesitas estar de pie todo el tiempo para hacerlo, y además papá te asignó un maestro para tus estudios escolares.
—¿Qué? No, no… —comenzaba a darse cuenta que no había nada que él pudiera elegir, toda su vida giraba alrededor de lo que le ordenaran hacer y no era precisamente que estuviera de acuerdo con ello. Al menos en la Torre tenía algo de tiempo para explorar otros lados y observar a la gente que había, sobre todo, tratar con otros niños.
—¿No? ¿Desde cuándo te niegas a cumplir tu deber?
—Tal vez desde que "tú" me abandonaste, y desde que todos hacen lo que quieren conmigo.
—No seas inmaduro, sabes que…
—Soy un niño, se supone que debo ser inmaduro. Además, nadie me preguntó si quería hacer todo esto.
Illumi estaba impresionado. Killua estaba siendo grosero, había refutado sus órdenes y para colmo no estaba actuando como el niño obediente que debía ser. Estaba comenzando a preocuparse, no sabía cómo reaccionar al respecto.
En otras personas sólo sería cosa de aplicar presión psicológica combinada con alguna de sus técnicas. Esta vez se trataba de su hermano menor, no le parecía correcto hacerlo, menos a esa edad donde podía afectarlo severamente para toda la vida.
En aquel entonces realmente creía que podría luchar contra sus propios instintos.
—Kil, fue suficiente —dijo seriamente—, entiendo que estés molesto conmigo, pero no tienes por qué tomar esa actitud contra papá, sabes que no puedes oponerte a sus órdenes.
Podía jurar que Killua se tiraría a la cama a hacer un berrinche infantil como muchas veces vio en Milluki y, si eso ocurría, estaba dispuesto a actuar como la autoridad que representaba frente a su hermano.
—… —Killua suspiró, y bajó la cabeza. Se quedaron así unos cuantos minutos, como si estuviera esperando alguna reacción por parte del mayor.
Dicha reacción apareció tarde, Illumi deslizó su mano que seguía sosteniendo aquel suave hombro hasta colocarlo al otro extremo y así poder atraerlo hacía él, en un simple abrazo, a lo que el pequeño respondió recargando su cabeza en el pecho de su hermano.
Pese a que era muy pequeño, comprendía que su hermano no era precisamente la clase de persona que supiera expresar sus emociones correctamente. No era como Alluka con quién podía pasar largas horas jugando y expresando su cariño sin ningún problema de por medio. Tristemente, a veces necesitaba mucho de Illumi. Internamente eso era lo que él creía.
Lo cierto era que Killua había desarrollado esto como una forma de defensa mental contra los abusos constantes a los que era sometido en casa a causa de sus entrenamientos y sus misiones, su forma de supervivencia ante la desgracia, era adaptarse a lo que viniera. La empatía perfecta, una que le permitiera comprender a todos a su alrededor y hacerse comprender por todos.
—¿Cómo vas con los dardos?
—…No soy el genio de la puntería como tú. —Sonaba más molesto aún.
—Ja, ja. Kil, a todos nos toma nuestro tiempo desarrollar nuestras habilidades. Milluki le tomó casi un año lograrlo, a papá le tomó aproximadamente seis meses, tu apenas llevas tres meses practicando y ya estás por terminar.
—¡A papá le tomó seis meses!
—Quizá un poco menos, pero sí.
—Oh, ¡no puedo creerlo!
—El hecho de que yo lo haya logrado en dos meses no quiere decir que tú no seas talentoso. Cada quién tiene su habilidad natural, lo mío es esto. Por otro lado, no hay nadie con más resistencia a la electricidad en la familia que tú.
—Electricidad, gran cosa —contestó sarcástico—, ¿qué se supone que haré con eso? Además yo quiero aprender bien la técnica de las agujas.
—Algún día sabrás qué uso darle a tu habilidad con la electricidad. La técnica de las agujas yo la inventé.
—¿En serio? —Estaba más sorprendido aún, Illumi comenzaba a parecerle un tipo de genio poderoso, un superhéroe.
—Sí, la hice basándome en las cosas que papá me enseñó con los dardos; el Nen, que luego te enseñarán a ti, y mamá me enseñó a darle el sentido a mi Nen para poder hacer lo que hago con las agujas.
—¡Eso es genial hermano!
—Algún día tú también lo harás y no necesitarás de nadie para hacerlo, por eso te enseñamos muchas cosas diferentes, para que en base a ello crees tu propio estilo de pelear.
—De acuerdo…
—Te ayudaré con los dardos, pero quiero que dejes de comportarte así y obedezcas las órdenes que se te han dado.
Se alegró mucho de que su admirado hermano mayor aceptara enseñarle por él mismo, aunque no le dio mucha relevancia a su sugerencia ya que siempre había sido un niño obediente, y responsable.
Fue cosa de dos o tres días para que llegara el maestro de Killua. Illumi lo reconoció. Había sido su maestro cuando él estuvo en la Torre, sabía que era un hombre serio y que no daría problemas así que estuvo de acuerdo con que él se quedara ahí.
Tal vez a quién no le agradó del todo su nuevo maestro fue al mismo Killua, que estaba acostumbrado a llevar una buena conversación con quién estuviera cerca de él, y con aquél indiferente hombre, parecía que las cosas no serían así. El hombre era demasiado serio, estoico y apenas podía compartir unas cuantas frases con él, que no fuera con respecto a las clases.
Al inicio creyó que esa actitud se debía a la presencia de su hermano, y terminó descartándolo luego de que vio que el hombre continuaba con esa actuación después de que su hermano se retirara por cuestiones de trabajo.
Killua apenas comenzaba a hacer conciencia del efecto que su hermano tenía sobre las personas. Donde quiera que el mayor de los Zoldyck estaba, había silencio repentino, todos se ponían en alerta y difícilmente alguien le dirigía la palabra. El efecto Illumi era poderoso.
Algún día aprenderé a terminar un capítulo *risas*
Agradecimiento especial a Killua Minamoto y a Anana16 por el apoyo.
Gracias a ustedes sigo publicando capítulos.
Nos vemos el 10 de Julio (o antes).
