Yo quería publicar esto por el cumpleaños de Killua, pero no he podido *lágrimas intensas* mi trabajo sí que es asfixiante.

Aquí lo tienen, capítulo nuevo, con las hermosas correcciones de Luna Mikk y Marjorieayamekuran.

¿Algo importante que deban saber? Uuhm... no por ahora.

Capítulo 6

Una par de semanas después, Killua completó su entrenamiento con los dardos. El apoyo de su hermano había sido lo suficientemente bueno como para alcanzar su meta y estaba seguro de que se lo debía a él.

Tras su recuperación, tuvo que regresar a la planta cuarenta para reiniciar su recorrido. Esta vez fue más rápido, como ya había pasado hasta el piso cien, los jueces determinaron, después de su victoria, que debía ir hasta el piso ochenta y seguir desde ahí.

Lo que había empezado pareciendo algo fácil para Killua, terminó complicándose un poco más ya que, después de avanzar hasta la planta ciento treinta, volvió a pelear contra alguien con mucha experiencia y, sobre todo, con el uso de Nen, que él no conocía. Antes de que pudiera defenderse adecuadamente terminó hospitalizado por segunda ocasión. Como resultado habían sido varias fracturas a causa de que era demasiado persistente a la hora de pelear, forzando a su oponente a ser más rudo con él.

Sin la presencia de su hermano mayor, tuvo que aguantar un tratamiento un poco más largo de lo que esperaba, unos tres meses en recuperación mínimo para que le permitieran regresar a las peleas. Ahora entendía por qué su padre había elegido ese tiempo para ponerle un mentor, podía pasar los días en cama, pero con trabajo por hacer, no era precisamente un momento para descansar.

Illumi volvió a la Torre tras varios meses, poco antes de que a su hermano le permitieran volver a pelear. Estaba enterado de que había estado en recuperación y no veía necesaria su presencia. Había tenido que informar a su padre de la actitud del pequeño y éste le había autorizado tomar acciones en caso de que continuara con eso. Contaba con que no sería así. El albino no se había caracterizado por ser un problema para él.

Killua volvió a la planta cien. Venía con más conocimiento de lo que tenía qué hacer, se había vuelto más precavido y ahora entendía que sus oponentes podían ser verdaderamente fuertes, y no sólo los débiles que frecuentemente encontraba. Ya no se arriesgaba a elegir enfrentamientos a diario, dedicaba al menos un día para observar a los oponentes que se encontraban en el piso y estudiar sus posibilidades.

Eso lo notó Illumi, que se encargaba de vigilarle a distancia y se alegró de que fuera más paciente y cauteloso. Tal vez eso no era un firme indicador de que había ganado suficiente comprensión de lo que tenía que hacer, pero, era un avance verdadero en la mentalidad que requería para ser un buen asesino.

Normalmente los adultos le decían a Killua, que debía hacer y observar. Ahora era él quien decidía eso y comenzaba a entenderlo.

Estuvo observándolo por varios días más, hasta que llegó otro nuevo enfrentamiento con un oponente complicado para él. Otro usuario de Nen. Aunque el sujeto no estaba adiestrado, de cualquier forma representaba un reto complejo. Illumi creyó que Killua desistiría de la pelea y se retiraría a tiempo, y conforme se acercó la hora, se fue convenciendo de que si Killua no se retiraba, entonces había ideado algo que él no conocía.

No atinó a ninguna opción. Killua entró en el campo de peleas. El niño en verdad quería avanzar rápido y aprender de su experiencia. Su hermano mayor vio su mirada de valor, su resistencia y temeraria actitud. Lentamente descubrió que eso acarrearía más problemas.

Fue una batalla larga. El blanquecino niño terminó derrotándolo. Sólo un esquince en la muñeca era lo más grave que había conseguido, fuera de las cortadas y moretones, (aunque, al punto de vista de Illumi, estaba lo bastante herido como para tomar otro enfrentamiento pronto).

Illumi consideró que no intervendría esta vez, se quedaría a lo lejos observando para asegurarse de que el infante supiera tomar la decisión más adecuada para él. Lo siguió, hasta que, sin previo aviso, quedó frente a otro muchacho quizá cinco o seis años mayor que él.

El muchacho y su hermano intercambiaron algunas palabras que no pudo escuchar por la distancia y el ruido a su alrededor.

Sintió que su sangre hervía cuando el nuevo individuo se atrevió a acariciar aquellos suaves y blancos cabellos para luego tomar su muñeca y revisarla.

—Esto no puede estar pasando… —murmuró.

No era como en el caso de los mayordomos, en los que él podía tomar cartas en el asunto. No, se trataba de un muchacho sin relación alguna con la familia, un tipo que se veía con menos experiencia que su hermano y, para colmo, parecía que venía acompañado de algunos sirvientes que al dar la orden atendieron las heridas del menor.

Sabía que no debía meter el nombre de su familia en asuntos innecesarios, sin importar si su padre le daba la libertad de actuar como mejor le pareciera. Detestaba admitirlo, pero si las cosas continuaban así de mal, terminaría matando a alguien sin ningún motivo relevante.

Killua determinó otra pelea para dos días después. El joven Zoldyck insistía en que debía parar de pelear, recuperarse de sus heridas y examinar más a sus oponentes, así que después de indagar un poco, descubrió que, quién estaba detrás de su decisión, había sido el infame muchacho que lo acompañaba de vez en cuando. Ese muchacho estaba ahí dándole supuestos consejos sobre cómo hacer bien su trabajo, diciéndole lo importante que era ser valiente, arriesgarse en la batalla para obtener experiencia real, una enseñanza que en verdad Killua no necesitaba. Su destino ya estaba escrito, sería un asesino, su habilidad debía ser para matar a sus víctimas, no para vivir "aventuras", ni experimentar alguna cosa que no fuera el placer de matar.

Su siguiente oponente fue más complejo, otro usuario de Nen. Esta vez se trataba de alguien con verdaderos conocimientos. Illumi esperaba que Killua reconociera su incapacidad y se retirara, y en lugar de eso se dio cuenta de algo: él estaba tomando en serio su determinación para ponerse frente a enemigos más poderosos que él.

Sintió por primera vez un pánico atravesando su cuerpo. Killua podía morir frente a sus ojos. Su adorable e inocente hermano podía morir ahí o en cualquier momento por falta de experiencia en batallas. Su comportamiento estaba cambiando, y ahora parecía seguir el consejo de otras personas que no eran de su familia. Las cosas no estaban yendo por buen camino.

Salió de su escondite y se colocó entre el público para que su hermano lo viera. El efecto fue inmediato, el pequeño le sonrió como diciendo "mírame hermano, ya soy más fuerte", y él le devolvió la sonrisa, ocultando sus emociones. Estaba dispuesto a saltar al escenario en cuanto viera que las cosas no iban bien.

La pelea se prolongó más de lo que él hubiera querido. En efecto Killua había mejorado bastante, se notaba que había madurado sus ataques y no desperdiciaba tanta energía como antes; su creatividad y talento estaban dando sus frutos, pero no era suficiente contra un peleador como el que tenía frente a él. Su adversario empezó a comprender los movimientos del menor y pronto sus ataques comenzaron a tener un efecto negativo en su cuerpo.

Calculó un poco para saber cuándo bajar al escenario, luego reconoció al niño que había visto con su hermano y comprendió lo que debía hacer ahora: no bajar, no intervenir. Los hechos hablarían por él, sería su mejor arma frente a su hermano.

Las cosas terminaron mejor de lo que él pensaba. No estuvo al borde de la muerte, pero sí terminó mucho peor que en las ocasiones anteriores, todo por su exceso de determinación. Ahora sí tenía un arma para usar en su contra. Sabía que el pequeño no era tonto, no podía decirle cualquier cosa para justificar sus órdenes, usaría la verdad y los hechos para hacerlo desistir de sus ideas.

Pero primero, debía dejarle en claro que no estaba de acuerdo con su forma de actuar. Así que en el momento en que Killua perdió su pelea y cayó fuera del cuadrilátero, sus ojos negros se enfrentaron contra esos azules brillantes, dirigiéndole una mirada de desaprobación absoluta. La felicidad del pequeño se acabó e Illumi se dio la vuelta, marchándose de la Torre Celestial.

Le costó mucho trabajo hacerlo y dejarlo ahí sólo y triste. Le había dolido mucho pero se decía una y otra vez que lo hacía por su bien. No le beneficiaría en nada a Killua ser mimado por él todo el tiempo.

Le fue asignada una recuperación de cinco meses, estaba muy lastimado, y los médicos de la Torre habían determinado que el muchacho estaba exponiéndose demasiado al momento de pelear, que si seguía con ese ritmo de pelea, acabaría muy mal y los administrativos de la Torre no estaban dispuestos a enfrentar una queja por daños perpetuos en menores de edad.

El pequeño estaba deprimido. Su hermano mayor, que era como un héroe para él, le había dirigido una expresión tan hiriente que no podía soportar. No lloraba, no era precisamente un niño de lágrimas como para llorar por ello, pero sí estuvo en silencio por varias horas, sin que nadie comprendiera el porqué de su malestar.

Su amigo fue a visitarlo, e intentó comprender lo que hacía que él se sintiera de ese modo. Sin embargo, pronto se dio cuenta que Killua tenía algo muy profundo dentro de él, que no le permitiría exteriorizar lo que le ocurriera aunque le rogara.

Prefirió cambiar de tema y tratar de animarlo, no obstante, sin buenos resultados. De cualquier modo, Killua optó hacerse el fuerte mientras esperaba poder conversar con su hermano.

Por otra parte, Illumi fue a su casa. Regresó con su padre y su abuelo porque consideró de vital importancia el asunto que iba a tratar.

—Killua está cambiando… —razonó su padre después de escuchar la historia de Illumi.

Lo único que omitió, por cuestiones personales, fue el momento en que se dejó ver por su hermano. Fuera de ahí, añadió lo muy herido que había resultado después de esa pelea y que había sido atendido por el personal de la Torre Celestial.

—No necesita la ayuda de extraños para mejorar su habilidad como asesino ni para cambiar su manera de ver las cosas… tal vez no sea buena idea dejarlo con mínima vigilancia —añadió Zeno Zoldyck.

—Su actitud también ha estado muy rebelde —suspiró Illumi— no me sorprendería que luego se oponga a mí.

Parecía que estaba en contra de su hermano, que esperaba hacerlo ver en mal, pero no era así. Illumi hacía todo lo posible por ganar más autoridad sobre él, tener el permiso de quitar de su camino al "otro", el nuevo amigo del niño. Sabía que sin el apoyo de sus padres, no importaba cuanto quisiera mantenerlo apartado de todos, lo dejarían hacer lo que le pareciera.

Sus palabras fueron veneno. De algún modo él siempre lograba hacerse ver de muchas maneras, menos el responsable del mal. Si un día Killua se enfrentaba a él, seguramente sería por muchas razones que no tendrían que ver con su bienestar, y para Illumi, todo estaba perfectamente justificado. Eso lo dejaba en claro a todos.

—Mientras no se oponga a las órdenes de su padre, no creo que eso sea un verdadero problema —Zeno calculó lo que su nieto intentaba hacer.

—Killua siempre ha sido un buen muchacho. Sabe que debe obedecerte Illumi, yo se lo he dejado en claro. Si no estoy yo, o su abuelo, a ti es a quién debe responder. Será así hasta que pueda asumir el papel como cabeza de la familia.

—Sólo lo digo porque yo trato más con él, que ustedes… —interrumpió sus observaciones, sabiendo que no llegaría a nada bueno para él—, lo que me preocupa en realidad es que Killua se siga exponiendo al peligro de ese modo. Como dijo el abuelo, Killua no necesita ayuda externa para mejorar, tampoco necesita de esos riesgos que nosotros no controlamos para avanzar en sus habilidades.

—¿Qué es lo que propones, Illumi? —Preguntó Zeno—, sería absurdo encerrarlo en casa y entrenarlo por años hasta que pueda dominar todas las técnicas a la perfección. Con eso no aprendería nada.

—No, no… jamás propondría algo así. Yo pienso más en el bienestar de mi hermano menor.

—¿Puedes hacer algo con tus agujas? —interrumpió Silva la discusión que se avecinaba.

Le habían dicho al muchacho que su habilidad no quedaría sin ser aprovechada, y en ese momento parecía que se estaban cumpliendo esas palabras.

Hubo silencio. Illumi no pensaba en usar las agujas. Pensaba en castigos, en trampas, en más reglas para el niño. De pronto la idea de las agujas resultaba un poco más atractiva que antes, su mente empezó a procesar todo de forma veloz, calculando riesgos; explorando los resultado que había obtenido antes, experimentos exitosos y sus fracasos, mientras que con temor trataba de ubicar a Killua entre sus víctimas. No quería que resultara herido por su culpa.

—¿Manipularlo con agujas, Silva? ¿En serio crees que algo así tenga un buen resultado? Ni siquiera sabemos si Illumi lo domina, o sigue con sus experimentos.

—Ya lo domino —contestó— yo… ya domino las agujas, pero… —no quería hacerlo así. Ya lo había hecho una vez (cuando el niño había tenido que acabar con su primera víctima), y había tenido un buen resultado pese al riesgo y la ignorancia que tenía en aquel entones. Lo que ocurría ahora, era que sentía algo así como una traición.

—Entonces puedes asegurarte de que Killua deje de escuchar lo que los demás dicen que debe hacer y controlar sus actitudes ¿no? Podemos asegurarnos de que no se meta en problemas. Al menos hasta que esté en edad de hacer todo por sí mismo.

—Sí, sí puedo —no se atrevió a mentir frente a sus dos autoridades más importantes— al menos hasta que Killua mismo pueda obrar por su propia cuenta y sin dudar de su deber. Sí es así, entonces no encuentro el problema

—Yo no estoy de acuerdo con esto —espetó Zeno— aunque Illumi lo domine, esto podría afectar severamente el crecimiento del muchacho.

—Conozco bien a mi hijo. Hemos visto que él tiene una nobleza innecesaria para el oficio, si no lo ayudamos a enfocar bien su mente, estoy seguro que esto a la larga será peor para él.

Zeno tuvo que reconocer la certeza en sus palabras. No era una decisión que Silva había tomado de forma improvisada, era algo que él estaba pensando desde hace tiempo, seguramente desde que descubrió que Illumi podía hacerlo, que notó que su futuro líder estaba comenzando a navegar con bandera de debilidad. Pese a su resistencia mental y talento, tenía un serio problema de enfoque que siempre tocaba el tema de la moralidad. La única razón por la que, hasta ahora, no había propuesto usar la habilidad de su hijo, era la misma razón por la que Illumi mismo no lo había hecho antes. Heriría la sensibilidad del infante.

—De acuerdo —cerró Zeno—, hagan lo que mejor les parezca, pero no esperen que yo lo apruebe del todo. No lo alarguen demasiado.

Illumi no tuvo más opción que aceptar el trabajo, después de todo, él mismo había provocado aquello. Ahora tenía permiso de actuar sobre su hermano, tal vez no del modo que deseaba, sin embargo, era un resultado que igual podría controlar.

Salió a hacer los preparativos con sus agujas, si iba a hacer un trabajo de ese tipo sobre su más preciado tesoro, lo haría del mejor modo. Garantizando que funcionaría, que no habría secuelas qué lamentar. Todo por el bienestar de la familia.

Le tomó casi tres días tener listo todo, era una aguja con un gran hechizo. Uno que le ayudaría a detectar en todo tiempo la situación física de su hermano, y le introduciría en la mente una protección que, para él, era vital que Killua tuviera. Cerró los ojos y sostuvo sus agujas, sólo una de ellas era la que introduciría en su cuerpo esta vez, y sería una aguja que estaría ahí quizá por el resto de su vida. No podía ser una aguja cualquiera, las demás servirían para otras funciones en el futuro.

Se marchó a la Torre Celestial -cuando había pasado una semana después del incidente-, revisó en que parte del hospital se encontraba el albino y luego se dirigió allá. Era de madrugada cuando entró en la habitación, usando una ventana para evadir todas las preguntas y seguridad, que seguramente le impediría llegar hasta ahí.

El pequeño dormía sobre su costado derecho. Tenía vendajes en ambos brazos y piernas, y rastros muy pequeños de sangre seca sobre su cabeza. Aquella era una herida que aún sangraba con el roce de los cabellos y la tela de la cama.

Illumi sintió una pena en su corazón por verle en ese estado, no podía hacer el ritual con Killua en esa situación; sobre todo si lo hacía a la velocidad que esperaban sus autoridades, o no sobreviviría. El niño necesitaría de toda su energía para recuperarse de ser atravesado por una aguja.

Se arrodilló junto a él, acercando su rostro al del menor, y percibió una cálida respiración chocar en una de sus mejillas. Respiraba con un poco de dificultad, quizá por alguna otra herida en el pecho o abdomen y se le antojó revisar qué tan severo era el daño.

Resultaba contradictorio que Illumi sintiera más ira respecto al muchacho que ayudaba a su hermano, que sobre el tipo que lo había herido. Aunque él entendía por qué se sentía así. No sólo eran los celos; era que comprendía que esos actos de bondad eran un arma de doble filo, un favor que tendría que pagar con otro favor.

—¿En qué te has metido? —Susurró moviendo sus dedos para despejar los cabellos que estaban sobre la frente del niño.

—Illu-nii —Killua abrió ligeramente los ojos y los volvió a cerrar. Estaba tan cansado que no podía mantenerse alerta por mucho tiempo.

—Duerme, vendré en la mañana —se acercó a él y depositó un beso en su frente. Si lo había hecho, era porque se sentía seguro de que ni el mismo Killua se daría por enterado de que había realizado tal actuación y así no se comprometería a dar explicaciones.

Tal y como había dicho, regresó en la mañana, justo antes de que el muchacho del otro día también llegara, y preguntó por el pequeño paciente.

—¡Aniki! —gritó con sorpresa al verlo entrar a su cuarto seguido de una enfermera que traía su desayuno y lo acomodaba en sus piernas para que pudiera empezar a comer.

—Kil —saludó brevemente—, yo le ayudaré a comer, gracias —y detuvo a la enfermera que estaba a punto de alimentar al pequeño.

La cara del albino mostraba muchas emociones. Desde temor, tristeza, hasta una felicidad muy mal disimulada. Illumi se sentó junto a él sin ninguna expresión en particular, esto sólo hacía dudar a Killua sobre qué clase de respuesta debía dar.

—¿Ves Kil? Si tan sólo no hubieras tomado tan mala decisión yo no tendría que hacer esto.

—La enfermera lo iba a hacer… —dijo con inseguridad.

—Ja, ja, pero, ¿no crees que tu hermano mayor lo hace mejor?

No respondió, aceptó la cucharada que se le ofrecía. Volvía a sentirse muy indefenso frente a su hermano. No podía simplemente actuar como si no le importara su ayuda, cuando no podía ni levantar un brazo para demostrar su fortaleza.

—Me recuerda a cuando eras un bebé… —continuó Illumi y esta vez sonreía con verdadera amabilidad— mamá estaba tan ocupada con Alluka porque estaba enfermo, que siempre me tocaba darte de comer a ti.

—¿Alluka estaba enferma?

—Sí, por eso no había sido entrenado y probablemente no lo será jamás… —agregó rápidamente— di "ah".

—¡No soy un bebé!

—Ah… —repitió el gesto, burlescamente.

Sólo se divertía a expensas del menor. De vez en cuando era entretenido ser su hermano mayor y hacerle toda clase de bromas, si bien, a veces solían ser bromas bastante crueles.

Killua no podía resistirse, continuó comiendo aunque un poco a la defensiva.

—No te cuesta nada ser un niño bueno y obediente.

—Como si tuviera otra opción…

Esas palabras habían dolido. Sabía que esa era la razón por la que ahora tendría que cargar con una aguja que lo harían entrar en control.

Aniki… ¿Cómo está Alluka? ¿Ella está bien?

—Oh sí. Papá lo está cuidando mucho. Todos en casa estamos al pendiente de él, vas a ver que todo saldrá de maravilla.

No tenía bases para creer o no, en lo que su hermano decía, especialmente si su padre estaba a cargo pero, estaba seguro de algo, Illumi no le diría nada de esto por un mal contra él, prefirió creerle antes que batallar con algo contra lo que no podría luchar.

—Kil…

—¿Sí?

—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te expusiste de un modo tan inútil? Podías haber muerto.

—Yo… Illu-nii… —tuvo la tentación momentánea de disculparse, sin saber por qué— No… yo quiero ser fuerte como tú y papá lo son, no puedo avanzar si me quedo quieto ante el miedo.

—Sí, es cierto que no puedes quedarte quieto ante el miedo ¿acaso nosotros no te hemos enseñado a enfrentar tu temor ya? —una suave aura de oscuro Nen comenzó a desprenderse de su cuerpo— ¿es necesario actuar entonces tontamente?

Killua comenzó a sudar, la sensación era escalofriante. Sólo pudo asentir con la cabeza.

—P-pero… quiero mejorar.

—¿Y mejorarás suicidándote en batalla? ¿Metiéndote contra objetivos que no puedes derrotar?

—Ya, ¡basta!

—¿Qué ocurre Kil? No te estoy haciendo nada, ¿a qué le temes?

—No… no tengo miedo, es tu Nen.

—¿Mi Nen? Entonces no tienes miedo —aumentó su aura y Killua ya no pudo abrir más la boca. Apretaba los dientes y cerraba los ojos, para contener esa sensación— ¿Lo comprendes ahora? Nosotros te enseñaremos a llegar a este nivel. No necesitas exponerte a esos riesgos, nosotros somos los que nos encargaremos del desarrollo de tus habilidades, y tampoco necesitas que nadie más fuera de la familia te diga lo que tienes qué hacer para lograrlo…

—¡Me niego! —El peliblanco abrió los ojos, sobreponiéndose a la sensación y le dirigió una mirada de valor a su hermano— yo haré lo que mejor me parezca. Si tengo que pelear contra la voluntad de mi padre, entonces lo haré, pero seré tan fuerte como papá y tú…

—Kil… —detuvo su aura, y entristeció. Había tenido la esperanza que, haciéndole temer de forma más "natural" del peligro, sería suficiente, pero le demostró que él tenía más valor sobre ello. Y ahora no tenía otra opción más que trabajar con las agujas ayudándolo a enfocarse correctamente en su misión. Lo haría por el bien de todos, por el bien de su propio hermano.

—¿Aniki?

—Yo estaba muy preocupado por ti… —para lograr su objetivo, primero debía debilitarlo mentalmente, casi del mismo modo en que el albino lo había vencido antes a él. La única diferencia era que él nunca lo había hecho con sinceridad. A todas sus víctimas las había llevado hasta el límite— no soportaría verte morir por culpa de tu necedad. —Y esta vez, lo haría por una necesidad.

—No digas eso, por favor…

Para lograr su objetivo, se requería paciencia y respetar cada etapa del proceso. La aguja sólo contendría el poder para efectuar los disparadores que primero tendría que introducir en la mente del niño y de esa forma controlarlo sin tener que estar induciéndolo una y otra vez a un estado mental donde pudiera acatar las órdenes sin cuestionarlas. La aguja haría esa función de forma sutil ante la vista del enemigo, el cual no entendería los cambios de actitud y decisiones que pudiera tomar en beneficio a su oficio. A partir de ese instante, había comenzado su trabajo sobre la mente de su hermano.

Lo único afortunado que Killua tenía, a diferencia de todas las víctimas experimentales que habían sufrido ese proceso, era que Illumi lo amaba, era la persona más cercana a él después de todo.

Illumi respetaba a la familia porque así había sido enseñado desde que tenía memoria. Se le había inculcado desde el principio el papel de ser la cabeza de la familia. Si bien, ese puesto había sido delegado al pequeño que estaba frente a él, no quería decir que él sintiera desapego por todos, sino que ahora su mayor meta era la de perfeccionar a su hermano.

Pese a que todo lo que le iba a hacer era terrible, se aseguraría de que no se volviera una hoja en blanco como sus otros títeres, ni que con el tiempo se volviera inútil o ya no pudiera actuar por sí mismo, este sería su trabajo más grande y difícil de todos.

—Me han enseñado a arriesgar mi vida, a perder el temor y arrojarme contra mi objetivo, no lo hago porque desee morir.

—Pero no te enseñé a hacer cosas innecesarias, esto no debe ser así Kil...

—… —se sentía molesto por no haber sido comprendido. Él quería demostrar que era fuerte, que podía cumplir su papel como asesino. Disfrutaba la sensación de competencia y la libertad de actuar en esos casos, sobre todo cuando conseguía una victoria, pero no a costa de los sentimientos de su hermano mayor que le demostraba esa cara suya de sincera preocupación— Mm… está bien, yo… seré más cuidadoso.

—Gracias —no era lo que quería; ni remotamente cercano a lo que deseaba conseguir. Por el momento era mejor si lo hacía de este modo.

La situación era ideal para comenzar con el proceso de cambio.

Illumi salió del cuarto, primero se aseguraría de sacarlo de esa habitación controlada, para llevarlo a un espacio donde él pudiera manipular toda clase de situaciones necesarias para bajar sus defensas y poder reajustar su mente.

Volvió la tarde del siguiente día. Cuando había conseguido el permiso de llevarlo a otra parte y lo encontró conversando animadamente con el muchacho que había visto antes. Optó por mantenerse oculto y así poder escuchar lo que hablaban. Entre más herramientas tuviera, mejor.

—Me alegra mucho verte más animado, el otro día ni siquiera te reías de mis bromas.

—Estoy bien, Greco. Últimamente todos hacen mucho escándalo por cualquier cosa —Greco rio por el comentario.

—Oye… no te lo había dicho pero la pelea estuvo asombrosa.

—¿De verdad?

—Sí, sí… tienes un estilo increíble, ya quiero que te recuperes para verte pelear otra vez

—Pero no puedo elegir contra quién pelear —sonaba inconforme. Illumi se molestó internamente porque ese no había sido el trato que habían hecho el día anterior.

—Descuida, ya pelearás luego contra Kozi, escuché que sigue en la planta ciento cuarenta, no ha querido pelear aún porque no ha encontrado algún reto digno de él.

—¡Ay no! A este paso nunca podré alcanzarlo.

Kozi era, en ese momento, el usuario Nen que más había destacado en la Torre. Un bufón presumido y por ello mismo era famoso. Porque a los ojos de Illumi, había otros peleadores que realmente podría resultar un serio problema para su hermano. De todos modos, Kozi no era precisamente algo por lo cual bajar la guardia, no había modo de que Killua pudiera derrotarlo sin batallar, por lo menos con la experiencia que el pequeño tenía. Aquel tipo, así fuera un hablador, era un sanguinario y tenía ya el conocimiento suficiente como para no ser tomado a la ligera. Aunque claro, si el tal Kozi se enfrentaba contra alguien del calibre de Illumi, las cosas cambiaban totalmente.

—Claro que sí, y aunque no te enfrentes a Kozi, sabes que hay otros peleadores que tienen buen nivel.

Illumi ahora estaba seguro de quién era el responsable de que su hermano tuviera ese despliegue de temerario valor. Sí, ahora sólo tenía que deshacerse de él usándolo como una herramienta para su plan.

Entró en ese momento al cuarto, interrumpiendo la conversación.

—¡Ah, aniki! Hola.

—No sabía que tenías un hermano —Greco sonó sorprendido. Illumi se dio cuenta que Killua había sido cuidadoso con respecto a la información que daba sobre su familia— hola, soy Greco, mucho gusto.

—Hola —saludó sin muchas ganas.

—Descuida Greco, mi hermano siempre es así de serio…

—Kil, vine por ti. Te cambiarás de cuarto a uno donde yo pueda ayudar con tu recuperación.

—Oh, disculpe —llamó Greco— yo podría ayudar con eso, no necesitaría cambiarlo de cuarto…

—Mm… lo siento, Greco pero ya está todo listo para hacer el cambio. Sólo venía a avisar a Killua para que no se sorprendiera. Si quieres acompañarnos, adelante.

Killua agradeció internamente que su hermano no fuera un desconsiderado con su amigo. Habría resultado muy molesto para él, tener que lidiar con una mala actitud al tiempo que estaba en recuperación. Sin embargo, los motivos de su hermano eran diferentes al de ser un buen tipo, parte de ello, era tener la absoluta confianza del pequeño.

Eso sí, conocía bastante bien a su hermano mayor, sabía que tarde o temprano le pediría una buena explicación sobre lo que estaba pasando, para eso ya tenía preparado un discurso convincente, sólo quedaba esperar a que comenzara con el interrogatorio.

Lo movieron de cuarto, uno limpio y espacioso, con un gran closet que abarcaba la pared y un baño al fondo. Eso quería decir que Illumi estaría por un largo tiempo y en cierto modo le alegraba bastante saber que ya no estaría solo, aunque no sabía qué esperar.

Greco se retiró unos minutos después de que llegaron al cuarto y Killua se preparó para hablar con el mayor.

—No te haré preguntas, creo que ya estás lo suficientemente mayorcito como para darte cuenta de tu situación.

Y no lo haría porque entonces el niño no estaría receptivo a sus efectos y complicaría la misión.

—¿Estás molesto?

—No, sólo no estoy de acuerdo, pero es tú decisión.

—Gracias, aniki.

Aun dudaba en ponerle esa aguja, Killua era demasiado pequeño para pasar por ello, la edad ideal era a los once. Lamentablemente, no había tiempo suficiente como para esperar hasta esa edad. Primero procedería a ayudarle a su recuperación, entre más pronto pudiera moverse, más sencillo sería comenzar a aplicar los demás efectos.

—Voy a quitarte el vendaje de los brazos, no lo necesitarás para el tratamiento que te daré, ahora no moverás las piernas hasta que yo te diga. Será más rápido si te portas bien y me dejas trabajar.

Se quedaron luchando con la mirada. Killua secretamente detestaba que su hermano le clavara sus agujas, sin embargo, el pequeño podía jurar que no hacía escándalo cuando tenían que usarlas en su cuerpo. Por otro lado Illumi sentía los reflejos del niño, y afirmaba que en muchas ocasiones tenía que hacer uso de la fuerza para detenerlo o ser un poco más veloz de lo normal para poder terminar de colocarle las agujas.

Sin más demora, se acercó a él y comenzó a quitarle el vendaje, cortándolo para no tener que batallar. Su brazo izquierdo estaba más lastimado que el derecho, así que primero se enfocó en ese.

—¿Ves a lo que me refiero? No puedes ni moverte y todo por esa necedad de enfrentarte sin medir tus posibilidades.

—¿Y entonces cómo se supone que voy a avanzar?

—¿Papá y yo te enseñamos a actuar de ese modo?

Era el plan, primero debía hacerlo confesar por él mismo que estaba siendo influenciado por alguien más.

—Greco me dijo…

—¿Greco? ¿Acaso él es experto en esto?

—…

—Sé que intentas hacer las cosas bien, no creo que seas el responsable de esto, Kil, pero tienes que aprender a confiar más en nosotros… —tomó su mentón y levantó su rostro para que le viera directamente a los ojos— ¿no confías en mí?

—Sí…

Esa fue la primera vez que aprovechó la oportunidad de la vulnerabilidad de su hermano pequeño para hacerlo entrar en trance. Con la perfeccionada habilidad de hipnosis que hacía con sus ojos, combinado con su Nen y la inocente mente de éste, fue breve. Sabía que si no lo hacía así, la psique delicada del peliblanco se vería severamente dañada.

—Killua… si te digo "hablemos libremente" me verás a los ojos y no perderás contacto visual hasta que te sientas libre, como en este momento.

Era como si el tiempo se hubiera congelado, la oración se había pronunciado con lentitud y las pupilas oscuras irradiaban una extraña espiral que parecía como si estuviera estática. Detuvo el flujo de su Nen y Killua reaccionó.

—¡Eh! Hermano… ¿Me quedé dormido?

—No, ¿por qué lo dices?

—Mmm… No, por nada —no sentía ninguna molestia en particular o debilidad. Sólo una breve sensación de haberse quedado paralizado, como si hubiera puesto una pausa rápida o si hubiera estado soñando despierto para luego reaccionar— aniki… yo confío en ti, pero también necesito que creas tú en mí, yo también puedo tomar decisiones.

Eso era precisamente lo que iba a contrarrestar y controlar, sus decisiones. Así que lo mejor era hacerle creer que tendría esa libertad.

—Lo hago Kil, pero tampoco esperes que me quede quieto mientras veo cómo te equivocas, eres muy pequeño, ¿no te has dado cuenta?

—Cuando les conviene… —rodó los ojos— cuando se trata de entrenar sí soy grande y cuando se trata de todo lo demás, estoy pequeño.

—Así es —respondió sonriente.

—¡Qué! —Gritó indignado— ¿De verdad esperas que yo acepte eso?

—Porque eres mi hermanito pequeño y no hay forma alguna de que me convenzas de lo contrario.

—¡Illu-nii! —Reprochó— no, no acepto el trato.

—Ya, bromeo Kil. Mira, para que veas que confío en ti dejaré que me demuestres que puedes manejar el asunto con Greco, si no, entonces deberás reconocer que yo tengo razón.

Illumi esperó tres días más antes de poder volver a actuar sobre el niño. Los experimentos que había realizado antes sobre personas nunca habían llegado a edades tan jóvenes porque no las consideraba precisamente óptimas para conseguir sus objetivos, por lo tanto prefirió hacerlo a un ritmo en el que su influencia no fuera tan abrasiva, que no hubiera vuelta atrás; porque debía haber vuelta atrás, el niño no podía estar así por siempre.

Todo marchaba con tranquilidad aparente. Illumi estaba totalmente inconforme con las visitas del tal Greco. Tal vez no eran visitas largas, pero su presencia resultaba tan molesta que a veces deseaba simplemente matarlo. Killua estaba consciente de que a su hermano no le agradaba y trataba de ser breve y sobre todo no recordarle a su hermano nada referente a Greco.

Con el plan en marcha, por la noche decidió comenzar a abrir una brecha para introducirse en su mente.

—¿Qué harías si papá se entera que estás haciendo caso a una persona extraña?

—¿Eh? ¿Le dirás a papá? —Se asustó un poco, ni siquiera estaba seguro de si eso estaba permitido o no, por las palabras y el tono de voz que Illumi había usado, daba a entender que estaba haciendo algo malo.

—Tal vez…

El pequeño sabía que no había mucho caso en rogar, si Illumi quería algo simplemente lo hacía. Lo extraño era la advertencia, no era como si él tuviera la costumbre de dar advertencias sobre las acciones que iba a realizar a menos que quisiera sacar algo de provecho en el trato.

—¿Me castigarán? Sabes que no le he dicho nada específico a Greco, sólo sabe que vine aquí a entrenar.

—Quizá yo debería castigarte, así no tendría que decirle nada a papá, ¿no crees?

Era una pregunta sencilla que contenía un doble sentido, admitir que su padre era más fuerte que su hermano, eso era fácil; luego, asentir que su padre era peligroso y malvado, era otra cosa. Lo que diría, volvería el castigo de su padre en algo malvado y el castigo de Illumi pasaría a ser algo como un favor.

—Está bien…

—Ahora no te castigaré porque estás en cama, pero nos tomaremos nuestro tiempo, ¿de acuerdo?

De ese modo lo tendría en un estado de espera y estrés, sin conocer el cuándo ni el cómo sería castigado. Tendría miedo y a la vez estaría relajado por no tener que esperar la respuesta de su padre, aunque con la extraña sensación de que en algún momento, su hermano, tomaría cartas en el asunto.

Illumi esperó a que Killua pudiera mover uno de sus brazos, eventualmente fue el brazo derecho el que pudo mover, dos días después. Y para ese momento el niño se encontraba de buen humor, estaba agradecido de que su hermano le hubiera ayudado a recuperarse de sus heridas.

—Eres genial, Illu-nii —expresó levantando su mano y moviendo sus dedos— ya no me duele.

—De nada —tomó la mano izquierda del niño y comenzó a examinarla— esta tomará un poco más de tiempo, no vayas a hacer mucho esfuerzo para que mejore pronto.

Dejó que su hermano disfrutara del movimiento y se sintiera seguro de lo que podía hacer.

Se veía aliviado de recuperar un poco de autonomía, porque eso de ser alimentado le resultaba vergonzoso, sobre todo con los comentarios burlescos del más grande, con referencia a cuando era un bebé.

Lamentablemente su alivio no iba a ser por siempre. Dos días después de que se hubiese acostumbrado a su movimiento y se hubiera relajado un poco, Illumi le habló.

—Kil, ¿recuerdas que me debes un castigo?

—Sí… —había estado esperando mucho por este momento, así que estaba ansioso por quitarse ese peso de encima.

—Ya tengo una idea de lo que sería mejor.

—Dime, aceptaré lo que me digas.

—Quiero que no muevas tu brazo derecho hasta que yo te lo indique.

No lucía conforme, apenas había recuperado su movilidad y ahora de nuevo debía sacrificarla. Esta vez será una privación de su libertad y no por una necesidad. Sería muy difícil para él, que siendo un niño apenas, tuviera que aceptar someterse a sí mismo de ese modo sólo para cumplir un castigo, y lo peor era de nuevo ese tiempo indefinido. No era buena señal.

—¿Estás seguro? No preferirías…

—No. Dije que quiero eso y eso es todo lo que te pediré. No es difícil, ¿o sí?

De nuevo esas preguntas tramposas que lo harían admitir algo con lo que no estaba de acuerdo.

Tuvo que explicarle a su amigo Greco que no podría mover el brazo por cuestiones del castigo, solamente no dio especificaciones del motivo. Así que batalló un poco con su amigo, tratando de convencerlo de que no era tan malo comparado con las otras cosas que podrían pasarle, asimismo regresó a la rutina de los otros días, aguantando no mover su brazo y aceptar la ayuda de los otros para hacer todo lo que necesitara.

Illumi calculó lo que necesitaba para volver a abrir su mente y debilitarlo un poco más, la obediencia no era algo fácil de ganar, sobre todo si quería que Killua no los cuestionara ni pusiera resistencia. Sabía que el verdadero motivo de que peligrara tanto era su noble corazón que no lo dejaba ver las cosas con frialdad y lo llevara a explorar áreas que un asesino como él no necesitaba conocer.

—Tengo algo importante que decirte.

Se reunió con él una noche antes de irse a dormir.

—Dime.

—Mañana tendré que irme a casa a hablar unas cosas con papá. Así que tendrás que estar aquí solo por unos días.

—Sí, está bien —volteó hacia abajo y su hermano comprendió lo que quería preguntar.

—Kil, te has portado muy bien. Te pediré que sigas con el castigo, estoy seguro que lo harás bien porque eres tú. La verdad, estoy agradecido contigo… sé que puedo confiar en ti y esto es algo que no he hecho con nadie. Sabes, me han decepcionado muchas veces. Por eso le pedí a Greco que venga a cuidarte un poco mientras yo no estoy. He visto que has crecido y puedes manejar la situación. Si cumples con este castigo yo… —bajó la voz, simulando decir algo muy delicado— podría ser que vea en ti a la persona con quién pueda abrir mi corazón.

La mirada del peliblanco se iluminó. De nuevo el tipo más raro, apartado y frío que conocía, estaba ahí, mostrándole una puerta por la que podría pasar hacia él. Podría acabar con los días de desesperación en casa por culpa de los entrenamientos, lo único que necesitaba era un poco de empatía y estaba a punto de conseguirla de la persona más especial en su vida.

—Sí, claro que sí Illu-nii —contestó efusivamente— puedes confiar en mí, prometo que no moveré mi brazo.

—Gracias. Y Kil, hablemos libremente —murmuró.

Apenas lo dijo y Killua reaccionó dirigiendo sus azules ojos a esos oscuros que emitían un poder asfixiante. Una espiral infinita que dejaba su mente en blanco.

—Killua, durante estos días que yo no esté, tú necesitarás mover tu brazo derecho.

—No… —su voz sonaba ausente, pero esa resistencia era símbolo de la lealtad hacia su hermano, Illumi sintió escalofríos y nuevamente dudó de lo que tenía qué hacer.

—Debes buscar dentro de ti un motivo justo para fallar a tu promesa, —entonces debía encontrar una forma de ir más profundo en su mente.

Esta vez no hubo respuesta, había dado en el blanco y liberó a su hermano. Illumi no era de piedra, sintió culpa de tener que forzarlo a hacer esto.

—¡Ah no! De nuevo me quedé pensando en otras cosas aniki… perdón, no te puse atención.

Esa frase lo sacó de sus pensamientos depresivos y se concentró. Lo hacía por el bien de la familia, no se retractaría.

Soltó una risa un poco fingida y continuó— sólo dije que estoy orgulloso de ti, sé que no me fallarás, sabes que si me fallas, me daré cuenta.

—No lo haré —Killua hablaba con mucha seriedad, incluso Illumi empezó a creer que no funcionaría la orden que había dejado en su mente— ah… aniki, ¿podría encargarte algo?

—¿Qué cosa?

—Ya que vas para la casa, ¿podrías asegurarte de que Alluka esté bien? Estoy preocupado por ella.

—¿Le pasó algo?

—Mm… —no quiso decirle, porque eso involucraba también su otra molestia por el trato hacia su hermano mayor— no pude despedirme cuando vine para acá, seguramente se quedó muy triste y me dolería mucho saber que ella…

—Le diré que estás bien y que lamentas no haberte despedido, ¿de acuerdo? Tú preocúpate por recuperarte.

—Gracias, hermano.

Si partió a su casa, lo hizo porque sabía que Killua bajo ciertas circunstancias podía darse cuenta si le mentía. Podía llamar a la casa y preguntar a los mayordomos, sabía que no podía contar con su silencio y cooperación, principalmente tratándose de Killua.

¿Alguna vez acabaré bien un capítulo? No lo creo.

En mi mente siempre ha estado esa escena en la que Silva le pregunta a Zeno "¿Cómo está Killua?", y Zeno le responde que se ve que ha crecido y que se ha quitado la aguja; y luego cuando Killua afirma que todos (o sea su familia), estarían de acuerdo en controlarlo con agujas... cuando pienso en ello, simplemente llego a la conclusión de que el asunto de la aguja no era meramente cosa de Illumi, sino que Illumi sólo fue una herramienta de la familia. Por ello es que en mi historia parece que ha sido Silva el de la idea original *suspiro*, mis headcanons atacaron de nuevo.

Gracias a por seguir leyendo esto. Y gracias a Susubaru y killua minamoto por sus mensajes, siempre que los leo me emociono mucho y bienvenida seas Absolian, gracias por el apoyo :)

Nos vemos el 24 con un capítulo que sea más divertido que esto jaja.