Su hermano mayor, Phill, había atendido sus peticiones.
Ya no iba a verle.
Ya no podía verle deteriorarse.
Ya no podía verle morir a cada segundo que pasaba.
Pero Bill simplemente se había negado a abandonarle. No sería tan cobarde de abandonarle y dejarle muriendo solo, con la única compañía del dolor que empezaba a invadirle.
