Ahora sí, aparecí como siempre en la madrugada. Si hay algo que disfruté mucho de este capítulo, es que sé que ya va a comenzar lo mero bueno.
Apenas me di cuenta que ff . net elimina mis triángulos, eso me deprime mucho porque mis triángulos amados son importantes en mi vida, tendré que poner líneas aburridas.
Advertencias: algo de abuso psicológico, que se volverá bastante habitual en esta historia. Demasiado habitual, para ser sincero.
Algún día escribiré esto en inglés. Ya... los dejo con el capítulo.
Capítulo 7
Greco fue al día siguiente a verlo. Obviamente para un niño casi ordinario como él, le impresionó ver que el valiente paciente estaba aún dispuesto a mantener su promesa de no mover el brazo, a pesar de que lo necesitaba y que nadie lo vigilara, porque claro estaba, él no iba a ir a decirle a Illumi si Killua había fallado a su orden.
Se mantuvo firme todo el día. Sólo de vez en cuando sentía mucha ansiedad y le costaba bastante trabajo sostener su voluntad.
Illumi llegó a su casa a descansar, no había ninguna cosa especial que tuviera que hacer, así que se dio una vuelta a los alrededores para enterarse de las novedades. Recordó que tendría que ver a Alluka para darle el mensaje. No sería un mal hermano, haría lo que había dicho antes.
Las cosas continuaban normales en casa; tal vez había un poco de tensión entre los mayordomos, misma que él no comprendió desde el principio. Por suerte encontró a la persona que le actualizaría de esto.
—Illu-nii, vaya que te habías tardado en volver.
—Milluki… sabes que estoy en una misión, sólo vine a descansar. Veo que todos se han vuelto locos, ¿qué ha pasado?
—La cosa de Alluka… esa cosa.
—¿De qué hablas?
—Después de que te fuiste ella siguió pidiendo cosas, a lo mejor porque Killua no está. Mamá no le creía a Killua y mató a un par de mayordomos para ver si era cierto. Ayer mató a otros más sólo porque quería estar segura de que no era casualidad. Alluka volvió a pedir cosas y al final sólo desearon un abrazo, mamá está esperando que vuelva a pedir algo para confirmar su teoría. Aniki… el poder de Alluka es impresionante.
A decir verdad, al principio no le dio importancia, ni siquiera le había prestado atención la primera vez que supo sobre el asunto de Alluka, lo había tomado como algo que aún no tenía una descripción clara, a causa de que lo había escuchado de segunda mano. Su principal ocupación era su hermano menor y todo lo que tuviera que ver con él.
—Tal vez si yo lo veo, o si tú le pidieras volverte un buen asesino… —Milluki le lanzó una mirada molesta y continuó— ¿dónde está mamá?
—Ah, debe estar en la sala de vigilancia, esperando a que Alluka comience de nuevo sus molestias.
—¿No deberías estar tú ahí?
—Se puso algo pesada… ya sabes cómo es mamá cuando se le mete una idea y no la quiere soltar.
Tenía razón Milluki, su madre a veces podía ser una persona desgastante, incluso, en algunas ocasiones, se preguntaba cómo su padre podía soportarla. Partió hacia el área que -se suponía- era de trabajo de Milluki.
El cuarto estaba a oscuras, como siempre, sólo el brillo de las pantallas era el que alumbraba todo el lugar y su madre estaba de pie observando obsesivamente la pantalla mientras murmuraba algo extraño que él no logró comprender.
—Detente ahí —le ordenó la mujer antes de que pudiera avanzar más.
"Dame la mano…". Escuchó que Alluka decía a través de la bocina. Entonces comprendió que su madre en verdad estaba vigilando con mucha atención lo que estaba ocurriendo.
El horrible grito del hombre inundó toda la habitación. Una nueva víctima acababa de morir frente a su hermano pequeño y su madre sólo reía— lo logré, al fin tiene sentido todo, sólo un poco más, una vez más para entender este patrón y todo quedará listo.
—Madre…
—Illumi, rápido, déjame ver tu mano. Mamá quiere ver cuánto ha madurado tu línea, y ver si ya tiene sentido esto.
—¿Qué has visto? —Le extendió su mano, sabía que no le convenía poner resistencia a los caprichos de Kikyo.
—Lo sabía, lo sabía… tu línea se ha vuelto más siniestra, algo normal… —el pelinegro ni siquiera se molestó en preguntarle al respecto— Illumi, ¿cómo está mi bebé, mi Killua?
—Él está bien mamá, ¿me dirás qué ocurre con Alluka?
—Sí, sí, pero primero déjame ver tu otra mano —Illumi obedeció. La mujer concentró su Nen nuevamente para resaltar las líneas de su hijo— mira, ve, aquí dice que toda tu vida serás un asesino de corazón, pero eso era de esperarse, y esta curva es… el anillo de venus, ¿tenías el anillo de venus antes?
—Mamá, no sé de qué me hablas.
—Te he dado muchos libros de estudio —comenzó a irritarse— se supone que debes leerlos con atención.
—…
—Como sea, Illumi, tu mano es una contradicción en todo el sentido de la palabra. Me dice que tus sentimientos son largos y profundos, pero de malas relaciones y cortas, que estás hecho para la soltería, sin embargo… sin embargo, aquí hay algo. No sé qué es. Como si no estuvieras soltero y a la vez sí. No sé cómo decirlo… —suspiró frustrada— a eso añade el anillo de venus que con Nen puedo ver… tal vez Alluka pueda darme la habilidad de entenderlo.
—¿Qué hay con el tal anillo de venus? —Si su madre quería un poco de atención, entonces se la daría.
—Es la línea del libertinaje, sexualidad o gustos depravados. Te gusta lo excéntrico, aunque para cómo te veo… no me extrañaría en absoluto.
Era de esas raras ocasiones en las que los comentarios de su madre lo hacían ruborizar. Al menos había encontrado una línea que sí tenía razón con respecto a él. Y dentro de su mente lo había reconocido, a su adorable hermano, el cual era su esporádica fantasía cada que su inconsciente lo traicionaba. Trabajaba mucho por suprimirla, tratando de controlar los procesos de su propia mente, pero había una fuerza superior que lo hacía fallar cada vez que se acercaba un poco a lograr tener el manejo de esas imágenes.
—Mamá, ¿de qué han servido todas esas cosas?
—Bueno… me casé con tu padre. Y además quiero prevenir la desgracia en la familia, tengo derecho a preocuparme por ti y por los niños…
—De acuerdo, entiendo —interrumpió antes de que su madre comenzara a ponerse quisquillosa con su discurso.
—Estoy segura de que no. Sino, ni me dejarías seguir leyendo tu mano… —soltó la mano de su hijo— ¿qué hay con Alluka? ¿Eso quieres que responda?
—Sí, si es posible me gustaría saber…
—Mi consejo será que estudies con atención su poder, si tan sólo lo domináramos podríamos sacar mucho provecho de él. Prácticamente podríamos hacer lo que sea.
Su madre le explicó los detalles de su experimento. A veces lograba entender por qué es que sus mayordomos solían temer a su madre. Él mismo tenía mucha similitud a ella, era más importante para ellos lo que deseaban alcanzar que todo lo demás y muchas veces tenían que pasar por sobre alguien para lograrlo. Illumi comprendió que el poder que tenía frente a él podía traerle beneficios en un futuro, siempre y cuando comprendiera las reglas a las que tenía que enfrentarse.
—Illumi, hay algo más que necesito hacer con respecto a ti.
Su madre tenía esa costumbre de hablar como si estuviera fuera del mundo. Siempre consideró que se debía a lo mal que había quedado después de Alluka, y peor aún después de Kalluto. La única diferencia es que esta vez sonaba más consciente de lo que decía.
—¿Qué falta, madre?
—Lo siguiente que diré, es algo que tú padre no debe enterarse… ¿entiendes lo que digo? Esto será entre tú y yo. Ten —le entregó en su mano, una cadena de oro, delgada; con un camafeo que tenía un símbolo extraño, algo parecido a una "Y" con una franja en la parte de abajo que se cruzaba en ella, como si formara una cruz— las próximas tres semanas quiero que practiques la meditación con esto puesto en tu cuello por una hora al día, no más ni menos.
—Es algo excesivo, ¿no?
—No. —Contestó con firmeza— sentirás el campo de un Nen rodeándote y mucha fuerza, no te dejes vencer ni te enamores de esa vitalidad. Una hora es el límite.
—¿Para qué es eso?
—Para iniciarte. Es todo lo que te diré, ¿cuánto tiempo estarás en casa?
—Dos días más.
—Correcto. Practica a partir de mañana esa meditación, despeja tu mente. Al final entenderás la verdadera naturaleza de tu poder. Y por cierto, no abras nunca el camafeo, por nada del mundo se te ocurra hacerlo.
—Entendido.
Se quedó los dos días ahí, y cumplió con lo que su madre le había ordenado. La primera vez fue suficiente para entender que lo que tenía en sus manos era algo con un poder muy especial. Era como si su Nen se fusionara con algún otro proveniente de esa cadena y luego volviera a su cuerpo en forma de cientos de partículas oscuras y brillantes que lo llenaban de vitalidad.
Sabían todos en casa que Kikyo tenía una vida particularmente oscura, era amante de lo tenebroso y lo oculto. Sus prácticas asesinas eran casi rituales completos y complejos, con ganancias no sólo monetarias, por algo Silva la respetaba al grado de decidir tomarla como su mujer. Pero nadie más que Illumi entendía cuán oscura era su alma.
Fuera de casa, ella sostenía otra vida más, una que no permitía que nadie se enterara.
Illumi nunca le había dado importancia a esas características de su madre. Era un chico de familia, obediente y que aceptaba la vida que le había tocado, al grado que podía disfrutarla. Ese mismo ejemplo le había dado a Milluki, y de alguna manera las cosas se habían salido de control con Killua.
Antes de que Illumi volviera a la Torre, el futuro heredero de los Zoldyck permanecía en su cuarto con su único brazo disponible inmovilizado por voluntad propia, esperando a que su hermano mayor volviera y le liberara de su castigo.
Para la noche del segundo día sin el mayor de los Zoldyck, Greco estaba lleno de curiosidad por el comportamiento tan resistente del chico. Se preguntaba cómo podía tener una voluntad tan poderosa como para no mover el brazo sin nadie que le vigilara, no había forma de comprobar si había fallado el encargo o no, y aún así el niño seguía necio a su consejo.
—Si no mueves el brazo, será peor para ti.
—No, ya te dije que no lo moveré. Illu-nii me lo impuso y él no haría nada que me lastime.
—Bueno… —sabía que lo mejor era ya no insistir— ¡Ah! Cierto acabo de recordar que tenía un regalo para ti —buscó en la mochila que traía con él, pero no encontró lo que deseaba— demonios, debí haberlo olvidado en mi cuarto, iré por él, ¿está bien?
—¿Eh? Greco, no tienes que darme nada, no te preocupes —contestó sonriente.
—No es gran cosa, sólo unos dulces. Ya vuelvo, ya vuelvo —salió casi corriendo del cuarto.
Killua se quedó viendo la puerta cerrada, estaba embobado en sus pensamientos. Nunca se había preguntado hasta ese momento, qué clase de relación tenía con Greco. ¿Eran amigos? ¿Eran meros conocidos? No lo sabía, pero recordó las palabras de su hermano mayor, sabía que algo no iba para nada bien y menos si Greco le daba un regalo.
Illumi sabría que Greco le regaló algo y entonces tendría que terminar con esa relación, no podía permitir que el lazo continuara, sin importar si no entendía por qué estaba mal. Lo que mejor comprendía era que no le haría gracia a su hermano y ese gesto amable lo haría ver débil.
Comenzó a estresarse ante estos pensamientos. Por un lado sentía que su deber era romper con ese lazo hacia Greco, y otra parte dentro de él, sólo quería divertirse y seguir relajado con ese muchacho, sin importar nada. No quería fragmentar esa divertida relación, fueran o no amigos. Tan preocupado y desidioso estaba, que sólo una sensación anormal lo sacó de sus pensamientos, una comezón en su brazo izquierdo, un picor extraño y resbaloso comenzó a moverse debajo de la venda.
Al principio sólo observaba su brazo, atónito por la sensación. Luego llegó su amigo al cuarto y le llamó.
—Mira, aquí están los dulces que te decía… ¿Killua? —Pero él seguía analizando su brazo y se extrañó por su actitud— ¿estás bien?
—Creo que tengo algo debajo de la venda y está caminando en mi piel.
—¡Oh vaya! Déjame ver… —con mucho cuidado se acercó para observar detenidamente y tocar con delicadeza en busca de lo que fuera que tuviera dentro.
—Es ahí, ¿lo sientes?
—No, no hay nada Killua, debe ser tu imaginación.
La mirada del pequeño se llenó de terror cuando un resbaloso gusano apareció de entre la tela y seguido de ese aparecieron más, de diferentes tamaños y colores, que comenzaron a recorrer con lentitud su brazo, al grado que creía que llegarían hasta sus oídos y boca. Nunca antes se había sentido atemorizado por dichas alimañas hasta ese momento, en que no podía mover sus brazos para deshacerse de ellos.
—¡Gusanos! ¡Quítamelos! Quítalos, quítalos —estaba aterrorizado mientras veía aquellos asquerosos animales moviéndose en su brazo, y reparaba como algunos de ellos comenzaban a subir hacia su hombro.
—¿Qué gusanos? ¿De qué hablas?
—¿Estás ciego? Están en todo mi brazo, ayúdame, por favor, quítalos —comenzó a temblar, sin embargo, Greco no le respondía, se quedaba viendo con asombro al niño que parecía cada vez más alterado.
—Killua… —murmuró con preocupación.
Killua soltó un grito corto, no pudiendo resistir más y levantó su brazo derecho para comenzar a sacudirse desesperadamente los gusanos que caminaban por su piel— ¡ah no, no se van! —Los movía desesperadamente hasta que su miedo cambió a una reacción de sorpresa que detuvo todos sus movimientos— moví… moví mi brazo —miró su mano derecha y luego su izquierda. No había ningún rastro de gusanos en él, no había ni en el suelo, ni en la cama, simplemente habían desaparecido por completo.
—Te dije que no veía nada.
—No había nada, sólo era mi imaginación…
—Fue una alucinación Killua, no por eso quiere decir que fallaste…
—No es así, fallé, fallé, le fallé a mi hermano —su mente infantil no podía concebir una explicación que justificara su falta, para él no había disculpa alguna que pudiera considerar correcta, menos si había sido un efecto de su imaginación.
—Killua, si yo fuera Illumi entendería que no fue tu voluntad.
—…
De nuevo esa expresión de oscura soledad apareció en el rostro del niño. La misma que había visto cuando lo llevó a emergencias el día de la pelea y se preocupó, a pesar de que no había nada que pudiera hacer al respecto.
No intentó acercarse más al pequeño, dejó los dulces a un lado, y se quedó sentado en silencio, esperando a que él le dirigiera la palabra por su propia voluntad. Greco, que no tenía hermanos, y tampoco estaba capacitado para tratar con alguien con un problema tan complejo como el que tenía el niño de cabellos blancos, no supo qué más hacer.
A la mañana siguiente Killua estaba de mejor humor y prefirió no indagar más en el asunto, para no reabrir la herida y, con eso, ganarse la enemistad de su hermano mayor si es que lo veía en ese estado depresivo.
—¿Te ayudo con los dulces?
—Sí —Killua sonrió. Entonces vio en su sonrisa un brillo tácito de tristeza oculta.
Illumi llegó al anochecer. Greco se despidió en seguida que lo vio entrar, bajo la excusa de que iría a concretar una nueva pelea, ya que llevaba algunos días sin acción y quería ir antes de que cerraran las inscripciones del día.
—Antes de que te vayas, me gustaría que me dijeras una cosa Greco, si no te es mucha molestia —Illumi lo detuvo justo cuando estaba por cruzar la puerta.
—Claro, dime en qué puedo ayudarte.
—¿Cómo se portó Killua? ¿Movió su brazo derecho?
—… —Greco le dirigió una sonrisa a Killua, tratando de brindarle confianza— descuida, se portó muy bien. No movió su brazo derecho, por más que le insistieran. Él respetó su castigo, ¿verdad Killua?
—¿En verdad, Kil? —Fingió una expresión de sorpresa, aunque sabía de antemano que era una mentira. Killua era un niño todavía y por lo tanto no era precisamente bueno para mentir, aunque sí para ocultar cosas.
—S-sí, cumplí mi promesa.
— ¡Oh! Maravilloso, sabía que podía contar contigo Kil, que no me defraudarías. Entonces, puedes ya mover tu mano.
—Sí... gracias —y la alegría esperada no apareció.
Greco salió del cuarto antes de que pudiera terminar añadiendo detalles inexistentes de su mentira blanca. Sólo esperaba que Killua pudiera lidiar con la situación en lugar de echar todo a perder.
Illumi se dio la vuelta y se acercó hasta donde estaba el niño, que tenía la vista enfocada en las sábanas blancas de su cama.
—Kil, gracias por ser tan bueno y obediente conmigo —acarició sus cabellos, despeinándolos levemente; luego deslizó sus dedos por su dulce mejilla y levantó su rostro a lo que pequeño respondió regresando la mirada a su hermano— ahora puedo confiar en ti —despejó la frente de sus blancos cabellos y se inclinó para darle un suave beso en la frente, a lo que él reaccionó sobresaltándose, tratando de alejarse de su hermano.
—¿Qué ocurre Kil? ¿Te lastimé?
—No, no… este… sólo… acabo de recordar que Greco me trajo dulces y aparté unos para ti, quería compartirlos contigo.
—¿Estás bien con eso? Fue un regalo, no deberías regalar lo que te dan a ti especialmente.
—No, no importa. Además quiero dártelos a ti —pese a que estaba dando un regalo, sonaba más como si se disculpara de algún modo— están aquí a mi derecha.
—Ah, entonces dámelos por ti mismo, ya puedes mover el brazo y no lo has hecho aún, ya es hora de que lo muevas, ¿no lo extrañabas?
Los azules ojos se llenaron de lágrimas y, una auténtica expresión de tristeza y arrepentimiento apareció en su pequeño rostro.
—No, no quiero moverlo, no merezco moverlo… lo siento, lo siento mucho hermano, yo tuve una alucinación, y creí tener gusanos, y-y… y terminé moviendo mi brazo derecho. Yo no quise fallarte, pero entré en pánico… —gimoteaba y sus palabras se entrecortaban con mucho dolor en su interior. No había resistido mantener una mentira a la persona que más admiraba en su mundo.
El joven Zoldyck no se sentía nada bien con ver a su hermano en ese estado. Quería abrazarlo y decirle que todo estaba bien, que no importaba lo que hubiera pasado, que él estaba ahí para protegerlo y consolarle. Quería seguir expresándole todo su cariño hasta que su hermano volviera a sonreír. Lamentablemente, tuvo que tragarse sus emociones y continuar con su papel.
—¿Me estás diciendo que cuando Greco dijo que no habías movido el brazo, no era verdad?
—Lo siento —no paraba de llorar— no quise hacerlo, lo siento.
—Me mentiste y lo hiciste en complicidad con Greco. Me mintieron de forma planeada y se burlaron de mí.
—¡No! No es así.
—Pero ahora Greco me cree un tonto porque acepté su mentira.
—No… no. Te lo ruego.
—Confiaste más en él que en mí… si me hubieras dicho la verdad desde el inicio yo te habría apoyado Kil. Lo que me duele es que me hayas avergonzado.
Killua explotó en llanto. Le dolía tanto en su corazón porque Illumi se había alejado de él y ahora se sentía la peor persona del mundo. Trataba de hablar, sin lograrlo; su voz se atoraba en su garganta y sólo podía emitir sonidos desesperados.
Illumi clavó sus uñas en sus palmas, apretando sus puños, mientras se enfocaba en creer su propia treta. En que de verdad estaba siendo "humillado" para poder continuar con su actuación. No obstante, por dentro moría de frustración por ver a su hermano en ese estado. Se dio la vuelta para no tener que soportar verlo y respiró hondo.
—No, aniki… no —suplicaba con mucha pena en su corazón— no te vayas, no, no…
—Ya no sé en qué creer… me iré a descansar. De todos modos, ya no estás castigado, así que podrás atenderte solo. Nos vemos mañana.
—No, no… aniki… —Illumi dio unos pasos acercándose a la salida, cuando la voz del pequeño lo detuvo— fue Greco, fue él…
La trampa había tenido más éxito de lo que esperaba. Lo sabía de antemano, conocía el corazón noble de Killua, que continuaba siendo demasiado inocente como para caer y creer en todo lo que su hermano mayor le decía.
—¿Él, qué?
—Yo, yo no te iba a mentir pero luego Greco dijo eso y yo me asusté. Lo siento, ¡lo siento tanto! Yo quisiera que confiaras en mí, no sé qué hacer. Soy un tonto.
—… mañana hablamos.
Illumi no se quedó ahí. Se sentó afuera del cuarto, recargado contra la puerta mientras que ahí se dio permiso de expresar su tristeza, apretando la tela de su playera. Puso su cabeza contra sus rodillas y se quedó así hasta que se durmió, cuando el llanto de Killua se detuvo y se convenció de que se había quedado dormido de tanto llorar.
Muy temprano despertó de un sobresalto, y recordó que debía ir a su cuarto a cambiarse de ropa antes de ir a ver a su hermano para que el impacto visual tuviera un efecto en su mente. Si lo veía vestido aun con eso, lo más seguro es que Killua volvería a sentirse derrotado y no era lo que requería, necesitaba que el niño sintiera esperanza y deseos de recuperar su confianza para así avanzar más en su mente.
Regresó un par de horas más tarde, cuando era la hora del almuerzo del menor. Y lo vio cabizbajo, con la bandeja de comida frente a él, inmóvil.
—Kil, se va a enfriar la comida.
—No tengo hambre…
—Come.
—Pero…
—Es una orden.
—…
El albino alzó la mirada hacia los ojos negros del mayor, se notaba que había dormido poco y descansado mal su cuerpo, probablemente había tenido pesadillas y albergaba un remordimiento tal que Illumi se arrepintió por completo de todo lo que había hecho. De nuevo estaba perdiendo frente a ese peliblanco que estaba lleno de emociones sinceras y sin maldad.
—No lo hagas Kil —se acercó a él y lo atrajo a su pecho, abrazándolo un poco brusco por su falta de control— no estés triste…
Las lágrimas del niño volvieron a surgir— te fallé, y no sólo eso, sino que te lastimé. No puedo simplemente ignorarlo, tú has sido siempre tan bueno conmigo.
—Ya, ya pasó. Te perdono Kil. Está bien, no estés triste.
—¿Cómo puedes ser tan bueno conmigo después de todo? —Pero Killua no podía parar de llorar.
Tragó saliva. Él estaba consciente de que lo que estaba haciendo era todo, menos ser bueno con su hermano menor. Estaba siendo un verdugo, un horrible monstruo usando sus sentimientos para ponerlo en contra de sí mismo y poder dominarlo. Enfocó su energía, mientras se maldecía internamente, recordándose que lo hacía por el bienestar de la familia y la protección de Killua. Nadie en el mundo lo protegería más que Illumi mismo.
—No llores, mira… ya te perdoné —se sentó junto a él para limpiar sus lágrimas y regalarle una sonrisa.
—Me duele mucho la cabeza… —murmuró tallándose los ojos.
—Come —tomó su mano derecha y la abrió para depositar ahí la cuchara, como indicándole que podía mover su mano. Killua comprendió el gesto y continuó moviéndose— Kil, la verdad estuve pensando más en lo que pasó ayer…
—Lo siento…
—Tranquilo. Me gustaría que notaras una cosa. Anoche me dijiste que fue una alucinación lo que te ocurrió.
—Sí, veía gusanos que salían de mi brazo izquierdo.
Illumi se sorprendió del increíble esfuerzo que había tenido que hacer el cerebro del infante para cumplir la orden dejada en su inconsciente. Recurriendo a algo tan poderoso como una alucinación tan vívida, así alterarlo y forzarlo a moverse.
—¿Greco estaba contigo?
—Sí.
—¿Y no te ayudó?
—Pues…
—¿No te movió para sacarte del trance?
—No… pero, es que Greco no sabía lo que me ocurría. Él no podía ver lo que yo.
—¿Y por eso se quedó quieto mientras te veía sufrir?
—… —de cierta manera Illumi tenía algo de razón, más sólo era porque estaba tergiversando la situación de modo que notara la maldad del otro chico.
—Además, me dijiste que tú no querías mentirme y que Greco te obligó a hacerlo.
Killua trataba de expresar algo que no podía, ni siquiera se imaginaba qué era lo que estaba mal en todo aquel análisis. Simplemente lo podía percibir aunque sin lograr atinar a lo que debía decir en su defensa.
—¿Te das cuenta hermano? Esta es la clase de cosas que papá y yo te queremos evitar. Tú no estás para esta clase de situaciones absurdas.
—Lo sé…
—Dejaré que tú mismo decidas lo que debes hacer, después de todo, ya eres lo suficientemente grande como para tomar tus decisiones por ti mismo.
—Sí —siguió comiendo aunque con poco ánimo. El mayor acarició su espalda, brindándole una sensación de seguridad, misma que necesitaba para tomar la decisión que estaba planeada para él. Luego de un momento, sintió que su menudo cuerpo se relajó y continuó comiendo, ya más tranquilo.
Desde pequeño, el albino fue muy dependiente emocionalmente de las personas que lo rodeaban; como no tenía misericordia cuando admitía tener miedo en algún entrenamiento o prueba, lo que hacía era luchar por congeniar con las personas que le rodeaban. No lo hacía por mal, lo hacía porque esa era la forma más inteligente de sobrellevar su problema. "Si no puedes contra ellos, úneteles", sólo que él, en lugar de unirse a ellos, lograba llevar a todos, a su causa de forma sutil. Por ejemplo, con sus mayordomos, él solía ser amable con ellos, aunque ellos se esforzaban por ser firmes en su entrenamiento, hasta que secretamente cedían. No en todos los casos accedían a suavizarse, y cuando era así, de igual modo lograba un avance en el trato que tuvieran.
Los días pasaron, y Greco no se apareció dado que había tenido una pelea que había ganado, no sin salir herido. El personal de la Torre evaluó que no sería bueno para su salud darle otra batalla más hasta que se recuperara. Por supuesto que esto Illumi se lo notificó a su hermano con el fin de calcular cuanta influencia tenía sobre él y así saber si requería más presión o ya podía pasar al siguiente nivel.
Bajo circunstancias comunes, Illumi se saltaría todo el procedimiento y simplemente tomaría el dominio de la mente de su víctima para realizar lo que sea que se había propuesto y luego matarlo piadosamente antes de que cayera en la locura y el terror de vivir sin tener control de nada en su vida.
En esta ocasión era Killua de quién se trataba, y a pesar de que le dolía, sabía que la noble naturaleza de su hermano le acarrearía muchas dificultades en su futuro como asesino.
Haría todo con la máxima cautela, lo protegería durante todo el proceso porque quería asegurarse que al menos él tuviera la oportunidad de volver del estado en que lo dejaría; que su mente pudiera recuperarse y superar cualquier trauma; le enseñaría a fortalecerse al tiempo que eliminaba su confianza para poder ingresar en su psique; haría lo que fuera, de forma rápida y luego no volver a tocar su mente jamás. Se lo había prometido a sí mismo, después de eso no volvería a hacerle algo así a su hermano aún si su padre se lo pedía con amenazas.
Se dio cuenta que Killua tenía culpa, estaba lleno de sensaciones de deudas y temores, y era una buena señal para él, porque significaba que tenía acceso a algunas partes que normalmente no podía acceder. No obstante, la culpa no era todo lo que necesitaba para completar su misión.
Durante la ausencia del Greco, el niño no habló de él, no preguntó por él ni siquiera respondió el mensaje que el muchacho le había enviado preguntando por la salud del peliblanco. Era como si Greco fuera un extraño ahora.
A todo esto Illumi sabía que lo hacía por su causa, porque no quería que él se sintiera mal por sostener comunicación con el molesto muchacho y no porque había admitido que el mayor tenía razón. Para llegar a ese punto aún faltaba camino.
Estructuró un nuevo plan para la siguiente fase. Hizo un rápido cálculo mental de lo que tenía que esperar para hacerlo porque no podía dejar pasar mucho tiempo como para que se recuperara de la culpa que sentía. Estimó que si se mantenía apartado –emocional y físicamente– de Killua, mostrándose poco afectivo lo mantendría en ese estado tal vez por tres días como máximo. Luego usaría la reaparición de Greco para retomar ese sentimiento junto a la sensación de incomodidad por tener que tratar con ambos al mismo tiempo. Nada podía salir mal, eso creía él.
Killua resintió mucho el cambio de su hermano, tanto que en momentos se esforzaba por llamar su atención en busca de recibir una respuesta positiva y trasferir su desesperación. Le tomaba de la mano, lo jalaba de la ropa e incluso llegó a hablarle por cualquier tontería, como preguntarle la hora cada cinco minutos. Obviamente a Illumi no le hacía gracia que lo jalaran y molestaran, así que tuvo que regañar en varias ocasiones a su hermano por esas actitudes.
—Esta es la última vez que te lo diré Killua, no tires de mí; estoy aquí junto a ti, no necesitas acercarme más.
—Lo siento…
Suspiro, no era la reacción que estaba esperando. Lo que en realidad creía que iba a suceder era que el niño se volvería más tímido, más reservado y esperaba ver una actitud de respeto provocado por la falta de confianza que generaba la culpa y, en lugar de eso, tenía a un niño que hacía todo lo posible por tratar de aferrarse a él y hacerlo sonreír con una actitud cariñosa y llena de bondad. Era la reacción menos favorable para él, aunque seguía siendo una reacción adecuada para lo que buscaba.
Obviamente, no le favorecía porque le hacía dudar de lo que hacía y tenía que luchar contra su voluntad para seguir avanzando.
—Mírame Kil, estoy siendo serio, ¿pido mucho cuando te digo que te comportes?
—No.
—¿Cuál es tu dificultad para respetarme?
—… —quería decirle "es que no estás cerca de mí, ya no te alejes", pero no podía, sentía que en el momento en que dijera algo así, Illumi lo vería débil y lo acusaría más por su actitud (cosa que no estaba tan lejos de la realidad)— no lo volveré a hacer…
—Bien.
Siguió practicando la meditación, tal y como su madre le había indicado -con la cadena puesta en su cuello- y una sensación del Nen rodeándolo. Tenía que agradecer que su Nen fuera manipulador porque de alguna manera se sincronizaba tan bien con aquél artefacto, que de momentos creía que era su propio Nen el que hacía todo aquello y no su concentración.
Para cuando Greco reapareció, la cosa volvió a ponerse tensa. Killua estaba desidioso entre lo que podía sentir Illumi y lo que podía sentir Greco. Se juzgaba no sólo por lo que había pasado con su hermano, sino que de cierto modo, sabía que había usado a Greco para ocultar su responsabilidad y librarse de la verdad. Por ello no se atrevía a ver a la cara a su amigo, que por más que intentó e intentó acercarse a él, notó que sería en vano. No se encontraba en buenas condiciones como para escucharle y supuso que entonces era algo más serio de lo que pensaba. Lamentablemente, Greco nunca se enteraría de lo que en realidad pasaba.
Unos días más pasaron e Illumi comenzó a sentir algo extraño. Podía jurar que en ocasiones percibía que algo lo seguía. Una mirada que muchas veces se quedaba fija sobre él por largo tiempo. Jamás lograba encontrar al causante, era como si estuviera tan lejos de él que no pudiera verlo, o como si hubiera encontrado la forma de hacerse invisible.
Las meditaciones se volvieron más complicadas por causa de esa mirada, lo hacían creer que sería atacado mientras se concentraba.
No había nadie. Hacía lo posible por convencerse de eso, por convencerse de que se trataba de su imaginación y fingía seguir como si nada, enfocar su energía en su hermano.
Killua comenzó a mover el brazo izquierdo después de que Greco regresara. La verdad era que se sentía falto de cariño y el hecho de que Greco estuviera ahí a pesar de que se mantenía un poco más callado de lo normal, lo hacía sentirse mejor. Mover el brazo izquierdo le ayudó mucho para cambiar su estado de ánimo. Estar dependiendo de los demás para moverse le resultaba muy incómodo.
Fue entonces que una noche, como una sombra, silencioso, se dirigió al cuarto del pequeño paciente. Una diminuta lamparilla pobremente aluzaba el cuarto y el pequeño dormía ya.
—Kil, despierta —habló con voz queda y lo agitó suavemente— despierta Kil, Kil…
—Mmm… —sus dulces ojos azules comenzaron a abrirse para enfocarse en su hermano. Estaba muy cansado por culpa de los excedidos medicamentos que era forzado a tomar— Illu-nii ¿qué ocurre?
—Necesito que hablemos libremente.
Inconscientemente dirigió sus ojos hacia las oscuras espirales que lo atrajeron a un estado profundo de vacío y vulnerabilidad. El cansancio no le había ayudado a sostener ni poco su voluntad.
—Killua, hay algo en tu cuarto.
—Hay muchas cosas en mi cuarto —habló pausadamente.
—Hay algo especialmente extraño en tu cuarto.
—¿Qué cosa?
—¿Qué cosa? —Contestó imitando la entonación de su voz.
—…
—Algo va a entrar a tu cuarto —dicho esto liberó al niño para dejarlo en la duda.
Lo siguiente que ocurriría, sería una reacción de acuerdo a la poca experiencia del peliblanco. Una incertidumbre que tendría que prolongar hasta que se debilitara y de esa forma, podría avanzar con el siguiente paso.
—Illu-nii, ¿eres tú?
—Sí, Kil —susurró— sólo venía a verte porque me pareció escuchar un ruido en tu cuarto, ¿estás bien?
—Estaba dormido, aniki —se quejó un poco—, pero estoy bien.
—Me alegra —ahora era turno de cambiar de nuevo su personalidad a una que les diera alivio a los dos. Volvió a tocar con suavidad esos blancos cabellos por un rato, y sin querer, lo arrullo con sus caricias. Le costó mucho trabajo despegarse de él. Hizo un esfuerzo casi sobrehumano para marcharse de ahí.
Tras varios días sintiéndose sólo y culpable, esa noche le pareció que durmió todo lo que los días anteriores no había podido. Su admirado hermano mayor había vuelto a darle ese amor que necesitaba tanto de él.
Hay que recordar que Killua para aquel entonces llevaba sus estudios escolares con su maestro privado, sus sesiones eran después del desayuno, y solían hacerse sin la presencia de su hermano, el cual se marchaba a hacer cualquier otra cosa que quisiera. Greco lo visitaba después de eso, y muchas veces coincidía con Illumi, que decidía si los dejaba o no, a solas. Cosa que no hacía seguido, por lo que a veces, las conversaciones privadas entre ambos niños tendían a cortarse y volverse difíciles de entender.
Pero después de ese día, Illumi dejó que pasaran más tiempo a solas. Eso por supuesto, confundió al peliblanco, dado que estaba seguro que su hermano había sido especialmente cariñoso unos días antes y esperaba que continuara estando cerca de él.
Illumi hizo cambiar las cortinas de su cuarto por unas cortinas de color morado oscuro, con la excusa de que no quería que le molestara tanto la luz del Sol. No sabía de dónde había sacado esa idea su hermano mayor, pero no lo puso en discusión porque no le pareció relevante, y lo tomó como un gesto de preocupación.
Ese color, más la rutina del día, comenzaron a hacerle sentir que estaba perdido. No tenía seguridad de la hora y constantemente volteaba a ver el reloj de su cuarto. De no ser por la visita de Greco y de su maestro, podía confundir las tres de la mañana con las tres de la tarde.
Esa sensación molesta, de confusión temporal, pronto se tornó pesada, pero no se animaba a hablarlo con Illumi, ya que su hermano volvía a ser el tipo bueno y amoroso por el que se había esforzado mucho en ganar y no quería decirle algo como, "hermano devuelve las cortinas como estaban, no me siento cómodo con ellas", porque sería parecido a decirle que su decisión había sido mala y lo haría sentir mal o eso creía él.
Un día, de la nada comenzó a preguntarse a dónde iba su hermano mayor cuando no estaba con él, notando que nunca antes le había preocupado esa cuestión. Y ahora sentía una necesidad por saberlo.
—¿Qué estará haciendo Illu-nii? —Preguntó abiertamente en presencia de Greco.
—No lo sé… debe pasear por la Torre o algo así, ¿no crees?
—En realidad no creo que pasee por ahí.
—¿Por qué no le preguntas?
—Sí, es una buena idea.
—Lo que yo me pregunto es por qué ahora nos deja estar solos. Creía que yo no le agradaba para como lo vi después de lo de tu castigo.
Era cierto, debía estar esperando a que Killua cortara esa relación y en lugar de eso había ignorado ese asunto y para colmo había esperado que Illumi, no sólo lo aceptara así, sino que también quería que volviera a ser cariñoso con él, aún y cuando él no hiciera nada por restaurar el daño. Había sido extremadamente egoísta con su hermano y en cambio Illumi de nuevo estaba siendo bueno con él.
Para el anochecer Illumi volvía a verlo, justo después de que Greco se fuera y entonces comenzaba con una revisión diaria de sus heridas. Los dos brazos ya estaban mucho mejor, el problema era que ambas piernas estaban fracturadas así que en ese punto sólo podía aplicar sus agujas para que sus músculos no perdieran la condición del entrenamiento al que estaba acostumbrado, sabía que incluso un descanso de una semana podía ser decisivo entre seguir con una buena rutina o no.
Después de aplicarle las agujas, y revisar su estado, comenzó a hacer algo que le producía un placer particular, ayudaba al menor a ponerse boca abajo y le daba un masaje.
Estar en una sola posición podía resultar terriblemente cansado. Aun si tuviera todas esas almohadas y un colchón especial, Killua necesitaba descansar de tener que estar así todo el día.
La razón por la que Illumi adoraba tanto darle ese masaje, era porque el de ojos azules se sentía mejor, podía verlo sonreír, podía tocar su blanca piel desnuda y escuchar esos inocentes sonidos de satisfacción que a veces, en su mente, podían sonar como otra cosa.
Con todo, Illumi luchó para no caer en la tentación de volver su fantasía una realidad. Se regañaba constantemente por pensar de ese modo, diciéndose cosas coherentes, como que era un niño, que él no podía hacerle eso a su hermano, que Killua dejaría de confiar en él, que sus papás lo matarían, que dañaría su mente y corazón por toda la eternidad; entonces, simplemente lo reservaba para la retorcida imaginación que tenía y de ahí, esperaba, jamás saliera.
La única cosa que lo ayudaba a aliviar esa tensión sexual, era cuando se sentaba junto a él al final de darle el masaje. Estando en su cama, dejaba que Killua se recargara sobre él, y solían conversar un poco sobre cualquier trivialidad o asunto que ocurriera. Incluso hablaban de las cosas de la familia, de sus inconformidades individuales, sobre todo le platicaba de sus experiencias como asesino para enriquecerle la mente. Después de un corto rato de conversación, recordaba que se trataba de su hermano menor y se le pasaba cualquier sensación importuna que pudiera sentir.
—¿A dónde vas en las mañanas? —Ya había pasado el masaje y Killua se encontraba acostado de lado, con su cabeza sobre las piernas de Illumi, mientras jugueteaba con sus dedos, usando su mano como si fuera un muñeco que lo hacía caminar sobre las rodillas de su hermano mayor.
—¿A dónde voy? No, no voy a ninguna parte me quedo en mi cuarto —contuvo un poco la risa por las cosquillas que le producían los pequeños dedos en sus piernas.
—¿Qué haces ahí? —su mano brincó de una rodilla a otra y los reflejos de Illumi lo hicieron evitar el cosquilleo siguiente, girando un poco su pierna para que no pusiera sus dedos sobre algún área sensible.
—Dormir.
—¿Dormir? —Gritó el peliblanco y detuvo la mano-juguete de su recorrido— ¿Cómo puedes dormir tantas horas?
—¿Es mucho? Que mal, en realidad me gusta dormir.
—Aniki…
—Dime.
—Eres raro…
Illumi levantó una ceja, ese niño lo estaba llamado raro, cuando todos en casa lo eran. Otra cosa era que él no se había dado cuenta de la realidad.
—Aniki, ¿después qué haces? Cuando vienes a verme y dejas a Greco aquí.
—Practico y preparo las agujas para ti. A veces voy a la ciudad a comprar material.
—¿No te molesta... que Greco esté aquí?
—Tú sabes la respuesta.
No le gustó que contestara eso porque le recordaba cuan egoísta estaba siendo. A pesar de todo Illumi no le pediría que hiciera algo más, tenía que ser su decisión el cortar el lazo con Greco.
—Si Greco ya no viniera, ¿tú estarías aquí conmigo desde temprano?
—Hoy has hecho muchas preguntas, Kil, será mejor que me vaya. Te veré mañana.
—Pero…
—Kil, no pasa nada, no importa… igual vendré si algo raro ocurre.
—Sí… —dejó que sus dedos caminaran un poco más hasta que Illumi sutilmente se quitó de su sitio, despidiéndose antes de salir de su cuarto.
La noche comenzó a volverse tormentosa. Killua solía despertar muchas veces entre sueños, preguntándose si era ya de día o no. Ese reloj sólo lo engañaba, quería un reloj nuevo, uno que mostrara las veinticuatro horas completas y no ese de doce; era pesado. Fue entonces que un pensamiento, sin motivo previo alguno, lo asaltó.
"Hay algo en mi cuarto".
Miró a su alrededor, buscando lo que fuera que estuviera ahí.
—No hay nada… —trató de convencerse. Llevaba ya tiempo en ese cuarto y no había notado algo extraño ahí, en lo absoluto.
Esta vez, debido a que su hermano le había asegurado que iría si algo raro pasaba, se quedó extrañado— ¿por qué Illu-nii dijo que vendría si algo raro ocurría? No hay nada raro que pueda ocurrir.
Y tal vez sí, o tal vez no tenía razón, comenzó a examinar en su memoria algo que no estuviera antes. Algo que hubiera debido parecerle extraño, pero que en su momento no lo tomó a mal. Y la mente comenzó a crear su historia.
Había una marca en la pared que no había visto antes, o probablemente sí la había visto. Tenía la forma de un puño apoyado y se asombró; tal vez no podía pararse a ver de cerca la marca, pero la reconocía, era un puño. Si llevaba días ahí y no había notado ese puño era porque algo había ocurrido mientras dormía o eso comenzó a creer.
Buscó más rastros en su cuarto, y dio con una marca más, como de algo filoso que había sido clavado en la puerta de un closet que se encontraba cerca. Y entró en estado de alerta.
"¿Qué está pasando?"
Se preocupó y vio la hora de nuevo, eran las 3:30, debía ser de noche porque no había nadie en su cuarto.
Cerró los ojos y se quedó dormido otro rato más. Despertó porque creyó escuchar un ruido, no sabía si dentro o fuera de su cuarto. Para cómo veía las cosas, eso era lo de menos. Volvió a buscar a su alrededor, y esta vez no encontró nada, sólo el puño y la marca en la madera. Era todo.
Miró hacia la puerta.
Se consideraba indefenso, si alguien lo atacaba en ese estado no tendría mucha oportunidad para reaccionar y ni siquiera estaba seguro de si Illumi estaba cerca o no. Deseaba que Illumi entrara y entonces le asegurara que todo estaba bien, pero si le decía que se sentía así seguramente se burlaría de él por hacerle caso a su imaginación. Respiró hondo, cerró los ojos y trató de dormir.
Debo felicitarme a mi mismo por acabar decentemente un capítulo.
Como ven, ya escribí mucho y sigo pensando que este capítulo está algo loco. Illumi me controló todo el tiempo.
Quiero agradecer a Luna Mikk y a Marjorieayamekuran por hacer las debidas correcciones en mi capítulo.
¡Bienvenida seas Naruko-neko! Y gracias a todos por seguir leyendo.
Killua minamoto: Creo que ya más o menos, en este capítulo te das una idea de lo que va a pasar en esa linda~ relación que tenían. Y sí, pienso que Silva tiene que estar bien loco, más aún como para casarse con Kikyo *LOL* Sobre Alluka, lo siento, yo lo veo como un transgénero, pero ya es cuestión de cómo se interprete a ese adorable personaje. En mi historia, es de vital importancia que Alluka haya nacido hombre, luego verás por qué. Muchas gracias por tú maravilloso mensaje :)
Susubaru: Me reí tanto cuando leí tu mensaje xD (por la risa de inicio), verás... Killua es un hermoso bebé de seis añitos, y con apenas conocimiento de peleas, está entrenado sí, pero la escena donde Killua le cuenta a Gon que tardó 2 años en llegar al piso 200, me hizo pensar que de inicio no era precisamente el super peleador que todos conocemos. Para que llegue a ese punto, aún falta un rato. Ojalá te haya parecido bien este capítulo. Mil gracias por escribirme.
Los veré el 7 de agosto. El mes de agosto es de mala suerte para mí, espero, que este año no me ataque de nuevo.
