Bill cambiaba las flores marchitas, como cada día, mirando de vez en cuando de reojo a Will, quien se encontraba mirando al techo, con aspecto lúgubre.

-¿Por qué crees que mueren tan rápido? -preguntó de la nada el enfermo en apenas un susurro.

-Puede que te vean triste y quieran hacerte compañía -habló el rubio tirando las flores marchitas. Casi tan muertas como su hermano.

-O puede que me quieran acompañar en la muerte -añadió, pesimista.

Aunque Bill se obliga a a pensar que las flores absorbían la muerte que se cernía sobre el azulado, alargando su tiempo juntos, pero también su dolor.