Disclaimer: Harry Potter pertenece a JK Rowling y esta historia a DictionaryWrites.

Capítulo 3

Harry entra a zancadas a la sala común de Slytherin, y se mete entre os dos prefectos que intentan detenerlo y preguntarle si está bien; su rostro está de un rojo vivo y simplemente no puede superar la completa humillación que lo envuelve. Apenas siente enojo, sólo se siente enfermo y avergonzado y triste.

Había defendido a Ron Weasley cuando Malfoy había insultado el aspecto de sus libros de segunda mano, y Ron sólo le había escupido que no necesitaba que una serpiente venenosa lo defendiese. Bueno, Harry sabe exactamente cómo manejar esta situación.

Querida Señora Weasley,

No sabe su primer nombre, pero eso no importa, no realmente. No necesita su nombre de pila, y usar su primer nombre sólo lo haría parecer mayor de lo que era. Quiere que piense de él como un jovencito, joven y vulnerable.

Lamento si esta carta la molesta, pero sólo quería darle las gracias por darme tanta ayuda en la Plataforma Nueve y Tres Cuartos hace unas semanas, cuando estaba de camino a Hogwarts por primera vez. Estaba realmente perdido, para ser honesto, como no tenía experiencia en el mundo mágico y nadie me dio instrucciones para encontrar la plataforma (fui criado por mi tía y mi tío, quienes son muggles y no aprueban la magia), y sólo quería decir cuán agradecido estoy apropiadamente.

Es desafortunadamente triste que su hijo, Ron, y yo no seremos amigos ahora, como ha tomado muy mal que haya sido seleccionado en Slytherin y ha hecho obvio que no quiere hablarme ahora, pero no quería que eso afectara que le diera las gracias.

¡Así que muchas gracias, Señora Weasley! Fui muy afortunado de encontrarme con una de las brujas más amables en la estación de trenes.

Sinceramente,

Harry James Potter

Hace ademán de enrollar el pergamino y enviarlo, pero deja caer su botella de tinta y la toma al mismo tiempo que se esparce en el fondo de la página. Murmura irritadamente, pero entonces, pensándolo mejor, toma su pluma de nuevo.

PD: Lo lamento por las manchas de tinta. Aún me estoy acostumbrando a usar tinta y pluma.

Mira su desastrosa caligrafía sobre la página, y sonríe burlonamente con una satisfacción casi amarga. Harry no es un chico cruel, no como regla, y no quiere herir a Ron, pero quiere algo que lo haga pensar dos veces acerca de actuar tan horrible. En realidad no quiere ser malo, no quiere insultarlo ni nada.

—¿Estás bien, Potter? —el tono de la Prefecta Lanjwani en realidad no da lugar para discutir, y está de pie en el umbral del dormitorio que comparte con Draco, sus brazos cruzados sobre su pecho y su expresión algo estricta.

—Sí, sí, Afifa, estoy bien —Lanjwani frunce el ceño hacia él, su bonita frente arrugándose y mostrando arrugas, y Harry añade —. Lo estoy resolviendo, lo prometo. Iría hacia ti si necesitara ayuda.

Esto, ella acepta, y da un simple asentimiento, retrocediendo hacia el pasillo. Harry seca la tinta del pergamino con un encantamiento; el pequeño libro de encantamientos tenía casi cien hechizos, y uno de los más fáciles de aprender era uno simple para secar tinta. Harry desea que Wingardium Leviosa fuese tan fácil, pero no es tan afortunado. Enrolla su pieza de pergamino, atándola, y hace su camino hacia afuera.

Empieza a caminar fuera de la sala común, arriba hasta las mazmorras y hacia la estancia principal, pero es ahí cuando es detenido, dos Weasley más apareciendo frente a él. Harry se congela, mirando entre Fred y George, y su mano va hacia su varita sacándola de su bolsillo; extraño, cuán rápido eso se había convertido en un instinto.

Ni siquiera sabe algún maleficio aún, pero supone que siempre podría usar un hechizo limpiador contra ellos. A los zapatos de George le vendría bien una pulida.

—Oh, mira eso, George —ambos están sonriendo de forma burlona, y Harry mira entre ellos de la misma manera apresurada en la que solía mirar a Dudley y sus amigos cuando lo tenían arrinconado, pero ellos son mayores; Harry no cree que escapar le haría mucho bien.

—Oh, lo sé, Fred. De repente no es muy amigable, ¿no lo crees? —George tutea.

—Cualquiera pensaría que querríamos lastimarlo —Fred Weasley está sonriendo ante la idea, y Harry mira al espejado escudo de la armadura a su derecha, pero no hay otros Slytherin tras de él. La estancia está, desafortunadamente, vacía, y los gemelos están entre él y la entrada al Gran Comedor.

—Vosotros sí lastimáis a los Slytherins.

—¿Lastimar? De ninguna manera. La ocasional broma por aquí y por allá…

—Un chiste o dos…

—Sólo unas risas…

—No quiero una risa, sólo quiero ir a la lechucería.

—¿Estás enviando una carta a tu familia? —el rostro de George es más suave que el de su hermano mientras hace la pregunta, su sonrisa burlona reemplazada por una sonrisa más amable, más cálida. Harry duda: puede mentir, y tal vez e George sentimental lo dejará pasar, o puede decirle la verdad, y tal vez estarán muy asustados para dejarlo ir. Ella es su madre también.

—En realidad estoy enviando una carta a tu madre. Sólo quiero agradecerle por la ayuda en la plataforma, pero supongo que puedo añadir un proscrito sobre vosotros dos —George luce tan horrorizado como Harry había esperado, pero Fred sonríe.

—Pequeño bastardo escurridizo —Fred Weasley proclama, como si fuera el mejor cumplido que pudiese dar, y con una reverencia, sin lucir en lo más mínimo intimidado, se mueve hacia un lado. George toma un paso similar, pero luego dice:

—No íbamos a intentarlo, por cierto, Potter. Sólo queríamos saber si las serpientes te habían corrompido.

—Parece que sí —Fred dice, aparentemente satisfecho con la nefaria amenaza de Harry de escribir a su madre. Qué extraño. Harry baja su varita lentamente, y la guarda en su bolsillo si antes, con un momento de cautela, ofrecer una pequeña sonrisa.

—Me parece que de todas maneras me hubieseis corrompido si hubiese quedado en Gryffindor.

—Nos ha descubierto, ¿no, Fred?

—Parece que lo ha hecho, George. Es más astuto que el pequeño Ronnie, de todas maneras —Fred dice de acuerdo, y añade —. Es mejor si le decimos a Ginny sobre esto. Tal vez dejará de estar tan asombrada de él.

—¿Asombrada? —Harry repite, algo incómodo, pero ambos sólo le dan sonrisas idénticas.

—Te veremos por ahí, Potter.

—Dile a mamá que recogeremos ese inodoro.

Harry se ríe a pesar de todo, y mira a los dos chicos mayores alejarse, dirigiéndose a los terrenos.

—Así que, ¿qué crees que haya en el tercer piso, Hermione?

—¿Qué? —Harry está de mejor humor cuando se sienta con su amiga Gryffindor en la biblioteca, y ella lo mira, evidentemente incómoda ante su pregunta.

—Ya sabes, el tercer piso. ¿Qué crees que sea?

—No importa —viene la firme insistencia, terca y particular —. Está fuera de alcance, y es peligroso. Oíste lo que Dumbledore dijo.

—¿Pero no quieres saber?

—¡Nos podría matar, Harry! O peor, hacer que nos expulsen.

—¿Qué ocurre si son libros, Hermione? ¿Libros complicados a los que a nadie se ha permitido leer por años de años?

El fantasma de curiosidad en sus facciones dura sólo una fracción de segundo. —Sólo hagamos el ensayo de Herbología, Harry.

Harry se rinde y levanta su pluma; sólo lo había estado considerando luego de escuchar a algunos de los de sexto año discutir sobre póker mágico en la sala común. No es que de verdad quiera saber, no lo suficiente para en verdad ir a observar, pero tiene curiosidad. Y su mente, trabajando como lo hace, alterna entre el arrugado paquete marrón que Harry había recogido de la Bóveda Setecientos Trece, el marrón paquete arrugado por el que alguien había entrado a Gringotts a robar.

Harry le sonríe a Hedwig cuando ella viene hacia el en el desayuno esa mañana, y acaricia su pecho con dos nudillos mientras observa la carta.

—¿De quién es eso, Potter?

—Molly Weasley —Harry contesta distraídamente, e ignora la risa de Malfoy mientras sus ojos escanean la página, notando el primer nombre de la mujer al fondo en una intrincada y apresurada caligrafía.

Querido Harry,

Oh, ¡bendito seas por ser un jovencito tan considerado! Le dije a mi esposo, Arthur, que habías sido tan increíblemente amable en la estación, ¡y cómo estoy segura de que crecerás para hacerte encantador! ¡Lamento mucho oír sobre la grosería de Ronald, y sólo quiero asegurarme d que supieras que no criamos a nuestros hijos para ser groseros con nadie basado en algo tan insignificante como su casa de Hogwarts!

Harry duda de que eso sea completamente verdad, pero no va a señalar eso cuando le escriba de vuelta.

Estaré hablando con Ronald, y sólo quiero asegurarte, Harry, que un chico tan amable como tú siempre será bienvenido en nuestra casa, y si alguna vez quieres escribirme por cualquier cosa, ¡no dudes en hacerlo!

Sinceramente,

Molly Weasley

PD: Asegúrate de comer bastante, Harry. ¡Te veías tan flaco en la estación!

Es una mujer buena, la Señora Weasley. Harry puede prácticamente sentir la maternidad radiando de la ´página del pergamino, y sonríe un poco después de todo. Seguirá escribiéndole, piensa; ella es tan amable, y Harry no puede evitar tener un sentimiento cálido sobre la idea de alguien preocupándose por él. Nunca nadie se ha preocupado por él antes, sin contar los Dursley preocupándose de que la esté pasando demasiado bien en la escuela.

—¿Por qué querrías escribirle a esa mujer, Harry? —él y Draco están en términos de primer nombre ahora. Harry le sonríe burlonamente, y se siente algo culpable por haber usado a la Señora Weasley para esto; señala. Una cansada lechuza, de aspecto gris y viejo vuela cansinamente dentro del comedor. En sus talones, rojo escarlata y exactamente como la foto que Harry había visto en Una Introducción al Mundo Mágico.

Como uno solo, los labios de los otros Slytherin de primer año se abren, y sus ojos como platos. Toma poco más de unos segundos antes del primer, duro "RONALD WEASLEY, ¡¿CÓMO PUEDES SER TAN CRUEL?!" hace un eco a través del salón.

Ron Weasley corre del Gran Comedor con la carta abierta frente a él mientras la Señora Weasley chila sobre lo inapropiado de ser malo con un niño de padres muertos, y, mientras es vergonzoso que un salón lleno de gente escuche como su madre se preocupa sobre él, vale la pena al ver cuán rojo el rostro de Ron está.

—Bien hecho, Potter —la mano de Afifa Lanjwani está en su hombro, y la culpabilidad de Harry, pequeña y presionando contra su estómago, se desvanece, reemplazada con un sentimiento de orgullo mientras ella le sonríe con sorna —. Eso debería enseñaros a todos vosotros lo que una carta puede hacer.

Sus palabras se quedan en la mente de Harry mientras ella camina haca otra parte, y él frunce el ceño un poco, pensativo, y mira la carta de Molly Weasley en su mano. Las cartas pueden hacer muchas cosas, de verdad.