Perdón por la tardanza (unas horas más de lo esperado), como les comenté, Agosto no es mi mes.

¿Les gustan los giros inesperados en las historias? Porque aquí viene el primer gran giro, a mí me emociona, pero estoy seguro que habrá quienes piensen que esta historia va para mal *suspiro* ¡Denle una oportunidad!

Segunda parte.

Sin embargo, el homunculus vegetaba en el mundo glacial, infructuoso y rígido de la razón, que carecía de aquella sabiduría que se encuentra más allá del nivel astral y este lado del nivel mental, sumido en el reino de las «tinieblas exteriores». No podía hallar un punto de conexión en ningún lugar, no podía echar el ancla en ningún lugar. Estaba seco por completo y era insensible como sólo puede estarlo y serlo un sofisma vacío. El placer no lo estimulaba y estaba exento de toda emoción.

-El león rojo, Mária Szepes-

Capítulo 8

Ya iba en la tercera semana desde que su madre le había entregado la misteriosa cadena y ahora la mirada que lo perseguía, pasó a ser exclusivamente una sensación rara que aprendió a ignorar. Después de todo, si le atacaban él sabía exactamente cómo defenderse, él no era un oponente sencillo.

Durante una noche, una sombra le habló entre sueños. Tenía la forma de un hombre, no podía ver su cuerpo ni su cara, lo vio caminar detrás de él durante el sueño; escuchó que le hablaba por su nombre «Illumi, Illumi, ¿qué deseas?», le decía. Despertó de un sobresalto, sintiendo esa mirada nuevamente, y buscó sin éxito.

—¡Aniki! —Escuchó el grito de Killua, no era un grito de miedo, más bien era un llamado.

Desde que le había dicho que su habitación estaba justo al frente, el niño le hablaba a cualquier hora. Sabía que la razón por la que lo hacía, era a causa de lo que había introducido en su mente.

Los últimos días se le veía paranoico, pero no decía qué era lo que lo mantenía así. Parecía como si estuviera en estado de alerta, preguntándose si de verdad estaba solo o no.

Illumi analizaba sus reacciones y podía empatizar un poco con él, debido a que también estaba siendo acosado por algo, una cosa semejante a una sombra masculina que lo llamaba constantemente y no le daba buena espina.

—¿Qué ocurre, Kil? —Se detuvo recargado en el marco de la puerta.

—Perdón si te desperté… quería saber si podrías quedarte esta tarde conmigo.

Greco había vuelto a pelear, por lo tanto se había ausentado, posiblemente esta vez lo haría por más tiempo, -lo cual era totalmente conveniente para sus planes-. Era más sencillo mantener en estado de incertidumbre a su hermano si no tenía a alguien de confianza cerca de él. Eso implicaba que de nuevo tendría que alejarse de él, aunque no del modo emocional, si no físico.

—Claro que sí, después de todo, mañana tendré que regresar a la casa.

—No, no vayas… —pidió de la forma más infantil que pudo.

—No seas mimado, mamá me pidió un favor y voy a ir a verla.

Killua se sentía nervioso porque se marchara, no quería estar solo y tampoco quería decirle el motivo a su hermano. Lo que no sabía era que sin importar si le decía sus miedos o no, Illumi buscaría cualquier excusa para abandonarlo.

Al día siguiente partió, no sin antes presentársele otro incidente más fuerte los anteriores. Otra vez había despertado en medio de un sueño inquietante, sólo que esta vez la sombra estaba flotando sobre él, una sombra delineada, sin rostro. El pulso del pelinegro se aceleró y por un momento su respiración se volvió inestable.

«Puedo saber tus deseos, puedo entender tus secretos. Tú eres yo y yo soy tú». De alguna manera infrahumana, escuchó que la sombra hablaba y entonces se desvanecía ante sus ojos.

No iba a mentir, tuvo miedo, un temor que no podía comprender. En ese instante tuvo la seguridad de que su madre era la única persona a que sabía lo que le estaba ocurriendo, debía verla lo más pronto posible.

Se marchó entre sutiles ruegos de Killua para quedarse. Internamente se sentía fatal, sin energías, odiaba debilitar a su hermano, odiaba tener que hacerle todo eso con tal de asegurarse de que siempre estuviera a salvo. Le aseveró que volvería en cinco días, que sólo tenía que estar así poco tiempo y que cuando volviera, mandaría a poner una cama junto a la suya para que se sintiera menos preocupado.

Su casa estaba hecha prácticamente un desastre cuando llegó y no precisamente por suciedad o tiradero, sino porque la tensión en casa había empeorado. Podía ver en los mayordomos un temor que rondaba por todas partes. Se preguntó si su mamá seguía matando a los mayordomos por experimentación o si había ocurrido algo más.

—Deberías ir a la habitación de tu padre —sugirió Zeno cuando lo encontró en el camino a su habitación— hay asuntos que debes saber.

—Sí, en seguida iré, gracias abuelo.

Su madre y su padre se encontraban ahí adentro, sentados frente a un púber Milluki que estaba de rodillas pidiendo perdón a sus padres.

—¿Estás consciente de que lo que hiciste pudo haber afectado nuestra reputación, Milluki?

—Sí, lo siento mamá, lo siento.

—Somos asesinos, entiendo que tengas tendencia a matar, pero tienes que aprender a hacerlo por ti mismo, no usando a tu hermano menor (al que apenas estamos entendiendo) para que lo haga por ti…

Entró a la habitación y saludó cordialmente. Milluki levantó la mirada con asombro, todos notaron algo extraño en Illumi, como un aura a su alrededor que no lo dejaba verse como una persona normal.

—Illumi… ¿Estás bien?

—Sí, papá, ¿qué ocurre?

Nadie habló del extraño cambio que veían en él, tenían otro asunto qué atender.

—Milluki uso el poder de Alluka para matar a alguien. Como se ha negado a salir de casa, uso a Alluka y creyó que no nos daríamos cuenta si sacrificaba a un par de extraños…

—Ay Milluki, no deberías ser tan perezoso.

—Era un turista que se encontraba tomando fotos. Lo importante aquí es que al instante murieron tres personas, no sabemos si murieron más, y tampoco sabemos el motivo.

—¿Qué no eran sólo dos sacrificios los que se debían hacer?

—Sí, hasta ayer… hijo, ¿podrían encargarse ustedes dos en averiguar si hubo más muertes?

—Claro que sí padre —contestó él— vamos Milluki, tenemos trabajo por hacer.

El chico se levantó del suelo y corrió detrás de su hermano mayor.

—Kikyo… Illumi está cambiando de nuevo.

—Lo sé, también lo he notado, ¿no es maravilloso?

—En realidad no estoy seguro de ello. Sólo espero que esta vez sea para bien.

Ambos hermanos se dirigieron al cuarto de vigilancia, donde estaban las herramientas de Milluki. Ahí podían realizar la investigación sobre el señor que había muerto por el efecto de Alluka. Podía ser que en Internet encontraran rastros del hombre y de ahí simplemente darían las órdenes para revisar los sitios que el tipo frecuentaba y dar con más muertes.

—Milluki, ¿qué fue lo que pasó?

—Sabes que no quiero salir, y papá no me quiere comprar una computadora nueva hasta que vaya a hacer algún trabajo.

—No me refiero a eso, sino con el turista, ¿hubo algo extraño en las peticiones?

—Mm… no, hice mi petición como normalmente lo han hecho. Después de que mi deseo se cumplió, llevé a los niños a caminar hasta que nos encontramos con el turista y Alluka comenzó con sus "molestias". Le dije al hombre que era un juego de niños, que le respondiera que no y no hubo nada extraordinario… he visto como lo ha hecho mamá con los mayordomos, sé todo lo que ocurre y como ocurre, estoy seguro de que no hay diferencia.

—Tú siempre dices saberlo todo. Simplemente, piensa con más atención.

—Es en serio, ¿crees que querría ocultar algo? No quiero ni imaginar el castigo que me impondrían si llegara a ocultarles algo. Además, yo también tengo curiosidad.

Tomó una de las computadoras y en poco tiempo averiguaron un par de cosas sobre el tipo, tales como su ciudad de origen, lugar de trabajo, y detalles superficiales.

Los mayordomos se encargarían de sacar la información sobre la ubicación exacta de la casa del señor Muna, y de paso indagaría sobre las muertes ocurridas.

Y en seguida salió el mayor de los hermanos Zoldyck a revisar todo el rastro de aquella víctima, no esperaba demorarse demasiado.

Dar con el lugar de trabajo había sido cosa fácil, no era como si el hombre trabajara en una ciudad demasiado lejana a la montaña, le había tomado unas cuantas horas en llegar en dirigible. Y al pasar por el lugar notó que tendrían mucha gente a quién preguntar así que les tomó un poco más de tiempo para encontrar la información que requerían.

Después envió a algunos de sus mayordomos a indagar en la casa del señor Muna, que estaba sola, y ordenó que algunos se quedaran en espera de que ocurriera algo nuevo.

Se dio cuenta que no le tomaría unas cuantas horas averiguar todo, probablemente terminar con esa investigación le llevaría unos cuantos días, y su mamá lo estaba esperando. Dio instrucciones precisas de volver a indagar en el área de trabajo para encontrar algún otro familiar y que todo se le notificara a él, luego se regresó a casa, para hablar con su madre.


No se había equivocado, Kikyo estaba esperándolo furiosa por haberse demorado todo el día en regresar. Así que tuvo que soportar sus regaños por un largo rato.

—Saldremos de casa ahora, sé que estas en medio de lo que tu padre pidió, pero tenemos que darle prioridad a esto antes de que las cosas se tornen mal.

—¿De qué trata?

—Vamos, ya habrá tiempo de que lo sepas todo.

Se marcharon los dos, aparentemente a escondidas de todos. Eso fue lo que pensó porque ninguno del servicio de su madre iba a acompañarles y ni siquiera le habían notificado correctamente a Silva de su salida.

Su madre luego le dijo que era algo que había reservado para él y que era de vital importancia que Silva no se enterara de nada, que ella le había dicho a su marido que tenía curiosidad sobre el caso del señor Muna y que le había pedido a Illumi que la llevara con él.

Apenas salieron de casa, nuevamente rechazaron el servicio de los mayordomos, Illumi conduciría siguiendo las instrucciones de Kikyo.

Así lo llevó entre el terreno de la montaña, aún más allá, donde todo se volvía más verde y silencioso, no iban a una ciudad, iban por un estrecho camino a través del bosque, cruzaron por montones de árboles a unas diez horas de camino, hasta llegar a un punto donde la mujer le indició que bajarían del auto y caminarían entre la naturaleza.

Llegaron hasta un sendero claro, en un terreno en el que parecía que había pintura amarilla en el suelo. En algunos puntos podía ver una franja amarilla ya desgastada, oculta entre las plantas y la tierra, como si en algún punto del pasado ese lugar hubiera sido usado como un camino hacía algún lugar.

Illumi observó que llegaban hasta una cascada, y su madre agitó la mano, una brisa hizo temblar los árboles y una cueva apareció detrás del agua que caía. Dieron un gran salto y se introdujeron a ella. El camino amarillo parecía terminar ahí.

—¿De nuevo vienes a nosotros? ¿A qué has venido? —Resonó un eco en el interior de la cavidad.

Era una voz masculina que salía del fondo de la oscuridad, y percibió una presencia extraña que no se mostraba. Con todo, su madre no parecía asustada, ni siquiera en guardia, confió en que ella sabía lo que hacía y se mantuvo alerta por si algo extraño ocurría.

—He tenido un progreso —tomó a su hijo por el brazo como señalándolo.

—¿Un varón?

—Mi primogénito.

—Sigue siendo un hombre, no has tenido más que hombres Kikyo, estás maldita.

—¡No es así! El Y (*)… ya no me odia, me ha perdonado.

—Si es así, entonces, ¿dónde está tu hija para ofrecerla al Y?

—No tendré más hijos…

Escuchó un murmullo en el aire. Esperaba que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad y pronto se dio cuenta que no importaba qué tanto se acostumbraran, la oscuridad era tan profunda que ni así vería lo que estaba a su alrededor.

—Entren, los dos. Iremos a la mesa Kikyo, asegúrate de que no se pierda.

—Dame la mano Illumi —inmediatamente obedeció— si te pierdes aquí, jamás volverás.

Dio unos cuantos pasos, y la oscuridad se volvió terrorífica, sólo sentía la mano de su madre estirándolo hacia dentro, ni siquiera podía escuchar pasos o algún eco en su interior. Era como si se hubiera perdido en la nada. Ahora entendía que su madre hablaba seriamente cuando decía que nunca volvería. Apretó con más fuerza la mano de su madre, preocupado por perderla, quería estar seguro que estaba tomando su mano y no que la hubiera extraviado en el trayecto y lo que sostenía era alguna otra cosa.

—¿Mamá?

—Ya casi llegamos Illumi, aguarda un poco.

Una tenue luz apareció de entre la nada y se dirigieron hacia ella. Fueron conducidos a un espacio en la cueva, un lugar bien arreglado y lujoso, con una gran mesa de madera que estaba ubicada al centro del lugar, y candelabros alumbraban por doquier. Diversas figuras adornaban el recinto con símbolos conocidos, que solía usar su mamá, y otros símbolos que jamás había visto en su vida.

—¿Kikyo? ¿Eres tú?

—Soy yo, Geppetto.

—¿A qué has vuelto mi niña? ¿No querías ser libre ya? —el tal Geppetto parecía ser un afable anciano con ropas modestas. Una gran sonrisa paternal adornaba su rostro.

—Dice que ha tenido un progreso —Illumi reconoció la voz del hombre que anteriormente les había recibido y se giró para verle. Era un hombre elegante, con un traje completamente negro con cuello estilo mao y afelpado en las mangas, un cinto de tela oscura se ceñía en su cintura y destacaba su gran sombrero negro, también afelpado. Era demasiado extravagante y sin embargo, una figura llamativa.

Otras dos voces más sonaron al fondo, un par de murmullos de personas que se encontraban ocultas tras unos pilares, pero no alcanzó a divisar lo que había ahí. De cualquier modo, su madre no parecía interesada en ello.

—¿Ya tienes una hija? —Una tercera voz surgió, un hombre igual de extravagante que el otro estaba ahí, con ropas coloridas; el cabello largo, rizado y desordenado, le daba un toque de locura a su aspecto.

—Galileo… —dijo con sorpresa Kikyo— he continuado mis trabajos e investigaciones, y conseguí un progreso diferente.

—Pregunté si tienes una hija y a menos que este muchacho que está contigo en realidad sea una mujer, entonces no creeré en tu supuesto progreso.

—Primero tendrás que escuchar lo que tengo que decir y entonces optarán por creer o no.

—Así es, comienza a hablar —interrumpió otro de los hombres.

Tomaron asiento en la mesa. Illumi estaba totalmente impresionado por lo que veía. Era como un santuario tenebroso y en el centro de la mesa había una bola de cristal que parecía estar llena de humo. Se sentía fuera de lugar porque no lucía como la gente que estaba ahí, su madre incluso traía uno de sus clásicos vestidos que la hacían parecer como de otra época. Y él estaba ahí, sin nada especial, aparente.

—Hasta donde recuerdo tu cuarto hijo ya quedó resuelto.

Illumi volteó a ver a su madre, esperando una explicación, pero la mujer sólo le sonrió en respuesta.

—Illumi no debe saber —murmuró.

—¡¿Illumi?! ¿Llamaste a tu hijo de ese modo? ¡Vaya ironía! —expuso con sorpresa, el hombre del traje negro.

—Ay mi señor Barón, lo hice para honrarlos a todos.

—Comienza a hablar de tu "progreso", Kikyo, cariño —el amable anciano volvió a hablar.

—Me había quedado con sólo la mitad y me rechazaba, no me dejaba estar en paz, ni podía dormir ya. He sufrido muchas penas por su causa y "él". Para colmo. "Él" no soportaba ya a mi marido, no me quería ni a diez centímetros de él, ¿qué clase de esposa sería yo si obedeciera al Y en algo así?

—Es tu responsabilidad, atente a las consecuencias —replicó Galileo.

—Entonces empecé a hablar con "él". Traté de llegar a un acuerdo, y que me dejara vivir en paz, hice el ritual, el fuego violeta me dio la santidad para realizar mi voluntad. Illumi había sido elegido por él desde el momento en que nació.

—Te dije que te alejaras de esos rituales, no te dirán la verdad completa para que los obedezcas. No podrás negarte a nada. —Continuó el hombre de traje negro.

—Para bien o para mal, ya lo hice.

Murmullos de asombro sonaron, los tres hombres se vieron entre ellos con horror. Kikyo se puso de pie y descubrió el cuello de su hijo, donde estaba esa cadena junto al camafeo con la Y inscrita en él. Illumi dio un sobresalto ante la acción de su madre, podía jurar que ella estaba volviéndose loca.

—Galileo, Barón —habló el anciano— me llevaré a Kikyo. Ustedes quédense aquí con el pequeño Illumi, seguramente este adorable jovencito tiene muchas preguntas ahora y ustedes tienen que darle orientación.

—Con el Barón bastará, —refutó Galileo— no quiero tener nada con el Y, yo iré contigo y Kikyo… también tengo cosas que hacer allá.

—De acuerdo, yo me quedaré con Illumi.

La mujer atónita fue arrastrada entre gritos desesperados. Illumi no podía moverse, ni siquiera sabía por qué; su voluntad era quedarse, mientras que su razonamiento le decía que ayudara a su madre. Estaba desconcertado ante tal situación, entonces entendió que había una fuerza superior ahí, -que él no podía alcanzar aún- y contra la que no podría luchar, que era mejor rendirse.

—Estamos a solas Illumi, quédate en tu asiento, mírame —ordenó el Barón. Illumi no se puso de pie, pero tampoco volteó a ver al hombre, por si había algún truco de hipnosis o algo por el estilo que él bien conocía.

—¿Quiénes son ustedes?

—Suenas como un niño perdido.

—¿Quiénes son…?

—¿Por qué traes puesto eso en el cuello?

Lo arrancó de un tirón y se lo extendió para ofrecérselo. Supuso que si todo el escándalo era sólo por una estúpida cadena, entonces simplemente se desharía de ella y listo. Pero el Barón retrocedió horrorizado por la acción.

—¡No acerques esa cosa a mí!

Illumi atrajo de vuelta su mano y guardó el collar en la bolsa de su suéter— mamá me lo dio, me dijo que realizara meditaciones por una hora al día, con él puesto.

—¿Y qué te ha pasado?

—Esto no puede funcionar así, necesito respuestas también. Además tú pareces conocerlo mejor que yo, tú deberías saber, ¿no?

—¿Eres hombre o eres mujer? —Pero el hombre parecía aferrado a no responder su pregunta.

—Todo este tiempo ustedes me han llamado hombre, ¿por qué dudas ahora de mi género?

—Sólo dilo con tu boca.

—Soy hombre. —Rodó los ojos, con fastidio.

—Definitivamente lo eres. Dime, Illumi, ¿has sentido algo extraño con ese collar?

De pronto todo tuvo sentido: la voz, la sombra, la mirada que lo seguía; después de todo no eran efecto de su imaginación y estrés por estar dañando a su hermano, sino que en verdad había algo más ahí, tal vez en ese objeto; una entidad que estaba apareciendo frente a él. Sin embargo, no quería responder, no estaba seguro si era correcto o no dar alguna respuesta.

—Illumi, no dudes en decirlo. Después de todo, nada de lo que yo haga o diga puede ser peor que lo que ya han hecho en ti.

Y entonces entendió que su madre no le diría nada, que el momento de las respuestas estaba ahí frente a sus ojos y debía aprovecharlo.

—Al principio creía que alguien me observaba…

—Porque así era, alguien te observaba.

—Creí que era alguien a mí alrededor…

—En realidad provenía de ti. Prosigue.

—Luego empecé a oír una voz.

—Aclaremos esto, ¿era de hombre?

Pese a que el hombre se la pasaba interrumpiendo quiso esforzarse por seguir respondiendo—. Sí.

—¿Puedes verlo?

—Mm… lo único que veo es una sombra, como de un hombre, pero es una sombra que me habla.

—Es tu propia sombra, eres tú mismo.

—Eso mismo me dijo él, que éramos uno mismo ahora.

—Ya está hecho, sin lugar a dudas —El hombre dio un rodeo a la mesa y se sentó justo frente al muchacho.

—Pero sigo sin entender qué es esto.

—Por muchos siglos el hombre ha aprendido a manejar el Nen de su cuerpo, «una energía poderosa que le ayuda a obtener habilidades especiales que sobrepasan el entendimiento humano». Todo aquello lo comprendes con tu mente y tu cuerpo. Sin embargo, te has puesto a indagar ¿cómo es que ese Nen, que es como una fuerza invisible, exista? Si existe eso invisible, ¿no habrá otras cosas igual de invisibles y poderosas en el mundo? En realidad es así, nosotros fuimos guiados a la luz para comprender este origen, a dar vida al mismo Nen y así obtener poderes aún más útiles que cualquier otro ser humano pudiera tener. Tu madre, hasta hace poco poseía ese objeto, con la Y adentro.

El hombre continuó hablando sobre cómo su madre había obtenido ese camafeo, que ella había cometido un gran pecado al traspasar su deber como portadora a él. Simples detalles que Illumi necesitaba saber en ese momento, pero no le habló de toda la verdad porque Illumi ya no era apto para escucharla, si la escuchaba él, también la escucharía «el hombre de la Y», eso era precisamente lo que tenían que evitar. Al menos comprendió que portaba un espíritu hecho de Nen.

—Ese espíritu que posees puede hacerte favores. Te dará más comprensión, sabiduría y poder, y además te ayudará en tus objetivos. Puede ser un amuleto de la buena suerte si haya en ti la luz que necesita. El punto es que ya está atado a tu alma y con el paso del tiempo será una simbiosis perfecta.

—Esto suena a una gran locura, no te creería de no ser porque yo mismo lo he visto y oído.

—De cualquier modo… no entró en ti sólo porque sí… ese hombre se alimenta de deseos. Debió ver en ti una gran ambición, algo que le atrajera por el reto que representa para él. ¿Hay algo en tu corazón que deseas más que a nada en el mundo? —tal vez porque en el momento hablaban con calma y el Zoldyck no lucía como un tipo trastornado, creyó que trataría con algo más común, de un adolescente normal. Había demasiadas cosas que Illumi podía responder en ese momento; cosas como dinero, fama, éxito, mujeres, entre otras más.

—Yo… yo soy un asesino, no necesito desear nada.

—Vamos, vamos, que eso te lo puede creer tu mamá y tu papá, pero si esta entidad entró en tu Nen, es porque hay algo que deseas.

Hubo un silencio prolongado, Illumi buscaba las palabras para decir lo que quería, sin encontrar la forma de hacerlo.

—Hay una cosa, pero no es así como un deseo…

—Eso es suficiente, dila. Tu madre no está aquí, y te aseguro que de este sitio no saldrá tu secreto.

Illumi se concentró y comenzó a hablar, no sabía si hablaba por su propia voluntad o si algo lo estaba impulsando a hacerlo— cuando era pequeño, fui enseñado a ser el líder de la familia, pero por alguna razón fui desplazado por mi hermano menor —el Barón suspiró, creyó que seguramente se trataba de un puesto familiar, un asunto sencillo— yo prácticamente he criado a Killua desde que era un bebé, creo que he pasado más tiempo junto a él, que papá y mamá.

—Oh bueno, problemas familiares, nada del otro mundo, ¿eh?

—No es eso. —Remarcó— fui obligado a entrenarlo, a pesar de que él me había desplazado… entonces… yo…

—¿Quieres recuperar tu posición?

—Antes eso deseaba. Ya no. Descubrí que Killua es más apto que yo para eso. Él realmente sabe cómo tener el liderazgo.

—¿Entonces, cuál es tu deseo?

—Yo simplemente lo quiero a él. Sé que suena ridículo, es sólo que yo he estado con él todo este tiempo, mi esfuerzo ha sido sobre él, yo debería tenerlo, debería ser mío.

El Barón se quitó el sombrero y lo puso sobre la mesa. ¿Había cometido un gran error al preguntarle tal deseo? No, no había forma de que él averiguara la respuesta de Illumi antes de que él la pronunciara. Había sido una fatídica coincidencia. Ahora el espíritu que habitaba en su Nen tendría ese conocimiento, sabría de qué deseo se estaba alimentando y ese deseo se intensificaría con el tiempo y se volvería una terrible obsesión, una codicia descontrolada.

El monstruo de la Y se ataría a su alma, aumentando su deseo, volviéndolo un cazador de su meta. Había posibilidad de que este le brindara energía e inteligencia para obtenerlo si es que él lo veía conveniente. Aquella criatura era desconocida por todos y podría resultar desde una gran bendición para su portador, hasta su ruina absoluta.

De todas las cosas que el joven Zoldyck podía desear, deseaba algo que la naturaleza le negaría por completo. Esa era la ambición que el hombre de la Y sintió cuando Illumi comenzó sus meditaciones, aquel deseo que le serviría de motor para continuar su existencia.

—Puede que hayas hecho todo eso por tu hermano, porque tus padres te lo impusieron, eso no te hace acreedor de ese derecho.

—Nadie se preocupa más por él de lo que yo lo hago. Nadie lo cuida más que yo, ni lo entiende mejor que yo. Y además él… me da algo que no pienso dejar que nadie más me dé.

—Tengo miedo a preguntar… sin embargo, tal vez deba saberlo porque en el futuro podría servir, ¿qué es eso que él te da?

—Amor —sentía que una energía poderosa lo estaba cubriendo y lo forzaba a hablar.

—¿Kikyo y Silva no te dan amor?

—… —al fin luchó por cerrar la boca.

—Siempre dije que los Zoldyck estaban locos. Cuando Kikyo fue a dar a sus vidas, las cosas se pusieron peor.

—¿Alguna otra cosa que deba saber? —Indagó el muchacho, antes de que el hombre comenzara a delirar.

—Sí, aléjate de tu hermano, podrías estar a tiempo de salvarlo.

—Me niego.

—Perfecto, entonces todos pueden irse al maldito demonio, ¿sabes qué? Olvídalo, déjate dominar por el espíritu de la Y, y quédate con Killua para ti solito que al fin de cuentas tu hermano no siente ni piensa, y no le importará estar atado a ti el resto de su vida.

—No hay por qué exagerar. Sólo quiero que sea un gran asesino, y quiero que sea feliz.

—Eso dices ahora. —Rezongó fastidiado— yo hablaba muy en serio. En fin…

—Perdón que los interrumpa —entró Geppetto seguido de Galileo, que sostenía en brazos a una inconsciente Kikyo.

—¿Terminaron el ritual? —Preguntó el extravagante Barón.

—Sí, ella ya está lista, ya no podrá intervenir más en el asunto de la Y.

—Illumi… Illumi —comenzó a murmurar Kikyo y la colocaron sobre la mesa, recostada boca arriba. Ella estiró su mano para tocar el rostro de su hijo— ¿dónde está mi hijo?

—Para Illumi ya es muy tarde. El hombre está atado a su corazón —aclaró el Barón.

—Es el hombre… yo me cuidaría más de la mujer, pero el hombre será un castigo para su portador. ¡Oh Kikyo! Al menos déjame darle una bendición salomónica a tu niño —murmuró con zozobra el anciano.

—Yo voto por esa bendición, y de paso una protección para él. Para que si un día logra dominar al hombre, vuelva con su corazón intacto —añadió Galileo y se dirigió hacia un armario, abrió las grandes puertas de madera y sacó de ahí unas velas blancas, una brocha y un plato hondo repleto de aceite.

—Illumi —le habló el Barón— déjalo ir, piensa en otro deseo.

—No, eso es lo que más deseo. No le haré daño, tampoco intervendré en su vida ni le estorbaré, me conformo con estar junto a él siempre que se pueda.

—Eso dices ahora, insisto.

Los demás no entendieron de lo que hablaban, y tampoco iban a preguntar. Solicitaron a muchacho que desnudara su torso y así proceder con la bendición. Lo siguiente que vio Illumi fue un hombre cubierto de pies a cabeza, trazando con carbón los círculos de Honorius.

—ALPHA, OMEGA, ELY, ELOTHE… —escuchó un susurro y vio que los hombres se acercaban alumbrando el suelo con las velas.

—Entra al símbolo.

Illumi obedeció, viendo como su madre con tristeza le ordenaba que hiciera caso a lo que los hombres le indicaban.

Después de eso, para él todo se volvió niebla, no supo qué más ocurrió, sino que despertó aun de pie en el círculo. Sentía como si toda su energía hubiera sido drenada y cayó de rodillas, sosteniéndose con sus dos manos para no golpearse la cabeza. Inmediatamente le socorrieron, lo levantaron y recostaron en la mesa donde antes había estado su madre. Luego vio que ella estaba ahora de pie, junto a los hombres y sostenía su mano con fuerza.

—Ya pasó, pronto estarás bien —le consoló Kikyo, y él dudó que sus palabras fueran ciertas.

—No está ni cerca de estar bien, pero al menos el espíritu de la Y no podrá simplemente librarse de tu hijo, necesitará mucho esfuerzo para hacerlo… esperemos que haya bondad en él, tratándose de un niño que fue criado como un asesino —el Barón hablaba.

—Para eso tiene a Killua, él le enseñará la bondad, ¿verdad Illumi?

—Te odio Kikyo, eres la peor aberración de esta sala. Juro que si un día puedo, libraré a tu hijo del castigo que le has impuesto y luego te buscaré y te sacaré lo ojos para que no lo vuelvas a ver en tu vida —terminó por decir, mientras que Galileo y Geppetto continuaban animando a Illumi a reaccionar.

Illumi siguió débil por más tiempo. Tanto así que Kikyo tuvo que llevarlo en su espalda, cargándolo por todo el recorrido desde la cascada hasta el auto, donde ella misma condujo de regreso. Se sentía intranquila sobre la explicación que daría si vieran a su hijo en ese estado.

—Hombre de la Y, sé que estás ahí y me podrías escuchar si así lo desearas… si quieres continuar con tu voluntad, tendrás que sacar a Illumi de esta situación.

—¿Mamá? ¿Por qué le hablas?

—Oh, no te preocupes hijo, tu mamá estará a cargo ahora.

Cuando Kikyo se bajó del carro, se quedó de pie, esperando que un milagro ocurriera y no tuviera que dar alguna explicación sobre lo que pasaba. Los guardias de la puerta la recibieron y ella les contestó el saludo secamente. De pronto, ocurrió su milagro, Illumi bajó del auto y caminó silenciosamente hasta la puerta de la montaña, sin hablar ni voltear a ver a nadie, y entró tras las pesadas puertas. La mujer lo siguió de cerca, notando en seguida que quien estaba dirigiendo el camino, no era solamente Illumi, era el espíritu de la Y, y por primera vez en muchos años ella tuvo auténtico miedo.

Le había entregado a ese espíritu de Nen, a su primogénito, un muchacho inteligente, atractivo y talentoso, que además dominaba técnicas de control mental y físico; que era fuerte y tenía cierto control sobre la familia. Se dio cuenta que le había dado al espíritu, una terrible arma contra la que nadie querría enfrentarse.

—¿Cuál es el deseo de Illumi? —Le preguntó poco antes de llegar hasta la mansión.

—No te lo diré, y no vuelvas a preguntar.

Ella lo guio hasta la habitación de su hijo, donde el espíritu lo soltó e Illumi volvió a caer al suelo, inconsciente. Su madre lo recostó en la cama y se sentó junto a él para simular que ellos estaban hablando del asunto del turista.

No pasó mucho tiempo cuando el celular de Illumi comenzó a sonar, el muchacho despertó a tiempo para responder, pese a que sonaba débil su voz y apenas comenzaba a recobrar fuerzas.

—Illumi-sama, perdón que lo interrumpa, le hemos intentado localizar desde hace tiempo. La familia del señor Muna ha vuelto a la casa, estamos esperando a que usted venga para que los interrogue, ¿deberíamos ir a secuestrarlos mientras usted llega?

—Mmm… sí, está bien. Iré para allá en seguida.

Ni siquiera volteó a ver a su madre, salió de ahí. Kikyo entendió que estaba molesto con ella, no le quedó más remedio que tirarse sobre la cama vacía de su hijo a maldecirse. Ahora sólo le quedaban tres hijos puros.

Illumi llegó al lugar al amanecer del día siguiente, e hizo lo que tenía qué hacer. Con sus agujas consiguió la información que requería. El tal Muna, no era de muchos amigos, y las otras dos personas que viajaron con el turista aquél fatídico día, eran los únicos parientes cercanos que le quedaban, un hermano y un primo. Los que estaban en esa casa, la que alguna vez fue su hogar, en realidad eran familia de su esposa, que también falleció, ellos habían ido a la casa a ocuparla para que no estuviera sola.

Después de eso, por la tarde regresó al edificio donde trabajaba el hombre y recibió el reporte de que dos compañeros de trabajo habían muerto bajo las mismas circunstancias, y tras otra serie de investigaciones, se convencieron de que esos eran todos. Seis muertes en total.

Trató de relacionarlo con algún patrón en el pasado, y por más que lo intentó no le parecía encajar del todo. Se sentía muy estresado por los últimos sucesos en su vida, tenía que resolver el asunto del señor Muna, continuar con el proceso de Killua y para colmo, enfrentarse a un espíritu de Nen que, aunque no hacía más que aparecer en sueños, sabía que era peligroso y que posiblemente seguiría alimentándose de su deseo. Cosa que ni siquiera sabía si era buena o mala, no obstante, entendía que nada con esa descripción podía ser buena.

Sabía que no debía hablar del tema con nadie. De por sí su posición no era la de alguien de confianza, y con algo así merodeando por su cuerpo, no sería precisamente fácil resolver sus problemas.

Se dio cuenta que no podría cumplir su palabra con Killua y llamó al cuarto donde él estaba para darle la noticia.

—No, aniki, por favor… me dijiste que vendrías pronto —sonaba mucho más alterado que antes.

—Apenas han pasado tres días.

—No lo sé, ni siquiera entiendo si es de día o de noche, estoy confundido Illu-nii, ven por mí —sintió que algo en su interior se contraía y quiso mandar a la basura todo lo que estaba haciendo en ese momento para ir con su hermano, pero recordó que estaba así por su causa, que era natural que se sintiera paranoico bajo las condiciones en que lo tenía y que lo mejor era que continuara así hasta llegar a un límite nuevo donde pudiera tener más acceso a su voluntad.

—Lo siento, Kil. Volveré en cuanto pueda.

—¡Aniki!

—¿Sí?

—Al menos… si no puedes venir, llama más seguido, por favor…

Odiaba que él sonara tan mal. Odiaba más sentir ese amor que el niño le trasmitía y le hacía sentir vivo porque perdía el control y la voluntad. Podía volverse fácilmente su eterno esclavo si tan sólo su hermano supiera cómo controlarlo. Así que invertir un poco los papeles no le vendría a mal después de todo.

Probablemente casi una semana después. Milluki le dio la noticia del éxito en su trabajo como espía, el asunto de Kasuga tuvo frutos. Illumi al fin tuvo las pruebas que necesitaba para delatarla y estaba satisfecho de poder deshacerse de al menos una de las personas que estorbaban en su relación con su hermano, las cosas sucedieron mejor de lo que había deseado.

Sin embargo, otra situación igual de benéfica estaba por suceder. Mientras que Illumi y su madre trabajaban en otros asuntos y a Milluki le habían prohibido pedir otro deseo hasta nuevo aviso, Alluka había quedado al cuidado de los mayordomos, los cuales estaban en la decidía si contestar que sí o que no a sus infames peticiones. Así que nadie pudo evitar el momento en que Yasuha pidió su deseo de ser millonaria. Gran noticia para Illumi, sería un dos por uno, porque ahora tenía al sacrificio perfecto para Alluka.

Así que aprovechó la confusión del momento para conseguir el permiso y hacerse cargo de la chica sin que su padre y su abuelo sospecharan de su deseo de matarla. Illumi no perdió la oportunidad de experimentar y a la vez hacerse cargo de la mujer.

Estaba satisfecho, no sólo había conseguido lo que quería, si no que ahora que Alluka había resultado tener un poder de esa magnitud, estaba más interesado que antes sobre la condición del niño, o de la criatura que fuera, porque en su interior, así como ocurrió con sus padres, su abuelo y su hermano Milluki, Alluka había dejado de ser visto con buenos ojos.

Tuvo que atar cabos, y haciendo cuentas, había sido extremadamente peligroso haber puesto a Kasuga en esa situación, considerando que pudo haber muerto Killua y la familia completa si ellos hubieran pasado más tiempo con esa mujer. Aunque no era como si se fuera a arrepentir del todo, la había hecho pagar y eso estaba bien, al fin de cuentas no ocurrió nada de qué preocuparse.

Al día siguiente -por alguna razón que no se interesó en preguntar- su madre sugirió a Silva que mantuvieran a Alluka encerrada en una habitación, lejos de todos. Era la primera vez que veía que hacía algo por aquel niño, considerando que siempre cargaba con ella a Kalluto, y que dejaba el resto del trabajo a los mayordomos, creyó que quizá, al final de cuentas, Kikyo podía querer a esa criatura, y mantenerla con vida era lo mínimo que podía hacer para compensar su fallo como madre.

Kikyo también sugirió, aunque en privado, que Illumi no trabajara de cerca con Alluka. Si bien, él era un muchacho brillante y capaz de controlar cualquier cosa que se le impusiera - de ser era necesario-, dijo que no sería conveniente para la familia que un chico con sus deficiencias personales tuviera bajo su poder a una criatura como lo era Alluka. Tal vez y eso fue lo único bueno que había hecho hasta ahora Kikyo, porque de ese modo Illumi se mantendría lejos de su hermano y evitaría todos los riesgos que traía consigo, la presencia del mayor de los Zoldyck junto a un poderoso ser.

Después de haber arreglado todo lo que necesitaba, y haber escuchado las ordenes con respecto al cuarto hijo de los Zoldyck, Illumi se despidió y se marchó de vuelta a la Torre, donde Killua lo había estado esperando impacientemente desde hacía poco más de una semana.


Para Killua esos días habían sido una horrible pesadilla. Únicamente tenía la compañía de su maestro y las enfermeras que lo atendían, la vida era extremadamente rutinaria, de no ser porque las clases variaban y podía entretener su mente en algo diferente. Sin embargo, no quitaba la sensación de la pérdida de tiempo. Ya no sabía a qué hora dormía ni a qué hora despertaba, a veces soñaba con la misma rutina que tenía durante el día y comenzaba a dudar si estaba despierto o soñando.

Illumi sólo lo había llamado dos veces más, y habían sido llamadas muy cortas, apenas para saludarlo y avisarle que pronto iría. No le había bastado con eso para sentirse aliviado, sentía que Illumi también estaba formando parte de su pesadilla, al grado que empezó a dudar si él en realidad estaba en casa, o estaba espiándolo desde algún punto de su cuarto.

Añadiendo que aún no lograba averiguar de dónde había salido la marca del puño y las hendiduras de la madera del closet. Descubrió más marcas en el cuarto. Un pequeñísimo agujero en el techo, que bien podía ser una parte que faltaba cubrir con cemento, pero que arbitrariamente calificó como anormal; y unas manchas en el suelo, redondas que creyó no haber visto antes.

Para la noche que llegó Illumi, él había entrado en estado de pánico. Esa noche escuchó unos cuantos golpes provenientes de alguna otra habitación aledaña. Alguien estaba clavando algo en una pared y él comenzó a imaginarse lo peor, que la cosa que lo estaba acosando todo este tiempo, al fin iría por él y no había nadie para ayudarlo.

En su desesperación se tiró al suelo para esconderse y elaborar una estrategia para sobrevivir.

Lamentablemente en el momento que cayó al suelo Illumi entró para verlo.

—¿Qué haces ahí?

A-aniki.

Las lágrimas salieron. Había sido muy cansado para él estar así por tanto tiempo; había sufrido mucho en soledad, demasiada angustia para su joven corazón y ahora, su alivio estaba frente a sus ojos.

—Oh… ven aquí —Illumi lo tomó en sus brazos, cargándolo con cuidado para no lastimarlo y se sentó con él en sus piernas mientras el pequeño seguía sin poder controlar su llanto— ¿qué ocurre Kil? —Acarició sus cabellos y lo abrazó con suavidad. Killua se acomodó en su pecho y continuó sin responder.

Debía decir que su decisión de querer a su hermano para él, no cambiaría por nada. Estar así con él, era mejor que cualquier otra cosa que pudiera desear, así que no se arrepentía de haberle dicho al Barón que no se alejaría de su niño, aun si eso representaba alimentar al espíritu de Nen con su deseo, después de todo, no era un mal deseo. No le deseaba el mal a nadie ni estaba buscando la destrucción de nada, sólo quería que su hermano hiciera su sueño de ser líder de la familia y que le permitiera estar junto a él por siempre, quería ver esa linda sonrisa suya y acompañarlo en su camino como asesino.

—Te tardaste mucho —fue lo primero que escuchó.

—Lo siento, ya sabes que tu hermano mayor tiene muchas cosas por hacer… pero ya estoy aquí.

—¿Qué hora es?

—Ya es de noche, deberías estar dormido.

—Me despertó un ruido muy fuerte.

—Se descompuso el elevador e hicieron un arreglo de emergencia, ¿qué hacías en el suelo Kil? No puedes caminar aún, ¿te lastimaste?

—No vuelvas a irte, Illu-nii

—Ya pasó, ¿ves? No hay nada qué temer.

Sabía que si había un responsable de que el niño hubiera tratado de huir de su cuarto y de hacerlo sentir con una incertidumbre tal que no lograra controlar sus impulsos, era él. Aunque lamentara hacerlo pasar por esas situaciones, valía la pena porque al final podía sostenerlo en sus brazos y arrullarlo.

—¿Te quedarías a dormir conmigo?

—…

Quería responder que sí, y de hecho, su primer impulso fue aceptar. Al momento recordó lo que su pequeño hermano provocaba en él, no quería lastimarlo de ése modo; Killua era demasiado pequeño para experimentar esa clase de cosas y además, si sus padres se enteraban o si alguien más se enteraba, sabía que su castigo sería pasar el resto de su vida lejos de su adoración.

—Por favor, aniki. Dijiste que te quedarías aquí en el cuarto.

—Pero no han traído mi cama.

—Quédate aquí conmigo, sólo por hoy, ¿sí? Una vez nada más.

Tuvo que aceptar que de vez en cuando no sería malo pasar tiempo de calidad entre ambos. Acomodó a su hermano en la cama, asegurándose de hacer espacio para él y se recostaron frente a frente, de ese modo él podía ver su rostro para revisar los efectos del trauma que le estaba provocando.

Ojeras un poco marcadas, su piel lucía más pálida y se notaba que estaba comiendo mal, se había estado mordiendo los labios, podía verlo por las marcas rojas en ellos, además se notaba que se había estado mordiendo las uñas.

—Kil, mírate, te has descuidado mucho —acarició su mejilla.

Pero el pequeño ya estaba dormido.

Después de tantos días en estado de alerta, su cuerpo había, al fin, encontrado descanso.

Hay muchas cosas interesantes que se pueden aprender del pasado.

Gracias a Luna Mikk por sus correcciones. Gracias por seguir leyendo.