Límite entre la prefectura de Nagano y Tokio
Seiya detiene la Hummer frente a una cabaña.
Observa a Haruka. Después de devorarse la carne de soja salteada con albahaca, cayó rendida en los brazos de Morfeo durmiendo todo el trayecto.
El veterinario sonríe al ver su mano izquierda, La rubia no se movió cuando él detuvo un instante la camioneta en una gasolinera para colocarle el anillo de compromiso, hacer algunas compras y llenar el tanque de gasolina. Tampoco despertó cuatro kilómetros atrás, Seiya hizo una corta visita a la iglesia del pequeño pueblo para informarle al secretario del párroco que ya están allí.
Gracias a los favores de Akane, ha tenido una semana fructífera en la clínica con muchos pacientes, pudiendo hacer algunos gastos como el anillo. Le habría encantado comprarle un diamante, teniendo que conformarse con una piedra ámbar.
La mañana siguiente a la cena, le pidió a Marian que le buscara un lugar económico y a la vez hermoso en las afueras de Tokio para pasar el fin de semana, hallando ese pequeño paraíso que él visitó el miércoles por la mañana para reservarlo y hacer algunas diligencias.
Quiere brindarle a Haruka un fin de semana lejos de la presión de la enfermedad de su madre y su trabajo, además de darle la noche especial que toda virgen se merece. No se explica la razón, pero cada vez que la llamaba podía conocer su estado de ánimo con solo escuchar la voz.
Atendiendo a todos sus pacientes sin descanso ese día, varias veces estuvo tentado a llamarla solo para escuchar su voz. Sin embargo, Marian pasaba a los pacientes y sus dueños sin darle respiro.
Se sintió completo cuando tuvo a Haruka en sus brazos, regocijándose al saber que ella lo necesitaba de la misma manera que a él le hacía falta.
En ese instante, un movimiento llama su atención. Descendiendo de la Hummer, se acerca al anciano que sale de parte posterior de la cabaña.
-Buenas tardes, llegan tarde -Le dice el hombre de cabello cano y ojos hundidos.
-Lamento mi impuntualidad - Hace una cortés reverencia -¿Está todo lo que le pedí?
El anciano asiente.
-Cada artículo -Le entrega la factura -Solo alimento orgánico y carnes blancas según sus instrucciones. Las toallas y sábanas están en el armario del tocador -Indica el anciano -Sin televisión, radio o computadora como indicó -Abre la puerta corrediza -Las pantuflas están aquí, cuide de no manchar el piso. -le hace señas para que lo siga, llevándolo a la parte trasera de la cabaña -Si llueve o la noche enfría mucho, encienda este calentador de carbón y el interior será más confortable -Abre la portezuela mostrándole el interior.
-Le agradezco su ayuda -Inspeccionando el ambiente, Seiya saca su billetera y le entrega el monto estipulado en la factura.
-Si necesita algo más, no dude en buscarme – toma su bicicleta y se marcha.
Seiya vuelve a la camioneta por Haruka. La rubia respira pausadamente, Es la primera vez desde que la conoció que la ve relajada y sin preocupaciones. Toca su mejilla acariciando la suave piel. Inclinándose le desabrocha el cinturón.
-Haruka -La llama suavemente -Despierta preciosa.
La chica suspira perezosa antes de abrir los ojos enfocando sus verdes iris en la naturaleza que la rodea. Toma sus anteojos colocándoselos para cerciorarse que lo que observa es cierto.
Ella voltea a verlo, sonriendo ligeramente.
-Hola.
-Hola -Seiya le responde - Hemos llegado.
-¿Dónde estamos? -Toma su bolso y las rosas, voltea para buscar a su gato, recordando que está al cuidado de su madre. -Imagino que no es Tokio. -Observa los cerezos que comienzan a florecer. Esperará al día siguiente para observar mejor el lugar, se le ocurre que el comercial de jeans quedaría perfecto en esa locación.
-Te traje a un tratamiento antiestrés -La toma del codo dirigiéndola a la casa antes de regresar por las compras. -Y tienes razón, estamos en Nagano.
-¿No llegaremos tarde a la cita con tu madre? -Despojándose de las botas toma un par de pantuflas.
-Esta mañana le avisé a mamá que iremos el domingo porque mañana será nuestro -Nota que Haruka no se ha percatado del anillo en su anular. La imita en el calzado - ¿Qué te parece este lugar? -Coloca las compras sobre la cocina y va a quitarle las rosas a la chica.
Haruka estudia la humilde cabaña. Una cama matrimonial con dos mesas de noche y lámparas ocupan el fondo. La mesa tradicional baja rodeada de cojines para sentarse están en el centro el recinto, una pequeña cocina de dos estufas, un refrigerador y armario está a la derecha, la pequeña habitación a la izquierda está ocupada por una tina, lavamanos, retrete y gabinete, hace las funciones de tocador.
Sonriendo voltea a ver a su acompañante.
-Será toda una aventura -Le brinda una sonrisa.
-Pensé que te gustaría algo casi arcaico para desintoxicarte de tu rutina diaria.
-Tú si me comprendes -Se siena al borde de la cama -Hay días que me siento asfixiada y deseo escapar de todos. El saber que mamá está enferma... -Cierra los ojos -No quiero perderla, pienso tanto en eso que no duermo, empeorando mis nervios.
-¿Por eso te escuchabas tan mal cada vez que te llamaba?
-En parte. Su última ocurrencia, la de convertirnos en atracción de circo no ha mejorado mi estado de ánimo. -Baja la mirada hacia sus manos.
-¿Tienes hambre? -Seiya le pregunta dirigiéndose a la nevera.
La idea es relajarla, no verla llorar.
-Un poco -Admite acercándose a él - antes que me salvaras con la carne de soja, mi incomible almuerzo consistió en sal con pollo -Toma lechuga, pepino, alfalfa. Camina hacia el armario hallando miel y aceite de sésamo -¿Dónde están las cacerolas? -Se paraliza al ver su mano izquierda.
-Señorita -Seiya sonríe al verla desorientada. La toma por la cintura llevándola a la cama -Yo prepararé algo de comer mientras tú holgazaneas.
-Es...hermoso.
-¿Qué yo sepa cocinar?
La rubia le muestra la mano.
-El anillo -Mira los ojos azules -Es sencillo y sin embargo, tiene más valor que todos los diamantes del mundo. Representa la unión entre el cielo y la tierra -Sonríe al verlo confundido -¿Sabías que el ámbar es la piedra que representa el mes de mi nacimiento?
-No tenía idea -Reconoce el veterinario.
Haruka asiente pensando en como las cosas suceden como si ellos se conocieran a la perfección. Vuelve su mirada al anillo.
-Nuestro matrimonio no será por amor -No ve la expresión de dolor en él -Sabemos que nos casaremos anteponiendo la felicidad de mamá por sobre nosotros, tenerte aquí para hacer su último deseo realidad me hace admirar tu espíritu altruista y desinteresado.
Seiya siente que el corazón le da un vuelco en su pecho, las palabras de Haruka lo conmueven. Se arrodilla frente a ella despojándola de los anteojos.
-Si... -Se aclara la garganta -No quiero ver nuestra boda como un acuerdo de negocios, quiero que intentemos tener un matrimonio normal, que continuemos unidos aún después que suceda lo inevitable.
Ella dudosa lo mira, sabe que él se refiere a la muerte de Akane.
-¿Eso quieres? Tal vez conozcas a una mujer y... -Le cuesta decir que lo perderá.
Seiya niega con la cabeza.
-Por el hijo que tendremos quiero hacerlo -Sus palabras decepcionan a Haruka -Por tu madre, por nosotros. Deseo que nuestro hijo crezca con una familia que lo ama.
Haruka asiente silenciosa, dejándose abrazar. Ambos elevan una silenciosa oración desde sus corazones, en la que desean que su futuro sea bendecido...
.-
Tokio
Cine
-¿Dejé de pensar cómo vengarme de la Tenoh para ver esta basura de película? -Serena se queja con Mina al salir de la sala.
-¿Vengarte de ella? ¡Ya quisieras! -Su amiga se burla -Si lo que papá dice es cierto, Tenoh te comería de un bocado y luego te vomitaría.
-¡Pero ella me gritó y me llamó mocosa! -Aún le duele la llamada. Observa a Mina -Aunque lo hizo por tu culpa, grandísima majadera.
Mina ríe divertida.
-¿Qué harás? ¿Me rayarás la tarea? -Ironiza.
-Ya pensaré en algo -Sus ojos celestes brillan -Intenta no dormir profundamente -Le advierte. Voltea dispuesta a alejarse tropezando con un pecho musculoso -¡Ay! -Grita al sentir la fría gaseosa derramada en ella.
-Lo siento señorita... -El hombre de ojos azules guarda silencio al reconocerla.
La rubia gruñe haciendo una furiosa pataleta, su mayor defecto es actuar sin pensar y es lo que está a punto de hacer. Primero Tenoh le grita y hora este zopenco la moja.
-¡Claro que lo sentirás! -Le grita. Toma un vaso de la persona más cercana y se la arroja en el rostro al hombre -¡Mentecato!
-¡Darien! -La mujer que acompaña al hombre grita al sentir que le salpican gotas de la bebida -¡Mira lo que hizo esta mocosa! -Levanta la mano para golpear a Serena, recibiendo un fuerte empujón.
-Tocas a mi amiga y te arranco las extensiones teñidas, anciana anoréxica -Mina le advierte a la mujer.
-¿Cómo me llamaste? -Sorprendida la mujer da un paso atrás.
-¡Anoréxica! ¡horrorosa! ¡Escoba sin gracia! -Serena grita furiosa.
Gimiendo, la mujer voltea hacia Darien.
-¿Vas a dejar que me hable así?
Él se encoge de hombros mientras saca un pañuelo de su bolsillo.
-Mi soda -El jovencito dueño de la bebida se lamenta.
Observando a dos vigilantes que se acercan, Mina hala a su amiga.
-Hora de escapar. -le advierte.
Serena asiente y le entrega un billete al joven. Voltea a ver al causante del desastre.
-¡La próxima vez moja a tu madre! -Espeta tomando a Mina de la mano antes de correr.
Secando su rostro, Darien observa cómo las chicas desaparecen. La pequeña es una fierecilla muy atrevida que no se amilanó con su enorme tamaño.
-Esa mosquita muerta nos arruinó la salida -La mujer hace pucheros.
-Así es.. -no recuerda su nombre. Ignorando a los curiosos, observa su chaqueta de gabardina. -Es una lástima, espero que no se manche.
-¿Te preocupa más tu chaqueta? -Pregunta su acompañante. -Mira estas marcas en mi vestido.
Darien la observa analítico, no ve una gota de gaseosa en ella, pero se da cuenta que Serena tiene razón, su acompañante es alta, extremadamente delgada y con líneas de expresión alrededor de los ojos. No se compara con la belleza de la rubia peleonera.
-En ese caso te llevaré a tu casa.
-Pensé que me invitarías a tu penthouse -Coqueta sugiere.
Suspirando, Darien se dirige al estacionamiento pensando en la estrategia para librase de su compañía...
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Límite entre la prefectura de Nagano y Tokio
Después de la cena frugal, Seiya insistió a Haruka, dar una vuelta por la zona.
-¡Ya anocheció! -Se quejó ella al ser halada por la mano.
-Dijiste que te gustaban los deportes extremos -La sube al asiento del copiloto.
-Eso fue hace milenios -Responde tocando el lugar de su cadera donde tiene la cicatriz que prueba su torpeza.
Riendo por sus palabras, Seiya conduce en dirección al pueblo, deteniéndose frente a una pequeña y pulcra iglesia. Voltea hacia la rubia que, colocándose los anteojos, mira con curiosidad a su alrededor.
-¿Lista para una aventura extrema?
-¿A qué te refieres?
-Esta semana he estado pensando en la boda de mil invitados donde novecientos cincuenta serán desconocidos. -Se apoya sobre el volante mirando el frente.
-¿Y? -Haruka teme que él se retracte.
-Estoy aterrado -Confiesa muy serio.
-También estoy aterrorizada, pero no se que hacer para que mamá desista de su absurda idea de una majestuosa boda.
El veterinario dirige su mirada hacia ella.
-¿Esa es la razón de tu tensión? - Haruka asiente. Seiya vuelve a mirar al frente antes de abrir la puerta. -No se diga más -Rodea la Hummer para abrir la puerta de Haruka -Tengo la solución para librarnos de ese circo, el miércoles me tomé la libetad de hacerlo.
-¿Hacerlo? -ella pregunta expectante.
-Nos esperan -Es lo único que le dice.
-¿Quienes? ¿Por qué? -Haruka se impacienta.
Seiya aspira una bocanada de aire antes de arriesgarse.
-Nos casaremos hoy.
Haruka se paraliza.
-Hoy... -Jadea ella -Pero... -Aprieta y afloja sus puños.
Las entrañas se le encogen con el simple pensamiento de entrar como mujer soltera y libre, para salir casada y obediente.
El veterinario observa su comportamiento.
-Si no quieres casarte ya, nos apegaremos al plan de tu madre. -Le propone.
-No... -Susurra con un hilo de voz. Mira la puerta de la iglesia, le parece una fosa oscura. Comienza a hiperventilar y temblar.
Rápidamente, Seiya la toma de la cintura bajándola y apoyándola en el vehículo.
-Mírame -Le insta sin obtener resultados. Coloca sus palmas a los lados de la cabeza rubia -¡Mírame Haruka! -Le ordena. Ella obedece asustada -Respira suavemente. Inhala por la nariz, así -Respira pausadamente dirigiéndola. Temblorosa, Haruka lo emula -¿Tienes miedo? -Ella asiente -Rayos -La abraza observando que el sacerdote se acerca -Hagamos algo -Murmura -Entraremos, escucharemos silenciosos y tú solo dirás si en el instante que escuches tu nombre.
-No puedo...
El temor a que ella renuncie a cumplirle la última voluntad a su madre, es el detonante para que Seiya descubra sus sentimientos.
La única razón por la cual estuvo de acuerdo en los planes de Haruka, no fue por una madre con enfermedad terminal, tampoco porque es un altruista con corazón de pollo.
La razón por la que está allí planificando el comienzo del resto de su vida, es porque se enamoró de esa mujer en el instante en que la vio. Siente más fuerte la energía que se alojó en su pecho cuando la conoció. La aprieta más contra sí atesorando ese instante de descubrimiento.
-¿Quieres retractarte? -Ruega que su respuesta sea negativa.
Haruka se mantiene paralizada aferrándose a las solapas de su chaqueta.
-Buenas noches, es un gusto verlo nuevamente señor Kou -El cura sonriente los saluda, enseriándose al ver a la mujer -¿La señorita se siente mal?
-Estaré... bien... en... -Le tiembla tanto la mandíbula que no puede completar la oración.
-Padre Sanjō ¿Hay un lugar donde ella pueda sentarse? -Seiya le pregunta al sacerdote.
-Síganme a la sacristía -Les guía. Una vez dentro, Seiya intenta sentar a Haruka pero ella se aferra más fuertemente a él -Un poco de agua la ayudará -Dice el Padre Sanjō ofreciéndole un vaso a Haruka.
-Gracias -Seiya la acepta -Toma, bebe un poco de agua -Pero ella no se suelta.
El veterinario no sabe que hacer. Cuando Haruka le dijo que le teme al matrimonio, temor es insignificancia comparado con el terror que ella experimenta en ese instante.
-¿Aplazamos para mañana el enlace? - El Padre Sanjō pregunta, Haruka se mantiene silenciosa.
Seiya apela a la psicología como último recurso.
-Mi amor -Que bien se siente al llamarla así -piensa en la boda que está planeando tu madre, el vestido enorme, los ensayos que no la dejarán satisfecha, la cena prenupcial, la interminable lista de invitados, el pastel, te llevará por toda Tokio para elegir el salón de recepción, los regalos...
-¡Ya! -La rubia se separa de él, levantándose de inmediato -¡Vamos a casarnos ya!
Sale veloz hacia el altar. Seiya y el sacerdote ríen a su costa, la siguen conversando en voz baja.
-El día que vino a solicitar la licencia, no me dijo que su novia es muy graciosa.
-Lo olvidé -Seiya respira aliviado.
Una de las testigos arruga la nariz al ver las fachas de la rubia.
-Acompáñame querida -le pide señalando la salida.
Dudosa, Haruka mira a Seiya, él asiente. La observa desaparecer hacia la intemperie.
Nervioso se pasea por la nave central mientras el párroco prepara el altar.
-Siéntese señor Kou, sufrirá un desmayo si continúa dando vueltas -El segundo testigo le aconseja.
Seiya obedece en el acto.
Conversan sobre el pueblo. Los jóvenes nacidos allí emigran a Tokio, la taza de natalidad ha descendido, las personas viven de la agricultura, granjas avícolas, y ganado ovino.
-El veterinario más cercano vive a cuarenta y cinco kilómetros de aquí -Le dice el párroco -a veces debemos recurrir al doctor de humanos para que nos ayude, pero tampoco vive en el pueblo.
-Nuestros jóvenes son seducidos por la vida fácil y la tecnología de las ciudades, especialmente Tokio. Si seguimos así, el pueblo que nos vio nacer morirá -Lamenta el otro hombre. Un movimiento llama su atención haciendo que abra los ojos exageradamente -¡Santo cielo! -Exclama.
Seiya voltea admirando a la mujer parada en la puerta.
Haruka cambió su indumentaria por un vestido blanco que le llega sobre la rodilla, un chal del mismo color cubre sus hombros desnudos. Continúa llevando las botas estilo motorizado que usara todo el día. Un ligero maquillaje es lo único que la adorna.
La mujer que sirve de testigo coloca un ramo de crisantemos en sus manos y la empuja con suavidad para que comience la marcha. Haruka camina lentamente hacia Seiya quien teme que ella de la vuelta y huya. La rubia logra detenerse frente a él.
-Estás hermosa -le dice tomando su mano.
Al fin comprende el por qué usa extrañas combinaciones para vestirse. Si un vestido simple eleva la líbido de un hombre, no quiere imaginar lo que sucedería si Haruka siguiera el patrón elegante y hermoso de Akane.
Comienza la ceremonia.
La iglesia va llenándose lentamente de los habitantes del pueblo. Hace más de tres años que no se realiza una boda en ese lugar por lo que ésta se convierte en el acontecimiento del año. El miércoles, después que Seiya solicitara la licencia y se marchara, el párroco feliz lo anunció a la población.
Al principio hubo especulaciones sobre el motivo por el cual un forastero quiere casarse en secreto en un pueblo que desaparece lentamente; luego, la ilusión de un renacer los llevó a esperar el enlace con emoción.
Silenciosos, escuchan el sermón, el padre Sanjō recita los deberes y bendiciones del matrimonio.
Todo sale a la perfección hasta que Haruka escucha la responsabilidad del hombre, la obediencia y funciones de la mujer dentro del hogar. Comienza a temblar.
Seiya se percata y aprieta ligeramente su mano para llamar su atención, ella lo mira y se hipnotiza en la seguridad de los ojos azules.
Llega el momento de los votos.
-Seiya Kou, ¿Aceptas a Haruka Tenoh para amarla, respetarla, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en lo bueno y en lo malo, serle fiel hasta que la muerte los separe?
-Acepto -Seiya responde seguro.
-Haruka Tenoh, ¿Aceptas a Seiya Kou para amarlo, respetarlo, obedecerlo, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en lo bueno y en lo malo, serle fiel hasta que la muerte los separe?
El silencio inunda el recinto.
-¿Haruka? -Seiya mira los ojos verdes, están nublados por el miedo. Intenta llamar su atención.
Ella lo ve angustiada, está próxima a sufrir una nueva crisis de terror.
- Hija, necesito que respondas para continuar - El padre le pide.
Haruka cierra con fuerza los ojos. Las flores escapan de sus manos aterrizando como un yunque frente a los pies de Seiya.
-No acepto -Son las palabras que escapa de los labios de Haruka...
