¡Hola a todos los que se ponen a leer las notas de autor! He estado pensando en cambiar la extensión de los capítulos y volverlos más largos para agregar más detalles que tengo en el borrador ¿Qué les parecería eso? ¿Continuo con esta extensión o los hago más largos? En verdad tengo interés en conocer su respuesta.
Hay nombres que cortaré porque hacen referencia a cosas que ustedes tienen qué pensar en su origen (como "Y" que no es sólo una letra, es una palabra) Cualquier parecido a la realidad, es mera coincidencia *risas*.
¡Ah sí! Una cosa importante que deben recordar, es que Killua tien años, es un niño, y su personalidad como tal no está todavía definida, así que parecerá algo disperso, sin embargo, en esencia ahí esta (o eso ruego).
Ahora sí, continuemos...
Capítulo 9
Illumi despertó con un pequeño peso recargado en su pecho, el calor del cuerpo de su hermano era una sensación agradable, así que podía decir que despertó con una sonrisa dibujada en los labios.
Bajó la vista y vio la blanca melena que no resistió tocar. Killua estaba profundamente dormido, se notaba que estaba bastante cansado y todo se debía al estado de pánico al que había sido sometido, que no le había permitido tener descanso. Se sintió orgulloso de saber que él era el motivo de su tranquilidad ahora, aún si fuese provocado y no de forma natural, no estaba tan mal ser el centro de atención de alguien tan especial.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que cuando se abrió la puerta del cuarto, para dar paso a una enfermera, se sintió molesto por el cambio— ¡ah! Perdón, no sabía que se encontraba usted aquí… —susurró viendo al niño dormido— al fin está tranquilo, —señaló al pequeño paciente— yo sólo venía a preparar el baño.
—Sí, entiendo —respondió sin mucho ánimo.
—Disculpe.
—¿Sí?
—El día de ayer, Killua-sama estaba muy alterado, no dejó que nadie lo tocara, no dejó que le bañáramos… quizá sería buena idea que usted lo ayudara a bañarse, Killua-sama ha estado preguntado por usted todo este tiempo.
No lo pensó mucho, sólo quería que la chica saliera pronto del cuarto— sí, está bien.
—Bien, con permiso —dio una reverencia y añadió— en seguida traeremos el almuerzo —y luego salió de ahí.
Continuó relajándose una vez que la enfermera salió. No tenía ganas de levantarse, menos con Killua recostado sobre su cuerpo.
—Al fin me usaste como almohada, ¿verdad? —susurró, y luego recordó que no importaba si quería levantarse o no, tenía que hacerlo. Killua debía bañarse y pronto les traerían su desayuno, además de eso, debía examinarlo y comenzar a prepararlo para la siguiente fase— Kil… —sacudió su hombro con cuidado porque no sabía si la caída del día anterior lo había vuelto a lastimar— Kil, despierta.
—Mmm… —fue su un sonido desganado, lo que recibió por respuesta.
—Kil, van a traer el almuerzo pronto, despierta —aunque no era demasiado convincente porque él tampoco se movía mucho como para despertarlo de verdad.
—Sí… —era esa clase de respuestas que daban los niños pequeños cuando fingían que aceptaban una orden y no hacían caso. Elevó una mano como si fuera a atender a las palabras de su hermano, pero sólo la movió de lugar y la puso justo en la parte baja del abdomen de Illumi.
Illumi dio un respingo, un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir esa pequeña mano moverse sobre su vientre. Los dedos de Killua se clavaron en la piel descubierta y se deslizaron un poco para luego quedarse quietos nuevamente.
«Por esto no quería dormir aquí». Pensó molesto.
Quería despertarlo y decirle algo como, "oye, me estás haciendo cosquillas". Sólo que no eran cosquillas, era una sensación diferente y electrizante. La pequeña mano rozaba el filo de su pantalón y eso lo desesperaba. La parte más molesta de todas fue cuando comenzó a sentir que su cuerpo reaccionaba a esas caricias, y comenzaba a excitarse.
—Kil, por favor —su voz sonó suave, demasiado suave para su gusto y el niño reaccionó moviendo de nuevo su mano.
«¡Oh, perfecto! De nuevo me está tocando». Volvió a quejarse mentalmente y cerró los ojos, sentía que un rubor aparecía en sus mejillas. «Por favor, es mi hermano, es mi hermano menor, no debo pensar así, no debería reaccionar así, esto está mal, está reverendamente mal». Respiró hondo, buscando calmarse. Definitivamente no era el momento para sentirse así y él no era precisamente la clase de chicos que disfrutara masturbándose.
Se armó de fuerza para levantarse, empujando con cuidado al niño y sentándose en la cama. Necesitaba tomar aire para pensar con frialdad.
—Illu-nii —Killua ni siquiera tenía fuerzas para despertar, sólo había estirado la mano para jalar a su hermano de la ropa, como pidiéndole que no se apartara, y entrecerró los ojos.
—Kil, te he dicho que no me jales…
Como no tuvo respuesta, aprovechó para ponerse de pie y dirigirse al baño. En realidad agradecía que el niño estuviera dormido porque le habría costado trabajo disimular lo muy excitado que aún estaba.
Una vez que entró al baño, se lavó la cara y luego volteó a verse frente al espejo. Vio reflejado detrás de él la bañera y recordó que encima de todo, tendría que bañar a su hermano, es decir, estar en contacto con su cuerpo desnudo, con una horrible mente como la suya luchando por mantenerse bajo control.
—Es tu hermano menor, respétalo —se dijo frente al espejo, tratando de convencerse.
«Oh, pero sí tú lo quieres de verdad, ¿o prefieres dejar que alguien más lo bañe?» Escuchó la voz del ente de la Y, y recordó el collar que traía puesto. Inmediatamente lo arrancó de su cuello y lo arrojó a la basura. Entonces escuchó una risa, como un eco en su mente. «Ya no estoy en esa cadena, ya no hay nada ahí más que un sello roto. Ahora tú y yo somos uno mismo, ¿no lo entiendes? Siento lo que tú sientes, pienso lo que tú piensas. Puedes verme como un amigo imaginario porque todo lo que soy, te lo debo a ti, y si llegamos a un buen acuerdo, juntos podríamos hacer una gran alianza».
Illumi no estaba con ganas de contestar a algo que ni siquiera podía ver. Era como escuchar su misma voz hablando en su mente. Como si tal cosa no existiera y fuera él inventando algo en su cabeza, ¿cómo podía creer que no era así? No tenía nada para demostrar que no era él quién estaba diciendo esas palabras de forma imaginaria, después de haber estudiado tanto tiempo la mente humana, sabía cuan poderosa era.
«En este mundo, los más fuertes son los que hacen las reglas. Yo puedo darte una fuente de Nen que jamás has imaginado y a la que nadie ha llegado. Sólo tienes que sostener tus deseos, ni siquiera te pido que lo hagas realidad, sólo quiero que sigas deseando como lo has hecho hasta ahora». Al menos no era un espíritu molesto que le exigiera imposibles. Desear no era algo que estuviera fuera de su capacidad, y lo bueno era que aquel suceso, le había hecho perder la excitación del momento.
—¿Sólo desear eh? —contestó en voz baja.
«Sí, sólo desear. Alguien te dijo que yo me alimento de deseos, pero sólo me gustan los deseos imposibles y tú tienes un deseo muy imposible».
—¿Y qué harás al respecto?
«Nada, ¿dije que soy una varita mágica? No. Sólo que, como mi anfitrión, te agradeceré dándote poder. Haré por ti, todo lo que tú no puedas hacer y tú harás por mi todo lo que yo no pueda hacer».
—¿Eso es todo? —En realidad no le creía, sin embargo, fuera verdad o no, terminaría haciéndole parcialmente caso, dado que no podía evitar sentir ese deseo y seguir alimentándolo.
«Quién sabe… » Advirtió que se desvanecía.
El joven Zoldyck no lo sabía, pero el espíritu de Nen aún era débil. Requería de mucha energía para subsistir, la cual se formaba con cada ocasión que el muchacho sentía ese deseo imposible, y el hecho de que Illumi controlara bien sus impulsos le dificultaba materializar su existencia. Había elegido a un portador difícil de tratar, y ahora él lo notaba. Esperaba que con el tiempo, el muchacho comenzara a ceder; escucharle más para comenzar a crear su poder y por supuesto, proporcionarle ese maravilloso Nen del que le había hablado.
Escuchó que tocaban la puerta y salió a abrir, traían el almuerzo para los dos. Así que ordenó que lo colocaran a un lado de la cama de Killua y pidió que trajeran una cama más para poder comenzar a dormir ahí, si era necesario. Luego se dio a la tarea de despertar de verdad al chiquillo. Reconocía que el niño estaba cansado, pero tenían una agenda que cumplir.
Al final de cuentas, bañarlo no había sido tan difícil como había temido. No era la primera vez que lo hacía, y Killua ya estaba lo bastante grandecito como para no tener que necesitar tanta asistencia, sólo había sido necesario ayudarlo a entrar en el agua, a salir y un poco de apoyo al vestirse. De ahí en más, no hubo mayor contacto físico. Asimismo, una vez que vio el rostro de su hermano, notó con orgullo cuánta confianza le tenía y eso le dio la seguridad que le hacía falta para superar el problema mental en el que se estaba metiendo.
Illumi atribuía sus necesidades sexuales a la etapa adolescente en la que estaba. Sus hormonas estaban haciendo estragos en su cuerpo y mente. Eso era lo que él creía firmemente y en gran parte no se equivocaba, así que decidió que una vez que hubiera terminado el encargo con su hermano, se tomaría un tiempo de meditación, lejos de él para no continuar con aquellas molestas fantasías esporádicas.
También se negaba a aceptar el consejo que el Barón le había dado, por el simple y sencillo hecho de que lo que pedía no era demasiado. Sólo pedía estar junto al niño con el que siempre había estado, no pedía alguna cosa mala, no pedía tocarlo; nada en especial, ni siquiera dominarlo le parecía atractivo; sólo quería estar cerca de él, e incluso era consciente de que no podía estar todo el tiempo con él, pero el tiempo que pudiera, era suficiente.
Después de eso, dejó a Killua junto a su maestro y se marchó, quería revisar cuánto tiempo le quedaba para preparar el siguiente escenario. Para ello necesitaba primero revisar el estado de Greco, cosa que fue fácil de averiguar. El muchacho estaría ausente una semana más y luego volvería a comenzar las peleas, así lo había pedido el maestro del chico. Y eso le dejaba un marco de tiempo bastante bueno para trabajar.
Cuando volvió al cuarto, ya estaba la otra cama puesta en su sitio. Killua estaba haciendo alguna tarea en una libreta y sólo se detuvo para saludar.
—Aniki, te habías tardado.
Aunque no le gustaba que Killua le reclamara por sus actividades, tenía que reconocer que le agradaba sentirse importante para alguien, porque, como han de recordar, a Illumi nadie lo echaba de menos en casa, tan sólo lo hacía el albino. Era un tipo poco sociable, y eso no le acarreaba nada bueno.
—¡Al fin! Una cama para descansar… —suspiró sentándose en ella. Killua lo observaba sonriente.
—Dormiste muy poco hoy, ¿verdad?
—¿Eh? En realidad yo no tengo un ritmo de descanso.
—Sí, te gusta dormir mucho.
—Aprovecho cuando se puede, es diferente… por cierto —se puso de pie y se sentó junto al niño— anoche no pude revisarte, déjame ver cómo estás.
—Sí.
Killua se mostró nervioso y no era para menos, con tanta paranoia que sentía, se había descuidado demasiado y hasta había perdido algo de peso. Lo tomó del rostro y revisó sus ojos y labios, luego le extendió los brazos y revisó sus manos— ¿te has estado rasguñando? ¿Ya viste cómo tienes los labios? Kil… mira nada más, ni siquiera has dormido bien, ¿qué pasa contigo?
—L-lo siento, hermano.
—Kil… —acarició su mejilla— me preocupas mucho, dime la verdad, ¿qué hacías anoche en el suelo?
El pequeño se escondió entre las sábanas de su cama, no quería que su hermano mayor lo siguiera viendo. Estaba ruborizado hasta las orejas, y eso era porque estaba consciente que su explicación era ridícula e irracional.
—Kil. —Jaló la cobija para destaparlo y el niño instintivamente se abrazó a él para ocultar su rostro en el estómago de su hermano.
—Es que… es que, es muy tonto.
—Sí, ya vi.
—No, no esto —se rió inintencionadamente— yo… es que creí que había algo raro en el cuarto, una persona peligrosa o algo así y me quería esconder.
—¿Cómo va a entrar alguien así al cuarto si yo te estoy cuidando?
—¡Pero tú no estabas!
—Yo velo por tu seguridad —lo había dicho en un tono autoritario, y fue suficiente para callarlo— la única persona de quién no te puedo cuidar, es de Greco… me complicas mucho las cosas Kil.
—… —quería defender su deseo de seguir con esa compañía, pero nunca tenía los argumentos necesarios para hacerlo— yo no creo que Greco me vaya a hacer algo.
—¿No?
—¡No! —Aunque alzó la voz, siguió sin ver a su hermano a la cara.
—… Olvídalo…
—Illu-nii… —se arrepintió de haberle gritado y lo abrazó más fuerte, no quería pelear con su hermano— lo siento, no dudo de ti, no lo haré, lo siento.
Dejó escapar un suspiro y acarició los blancos cabellos de su hermano— está bien, Kil, seguramente lo dices porque estás muy cansado. Vamos a hacer que te relajes un poco, ¿está bien?
—Sí.
—Veamos… déjame verte un poco, recuéstate —el peliblanco accedió al instante— respira… aspira… —el niño obedecía sus instrucciones—, ahora cierra tus ojos y vuelve a hacerlo. Respira… aspira —hablaba con una voz suave y lenta, lo suficiente para relajarlo y poder iniciar la siguiente fase— abre tus ojos —sus miradas chocaron un instante. El momento perfecto para volver a inducirlo al trance.
Killua quedó en blanco otra vez.
—Killua, ¿sabías que tu hermano Illumi podría estar equivocado? Illumi nunca ha tenido amigos, no sabe lo que significa confiar en alguien. Illumi podría estar equivocado y tú podrías explicarle la realidad.
No esperó una respuesta, si lo hacía se prestaría a una discusión del tema y esa no era su intención. Necesitaba que conservara esa idea, se la cuestionara y meditara para que, cuando comenzara con el siguiente nivel de control sobre él, tuviera algo contra qué pelear. Lo sacó del trance en el que estaba y susurró— ¿ya mejor?
—Sí, gracias —le respondió sintiéndose más aliviado.
—Vamos, quítate la playera, te voy a dar un masaje.
—¡Genial! —Puso su más adorable sonrisa e Illumi deseo con todas sus fuerzas poder abrazarlo, acurrucarse junto a él y mandar todo al demonio— extrañaba tus masajes, ya no soporto estar tanto en esta cama.
Tomó toda su fuerza de voluntad para aguantar su impulso, ayudó a su hermano a recostarse boca abajo y comenzó con su labor. Se notaba que estaba algo tenso, lo más tenso que puede estar un niño, así que esa era señal de que había hecho bien su trabajo de mantenerlo en estado de alerta. Lo único que había olvidado era lo mucho que Killua disfrutaba aquello y que por ser un niño pequeño no podía disimular el placer que le provocaba. Illumi sólo podía morderse el labio para no prestar atención a los sonidos que salían de la boca del menor.
En esos momentos realmente el que sufría en silencio era el mismo Illumi. Era como si Killua supiera cómo torturar su mente.
—Kil, en realidad odio enojarme contigo —dijo una vez que terminó con su labor y que se cerciorara de que el trabajo de los doctores estuviera teniendo un buen progreso.
—¿Estás enojado conmigo?
—Hace un momento me hiciste enojar. No me gusta que discutamos, se supone que no deberíamos discutir entre nosotros.
—Illu-nii —sonrió plácidamente— es normal que peleemos. Papá y mamá en ocasiones discuten, y a veces yo y Alluka discutimos por nuestros juguetes, o Alluka y Kalluto pelean mucho por muchas cosas, pero eso no nos aleja.
—Mamá y papá discuten, pero de cosas de papás, y es normal que tanto tú, como Alluka y Kalluto peleen porque están chicos y no se controlan. Pero tú siempre has sido obediente conmigo y además, creo que nos llevamos lo suficientemente bien como para que nos pasen cosas así.
—No te preocupes aniki, yo no pienso portarme mal contigo —era lo que más le gustaba al muchacho de su hermano, que siempre tenía esa buena actitud y noble corazón, un corazón puro que se ganaba su confianza y amor.
Entonces Illumi volteó hacia atrás y vio la cortina morada— ¿por qué no has pedido que habrán la cortina? ¿No crees que está muy oscuro aquí?
—¡Ah! Es cierto, no lo había pensado —soltó una carcajada— todo este tiempo he estado a oscuras. Ni siquiera sé si es de día o de noche… supongo que estoy acostumbrado a este ambiente.
—Puede ser, en casa siempre estamos a oscuras.
Dicho esto, dejó abierta la cortina y el albino, después de tantos días en misterio, se dio cuenta del verdadero clima del día, de la hora y lo mejor era que ya no estaría sólo en el cuarto. Todos sus problemas se habían solucionado en un instante. Su hermano lo había arreglado todo. De pronto experimentó una gratitud tan profunda hacia él, que lo vio como un héroe y se sintió avergonzado de haberlo hecho enojar sólo por sus motivos personales.
Los días pasaron con un ambiente apacible. Ambos se habían estado entendiendo mejor, incluso volvían a conversar como antes. Eso provocó que el niño volviera a sentir la esperanza de recuperar por completo la confianza que había perdido de su hermano el día que le mintió. La mejor parte para Killua, no sólo era tener la cortina abierta y poder ver al exterior, sino tener a alguien que lo comprendía en muchos sentidos, y que dormía junto a él, así que no tenía miedo de lo que sea que hubiera en el cuarto, así le creyeran o no.
Habría continuado así de bien de no ser porque Greco regresó poco después de una semana, ya estaba de vuelta en las peleas y había ido a ver cómo seguía el pequeño.
—¡Killua! ¿Cómo va todo? —Había llegado de excelente humor.
—¡Greco! Todo está bien.
Vio que Illumi salía del cuarto en silencio y una incomodidad apareció dentro de él. Comenzó a pensar que todo sería más sencillo si el mayor le diera una oportunidad a Greco. Lamentablemente él nunca le hacía caso, lo veía, lo saludaba y luego se iba. No había hecho el esfuerzo suficiente para conocerlo o preocuparse por ver si era una persona segura o no.
Si Illumi se sentía inseguro de la presencia de Greco, era culpa de él mismo, no de Greco. Illumi a veces afirmaba que era la única persona de quién no podía protegerlo y eso le molestaba de sobremanera, porque sentía que ponía en duda su capacidad para protegerse, de su inteligencia. Era como si le afirmara que, "por culpa de sus malas decisiones es que se había enredado en una situación delicada". Siendo que él no veía nada problemático. Greco había sido siempre educado y bueno con él, incluso lo visitaba para que no se aburriera mientras él estaba en cama.
Decidió que era hora de hablar seriamente con su hermano. Y esperó a la noche para volver a verlo.
—Aniki, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro que sí, dime.
—¿Alguna vez has pensado en conocer a Greco?
—… —hizo una rápida expresión de disgusto que el menor inmediatamente percibió— ¿por qué habría de?
—¡Es obvio! Si lo conocieras, dejarías de preocuparte por él. Podrías confiar un poco más en mí.
—Yo confío… lo suficiente en ti.
—¡No es verdad! Crees que yo no puedo tomar bien mis decisiones.
—Eso es diferente de la confianza. Confío en lo que conozco de ti. Sé en dónde me vas a fallar, pero eres demasiado pequeño Kil, no sabes lo que dices porque no tienes la experiencia suficiente para saberlo.
—Y tampoco voy a aprender si no lo hago.
—No lo necesitas, para eso estoy yo. Para enseñarte sin que tengas que cargar con esa clase de problemas.
De la nada sintió que esas palabras rebasaban su límite. Le resultaba una carga que su hermano mostrara tantas expresiones de falta de confianza— eso es demasiado Illu-nii, ¡no eres mi padre! —Exclamó con una súbita rabia que no supo disimular.
Hubo un silencio incómodo y largo. Killua se arrepintió por completo de haber expresado todo aquello y en un tono hiriente, sin embargo, no podía dar marcha atrás y borrar sus palabras.
—Lo sien…
—Tienes razón, no soy tu papá. No sé qué estoy haciendo aquí.
—Illu-nii…
Se marchó del cuarto antes de que Killua pudiera decir algo al respecto. Y después de varias horas el niño comprendió que Illumi no volvería al cuarto, volteó a ver la cama vacía a su lado y la culpa comenzó a carcomerlo. No pudiendo resistirse más, comenzó a llorar. De nuevo había lastimado a su héroe, que se esforzaba por él, y seguramente ahora su hermano estaba triste, en la otra recámara. Porque a diferencia de él, cuando el morocho estaba triste no decía algo al respecto ni mostraba lo que sentía, simplemente se alejaba de todos y esa idea era lo que estaba torturándole.
—Illumi, vuelve… —ni siquiera pudo dormir bien.
Era cierto que le habían dolido las palabras de su hermano menor, -había despreciado lo que él hacía para mantenerlo a salvo-, pero él estaba consciente que era debido a lo que él le había pedido a su subconsciente, y sabía que Killua le diría más cosas así pronto, y probablemente cosas que lo lastimarían más profundamente, pero debía ser fuerte porque eso era parte de lo que necesitaba para acceder a él. Era el turno de mantenerlo en depresión.
Quizá la etapa más dolorosa para ambos.
Illumi también había batallado en dormir por la misma causa, por el hecho de saber que del otro lado del pasillo se encontraba su adorable niño, a quién había tenido que sensibilizar todavía más, y lloraba inconsolablemente. Eso sí, resistiendo el salir y arruinarlo todo.
«¿Por qué lo haces llorar? A ti no te gusta verlo llorar, ¿por qué lastimarlo así?» Escuchó su propia voz en su mente, y la reconoció como la voz del espíritu del hombre de la Y.
—Es mi deber.
«¿En serio? Para mí que sólo se trata de ser malvado con ese niño, seguramente disfrutas verlo llorar».
—No, y si tanto dices saber lo que deseo, deberías saberlo.
«Entonces simplemente ve con él y consuélalo. Limpia sus lágrimas».
—Necesita aprender disciplina, esto es parte de su crecimiento. Le va a servir.
«No te diré qué hacer, entonces. Tú eres el dueño de este cuerpo».
Entre más contuviera su deseo, entre más ganas tuviera de romper las reglas, ese espíritu de Nen incrementaba su apego hacia el niño, y obtenía alimento tenía para mantener su existencia. Le era conveniente que se controlara tanto, y si tan sólo el inocente Zoldyck hubiera sabido algo al respecto, tampoco hubiera podido hacer la más mínima cosa para controlarlo.
A la mañana siguiente fue al cuarto de Killua justo cuando su maestro estaba terminando la lección del día, y se asomó sólo para examinar el efecto que tenía sobre el niño, el cual volteó a verlo abriendo los ojos con impresión, y al instante comenzó a ruborizarse.
—Eh… aniki… —expresó en voz alta.
No pudo evitar caer ante esa atrayente y menuda figura. Su mente lo único que pensó fue «que tierno» y se dio cuenta que no estaba todavía preparado para enfrentar a su hermano menor. Si continuaba cerca de él, tarde o temprano perdería la fuerza para controlarlo.
Se dio la vuelta y salió de ahí, antes de estropear todo su plan.
El albino volvió a entristecerse. Se moría de ganas por disculparse con su hermano, sabía que había sido hiriente y no soportaba la idea de mantenerse distanciado de la única persona con la que verdaderamente podía contar en esos momentos.
Afortunadamente, apenas volvió a quedarse a solas, Greco llegó a visitarlo para a avisarle que ya estaba de vuelta en la planta cien, y que estaba emocionado porque Kozi había vuelto a iniciar todo el recorrido de la Arena Celeste, así que tenía la esperanza de enfrentarse a él. No sabía cuán cerca estaba de hacerlo.
Illumi también estaba enterado del progreso de Greco, de la presencia del tal Kozi y de lo muy importante que era para los dos chicos el enfrentarse a un oponente como él.
El moreno seguía insistiendo que aquel sujeto era sólo un hablador, que seguramente había reiniciado el recorrido de la Torre porque en el piso doscientos se había topado con verdaderos oponentes. Quizá era un poco fuerte, pero no lo suficiente como para preocuparse y lo que menos le importaba era que se enfrentara a su hermano en un futuro. Lo que ahora quería era manipular una nueva situación.
Buscó un poco y dio con el tipo en cuestión, a partir de ahí sólo le vigilaría. Descubrió que estaba en lo cierto, no se estaba enfrentando a un imposible, era un tipo normal. No obstante, Kozi llegaría pronto al piso ciento ochenta, si no hacía nada para detenerlo.
—Kozi, hola —saludó con una sonrisa fingida el día que planeó ir a verle en persona.
—¿Quién eres tú? ¿Qué quieres? —Se notaba que era una clásica persona de carácter débil, de aquellos que son muy sensibles a cualquier estímulo.
—Oh, yo sólo venía a conversar un poco —y ahora que tenía la atención que necesitaba comenzó con lo suyo. Ni siquiera le tomó mucho esfuerzo hipnotizarle. El tipo tenía menos resistencias que su hermano menor, era una presa patéticamente fácil de cazar— ¿qué tal si te quedas un tiempo en el piso ciento cincuenta hasta que tengas un buen oponente?
—No puedo.
—Sí, sí puedes lo solicitarás al juez, le dirás que sólo avanzarás hasta que tengas una pelea digna.
—¿Cuándo será…? —El tipo ni siquiera podía hablar apropiadamente, la fuerza de Illumi era demasiado opresora sobre él.
—Será hasta que yo quiera, me verás de nuevo y me buscarás antes de entrar a la pelea.
Liberó su Nen y el hombre cayó de golpe contra el suelo. Luego él se marchó de ahí antes de que el tipo volviera en sí. Ese ya no sería su problema. Normalmente era así cuando se trataba de extraños, no le importaba las reacciones secundarias, mientras lograra su objetivo, era más que suficiente.
Cuando regresó al cuarto donde se encontraba su hermano, ya llevaba una hora que Greco se había marchado de ahí. Así que el albino había tenido tiempo para reflexionar sobre lo que debía decirle para disculparse.
Apenas lo vio, se ruborizó nuevamente, pero no abrió la boca, bajó la mirada por la pena que le daba ver al rostro a su hermano mayor.
Illumi suspiró, seguía siendo difícil mantenerse firme cuando se trataba de Killua, pero esta vez lo logró, mantuvo su apariencia serena y se acercó hasta la cama del niño.
—Vine a revisarte.
El pequeño asintió con la cabeza, y siguió en la misma posición, tratando de evadir cualquier contacto visual.
—Kil, voltea un momento —se lo pidió con toda sinceridad, necesitaba verlo a los ojos para revisar cuán profundo era el efecto que había en su mente.
El niño lucía un poco desgastado, no lo suficientemente como para decir que había completado la etapa, así que debía presionar un poco más aunque no estuviera de acuerdo con ello.
—Aniki… —susurró con vergüenza— perdón por lo de ayer, no debí decirte eso…
—Está bien. Oye, en realidad tienes razón, no soy tu padre, no puedo ponerme en esa posición. Es sólo que… Kil, me preocupo mucho por ti, sé que quizá no lo entiendes, pero yo no puedo permitir que algo malo te pase. Ayer me sentí mal, pero sé que tienes razón, no soy papá.
—Lo siento, en verdad lo siento mucho —Killua escondió bajó su rostro, mirando hacia las sábanas, y extendió una mano para apretar de la camisa de su hermano, con mucho arrepentimiento.
—Decir que lo sientes en realidad no arreglará nada.
—No, no. Por favor, dime qué debo hacer, dime… no quiero que te sientas mal.
—Kil, tú siempre has sido bueno y obediente conmigo. Eso es lo único que te he pedido. —Tomó aire y continuó— desde que Greco está aquí, tu actitud deja mucho a desear.
—¡No es verdad, aniki! Me he portado bien, ni siquiera puedo caminar como para que digas que me opongo…
—¿Lo ves? Tienes esa actitud.
—No, tú me pides que me aleje de todos pero, ¿por qué? ¿Por qué está mal?
—Eres un asesino, ése es tu destino. Lo único que te debe importar sobre las personas, es si puedes matarles o no.
—¡Pero esto es diferente!
—No, no lo es.
—Sí, lo es.
—¿Alguna vez has pensado en lo que harías si de pronto, por alguna razón, concretaran un trato con papá para matar a Greco y a su familia, y papá te diera la orden a ti de hacerlo?
Detestó profundamente que Illumi tuviera razón. Si algo así llegara a pasar no le quedaría de otra más que matarlo y aunque lo hubiera conocido como haya sido, si se lo ordenaba su padre, no tendría elección.
Sólo que este pensamiento lo enfadó muchísimo, era algo terriblemente cruel, ser un asesino no le daría nada bueno a este paso, nunca tendría una verdadera vida como lo había visto con los demás.
—¿Cuál es la probabilidad de que eso ocurra? —Levantó el rostro con seriedad y se enfocó en su hermano.
—Ni siquiera te has dado a la tarea de investigar sobre quién es en realidad Greco y su familia. No sabes lo que puede pasar. Es precisamente todo esto lo que te quiero evitar, no te hará nada bien.
—Pero no has respondido a mi pregunta.
—¿Podemos hacer una apuesta? Puedo apostarte que de verdad esto terminará muy mal para ti.
—¡No va a ser así! Greco no es malo.
—¿Entonces aceptas la apuesta? Si yo gano, entonces dejarás de portarte mal, ¿de acuerdo?
—Lo dices porque tú nunca has tenido amigos.
Esas palabras habían salido primero de la boca de Illumi, así que sabía que la pelea que estaban teniendo era producto de su buena habilidad para manipular a su hermano. Se tragó su orgullo y se concentró en aparentar estar herido nuevamente.
—…
—Aniki… yo… —Killua volvió a ruborizarse, ni siquiera había pensado en decir algo así, apretó más fuerte la playera de Illumi.
—Debo irme… —trató de ponerse de pie, pero el niño lo jaló con fuerza.
—¿Illu-nii? ¿Di-dije algo malo?
—Bueno, yo… —dio un paso atrás, tratando de apartarse de él con suavidad— en realidad creía que tú eras mi amigo, pero está bien, tienes razón, tú y yo somos hermanos.
Killua sintió que su cabeza daba vueltas. De nuevo había dicho algo hiriente, otra vez lo había lastimado y sin querer. Illumi tenía razón, estaba actuando como un tonto, esa actitud suya le estaba acarreando serios problemas.
—No, aniki, no.
—Necesito estar solo, por favor.
—¡No! Lo siento, lo siento mucho.
—Ya te dije que dejes de disculparte, no arreglarás nada.
—Por favor, no te vayas.
—Kil, lo necesito. Estaré bien, solo déjame.
Al final tuvo que ser brusco para quitarse al niño de encima y salir del cuarto. Nuevamente Killua vería vacía la cama de su hermano. Sentía que por su culpa esa cama estaba así. Ver esa cama junto a él le hacía recordar cuán malvado había sido con su héroe, que con su actitud lo había alejado de él. Volvió a estar profundamente triste, y aunque ya no gimoteaba como antes, las lágrimas salían copiosamente.
Illumi se regañó mil veces en su mente por ser tan cruel. No importaba cuanto repitiera, que hacer todo esto le era necesario, nunca iba a sentirse bien por hacerlo. Killua era tan pequeño e indefenso en esos momentos, que cualquier cosa que le hiciera era demasiado para él. Se encerró en su cuarto y se tapó con una almohada para no pensar en el llanto de su adorable hermano menor.
Pudo jurar que escuchó al espíritu de Nen reírse en su interior.
—¡De nuevo estás triste! ¡Ay, Killua! No, no estés triste —Greco, quién era el que veía todo lo que ocurría desde una perspectiva diferente, estaba molesto de que estuviera pasando por situaciones tan complejas y lo peor era que no había nada que pudiera hacer, porque el pequeño se lo ocultaba todo, ni siquiera con muchas trampas lograba hacer que confesara alguna cosa que lo delatara.
—Greco, no tengo ganas de hablar.
—Nunca tienes ganas ya, ¿te peleaste con tu hermano?
—…
—Tu hermano es un poco raro, pero no creo que él quiera verte triste. Si yo no quiero verte triste, menos él.
—Es que soy un tonto, le dije cosas muy desagradables.
Greco no tenía hermanos, así que no podía decir algo como "así son los hermanos" ni un consejo típico de familia. En primer lugar, la razón por la que él se había apegado a un niño mucho menor que él, era porque siempre había querido un hermano menor, y Killua podía hacer muy bien ése papel.
—¿Y ya hablaste con él?
—No.
—Entonces sólo cálmate para que puedas pensar en lo que tienes qué decirle.
—Es que no me siento bien.
—Mmm… lo sé, mejor cambiemos de tema, ¿sí? Así te olvidas un rato de eso.
—Me parece mejor.
—Veamos… ¡Ah, cierto! Me dijeron que por alguna razón Kozi solicitó al comité que lo dejaran en el piso ciento cincuenta, ¿puedes creerlo? Dicen que está esperando a un oponente en especial, pero nadie sabe quién es.
—¿Está permitido algo así?
—No lo sé… supongo que sí, porque se quedó en ese piso.
—¡De todos modos yo sigo aquí!
—Pero tal vez yo sí pueda enfrentarlo.
—¡Oh… eso sería genial! —Tuvo un buen efecto esa conversación porque el peliblanco estaba de nuevo tranquilo, al menos en apariencia.
—Sí, ya extraño verte pelear, espero te recuperes pronto.
—Mi Aniki me está ayudando con eso, vas a ver que será menos tiempo de lo que indican los doctores.
Desafortunadamente para él, eso sólo era una forma de ignorar su tristeza. Porque en cuanto Greco se fue, Killua quedó nuevamente triste. Pensando en soledad en lo muy cruel que había sido con su hermano.
El nunca antes había sido así de desalmado ni siquiera con Milluki a pesar de que no se llevaban precisamente bien. Siempre había sido un niño muy amigable, tampoco era que fuera muy cariñoso, eso sólo ocurría en determinadas ocasiones y con personas en específico, como con Alluka, que se dejaba querer por él.
Con Illumi tenía una cierta conexión porque sabía que él lo comprendía en un sentido que nadie más en casa lo hacía, aparte, lo había entrenado y cuidado prácticamente desde que había nacido y eso lo volvía automáticamente la persona más cercana para él. Por eso, entre todas las personas que le rodeaban, Illumi era la persona con la que más contacto quería tener, a quién más cariño quería dar, y él se lo dificultaba bastante dado que no era precisamente una persona muy demostrativa y cuando lo era, era a base de muchas cosas complejas, así que no le gustaba desperdiciar esas oportunidades.
Conforme iba creciendo se iba dando cuenta de lo bochornoso que era ser cariñoso abiertamente, sobre todo con alguien como lo era Illumi, que no sólo era su hermano, sino que frente a su familia, era su autoridad directamente. No era como que todos los días uno es amoroso con su autoridad y Killua estaba aprendiendo eso.
Para la noche, Illumi llegó silencioso como era su habitual estado y el niño se mantuvo de igual modo, evitando el contacto visual, con esa vergüenza que lo comenzaba a caracterizar.
—Vine a revisarte.
Ni siquiera alzo la voz para contestar, simplemente asintió con la cabeza y dejó que su hermano comenzara con su tarea.
Le colocó algunas agujas en las piernas, y en los brazos, para los músculos y ayudarlo a reponerse más sanamente. Se aseguró del avance, como era debido. Los efectos psicológicos de la depresión estaban comenzando a marcarse más, el único problema era que, al ser un niño, la evaluación no era tan fácil.
—Te voy a ayudar a recostarte boca abajo, voy a darte un masaje.
—No, no es necesario —susurró con voz apesadumbrada. No se sentía digno de ser tratado con tanto valor.
—No se trata de cómo te sientas, papá me ordenó cuidarte. Asegurarme de tu bienestar es mi deber, no te estoy haciendo ningún favor.
—Aniki, no… —se mordió el labio con fuerza y cerró los puños. Para él no era importante que Illumi dijera eso, sabía bien que mentía, que él hacía todo aquello porque le quería, sólo que como los días anteriores lo había maltratado, se estaba comportando más rudo de lo normal.
—No te muerdas el labio, ¿ya viste que tienes toda la boca marcada por tus dientes? —Le dijo con seriedad y el pequeño abrió la boca avergonzado de su respuesta.
—Lo siento.
—Que no te disculpes, te dije que disculpándote no estás arreglando nada.
Killua no pudo más y comenzó a llorar, lo único que había querido era ganarse de nuevo a su hermano, pero todo lo que hacía estaba mal. Se sentía un completo fracaso como hermano, pero se negaba a obedecer. Seguía insistente en que se equivocaba con su idea de que todo saldría mal y mientras fuera así, no podía hacer nada para reestablecer la situación sin herir los sentimientos del mayor.
—Aniki, ya basta. No seas así.
—¿Así cómo?
Pero no pudo responder, el celular de Illumi comenzó a sonar y la discusión se tuvo que detener.
—Hola papá.
—Illumi, ¿estás con Killua en este momento?
—Sí.
—Necesito hablarte en privado.
—Sí.
Illumi se dio la vuelta y salió del cuarto dejando al peliblanco llorando en silencio.
—Hijo, te estás demorando demasiado con Killua, ¿qué está ocurriendo?
Su padre tenía razón, este era un trabajo que a él le costaba, -a lo mucho-, un par de semanas en terminar, siempre y cuando tuviera a la persona en vigilancia, en un lugar de torturas adecuado y con toda clase de herramientas a su alcance para hacer el lavado y reprogramación, sin preocuparse por los efectos secundarios y por supuesto, no dejar una posible vuelta atrás para que la persona pudiera recuperarse del daño.
Lo que ocurría era que estaba tratando de algo absolutamente diferente y no encontraba forma de dejarle eso en claro a su padre.
—Lo sé, papá, pero si lo hago con rapidez, Killua podría quedar como un objeto inútil y vacío. No creo que eso sea conveniente para todos —al menos no le mintió en su respuesta.
En realidad no había problema alguno si le decía a su padre que no quería maltratar seriamente al niño porque era su hermano menor y le quería, sin embargo, para él, el cariño era algo que estaba mal porque no era algo a lo que estuviera acostumbrado. Así que él suponía que si le decía eso a su papá, sería sancionado.
—Ya veo… Illumi, ¿tienes tiempo para ir a hacer un encargo?
—Claro.
—No te tomará mucho tiempo, sólo estarás vigilando hasta que yo te dé la orden de matarle.
Después de que escuchara las instrucciones de su padre, regresó al cuarto recobrando la seriedad que necesitaba para que Killua continuara en su estado depresivo.
El peliblanco lo siguió con la mirada y suspiró, tratando de armarse de valor para hablar con él.
—Aniki, yo…
—Me voy a dormir, mañana tengo que ir a trabajar.
Illumi optó por quedarse a dormir en la cama de al lado, para que el impacto visual fuera más fuerte.
—Pero…
—Kil, estoy casando, otro día hablamos.
Se acostó dándole la espalda para no ver su expresión de tristeza. Aunque tuviera mucho autocontrol, no quería decir que mecánicamente fuera un insensible y pudiera soportar con facilidad las lágrimas del pequeño. Al contrario, no podía dormir de sólo escuchar su respiración entrecortada por el llanto silencioso que intentaba callar para no molestarle.
Se fue de ahí muy temprano en la mañana, quería aprovechar que el niño estaba dormido para romper su regla y despedirse de él dándole un fugaz beso en la mejilla.
—Perdóname, Kil —murmuró y se marchó de ahí lo más rápido que pudo.
Se fue entre desidia y molestia, porque no estaba de acuerdo con maltratarlo.
Y todo esto el espíritu de Nen lo veía. Esta entidad comprendía que su portador no quería lastimar al pequeño, que todo esto lo estaba haciendo contra su voluntad. El espíritu se alimentó aún más de esto.
Illumi sabía que el espíritu sólo buscaba de dónde nutrirse, y él le estaba dando esa satisfacción, aunque no la consideraba del todo peligrosa, por dos motivos: el primero era porque él aún seguía dudando de la posible existencia y capacidades de un espíritu Nen, sólo había leído sobre ellos y no había tenido contacto con alguno en toda su vida, y en caso de que lo hubiera hecho, nada le había sorprendido demasiado hasta ahora; y segundo porque sólo requería de su deseo, eso era todo, no le pedía que volviera realidad nada y aunque así fuera, no lo haría, no estaba entre sus planes fallar como hermano, sino más bien, darse su espacio para considerar las cosas con seriedad y no lastimar a Killua. Al mismo tiempo, en caso de que el supuesto espíritu de Nen aumentara, lo único que le estaba prometiendo a Illumi, era más poder y habilidad para él, ¿qué podía salir mal?
Quedó bastante lloroso el capítulo, pero todo tiene su motivo, nunca lo olviden. En este fanfic, todos los detalles son muy importantes para las escenas que siguen.
NOTA IMPORTANTE: Den por un hecho que cada segundo viernes publico, es decir, hoy viernes 21 publico este capítulo y regreso el viernes 4 de septiembre. Gracias a todos por seguir leyendo esta historia :)
Un agradecimiento especial a Lunna Mikk y Monnie por sus correcciones y a Saya Kishimoto por su agradable mensaje (el cual, según yo, respondí por fanfiction, espero que te haya llegado mi mensaje).
Susubaru: Me emociona tanto saber que te está gustando y más sabiendo que no es precisamente tu OTP *lágrimas intensas*. Espero que lo que sigue de la historia (que ya muero por publicar), te parezca tan interesante como el capítulo 8. ¿Tampoco tu mes? Amorosamente suelo llamar a este mes "angustia", en lugar de Agosto, le queda mejor.
Gracias por su apoyo. Nos vemos pronto.
