Disclaimer: Harry Potter y esta historia pertenecen a JK Rowling y a DictionaryWrites respectivamente. Esta es una traducción autorizada.
Si véis algún error, por favor no dudéis en apuntarlo. Lo siento por la espera.
Capítulo 5
—¡TROL! ¡EN LAS MAZMORRAS! —Quirrel cacarea, sólo por unos momentos, y agrega —. Creí que debíais saberlo.
Mientras Quirrel se abalanza hacia adelante hasta un desmayo, los gritos atraviesan el banquete de Halloween, y no es hasta que enormes bengalas explotan de la varita de Dumbledore que todo el mundo se calla.
—¡Prefectos! ¡Guiad a vuestras casas de vuelta a los dormitorios inmediatamente!
—¡Ignoradlo! Slytherins, quedaos donde estáis.
Francois habla fuertemente por sobre el rugido mientras los demás empiezan a salir del comedor. Dumbledore, aparentemente de forma común como los Slytherins mayores habían dicho, había olvidado dónde está su casa. Los otros continúan desfilando hacia la salida, excepto un Gryffindor de aspecto sombrío.
—¡Harry!
—Neville, debes subir ya, nosotros estamos bien aquí, vosotros estáis arriba en la torr...
—Harry, Hermione no está aquí. Estaba llorando en el sanitario de las chicas; ¡no sabe sobre el trol! —la sangre de Harry se enfría mientras observa el rostro de Neville preso del pánico.
—Potter —viene el tono alarmado de Blaise.
—Potter, no te atrevas —Malfoy se mete a la conversación, horror en su rostro.
—Oh, Merlín —Nott murmura, y pone una mano en su frente en cansada resignación mientras Harry corre hacia la puerta y se desliza entre dos Hufflepuffs. Había dejado a Neville atrás, y, para ser justos, es para lo mejor, ya que Harry sólo necesita salvar a una persona del trol, y si Neville fuese a desmayarse sería un poco difícil arrastrarlo.
—¡Hermione! —él grita hacia el corredor, y se apura al sanitario de manera rápida, pisando las baldosas sueltas mientras entra.
—¿H-Harry? —el rostro de Hermione está mojado con lágrimas mientras espía fuera del cubículo del sanitario, y Harry no puede evitar sentir una minúscula punzada de culpa en su pecho; va a tener una conversación con quien sea que haya hecho sentir mal a su amiga después, pero por ahora necesitan salir de ahí. Harry toma su mano y empieza a empujarla hacia la puerta, pero ella se congela en su lugar.
—Hay un trol, Hermione, necesitamos-
—Ha-Harry...
—No, tenemos que-
—Harry.
El hedor lo golpea en el rostro, y Harry mira hacia arriba y hacia todos lados, donde el trol está parado en el umbral de la puerta. Es enorme, y el olor que desprende es impresionante; su piel es gris y gruesa, y debe ser de unos doce pies de alto, un grueso, cayado de madera balanceándose en una de sus gordas manos y arrastrándose en la piedra.
—Oh, Dios —Harry arrastra a Hermione a través de la habitación a velocidad y ella corre y se tropieza con él: el trol los sigue, su minúscula, estúpida cabeza moviéndose hacia los lados. Harry repasa desesperadamente los pocos hechizos que conoce, y se queda con uno de los pocos que sabe hacer.
—Bien, vale, Hermione, toma tu varita. Apunta a sus ojos —intenta mantener su tono razonable mientras levanta su mano, forzándose a sí mismo a no temblar.
—Harry, no conocemos ningún hechizo... —aunque discute, Hermione también está levantando su varita.
—Escúchame; apunta a sus ojos-
Ambos levantan sus varitas temblorosamente mientras el trol se acerca, sus pasos provocando ruido en el piso de azulejo y rompiéndolo en pedazos.
—Di Scourgify a la cuenta de tres, y luego nos separamos, tú saltas a la derecha, y yo salto a la izquierda. ¿Vale?
—Pero qué signifi-
—¡No tenemos tiempo, Hermione!
—Vale, vale, bien, uno- dos- tres-
—¡Scourgify!
Hay un enfermo sonido de jabonosas, toscas pinceladas magullando sobre saltones, ojos amarillos. El tol suelta un aullido ensordecedor, y ambos de ellos saltan hacia los lados, corriendo hacia la puerta mientras el trol deja caer el grueso cayado que tenía en la mano hacia el suelo y levanta azulejos y piedras en el aire.
Harry cierra la puerta con fuerza mientras se van, dándole vuelta a las llaves en el cerrojo, y luego colapsa hacia atrás, pero no toca el suelo. No, eso sería demasiado afortunado para Harry Potter: en lugar de eso, su espalda golpea la furiosa silueta de Severus Snape.
—Oh, Dios —Harry susurra, y Snape lo agarra de la parte posterior de su túnica, empujándolo lejos de él junto a la temblorosa forma de Hermone; McGonagall, Quirrell y Dumbledore están todos reunidos, (probablemente han oído el grito).
—¡Profesores!
—No lo noqueamos. Sólo lo encerramos —Harry dice apresuradamente.
McGonagall bufa un suspiro y Quirrell gime.
—Severus, ¿después de ti? —el tono que usa McGonagall parecería el tono que usarías para deshacerte de un terco conejo de tierra, no de un trol, pero el jefe de casa de Harry ni siquiera levanta una ceja. Snape ajusta sus mangas, y sigue a McGonagall dentro del sanitario con el mismo aire de propósito; Quirrell, con un rápido murmullo hacia Dumbledore, camina hasta el final del corredor y se apoya contra la pared, echándose aire con una mano temblorosa.
—¿Cómo os lo habéis arreglado para evadir un trol, Señor Potter, Senorita Granger? —los ojos de Dumbledore están brillando de una forma que Harry realmente no puede comprender, ¿le divierte? ¿Encuentra gracioso que dos muchachos de once años hayan peleado con un trol?
—Eh...
—Ha sido mi culpa, Profesor —Harry observa a Hermione, incapaz de decir algo —. Creí que podría lidiar sola con el trol, así que fui a buscarlo. Harry es la única razón por la que no estoy muerta.
—¿Es eso cierto, Señor Potter? —Dumbledore pregunta, sus ojos brillando con aun más intensidad.
—Eh, n- —Hermione hunde su codo profundo en su estómago, cosa que Dumbledore cortésmente elige no notar.
—Sí, Señor —Harry dice entre dientes.
—Señor Potter —Snape habla sedosamente, y para la completa sorpresa de Harry, está sonriendo de lado, labio levantado en una esquina en una horrorosa parodia de una mueca de satisfacción.
—¿Sería tan amable de decirnos a la Profesora McGonagall y a mí, cuál de vosotros pensó en utilizar un simple hechizo de limpieza en los ojos del trol?
—Yo, Señor —Harry dice , de alguna forma culpable, alcanzando para rozar la parte trasera de su cuello —. Yo, eh, no conocía ningún otro hechizo excepto uno para secar tinta y otro para alisar ropa, y su piel se veía muy gruesa y no creí que-
—Cállese, Señor Potter.
—Sí, Señor —Harry exhala, jadeando de manera entrecortada luego de preocuparse y escupir cada palabra luego de la otra.
—Veinte puntos para Slytherin, Señor Potter, por ser tan ingenuo en faz de... cierta muerte —la forma en la que Snape habla de morir es más que aterradora, Pero Harry intenta ignorarlo mientras McGonagall se para junto a él, y dice de manera brisca:
—Cincuenta puntos menos para Gryffindor, Senorita Granger, por hacer algo tan estúpido como atentar suicidio por un trol.
—Y por ser tan desafortunada como para tener un Jefe de Casa que ni siquiera nota cuando no estás en la cena —Harry dice abruptamente, y McGonagall lo mira con furia en su expresión, pero no responde inmediatamente.
—¿Cómo se atreve?
—Señor Potter, he escuchado que la Señorita Granger ha ido en busca del trol luego de la llamada de alarma del Profesor Quirrell —dice el Profesor Dumbledore.
—Ella ha dicho eso, Señor, pero lo que pasó realmente-
—¡Harry! —Hermione protesta, pero Harry la ignora.
—Es que alguien de vuestro embrollo de leones la ha hecho llorar. Al menos en mi casa demostramos lealtad. A las personas correctas, así es —dice con una mirada hacia Hermione, quien luce furiosa mientras lo observa. McGonagall tiene la cara muy, muy roja, y Harry abre su boca para seguir hablando, pero la mano de Snape se posa en su hombro y su pulgar y dedo de en medio presionan fuerte a la conexión entre su cuello y su hombro: Harry amortigua un gemido de dolor, y cierra la boca.
—Creo que deberé remover a mi leal serpiente a las mazmorras —Snape dice con un ligero y suave murmullo, y luego se da la vuelta con Harry, dando zancadas a través del corredor con Harry junto a él. Ya han pasado dos corredores cuando Harry sabe que McGonagall no lo oirá que pregunta:
—¿Así que tengo dos semanas de detención, Señor?
—Estoy seguro de que un mes será suficiente, Potter.
—Los siento, Señor.
—No, Potter, no lo sientes —Snape dice, con una fatiga que parece muy temprana con solo estar un mes dentro de clases —. Potter, me gustaría asegurarme de que te des cuenta de que tu arrogancia no es una cualidad que encuentre encantadora. En caso de que se vuelva a repetir, desearás no haber...
—Señor, ¿está bien su pierna? —Harry habla repentinamente mientras se da cuenta de algo diferente en la caminata del otro hombre, y observa la rotura en la túnica del profesor; hay sangre en la fábrica negra, iluminada gracias a la inestable luz del fuego en las antorchas de las paredes. ¿Lo había lastimado el trol? Snape es horrible con él (Harry sabe que los puntos han sido para mantener las apariencias frente a McGonagall), pero Harry no puede evitar sentirse culpable sobre él teniendo una herida por el trol.
—Señor Potter, estoy hablando-
—Señor, está sangrando, ¿se encuentra bien? ¿Lo ha lastimado el trol? Lo siento tanto, puedo caminar solo a la Sala Común-
—Potter-
—En verdad debería ir a ver a Madam Pom-
—¡Potter! —Snape explota, y Harry se encoge ante la cortante subida de tono. Observa al otro hombre, sus ojos bien abiertos. El rostro de Snape no luce enojado, pero ciertamente en una mueca de irritación, que luego se deforma en impasividad.
—Ve a la cama. Y en caso de que su ensayo para mañana no esté completado, sin importar los eventos de esta noche, en vez de eso estará sirviendo dos meses de detención conmigo.
—Ya está hecho, Señor. Puedo traéroslo ahora, si quiere.
—Un mes y una semana por tu atrevimiento, Potter. Ve. A. La. Cama.
—Buenas noches, Profesor Snape —Harry dice obedientemente, e intenta no sonreír mientras se apresura dentro de la Sala Común: en realidad espera que la pierna de Snape esté bien, sin embargo.
