Me gusta pensar que a partir de aquí se acabaron los capítulos aburridos (sí, yo creo que los capítulos anteriores no son tan entretenidos como todo lo que viene), últimamente me he visto tentado a dejar de publicar este fic por la falta de betas y otras cosas, pero sigo aquí, así que no es mala señal.
Dedico este capítulo a mi nueva musa y editora Lilium, quién me ayudó mucho con el inicio.
Capítulo 10
Después de tres días trabajando en lo que su padre le había ordenado, Illumi volvió en secreto al hotel donde se encontraba Killua. Estaba preparando el escenario siguiente para su hermano. Como era un trabajo complejo, no podía darse el lujo de fallar.
En aquel entonces, tenía una técnica más que no se atrevía a mostrar a su padre, aunque sabía que tarde o temprano lo tendría qué hacer. La desarrolló durante su tiempo fuera de casa, en los ratos en que dejaba a su hermano a solas. Todo comenzó gracias a las pruebas con su técnica de los humanos-aguja. Se dio cuenta de un fallo verdaderamente relevante para él: Podía tener el control de una persona por determinado tiempo, hasta hacerlo morir; incluso después de dejarlo sin vida aun manipulaba el cadáver de su víctima, lo que no evitaba era la naturaleza de descomposición de mente y cuerpo, dificultando el seguir usándolo como títere.
Investigó en libros, métodos que detuvieran la descomposición y permitiera la movilidad natural en el cuerpo humano sin vida. Simplemente para él era difícil encontrar algo adecuado que lograra dominar. Muchas de las cosas que se mostraban ahí, exigían más trabajo del que podía dedicar. Por supuesto que deseaba hacer uso de esas metodologías en un futuro, sólo necesitaba una técnica más rápida que le sirviera en situaciones de emergencia.
Fue cuando encontró en su camino que, algunas veces, había usuarios Nen que cambiaban su apariencia para tener determinada belleza. Como ya antes había visto con algunos miembros del zodiaco. Ellos lo hacían con Nen, por lo cual sabía que si usaba eso mismo frente a algún otro usuario experimentado, podría poner en riesgo la misión, así que se esforzó por perfeccionar esa misma técnica.
Años de tortura y entrenamientos en casa, le hicieron tener mayor resistencia al dolor que cualquier mortal. Ni hablar, ya no temía cuando se trataba de que el sufrimiento llegara hasta los huesos, de modo que aprovechó su capacidad para controlar su todo cuerpo con su Nen, y deformarlo a tal grado que pudiera dar la apariencia de otra persona. Descubriendo que combinándolo con sus agujas tenía un efecto más perdurable, de tal forma que, si un experimentado usuario Nen se encontrara con él, le sería casi imposible descubrirle.
Illumi no se rindió, permaneció fuerte y resistente, era su determinación.
En la Torre Celestial, perfeccionaba su técnica, con agujas o sin ellas. Esperando el momento preciso lo puso a prueba. Sin temor lo hizo. Conocía sus límites al igual que las consecuencias de todo lo que planeaba. Para todo se tenía un segundo plan.
Cuando estuvo de regresó, indagó en las cosas que habían estado ocurriendo alrededor de su hermano. Y tal y como lo calculó, para el día siguiente Greco pelearía en el piso ciento cincuenta, justamente el lugar donde dejó a Kozi, y ahora tendría que asegurarse de que Kozi se enfrentara al muchacho.
Para asegurar la pelea realizó los preparativos el mismo día, investigó cómo hacían la selección, vio que era por sorteo, así que tendría que modificarlo un poco. Para hacerlo, Illumi necesitaba cambiar su apariencia por la de alguien del personal de confianza de la Torre, el encargado era el objetivo perfecto. Lo mantuvo en trance, con cuidado de no matarlo ni dañar la psique del individuo para no verse envuelto en algún dilema. Una vez hechos los cambios a su conveniencia, liberó al encargado el cual no se dio por enterado de lo ocurrido. Después Illumi regresó a su cuarto.
Una vez previsto, la siguiente pelea fue anunciada, Kozi se enfrentaría a Greco.
La víctima fue visitada por segunda y última vez. Kozi apenas vio al asesino caminar por los alrededores, lo siguió mientras lo llamaba.
—¡Oye tú, espera ahí!
Illumi caminó hasta llegar a un punto donde no sería visto con facilidad, luego se dio la vuelta para ver cara cara a su objetivo.
—¿Estás listo Kozi?
Le dijo, al escucharlo el hombre se horrorizo y se detuvo, un aura oscura comenzó a resplandecer en el cuerpo del Zoldyck y su mente no pudo evitar sentirse atraída por esos oscuros ojos.
—¿Qué? — Apenas se expresó, y quedó nuevamente bajo los efectos de la hipnosis.
Illumi sonrió, las cosas siempre eran tan fáciles para él.
—Ve a pelear. Matarás a tu oponente para mostrar a todos tu poder. Después de eso, me buscarás de nuevo.
Kozi no tuvo opción, su mente se había desconectado de su cuerpo. La instrucción de su titiritero era tan poderosa que su voluntad se adaptó a la orden, ahora sólo quedaba una sola opción.
El morocho se alejó, tenía días que se había sentido molesto consigo mismo por tener que hacer llorar a Killua, pero ahora se sentía extrañamente bien, un placer enorme había surgido gracias a lo que acababa de hacer. Era como liberarse de una terrible carga. Al fin, Greco quedaría fuera de su camino y su niño no tendría más opción que abrazarse a él.
Llegó hasta el cuarto de Killua. El pequeño no pudo evitar sonreírle por volver a verlo, pero inmediatamente cambio su expresión por un rubor de vergüenza, aún no se había reconciliado con él y eso le hacía no tener la suficiente confianza.
—Kil, ¿cómo estás?
—Bien…
Bajó la mirada al suelo. Era demasiado obvio que estaba intentando contener sus emociones.
—Me alegra. Hace un momento me encontré con Greco. —Mintió— y me dijo que va a tener una pelea con alguien… mmm… perdón, olvidé el nombre del tipo, pero me dijo que quería que fueras a verlo
—¿Platicaste con Greco? —La sorpresa enmarcó su rostro.
—Bueno, Kil… si tanto estoy equivocado contigo, entonces podría intentar las cosas a tu modo ¿no?
De nuevo tuvo vergüenza, todas sus peleas estaban en base a su relación con ese muchacho. Él fue quién maltrató a su hermano y lo había hecho sentir mal, sin embargo, Illumi estaba dándole la oportunidad de demostrar que él podía tener la razón. A los ojos del albino, su hermano mayor era un tipo demasiado bueno. No había duda de que tenía un gran corazón porque a pesar de sus desplantes, le estaba perdonando y le estaba dando aún más de él. Killua no tenía palabras para agradecer tanto apoyo y comprensión.
—No tienes que hacer…
—Te llevaré a ver la pelea, —interrumpió— vamos.
Acercó una silla de ruedas que tenía tiempo guardada porque Killua detestaba usarla. Decía que lo hacía sentir débil y estaba seguro que llevarlo en brazos no le haría ninguna gracia, así que aprovechó que el pequeño estaba vulnerable a él como para negarse a hacer las cosas. Sólo recibió una débil protesta cuando lo colocó en la silla, y lo llevó hasta la arena donde sería el enfrentamiento. Killua se emocionó y olvidó su condición cuando cambió de ambiente después de tanto tiempo encerrado, era mejor de lo que había pensado. Escuchar los gritos y aplausos de los espectadores, la voz de la presentadora, le trajeron buenos recuerdos, tanto así que se animó a dejar a un lado sus inhibiciones y olvidar todos los problemas presentados los últimos días.
La pelea comenzó, no sabía si Greco estaba consciente de que él estaba ahí, o no, porque su amigo se concentró bastante en lo que hizo.
Greco era un muchacho con talento, dentro de lo que cabía, fuerte y ágil, además no tenía miedo de nada, así que inmediatamente inició la pelea, llevaba la delantera, controlando los movimientos de Kozi. Pero Kozi tenía la experiencia de la que carecía Greco, además, su mente estaba ya fuera de control, y se notaba porque el peleador tiraba a matar, sin medir las consecuencias. El chico esquivó varios de sus ataques hasta que uno de ellos lo hizo perder el equilibrio y todo se volvió en cámara lenta para Killua.
Hasta ese momento, no había considerado a Greco como un amigo cercano, sólo lo veía como un chiquillo con el que pasaba el tiempo. Y durante la batalla, cuando lo vio caer al suelo, sintió una carga por él. Tenía deseos de correr a ayudarle, porque sabía que su hermano no lo haría, ya que no era su deber. Illumi sólo hacía lo que le correspondía.
Continuando, Kozi juntó la fuerza de su Nen en un brazo, volviéndolo como un martillo, y golpeó con mucha fuerza el pecho de Greco. El albino lo vio escupir sangre, y comprendió que Greco no podría huir de ello, tenía que salir de cuadrilátero. Lamentablemente vio que el muchacho extendía una de sus manos para defenderse (lo cual hizo que el juez considerara que el chico aún tenía la fuerza para seguir peleando), y Kozi volvió a martillarle, esta vez en la cabeza. Todo el peso de Greco golpeó el suelo con fuerza, y comenzó a convulsionarse.
La gente se ponía de pie haciendo mucho escándalo, el juez indicó que la pelea había terminado, pero Kozi no obedeció, no se detuvo, volvió a golpearlo. A estas alturas Killua se había quedado sin voz, sólo una mueca de profundo dolor era lo que mostraba su pequeña cara.
Illumi lo observaba en silencio, desde el inicio conocía el resultado de la pelea, y su única preocupación era el efecto que tendría en su hermano. Si sus cálculos eran correctos, esto traería consigo un montón de emociones encontradas y entre ellas, la depresión que tanto buscaba. Tuvieron que detener a Kozi a la fuerza, Greco estaba muerto y el peleador continuaba destrozando su cuerpo fuera de control. No parecía comprender el lenguaje y nadie podía creer lo que le estaba ocurriendo.
Illumi vio el rostro de Killua ensombrecido, y lo llevó de regreso a su cuarto, en silencio. De pronto todo se volvió vacío y sólo se escucharon las cosas a su alrededor como si estuvieran muy lejos de ellos dos. A diferencia de las veces anteriores, Killua no lloraba, estaba fuera de sí, como si comprendiera y a la vez no, lo que había ocurrido.
Una vez que quedaron a solas, lo recostó en su cama; sabía que las siguientes palabras marcarían el inicio del fin de esa etapa.
—Te dije que las cosas acabarían mal.
Debía tener la razón para poder controlar a su hermano, recordarle lo que paso, ya le había sido advertido con anterioridad. Necesitaba ganarse un espacio en su mente que le dijera que el mayor de los Zoldyck no se equivocaba tan fácilmente. Tenía que combatir contra su propia instrucción otra vez.
—Quiero estar solo… — Le respondió, y él le concedió su deseo.
Lo mejor en esos momentos para que el niño terminara de asimilar las cosas y poder estar deprimido, era dejándolo solo sin que nadie le consolara. La presencia de Greco al fin había sido erradicada, Illumi podría trabajar más tranquilamente con su hermano y terminar todo ese proceso de trauma más rápidamente.
Como todo niño en una fase depresiva, Killua no sabía cómo expresar lo que tenía. Estaba triste, no comprendía toda su carga emocional. Comía sin ganas, no quería hablar, no quería ayuda para nada, ni que nadie lo tocara porque creía que le dolía algo físicamente hablando, así que constantemente le decían que no era así.
Sufría mucho de dolores de cabeza y -debido a su estado-, no quería moverse tanto. Además se volvió irritable más allá de lo acostumbrado y eso complicaba el trabajo a todos. Illumi incluso había dejado de dormir en el cuarto por la falta de tacto que tenía en esos momentos. Lo hizo con el propósito de prolongar su estado hasta que requiriera de verdadera ayuda.
El maestro de Killua estuvo batallando demasiado con él, dado que no le ponía atención y contestaba groseramente a sus sugerencias. El pobre hombre incluso tuvo que hablar con los padres del niño para informar lo que estaba ocurriendo.
—Kil, papá quiere hablar contigo —Illumi le extendió el teléfono. Su padre había recibido el informe del maestro y necesitaba cerciorase de lo que estaba ocurriendo ahí.
—Dile que no me siento de humor para hablar —contestó tajantemente.
—Dile eso tú mismo —no se dejó llevar por sus provocaciones. Colocó el celular a un lado de él, pero el niño de un manotazo lo arrojó al suelo, haciendo que se deslizara por debajo de la otra cama— no es mi culpa que estés molesto. No te he hecho nada. —Se agachó a recogerlo, por fortuna, no le había ocurrido nada al aparato. Del otro lado de la línea, Silva escuchaba la discusión.
—No lo entiendes, Illu-nii, no me siento bien, no puedo respirar y me duele la cabeza —abrazaba una almohada mientras gimoteaba desesperado. Quería ganar un poco de empatía haciendo todos esos gestos.
—Llevas una semana diciendo lo mismo y no tienes nada.
—¡Hablo en serio!
—Yo también, y no me grites. Hablaré yo con papá, así que compórtate —Illumi contestó el teléfono nuevamente, su padre seguía en línea— ¿papá? Killua no quiere hablar contigo porque esta de mal humor.
—¡No es cierto! ¡Yo no dije eso! —Se avergonzó de que su padre escuchara tal mensaje.
—¿Qué? ¿Ahora se te olvida lo que me dices? —Dijo el mayor, alejándose un poco del aparato para que su padre comprendiera que le hablaba a su hermano— lo siento papá, aquí estoy.
—¿Puedes ponerme en altavoz? —Le contestó el hombre.
—Claro —y al instante obedeció.
—Killua, estoy escuchando cómo te estás portando con tu hermano, no puedo creer que estés siendo irrespetuoso. Iré para allá ahora mismo.
—Illu-nii, —le miró nerviosamente— no… papá, ya me controlaré. Por favor… es que no me siento bien pero aniki no te dice nada de eso.
—¿Le estás diciendo a papá que soy un mentiroso? Tú me pediste que le dijera que no estabas de humor.
—Yo mismo estoy escuchando lo que le dices —alzó la voz el padre de los muchachos para detener la discusión— tengo mucho trabajo Kil, si voy para allá, ten por seguro que no te va a hacer gracia.
—Lo siento —respondió el pequeño.
—¿Vas a portarte bien con tu hermano? Él se está esforzando mucho por ti, al menos valora algo.
—Sí, lo siento.
—Si Illumi vuelve a decir que estás fuera de control otra vez, yo mismo iré a sustituirlo ¿entendido?
—Sí, papá.
La llamada se cortó después de eso y ambos muchachos quedaron viéndose de forma retadora hasta que Illumi suspiró y cortó el ambiente
—¡Papá siempre es tan paciente contigo! Tienes suerte.
—¿Por qué le dijiste eso a papá? Me vas a meter en problemas, aniki.
—Tu maestro fue quien le dijo que estabas teniendo arranques de ira. Estás bajando de calificaciones y además estás siendo grosero con todo el mundo. Yo no fui quien le avisó, pero si papá me habla y me pregunta tampoco le voy a mentir al respecto.
—me siento mal… —murmuró, ignorando las palabras de su hermano mayor.
Los arranques continuaron otra semana más, con la diferencia de que el pequeño trataba de controlarse frente a su maestro para no volver a tener problemas con su padre. El único con el que no mejoraba su actitud ni un poco era con su hermano mayor, debido al exceso de confianza que le tenía. Illumi era consciente de eso, y dado a que él mismo había construido el escenario, no le resultaba tan fastidioso tratar con un iracundo niño de casi siete años. Lo único que de verdad le molestaba, era tener que esperar para poder terminar todo aquello.
Killua se sentía al borde de una enfermedad que no lograba matarlo. Empezó a extrañar a Greco, una vez que lo perdió. Se dio cuenta que en realidad ese muchacho representaba algo de valor para él, algo como un amigo. Quería hablar con Illumi, mas, de algún modo últimamente terminaba por ser irrespetuoso con él y eso lo hacía alejarse inconscientemente de quien más necesitaba. Esperaba que su hermano lo perdonara por no poder comportarse.
Resultaba que en ocasiones se a sí mismo diciéndose que era débil y otros malos adjetivos; o que nadie, sobre todo Illumi, debía quererlo; que no tenía la fuerza para proteger a nadie. Se calificaba a sí mismo como poca cosa o algo sin valor y cuando hacía eso, lloraba y se enojaba todavía más, si alguien más lo veía llorar. Quería estar solo todo el tiempo y al mismo tiempo no, quería que Illumi fuera y lo abrazara, sólo que sabía que su hermano no lo haría porque él lo estaba tratando bastante mal.
De cualquier forma su hermano se ausentó otros días más por causas de trabajo y él se quedó otra vez solo.
Illumi volvió a regresar en secreto a la Torre. En sus alrededores encontró a Kozi, que se había ocultado todo ese tiempo huyendo de las autoridades del lugar tras ser juzgada su pelea como injusta, ya que había matado a su oponente justo después de que el juez declarara la pelea como terminada. Estaban pensando en atraparlo y castigarlo, y el tipo se había ocultado en los alrededores todo ese tiempo porque sentía la necesidad constante de encontrar a quién le había dado la orden de matar a Greco.
Así que no le fue difícil dar con su objetivo, el mismo Kozi lo estaba esperando. El hombre sentía que aquel Zoldyck era el verdadero responsable de la muerte del niño, pero no tenía forma de demostrarlo. Penosamente, apenas dio un paso para acercarse a su objetivo, una aguja lo atravesó. Su cuerpo se revolvió un momento, intentando luchar contra aquella fuerza que lo estaba sometiendo, y pronto fue vencido. Perdió por completo su consciencia y todo su cuerpo se puso al servicio de su nuevo titiritero.
Illumi lo requeriría próximamente.
Habían pasado poco más de dos semanas con el pequeño niño en depresión. Ese era el tiempo suficiente para evaluar si el estado mental actual le permitiría acceder a un área aún más sensible.
—Kil ¿qué haces? —Le llamó la tarde que terminó su trabajo con Kozi. Se encontró con el pequeño sentado, con la mirada perdida en la nada. Su aspecto estaba más demacrado ahora, ni siquiera un rastro de sonrisa se asomaba por su rostro. La luz de sus ojos estaba casi extinta.
—…
No hubo reacción alguna, ni nervios, ni ira, estaba apagado. Y comprendió que había logrado su meta. Con mucho dolor, se sentó a un lado suyo, quedando casi frente a él, y le levantó el rostro para que lo mirara fijamente, ahora sería más sencillo ponerlo en trance.
— Killua. Kozi te está buscando. Su trabajo no ha terminado y tienes qué detenerlo.
—No, no puedo, soy débil.
Esa era una excelente respuesta, lo reconocía. Con todo el pesar de su corazón, sabía que necesitaba escuchar esas palabras de su predilecto hermano— si no lo puedes detener, no puedes pedirle ayuda a nadie. Estás solo en esto.
—No puedo.
Lo sacó del trance y acarició su mejilla— Kil, ¿qué ocurre?
—¿Aniki? ¿Cuándo llegaste?
—Hace un momento, te hablé pero no respondías.
—…
—¿Qué tienes?
—Me siento mal, aniki… ayúdame.
Esto no estaba en sus planes. Si Killua le estaba pidiendo ayuda era porque todavía quedaba un pequeño rastro de esperanza dentro de él, y esa pequeña esperanza podía arruinar todo su trabajo.
Detuvo sus movimientos un instante, pensando en los pros y contras de la situación, y decidió que no lo tomaría en cuenta, después de todo, deseaba que Killua tuviera un camino de regreso cuando terminara todo.
Respiró hondo, tampoco dejaría que su adorable hermano menor sufriera tanto.
—Aquí estoy… —le respondió y lo acercó a él, lentamente— yo no te voy a dejar solo nunca, nunca más.
Tal vez eran las palabras más sinceras que le había dicho alguna vez, en todo el tiempo que había iniciado con su tratamiento. El pequeño asesino dejo de reprimir su tristeza y volvió a llorar después de tantos días soportando la carga.
—No sé por qué lloro, aniki, no sé qué me pasa…
—Shh… ya todo está bien.
—Tenías razón, tenías razón… yo estoy mal, no debí creer que las cosas serían diferentes, yo estoy mal.
—Yo sólo intentaba cuidarte.
La esperanza que tenía Killua, estaba en su hermano mayor, en la confianza que tenía en él. Y era por ello que Illumi no lo consideraba peligroso, porque eso era parte de su más íntimo deseo. Tener a su hermano junto a él implicaba un nivel de confianza superior al que pudiera tener en alguien más. Disfrutaba en secreto tener esa cercanía al pequeño de cabellos blancos. Mientras que Illumi pudiera sostener su pequeño cuerpo entre sus brazos, significaba que todo estaba bien, porque él tenía todo bajo control, todo lo demás no importaba.
Lo único bueno de todo esto, era que ya casi estaba por terminar y pronto podría dejar toda la fachada a un lado, o al menos, casi toda su fachada.
Sabía que lo que vendría, sería fatal.
—Illu-nii, lamento ser tan malo contigo —después de un rato en silencio el pequeño se había animado a hablar— he sido un completo desastre, no sé qué hacer.
—No te preocupes, no me siento mal. Mi deber es cuidarte, no importa si eres bueno conmigo o no.
—Lo sé, y aun así… aun así no me siento bien siendo tan cruel contigo. A veces creo que todos han sido demasiado crueles contigo.
Illumi lució sorprendido como nunca antes se había mostrado. Si había algo a lo que le temía, incluso más que a la misma derrota, era a ser descubierto en su interior y Killua muchas veces solía sobrepasar esa barrera. Esta era una de esas aterradoras ocasiones en las que su corazón se veía expuesto y a pesar de que su impulso natural era matar, se contuvo porque se trataba de su hermano menor.
—…
—¿Illu-nii?
—Perdón Kil, me quedé pensando en lo que dijiste…
—Te quiero.
Para una persona normal, esa sería la forma correcta de arreglar los problemas que habían estado pasando. Infortunadamente no se trataba de una situación normal, comenzando porque esta resistencia a su necesidad afectiva sólo alimentó aún más al espíritu de Nen al grado de que comenzó a tener vida nuevamente.
Illumi se acercó un poco más al niño y lo atrajo a él en un semi-abrazo. Estaba temblando por la necesidad de tocarlo, de abrazarlo apropiadamente y dedicarle toda su atención y cariño, estaba empezando a quebrarse por dentro.
Si no hubiera hecho esto, lo más seguro es que Killua se hubiera sentido defraudado y atemorizado de expresarse nuevamente. Así que la acción de Illumi, la tomó como una respuesta positiva, como un "yo también te quiero".
Tres días después de aquello, las cosas marcharon con calma. Killua seguía triste, sólo que sus emociones estaban un poco más controladas gracias a la oportuna presencia de su hermano mayor, que lo asistía y le ayudaba a pensar en algo más positivo. De cualquier modo, una trágica pérdida no era cualquier cosa, fuera un Zoldyck o no, él tenía sentimientos encontrados como resultado de ese fatídico día.
—Extraño a Greco…
Illumi enfocó su vista sobre él un momento y continuó quitando las agujas después de haberle dado el tratamiento.
—Perdiste mucho tiempo con ese muchacho, además, yo no puedo estar todo el día a tu lado y como ya no tienes con quien conversar, es normal que te sientas así.
—… —de nuevo esa expresión de desesperada tristeza volvía a aparecer.
—Durante tu vida como un asesino verás muchas otras muertes, unas más dramáticas que otras. Esta es sólo otra de tantas. Con el tiempo se te olvidará y te será indiferente todo lo que pasó.
—Illu-nii, ¿eso está bien? Quiero decir, ser indiferente a Greco... después de todo, él era mi amigo ¿no?
—¿Amigo? ¿Hablas en serio?
—… —le contestó con una mirada confusa.
—Kil, ¿cómo estás seguro de que era tu amigo? No me digas que no te has dado cuenta de que todo lo que te ha pasado últimamente ha sido por culpa de ese muchacho.
—¿De qué hablas?
—Para empezar ¿por qué estás aquí en este cuarto?
—Porque tú me trajiste, porque me enfrenté a un sujeto que era mucho más fuerte que yo.
—No, fue porque seguiste el consejo de un niño que te hizo creer que era necesario hacerlo.
—¿Qué esperabas qué hiciera? Te dije que quiero ser más fuerte.
—Huir. Te he enseñado a medir tu habilidad con tu oponente. Si desconocías el límite de tu adversario debiste evitar la pelea, y peor aun sabiendo que no podrías enfrentarlo. Con más razón debiste haber abandonado a tiempo y volver a iniciar el recorrido de la Torre, no te impusieron un límite de tiempo.
—¡Eso no es ser valiente!
—No estás aquí para demostrarle a nadie tu valor; estás aquí porque es parte de tu entrenamiento como asesino.
—Pero…
—No necesitas apresurarte a crecer, Kil —extendió su mano y lo tomó del mentón para que no continuara refutando— no necesitas presionarte a hacer cosas de ese tipo. Yo soy quien se encargará de que seas un gran asesino.
De nuevo guardó silencio. Últimamente se daba cuenta que no podía contra los argumentos de su hermano. No sólo eran más fuertes, sino que le daban razones justas, que le hacían flaquear en sus decisiones.
—Desde que comenzaste a juntarte con ese niño, sólo han sido problemas. Míranos, tú y yo nunca nos habíamos llevado tan mal, y eso que te he hecho el favor de no decirle nada a papá ¿sabes lo riesgoso que ha sido eso? Habría sido un serio problema para mí, si papá se hubiera enterado, pero eso no te ha importado y tu comportamiento ha sido…
—Lo sé, lo entiendo.
—Podría decirse que tuviste suerte esta vez, Kil —se acomodó para sentarse junto a él— las cosas pudieron ser peores. No sabes la cantidad de enemigos que tenemos los Zoldyck por el simple hecho de ser asesinos. Somos perseguidos y la verdad es que nadie quiere ser amigo de un asesino.
El pequeño apretó las sábanas de su cama. Su hermano hoy más que nunca tenía la razón y ni siquiera tenía un argumento para defender su postura.
—Dejamos que la gente sepa nuestro oficio porque no tenemos miedo, estamos preparados para ser más fuertes que los demás y no ser fáciles de capturar. Si continuas con esas malas decisiones, podrías terminar siendo atrapado por culpa de uno de esos "amigos" y eso sería muy malo para la familia, ¿entiendes ahora?
—Sí, creo… creo que será mejor que me mantenga apartado de las personas.
—Además Kil, siempre me tendrás a mí.
Al menos unas palabras un poco más consoladoras después de haberle mostrado la supuesta verdad que debía comprender. Había sido una frase que lo había hecho sonreír y agradecer tener algo con qué contar a pesar de las dificultades que se habían presentado en el camino.
Al término de la semana, el tratamiento para recuperarse de sus fracturas había tenido al fin un gran resultado. Le quitaron el yeso que lo tenía sometiendo a la cama. Killua sintió un gran alivio después de tres meses en ese estado tan deprimente y fastidioso. Estaba mucho más ligero y renovado, ahora sólo necesitaba un poco de ejercicios para recuperar la movilidad natural y volvería a la Torre.
Illumi se estaba encargado de dichos ejercicios, le había puesto unas rutinas sencillas para comenzar a fortalecer los músculos.
—Puedes salir a caminar, pero no se te ocurra correr aun ni hacer nada peligroso. Necesito asegurarme que estés perfectamente recuperado o si no soy capaz de volver a ponerte el yeso con tal de que no hagas nada que ponga en riesgo tu recuperación.
El albino lo vio de modo burlesco— aniki, no sé si te has dado cuenta, pero desde hace tiempo ya puedo pasar por una de las puertas de la casa por mi propia fuerza. Puedo destruir el yeso que me pongas con mucha facilidad.
—Y por supuesto que si lo hicieras me vería en la obligación de decirle a papá, así que compórtate hermanito —el pequeño suspiró. Al menos agradecía volver a caminar después de tres horribles meses encerrado— estaré viniendo a ponerte más ejercicios así que…
—¡¿Te irás?! No otra vez Illu-nii.
—Estamos algo saturados de trabajo Kil. Papá necesita mi ayuda en algunos asuntos mientras que él se ocupa de otros, pero no te preocupes, estaré viniendo a verte.
La verdadera razón por la que no quería que se fuera su hermano era porque desde hacía un par de días había estado comenzando a tener pesadillas. Soñaba contantemente con la muerte de Greco, que Kozi lo buscaba y lo perseguía. Eran tan vívidos sus sueños que despertaba atemorizado en las noches, no obstante, sólo bastaba con voltear a su lado y ver que su hermano estaba ahí durmiendo para sentirse de nuevo a salvo. Obviamente no admitiría que un simple sueño lo estaba teniendo en un estado de terror, dado que era un asesino y se le había enseñado a no tener miedo tan fácilmente.
—Oye… antes de que te vayas, ¿podrías dejarme algo de dinero? —Le sonrió traviesamente— hace mucho que no voy a comprar dulces.
—Kil —lo vio acusadoramente, pero la sonrisa de su hermano terminó por convencerlo— está bien —revisó en los bolsillos de su pantalón y sacó su cartera— toma, —le extendió unos cuantos billetes y advirtió—, úsalo bien, no te lo gastes tan rápido.
—¡Genial! ¡Eres el mejor Illu-nii!
Tuvo que admitir que la felicidad de ese niño era contagiosa. Decidió que era momento de salir. En realidad tardaría menos tiempo del que le había dicho a su hermano, sólo que para su siguiente fase requería mantenerlo en observación a distancia.
Por lo menos ahora el niño no tenía problemas para caminar, si por casualidad tenía un mal sueño y no podía dormir en la noche, podía salir de su cuarto y dar una vuelta, después de todo, era una zona turística.
Con la prohibición de correr ni hacer cosas que le exigieran mucho movimiento, tenía que conformarse con caminar por los alrededores. Por supuesto que lo primero que se le ocurrió hacer, fue volver a la Torre, esta vez como un espectador. Se dio cuenta que, en efecto, comenzaba a sentir menos pena por el asunto de Greco, ya que cada vez que salía de su cuarto y veía los otros enfrentamientos, le daban ganas de regresar a la competencia, seguir con su entrenamiento; entonces el dolor de la pérdida se volvía más soportable.
Agradecía que Illumi le hubiera hecho el tratamiento; pese a que era un poco doloroso, le había ayudado a reponerse. De no haber sido por él, incluso caminar habría sido un trabajo más por hacer.
En la noche de nuevo tuvo esa pesadilla recurrente, la pelea dramática de Kozi y Greco. Escuchaba el crujido de los huesos siendo aplastados por el golpe, la sangre salpicando por todas partes y luego la mirada enloquecida de Kozi, como suplicando porque alguien le detuviera. Entonces el sueño se volvía más estresante y veía al enloquecido hombre hablándole "Killua, Killua", y despertaba alarmado.
Se levantó y buscó por inercia a su hermano, solo que la cama estaba vacía y no pudo evitar sentirse triste por ello. Quería volver a ver a Greco, despedirse de él, que su hermano fuera por él y lo consolara; deseaba ser un niño normal y tener la libertad de llorar porque tuvo una pesadilla y que alguien lo consolara. Entonces escuchó un ruido a su derecha, una respiración que antes no había captado por estar ensimismado y giró el rostro para ver lo que estaba a su lado.
Sintió un nudo en la garganta y su pulso se aceleró con horror. Estaba ahí el objeto de sus pesadillas, Kozi. Con su mirada muerta como un zombi le observaba sin moverse. Killua se paralizó un instante, creyendo que seguía soñando y luego vio que Kozi, a paso lento, salía de su cuarto y cerraba la puerta detrás de él.
Se sintió mareado, y se tiró en su cama intentando recuperar el aliento, hasta que sin querer volvió a dormirse, sin darle más vueltas al asunto.
A la mañana siguiente consideró que había sido todo parte del sueño, que sólo una variación más y no quiso darle mayor importancia.
Al anochecer, nuevamente comenzó a batallar para conciliar el sueño, pensando en si la imagen de Kozi observándolo al lado de su cama era real o no, estuvo despierto hasta que no pudo más. Lo siguiente que supo fue que despertó de nuevo alarmado por su pesadilla. Su respiración estaba acelerada, sus ojos lagrimearon un momento por la necesidad de conseguir un poco de paz; estaba comenzando a hartarse de la horrible sensación de falta de sueño y de nuevo volvió a escuchar esa respiración, esta vez al pie de su cama.
La luz de la luna le permitió ver con claridad las facciones de objeto de sus pesadillas. Sus ojos estaban demasiado abiertos, como si no pudiera parpadear, y su expresión era una mueca desagradable que en sí le dio una horrible impresión. Se sobresaltó y se sentó en la cama, si era un sueño entonces debía enfrentarlo, pero el dolor de sus rodillas le hizo darse cuenta que no era un sueño, que efectivamente, era la realidad.
—Ki-Kil… Killu… a —como una voz de ultratumba le llamó, el hombre— Ki… llu… a.
No grito, no se movió, tantos años de entrenamiento le hicieron mantener la calma, a pesar de que sentía un terror interno. En su mente decía «no puedes pelear, estás débil, eres débil, nadie te va a proteger. Hasta aquí llegó mi camino».
Tanto tiempo con el autoestima por los suelos, pasando angustia, preguntándose si él estaba bien o mal; incapaz ahora de reconocerse a sí mismo. A sus seis años, ya su mente estaba siendo destrozada. Y si no reaccionó como era debido, fue porque ya no se sentía apto para nada.
El ensombrecido hombre siguió ahí de pie un par de minutos que parecieron eternos, y luego, al igual que el día anterior, se dio la vuelta y se fue por la puerta, como si no fuera la gran cosa.
Pasó un par de horas en vela hasta que su pequeño cuerpo no resistió más y se quedó dormido.
Una hora después volvió despertar por culpa de los movimientos de uno de los mayordomos que Illumi había dejado para su supervisión.
—Killua-sama, su maestro llegará dentro de poco, por favor despierte para que pueda almorzar algo.
Aquel mayordomo era un hombre serio. Si se suponía que era del personal de confianza de Illumi, era porque el hombre sólo aparecía cuando era estrictamente necesario y no mostraba ninguna especie de actitud afectiva o apego hacia algún miembro de la familia. Un tipo que casi parecía casi un mueble de lo invisible que a veces podía resultar ser.
Killua despertó de mal humor a causa de la falta de sueño que tenía, pero se levantó. Poco después de la clase, salió a investigar una cosa que se había estado preguntando desde la noche anterior.
—¿Kozi el prófugo? —Respondió uno de los jueces que había encontrado en una de las bancas de descanso de la Torre Celestial.
—¿Prófugo?
—Sí. Si es el mismo Kozi por el que me estás preguntando entonces es un prófugo.
—Es el que… que mató a un muchacho.
—Greco Ruah ¿cierto?
—Sí, yo lo conocía.
—Ah… uh… lo siento.
—Sólo quiero saber, qué fue de Kozi.
—Debido a que lo mató justo después de que la pelea había sido detenida por el juez, se calificó como un delito. La familia Ruah es muy rica, son políticos en general y desean su cabeza. Hasta el momento nadie sabe dónde se encuentra, dicen que los padres del muchacho planean contratar gente para cazarlo.
Después de eso su mente se quedó divagando. Sentía que algo estaba mal, sabía que Kozi era un peleador fuerte, pero no era el tipo de hombre que se caracterizara por matar a sus oponentes.
«A menos que… él supiera que yo soy un Zoldyck y tuviera algo en contra de mi familia. Quizá sabía que Greco y yo éramos amigos, y entonces… entonces él lo mató porque sabe quién soy yo y ahora vendrá por mí. Era una advertencia». Su mente comenzó a fantasear. Habría sido una idea totalmente ilógica y descabellada de no ser porque comenzó a recordar que hace tiempo había notado "actividad sospechosa" en su cuarto, (el golpe en la madera, las manchas en el suelo, y el puño que había visto en la pared). Todo comenzaba a tener sentido ahora, en su razonamiento.
«Yo tuve la culpa de que Greco muriera». Detuvo sus pasos y se cubrió la boca con la mano, lleno de intriga y horror.
Ni siquiera en los planes de Illumi estaba que Killua llegaría a tal conclusión, y aun así sólo significaba que las cosas estaban saliendo a pedir de boca.
Luego de eso ya no pudo poner más atención a las peleas de la Torre, estaba angustiado en sus pensamientos. Su realidad mental era que aún no estaba preparado para pelear contra alguien como Kozi. No podía correr, no se sentía fuerte, se veía minúsculo frente a todo el mundo y estaba histérico. Volvió a su mal hábito de rasguñarse las manos y los antebrazos por los nervios.
Conforme pasaban las horas, más inquieto estaba. Le daba vergüenza admitir abiertamente que tenía miedo. Era un Zoldyck, no un niño cualquiera que todo el mundo iba a proteger. Sobre todo, no tenía a alguien de confianza a su alrededor en quién apoyarse, por eso esperó a que fuera la hora en la que ya no iba nadie a su cuarto a revisarlo para hacer algo que estaba seguro, que no debía hacer: puso el seguro a la puerta. Sabía que no lo debía hacer porque en las mañanas entraban a su cuarto a despertarle y a traer su desayuno, entre otras cosas, y todo eso generalmente lo hacían mientras él aun dormía y no estaba disponible para abrirles la puerta.
Prefirió arriesgarse a recibir un regaño que a correr el riesgo de enfrentar a Kozi.
La noche avanzó, había apagado la luz para no llamar la atención pero él permaneció despierto, abrazando sus piernas a su pecho mientras veía constantemente los movimientos que sucedían afuera de su cuarto. Estaba alerta, esperando el momento en que llegara Kozi.
Aproximadamente a las tres de la mañana, cuando comenzaba a adormitar, la puerta sonó, pero no como el sonido de alguien que llamaba normalmente, sino de alguien que había intentado abrir y ahora forcejeaba la puerta.
—¿Quién es? —Killua preguntó, esperando escuchar la voz de alguien de enfermería o el mayordomo que su hermano había dejado. Aunque no tenía sentido alguno que alguien fuera a verlo a esa hora, las revisiones de su progreso fueron cambiadas a una vez cada tres días y el resto eran ejercicios que él tenía que hacer. Su mayordomo sólo asistía estrictamente cuando había algo muy puntual que atender.
No tuvo respuesta, y quién sea que estaba al otro lado de la puerta, ya no sólo giraba insistentemente la perilla, ahora también daba manotazos. De pronto el ruido paró y escuchó que la persona se recargaba contra la madera.
—Ki… llu… a —sí, era Kozi, ahora estaba seguro que se trataba de él. Esa voz desencajada lo hizo temblar de miedo.
Sabía que Kozi fácilmente podría romper la puerta, y por alguna razón no lo hacía. Volvía a azotar la madera y a forcejear como si intentara atemorizarlo más, cosa que lograba con éxito.
Killua cerró los ojos y se cubrió los oídos, estaba lleno de miedo. Su hermano no estaba, su mayordomo no iría, nadie iría a protegerlo. Y aunque llamara a Illumi, creía con firmeza que lo único que escucharía de él sería algo como "estás bien entrenado, defiéndete tú mismo", y tendría razón. Se supone que tenía una resistencia contra la electricidad, había matado a algunas personas y era fuerte, más fuerte que cualquier niño y que muchos adultos, estaba preparado para morir y tenía cierta tolerancia al dolor ¿por qué tener miedo ahora? No lo sabía. Su corazón latía con fuerza, sus manos y sus piernas temblaban. Se quedó en esa posición hasta que percibió que ya no había nadie del otro lado de la puerta.
Entonces sólo se quedó despierto hasta que ya no pudo más.
—Killua-sama —una voz y el golpeteo insistente en la puerta lo sacó de su descanso— Killua-sama, perdone que lo moleste pero ya es hora de despertar.
Despertó adolorido, había dormido en una muy mala posición y se sobresaltó al pensar que podía haberse lastimado las piernas.
—¿Killua-sama?
—Mmm… sí, estoy despierto, gracias —habló mientras estiraba lentamente ambas piernas, sintiendo como los músculos se contraían dolorosamente.
—En cinco minutos traerán su almuerzo, le recomiendo que abra la puerta para que puedan pasar, recuerde que su maestro vendrá en una hora.
—Sí, ya voy —cojeando caminó hasta la puerta y la abrió. La mirada del mayordomo mostró una breve expresión de sorpresa al verlo y luego regresó a la seriedad acostumbrada.
—Gracias, Killua-sama.
Después de almorzar y darse un baño, su maestro llegó. Todos los que le veían notaban con sorpresa las ojeras de sus ojos, y la expresión apagada de su rostro y cuerpo en general, y dado que tenían la orden de no cuestionar nada ni implicarse en los asuntos correspondientes al niño, nadie dijo algo sobre ello. Quizá entre ellos se lo comentaron, pero Killua no se dio por enterado.
Al paso de unos días se dio cuenta que no había un patrón de comportamiento en Kozi. Había aparecido dos días seguidos, y luego no apareció hasta tres días después.
De nuevo Killua se había decidido a poner el seguro de su cuarto, aunque eso implicara levantarse un poco más temprano para abrir. Luego de su tercera aparición, volvió a ausentarse otros cinco días más, para luego reaparecer los dos días siguientes.
En aquel entonces ya había tomado la decisión de dormir por las tardes un par de horas para poder aguantar el quedarse despierto por las noches y esperar a que Kozi, se apareciera por su cuarto. Situación que no podía controlar debido a la ausencia de un patrón.
Estos malos hábitos de sueño, comenzaron a afectarle física y mentalmente. Incluso había comenzado a perder el. Ahora no sólo se rasguñaba y se mordía los labios, también apretaba con sus dedos su piel hasta hacerse pequeños moretones. Estaba siempre a la defensiva, a excepción de con su maestro, con quién no dirigía palabra alguna a menos de que se tratara de cuestiones de estudios, y apenas podía comprender lo que trataban las clases.
La última noche que apareció Kozi golpeando la puerta, había sido más agresivo que las veces anteriores, asimismo le había visto asomarse por debajo de la puerta e intentar meter una mano. El pequeño asesino terminó por salir de la cama y correr a acostarse sobre la de su hermano Illumi, ocultándose debajo de las cobijas, como si así consiguiera algo. Había llegado a la conclusión que si Kozi no destruía la puerta era porque no quería que lo descubrieran y por eso intentaba no llamar demasiado la atención.
Nos vemos en dos semanas. Ya verán que esto se pondrá mejor, mucho mejor.
Gracias por seguir leyendo.
