Disclaimer: Harry Potter y esta historia pertenecen a JK Rowling y a DictionaryWrites respectivamente. Esta es una traducción autorizada.

Capítulo 6

Pociones, incluso con la amenaza de Snape en mente, está medianamente bien. Excepto por que, desafortunadamente, Hermione se ha rehusado a hablarle. Hizo un comentario cortante acerca de cómo Harry había podido ser tan irrespetuoso, y luego lo ignoró durante el resto de la lección, incluso cuando le pidió que le pasara los tallos de margarita.

Sus otras lecciones, al menos, fueron bastante bien. Hasta el último periodo: Transfiguración.

—¿Qué tienes ahí, Potter? —Harry levanta la cabeza de sus notas de Transfiguración mientras cuidadosa y ordenadamente las transcribe desde la pizarra, echándole un ojo a McGonagall por encima de sus anteojos. De verdad lo odia por el momento, y Harry espera que algún día se le pase, porque es un poco más que atemorizante. Ella apunta a las notas apiladas en el escritorio a su lado, y él las mira.

—Ah, son sólo mis notas de la semana pasada, Profesora.

—¿Augusta Longbottom te está ofreciendo tutelaje en Transfiguración, Potter? —Harry se ruboriza mientras algunos de los Hufflepuffs ríen nerviosamente, y hace un ademán de tomar la pila de notas y guardarlas en su bolso, pero McGonagall lo detiene antes de que pueda moverse, sosteniendo la carta de la cima.

—Profesora McGonagall, eso es correspondencia privada. Debo haber recogido mis cartas en lugar de mis notas esta manana.

McGonagall lo ignora, escaneando la página, y Harry deja salir un bufido irritado; ella empieza a revisar las otras páginas, y es una pila de siete: dos de Molly Weasley, y también nuevas respuestas de Amelia Bones, Augusta Longbottom, Lucius Malfoy y Andrómeda Tonks. Ni siquiera las ha leído aún.

—Profesora...

—Quédese atrás después de la clase por favor, Señor Potter —McGonagall habla claro, y reemplaza la carta de la pila; algunos Hufflepuffs dejan salir un ohhh, y Harry hace una mental de decirle a Ernie MacMillan dónde metérselo la próxima vez que le pida ayuda para hacer el encantamiento lustrador. Slytherin, tal parece, es la única casa que ensena la básica aplicación de los encantamientos del hogar.

Cruza sus brazos sobre su pecho mientras se pone de pie frente al escritorio de McGonagall después de clase: es genial. Snape lo odia, y ahora McGonagall lo victimizará también, como si lo necesitara.

—No está contra las reglas el enviar y recibir cartas, Profesora —Harry dice tan pronto como el último Huffllepuff sale de la clase dubitativamente.

—Señor Potter, ¿por qué le está enviando cartas a estas personas?

—Con todo respeto, Profesora, no es asunto suyo.

McGonagall toma la carta de la Señora Longbottom, abriéndola en la segunda página, y Harry nota algo que no había visto cuando la había abierto desde el sobre: una fotografía pegada al frente, marcada 1978 en la parte trasera. Extiende su mano inmediatamente, y ella la pone entre sus dedos: una pareja mayor, marcada como Frank y Alice, con un hombre a quien Harry reconoce como su propio reflejo.

La fotografía se mueve, y Harry ve a la mujer, Alice, repetidamente estirarse hacia atrás, riendo, mientras James empuja a Frank en el pecho, el movimiento repetido cada cuantos segundos cuando la fotografía se rebobina. Su pecho le duele al mirarla, al ver a su padre riendo. Se ve tan joven, ¿cuántos años tendrá? ¿18? ¿19?

Dos años antes de que Harry naciera; ¿cuántos años habría tenido ahora? ¿Estaría en sus treinta?

—Ese es mi padre. Sí me veo como él —susurra las palabras, y está sorprendido al escuchar su propia voz con un tinte grueso.

—Sí, James y Lily conocían bien a los Longbottom. Estaban unos años más adelante en la escuela.

McGonagall lo está mirando con una rara y tensa expresión en su rostro, y Harry puede ver sus ojos brillando ligeramente. Ella exhala, y luego dice:

—Potter, tu padre era uno de mis Gryffindors. Le ensené mientras estaba en la escuela. Entiendo completamente si intentas buscarlo, esperando encontrar más información sobre él y tu madre. Eres... bienvenido en mi oficina, si es que deseas hablar sobre ellos.

Harry mira a McGonagall, sólo por unos segundos, y luego dice, con voz diminuta, muy sorprendido:

—Gracias, Señora.

McGonagall da un asentimiento cortés, y Harry se mueve hacia la puerta, pero luego se voltea, dudando por un segundo antes de preguntar. —¿Cómo lucía mi madre?

Ella frunce el entrecejo. —¿No vivías con la hermana de tu madre, Petunia?

Harry se debate por un segundo. Es vergonzoso, hablar de sus tíos, pero por otro lado, tal vez no lo envíen de vuelta allí si la gente se entera de cuán horribles son. —Nunca se me permitió hablar de mis padres, Profesora. Tía Petunia y Tío Vernon dijeron que eran unos locos que murieron en un accidente de auto. Nunca supe cómo eran.

Harry mira las líneas ajustarse en la cara de McGonagall, mira mientras el furioso rojo que había aparecido cuando la había insultado hace unas semanas sube a sus mejillas. Quizá no tendrá que volver con los Dursleys para el verano después de todo.

—Era una chica bajita, no más alta que tú. Hermoso cabello rojo hasta los hombros, ojos verdes como los tuyos. Era muy bonita; James estaba obsesionado con ella incluso a tu edad —Harry sonríe un poco, dándole un lento asentimiento, y McGonagall lo mira con una expresión triste en su rostro, pero ya no se ve muy molesta.

(...)

Harry murmura un Extinguo desde donde está arrodillado contra la próxima escalera, mirando las lámparas de los lados de La Dama Gorda extinguirse un poco, y luego con mucho cuidado se mueve hacia abajo mientras ella suelta un ruidoso bufido quejumbroso.

Escucha a las tres chicas subir las escaleras, todas ellas son las cazadoras del equipo de Quidditch de Gryffindor, y las ha visto volar por ahí en las prácticas bajo el comando de Oliver Wood.

—¡Caput Draconis! —una de ellas, una abrumadoramente hermosa chica que Harry sabe se llama Angelina, da la contraseña limpiamente, y Harry sonríe de lado. Ahora sabe dónde están todas las salas comunes; los de Hufflepuff están junto a las cocinas, los de Ravenclaw están arriba en otra torre, y los Gryffindors están detrás de La Dama Gorda: más importante, por supuesto, ahora sabe la contraseña.

—Sus antorchas se están viendo un poco oscuras, Señora —Harry habla cortésmente mientras mira hacia arriba hacia La Dama Gorda, habiendo casualmente bajado por las escaleras en las que había estado escondido mientras ella miraba para otro lado, y ella bufa hacia él, cruzando sus brazos sobre su pecho.

—Deberías irte a las mazmorras, muchacho, donde perteneces.

—Sólo quería que lo supiera, si le gustaría que las arregle antes de que me vaya.

Harry levanta la caja de fósforos que usa para la clase de Pociones, y el entrecejo fruncido de La Dama Gorda se cae un poco mientras se acomoda en su asiento pintado.

—Muy bien. Estaría agradecida —ella levanta la barbilla, mirándolo con elegancia aristócrata, y Harry se para de puntillas para juntar el fósforo con las antorchas y dejarlas flameando apropiadamente de nuevo. Con eso, mueve el fósforo frente a él para extinguirlo.

—Gracias.

—El placer es mío. Y, ¿Señora?

—¿Sí, muchacho?

—Caput Draconis.

—Tú, pequeño tramposo-

El resto de su insulto se corta mientras se tambalea hacia atrás, y Harry se mete a la sala común con presteza, caminando directamente hacia otro miembro del equipo de Quidditch y tocándole el hombro. Nadie le presta atención ni lo mira, y Wood luce completamente sorprendido mientras voltea su cabeza y observa a Harry.

—¿Disculpa? ¿Capitán Wood?

—Quién- qué rayos haces aquí-

—Sólo quiero hablar. Es sobre Quidditch.

Wood lo agarra de la parte trasera de sus túnicas y empieza a empujar a Harry fuera del retrato y junto a la gran escalera de nuevo, furioso por la forma en la que Harry le sonríe. Wood le mira mal.

—Cómo hiciste para-

—Quiero que me ensenes a jugar Quidditch.

—Pregúntale a Flint —Harry se ríe, haciendo que Wood luzca espantado.

—Flint me querrá en el equipo. No quiero estar en el equipo. Tú no me quieres en el equipo —Wood lo mira, sus cejas gruesas frunciéndose. Es un chico musculoso, de hombros anchos y figura imponente, pero Harry no se siente intimidado; puede ver la trampa en el rostro del chico. Ha escuchado a Marcus Flint acerca de cuán apasionado Wood es sobre el Quidditch. Harry tiene la intención de pegarle justo en la obsesión.

—¿Por qué no quieres estar en el equipo? —Wood pregunta, como si le estuviese preguntando por qué no quiere seguir respirando. Harry se encoge de hombros. Quidditch parece un juego divertido, pero los chicos del equipo de Quidditch tienen complexión de gigantes, y ha visto la forma en la que las bludgers vuelan a través del campo en las prácticas. Incluso si no es probable que lo maten, una de esas cosas golpeándote debe doler.

—¿Por qué no te quiero en el equipo?

—Madame Hooch dice que vuelo como un demonio —Wood cruza sus brazos sobre su pecho.

—Habla, serpiente.

—Tú pones a Hermione y a Neville a un lado, bajo el pretexto de darles lecciones extra. Yo me uno porque somos amigos. Tú me ensenas las reglas, y yo no me uno al equipo. No disminuyes tus oportunidades de ganar la copa aún más.

—¿Por qué? —Wood pregunta. Harry sonríe.

—¿Acaso importa?

—Quiero esto por escrito —dice de nuevo. Harry se encoge de hombros.

—De acuerdo —Wood lo mira mal, sólo un segundo más, y luego extiende su extensa mano; Harry la estrecha, ofreciendo una sonrisa a cambio. Luego dice:

—Esto es secreto, sin embargo. Vine hasta aquí para preguntar sobre mi crush en Angelina si alguien pregunta.

—¿Tienes un crush en Angelina? —Wood cuestiona, sorprendido, y Harry lo mira extrañado. Angelina es bonita, pero-

—Wood. Tengo once.

—Cierto, cierto. Bueno. Nos vemos luego, Potter. Granger te hará saber.

(...)

—Hola, Hermione —Harry dice razonablemente mientras ella se acerca con dramatismo a la mesa de Slytherin, y él le sonríe con placidez, levantando la cabeza de su conversación con el Barón Sanguinario; están sentados juntos cerca del final de la mesa. Quería preguntarle al hombre algunas preguntas para su tarea de Historia de la Magia y, por razones que Harry logra entender mientras considera las plateadas manchas de sangre abajo en las túnicas del Barón, nadie ha querido sentarse con ellos por hoy —. Creí que ya no me hablabas.

—¡No lo voy a hacer! No lo haré.

—Te ayudará a sentirte más cómoda en una escoba —Harry apunta.

—¡No quiero estar cómoda en una escoba!

—¿No quieres estar cómoda? —el Barón habla en un oscuro, rasposo tono, pero Hermione, para su crédito, está un poco muy enojada con Harry para estar asustada del sangriento fantasma de la casa de Slytherin.

—¡No quiero estar en una escoba de cualquier forma, muchas gracias! —el Barón se ve sorprendido, arqueando sus cejas e inclinándose hacia atrás ligeramente, y Hermione se voltea hacia Harry.

—¿Qué hay de Neville? La abuela de Neville estaría probablemente muy feliz con él si pudiera manejar una escoba apropiadamente —Harry dice.

Hermione cruza sus brazos sobre su pecho. —Sólo será por Neville.

—Sólo por Neville, totalmente —Harry le sonríe, y luego de un bufido exasperado, ella le ofrece una ligera sonrisa también.

—Eres un idiota.

—Suerte que te tengo a ti, entonces, ¿no lo crees?