Pues aquí me tienen, aún tengo material para publicar y nuevas betas :) lo cual me da un alivio porque es muy difícil escribir sin recibir una segunda o tercer opinión que me diga "sí, me gustó, puedes publicarlo". No sé, soy muy tímido.
Estaba leyendo mi borrador y pensé "maldita sea, ya quiero que avance la historia".
Yo no sé porqué escribo suspenso si ni me sale.'.
Capítulo 11
―Despierta, Kil…
La voz suave de su hermano lo sacó de sus sueños, incitando en él una felicidad inmensa. Illumi quien llegó a la mañana siguiente, encontró al pequeño durmiendo sobre su cama, en cuanto lo vio, se arrodilló frente a él para verlo de cerca.
―Illu-nii…
Abrió sus ojos, y se quedó quieto. Dejó que sus hermosos luceros azules se centraran en la persona que tenía frente a él.
—Me dijeron que te has estado encerrando en el cuarto, ¿está todo bien?
Killua optó por sentarse en la cama para terminar de despertar.
—mmm…
Asintió con la cabeza y dejó escapar un bostezo. Illumi observó atentamente cada uno de los detalles de su cuerpo, notó todas las huellas del terror que estaban marcadas en él. Lo tomó del mentón y levantó su rostro. El niño se quejó un poco a causa del dolor provocado por ese movimiento.
—¿Te has estado mordiendo de nuevo los labios?
Esta pregunta hizo que el albino girara violentamente la cara para que no siguiera viéndolo pero no lo dejó huir y le tomó de una de las manos, estirándola para revisar todo el brazo. En efecto, había más arañazos en él, eso y nuevas marcas de moretones
—Kil ¿qué significa todo esto?
El peliblanco volvió a soltarse bruscamente y se escondió entre las cobijas, avergonzado de ser descubierto; Illumi no le permitió esconderse. Lo forzó a mostrarse, una vez fuera lo cargó como si fuera un bebé pequeño
—¿Qué pasa contigo? Ven aquí.
Instantáneamente Killua se acurrucó entre sus brazos sin querer pronunciar palabra.
—Le diré a tu maestro que te de la clase por la tarde, vamos a almorzar.
Salieron del hotel para romper la rutina, caminaron rumbo a un restaurante cercano, el aire fresco les sentaba bien, tranquilos ahora podían hablar con libertad.
—¿Es que acaso no puedo confiar en que te puedes cuidar por ti mismo? Siempre que te dejo solo unos días y regreso estás hecho un desastre.
Pese a que su pequeño hermano había dicho que no tenía hambre, logró hacer que comiera, relajándose un poco. Pudo ver una débil sonrisa después de un rato de estar ahí sentados juntos y lo mejor de todo era que en el interior, el niño sintió un alivio al saber que volvería a dormir como antes.
—Estoy bien, aniki, yo sólo… uuh… —se quedó pensando en una excusa creíble— supongo que la muerte de Greco pues…
—¿Aun con eso? —Inconscientemente sonó más agresivo de lo que deseaba.
—Bueno… también te echo de menos.
—Si vas a mentir al menos hazlo bien.
—¡Es en serio Illu-nii! Sí te… te… —enrojeció— sí te extraño.
Illumi se desconcertó ante la reacción de su hermano, no lo había visto avergonzarse por expresar su cariño. Alzó una ceja.
—¿Por qué te da pena decir algo así? Ni que no me lo hubieras dicho antes.
—No es tan fácil. Ya estoy grande.
—No es así.
—¡Que sí!
Sentados como estaban, Illumi levantó una de sus manos a un lado de la mesa, aparentando una medida de altura.
—Ponte de pie, debajo de mi mano. Si tu cabeza sobrepasa el límite de ella, entonces aceptaré que estás grande.
Killua lo miró acusadoramente, sabía que no lo lograría, era una de esas jugarretas irritantes de su hermano mayor— no-lo-haré —gruñó.
—Anda, dices que ya estás grande, demuéstralo.
—Idiota… —murmuró enojado.
La expresión de Illumi cambió a una seria— ¿cómo me llamaste?
—…
Se dio cuenta de su error, nunca le había faltado al respeto a su hermano. Quizá durante los entrenamientos solía usar groserías, pero ahí era admisible para liberar el estrés y la ira que desataba el sufrir dolor.
—Si soy un idiota para ti, entonces tampoco es necesario que me quede aquí. No te preocupes, no le diré a papá, sólo te quedarás con el mayordomo y eso será todo.
Killua se sintió peor que si sólo recibía un golpe como castigo por su ofensa.
—No, aniki… lo siento.
Cuando la expresión de su hermano mayor no cambió, los nervios se le pusieron de punta. El hecho de pensar que se quedaría solo, con Kozi acosándolo, sin poder dormir por el miedo que lo mantenía paralizado, le hizo darse cuenta que era demasiado estrés para él. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para conservar la compañía del mayor.
—Aniki, no te vayas, por favor — Trató de hacer su expresión más tierna.
—Pareces un gatito indefenso, y aun así no pienso cambiar de opinión.
La mente del peliblanco comenzó a trabajar con gran velocidad. Su instinto de supervivencia, superior a cualquier otro, estaba comenzando a actuar y eso Illumi lo veía, sólo quería medir su límite.
—Illu-nii te extraño, no me dejes solo de nuevo.
El pequeño se puso de pie sobre la silla en la que estaba, colocando sus manos sobre la mesa para ver más de cerca a su hermano, no rindiéndose en hacerse ver como muy necesitado.
—¿No ves lo que me pasa cuando no estás? ¿Estás dispuesto a hacerte responsable de mis heridas, si papá se llegara a enterar?
Fue un golpe bajo, significaba que el niño podía tener un límite muchísimo más lejano del que había calculado.
—¿Desde cuándo eres tan manipulador?
Killua sonrió traviesamente— Paso mucho tiempo contigo, eres un gran maestro.
Le devolvió el gesto sarcástico. Era cierto, ese estilo acusador sólo podía ser obra suya, así que no pudo evitar sentirse orgulloso de que su pequeño alumno comenzara a responder más inteligentemente. Tal vez para muchos, esta clase de actitudes no era aceptable, pero él conocía el mundo de los asesinos mejor, sabía que muchas de las veces, en cuestiones de negocios, un trato inteligente, manipulador, le ayudaría a crecer y llegar más rápido a sus metas.
—Kil, Kil… está bien, me quedaré los días que puedo.
Lo cierto era que estaba esperando a que su hermano le dijera lo que le ocurría, sobre las visitas nocturnas de Kozi y el miedo que le estaba atormentando.
Por supuesto que el terror que sufría era evidente, ni siquiera era necesario que tuvieran esa conversación, no obstante quería ver cómo estaba ahora psicológicamente, principalmente, porque asustar a un niño asesino, no era cosa fácil, si lo estaba haciendo bien entonces las resistencias de su mente debían estar bajando aún más, lo suficiente como para que pidiera auxilio.
Después de comer lo llevó de regreso a su cuarto, manipulado por el niño que le había extendido los brazos para que lo llevara de regreso, a lo que no pudo resistirse. Y bien sabía que si Killua lo había hecho, era en su afán de convencerlo a quedarse mucho tiempo, lo cual significaba que ya era consciente del cariño que su hermano mayor le tenía, haciéndolo débil. No era una buena señal para sus planes y tampoco era mala señal para sus deseos. Estaba en un grandísimo dilema. Cuando llegó a su cuarto, vio que bostezaba constantemente, el sueño se manifestaba.
Sonrió para sí mismo. Después de no haberlo hecho en varios años, volvió a sentir lo dulce que era arrullarlo para que se durmiera, recordaba el deseo sobreprotector que tenía por el pequeño. Aunque tenía que evitar que en ese instante se durmiera, aun no era hora ya que más tarde batallaría en concebir el sueño.
—Parezco más tu padre, te cuido mejor que mamá y papá juntos —susurró.
Al llegar al cuarto, lo bajó de sus brazos y vio que el niño volvía a bostezar con evidente cansancio— Kil, no te duermas, tienes que meterte a bañar y tu maestro ya no debe tardar en llegar.
—Mejor dile que no venga y nos quedamos a descansar, ¿sí? —Contestó adormilado.
—No. Si vas a dormir, será en la noche ¿no has estado durmiendo bien? —Esperaba que eso lo hiciera hablar del asunto de Kozi.
—No… bueno, me meteré a bañar —el niño había preferido cambiar de tema antes que comenzar a enredarse entre palabras.
Se quedó viendo fijamente a la puerta del baño, luego escuchó el agua caer. Anteriormente no se había preocupado por el daño que le provocaba a su hermano, puesto que consideraba completamente necesario el mal, además, internamente, estaba protegiendo sus intereses a futuro, y era su excusa para estar cerca de él sin tener que dar explicaciones a sus padres.
«¿En serio te conformas con tan poco?» Escuchó la voz del espíritu de Nen, que desde hace días estaba ausente. «No es que yo quiera ser entrometido, pero tú pareces ser el tipo más apropiado para estar junto a ese enano. Sólo date cuenta, tus padres ni siquiera han llamado para saber sobre él»
—Ellos son personas ocupadas — murmuró muy suavemente.
«La excusa de todos. Tú también lo eres, aun así veo que apartas tiempo para el nene». Illumi no quiso continuar con la conversación, en realidad sabía que lo que el espíritu de la Y buscaba, era seguir incitándole a desear a su hermano para él, porque su poder no estaba creciendo como él quería. «Además, si me permites decirlo, ese pequeñín se ve adorable. Estoy seguro que si lo dejas solo, alguien más querrá llevárselo». No lo creyó posible, porque sabía que Killua estaba muy bien entrenado. «Digo, durante este tiempo que planeaste dejarlo débil y temeroso, si alguien más se diera cuenta podría, no sé… intentar hacerle algo ¿tal vez?»
El espíritu de la Y aun no sabía cómo tocar las fibras del corazón de su anfitrión, no le conocía lo suficiente como convencerle. De igual modo, su conocimiento del exterior dependía directamente de lo que Illumi mismo sabía o lograba saber, eso hacía que el autocontrol del muchacho lo obligara a pasar por muchos problemas.
—Te informo que lo que intentas hacer no está funcionando. Sabes bien que yo soy el que lo vigila, no dejaría que algo le pasara.
El espíritu Nen se desvaneció nuevamente. Y respiró aliviado, en realidad detestaba escuchar esa voz, porque le hacía dudar quién era él y quién era el espíritu, esperaba que con el tiempo las cosas fueran más simples. Killua tuvo sueño el resto del día, incluso su maestro decidió terminar la clase un poco más temprano que de costumbre, porque veía al niño caer de cansancio. Illumi tuvo que regañarle un par de veces hasta que se rindió, porque no era cosa que el albino pudiera controlar. Al menos no sería difícil hacerlo dormir en la noche, o eso creyó, ya que llegado el momento parecía más despierto que hacía algunas horas.
Lo notó nervioso, observando constantemente la puerta mientras hacían los ejercicios para antes de dormir. Intentó hacer presión para hacerlo hablar preguntándole qué le ocurría en un par de ocasiones, pero no obtuvo respuesta, y lamentó que no fuera así porque eso sólo significaba que tendría que alargar el estado de terror e intensificarlo más. A medianoche se convenció de que no era buena idea dejarlo dormir solo en la cama, si es que quería que el niño no superará su temor.
—¿No puedes dormir Kil? Toda la tarde estuviste diciendo que estabas cansado, incluso tu maestro sintió pena por ti —Le habló desde su cama, girando hacia su costado para verlo de frente.
—Lo siento Illu-nii, creo que me acostumbré a desvelarme —le respondió observándolo, hecho ovillo en su cama.
Fingió resoplar desesperado— ven —se sentó y le hizo un espacio en su cama. Killua saltó rápidamente y se apresuró a sentarse junto a su hermano— sé que me estás ocultando algo, no te preguntaré más porque he decidido confiar en tú decisión de esconderlo.
—Gracias.
La razón por la que Killua no quería decirle a su hermano, no sólo era por vergüenza de reconocerse débil, sino por no decepcionar a quién le había estado entrenando desde que tenía uso de razón. Lo que esperaba era que su hermano estuviera ahí el tiempo suficiente como para que Kozi apareciera de nuevo y entonces, con la fortaleza de su hermano junto a él, pudiera enfrentarlo sin tener tanto miedo.
—Hoy vi que dormías en mi cama, si te dejo acostarte aquí conmigo ¿crees que te vuelva a dar sueño?
La sonrisa de Killua le dio la respuesta antes de escucharlo de su propia boca
—¡Sí!
—Bien, entonces acuéstate.
Indicó, y él hizo lo mismo. El pequeño se acurrucó junto a él, y ya no resistiendo más sus impulsos, lo abrazó para que pudiera dormir tranquilo. En efecto, apenas pasaron cinco minutos cuando ya había caído rendido.
Por los dos días siguientes que Illumi estuvo ahí de visita, Kozi no se apareció. Para desesperación del pequeño peliblanco, que comenzó a preguntarse si Kozi lo estaba espiando, y de ser así, significaba que tenía mejor capacidad que su mismo hermano, a quién era difícil de engañar. Para el tercer día Illumi anunció que se iría a trabajar nuevamente, cosa que para nada agradaba a su hermano menor. Killua prácticamente tuvo que usar todas sus cartas para convencerlo de quedarse. A pesar de tener casi siete años era capaz de idear estrategias manipuladoras de convencimiento, basadas en los lazos emocionales que poseían entre ellos. Por supuesto, eso no era tierno porque Illumi todo este tiempo había afirmado tener más resistencia sobre las cuestiones emocionales. Terminó por quedarse otro día y no aceptó más juegos para quedarse un quinto día, así que se marchó dejando a un inestable Killua.
Killua se quedó viendo la puerta cuando su hermano salió de su cuarto, estaba inconforme con su partida, su pequeña esperanza se había esfumado. No sabía ahora qué pasaría. Lo que más le angustiaba era la incertidumbre de las apariciones de Kozi. Si es que éstas volverían pronto, ¿se tomaría más tiempo o simplemente ya no volverían a ocurrir? Por lo menos durante los días en que tuvo la compañía de su hermano, durmió un poco más y su apetito había vuelto, gracias a que sus conversaciones le habían distraído, así que se encontraba más recuperado aunque no lo suficiente como para decir que estuviera listo para un enfrentamiento.
No fue necesario esperar mucho tiempo, esa misma noche Kozi volvió. Killua se había confiado gracias a la presencia de su hermano, olvidando cerrar la puerta, así que para su desgracia el hombre irrumpió mientras él dormía, lo despertó dándole un buen susto al tomarlo de uno de sus pies y estirarlo hasta casi sacarlo de la cama. Si no se cayó fue porque su instinto le hizo sostenerse a tiempo, pero vio con horror cómo el hombre había intentado usar su fuerza y violencia para atraparlo, tuvo que lanzar una patada al aire, forcejear antes de que repentinamente el hombre le soltara y saliera del cuarto a toda velocidad. Era la primera vez que había tenido contacto con él, y no había sido para nada grato.
Por causa de ese suceso las pesadillas volvieron. Ahora incluían a su hermano a lo lejos observándole, con una mirada de decepción, para luego darle la espalda, entonces él corría sin conseguir avanzar. Era tan intenso el pánico que después de despertar, no le daban ganas de seguir durmiendo. Dejaba la luz prendida para no batallar en enfocar las cosas cada vez que se despertaba, y eso le provocó que su descanso se redujera todavía más. Ni hablar de su humor o de sus hábitos alimenticios, estaba más irritable, apenas aceptaba comer. Comenzó a usar el dinero que su hermano le había dejado para comprar cosas que distraían su mente y su hambre.
Tres días después de la partida de Illumi los ataques de Kozi continuaron. Los golpes fueron cada vez más fuertes e incluso lo escuchó arañar la madera y paredes de la entrada. Fingió no saber qué era lo que había pasado con la puerta cuando le preguntaron por las marcas, continuó con su angustia en silencio.
Luego hubo un día de descanso. Para ese momento, el desgaste había sido especialmente tremendo. No sólo estaba deprimido por pensar en el pésimo amigo que había resultado ser para Greco, también le molestaba no corresponder como debía al entrenamiento de su hermano y su padre, es decir, demostrar el nivel de un Zoldyck. A pesar de que físicamente se sentía ya recuperado de las fracturas y golpes por los que había ido a parar a enfermería, emocionalmente estaba impedido como para notar esta recuperación. Ahora era como un niño más.
Durante esa noche se puso a pensar en los problemas por los que estaba pasando, ya era demasiado obvio en esos momentos que tenía que tomar medidas serias para enfrentar sus dificultades. Primero que nada debía confirmar su sospecha del porqué estaba siendo atacado, y luego averiguar exactamente qué era lo que Kozi planeaba hacerle. Dado que era muy sospechoso que el hombre no le estaba haciendo nada y eso que tenía ventaja sobre él. Su miedo estaba dentro de la mente, sin ser capaz de darse cuenta.
Al día siguiente, sobre la noche, como era habitual, Kozi apareció entre el pasillo. Killua estaba expectante, escuchando atentamente mientras el golpeteo de sus pasos se aproximaba a su cuarto. Contuvo la respiración para prestar más atención y luego oyó los golpes contra la puerta.
—Ki-llu-a… Killu-a… — Advirtió que le llamaba con su voz espectral y su miedo se disparó. Ya no pudo controlar más su respiración.
La diferencia era que ya había tomado una decisión, estaba dispuesto a cambiar algo y no ser sólo un chiquillo cobarde orillado en su cama. Tomó aire para agarrar valor, alzó la voz tímidamente
—Aquí…
Sólo que su voz no resonó lo suficientemente fuerte. Volvió a hacerlo con más confianza— ¡¿Qué quieres, Kozi?! ¡¿Qué quieres de mí?! —Hubo una pausa del otro lado.
Si Killua hubiera abierto la puerta, tal vez habría visto que Kozi no estaba solo en esos instantes, su hermano Illumi yacía contra la pared, junto a Kozi, analizando de lo que acababa de ocurrir. Al principio pensó que las cosas se habían salido de control y luego reaccionó, no era que Killua intentara perder el miedo, era que intentaba comprender lo que le pasaba.
—Ven aquí, ven aquí, sal de ahí —Comenzó a decir Kozi, una y otra vez mientras apaleaba la puerta ferozmente, al grado que la madera empezó a ceder a sus golpes. El niño corrió a sostener la madera, temeroso de que su voz hubiera provocado más al hombre y que esto desembocara en un ataque real. Sin su hermano, sentía que no podía hacer absolutamente nada.
Kozi destruyó la madera, metió violentamente una de sus manos a través del agujero que se formó y el niño dio un brinco hacia atrás, retrocediendo hasta quedar contra la pared. Pensando seriamente en hacer otra entrada en el muro que lo acorralaba y escapar a través. Y contra su pronóstico, Kozi no continuo, se detuvo abruptamente y se asomó para encontrarle.
—Ven aquí… —fue todo lo que dijo antes de irse de ahí.
Killua se dejó caer al suelo, aun con la adrenalina corriendo por sus venas. Sus lágrimas cubrieron su rostro, estaba cansado, harto de no poder dormir, comer ni pelear, de sentirse tan débil e impedido. En su corazón no creía poder soportar por más tiempo una noche de pesadilla, sentía que moriría si continuaba así. Y es que en su totalidad, el breve descanso que había tenido al lado de su hermano había sido nada en comparación a lo que necesitaba. Todo su cuerpo resentía el maltrato al que lo sometían. Tenía la esperanza de que su hermano volvería pronto a él.
Despertó justo después de que hubieran cambiado puerta por órdenes de Illumi, a quién por supuesto, nadie cuestionó por lo que estaba ocurriendo. Las ideas del pequeño albino comenzaron a verse mermadas por el cansancio físico y mental, tanto que no se atrevió a averiguar por qué había una puerta nueva. Eso alegró mucho al morocho, era una señal de que estaba casi listo. Para ello sólo tuvo que esperar un día más de desgaste. Killua pasó casi toda la noche siguiente en vela esperando a que llegara un acosador que no se apareció, el estado en el que se encontraba era más que lamentable; no se mostraba fácil de tratar, no aceptaba responder ninguna pregunta, por ello su maestro canceló la clase.
Los que le rodeaban notaban que comenzaba a enloquecer. Para Killua, todos lucían en su mente como Kozi, o como personas aliadas a su enemigo. Su justificación para pensar así era que a pesar de todo el escándalo que hacía en las noches, nadie se había animado a preguntarle algo, ni se aparecían por curiosidad cuando ocurrían los ataques. Su única conclusión era que no podía confiar en nadie, salvo en Illumi, quién seguía sin aparecer.
A la noche siguiente, su pesadilla volvió. Killua lo había estado esperando con la mirada fija en algún punto sobre la puerta, había dejado de reaccionar como antes. Como si el temor hubiera evolucionado a una sensación de adormecimiento y permaneció así hasta que escuchó la voz de Kozi detrás de la madera.
—Killu… a…
Corrió contra la entrada, como la última vez, y esta vez no vaciló en hablar:
—¡¿Qué quieres de mí?!
Gritó al borde del ahogo.
—Ven aquí… ven, ven, ven, ven…
Comenzó a llamarlo insistentemente, de nuevo los golpes en la puerta se hicieron presentes hasta destruirla. El pequeño Zoldyck corrió hacia la pared, estaba decidido a romperla en cuanto el hombre cruzara. Cuando Kozi derrumbó por completo la única barrera que lo separaba del niño, se quedó paralizado al otro lado.
—Ven Killua… ven.
—¡No! ¡Déjame en paz!
Suplicaba a gritos, y luego cayó al suelo aterrorizado por la sensación del Nen que comenzó a desprender Kozi, reconoció inmediatamente esa sensación que había experimentado antes cuando su hermano se enojaba.
—Ven.
Comenzó a hiperventilar con lágrimas en los ojos brotando por montones y su visión empezando a dar vueltas. Escuchó a Kozi correr hasta alejarse del cuarto unos metros, y luego regresar, esto ocurrió un par de veces más, antes de que Killua se decidiera a levantarse y a salir.
—Si he de morir, que muera entonces… —murmuró—. Pero ya quiero que termine.
Caminó hasta quedar frente a la puerta y escuchó a Kozi al final del pasillo, entonces se animó a salir. Vio que el hombre lo observaba a lo lejos.
—Ven.
Kozi dio media vuelta y volvió a andar, esta vez Killua le siguió a distancia. Salieron del edificio y entonces el acosador comenzó a correr. Era una noche silenciosa, la calle estaba sospechosamente despejada, el aire comenzaba a sentirse húmedo por culpa de las nubes que opacaron el brillo de las estrellas. Caminó unos metros afuera del edificio y escuchó pasos a distancia, era más gente que estaba a su alrededor, probablemente oculta por todas partes. Su pulso volvió a acelerarse, y cuando quiso regresar al interior del edificio, ya era muy tarde. Vio más sombras caminando desde la recepción del edificio, no le quedó más remedio que alejarse lo más rápido que pudo. Las personas a su alrededor le persiguieron y huyó por el camino que veía con más claridad. Tenía la sensación de que todo lo que le estaba pasando había sido planeado porque al seguir ese camino, sin desearlo, terminó adentrándose en un parque oscuro. Apenas y podía evadir los árboles que estaban apareciendo mientras corría lo más rápido que sus piernas le permitían.
—¡No, no, no!
Comenzó a gritar desesperado, ya sin encontrar nada en su mente que le pudiera dar solución. El miedo a morir, era más poderoso de lo que nunca antes se había imaginado.
En un instante de falta de concentración por estar buscando a las personas que aún estaban detrás de él, terminó por estrellarse contra un árbol haciéndolo caer de espaldas al suelo. Estaba tan oscuro que no supo cómo reaccionar en un principio.
—A-ayuda.
No gritaba, ya no tenía la voz para hacerlo, y no quería delatar su posición. Se levantó pensando que no podía quedarse ahí o sería atrapado, comenzó a moverse entre los árboles que le impedían seguir avanzando; hasta que vio con horror que su decisión le hizo ir a caer a una trampa. Se encontró con más personas que reconoció como sus vecinos de las habitaciones que lo rodeaban y personal de enfermería.
—Lo-lo sabía…
Declaró convencido de que todo este tiempo había estado siendo vigilado por Kozi y sus secuaces. Retrocedió lentamente de espaldas para no perder de vista a la gente que caminaba hacia él, como una horda de zombis atontados, de nuevo chocó contra algo, pero esta vez era diferente. Era alguien. Se dio la vuelta ya sin noción sobre cómo reaccionar. La luz de la luna se asomó entre las nubes, permitiéndole ver el panorama. Estaba rodeado por todas partes, en un círculo formado por gente poseída, pero no se encontraba completamente solo en el centro, a unos metros de él estaba Kozi con la mirada perdida, y la persona contra quién había chocado, era nada menos que su salvación. No pudiendo resistir más, se puso a llorar:
—Ayúdame, ayúdame aniki, ayúdame…
Se aferraba al pantalón de su hermano mientras temblaba.
—Kil…
Illumi se arrodilló frente a él y notó la locura del pánico en sus ojos.
—Hablemos libremente.
Inmediatamente tuvo respuesta, el niño estaba en trance, ni siquiera una pequeña reacción de lucha había tenido y eso era justo lo que había estado buscando.
—Killua, por culpa de Greco has lastimado a tu hermano, por culpa de Greco, Illumi está triste y tú tienes que arreglarlo. Si no hubieras confiado en él, las cosas serían mejor.
—Illu-nii… —vio más lágrimas brotando de sus ojos azules —no, hermano, te prefiero a ti.
—Entonces odia a Greco. Escucha a tu hermano.
No era que todo el asunto de Greco hubiera sido planeado por él. En otros tiempos hubiera hecho que su hermano lo odiara, y no a alguien más, Greco había aparecido en su camino gracias al destino y se había aprovechado de ello. Hasta ese momento, no había introducido una instrucción tan invasiva en su mente, esperaba que fuera la última. Se sintió aliviado al no escuchar respuesta negativa por parte del niño, al fin tenía acceso a esa área sensible, y sólo quedaba un paso más antes de aplicar la aguja. Lo sacó del trance y lo abrazó inmediatamente.
—¿Qué pasa Kil? ¿Qué haces aquí?
Killua temblaba insistentemente e incluso podía escuchar sus dientes tintinear.
—Ayúdame…
—¿A qué?
—M-me siguen ¿n-no lo ves? —Tartamudeaba de miedo.
—Ah… ellos no te siguen, siguen a mi objetivo. —Le señaló a Kozi—, me pidieron que lo matara.
—¿Y ellos… ellos…? —Se refería a los demás, al personal de enfermería y las otras personas.
—Están muertos ya, yo los estoy controlando —Killua volteo a ver a las personas que estaban de pie a lo lejos. Luego vio como algunos de ellos caían sin vida al suelo.
—¿Ves? Ya están muertos.
—¿T-tú… tú hiciste eso? —Se impresionó horrorizado, ahora por lo que acababa de ver en su hermano.
—Sí, y es momento… —se dio la vuelta y de una simple tajada, rebanó el cuello de Kozi. Aunque no era necesario, lo había hecho para que la debilitada mente del pequeño comprendiera que él lo había matado— ya no está Kozi, no te preocupes.
—Illu-nii…
Decidió bloquear de su mente la confusión emocional que le había provocado ver a su hermano acabar con las vidas de montones de personas inocentes por causa de la necesidad de sentirse protegido. Se abrazó a una de las piernas del muchacho de profundos ojos negros, ya no sabiendo qué más añadir. El morocho lo tomó entre sus brazos y lo sacó de ahí de regreso a su cuarto. El niño temblaba ya sin llorar, aguantando todo lo que sus pensamientos le alertaban. Nada de lo que estaba pasando estaba bien, su querido hermano mayor, no era precisamente una persona buena. Se recargó en su hombro y soltó un suspiro.
Esta vez lo condujo hasta el otro cuarto, dado que no era buena idea que el niño continuara reviviendo la sensación de peligro. Si quería que la instrucción nueva tuviera efecto, lo mejor era apartarlo de cualquier escenario que pudiera relacionar con sus pesadillas. Además, no le parecía agradable la idea de dormir en un cuarto sin puerta. Lo recostó en su cama, acarició sus blancos cabellos.
—¿Aun tienes miedo? —El pequeño asintió, y se sentó junto a él, tomando su mano y acariciándola con suavidad— aquí estoy hermanito, mira, te enseñaré una forma para sentirte mejor cuando tengas miedo.
Killua centró su atención en lo que su hermano le diría.
—Respira hondo y cierra tus ojos.
Esperó a que el pequeño siguiera sus instrucciones.
—Con calma, sitúate en un lugar donde te sientas tranquilo ¿dónde estás?
—Estoy… estoy en la montaña, en casa.
—Mira a tú alrededor; el verde del suelo, los árboles que te rodean, escucha el sonido de la montaña; recuerda el aroma de casa.
Fue notorio que el pequeño comenzó a relajarse e incluso una tenue sonrisa adornó su rostro.
—¿Ves a alguien ahí?
—Sí.
—¿Quién está ahí?
—Alluka.
Illumi se sorprendió, no pudo evitar sentir celos. Inconscientemente había estado esperando ser él quién apareciera en esa imagen mental, pero no había sido así.
«Jo… cada vez está más difícil para ti ¿no? Es una pena que no puedas ser nada especial para él». Escuchó que el espíritu de la Y se reía y se molestó consigo mismo por darle el alimento que él estaba esperando, así que se concentró en su actual situación.
—¿Qué ocurre con Alluka?
—Vamos a jugar, vino a llevarme a jugar y olvidarme de todo.
Respiró más aliviado. Entendía que Alluka representaba la tranquilidad que Killua estaba esperando porque su vida era demasiado violenta y movida, raramente tenía tiempo para descansar y cuando podía hacerlo, Alluka siempre estaba para él, alguien que no estaba destinado a ser un asesino más, alguien que le hiciera vivir algo diferente a sólo matar. No, Illumi no estaba ahí para eso, él estaba ahí para hacerlo triunfar en su oscuro mundo. Tarde o temprano se ganaría la gratitud absoluta de su hermano menor o eso esperaba.
—Pues entonces, deberías quedarte ahí jugando con él.
Pero Killua abrió de nuevo los ojos y se enfocó en él.
—Vamos a dormir, aniki.
Hasta el mismo espíritu de Nen se retorció en su interior por esa tierna respuesta.
—Sí, vamos.
Durmieron juntos en la cama, con el pequeño abrazado a su cuerpo.
Se dio el lujo de quedarse ahí acostado junto a su hermano, que no parecía tener hora para despertar. Sólo se levantó cuando sabía que tenía que dar señales de vida en casa y traer nuevo personal porque el suyo ya había pasado a otra vida. Por supuesto, cuidó que su hermano no se despertara, necesitaba que se repusiera por todo lo que había estado ocurriendo durante casi un mes. Acomodó las cosas que necesitaba para comenzar lo que sería la última fase. Esta vez había decidido no involucrar a tantas personas, sólo el mayordomo que aún continuaba ahí, el maestro de Killua y otras dos personas que supervisarían su terapia. Porque ahora el pequeño no necesitaba de cuidados médicos como antes, sólo retrasaría su regreso a la Torre hasta que la aguja hubiera quedado insertada en su cabeza y ya no tuviera que volver a preocuparse por sus actitudes. Cuando regresó al cuarto, vio que el niño estaba despierto, con su mirada perdida en la nada. Probablemente sumido en sus pensamientos.
—Kil ¿estás bien?
Apenas reaccionó a su voz, y pensó que sólo era una fase de asimilar que su enemigo por fin había muerto.
—Kozi… ¿él está muerto?
—Sí, ya no volverá a molestarte.
—¿Y los demás?
—No tiene relevancia.
—¿Dónde están? Esas enfermeras me ayudaban, y siempre se portaron muy bien conmigo.
—No necesito responderte lo que ya sabes.
—No era… no era necesario. Illumi ¿por qué lo hiciste? ¿Qué te habían hecho ellas a ti?
No supo qué contestarle, en cierta forma era correcto lo que el pequeño Killua cuestionaba. No había verdaderos motivos para matar esas personas, sin embargo, por su mente no había cruzado la idea de si aquello, de algún modo, podría ser encapsulado en la palabra "mal", pero si contestaba con la verdad, había la posibilidad de perder la credibilidad que con esfuerzo había ganado.
Por parte del menor, las cosas eran peores. No podía aceptar que todo este tiempo, las personas que le habían advertido sobre su hermano pudieran tener razón, no sólo no podía aceptarlo, no iba a hacerlo. Para él, era la primera vez que Illumi se equivocaba y confiaba en que no volvería a pasar, quiso pensar que seguramente había una razón más por la que lo había hecho, que si su hermano no se lo decía, se debía a que resultaba ser algo para lo que aún no estaba preparado.
—Illu-nii… —su voz se ablandó después de un rato de pensar un poco más— está bien, puedo perdonarte.
Esas palabras le dolieron. Él no estaba pidiendo perdón, ni siquiera había considerado haber fallado en algo, pero prefirió suponer que la mente cansada y débil de su hermano le motivaron a expresarse de ese modo, y bajo esas circunstancias era mejor mantenerlo calmado.
—¿Cómo te sientes? —Optó por cambiar de tema.
—Me siento cansado aún —se tiró sobre la cama juguetonamente— no quiero hacer nada hoy…
—Kil… —le habló en forma de regaño.
—Por favor…
—Kil, no.
—Por favor hermano, por favor. Sólo por hoy.
Suspiró, de todos modos su plan original era precisamente dejarlo descansar.
—Está bien ¿quieres quedarte aquí?
—¿Este es tu cuarto?
—Sí.
—No había estado aquí antes. Sí, sí prefiero quedarme aquí, mi cuarto me da… —se detuvo antes de afirmar lo siguiente que diría.
—¿Miedo?
—Es que te fuiste. —Lo miró suplicante—, y yo no podía correr. Me sentía mal, no quiero que te enojes conmigo, pero…
—Está bien, no es malo tener miedo a veces. Nos ayuda a sobrevivir.
Y si Killua lloró en esos momentos era por la sensación de alivio que aligeró la carga con la que había estado lidiando tanto tiempo, preguntándose si de algún modo decepcionaría a quién más lo enseñaba a defenderse. Todas sus dudas se disiparon y sólo quería una cosa, estar con la persona que le proporcionaba esa calma y estabilidad.
—Oh… veo que no te sientes muy bien ¿quieres que me quede aquí contigo?
—Sí ¿podemos comer aquí?
Tuvieron un día completo de tranquila convivencia, Illumi volvió a hablar con el maestro de su hermano para pedir un día de descanso más. Era de mucho provecho para él que su hermano se fortaleciera. Como ya no había necesidad de estar con médicos, (aunque la prescripción habían sido cinco meses), con el tratamiento que él personalmente había aplicado las cosas se apresuraron un poco.
Decidió que era el momento de ayudarlo a recuperarse físicamente para poder regresar a las peleas en la Torre sin ningún contratiempo. Los siguientes días preparó un nuevo cuarto para los dos, con dos camas y aparte solicitó un espacio más para poder entrenar al niño. Dos cosas requería ahora, una buena dosis de adrenalina, más una dieta baja en vitamina b. Una bomba para volverlo violento. La baja estima y paranoia que aún volvían a la mente del albino no le garantizaban que fuera obediente en cuanto comenzara a recuperarse.
En su nueva rutina, primero se aseguraba de revisarlo antes de entrenarlo. Un examen sencillo y rápido era suficiente, aunque en el proceso tenía que tocarlo para asegurarse de que su cuerpo fuera a resistir todo el ejercicio que le obligaría a hacer. Al principio todo esto lo pasaba por alto, nunca antes había pensado que encontraría una debilidad en él, en simples entrenamientos rutinarios. Todo había estado bien hasta que el espíritu de la Y lo notó.
«Su piel debe ser muy suave». Fue lo primero que le escuchó decir, durante una de sus revisiones. «¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si pudieras tocarlo un poco más?»
—No ahora…
Habló en voz muy baja, y aun así no pudo evitar ser escuchado.
—¿Ocurre algo Illu-nii?
«Sí, Illu-nii, ¿ocurre algo? ¿Te gustaría que tu pequeño hermano disfrutara tus manos?»
—No, Kil, sólo estoy un poco distraído el día de hoy.
—¿Tú distraído? Eso es nuevo para mí.
Se disgustó por completo por los comentarios tan fuera de lugar del espíritu, como si no hubiera tenido suficiente molestia por haber pensado en tales cosas por sí mismo en otros tiempos y ahora resultará que hasta un ridículo espíritu de Nen se atrevía a insinuar algo tan bajo y soez, que él no pensaba tolerar. Pero con el paso de las horas olvidó el asunto porque en realidad, para Illumi, todo aquello no tenía mayor relevancia que sólo meras palabras e imágenes mentales que nunca llegarían a más y con eso se conformaría hasta que encontrara una solución más humana.
Mientras que las cosas comenzaban a tomar un rumbo más normal. Killua estaba agradecido de que el asunto de Kozi hubiera terminado al fin, y descubrió que admiraba a su hermano más que nunca porque él siempre estaba ahí cuando las cosas marchaban de lo peor, lo rescataba del peligro; además de eso, el entrenamiento lo estimulaba a recuperar su confianza. Casi había olvidado lo bien que se sentía tener la capacidad para defenderse por sí mismo, lo mucho que disfrutaba hacer todo ese ejercicio; aunque era rudo, estaba orgulloso de sus capacidades que estaban por encima de las personas normales. No quería abandonar esa cómoda sensación. Entonces comenzó a reflexionar sobre lo que lo había frenado a seguir por ese buen camino, antes de que todo comenzara a desmoronarse.
—Oye Kil, hay una pregunta que he querido hacerte desde la mañana.
Esa noche Illumi decidió dar su primer golpe rudo en la mente del niño.
—Dime.
—¿Aún extrañas a Greco?
Lo dijo con una voz suave, tímida, como si se sintiera apenado de mencionar ese nombre.
—¿Greco?
Situó su mirada en la expresión de su hermano, y no pudo evitar el sentirse más avergonzado. Si de reflexiones se trataba, tenía que llegar a una sola conclusión.
—Sabes aniki, tenías razón, en algún punto me iba a ser indiferente…
El valor de sus palabras era nada comparado con el tono y la expresión corporal con la que habían sido pronunciadas. Habían sido dichas con desprecio y orgullo. Killua había llegado a la conclusión de que si nunca hubiera desobedecido a su hermano, si no se hubiera involucrado con alguien más, probablemente no hubiera estado en enfermería; no habría mentido a su hermano, ni se hubiera peleado con él o con las demás personas; nadie hubiera muerto, ni siquiera Kozi habría podido encontrar un punto débil en él. Todo ese terror, angustia se pudieron evitar, si desde el principio hubiera tomado la decisión correcta.
—¿Seguro? Quiero decir, todo este tiempo lucías realmente serio cuando se trataba de él, incluso…
—Lo sé, lo sé. —Interrumpió irritado— lo que quiero decir es que ya pasó ¿no?
—Dímelo tú.
Illumi sonrió, esto comenzaba a tener un buen efecto, por fin había presionado el disparador de su odio. Lamentablemente la indiferencia, el desprecio que había expresado no eran aún suficientes, necesitaba más energía. Luego el entrenamiento cambió un poco y suspendió las revisiones definitivamente. Le dijo al niño que ya no las necesitaba, cuando en realidad estaba harto de la insistente voz del espíritu que siempre aparecía para interrumpir en las peores ocasiones. No podía permitirse ningún desliz a estas alturas.
Como el cuerpo del peliblanco ya comenzaba a tener la rapidez y fuerza que antes tenía, sólo bastaba con asegurar que sus reflejos e intuición estuvieran a un buen nivel. Aprovechando la ocasión, le vendó los ojos. De ese modo podía explorar su mente y sus reacciones para averiguar si es que tenía algún trauma; era el mejor método para que aflorara cualquier cosa oculta y era la mejor forma de comenzar el ritual para aplicar la aguja. Necesitaba una base de confianza. Si lograba mantenerlo con los ojos cubiertos, si se dejaba manipular por él, entonces podía colocar su Nen manipulador para preparar el área del cerebro dónde aplicaría la aguja. Esto, obviamente sin que su hermano se enterara en lo más mínimo.
«Si tienes tanto control sobre el niño, ¿por qué no haces algo para complacerte?»
Illumi se enfocó en la voz que sonaba en su mente.
«Lo tienes con los ojos vendados ¿acaso no podrías aprovechar la ocasión? Es dócil para ti, aceptará lo que sea que le impongas ¿por qué no lo presionas para que se olvide de todos y sólo te vea a ti?»
—Yo sé lo que es conveniente o no. Él es mi hermano, yo soy quién lo llevará a ser un gran asesino, no el que intervenga en su camino.
«No tienes que arruinar sus expectativas de vida, bien podrías sólo asegurarte de no perderlo nunca ¿no es así? ¿No hay algo que se te antoje de él?»
—No —y terminó la conversación.
Era un verdadero problema tener a una entidad molesta intentado explorar su mente y sus deseos, sobre todo las partes más ocultas de su ser. Últimamente parecía estar más al acecho. Cualquier desliz, insinuación e incluso alguna expresión hecha con naturalidad, pero que pudiera ser interpretada de otro modo, era suficiente para que el espíritu dijera al menos una frase.
Le acusaba frecuentemente, insistiéndole en hacerle pensar en apropiarse de su hermano, de hacer que sus padres se dieran cuenta de su ineficiencia y adueñarse de él. Estaba muy lejos de los verdaderos sentimientos que de él surgían, mismos que él tampoco comprendía. El problema fue que a partir de esas palabras, comenzó a pensar en algo que no había visto con morbo hasta ese momento. Killua tenía los ojos vendados, y eso lo hacía imaginar en la cantidad de posibilidades que lograría si tomaba provecho de ello.
De nuevo volvieron sus problemas nocturnos, y una de esas ocasiones soñó con su hermano, con sus ojos vendados, expuesto para él, a darle libertad sobre lo que podía o no hacer con su cuerpo; soñó cómo podía hacerlo emplear su pequeña boca para su placer y diversión. Y despertó alterado, maldiciendo su mente. Convenciéndose de que era algo totalmente inadmisible.
«Aunque lo induzca a un estado inconsciente y vende sus ojos para que nunca se entere de lo que estamos haciendo, convencerlo de que es algo normal, es imposible determinar la naturaleza que su mente podría tomar para enfrentar el trauma, podría volverse loco… ¿en qué estoy pensando? Es mi hermano menor, soy un maldito enfermo…»
Y trató de ignorar todo ese malestar.
Nota especial: Hoy quisiera contarles algo personal: en febrero supimos que mi mamá tenía un tumor cerebral maligno (GBM), estos meses estuvimos cuidando de ella, especialmente mis hermanos menores y yo... este 12 de septiembre ella partió a otro mundo, y yo pensaba tomarme este tiempo en luto y no escribir nada, pero mi hermana mayor nos dijo "¿Y ahora qué harán con tanto tiempo libre?" Y me di cuenta de algo, si dejo de escribir, si me detengo, entonces tendré tiempo para pensar en ella y extrañarla más de lo que ya lo hago. Así que no suspenderé las publicaciones, seguiré adelante. Sólo me hace falta un poco de ánimo porque la tristeza me quita la inspiración y de pronto quiero dejar de escribir.
Un agradecimiento especial a Infinitywords, GirlinBlue2364, mis nuevas y maravillosas betas, y a Lilium, mi editora, por sus correcciones.
Bienvenidas a esta historia Tiashe42, xOphiuchusx, Hippiewooh :) gracias infinitas por su apoyo.'.
Regulus de Leo: Lo leen juntas, *lágrimas intensas* que genial, ninguno de mis amigos comparte mi gusto, así que confieso que me da un poco de envidia jaja... sí, me he esforzado por analizar cada detalle que voy a escribir (soy un maldito obsesivo), incluso tengo que admitir que tengo amigos japoneses a quienes a veces les hago preguntas sobre expresiones que usan en la serie por eso opté por usar la palabra "aniki" en lugar de usar una traducción, porque es una palabra muy compleja y no me gusta que simplemente digan "hermano mayor"... Yay! El primer intento de averiguar quién es el tarotista :D y... nop, no es Botan, de hecho, no me he dado el tiempo de ver Yu Yu Hakusho, y no habrá crossover en esta historia, al menos, si tuviera que admitir que hay crossover, sería con la realidad *fingir inocencia*, o sea, ese personaje existió en nuestro mundo, pero en la vida real no me consta que tuviera el más mínimo conocimiento sobre el tarot LOL. Gracias por su mensaje, no saben cuánto me animó esta semana a seguir escribiendo.'.
Regreso el 2 de octubre.'.
