Aquí de vuelta, las 2 am en dónde yo vivo.'.
Quiero aclarar un detalle, yo sigo el manga de Hunter x Hunter. De hecho, no tomo en cuenta esos "canon" del anime porque frecuentemente son ideas que a otras personas se les ocurrieron para vender el anime, por ejemplo, el beso que sale en la enciclopedia de Gon y Killua. Por eso, no esperen ver referencias al anime, trato de ser más fiel a las ideas de Togashi que a las de mad house.
Me gustaría pedirles que imaginen el mundo que estoy creando, como un lugar mágico y tenebroso. Sé que puede ser difícil pero esa es la intención inicial, después entenderán bien de qué estoy hablando... sólo siganme el juego por esta vez *risas*
.'.
Capítulo 12
Después de un tiempo, en el cerebro de Killua ya se formaba una cubierta delicada pero resistente, perfecta para no dañarse en el proceso y que en caso de que se dañara, diera tiempo para recuperarse, también permitiendo adaptarse al nuevo intruso en su cabeza. Porque una cuestión delicada era el clavarse una simple aguja en la masa encefálica.
Día a día Illumi fomentaba seguridad en la mente del niño, la confianza que se había perdido durante todo ese tiempo se empezó a transformar en orgullo y vanidad. Un objetivo fácil, debido que su hermano era bastante competitivo, en ese momento bastaba con halagar las capacidades para que comenzara a creer que su principal valor era su fuerza y talento para matar. Tal acto incitó al menor a pensar más sobre su relación con Greco, atribuyéndole su debilidad. Constantemente pensaba cosas como: «Si no hubiera ignorado a mi papá», «No necesito consejo de alguien con menos experiencia que mi familia», «Yo tengo que hacerlo por mí mismo». Aislándose voluntariamente de las relaciones con otras personas, enfocando su ira en un inocente y fallecido muchacho.
—Lo has hecho muy bien Kil, tal vez en un día o dos podrás regresar a la Torre Celestial.
—Ya quiero volver, me siento mejor ahora y te lo debo a ti —afirmó con una gran sonrisa.
—No. Has sido tú el que ha trabajado para mejorar. Comprendo porque papá tiene tantas expectativas sobre ti.
—La verdad es que no quiero sentirme débil de nuevo. Eso es lo peor.
—Me alegra mucho que vuelvas a ser tú mismo —confeso en voz alta—. Desde hace un tiempo tu actitud me dejaba un poco…
—¿Triste?
No pudo evitar sentirse molesto consigo mismo por haber lastimado a su hermano mayor, que tanto se esforzó por él. «Y todo por la mala decisión», noto la expresión seria de su hermano. Era difícil descifrar lo que sentía, pero no imposible.
—Preocupado. Pensé que ya nunca te recuperaría.
—¡No! No pienses así Illu-nii, siempre seré tu hermano menor, lamento haberte fallado.
—Está bien, no te preocupes.
Intencionalmente levantó su mano derecha, de forma que Killua la visualizará desde un ángulo diferente. Mostrando una herida que el mismo se provocó y que preparó para una ocasión como esta, donde el niño se mostraba más dócil ante él.
—¡Aniki, qué te ocurrió! ¡Tu mano tiene algo!
El pequeño mordió el anzuelo, e Illumi escondió la mano para simular que no quería mostrar la lesión.
—¡Oh!, no es nada… además ya está sanando.
—Déjame ver.
—No hace falta.
—Por favor.
Hizo una expresión de preocupación que Illumi no pudo resistir y permitió que su hermano examinara la herida.
—¿Que te ocurrió?
—Preferiría que esta conversación terminara Kil. Sera lo mejor.
—Illu-nii, ¡dímelo! No me asustare —aseguró y una leve risa se escapó, era consciente de que habían cosas peores a las cuales temer.
—Papá se molestó conmigo, es todo…
—¿Por qué?
—¿No son ya muchas preguntas?
—Si no me dices las cosas completas seguiré cuestionando.
Illumi suspiró, aparentando no querer decir la verdad.
—Papá descubrió que te seguiste portando mal, y como yo no le había dicho la verdad me castigó, para evitar venir el cómo lo prometía.
Solo una parte de lo que decía Illumi era verdad. Era cierto que Silvia volvió a recibir el reporte del maestro de Killua, pero Illumi había hablado con su padre para advertirle que eran efectos necesarios para la aplicación de la aguja, quedando todo solucionado, después de un breve regaño por no aclarar eso desde el inicio.
—Entonces es… es mi culpa.
La mirada del pequeño se quedó clavada en la nada, pensando en las consecuencias tan catastróficas que pudieron ocurrir, en el sacrificio que hizo su hermano mayor por él.
—No fue realmente tú culpa, yo fui quien mintió, además no quería que papá descubriera lo de tu amistad con Greco; no me hubiera gustado que él te hiciera daño si se enteraba de eso.
En los ojos del albino la furia que tenía dentro era notable. Para él era lo más cercano al odio que había sentido hasta ahora, bajo condiciones normales Killua habría enfrentado la situación de un modo humanitario, no obstante, con la instrucción que había sido marcada en su mente, solo hacía falta presionar un poco para incitarlo a ser lo que no era.
Esa misma noche, el niño no podía dormir por pensar en el asunto de su hermano. Recordó su herida, las horribles cosas que ocurrieron durante los pasados meses; miedo, tristeza, desesperación, soledad, falta de sueño, para colmo notó lo absurdo que era no haber podido hacer algo para frenar todo eso. Comenzó alucinar sobre el pasado, lo que haría si volviera acontecer todo aquello. Imaginaba como le hubiera gustado haber descargado toda esa ira sobre Greco, el responsable de todos sus problemas. Creyó que lo sucedido con Greco, era algo que se tenía bien merecido por acercarse a un Zoldyck. Por supuesto que no se sentía agradecido por su muerte, pensaba que la justicia, su karma, suerte o lo que fuera, se hicieron cargo de hacer pagar a Greco. Lo que lamentó es no haberlo realizado por sí mismo. Se dejó llevar por el sentimiento hasta quedarse dormido y tuvo sueño sobre el pasado, pero ahí, él tomaba justicia por su propia mano y rechazaba a Greco para proteger a su hermano y a sí mismo.
«No es justo». Fue el primer pensamiento que lo hizo despertar, la ira se acumuló en su cabeza y corazón.
Veía a Illumi aun durmiendo en su cama, mientras se maldecía el mismo por haber arruinado la buena relación que se tenía. No había más confianza de acercarse para conversar como antes, el daño invisible quedó para no permitir tener de nuevo esa relación sincera.
Durante el día, en el entrenamiento expresó todo su enojo. La adrenalina de su cuerpo alimentó aún más sus emociones, haciéndolo más fuerte, veloz, violento. Su hermano mayor estaba complacido por los resultados, gracias a la malla que elaboró, percibió que la ínsula y el putamen de su cerebro estaban entrando en funcionamiento (1), demostrándole cuan listo estaba para recibir la aguja, no había mucho tiempo que perder o comenzaría a recuperarse y encontrar otro medio para superar su ira.
—¿Qué ocurre? Hoy te vez molesto —le preguntó a Killua.
El entrenamiento se detuvo abruptamente.
—Recuerda que debes estar tranquilo a la hora de pelear, sino, no podrás pensar correctamente las cosas.
—Estoy bien. — Contestó de mala gana. Killua exhaló, luchando por controlarse— y no, no es algo contra ti… yo… no estoy nada satisfecho con mi decisión de haber seguido en compañía de ese niño.
—¿Ese niño?
—Greco —dijo entre dientes, mencionar su nombre le provocaba malestar.
—Te lo dije, ese niño no te iba hacer nada bien.
—¡Me hubieras detenido! No sé cómo me dejé manipular tanto por él, me siento ridículo.
—¿Cómo querías que te detuviera? Luego te ibas a enojar conmigo, son cosas que tenías que entender por ti mismo.
—¡Pero no es justo! ¡Yo no quería perder tanto! ¡No es justo! —Toda su sangre se agolpó en su cabeza, su pulso se aceleró y, sobre todo, su odio se remarcó. Sin embargo, ya no hubo más intercambio de palabras. Illumi tocó su frente con su dedo índice, reduciendo dramáticamente el tamaño de su Nen alrededor del cerebro para acumularlo todo en un sólo punto. En ese momento Killua se desmayó.
Era de noche, las luces tintinearon hasta que terminaron por apagarse y una oscuridad suave inundó el cuarto, otras en el exterior aluzaban un poco el denso ambiente. Si en ese momento alguien hubiera intentado entrar, la presencia oscura y la fuerza del Nen que emanaba de ahí, no se lo habría permitido.
—¿Quieres pelear Killua? ¿Contra quién quieres pelear? Ni siquiera sabes si podrás ganar.
Tomó la aguja que tanto había estado preparando para ese momento. El pequeño abrió ligeramente los ojos y se encontró con la negra mirada de Illumi, entrando inmediatamente en trance. Si dijéramos que Illumi simplemente clavó la aguja y dio por terminado el trabajo, estaríamos mintiendo porque el mayor de los Zoldyck dudó un instante, sabía el peligro que esto significaba, que tal vez podía haberse equivocado en algo. Pero luego pensó en los beneficios que traería, que podría controlarlo y olvidarse de detalles como que la nobleza del corazón de su hermano tarde o temprano se volvería una dificultad para su oficio. Fue un instante solamente en el que dudó, y antes de que volviera a hacerlo, dirigió con su Nen la aguja para insertarla en su cerebro.
—Si el nivel del enemigo es desconocido, huye. Evítalo si no estás seguro de ganar. Si sientes que no puedes golpearlo, no lo confrontes. Corre.
Hizo una breve pausa, antes de terminar de grabar sus palabras en el cerebro del niño.
—Nunca pelees contra un enemigo que no puedes vencer.
Se quedó en silencio, creyendo que le faltaba decir algo más, cualquier cosa que dijera en esos momentos serían tomados como una orden que Killua no podría desobedecer. Quiso añadir un poco de violencia para que su hermano no temiera en hacer su trabajo como asesino, pero terminó por descartarlo, no quería arruinar su buena personalidad aunque quizá en el futuro se arrepintiera por ello.
Selló la aguja y todo su trabajo al fin acabó. Entonces lo abrazó delicadamente contra su pecho. Su interior comenzó a ser un caos por el miedo a perder la verdadera esencia de su hermano, junto con el lazo que los unía
—Por favor no cambies tu bondad. —Susurró muy quedamente, rendido a sus temores.
Sintió un hueco en la profundidad de su ser, y decidió ignorar sus emociones. Ahora sólo haría falta quedarse a ver la recuperación y asegurarse de que todo marchaba como lo había planeado. Killua tuvo mucha fiebre toda la noche; Illumi permaneció cuidándolo, y por primera vez sintió una sincera misericordia por el pequeño. Estaba muy débil y aun tomando todas las medidas necesarias para evitar que la aguja le afectara de forma permanente o negativa, siempre existía la posibilidad de fallar. Ni siquiera al amanecer el niño de ojos azules había despertado, la fiebre había bajado un poco pero lo agotó enormemente. Por sus expresiones y movimientos, podía apostar que estaba teniendo pesadillas, así que de vez en cuando se atrevía a acariciar sus mejillas y cabellos, tratando de infundirle paz. Fue hasta entrada la tarde que Killua logró despertar, con todo su cuerpo debilitado por la enfermedad.
—Illu-nii ¿qué ocurrió? —Su voz sonaba agotada.
—Te desmayaste mientras entrenabas, has tenido mucha fiebre.
Se sentó en la cama, mirando a su alrededor e intentando recordar algo de lo que había pasado, y al instante su visión comenzó a volverse confusa y nublada.
—¡Oye! —Illumi se acercó a socorrerlo antes de que se volviera a desvanecer— aún estás muy débil, no has comido nada en todo el día; sólo he podido ponerte suero y refrescarte los labios con un trapo.
Efectivamente vio, su muñeca derecha tenía una aguja clavada y conectada a un pequeño tubo que dirigía suero a sus venas.
—Más agujas no… —se quejó cómicamente— he tenido suficiente con las agujas. Espero que esta sea la última en mi vida.
Su hermano soltó una carcajada—. Sabes bien que es poco probable lo que pides.
—No sé. Me siento muy mal.
—Lo sé, acuéstate. —Lo acomodó nuevamente en la cama— iré a traerte algo para que comas, y además necesitas vitaminas.
—¿Eso significan más agujas?
—¿Tú qué crees?
—Ah —suspiró— ya quería regresar a la Torre… —cerró sus dulces ojos y escuchó a Illumi salir de su cuarto.
Después de un rato, regresó, no sólo con la comida que había anunciado, también con unos cuantos dulces en compensación por las inyecciones que iba a aplicarle. Tardó casi tres días en recuperarse y regresar a su entrenamiento.
Había "algo" diferente durante los siguientes ejercicios junto a su hermano mayor, como si el instinto de supervivencia de Killua hubiera aumentado notoriamente, sus reflejos eran increíblemente más rápidos, una parte de ello se debía al miedo que de vez en cuando permitía salir.
—¿A qué le temes? —Le preguntó sólo para averiguar cómo iba el proceso de su mente.
—No le temo a nada.
—¿No? ¿Entonces por qué esa reacción tan repentina? —Preguntó, refiriéndose a la última vez que había evitado el contacto rudo con su hermano.
—No quiero… no. No sé.
Y la respuesta tal vez era que sólo había roto todas sus ilusiones sobre ser un gran peleador, reduciéndolo a un simple asesino asalariado que hacía muy bien su trabajo. Tristemente para Illumi todo estaba en orden, no había nada de qué arrepentirse porque era parte del cuidado y bienestar de su hermano, de su familia, además de sus intereses personales y pasionales. Quizá, los deseos de Killua no tenían valor porque era un simple niño que no conocía nada más que esa vida y a esa gente.
—Bueno, quizá sólo has madurado, aprendiste que debes tener más cuidado cuando te enfrentas a un enemigo.
Le sonrió amablemente y vio que Killua se relajaba un poco más. Después de todo, ahora sólo escucharía lo que su padre y su hermano le aconsejaran, ya le habían demostrado que él no podía tomar buenas decisiones sin ponerse en peligro, ¿qué más le quedaba? Ese era su destino, pelear contra ello no tenía sentido, si no era el de sólo arriesgar su vida en vano.
«No viniste aquí a demostrar tu valor, viniste aquí a entrenar». Recordó las palabras de su hermano y se consoló internamente con ellas, porque sentía que algo muy importante le faltaba, sólo que no entendía aun de qué se trataba. Se repitió a sí mismo todo lo que había aprendido como si con ello, en algún punto, lograra convencerse de que esa era la única realidad válida. A pesar del lamentable estado en el que ahora se encontraba, su talento no disminuyó ni un poco. Sus habilidades eran tan buenas, atemorizantes como siempre, él único que no era capaz de verlo como debía ser, era él mismo. Sólo su enfoque había cambiado.
Un par de días más y Killua estaba listo para volver a la Torre.
—Me iré a casa porque necesito arreglar unos asuntos, pero antes de eso quiero darte un pequeño consejo —se arrodilló para quedar frente a él y ver de cerca su reacción.
—De acuerdo.
Ahora no refutaba a la partida de su hermano, se sentía ansioso por regresar al verdadero mundo que disfrutaba.
—No pelees si no estás seguro de ganar.
Las palabras dichas impresionaron tanto al pequeño, sus ojos se abrieron completamente, le pareció como si esas palabras resonaran en su cabeza con un eco extraño, más que una sensación de Déjà vu, una orden de la que no podía escapar, sin importar si era un consejo.
—Gra-gracias… —apenas pudo responder, con su voz entrecortada— Aniki —terminó bajando la voz temeroso de lo que sentía.
Illumi se alegró bastante por la reacción positiva de su hermano, la fuerza de su mente y su carácter le habían ayudado a superar el trauma de recibir tantos sobresaltos constantemente y asimilar todo como si fuera natural para él. No esperaba menos del pequeño Zoldyck. Se animó a tomarlo de la barbilla y depositar un fugaz beso en su mejilla.
—Confió en ti.
Aunque el acto de expresión había sido dulce, y cualquiera pudiera haberse sentido alegre o reconfortado, en realidad trajo el recuerdo de la falta de confianza que Illumi tenía para con el niño. Killua lo tomó de la manga de su suéter deteniéndole antes de que se marchara. Estaba confundido a causa de esas palabras que sin querer, lo habían hecho enfadar dado que antes prácticamente había suplicado por recuperar su amistad, y además se le decía aquello justo después de haberle dado el "consejo", es decir, de nuevo le estaba dejando una responsabilidad mayor que la de sus posibilidades.
—Aniki, recuerda, sólo recuerda que soy un niño.
—Y puedes equivocarte, y si lo haces, estaré aquí para ayudarte —se despidió acariciando su cabeza.
Al menos eso último gesto sí había sido reconfortante, en parte lo redimía un poco de fallar. Por supuesto no iba a desperdiciar la oportunidad de ganarse de vuelta a su hermano mayor, aún si eso implicara más esfuerzo.
El mayor de los Zoldyck llegó a su casa por la tarde. El ambiente se encontraba silencioso y por un momento creyó que no estaban sus padres hasta que entró a la sala y vio a su madre de pie, en medio de todo. Ambos quedaron viéndose mutuamente, estáticos, hasta que unos segundos después Kalluto entró, sacándolos de su trance.
—Illumi —le llamó la mujer.
—Hola, mamá.
Kalluto se quedó en silencio, mostrándose a la defensiva con su hermano mayor.
—¿Ocurre algo Kalluto?
Le preguntó el muchacho, analizando la actitud del más pequeño. Pero el niño se negó a hablar, y respondió con la cabeza que no ocurría nada. Evidentemente no era así, pero no se iba a adentrar en algo tan inútil como una conversación con el chaval que era el juguetito de su madre.
—Illumi, me da mucho gusto volverte a ver, noto que estás muy bien.
Habló haciendo alusión al alivio que sentía de ver aún a su hijo y no a una cosa extraña proveniente del espíritu de Nen.
—Supe del mensaje que le enviaste a papá ¿cómo está mi bebé?
—Por supuesto que nada me iba a pasar —contestó a la insinuación de su madre— Killua está mejor de lo que esperaba, estoy buscando a papá para hablar con él sobre ello.
—Iré contigo, yo también tengo derecho a saber lo que hacen con mi hijo.
«¿Ahora sí es tú hijo?», quiso cuestionarla al respecto, pero se tragó su absoluta inconformidad.
Le ordenaron a Kalluto alejarse de ellos para dirigirse a una nueva reunión familiar. Kikyo estaba comenzando a relajarse. Todo el asunto de la Y la había mantenido estresada los últimos meses, pensando en cuánto daño le había provocado a su muchacho y si había cometido un error grande del cual arrepentirse. Conociendo el historial de los propietarios de la cadena, sabía que había un evidente cambio de personalidad en sus poseedores. La locura se extendía en sus años de adultez, normalmente para cuando eso comenzaba a ocurrir, los miembros de la hermandad aparecían a tiempo para hacer desaparecer a su poseedor, y no precisamente para matarles, sino para llevárselos a un lugar lejos de la sociedad, donde pudieran permanecer ahí hasta que un nuevo heredero apareciera y entonces el dueño era asesinado. Tal destino había mantenido en horror a Kikyo cuando comenzó a profundizar en sus emociones, fue gracias a ello que no tuvo miedo de fallar al rito.
—Veo que no estás afectado por el espíritu de la Y.
Volvió a indagar sobre ello, esta vez en voz alta.
—No sé de qué me hablas, madre. En lo que a mí respecta, no existe algo conocido como el "espíritu de la Y".
No supo exactamente por qué lo negó, si una parte de él le decía que ese espíritu realmente estaba ahí en él, en esos momentos le parecía aceptable afirmar que no existía, al ver que no tenía suficiente poder.
—Espérame aquí un momento.
Kikyo entró primero al cuarto interrumpiendo la conversación que se llevaba ahí dentro. Estaban los dos, Silva y Zeno conversando seriamente sobre algún asunto de negocios cuando ella habló.
—Nuestro Illumi ya está aquí.
—De acuerdo, dile que pase —contestó Silva y desvió inmediatamente la conversación en la que estaba.
Illumi entró saludando como era debido y se sentó, listo para responder todas las preguntas que vendrían. Primero comenzó a explicar lo que había hecho, la orden que insertó en el cerebro del niño y las observaciones más relevantes que había notado, omitiendo algunos detalles relevantes para él, como el hecho de que se había instaurado a sí mismo como el héroe, la autoridad más importante para sus hermano después de todo los procesos a los que le sometió.
—En pocas palabras, no podrá pelear contra oponentes verdaderamente poderosos sin una autorización de nuestra parte.
—Así es abuelo.
—Por ejemplo, tú mismo — lo miró con seriedad, como si lo acusara de algo.
—Bueno, es cierto que yo también entraré en su rango de enemigos que no puede vencer, pero también están ustedes en esa lista.
No obstante, Illumi no era para nada tonto y comprendía la preferencia que tenía su abuelo para con su hermano.
—Mi pregunta sería ¿por qué Killua nos vería como enemigos? —Añadió Silva.
—No, no tiene por qué vernos como enemigos. Killua es un buen niño, no tiene nada qué temer si se trata de nosotros. —Secundó Kikyo.
—Yo no digo que esté mal que a nosotros nos vea como parte de aquellos a los que no puede vencer… al menos no por el momento, sino que Illumi es sólo su hermano mayor, ¿por qué tiene que representar una autoridad tan complicada?
—Lo siento. Sólo fueron consecuencias que no medimos a tiempo.
El aludido fingió inocencia. Él mismo había pensado ya en ese punto, lo había visto como una pequeña ventaja para mantenerse cerca de su hermano sin tener que dar alguna excusa ridícula. Nada como alegar ser visto como una autoridad, para tener responsabilidad sobre él.
—¿Cuatro o cinco meses sin "darte cuenta" que eso podía pasar?
—Lo hecho, hecho esta. Además yo creo en Illumi. Él siempre ha hecho su trabajo como se le ordena —salió en su defensa Kikyo.
Hubo un silencio cómplice, donde los adultos se miraron entre ellos diciéndose en secreto "él es un tipo peligroso aún, no deberíamos estar confiando en él". Y no lo harían, al menos hasta que estuvieran seguros de que las intenciones del chico fueran bien vigiladas y con resultados decentes.
—Kikyo tiene razón. Ya está hecho el trabajo que nosotros le ordenamos. Aceptó hacerlo pese a que tuvo que interrumpir todas sus actividades por nuestra causa —continuó el padre de los muchachos, antes de que la tensión aumentara.
—¿Cuánto tiempo durará Killua con la aguja, Illumi? —Preguntó Zeno.
—Lo que ustedes me digan… yo sugeriría hasta que su mente se adapte a nuestras enseñanzas.
—¿Tiempo indefinido?
—Sí. Así podría decirse.
—Ya será cosa entre nosotros… —la conversación se detuvo— Illumi, sólo te pediré que vayas a ver el avance de tu hermano, eres el único que entiende a la perfección lo que hiciste y creo que hago bien en confiarte esto.
—Sí papá. Quiero aclarar una cosa.
Los observó a los tres, para trasmitir con fuerza su posición
—Yo no tengo nada en contra de mi hermano, yo lo respeto, lo único que deseo es que él sea el mejor asesino de élite que pueda ser.
El mensaje era claro, él no pensaba ser el enemigo que ellos querían descubrir. Y para cerrar el asunto, todos en la habitación se sintieron relajados al escuchar eso, incluido el abuelo que tanto desconfiaba de su nieto. El temor de que Illumi dañara a Killua desapareció casi por completo, porque todos comprendían que aunque el muchacho nunca lo admitiera, sentía un verdadero cariño por su hermano, tan sólo Illumi luchaba por ocultarlo, llamando a ese cariño "respeto".
Cuando la reunión dio por terminada, tanto Illumi como Kikyo se retiraron del cuarto, y la mujer detuvo a su hijo antes que se marchara a su recámara a descansar.
—Illumi, sé que estás un poco apurado, pero te llevaré mañana a la cueva.
—No, no quiero ir.
—Podrás enojarte todo lo que quieras, de todos modos no te pregunte. Iremos.
Ella se dio la vuelta y lo dejó ahí pensando. Raramente su madre le daba una orden tan firme como esa, por supuesto que aun así él podía ser rebelde e ignorarla, porque tenía bastante de qué acusarla. En esta ocasión, si ella se había arriesgado tanto, era porque tenía algo verdaderamente serio y relevante por hacer, y se convenció de que sería interesante descubrir aquello. Sin embargo, sentía una carga por seguir analizando a su hermano, temía que hubiera un efecto negativo inesperado y quería regresar tan pronto como pudiera. Así que decidió que después de ir a la cueva, regresaría a la Torre.
Cuando llegaron a la cueva los estaban esperando, no había sido una ocasión improvisada como la vez anterior, así que Illumi no pudo evitar ponerse a la defensiva en cuanto vio a los hombres de pie en la entrada de la cueva.
—Tranquilo muchacho, ya no existe nada mala que te podamos hacer. Tú madre ya se encargó de arruinar tu vida. Comparados con ella, somos tus aliados.
No tenía mucha opción de todos modos, así que no bajó la guardia, sólo permitió que la reunión continuara. De nuevo fueron llevados al interior del lugar.
A diferencia de la ocasión anterior, no había tanta gente ahí reunida, tal vez unas cinco personas más, ocultas entre la penumbra. Las antorchas alumbraban el centro, la mesa larga con la bola de cristal que estaba en medio de todo tenía un frasco grande con unas cuantas velas encendidas que permitían ver mejor una especie de pergamino abierto con muchos símbolos ahí escritos a lo largo y ancho.
La última vez, ante tanta impresión, no había tenido tiempo de observar todo su entorno, ahora notaba mejor los detalles, incluso los símbolos que le habían resultado desconocidos, le parecieron familiares, unos los encontró amigables y se preguntó si estaba comenzando a alucinar. Escuchó un constante goteo de alguna parte del fondo del lugar, más unos susurros que no logró distinguir, y se dio cuenta que él era el centro de atención era él.
—Illumi —le llamó el hombre que reconoció como el tipo con el que había conversado de sus deseos— sigue pareciéndome extraño llamarte así.
—¿Ahora qué quieren conmigo?
—Sé que no te agrada estar aquí, pero tenemos varias dudas con respecto a ti. Dudas que han surgido por las cartas que hemos recibido de tu madre, aseguran que tienes poder sobre el espíritu de la Y.
El hombre portaba en sus manos un péndulo en una mano y en la otra un cetro, lucía más extravagante que la última vez: una túnica larga que cubría sus pies y una enorme corona adornaba su cabeza. Geppetto, en cambio, se veía como antes, portando un traje sencillo, con gafas gruesas, y su apariencia afable, junto a Galileo, con su traje colorido y lleno de encajes.
—El péndulo indica la maldad, no hay duda. Podríamos estar hablando en estos momentos con el espíritu y no con tú hijo Kikyo —advirtió el Barón.
—Oh, amigo mío, deja esto en manos del experto.
El anciano hizo un esfuerzo por contener la risa ante la reacción explosiva del Barón.
—Sé que temes a este espíritu, pero de todos aquí, soy el único que puede distinguir mejor entre la verdad y la mentira —dio un paso al frente y tomó del hombro a Illumi— ven conmigo. —Ordenó.
Bajo condiciones normales, probablemente Illumi habría detenido todo aquello. Una intriga mayor a la que nunca antes había tenido, había despertado en él, se sentía atraído a ese ambiente, quería saber qué pasaba ahí y porque había un aire que oprimía el lugar, como si la misma cueva tuviera vida y lo estuviera forzando a obedecer.
—¿Puedo quedarme a ver? —Preguntó el Barón.
—Sí, me siento honrado de que nos acompañes —respondió y luego se dio la vuelta.
—Galileo, ¿podrías llevarte a nuestra pequeña Kikyo de aquí? Ella necesita descansar.
—No, no, Illumi es mi hijo. —Habló agresivamente la Zoldyck, comenzando a desesperarse por el trato que estaba recibiendo— no puedo dejarlo solo y desconocer lo que hagan con él.
—Ven aquí, puta —la tomó del brazo Galileo— levanta la mano contra mí, y no saldrás de nuevo de esta cueva.
No le quedó más remedio que obedecer, mirando angustiadamente a su hijo. Illumi ni siquiera se inmutó ante sus ruegos, él estaba más enfocado en lo que el anciano iba a hacerle.
Cuando quedaron a solas, el anciano tomó el pergamino y lo extendió sobre la mesa, colocando sobre él algunas velas, y comenzó a recitar cosas en un idioma desconocido para Illumi.
—¡Ah! Esos sellos… —una idea vino a la mente del joven Zoldyck presente.
—¿Los reconoces? —Preguntó el Barón, esperando que el anciano terminara de hacer sus rezos.
—Los he visto en los libros de mamá, pero no encontré toda la información para hacer el ritual.
—Eso es porque una parte está escrita y la otra nosotros la enseñamos a los miembros de nuestra orden…
—Pequeño, acércate al abuelo Geppetto, —el anciano lo llamó.
Vamos a ver qué hay dentro de ti.
Sí bien, al principio titubeó en sus pasos. La voz y el cuerpo del hombre seguían siendo los mismos, pero notó algo en sus ojos que le insinuaban un cambio peligroso. El Barón tuvo que orillarlo a caminar, empujándolo con trucos que nunca antes había visto, hasta que quedó lo suficientemente cerca de Geppetto. Luego el muchacho sintió con la palma de la mano izquierda de se posicionó sobre su pecho, a la altura de su corazón. Un área que no había permitido que nadie tocara, un punto vital, tuvo el reflejo asesino de protegerse, pero su cuerpo ya no respondió más a sus órdenes, pese a su entrenamiento tan arraigado no logró hacer más que una expresión de furia.
—No te enojes cariño, si no lo hacemos así, si el espíritu de la Y predomina en ti, no tendremos salvación ante su poder.
—Y sigue sin ser mi asunto —rodó los ojos.
—¿Quién eres? ¿Cuál es tú nombre?
—Ya lo sabes —contestó cada vez más exasperado.
—Responde.
Suspiró, no estaba ahora en posición de ponerse reacio contra quién estaba haciendo presión en su cuerpo— Illumi Zoldyck.
Geppeto y el Barón compartieron miradas, como afirmando entre ellos que en efecto, se trataba de Illumi quién hablaba.
—¿Qué edad tienes?
—Dieciocho.
—Bien, lo primero nos dice que no estamos en peligro —el anciano giró el rostro hacia donde estaba el Barón—. Alex, por favor, toma asiento y presta atención. Aunque tenemos ya la forma perfecta de saber la verdad, no quiere decir que puede durar por mucho tiempo. Esta técnica es limitada.
El Barón obedeció y se sentó frente a los dos, mirando atentamente cada cosa que ocurriría a continuación.
—¿El espíritu está contigo?
—No.
El hombre de la corona levantó una ceja, no era verdad aquello, sólo negaba la existencia de ese ser sobrenatural.
—Debes estar confundido, Alex, pero no es que el espíritu de verdad lo este. Aunque su boca dijo que no, su corazón me está diciendo que en efecto ahí está el espíritu. Si lo visualizáramos, ese ente ahora sería del tamaño de una hormiga. No ha podido crecer con la velocidad que normalmente crecería y es por eso que Kikyo cree que ha sido bien librada de su pecado.
El Barón silbó impresionado y luego expresó— este chico debe tener el autocontrol más poderoso que he conocido jamás.
—Illumi, el Barón me dijo que le confiaste la verdad de tú deseo. Sin decirme tu secreto, responde ¿Aún sigues queriendo lo mismo?
El muchacho se quedó callado un momento, no teniendo la mínima intención de responder, sólo visualizó en su mente lo que anhelaba; la sonrisa de su hermano menor, los momentos en que el pequeño le había dado ese calor tan suave y sus palabras que le habían brindado una confianza que no había tenido antes, sin querer, una expresión de felicidad se mostró en su rostro.
—¡Oh es un deseo muy positivo! —Exclamó Geppetto— no sólo lo deseas, parece ser que es algo muy bonito para ti, entonces debes estar enamorado.
El Barón había tratado de detener las palabras del anciano, pero no lo había logrado a tiempo. Se quedó con la expresión de horror, tal vez él no conocía lo suficiente a Illumi, y de todos modos sabía que algo no andaba bien en la mente de ese chico.
—No puedes decir que eso sea positivo. Nadie que sea "amado" por alguien con una maldición así, tiene posibilidades de ser feliz, (si es que amar es la palabra correcta), ¿te imaginas cuán destructivo puede resultar que alguien intente poseerte por todos los medios?
Intentó defender un poco su postura como lo había hecho antes, enfocándose en el peligro que podía representar Illumi para su hermano menor.
—Todo depende de cómo se vea, puede que Illumi intente dominar a la chica en cuestión, o puede que se vuelva un fiel esclavo para ella.
La mirada del Barón le indicó que no había algo común en esa atracción.
—¿O él…? Sea como sea, Illumi enfócate en el amor. Ese amor es el que te va a salvar a ti y a esa persona, sea hombre o sea mujer.
—Esto es ridículo, no puedo estar enamorado.
Al fin se defendió Illumi, pensando a quién se referían. Intentó apartarse pero su cuerpo parecía adormecido, ni siquiera podía usar su Nen, en su lugar sólo En aparecía, prefirió ahorrar sus energías para cuando tuviera oportunidad de atacarles. Él de verdad quería a su hermano, y esas palabras habían sido mayores. Sintió que el espíritu comenzaba a reaccionar de forma silenciosa porque estaba siendo observado y él estaba desesperado. Detestaba cómo el Barón seguía aferrado en hacerle desistir de su protección y cariño a su hermano, odiaba ser examinado de ese modo y sobre todo, no soportaba las interpretaciones que esos hombres hacían sobre él como si le entendieran.
—Respira hondo Illumi, mejor dinos tú, dinos ¿es malo o bueno tu deseo?
La pregunta lo hizo controlarse, pensar en sus sentimientos, lo que había visto a lo largo de su vida. Él conocía la respuesta según sus propias enseñanzas
—Es… es malo —confesó más para él mismo que para sus oyentes.
—¿Por qué es malo?
—… —escuchó la pregunta, y visualizó en su mente todo lo que había atravesado para llegar a su conclusión— porque me hace débil.
—¿Físicamente?
—…
Geppetto volvió a enfocarse en su amigo—. Mira, no es que su deseo de verdad sea malo o bueno. Cualquier deseo es tan bueno como malo, porque una cosa es lo que todos ven y concluyen, y otra es el origen del mismo deseo. En estos momentos su corazón me está diciendo que su deseo es sincero, es bueno, y lleno de amor.
—Yo opino que no le demos armas al espíritu, ya fue suficiente. Habíamos quedado en que yo haría el procedimiento por ser el único que conoce el deseo de Illumi, pero todo ha sido de nuevo estropeado.
—También le hemos dado armas a Illumi, si no le damos armas, jamás sabrá cómo defenderse —volvió a ver confundido al muchacho —este es mi consejo, pequeño: mantente cerca de esa persona, acepta lo que sientes y exprésalo, deja que el amor fluya aunque no te correspondan y así, te asegurarás de que ese espíritu maligno no se aproveche de ti ni de tu persona amada.
—Ya ha sido suficiente —respondió— no necesito nada de esto, he estado bien sin su ayuda.
—Pues de todos modos no te soltaré hasta que prometas que lo harás.
—Lo que sea, sí, ahora déjame ir.
—Puedo sentir que no te has comprometido con lo que te pido —señaló sonrientemente. La mirada asesina de Illumi le indicó que no habría forma de simpatizar con ese muchacho y asintió con la cabeza— de acuerdo, eres tú mismo quien se lleva a la ruina, consejo no te faltó.
Lo soltó apartándose velozmente de Zoldyck, pues entendía que si no lo hacía, los impulsos homicidas del muchacho acabarían pronto con su vida. No importaba si Geppetto tenía mucho poder, no significaba que fuera lo suficientemente fuerte o hábil para contrarrestar el ataque de un asesino.
—Illumi no te vayas, dame un minuto de tú valioso tiempo —interrumpió el hombre de la corona— maestro Geppetto, permítame un momento a solas con el muchacho.
El anciano se marchó sin rechistar, era preferente hacerlo antes que ser asesinado a manos de ese irreverente joven. El muchacho no tuvo más opción que quedarse, no era como si pudiera ir a algún otro lado fuera de la cueva, volvió a controlar sus impulsos. Por lo menos el Barón le resultaba un poco más agradable que el anciano, le parecía interesante su apariencia y no sólo por la vestimenta, sino en la forma en que se dirigía a él.
—Oye, sé que no somos precisamente de tu agrado. Yo entiendo bien tu reacción cuando escuchaste la palabra "enamorado" en esta situación, es tú hermano de quién se trata después de todo… no es como que estés enamorado de tu hermano al que viste crecer.
—Es un niño pequeño, es una falta de respeto para el futuro heredero de la familia que hablen de ese modo sobre él —se giró hacia él, un poco cansado pues la tensión que le provocó estar paralizado estaba haciendo efecto.
—¿Así que te enojas por tu instinto protector? —Sonrió por ver el motivo detrás de sus emociones.
—…
—Kikyo nos habló de un ritual que estás haciendo con tu hermano, con una habilidad tuya que ella no nos quiso revelar. No te preguntaría por esto de no ser porque ella habló sobre una capacidad tuya para controlar a las personas, relacionándola con tu hermano Killua. Dime ¿es él?
—No lo hice para sacar un beneficio personal.
—Mira, no necesitas ocultarme la verdad, después de todo, yo, aunque no estoy de acuerdo con tú deseo, prefiero que te sientas satisfecho a que carezcas de él. Entre más satisfacción tengas, menor poder tendrá el espíritu.
—Es la verdad.
—¿Y qué ganas tú? A lo mejor no ganas algo directamente. Alguna comodidad ¿tal vez?
—Lo hice para proteger los intereses de la familia, de éste modo me aseguro de que él no se ponga en situaciones de riesgo innecesarias.
—¿Qué ritual fue?
—M*
—Esas son palabras mayores jovencito, —habló con seriedad después de escuchar el nombre, incluso se quitó la corona para frotarse las sienes— con esas cosas no se juega, pudiste haber destrozado su mente para siempre ¿estás consciente de ello?
—Ya lo he hecho antes, comprendo todos los detalles.
—¿Y los que no vienen en tus libros?
—… —de nuevo habían dado en un punto ciego, y él comenzó a temer de su trabajo, si las cosas habían sido bien hechas y si su hermano estaría bien.
—Afortunadamente lo que no viene ahí, es poco, quizá uno o dos detalles durante el sellado. —La mirada de Illumi se relajó un momento— Cuando cerraste el trato en su mente ¿lo dejaste en un cuarto silencioso para que se recuperara?
—Sí, sólo yo estaba ahí presente.
—Y no le hablaste ¿verdad?
—Yo… —recordó que una vez que había terminado de colocar la aguja le había dicho algunas palabras más— en realidad le dije una cosa más, pero totalmente inofensivo.
—Para ti, —remarcó— inofensivo para ti. No subestimes la mente.
—Quizá es malo para un asesino, pero él siempre ha hecho bien su trabajo.
—Mira, eso que le dijiste no será una orden en su vida, ni otra regla para su robotizada alma, —esa frase le dolió por la veracidad de la misma— lo que hiciste quedará por siempre en su inconsciente. Él se sentirá de algún modo identificado con ello, quizá se obsesione con esa idea sin saber que provino de ti. Ojalá y no le sea para mal.
—No lo será, yo estaré ahí para él.
—Algún día entenderás que tú no puedes controlar todo, hoy dices esto, mañana no sabes qué puede pasar.
Después de eso, Kikyo regresó por su hijo y se marcharon de ahí.
Todo el camino de regreso lo hicieron en silencio, ni siquiera se dirigieron la mirada. Un ambiente denso y depresivo entre los rodeaba, tanto así que parecía que en cualquier momento uno de los dos estallaría en emociones. Sólo cambió su tensión hasta que llegaron a casa y les resultó más sencillo disimular que algo malo ocurría.
Kikyo comenzaba a comprender cuánto daño había provocado, y sobre todo, que ahora no había nada que pudiera hacer para detener las consecuencias de sus actos. Quizá confiar en que en el futuro sus hijos encontrarían la clave para reparar las cosas, o al menos, aprender a vivir con ello.
(1)Estas son las áreas del cerebro que se activan cuando el odio aparece.
*Nombres que corto porque hacen referencia a otras cosas.
Cuando Biscuit ve que Killua controla la electricidad ella dice que la infancia de Killua debió ser un infierno, "me sorprende que aún pueda sonreír", esto fue lo que me hizo pensar en qué hizo conservar a Killua su buen corazón a pesar de todo lo que vivió. Pero aquí le damos las gracias a Illumi :p lo sé, apesto.
Creo que este ha sido el capítulo más difícil de escribir en toda mi vida.'.
Un agradecimiento especial a Infinitywords, GirlinBlue2364, mis nuevas y maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.
Guest: *risas* no sé por qué siempre me imagino así a Killua cuando estaba pequeño, como un bebé tierno y cariñoso que todos aman. Estoy muy, muy feliz de saber que te gusta mi historia y el modo en que escribo :') me esfuerzo mucho por hacerlo bien. Y gracias por tus palabras, me hicieron sentir mejor en momentos difíciles.'.
Asdf: xD me encanta tu apodo. Gracias por el mensaje, yo también quería publicarlo pero mi editora se retraso un poquito *culpando a otros* espero de todos corazón que te haya gustado este capítulo.'.
Nos vemos el 16 de Octubre. Me muero por publicar el 13!
