Nagano

Incómoda por llevar la misma ropa del día anterior, Haruka hizo una parada en una tienda antes de desayunar. Lleva en ese momento una camiseta blanca bajo un chaleco jeans y por capricho de Seiya, compró un short que le llega a medio muslo. Las botas las cambió por sandalias casuales.

El veterinario recordará en el futuro no volver a sugerirle cómo vestirse. Desde que se sentaron a desayunar varios hombres y hasta adolescentes se han acercado a saludarlos, sin dejar de ver a Haruka, les han sugerido que trabaje en el pueblo los fines de semana.

Algunos se habían sentado a la mesa junto a la chica, hasta que agotado por las interrupciones, Seiya retiró las sillas desocupadas y pidió al dueño del pequeño restaurante que no los interrumpan.

Por fin lograron desayunar en paz, Haruka suspira al soltar los palillos y el bowl.

-Extraño a Muñeco. -Comenta triste.

Seiya gira a ver lo que le recordó su mascota. Un cachorro de gato negro maúlla lastimero caminando detrás de su madre.

-Piensa que soy tu gatito y me haces mimos. -La mira seductor.

Divertida y ruborizada, Haruka baja la mirada. Seiya solo tiene que mirarla de esa manera para que su cuerpo se encienda. Cierra su chaleco, sin embargo su esposo se percata de sus pezones erguidos.

-Estás conmigo, Muñeco sufre mi ausencia y lloro la de él. -Responde ella.

-Espero que cuando estés en tu trabajo y veas un hombre atractivo te acuerdes de mí -Murmura.

Por ser una población tradicional, se siente frustrado al tener que caminar sin tomarla de la mano, tuvo que sentarse a comer alejado sin tocarla y parecer frío en público para no ofender a la gente.

La rubia ha notado que las personas que se acercan a saludarlos sonríen divertidas al verla. No tiene idea si es por los anteojos gruesos que a la final tuvo que guardar o por lo que no recuerda que hizo. Bebe un sorbo de te.

-Te extrañaré como viuda dolida si no me dices que sucedió anoche. -Advierte.

-Nos casamos...

La rubia pone los ojos en blanco.

-Luego que bebiera sake.

El veterinario va a responder, cuando su padrino de bodas se acerca.

-Felicidades una vez más por su boda -Dice haciendo una reverencia.

-Gracias -Responde Seiya por los dos.

El caballero desvía su atención a Haruka. Eso enoja al veterinario.

-No había visto a una novia tan hermosa, asustada, contradictoria y feliz como usted. -Olvidando la presencia de Seiya enfoca toda su atención en la rubia. -por un instante creí que huiría y dejaría a su noble novio con el corazón destrozado.

Haruka desvía la mirada hacia su esposo, él está con los labios apretados y un rictus de molestia.

-Fueron los nervios -Ella responde -No hubiera podido hacerle daño aunque quisiera... -Abre los ojos como platos.

Es cierto lo que acaba de decir.

Seiya es un hombre que no se merece ser maltratado de ninguna manera. Angustiada se percata que comienza a enamorarse de él ¿Quién no lo haría si él la trata como si la amara? Cuando la toca lo hace con respeto y pensando en su bienestar. Aún en medio de la pasión piensa en su comodidad.

-¿Estás bien? -La interroga su esposo.

-¿Necesita un te? -Preocupado el otro hombre estudia su semblante -Puedo...

-Estoy bien -Les asegura ella -Algo cansada después de la fiesta de anoche.

-¡Oh si! - El hombre vuelve a sonreír -Y con su baile, si me permite decirle, el regalo de bodas a su esposo...

Haruka se endereza en su asiento.

-¿Regalo de bodas? -Mira interrogante a Seiya.

Incómodo, el veterinario rasca su cabeza.

-Te lo iba a decir...

-Soñé con el instante en que se subió a la mesa y bailó para su esposo -El hombre continúa hablando sin parar -Si mi difunta esposa hubiera hecho eso, le aseguro que habríamos tenido dos niños más.

-¡Cielos! -Ruborizada hasta el cuello, extrae de su bolso las gafas oscuras. -Espero que nadie haya grabado eso.

-Hablando de grabar. -El dueño del restaurante se acerca -Mi hijo grabó la boda y tomó algunas fotos.

Seiya nota que Haruka tiene deseos de escapar.

-¿Hizo lo mismo con la fiesta? -Le pregunta al dueño mientras saca algunos billetes y se los entrega.

El hombre asiente.

-Está editando algunas imágenes para hacerles un video para el recuerdo. Los paisanos ya me dijeron que los veremos todos los fines de semana en vista que el doctor Kou trabajará... -Continúa hablando sin respirar.

Los Kou se miran confundidos, Seiya dijo dicho que tal vez... un muy improbable tal vez les hiciera una visita quincenal.

-Hablaremos más tarde, quiero llevar a mi esposa a conocer los alrededores -Seiya se levanta de la silla y asiste a Haruka.

-Ya le dije a mi esposa que nos encargaremos de sus comidas, es lo menos que podemos hacer por su acto de bondad -Continúa el hombre.

-Arreglaremos la antigua casa del doctor. Desde que él se fue no ha sido ocupada -Anuncia el padrino de bodas.

Haruka y Seiya abandonan el restaurante después de despedirse con una reverencia.

-Tengo la impresión que si te niegas atender sus animales, serás secuestrado y escondido en una cueva -Haruka camina lentamente junto a él.

Seiya se detiene y la despoja de las gafas.

-¿Me extrañarías? -Le pregunta mirándola a los ojos.

Ella siente que el corazón le da un vuelco al ver el anhelo en los ojos azules.

-(Confirmado, estoy enamorada) -Piensa asustada.

Camina presurosa hacia la camioneta. Confundido por su reacción, Seiya la alcanza, tomándola del brazo la hace girar.

-Perdóname, no quise presionarte.

-No es eso... -Responde. (Seiya se marchará si descubre lo que siento por él). -Las personas comienzan a curiosear pensando que ya tuvieron su primera discusión. -Te extrañaría, -Confiesa sin mirarlo -Ten la seguridad que así sería.

Sin importarle el público él la abraza. Haruka cierra los ojos y recuesta su cabeza en el hombro masculino. Está decidida a ser feliz el tiempo que sea.

-Nos están mirando -dice ella sin abrir los ojos.

-Nadie les dijo que somos su atracción -Seiya aspira su fragancia. Regresemos a la cabaña.

-Si lo hacemos no saldremos de la cama -Confiesa -Me prometiste una caminata y quiero que cumplas tu palabra.

Soltándola, el veterinario le regresa las gafas.

-Siempre cumplo mis promesas. -Hace una seña para que avance, caminando a su lado contempla la plaza.- -Dicen que esta fue una aldea de samuráis. El shogunato gobernó con mano férrea esta parte de Honsū y ordenó a las misiones occidentales de Portugal, Inglaterra y España que abandonaran el país.

-Interesante -Haruka lee la placa de mármol.

-Por eso, cuando vine al pueblo y me enteré que está desapareciendo, me pareció muy injusto. Aquí se derramó la sangre que forjó nuestra nación.

La rubia observa a su alrededor, las casas y tiendas son construcciones tradicionales, de no ser por la electricidad y los autos, juraría que cruzó la línea del tiempo. Las mujeres mayores y hombres, usan kimonos y sandalias de madera, mientras los jóvenes que quedan en la localidad están ataviados con vestimenta moderna,

-Ellos salvarían su futuro si el turismo se activa -Comenta pensativa.

-Me parece estar escuchando tus pensamientos – Dice suavemente él observando los hombros desnudos de ella, el sol los ha enrojecido. --¿Desde cuándo no vas para la playa?

-No lo se, creo que desde que comencé a trabajar -Responde encogiéndose de hombros. -Las veces que he visto el mar han sido en las pautas publicitarias, bajo a la costa y subo de inmediato.

-¿Sin disfrutar un chapuzón?

-Si quiero nadar lo hago en la alberca de la Villa. -Dice calmada.

Vuelven a caminar. Seiya cree estar con una adicta al trabajo.

-¿Vacaciones?

Haruka arruga el ceño

-Mmm... Creo que fue cuando mamá me envió al extranjero con Usui y Sato.

-¡¿Hace siete años?! -Exclama sorprendido.

Haruka niega con la cabeza.

-En realidad son ocho años.

Su marido se detiene estupefacto.

-¿Para qué tipo de empresa trabajas? Observa una farmacia. Tomando de la mano a la chica, camina hacia el local.

-No le otorgues la culpa a Chiba. Advierte ella - al principio estudiaba y trabaja sin descanso para ayudarlo a levantar la agencia y adquirir experiencia, después estaba el hecho de llegar a casa y hallar a mi madre llorando porque no llevaba un prospecto de marido. Prefería estar en mi trabajo y así evitar los almuerzos plagados de esos seres que me veían como una atracción de circo.

-Comprendo. -Seiya siente aversión hacia los hombres que trataron con desprecio a la rubia.

-Si anunciaba que tomaría unos días de descanso, mamá ya tenía listo su equipaje para acompañarme. Y te aseguro que estar con ella no es descanso. Preferí exigirle a Chiba que no mencionara la palabra vacaciones en mi presencia.

-¿Chiba? ¿El mismo que se creyó tu dueño? -Pregunta celoso.

-Solo por un minuto -Observa la fachada de la farmacia -¿Qué comprarás?

-Protector solar, tu piel comienza a quemarse. -Hace el pedido al vendedor antes de voltear nuevamente hacia ella --¿Necesitas algo para...? -Observa sus caderas.

-No lo creo -Sale al sol.

Al verla sola, varios caballeros se le acercan.

-¿Quiere probar los nísperos japoneses más deliciosos? --Le pregunta uno de ellos.

-No como nada a deshoras... -Intenta regresar con Seiya, descubriendo que está rodeada.

-¿Quiere conocer los alrededores? - Un hombre maduro observa sus piernas descubiertas.

-Lo siento, pero ya tenemos planes. -Tomando por la cintura a Haruka, Seiya la aleja de los indeseados. -Vamos por una sábana para cubrirte.

-¿Una sábana? -La rubia enarca una ceja.

-Lo que sea que haga que nadie, excepto yo te vea -Dice molesto.

Riendo, su esposa se detiene.

-Parece ser que ese baile que hice anoche fue muy ameno.

-Ni que lo digas, después de beberte todo el sake que hallaste, bailaste con cada uno de los hombres de este pueblo, el único que escapó fue el padre Sanjō.

Ella levanta las gafas oscuras y lo mira seria.

-Exactamente... ¿Cuánto sake bebí?

-Las damas lo escondieron después de ver que te transformaste en otra. Creo que bebiste algo como una ocho a doce copas.

-¡Cielos! Esto es bochornoso. -Cubre nuevamente sus ojos.

-Amor -Habla suavemente - a pesar que bailaste con todos excepto conmigo, estoy feliz de haber conocido esa parte de ti que reprimes. Como te dije esta mañana, soy afortunado de haberme casado con dos mujeres, pero no negaré que te prefiero a ti. La otra saldrá... -Entrecierra los ojos pensativo -Después que celebremos nuestro primer aniversario, mientras tanto disfrutaré de la mujer que despierta en mí el deseo de hacerle el amor a cada instante.

Haruka ríe por la manera graciosa que Seiya acomoda todo a su favor.

-Entonces no te concedí un baile. -Murmura seductora -No hubo baile, noche... pero si hubo mañana y desayuno.

-Falta merienda y almuerzo -Aclara él.

Ella enarca las cejas.

-¿Más?

-Eres adictiva -Dice en su defensa.

Haruka se acerca y toca su mejilla.

-¿Necesita su dosis señor Kou?

-Ahora mismo -Asiente. -Pero no creo que pueda esperar hasta llegar a casa.

-¿Qué sugieres?

Seiya señala con la cabeza la tienda junto a la farmacia.

-¿Qué te parece si revisamos que tal son los probadores? Necesitas comprar algo de ropa.

Ella se asusta.

-¿¡Allí!? -Casi grita. -¡No podemos...!

-Piensa que es una nueva aventura extrema. El secreto radica en no hacer ruido. -La hala hacia la tienda.

Mientras Haruka se pasea nerviosa entre los percheros, Seiya le pide sugerencias a la vendedora. Feliz de tener clientes después de una semana, coloca todo lo que se le ocurre en los brazos masculinos.

-Puede probarse la ropa con calma -La mujer señala el fondo de la tienda donde hay dos probadores.

Temblorosa, Haruka entra y cierra la puerta sin pasador.

Seiya se mantiene deambulando cerca, atento a los movimientos de la vendedora. La mujer es llamada fuera por un poblador y es cuando él aprovecha.

Toca la puerta con los nudillos al tiempo que abre su bragueta.

Haruka, en ropa interior, lo recibe con un rictus de miedo.

-No creo que sea... -Calla al ser levantada en vilo y pegada contra el espejo.

Seiya la besa apasionado borrando todo rastro de temor. Haruka rodea con sus piernas las caderas masculinas, el hombre mete una mano entre ambos haciendo a un lado la delicada tela de la tanga. La rubia pierde el aliento cuando siente la invasión poderosa de su marido. Él la embiste, besándola, mordisqueando la piel se su cuello, regresando nuevamente a su boca. Haruka entierra las uñas en la espalda de Seiya.

Esta vez él no se controla y le hace el amor con toda la pasión acumulada hasta ahora. Una y otra vez sale de ella regresando con mayor poder.

El peligro de ser descubiertos los excita más.

-Déjate llevar -Murmura él contra su oído.

El éxtasis se apodera de ella, la energía estalla en su interior amenazando con enloquecerla.

-Si... - Susurra ella al sentir el fuerte orgasmo que la sacude.

De inmediato, Seiya acelera sus embestidas, se aprieta con fuerza contra ella y ahogando un gemido la acompaña...

Minutos después, sin haberse medido una sola prenda, Haruka paga la ropa y entrega los paquetes a Seiya. Todo lo hacen con absoluta seriedad. Se marchan inexpresivos hasta que, abordando la Hummer estallan en carcajadas...

De regreso en la cabaña, luego de ducharse y recoger lo del desayuno, están acostados al aire libre en una manta tomando un poco de sol. El canto de los pájaros es toda la música que necesitan.

Seiya unta protector solar en la espalda de su mujer.

Ambos usan gafas oscuras por el resplandor del sol.

-Te quedará marca -Suelta el brassier negro y retira los tirantes. -Así está mejor.

-Ya estoy en ropa interior y me siento incómoda. -No hace intento por cubrirse, las caricias de Seiya la tienen lánguida.

-Deberías pasearte desnuda por la casa, me dará una excusa para no ir a visitar a la familia -Responde divertido.

-Imagina que en este instante llegue alguien a solicitar que le revises la próstata a uno de sus animales -Dice burlona.

-Si lo hacen, no vendré a trabajar los fines de semana.

Haruka se gira para mirarlo.

-¿Aceptarás el trabajo?

Él asiente.

-No tengo opción, escuché de algunos moradores, que han tenido pérdidas porque no cuentan con un veterinario. Acordaron pagar lo que sea.

-Pero tengo la impresión que no te aprovecharás.

Seiya se inclina y besa su nariz.

-Tienes razón, he pensado en una cuota menor que la de la clínica, lo que me preocupa es la camioneta, aún la estoy pagando y estos viajes podrían gastarle...

-Tengo una solución para eso.

-No viajaremos en tu Hummer...

-¿Viajaremos? -Una sonrisa se dibuja en su rostro.

-No creo que se te haya pasado por la cabeza que yo trabaje como un esclavo los fines de semana mientras tú disfrutas de cócteles, duermes hasta tarde y escapas de tu madre. No señora, estaremos juntos en las buenas y las malas.

-Y yo debo obedecerte como mujercita sumisa.

El canto de un gorrión ahoga la risa de Seiya.

-¿Sumisa? -Pregunta divertido -Aunque nacieras de nuevo jamás serás sumisa, y no quiero que obedezcas, vendrás porque te preocupas por tu marido y quieres estar segura que no desmayaré de cansancio.

-Y te alimentaré, masajearé tu espalda dolorida y te obligaré a cumplir con tu responsabilidad, me harás el amor hasta embarazarme.

Sonriendo, Seiya la despoja de los anteojos y se deshace de los suyos. Desliza sus manos por el cuerpo femenino hasta llegar a las caderas cubiertas por el diminuto bikini.

-Te haré el amor hasta que pidas clemencia. -Le promete besándola - Después de cumplir con mis obligaciones me recordarás cual es la solución que pensaste. -Arrodillándose, la desnuda completamente. -Esto es prioridad.

Besa cada centímetro el cuerpo femenino esmerándose en su trabajo, lo excita escucharla jadear, cómo ella arquea el cuello, la manera como sus manos lo tocan.

Enderezándose brevemente, se despoja del calzoncillo. Haruka se sienta y toma su masculinidad, observando su rostro mientras lo acaricia.

-Te necesito...

-Te amo -Seiya se atreve a confesar en un susurro.

Cubre con el suyo el cuerpo de Haruka. Ella, sin comprender qué le dijo, cierra los ojos y se deja amar...