Bienvenidos al final de temporada, ya en el siguiente capítulo comienza la temporada del mal *yay* y lo haré en conmemoración de mi triste, triste cumpleaños (para los que querían saber, es el 14 de diciembre el mismo día que Mária Szepes)

Sobre este capítulo, sólo les diré que me reí mucho porque es la última vez que verán algo fluffy hasta el extremo, bye bye cursilerías, espero que lo disfruten.

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Capítulo 16

Killua terminó sus ejercicios del día y se dirigió a reportarlo, en ese momento se animó a hablar con sus padres sobre el permiso que quería. Una acción como esta, sobre otra cosa que no fuera su labor como asesino, no era algo que hubiera intentado antes, pero tampoco podía evitarlo para siempre. Había visto a sus hermanos mayores, especialmente a Milluki, tratar otros asuntos y no parecía algo imposible, sin embargo, pedir un permiso era totalmente nuevo para él.

—Papá… —alzo la voz antes de que su padre se despidiera de él.

—Dime.

—Papá… Illumi me prometió que me llevaría mañana a la ciudad a comprar dulces, pero sólo lo hará si me das permiso para salir.

—¿Illumi dijo eso?

—Sí.

—No me ha comentado nada —le dijo mientras observó la reacción de su hijo, no era su propósito que su muchacho no tuviera la confianza para hablar con él— está bien, sí él te lleva me parece bien.

—¡Gracias papá! ¿Alluka puede venir con nosotros? —Preguntó más animadamente al ver la respuesta positiva.

—¡¿Qué?! No, definitivamente ese niño no saldrá de aquí —reaccionó Kikyo sorpresivamente, borrando la sonrisa de su rostro por completo.

Era frustrante, su madre solía ser demasiado expresiva y ese grito no se había quedado sólo en palabras, golpeó el piso con los pies para hacerse notar, apretó los puños y los agitó con dramatismo. Gestos que enfurecieron a su pequeño hijo.

—¡Ella nunca ha salido de casa! ¡No es justo! —Nunca se había atrevido a cuestionar las órdenes de su madre, por muy ridículas que a veces le parecieran, mucho menos delante de su padre.

—Killua, no, lo siento pero no puedo cumplirte ese capricho. Alluka se quedará en casa te guste o no —secundó su padre y él ya no quiso replicar más, se despidió de ellos y se marchó triste.

Tenía vergüenza, se sentía molesto por tener que darle una mala noticia a su hermana. Así que pensó que lo mejor sería que él tampoco saliera. Por supuesto que el buen corazón de Alluka no permitió que continuara en ese estado, ella alegó que, como no había salido antes, no le parecía relevante la decisión, y que de ese modo no extrañaría volver a salir en un futuro.

—Entonces me quedaré contigo, no saldré tampoco.

—¡Hermano, no! Si puedes salir, entonces ve.

—¡No! Y es mi decisión.

Alluka no le parecía correcto que su hermano se encerrara junto con ella, al final terminaron olvidando el tema. Sus travesuras en casa ahora eran más frecuentes y daban dolores de cabeza a Milluki, que con todas las habilidades del albino, era casi imposible atraparlos antes de que lograran su cometido. Sus padres no estaban enterados de todos los líos que provocaban dado que a Milluki le molestaba que ellos descubrieran como no podía mantener bajo control a dos niños pequeños. Particularmente a Killua, que era quién más lo hacía pasar por arranques de ira. Para su desgracia, los planes eran ideados por el pequeño peliblanco, el papel de Alluka regularmente era como su espía o distractor, y parecía que Milluki no acababa de comprender que no debía prestar tanta atención a la niña porque siempre caía en su trampa.

—Hermano ¿vamos a tomar el juguete nuevo?

—Sí, Milluki debería aprender a compartir con nosotros —la excusa de siempre.

—¡Genial, sí, vamos! —Alluka no se quedaba atrás, se divertía mucho al lado de su hermano y estaba dispuesta a participar en cuantas maldades se le ocurriera.

Ya conocían bien cómo funcionaban los dispositivos de seguridad que su hermano instalaba, pese a que el muchacho los cambiaba de lugar de vez en cuando, los dos niños traviesos siempre se las ingeniaban para encontrar todas las cámaras y localizar los puntos clave para esconderse de la mirada de su hermano.

El cuarto de Milluki estaba casi plagado de cámaras, tenía trece en total. Debido a que el muchacho no quería que nadie se enterara de sus actividades secretas. Sin importar cuántas cámaras instalara, no siempre estaba a la expectativa de lo que ahí ocurría, sobre todo cuando se iba al cuarto de vigilancia, su lugar de trabajo. Sus padres no le habían permitido tener ahí su habitación dado que, conociéndolo, descuidaría por completo sus deberes. De cualquier modo lo hacía, sólo bastaba con dar órdenes a sus mayordomos para que tomaran su puesto mientras él se divertía. Todo esto lo sabía Killua. Por ello la niña y él se coordinaban para vigilar el momento en que él bajara la guardia para comenzar con sus actividades.

Esta vez Alluka se quedaría afuera del cuarto de Milluki, vigilando el pasillo, con la instrucción de que si alguien aparecía, ella debía gritar, advirtiendo a su hermano, a quien le tomaría un segundo en salir del cuarto, agarrar a su hermana y correr.

El pequeño se preparó. Alluka regresó corriendo en el momento en que vio que Milluki, estaba jugando, y le avisó que estaba distraído, éste ingresó en el cuarto. Usando una pistola de agua, que previamente había llenado de pintura, fue tapando las cámaras para que en caso de que su hermano quisiera vigilar, tardara un rato en comprender lo que estaba ocurriendo. Escaló por sobre los estantes para acercarse a su meta, en su camino fue bloqueando la visión del resto de las cámaras. Era una misión exitosa. Tomó la figura que estaba encerrada entre cristales, cortando el vidrio, manipulando su mano derecha volviendo sus uñas en afiladas garras para facilitarle la tarea. En cuanto la tomó, salió de ahí. Tristemente para los dos, Milluki ahora no estaba solo y antes de que lograran salirse con la suya, Illumi ya los tenía a los dos colgando de sus playeras.

—No tienen por qué estar entrando al cuarto de Milluki.

—¡Aaah! Duele —se quejó Alluka.

—¡Oye! Bájala, ¿no ves que la lastimas? —Le reclamó el niño.

—Ustedes dos se lo buscaron, los soltaré cuando estemos con Milluki.

Era el peor escenario en el que podían estar, Killua lo había pensado muchas veces, sabía que a él lo castigarían, lo mandarían a la sala de torturas y le darían de latigazos, cosa para la que estaba preparado. Creía que Alluka correría la misma suerte, ella estaría indefensa y sufriría mucho si cayera en manos del más vengativo e iracundo de sus hermanos.

—Illu-nii, no, no… —comenzó a forcejear para liberarse, apretando con sus dedos la muñeca de Illumi— por favor no. —Al no recibir respuesta comenzó a balancearse hasta que logró torcer la mano que lo sostenía.

—¡Kil, quédate quieto!

—¡No, no Illu-nii! Tienes que escucharme un momento…

Illumi detuvo sus pasos y se quedó observando al pequeño, indicándole que podía hablar.

Aniki, cualquier castigo que quieran darle a Alluka, yo lo recibo, por favor, déjala ir, es mi culpa. Yo la llevé allí, ella no hizo nada.

—No es tan simple, era tú cómplice. Milluki no aceptará un trato como ese.

—Entonces… —cambió su expresión por una muy seria, incluso su aura asesina comenzó a desprenderse— si se atreven a poner un sólo dedo sobre Alluka, se las verán muy seriamente conmigo.

Illumi alzó el brazo, levantando a su hermano, viéndole a los ojos— ¿me estás amenazando?

—…

Fue una situación chocante con su realidad. Nunca antes había visto una actitud tan protectora en su hermano menor, ni siquiera cuando creía que Greco lo alejaría de él. Killua estaba siendo serio. Tuvo escalofríos. Volteó su rostro hacia donde la pequeña Alluka forcejeaba por liberarse y decidió no probar su suerte con su hermano, si Killua sabía amenazar, era porque lo había aprendido de él mismo. No dudaba que buscaría cómo protegerla. Bajó lentamente a Alluka, y ella comenzó a sobarse y a sollozar de dolor. Y luego fijó su mirada en su hermano.

Killua ablandó su expresión, al darse cuenta que Illumi empezaba a desprender esa oscura aura que le recordaba que su hermano no era cualquier persona, era alguien peligroso, a quién no podía ni imaginar con enfrentarse y tembló de nervios. Esa presencia no estaba en un nivel tan elevado, como lo había visto en otras ocasiones y aun así tenía la capacidad de imponer. Comenzó a hiperventilar, no estaba en una posición de huir. Si su hermano deseaba golpearlo, lo haría sin ninguna dificultad. Y en definitiva, tuvo miedo.

—¿Seguirás amenazándome, Kil?

No obtuvo respuesta, fue porque la voz del pequeño ni siquiera lograba salir por su boca. Sólo el sonido de su respiración fuera de control era lo único que se escuchaba.

—No vuelvas a amenazarme, yo no me ando con juegos sentimentales ¿entendido?

—S-sí…

Volvió a ocultar su Nen y bajó a su hermano, que inmediatamente se acercó a Alluka, revisando que estuviera bien.

—Dame el juguete —le pidió Illumi, y Killua aún con aprensión le dio la figura, extendiéndola lentamente— Kil, no voy a delatarlos a Milluki, pero necesito que me digas dónde estaba esto y qué hiciste, para limpiar tu desastre, supongo que se aseguraron primero para que él no se fuera a enterar tan fácilmente.

El niño aún estaba nervioso, no lograba sincronizar sus respuestas con sus pensamientos por lo que sólo respondía con su mirada insegura.

—Ven, ven aquí —lo alejó de Alluka contra su voluntad, arrodillándose frente a él, sosteniéndolo por los hombros, quedando frente a frente— respira hondo, todo está bien.

Al principio de su orden, hizo lo mismo que le pedía al niño, respiraba para que pudiera entenderlo e imitarlo, pero Killua inmediatamente perdió el contacto visual enfocándose en algún punto en el suelo— ¡ey, aquí! mírame —volvió a ordenarle levantando el mentón del niño con las yemas de sus dedos.

—Ani… aniki… yo.

—Ya, tranquilo —con la hipnosis a través de sus ojos envió una señal al inconsciente del niño, para que se mantuviera en calma, y no terminara por desmayarse ahí— ahora lentamente dime, qué fue lo que destruiste del cuarto para arreglarlo antes de que Milluki lo note.

—Yo… —se detuvo a tomar aire— arrojé pintura sobre las cámaras de su cuarto.

—¿Cuántas?

—Seis… —contestó y luego repensó su respuesta— no, ocho.

—¿Dónde estaba esto? —Señaló la recién adquisición de su hermano.

—En… en… —volteó a ver a Alluka, la cual le sonrió para brindarle confianza— estaba en una caja de cristal al fondo del cuarto, lo podrías reconocer fácilmente porque esta apartado del resto de los estantes.

—¿La rompiste?

—No, la corté con las uñas de mi mano.

—Bien. —Miró a su alrededor, pensando un poco en lo que sucedía, Killua lucía aun un tanto desesperado y prefirió cambiar de tema para que el ambiente se relajara— después de comer iremos a la ciudad.

—Pero, Aniki

—¡Hermano, ve! —Interrumpió Alluka antes de que pudiera terminar de negarse a salir— si no vas, no tendremos dulces. Esta es nuestra oportunidad.

Ella siempre sabía cómo convencer a su hermano fuera lo que fuera, no iba a dejar que él se entristeciera y se perdiera en la oscuridad. No iba a permitir que sólo porque ella fuera tratada diferente él tuviera que sufrir por su causa.

—¿Todo bien? —Preguntó Illumi al ver la conversación cómplice que ocurría frente a él.

—Sí, es cierto Alluka. No quiero dejarte sola, pero te prometo que te traeré dulces de todos los sabores que encuentre, tendremos que averiguar qué clase de dulces te gustan. —Luego, ya más cuerdo, volteó a ver al morocho— todo bien, aniki —le sonrió.

—De acuerdo, iré a pedir una caja nueva. Llévate a Alluka de aquí y no anden haciendo travesuras de nuevo ¿entendido?

—¡Sí! —Contestó animadamente la niña, que comprendía que su hermano mayor no estaba en las mejores condiciones para actuar y lo tomó del brazo para alejarlo de ahí antes de que Killua pudiera terminar de reaccionar.

Illumi se quedó pensativo, viendo la dirección donde se habían dirigido sus dos hermanos. Todo había resultado muy extraño para él, nunca había pensado en la posibilidad de que Killua deseara proteger a alguien, mucho menos que un integrante de la familia pudiera significar algo importante para él, después de todo, con quién más pasaba tiempo era con el mayor de los hermanos Zoldyck, para él, era bastante obvio que no existieran persona más importante para Killua que él mismo. Por esa razón ver su actitud con Alluka era perturbador. Se dirigió al cuarto de Milluki, ordenó que limpiaran las cámaras y cambiaran el vidrio que suponía era la protección para la figura. Después de eso regresó a su cuarto.

Illumi no había perdonado aún a su padre por lo ocurrido de modo que a la hora de comer, no salió de su cuarto, allí continuó con sus entrenamientos para fortalecer su cuerpo y resistir a la energía del espíritu. Dicha actitud no pasó inadvertida, su padre comenzaba a molestarse. Era de esa clase de actitudes rebeldes que le fastidiaban mucho.

—Killua, ¿a qué hora quedaste de salir con tu hermano? —Le preguntó Silva.

—Después de comer… pero, no vino…

—Debe estar en su cuarto —le respondió rápidamente y luego continuó— cuando lo veas dile que se está buscando su propio castigo.

Killua se tensó, su padre lucía más serio de lo usual. No alegó, porque no estaba acostumbrado a hablar con él, además de que no tenía algún argumento que dar a favor de su hermano.

Al terminar de comer, se dirigió a buscar al mayor. Tocó a la puerta con nerviosismo ya que ahora estaba enterado de que había una situación complicada, no podía mantener la calma de manera tan simple.

—Pasa Kil, está abierto.

Aproximadamente a un metro de distancia Killua se quedó observando a su hermano, él estaba sentado sobre un gran escritorio al fondo del cuarto, con sus piernas sobre una silla giratoria que estaba frente a él; cercado de agujas clavadas en cojines y otras tantas amontonadas en cajones. Sus finos dedos rodeaban y exploraban diferentes agujas de distintos tamaños y colores, algunas de ellas eran seleccionadas para clavarlas estratégicamente en sus brazos y manos. Aquella actividad era realmente escalofriante para el pequeño Killua que temía que en algún punto él tuviera que pasar por algo similar.

—Se ve doloroso —murmuró horrorizado.

—Lo es —contestó contrastantemente, su expresión corporal no coincidía con sus palabras. Luego volteó a ver a su hermano y sonrientemente añadió— ¿estás listo?

Aniki

—¿Qué ocurre? —Los gestos del menor delataba que había algo mal.

—No has ido a reportarte con papá, ¿verdad?

—No —sonó orgulloso y burlesco.

—¿No piensas hacerlo?

—Absolutamente, no.

—Te va a castigar, ¿lo sabías?

—Que lo haga, que me castigue.

—¿No tienes miedo? ¿Por qué lo haces?

Illumi dejó a un lado las agujas, extendió la mano para que su hermano se acercara a él, tomándola y jalándolo hasta tenerlo a un lado. Estando así, comenzó a jugar con sus menudos dedos.

—Kil, esto es algo que tienes que comprender ahora, los Zoldyck no negociamos. Papá me faltó al respeto, podría decirse que intentó humillarme, no puedo ir a reportarme con él para que luego lo tome como que estoy de acuerdo con su manera de actuar conmigo.

—¿No puedes simplemente ir y hablar con él?

—No, ya te lo dije, no negociamos, no llegaremos jamás a un acuerdo. Papá cree que puede actuar como quiera conmigo, yo no puedo ir a discutir con él sobre quién tiene la razón o no, debo demostrarle que no puede tratarme así. Algún día tendrás que hacer lo mismo, si quieres conseguir algo en esta familia.

—… —Killua no estaba de acuerdo. La vida al lado de Alluka parecía más simple y llevadera a diferencia de lo que le presentaban esas palabras. Una vida dura, de entrenamiento, asesinatos, sin buenos métodos para acuerdos familiares.

—¿Nos vamos entonces o…? —Detuvo sus palabras, el rostro turbado y pensativo de su hermano menor hizo acelerar su corazón, hace tiempo que no se alteraba de tal manera. Killua estaba preocupado por él, se sintió importante por el sentimiento que mostraba el pequeño, repentinamente quería abrazarlo, y besarlo. Pero una segunda voz sonó en su interior.

«¿Tocarlo tan pronto? No querrás manchar su pureza ¿o sí? Él es tan pequeño y adorable, no puedes simplemente cruzar la línea por esa simple muestra de cariño, recuérdalo».

Quería contestarle, por supuesto, decirle que no estaba cruzando ninguna línea, de hecho era una de las ventajas que tenía por ser su hermano mayor, pero se quedó callado.

—Illu-nii… ¡ten cuidado!, sé qué harás lo que quieres, pero yo no puedo seguir tu ritmo.

—Sí. —Contestó desinteresadamente— vámonos, ¿de acuerdo?


Una vez en la ciudad, Killua, impaciente, se bajó del auto a recorrer las tiendas, a las que varias veces llegó a ver sin poder ingresar por estar en medio de algún otro asunto. Corría entre los pasillos del local más grande de dulces que conocía, misma que solicitó a Illumi que lo llevara. Algunos mayordomos habían asistido con ellos, acompañándolos en otros autos que iban detrás. Centrándose especialmente en el niño que los hacía cargar con bolsas y bolsas de dulces.

Estaba tan emocionado que no se dio cuenta que su hermano no dejaba de observarlo. Lucía particularmente tierno, de un modo en que el mayor se daba cuenta de que se trataba de un niño inocente, uno que apenas comenzaba a comprender la vida, y no podía evitar sentir ese instinto protector, comenzando a fluir mientras notaba como la gente de los alrededores veía al adorable niño comprando montones de dulces sin medida.

Por primera vez pensó que no sería bueno dejar a Killua salir, de manera tan simple y sin vigilancia. Deseó poder controlar sus acciones. Estaba consciente que su padre no le dejaría tomar el control de su hermano, no era algo que fuera de su completo agrado, le gustaba verlo así, tal cual era, pero eso no significaba que le pareciera apropiado ese exceso de amabilidad que él poseía.

Como si no hubiera mañana se había comprado toda variedad de dulces que se vendía en la tienda, sin importar el costo de cada uno, Killua llego al punto de percatarse que ya no podría comprar nada diferente a lo que llevaba, luego ambos Zoldycks se dirigieron de vuelta a su casa.

El pequeño se sentía emocionado por lo nuevo que compartiría con su hermana menor, y a la vez esa emoción la relacionaba con el morocho, con quien estaba agradecido por todo lo que hacía por él. Eso hacía que se alterara al recordar lo que pasaría con Illumi, y para desgracia de ambos, ya casi llegando a su casa, su padre los interceptó a ambos.

El hombre de pie, frente a ellos con las manos en la cintura los observó, parecía que llevaba rato esperándolos a ambos. Su presencia imponente hizo que ambos jóvenes detuvieran sus pasos, seguidos de sus mayordomos, que cargaban todas las bolsas de los chicos, los cuales continuaron su camino debido a que entendían que no era su asunto.

Una vez que Silva vio que estaban solos habló.

—No has ido a reportarte Illumi.

—Lo sé —contestó sonrientemente.

—¿No piensas hacerlo?

—No. —Era tajante, sin lugar a dudas, estaba orgulloso de hacer su voluntad.

La sonrisa cínica del muchacho comenzó a fastidiar al líder de los Zoldyck.

—Te estás buscando tú propio castigo Illumi.

—Pues que así sea, no pienso estar de acuerdo contigo en tus "métodos" —seguía con esa actitud que sólo enfadaba más a su padre, cómo si con ella intentara sobrepasar su inteligencia y autoridad.

—Tienes cinco minutos para estar en el cuarto de…

—Yo lo tomaré —interrumpió el pequeño Killua.

La expresión de Illumi cambió instantáneamente a una mirada de horror al escuchar la voz de su hermano. Silva también notó esto y se sintió complacido, había dado justo en el clavo, la debilidad de su hijo mayor. Si pensaba escarmentarlo, este era el mejor método para ello.

—¿Tú lo tomarás? —Preguntó Silva.

—Sí, papá.

—¡No! —Alzó la voz Illumi— ¡no es tu asunto Kil, vete a tu cuarto, yo iré al cuarto de castigos, no tengo ningún problema con esto!

—No, aniki… yo lo haré en tú lugar —se expresaba con tanta seguridad que no se le podía tomar a juego.

Lo que más horrorizaba a Illumi era que su padre, era ya consciente de lo importante que era el niño en su vida, y ahora no tomaría sus palabras en serio.

—Bien, entonces que así sea —concluyó Silva sin ningún remordimiento— te veré en el cuarto de torturas en cinco minutos y más te vale estar puntual o serán peores las consecuencias.

Su padre desapareció en un instante y los dos Zoldyck se quedaron en soledad.

—Ni siquiera se te ocurra mover un músculo, Kil. No te dejaré ir— estaba luchando por mantener su control, pensaba seriamente en lazarse sobre su hermano y dejarlo inconsciente antes de que él pudiera llegar hasta el interior de la casa y entonces hacerse cargo de la situación.

Pero Killua conocía muy bien a su hermano, sabía que no era el momento para argumentar con él, que eso sólo le daría la ventaja, así que no esperó ni un segundo más y salió corriendo a toda velocidad de ahí. Entre más pronto llegara al cuarto, mejor para él.

Illumi maldijo en voz baja. Sí, Killua había hecho justo lo que no quería que hiciera y ahora tenía que ir detrás de él, ser más rápido antes de que lograra su cometido. Lamentablemente para él, los mayordomos estaban a favor de Killua y al ver que estaban en una persecución estorbaban en el camino al mayor antes de que pudiera detenerlo de encerrarse en el cuarto indicado.

—Abre la puerta —ordenó una vez que lo alcanzó en la cámara de castigos, pero Killua había atracado la puerta. Conociendo los materiales que solían usar los Zoldyck dentro de la casa, no sería fácil romper la pared o la misma puerta en sí, al menos, no le tomaría menos de cinco minutos hacerlo sin llamar la atención de alguien más en casa.

Aniki por favor, entiende mi deseo.

—No.

—No quiero ver que te lastimen de nuevo —lo dijo con firmeza. En verdad el niño había quedado marcado desde la última vez que vio como castigaban a su hermano mayor y se había planteado que haría esto a toda costa, evitándole el sufrimiento.

—¿Tú crees que quiero esto? ¿Crees que quiero que tomes mi lugar? Si es así déjame decirte que estás equivocado. Abre la maldita puerta.

—Entonces enójate conmigo, lo entiendo, pero no abriré.

Illumi exhaló fuertemente. Dentro de él no podía evitar sentir esa sensación de cariño que el pequeño le trasmitía, lo cual le preocupaba. ¿Cómo podría evitar que estas situaciones se dieran? Killua podía llegar a ser extremadamente obsesivo con su manera de proteger lo que quería, cosa que seguramente había aprendido de él, pero la diferencia era que no lo disimulaba. Actuaba como si todo aquello fuera normal y permisivo, cuando en la mente de Illumi, no había lugar para las demostraciones de afecto aún y cuando él mismo se había llegado a contradecir en sus acciones.

—No puedo permitir que no haya otra forma de llegar a acuerdos entre nosotros —Illumi levantó la mirada hacia la puerta recargado ambas manos contra ella— tiene que haber otra manera.

Esta vez no protestó más, se mordió el labio inferior. Sabía que su padre ya estaba ahí dentro, sólo que no hacía ruido para escucharlos mientras discutían, no le convenía que notara más debilidad de su parte. «Entonces me quedaré aquí, tu dolor será mi dolor», pensó. Se dio la vuelta y se recargó contra la pared, a un lado de la puerta, cerrando los ojos, intentando concentrarse en algo que no fuera su deseo de sacar al infante de ahí y tomar su lugar.

—¿Illumi? —Escuchó la vocecita llamándolo, simplemente la ignoró.

Luego una presencia más se apareció en el cuarto, su padre se hizo notar, había ingresado desde algún pasaje secreto en el interior de su recámara personal evitando así encontrarse con su hijo mayor.

No duró mucho ahí dentro, la tortura apenas y fue de un día y medio, cosa que Illumi agradeció profundamente. Su padre no quiso hacer tal trabajo sobre su hijo porque su amor de padre lo había alcanzado antes de terminar. Decidió que para el futuro, el responsable de volver a Killua más resistente contra toda clase de dolor sería Illumi y de ese modo, confiaría en su hijo mayor para tan soez labor.

Para Illumi aquel día y medio había sido suficiente para darse cuenta que tenía una limitante, una que ahora su padre conocía y podía aprovecharse de él. No se despegó de la habitación hasta que vio a su padre salir del cuarto con el niño en brazos, bañado en sangre y respirando entrecortadamente resistiendo el dolor.

—Toma, esto es lo que conseguiste por tu desobediencia. Te hará pensar mejor las cosas la próxima vez —le entregó al pequeño y se retiró, a sabiendas de que Illumi se haría cargo de él correctamente.

No se sintió mal por verlo ensangrentado, ya lo había visto así varias veces en otras circunstancias y ya no era sensible a eso, sino al motivo que estaba relacionado con él, indirectamente implicándole como el responsable de sus heridas de un modo más bien emocional, como una verdadera demostración de amor por parte del pequeño y eso le molestaba.

No sólo había perdido frente a su padre, había perdido como autoridad. Tenía una gran debilidad que no podía disimular ahora, a menos que tomara cartas en el asunto, y a estas alturas, con un espíritu de Nen creciendo y alimentándose de él, no era precisamente una acción fácil de hacer. Significaba perder el lazo con Killua, alejarlo de él para que él niño no volviera a tomar una decisión así. Para eso Illumi habría de pasar por un difícil camino.

Killua se recuperó rápidamente, fue cosa de tres días en los que tuvo un poco de fiebre debido a los venenos que su padre había usado para debilitar su resistencia. Illumi por supuesto estuvo esos días vigilando su recuperación y tuvo que soportar sus deseos de tener más cercanía con él.

El día en que el niño reaccionó, Illumi estaba junto a él, en parte eso se debía a que quería evitar la presencia de su padre en la casa y dado que ese era el único lugar donde estaba seguro de que Silva no aparecería prefirió quedarse ahí, además de que no pensaba abandonar al pequeño aún y pese a que sabía que si quería fortalecerse en todos los aspectos, necesitaría desapegarse de él.

—¿Illumi? —Murmuró apenas abriendo los ojos y éste reaccionó fijando su atención en él y en todas sus expresiones.

—… —no quería responderle, no quería involucrarse en una conversación cuando ni siquiera él mismo podía expresar lo que sentía.

Aniki ¿estás enojado conmigo? —Preguntó al cerciorarse de la situación actual.

Illumi sólo lo observaba fijamente, contestando con la mirada, que implícitamente seguiría sólo escuchando.

—Por favor, di algo.

—…

—Entiendo, —se quedó viendo hacia la nada, con sus ojos llenos de angustia— aunque ahora me odies, no me retractaré de lo que hice. No quiero volver a… —bajó la mirada apenado de haber tropezado con sus palabras.

Al inicio el morocho no entendía de qué hablaba, de pronto un recuerdo vino a él, la última vez que estuvo él en ese cuarto, misma ocasión en la que Killua había estado de testigo de todos los sufrimientos por los que había sido forzado a pasar. Comprendió que el peliblanco no podía simplemente olvidar un detalle como ese.

—No quiero que te ocurra nada malo.

—No te odio, y estoy preparado para que me sucedan cosas como estas, soy un asesino —lo interrumpió antes de que volviera a enredarse—, pero dejaré que reflexiones. —Mintió, ni él mismo había decidido todavía qué haría en estas circunstancias, secretamente estaba asustado, paralizado entre sus deseos por su hermano y su definición de éxito.

Salió del cuarto antes de que volviera a cruzar palabra con él, y se marchó a su recámara.


Al día siguiente volvió para revisar que el niño ya estuviera recuperado. Venía con el objetivo de entrar y hacer lo que tuviera que hacer sin detenerse a escuchar lo que fuera a decirle el pequeño, y así completar su tarea sin más problemas.

Lo que no esperaba era que su padre ya le tuviera un nuevo trabajo y apenas cruzando la puerta de la habitación, lo llamó frente a Killua y le dio la orden de ir a alistarse. El niño sólo le dirigió una mirada de desesperación que Illumi resolvió con una breve sonrisa antes de salir de ahí. Esa sonrisa le había dado todo el alivio que el pequeño necesitaba, se dio por perdonado, confortado tras tantas dificultades.

Para Illumi esa sólo era una herramienta para mantenerlo bajo control, si el problema era que Killua no estaba dispuesto a soportar su forma de cumplir sus objetivos, tendría que mantenerlo tranquilo, en la ignorancia. Así que había sonreído a pesar de que lo que había querido decirle era que él estaba tan confundido como el mismo niño.

En cambio Silva actuó de ese modo para demostrar que él tenía aún el mando sobre ellos dos, que podía decidir por ellos lo que debían hacer. El mensaje había sido claro para ambos, no caería nuevamente en la provocación de Illumi. Lo mandó de nuevo a un trabajo sin darle mayor información que los datos básicos de la víctima, como una forma de decirle "te tengo".

Illumi después de preparar todo se marchó, sin solicitar la presencia de algún mayordomo como acompañante, esta vez decidió que si haría algo molesto, lo haría solo, porque de ese modo sentía que su padre no tendría tanto poder sobre él. Demostrarle que no le importaba bajo qué situación lo enviaran, él podía con eso y más.

Se tomaría su tiempo para investigar los pocos datos que conocía de su objetivo, rento la habitación de un hotel, y lo primero que hizo una vez que llegó fue sentarse en una cómoda silla frente a un tocador de madera quedándose quieto, sumergido en sus pensamientos.

«Ya te diste cuenta de tu debilidad ¿cierto?» escuchó la voz del espíritu de Nen. La verdad era que ya lo había visto venir por eso no se sorprendió ni se incomodó cuando escuchó su voz.

—¿De qué hablas?

«De Killua, de tu adorable y tierno hermanito menor, tu debilidad».

—Si vas a hablar, tienes que ser claro o te ignoraré.

«¿Ahora si vas a ser rudo? Oye, yo sé mejor que nadie que quieres a tu hermanito, por eso estoy aquí, pero incluso yo que sólo soy un humilde espectador sé que estás comenzando a perder autoridad en tú familia todo por culpa de un mocoso de ocho años».

—¿Y?

«La solución es clara, necesitas alejarte por completo de él».

—¡De ninguna manera! Soy yo el responsable de su entrenamiento no puedo ni siquiera pensar en abandonar mi deber. Además de que no me da la gana —en realidad el espíritu de la Y se había alimentado bastante de su deseo y a estas alturas era evidente que lo que experimentaba era más parecido a una adicción que a un simple deseo, no sería posible tomar una distancia del objeto de sus desvelos.

El espíritu estaba renuente a aceptar sus necesidades, él necesitaba crecer más y con el ritmo que llevaba tomaría mucho tiempo, antes de poder tener la libertad que estaba buscando, es decir, tomar el control sobre el cuerpo de su anfitrión y olvidarse del asunto del deseo, pasando al Zoldyck a un segundo plano existencial.

«¿Qué acaso piensas seguir perdiendo? Olvídate de Killua, tú podrías acceder a un mejor poder si tan sólo me hicieras caso».

—¿Olvidarme de Killua? Te recuerdo que la única razón por la que comencé a tomar distancia de él fue porque me aseguraste que en un futuro me ayudarás a recuperar ese lazo con tus habilidades o lo que sea que vayas a hacer.

Ciertamente el espíritu de la Y no recordaba sus propias mentiras. «Y por supuesto que lo haré, es por eso que te digo que lo dejes a un lado. Sabes que esto no les conviene a ninguno de los dos».

—No me puedes forzar a alejarme de mi hermano menor. Sé que necesito hacer que de alguna manera él pueda mantener sus emociones bajo control, —empezó a meditar, hablándose más a él mismo que a la entidad, estaba confuso, herido por su deseo de mejorar la relación que tenía con el pequeño, el cual al mismo tiempo era el origen de todos sus males.

—Por lo visto, sé que él me quiere y por ese amor no me deja ser, así que…yo lo mantendré bajo control. —No quería aceptar la realidad que lo alejaría de él, para que el hecho no volviera a repetirse. Killua era un alma noble y él no podía darle el apoyo que buscaba.

«Sabes que puedo ayudarte ¿cierto? Si tan sólo me dieras más control, no sufrirías nada de esto».

Él no quería perder el lazo, deseaba enseñarle a su hermano a no meterse en problemas de ese estilo, a distinguir cuando era conveniente ayudar y cuando no, pero toda esa clase de cosas no podían enseñarse, eran instintivas, estaban basadas en los ideales de quién las efectuara.

Comenzó a deprimirse al darse cuenta que sus discapacidades mentales le estaban superando. Su mano con fuerza se aferró a la tela de su camisa, sintiendo que se ahogaba dentro de su propio cuerpo. Las cosas nunca habían sido fáciles, pero ahora había algo que complicaba aún más los sucesos, una parte de él ansiaba triunfar como un asesino, ser un digno ejemplo para su familia y sobre todo para el albino, y por otro lado, se daba cuenta que sus aspiraciones no congeniaban con su deseo por mantener el lazo con la única persona que en verdad amaba. En esos momentos él sólo quería morir, sin embargo, no tenía la capacidad para cometer suicidio, a lo largo de su vida le fue enseñada toda clase de técnicas para sobrevivir bajo cualquier condición. Su inteligencia no daba con un método diferente para resolver todo de forma más humana. Estaba atrapado en sus enseñanzas e instintos.

No respondió más al espíritu y este se dio por vencido. Illumi era mucho más resistente de lo que había pensado que un ser humano podía ser. Ni estando triste podía bajar la guardia, eso le indicaba que nunca en su vida había sido verdaderamente libre, ni dentro de su propia mente, y apostaba que tampoco él Zoldyck estaba enterado de esa situación.


Con Illumi fuera de casa, las cosas volvieron a ser la rutina compleja de siempre. Entrenar con su padre siempre había sido estresante, sobre todo al descubrir que esa autoridad tenía la capacidad de lastimarlo severamente si era necesario. Le había visto mientras lo torturaba, sin ninguna expresión, como si fuera algo normal. Killua no podía decir que no había tenido miedo durante todo el proceso, era mejor evitar toda clase de recuerdos indeseables si quería mantener su concentración en terminar las tareas que su padre le dejaba. Lamentablemente era inevitable pensar en Illumi, estaba consciente que parte de todo ese desastre era precisamente su culpa y eso no le agradaba. De algún modo era más que un hermano para él, era la persona adulta en quién más podía contar. Temía que su padre ahora les impusiera el estar lejos por mucho tiempo con tal de demostrarles que él era quién mandaba.

Esa situación se mantuvo por casi un mes, en el que Killua no se atrevió a preguntar abiertamente por su hermano así que de vez en cuando se acercaba a Gotoh por nuevas noticias. El mayordomo, muy a su pesar le ayudaba en su deseo. Particularmente Killua ahora prefería concentrarse en Alluka, a quién sí podía cuidar sin ninguna pena, jugar con ella era el único desahogo que tenía y no estaba dispuesto a abandonar esa situación por nada.

Una mañana, sin previo aviso, Illumi regresó, en un acto de independencia que fue notorio en casa. Él llegó sin que algún mayordomo o Zoldyck pudiera sospecharlo, no supieron de él hasta que se dio el reporte en la entrada: el mayor de los muchachos estaba de vuelta. En su mirada destellaba un aire de locura que no se había visto antes. Como era de esperarse lo primero que buscó el ansioso muchacho, fue a su hermano menor, que aunque lo negara era su más grande deseo. Sentía un vacío terrible, un hambre por volver a verlo. La abstinencia no la había podido pasar como antes.

Caminó hasta que escuchó la voz del pequeño, jugando con Alluka en alguna parte del patio que sus padres habían construido desde hacía años para sus niños. Sigilosamente se acercó, esperando observarlo primero a distancia y luego aparecerse. La niña parecía haberle sugerido alguna especie de juego con la arena porque constantemente él niño le preguntaba a su hermana qué tan alto quería la montaña.

Nunca le había parecido relevante esa relación, aun el día que vio que para su hermano ella era importante no lo encontró alarmante. Quizá habría continuado así de no ser porque él notó con asombro la increíble presencia que desprendía la niña. Pese a su habilidad de entrenamiento y que llegó sin ser notado, Alluka, o mejor dicho, la otra presencia que habitaba dentro de ella se apareció para dirigir sus oscuros ojos hacia donde él se encontraba oculto. Lo miraba con una sonrisa siniestra, no era de este mundo, el mismo espíritu de la Y lo confirmó en su mente.

—Killua, Killua… tenemos visita.

El otro niño, escuchó el nombre con el que era llamado, al instante comprendió que ya no se trataba más de Alluka. Su posición cambió a una defensiva, mirando a su alrededor, esperando no encontrar más problemas para su hermana.

—¿Estás segura?

—Sí.

El morocho salió de su escondite, mirando insistentemente a Alluka. Eso había sido impresionante tratándose de alguien que no había recibido entrenamiento alguno, si Killua que había sido duramente entrenado no se había percatado de él, significaba que el poder de Alluka le había permitido desarrollar esa sensibilidad.

—¡Illu-nii! —El grito de felicidad lo sacó de sus pensamientos, Killua corrió hasta quedar frente a él— ¿cuándo llegaste? Te tardaste mucho.

—Hola, Kil —era el alivio que había estado buscando todo este tiempo, la libertad sobre su dolor— acabo de llegar, vine a saludarte primero.

—Saludarnos, dirás —le corrigió abrazando a su hermana por los hombros—¿irás con papá?

Advirtió la cercanía entre ellos dos, no la vio con agrado, sintió esa horrible molestia que hasta entonces había enfocado sobre sus mayordomos y gente fuera de la familia, esos celos que ahora se dirigían a su hermana. Esta vez no quiso quedarse con sólo la intención.

—Sí, así es —tomó el brazo que sostenía el hombro de su hermana y lo apartó de ella— ¿Quieres venir conmigo? —Continuó hablando para disimular su enfado.

—¿Eh? —Al principio el pequeño se sintió confuso con la acción poco amable de su hermano, pero fue fácil de ignorar por la felicidad que sentía ahora— mmm… bueno, iría contigo pero no quiero que Alluka se quede sola, debo cuidarla.

—Puedo llamar a alguien para que venga por él, si quieres.

—No, no hace falta… te veré más tarde —añadió sonrientemente.

Pero los celos de Illumi no podían cesar, no aceptaría que el albino prefiriera la compañía de esa niña por sobre él— no sé, tal vez me vuelva a ir… ya veremos entonces.

—¿Qué? ¡No, no! No te irás de nuevo ¿verdad? Papá te dejará descansar un poco.

—No es como que estemos en buenos términos papá y yo…

—Yo he estado hablando con él, y me dijo que te pondría a darme otro entrenamiento.

—Pero tal vez me necesite más Kalluto, —siguió actuando de ese modo, hiriendo sutilmente al pequeño para satisfacerse a sí mismo.

—… —no tenía argumento con el cual pudiera defender su deseo de pasar tiempo con su hermano mayor, sabía que lo más seguro era que Kalluto necesitara más de Illumi que él mismo, egoístamente parte de él quería que se quedara ahí más tiempo, temía que su hermano ya no volviera a estar junto a él como era antes— pero…

—Bueno, iré con papá. Nos vemos.

—¡Espera, espera! —Lo detuvo aún desidioso entre dejar a su hermana o no— por favor, prométeme que no te irás sin despedirte de mí.

No podía dejar a Alluka sola, especialmente con Milluki rondando libremente, era el único que continuaba molestando a su hermana con sus deseos— Illu-nii

—No puedo prometer eso Kil, pero trataré.

—Illu-nii, yo… —se quedó trabado en sus ideas, el mayor dirigió su mirada a ese tenue rubor que apareció brevemente en sus mejillas— te echo de menos.

Eso era todo lo que quería ver, una reacción que denotara lo importante que él era para el pequeño. Se inclinó hacia él y acariciando brevemente sus blancos cabellos mientras le sonreía.

—Ya volveré, Kil.

No saben lo feliz que me hace comenzar con una nueva etapa de la vida de mis dos personajes preferidos. Supongo que si han leído hasta aquí, es porque en verdad les está gustando esta historia. Gracias por seguir leyendo.

Un agradecimiento especial a Infinitywords, GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.'.

Anon: Sí, espera lo peor para ambos. Tanto Illumi como Killua la tendrán muy díficil... era de ley que sacara a Hisoka de escena, si no, tendría que decir que mi fic no es 100% apegado al manga y estoy tratando de hacer que esta historia parezca sacada de la misma serie. *Lágrimas* me encanta cuando dices que esta es una explicación a lo de la torre, digo, no es mas que un fanfic, pero si te convence a ti, quiere decir que no está mal mi suposición. No te imaginas cuán difícil me resultó escribir el examen... las escenas de acción no son mi fuerte. Espero no tengas prisa por que esta historia ya los haga tener la edad de la serie, porque... diantres, en realidad veo mi borrador, y sé que faltan bastantes capítulos. No pude detenerme, lo siento. Gracias por leerme, y por tomarte la molestia de escribirme, no sabes cuánto me inspira a seguir.

Para mí, es un placer seguir haciendo este esfuerzo, porque esta historia quedé maravillosa y no entregarles un montón de basura aburrida.'.

Gracias nuevamente xOphiuchusx por tu adorable mensaje.'.

Nos vemos el viernes 11 de diciembre. El peor mes de mi vida, peor que agosto. *suspiro* mi vida apesta.'.