Sinceramente, he tenido unos días muy tristes, diciembre comenzó *suspiro* ¡Bienvenidos al inicio de temporada!

Primero, quiero recordarles que esta historia es larga, muy larga, así que no tengan prisa por ver a Killua odiar y temer a Illumi. Segundo, ¿recuerdan las advertencias que vienen en el resumen de la página y que está en categoría M? Bueno, aquí apenas comienza el verdadero "desliz", ODIO advertir con claridad, ya saben poner cosas como "advertencia: violencia con un extraterrextre sentado manejando un avión, cuando fulano cruzaba la calle porque blablaba", NO, no me gusta hacer spoilers de mi propio fic (excepto en Tumblr *risas* ahí si pongo notas y headcanons de todo lo que escribo), pero les advierto que ocurrirá algo que podría hacerlos sentir incómodos.

¿Algo más? Ah sí, hace tiempo hablaba con un amigo a que lee la historia y me dijo que le gustaría escuchar la música que yo pongo mientras escribo. Pues hice una lista de música y la puse en mi perfil, pueden, si quieren, pasar a mi perfil y copiar-pegar el link que viene ahí, si no en mi tumblr con la etiqueta de "fanfic Y" pueden encontrarla. No pongo aquí el enlace porque no está permitido y se borra el enlace.

YA, ya dije demasiado esta vez, los dejo con la historia.'.

Los proyectos involucraban: investigación para el desarrollo de una capacidad en el uso encubierto de materiales químicos biológicos. Ésta área consiste en la producción de diversas condiciones fisiológicas que podrían apoyar operaciones clandestinas actuales o futuras. Aparte del potencial ofensivo, el desarrollo de una capacidad integral en este campo de la química encubierta... lo que nos permite defendernos contra el enemigo...

-Project MK Ultra the cia's program of research in behavioral modification-

Capítulo 17

Illumi fue directamente a ver a su padre, para reportarse como era debido. Esperaba poder quedarse en casa por más tiempo, pero su desafortunada predicción ocurrió, tal como le había advertido a su hermano.

—Tu madre lleva ya dos semanas en la Torre, fue a evaluar a Kalluto pero no ha querido volver. Quiero que vayas por ella.

«Ve… » Illumi estaba a punto de negarse, de un modo poco educado, pero una voz lo detuvo «ve con tu madre, Illumi».

—No quiero verla —susurró con una voz tan suave, que Silva no logró comprender.

—¿Qué has dicho? —Notó que un oscuro Nen comenzaba a envolver al muchacho, pero no quiso detenerse en ello.

«Has lo que digo muchacho, necesito ver un par de cosas. Tú también lo necesitas». De cualquier modo no era como si en realidad pudiera negarse a la orden, además era cierto, sí había alguien en casa que pudiera responder sus dudas con respecto a su recién contacto con Alluka, era ella, la mujer que lo había envuelto en un oscuro secreto.

—Sí padre.

Entonces fue ya inevitable el mencionar el evidente incremento del Nen del pelinegro, no sólo por la fuerza con la que se desprendía sin siquiera haber un real esfuerzo de por medio, sino que era oscuro, maligno en un modo que Silva no había visto antes.

—Al parecer te has vuelto más fuerte ya. Te ha servido mucho esta misión, ¿cierto?

Illumi sólo levantó la mirada, mostrando indiferencia— ¿cómo está Killua?

Esa simple respuesta era una clara indicación de que esta vez no habría debilidades por dónde atacarlo, Silva sabía que ahora su hijo se estaba revelando en un modo que era mejor no cuestionar— él está bien, está avanzando en su trabajo por lo que he decidido que serás tú quien continúe con las torturas.

—¿Por qué yo? —De manera tajante respondió, con una sonrisa que destellaba en su rostro como si en realidad no hubiera sido grosero. Internamente Illumi no quería aceptar aquello. Ser el encargado del sufrimiento de su hermano menor no era una posición en la que quisiera estar.

«Eso es perfecto para ti, eres el tipo más afortunado de todos ¿te lo había dicho?»

—Porque te lo estoy ordenando.

—Cállate —volvió a susurrar y el aura asesina se afiló más, su padre dejó de estar sentado para adoptar una posición defensiva, el ambiente se volvió tenso.

«Ya va siendo hora Illumi… va siendo hora de que me dejes auxiliarte, eso te ayudará a dejar el apego por ese niño».

—Lo siento papá —continuó Illumi, notando la situación que estaba provocando y calmó sus ansias de matar— iré en seguida.

Se dio la vuelta y salió. Estaba claro que ese muchacho era un verdadero peligro, si un día lo buscaba como enemigo tendría dificultad en enfrentarlo.

Tan pronto como salió del cuarto se encaminó rumbo a la Torre, antes de marcharse se detuvo a ver a Killua a distancia, el pequeño sólo alcanzó a verle cuando le decía con un breve ademán que volvería luego. La mirada triste de Killua fue reparadora, la había disfrutado sinceramente y no estaba seguro del porqué.

Ciertamente algo extraño había estado ocurriendo con Kalluto, dado que al llegar a la Torre Celestial no lo encontró tan rápido como esperaba, luego le informaron que su hermano estaba en un hotel aledaño, junto a su madre, que llevaba aproximadamente dos días así.

Caminó hasta el hotel, a sólo un par de cuadras de ahí. Llegó impresionado por el temor que los mayordomos manifestaban, no a causa de su presencia, más bien parecían decirle sin palabras que su madre no quería que nadie más estuviera cerca de ella en esos momentos. Y claro que eso al pelinegro le importaba muy poco.

—La señora pidió que nadie la interrumpiera, amo Illumi, sé que usted comprenderá…

Pero la petición fue ignorada y él abrió la puerta del cuarto donde ella se encontraba.

Tal y como lo esperaba, el lugar daba una apariencia lúgubre, silenciosa y espeluznante, sólo unas cuantas velas alumbraban el interior, se escuchaba un tarareo constante, como una tétrica melodía que sonaba en la boca de su madre, mientras Kalluto estaba de pie en medio de un círculo hecho con tela roja. El menor estaba en trance, su respiración se escuchaba entrecortada, veloz, su mirada estaba perdida en la nada.

«Un ritual femenino». El espíritu de Nen habló e Illumi comprendió que no era una buena señal.

—Mamá ¿Qué le estás haciendo a Kalluto?

Pero Kikyo siguió enfocada en su trabajo haciendo un pequeño nudo con sus dedos, sosteniendo otro trozo de tela, tarareando aquella molesta canción.

«Despierta a tu hermano».

—¡Mamá! —volvió a llamarla, convenciéndose entonces de que ella no le pondría atención, se aproximó hasta donde estaba, jalando su mano y deshaciendo su nudo.

—¡Ya basta! ¡Lo has estropeado todo! ¡Todo! —Chilló haciendo aspavientos contra su hijo mayor.

—Te he estado hablado y no respondes.

—Ves que estoy ocupada y no me dejas en paz, pedí que no me interrumpieran.

—¿Qué le estás haciendo a Kalluto? —Exigió saber.

«Déjame hablar con ella», insistió el espíritu de la Y.

—Silva me dijo que pronto comenzarían con las torturas para Killua, ¿recuerdas lo mucho que lloraste cuando fue tu turno? Me preguntaba cuándo te volverías un hombre de verdad. —expresó con burla.

Illumi se quedó en silencio, estaba más preocupado por el hecho de que Kalluto seguía en ese estado, fuera de control.

—Kalluto está aquí solo. Necesita desarrollar resistencia al dolor, ustedes usan su método con Killua y mírame, yo le ahorro energías a mi bebé con unos cuantos trucos.

—¿Usando un ritual femenino? —Continuó Illumi, sin estar seguro de lo que acababa de decir.

—¿Femenino? ¿De dónde sacaste esa idea?

«Es un ritual para mujeres, déjame hablar con ella», el espíritu de la Y comenzó a manifestarse a través de su Nen, haciendo que la mujer retrocediera con temor.

—Madre, responde rápido.

Apenas articuló esas palabras, sintió que su mente se apagaba, era como si se hubiera quedado dormido en algún pozo profundo y oscuro, sin dolor, sin alguna sensación que le indicara tiempo o espacio. Illumi se quedó suspendido en una parte de su mente que él mismo desconocía y entonces, cuando comenzó a desesperarse escuchó una voz. «Te he dejado tomar el control de todo muchas veces, ya va siendo hora de que me des mi lugar», reconoció inmediatamente esa voz, era su misma voz, con un extraño aire de sabiduría, que denotaba al espíritu de la Y.

Kikyo notó con horror que aquello que estaba frente a ella, ya no era más su hijo mayor, si no ese ser oscuro que ella misma había implantado en él.

—Hombre de la Y —pronunció su nombre temblorosamente.

—Sabes bien que esos rituales no son para niños, ¿se te olvida que no tienes hijas? —Era la voz de Illumi, pero de una forma que sólo ella comprendía, no era él. Estaba llena de desprecio y odio—. Los hombres, Kikyo, —daba pasos lentos arrinconando cada vez más a la aterrorizada mujer— no tienen la complexión ni resistencia que una mujer posee. No pueden, por ejemplo, funcionar como putas como tú lo has de comprender… con suerte tu pequeño despertará.

—Yo sé lo que hago — tomó valor para hablar, pero bien sabía que no tendría oportunidad frente a un horrible ente como el que estaba ante sus ojos.

—Eres sólo una pequeña prostituta que entregó a sus hijos a la oscuridad, pudiste haber hecho las cosas bien…

—Aún hay una esperanza, hablé con el oráculo —ante esas palabras el espíritu pareció dudar un instante. En las facciones de Illumi podía divisar una fuerte ira contenida— me dijo que Killua era la solución a todo, él traerá el balance para nuestra situación, es la clave —lo mejor era ocultar su temor, así que dejó de huir, fingiendo arrogancia, creyendo sus propias palabras en que Killua era la solución a toda esa tragedia.

—¿Killua?

—Sí, son buenas noticias ¿no crees? De nuevo volverás a tener tu balance y dejarás esa forma inestable.

—Pues yo tengo mejores noticias para ti… —el espíritu colocó velozmente una mano en la nuca de la mujer, atrayéndola bruscamente hacia su cara— tengo a tu Illumi, y pronto Killua será mío, y cuando eso pase no volverás a verlos jamás —apretó con fuerza el cráneo y ella reaccionó alejándose de él para su supervivencia. El diabólico espíritu se dio la vuelta observando a Kalluto, y entonces dejó de nuevo salir a su anfitrión.

Para Illumi todo fue como un instante, mientras salía a la luz, todos los movimientos y recuerdos de lo que había ocurrido mientras él estaba en la oscuridad, comenzaron a formularse como una visión borrosa, como si se hubiera visto a sí mismo en tercera persona y entonces comprendió que todas esas imágenes eran en realidad lo que el espíritu había hecho mientras que él estaba sumido en esa penumbra interna.

Tuvo vergüenza, él nunca se había planteado seriamente la idea de lastimar a su madre bajo ninguna circunstancia, ahora sabía que ella estaba detrás de él, sangrando de la nuca, lo corroboró al revisar sus manos ensangrentadas y entonces vio a Kalluto, que seguía en ese trance peligroso y se apresuró a despertarlo.

Al principio lo estrujó por los hombros para hacerlo reaccionar de forma más natural, pero inmediatamente se dio cuenta que no era un trance normal.

—¿Illumi? —Escuchó que su madre lo llamaba— ¿Eres tú?

No respondió, fue hasta la cocina donde tomó un vaso el cual llenó con agua y se dirigió de vuelta hasta dónde estaba Kalluto, mirando acusadoramente a su madre, sabía que era la única responsable de que él hubiera quedado poseído, y era la responsable del estado de Kalluto. Ella era el verdadero problema dentro de la familia, y por lo tanto no debía sentirse tan mal por tomar ese comportamiento en su contra.

Arrojó el agua al rostro del pequeño, el cual logró reaccionar con mucho temor mirando a todos lados, desorientado— mamá… mamá —decía sin entender lo que pasaba.

—Kalluto, soy yo, Illumi, tu hermano mayor.

—Illu… nii —murmuró observándolo antes de desmayarse.

No era tiempo para pensar en lo molesto que había sido perder el control de lo único que consideraba completamente suyo, su cuerpo. Era momento de fijar su atención en Kalluto, que comenzaba a arder en fiebre, y según sus conocimientos necesitaría al menos dos semanas de descanso antes de que su cuerpo comenzara a reaccionar. Quizá más. Su madre era la persona más irresponsable que conocía. Se preguntó por qué su padre optó por casarse con ella, ¿cómo no se dio cuenta de semejante monstruo?

Pero ella no se levantaba, seguía mirando al suelo. Perdida en sus propios pensamientos, era una pecadora y ahora, a causa de sus trasgresiones, sus hijos estaban comenzando a pagar sus culpas, esto no se detendría nunca. Ahora estaba convencida de que Illumi nunca volvería a ser el mismo de antes, que Killua no traería el balance.

—Killua… —murmuró— no, no puedo permitir que me quiten a Killua.

Una idea brilló en su cabeza. El oráculo nunca se había equivocado antes, y este no sería el momento. Su hijo tendría que volverse el heredero de la familia, el único hijo al que ella no había tenido acceso libremente y que estaba limpio de sus cargas; era el que no portaría la terrible maldición de sus secretos y prácticas, tendría que asegurarse de mantener su posición como mujer de un Zoldyck.

Miró a Illumi, que llevaba a su hermano al baño, seguramente a bañarlo en agua fría para bajar la fiebre y se dio cuenta del riesgo que representaba ahora ese espíritu. Illumi, aún sin tener una preparación profunda como la que ella tenía, albergaba cierta percepción de las cosas ocultas y ahora poseía la habilidad de tener información a la cual nunca antes había accedido, es decir, él había estado en contacto con ese espíritu sin que se lo hubiera revelado antes. Debía ganarse a su primogénito, si es que quería mantener cierto control en las cosas. El acceso al poder que el mayor poseía, podía significar una clave para destruir las barreras de la información a la que ella nunca había tenido permitido llegar, y quizá ahí estaría la respuesta que buscaba para quitar las maldiciones a las que había entregado a sus hijos.

Inmediatamente comenzó a formular su propia estrategia para resolver su problema sin que su marido pudiera descubrirla. Lo principal para ella, era seguir conservando esa vida que tanto adoraba tener.

Notó que Illumi regresaba y se levantó del suelo, mirándolo calculadoramente. Dudando si aquello que caminaba hacia ella era o no su hijo.

—¿Illumi?

—¿Quién te quitará a Killua? ¿El espíritu?

—No.

—No estoy para tus mentiras madre, ya fue suficiente… —Illumi no lucía alterado en realidad, pero tenía aún esa urgencia por comprender todo lo que pasaba a su alrededor— sabes que puedo hablar con papá sobre tú secretos.

Kikyo lo sabía, su mayor enemigo podía ser ese muchacho— tú no me lo quitarías, ¿cierto?

—¿Quién…? —insistió.

—Ellos… —su plan, su principal plan tenía que funcionar, debía conseguir el apoyo incondicional y fidelidad de su primogénito— los de la cueva —y para comenzar tenía que hacer alianza con él a como diera lugar— tú lo quieres Illumi, lo quieres como yo lo quiero, es mi hijo, es tu hermano menor, no podemos permitir que nos lo quiten.

—… —Illumi entendía que su madre no conocía la naturaleza de su deseo enfermizo sobre su hermano, y tampoco permitiría que ella lo supiera— nadie nos lo quitará mamá, yo lo cuidaré.

Sí, ese era el primer paso hacia lo que ella buscaba— Illumi, por favor, no dejes que ellos se lo lleven.

—¿Por qué quieren llevárselo?

—Estoy segura que así es, estoy segura que ellos planean tomarlo, el espíritu de Nen dijo que se lo llevaría él mismo, él sabe más que nosotros.

Eso era suficiente para él, Illumi no necesitó que su madre supiera el motivo, él creía saberlo. Imaginó que los hombres de la cueva querían mantenerlo lejos de su hermano menor porque ellos sabían que él lo deseaba, y no permitirían que tal atrocidad se llevara a cabo. El ente de Nen no dijo nada, y ese silencio fue suficiente motor para seguir en su teoría.

—Tenemos que averiguar más del asunto. Vamos a trabajar juntos en esto.

Después de eso, convenció a su madre de dejar a Kalluto en manos de los mayordomos y regresar a casa. No que estuviera de acuerdo en abandonar a su hermano menor a su suerte, pero ya no podía luchar más contra la ausencia y ansiedad que le provocaba estar tanto tiempo sin una adecuada convivencia con Killua, ya no podía seguir obedeciendo a su razonamiento. Se encaminó sin mirar atrás.


Apenas llegaron a la gran casa en la cima de la montaña cuando él se apartó de su madre, concentrado en lo principal que necesitaba hacer, esta vez no era correr en busca de su hermano. Necesitaba estar a solas, necesitaba dejarlas cosas en claro con el espíritu de Nen.

Escuchó que su madre lo llamó y él siguió su camino, ignorándola. Se encerró en su cuarto, esta vez no saldría hasta arreglar las cosas que más le preocupaban. Se paró frente a un espejo que solía usar cuando estaba en casa y se concentró en sí mismo.

—Sé que estás ahí ¿Desde cuándo puedes hacerlo? —Preguntó refiriéndose al momento en el que el espíritu tomó control de su cuerpo, cuestionó asegurándose de no lucir alarmado.

«Es la primera vez que lo hago de este modo». Fue la respuesta que obtuvo.

—¿Cómo sabías que iba a funcionar? ¿Por qué no me habías dicho que era posible que esto pasara?

«Oye, oye niño. No comiences con tus molestias, yo no soy tu enemigo».

A Illumi lo que más le importaba era perder el control de sí mismo, había pensado en eso durante el camino de regreso; en la posibilidad de que tanto poder por parte de esa criatura de Nen le diera la habilidad de volverse autónomo, tomar su cuerpo a su antojo. De la única cosa que no estaba dispuesto a ceder.

—Si vas a estar haciendo eso entonces deberás avisarme primero, quiero saber qué harás y por qué. Yo no le hablo de ese modo a mi madre.

«Kikyo… la pequeña Kikyo es sólo una pecadora, una vil y sucia pecadora. Illumi… tú y yo hemos hecho una fuerte conexión ¿No es así?».

—Deja de desviar el tema, no quiero que estés tomando el control de mi cuerpo sin avisarme.

«¿Tu cuerpo? Ja, ja, ja niño, este ya no es tu cuerpo nada más, tu madre fue quien lo canjeó para liberarse de su maldición».

Entonces cayó en cuenta que de nuevo estaba atrapado, que ni siquiera en su madre podía confiar, estaba solo. Más solo que nunca, quería creer que tenía algo, a Killua y por él haría lo que fuera. Si su madre estaba en lo cierto, entonces valía la pena hacer alianza con ella con tal de mantenerlo a salvo. Miró su rostro en el espejo, no había una expresión clara en él a pesar de que por dentro había un desastre de emociones.

«Como bien sabes, originalmente no tengo un cuerpo, pero ahora tengo este y pronto, tu Nen y mi Nen serán uno mismo, luego nadie podrá notar la diferencia entre el tuyo y el mío ¿sabes qué significa? Significa que lo que te ocurra a ti, me ocurrirá a mí, tenemos incluso la misma mente y conciencia, podríamos compartir conocimientos. En realidad no quiero estar en el cuerpo de un adolescente perdedor por eso estoy agradecido de compartirlo contigo».

Eso sonó más sincero e Illumi decidió dejar de pensar, optó por ignorar su desesperación porque en realidad no serviría de nada. Nadie correría a auxiliarlo y sacarle ese demonio que comenzaba a carcomerlo, no habría alguien que le creyera y cuidara de él. Para su familia él sólo era una herramienta, e incluso una herramienta peligrosa que ellos mismos temían y preferían mantener a distancia, ocupado para no tener que lidiar con él.

Podía sentarse a compadecerse de sí mismo toda una noche, y estaría en su derecho de hacerlo, pero él no sabía que eso era posible, ni siquiera como desahogo. Tendría que soportarse a sí mismo, con esa incapacidad mental para comprender a los demás. Era doloroso en un modo que no podía explicar.

Aniki… ¿estás ahí? —Escuchó la voz de su hermano. La única que necesitaba para su alivio.

—Kil —murmuró muy bajo, apenas para sí mismo, luego, de forma inconsciente enunció—: Kil, ayúdame.

«¿Ayudarte? Ese niño sólo te ha vuelto débil, yo te volveré fuerte, déjamelo a mí».

La puerta sonó y de nuevo la voz del pequeño sobresalió— aniki, mamá me pidió que viniera a verte.

—Aquí estoy —esta vez contestó fuerte, caminó hasta la puerta y abrió.

—¿Illu-nii? Te pasó algo malo —si alguien podía notar sus emociones, ése era el peliblanco.

—Tranquilo, no es nada —tomó su mano y lo metió dentro de su cuarto, para asegurarse de que la conversación no fuese precisamente escuchada por alguien más. En su interior podía oír como el espíritu de la Y comenzaba a maldecir sus decisiones, comprendía perfectamente a qué se debía esa ira.

Aniki ¿qué te ha ocurrido? —Preguntó inocentemente. Necesitaba tener en claro lo que en verdad había pasado entre ellos dos, desde que él mismo había estado en la Torre Celestial, todas esas cosas que le habían llevado a desconfiar un tanto en él. Siguió a su hermano dentro de su recámara, sentándose sobre la cama mientras que veía al inestable muchacho caminar hacia la ventana.

—Todo está bien Kil, estoy muy cansado, apenas regresé de un trabajo muy extenuante y papá me volvió a enviar lejos tan repentinamente, pero ya estoy aquí.

—¿Volveremos a entrenar juntos? Papá me dijo que te pondría a ti a ejercitarme de nuevo.

—¿No te gusta entrenar con papá? —Se giró de la ventana y se quedó observando a su pequeño hermano, quien continuaba sentado sobre la cama, balanceando sus piernas.

—Sinceramente… no, en realidad me siento atemorizado de lo que él me pueda hacer.

—¿Qué podría hacerte?

Negó con la cabeza— no lo sé, es sólo un pensamiento que viene a mi mente de vez en cuando; también me pasa con el abuelo y a veces con mamá.

La aguja. Illumi sabía bien que ese pensamiento de autoprotección era debido a aquél control que tenía sobre el menor— ¿crees que conmigo sería diferente?

—Sí, eres mi hermano, hemos estado juntos por mucho tiempo.

Illumi sonrió, esa confianza y afecto era lo único que lo había mantenido con vida todo este tiempo. Se acercó hasta el pequeño y acarició sus cabellos— yo no te quiero lastimar Kil, pero no sé si tendré que hacerlo.

—¿Tienes que hacerlo…?

Bajó su mano de su cabeza y le acarició la mejilla— si lo tengo que hacer, será por tu bien ¿lo entiendes?

Estaba anunciando la desafortunada decisión de su padre de ser él quien fuera a torturarlo y no podía ocultar por mucho tiempo su miedo a lo que eso fuera a desatar.


Tal vez lo único bueno que su padre hizo por ellos fue dejarlos descansar un par de días antes de comenzar a ejercer su decisión. Killua prácticamente fue el último en enterarse lo que ahora tendría que trabajar con su hermano mayor y no estaba precisamente emocionado por hacer algo como eso. Significaría que en cualquier momento comenzaría a pasar más tiempo en esa cámara oscura y fría, que en casa, y volvería a olvidarse por un largo tiempo lo que era en realidad descansar.

Para que los malos pensamientos llenos de asuntos complejos no mermaran su voluntad y disciplina, el muchacho se concentró en sus ejercicios, una idea que le ayudara a evitar lidiar con eso de tener que torturar a su hermano. No le asustaba verlo herido, después de todo eso no era novedad, tampoco ser él quien provocara el dolor, comprendía que tales cosas eran necesarias; temía a las repercusiones provocadas por la angustia de estar en una situación tan estresante. También sería una tortura para él mismo ejecutarlo pese a que no fuera evidente en su lenguaje corporal, el reviviría sus sufrimientos a través del infante.

Ser un Zoldyck no implicaba el gusto por la tortura, eso era independiente de cada uno. Illumi no sentía atracción precisamente por ello aunque lo aparentara. Lo que en realidad le gustaba era el tener el control de la muerte, decidir cuándo y cómo ocurriría, independientemente del género, edad o experiencia de la víctima, la sensación de poder, le resultaba adictiva. La tortura no era precisamente el atractivo de ello. Si le hubiesen preguntado a Killua su opinión sobre el tema, para él habría sido una negativa absoluta. Él sólo cumplía órdenes, en el dado caso de que tuviera que verse forzado a realizarlo sería bajo condiciones estrictas y no algo que frecuentemente ocurriera.

Era aún temprano cuando Illumi fue convocado por sus padres y su abuelo para hablar sobre la siguiente etapa del entrenamiento del menor. El muchacho iba dispuesto a no poner resistencia a lo que fuera a decir su padre, especialmente a sabiendas que eso sólo lo afectaría a él y aun si lo llegara a solicitar, no le quitarían la responsabilidad de ser el verdugo de su hermano.

Su abuelo le entregó un programa completo y detallado de todo lo que tendría que hacer, paso a paso y luego, muchos recuerdos desagradables comenzaron a llegar a su mente. Momentos dolorosos e infelices que él mismo tuvo que experimentar a costa de sus padres, y se vio fuertemente tentado a rechazar hacerlo.

—Tú mismo sabes que tiene que estar preparado para eso —le dijo su abuelo clavando su mirada en sus oscuros orbes— o tal vez no lo sabes aún…

Illumi cambió su expresión por una evidente muesca de confusión y hubo un silencio prolongado.

—Aún no estás listo para comprenderlo. Sólo has lo que te pedimos, ahora ve por Killua.

Salió de la habitación sin preguntar nada, de cualquier forma no le iban a responder. Se quedó molesto, irritado por el misterio que su abuelo dejó en sus palabras, odiaba esos montones de secretos de familia, entre más aprendía, más infeliz era y estaba al tanto de que no tendría ninguna ganancia de aquel conocimiento, sólo el hecho de saber una nueva verdad familiar oculta ¿y para qué? Para presumir que era otro Zoldyck más, un asesino de élite, reconocido e invencible. Como quiera él no había sido enseñado a desear, ni siquiera podía imaginar algo que pudiera querer más allá de su hermano o de lo que ya tenía.

Se dirigió hasta donde estaba el albino. El cual se encontraba jugando con la pequeña Alluka, notó como el niño le hacía caricias en la cabeza y la trataba con tanto cuidado y amor que no pudo evitar más celar esa posición. No quería a esa niña ni remotamente cerca de Killua, tarde o temprano ella terminaría robándose todo su amor y eso era algo a lo que no estaba dispuesto a entregar.

Era indudable la buena relación que había entre ambos niños, Alluka era más pequeña y podía comprender a su hermano en esos aspectos que Illumi no podía descifrar, no podía jugar a las mismas cosas que ellos dos jugaban; sin importar si él le había intentado inculcar su propia definición de diversión -fallidamente- en su hermano. No, esto le resultó tan irritante que consideró completamente necesario apartarlo de ella en ese mismo instante.

—Killua —lo llamó a varios metros de distancia— ya es hora de comenzar con tu entrenamiento —se dio la vuelta y se apartó, esperando a que su hermano lo siguiera.

Esta vez el entrenamiento los llevaría a otro nivel.

Killua lo alcanzó antes de entrar al largo pasillo oscuro que dirigía al cuarto de torturas. Él niño iba tranquilo, a sabiendas del sitio al que se dirigían— papá me explicó que tengo que hacer esto, y que tú me ayudarás a superar esta etapa, pero, ¿en realidad es necesario?

Illumi no le contestó, ni siquiera él mismo sabía ahora por qué esto era importante en sus vidas, ambos tenían un entrenamiento estricto desde que tenía memoria, y su habilidad no había precisamente mejorado después de completar los niveles de aquellos ejercicios, simplemente su consciencia había cambiado a raíz de ello ¿qué clase de habilidad había adquirido después de sufrir tanto? En realidad no lo conocía, pero las instrucciones de su abuelo eran claras, tenía que hacer todo tal cual como él había descrito.

Se pusieron frente a una gran pared de ladrillos gruesos, Illumi sostenía una lámpara en su mano porque el área a la que habían llegado había sido diseñada para estar en una tenue oscuridad.

—La puerta es más al fondo Illumi —remarcó Killua.

—Ése es el cuarto de torturas para castigos —aclaró, y la expresión del pequeño cambió a una de sorpresa.

—Entonces, ¿a dónde se supone que vamos?

—Aquí —sus manos temblaban, los recuerdos de haber pasado por esas pruebas se agolpaban en su mente. Tomó aire y recargó su mano contra la pared, al instante una luz morada destelló e hizo el símbolo que su padre le había previamente explicado como clave para ingresar, la puerta se abrió, deslizándose por sí misma y le indicó con la mirada al niño que debía entrar.

—No tenía idea de que este lugar existiera.

—Este lugar será como tu nuevo hogar por un tiempo.

Era un lugar un poco oscuro, como el pasillo. Tenía una enorme celda con una cama pequeña, apenas con la medida para que un niño la ocupara y a un lado de ella, hasta una esquina, se podía ver un pozo elaborado con bordes de cemento y piedras, dejaba en claro que ese sería el baño para el prisionero que ocupara ese espacio.

—¡No jodas! No me digas que tendré que permanecer aquí.

—Ven —indicó con la mano— ponte esta ropa —era un conjunto gris que consistía en un pantalón y una camisa del mismo tono. Además le entregó un par de cosas para su higiene y una almohada.

Killua tragó saliva, nunca antes había sido tratado como prisionero. No temía estar ahí, creía que con un poco de esfuerzo podría romper la celda en la que estaba, que quizá lo difícil sería romper las paredes. Lamentablemente para él, en el momento en que Illumi le indicó que entrara en la celda notó que todo era diferente a lo que imaginó, el material emanaba cierto poder que no le permitiría escapar de ahí. Las rejas estaban fortalecidas con algo que él no conocía.

Aniki ¿cuánto tiempo estaré aquí? —Preguntó tras darse cuenta que su situación era poco convencional, pero Illumi salió del cuarto sin dar explicación alguna.

Illumi ahora estaba metido en su papel de verdugo, nunca lograba empatizar fácilmente con él cuando se ponía en ese estado, la concentración de su hermano se centraba en su objetivo y entonces era difícil tratar con su ausencia de sensibilidad, sólo esperaba que no fuera por mucho tiempo. A juzgar por la cantidad de cosas que tenía ahí, creyó que posiblemente estaría por una larga temporada.

Enfocándose en lo que tenía a su alrededor escuchó el golpeteo de un reloj en algún lugar, y dirigió su mirada a su alrededor hasta que logró divisar al fondo un, apenas perceptible, pequeño reloj de pared con las manecillas marcando una hora incierta. «Al menos hay algo en qué entretenerme», repasó irónicamente.

Miraba hacia adelante con mucha cautela, estaba en medio de una prueba y no era momento de bajar la guardia. Entonces escuchó que su hermano entraba— acércate —le llamó, mientras abría la puerta de la reja.

Killua no sabía qué esperar— ¿Qué se supone que tengo qué hacer?

Illumi se detuvo un instante, viendo fijamente a los ojos azules de su hermano, quería decir muchas cosas y darle muchas recomendaciones pero sólo pudo manifestar—: aguantar —la forma en que lo había dicho dejó en claro que había mucho en juego y Killua sólo asintió.

Le quitó la camisa, esposó sus muñecas con unas cadenas y cubrió sus ojos con una tela gruesa, finalizando con unas orejeras que le impedían escuchar a su alrededor. Entonces Killua sintió pánico. Ya antes había permanecido sin ver por largos periodos, como parte de algunos entrenamientos, gracias a eso había desarrollado su audición y atención de un modo que le había permitido sobrevivir durante varios de sus ejercicios y trabajos, pero con unas cadenas tan poderosas, y sin poder escuchar, las cosas se pondrían difíciles. No sabía qué esperar.

El mayor lo encaminó contra una pared, Killua levantaba los pies con mucha torpeza, temeroso de chocar contra algo— ¿aniki?

Escuchó que le llamaba pero él se centró en terminar su trabajo, tomó un largo y pesado látigo que apuntó con firmeza, calculando su fuerza, no quería desollar su espalda, sólo hacerle ver que había más cosas qué temer.

Los primeros golpes le hicieron ver al menor a qué iba tener que enfrentarse. Pero no por eso dolía menos, le preocupaba dónde caería el siguiente golpe, lo cual no le permitía concentrarse en resistir y comenzaba a dejar salir gritos cortos y desesperados, hasta que los golpes se intensificaron y lo empujaron contra la pared, chocando contra ella y abriéndose la frente. Ni siquiera había sido consciente de que tenía una pared frente a él hasta que se estrelló contra ella.

No tuvo tiempo de recuperarse, más latigazos abrieron heridas en sus brazos y cuello, y calló de rodillas haciendo inservibles aspavientos con las manos para encontrar la fuente de su dolor, «si tan sólo atrapara el látigo, tal vez podría…» creía que ese era el fin, desarrollar habilidades para enfrentar a enemigos bajo condiciones extremas.

«Debe haber un patrón», supuso, la desesperación le estaba comenzando a dar ideas, y se volvió a poner de pie. Esta vez no fue un latigazo el que siguió, sino una fuerte patada que lo hizo nuevamente estrellarse contra la pared para luego caer al suelo. Iba muy en serio.

Illumi caminó hasta dónde él estaba, repitiéndose a sí mismo «es por un bien».

—¿Qué está pasando? —escuchó que Killua gimoteaba, y estuvo a punto de detener todo. Tomó valor y lo jaló de los cabellos para forzarlo a ponerse de pie; posteriormente lo obligó a caminar tomándolo por la nuca, empujándolo para que comprendiera que debía obedecer, entre tropezones y quejas, dado a que estaba sangrando.

Lo guio hasta una silla donde lo ató para que no pudiera moverse de ahí, el respaldo era grande y lo forzaba a estar en una posición casi acostada. Le quitó la venda y las orejeras para que volviera a tener consciencia de su situación.

—¿Tienes sed?

—No.

—De todos modos, tendrás que tomar agua —empujó una botella hasta su boca y vació el contenido de ella, al menos un galón de agua que calló por su rostro, ingresando en su nariz y resbalando hasta su cuello y nuca. El pequeño tuvo que toser la cantidad de agua que lo casi ahogaba en el proceso— ya vuelvo —fue lo último que dijo el mayor y se marchó.

Ahora sí, en verdad no tenía medio para saber qué ocurría, ni cuánto tiempo había pasado desde que su hermano le tapó los ojos. El dolor de su espalda y sus brazos comenzó a intensificarse, solo que tampoco tenía forma de saber qué tanto daño había recibido. Escuchó que algunas gotas se estrellaban contra el suelo y deseo que fuera agua y no su sangre la que estaba sonando, aunque posiblemente se trataba de una combinación de ambas.

Intentó ver a su alrededor y se dio cuenta que su cabeza estaba inmovilizada también, tendría que conformarse con ver el techo de esa habitación, una luz cercana le molestaba en los ojos y se quedó en ese silencio prolongado y aburrido.

Unas horas después regresó Illumi, quien se asomó hasta dónde él estaba y comenzó a tomarle el pulso.

—¿Qué sigue? ¿Cuánto tiempo estaré aquí?

Pero su hermano seguía sin responder, estaba sumido en su deber.

El pulso del pequeño estaba nuevamente estable, la sangre para esos momentos ya se había secado, después de todo, no habían sido heridas profundas, el asunto no era mantenerlo al borde de la muerte, sino al borde de la desesperación de una manera consciente, no como las últimas veces, en las que el pequeño no sabía lo que estaba pasando, sino que ahora él tendría conocimiento de que estaba en medio de una sesión de tortura, con una supuesta finalidad para su entrenamiento.

Comenzó a colocar diversas cosas alrededor de su cuerpo, que el niño no podía ver. Eran aparatos que le servirían para medir el pulso y la actividad cerebral durante lo siguiente que le haría.

Luego el infante sintió que unas pequeñas garras de acero se clavaban dolorosamente en su piel; una entre sus dedos, en los talones, el cuello, hasta que sintió que una se clavaba horriblemente en su ingle.

—¡Illumi, para!

No era que Illumi estuviera disfrutado todo esto, le había costado mucha determinación hacerlo sin dudar, sobre todo al momento de colocarle ese gancho en la ingle, un área de su cuerpo a la que prefería estar alejado y que ahora no había podido evitar tocar, aunque por sobre la tela del pantalón.

—Este es un dolor al que ya estás habituado, sólo tendrás que aguantarlo más.

«¿Por qué se lo dices?» Escuchó una voz en su cabeza, y titubeó un instante. Killua no podía verlo, mas pudo percibir ese momento de vacilación.

Cuando un torrente de electricidad recorrió su pequeño cuerpo desde su mano derecha hasta el resto de sus extremidades, entonces comprendió que esto en serio se trataría sólo de aguantar.

La sesión de tortura se extendió por otras cuatro horas más, con mucho dolor. Diferentes medidas de descarga en diferentes puntos sin un patrón ni descanso. Hasta que Killua dejó de soportar el dolor y de su boca salían quejidos desesperados.

Sus oídos estaban tapados, comenzaba a sentir fiebre y sueño, no podía alzar la voz para pedirle a su hermano que se detuviera, estaba cansado de resistir, sus labios temblaban por el frío de la humedad, la falta de sangre.

Y sin más terminó por desmayarse.

«Tucker telephone, eso es para niños».

—Killua es un niño —Illumi respondió a la voz. Se detuvo a revisar tanto ondas cerebrales, como el ritmo cardiaco.

«Me refería a quien lo aplica».

—Este es un ejercicio para ayudarlo a crear resistencia mental a la tortura y…

«Eso es lo que tú crees, en realidad ni tú mismo sabes la verdad detrás de esto».

—Ya que pareces saberlo todo, por qué no me lo dices.

«Dejaré que tu papi y tu abuelito te cuenten la verdad, si es que un día deciden hacerlo».

Una risa burlona prosiguió y no pudo evitar desconfiar en todo lo que su abuelo y su padre le habían inculcado con respecto a esas sesiones y todo lo que estaba haciendo, aunque tampoco podía confiar en las palabras de esa entidad. Estaba más que enojado, lo peor es que Killua no reaccionaba, no obstante, no era como si pudiera sacarlo así de simple del cuarto. Sabía que lo estarían vigilando tanto a él como a su hermano, así que no le convenía meterse en problemas a estas alturas.

Killua permaneció en ese cuarto por dos días más, alimentándose a base de carne seca, y agua. Era todo lo que habían decidido que él podría comer. Los latigazos y los choques eléctricos se volvieron más resistibles apenas al tercer día, cuando recibió la noticia que saldría de ahí para descansar y reponerse.

Agradeció desde lo más hondo de su corazón que las cosas hubieran terminado, aunque sabía que volvería en una semana. Por lo menos retornaría más mentalizado para lo que vendría, o al menos, eso creía él.

Illumi se encerró en su cuarto, internamente estaba paralizado por el asco que sentía contra sí mismo. De todas las enseñanzas que había dado a su hermano, esta era una de esas en las que no creía, quizá la más relevante. Nunca le explicaron en realidad para qué le serviría en la vida y ponía en duda todo lo que había aprendido hasta ese momento.


Al día siguiente aceptó salir a de su habitación, ver a su hermano era todo lo que su cuerpo necesitaba para reponerse del mal sabor que tenía desde el día anterior, pero vio algo que le desagradó aún más.

Killua tuvo que continuar entrenando con su padre, no se le permitió simplemente descansar para reponerse del trauma debido a ciertos patrones y roles que debían cumplirse, así que el morocho tuvo que esperar hasta su hora de descanso. Apenas estaba acercándose al cuarto de juegos, cuando un llanto llegó a sus oídos. Era la voz de Alluka que resonaba en todo el pasillo hasta perderse en el interior de la enorme casa.

—Ya, ya, Alluka. No me ayudarás a sentirme mejor.

—Pero, pero hermanito, estás herido, te ves mal ¡No es justo!

La pequeña estaba aferrada al abdomen de su hermano, abrazándolo efusivamente y llorando en su vientre, lamentando una y otra vez que su hermano mayor hubiera sufrido tanto a costa de su entrenamiento. Lucía con unas marcadas ojeras, y heridas por todas partes, además, estaba claro que necesitaba tiempo para reponerse y el cansancio del entrenamiento no le ayudaba mucho al respecto.

Illumi apretó los dientes. No pudo darse tiempo para preocuparse por los detalles en la salud de su hermano, odiaba por completo esa cercanía que la niña tenía con su pequeña adoración, que lo abrazara de aquél modo y sobre todo, odiaba que el niño le correspondiera. No soportaba la idea de ver a su predilección aceptando ese amor tan libremente, él quería ser todo para el pequeño. Maldijo internamente, sin embargo, optó por no actuar conforme a sus emociones, sabía desde siempre que esa nunca era la respuesta correcta para resolver sus problemas. Resistió su ira, para la suerte de ambos niños.

Únicamente se quedó viendo a distancia esa escena, y se prometió que algún día, no habría nada que se interpusiera entre él y su hermano. Estarían siempre juntos, sin importar nada.

Bien. Creo que ya más o menos se imaginan lo que sigue, ya nada será como antes.'.

Anon: ... *risa* diablos, eso fue tan extraño y divertido, lo siento, no pude evitar leer todos los mensajes. Espero que tu problema se haya solucionado. ¡Estoy tan feliz de saber que te gustó el otro capítulo! Espero que este no te haya asustado, sobre todo porque nadie disfruta que lastimen a Killua *llanto* ¡es un bebé! Ya verás que el papel de Alluka se irá aclarando conforme vaya avanzando la historia, batalle bastante para definir qué sería para ella. Aún hay mucha historia qué contar, probablemente te tome un poco de tiempo antes de adivinar de qué se trata en realidad la historia. *sonrojo* ¡Cielos! Gracias por esas palabras, me esfuerzo mucho porque esto salga a la perfección, aún leo los capítulos anteriores y me da vergüenza la pobreza de estructura que tienen, pero bueno, soy un perfeccionista. ¡Espero leerte en el siguiente capítulo! Quiero mi abrazo imaginario de cumpleaños *risa* Gracias.'.

Lightningbeat: Intenté responderte por la página pero tienes desactivados los mensajes privados. En fin, gracias por leer esta historia *risas* no sé en qué capítulo te quedaste aún falta muchísimo antes de que esta historia termine, (creo que no vamos ni a la mitad de... lo que me he imaginado), en fin. Muchísimas gracias por tu mensaje, haces mi día mejor.'.

muchas gracias por el mensaje, según yo, respondí por los mensajes privados.'.

Nos vemos el 25 de diciembre, sí, con un capítulo no navideño porque esto se pondrá muy mal, ¡felices fiestas a todos! Gracias por leer.'.