¡Felices fiestas a todos! Les traje un presente para todos, conmemorando el solsticio de invierno, el festejo del dios sol y todos sus derivados. Es un gusto compartir con ustedes esta historia, sé que esta volviéndose cada vez más seria, así que espero que abran un poco su mente y se preparen para descubrir cómo fue cambiando la relación tan linda que los hermanos Zoldyck tenían, antes de volverse... bueno, ya saben...
No sé si hay alguien que lee esto, pero bueno, si gustan pueden escuchar la misma lista de música que viene en mi perfil, ¡quisiera que hubiera más IlluKillu en el mundo!.'.
Capítulo 18
Era de esperarse, una semana no fue suficiente para descansar. Sobre todo si incluía entrenamiento de por medio. Killua esta vez, sabía hasta dónde debía caminar cuando iban por el pasillo rumbo al verdadero cuarto de torturas, tenía una idea de lo que vendría una vez dentro. Serían sólo días de maltrato, nada más, nadie de por medio le aconsejaría, ni una clase previa antes de tener que aguantar el dolor. Apenas entró al lugar y de inmediato tomó las prendas que le correspondían, el conjunto gris oscuro que en un lapso corto, estaría sucio e inservible porque la tela ni siquiera era cálida o cómoda. Esto era a propósito, algo más con qué batallar. Luego Illumi le esposó las muñecas, está vez permanecería con esas molestas cadenas durante todo el tiempo. Lo único que sorprendió a Killua fue el momento en que su hermano lo guio a su celda. Increíblemente no era la misma a la que el recordaba, ahora esta celda tenia rutas escondidas que conducían a diferentes lugares por medio de laberintos, caminaron hasta otro pasadizo secreto, dónde encontró otro cuarto diferente, aunque con algunas similitudes al que estuvo tiempo atrás, encerrado: luz tenue, un reloj de manecillas que estaba colgado al fondo, la jaula de acero. En esta ocasión el cuarto completo era pequeño; la celda del centro incluía una cama y un pozo para hacer sus necesidades. Lo que pareció nuevo, fue que divisó al fondo una silla y algunos ladrillos, además de los ganchos en el techo y diferentes látigos. Se hizo una idea de lo que le esperaba.
Sí, volvieron esas orejeras y la venda que cubría sus ojos. Illumi unió las cadenas de sus muñecas hacia uno de los ganchos en el techo y lo elevó sobre el suelo, tomó una tabla y procedió a golpearlo. No había sangre de por medio, pero el dolor era intenso y pesado, además no había forma alguna en que el niño pudiera cubrirse contra los golpes. Killua no se quejaba, su respiración era la única que delataba que estaba resistiendo al dolor. Ya no tenía miedo a los golpes, las vendas y las orejeras no eran más un temor, porque estaba consciente de que eso era lo que recibiría, se había adaptado, sin embargo, temía al sitio y a la forma en la que estos caerían sobre su menudo cuerpo.
Aturdido, no sabía cuánto tiempo había estado así, el hinchazón de los golpes adormecía las áreas lastimadas, el dolor se disimulaba en ciertos puntos, hasta que Illumi detuvo la paliza, y lo bajó del techo. Killua no respondió nada, sólo agradeció cuando sus ojos fueron descubiertos y de nuevo la luz tenue regresó. Por la mirada que tenía Illumi en ese momento, sabía que su hermano mayor estaba en estado de trance, en el que se había metido en varias ocasiones para poder hacer bien su trabajo. A si mismo esta era la señal de que no podría hablar con su hermano ni acordar un descanso.
Illumi quitó las esposas de sus muñecas y colocó otras cadenas, esta vez separadas y cada una tenía al extremo una pesa.
—No es demasiado, son cien kilogramos, estás acostumbrado a más peso —indicó ajustando la segunda pesa.
Killua asintió. A pesar del físico y edad, el niño sometido a la tortura, sorprendía con la fuerza anormal que poseía, prácticamente el peso de pocos kilogramos no era nada comparado con las toneladas de material que era capaz de empujar con sus pequeñas manos.
—Extiende tus brazos a los lados —ordenó. Killua los levantó a sus costados— flexiona las rodillas un poco —el pequeño obedeció, esperando su aprobación— sí, así está muy bien. Perfecto, mira al frente, quédate así.
Lo único que veía era una gran pared oscura, luego silencio. Esperaba más instrucciones pero al cabo de media hora se dio cuenta que no se diría nada más. Illumi estaba detrás de él, de pie observándolo, entonces escuchó que salía del cuarto un breve instante, y volvía cargando algo que reconoció como una silla.
El muchacho se sentó cómodamente detrás del niño, además traía consigo un libro el cual se había puesto a leer para distraer su mente, sabía que esto tomaría un tiempo y lo mejor era concentrarse en algo más que no fuera el sufrimiento de su pequeño hermano. Después de una hora, llamaron a la puerta, uno de los mayordomos había sido enviado con comida para el mayor de los Zoldyck.
Un carrito con una comida humeante, ingresó y el niño pudo oler el delicioso aroma que desprendía. Estaba hambriento para ese momento y su estómago lo delató, no sólo quería comer, tenía sed, todo su cuerpo le dolía y sus brazos, piernas comenzaban a temblar por permanecer en la misma posición durante un largo periodo.
Sólo que apenas había pasado una hora, e Illumi no había decidido que era suficiente.
—I-Illu-nii —le llamó tartamudeando— tengo sed, tengo sed… —su voz sonaba estresada, como si con hablar intentara huir de todo el padecimiento por el que estaba pasando.
El muchacho se concentró en esa blanca figura, su cuerpecillo tiritaba de dolor y cansancio. Sus palabras sonaban tan débiles que no pudo evitar sentir escalofríos, toda su concentración se perdió en ese instante. No quería hacer esto, era algo absurdamente innecesario, no lograba comprender por qué su padre lo había hecho pasar por todo aquello cuando él era un niño.
«¿Vas a darle agua o qué?» La criatura de Nen se hizo presente, y no dudó en pararse, volver a fijar su atención y tomar un vaso que llenó con agua fría.
—Bebe —lo colocó sobre los labios del pequeño.
Killua dudó un segundo, la vez pasada su hermano se había limitado a lanzarle el agua sin piedad, y ahora vacilaba si ese gesto se repetiría o sólo había sido parte del ejercicio anterior. Después de asegurarse que no fuera un truco más, comenzó a tomar el agua. También este acto resultó inaguantable, el agua estaba demasiado fría como para tomarla rápidamente.
Sintió que su cerebro se helaba al primer trago y quiso alejarse del vaso, pero su hermano mayor no se lo permitió, continuó bebiendo con sorbos pausados. Al parecer, lo forzaría a beber toda el agua. Después, Illumi regresó a su sitio.
Pasada otra media hora notó que el pequeño ya no aguantaría más tiempo en esa posición, en cualquier momento comenzaría a flaquear su voluntad.
—Aniki… no, no puedo más —no sólo era el peso, ni la posición cansada, era el dolor causado por los golpes recibidos y el hambre lo que lo habían llevado al hartazgo— ¡ya no! —sus brazos bajaron unos centímetros temblorosamente.
—Levántalos de vuelta.
—¡No puedo!
—No te estoy preguntando.
—¡No es que no quiera, no puedo!
—Sigo sin preguntarte. Levanta esos malditos brazos.
Apretó los dientes, y cerró los ojos con fuerza, dolía profundamente. Y pensó que podría aguantar un poco más si se concentraba en algo que no fuera el padecimiento. Al principio así fue, aguantó otros minutos más hasta que sus manos volvieron a ceder por cansancio y comenzó a bajarlos. Illumi lo presionaba a continuar en esa posición como estaba escrito en las instrucciones. Internamente se decía que su hermano no aguantaría más, que sus piernas estaban demasiado debilitadas como para resistir, tampoco era como si en verdad le importara que el niño continuara haciendo aquello, pero su deber, según las instrucciones de su abuelo, era hacer que permaneciera en esa posición hasta que fisiológicamente se volviera una tarea imposible.
Y así fue, Killua soltó de golpe las pesas, y se arrodilló, respirando entrecortadamente. Sabía que sería castigado por aquello, pero no le importaba, además, toda el agua que había tomado le habían provocado ganas de ir a orinar.
—Párate —escuchó la voz de su hermano— y vuelve a tu posición.
—¡No puedo más! —Reconoció con enojo y frustración— además necesito ir al baño.
Illumi lo veía de rodillas, sabía que si ya no podía, no importaba cuanto se lo pidiera, el niño en verdad no lograría volver a esa posición—. Ve, rápido.
Killua se levantó como pudo y caminó lentamente hasta la celda. Entonces otro dilema apareció. Quería hacer sus necesidades, pero no quería que su hermano estuviera ahí, observándolo. Se dio la vuelta, un poco abochornado, esperaba que comprendiera su expresión corporal y le diera un poco de espacio.
—¿Qué estás esperando? Date prisa —y esa respuesta le hizo darse cuenta que no tendría alternativa.
Se apuró tanto como pudo, hasta que salió de la celda, aún más molesto por ese espectáculo que fue forzado a dar. A duras penas podía permanecer de pie, todo su cuerpo dolía y el hambre sólo se había intensificado más. Su hermano lo forzó a caminar hasta estar frente a uno de los muros, le quitó las pesas y lo hizo quedar con los brazos y piernas extendidas atadas firmemente a la pared, impidiéndoles el movimiento. Aquí fue cuando Killua comenzó a reaccionar a la tortura, y el asunto empeoró cuando una aguja gruesa atravesó su piel. Illumi ahora lo usaría como tiro al blanco. Si el dolor ya era intenso, ahora se volvería insoportable.
No se podría decir que resistió todo el tiempo, dado que en algún punto dejó de aguantar y comenzó a gritar de angustia, a rogar que parara y rogar, hasta que, sin saber una medida de tiempo, su petición fue atendida. Illumi lo soltó y cayó sin misericordia contra el suelo. Luego, su hermano lo condujo casi a rastras hasta su jaula, le llevó una charola de carne seca y agua, y le dejó a solas.
Para el peliblanco, esa fue la hora de descanso más hermosa y la comida más deliciosa que pudiera probar. Al menos ya se había mentalizado para lo que continuaría por los días posteriores.
Illumi apenas hubo salido del cuarto, recargó su espalda contra la pared y se dejó caer. No quería seguir con todo aquello, tal vez podría aguantar toda esta segunda etapa de la tortura, pero una tercera ya no. No tan fácilmente.
«Oye, niño…»
—¿Qué? —Contestó sin ánimo.
«Estaba pensando, si no puedes hacer esto, tu padre te volverá a usar como su juguete».
—Lo sé, lo sé… no se trata de que pueda o no hacerle esto a Killua, es algo que debo hacer sin importar nada.
«Sería una vergüenza si no lo completas, pero si en serio no puedes, yo puedo hacerlo por ti».
Esas palabras resultaron una gran tentación. Liberarse de la carga de hacer una actividad perturbadora y dejarla a cargo de esa criatura oscura que habitaba dentro de él. Tenía muchas dudas, sobre todo al recordar la forma en que había tratado a su madre. No quería involucrar a un monstruo siniestro que no poseía la delicadeza necesaria para tratar con un niño de ocho años en plena tortura, cuando ni siquiera él mismo se había atrevido a hablar durante las sesiones de dolor, no, no había querido pronunciar algo que tocara más profundamente la sensibilidad de su hermano, que ya de por si sabía que estaba sobrepasando el límite de su aguante y el niño ahora mostraba aversión a todo aquello.
«Yo también deseo lo que tú deseas, y sabes, tengo más aptitudes que tú para tratar con el pequeño Killua».
—No es cierto. Ni siquiera puedo confiar en ti, recuerdas que tomaste mi cuerpo sin mi permiso.
«Ni que hubiera sido la primera vez». Recordó la ocasión en que había llegado de la cueva antes de enterarse que su madre le había impuesto una entidad de Nen y que al final, cuando él había perdido su consciencia y no podía levantarse, ella había recurrido a esa fuerza para disimular que su hijo se encontraba lo suficientemente indispuesto como para caminar hasta su cuarto.
Se quedó ahí un rato más hasta que acabó la hora de descanso, sabía que Killua ya habría comido y aprovechado el tiempo correctamente para hacer lo que fuera necesario. Sólo requería una cosa más y podría terminar con su rutina del día.
En efecto, al entrar al lugar se encontró con el niño, que estaba recostado en la cama, adormilado.
—Levántate, Kil —elevó la mirada, notoriamente enfadado por haber sido interrumpido. Simplemente acató sus palabras— ven —abrió la jaula y el niño salió de ahí.
Lo condujo a lo que parecía una banca hecha de una simple tabla de madera larga, con un aparente respaldo delgado, todo del mismo material. El niño entendió más o menos lo que era, lo había visto antes en su trabajo como asesino. Una especie de tortura que nunca había comprendido porque no le parecía particularmente dolorosa.
—Siéntate.
—Lo sé…
Al sentarse notó lo incómodo que en realidad era. El aparato de tortura lo forzaba a estar en una posición equilibrada, sentado con las piernas alargadas, firme, con la espalda recta, sus pies y hombros fueron atados junto con las tablas de madera que formaban el asiento.
—Aniki —le llamó.
Le ignoró. Illumi le colocó unos cuatro ladrillos debajo de sus pies, arqueando levemente las rodillas del albino hacia adelante, asegurándose de haber ajustado la presión suficiente sin que obstruyera el flujo de la sangre. Luego caminó pausadamente y tomó una lámpara grande que colocó justo frente al niño y la encendió. Inmediatamente la luz molestó a los ojos del pequeño.
—Listo, te veré mañana.
—¿Qué? ¿Qué hora es?
—Nos vemos.
No estaba feliz con dejarlo así. Todos sus ideales chocaban en su mente y no encontraba la coherencia entre la tortura y el trabajo como asesino. Entrenaba a su hermano como un arma mortal, le enseñaba a pensar como un desalmado y frío psicópata, a evaluar a sus víctimas, a hacer trabajos limpios que no emplearan toda su energía ¿qué relación tenía la tortura en todo aquello?
La sesión se extendió una semana completa, en la que solo dejó dormir a Killua en la cama por tres noches, para que recuperara un mínimo de la energía consumida durante todo ese tiempo sobre las tablas, con esa luz que le hacía sentir que no era de noche, cansado del tormento y de la incertidumbre. Hastiado de que su hermano no le dirigiera la palabra más que en breves segundos.
El itinerario de su abuelo marcaba que debía dejar descansar una semana y tres días al niño, de ese modo él podría recuperarse del trauma lo suficiente como para fortalecerse mentalmente, aunque no tanto como para regresar al cuarto. Y lo peor era que cada sesión incluía más y más daño para su hermano.
Leía una y otra vez lo que tenía qué hacer, paso a paso y se estresaba, perdía el apetito y las ganas de dormir. Recordaba la mirada de angustia del chiquillo durante las mañanas, cuando iba por él y lo desataba de las tablas, era de verdadero agotamiento. Y sabía que aun si no veía sangre embarrada en su ropa, internamente tenía dolores constantes por culpa de los golpes y las posiciones incómodas a los que lo forzaba a permanecer por tanto tiempo. A duras penas se quejaba, y cuando lo hacía, lo hacía inteligentemente, apelando a la sensibilidad del mayor, y tenía éxito, en la mayoría de los casos.
Al término de la semana de descanso, Illumi fue a buscar a su pequeño hermano para arrastrarlo hasta la celda de torturas una vez más. Venía meditando sobre lo que quería decirle, expresarle de algún modo su deseo de terminar pronto con todas esas sesiones y decirle que en realidad no quería involucrarse en esas prácticas. De cierto modo, esperaba que con ello Killua se refugiara en él para consolarse, y que no terminara en brazos de Alluka.
Tal vez Illumi habría podido resistir un poco más, y seguir torturándolo con la misma firmeza que hasta ahora había mostrado, de no haber sido por la presencia de esos celos. Él quería ser quien consolara al albino, él quería ser el único a quien fuera dirigido ese amor. No quería ser simplemente el mentor a quién trataba sólo en esos casos de entrenamiento.
Iba subiendo las escaleras hacia la habitación del infante, cuando escucho una voz al otro lado del pasillo que le hizo detenerse antes de ser notado. Una voz tierna, llorando, evidentemente se trataba de Alluka.
—Hermanito, no vayas, no vayas… por favor.
—Alluka, tranquila, no es que quiera ir, es mi deber.
—No, no… odio que vayas allá. Has estado cambiando últimamente… no quiero que dejemos de ser amigos, no quiero que me olvides.
—No digas eso Alluka, yo nunca te olvidaré.
Se asomó, aun disimulando su presencia, y vio, para su desgracia, como el peliblanco mantenía abrazada a su hermana, mientras acariciaba sus cabellos intentando consolarla.
No pudo soportar más sus celos, esto excedía el límite de su resistencia. Su sed de sangre se desprendió inconscientemente de su cuerpo y Killua reaccionó aterrorizado por culpa de la aguja, esperando a que su hermano apareciera y abrazando aún más protectoramente a su hermana.
—Kil —le llamó haciéndose ver— ven aquí.
Respondió con un atisbo dudoso. Su instinto le decía que huyera, pero el temor lo hacía mantenerse paralizado, desidioso en soltar a Alluka. La mirada amenazadora de Illumi, le hizo darse cuenta que debía ir inmediatamente con su hermano y soltar a la pequeña.
—Ya vuelvo —susurró y siguió a Illumi.
Caminaron escaleras abajo, y entonces Illumi, ya víctima de sus emociones terminó por hablar.
—Detesto la manera en que te llevas con esa mocosa.
—Tienes que estar bromeando, aniki… Alluka es mi hermana—no podía creer lo que acababa de escuchar, no había justificación para que Illumi dijera algo como eso, menos refiriéndose a alguien de su propia familia.
—¿No te das cuenta? Te está volviendo débil.
—¿Qué quieres que haga? Alluka es la única con quien puedo jugar, y… —se quedó callado antes de cometer alguna imprudencia. El tema de Alluka era bastante sensible para él.
—Ese modo en que se tratan, es inapropiado, es… —detuvo su discurso antes de decir "romántico", era la palabra que había estado evitando decir cuando se trataba de su hermano, no quería pensar en ello como algún tema amoroso porque entonces sus celos se encendían como fuego.
—¡¿Has estado espiándonos?! —Exclamó indignado, lo último que quería, era que más información sobre Alluka fuera descubierta, de por si lo que sabían de ella la había puesto en una muy mala posición en casa.
—Mi deber principal es educarte.
—¡Al demonio con eso! Lo que yo haga o deje de hacer con Alluka no es tu asunto.
—Lo hago porque me preocupo por ti —argumentó como si con ello pudiera justificar su comportamiento obsesivo.
—No. Yo trato de ser obediente con ustedes, pero ustedes, los adultos, siempre se superan con sus injusticias, ¡estoy harto!
Iban caminando y el tono de la discusión se había alzado lo suficiente como para que varios mayordomos que se encontraban cerca pudieran escucharlos hablar.
—¡Es por tu propio bien! Yo no quiero que te vuelvas un mal asesino sólo por culpa de tus sentimientos.
—¡Nunca confías en mí! Entonces yo tampoco voy a confiar en ti —fue simple razonamiento infantil, un intercambio de confianza, era todo lo que pedía. Detuvo sus pasos frente a la puerta del cuarto de torturas, haciendo aspavientos en un desesperado intento por darse a entender.
—Después de todo lo que hago por ti —contestó entre dientes. Así era como se sentía y no pudo evitar decir en voz alta. Estaba herido, su influencia comenzaba a disminuir y era evidente, Killua ya no quería simplemente decir que sí y dejarse llevar por sus razonamientos. Se sintió defraudado.
La expresión del morocho le demostró al albino que lo que dijo antes, había resultado una ofensa que no debió atreverse a expresar, sin embargo, sentía que no había razón para juzgar de ese modo sus palabras, algo salió mal en esa descarga de reproche. Illumi lo estaba controlando con sus emociones, y el problema era que no sabía cómo definirlo.
—¡¿Por qué siempre eres así?! —Gritó llenó de angustia, quería encontrar una palabra que explicara por qué Illumi estaba mal y que él sólo pedía lo justo.
—¿Así cómo? —Puso la clave de la puerta, y apretó la mandíbula, conteniendo sus ganas de descargar su ira.
—¡Así! —Manipulador, chantajista, era lo que en realidad hubiera querido decir, referido a lo que sentía, pero Killua en ese entonces no tenía un vocabulario tan amplio como para expresarlo.
—Eso no tiene sentido, ahora entra al cuarto.
Pero ya no quería entrar, sabía que con un hermano enojado, la tortura no sólo sería dolorosa físicamente, sino que emocionalmente sería peor. Además, no entendía ya el sentido de estar ahí.
—Aniki…
—Entra.
—No.
—¿No? Ja… —odiaba la situación, no quería discutir con su hermano, pero el asunto estaba comenzando a írsele de las manos— no es algo que me guste, pero lo hago por tu bien, y tú no te das el tiempo ni siquiera de notarlo.
El menor lo escuchó con asombro. Dentro de su corazón guardaba el presentimiento de que su hermano estaba batallando casi tanto como él lo hacía. Por una parte, su madre, únicamente era eso, un título, jamás había representado gran cosa en su vida. Su padre hasta hace poco comenzaba a ser algo más que una autoridad, volviéndose en alguien que estaba cada vez más involucrando en su aprendizaje, cosa que le alegraba bastante. En comparación a ellos, su hermano mayor siempre había estado ahí, haciendo deficientemente el papel de padre, el problema importante radicaba en que Killua era demasiado infantil como para apreciar todo el esfuerzo que él ponía en cada una de sus decisiones; sólo era capaz de notarlo cuando alguien se lo hacía ver. Este era uno de esos momentos en que las palabras del morocho le hacían darse cuenta de su pesar.
—Lo siento.
—Entra, ahora. —Dictó con vehemencia.
Y el pequeño, sintiéndose tan débil y ridículo, hizo lo que se le pidió. Pensaba en esos momentos que él era un malagradecido. "No es algo que me guste", había dicho, y ahora se preguntaba qué debía responder. Las palabras resonaban en su cabeza constantemente, miró la celda de la primer etapa, recordó todo el dolor que había sentido, y se imaginó la carga que debía ser para Illumi estar ahí también.
Illumi le vendo los ojos, y esta vez el albino ni siquiera se molestó en reaccionar al roce de la tela. Estaba meditativo. Luego lo condujo por algún pasillo secreto hasta otra habitación diferente, con otra jaula, el nuevo lugar dónde pasaría la tercera fase de la tortura.
—Aniki… —le llamó cuando sintió que se detenían en un cuarto desconocido.
—¿Qué ocurre? —Le quitó la venda de los ojos para que pudiera observar el nuevo lugar.
La luz tintineante le reveló un cuarto que parecía sacado de alguna película de terror de bajo presupuesto. Contenía un espacio oscuro al fondo, podía divisar una mesa con algunas herramientas sobre ella, pero él no sabía de qué se trataban; se encontró nuevamente con la jaula en una esquina, está vez, sólo había una cama y un bote pequeño, seguramente para sus necesidades fisiológicas. Lo que más sobresalía era la humedad del sitio.
Se dio cuenta que en verdad no quería estar allí, eso era demasiado para él. La angustia comenzó a apoderarse del pequeño, no estaba preparado para una vida tan desgraciada y miserable.
—¿Qué se supone que tengo que aprender aquí?
—Te lo dije, resistir. —Desató las cadenas para que comprendiera que debía quedarse ahí.
—No, no… hablo en serio. ¿Resistir qué? ¿Ser inmune al dolor que se sufre con las torturas? No lo creo.
—… —Illumi casi lo arrastró hasta el interior de la jaula, intentando evadir mentalmente el dilema que se le presentaba, en las reflexiones de Killua.
—Dime la verdad, esto es horrible Illu-nii ¡por lo menos dime cómo debería enfrentar este supuesto nivel! ¡¿Alguna vez has estado en una situación como esta?! No, ¿verdad? ¿Qué diablos es esto? —Se estremecía de sólo imaginar estar ahí, en ese cuarto donde difícilmente se podía respirar por la humedad, con hambre, sufrimientos y sueño. Debía luchar todo lo posible por oponerse a esa desolación. Se aferró a las prendas de su hermano, en un intento por despertar algo de compasión en él.
Illumi comprendía su miedo, él recordaba cada uno de sus padecimientos en esos lugares, pero jamás se atrevió a cuestionar nada de lo que hacían con él. Se había dejado controlar por sus padres y aceptado esa vida como la única posibilidad. A él le tomó años darse cuenta que podía haber algo mal en todo ese entrenamiento, y Killua, a sus ocho años estaba despertando a la realidad, encontrando esos puntos flojos en el sistema.
—El hecho de que yo no lo haya vivido aún, no quiere decir que tú no lo vayas a vivir. —Luchaba por librarse de su agarre pero no le permitía moverse sin hacer uso de su fuerza.
—¡Hablo en serio aniki! Esto no tiene ningún sentido. Nunca salimos a pelear así sin un plan, siempre nuestros mayordomos revisan el territorio antes que nosotros vayamos, elaboramos una estrategia, y luego vamos. Nosotros nunca somos capturados, esto… de verdad, esto no tiene ningún sentido. Te lo ruego, dime por qué tengo que pasar por todo esto, ¡dímelo!
Illumi forcejeó para salir de la jaula y cuando por fin logró librarse de él, la cerró, mirándolo con miedo, era el peor momento para que Killua comenzara a ganarle psicológicamente—Mírame Kil, yo soy demasiado precavido por eso nunca me han atrapado, nunca me arriesgo demasiado. Tú eres diferente, no eres capaz de medir tus consecuencias; en cualquier momento podrías exponerte.
—Aniki… —respondió con la más profunda gravedad que un niño podía— voy a ser sincero contigo. Siempre que salgo a hacer alguna misión, alguien más reporta lo que yo hago antes que yo mismo vaya con papá y lo noto cuando hablo con él, papá siempre sabe de antemano lo que voy a decir. La única persona que tiene permiso para hacer algo así... eres tú ¿acaso crees que no soy consciente de que me vigilas? No sé cómo lo haces, pero siempre estás ahí —tenía gran razón, la mayor parte del tiempo Illumi mantenía una extrema vigilancia sobre el menor, si no era por él mismo, alguna de sus marionetas se haría cargo de ello— ahora responde aniki ¿en verdad dejarías que me capturaran y torturaran?
Illumi quería huir de esa conversación en la que evidentemente él saldría perjudicado, pero sus pies estaban anclados al suelo, sus temores afloraban a través del albino, reflejando sus pensamientos en una pequeña voz desesperada que sólo quería comprender el sentido de algo que nunca había sido aclarado— tienes razón —comenzó a hablar, creyendo que así lograría mantenerse firme— no dejaría que te capturaran… no por ahora, quizá, cuando estés más grande, si fuera necesario lo haría —no estaba mintiendo. Por supuesto que no permitiría que alguien más lastimara lo que más apreciaba, pero en el dado caso de que algo así ocurriera, antes de rescatarlo se tomaría su tiempo para elaborar un plan inteligente.
—Para cuando eso ocurra, ya tendré la capacidad de defenderme apropiadamente. No soy tonto. La forma de vida que llevo me hace estar en una zona de seguridad. Papá tampoco permitiría que algo así me ocurriera, además… —más argumentos. Killua se había preparado con antelación para todo aquello. Él iba a pelear hasta que las cosas llegaran a un punto lógico.
—Dilo —no era que quisiera escucharlo, era que necesitaba estar seguro de que el niño había notado todos esos huecos que él también había descubierto. Lo necesitaba como al aire, no quería ser él quien metiera esas ideas en su mente, quería que el mismo Killua lo admitiera lastimosamente como él mismo tuvo que admitir en su momento y entonces, tal vez, podría apelar por su causa, ir con su padre y decir todo lo que su hermano menor y él habían concluido, sin tener que arriesgar su posición ya que su padre bajo esos términos no podría alegar que todas esas "erróneas" ideas provenían de boca del mayor, y no de un inteligente niño de ocho años.
—Estuve investigando más, sobre la tortura, leyendo los manuales de mamá. Normalmente cuando te capturan es porque quieren algo de ti, tal vez información, tal vez dinero. Sea como sea, no hacen lo mismo que tú a mí. Ellos mutilan, queman, no les importa si en realidad te afecta y en el mejor de los casos, sólo te dejan fracturas, heridas serias, cicatrices… para como yo te veo a ti —señaló refiriéndose a su cuerpo, el cual no tenía ni una señal de tortura— es evidente que no me harás eso.
—…
Killua esperó una reacción, una respuesta que le alentara, que le hiciera ver lo equivocado o certero que estaba. Illumi sólo permaneció de pie, con una expresión de sorpresa indescriptible—. Dices que debo resistir... todo este tiempo he resistido este dolor no por algo que me hayas dicho, si he aguantado ha sido por todo el entrenamiento que he recibido desde que tengo memoria. Me han roto todos los huesos de mi cuerpo, me han herido y apuñalado varias veces, me he desangrado hasta desmayar y he aguantado hasta la electricidad y venenos ¿qué caso tiene la tortura que me hacen pasar? ¿No sería más fácil que sólo me explicaras lo que es esto? Porque no veo que esté aprendiendo algo, simplemente parece que me quieren castigar por nada.
Lo había dicho, exactamente todo lo que él había pensado. No había enseñanza ni una mejora en sus capacidades a raíz de esto, nunca tuvo algo que agradecer de haber estado en esas situaciones. Le sonrió a Killua de forma confusa y salió a toda velocidad de aquel cuarto. Escuchó que el niño le llamaba desesperadamente para que se detuviera, pero no lo hizo. Estaba dispuesto a pelear por esta causa, pero no podía involucrar a Killua tan fácilmente, iba a entender primero lo que pasaba y luego, una vez que todo quedara aclarado, sacaría a su hermano de ahí. Eso iba pensando, cuando una voz lo hizo detenerse en pleno camino a la habitación de su padre.
«¿A dónde crees que vas?». El monstruo de Nen había hablado con tanta autoridad que fue imposible ignorarle.
—Voy con mi padre.
«¿Para qué?».
—Necesito saberlo, necesito saber qué fin tiene toda esta tortura. Ni yo mismo lo entiendo y aun así me están obligando a realizarla.
«Illumi… ja, ja». El tono se había vuelto burlesco, llegando a lo ofensivo. Illumi retomó su camino intentando ignorar ese molesto espíritu. «No puedes ir a pelear con tu padre por esto, nadie te responderá ni te dirá lo que pasa porque eres tan sólo un subordinado más… yo sé todo lo que ocurre, pero dado que no confías en mí, no puedo hacer mucho».
—Si lo sabes, entonces responde, no puedo darte mucho tiempo para argumentar porque ya tuve suficiente.
«No es un entrenamiento. Es un ritual».
Esas palabras habían detenido de nuevo su recorrido. Estaba a tan sólo unos metros del cuarto de su padre, notó que algunos de los mayordomos que rodeaban la recámara lo observaban con interés.
—Explícate —susurró.
«No puedo decirte más, pero apuesto a que algo en ti te está diciendo que tengo razón. Todo lo que has aprendido comienza a tener sentido ahora ¿cierto?»
Si en verdad era un ritual como el monstruo de la Y afirmaba, entonces tenía que reconocer que era algo más allá de sólo aguantar. Había leído en los manuales de su madre sobre diferentes rituales que incluían tortura y otras actividades, normalmente para romper la mente, atarla a algo, afiliar a quién era sometido, a alguna cosa que quisieran que venerara. Y de pronto todo tenía un sentido más profundo.
Estiró su cabello con ambas manos, intentando escarbar en su mente cualquier pista que pudiera hacerle entender el fin de eso ¿en qué beneficiaría a la familia el romper la mente de sus miembros? Intentó recordar todo lo que él pasó, una pista, algo que aclarara el secreto oculto detrás de todo su sufrimiento, pero era cuando más confusas se volvían las cosas, y entonces entendió que por más que se concentrara en resolverlo no lo lograría. Sus padres no le darían la verdad que él buscaba, y la única forma en que él resolvería el enigma a corto plazo, era terminando el ritual sobre su hermano.
Era una apuesta que tendría que hacer si quería comprender los secretos de la familia, antes de hundirse en ellos. Entonces, era totalmente imposible ir y pelear por la causa de Killua, sería incluso perjudicial. Si sus padres terminaban ese trabajo y no él, corría el riesgo de que el albino terminara más lastimado de lo que ya estaba, además, nunca podría estar ahí para inspeccionar lo que ocurría y descubrir aquello que sus padres habían conseguido de él tras romper su mente.
El problema era que no quería torturarlo. En realidad, no podía ni imaginar hacer todo lo que en el itinerario de su abuelo aparecía. En este nuevo nivel, inclusive, tenía que ser hiriente verbalmente, rebajar esa autoestima y hacerlo dudar de sus habilidades. Ya había hecho eso antes, cuando tuvo que poner la aguja y ya no quería volver a hacerlo. Lo consideraba excesivo.
Quería negarse a volver, y a la vez sabía que no tenía elección.
«Déjamelo a mí». El monstruo de Nen habló.
Temía que ocurriera como con su madre, que había cruzado la línea del respeto y había usado su cuerpo para sus acciones egoístas.
«Oye, sé que te da miedo, pero sabes… tus intereses son los míos, yo también quiero que tu deseo se vuelva realidad ¿recuerdas? Te prometí que un día me haría cargo de ello si primero tú me ayudabas… deja que yo lo haga, y te prometo que Killua y tú saldrán bien librados. Eres mi anfitrión, me interesa tu bienestar».
¿Qué tal si no era cierto lo que decía? No lo sabía. La realidad era que, ese ofrecimiento era todo lo que tenía para sostenerse en esa situación. La única salida para no ser él quien infringiera todo ese daño sobre el niño, y a la vez, sí.
Su consciencia desapareció nuevamente, ingresó de vuelta al vació de su mente. Tras volver en sí, lo siguiente que supo, fue que salía del cuarto de Killua durante la noche, después de una larga y pesada sesión de agonía.
Los recuerdos comenzaron a proyectarse en su mente. Como si estuviera viendo una grabación a toda velocidad. El espíritu de la Y se había atrevido a llegar hasta Killua sin decirle nada que lo calmara primero, ni una respuesta a sus dudas. Al contrario, había ridiculizado sus miedos acusándolo de ser un cobarde, de que sus dudas estaban infundadas en su temor de pasar por todo aquello, cuestionando su inteligencia y capacidad. Entonces fue que el espíritu arrancó su esperanza, y realizó toda la rutina de tortura que ahora tocaba.
Se lamentaba profundamente que la criatura de Nen hubiera actuado de ese modo, tenía miedo de perder la confianza de su hermano.
Después de la posesión, su cuerpo se encontraba débil y sin energía. Como pudo se dirigió hasta su cuarto y se encerró sin responder a los llamados de los mayordomos que fueron enviados por su padre para conocer los resultados de lo realizado. Quedó sumido en una tristeza que no podía controlar. Si tenía que vivir una vida sin volver a ver la sonrisa de Killua, no quería estar ahí; sin su dulce éxtasis que sólo lograba alcanzar en presencia de aquel pequeñuelo inocente. Su sola existencia a lo lejos era todo lo que le quedaría a ese paso. Esas prácticas de tortura serían la causa de que todos sus temores se volvieran realidad. Sin embargo, tenía una esperanza, un oscuro espíritu que le había asegurado un futuro prometedor al lado de su niño, que todo volvería a la normalidad y que saldría bien librado. Mientras tanto mantendría su dolor oculto, en silencio.
Por la mañana no tenía fuerzas para levantarse. La idea de dejarse vencer se volvió más tentadora, entonces el espíritu apareció para consolarlo y tomar su lugar.
El hombre de Nen se dirigió hasta el cuarto del pequeño. Tenía la hoja con las notas del abuelo Zoldyck, y sonreía. En varios siglos no había salido al exterior, ahora lo hacía sin dificultad alguna, sabiéndose respetado y fuerte.
Eran aproximadamente las siete de la mañana cuando despertó a un -completamente cansado- Killua, que había permanecido de pie toda la noche hasta que ya no pudo más y durmió recargado contra la reja del horrible cuarto.
—¡Nadie te dio permiso para dormir! —Le gritó, golpeando con un tubo de fierro los barrotes de la jaula. El susto alertó al niño que miró con horror a su hermano.
No comprendía cómo una persona que había sido tan cercana a él por tantos años ahora estaba trasformada en una bestia espantosa, que no mostraba piedad. Cuando poco tiempo atrás estaba hablando de lo mucho que él sacrificaba por su bienestar, haciéndolo creer que estaba a salvo junto a él y ahora sólo parecía que todo aquello era una estrategia para entrar en sus defensas y volverse su peor enemigo.
Ese Nen oscuro que emanaba de él le provocaba escalofríos, encendía su instinto de preservación, quería huir de su presencia sin tener otra opción que aguantar. Illumi era más fuerte e inteligente, no sería cualquier cosa si se decidía a enfrentarlo. Quería creer que se trataba de una actuación, que luego volvería en sí en cuanto toda esa sesión terminara, que recuperaría esa confianza que alguna vez se tuvieron, y a la vez, algo le decía que no sería posible.
—Es hora de comer —escuchó que le decía. Esperaba ver la caja de carne seca y el vaso con agua, pero en lugar de eso, vio que abría la puerta y le indicaba que saliera.
Tomó al niño por la nuca y lo arrastró hasta una silla grande, lo sentó a la fuerza, atando sus manos, pies y cabeza al sitio, para impedirle que se moviera e intentara escapar de lo próximo que vendría. Tomó un delgado tubo de plástico trasparente, que estaba conectado a una bolsa de suero, dicho tubo fue introducido por la nariz del niño.
—¿Qué? Agh, detente… —intentó rechazar la molesta intrusión, moviendo de un lado a otro la cabeza, tanto como podía. La punta del tubo estaba impregnada de algún lubricante que permitía que se deslizara por el interior de su nariz. Mientras que la supuesta bolsa de suero contenía comida molida, perfectamente licuada y que al ingresar a su cuerpo quemaba su garganta, le hacía sentir unas inmensas ganas de llorar y patalear.
Era doloroso y humillante. No podía comer de ese modo, pero tampoco tenía la fuerza suficiente para oponerse a ese trato.
—Detente aniki, por favor… —insistió luchando por mover su cabeza— ah, duele. ¡Ya, ya basta! —Sus ojos lagrimeaban por el dolor de la intrusión, y la horrible sensación de la comida bajando desde su nariz hasta su garganta.
Sus suplicas no fueron atendidas, todo ese proceso tardó casi dos horas hasta que por fin el líquido dejó de salir por el tubo. Copiosas lágrimas habían humedecido su ropa, surgidas involuntariamente por el desagradable licuado que había sido introducido forzosamente por su nariz.
Apenas le soltó la cabeza, el niño intentó atacarlo en un acto de reflejo. Estaba enfurecido ¿cómo había sido capaz de hacer todo aquello sin siquiera darle un descanso a pesar de sus ruegos? Seguía sin entender por qué tenía que seguir ahí, lo cual lo estresaba en sobremanera y su hermano estaba actuando como una fiera desalmada.
—Tranquilo niño, sólo hago mi trabajo —fue la explicación que dio, intentando no quedar mal frente a su anfitrión cuando este regresara a su cuerpo, si no, sabía que éste no volvería a aceptar tratos con él.
—¡No te perdono, déjame en paz! —Escupió las palabras estrujando la silla luchando por desatarse y golpear al autor de su dolor.
No era una buena señal, no quería asustar a Illumi, no cuando apenas estaba teniendo un poco de interacción en el exterior— Killua, mírame —lo llamó colocándose frente a él, sosteniendo su cabeza para forzarlo a verlo a los ojos, y usando el conocimiento de Illumi, de hipnosis lo dejó quieto, controló ese impulso violento— tranquilízate o te irá peor, déjame trabajar.
El pequeño sintió como si algo vibrara en su interior, y de pronto toda su ira se trasformó en miedo. No sabía por qué tan repentinamente todo su enojo se había opacado, tuvo terror de que Illumi hubiera hecho algo más que sólo introducirle ese líquido por la nariz, sino alguna droga especial que lo hubiera hecho perder el ánimo de pelear. Vio al morocho alejarse de él, para regresar con una máquina de afeitar. Killua estaba aturdido por sus pensamientos, aquella intromisión a su mente había sido excesivamente violenta para él.
El espíritu observaba con orgullo el efecto poderoso que tenía Illumi cuando usaba esas maravillosas habilidades suyas. Usarlas era la herramienta más perfecta que pudo haber encontrado y no dudaría en seguir empleándolas para su beneficio. Aunque después de un tiempo, observando al pequeño, se prometió que estudiaría con cautela sus habilidades, no debía dañar la mente del albino o entonces estaría en serios problemas.
Tranquilamente procedió a raparle. Sus blancos cabellos cayeron al suelo y a la ropa del pequeño, el cual reaccionó hasta que su hermano lo desato de aquella silla. Justo para darse cuenta que ni en su aspecto físico tendría control. Alguien más decidiría por él todo lo que debía hacer, sentir y desear. Y las lágrimas de verdadera amargura no se hicieron esperar.
Después de ello, el espíritu de Nen procedió para completar la rutina, haciéndolo permanecer en posiciones incómodas, golpeándolo con una tabla de madera, y forzándolo a hacer ejercicio sin un descanso; debilitando su mente, cansándolo hasta que decidió que era momento de hacer algo más complejo.
Lo arrastró hasta una camilla dónde lo ató sin mayor problema. El chiquillo ya no se quejaba, solo se dejaba llevar, resistir empeoraba las cosas. Una vez recostado, colocó una toalla sobre su cara, y sin misericordia fue vaciando agua fría sobre su rostro en grandes cantidades. Pese al agotamiento físico y mental, su cuerpo todavía reaccionó cuando sentía que se ahogaba. Ya no quería estar ahí, no quería eso y esta vez la actitud de Illumi no hacía otra cosa más que empeorar su situación. Antes de dejarlo ir a su jaula, para finalizar el ejercicio, esta vez le inyectó un medicamento que le hizo tener alucinaciones durante casi toda la noche.
La desgraciada rutina se repitió por poco más de dos semanas. En las que Illumi sólo era consciente durante las noches, y sin poder dormir a causa de la angustia que representaba para él, saber que Killua estaba sufriendo a su costa sin que él pudiera hacer nada para detenerlo. Sólo acatar las órdenes de sus autoridades.
Al término de las sesiones, Illumi obtuvo de vuelta el completo control de su cuerpo, pero estaba tan cansado que no fue capaz de levantarse, incluso en la mañana siguiente se quedó en cama, con las imágenes de Killua rondando en su mente, repasando una y otra vez las acciones que el monstruo de Nen había hecho a su costa. Estaba molesto, desesperado y a la vez, volvía a aparecer ese hueco en su interior, un sentimiento que no podía definir y hacía que su cabeza adoleciera y su cuerpo se volviera pesado, perdiendo los ánimos.
—No tenías que hablarle de ese modo… —susurró conteniendo apenas sus ganas de maldecir en voz alta.
«¡De nuevo con ese tema! Oye, hago mi mejor esfuerzo ¿sabes? Lo estás torturando, no llevándolo a comprar dulces.
—Eso no justifica tu actuación. Si me conocieras tan bien, sabrías que Killua es aún muy sensible al maltrato.
«Tú eres el único responsable de que sea así, tú le pediste que conservara su bondad». Remarcó con ironía.
—Y por eso mismo puedo afirmar que un poco de rechazo es suficiente para que él entre en crisis, pero lo que hiciste no me lo va a perdonar.
«Si no te gusta lo que hago, entonces ve y termina el resto del itinerario por tu cuenta, a puesto que te lo sabes de memoria y sabes exactamente lo que sigue…»
Illumi respiró hondo, de todas las horribles cosas que le habían hecho a él en su infancia, esta siguiente etapa, era quizá la que más había odiado, lo recordaba a la perfección, incluso más que lo último que le habían hecho. Esa fase era la que le había dejado en claro que su padre no estaba jugando a torturarlo.
—…
«Además, sabes bien que estoy siendo amable. ¡Vaya que sí! Dime ¿tus padres te trataron mejor de lo que yo traté a Killua?»
En cierto modo el espíritu del Y tenía razón. Su padre no había mostrado ningún índice de misericordia cuando había sido el turno de Illumi de pasar por ese cruel ritual. Tal vez fue gracias a su deseo por mantenerlo como el líder de la familia que usó más fuerza de la necesaria para someterlo con mayor contundencia.
«Ya, ya… tranquilo, mira… cuando esté más grandecito, lo vamos a domar a tu gusto y entonces tendrás todo lo que quieras de él».
—¿Quién dijo que quiero domarlo?
La puerta de su cuarto se abrió sorpresivamente y una enfurecida Kikyo hizo acto de presencia realizando escándalo tal como era su hábito.
—Ya son las doce Illumi ¿A qué hora piensas levantarte? ¡Por el amor de Dios, tu cuarto está muy oscuro! Abre las ventanas al menos —gritaba mientras caminaba moviendo violentamente las cortinas. Luego se giró para ver a su hijo, y notó con temor que el aura del espíritu estaba presente, era como un vapor oscuro que se deslizaba sobre su piel, apenas perceptible y aun así fue suficiente para hacerle sentir escalofríos— él… ¿él está aquí?
—No. —Comprendió la pregunta y se sentó en la cama.
—¿Estás enfermo?
—No.
Se acercó hasta su lado, aún asustada de lo que fuera a suceder— Illumi, no has ido a ver a tu padre desde hace dos semanas, está hecho una furia, me envió a pedirte que fueras a verlo, Illumi—el muchacho la miró y ella remarcó— tienes que ir.
Luego de eso fue hasta el cuarto de su padre. Como era de esperarse, recibió una advertencia sobre su comportamiento y tuvo que contestar cuanta pregunta le hicieron, mientras que trataba de justificar su ausencia.
No fue fácil para él, sobre todo cuando notó la mirada que le dirigían. No era como si estuvieran hablando con un miembro más de la familia, sino con algún enemigo, incluso su madre estaba a la defensiva. Entendió entonces que el asunto del monstruo de Nen estaba cada vez más latente, y que tendría que controlarlo si es que quería continuar con aquello como un secreto.
Tengo miedo...
Me imagino que alguien ya supone lo que va a pasar y dejen me decirles que probablemente es eso y más, este es sólo el primer paso
Gracias por leer y por escribirme, me dan ánimos para continuar.'.
Anon: ¡Gracias! Ya veo que tú si lees las notas de autor, me alegraste el día totalmente. Y sí, siempre puede empeorar *risa malévola* Illumi parece haber tenido una vida difícil gracias a sus padres, tomando en cuenta que aquí él tiene algunas limitaciones mentales como para ayudarse... Mmm... pues parece que sí, Kikyo no sabe cómo controlar sus malas "costumbres", le hace falta una corrección. ¡Apoya tus ideas descabelladas! Lo más probable es que tengas mucha razón, me encantaría explicarte esos detalles, pero lo irás descubriendo a través del fanfic. Sobre mi biografía, je... de hecho siempre que publico mis fanfic, (que si te das cuenta sólo he publicado unos pocos), me aseguro de que no sean parejas populares porque así me cuido de recibir mucha rechazo porque, como verás, me voy por el lado de los tabues y las incomodidades morales *suspiro* no me gusta escribir sobre cosas normales, y por cierto amo a los albinos, me encantan. ¡Por mi encantado de descubrir tu cuenta! Sería genial poder conversar de vez en cuando con personas que aprecian mis gustos. Saludos, y gracias por escribirme.'.
El capítulo siguiente espero poder publicarlo el viernes 8 de enero 2016, sin embargo, estoy por pasar una transición y no puedo asegurar nada. Eso sí, continuaré, no hay duda de eso. '.
