No planeaba publicar hoy, pero la verdad es que si no lo hago hoy, sólo Dios sabe cuándo volveré a hacerlo, y además, creo que este capítulo me ha costado un dolor como no se imaginan, mi editora es cada día más exigente *risas*

Bienvenidos a este nuevo capítulo, casi final de la trilogía Y, no puedo creer que alguien lea esta historia, en verdad me han cerrado mi gran boca. Gracias por esto.'.

Capítulo 20

La tortura fue excesiva, cuando salió del cuarto no fue capaz de diferenciar la realidad. Su madre lo hizo llevar directamente con su padre para que diera por terminado el ciclo. Suponía pues que era algo sencillo. Tomaban al niño, le enseñaban mediante algunas técnicas de Nen que necesitaba matar para que esa sensación de miedo terminara y luego lo llevaban de cacería, después de eso, regresaría en sí y volvería a su vida normal.

Por la noche, después del largo tratamiento, lo sacaron de la montaña. Previo a ello prepararon un objetivo fácil para Killua, en un terreno aislado donde el único foco sería su víctima. Lo hizo, acabó con su objetivo como le fue indicado, el problema fue que cuando el hombre yacía sobre el frío asfalto, la mente del atormentado infante no lo asimiló como parte de su trabajo para salir, al contrario, lo relacionó con las recientes muertes de sus mayordomos a manos de su madre y luego de gritar histéricamente, para asombro de su padre y abuelo, entró en pánico.

—¡Es él, maté a Enma, lo maté! —Chillaba descontroladamente de rodillas jalando las prendas del fallecido.

Su abuelo lo tomó de los hombros y lo sacudió— Killua, reacciona… Killua —pero ya era tarde, lejos de responder se sumió en la oscuridad de sus recuerdos, en la profundidad de la celda.

Se preocuparon y lo llevaron de regreso al tratamiento. Necesitaban calmarlo, cabía la posibilidad de que algo no hubiera salido bien durante su primer contacto con el Nen, y no precisamente que el niño tuviera la culpa de sus malos resultados. Debían cerrar el ciclo, aquello que lo mantenía en la celda blanca. Al menos, así arguyó Zeno, aclarando cuál era el punto de esa fase final.

Lo prepararon nuevamente para "matar y salir", un día completo de mucha presión para su mente, pero se repitió la escena del día anterior, sólo que esta vez, no era "Enma", era "Togura", y el trauma empeoró. Se llevó a cabo una indagación sobre los nombres que él identificaba sobre sus víctimas, notaron que ambos eran los mayordomos que su madre había matado días antes, frente a él y que lo más probable era que Killua estuviera asociando sus muertes debido a culpas y sentimientos reprimidos que debían salir cuanto antes para sanar, y que le impedían abandonar la celda blanca.

—Eran tres muertos, hagamos que mate un cuarto más. Quizá eso baste —concluyó Silva.

Repitieron el proceso, hasta una cuarta ocasión más, pero ambas muertes no fueron diferentes de las anteriores. Killua seguía insistiendo en verse a sí mismo como un traidor, lloraba y gritaba abatido, señalándose a como el autor de esas pérdidas. Entonces la preocupación incrementó para todos.

—Estamos a nada de perder a Killua —afirmó su padre— necesitamos sacarlo de la celda blanca o no podrá ni ser un asesino.

—Podríamos pedirle a sus mayordomos que se hagan pasar por los tres que han muerto y engañar a Killua, para que ya no sienta más cargas por sus muertes.

—¡Eso es ridículo! —Contestó Kikyo— Killua no necesita de esas tonterías para recuperarse, lo más probable es que su cuerpo no haya asimilado correctamente alguna de las drogas que le aplicamos y está teniendo problemas para recobrar la consciencia.

Era el razonamiento más lógico y probable que hasta ese momento se argumentó.

—Pero Killua ya debería ser inmune a ellos. Es cierto que está sobrecargado de químicos, si es así como dices, sólo tendríamos que esperar unas horas, y ya han pasado suficientes días como para que tu argumento tenga validez —añadió Zeno, considerando la realidad de un Zoldyck, que su cuerpo y mente eran más poderosas que las de cualquier persona común.

—Y todavía no termina de procesarlo. —Se aferró la mujer.

—Illumi podría hacerse cargo —intervino Silva— de todos nosotros él es quien más le conoce, y tiene la capacidad de adentrarse en su mente, así nos aseguraríamos de que Killua salga de la celda blanca.

—O podría tomar provecho de esto y hacerlo a su modo —objetó el anciano, no dando crédito a su nieto.

—¡Al diablo con eso, papá! Illumi ha probado ya muchas veces que él es leal a su hermano.

Kikyo tembló, no permitiría que el espíritu de Nen estuviera cerca de su hijo, no podía darse el lujo de arruinar su propio futuro— o yo podría hacerlo, yo solía hacer estos trabajos antes y…

—¡De ninguna manera, esto no es tema de mujeres! No vuelvas a abrir la boca en asuntos del heredero, ya te di bastante oportunidades —Silva la hizo callar, Kikyo recordó su lugar en la familia y bajó el rostro, resignada—. Llamaré a Illumi, sé que él tendrá una solución. No discutiré más este tema, Killua está delicado y no jugaré con su salud.

Kikyo se sintió profundamente herida, sus capacidades de control mental fueron rechazadas, eso no lo iba a perdonar. Ella era quién había enseñado a Illumi a ser la persona que era, creía que merecía esta oportunidad más que nadie, y sin embargo, según las tradiciones de los asesinos, no tenía permitido intervenir más.

En cuanto Illumi recibió la llamada de su padre, salió ignorando todo lo demás, su más amado tesoro estaba en peligro, y en cuestión de horas llegó.


—Killua está en enfermería, no ha querido comer en estos días así que le administramos suero, por más que le hablamos parece que no estamos ahí. No es capaz de escucharnos.

Illumi se dirigió a toda prisa al lugar donde estaba su pequeño hermano, nervioso porque cualquier cosa podía pasar. Lo miró un momento a través de la ventana, antes de entrar. Lo vio demasiado pálido, delgado, débil, con ojeras y rasguños por todas partes, los labios secos, lagañas que no se molestaba en limpiar y se veían algunos moretones en sus brazos y piernas; mirando hacia la nada, sentado sobre la cama.

—Kil… —le llamó, tomando asiento a su lado, sosteniendo su mano para hacerlo voltear.

—Tú no estás aquí —enunció con amargura— es imposible, es imposible, es imposible…

—Kil, soy yo Illumi.

—¡No! ¡No! ¡Déjame! —Vociferaba, arrebatándole su mano. Se orilló al respaldo de la cama con una mirada de horror indescriptible— ¡No estás aquí!

Continuó gritando e Illumi tuvo que salir a pedir ayuda, necesitaba urgentemente revisarlo y con Killua forcejeando no sería fácil, así que lo mandó a amarrar a la cama para controlarlo y procedió a examinar sus pupilas, sacarle sangre, tomar muestras de su saliva; observó su pulso, respiración, garganta, temperatura y músculos. Todo con tal de ofrecerle un tratamiento adecuado.

Killua luchaba desesperado contra las sogas, le era terriblemente confuso. Su cerebro le jugaba muchas bromas, de momento desvariaba con que iban a torturarlo, que sus días de angustia no habían terminado. En su mente, aquel que le hablaba no era Illumi ni los mayordomos, empero espectros de las alucinaciones, semejantes a las de los días pasados.

Terminando de juntar las muestras, mandó a que se hiciera una exploración sobre lo que contenía en la sangre y saliva. Precisaba descartar toxinas y bacterias que pudieran haberlo afectado, para que los médicos de los Zoldyck se hicieran cargo o si era un aspecto psicológico, entonces él tomaría cartas en el asunto. Luego se marchó a hablar con sus padres.

—Antes que nada necesito saber qué síntomas tiene.

—¿Síntomas?

—Sí, lo que los mueve a pensar que esta reacción en Killua no es normal. Quiero decir, lleva tres meses entre torturas ¿por qué no es normal que su mente esté así?

—Cuando tu padre pasó por eso —relató ceremoniosamente Zeno— Silva estuvo en transe al inicio y luego mató a un hombre y reaccionó, salió de la caja blanca; no hubo ningún problema, lo mismo fue conmigo, y con los anteriores Zoldyck.

—¿Recuerdas qué pasó contigo? —Preguntó su padre.

—No.

—Cuando tú lo hiciste, no mataste a un hombre, mataste a treinta. Luego regresaste y dijiste que había sido liberador.

—…

—El asunto es que Killua ha matado a tres y eso no ha servido de nada, todo empeoro.

—Según lo que pude revisar, su respiración es muy agitada, pero su pulso no está mal, tiene aún efectos de drogas que su organismo está asimilando para volverse inmune, por eso sus pupilas están tan temblorosas; está a la defensiva, tiene una infección en la garganta y los oídos, probablemente por los cambios de temperatura y los ambientes hostiles en los que se mantuvo; además de eso, ha bajado diez kilos. Estoy esperando los resultados de lo que sea que contenga su sangre y saliva.

—¿Desde cuándo sabes tanto de medicina? —Inquirió Kikyo.

—Madre, tú misma me dabas esos libros para que yo estudiara. —Naturalmente así fue, por lo tanto no le dio importancia a su tono de voz, le era más relevante concentrarse en su hermano— necesito saber si hay algún comportamiento más que consideren malo.

—No quiere comer —completó Kikyo.

—No acepta que estemos cerca de él, cree que somos alucinaciones —afirmó Silva.

—¿Tiene pesadillas?

—Sí.

—¿Habla sólo?

—Sí.

—¿Qué dice?

—Delira sobre los mayordomos que tu madre mató hace unos días; habla de que lo abandonaron, ah… dice que tiene hambre, pero sigue sin aceptar la comida —Zeno amplió más el panorama, esperando ver alguna reacción de sorpresa en Illumi.

—De acuerdo, iré por los resultados y luego volveré cuando ya tenga algo concreto.

Salió de ahí, los mayordomos le entregaron de buena gana los resultados de los exámenes, dado que todos sabían que esto ya no era un asunto de emociones, sino que el mismo Killua estaba en peligro y la única salida que tenía era su hermano mayor. Presentaba una cantidad excesiva de alucinógenos que en cualquier otra persona le habría costado la vida; estaba enfermo, tenía una infección estomacal debido a que había pasado demasiado tiempo soportando las ganas de ir al baño. Así que irónicamente, eso, junto con la adrenalina y el cortisol, envenenaron su cuerpo, sin embargo, eso no justificaba que el niño no pudiera asimilar la realidad. Dado que no tenían tiempo para ahondar en esos detalles, optó por una medida más sana.

—Lo haré regresar a la realidad con mis agujas, luego, lo hipnotizaré para que se vuelva receptivo a lo que ustedes digan y pase lo que ustedes quieran. Al final, le quitaré las agujas y lo dejaremos que termine de recuperarse por sí mismo.

Sonaba un plan real, no había duda que Illumi era capaz de resolver esas situaciones mejor de lo que esperaban, aunque Kikyo sospechaba que su hijo recurriría al espíritu del Y, lo cual podría traer muchas malas consecuencias. Por otro lado Illumi no estaba del todo seguro de su plan, claro que tenía motivos para confiar en sus habilidades, pero él no era un médico; carecía de pruebas científicas que explicaran sus procedimientos, todo lo que sabía estaba basado en meras pruebas realizadas en montones de personas. El espíritu estaba al tanto de ello, por ende se dio el lujo de explayar una pizca de sus verdaderos conocimientos.

«Déjame a mí hacer el trabajo», le dijo la entidad durante los preparativos de sus agujas. «Tú no quieres cometer un error más».

—No tengo nada que me demuestre que puedes hacer algo así. No voy a jugar con la mente de Killua.

«¿Alguna vez te has preguntado cómo es que puedo comunicarme contigo si no tengo voz?». Le dijo e Illumi se quedó expectante, el hombre de la Y continuó, satisfecho por su reacción «eso se debe a que me comunico por Nen, y eso mismo lo puedo hacer con Killua. Si tú y yo trabajamos juntos podría enviar un mensaje a tu hermano para que crea que matar es lo que necesita, y mi mensaje no puede ser simplemente evadido o malinterpretado».

—Pruébalo.

«Vamos a otro sitio, busquemos a alguna victima».

Salieron ambos de ahí, Illumi deseaba presenciar eso mismo. De ser así, entonces era muy factible que el plan funcionara. No podía hipnotizar a su hermano y hacerle creer cualquier cosa si estaba fuera de control, con una mente alucinando a causa de tantos químicos, determinar el correcto funcionamiento del trabajo de la hipnosis resultaba imposible, con reacciones secundarias devastadoras. No tardó mucho cuando encontró a uno de los mayordomos, lo observó desde lejos. ¿Qué debía ordenarle? Se preguntó, debía ser algo simple pero fuerte, que tuviera un impacto duradero. Tomó su decisión y le llamó, el hombre estuvo frente a él unos segundos mientras él le pedía que llevara los análisis de Killua hasta dónde estaba su madre, en tanto que un sello se formó en sus ojos, uno casi invisible y el Nen del espíritu se fusionó con el suyo, enviando un mensaje a su víctima: quédate de pie aquí hasta el amanecer. El hombre asintió, parecía que había escuchado correctamente la indicación de Illumi, pero lejos de llevar los resultados hasta dónde estaba Kikyo, obedeció a la orden oculta. Las palabras del ente se ejecutaron tal cual.

—Nunca me habías dicho que podías hacer esto.

«No podía antes, ahora que puedo, quiero compartirlo contigo».

Terminó con sus agujas, y fue hasta dónde estaba el niño. Ordenó que le llevaran dulces y comidas de su gusto (contra los deseos de su madre que insistía que eso no era saludable) y así percatar su atención. Lo desataron y acomodaron todo a su alrededor.

—Kil, come algo.

El niño distinguía el aroma de la comida y los dulces a su alrededor, parecía que iba a resistirse a sus antojos, pero no fue así. Extendiendo las manos, tomó lo primero que encontró, unas cajas de chocolates que abrió rápidamente y comenzó a comer. Estaba más ansioso y desesperado que antes, comía sin ver a nadie como si no fuera consciente de lo que había a su alrededor.

—Kil —Illumi se sentó a su lado. Necesitaba asegurarse de su condición mental antes de continuar.

El niño comenzó a temblar como un animal asustado, dejó de comer y empezó a arrojar las cosas por doquier. Volvió a exclamar que él no estaba ahí y a encerrarse en su mundo de alucinaciones. Illumi tuvo que tomarlo por las muñecas con fuerza y ordenar a sus mayordomos a que lo sometieran, de ese modo, sacó un par de agujas y las clavó, una en la parte baja de la nuca, y otra en la parte alta. El Nen bloqueo el flujo excesivo de adrenalina, como un calmante veloz. Killua estaba en sí por primera vez después de haber salido de la habitación blanca. El niño despertó asustado, mirando atónito a su alrededor, los demás le soltaron, dudosos de lo que iba suceder.

—¿Aniki? —Hizo una mirada de molestia— ¿qué estás haciendo aquí? —Corriéndolo de forma indirecta.

—¿Qué clase de pregunta es esa? Vine a ayudarte a despertar ¿recuerdas lo que pasó?

—Mmm… ¿dónde estoy? ¿Qué pasó? ¿Y mamá? —Ahora sí parecía captar todo.

—Kil, estás así porque te estoy manteniendo calmado, en cuanto te quite las agujas volverás a perder la consciencia. Te encuentras en la enfermería, saliste del cuarto blanco y tuviste un bloqueo emocional, mamá está con papá esperando a que te lleve para que terminen de prepararte.

Killua deslizó una mano por su cuello, notó que tenía dos dolorosas agujas clavadas ahí, que le provocaban punzadas cada vez que intentaba mover la cabeza

—¿Puedo quitarlas?

—No, ya te lo dije, si te las quito vas a volver a perder la consciencia.

Parecía una conversación normal, el espíritu del Y comenzaba a enviar el mensaje, una tenue aura maligna se desprendía por el cuerpo de Illumi y eso mantenía tanto a Killua como al resto de los presentes a la defensiva. El menor se asustó, sentía que algo no estaba bien en su hermano, creyó que era su enojó por todas las cosas indeseables que habían sucedido. Sin darse cuenta un mensaje estaba siendo enviado a su subconsciente.

"Mata, matar es la única solución, mata"

—Necesito que te calmes, ¿recuerdas que cuando estabas en la Torre Celestial, te dije que había un método que te podía servir cuando tuvieras miedo? —Killua se ruborizó, odiaba recordar esas cosas ahora. Asintió irritado— quiero que lo hagas ahora, te quitaré las agujas, y luego te llevaré con papá ¿entendido?

—Sí —contestó sin ganas. Cerró los ojos y enfocó su mente en algo que lo ayudara a tranquilizarse, y esta vez no halló nada. Alluka era divertida, sí, pero siempre había esa tensión a su alrededor, ese complot constante sobre lo que los demás codiciaban de ella y cada vez que lo pensaba, no podía evitar alterarse. Entonces, por primera vez, su imaginación le situó fuera de casa, en un lugar inexistente, una ciudad silenciosa, con gente caminando, un lugar donde él ya no fuera un Zoldyck, sólo un niño más, uno normal que pudiera salir a jugar con algún amigo.

Illumi no cuestionó lo que el pequeño ideaba, no quería interrumpir su fantasía. Y cuando vio que era el momento, quitó las agujas. Killua quedó en blanco, sus ojos se perdieron en la oscuridad, no había agresividad ni tristeza, un simple vacío, listo para ser llenado.

—¿Kil? ¿Me escuchas? —Tanteó el terreno.

—Sí… —su voz sonaba plana.

Estaba listo. Killua prestó atención a todo el tratamiento. Esta vez todo salió tal cual lo planeado desde el inicio. El niño volvió en sí al final, demostrando que el ritual estaba completo. Despertó, pero la luz de inocencia en su rostro, la felicidad natural que encuentras en un niño desaparecieron. En teoría habían roto su mente, asociado el sufrimiento a estar en inactividad, encerrado en un cuarto blanco con alguien experimentando con su espíritu; el alivio, emparejándolo con el acto de matar, y la felicidad, con la muerte de alguien. Todo con tal de que continuara realizando su trabajo sin amargura de por medio. Matando como un acto que le conduciría a la libertad. No contaban con que algo había salido mal, un pequeño detalle que desconocían: Killua aún conservaba su bondad, misma que casi anulaba el ritual. Se suponía que el martirio por el que pasó debía forzarlo a crear una barrera imaginaria de protección mental contra el sufrimiento, pero su barrera estaba en la consciencia de la realidad, en saber quién era él, y porqué habían hecho tales atrocidades contra su pequeño cuerpo, no en algún otro método represivo, mas en su razonamiento. La soledad le invadió, su padre era genial, lo admiraba, pero no precisamente por ser el padre que necesitaba; su madre era una loca que carecía de tacto para tratarlo como a un hijo, y sólo aparentaba amor cuando buscaba algo de provecho de él; y su hermano mayor, su más próxima figura autoritaria y paternal con quien contaba, lo había decepcionado. Nada le atormentaba tanto como la decepción, atravesaba las fibras sensibles de su corazón, poniendo en duda el lugar que Illumi ocupaba en su vida. Ya no deseaba admirarlo más, se dio cuenta que no había motivos para hacerlo. Ambos eran asesinos, el mayor sólo le ganaba en experiencia, otros conocimientos y ese Nen que tanto temía, pero eso era algo que con el paso del tiempo él también adquiriría, e incluso sabía que sus padres tenían más expectativas sobre él, él sería el heredero de la familia.

¿En primera, por qué Illumi lo había deslumbrado? Porque no convivía con alguien más, era su máximo ejemplo a seguir. Estaba ahí con él día y noche, le tenía paciencia y le educaba, pese a que era una persona difícil, no le rechazaba. Confió plenamente en él, hasta que le abandonó en medio de su angustia. Nunca antes se había visto tan frágil, ni siquiera cuando estaba sólo e indefenso en la Torre, allí incluso podía pelear mentalmente para mantenerse estable. Acá no había nada de eso ¿acaso pelearía contra su propia familia? No, no era posible, pero tampoco creyó que un día lo desearía y a la vez, anhelaría tanta comprensión para él. El error de Illumi no fue torturarlo, él estaba dispuesto a soportar eso y más; irse a descansar en medio del ritual, dejarlo a su suerte en manos de su madre, esa era su falta. Por esto mismo, perdió toda esperanza y consuelo, antes de entrar al cuarto blanco, se rindió y no quiso pelear más. Ya no quería esforzarse por ser un asesino, ni por sobrevivir. Se dejó llevar, maldiciendo a su hermano por haberlo hecho a un lado como si fuera cualquier cosa, si él iba a sufrir, al menos hubiera deseado que fuera a manos de alguien que también sufriera en el proceso, tal como suponía que Illumi lo estaba pasando (a lo que tenía razón), y no obstante, resultó ser un cobarde. Por eso, a pesar de que Killua estaba de nuevo lúcido, ya no sonreía, no veía motivos para hacerlo. Estuvo dos días más en enfermería, lejos de Illumi dado que él había vuelto a la Torre y en parte lo agradecía, pero esos dos días no hizo otra cosa que lamentarse, pensar en su abandono y llorar en silencio.

Apenas salió de enfermería, su padre organizó una nueva rutina de ejercicios. Ahora sus entrenamientos serían más largos, abarcarían incluso noches enteras. Ya no le causó la ilusión que en otro momento hubiera sentido, deseoso de demostrar sus capacidades. Consintió y siguió su camino.

Alluka lo vio ese día, durante la hora de comida. El extremo rencor y abatimiento en el corazón de su hermano le dejaron sin palabras. Ella fue capaz de ver que aquel niño ya no era más el Killua que alguna vez la animó, se había transformado en una sombra, un muñeco vacío y sin vida, rendido a la nada. Alluka quedó muda por dos meses, hasta que eventualmente quiso volver a hablar.

El albino se mantuvo realizando todo de forma automática, sin trasmitir la curiosidad que le caracterizaba, no hacía más preguntas o sugerencias sobre los ejercicios. Esta actitud poco a poco exasperó a su padre, quien en muchas ocasiones moría de ganas por tomarle de los hombros y zarandearlo hasta que reaccionara, sin embargo, se lo guardó, tampoco era que éste estuviera obligado a disfrutarlo.

En aquel entonces Illumi tenía una rutina irregular, salía y regresaba a casa por temporadas, intercalando su tiempo entre la familia, vigilar a Kalluto y trabajar. Por supuesto, notó la depresión en la que estaba sumergido su pequeño peliblanco. Era evidente, los dulces no le animaban, su comportamiento era hostil, no le dirigía la palabra a menos que se tratara de algo muy puntual y no aceptaba que nadie lo tocara, ni siquiera Alluka.

El mutismo de Alluka casi pasó desapercibido, sólo Illumi, Killua, y algunos mayordomos que simpatizaban con ella sabían lo que ocurría. Entre ambos niños se expresaban por señas, era el único método en que conseguían saber lo que Alluka necesitaba, a pesar de que se reportó varias veces la situación de la niña, sus padres hicieron caso omiso dado que ambos coincidían en que mientras le dieran todo lo que pudieran para mantenerla satisfecha no importaba lo demás.

Illumi, al mes de vivir en aquella circunstancia, empezó a perder la calma, estaba cansado de no tener un acercamiento real a su hermano. Constantemente se preguntaba en qué había fallado como para ganarse ese rechazo, no era como si él tuviera la capacidad de interpretar los mensajes tácitos de las personas. Por más que indagaba, le era imposible de resolver el enigma, menos con Killua insistiendo en que no le pasaba nada, que le dejara en paz, que le dejara a solas.

El albino solía quejarse constantemente de enfermedades que no tenía, dolencias que eran imaginarias, se volvió más irritable de lo normal, incluso con los mayordomos era arrogante y nada lo complacía. Cuando le regañaban aguantaba en silencio, con una actitud irónica a las palabras que le dijeran y al final se echaba a llorar como si hubieran herido fuertemente su autoestima. No sólo eso, Illumi en algunos momentos lo llegó a escuchar decirse a sí mismo frases alarmantes, "quiero irme de esta casa", "ojalá muriera", cosas que no eran creíbles en un niño tan pequeño. A raíz de los ejercicios de tortura, se volvió muy sensible a la vigilancia, no toleraba ver cámaras dónde él estuviera, solía destruirlas, peor aún si se percataba que alguien le seguía. Cada quién poco a poco advirtió que se trataba de un problema más allá de un simple mal carácter. Especialmente Illumi reconoció ese comportamiento, ya lo había experimentado, sólo que no a un grado como este, en el que el mismo Killua se deseaba la muerte.

Nada ni nadie fue capaz de animarlo durante ese período. Illumi decidió tolerar la presencia de Alluka, amén de que su hermano regresara a la normalidad. Killua no sabía que mientras tomaba esa decisión de castigar a todos por su soledad y desilusión, lastimaba más allá de lo posible a Illumi. No que él fuera malo, era sólo un niño, pero su hermano no estaba en condiciones normales como para hacerle frente al repudio por parte del ser que más amaba en el mundo. Sus palabras, aunque infantiles, le hacían sentir miserable y eso lo aprovechaba el espíritu de Nen. El ente constantemente estaba ahí echándole en cara que se alejara, que era un inútil para su hermano, insistiendo en que le dejara todo a él.

Pese a ello, Illumi luchaba por recuperar al pequeño, dándole su espacio, vigilando su estado de salud, ayudándole con sus entrenamientos. Trataba de animarlo llevándolo de compras o felicitándolo de vez en cuando por sus trabajos o sus pequeñas mejoras en el entrenamiento. Todo sin un resultado positivo. Cuando Alluka volvió a hablar, tuvo miedo de perder ante ella y comenzó a cometer el error de criticarla frente a Killua, haciendo comentarios hirientes sobre su relación porque ahora era incapaz de moderar sus impulsos, promovido por el espíritu que estropeaba su autocontrol. Al principio Killua no respondía a los ataques de Illumi, restándole importancia. No obstante, fue gracias a eso que poco a poco superó su dolor, aunque de un mal modo. El celoso muchacho y sus comentarios fuera de lugar lo obligaron a dejar a un lado la tristeza.

Silva le otorgó como premio un par de días de descanso al albino, así que el pequeño decidió disfrutarlos junto a su hermana. Salieron ambos a caminar por la montaña y jugar con Mike, caminaban tomados de la mano, bromeando y charlando amenamente, cuando una sombra al fondo, rodeada de una tenue aura asesina los detuvo. De inmediato la reconocieron, se trataba de Illumi quien se hallaba en busca de su hermano, esto era algo a lo que ya se habían habituado los dos niños. Illumi era dado a ir e interrumpirlos en cualquier momento que se le ocurriera, y cuando eso pasaba, Killua sabía que debía irse con él y dejar a Alluka en dónde sea que estuvieran. Tan sólo bastaba con verlo a distancia, para que la soltara, se despidiera de ella y se marchara con él. Todo para que lo llevara a donde fuera que se le ocurriera, y en el camino, escuchar reclamaciones por su relación con la niña, siempre enfocado a que ella lo debilitaba, que era un estorbo, que no le beneficiaba en nada juntarse con ella, ni debía perder su tiempo. Por supuesto que con Illumi no hacía gran cosa, a veces sólo lo llevaba a caminar por la ciudad, lo ponía a hacer ejercicios de relajación y meditación, con la excusa de que eso lo ayudaba a descansar. En cierta forma esos métodos le servían, pero eso no era suficiente. Su enojo contra Illumi continuaba latente, y a veces deseaba echárselo en cara tanto así que se quedaba en profundo silencio por horas. Y esas actitudes, su hermano nunca se las cuestionó.

Aquél día vieron a su hermano mayor acercarse a ellos, con su ritmo pausado como si les diera tiempo para terminar sus asuntos. Alluka le sonrió comprensivamente, despidiéndose de él de forma indirecta, pero esa vez el niño no quiso soltar su mano.

—Hermano, tienes que ir… —ella advirtió, una falta como esa podría significar algo peor para él.

—No, no tengo que ir. Papá me dio este tiempo de descanso y no quiero ir con él para desperdiciar mi día.

—Hermano —remarcó acusadoramente.

—No iré, no está vez —jaló su mano— ven —y cambió su curso para evitar llegar hasta el mayor.

Alluka tragó saliva, ella siempre rehuía meterse en problemas. En el momento en que ella se atreviera a desobedecer, el albino estaría en dificultades porque saldría en su defensa. Ella tenía el objetivo de ayudarle a sentirse mejor, era consciente de las cosas por las que pasaba y cuando estaban juntos, lo último que Killua quería, era recordar esas horribles obligaciones diarias de las que no podía escapar. Aunque con ella sólo era diversión, era imposible no ser una carga para su hermano, Killua podía mentir con que no era así, y la verdad tarde o temprano salía a relucir.

Illumi no tomó a bien la reacción del menor, en su mente procesó el momento como una mala coincidencia y apretó los puños. Tampoco consideró la probabilidad de que Killua eligiera a su hermana por sobre él y entonces pensó que quizá Alluka estaba haciendo uso de sus habilidades para mantener al albino a su lado. Dejó las cosas así por el momento, aceptando que esa tarde Killua se marchara sin él. Si descubría cualquier cosa que demostrara la letalidad de la presencia de la niña, podría tener la libertad de apartarlos para siempre. Tenía algunos mayordomos controlados para su servicio, era el único método que tenía para poder vigilar a distancia a su hermano, no le importaba ser castigado si en un punto era descubierto. Esto era algo que Killua desconocía, únicamente tenía cierta impresión de ser observado a lo lejos, pero prefería evitar ese escalofriante presentimiento por temor a descubrir más profundidades malévolas en su hermano mayor.


—Necesitamos saber si ya es momento de subir el nivel o si aún necesitas más tiempo —cierto día Silva le anunció a su muchacho que sería evaluado, mientras estaban sentados el uno frente al otro.

—Sí papá —su depresión había sido reducida, pero su mal comportamiento no fue erradicado, en casa opinaban que él no era estable emocionalmente y por ello cuidaban sus métodos para dirigirse a él.

—Kil, esta vez será Illumi quien te evalué.

—¡¿Él?! —Hizo un gesto de disgusto.

Su padre se impresionó, era la primera vez que le veía mostrar desagrado por su hermano mayor, en otros tiempos le defendía a viva voz.

—Sí, y espero que te comportes como debe ser.

—Sí, sí…

Esa reacción todavía era más extraordinaria, nunca antes había tenido una conducta tan desafiante e irónica, pero sólo fue una pequeña reacción apenas lo suficiente para tomarla en cuenta. El niño salió de allí dejando pensativo a Silva.

Ahora Killua estaba malhumorado, tomó de mal modo el hecho de pasar tiempo con su hermano mayor, que continuaba actuando como si nada hubiera pasado antes. Eso era algo que él no quería tolerar, no pretendía olvidar que Illumi lo había traicionado porque si no, volvería a pasar; no deseaba que permanecieran sin tomarle en serio, dándose libertades más allá de su límite. Esta vez impondría sus necesidades estratégicamente y no por medio de las palabras. El caso era que Illumi no se daba por enterado de su falta, y Killua no podía obtener ningún beneficio, si para empezar no existían responsables que señalar. Entonces el pequeño sólo parecía como un niño pesimista y grosero por puro gusto, y no como una forma de castigar a quién le había herido. Forzándolo pues a cambiar de táctica, de una silenciosa tristeza a expresar abiertamente su oposición.

—Papá me pidió que viniera a evaluarte, así que iremos fuera de aquí para que te encargues de un par de objetivos.

—Sí, intenté hacerlo cambiar de parecer, pero no funcionan los poderes mentales con él —soltó sarcásticamente.

—¿Está es otra de esas curiosidades que aprendiste con Alluka?

—¡No metas a Alluka en esto! —No estaba dispuesto a resistir más acusaciones injustas.

Illumi, lejos de sentirse amenazado, se planteó la idea de que no tenía caso discutir con un niño de casi nueve años— vamos, no tengo tiempo para esto… —pese a que se encontraba afligido, era incapaz de demostrarlo. Sólo el espíritu de Nen comprendía la profundidad del daño que el pequeño le ocasionaba.

No quiso retar más a Illumi o se arriesgaría a ser severamente castigado si su padre se enteraba de ello, por eso simplemente se sumió en sus pensamientos y siguió a su hermano a donde fuera que él le indicara. La misión tenía cierto grado de complejidad para él, ya no era como antes, cuando sólo trataba con objetivos aislados o en lugares en donde el riesgo estaba controlado. Era el turno de afrontar situaciones rodeado de testigos inocentes en el proceso, así que su reto era idear cómo pasar inadvertido. Cosa fácil, dada su edad.

Llegaron hasta un hotel, allí Illumi le entregó el mapa para terminar de explicar algunos datos sobre las tareas a ejecutar. Lo molesto era que cada cosa que el albino decía, Illumi tenía algo que refutar. Añadía más y más constantes que tornaban una simple misión en un trabajo complejo. Ese era el papel del mayor, hacerle pensar y empujarlo a tomar una decisión que fuera arriesgada, al tiempo que lo concientizaba de sus actos, pero no lo estaba tomando a bien.

—¡Sólo quieres molestarme! Ya tuve suficiente, me voy —se puso de pie, acomodándose la ropa dispuesto a salir del cuarto.

—Si das un paso afuera consideraré que es otro de los consejos de Alluka y se lo haré saber a papá —Killua se frenó, tensando su cuerpo y mirando al suelo— no creo que a él le guste mucho saberlo… seguramente va a prohibir que te juntes con él.

No resistió más el impulso de golpear a Illumi, se lanzó contra él y arremetió tan fuerte como pudo. Por supuesto, apenas y rozó su abdomen cuando el muchacho ya había tomado sus manos, aplicándole una llave, gracias al impulso logró someterlo contra la pared en una posición de completa ventaja para el morocho.

—¡Suéltame! —Gritó forcejeando— ¡Suéltame, maldita sea!

—No —no se molestó en levantar la voz, apretó más el agarre.

—¡Carajo! Déjame ir.

—¿Cuál es tu maldito problema?

—¿No es evidente? ¡Tú eres mi maldito problema!

—¿Eh? —Illumi reaccionó atónito, Killua seguía forcejeando, mas pobremente movía un poco a su hermano— no sé si te has dado cuenta, pero eres tú quien no ha querido comportarse todo este tiempo.

—No es como si te hayas ganado mi respeto.

Aquello dolió en su orgullo— ¿Ganarme tú respeto? No necesito ganarlo, soy tu hermano mayor, así que si no te gusta por las buenas, entonces quizá por las malas lo aprendas.

—No me das miedo —lo miró retadoramente, e Illumi le sonrió de una manera tan escalofriante que dejó de forcejear y su sangre se heló.

Una sensación aplastante lo recorrió de la cabeza a los pies, la alerta máxima se activó. El recordatorio de muerte más poderoso que hubiera sentido jamás, y lo peor es que no estaba ni remotamente cerca de poder huir de su captor.

—¿Me vas a escuchar ahora?

Killua iba a desmayarse de miedo, todo su mundo comenzaba a dar vueltas. Su instinto de supervivencia le exigía huir.

—No puedes contra mí, no lo olvides. Estoy comenzando a hartarme de tu actitud —le advirtió, consciente de que el temor que el niño sentía era debido a la aguja. El dolor que Killua debía estar sintiendo era similar a uno de muerte.

A-ni-ki —susurró antes de desmayarse.

Illumi lo cargó y lo llevó hasta el sillón de la sala para recostarlo. Era cierto que el niño lo había sacado de sus casillas, orillándole a recurrir a esa última herramienta para controlarlo, pero tampoco quería decir que estaba feliz de proceder así. No estaba de acuerdo con lastimarlo sin una buena causa. Consciente de que Killua sufría un inmenso dolor cada vez que activaba el sistema de protección en su cerebro, porque todo su ser se centraba en huir, y un temor más allá de lo normal surgía. Como una fobia a la muerte.

Suspiró, esperaba sinceramente no tener que volver a recurrir a ello.

«Fue lo mejor». Le dijo el espíritu intentando consolar a su portador. «Killua se está sublevando a tus órdenes, tienes que hacer esto para que él aprenda a respetarte».

—Él nunca había sido tan rebelde —murmuró en respuesta, acariciando la mejilla de su inerte hermano.

«Sólo son efectos secundarios de la tortura, tiene mucha energía vengativa guardada. Deberías endurecerte para que él no olvide quién manda». Sugirió.

Illumi no estaba de acuerdo con ello, sobre todo cuando Killua tenía un espíritu bondadoso y podía apelar a sus sentimientos de culpa para controlarlo, como era su costumbre. Últimamente el espíritu de Nen insistía en que debía ser cruel, aplicar castigos más severos, ser más hiriente, y con la fuerza que ahora tenía ese monstruo, era casi imposible ignorarle.

«Déjame hacerlo yo, si tú no puedes yo sí». Sugería eso como un mantra que repetía constantemente, desde que le había dado la oportunidad cuando tuvo que ejecutar los nefastos rituales, ahora buscaba cualquier excusa para alegar que él sí conseguía desempeñar cosas que el otro no era capaz, física o psicológicamente.

—¿Dónde estoy? —Killua despertó, y todos sus recuerdos regresaron uno a uno. De un manotazo rechazó la cercanía de su hermano—. Aléjate de mí —reclamó disgustado.

—¿Qué tienes en mi contra? —Refunfuñó, conteniendo sus ganas de lastimarlo para ver si de ese modo lo hacía entrar en razón.

—¿Qué tengo en tú contra? Mejor pregúntame qué no tengo en tu contra.

—Necesito saber, para que podamos trabajar de una buena vez. Quieres irte ya a casa, ¿no? —respiró hondo, lo último que haría, sería crear más discusiones ahora, iba a actuar como el hermano maduro que se suponía ser.

—… —un silencio prolongado. Veía hacía la nada mientras abrazaba sus piernas. Repasó en su mente cada cosa que deseaba reclamar y así justificar su actitud opositora. Ya no sólo estaba decepcionado de Illumi por haberlo abandonado, o lo culpaba de que su madre hubiera acabado con las vidas de tres excelentes hombres (como alegando que si Illumi hubiera estado ahí, ella no habría matado a nadie), también se sentía molesto por su actitud celosa con Alluka, su falta de sensibilidad al verlo triste. En realidad había estropeado aún más las cosas en lugar de arreglarlas. Parecía que Illumi, competía contra sí mismo por ser cada vez peor, acosándolo hasta encontrar algo que fuera más intenso que lo ya hecho. Esta vez él no apetecía ingenuamente dejarlo pasar o justificarlo como en otras ocasiones, no tenía ánimos de ser pisoteado de nuevo.

—Kil…

—Eres un idiota —cortó— todo este tiempo has sido un completo idiota.

Illumi se había comportado como un completo patán frente a los sentimientos de su pequeño hermano y ahora era el mejor momento para hacérselo ver.

—…

—¿Quieres saber por qué?

—Supongo.

—Idiota.

—Ya deja eso, o…

—Me dejaste sólo con mamá —escupió las palabras con furor— te largaste "a descansar" y me dejaste con esa desquiciada ¡sólo empeoraste las cosas! Y todo porque el señor "estaba cansado" —se le fue la voz, hablaba con todo el veneno de ironía que podía remarcar pero al final su falta de control le venció.

Illumi reconoció que el peliblanco tenía razón, lo había abandonado, y así como cuando su padre le exigía respuestas que explicaran su ausencia, él no tenía ninguna justificación sincera para dar. No podía exponerle a su hermano lo estrechamente relacionado que estaba con su madre, y decirle que, inicialmente, no había sido él mismo quién aplicó toda la tortura— Kil, sabes que no es cosa mía.

—¡Entonces de quién! Claro que fuiste tú, te largaste como un maldito cobarde.

—Cálmate —bajó el tono, no quería verse dirigido por las emociones de su hermano y terminar en otra escandalosa pelea.

—¡No!

—Suficiente —esta vez fue severo, necesitaba ser escuchado y Killua no estaba cooperando— Kil… dieron la orden de que me fuera, mamá misma pidió ser ella quien ocupara mi lugar.

—Sí, siempre dices lo mismo.

—Yo sólo obedezco —subrayó.

—¿Sí, verdad? Es todo lo que sabes hacer, nunca serías capaz de defenderme frente a papá porque no puedes ni decir que no a una maldita orden.

Era dolorosamente cierto, Killua le había quitado cualquier posibilidad de argumentar.

—Ni siquiera intentes justificarte, estoy harto de escuchar siempre tus excusas. No sólo me abandonaste cuando yo esperaba más de ti, sino que en todo este tiempo no te has tomado la molestia en arreglar lo que provocaste, te has empeñado a arruinar… —su voz volvía a desaparecer y dejó escapar sus lágrimas de frustración— lo único que me queda. Mis horas de descanso, yo… —todas sus ideas se revolvieron en su mente y no pudo hablar más.

Desde que Illumi comenzó a crecer, todos se dieron cuenta que él no era precisamente la clase de persona que podía empatizar con los demás. Aunque veía a Killua llorar, él no sabía qué hacer, no había una lógica natural que le guiara en sus respuestas, estaba helado. Ahora sólo atinaba a observarlo, formando un gran vacío en su interior. Esta era una de esas ocasiones en las que el espíritu del Y ganaba algo más que sólo un alimento común, adquiría una nueva ventaja sobre el cuerpo de su anfitrión. Illumi veía todo su esfuerzo destrozado, ni siquiera tenía fuerzas para idear algo, estaba perdido.

—Entiendo… —contestó falto de voluntad— sí quieres irte, no te detendré —fue lo único que se le ocurrió decir, creyendo que si aceptaba cumplir uno de los caprichos del niño, podría al menos demostrarle que deseaba restaurar la relación.

Killua volteó a verlo directamente a los ojos, se mostraba incrédulo y herido— eres un asco para comprender a las personas ¿sabías? —Reprochó, abriendo una nueva llaga en su hermano.

Illumi bajó la mirada, avergonzado de su discapacidad, conteniendo la respiración porque un sentimiento extremadamente doloroso apareció en su interior y para colmo el albino giró su rostro decidido a sostener sus palabras con dramatismo. De todas las personas en el mundo, siempre creyó que contaría con el apoyo y comprensión de su hermano menor para compensar esas faltas en su vida. Nunca había tenido que hacer un gran esfuerzo para demostrarle sus sentimientos, Killua era capaz de darse cuenta de ello con rapidez, pero esta vez, resultó especialmente humillante porque ahora ya no tenía a nadie en quien confiar como para correr a refugiarse en ese alguien.

El peliblanco se dio cuenta de eso inmediatamente que notó el silencio de su hermano, recordando que trataba con una persona que no gozaba de esa facultad humana para expresarse, y se arrepintió totalmente de sus palabras. Más de lo que antes lo hubiera hecho. La falta de argumento por parte del morocho probaba cuan dañado se encontraba, tanto como para no usar una de sus estrategias manipuladoras para ganar. Tampoco era la intención de Killua de reventarlo y ser incluso peor de lo que Illumi había sido con él, sabía que aunque el mayor no lo pronunciara, lo amaba y eso automáticamente le abría las puertas a su vulnerabilidad. Por eso se había comportado rebelde para devolverle un poco de lo que sintió, consciente de que tendría éxito. Tomó aire, decidido a arreglar las cosas, guiar a su hermano para que entendiera sus necesidades— Illumi, lo que quiero decir… —y no obstante, se quedó sin aliento, cuando al mirar a su lado, descubrió que Illumi se había marchado ya.

Primero que nada, quiero agradecer a todos por seguir aquí pese a mi arranque depresivo del capítulo anterior. Quiero disculparme por ello, yo creo que es mi deber con ustedes admitir que sufro depresión a raíz de la muerte de mi madre y que ésta es sólo una herramienta para... ya saben, superarlo. Eran fechas navideñas, de inicio de año y bueno, me sentí muy solo.

Lamento las molestias.

Este capítulo lo dedico a Anita, la persona que me inspiró a escribir sobre el mutismo selectivo que sufre Alluka. Hay niños en este mundo que pasan por tantas cosas tristes, que tienen tanto por contar.

cronopia . cron, ladyshinigami4, Sasarious, lightningbeat, no tengo palabras para agradecer sus mensajes, yo en momento más responderé a sus respectivas cuentas, sinceramente cambiaron mi día.'.

Anon: Sé que tu mensaje fue en el capítulo uno, y te agradezco que te tomes este tiempo para escribirme. Illumi es también de mis favoritos y analizarlo a fondo es un gusto que acepté darme, siempre he pensado que él es más que sólo un amenazante tipo de 24 años que acosa a su hermano menor, pero lo ama... eso no tiene sentido en primer lugar. Gracias por tu mensaje, espero que un día leas esta respuesta.'.

Un agradecimiento especial a GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.

El siguiente capítulo me gustaría publicarlo el viernes 5 de febrero, pero no puedo asegurarlo ya que estoy por mudarme y mi vida cambiará por completo, sin embargo, haré un esfuerzo por tenerlo a tiempo.'.