Volví, no saben lo mucho que me gusta escribir, y espero que sigan apoyando este proyecto sin fines de lucro. Mientras haga felices a algunos de ustedes, yo me doy por satisfecho.

Este capítulo, tendré que hacer una advertencia, toca un tema que puede herir la sensibilidad de algunos de ustedes, no quiero decir qué es para no fastidiar la sorpresa a los que les gusta el suspenso, pero lean con cuidado y antes de ofenderse, lean la nota que viene hasta abajo, al final del capítulo.

¡Hay una lista de canciones nueva en mi perfil! Para todos aquellos que gustan de escuchar la música en la que me inspiro a escribir, esa lista está dedicada sólo para determinados capítulos, y este capítulo lo acredita por completo.

Fin de temporada, ya de aquí comienza "93 en Babel" que lo publicaré desde este mismo link porque me da pereza abrir otro. Bueno, suficientes notas. ¡Acción!.'.

Capítulo 21

Se asustó, no era buena señal que su hermano desapareciera, estaban en plena misión y aún tenían cosas por hacer, además, no le parecía justo que Illumi se marchara sin darle tiempo para retractarse de esas hirientes palabras.

—¿Illumi? —se puso de pie buscando a su alrededor— Illumi ¿Dónde estás?

Era cierto, se había ido de ahí, sólo Dios sabía a dónde. Comprendió que ese acto reflejaba que su hermano mayor estaba cediéndole la razón, y ahora, posiblemente también su descuido terminó por fracturar la relación que alguna vez los mantuvo unidos. Lloró amargamente, no había sido esa su intención, Illumi debía comprenderlo, era su deber entender que él sólo era un niño y esas habían sido palabras de un mocoso enojado o eso quería creer con todas sus fuerzas. Pero el mayor no volvió sino hasta el día siguiente.


Illumi se marchó tan rápido como su cuerpo se lo permitió, se fue lejos para sentirse miserable sin que nadie lo viera. Apenas el movimiento de sus veloces pasos provocaban que ligeras lágrimas resbalaran, poco notorias, pero sollozos a fin de cuentas. Un intenso dolor recorrió sus pupilas, era un ardor extremo que siempre lo forzaba a detener su llanto, sus ojos no estaban acostumbrados a ellas dado que no solía llorar. Se detuvo cuando se vio solo en una calle vacía. Se talló los ojos intentando eliminar las dolorosas gotas de sus pestañas

—Maldición, esto apesta —se quejó desesperado, siendo que al tallarlos empeoró su situación.

El espíritu permaneció extrañamente silencioso durante ese tiempo y eso le provocaba náuseas, que un monstruo de Nen fuera capaz de sentir compasión por él. Apretó la mandíbula, molesto consigo mismo; nunca en su vida había mostrado una debilidad como esa.

Hasta ahora las intenciones del joven Zoldyck habían sido malinterpretadas, lo que más deseaba era explicarle al albino que no era sano para un asesino involucrarse emocionalmente con alguien más, cuando en realidad, era una proyección de sí mismo, él estaba estrechamente enlazado a Killua, de forma tal que le asustaba que su hermano acabará repitiendo su mismo patrón.

—No importa… —se decía, refiriéndose a sus sentimientos— Nunca ha importado y no va a importar ahora.

Con eso intentaba hacer consciencia de quién era y así consolarse, recordando que estaba solo como siempre, y que eso no significaba que debía hundirse en la tristeza como otras personas lo hacían, al contrario, era el momento de sentirse fuerte porque nadie era totalmente indispensable para él. Excusas baratas para mantenerse estable.

«Oye, niño… —habló el espíritu al fin, una vez que lo vio recuperar la compostura».

—Ahora qué quieres —dijo mirando hacia la nada.

«Ya es tiempo de que lo dejes ir, veo que te estás volviendo más inútil cada día —declaró, pero esta vez no era burlesco, lo decía en serio—. Sólo mírate, acabas de rebajarte patéticamente».

—Esto no es tu asunto.

«Desde que compartimos este cuerpo, lo es, y ya te lo he dicho, si no puedes por ti mismo, déjamelo a mí».

—¡No!

Su respuesta era sólo una costumbre, no quería decir que en realidad no pensara cederle el paso. Perdía el control de sus emociones, de su mente. Killua lo había rechazado, no le quedaba otra cosa por hacer para que todo fueran como antes, además comenzaba a avergonzarse de sí mismo, de sentir esa compasión por ese niño que sólo lo estaba volviendo débil. Necesitaba urgentemente una solución.

«¿No? Mira… sé que no te agrado del todo, pero no tienes por qué ser bueno con un niño malcriado, si lo sigues haciendo sólo se volverá a aprovechar de ti. Todo este tiempo se ha aprovechado, esperando que tú resuelvas todo y lo aguantes a él aún si está siendo un malagradecido —apelaba a las emociones que interpretaba en él—. Yo creo que deberías ser más duro con él, y apartarte un poco de su camino ¿recuerdas que te dije que un día haré que ese niño vuelva a ti? Si no puedes, deja que yo lo haga».

Dolía pero el espíritu parecía tener razón, estaba enojado porque detestaba su falta de control, y por las palabras hirientes de Killua. No importaba cuánto se esforzara por ayudarlo, nadie parecía darle relevancia a todo su trabajo. Ya no encajaba ni dentro de su familia, y en medio de su sufrimiento personal, decidió que nunca más volvería a dejar que lo controlaran así. No tenía por qué pasar por esos desastres, era más fuerte e inteligente que los demás y contaba con sus habilidades para hacer doblegar la voluntad de cuanto ser se le opusiera. Así que, no dispuesto a perder ante un niño, eligió endurecerse, tal como el espíritu de Nen le había sugerido, y si no podía él, entonces le dejaría las cosas a ese ente. En efecto, terminó cayendo en la trampa.

Se quedó en otro hotel, trazando y elaborando su nueva forma de coordinarse con el espíritu, para establecer una rutina de "colaboración", si es que se le podía llamar de ese modo, a su forma de actuar. A Illumi ya poco le importaba si el ente era confiable o no, estaba dispuesto a lo que fuera con tal de disciplinar a su hermano y hacerlo entrar en razón. No más riesgos innecesarios, no dejaría más oportunidades para que Killua arruinará sus buenas intenciones otra vez. Les demostraría a todos que con él no se podía jugar así y de paso se fortalecería más con esa criatura de Nen. No tenía grandes ambiciones, pero tratándose de Killua era capaz de pensar en las cosas más descabelladas de todas con tal de seguir cerca.


Killua estaba nervioso, temblaba ligeramente por el temor de lo que fuera a pasar. Le dolía el estómago, no había dormido correctamente, de hecho no podía comer, estaba expectante a lo que iba a pasar. Miraba a todas partes esperando que Illumi apareciera. Durante la noche ideó un discurso imaginario para arreglar las cosas, modificándolo tantas veces hasta que dejó de dudar sobre lo que iba a decir, repasándolo en su mente, revisando que no quedara ningún error en sus palabras. Estaba tan estresado porque su hermano seguía sin aparecer, que empezó a perder la fe en que solucionaría el problema. Ahora no era como la Torre en la cual estaba seguro de que tarde o temprano su hermano regresaría, se encontraba en medio de la nada y no había forma de saber si volvería. Cuando intentó llamarle, descubrió que su celular estaba apagado, así que cualquier intento por localizarlo fue frustrado.

Cuando escuchó la puerta del cuarto abriéndose, sintió que se desmayaría, olvidó cómo empezaba su discurso y tuvo miedo de hablar. Sólo se quedó mirando a su hermano mientras su corazón latía fuertemente al grado de creer que el sonido podía ser escuchado desde afuera.

—¿Qué estás viendo? —preguntó Illumi— ¿terminaste tu plan? ¿Ya estás listo?

Aniki

—¿Ya nos vamos? —sonaba muy agresivo, pero su expresión corporal era plana, como si no sintiera nada de lo que sus palabras denotaban.

Eso estaba fuera del plan del niño, con su hermano en ese estado dificultaba mucho hablar las cosas y arreglarlas. Su guión para disculparse se estropeó y decidió saltar todas sus palabras.

—Lo lamento aniki, yo fui muy cruel contigo, no fue mi intención.

—Sí, siempre dices eso ¿Y sabes qué? No importa, ya estoy acostumbrado. Lo que quiero saber es qué estás esperando para irnos.

La mirada de Killua se llenó de emociones, sus labios temblaron y luchó por controlarse. No encontró rastro de que Illumi le hubiera dado, al menos, un poco de importancia a sus palabras, era como si dialogara con un robot. Entonces recordó el momento en que Illumi expuso que las cosas en casa no se resolvían conversando, no quedaba duda de que era en serio, y eso también los incluía a ellos dos. Vio cómo su voluntad e intenciones se abatían muy duramente, pero esta vez no se dio tiempo para lamentarse. Era momento de seguir adelante, ser fuerte. Alluka no lidiaría de nuevo con sus problemas, destrozado por la depresión. Quería retener algo, lo necesitaba para sobrevivir.

—Sí… —habló conteniéndose—. Sólo quiero repasar un poco mi plan ¿Puedo?

—Tuviste toda la noche y ahora resulta que necesitas repasar.

—Lo siento, es que no me siento bien.

Exhaló como si fuera una gran carga esperar al albino y se dio la vuelta.

—Cuando se te ocurra algo me llamas, no tengo tiempo para esto —caminó de vuelta a la salida y Killua abrió la boca con sorpresa.

—E-Espera…

—¿Qué? —contestó dándole la espalda.

—Yo… —quiso recordar alguna frase de su discurso, una forma de decir lo que sentía y librarse de esa presión, pero luego recordó que su disculpa fue rechazada, y perdió las ganas de hablar—. Mmm…

—¿No tienes cosas por hacer? Ya me voy.

Ésta no era una de esas veces en que lo intentaba manipular emocionalmente, era simplemente Illumi siendo como él era con las demás personas que para él no era relevantes. Eso Killua lo podía distinguir perfectamente después de años de verlo actuar con sus mayordomos y otras personas fuera de casa. ¿Es que acaso ya no merecía ese trato especial? Necesitaba aferrarse a una esperanza por recuperar un poco el lazo que los mantuvo unidos. Cerró los ojos y se dejó vencer por un momento, recordó que debía ser fuerte, todavía tenía otras cosas por las cuales pelear, de todos modos nada en casa era justo, y rápidamente, con su creatividad, comenzó a justificarse, a señalar a Illumi como el único responsable de que la relación se fraccionara. Si ahora ya no podría ni hablarle era porque el mayor había bloqueado la comunicación con su actitud pedante. Dejó de llorar, si su hermano iba a ser cruel, él también iba a jugar ese juego. No se dejaría llevar por más manipulación emocional, ya era hora de liberarse.

Tal vez tuvo un gran entrenamiento toda su vida, y vio cosas que a los ojos de cualquier otro hubieran sido terriblemente desagradables, pero seguía siendo un niño, sin importar cuanto lo forzaran a volverse otra cosa, él mantendría esa mente infantil. Estaba demasiado molesto y dispuesto a hacer cambios en su vida, decidió que no se dejaría influenciar por nadie nunca más. La decepción y tristeza no se curaron, se trasformaron en un estado de enojo que le fortalecieron a través de esas nuevas circunstancias.

Esa misma noche terminó de hacer los preparativos para su plan, no se tomó la molestia de llamar a su hermano, era su responsabilidad estar ahí, que él decidiera irse, no era su culpa. Killua cumpliría su deber con o sin evaluación, y lo hubiera logrado de no ser porque una de las marionetas de su hermano dio el aviso de que ya estaba en camino a terminar su trabajo, así que durante todo el proceso el morocho lo vigiló de cerca sin que Killua se percatara de ello.

No fue una gran demostración de rebeldía, se trató de un simple gesto, uno que revelaba un fuerte cambio de personalidad en el niño. Durante su trabajo fue meticuloso y cuidadoso, tal y como Illumi le enseñó a ser, pero con un sentido diferente, como una consecuencia de su instinto de supervivencia y no por decisión propia. Logrando sacar provecho de su edad para que la gente confiara en él y pasara desapercibido aun estando frente a las narices de toda la vigilancia. Era rápido, agraciado y elegante. Su mirada oscura al final delató su sed de sangre, era simplemente perfecto. Illumi suspiró, deseaba tanto tocar esa piel, moldear más a ese pequeño para que sólo pudiera vivir para él, quedárselo sin compartir ni un poco con nadie y a su vez tenía miedo de que sus deseos se volvieran en su contra.

—Hiciste un buen trabajo —le expresó una vez que terminó su demostración y se acercó a él.

Killua se le quedó viendo un instante, sin ninguna expresión y sus manos en los bolsillos.

—Como sea —declaró dándole la espalda y comenzando a caminar, lejos de ahí.

Illumi no se inmutó, estaba consciente que esto era lo mejor para no dejarse vencer por sus ambiciones. El espíritu le aplaudía y lo alentaba a seguir así. Así que ambos Zoldyck fueron a casa.

No fue gran cosa para Illumi hacer el reporte de todo lo visto, Killua sin dudas era maravilloso y talentoso, no tenía que exagerar ni un poco para expresar lo bien que hacía su trabajo. Sin contar su extremo cuidado, era perfecto para el puesto. Su madre estaba más que orgullosa, pese a las amenazas constantes en las que ella se encontraba, creía que Killua descubriría el método para liberarse y resolvería todo, personalmente ella no podía imaginar alguna forma en que un niño como él pudiera hacer algo al respecto, y de todos modos no perdía la esperanza.

Su padre decidió que era momento de hacer que Killua ejerciera la profesión como debía ser, ya no requeriría el entrenamiento salvaje, sólo preparación en técnicas de pelea, uso de armamento y planificación de estrategias. Su resistencia podría mantenerse con todas las enseñanzas que le habían dado a lo largo de su vida. Además, bajo sus criterios, sólo requería de una vigilancia mínima para asegurarse de que sus errores fueran lo menos perjudiciales posibles. Con esa novedad Killua se dio por enterado de que ahora sería tratado como un asesino de verdad. Poco tiempo después cumplió nueve años, hecho que ocurrió cuando Illumi estaba fuera de casa, en una misión que supo luego que era de extrema dificultad.

Killua se preguntaba qué clase de trabajos solía realizar su hermano. Los objetivos del niño siempre eran planeados, seleccionados para él por diferentes causas. Cuando llegaba, sus mayordomos ya habían hecho una parte del trabajo, y eso facilitaba considerablemente su papel, prácticamente llegaba sólo a terminar el encargo, sonar la alarma para anunciar que había acabado. Por otro lado, cuando Illumi volvía parecía venir de algún lugar horrible; cada vez lucía más tenebroso y serio, era como si hubiera visto el mismo infierno luego vuelto para dar el reporte. Le resultaba muy extravagante y misterioso, eso era lo que Killua pensaba, que su hermano cada que regresaba de su trabajo, era como si fuera una persona más.

Evidentemente eso era porque tanto el espíritu como él, habían alcanzado un nivel de sincronización superior; podían cambiar de lugar a placer, controlando el flujo de su Nen para que nadie notara un cambio; el espíritu adoptó las actitudes, practicado sus expresiones para simular la personalidad de su portador, ambos se aliaron convenientemente para lograr todas sus metas. Los dos se fortalecían mutuamente.

Nadie en casa advirtió lo que le ocurría en el muchacho, aparentemente su trabajo lo estaba puliendo, volviéndolo un ser oscuro. Un tipo balanceado, expresivo, pero inexplicablemente imposible de descifrar, con sus dos personalidades saliendo a relucir y a ocultar todo lo que no le beneficiaba que fuera conocido. Al cabo de poco tiempo era casi imposible atinar lo que planeaba, pensaba o siquiera si estaba en casa o no. Porque de alguna manera macabra, él siempre estaba presente, si no era físicamente, era a través de sus marionetas. A esas alturas, era fácil de entender que incluso sus padres lo tomaran por alguien peligroso y estuvieran decididos a vigilarlo, sin buenos resultados esta vez.

—Hola mamá —le habló a Kikyo, cierto día que recién se aparecía en casa, tan sorpresivo para la mujer que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar su voz.

—¡Illumi! ¡No hagas eso! —gruñó molesta, girándose para verlo directamente.

Pero apenas lo vio, notó que tenía más motivos para estar asustada que enojada. En la mirada de su hijo el brillo que caracterizaba de ser humano había desaparecido.

—¿Algún problema mamá? —sonrió malévolamente mientras notaba el cambio de expresión.

—¿Eres tú?

Tomó valor, no podía dejar que vieran su miedo, no estaba sola en casa, la vigilancia estaba por todas partes, podía haber alguien viendo detrás de las cámaras, ahora más que nunca, gracias a las preocupaciones que el morocho despertaba.

—Mamá, Illumi y yo tenemos cosas qué hacer en la cueva y hemos decidido que nos llevarás allá. Así que has lo que tengas que hacer y espero estar ahí la siguiente semana, tendré tiempo libre.

—Eres…

Tuvo deseos de huir de su presencia pero no pudo moverse, Illumi la rodeó lentamente mientras su aura amenazadora se incrementaba, antes de que la mujer hiciera cualquier cosa, se marchó de ahí en busca de su adorado hermano.

En aquél entonces Milluki no hacía otra cosa que estar en su cuarto vigilando y obedeciendo las ordenes de sus padres de mantenerse atento de lo que ocurría en todas partes de la casa, especialmente si se trataba de Illumi. Por lo tanto era el único en la familia, fuera de su madre, que sabía que algo anormal ocurría con su hermano, pero lejos de decir la verdad, optó por darle libertades, como quitar las cámaras de su cuarto alegando que Illumi no estaba de acuerdo con ello —cosa que era cierta—, no podía hacer nada para ir contra sus deseos, cuando en realidad ni una sola vez intentó convencerlo; se la pasaba mintiendo sobre lo que descubría, afirmaba que Illumi era raro como siempre, pero jamás reconoció ante nadie que lo veía hablar sólo o que solía entrenar su Nen de una manera espeluznante; a mitad de la noche, realizaba rituales extraños que Milluki no entendía ni quería entender. Algo dentro de él le aconsejaba que era mejor permanecer en la ignorancia. Estaba en lo correcto.

Kalluto seguía en la Torre Celestial, su madre e Illumi solían ir a verlo. Por evidentes motivos, el más joven de los hermanos prefería a su madre; el morocho era un ser demasiado tenebroso para él, por lo menos estaba más habituado a los métodos de la señora Zoldyck.

Alluka era la única que estaba esforzándose por permanecer como siempre, jugando, haciendo bromas y buscando la amistad de los que se acercaban a ella. El problema era que aquella cosa oscura que habitaba en su interior solía salir cuando menos lo esperaban, recordándoles que no estaban tratando meramente con una niña. La influencia de Killua para mantenerla a salvo comenzaba a reducirse, sobre todo con la actitud agresiva que ahora mostraba, la cual en lugar de ayudarle, volvía el mundo de Alluka en un gran problema dado que Illumi insistía en que su actitud estaba siendo directamente influenciada por la niña, aunque esta vez, no se lo decía al peliblanco, sino a sus padres.

Contra la influencia de Illumi poco podía hacer el albino; sus padres creían que él era quien mejor le conocía y entendía, por lo tanto, tomaban sus acusaciones como ciertas. Sin que el niño se diera cuenta, nuevas decisiones se empezaban a orquestar. El único que faltaba para que la fórmula de Illumi terminara por hacer efecto, era Zeno, sin el consentimiento del anciano, por más que él se empeñara en arruinar la reputación de la pequeña, no se tomarían medidas drásticas como él lo deseaba.

Kikyo se vio forzada a obedecer al espíritu del Y sabía que ya no sólo su matrimonio o comodidad estaban en riesgo, sino su vida misma. Tenía demasiada fe en las lecturas de sus cartas, y sus técnicas de adivinación, todas le decían que Killua era su solución y por ello, comenzó a buscar al niño, a aliarse a él en busca de protección futura contra lo que fuera a venir. Si Killua iba a salvarlos a todos, entonces debía ganarse su favor para ser la primera en subir al bote. Bajo excusas de salud convenció a Silva de dejarla salir y llevarse con ella a Illumi. Silva no solía aceptar esa clase de peticiones, dada la utilidad del mayor para hacer sus trabajos, estaba claro que ese muchacho era una perfecta máquina para matar, pero la mujer fue tan persistente que se vio forzado a ceder.

—Illumi, hijo, por favor, necesito hablar contigo —imploró caminando por la ruta amarilla que llevaba a la cueva.

—Illumi no está aquí —le contestó sarcásticamente.

—Illumi…

—Mamá, basta, no hay nada de qué hablar.

—Hijo, prométeme que no dejarás que se quede con Killua, él es nuestra esperanza ¿Lo entiendes? Él es mi bebé.

—Mamá, Killua estará bien. Yo me hago cargo de él —sonreía, pero dudaba tanto sobre quién era él que no supo si tomarlo como una buena respuesta o no.

Llegaron a la cascada, ahora parecía que no había nadie en el interior de la cueva porque una multitud de gente estaba de pie en la entrada y en las orillas de la cascada, hacía viento pero nadie parecía moverse o preocuparse por el agua fría que caía cerca de ellos. Estaban todos en silencio incluso al ver a Kikyo acercarse, no hubo bienvenida como las veces pasadas.

—¿Tú de nuevo? —Galileo fue el primero en hablar, lucía malhumorado.

—Kikyo, bombón —le secundó Geppetto—, y también está tu adorable hijo.

—Parece que todos han notado tu cambio —murmuró la mujer dirigiéndose a Illumi.

—¿Cambio? —preguntó Galileo— Ese cambio del que hablas era totalmente de esperarse, pero no, no estamos aquí por eso.

—¿Eh? ¿Qué ha pasado entonces?

—Un grupo intentó escapar esta mañana, lo habitual.

—¿Otro más? Seguramente están perdidos dentro del bosque —la mujer soltó la carcajada— Me trae tantos recuerdos.

—No todos tienen tanta suerte como tú, deja de reírte —el Barón dio un salto desde el interior de la cueva y se aproximó a los nuevos visitantes, dirigiendo especial atención hacia el muchacho que acompañaba a la asesina.

Illumi observó el panorama. La gente a su alrededor era una mezcolanza de rarezas, todos vestidos como de otra época o como si fueran a hacer un gran espectáculo ahí. Colores llamativos, prendas espléndidas y adornos, en medio de un paisaje puro, libre de los cambios tecnológicos que no encajaba en nada con su aspecto. Sobre todo el Barón, que era quién más sobresalía con su atuendo, un traje de gala con un moño colorido y maquillaje por todo el rostro de líneas blancas y negras y esferas en su cabello, que hacían aún más extraña su apariencia. De no ser porque conocía su voz, no habría atinado quién era él.

Pasos detrás de ellos interrumpieron la escena, un hombre fornido llegó sosteniendo de la mano a una pequeña niña que cargaba un oso de peluche, abrazándolo protectoramente y llorando.

—Aquí está Bridgit —habló con una voz gruesa. El hombre empujó a la niña a dar un paso adelante.

La niña era rubia con unos enormes ojos azules, de aproximadamente unos seis años de edad y temblaba mirando a su alrededor.

—Ah, Bridgit, mi amor ¿qué pasó contigo? ¿Estás bien? —Geppetto se le acercó, cargándola acogedoramente. La niña respondió asintiendo con la cabeza— ¿Quién te sacó de tu cuarto? Dímelo —la niña negó y ocultó su rostro en el cuello del anciano, no quería responder—. Bridgit, papá se va a enojar si no te ve ahí, dime quién te sacó de tu cuarto, corazón.

—Teo —su voz se ahogó en la tela de las ropas del hombre, luego soltó el llanto.

—Teo… pero Teo es un niño adorable, no creo que él haya pensado en hacer algo tan tonto como eso.

—Matt —agregó el hombre fornido—, seguramente fue Matt, ha querido influenciar sobre los niños.

—Ese Matt… —suspiró Geppetto— ya no hay nada que podamos hacer por él.

Kikyo siguió con la mirada a la niña compadeciéndose de la pobre criatura, y se mordió el labio

—¿Ella está para un nuevo ritual?

—No —se rió Geppetto—, ni siquiera es virgen. Es nuestra, su papá nos la dio a ella y a su hermano como muestra de lealtad —añadió y acarició la espalda de la pequeña.

Escalofríos recorrieron a Kikyo, ella sabía todo lo que eso quería decir. Más pasos en el fondo sonaron y un grito de un niño resonó en los alrededores.

—¡No! ¡Suéltenme! —gritaba.

Y otra voz se le unió:

—¡Suéltenlo! Es mi culpa.

Un niño como de unos doce años junto a otro muchacho de unos dieciséis fueron arrastrados hasta quedar cerca de la cueva, donde estaba la multitud.

—Teo, Matt, que hermosa reunión —Geppetto caminó hacia los niños que se quedaron en silencio, pasmados por la presencia de la pequeña.

—¡¿Brid por qué saliste de tu escondite?! Debiste quedarte ahí —reclamó el mayor de los tres, Matt.

—Su hermano nos dio el aviso —interrumpió Geppetto—. Didier es un niño muy bueno y rescató a su hermana de ti. Ya no tienes solución Matty ¿Sabes qué significa eso?

El niño no habló, comenzó a derramar gruesas lágrimas y temblar, sus labios se volvieron morados de miedo.

—¡No quiero estar aquí, no quiero, no quiero! —exclamó Teo, despavorido por ver a su amigo en pánico.

—Teo, no digas algo tan triste —se colocó frente al niño, todavía sosteniendo a Bridgit en sus brazos—. Nosotros te damos todo, juguetes, dulces, ropa, nos haremos cargo de ti siempre, lo único que te pedimos es que sigas haciendo eso para lo que fuiste traído aquí —acarició los cabellos del pequeño.

—¡No! No me toque, estoy maldito, me doy asco ¡No quiero vivir! —el niño lloraba amargamente, mientras que dos hombres lo sostenían por los brazos, al igual que al mayor, Matt, que se había desmayado de miedo.

—Ja, ja, ja —al anciano le hacía gracia el dramatismo—, perdona Kikyo, Illumi, vinieron a ver este deplorable espectáculo… —se dio la vuelta y continuó—: deshazte de Matt, ya no son necesarios sus servicios.

Inmediatamente uno de los hombres que mantenían de pie el cuerpo del muchacho, sostuvo la cabeza del adolescente para romperle el cuello. El cuerpo de Matt cayó al suelo sin ninguna piedad y Teo gritó aún más horrorizado.

—¿Era necesario…? —preguntó casi sin aliento uno de los jóvenes que acompañaban a Geppetto.

—Sí, corazón, Teo necesita saber lo que va a pasar si continúa así. Por otro lado Matt ya tenía mucho con su rebeldía, era sólo un huérfano que recogimos por ahí, no será gran cosa.

—Mátenme, mátenme por favor —suplicaba Teo, adolorido.

—Teo, no puedo matarte bombón, tú papi va a venir a verte pronto.

—¡Ese bastardo no es mi padre! ¡Es un bueno para nada que me abandonó aquí para que ustedes hagan lo que quieran conmigo! Quiero morir.

Una aguja atravesó su garganta y el niño cayó al suelo, agonizante. Illumi acababa de comprender las cosas y no pudo evitar sentir pena por el pequeño que gritaba. Frecuentemente soñaba con sobrepasar la línea que tenía con Killua, pero nunca lo había efectuado por una simple causa, no quería dañarlo, física o emocionalmente, jamás planeó efectuarlo porque lo amaba y respetaba. Y ahí estaba ese niño de doce años como la representación de lo que pasaría si él cruzara los límites morales establecidos. Un ser vacío y triste, suplicante de morir para poder sentir paz.

—¡Espera! No —gritó el Barón—, no lo mates, no…

—Gracias —susurró el niño con su respiración agitada, comenzando a perder la consciencia.

Ante eso Illumi sólo incrementó su poder y acabó con la vida del pequeño. Hubo un momento de incómodo silencio, reflexionando sobre lo que acababan de ver, diciéndose con la mirada que había ocurrido algo verdaderamente inesperado. Aquella aura se rompió cuando el llanto de Bridgit estalló con fuerza.

—Cariño, no pasa nada, tranquila. Vamos a la iglesia ahí verás a tus otros amiguitos y ya no estarás sola.

De una señal todos comenzaron a caminar detrás de Geppetto. Kikyo le hizo la seña a Illumi de que los siguiera, avanzaron durante media hora hasta el lado contrario de la cueva, donde había una enorme iglesia de piedra en medio de una ciudad rodeada de verdor, bastante agradable. Antes de llegar ahí, los hombres tomaron unas túnicas que les fueron ofrecidas por un grupo de sacerdotes que estaban en la entrada del bosque. Al parecer llevaban rato esperándolos.

Illumi venía confundido, se negó a tomar una túnica para vestir como el resto y su madre lo sacó de la fila, decidida a que su hijo no terminara enredándose en algo que no le competía. Se alejó un poco de la multitud pero los siguió hasta dónde iban. El espíritu le dio instrucción de seguirlos al interior de la iglesia donde todos tomaron lugares en las bancas, Illumi se sentó junto a su madre después de que ella le indicara con la mano que se aproximara hasta su sitio.

—¿Qué está pasando? —le susurró, dado que el silencio del lugar imponía respeto.

—Estamos en el templo, así que cállate…

—¿Eres creyente? —le preguntó sorprendido por el descubrimiento.

—Sí, ahora deja de interrumpir, para que el sacerdote pueda empezar el ritual.

El joven Zoldyck estaba desesperado por tanto secretismo, se dedicó a observar a su alrededor. La decoración elegante de oro, mármol y otras piedras preciosas, cruces, imágenes religiosas que se extendían en los muros y vitrales. Luego unas campanas sonaron. Todos se pusieron de pie y una fila de hombres vestidos con largas túnicas blancas y moradas, ingresaron al lugar, pronunciando algunas palabras en un idioma que no reconoció. Había un ambiente frío, silencioso, una antorcha se encendió en lo alto de un poste y un humo extraño subió por la chimenea del fondo.

Ordo Ab Chao —pronunció el misterioso hombre.

La niña que había visto antes estaba ahí, en las bancas de la primera fila junto a otros niños, todos en perfecto silencio, sus ojos lucían como si estuvieran en alguna especie de trance que los hacía estar quietos. Seguramente así era.

Se procedió a realizar una especie de ceremonia que él no conocía, pero que Kikyo parecía comprender por completo; de vez en cuando se sentaban, se arrodillaban y luego repetían lo que el hombre les decía. Illumi no tomó parte del ritual, permaneció sentado observando lo que pasaba mientras escuchaba en su cabeza al espíritu del Y pronunciar palabras en algún idioma que él no conocía. Los niños pasaron en fila y el hombre les hacía comer algo, una especie de hoja blanca alargada y para luego hacerlos beber un trago de algo que parecía vino tinto.

De pronto, vio que el ritual había terminado. Los niños se colocaron a un costado de la iglesia, quitando sus largos atavíos y comenzando a platicar entre ellos, otros tantos en el público empezaron a saludarse y moverse de lugar.

—¿Qué ocurre ahora?

«Ahora sigues tú… —le dijo el espíritu».

—Seguramente se atenderán asuntos que conciernen sólo a los miembros de la fraternidad —aclaró su madre.

Algunas personas se retiraron del gran salón, despidiéndose. Otros se llevaron a algunos niños, aparentemente hijos de ellos. Y cuando todos los que ya no debían estar ahí, se marcharon, los sacerdotes volvieron a ingresar para llamar su atención.

—Hermanos, tenemos entre nosotros de vuelta a Kikyo, hagamos la labor de saludarla —hizo una seña con las manos y Kikyo respondió con una reverencia.

Illumi estaba sentado con las piernas cruzadas, observando entretenidamente a su madre que parecía una persona completamente diferente, como si estuviera entregada a su religión desde hace años. Le recordaba más a hipocresía que a un auténtico amor por sus creencias.

—También ha traído con ella a su hijo, Illumi —señaló el sacerdote y muchos murmuraron por los alrededores— ¿Lo has traído para entregarlo a nosotros? —curioseó.

Kikyo se cubrió los labios con la palma de la mano, pensando despavorida lo que Silva le haría si ella llegaba a hacer algo como eso, y negó con la cabeza.

—Ha venido por su propia decisión.

—¿Sí?

—Él tiene al espíritu del hombre del Y —reveló Galileo, señalándolo acusadoramente con el dedo índice y al instante las personas que estaban cerca de ambos Zoldyck se pusieron de pie y empezaron a alejarse de ellos.

Illumi alzó una ceja, sintiéndose orgulloso de causar temor.

—¡Oh! —escuchó al que parecía ser el sacerdote más importante— Ven aquí hijo, algo me dice que tienes un tema importante por compartir.

Illumi se puso de pie y caminó entre las bancas de madera, se situó justo en frente del altar, y al momento de hacerlo, tres hombres con túnicas rojas que cubrían sus rostros, se colocaron a su alrededor, uno frente a él y dos a sus costados. En forma de triángulo.

—¿Una trampa? —examinó Illumi mirando a su alrededor. La gente se ponía de pie acercándose a ver el espectáculo.

—Prefiero llamarlo "prevención", no todos los días tienes que lidiar con un poderoso espíritu de Nen ancestral —le contestó el sacerdote.

Los hombres a su alrededor levantaron sus manos a la altura de sus pechos, con las palmas hacia arriba, dejaron fluir su Nen, estableciendo una barrera que encerró al muchacho. La gente que estaba cerca se amontonó, tomándose de las manos para formar un círculo que reforzaron también con su Nen, todo con tal de tener bien encerrado al portador del ente maligno.

—Esto es absurdo —añadió Illumi y comenzó a caminar por el borde del triángulo, tocándolo con los dedos para cerciorarse de que estaba completamente atrapado. Un choque doloroso de energía fue el resultado que obtuvo de tocar esa barrera.

—Pero es seguro, así que... ¿Qué es lo que nos tienes que decir?

La sonrisa del Zoldyck se extendió malévolamente, y sin anunciar nada, cruzó la barrera como si hubiera sido cualquier cosa. La gente se mostró alarmada. En un instante, Illumi ya no estaba más dentro del círculo, si no sentado en el altar, mirando con una sonrisa altanera a la multitud. Voces de miedo inundaron el templo, alegrando su corazón. El espíritu que poseía era señal de que tenía poder y ver la reacción de la gente, le hacía darse cuenta de la fuerte influencia que él poseía.

—¿Así es como me reciben hermanos? —aunque era la voz de Illumi, para algunos, era evidente que quien hablaba no era él.

Entonces fue cuando los sacerdotes comenzaron una discusión con el ente, en un idioma que Kikyo reconoció como una lengua muerta, era totalmente imposible que su hijo conociera tal idioma. Sus manos temblaron, cada vez era más difícil sostener la mentira a su marido. Sólo deseó que cuando él se enterara, tuvieran piedad de ella.

Una carcajada la hizo salir de sus pensamientos. Su hijo reía histéricamente en un modo poco natural.

—Entonces que así sea —finalizó y luego su mirada se transformó drásticamente, cambiando su lugar para que Illumi saliera.

—Amigos míos, hemos de darle la bienvenida a nuestro hermano que ha sido iluminado con la máxima fuerza del conocimiento ¡Hay que festejar!

Aplausos y aclamaciones siguieron. Eran buenas noticias para los miembros de la hermandad, un nuevo poder había llegado hasta ellos. Algunos de los presentes condujeron a Illumi a un cuarto especial, indicándole que para la gran fiesta debía estar vestido de forma adecuada. Era un cuarto extremadamente lujoso y grande, repleto de ropas de varias tallas, accesorios, maquillaje en varias vitrinas y guardarropas. También vislumbró una zona con espejos y luces que decoraban el lugar, había una regadera y todo lo que necesitara para que él se preparara para su gran bienvenida.

«Es ahora el momento de elegir cómo hemos de lucir frente al mundo ahora que somos superiores» —dijo con orgullo el espíritu, dejando que fuera el Zoldyck quien escogiera la vestimenta.

Illumi revisó todo cuanto pudo, no sabía por dónde empezar, había tanto ahí que no podía enfocarse en algo concreto. Sombreros, trajes de gala, vestidos, máscaras, bolsas, joyería, y luego halló más trajes extravagantes de colores y adornos llamativos.

—¿Cuál es el punto de esto? —preguntó, él no era precisamente la clase de persona que prestaba atención a las modas, le bastaba con sentirse cómodo, no llamar la atención. Cualquier conjunto que le permitiera la movilidad para matar.

«Ya eres parte de esto, ¿te has dado cuenta? Sólo ve a tu madre y sus vestidos victorianos. Deberías buscar algo que demuestre quiénes somos nosotros, algo que te haga sentir que eres un verdadero Iluminado».

Respiró hondo, y visualizó detrás de unas túnicas negras, un traje verde, un verde esmeralda que sobresalía entre todo lo negro y lo tomó.

«Símbolo de virgo, el color oculto de Satán —le dijo con engreimiento—; excelente elección».

Illumi tomó un baño en ese cuarto, y se alistó para salir. Se tomó su tiempo. Cuando salió vio que habían cambiado las cosas, acomodaron las bancas para dar espacio a unas estatuas que colocaron como indicación del camino que conducía a la ceremonia, afuera la iglesia. Allí estaban distribuidas unas cuantas tarimas, mesas, sillas y una enorme fogata que se alzaba con fuertes llamas, música de clarinetes, arpas, laúdes y otros instrumentos sonaban tranquilamente mientras que la gente se acomodaba en las elegantes mesas.

En el centro y orillas divisó mesas atiborradas de botellas de muchas marcas y sabores, acompañados de sirvientes que preparaban bebidas de acuerdo al gusto de los invitados. Enseguida a la mesa central, encontró otra larga mesa rodeada de cocineros y personal que hacía comidas y postres, todo con tal de mantener a los invitados felices. Otros meseros llevaban todo tipo de drogas y medicamentos, venenos y algunas otras cosas que no supo identificar pero que veía que ciertas personas tomaban sin mucho alarde. Toda clase de excesos para su diversión. De eso estuvo seguro una vez que vio que entraban al lugar mujeres y hombres de apariencias llamativas, vestidos con poca ropa, una mujer subía a un escenario, arreglada vulgarmente disfrazada de coneja e invitaba a todos a acercarse, para escucharla cantar, y al momento de empezar su espectáculo a pesar de no estar tan relacionado con las cosas seculares, reconoció esa voz como la de una cantante particularmente popular en la actualidad.

La fiesta se animó. Luces, libertinaje y gente en todas partes, repartidos en las mesas conversando, bailando y hablando. Se sentía extrañamente atraído por ello, pero había tanta gente a su alrededor que no terminaba de sentirse cómodo.

—¿Dónde está mi madre? —se preguntó.

«Ella es una pecadora, no puede ser parte de la fiesta hasta que acabe su penitencia, seguramente está en el altar».

Buscó con la mirada hasta que dio con el dichoso altar, unas cinco personas estaban ahí de rodillas, con símbolos en las manos, aparentemente rezando. Luego advirtió que los niños que había visto antes, entraban de regreso y eran repartidos entre los sacerdotes y otras personas que parecían de una élite sobresaliente.

—¿Perdido en su propia fiesta? —Galileo le interrumpió sorpresivamente.

—¿Qué se supone que debo hacer?

—Eso es precisamente lo que nosotros queremos saber, de entre todos nosotros tú eres el ser con la libertad más grande —Illumi mostró interés en sus palabras y él lo condujo a su mesa, dónde se encontraba el Barón de R y otras personas que no conocía.

—¿Me explicarás el resto o yo tengo que averiguarlo?

—Ja, ja, claro que te explicaré —contestó alegremente, su personalidad arisca ya no era la misma repentinamente—. Siéntate.

Se acomodó en la mesa, la gente de allí lo saludaba alegremente como si fuera un gran honor tenerlo entre ellos y hacían traer más comida y bebidas al lugar. El único que no hablaba allí era el Barón, que en un principio Illumi no lo reconoció por su cambio de ropa y la máscara blanca que cubría todo su rostro.

—Todos los miembros de la hermandad buscamos la máxima iluminación, el conocimiento y libertad de todo, las ataduras morales, sociales y de cualquier otra índole quedan fuera de nuestra mente. El hombre ha sido marcado desde niño con una ética poderosa que se arraiga en su espíritu, reglas que no te permiten alcanzar el conocimiento puro ¿sabes por qué? Porque cuando te acercas demasiado a la verdad, te das cuenta que hay cosas que es mejor no saber y tratas a toda costa de evitar, si no le huyes por temor a los efectos, le huyes porque tus reglas sociales o morales no te permiten acceder a ello. El conocimiento debe ser completo, no sólo de arte, ciencia, filosofía, historia, matemáticas, también de aquello que creemos mal, el asesinato, el robo, control mental, sexualidad, y otras tantas cosas, por ejemplo, ve allá —señaló una mesa cerca— ¿Reconoces la gente que está allí sentada? —Illumi lo había visto, en la fiesta habían presidentes de algunos países, empresarios, mafiosos, y otras figuras importantes en el mundo, aquella mesa estaba llena de millonarios de diferentes países que simulaban conversar animadamente entre ellos— Ellos te pueden decir con precisión cuál carne humana es la mejor, la han comido en diferentes presentaciones, incluso ahora, eso que ves allí en sus platos es carne humana —Illumi no supo qué expresión hacer, encontró absolutamente repugnante aquello, pero a la vez, no quiso delatar sus emociones—. Esos otros, disfrutan los placeres del sexo abiertamente, podría decir que no hay cosa alguna a la que no hayan accedido, en este lugar hay gente de todas las edades, desde bebés hasta ancianos que están aquí para el servicio sexual de todos los invitados y sólo unos cuantos. Aquellos que han roto la barrera de la moralidad sexual, pueden acceder a ese conocimiento para compartirlo con todos —Illumi se dio cuenta que no había visto con tanta atención a su alrededor. Había toda clase de rituales, prácticas morbosas y obscenas ocurriendo mientras ellos hablaban—. Y tú, nuestro querido Illumi, tienes dentro de ti el conocimiento de grandes cosas a las que puedes acceder cuando quieras, además no hay práctica que resulte moralmente imposible para ti, sólo tienes que hacer que el hombre de la Y tome tu lugar, y dejar que él lo haga por ti, cuando vuelvas a ti mismo recordarás con pureza todo lo vivido mientras él ejercía tu puesto, lo recordarás exactamente como si tú mismo lo hubieras hecho y la honradez ahí no tendrá papel, podrás liberarte, podrías incluso ir y violar a tu madre sin ningún problema —varios en la mesa se partieron de la risa.

—¿Esa es la gran cosa? —respondió con desprecio y todos dejaron de reír.

—Pruébalo tú, estoy seguro que encontrarás algo con qué empezar. Luego sabrás que lo que te digo se volverá tan tentador como todo lo demás.

—Illumi —pronunció el Barón, dio un gran trago a su copa, llamando la atención de los comensales presentes— ¿Sabes que aún soy el único aquí que sabe tu deseo?

Illumi le respondió con su silencio, su mirada seria era una advertencia de que no debía difundir aquello.

—Te voy a dar un consejo, el único consejo que de verdad necesitas: no confíes en ese espíritu ni en nadie aquí, cualquier exceso es malo, sobre todo cuando es de poder. Quién sabe… A lo mejor con tanta libertad nos terminas regalando lo que más deseas para que nosotros lo disfrutemos.

Mensaje captado, Illumi aparentó que no había dado relevancia a esas palabras y el Barón se puso de pie.

—Me retiro, espero no volver a verte jamás, yo ya he tenido suficiente aquí.

El Barón se fue tan sorpresivamente delante de todos, que no hubo tiempo de discutir su huida; él estaba ahora en gran peligro al decir esas palabras en público. Los únicos que comprendían su despedida eran Galileo y Geppetto, su amigo había llegado a su límite de conocimiento, ya no podía cruzar más líneas de moralidad sin tener que recurrir a alguna práctica que empleara algún Nen ancestral para dominarle y tampoco pensaba hacerlo.

Luego de eso Illumi sintió la necesidad de ir a buscar a su madre, y sin avisar se marchó de la mesa, caminaba entre los bailes y veía con curiosidad todo lo que en cada área se efectuaba, prácticas de adivinación, juegos entre algunos amigos, reconociendo más caras, gente que alguna vez habían sido clientes de los Zoldyck, y otros tantos que le hablaban para invitarlo a formar parte de sus mesas.

«¿Qué harás ahora?».

—Buscar a mamá.

«¡¿En serio?! ¡Estás en nuestra fiesta de bienvenida y lo único que te importa es encontrar a tu mamá! Niño… te falta mucho por aprender. Seguramente ella ya no está en el altar, debe estar fornicando con alguien de por ahí».

—Cuida tu vocabulario.

«Ah descuida, es sólo sexo. Aquí el sexo es una forma de expresar tu unidad a la hermandad, no es como si estuviera engañando a tu papá, es sólo algo… natural».

—Sea como sea, no quiero ver a mamá haciendo algo como eso.

«Entonces ¿Qué harás? Deberías probar con los niños. Sabes, si vas a querer disfrutar a tu hermanito deberías esforzarte por tener algo de práctica. Debe haber un niño de ocho años por ahí, estoy seguro que sí».

—El único niño de nueve años que me interesa es Killua —corrigió—. Y no, será mejor que me vaya de aquí.

«Si no piensas seguir la fiesta, déjame a mí, yo te daré la experiencia que necesitas».

Detuvo sus pasos, en realidad se sentía harto de estar rodeado de gente, el ruido por todas partes, las orgías y demás cosas comenzaban a darle dolor de cabeza—. Has lo que quieras, sólo no te metas con mi mamá, no quiero sentir asco luego —lo último que escuchó fue una risa burlesca y el espíritu del hombre tomó su lugar.

La fiesta se extendió por tres días, entre excesos y ceremonias que se realizaron ahí. Illumi y Kikyo no permanecieron más que esa noche completa y a la mañana partieron de regreso a la montaña. No querían despertar sospechas por causa de su ausencia. Mientras ellos se iban, otros más llegaban. La fiesta, pese a que se hizo en una ciudad concurrida, no pareció ser notada por nadie, incluso en las noticias no se hablaba de ello. Lo más cercano era una serie de notas que afirmaban que los presidentes de determinados países se habían reunido para realizar acuerdos con empresarios importantes; esto acompañado de imágenes de los mencionados, bien presentados, en un salón pulcro, con todas las formalidades. Ciertamente incluso los dueños de las cadenas televisivas e importantes medios de comunicación, fueron parte de esa reunión, y por lo tanto cubrieron a la perfección toda la información.

Era el verdadero poder.

Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia.

Ahora sí, con respecto a lo que advertí: creo que ya se dieron cuenta que hace énfasis en cierto aspecto religioso. No quiero ponerle nombre a la religión, ¿por qué? Porque yo no creo que la religión sea la culpable de que cosas de ésta índole ocurran, yo creo que los verdaderos malditos, son esos hombres y mujeres que cometen actos horrendos como estos. Nunca verán que es Católico, Judío, Budismo, etc., porque es estigmatizar a todo un grupo de personas que no vale la pena señalar. El ritual aquí mencionado no es exclusivo de la iglesia católica, (por si se lo estaban imaginando), pertenece a varios otros grupos que practican estos mismos ritos. ¿Alguna duda o sugerencia? Soy abierto a escuchar sus palabras, no teman, no los señalaré.

Capítulo dedicado a Didier y Bridgit C. de la M. Sé que hay más personas como ellos, sé que sus padres fueron unos buenos para nada que merecen peores penas que las que ellos sufrieron cuando estaban con vida. Si hay alguien aquí que se sienta identificado, quiero que sepa que tiene en mi un apoyo con el que puede contar.

Y en cuanto a lo demás, ya sé... la historia comienza a tomar un giro loco (?) de verdad, no saben lo que les espera... Gracias Sasarious por tu mensaje, respondí en tu cuenta de ff . net

asdf: Jaja ese nombre fue gracioso, descuida, no cambiaré las fechas a menos que mi trabajo me lo impida, ahí si no tengo cómo ayudar *rubor* mmm... gracias por tu mensaje, fue muy lindo.

Un agradecimiento especial a Kalen, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.

Gracias a todos, nos vemos el 19 de febrero, ya comenzaré a trabajar en mi nuevo puesto, y no puedo asegurar nada, no por el momento, (pero ya saben, siempre venzo mis problemas) ¡Hasta luego! No olviden escribir.'.