Consultorio Obstetra.
-Al fin lo conozco doctor Swift. Soy Hatoko Tenoh –Hace una reverencia sin dejar de ver especulativo al pelirrojo.
No tiene complejos, pero que su hija se haya casado con un extranjero tiene enojado al cirujano plástico. Habría preferido que se quedara sola, o que regresara con Seiya antes de escoger a este pelo de zanahoria como marido.
-Es un placer conocer al padre de mi esposa –Pero el tono de su voz indica lo contrario. –Tome asiento…
-Tiene varias pacientes, así que seré breve. ¿Cómo está la niña?
-Está muy bien, su embarazo evoluciona satisfactoria…
-¿Es feliz con usted? –Lo interrumpe Hatoko.
-Lo es –Responde retador -¿A qué se debe el repentino interés?
-Siempre he estado pendiente de mi niña, solo que no estoy de acuerdo que haya cometido la imprudencia de casarse tan pronto. Con un matrimonio fracasado es suficiente.
Fiore lo mira imperturbable, aunque desearía fulminar al hombre mayor. Cuando vuelve a hablar, lo hace calmado, sin demostrar lo furioso que se encuentra.
-Le aseguro sobre la Biblia, que Haruka no ha llorado un solo día desde que nos casamos. Creo que demuestra que he sido mejor que su esposo anterior. ¿Cuánto tiempo pasó antes de que ella sufriera su abandono? – Observa a su colega apretar los labios. –Tengo más tiempo casado con Haruka.
-Eso lo veremos, quiero que los dos vengan a casa, sabré si es cierto al ver a la niña.
-Iremos solo si Haruka está de acuerdo, de ninguna otra manera. –Responde digno.
Se maravilla al ver a quien sacó el carácter férreo y terco su esposa. Además de parecerse mucho, Haruka y Hatoko Tenoh son dos testarudos cabezotas. Fiore ha aprendido a aceptar sus caprichos.
-¿Tiene su nuevo número? La guardiana de su asistente no me permite acercarme ni hablar con Haruka.
Fiore observa la imagen de la rubia en su escritorio. Suspirando toma el bolígrafo.
-Me meteré en problemas por esto –Escribe rápidamente –Pero no puedo negarle la petición –Le entrega el papel.
-Si le sirve de algo, abogaré por usted diciéndole a la niña que lo obligué bajo amenaza- Tranquilizándose, Hatoko lo guarda en el interior de su saco –Lo dejaré para que continúe con las consultas. –Haciendo una reverencia, sonríe de repente –Es un hombre íntegro Fiore Swift. Entré en su consulta intentando atemorizarlo o enojarlo, y sin embargo usted ha mantenido la entereza. Es una lástima que sea del otro lado del mundo.
Sale rápidamente, dejando al pelirrojo sorprendido…
Hospital General.
Amy sacude su nariz mientras espera en la farmacia a que le entreguen los medicamentos que le recetaron por la gripe que la aqueja.
En su malestar, piensa llamar a su jefa y decirle… no, mejor le ordenará que no se asome por la agencia durante una semana mientras se le pasa el malestar. Tenoh está paranoica con los cuidados excesivos a su embarazo. Si alguien carraspea, tose o estornuda, de inmediato la rubia se esconde en su despacho con la orden de esparcir ambientador en el piso y que todos se laven las manos. Nadie pasa a hablar con ella sin un tapaboca, cambiarse las pantuflas o limpiar sus manos con gel antibacterial.
Amy no la juzga.
Desear tanto un hijo para perderlo el mismo día que se enteró de su gravidez casi la enloquece. Haruka vio desaparecer sus sueños en un santiamén. Sin esposo, sin hijo y sin parientes, la rubia desechó todo en lo que creía y se dedicó a castigarse por todo lo que le había sucedido.
Más de una vez, al entrar a su despacho la escuchó llamarse torpe, no comía ni dormía lo suficiente. Con ayuda de la nueva protegida de la rubia, Amy logró convencerla para que recapacitara y diera vuelta a la página.
Lenta y paulatinamente, Haruka aceptó comer solo comida vegetariana, dejó a un lado los ejercicios extremos a los que sometía su cuerpo y tomó las clases de yoga que Amy le encontró en el edificio adjunto a la agencia.
La asistente tuvo que convertirse en su guardiana e impedir que el ex marido de la rubia se le acercara. Cambió el número personal de Haruka y filtraba todas las llamadas. A Yaten lo envió a trabajar directamente con Darien en las cuñas publicitarias donde solicitaban al pichón de doctor, como llaman al peliplateado en la Agencia, para impedir que se acerque a Haruka en caso que su hermano le envíe insultos o cuentas por pagar.
Amy opina que Seiya se casó con Haruka por su dinero. La exagerada retribución que ella transfirió a su cuenta y entregarle la Hummer para que firmara el divorcio se lo hace creer.
Nada de familiares ni ex, es el lema de la chica que pronto tomará el lugar de Haruka durante tres meses.
El embarazo sorpresivo fue lo que trajo paz a su jefa luego de tanto dolor. Amy aún se le hace un nudo en la garganta cada vez que recuerda a la invencible Haruka Tenoh postrada y sedada en la cama de la clínica.
-Aquí tiene –La farmaceuta la regresa a la realidad.
-Gracias. -Amy toma las medicinas, guardándolas en el bolso.
-Aquí dice que debe inyectarse en la próxima media hora –La mujer le entrega la copia de las indicaciones. –Suba a la sala de curas, allí la asistirán.
Asintiendo, la chica agradece nuevamente retirándose de la ventanilla.
-Si alguien piensa que me inyectaré –Susurra enojada - está muy equivocado –Camina apresurada hacia la salida. Suena su nariz ruidosamente –Malvada gripe, ¿Por qué rayos no le dio a ese pelafustán pichón de médico? Tal vez estornude en su rostro para que se le baje el tonito de galán barato.
Enfrascada en su monólogo, Amy se tropieza con un fuerte pecho envuelto en una gabardina marrón. El bolso abierto cae de sus manos esparciendo el contenido en el suelo.
-Perdone mi torpeza –La voz barítono la estremece. Observa el cabello castaño ligeramente largo en la nuca mientras los largos dedos recogen todo, le entrega el bolso y cada una de las medicinas –Estaba distraído y no la vi –Toma las inyecciones y las revisa –No se quebraron. ¿Quiere que la escolte hasta la sala de curas? -La chica va a negarse, pero al ver que el hombre se incorpora y la mira con los ojos color violeta más hermosos que haya conocido, asiente hipnotizada. –Sígame.
Silenciosa camina detrás de él.
-¿Te levantaron el veto? –Un médico le pregunta al hombre sin detenerse.
-Así es, voy a administración por la carta, aunque me asignaron urgencias durante un año en reprimenda.
El otro silba.
-Te deseo suerte, las guardias de treinta y seis horas no son fáciles.
-Lo se, pero es lo que tienen para mí si quiero que me reintegren mi plaza como estudiante de Neurología.
-La próxima vez que alguien te pida un favor, recuerda echarlo a patadas de la consulta.
Los hombres se despiden frente al elevador. Amy sigue tontamente al extraño abordando. Estornuda varias veces sin poder evitarlo.
El acompañante de Amy observa la nariz roja y los ojos llorosos.
-¿Puede darme las indicaciones del récipe? –Le pide él.
Amy hurga en su bolso.
-Por aquí debe estar. –Con voz ronca y congestionada responde.
-¿Cuántos días de reposo le…?
-No puedo, mi jefa…
-Si no quiere contagiar a todos sus compañeros de trabajo, incluyendo su jefa, debe tomar reposo de inmediato –Se abren las puertas y ambos salen, Amy apenas puede seguir al hombre alto –Tamy –Llama a una enfermera.
A la chica menuda de grandes senos se le ilumina el rostro. Acomodando el frente de su uniforme, se acerca voluptuosa.
-¿Si doctor? –Pregunta arrastrando las palabras.
-Asista a la paciente… -Lee el encabezado de la página –Mizuno, debe inyectarse de inmediato, y regresar en seis horas o alguien ir a su casa a aplicarle la próxima dosis.
La enfermera observa especulativa a Amy, sonríe al ver que la chica despeinada, nariz roja, ojos llorosos y piel pálida no es rival para ella, menos con ese pecho casi plano bajo el suéter.
-Deje todo en mis manos doctor, me encargaré de que ella esté bien asistida. Y si me permite decirlo, estoy feliz de que haya regresado. -Ronronea.
-Gracias, -Girándose hacia Amy –Señorita Mizuno, tenga sus medicinas. -Amy no se da por enterada. Observa aterrada como inyectan a un niño que llora y patea a la enfermera. La mandíbula le castañea -¿Señorita Mizuno?
Taiki apenas tiene tiempo de arrojarle las inyecciones a Tamy para sostener el cuerpo inerte de Amy…
Casa Aoyama.
-¿Está bien?-Atemorizada, Mei pregunta a su hijo.
-Si mamá, ella está bien.
Los reflejos de Seiya lo hicieron actuar, atrapándola por las axilas antes de que se diera de bruces contra el suelo.
-Hija, en tu estado no deberías caminar apresurada –Mei observa el rostro pálido de Haruka, la rubia parece estar en shock. –Acuéstala Seiya, ella no está bien –Ordena a su hijo.
Tomándola en brazos, el veterinario hace lo que su madre le dice. Haruka pesa más que la última vez que la llevó en brazos, pero es comprensible si se toma en cuenta que él lleva no a una sino a dos personas.
Mei le antecede y abre la puerta de la habitación de Seiya, se retira para darle paso, retirándose a la cocina, un te de tilo es lo mejor para Haruka.
El veterinario acuesta a la rubia en la cama, despojándola de las botas. Haruka se acomoda sobre su costado izquierdo, acurrucándose con los ojos cerrados. Abraza protectora su abdomen henchido.
Por actuar sin pensar, puso en peligro la vida de su bebé. Siente alivio y algo parecido a la felicidad al saber que su hija es también del único hombre al que ha amado hasta el grado de casi enloquecer cuando la abandonó.
-Haruka –Seiya se recuesta detrás de ella.
-¿Por qué me trajiste a tu casa? –Pregunta en un murmullo.
-No hallo sentido a nada sin ti. –Toca su hombro, intenta despojarla de la bufanda, pero ella la ase con fuerza.
-Recuerdo bien lo que me dijiste la última vez que estuvimos en el palacete.
-Estaba furioso…
-Me llamaste ramera, maldiciéndome antes de desear no haberme conocido. Te fuiste sin importarte que yo te suplicara, no me creíste cuando aseguré que te amaba.
Las palabras dichas con serenidad lo asustan.
-Mi amor…
-Luego, sabiéndome ebria, me llevas a la cama para demostrar con hechos lo fácil que puedo ser, haciéndome sentir sucia… -Su tono comienza a tornarse enojado -Todos estos meses quería arrancarme la piel por el asco de haberme acostado con un desconocido, avergonzándome al creer que había demostrado ser esa sucia y barata golfa que aseguraste que era.
-Haruka…
-Y resulta que siempre estuviste riéndote de mí, a mis espaldas. ¿Tu familia y mis padres celebraron mi nueva estupidez? No aprendo a detectar las trampas.
-No es así. Todos estos meses quise acercarme a ti, comenzar de nuevo…
-¿Para qué? ¿Para gritarme cada vez que te enojaras, recordándome que te había robado la clínica al manipularte a mi antojo?
Seiya aprieta los dientes, evitando gritar de frustración. Tiene que ser comedido si no quiere que Haruka lo mande a freír espárragos.
-Akane te necesita a su lado, está enferma. –Decide cambiar el tema.
La rubia ríe irónica.
-Si, claro.
-Es cierto…
-Cambien el discurso, ya conozco ese tema.
Seiya suspira cansado.
-Cada día está más débil, no sale de la depresión en la que cayó después de que perdieras al bebé y no regresaras a la casa. –Haruka no habla. Parece estar escuchando. Es un punto a favor del moreno –Si fuera mentira no te lo estaría diciendo. Ya fuimos presas de una falacia, no deseo repetir la experiencia.
Haruka gira suavemente para verlo a los ojos. Abre la boca, cerrándola de inmediato. Estudia al moreno, tratando de hallarlo en la mentira.
Mei entra con una bandeja que contiene la tetera, dos tazas y un plato con galletas. No le parece correcto que Seiya esté recostado junto a Haruka. La rubia está casada con otro hombre y a él le debe respeto. Pero es la vida de su hijo. Solo espera que no cometan alguna locura como el adulterio.
-¿Es cierto? –Escucha a la rubia hablar con la voz atormentada -¿Mamá está verdaderamente enferma?
-Así es, no hace más que llorar y se niega a salir de su habitación, ni siquiera tu padre logra hacer que se alimente bien, solo Usui la obliga a ingerir algo por las mañanas.
Silenciosa, Mei se retira, cuidando de no cerrar la puerta. Seiya ama tanto a Haruka que no le importaría saltarse algunos mandamientos…
Consultorio Obstetra.
Confabuladas, las chicas han intercambiado las identidades. Serena dijo que su medio hermana, se estaba haciendo pasar por ella para que sus padres culparan a la inocente.
Confundida, la enfermera de Fiore hace la corrección de los nombres antes de darle el expediente a la paciente. Mina y Serena entran a la consulta.
De inmediato, la rubia más pequeña descubre la fotografía de Haruka.
-¿Conoce a Tenoh? –Pregunta sorprendida.
El obstetra ladea la cabeza.
-Es mi esposa.
Mina suspira.
-Así que eres el culpable de que papá esté llorando por los rincones. Cuando la payasa se divorció, él creyó que era su oportunidad de convertirla en mi madrastra.
Enderezándose en su asiento, el pelirrojo amenazador mira a la chica.
-¿Cómo llamaste a mi esposa?
Mina asustada abre enorme los ojos.
Serena hace una reverencia.
-Perdone a mi hermana –Fue la excusa que dieron afuera para que las dejaran entrar juntas. –Ella es una enorme bola de imprudencia, y cada vez que rueda, recoge una gran cantidad de tonterías, como su vida misma. -Suena su teléfono, indicando un correo nuevo. -Disculpe. -Se retira a leer, sorprendiéndose de saber que ya tiene una respuesta a su solicitud.
El hombre se describe como lo mejor del mundo, joven, viril, paciente, cariñoso, dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance para satisfacerla. Alto, ojos azules, cabello oscuro, delgado pero con suficientes atributos.
Serena se muerde el labio inferior. Podría ser gay y busca alguien que lo encubra. Es lo único que se le ocurre si ese hombre dice ser tan guapo y aún así se inscribe en esa absurda página para buscar pareja.
Otro correo llega a su buzón, El pretendiente tiene más de cuarenta años. Arrugando el ceño, lo descarta. Va a descartar al gay también, pero su dedo se resbala en la pantalla, apretando sin querer "aceptar".
-¿Pasa algo? –Mina la llama al escucharla gemir de impotencia.
-No es nada, concéntrate en el doctor –Ordena, busca cómo resarcir el error, pero una vez aceptado, se estipula el encuentro para las próximas veinticuatro horas. –Ahora si que estoy atrapada.
Fiore abre el expediente, no sin antes darle una mirada enfadada a la pálida paciente.
Interrogándola llena los renglones, deteniéndose al escuchar su edad. Silencioso piensa que si su hermanita de dieciocho años hiciera algo como lo que su paciente hizo, de seguro le daría una tunda.
-(¿Pero cómo no va a ser así, si acaba de decir que su padre solo corretea detrás de mi esposa?) –Se pregunta celoso. Nunca ha puesto un pie en la Agencia de Publicidad, pero va siendo hora que conozca dónde y como trabaja Haruka, de quiénes se rodea y cuántos hombres suspiran por ella. -¿Dice que tiene un atraso y por eso cree estar embarazada? –Pregunta a la chica.
-Me hice un test de embarazo –Restregando sus manos, Mina responde.
-Salió positivo. –Serena la secunda.
El médico asiente. Aprieta el intercomunicador.
-Señorita Kino, puede venir. -De inmediato, la enfermera ingresa al consultorio. –Asista a la señorita Tsukino para una ecografía.
Serena va a seguir a la enfermera, dándose cuenta que hablan de Mina.
-(Cielos, tendré que concentrarme) –Piensa ruborizada. Observa a Fiore encender el ultrasonido. –Su esposa es una mujer digna de admiración –Comenta. –Hizo la campaña de nuestra franquicia en tiempo récord y contra todo pronóstico. Min… mi hermana, le puso muchas trabas para molestarla, pero Tenoh siempre sobrepasaba sus expectativas.
-Lo se –Sonríe cordial -Mi esposa es única. -Ataviada con una bata, Mina regresa. Acuéstese sobre la camilla por favor. –Obediente, la chica ocupa su lugar. Lita coloca una sábana desechable sobre las piernas antes de levantar la bata, dejando al descubierto el abdomen. –Sentirá frío, pero es normal –Fiore esparce gel. Serena se acomoda junto a Mina, rogando que sea solo un susto. –En efecto, está embarazada de ocho semanas –Congelando las imágenes, procede a medir el cráneo y el fémur.
Emocionada, Serena aprieta la mano de Mina. Esa criatura es tan pequeñita, tan indefensa. Mira conmovida a su amiga, solo para descubrir que la chica no observa la pantalla. La tonta llora desilusionada.
-Yo no quería…
-Tranquilízate.
-¡No quiero tenerlo!
-¡Ya hablamos de esto! –Serena pierde el honor de su nombre.
-¡Yaten me engañó!
Sujetándola por el cabello con fuerza, Serena le habla al oído.
-¡Tú te engañaste! ¡Te dije que ese rufián estaba con otra y te hiciste la vista gorda!
Fiore y Lita están impresionados. La más pequeña parece una madre traicionada.
-Señorita… -Lita, toca a Serena para que suelte a Mina, la chica llora de dolor.
-Callarás, fingirás ser feliz, y cuidarás del bebé o te juro que te arrepentirás toda la vida de no haberme escuchado. –Ignorando a Lita, Serena continúa. Aflojando el puño que sujeta el cabello de Mina, observa al pasmado doctor. -¿Es seguro viajar en avión estando embarazada?
-Lo recomiendo después de las doce semanas…
-Tiene que ser antes. -Impaciente lo interrumpe –Nuestros padres no pueden enterarse de su deshonra.
Rascando su mentón, Fiore la mira pensativo.
-Luego de que le realice los análisis correspondientes, le responderé. -Quitándose los guantes, los desecha antes de regresar a su escritorio. –Mañana regresará para la citología, por lo pronto, bajen a Bioanálisis y entreguen esta orden. –Escribe Urgente en letras grandes –Y por favor, no cometan ninguna locura.
Mina seca sus mejillas.
-Puede cambiar su ropa –Lita le dice.
Serena se mantiene imperturbable ante la mirada censuradora del galeno. Piensa que no tiene escapatoria y que debe asistir a la cita a ciegas. Solo ruega que el pelafustán de veras sea gay y que la odie nada más verla.
Lejos de allí, en su trabajo, un hombre celebra la respuesta a su correo…
