Estos capítulos *llanto* yo sé que no leen las notas de autor, así que no puedo pedir mucho.
Ya quiero que comience la diversión otra vez...

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93 en Babel

Capítulo 2

Gotoh dominó su expresión. Encontró hiriente que el pequeño a quién había visto crecer y servido felizmente durante esos cortos nueve años, usara tal lenguaje que denotaba que ya no era un simple niño, el cual despertaba a la realidad; ya no bastaría decir lo que fuera para satisfacer su curiosidad. La peor parte de estar en una situación como ésta, era que Killua exigía algo a lo que una persona —fuera quien fuera— tenía derecho: conocer la verdad; esa realidad en la que le usaban, aprovechando su debilidad e inocencia para conseguir sus metas. Gotoh sabía de antemano que su joven amo, a lo largo de su vida, había sido controlado por Illumi. Pese a que el niño era amigable y no daba problemas, nadie se acercaba libremente a él porque el morocho siempre estaba al acecho. Estaba limitado a causa de su posición en la casa, su deber como mayordomo de los Zoldyck.

Lo que vieran y oyeran en esa casa, sin importar cuán injusto fuera, estaba absolutamente prohibido intervenir. Gotoh se estremeció por su falta de poder. Estimaba a la familia Zoldyck, se enorgullecía de sus amos, incluso él podía lidiar con Kikyo sin sentirse intimidado. Era sencillo hasta que llegaba el hermano mayor; ahí sólo se hallaba terreno oscuro e impenetrable. Un muchacho que no podía empatizar con nadie, y tampoco buscaba la empatía de los demás, añadiendo su formación como un asesino y sus habilidades incuestionablemente escalofriantes.

—Lo lamento.

Se disculpó con una reverencia a la petición del albino, cargaba con el peso del deber en sus hombros. Anhelaba ayudarlo, que contara con él y a la vez no había mucho que pudiera hacer. Las cosas no se arreglarían sólo porque él intercediera un poco, de hecho podrían ponerse peor.

Killua se le quedó viendo. Gotoh tenía una sincera expresión de arrepentimiento por culpa de la presión que él ejercía con tal de sacar la información solicitada. No obstante, no era falta de Gotoh que sus emociones estuvieran descontroladas; entendió que el mayordomo vivía limitado por las reglas de la casa y si lo forzaba demasiado, lo terminaría metiendo en un serio problema.

—Está bien —murmuró aún molesto—, no es tu responsabilidad, ve por Illumi, yo mismo le sacaré la verdad.

—Sí, como ordene.

El trabajador deseó con todo su corazón que lo lograra, que Illumi dejara de tener tanta autoridad sobre su hermano, y comenzara a servir para algo que no fuera su propia vanidad. Killua merecía saberlo todo.

Illumi llegó tan pronto como se enteró que Killua estaba despierto, tuvo la urgencia de saber si había efectos colaterales en el pequeño, aunque la malla que él había elaborado resguardó del peligro al niño y había pocas posibilidades de que hubiera un daño que lamentar. Sabía que el cerebro era una cosa que no podía tomar a la ligera.

—Kil —le llamó en cuanto entró al cuarto.

—¿Qué me hiciste? —un iracundo niño le recibió.

—¿De qué estás hablando?

—¿Una tercer bala? Ja, no estés jugando conmigo. No hubo tal cosa, ¿qué querías hacerme?

—¿Estás delirando? Seguramente no lo recuerdas, pero una tercera bala entró por tu nuca —Illumi estaba sorprendido. Era la primera vez que Killua parecía sospechar de algo oculto en su cuerpo.

—No estoy alucinando, fuiste tú y tus habilidades. Algo estás tramando, lo sé.

—No tengo tiempo para esto —se dio la vuelta fingiendo enojo.

Él espíritu estaba haciendo mofa de sus acusaciones y luchó por contener la reacción que quería tomar contra el pequeño. Últimamente era ése su más grande problema. El espíritu de la Y quería tener autonomía sobre su cuerpo, y constantemente salía a la realidad cuando cualquier cosa perturbaba la tranquilidad de su anfitrión, siempre excusándose de que él haría un mejor trabajo. Se había pasado las últimas semanas remarcándole su inutilidad para ciertas cosas, que podría hacer su trabajo de mejor forma.

—¿Entonces para qué carajo vienes hasta aquí? Aniki, quiero respuestas y las quiero ahora —y el tono de voz había sido suficiente para que el espíritu despertara de forma violenta.

—… —pero el mayor no respondía porque dentro de él sostenía una lucha por contener el poder de su Nen oscuro, negándole el control.

—No soy tonto. Por mucho tiempo me he dejado manipular por ti, pero ya no lo voy a permitir. Sólo admite la estúpida cosa que me hiciste esta vez y con eso me daré por satisfecho.

—No te hice nada —afirmó respirando hondo, tratando de sonar natural—. Te dispararon en la cabeza por no poner atención y te traje hasta aquí para que te operaran.

—¡En dónde está ese doctor! No tienes pruebas de nada de lo que dices e insistes que soy yo quien alucina.

Se dio la vuelta de nuevo, para encararlo.

«Ni siquiera puedes ganarte la confianza de un niño de nueve años. Eres un asco Illumi» le dijo el espíritu, remarcando lo evidente.

—Si no me crees a mí, traeré a papá para que él te diga…

—No —interrumpió—, seguramente a él también le has engañado para que siga tus juegos.

—Kil…

—Cállate, haces mejor no alegando más estupideces que mintiéndome.

Si tan sólo Illumi hubiera sido un muchacho normal, esto hubiera tenido otro resultado, pero ante tal compleja situación no sólo no sabía cómo reaccionar, sino que, debilitado por las constantes humillaciones de la entidad, llegó a la inmediata conclusión de que él no podía con esto y dejó el lugar al espíritu de la Y. Una oscura sombra recorrió el cuarto, seguido de una potente sed de sangre que fluyó desde el cuerpo de Illumi. La aguja emitió la señal de peligro inminente, y Killua entendió que había cruzado el límite.

—¿Así de silencioso te gusta? —su rostro mostró una expresión infrahumana. El control sobre la aguja comenzó a ejercerse, su poder sobre el niño era tal que sudaba en grandes cantidades.

Killua entró en pánico. Sus piernas temblaron y retrocedió instintivamente hasta quedar completamente pegado a la pared, ni siquiera pudo emitir sonido alguno que expresara cuánto le afectaba estar en presencia de aquel ser.

—¿Acaso no te das cuenta que no puedes enfrentarme? —continuó hablando y caminó hacia él.

La reacción inmediata de Killua fue de sostener su cabeza para protegerse de lo que viniera, a la vez que todo su cuerpo convulsionaba, intentando escapar de algún modo y contradictoriamente permanecer en presencia de su hermano. Su vista se nubló y las lágrimas no se hicieron esperar.

—Si no puedes enfrentarme, sólo te queda obedecer y callar. No tientes más a tu suerte Killua, las cosas siempre pueden ser peor —burlescamente fue subiéndose a la cama, la presencia de su Nen recorrió el cuerpo del menor que luchaba por sostenerse consciente.

Ani… —y antes de que pudiera terminar la palabra, se desmayó.

—¡Ah, qué problema! Illumi se pondrá sentimental —desdeñó la entidad maligna.

Ese momento de su vida quedó grabado en la mente del menor como una prueba de que debía andar con cuidado cuando se trataba de Illumi y no confiar. A pesar de que el espíritu de Nen reconoció que abusó de su habilidad sobre el niño, Illumi no quiso regresar a la consciencia real, así que Killua tuvo que batallar con la sofocante personalidad de su hermano.


El espíritu de la Y no sólo aprovechaba cada momento para aplastar la dañada autoestima de su anfitrión echándole en cara que era un tipo demasiado sensible y tonto para relacionarse con la humanidad. Se daba el lujo de atormentar a Killua durante los entrenamientos, haciéndole ver quien mandaba, usando sus habilidades Nen para mantenerlo en un estado de pánico hasta cansarlo y forzarlo a hacer lo que quisiera. Por supuesto, le beneficiaba mantener a Illumi en ese estado.

Para Illumi el lazo emocional que tenía con su hermano menor era muy fuerte como para resistirlo, siendo que no se lo había buscado, al contrario, toda su vida trato de librarse de este tipo de ataduras, pero con ese espíritu alimentándose de su inocente deseo, lo que había comenzado como un estable sentimiento de hermandad, ahora era un desastre de emociones que le debilitaban. Illumi optó por huir de sí mismo para no tener que lidiar con esas condiciones y ahí el espíritu encontró su debilidad. Se mantuvo atormentándolo, usando el rechazo de Killua a su favor. De esa forma podía mantener oculto a su portador y tomar el lugar en el exterior que tanto ambicionaba. Cierto que el monstruo de Nen sentía todo lo que Illumi le trasmitía, pero no le importaban sus sentimientos, fue fácil pretender que Killua no era relevante, y la ventaja más grande que tenía era que al conocer todos los sentimientos por los que pasaba su portador, sabía qué cosas desencadenaban emociones depresivas que lo mantenían atado a esa oscuridad.

Killua estaba por terminar su entrenamiento con armas de fuego, había dominado rápidamente todo lo relacionado, sólo le quedaba emplear el conocimiento en la forma en que su padre ordenaba. Después de cada entrenamiento, era usual que acompañara a alguien para verle realizar lo que él luego haría, así hasta que se le permitiera hacerlo. Primero asistido por alguien más y cuando tuviera las cosas claras, sería su turno de hacerlo solo. De modo que Killua dominaba todo lo que se le enseñaba a la perfección.

A base de pruebas dadas por su abuelo terminó por aceptar que por culpa de su descuido había recibido una bala en la cabeza y gracias a ello, se tornó más cuidadoso y observador con las armas; sin embargo, no quiso disculparse con su hermano por su acusación. Continuó sosteniendo que Illumi le hacía algo que lo mantenía doblegado, quizá no tenía pruebas, pero su instinto se lo advertía.


—¿Sabes cuál es tu problema Kil? Que eres demasiado sentimental, ya viene siendo tiempo de que te controles.

Repentinamente, un día el monstruo de Nen decidió que Killua no debía ser el mismo niño expresivo que siempre había sido. No porque en serio hubiese pensado que eso era lo mejor, sino porque simplemente le dio la gana de experimentar con él y ver los resultados.

—No pedí tu consejo aniki, termina la clase o déjame en paz —pero Killua se había vuelto más agresivo, no contemplaba en sus planes el dejarse vencer. Quería oponerse a pesar de que Illumi tenía esa feroz arma para controlarle.

—De cualquier modo no es un consejo. Fue mi error expresarme así, quise decir, Alluka y Kalluto ya no requieren de tus expresiones, así que tomaré medidas para ayudarte en tu nueva enseñanza.

—Ya deja tus… —una mano en su boca detuvo sus palabras, la fuerte presencia de su hermano le recordó con quién estaba hablando.

—De ahora en adelante sólo tendrás una hora para visitarlos y te comportarás como es debido, si no atente a las consecuencias —Killua tembló, no sólo por el temor que le provocaba su hermano, también porque su subconsciente estaba recibiendo un mensaje oculto a través de los globos oculares de su hermano.

Soltó al niño y éste cayó de rodillas contra el suelo, vomitando por la presión emocional que le ejercía.

Killua estaba harto. Siempre que Illumi le hacía algo como eso terminaban pasando cosas que él no quería que ocurrieran, como diciendo mentiras, rechazando la compañía de los mayordomos que comúnmente aceptaba cerca; siendo grosero con Alluka y Kalluto, hasta terminar en peleas absurdas con quién fuera. Estaba llegando a su límite y no era libre de quejarse con nadie, ya que por alguna razón desconocida, creía que si acusaba a Illumi con su padre, éste no le creería y sólo empeoraría su situación. Por supuesto, no tenía fundamentos para pensar así; en cuanto Illumi se volvió ese ser oscuro, con un humor extremadamente inestable, se habituó a pensar que lo peor siempre estaba a punto de ocurrir.

Era parte de los experimentos que el hombre de la Y hacía constantemente con Killua, en un esfuerzo por comprender todas las habilidades de su anfitrión, combinadas con su poder de Nen, no escatimaba en el daño que estuviera ocasionando al albino. A pesar de sus esfuerzos por mantener a Illumi oculto, aún no hacía una completa simbiosis con su portador, así que llegado un tiempo, tenía que dejarlo salir para recargar energías. Trabajó para garantizar que una vez que dejara a su anfitrión fuera, éste no deseara quedarse por mucho tiempo en el exterior, y terminara por volver a la oscuridad. Logró convencer a Illumi que estaba haciendo un buen trabajo con Killua, apartándolo de todos, reservándolo para él y mantener al niño a salvo. Siempre argüía que sabía lo que hacía, que los mensajes que mandaba a su mente eran parte de un elaboradísimo plan para asegurar que en un futuro Killua accediera a estar junto a Illumi por siempre. Dado que Illumi estaba ya atontado por el ente, con un deseo aumentando y cegando su razonamiento, era difícil evitar su caída.

Illumi regresaba cada vez que tocaba llevar a Killua a las misiones donde él aprendería a hacer el trabajo que le correspondería realizar. El cambio era evidente, tanto para Killua, como para quienes les asistían. En esos momentos Illumi era más receptivo a los comentarios del peliblanco, se volvía excesivamente halagador y paciente, sin mencionar que su aura era más ligera, lo que hacía que quienes le rodeaban se sintieran más confiados al estar a su lado. Incluso Killua perdía el miedo, y lograba concentrarse en observar a su hermano mientras hacía el trabajo. En ocasiones llegaba a sentir nostalgia al recordar los momentos en los que su hermano y él no habían tenido una mala relación, añoraba eso, esa cálida compañía.

Las misiones eran un poco más complejas. Ahora no tendría que esperar a que su objetivo estuviera aislado, debía aprovechar cualquier momento, sin importar si era un lugar público, sólo bastaba con pasar inadvertido. Esto implicaba que se encontraría en medio de tiroteos ya que las mafias solían contratarles para contraatacar en situaciones de emergencia.

Killua observó atentamente a su hermano. Illumi tenía una destreza tal que era evidente su experiencia en el campo. Hacía lucir tan fácil su trabajo, sin temor a las balas ni a salir herido, acababa con sus enemigos en un instante, sin cometer ningún error. Tal y como esperaban que el heredero hiciera.

—Kil, cuando sea tu momento, verás que todo el entrenamiento tuvo sentido.

—Sí —asintió, y luego le llamó, en esos momentos tenía otra cosa en mente—. Aniki, la siguiente semana es el cumpleaños de Alluka, ¿crees que pueda estar de regreso para ese día? —No albergaba muchas esperanzas, sólo preguntó para asegurarse de que lo dicho antes sobre pasar una hora con sus hermanos, iba muy en serio.

—Mmm —lució naturalmente pensativo, no como si fuera a contestarle una ironía o que se hubiese molestado con su pregunta—, si no nos detenemos a descansar hoy, ni mañana, seguramente sí, ¿quieres que nos demos prisa?

—En realidad sí quiero.

—Vamos, pues.

Eso le resultó muy extraño, contradictorio por sobre todo. Era otra de esas cosas que había notado, en ciertas ocasiones, Illumi solía ir en contra de sus propias decisiones y amenazas. Parecía como si en la vida, nada estuviera decidido. Una parte de él le prohibía ser una persona normal, y la otra era su hermano mayor tolerante que le dejaba ser libre. Ante estos cambios lo mejor era no confiarse, ni dejarse engañar, Illumi seguiría siendo aquel ser que tanto le confundía.

Los pasados días estuvo asistiendo al morocho y había llegado el tiempo de que se involucrara un poco más, siguiendo las instrucciones de su hermano sobre el trabajo que le correspondería hacer. En esta ocasión su hermano sólo mediaría en caso de que cometiera algún error. Estuvieron trabajando con ese método durante cuatro días más antes de regresar a la montaña. Illumi alegó que era mejor regresar y descansar, antes de que terminaran más fastidiados y que cumpliría con su promesa.

Killua se lo agradeció, el problema fue que a un día de regresar a la casa su hermano volvió a ser ese ente de oscuridad. Ese día juró que la montaña estaba maldita y la señaló como la responsable de todas sus desgracias. Ya no era un niño inocente como antes, entendía que su hermano lo vigilaba aun si él no podía notarlo. Cuando vio que Illumi estaba demasiado cerca durante su hora de descanso, mientras jugaba con su hermana, comprendió que aplicaría la nueva regla del tiempo medido, y que sería forzado a pasar más tiempo con él.

—Alluka, sígueme —le indicó en secreto cuando escuchó sus pisadas cada vez más próximas. Se molestó porque sólo había estado quince minutos con ella y ya le estaba acosando.

Illumi se movió como una sombra entre los árboles, dejándose notar a propósito para demostrar su poder.

El albino siguió conduciendo a Alluka entre la montaña, intentando deshacerse de él hasta que se desesperó y la cargó en sus brazos para correr más rápido. Su acosador aumentó el paso para mantenerse a una distancia constante, y mostró una amenazante aura que sólo distrajo al más chico.

El albino comenzó a sudar de nervios, su mente se nubló de ideas y tuvo que detenerse. Con su respiración agitada, volteó a todos lados hasta que reparó en que Illumi no se había distanciado de ellos.

—Alluka —llamó a la niña, intentando calmarse—, por favor escóndete detrás de este árbol, yo hablaré con Illu-nii —como era de esperarse, al principio a la niña no le pareció buena idea, pero finalmente accedió dado que no deseaba dar problemas a nadie.

Killua se dio la vuelta una vez que se aseguró que su hermana estuviera oculta, sabía que eso no serviría de mucho, no obstante, no quería que ella lo viera alterado frente a su hermano mayor.

—¡Aniki, ya basta! —gritó desesperado.

La sombra de Illumi se detuvo, pero siguió ahí cerca oprimiéndole con su poder.

Aniki, ya…, déjanos en paz.

Salió entonces de su obvio escondite y caminando lentamente hacia el niño pronunció:

—¿Dejarlos en paz? No les estoy haciendo nada.

Aniki, dijiste que me dejarías estar con Alluka en su cumpleaños.

—Yo dije que estaríamos aquí para este momento, no que te dejaría romper la regla de la hora.

—Pero es una fecha especial —insistió angustiado, sus palabras se trababan y le restaban seguridad.

—¿Fecha especial? Es sólo un cumpleaños.

Se dio cuenta que Illumi no iba a ceder, y sintió un dolor profundo. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener sus lágrimas de desilusión.

—Por favor —tartamudeó y bajó la mirada.

—Ven aquí —Illumi ordenó y Killua con pasos dudosos obedeció—. No te haré nada, sólo ven.

Una vez que lo tuvo a una distancia considerable, se arrodilló frente a él. El espíritu del Y estaba disfrutando demasiado su poder sobre el niño, había descubierto un placer inexplicable en someterlo y subyugar a su vez a su portador. Se había dado cuenta que tenía no sólo poder sobre ellos, sino sobre cualquier otra persona.

—Sabes lo que es un favor, ¿verdad? —le preguntó y Killua asintió con la cabeza—. Los favores se pagan, no son gratis y si yo te dejo hacer lo que quieras, también pediré algo a cambio, ¿entiendes?

Aniki

—¿De acuerdo? —interrumpió antes de que pudiera quejarse.

—Sí.

Puso su mano sobre el pequeño rostro del niño y acarició su mejilla, para luego deslizar su dedo pulgar sobre los labios del menor.

—Y yo pido tan poco —susurró pronunciando las palabras con lentitud—, muy poco a cambio.

De una manera inexplicable Killua sintió por primera vez que algo en esas caricias no estaban bien. Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza e inconscientemente retrocedió para protegerse.

—¿Qué pasa Kil? Soy yo —lo tomó de la muñeca para detenerlo y volver a acercarlo.

—L-lo sé —todo su cuerpo se puso tenso, no comprendía porqué repentinamente no podía aceptar las caricias de su hermano siendo que antes no le habían causado ninguna incomodidad.

Illumi soltó su muñeca para deslizar sus dedos por el brazo del pequeño hasta llegar a su cuello mientras que su otra mano lo sostenía por la cintura. Killua deseaba apartarse, y resistió cerrando los ojos fuertemente.

—¿Y-y qué es lo que vas a querer? —habló tan rápido como pudo para cortar ese momento incómodo.

—Tranquilo —soltó una risa que hizo que el albino se sintiera ofendido—. Es algo muy simple, en realidad, no es nada comparado con lo que tú quieres a cambio.

—Sólo dilo, ¿quieres?

De nuevo rio, el hombre de la Y estaba disfrutando como nunca antes las reacciones del niño. Se preguntó incluso por qué no lo había visto de ese modo antes si el mismo Illumi no podía evitar sentirse así cuando estaba con su hermanito. Killua era un niño adorable y en ese estado incómodo, sonrojado por los nervios, era aún más atractivo

—Un beso.

Killua abrió los ojos con sorpresa.

—¡¿Qué?! Debes estar loco aniki —reclamó intentando alejarse de su hermano, pero Illumi lo tenía fuertemente sostenido y no le permitió alejarse.

—No es gran cosa. Te dejaré estar libre este día y no te vigilaré, sólo es un simple beso. Hace mucho que no me das un beso, ¿sabes?

—Porque era un bebé y no sabía lo que hacía —se excusó.

—Un beso en la mejilla a cambio de dejarte ir este día, ¿es mucho?

Killua se detuvo a pensar. Alluka lo esperaba, y en realidad tenía tantas ganas de pasar el tiempo con ella que tuvo que reconocer que aquello que pedía Illumi no era tanto comparado con todo lo que podría hacer el resto del día para olvidarse de ese incómodo incidente.

—De acuerdo —suspiró—, pero será rápido y es todo.

—Perfecto —sintió como el niño temblaba de nervios y lo tomó por ambas manos para acercarlo y ofrecerle la mejilla.

Killua cerró los ojos para evitar cualquier imagen que pudiera quedar guardada en su memoria. Tomó tanto valor como pudo y sin pensarlo más, dio un veloz beso en la mejilla de su hermano.

—Ya, ya, suéltame —agitó los brazos para que Illumi le dejara ir.

Killua estaba completamente rojo de vergüenza, pero agradecía que Alluka no hubiera visto todo aquello. Vio la sonrisa orgullosa de su hermano mayor y su estómago se revolvió, detestaba que Illumi saliera ganando en todo, aun cuando sólo había sido un leve roce de sus labios, lo que Illumi disfrutaba eran sus reacciones y eso lo comprendía.

—¿Lo ves? No es mucho lo que pido.

—Sí, sí lo que sea. Ahora vete.

—Como gustes —dicho eso, desapareció de ahí sin dejar rastro de su esencia.

Fue hasta ese momento en que Killua descansó y corrió a buscar a su hermana.

Alluka estaba sentada, recargada contra el árbol mientras cerraba los ojos y se tapaba los oídos. Tuvo que tocar su hombro para que ella se advirtiera que ya estaba él de regreso.

—Killua.

Sólo que descubrió que quien abrió los ojos, no era precisamente su hermana.

—Hola —le sonrió amablemente—, estuviste cuidando de Alluka, ¿verdad?

El ente sonrió y confirmó con la cabeza.

—Ella estaba asustada, pero ahora ya está tranquila, esperándote.

—Todo está bien —tomó la mano de Alluka—. ¿Podrías dejarla salir? Hoy es su cumpleaños y me gustaría que festejáramos juntos su día.

—¡Sí!

El espíritu de la Y e Illumi aún no estaban completamente fusionados. Mantenían un acuerdo para intercambiarse a voluntad de forma imperceptible, sin embargo, el cuerpo de su anfitrión no soportaba por mucho tiempo que un ente de Nen tan poderoso lo controlara. Agotaba sus energías, era menester que Illumi regresara a ocupar su cuerpo para su recuperación. El espíritu averiguó el límite que poseía y así no dejar totalmente fuera de combate a su anfitrión como las primeras veces. Apenas notaba los rastros de debilidad, dejaba el lugar a su dueño, justo para que sólo requirieran de unas horas de descanso para estar nuevamente listo. Además aprendió a obtener energía de todo lo que le rodeaba con sólo repasar dentro de sus memorias antiguas. Le bastaba con realizar algunos mudras para mantenerse fuerte por un poco más de tiempo que su límite natural. Tales mudras los realizaba cuando se encontraba con sus mayordomos o sus hermanos, de ellos podía absorber mucha más energía que de las personas normales y recuperarse velozmente. Esta práctica no era precisamente nueva en los Zoldyck, por ello no obtuvo objeción alguna cuando comenzó a realizarla, salvo que los Zoldyck no acudían a tales métodos en presencia de la propia familia. Lamentablemente esta regla no le era conocida y por ello era justificable su falta de control.

Illumi se marchó hasta dónde sabía que encontraría a Milluki, la única persona que era capaz de observar lo que ocurría en todas las áreas de la mansión, sin tener que usar técnicas para ocultarse. Pero Killua no era tonto, si se descuidaba, el niño descubriría que rompió su acuerdo de no vigilarlo por el resto del día. Decidió que sin importar lo que viera tras las cámaras de Milluki, no sacaría nada de ventaja de ahí. Sería un simple espectador.

Milluki lo admiraba tanto que hacía de todo por llamar su atención. Como no tenía un gran talento para el arte del asesinato, se esmeraba como era posible por ganarse los halagos de su familia, haciendo algo que nadie más podía hacer, ser un experto informático y electrónico. Sin embargo, a pesar de que en ocasiones se le agradecía por su labor, no era tomado con la seriedad a la que aspiraba. Era más bien tolerado porque no estaba simplemente de ocioso en casa, pero no se le ordenaba lo mismo que al resto de sus hermanos.

Al mayor de los Zoldyck le venía importando muy poco lo que hiciera o dejara de hacer Milluki, sólo lo buscaba cuando requería una ventaja, y porque así le ordenaba mantener la boca cerrada frente a su padre; no revelar los asuntos sobre su madre y sus prácticas secretas. El desastroso adolescente nunca cuestionaba lo que veía tras los monitores porque se negaba a creer que lo que ocurría era algo serio. Aquéllas ceremonias nocturnas que realizaban tanto Illumi como Kikyo; las costumbres extrañas de su madre por tratar a Kalluto como si fuera una mujer; las peleas que ambos Zoldyck tenían; y el comportamiento obsesivo de su hermano mayor por hacer señas extrañas en momentos menos esperados.

—Oh vaya, aniki, estás aquí —le habló Milluki una vez que reparó en la presencia de su hermano mayor, el cual se sentó junto a él—. ¿Viniste a observar a Killua? Esos niños se fueron con Mike y no los he encontrado aún.

—Como era de esperarse, Killua sabe dónde están tus cámaras.

—De todos modos, no es como que él vaya a hacer algo más allá de lo que tiene permitido.

Milluki ni siquiera estaba prestando atención a las cámaras, traía en sus manos un pequeño aparato que Illumi reconoció como "uno de sus juguetes". Estaba distraído, armándolo.

—¿Puedo cambiar las pantallas?

—Uh, sí —le respondió observando cómo Illumi movía todo para localizar al pequeño peliblanco.

Milluki no lo diría en voz alta pero estaba celoso de ese niño, no sólo su hermano mayor lo quería, también su padre, su madre y su abuelo. En realidad todos parecían estar obsesionados con él y eso lo irritaba mucho. Simplemente decidió seguir concentrado en su trabajo, tal vez y así lograría captar la atención del mayor.

—Aquí están —escuchó que Illumi murmuró cuando localizó a los niños.

—Te lo dije, no se irán lejos.

Illumi ni siquiera lo volteaba a ver y eso era deprimente. Incrementaba su odio a su hermano menor que al mismo tiempo era el único en casa que de vez en cuando le hacía cumplidos por sus trabajos tecnológicos o su conocimiento de cosas que no tenían relación con su oficio como asesino. Encontraba aquello peor todavía.

—Mil, ni siquiera estás prestando atención a lo único que sabes hacer.

—He estado ocupado aniki, esto es importante.

—¿Un juguete? —por primera vez en ese rato, Illumi le dirigió la mirada.

—No es un juguete, es un robot. Le acabo de colocar el sensor ultrasónico para que detecte su objetivo y dispare. Los detectará a treinta metros de distancia y además con esta cámara reconocerá al objetivo incluso antes de que el ojo humano lo haga.

—¿Disparar? —preguntó con ironía—. Mil no lo tomes a mal, pero esas armas sólo servirán para objetivos como los que Killua y Kalluto cazan, y para eso no requerimos armas de fuego, cualquier otro objetivo está preparado para esta clase de situaciones.

—Pero estas cosas no son detectables porque no poseen aura.

—¿Crees que mis objetivos están buscando auras? No se trata de eso. Puedes ocultar tu presencia con Zetsu y sería lo mismo que tu juguete.

Repentinamente, para sorpresa de ambos muchachos, la puerta de la habitación se abrió y una molesta Kikyo se hizo notar.

—¡Milluki, te pedí hace media hora que…! —detuvo sus palabras cuando notó que el adolescente estaba acompañado de su temible hermano mayor—. Tú también estás aquí…

—Hola mamá.

—¡Mamá, lo siento, en cinco minutos más lo tendré listo!

—Eh… sí —se aclaró la garganta—, volveré más tarde —fue demasiado obvio para ambos que la presencia de Illumi la había asustado.

—Ya vuelvo Milluki, vigila a Killua —pero eso no detuvo al espíritu de la Y. Se marchó detrás de ella, motivado por las emociones que reveló la mujer.

En cuanto salió de ahí, Milluki se apresuró a revisar las cámaras para perseguir a Illumi y saber lo que tenía planeado hacer con su madre.

Illumi corrió tras ella sigilosamente, alcanzándola antes de que pudiera ocultarse en alguna parte de la casa. Ella se sobresaltó al inicio pero de inmediato tomó todo el control de sus facciones, mostrando una postura defensiva para el agrado del hombre de la Y.

—¿Cuánto tiempo más seguirás usando el cuerpo de mi hijo? —reclamó empujando al muchacho lejos de ella, vigilando el tono de su voz para no llamar la atención de los que pudieran escucharles.

—Eso no es tu asunto, madre —contestó burlescamente.

—Te he estado vigilando, no creas que te dejaré salir con la tuya, deja en paz a mis hijos. Te lo advierto.

Dio un paso adelante y ella amenazó de nuevo, dando un golpe al aire para crear distancia. El espíritu de Nen por supuesto que lo esquivó.

—No es como que puedas hacerme mucho, madre, he sido entrenado desde que tengo memoria. Nací en un mundo de asesinos.

—¡Has estado usando mudras sobre mis niños! Escúchame bien —se acercó a él apretando fuertemente los puños, con la intención de resaltar sus palabras—, en esta casa no está permitido usar mudras contra la familia, vuelve a usarlos y me encargaré de que Silva te haga pedazos.

—¿Papá? Oh madre, creo que no estás bien informada. No es como si Illumi tuviera una buena relación con él, así que será cosa fácil desobedecerle.

—Eso es porque tú has ido arruinando la vida de mi bebé —reclamó molesta, quería arrojarse sobre él y sacarlo del cuerpo de su hijo a golpes.

La entidad volteó a ver la cámara que lo había estado siguiendo como una amenaza a Milluki, cosa que el muchacho comprendió inmediatamente y giró el lente para no vigilarlo más.

—Tú fuiste quien me puso aquí, mamá —continuó con su irónico tono de hablar, y desvergonzadamente realizó uno de esos temibles signos—. ¿O qué ves tú aquí?

—¡Ya basta! —gritó, cerró los ojos y giró la cabeza para huir del símbolo que tanto la atemorizaba.

—¡Illumi! —la voz de Silva sobresalió por detrás de él—, ¿qué crees que haces?

Illumi no se veía nada arrepentido ni sorprendido, más bien parecía actuar como si no comprendiera la posición en la que se hallaba.

—¿Qué ocurre papá? —dejó de hacer el gesto para ver a su padre—, sólo estoy jugando —se alzó de hombros fingiendo inocencia.

—Queda estrictamente prohibido hacer mudras contra la familia, esta vez te lo pasaré porque no lo sabes —por desgracia no tenía pruebas para acusar a Illumi de hacerse el tonto. Se acercó hasta donde estaba él, tomó a su mujer por el brazo y la apartó de su hijo—, pero sólo será por ésta ocasión. La próxima te aseguro que te arrepentirás.

—Illumi cada día tiene peor sentido del humor —farfulló entre dientes, Kikyo.

Ambos adultos se alejaron, no sin que Silva le dirigiera una verdadera mirada de ira a su hijo. Una señal de que iba muy en serio con eso de que se arrepentiría si lo volviera a hacer.

—Illumi, Illumi —dijo el espíritu de Nen, sonriente—; me pregunto cuánto más te falta para que tus padres te digan el verdadero secreto de esta familia.

Las cámaras de Milluki no guardaban audio, sólo eran imágenes. Por instrucción del abuelo se le había sido solicitado que fuera de ese modo. En ocasiones tenían reuniones secretas, o había situaciones en las que era importante que no hubiera audio guardado, así que Milluki, pese a que pudo ver todo lo ocurrido, en realidad no entendió gran cosa, a excepción de que su madre no confiaba en Illumi, pero no importaba, después de todo, nadie confiaba en él. Al final de cuentas Milluki admiraba, seguía y obedecía sin discutir a su hermano mayor, incluso conservaba la esperanza de que Illumi retomara su posición en la familia como el heredero, sólo que tras los años había perdido la verdadera motivación que lo llevó a desear aquello. Ahora sólo lo hacía por inercia.


Killua retomó sus enseñanzas pocos días después, y comprobó de aquel modo que estando fuera de casa Illumi cambiaba de personalidad. Era de nuevo el paciente y sospechosamente agradable hermano mayor que detestaba, porque le hacía sentir que todo volvería a estar bien sólo para llegar a la conclusión de que era un mentiroso que jugaba con sus sentimientos. Tras un breve repaso de sus ejercicios, fue turno del niño de hacer una misión por su cuenta. Por supuesto, bajo la supervisión de su hermano que se aseguró que no saliera herido y completara su tarea. Evadir balas y contraatacar, acabar con su objetivo antes de que pudiera ser atrapado, tan sólo eso. El pequeño heredero era naturalmente un talentoso asesino, su resistencia había mejorado notoriamente quizá debido a la aguja en su cabeza que lo obligaba a ir más allá de sus propias capacidades con tal de sobrevivir, y ese era el lado bueno que Illumi veía.

A sus nueve años, Killua comenzó a sentir un vacío existencial. Se preguntaba si en realidad eso era todo lo que sería su vida, un tortuoso entrenamiento con alguien que no dejaba de observarlo, hiciera lo que hiciera. Sus deseos de explorar el mundo y conocer otras cosas no hacían más que incrementar desde que tuvo contacto con la mafia y conoció a los hijos de esos hombres. Niños que no hacían otra cosa más que divertirse con el dinero de sus padres y no mostraban alguna otra preocupación que tener todo lo que deseaban. Esa imagen lo hacía titubear entre seguir siendo un asesino o no.

—Mejor no los veas —le aconsejó Illumi un día que lo descubrió observando entretenidamente desde la ventana a un grupo de niños caminando afuera de una escuela—. Tú no necesitas pensar en esas cosas, sólo te estorbaran en tu camino.

—¿Por qué? —preguntó tajante.

—"¿Por qué?" —cerró la cortina para que Killua no continuara con su actividad—, por tu propio bien.

—Esa no es una respuesta.

—Porque eres un asesino —razonó—. Tú misión en esta vida es fortalecerte para ser el heredero de la familia, un asesino de la élite, y no ser derrotado. Al menos no fácilmente.

Killua sintió un nudo en la garganta, como si todos sus temores se hubieran hecho realidad.

—Ahora, vámonos de aquí, nos están esperando.

La noche era el mejor momento para actuar. Aunque también de día lo podía hacer, de noche la mayoría de sus presas estaban cansadas y no ponían suficiente resistencia a la hora de ser asesinados. Tras la misión, simplemente se fueron de regreso a la casa.

Killua iba con miedo porque sabía que Illumi volvería a ser ese monstruo que lo acosaba en cuanto entraran a la montaña. Así que inconscientemente intentaba persuadirlo durante el camino, para hacerlo comprometerse en dejarlo descansar, cosa que no consiguió.

—Kil, no está en mis manos y lo sabes. Papá puede pedir que vayas con él para ponerte nuevos ejercicios o quizá me pida a mí que te ponga a entrenar. No voy a decirle que no si me lo pide.

—Pero podrías sólo un día dejarme descansar.

—No está en mis manos.

No logró nada, y no iba a usar lo del beso ni estando loco. Ya suficiente tenía con tener que batallar con él en su forma más difícil como para añadir esa tortuosa conducta.

Llegaron de noche, así que el infante fue directamente a dormir. Para un niño de su edad era terriblemente estresante tener que estar todo el día dudando si el que era responsable de su seguridad, era de confianza o no. Lo malo fue que a la mañana siguiente las cosas fueron tal cual como él temía. Desde la hora en que despertó se percató de su presencia a su alrededor. Illumi estaba en todas partes. Esta vez iba muy en serio en eso de sólo permitirle estar una hora con sus hermanos menores. Una hora no era suficiente, presentía que Alluka se contenía de decirle cosas que eran importantes para ella, y que se las reservaba a falta de tiempo y privacidad.

Por otro lado, Kalluto hacía las cosas más fáciles. Él se mantenía distante mientras los veía a ellos dos jugar. Aparentaba no tener ni el más mínimo interés en Alluka. Lo único que agradecía el albino era que no se comportaba grosero con ellos dos.

Alluka ya no sólo era mantenida en vigilancia por las cámaras. Mientras que no era la hora de ver a Killua, la mandaban a un cuarto a estar encerrada todo el día. Dicho cuarto tenía de todo ahí, era como una casa propia. A la hora de comer, alguno de los mayordomos nuevos, de los cuales desconocía el nombre, le preparaba algo de su antojo, y mientras estuviera ahí no le dirigía la palabra. De no haber sido por aquél espíritu que habitaba dentro de ella, su mente se habría consumido de dolor. Ese espíritu la hacía muy feliz, tenía una esencia infantil protectora que le daba tranquilidad y la incitaba a no perder la paciencia, aún si sentía que la soledad era muy pesada. Alluka aprendió a no cargar sus problemas a su hermano mayor, tal vez era demasiado joven para su madurez mental puesto había sido forzada a ello. Valoraba cada segundo que pasaba con su hermano, ella no permitía que el albino se la pasara quejándose sobre el poco tiempo que les daban juntos.

—Sólo tenemos una hora, ¿piensas usarla para decir esas cosas? —le refutaba y hacía aspavientos desaprobando la conducta del peliblanco, a lo que éste reaccionaba con una disculpa y olvidaba el asunto.

No era que ella quisiera contribuir a la causa de los demás, sino que se había sometido a sí misma para ser un soporte y no una carga. Ella era capaz de ver a través de todos, comprendía perfectamente su situación. Aprendió a controlarse y a callar aún si tuviera mucho qué decir.

Si había alguien en casa que podía confirmar lo anterior, para sorpresa de todos, ese era Kalluto. El pequeño niño que al igual que su hermana mayor, había aprendido a callar, pero con otros propósitos. Kalluto había sido severamente dañado por su madre en incontables ocasiones, no sólo con la represión de sus emociones, también su apariencia escogida por su madre y su entrenamiento tan diferente al de sus hermanos. Era el único que podía testificar de los experimentos que su madre hacía no sólo a su persona, sino a todos en casa. Desde que tenía memoria, su más grande admiración había sido Killua, su hermano mayor, quien había conseguido el título de heredero de la familia cuando aún era prácticamente un bebé. Su estancia en la Torre había sido la más breve de todos los Zodyck como un esfuerzo por mostrar que él también tenía talento. Lamentablemente todo aquello se vio eclipsado por su hermana mayor, y tras ese instante, por primera vez pudo expresar un sentimiento diferente en su llana apariencia. La envidia fue creciendo hasta que se vio forzado a razonar sobre sí mismo. Desde ese momento comenzó a prestar atención a todo lo que ocurría a su alrededor como si fuera nuevo y descubrió entonces que su madre no era precisamente una persona confiable, que sólo buscaba intimidarle y entrenarle al estilo en que ella había sido criada. Y pudo ver y entender el mundo que en realidad le rodea, incluso más que ningún otro de los jóvenes Zoldyck.

—Maldito, maldito Y —escuchaba murmurar a su madre nuevamente, en la semana.

Recién había tenido otro encuentro con Illumi y el espíritu le había amenazado, orillándola a volver a mentir a su marido para disculpar su comportamiento.

—¿Mamá? —Kalluto siempre le hacía salir de sus pensamientos depresivos antes de que estos se volvieran un tormento para el más pequeño de los Zoldyck.

—Kalluto, ¡ah! Mi pequeño —lo cargaba entre sus brazos y lo abrazaba como si el que requiriera consuelo era él y no ella.

—Ese maldito espíritu de nuevo está rondando por aquí; debes prometerme mantente lejos de él ¿de acuerdo? Por su culpa tenemos que hacer demasiadas cosas. Incluso Alluka, todo parece indicar que moverán su cuarto al fondo de la montaña.

—Mamá —habló con voz suave.

Kalluto había aprendido bien que si quería obtener algo, una respuesta, una verdad, o alguna comodidad, era mejor hacerlo en momentos en que su madre estuviera vulnerable, justo después de haber interactuado con Illumi.

—¿Qué ocurre Kalluto?

—Mamá, ¿por qué han encerrado a Alluka? ¿Es en realidad necesario?

—Mi adorable Kalluto, yo… —quedó en teatral silencio—, yo he sido atormentada tantas veces, ¡he sufrido mucho! —gimoteaba entre palabras, como si de verdad creyera lo que decía—. Mis padres me entregaron a los Iluminados. Me entrenaron por varios años; me forzaron a realizar un "juramento y restricción" para portar la señal del Y. Kalluto, debo confesar que yo nunca debí haberme casado con tu padre —el pequeño abrió los ojos con impresión, era la primera vez que escuchaba a su madre reconocer un error, y mostrar un mínimo arrepentimiento—. La restricción constaba en permanecer virgen y así proteger la señal del Y, el poder que alguna vez sustentó a toda la logia —luego se apartó de su muchacho. Caminó por el quiosco que les rodeaba y se asomó hacia el paisaje—. ¿En realidad crees que una mujer como yo podía vivir así? Una mujer tan elegante, de buen porte, con toda esta belleza, ¡imposible! —se contestó, volvió a mirar a su hijo—. Para colmo del asunto, la señal la conformaba una pareja de enamorados: un hombre y una mujer que formaban ese poder. La verdad era que los envidiaba profundamente, quería tener eso para mí y cuando conocí a tu padre tuvimos un flechazo al instante. Hubo fuego entre nosotros y de inmediato me entregué al amor —en todo tiempo mantuvo su discurso con ese tono típico en ella, como si deseara que todo el mundo le escuchara y se conmoviera. Kalluto se ruborizó por tanta información que apenas comprendía—. Meses después supe que estaba embarazada de Illumi. La hermandad enfureció; me echaron de casa, pero yo me robé varios de sus manuscritos, no iba a irme con las manos vacías después de todo lo que había hecho por ellos. Tu padre me acogió y se casó conmigo —de la nada su mirada mostró un aire de desprecio que luego cambió por un falso llanto—. La paga por mi traición debía ser una muerte voluntaria, quitarme la vida para así compensar a la señal o en su defecto, debía entregar a mi primer hija, y cuando tuve a mi pequeño Illumi en brazos, supe que no quería morir —milagrosamente lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas—. Con mi traición provoqué que la pareja se separara por completo, la mujer de la Y quedó en silencio. Nunca más volvió a dirigirme la palabra, mientras que el hombre tomó represalias en mi contra. Todo el tiempo me atormentaba y finalmente me maldijo diciendo que nunca tendría una hija y no me libraría de él jamás —detuvo su historia para limpiar sus lágrimas con sus guantes—. Tras varios años, resultó que Illumi no estuvo a la altura de los estándares de tu abuelo. Ese viejo amargado no quiso a mi bebé, entonces me di cuenta que mi posición estaba en peligro —en realidad nunca estuvo en peligro. Eran interpretaciones de la mente de Kikyo; ella siempre imaginaba cosas de más, aun si no tuviera pruebas, bastaba con sus pensamientos para darlo como verdadero—. Tuve que esforzarme porque mi siguiente hijo fuera perfecto, así que me entregué al estudio y experimentación para darles a ustedes un extremo poder desde su nacimiento. Se suponía que Killua sería la prueba y mi siguiente hijo sería el verdadero heredero, pero Killua resultó maravilloso, todo gracias a mis esfuerzos. Después vino esa cosa —su expresión se endureció, como si estuviera hablando del origen de todos sus males—. Alluka nació muerto, él murió, no tengo duda, pero algo más tomó su lugar… Estamos de acuerdo en que yo no tengo hijas, ¿cierto? —Kalluto asintió forzadamente—. Entonces, ¿qué diablos le ocurre a esa… cosa? En realidad no estoy segura del verdadero origen de Alluka, y tengo suficientes pruebas para argumentar que él es en realidad el espíritu oculto de la mujer de la Y, ¿sabes qué significa? —Kalluto negó—. Por supuesto que no lo sabes. El hombre de la Y me engañó hace tiempo, me estuvo torturando por tanto tiempo hasta que mi matrimonio comenzó a pender de un hilo. El hombre me dijo que aceptaría dejarme ir si le entregaba a mi niño, a mi Illumi, me dio a entender que él sólo lo volvería más poderoso y yo le creí —de nuevo las lágrimas aparecieron. Kalluto sintió un terrible desagrado por las constantes reacciones de su madre—. Le entregué a mi Illumi, y ahora ha estado buscando a la mujer. No podemos permitir que eso ocurra, si llegara a pasar no puedo imaginar el terrible peligro al que nos enfrentaríamos...

Chan chan chan... lo hice, volví a terminar con puntos suspensivos.
Yay, Killua le dio un beso a su hermano, ¡Que ternura! No pude evitarlo, aunque no fue por algo lindo.

Los mudras pueden buscarlos en internet, está bastante interesante, recuerdo cuando me los enseñaron.'. fue bastante emocionante, valió la pena aprender. Según me explicó mi padrino, éstos símbolos sirven para diversas cosas, por ejemplo, cruzarse de brazos ayuda a contrarrestar efectos negativos en una conversación, o las manos en la cintura, (y comprobado científicamente), estimula al cerebro a darnos confianza porque estamos en una "posición de poder".

Sobre la historia de Kikyo, KaiD23 me comentó que parece que Milluki no cuenta como hijo de Kikyo *risas* recuerden que es una mala madre, yo quería que se notara que poco le importan si no le sirven de herramientas.

Anon: Muchas gracias por tu mensaje, me alegra saber que mi historia le sigue gustando a alguien, sé que escribo mucho y eso no a todo el mundo le agrada. Espero verte de nuevo por éste rumbo. Ten un grandioso día.

Nos vemos el viernes 18 de Marzo.'.

Un agradecimiento especial a Kalen, GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.