¡Togashi volverá! Dios, quiero llorar y gritar, y volver a llorar, hacerme bolita en el suelo hasta que se me duerman las piernas, pararme y gritar, y luego llorar hasta quedarme dormido...
Que felicidad. Ojalá no nos vuelva a hacer eso de "dice mi mamá que siempre no" *miedo*
¿Alguien pidió un capítulo? Yo sé que no, pero aquí lo dejaré por si algún alma caritativa quiere leerlo. En fin, desde aquí les advierto, se viene lo mero bueno...'.
93 en Babel. Capítulo 3
No era la primera vez que escuchaba esa historia, Kikyo solía contarla cuando tenía un altercado con el hombre del Y, iba a lamentarse con Kalluto, y descargaba toda su historia una y otra vez, añadiendo o quitando detalles, a veces describiéndose como una valiente mujer que luchaba por su familia, otras como una víctima de las circunstancias; jamás se condenó a sí misma, ni habló de sus crímenes.
El pequeño pasó por una larga odisea antes de comprender mejor el motivo que hacía que su madre escondiera a su hermana; ella guardaba un poder relacionado estrechamente con el pecado que cometió, mismo poder que ahora yacía en Illumi y que se ampliaba hasta Alluka. Tras observar a su hermana, llegó a la evidente conclusión de que ella no era una mala persona, sino alguien que estaba en el momento y lugar equivocados. Sentía envidia, sí, por muchas cosas, pero no era su intención rechazarla. Por primera vez, sintió lástima por ella. No era su culpa estar así, vivir bajo esas condiciones dolorosas cuando su madre era quien había provocado todo aquello.
La suerte del más joven de los Zoldyck había sido bastante diferente desde el día en que nació. Pasando siempre desapercibido, era fácil que se escabullera en casa y merodear por todas partes sin que se le diera gran importancia. Desgraciadamente fue criado por Kikyo, y eso significaba que la represión y el maltrato eran la máxima constante en su día a día, porque como era bien sabido Kikyo no tenía ninguna piedad, menos tratándose de sus hijos. Siempre vivió a la sombra de Killua escuchando como su madre se atribuía a sí misma el talento nato del albino, alegando que fue gracias a sus rituales que hubiera adquirido esas habilidades siendo un bebé. Exageraba constantemente las hazañas del niño y todo esto se quedaba en la mente de Kalluto, el cual terminó viendo en Killua a un héroe más valioso que sus otros hermanos, y quería ser como él, así que en cuanto notó que el albino tenía una buena relación con los mayordomos, comenzó a imitarlo tanto como podía. Al principio no fue fácil. Kikyo no le permitía tener contacto con los sirvientes y eso frustraba todos sus intentos por socializar, pero eso no fue ignorado por los mayordomos y de vez en cuando le daban oportunidades para expresarse tal y como lo hicieron con Killua. Al final buenos resultados se obtuvieron, y Kalluto, quien había sido torturado prácticamente toda su vida, con su seria y apartada personalidad, desarrolló una aguda capacidad de observación que le permitía comprender cosas que no cualquier niño era capaz. En ejemplo, el trasfondo bajo el que vivía Alluka, cuando ella se esforzaba por ocultarle a Killua su realidad, y era capaz de estimar cómo aquello terminaría afectando a toda la familia. Por supuesto que el menor de los Zoldyick había sido orillado a desarrollar esa capacidad para su supervivencia, así que, por sobre todos los miembros de la familia, él era el único que podía manejar cualquier situación con respecto a Kikyo como si fuera cualquier cosa. Por eso mismo, trabajaron en conjunto, Kalluto y los mayordomos, para desarrollar un lenguaje de señas que les ayudara a comunicarse entre ellos y prevenir cualquier situación de riesgo con referencia a la señora Zoldyck.
—Mi pequeño Kalluto, ¡mamá ha sufrido demasiado! —lloraba copiosas lágrimas y se limpiaba las que podía con sus temblorosas manos.
En silencio Kalluto reparó en la presencia de uno de los mayordomos de su madre, alzó la mirada, enfocándose en él y disimuladamente levantó el dedo índice de su mano derecha. El hombre vio a lo lejos la señal y se ocultó. Si Kalluto levantaba el dedo índice, significaba que debía esperar afuera del cuarto hasta que el niño saliera a buscarle. Gracias a estas advertencias, todos los mayordomos consultaban al pequeño cuando se trataba de su madre, obviamente procurando que nadie más se enterara de dicho trato que tenían.
—Mamá, no llores, nada de esto ha sido tu culpa —consoló a su madre a sabiendas de que esto era precisamente lo que la mujer quería escuchar—, iré a por algo para que seques tus lágrimas.
Se alejó de ella, y salió del cuarto. El mayordomo lo estaba esperando ahí afuera, ocultando su presencia para no perturbar a su ama.
—Joven amo.
—¿Eres el que mamá envió con la nota para papá?
—Sí, pero no tuve buena suerte. El amo Silva no quiso que la ama saliera de casa otra vez.
—¿Te dijo por qué?
—No, ese es el problema
—¡Maldición! —murmuró el pequeño—, si mamá escucha eso te va a matar.
—Lo sé, por eso vine a usted primero.
Kalluto planeó en silencio una estrategia para resolver el dilema.
—¡Ya sé!, ven conmigo y quédate callado. Yo hablaré con mamá, ¿tienes un pañuelo?
—Sí —todos los mayordomos de Kikyo cargaban siempre con pañuelos ante los constantes cambios emocionales de la mujer.
Kalluto tomó el trapo y seguido del hombre entró al cuarto.
—Mamá, toma, te traje esto —le ofreció el trozo de tela y la mujer inmediatamente lo usó para limpiar su rostro. Decidió actuar rápido y no darle oportunidad de hablar, sabía que terminaría interrogando al mayordomo y eso no era bueno en su caso—. Illumi escuchó que querías permiso para salir. Él habló con papá, le dijo que se haría cargo de tus mandados y que no era necesario ya que salieras de la montaña —mintió para sorpresa del mayordomo.
—¡¿Qué?! —gritó descontrolada—. No puedo creer que Illumi hiciera eso, ¡no, no! —se mordió una uña y su respiración se volvió agitada—, ¡ese maldito hombre! No tengo opción más que ir yo misma a hablar con tu padre. Kalluto, toma el abanico y has tus ejercicios yo volveré más tarde —salió a toda prisa del lugar.
—Joven amo.
—Está todo bien —interrumpió conociendo de antemano sus temores—; mamá nunca hablará con Illumi. Le tiene tanto miedo que hace lo posible por evitarlo, no cuestionará a Illumi, así que quédate tranquilo.
—¿Está seguro de esto?
—Sí —tomó el abanico y el hombre dio un paso atrás a punto de despedirse, pero Kalluto se apresuró a detenerlo—. Espera, necesito que me ayudes en algo.
—Dígame, ¿en qué puedo servirle?
—Alluka, necesito averiguar cómo se encuentra y si es verdad que moverán su cuarto hasta el fondo de la montaña.
—Puedo enviarle a Gotoh, él controla todos los movimientos que su padre ordena en casa.
—No, él es amigo de Killua —refutó.
—Amo Kalluto, Gotoh no le traicionaría a usted. Mantendrá todo en estricto secreto.
—Pero mi hermano Killua no es tonto. Notará que algo está mal si comienzo a juntarme con Gotoh.
—¿Tiene a alguien en mente?
—Tsubone —contestó con voz firme—, pídele que venga a verme. Necesito hacer las cosas rápido antes de que todo empeore.
—Enseguida lo haré.
En cierto modo, Kalluto sabía más secretos importantes familiares en comparación a sus hermanos. Y por lo mismo, nunca abría la boca porque era consciente del problema que provocaría. Habría grandes consecuencias si escapaba información delicada de sus labios, por ello, pese a que Killua necesitaba enterarse de todo, no le decía a su hermano lo que estaba ocurriendo. Quizá no comprendía totalmente la historia que su madre le contaba, pero reconocía cuan cierta era. Era peligroso que Illumi lo viera también a él como un obstáculo, y entonces tener a su obsesivo hermano sobre él del mismo modo en que tenía a su madre.
Kalluto decidió seguir el rastro de su hermana mayor, independientemente de sus celos. Tenía consciencia de que Alluka era inocente y que lo que le hacían era injusto e innecesario. Desde la distancia y en secreto, se encargó de que su hermana recibiera siempre un trato digno, aun si sus padres dejaran de verle como parte de la familia.
Killua comenzaba a perder la paciencia. Illumi lo hacía sentir como si estuviera en el cuarto blanco, siempre vigilado, controlado desde todas partes, sin tener libertad para decidir la más mínima cosa y eso lo hacía tener pesadillas constantemente. Retomó su actitud rebelde con más fuerza, llegó a tal grado que un día simplemente decidió no aparecer en el área de entrenamientos donde Illumi le esperaba, optó por marcharse a buscar a Alluka. De principio entendía perfectamente que eso significaba que tendría problemas, pero estaba tan concentrado en su ira que no se detuvo a pensar en las serias consecuencias que eso traería a su vida.
Para el espíritu del Y no era tan relevante que Killua se comportara de ese modo, de hecho le importaba muy poco lo que el niño hiciera, pero los sentimientos profundos y el deseo de Illumi eran en ocasiones asfixiantes. Los sentía no como un alimento para su subsistencia sino como una adicción, un torrente de energía que lo impulsaba a actuar repentinamente sin tomar en cuenta si hacía bien o no.
En cuanto se hizo evidente que Killua estaba pasando la línea de su obediencia, sintió esa energía que lo consumía y se lanzó a la caza del niño. No esperaba ser malvado y arrancarlo de dónde fuera que estuviera, luchó por mantenerse cuerdo, e ideó un plan para sacar provecho. Los observó mientras jugaban. El albino eran tan dulce con ella que los celos de su anfitrión lo fueron sobrepasando poco a poco. Ansiaba tener a Killua de vuelta, gozarlo y que nada los obstruyera en su camino, absolutamente nada, eso incluía los sentimientos del niño. Su sed de sangre se desprendió por todo el lugar. Killua no tuvo tiempo ni de moverse cuando el morocho ya los tenía a los dos sostenidos por el hombro.
Alluka no emitió ningún sonido, estaba confiada en que saldría bien librada, pero Killua entró en estado de pánico. Leves convulsiones lo recorrieron y comenzó a hiperventilar, mientras Illumi los observaba con esos oscuros ojos y un aura con olor a muerte los envolvía.
—¿Quieres mucho a tu hermano? —una voz siniestra salió de su boca e hizo los temblar a ambos.
Pero Killua no pudo hablar, sus piernas temblaban y apenas podía respirar.
—Si hay algo que me molesta más que me hayas abandonado es que vengas aquí y le des a alguien más lo que me corresponde a mí —murmuró en el oído del albino.
Lamentablemente Killua no estaba en condiciones para escuchar ni entender lo que se le decía.
—Hermano —Alluka apretó su mano en un intento forzado por sacarlo de su estado.
—Cállate —ordenó Illumi y la pequeña retrocedió instintivamente buscando dónde ocultarse—. Kil, sabes que ambos merecen un castigo, ¿verdad?
Esas palabras fueron lo único que hicieron reaccionar al menor.
—Aniki, no —y fue todo lo que pudo decir.
—Puedo ser bueno si quieres, puedo perdonarlos a los dos —apretó el agarre de sus hombros y Alluka chilló de dolor.
—Suéltala…
—¿Por qué?, ustedes provocaron esto.
—Fui yo —a duras penas podía dejar salir su voz, sonaba como un murmullo tembloroso.
—Kil, ¿quieres que sea bueno? Si quieres que yo sea bueno, entonces tú también tienes que ser un niño bueno, ¿entiendes? —soltó a Alluka para acariciar el rostro del pequeño, del mismo modo que le había provocado escalofríos la última vez.
Instintivamente apretó la mandíbula y las lágrimas no se hicieron esperar.
—¿Serás bueno?, ¿sí? —Killua asintió con la cabeza. Se sintió perdido y lamentó que Alluka estuviera ahí viendo cuán indefenso en realidad era—. Escúchame bien Kil, vuelve a desobedecerme y Alluka lo pagará, ¿te gustaría que eso pasara? No lo creo, pero ten por seguro que tendrá consecuencias y no te van a hacer gracia.
—Aniki —intentó hablar pero su hermano le tapó la boca con la palma de la mano.
—Esto te servirá de lección. Ahora, nos vamos —lo tomó del brazo y con fuerza lo arrastró lejos—. Lleven a Alluka a su habitación —ordenó antes de salir de ahí.
Sí hubo consecuencias; Killua fue a dar a la cámara de castigos por una semana. Por primera vez en su vida había tenido que estar ahí por causa de su desobediencia. Los golpes y latigazos que recibió no fueron nada comparados con la ansiedad de no saber nada sobre su hermana, así se sintió durante los primeros tres días. Illumi tampoco fue a verlo en ése periodo, lo dejó todo en manos de los mayordomos y se marchó a hablar con sus padres sobre lo que había ocurrido.
—Se me notificó ayer que Killua está en el cuarto de castigos —le dijo Silva a Illumi durante su reunión privada.
—Así es papá, lo estuve esperando para el entrenamiento y descubrí que había preferido irse a jugar con Alluka en lugar de hacer sus deberes.
Kikyo estaba presente, cabe destacar que llevaba días sin poder dormir a causa de su atormentado corazón. El espíritu del Y estuvo demasiado tiempo poseyendo el cuerpo de Illumi hasta que poco a poco se desprendió de la idea de verlo como su hijo. Estaba asustada de que su única salida, Killua, se perdiera a causa del excesivo control que Illumi tenía sobre él. Y entre tantas meditaciones nocturnas llegó a la conclusión de que la solución era arrebatar a Killua de Illumi, volverlo un ser oscuro capaz de matar a su propia familia si es que era necesario. Contaba con que acabara con Illumi sin tener remordimientos para así no arruinar su fortaleza mental. En realidad no albergaba esperanza de lograrlo, dejó de tener acceso a su hijo desde que fue nombrado heredero, sólo lo había visto crecer a distancia y procuraba mostrarle a su muchacho su devoción, sin éxito alguno.
—Eso ocurre porque el niño pasa demasiado tiempo rodeado de malos ejemplos. Killua ya presenta una bondad poco útil para el oficio. Sólo puedo pensar en una sola persona que pueda estar con él tiempo suficiente como para enseñarle esos malos hábitos —objetó ella.
—La única persona que pasa tiempo de "bondad" con él, sería Alluka —reaccionó Illumi—, aunque si estás hablando de mí, entonces tendríamos serios problemas —remarcó con evidente amenaza. El ente de Nen no quería perder su cercanía a Killua para sus presentes experimentos.
—Ya hablamos de ese tema antes, y llegamos a la conclusión de que Alluka es demasiado peligroso para Killua. Por eso mismo redujimos su tiempo de convivencia a sólo una hora —alegó Silva.
—Quizá por ello reaccionó de este modo, como una forma de protestar contra nosotros —continuó Kikyo—. Si es así, no está mal que reaccione así. Volverlo agresivo es parte de su crecimiento como asesino.
—No creo que la rebeldía sea parte de una educación como asesino. Mamá, papá, me temo que él no comprende la posición en la que está Alluka y eso afecta su desempeño.
—Lo lamento Kikyo, pero opino lo mismo que Illumi. ¿Tienes alguna sugerencia para esto, hijo?
—Terminar de separarlos, es la única opción que mantendría a Killua a salvo y enfocado en su papel.
—¡Estás viendo que el reflejo de mi bebé es volverse en tu contra y sigues así!, ¡eres un necio Illumi! Tú eres el problema.
—Kikyo, déjalo hablar un momento —levantó un poco la voz para que la mujer se controlara.
—No digo que los separemos de golpe porque sólo provocaría que él termine por volverse nuestro enemigo. He estado pensando en una forma para hacer esto razonable.
—Dilo entonces.
Illumi continuó explicando su plan. En realidad Silva y Zeno habían estado pensando en encerrar a Alluka desde hace tiempo, dado que ella estaba creciendo y temían que su forma de trabajar fuera cambiando hasta que nadie en casa pudiera controlarla. Eso no era conveniente para la familia, por el bien de ellos, Alluka debía permanecer por siempre en la ignorancia como un bebé feliz y así sacar provecho de ella, pero con Killua cerca, esa tarea era casi imposible. Illumi como siempre había llegado oportunamente para dar un fin al problema.
—De acuerdo, en cuanto quieras iniciar, cuenta con nuestro apoyo.
A Kikyo no le quedó más que aceptar el plan de lo que quedaba de Illumi, y tragar su ira y frustración. Nuevamente fue a desahogarse con Kalluto hasta que ya no le quedó más de qué quejarse.
Killua recibió la visita de su hermano mayor después de tres pesados días colgado del techo. Estaba sediento y no logró asimilar su presencia hasta que se acercó a ofrecerle una bebida. Antes de hablar dio un gran sorbo al vaso.
—Aniki —musitó una vez que su mente salió de su estado.
—¡Ah, Kil! Eres un desastre —removió algunos cabellos de su frente—, no era necesario que llegáramos a esto.
—Alluka, ¿dónde está ella?
—Tranquilo, Kil, te dije que sería bueno, ¿no? Él está en su cuarto, meditando sus acciones —afirmó sin mentir. Alluka fue encerrada en su cuarto por órdenes suyas.
—Aniki, por favor, dime si ella está bien. Es mi culpa, yo provoqué todo esto.
—Él está bien, Kil —suspiró—, por lo visto a ti no te importan las consecuencias de tus acciones. Tuve que hablar con papá de esto y él decidió tomar medidas al respecto.
—¿Le dijiste a papá?, ¡no es justo!
—¿Eh?, ¿qué querías que hiciera? No te mereces un premio —Killua apretó los dientes, por muy desagradable que fuera, su hermano tenía razón—. Por otro lado… me has decepcionado.
—¿De qué hablas? Aniki, siempre te obedezco en todo. Cometí un simple error, estoy cansado y…
—¿Alguna vez has pensado en el esfuerzo que papá y yo hacemos por ti? —prosiguió—. Papá tiene muchas cosas por hacer, yo tengo mis deberes en el negocio, mi entrenamiento personal y luego estás tú. Me tomo mi tiempo para planear tu entrenamiento todos los días, y ayudarte a ser el mejor, ¿hago mal en querer ayudarte?
Jugaba con sus palabras, las utilizaba como herramientas para tocar la moralidad de su hermano, sabía que no podría resistirse fácilmente. Aunque dentro de su cabeza, Killua percibía que había algo muy retorcido en todo lo que formulaba; era aún demasiado inocente como para encontrar el problema.
—No.
—¿No te gusta aprender?
—Sí.
—¿Te das cuenta entonces? Yo te ayudo, me esfuerzo por ti y, ¿qué me das a cambio? Nada, sólo te quejas y tienes esa actitud…, me dejaste ahí esperando después de todo lo que he hecho por ti. Espero que estés satisfecho.
—L-lo siento —no lograba encontrar la razón que le justificara, y al verse atrapado en el discurso de su hermano, una turbia culpa lo envolvió.
—Yo más. Estos días te servirán para reflexionar por tus acciones. Papá decidió quitarte un día de visita a Alluka, no pude hacer nada al respecto.
No tuvo cara para reclamar la furia que le hacía sentir eso.
—Si no tienes algo más que decir, me voy.
Tenía muchas cosas por decir, pero no lograba encontrar la forma de empezar
—Lo siento... —repitió.
Illumi se dio la vuelta, fingiendo seguir herido y se marchó de ahí, dejando a un muy mortificado Killua.
De ahí partió directamente al cuarto de Alluka. Era la primera vez que tenía no sólo el permiso, sino la disposición de ir a verla. Era un alivio para Kikyo que tanto el ente de Nen como Illumi no mostraran interés en ella.
Alluka estaba sentada, jugando con un par de muñecas mientras susurraba para ella misma algunas cosas. Illumi la observó a lo lejos un instante, antes de hacerse notar.
—Ven aquí —le llamó y la pequeña se sobresaltó dándose la vuelta para ver a su hermano mayor—, ¿ya viste el daño que provocaste? —le preguntó—; por tu culpa Kil está en el cuarto de castigos y seguirá ahí por más tiempo.
Ella no respondió, era bastante inteligente como para percibir que no era conveniente dirigirle la palabra a un ser tan maligno como Illumi.
—¿Sabes por qué te tenemos lejos de todos? —ella negó—. Porque eres un peligro, porque ni siquiera tú nos puedes ayudar con tus habilidades. Podrías matar a Killua en un instante, ¿lo habías pensado?
La niña bajó la cabeza, apenada por lo que él decía. Pero el espectro que yacía dentro de ella, secretamente le abrazó.
Illumi se arrodilló y le levantó el rostro.
—Podrías ser una gran herramienta para la familia y en lugar de eso sólo eres un peligro para Kil. Tu egoísmo no te permite aceptarlo, sigues manteniendo a Killua cerca de ti sin pensar en las consecuencias. Sabías perfectamente que era la hora de entrenamiento de Killua y aun así no hiciste nada para ayudarlo, ¿quieres hacerle un favor?, aléjate de él.
Sonaba celoso y dolido, probablemente se debía a los verdaderos sentimientos de su anfitrión que pese a que aún no se daba por enterado de lo que estaba ocurriendo, una parte de él seguía consciente, albergando todas esas vivencias para que en el momento en que el espíritu le cediera el lugar pudiera recuperar sus recuerdos.
—No quise hacerlo —confesó. Ella sabía que no era bueno hablar frente a Illumi, pero no pudo resistir a sus sentimientos.
—¿No?, ¿qué tal ahora?, podrías ayudarlo si tan sólo cooperaras con nosotros.
Esperó para que procesara la información, en cuanto vio una luz de esperanza en los ojos de ella continuó.
—Si eso quieres entonces déjame encontrarte un lugar aquí, obedéceme, y no le des más problemas a Killua.
—No le daré problemas —afirmó con certeza, y porque aquello que yacía dentro de ella le había indicado que actuara así. Con la finalidad de que Illumi se marchara satisfecho incluso si ella le estuviera mintiendo.
—Eso es —acarició su cabeza y ella le sonrió—, espero que comprendas que si Killua vuelve a fallar por tu culpa, las cosas se pondrán muy mal para él y para ti —advirtió antes de salir de ahí.
Eso era todo lo que Illumi necesitaba si de verdad hubiera querido mantener a Killua bajo control. Lo cierto era que su deseo estaba más allá de tener una respuesta positiva por parte del muchacho.
El pequeño albino apagó su voluntad nuevamente, dejó de ser el chiquillo vengativo de antes. Simplemente hacía su papel y descansaba hasta la hora en que veía a Alluka, con un sentimiento monótono dentro de él; como si los días pasasen sin ninguna emoción de por medio. Ni siquiera saber que pronto tendría nuevos trabajos con una dificultad diferente le hacía pensar en que tenía que esforzarse.
Esto evidentemente resaltaba en su desempeño diario, y mientras que para al espíritu de la Y era cosa sin importancia, para Illumi era algo que no podía dejar pasar. Así que pese a todas las excusas que daba el ente de Nen, Illumi comenzó a hacer presión en las pocas horas que tenía lucidez para recordarle que no debía dejar que Killua siguiera con esa actitud. Eso sólo ayudó un poco a que Illumi siguiera motivando al niño a entrenar, aunque ese no era el verdadero propósito del espíritu, quien finalmente, como ya era una costumbre, terminó por convencer a su portador que él tomaba un mejor camino por sus intereses y el bienestar de la familia.
Cierta mañana, mientras Killua realizaba su rutina de calentamiento, Illumi llegó en secreto, observándolo detenidamente y unos segundos después, arrojó una veloz aguja sobre el hombro derecho de su hermano. La aguja atravesó la piel y se clavó hasta la mitad, apenas dándole tiempo para quejarse del dolor.
—¡Maldita sea, aniki!, ¡intento hacer mi trabajo! —se expresó molesto, arrojando la aguja lejos de él y refunfuñando entre dientes unas cuantas groserías. Demostrando que pese a su nueva actitud obediente, guardaba cierto resentimiento listo para salir a flote en cualquier momento.
—Es para que despiertes —sonrió como si no fuera la gran cosa.
—Llevo despierto desde las cinco de la mañana, son las ocho, ¿no te basta?
—Ya, ya. Tranquilo.
Killua sólo se dio la vuelta y continuó con lo suyo. El ente estaba complacido con las habilidades de su anfitrión, nadie sospecharía del poder de una —aparentemente— inocente aguja si no le conocieran desde antes. Como en el caso de Killua, quien no sospechó del reciente ataque recibido y continuó su día olvidando el suceso.
Illumi no le quitó el ojo mientras esperaba el efecto de la aguja. Dando las debidas instrucciones del día para actuar natural.
Tan sólo a cuatro horas después del suceso, Killua se detuvo abruptamente, calculó mal un movimiento y su tobillo terminó por chocar contra una roca.
—¡Carajo!, no es mi día —se quejó, revisando el área adolorida.
—¿Qué ocurrió, Kil? —observó Illumi, acercándose al lugar.
—Nada —contestó jadeante, mucho más de lo normal, también se le veía sudoroso, y pequeños temblores de cansancio delataban su condición—, ya déjame continuar.
—¿Estás enfermo?
—No, no es nada —insistió con tal de alejarse de su hermano.
—No luces nada bien, ¿estás seguro que puedes continuar?
Entonces el niño se dejó caer al suelo, sentándose con las piernas extendidas mientras que sus palmas sostenían el peso de su espalda.
—No me siento bien aniki, no es mi día.
—¿Te lastimaste?
—Hoy estás demasiado amable, ¿estás enfermo? —preguntó sarcásticamente.
—Sólo cumplo mi deber.
—Sí, sí —rodó los ojos, pero su condición comenzó a empeorar, apostaba que no podría ponerse en pie de nuevo—, estoy cansado, me pesa todo el cuerpo y luego llegas tú para acosarme. Dame aire —cerró los ojos y terminó de acostarse sobre el pasto.
—Tal vez necesitas tomar un descanso —se arrodilló junto a él, tocando su sudorosa frente y revisar si su temperatura se había elevado más de lo esperado.
—No estoy enfermo, sólo estoy cansado. No sé…, pero creo que sí tomaré ese descanso.
Retiró su mano, seguro de que los síntomas eran los correctos.
—Perfecto, te veré dentro de tres horas.
Killua sintió un gran alivio justo después de que su hermano se alejara de la zona, sobre todo al saber que tenía tiempo libre para disfrutar y relajarse. El exceso de cansancio que sentía le extrañaba bastante puesto que ya estaba acostumbrado al ritmo pesado del entrenamiento, pero no quiso indagar mucho en ello; tener tiempo para estar lejos de su hermano era buena señal. Se refugió en el único lugar que para él valía la pena siempre que no podía estar con su hermana: la casa de los mayordomos. Lejos de su familia, donde sería bien recibido. Dentro de ese lugar había un ambiente relajado más cómodo que en su propia casa. Se quedó entonces ahí, conversando con todo aquel que llegaba, incluso descubrió el juego de Gotoh y sus monedas, definitivamente estaba agradecido con ese descanso que le habían dejado tomar. Tanto estaba disfrutándolo que se olvidó que Illumi le iba a estar esperando.
—Amo Killua, ¿no había quedado de verse con el amo Illumi a las tres de la tarde?
—Sí, pero estoy mejor aquí que con ese tramposo.
—Su hermano se molestará con usted si no llega a tiempo.
—Ya es hora de comer, no sé para qué me quiere ver ahora mismo.
—Perdone que le insista, pero sería buena idea que se apresurara a encontrarse con él.
—Ya, ya entendí Gotoh. Ya voy —refutó malhumorado; a fin de cuentas en el camino recordó porqué era tan importante estar ahí. No quería problemas con él ni con su padre, mucho menos si eso repercutía en su limitado tiempo con Alluka.
Llegó exactamente en el momento acordado e Illumi ya llevaba rato esperándole. Su expresión no mostraba satisfacción por alguna razón que prefirió ignorar, sabía de sobra que cualquier molestia que su hermano sintiera, si tenía relación con él, tarde o temprano se lo haría saber. No era una persona que diera tantos rodeos para expresar lo que fuera.
—¿De dónde vienes? —le preguntó el mayor.
—No es tu asunto —rebatió tajante.
—Kil, no me hagas preguntártelo dos veces.
—De casa de los mayordomos, y sigue sin ser tu asunto.
—De acuerdo.
Podía adivinar que el disgusto de su hermano se debía precisamente a su buena relación con los empleados de la casa mientras que el mayor era claramente detestado por la gran mayoría. La verdad era que Illumi ya se había resignado a que sus celos nunca serían saciados si no tomaba el absoluto control de todo lo que rodeaba al niño.
La rutina del día siguiente se repitió. Illumi esperó el momento adecuado para lanzar nuevamente una aguja, esta vez hacia el hombro izquierdo del niño. El dolor lo atravesó rápidamente y lo escuchó maldecir a lo lejos. El albino pronto volvería a ser el rebelde que estaba necesitando para avanzar con su plan.
—Es para que despiertes.
—¿Sabes qué?, cállate. Desde ayer no me siento bien del todo y no necesito tus comentarios para terminar de empeorar las cosas.
Sonrió malévolo. No sólo la reacción, sino la información que el niño soltó en el momento era perfectamente lo que estaba buscando. Más orgulloso de sí mismo no podía estar.
—¿Mal aún?
—Sólo estoy cansado, mi cuerpo se siente pesado.
Le dio las instrucciones para su entrenamiento, lo dejó solo para que trabajara, y se alejó para espiarle. Exactamente a la misma hora de la vez pasada Killua colapsó, esta vez habría sido contra el suelo, de no ser porque Illumi llegó justo en el momento en que estaba a punto de chocar su cabeza contra uno de los árboles, deteniéndolo con una mano antes de que se provocara una herida importante.
—Kil, reacciona.
El chiquillo estaba confundido. Se había desmayado y a pesar de que ya había logrado despertar, la sensación de falta de aire continuaba.
—Aniki…, no puedo…, no puedo respirar.
Más que no poder respirar, tenía dificultad para hacerlo y eso le angustiaba.
—Kil, creo que necesitas tomar un descanso, seguramente estás estresado y por ello reaccionas así. De cualquier modo si en la tarde continuas sin poder respirar bien, te haré una revisión.
Killua asintió y dejó que su hermano le llevara hasta la casa sin decir palabra alguna. Era preferible darle el gusto a desatar una discusión sobre lo molesta que era su presencia. Para la tarde se encontraba de nuevo bien, olvidó cómo se había sentido antes y pudo terminar sus ejercicios sin mayor problema. Illumi estaba complacido.
Al siguiente día, Killua logró esquivar la aguja, no sin maldecir por no poder tener un entrenamiento normal. Lo que no previó era que su hermano le arrojaría una segunda aguja, la cual se enterró ligeramente en su frente. Killua la sintió como una pequeña astilla molesta que le produjo una comezón momentánea.
—Ya deja tus ridículos juegos, aniki.
—Sólo fue una aguja. No es gran cosa.
—No me dejas concentrarme —refunfuñó—, ¿eso quieres?, ¿qué me desconcentre?
Esa actitud rebelde era perfecta para lo que buscaba. Dejó que su hermano menor terminara de expresar su frustración. Esta vez no fue necesario esperar ni un minuto para ver el efecto del Nen insertado en su menudo cuerpo.
—¡Y ya ves!, por tu culpa ahora me duele la cabeza —se tomaba de los cabellos con un dolor terrible que no le dejaba abrir los ojos—. ¡¿Qué pasa conmigo?! —exclamó desesperado.
Illumi no comentó nada, lo tomó de la cintura para llevárselo de vuelta a la casa con la excusa de que le daría tratamiento para el dolor.
—Deja de hacer escándalo Kil, ya casi llegamos.
—Tres días sin poder terminar bien mi rutina. Ya quiero acabar de vivir.
—Esto que te pasa es porque estás muy estresado —señaló, y lo acomodó en el sillón más grande que había en la sala, luego ordenó a un sirviente que le preparara un té, mientras él se sentaba a su lado— es todo lo que veo, porque no creo que estés enfermo, nosotros no tendemos a enfermar. Al menos no fácilmente.
—Lo sé —sostenía su frente en un vano intento por calmar la sensación.
—Deberías hacer lo que cualquier asesino haría en estos casos.
Dejó sus azules ojos clavados en la expresión serena del mayor, haciendo evidente su confusión.
—Matar, ¿no era obvio? Necesitas matar más gente, pero te cierras por tus propios prejuicios. Mata aunque sea algún animal.
—No, no tiene caso.
—Si te lo guardas, tarde o temprano saldrá. Es una necesidad básica de un asesino.
—Yo ni siquiera llamaría a eso una necesidad.
—Como quieras. Yo sólo hago la sugerencia.
Llegó el necesitado té y se lo entregó al pequeño.
—Aunque sea bebe esto, te daré una hora para que te repongas, y volveré a revisar a ver si ya te sientes mejor —dicho esto, salió de ahí.
El plan de clavarle las agujas era con el simple propósito de volver a Killua un arma para matar, así fuera en contra de su propia naturaleza. Gracias a todo el conocimiento que tenía sobre el niño y las técnicas perfeccionadas con sus agujas, ahora poseía el acceso a partes de su voluntad que estaban ligadas al flujo natural de su energía, y no sólo era capaz de mandar un mensaje oculto a su mente, su poder conseguía que obedeciera sus órdenes. Cumpliría con la parte del trato acordado con su padre y obligaría a Killua a apartarse de su hermana.
En efecto, ni siquiera pasó una semana cuando Killua comenzó a actuar extraño. La monotonía del día era confusa a tal grado que no comprendía qué día de la semana era. Durante la hora que compartía con Alluka, ella solía hacerle recordatorios de la fecha y trataba de mantenerlo tranquilo, pero Killua estaba empecinado a dudar de su palabra. La ansiedad lo rodeaba, en momentos tenía impulsos fuertes por salir corriendo y hacer travesuras, bromas más pesadas de lo normal y molestar a los demás, tanto física como verbalmente. Solía incluso ignorar las advertencias de Alluka, puesto que se ponía en situaciones de riesgo constante, tanto así que en su casa había una orden especial de vigilar a Killua mientras que Illumi no estuviera cerca. Cosa que comenzó a ocurrir con frecuencia. El morocho se apartaba para realizar trabajos como asesino y atender asuntos por parte del espíritu de la Y; además de tomar descansos, dado que la entidad aún no tenía la capacidad de usar sus habilidades por completo.
Por otro lado, los mayordomos estaban completamente preocupados por el pequeño albino y sus arranques de locura. En ocasiones parecía como si estuviera a punto de explotar, y tenían razón, lo peor estaba por ocurrir. A pesar de las advertencias y regaños, Killua no era consciente de las cosas que él hacía o decía, sólo tenía una desesperación constante que no le permitía ni dormir y culpaba a todos los adultos de su situación. Los señalaba a ellos como los tiranos que no le dejaban ser él mismo, además de que lo forzaban a hacer cosas que ya no le motivaban. Estaba dispuesto a ponerse en contra de todos para hacer valer su palabra, apelando a lo que Illumi le había dicho: que así se hacían las cosas en casa. Nada de diálogos.
Alluka estaba triste. No soportó más el ser tratada como un objeto y volvió su mutismo, aunque no tan acentuado como la primera vez. Simplemente dejaba los discursos para el ente que estaba dentro de ella y eso asustaba mucho a los trabajadores. Alluka sólo volvía cuando Killua estaba con ella.
La situación se puso más tensa cuando una mañana descubrieron a Killua flagelándose a mitad de la montaña. Con sus propias uñas se abrió numerosas heridas en brazos y piernas, y alegó que era por diversión. Silva cuestionó por primera vez el método que Illumi estaba usando; tuvo que aplacarse cuando su primogénito le contestó con elocuencia que ese había sido su acuerdo inicial y que detenerlo sólo confundiría al albino más de lo que ya estaba. Silva decidió poner vigilancia sobre Illumi, cosa que a su hijo no le sorprendió; no era una novedad.
—Papá me dijo que te has hecho cortadas, Kil, ¿qué piensas al respecto?
—Que es mi cuerpo y yo hago lo que se me da la gana.
Illumi regresó después de que su padre le notificara el suceso y no permitió dejar las cosas en manos del ente de Nen por temor a que su insensibilidad perturbara más al menor. Por supuesto que al hombre de la Y no le hizo gracia que le hicieran a un lado y todo el tiempo intentó interferir.
—Kil, mírame cuando te estoy hablando —reprochó tomándolo de la muñeca.
—Me lastimas —se quejó por las heridas, giró su brazo para soltarse del agarre, pero su hermano no se lo permitió.
—Tú eres el que se lastimó primero, esto es completamente innecesario y absurdo —dijo señalándole las lesiones de su brazo.
—Ni sabes lo que pasa, no tienes derecho a opinar —volvió a girar su muñeca con la intención de romperle el pulgar a Illumi y así liberarse de él.
—Basta —Illumi lo empujó contra el suelo para evitar que lo lastimara—, ya te expliqué lo que te ocurre, ¿no lo recuerdas? —hizo alusión al consejo que el espíritu de la Y le había dado para solucionar su supuesto estrés—. Necesitas matar, ven, vamos a cazar algo para que te relajes.
—No pienso ir contigo.
—No te estoy preguntando.
Prácticamente lo arrastró hasta una zona apartada, dentro de la montaña, por donde Mike solía pasar la mayor parte del tiempo buscando otros animales, a los cuales mataba por diversión y tras un tiempo de recorrer la zona encontraron una madriguera de alguna especie de conejo que vivía ahí. No tomó en cuenta los ruegos de Killua por detenerse, lo obligó a matar a tres de ellos.
Al principio estuvo demasiado desconcentrado ante la orden dada y con manos temblorosas lo realizó, justo en ese instante una sensación de librante placer lo inundó. Illumi tenía razón, o eso comenzó a creer. Por fuera sonreía, había encontrado lo que necesitaba; por dentro se decepcionó de sí mismo. Por primera vez en su vida disfrutó matar a una criatura inocente que no había tenido la culpa de estar ahí, se enredó entre sus sentimientos. Pasó la noche angustiado, imaginando que se volvería como Illumi. La presencia de Alluka y la rutina del día menguaron su angustia, y quiso creer que aquello era sólo un acto aislado, pero no fue así. Después de tres días de tranquilidad, la inquietud regresó, así como la necesidad de lastimar. Quiso aguantar, fingir que no pasaba nada, pero entre más reprimía sus emociones, su carácter empeoraba. Desafiante, impulsivo y grosero, al punto en que terminó por discutir fuertemente con Alluka y marcharse, dejándola en medio de la conversación. Aguantó hasta que ya no pudo más y a escondidas, entrada la noche, salió a cazar algo en la montaña. Esta vez no fueron tres, sino diez conejos los que aliviaron su necesidad. No se percató de que el número había incrementado, no obstante, ahora reconocía un mal dentro de él. Su alma de asesino era una realidad, necesitaba matar.
Estaba en aparente paz mientras su supuesto estrés no se presentara, soportaba hasta que ya no podía más y tenía la necesidad de matar para calmarse. Llegó a creer veraces las palabras de Illumi.
Vino el día en que matar pequeñas criaturas ya no le bastaba, y la cantidad aumentó, así como el tamaño de las criaturas que asesinaban. No importaba que fuera, cada animal que cruzaba los límites de la propiedad Zoldyck se convertía en la diversión de un niño de nueve años, frustrado por reconocerse como un asesino.
Su nuevo hábito tuvo fin cuando una noche de angustiantes pesadillas forjó en su mente la idea de que animales le producía un desgaste innecesario, que no llenaba el vacío que traía la incertidumbre a su corazón. Creyó necesario el matar humanos. Una voz interior se lo decía constantemente y esa voz no se detendría hasta que cumpliera su petición. Así que dispuesto a ponerle un fin a su deseo de matar, habló directamente con su padre para solicitarle un nuevo trabajo.
—Buscaré algo apropiado para ti, pero no puedo decir si será pronto o no —no salió satisfecho tras escuchar tal respuesta, sin embargo, era mejor que nada.
Silva quedó impresionado con la nueva actitud de su hijo. Su rebeldía pasaba a segundo plano cuando se compensaba con su fuerza e inteligencia. Estaba enterado de las noches de cacería que realizaba su hijo. Se vio obligado a reconocer que lo que fue planeado por su hijo mayor estaba ocurriendo al pie de la letra. Y con mucha certeza tuvo que afirmar que Illumi resultaba escalofriantemente efectivo.
Cuando Tsubone dice que no le tiene estima a Illumi ni a Milluki porque son muy similares a Kikyo, me hizo pensar que Kalluto, pese a que se le ve siempre del lado de la mamá y no parece llevarse bien con Alluka (lo cual significa que tampoco es muy cercano a Killua), es también alguien apreciado por los mayordomos. Además, creo que Kalluto es un personaje muyinteresante, me encanta.
Al parecer este pasado capítulo no les gustó mucho que digamos, pero les prometo que la acción está muy cerca de empezar. Por favor, no se olviden de escribirme si es que les gusta la historia, es muy motivante para mí, que soy un escritor sin paga y que invierte muchas horas de su vida en este hobby y me muero por saber si la historia va bien. Al menos en mi mente sí va bien.
Nos vemos el 1 de Abril 2016, si es que nada impide que publique un nuevo capítulo.'.
Un agradecimiento especial a Kalen, GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.
