Hola, he regresado con el nuevo capítulo, espero lo disfruten.'.
93 en Babel
Capítulo 4
Illumi se enteró con regocijo sobre la noticia. Su amado hermano solicitó por primera vez en su vida un encargo. Esto era justo lo que buscaba, quería decir que la desesperación no le dejaba alternativa más que a pedir ayuda. Lo vigiló durante su trabajo, la misión pareció rutinaria, Killua no puso mucho empeño en terminar con su objetivo, al contrario, resistió a sus instintos asesinos para no actuar con violencia innecesaria. Procedió como normalmente lo había hecho hasta ahora, sin hacerse notar por su víctima ni darle mayor sufrimiento. Tristemente esta actitud sólo implicaba más trabajo sobre su ansiedad, hacían falta emociones negativas que le permitieran corromper su moralidad. Si bien el joven Zoldyck se sintió feliz al ver que su hermano seguía esforzándose por conservar esa nobleza que lo caracterizaba y que lo hacía más adorable antes sus ojos, llegó a desear detener su trabajo; el ente lo convenció de que era mejor mantenerlo alejado de Alluka antes de que alguien más ocupara un lugar importante en la vida del menor.
El hombre de la Y tomó la ventaja al ser quien conocía hasta el más íntimo detalle del morocho y siempre aparentaba ser el experto en cada cosa que se proponía. Independientemente de cuánto se esforzaba por seguir siendo parte de la vida del albino, Killua continuaba rechazándolo. Eso le restaba ganas a Illumi de salir al primer plano de su cuerpo; dejando todo el trabajo al ente de Nen. Encontraba más seguro orquestar sus asuntos desde ahí y que el monstruo se encargara de hacer lo que él no consideraba posible. Prácticamente estaba perdiendo la batalla sobre su cuerpo.
Killua secretamente decidió hacer caso al consejo de Illumi sin importar si creía que era una estupidez. No admitiría abiertamente que su hermano había tenido razón. Aunque el gusto le duró poco, no porque la ansiedad reapareciera más pronto de lo esperado, sino porque cuando ese sentimiento regresó, lo hizo con mayor intensidad, gracias a que el espíritu incrementó el Nen introducido en su cuerpo. Intentó nuevamente con animales, pero las bestias grandes se alejaron de los alrededores debido a su presencia y para colmo las criaturas pequeñas no le servían de nada. Lejos de aliviar su tensión terminó por odiarse a sí mismo. Eso más las pesadillas lo mantenían en un estado huraño constante.
—Hermano por favor, ya fue suficiente —cierto día Alluka le reclamó tras ver cómo actuaba especialmente cruel con uno de los mayordomos que les vigilaba, acusándolo de ser un títere de Illumi, cosa que carecía de fundamentos.
—Lo dices porque no lo notas, pero yo sí.
—¡Hermano, no!
—¡Ya cállate!
Esa vez fue Alluka misma quien decidió no verlo más hasta que el evento quedó olvidado. Killua notó con desesperación que la situación se había salido de sus manos, y lejos de comprender sus emociones culpó a sus instintos asesinos. Creyendo que estaba condenado a actuar como tal, fue de vuelta a solicitarle a su padre otro trabajo más. Estaba muy seguro de que era la mejor solución para liberar su estrés, ya no tenía duda alguna, pero su padre había recibido instrucciones de Illumi de no dejarle salir a matar hasta que él se lo indicara. Esta vez no tuvo tanta suerte.
—¡¿Por qué no?! —contestó retadoramente.
—Compórtate —le regañó su padre al ver la rudeza expresada.
—¿No es esto lo que quieren?, que salga a matar, entonces ¿para qué detenerme?
—Kil, estás bajo entrenamiento de Illumi. No sé cuándo vuelva, pero mientras él no me indique que puedes salir, no me queda de otra que dejarte aquí.
—Eso no tiene ningún sentido —murmuró entre dientes.
—Que no lo puedas entender no quiere decir que no tenga sentido. Ahora retírate, tengo asuntos que atender.
E iba a seguir hablando cuando la mirada fulminante de su padre lo hizo frenar y salir de ahí con los puños apretados. Corrió entonces por su segunda opción.
—¿Te falta mucho para volver?
—Hola, vaya forma de saludar. Qué milagro que me llames.
Illumi recibió la llamada del niño después de un tiempo sin que este se atreviera a comunicarse con él. Comprendió que debía estar lo suficientemente urgido como para dejar su orgullo y llamarle.
—Sólo responde —se mordía una uña, ansioso, al tiempo que sostenía el teléfono, luchando por no hacer una rabieta.
—Veamos… Kil, estoy en medio de un trabajo importante, sólo contesté porque la llamada viene de casa y creí que era papá. No sé cuándo volveré, eso depende también de él.
—¿Mañana puedes?
—¿Estás escuchando lo que digo?
—Aniki —hubo un corto silencio en la línea en el que Illumi estuvo a punto de cortar la llamada— necesito… mmm… "relajarme".
—¿Eh?, ¿qué tengo yo que ver ahí? —se hizo el desentendido.
—Ya sabes de lo que hablo, de mi estrés —para Killua era vergonzoso decir esas palabras de esa forma tan frívola, como si no valiera nada matar.
—Kil, estás en la montaña ve a matar ahí.
—¡No está funcionando!, ya no me sirven de nada los animales, necesito ir a alguna misión.
—Kil, estoy ocupado, debo colgar —alegó. En realidad sólo estaba recostado en la cama del hotel, esperando la hora para ir a acabar con su objetivo.
—¡No!, no, sólo llama a papá y dile que me deje salir a alguna misión Illu-nii, te lo ruego —estaba fuera de sí. Inclusive usó ese modo fraternal para llamarle.
Del otro lado se escuchó a Illumi suspirar.
—Mira, no voy a molestar a papá. Estás en casa y tienes muchos mayordomos que puedes matar, ve y mata alguno de ellos.
—¡¿Estás loco?!, ¿por qué he de matar a uno de nuestros aliados? —dio un manotazo a un mueble que estaba cerca. Illumi pudo escuchar el golpe seco a través del auricular.
—Son nuestros empleados, tenemos una escuela para entrenarlos, si no sobrevive a ti es porque no es un digno trabajador de los Zoldyck.
—¿Quieres decir que has matado mayordomos?
—No tengo tiempo para esto, te veré en casa.
—Sólo llama a papá, es todo lo que te pido.
—Nos vemos —colgó a sabiendas de que Killua se pondría peor. Lo único bueno de ello era que no estaría ahí para verlo actuar como un niño mimado.
Pero también esa llamada era parte de un plan. Durante la conversación activó un disparador para el siguiente mensaje que había introducido en el subconsciente del niño.
«Mata a un mayordomo». El albino comenzó a pensarlo mucho, en los momentos en que menos creía ya se hacía en su mente arrancando la cabeza de alguno de sus empleados y la sola idea le resultaba liberadora. En verdad apetecía acabar con alguien. Por supuesto que había hecho lo posible por hacer a un lado la idea sin éxito alguno. Las pesadillas continuaron, perdió el hambre y se dedicó a hacer las rutinas de ejercicios que Illumi le dejó con toda su concentración, a fin de distraer su mente. Nunca se planteó la idea de hablar con Alluka para pedirle ayuda dado que era un niño y no consideraba la posibilidad de estar enfermo, pese a que el ente con quién Alluka compartía su cuerpo le curaría si se lo pedía. Lo emocional lo consideraba parte de su naturaleza asesina y por lo tanto creía que era "un deseo malvado" que no estaba dispuesto a satisfacer. Maldecía sus instintos, sí que los odiaba porque no tenía paz.
Decidió ocupar el puesto de Mike, y estar cerca de la puerta para esperar a uno de los fisgones que el enorme canino solía matar; seguramente lo hubiera logrado de no haber sido porque fue detenido de camino al portón.
—Joven amo, por favor deténgase —le habló Gotoh cuando comenzaba a acercarse sospechosamente al área— su padre nos dio la orden de no permitirle bajar más allá de este límite.
—Gotoh —le llamó con incredulidad—, si están temiendo que salga de casa, puedo asegurarles que no es así, sólo quiero practicar mis técnicas con los intrusos.
—Lo sentimos joven amo —continuó—. No podemos permitirle eso, tendrá que regresar a casa o quedarse a esta altura de la montaña.
—¡Déjame pasar! —reclamó, estaba tan cerca de su salvación; no podría enfrentarse a tantos mayordomos a la vez. Ellos lo someterían y lo harían volver a casa como su padre les ordenó.
—Si se rehúsa tendremos que llevarle a la fuerza hasta arriba.
Tenía ganas de hacer un berrinche, de insultarlos a todos y desafiar su suerte, mas pensar que Alluka estaba en juego le hizo frenar sus acciones y regresar a su puesto.
Al cabo de una semana se vio tan presionado que no resistió la idea de ir tras su carta oculta, aquella otra persona que era capaz ayudarle a salir a matar. Caminó hasta el cuarto donde su madre y Kalluto debían estar. Odiaba pasar tiempo con esa mujer, pero no se le ocurría otra salida. Se quedó viendo la enorme puerta sin hacer movimiento alguno, sólo limitarse a observar e idear un discurso que le ahorrara tiempo para estar cerca de Kikyo y que además la fuera a convencer, lo que consideraba extremadamente fácil. Y estaba todavía dudando en entrar cuando su madre abrió la puerta.
—¿Kil?, ¿qué haces aquí?
Su voz le sacó de sus pensamientos, recordó lo mucho que detestaba estar cerca de ella, y dirigió su mirada a Kalluto, el cual estaba en el fondo del cuarto, observándolo.
—¿Esto es lo que Illumi hace contigo?, ¡no puedo creerlo!
La mujer se asombró ante el aspecto de su pequeño hijo; lucía cansado, enfermo y por la forma en que las heridas de sus brazos y piernas estaban hechas, era evidente que el mismo era el autor de ellas.
—Este es mi límite ahora sí verá ese mocoso idiota, le diré a tu padre que yo me haré cargo de ti —farfullaba como si fuera capaz de cumplir su palabra.
Kikyo había aguantado al espíritu del hombre todo ese tiempo, podría decirse que lo hizo con dignidad, suponiendo que Silva había dejado en buenas manos a su pequeño. Ahora veía su error.
—Estoy bien mamá —Killua visualizó lo que eso significaba, y le tomó menos de un segundo pensar lo desafortunado que sería volver a caer en manos de esa mujer—, no es nada.
—¡¿No es nada?!, ¡¿has perdido la cabeza?! Ahora sí, Silva me va a escuchar.
—¡No, ya déjalo así mamá!
—No, no, ese muchacho merece un castigo.
—Mamá, ya, por favor —hizo un esfuerzo por controlarse— sólo venía a hablar contigo.
Y de la nada la mujer percibió una luz de esperanza. Tras años de verse apartada de su muchacho, decidió poner toda su atención y esfuerzo por ese niño.
—Dime, mi amor, ¿en qué puedo ayudarte?
Pero ese cambio brusco no fue bien recibido por Killua. Él no estaba acostumbrado a que su madre le tratara de ese modo. Frunció el ceño al ver el trato hipócrita.
—¡¿Eh?! —concluyó que su madre no se retractaría y prefirió ignorar ese cambio—, mamá, papá dijo que no puedo salir de casa a menos que Illumi esté aquí.
—Naturalmente no puedes, estás muy pequeño como para andar por ahí solo.
—¡No es eso!, yo, mmm… —le era incómodo conversar con ella, era una completa extraña para él y sin embargo, se veía forzado a confiar en Kikyo—, quisiera salir a hacer algún trabajo y poner en práctica todo mi entrenamiento.
—Kil, no necesitas salir a hacer eso. Debes esperar a que Illumi te evalúe, yo no puedo hacerlo porque las tradiciones de los Asesinos no me lo permiten.
—Mmm… —tomó valor, no estaba seguro de cómo tomaría las cosas su madre si le decía la verdad, pero ella era su única esperanza—, mamá, no me siento bien —confesó bajando la mirada hacia sus manos, distrayéndose para no ver la expresión que Kikyo trasmitía— últimamente siento un vacío dentro de mí, y luego tengo muchas ganas de matar, siento… siento que debo matar y eso me tiene mal.
—¿Algo como ansiedad?, ah, ya veo, creo que algo así una vez me ocurrió a mí —habló por hablar, porque quería congeniar con él.
Por dentro estaba fascinada, con esto confirmó las palabras del oráculo,ésta era la respuesta a la supuesta profecía de que Killua sería su salvador. Sí el peliblanco desarrollaba ese desapego necesario, al final podría matar a Illumi. A ojos de Kikyo, Killua era la única persona capaz de matarlo aprovechando su cercanía. No lo decía sólo por el talento natural de niño, también era evidente que Illumi era vulnerable a él, y si Killua no lo había hecho antes, era porque poseía esa nobleza que Kikyo comenzaba a detestar. Le impedía realizar su meta.
—¿Ansiedad? Sí, creo que esa es la palabra.
—Ven, acércate —una idea cruzó por su mente—. Killua, dame tu mano.
—¿Para qué?, no.
—Kil, obedece a tu madre. Dame tu mano —lo tomó por la muñeca y lo jaló al interior del cuarto—. Kalluto, pásame la vela morada del cajón… sí, ése —tomó la mentada vela y entre tropezones, forzó al albino a colocar su mano sobre una pequeña mesa redonda—. Kalluto, ve a fuera a vigilar que nadie venga a interrumpir.
—Sí mamá —y él más pequeño de los Zoldyck salió de ahí sin añadir palabras. Sólo lamentando dejar a su hermano a solas con su madre.
Killua estaba extrañado, imaginaba lo que ella haría con una vela y su mano en una mesa, y en todos los escenarios alguien salía herido. La única interacción con su madre hasta ahora había sido en el cuarto de torturas, la experiencia le advertía que tuviera cuidado.
—Yo ya me extrañaba que no tuvieras este cambio antes —comenzó a murmurar la mujer—, en la fase de tortura debió ocurrir, incluso creí que se había perdido la esperanza, pero mírate, estás comenzando a buscar la muerte de los demás. Se suponía que esto debía ocurrir allá…, en fin, lo importante es que ya estás empezando a desarrollarte.
—¿De qué estás hablando mamá? —intentó apartarse de la mesa, pero ella lo contuvo firmemente, colocando su mano boca arriba para así guiar la luz de la vela por los alrededores de la mano.
—Quédate quieto niño.
A Kikyo le preocupaba que su hijo no hubiera desarrollado una personalidad que le protegiera de los daños mentales que ocurrían cuando uno se dedicaba tanto tiempo a derramar sangre y esparcir sufrimiento.
—Veamos qué le dice tu mano a mamá —y aunque según Silva, su pequeño era "demasiado talentoso", para ella, la falta de una personalidad maligna casi había sido el presagio de que las cosas terminarían mal para ella.
—¿Qué me vas a hacer? —exigió saber.
Su madre le había leído la mano antes, como un hábito normal en la familia, y nunca le importó conocer sus motivos. Sospechaba de sus intenciones puesto que su impresión sobre ella cambió por completo después del cuarto de torturas.
—La vela me ayuda a redirigir mi Nen, mamá sólo quiere leerte la mano —siguió el camino de su mano derecha, buscando algo que no encontró—, dame tu otra mano —Killua, prefirió obedecer antes de que las cosas se pusieran embarazosas—. ¿Pero qué…?, ¡no puede ser! —se cubrió la boca dramáticamente.
—¿Qué pasa ahora? —se molestó porque su madre no le prestaba atención, ni siquiera había respondido ninguna de sus preguntas.
—¿Ya te había dicho que tenías el anillo de venus?, ¿Kil, recuerdas esta línea antes?
—¿Anillo de venus? —desconocía lo que ella hablaba.
—No puede ser que ya lo tengas, sólo eres un niño —se le quedó viendo directamente los ojos, como si buscara más información de lo que ya veía—. Bueno, de cualquier modo esto puede cambiar, tu mano es tan similar a la de Illumi seguramente por todo el tiempo que pasas con él.
—Sí, sí, como sea —estaba cansado de que su madre no le respondiera e insistiera en tenerlo ahí actuando como si todo esto tuviera sentido para él—. Mamá, papá no me deja salir a menos que Illumi me deje, y el tarado no va a volver a casa en un tiempo ¿podrías pedirle a papá que me deje salir a…? —no fue capaz de terminar su oración, se quedó sin aliento, se avergonzó de actuar como un asesino.
Kikyo volvió a verlo a los ojos, sus palmas no le dieron ninguna de las pistas que estaba buscando para poder guiarlo a ser el asesino que ella quería.
—Kil, desafortunadamente tu padre e Illumi tienen un no-sé-qué-trato y no me permiten opinar cuando se trata de ti, sólo cuando hay alguna reunión me dejan expresarme, así que me temo que no puedo ayudarte. Al menos no yo —soltó su mano y Killua se apartó decepcionado— deberías hacer lo que Illumi y yo hacemos cuando hace falta —continuó antes de que el niño saliera del cuarto—, desde que Illumi tenía tu edad él solía experimentar con los mayordomos. Tenemos muchos. Podrías usarlos como tus blancos sólo que ten cuidado con que tu padre o tu abuelo no se enteren. A ellos no les agrada la idea… eso le pasó a Illumi y por eso no puede ser el heredero de la familia.
Por primera vez escuchó el verdadero motivo por el que debía cargar con ese puesto tan demandante y no le pareció una buena noticia. Para colmo su madre reforzó la idea de matar mayordomos. Se enfureció de enterarse que era el heredero de los Zoldyck por algo tan inverosímil.
—¿Matar a quienes me han servido?, ¿en qué mundo tiene eso sentido para ti? —su tono de voz delataba un furor ardiendo en su interior.
—No dramatices, niño —contestó—. Los entrenamos muy duro, si no pueden resistirte a ti, quiere decir que no valía tanto la pena. Deben estar a la altura de sus amos.
Apretó la mandíbula y salió del cuarto antes de que continuara escuchando más sobre esa idea exasperante.
Illumi tardó dos semanas más en regresar. Anhelaba ver a su hermano y ordenó al hombre de Nen que permaneciera en segundo plano, cosa que al ente no le hizo gracia, pero tuvo que soportarlo. Para su suerte, Killua estaba solo cuando llegó, sus ojos denotaban el inicio de una locura interna, hambriento por matar. Si todavía el albino resistía, era porque faltaba presionar un par de botones más antes de que hiciera estallar la bomba. Se acercó a él mientras el menor transitaba sin rumbo por la montaña, había acabado su primera rutina de ejercicios y parecía buscar entre todo su camino, probablemente, algo que matar.
—Kil —le llamó e inmediatamente el niño se giró a verlo, su mirada delataba cuán alerta en realidad estaba.
—Hasta que te acercas —ya sabía con anticipación que su hermano estaba tras él, sus sentidos asesinos estaban en su máximo punto.
—Ja, ja, sí, veo que estás muy alterado.
—Idiota, te tardaste demasiado en volver.
—Estaba trabajando —aclaró con una gran sonrisa.
—¡No me importa qué estabas haciendo!, yo te he estado esperando.
—No me hables de ese modo —advirtió, pero sabía que estaba fuera de sí.
El niño resopló fastidiado.
—¿Por fin me dejarás salir a hacer algún trabajo?
Illumi no respondió de inmediato, dejó su mirada fija en él, explorándolo de pies a cabeza.
—Maldición, ¿no te puedo dejar solo, verdad? Me voy unos días y te pones peor.
—Esto no es tu asunto.
—Te has vuelto a cortar, ya te habíamos dicho que dejaras eso.
—Es mi maldito cuerpo, hago lo que quiera con él —dicho esto, trasformó las uñas de su mano derecha en afiladas garras, las clavó en brazo izquierdo y apenas iba a rasgarlo para hacerse profundas heridas cuando Illumi lo detuvo; jalándolo por la muñeca, bloqueó sus movimientos colocando uno de sus codos contra la cara del menor. Al tiempo que estiró el brazo del menor, Killua colocó velozmente su otra mano frente a su rostro, amortiguando así el golpe, el cual finalmente no fue tan efectivo.
—Veo que tus reflejos están muy bien —apretó más la muñeca y escuchó un muy leve quejido de dolor—, pero estás muy débil.
—Ya suéltame —reclamó sin moverse, sabía que estaba en desventaja—, imbécil.
—Te dije que no me hablaras de ese modo —y sin dudarlo, atravesó una de sus piernas entre las piernas del niño para hacer que cayera, soltándolo en el proceso.
A duras penas pudo atenuar la caída, lo hizo relativamente bien, pero, en efecto, Illumi tenía razón; su cuerpo estaba más débil de lo normal. Su hermano se colocó frente a él, intimidándolo con su posición.
—Kil, has bajado mucho de peso, mírate, es evidente que no has dormido bien en días, y esas cortadas no te ayudan en nada. No puedo dejarte salir en ese estado, no aguantarás ni vigilar a tu objetivo.
—¡¿Qué?!, ¡no, no te he estado esperando para que me digas que no! No puedes hacerme esto —se levantó con esfuerzo del suelo, su razón le decía que Illumi estaba en lo cierto, pero su deseo por matar era más grande.
—Recupérate, dejaré que descanses del entrenamiento, duerme y come bien, y luego te dejaré salir.
—No, ya tuve suficiente.
Su sed de sangre se desprendía libremente e Illumi sintió escalofríos, de no ser porque el albino se encontraba débil, seguramente esa habría sido una terrible señal para él. Killua era extremadamente talentoso.
—Me largo de aquí ahora mismo, saldré y haré las cosas a mi modo —se levantó del suelo, sacudió su ropa y se dio la vuelta dispuesto a marcharse de ahí.
—Estás desafiando la autoridad de papá, te hemos dicho que no puedes salir.
—No me importa lo que ustedes dos digan, y yo no les importo a ustedes. Estamos igual —dio un paso para continuar con su camino pero la voz de Illumi le retuvo.
—¿Y qué se supone que harás allá afuera?, ¿irás y matarás al primer transeúnte que te encuentres en el camino? —Illumi dio un paso para acercarse a su hermano—, por mí está bien, yo lo haría, no tengo ningún problema con matar. Lo sabes, me has visto, y por tu reacción deduzco que aunque tengas esta determinación, no lo harás. No estás hecho para matar a cualquier persona.
Killua de inmediato dejó su sed de sangre, su hermano tenía tanta razón que era molesto más allá de las palabras. Lo peor era que en caso de que saliera no sabría a dónde ir ni qué hacer allá; no identificaría a su víctima si es que alguna lo merecía.
—Te dejaré hacer eso que dices. Claro, ya que voy con papá tendré que hablar de esto con él —advirtió, y en seguida retrocedió girando rumbo a la mansión—. Suerte en tu plan, si es que logras salir.
Killua se dio cuenta que se había metido en un gran problema, su padre lo tomaría como un desafío de verdad y no estaba preparado para recibir otro castigo.
—Aniki, espera —intentó detenerlo, sin embargo Illumi se marchó de ahí dejándolo con la incertidumbre.
Los mayordomos lo detuvieron mucho antes de que llegara a la puerta. Y esta vez no se tomaron la molestia de hablar con él, lo llevaron directamente hasta la entrada de la casa donde su padre lo esperaba para guiarlo al cuarto de castigos. Killua estaba abochornado, no se atrevió a mirar a su padre a los ojos o hablar. Fue conducido en silencio y aceptó todo lo que le impusieron. Una semana más de tortura habitual, colgado de ambos brazos hacia el techo y sin derecho a soltarse.
—Illumi sólo hace su trabajo, Killua —expuso Silva una vez que lo tuvo en esa posición tan incómoda—, le he dado autoridad sobre ti, desafiarlo a él equivale a desafiarme a mí y si quiero ser coherente con esto, entonces debo castigarte. Estarás aquí una semana y te restaré un día más de tus visitas a Alluka, espero que con esto reflexiones sobre tus últimas actitudes en casa.
No se atrevió ni a argumentar con su padre, se lo había buscado y no ganaría nada con pelear. Al contrario, las cosas empeorarían, así que prefirió aguantarse. Una hora después, Illumi fue a verlo. Se le veía decepcionado.
—Papá me dijo que estarás aquí una semana y que te quitó una hora más de tu tiempo con Alluka.
Killua se resistió a responder.
—No pude evitar que papá tomara esa decisión, sólo trato de ayudar y ¡vaya desastre!—caminó dado un rodeo en el pequeño espacio— sólo te pedía que tuvieras paciencia, te recuperaras y luego te dejaría salir a matar.
—Y yo sólo te pedía que me dejaras salir a relajarme —objetó entre dientes con su mirada inyectada de sangre.
—Soy responsable de ti, no aceptaré que te lastimes sólo por querer salir. Dije que sí, te llevaré de cacería, sólo quiero que estés bien.
Tal vez estaba débil, pero eso no le quitaba su mirada de odio. Detestaba los constantes argumentos bajo los que le sometía el morocho.
—Era más fácil llevarme primero a relajarme y luego me recuperaba y continuaba con tu estúpido entrenamiento —paulatinamente fue alzando la voz.
—¿No te has dado cuenta de tu estado?, estás enfermo, ni siquiera aguantarías vigilar a tu objetivo.
—Estoy bien.
—Eres un necio —acarició la mejilla del menor amorosamente.
Killua se comportaba así por el efecto que tenían las agujas en su cuerpo y por ello las ofensas no le afectaban. Internamente deseaba creer que una vez que estos tiempos de maltrato terminaran las cosas volverían a ser como antes.
—Si es cierto eso entonces deshazte de esas cadenas. Si logras bajarte de ahí entonces te llevaré en este momento a matar a alguien y yo mismo responderé frente a papá por ti.
Killua lo miró con sospecha, existía la posibilidad de que fuera una trampa, no obstante quiso intentarlo y al instante se dio cuenta que sus fuerzas sólo alcanzaban para hacer temblar el techo que sostenía el grueso metal, pero no pasaba de ahí.
—No, no puede ser, ¿qué le hicieron a las cadenas?
—¿Hacerles algo? No, nada de eso.
—Sí, yo usualmente puedo romperlas.
Jaló de las cadenas una vez más. El techo desprendió una capa de polvo y pequeñas piedras y nada más. La ira comenzó a dominarle por no lograr su objetivo.
—¿Quieres que traiga a Kalluto para que lo verifiques?
Illumi no bromeaba, y de todos modos no quería aceptar que de nuevo tenía razón.
—Mejor cállate —pequeñas lágrimas de frustración comenzaron a fluir.
Illlumi limpió las lágrimas con sus dedos, no iba a permitir que su predilecto hermano continuara viéndose más débil de lo que en realidad era.
—Cuando acabe tu castigo te dejaré descansar para que te recuperes, come bien, duerme lo que debes dormir y te llevaré a matar a unas cuantas personas seleccionadas para ti.
Se marchó dejando en claro que no estaba nada satisfecho con la forma en la que el niño se había estado portando. Hasta ese momento Illumi accedió a hacer el cambio con el hombre del Y, de modo que todo lo siguiente estaría a cargo de él, así se aseguraría de que todo saliera a la perfección.
Fue una semana terrible. El poder del Nen que lo impulsaba a matar incrementó un poco más en su cuerpo, y con los mayordomos a cargo de su castigo, su resistencia fue reduciéndose, tanto así que al tercer día entre latigazos su sed de sangre se hizo latente, quienes estaban cerca de él temieron por su seguridad. No porque no pudieran defenderse de él y su disminuida fuerza, sino porque era Killua de quién se trataba, una persona especial que no deseaban enfrentar, y que al primer impulso asesino del menor le permitirían tomar sus vidas. Los que le asistieron dentro del cuarto tomaron una distancia prudente para no incitarlo a hacer algo de lo que se arrepentirían. Para el quinto día Killua dejó de parecer el mismo niño que conocían, era siniestro, como una fiera lista para atacar. Los sirvientes se lamentaron por verlo así, de cierto modo sospecharon que se trataba de otro truco por parte de su hermano mayor.
Cuando Illumi volvió por él, no faltaba mucho para que su plan tuviera los buenos resultados que se esperaban, sus gestos y posturas daban un aire de locura. El pequeño albino, quien siempre se había mostrado afable con todos, ahora daba la impresión de tener la mente en un lugar muy lejano al que nadie podía acceder, y eso incluía a su hermana Alluka, por quien ni siquiera preguntó incluso después de su encierro.
Triste cosa para la pequeña niña, que se quedó sin nadie con quién hablar fuera del ente que habitaba en ella. Killua estaba ahí, se sentaba junto a ella con esa expresión de asesino desalmado, frío, con sus uñas siempre afiladas, a la defensiva, como si estuviera esperando pacientemente por una carnada. Alluka le hablaba, trataba de animarlo y sacarlo de ahí, pero él dejó de responder con el paso del tiempo, hasta que únicamente manifestaba completo silencio a todo lo que ella le preguntara. Lo que residía en Alluka decidió que era momento de proteger a su anfitriona, y no permitió que la niña estuviera siempre triste por su hermano, comenzando a jugar como solía hacer cuando era mucho más pequeña y distrayendo su mente para que durante la hora de visita de Killua, ella no notara la ausencia en la que el niño estaba metido.
—Killua, ¿quieres venir a jugar?
La criatura le insistía aunque supiera que no recibiría una respuesta, lo hacía por amor a ambos hermanos.
—Oye, mira —le mostraba al niño un insecto que había encontrado recientemente—, creo que está perdido, ¿lo ayudamos a encontrar su casa?
Los mayordomos que les vigilaban empezaron a hartarse de ese mutismo provocativo. De hecho precisamente esa era su finalidad: hacer enojar. Killua había optado por esa actitud para molestar al primero que cayera en su provocación y tener una excusa para atacar.
—Killua.
—El joven amo no desea hacer nada, amo Alluka.
El día esperado llegó, Killua cambió su mirada hacía el vacío por una de desconfianza.
—¿Ah?, pero él no me lo ha dicho —respondió la pequeña—, ¿no quieres hacer nada Killua?
No obtuvo respuesta. No se rindió e insistió.
—Killua, ¿no quieres hacer nada?
—Amo Alluka, por favor, el amo…
—Cállate —irrumpió Killua—, esto no tiene absolutamente nada que ver contigo.
Se puso de pie, y caminó en un semicírculo, como si quisiera rodear al mayordomo que se había atrevido a hablar.
—Joven amo, yo sólo…
—Te he dicho que cierres la boca —había una gran tensión a su alrededor, los espectadores creían que por fin Killua perdería el control de sus impulsos asesinos— Kyoya, no necesito que un idiota como tú…
—Kyoya, oye ¿me tomarías de la mano? —bastó ese momento en el que el nombre del mayordomo sobresalió para que el ente que habitaba en Alluka comenzara a hacer sus peticiones.
La mirada de odio y horror de Killua expresó lo que en esos momentos los mayordomos sentían; habían tenido la orden de rechazar las peticiones de Alluka, pero eso no quería decir que estuvieran dispuestos a cumplir su deber. Y ciertamente Kyoya no era uno de ellos, el aterrorizado hombre tomó la mano de la niña, ante el reproche de todos a su alrededor.
—Kyoya, ¿tomarías este insecto? —Kyoya extendió su mano para tomarlo, mientras sus nervios provocaban un temblor en su cuerpo.
Los Zoldyck habían mantenido en secreto las reglas que regían sobre Alluka, no todos los mayordomos estaban enterados sobre lo que debían hacer para conservar las peticiones de Alluka en un nivel bajo, si es que sabían que algo así existía. Algunos sólo estaban enterados de las muertes ocasionados por su poder, eran tantos los rumores y desinformación que corría entre ellos que nadie quería pasar mucho tiempo junto a ella.
La respuesta positiva de Kyoya hizo enfurecer a Killua, que en esos momentos no se detuvo a pensar por qué Kyoya obedecía a la entidad. Lo tomó como una señal de que era un hombre ambicioso que quería sacar provecho de su hermana. En cuanto el hombre tomó el insecto de la mano de Alluka, la afilada garra del niño atravesó su garganta tan profundamente que incluso parte del hueso del cuello fue cortado y el cuerpo del individuó cayó al suelo de golpe, chocando contra una piedra que salpicó sangre por doquier. Un hecho insólito, considerando que él ni siquiera se había atrevido antes a realizar una amenaza a alguien involucrado con su familia. El niño sintió un alivio profundo, un goce tan extremo que se echó sobre su víctima, y con sus garras fue arremetiendo contra su piel, sus huesos, no quería parar. Estaba destrozando todo lo que veía a su paso, hasta deformar los restos del hombre. Entonces tornó en sí y cuando lo hizo, su mente quedó en blanco. Advirtió la sangrienta escena delante de él y al mismo tiempo no lo pudo comprender, poco a poco fue tomando forma y su cuerpo empezó a temblar agresivamente, intentó decir algo en su defensa, pero todo lo que salía de su boca eran incoherencias. Killua tuvo una crisis nerviosa al ver sus manos llenas de sangre y el cuerpo del hombre con el que alguna vez llegó a compartir su tiempo.
Se llevaron a Alluka a su cuarto y el niño fue trasladado hasta la habitación de su padre, donde se encontró con él, junto a Illumi. Detrás de ellos, sentada a un lado de Kalluto estaba su madre. Los tres adultos lo observaron detenidamente. Kikyo le sonreía, era la única ahí que parecía no entender la situación.
—No necesito que me expliques qué ocurrió —le dijo su padre—, así que te pediré que me des tus motivos.
Killua aún no podía hablar, miró avergonzado hacia el piso. Había hecho un acto de traición no sólo a los ideales de la familia, también a sus mayordomos quienes contaban con él. Se suponía que todo su trabajo era desempeñado en equipo, que no por ser un Zoldyck quería decir que él era superior a ellos.
—Yo… papá… —y pese a que continuaba desorientado comenzó a hablar—, yo… en realidad no lo sé.
—Kill — prosiguió Silva—, Kyoya era hombre muerto de todos modos, los mayordomos que trabajan con Alluka están obligados a ocultar sus nombres, y si Alluka descubre sus identidades, es su responsabilidad lo que les ocurra. Su orden es responder que no a todo lo que él les pida. De cualquier modo él iba a morir, ¿lo entiendes?, sí murió entonces quizá no estaba a la altura de las exigencias de este oficio.
El pequeño levantó la mirada, sorprendido de escuchar tales palabras en boca de su padre. Illumi y Kikyo se lo habían dicho antes, como una forma de justificar sus asesinatos. En su padre sonaban tan diferentes, tan llenas de coherencia.
Illumi no hizo ningún gesto, y su madre asintió como si lo dicho por su padre tuviera un peso mucho más grande que los argumentos de cualquiera en el mundo.
—Pero… es mi culpa —sus orbes azules se llenaron de lágrimas nuevamente—, yo dije su nombre, lo dije frente a Alluka. Yo tengo la culpa.
—Alluka ya ha sido responsable de muchas muertes y ellos lo saben. Él debió tener más cuidado.
—Sólo fue un instante.
—Y si él no cuidó su vida, no te hace culpable.
—¡De todos modos yo lo maté! Yo…
—Eso fue porque no pudiste controlarte —cortó su padre—, así como ahora mismo no puedes controlarte.
Killua volvió a guardar silencio.
—No te puedo dejar simplemente así, a pesar de que no estoy enojado porque hayas matado a uno de mis hombres. Digamos que fue un accidente —remarcó esa última palabra—. Así que serás de nuevo castigado, regresarás al cuarto de castigo y Kill... —suspiró, dentro de Silva había una incomodidad por seguir el juego de Illumi, no obstante ya no podía detenerse— perderás otro día más con Alluka, es evidente que no te hace bien pasar tiempo con él.
Killua mordió su labio, y dejó escapar más lágrimas. Su cabeza le dolía de tanto pensar en sus acciones frente a su frágil hermana. No le estaban castigando por matar a un hombre, le estaban castigando para calmar la hostilidad que pudiera despertar en los demás miembros de la servidumbre, le restringían sus visitas a Alluka porque se estaba trasformando en alguien peligroso. No le quedó argumento alguno para defenderse, es más, sintió un alivio en ser castigado. Deseó más que nunca esos azotes y soledad, como si fueran una respuesta a algo que estaba buscando. Por supuesto que esa corta temporada en el cuarto de castigos le sirvió para reflexionar. Dentro de ahí quiso ofrecer batalla a su excéntrica hambre por matar.
Una vez fuera, reanudó su rutina de ejercicios, combinándolo con una buena y balanceada alimentación que le ayudara a estar fuerte, y no darle de nuevo esa excusa a su hermano mayor para no dejarlo salir a matar.
En cuanto Illumi vio que estaba comenzando a controlar su naturaleza asesina, se dio cuenta que necesitaba ejercer más presión. Y después de llevarlo a matar, se aseguró de dejar pasar un tiempo largo para permitir que el ente de Nen le indujera otra vez ese descontrolado impulso asesino.
Esta vez la sed de sangre resultó más agresiva porque su inhibición por matar a su propia gente había disminuido. Comprendió lo que significaba para la familia y para los mayordomos, el matar a un miembro de su equipo. Los mayordomos persistieron dándole razones para que dejara su culpabilidad a un lado, y gracias a eso, ya no había un temor reverente por acabar con uno de los suyos. Simplemente reconocía que si no lo hacía era sólo por el lazo emocional. La nueva presión se intensificó tanto que Killua podía sentir su necesidad de matar como un dolor físico real. Lo sentía en el pecho y las manos; un dolor que le recorría hasta los codos y el estómago, que además no le dejaba respirar en algunos momentos. Por eso el hombre de Nen ya no le permitió estar a solas, no iba a dejar que descansara en privado y se diera fuerzas para seguir soportando. Fue oscureciendo de nuevo su razonamiento hasta volverlo una fiera. Llegado a ese nivel, de nuevo fue difícil tratar con él.
Alluka decidió no hacerle preguntas ni mostrarle su preocupación, simplemente se hundió en el criatura de su interior, dejando a un lado las cosas que tanto les gustaban a ambos. La mirada perdida de Killua era símbolo de la bomba de tiempo que estaba dentro de él.
—¿Cuándo me llevarás a trabajar?
—Aún no, Kil, necesito que termines tus ejercicios. No has podido concentrarte en los entrenamientos y no creo que vayas a concentrarte fuera de casa.
—Ya fue suficiente —llegó a su límite—, no quiero entrenar hoy.
—¿Cuál es tu problema ahora? —contestó con fastidio, Illumi.
—Llévame a matar. Quiero salir de aquí. Es una orden —dijo con una seriedad tal que parecía irreal.
—¿Una orden?
—Sí, soy el heredero de la familia, la futura cabeza o como quieras llamarme. Tú deberías estar a mi disposición.
—Número uno —levantó el dedo índice—: yo soy el representante de papá frente a ti, si me desafías a mí, desafías a papá.
—¡Pues que así sea!
—Y número dos —habló más fuerte para no dejarlo continuar—: eres sólo el heredero, tú lo has dicho. Aún no tienes tal puesto y por lo tanto vas a obedecerme.
Más que la interrupción y la forma en que su hermano le había respondido, lo que a Killua le enfadó fue el rechazo constante que recibía cuando se trataba de alguna petición de su parte.
—Ustedes sólo me controlan, no tienen idea de lo que yo necesito.
—Sé cómo te sientes y ya te he dicho que si yo puedo controlarme, tú también puedes.
—No, no lo entiendes.
—Sí, ¿podemos dejar esto?, hay mucho por hacer.
—¡No lo entiendes!
—Baja la voz —hizo un ademán inconscientemente que Killua interpretó como una señal de amenaza.
El niño saltó sobre Illumi, intentó golpearle el rostro. El morocho lo contrarrestó desviando aquel puño. A lo que el menor respondió con una patada, dando una vuelta hacia atrás para tomar distancia y agredirlo otra vez. Entonces Illumi decidió que no bloquearía sus golpes, para demostrarle que no estaba siendo tan efectivo como él creía y ver si de ese modo lo hacía detenerse. Dos golpes se asestaron en su pecho y abdomen, y al tercer golpe vio cómo velozmente Killua trasformó su mano en un afilado conjunto de garras que sin duda se le clavarían en el corazón si es que no lo detenía; le sujetó la muñeca a poco más de un centímetro de lograr su objetivo. Fue un descuido de su parte creer que Killua sólo quería lastimarlo y entonces comprendió que su pequeño proyecto ya estaba por concluir.
—Mejor cállate y deja tus sandeces inútiles. Nada de lo que dices sirve. Idiota inservible.
Esas palabras, aunque dichas bajo los efectos de la ira y sed de sangre sembrados en su interior, dolieron porque le gustara o no, eran una idea que venía de lo más hondo del albino.
—Intentaste matarme —respondió pausadamente, sosteniendo aún la mano afilada, con una expresión que denotaba cuán conmocionado estaba.
—¿Matar… te? —entonces Killua reparó en el filo de su mano, lista para atravesar el corazón del mayor. No pudo evitar tener miedo de sí mismo, no había sido consciente del momento en que su mano llegó ahí más rápido que su razonamiento.
—Esto no puedo pasártelo —apretó la muñeca de Killua, girándole hueso hacia afuera para forzarlo a tomar distancia.
—¡Espera! —fue lo último que dijo antes de ser noqueado.
Lo siguiente que supo fue que se encontraba de vuelta en el cuarto de castigos, colgado de ambos brazos, con las habituales cadenas ajustadas a sus muñecas.
—Demasiados castigos en poco tiempo, ¿no?
—¿Papá?
—Kil, puedo aceptar que mates a uno de nuestros mayordomos. Es un riesgo que ellos toman al trabajar con nosotros. Pero querer matar a tu hermano, quien se preocupa por ti más de lo que crees, es diferente.
—Papá, ¿dónde está?, ¿dónde está Illumi?
—Probablemente esté en su cuarto, no lo sé.
—¿Puedo verlo?
Silva retrocedió. Su hijo estaba bastante delicado e insistía en parecer razonable, le dolía en el fondo tener que tratarlo como si fuera el verdadero culpable de sus acciones.
—Kil, yo no tengo ningún problema de que hables con él. De hecho vas a tener que hacerlo… Lo cierto es que Illumi no quiere verte. Fue y te dejó conmigo, me explicó lo que había pasado y dijo que no quería verte de nuevo, necesita tiempo.
Sintió que su estómago se removía, y pese a su esfuerzo por contenerse, sus emociones afloraron con breves temblores y lastimeros gimoteos. Sentía un odio hacia sí mismo tal, que si hubiera podido, habría intentado acabar con su propia vida.
—No puedo dejar este castigo en manos de los mayordomos, esto es asunto de familia, pero yo no tengo tiempo e Illumi no quiere verte, así que vendrá tu madre a hacerse cargo. Estarás aquí dos semanas. Creo que lo único que te aplaca por un tiempo es quitarte horas con Alluka, así que puedes dar por hecho que ahora sólo lo verás tres veces por semana. Espero que este sea tu último castigo.
—Alluka, no… —susurró—, no quiero ver a mamá… Illumi —sonaba como lo que era, un niño, un inocente menor asustado y confundido.
Bien, no sé qué les está pareciendo hasta aquí, espero que todo vaya con lógica y les parezca interesante.'.
Yuuki: Gracias por tomarte la molestia de venir hasta acá desde amor yaoi para dejarme un comentario, no sabes lo bien que me haces sentir. ¿Cómo van las cosas ahora?, ¿te sientes mejor? ¡Que felicidad saber que éste fanfic te relaja un rato!, sé lo que se siente *risa* Gracias por tu observación, sí, Illumi parece siempre el malo, pero también la pasa bastante mal y para colmo el nene no sabe cómo enfrentarlo ¿qué se le va a hacer? Descuida, ya habrá IlluKillu luego... la pregunta es ¿cuándo? *risa diabólica* tendría que leer los capítulos siguientes para decirte cuándo oopss. ¡Cuídate mucho Yuuki! Ojalá vuelva a leerte pronto.'.
Un agradecimiento especial a Kalen, GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas y a Lilium mi editora por sus correcciones.
