93 en Babel

Capítulo 5

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Su padre le dejó inmerso en la oscuridad; esperando a la persona idónea para darle el peor de los castigos: su madre. Quería ver a Illumi, explicarle que había sido un mero accidente. Después de un par de horas en soledad, Kikyo fue a verlo, él no pudo darse cuenta cuando entró ya que se había quedado dormido luego de rendirse ante la angustia.

—¿Mamá?

Ella estaba de espaldas, sostenía entre sus manos uno de los látigos que dejaron sobre una mesa junto a otras herramientas de tortura.

—Éstas cosas seguramente las compró Milluki —las examinó; las levantaba unos segundos para luego dejarlas en cualquier parte, revolviéndolas—, que mal gusto. Ya ni siquiera hacen los látigos como antes. Una de esas cosas podía destrozarte la espalda con sólo un azote, ahora sólo están hechas para darte dolor…, no le veo el sentido.

—¿Dónde está Illumi? —preguntó con esperanza de tener alguna buena noticia.

—A ese niño de pronto le nacieron sentimientos y resulta que está decepcionado de ti, ¿puedes creerlo?, patético.

Se sintió mal. Ésas palabras le recordaron lo menospreciado que era su hermano, que ni siquiera de su mismo maltrato se había librado, cuando antes lo que más deseaba era ganarse su confianza. Le dolió añadir un nuevo daño irreversible en su, ya muy fracturada, relación.

—Tu padre quiere que te castigue, pero esto es absurdo. Somos asesinos y se supone que vamos a matar. Seguramente tu hermano se lo estaba buscando y por eso intentaste acabar con él. Eso sólo me hace sentir orgullosa de ti, Kil. Bien hecho.

—Cállate —murmuró, mirándola con odio.

—Esa mirada tan hermosa —le sonrió, creyendo que había encontrado al niño de su profecía; un ser insensible que pudiera ser capaz de matar a su propio hermano y liberarla de su esclavitud—. Sé lo que sientes, deberías dejarte guiar por ese instinto asesino.

—¿Y si te eligiera a ti como objetivo?

La sonrisa de Kikyo se desvaneció por un momento y luego recuperó su compostura.

—No sería tan fácil como con Illumi. Ese idiota tiene la culpa por bajar la guardia. Nosotros nunca debemos bajar la guardia, mucho menos estando en casa. Estamos para servirte Killua, si matar a mamá te sirve de algo, estaré orgullosa de ser tu víctima.

Se sintió derrotado ante su falta de sensibilidad. Kikyo no tenía una entrada que le permitiera hacerla razonar como un ser humano normal.

—Bien, te propongo algo mi amor —caminó hasta quedar frente a él—, te soltaré, y deberás ir a matar a tu hermano. Hazlo ahora que está sensible y se dejará matar, yo ocultaré todo para que tu padre y tu abuelo no sepan nada. Será nuestro primer secreto, ¿no te gustaría eso?; un secreto con mamá.

La mirada azul de odio se intensificó; ¿cómo podía una mujer desear la muerte de uno de sus hijos por mano de otro de ellos? Ninguna madre que se jactara de serlo sería capaz de enfrentar a su familia de la forma en que ella lo hacía, sin siquiera una pizca de remordimiento.

—Pero no contestes ahora —previno Kikyo—, dejaré que lo pienses mejor. Mañana vendré por mi respuesta, espero que sea un sí.

Ordenó que le soltaran de las cadenas, mas permaneció encerrado en la habitación, bajo la habitual vigilancia. Un nuevo deseo nació en su interior mientras veía a la puerta; quería irse de casa, alejarse de todos y dejar de ser un asesino. Un destino oscuro era todo lo que hallaba delante de sus ojos, rodeado de gente cruel y vacía, la sola idea le acongojaba. Ese fue su pensamiento durante el resto del día, lo repasó de cabo a rabo, hasta que concluyó que abandonar todo —así de simple— sería ridículo y más tratándose de abandonar a Alluka.

Al día siguiente Kikyo volvió alegre y vivaz, creyendo haber encontrado el final de sus problemas, pero una vez más dio con un muro. Era imposible convencer a su hijo de realizar tal acto atroz. Killua se negó a su petición.

—Otro día, eso necesitas. Todavía es muy pronto para que decidas. Dejaré que lo pienses bien. Mira dónde estás, no creo que quieras estar aquí y que mamá te torture. A nadie le gustan las torturas de mamá.

Dos días después volvió y su sorpresa fue mayor, cuando vio a su pequeño voluntariamente colgado al techo. Pidió que se le colocaran las cadenas y durante esos días permaneció en silencio, sin comer ni beber nada. Sólo miraba al frente con decisión.

—Un "no", ¿cierto?

—Haz lo que quieras conmigo mamá, pero no mataré a Illumi. Adelante, tortúrame, mátame si así lo quieres. Ya no tengo nada que perder.

El dolor que sufrió fue demasiado intenso. Kikyo era especialista en torturas; y a pesar de todo el maltrato que su cuerpo padeció, nada fue comparado con el dolor que el vacío existencial le provocaba. Pensaba en Illumi, a quien detestaba, pero no lo catalogaba como un enemigo; era consciente de que su hermano llevaba más tiempo soportando todo esa vida y era lógico pensar que su locura y rareza se derivaban de los efectos secundarios de permanecer junto al fuego por tanto tiempo. No podía culparlo, ni odiarlo, pero tampoco podía quererlo porque el hecho de que Illumi hubiera sufrido tanto no justificaba sus acciones. Luego pensó en Alluka, y su corazón dolió más. Era inadmisible que un ser tan noble y puro, permaneciera en un mundo tan oscuro y sin sentido. Se hallaba dolorosamente atado a su vida; quería morir, volar lejos de ahí y no volver jamás. Dejar de presenciar el sufrimiento, cerrar sus ojos a todo.

Cuando salió del cuarto requirió asistencia médica para curarse durante tres días. Kikyo era una genio de la tortura, ella sólo le produjo dolor durante esos días, pero no tanto como para que no pudiera moverse, como solían hacer con Illumi. A ella no le convenía que quedara incapacitado por mucho tiempo, así que sólo aplicó el dolor de modo que el niño se recuperara pronto.

Illumi fue a verle cuando aún estaba en tratamiento, lo cual resultó un momento vergonzoso. Él menor quería verlo, pero no a los ojos. Quería trasmitirle su arrepentimiento y, sin decir una sola palabra, pedirle perdón.

—¿Cómo te sientes?, ¿tienes ansiedad?

Se alzó de hombros, y dejó escapar un suspiro. No tenía la respuesta a esa pregunta.

—Killua, ¿me escuchas?

Su mandíbula tembló y dejó escapar un par de lágrimas.

—Vamos, no vas a llorar a cada rato por tus acciones. Las lágrimas no solucionan nada —sonó duro, pero tenía razón, Killua ya no era un bebé como para permitirle que se dejara llevar por sus emociones así de simple, ya era hora de enseñarle a tener autocontrol.

Aniki, yo… —pensó seriamente en disculparse, conteniendo torpemente su tristeza.

—¿Estás bien?

—Mmm —asintió con la cabeza—, aniki

—Perfecto, en cuanto salgas continuaremos con el entrenamiento…, a menos que necesites salir a hacer algún trabajo. Me avisas con tiempo para tomar una decisión —se fue aprisa.

Evidentemente no iba a darle la oportunidad de reconciliarse, al menos no por el momento. El efecto de las agujas continuó y su corazón se oscureció tan pronto como dejó el cuarto de recuperación. No era capaz de controlarlo porque esto no dependía de él sino de Illumi, quien a su vez estaba siendo manipulado por el hombre de Nen, creyendo que todo lo que hacía era para un beneficio futuro.

Killua dejó de tener la confianza de acercarse a Illumi y maltratarlo como ya se había vuelto usual en él. Cuando lo veía recordaba el penoso suceso; intentó matarlo y eso no era cualquier cosa. Estaba preocupado porque Illumi no se había prestado para tocar el tema, lo evadía constantemente. Cada vez que el albino se acercaba a él, se percataba de sus intenciones y no le daba tiempo para lograr su cometido, dándole instrucciones sobre sus entrenamientos para luego dejarlo solo. Sabía que lo estaba evitando y eso le afligía. Deseaba recuperar la confianza para pedirle ayuda, quejarse de su hambre de matar y salir de casa para satisfacerse.

El verdadero Illumi se encontraba triste por el intento de homicidio. Esa parte sí era cierta, pero el ente de Nen le juró que sólo era "un paso para lograr su objetivo". Dicho objetivo cada día era más borroso, esas palabras se transformaron en un mantra que le ayudaba a mantenerse tranquilo, imaginando que todo estaba bajo control. Fue a ver a su hermano mientras entrenaba, aproximadamente unos cuatro días después de que se recuperara de los efectos de la tortura y se dirigió a él.

—Kil, ¿cómo va tu problema?

No sabía cómo responder, había salido de boca del mismo Illumi la pregunta y eso le ahorraba mucho esfuerzo; por otro lado entendía que eso no le daba derecho de aprovecharse de la situación.

—Igual… mmm… —era evidente su falta de descanso, de nueva cuenta estaba flagelándose los brazos y piernas, lo cual aludía que estaba llegando a su límite de resistencia.

—Tenemos que hacer algo antes de que vuelvas a empeorar. Ve a prepararte, vamos a salir.

—Sí.

Partieron de la montaña. Illumi descansó del ente de Nen, cosa que agradeció porque estaba harto de esa presencia poderosa la cual requería cada día de más energía para conservarse en el primer plano. Killua, al fin se liberó del estrés y cualquier otro malestar que le aquejara. Estuvieron fuera por treinta días, de los cuales el menor se encargó de quince personas en total. Obviamente todo esto ya estaba planificado. Illumi distribuyó los objetivos a lo largo de los treinta días para mantener a Killua bajo control. Poco a poco la mente del niño identificó su tranquilidad y placer, con la muerte de otros. Hizo a un lado aquello que su abuelo tanto le decía, que era un mero trabajo. Lo hizo porque era prioritaria su estabilidad mental.

Estaba feliz, miraba el paisaje de cada nueva ciudad a su alrededor y lo disfrutaba. Su trato con sus mayordomos regresó a la normalidad e incluso su relación con Illumi estaba retomando sus antiguos lazos agradables; su hermano le daba tiempo para que saliera a explorar y comprar cuantas golosinas se le antojaran. Los días malos, ahora eran como un mal recuerdo muy lejano.

—Illu-nii, podríamos detenernos en esa tienda, no he ido ahí aún.

—Sí, claro.

Esto era como la adicción a una droga en una persona común. La sensación de bienestar provocado por el acto de matar era terriblemente adictiva, y el hecho de que le administraran dicha droga con tanta frecuencia sólo hacía que el efecto fuera en aumento.

—Genial, ¿mañana nos cambiaremos de hotel?, hay otro lugar al que me gustaría ir.

—Mañana tenemos nuestra última misión, supongo que podría dejarte ir hoy y mañana…

—¡¿Qué?!, no, no puede ser que ya no haya más objetivos —se sobresaltó, abandonar esa cómoda vida era lo peor que le podía pasar en esos momentos.

—Llevamos un mes fuera de casa, papá no me va a dejar tenerte así por más tiempo. Necesitas ir a la montaña a entrenar.

—Pero podemos continuar desde aquí ¿no?

—Necesitas descansar.

—No estoy cansado —intentaba razonar desesperadamente, pese a que de antemano sabía que perdería—, ¿cuánto tiempo?

—¿Cuánto tiempo qué cosa?

—¿Por cuánto tiempo estaríamos en casa?

—No sé, eso depende de ti.

—Illu-nii… —debía confesar que disfrutaba mucho que Killua le llamara de ese modo. Era como si el plan del ente de Nen estuviera funcionando a la perfección—, por favor.

—Posiblemente un mes. Dos semanas si es que decides dejar a un lado tus descansos para concentrarte en tu objetivo.

—¡¿Un mes?!, no, de ninguna manera. Es demasiado.

Sólo le faltaba una cosa por averiguar.

—Es justamente el mismo tiempo que llevamos fuera de casa, Kil, ¿no extrañas a Alluka?—su corazón se aceleró cuando decidió sacarlo a flote.

Fue como si le hubieran lanzado un balde de agua fría. Killua la recordó de golpe y se apenó de haber ignorado por tanto tiempo a su pequeña hermana.

—Alluka —en todo ese tiempo ni siquiera había hablado a la casa para preguntar por ella, simplemente la dejó atrás—, uh… sí, creo que estaría bien visitarla un poco, pero volveremos ¿verdad?

Aquellas palabras eran como un dulce manjar para el morocho. Killua no sólo olvidó momentáneamente a su hermana, sino que estaba más interesado por estar lejos de ella, junto a él. No dudaba que a este paso el hombre de la Y estaría cumpliendo su parte del trato en tan sólo unos meses.

—Te lo aseguro, pero tendrás que esforzarte por terminar todo rápido.

—Sí, no pienso estar tanto tiempo en ese infierno.

Aquello bastó como prueba de que la eficiencia del monstruo de Nen era real. A su vez algo le incomodaba, no era común en él aceptar que alguien más interviniera en sus decisiones, por más que el hombre de la Y argumentara que eran decisiones de ambos dado que compartían tanto el cuerpo como Nen, inteligencia, conocimientos y demás recursos; prácticamente eran la misma persona, pero con diferente estado de consciencia; esto no llegaba a convencer al morocho de que era él, al final de cuentas, quien hacía las cosas.

La adicción a una droga al principio se puede frenar, desistir de su consumo y dejar todo como en una o dos experiencias aisladas; no obstante, si se continúa en ello, probado y provocando que el cerebro relacione la sensación de bienestar con el empleo de la droga; se elimina la diferencia entre el bienestar y el consumo, y no se puede dejar el uso de la misma tan fácil como al inicio. De igual modo Killua relacionó en su mente su sensación de estabilidad y felicidad con el acto de matar; ahora no podía dejarlo, estaba arraigado a él y era deseable continuar así. Sin darse cuenta, era un adicto a asesinar y el supuesto descanso de Illumi, sólo era la fachada para orillarlo a lidiar con la amargura de la abstinencia.

La semana de entrenamientos era una forma de liberar su mente de esa necesidad, se animaba mucho a desempeñar mejor su papel para terminar su nuevo nivel y salir de casa. Era el estímulo principal para ignorar su adicción. A pesar de que Illumi le hizo, en distintas ocasiones, la sugerencia de que descansara. Él se negó, alegando que eso únicamente empeoraría su condición, y estaba en lo correcto; Illumi fingía estar naturalmente preocupado.

Fue una noche intranquila cuando el mayor decidió dar punto final al incentivo que lo mantenía estable. Había estado nublado todo el día y como era de esperarse, para el anochecer se soltó la lluvia. El pequeño aún dormía cuando los truenos comenzaron a inquietarlo, se sentía cansado, por eso hizo caso omiso del bullicio en el exterior. Tras un fuerte estruendo tuvo que esforzarse por salir de su cómoda cama y activar el dispositivo para aislar su cuarto del ruido de afuera. Caminó aún dormido hasta el botón y un rayo alumbró su cuarto, entonces entrevió una sombra que apareció en medio de su habitación, había sido muy breve. Sin querer presionó el botón para reforzar las paredes y vidrios, lo cual oscureció por completo el cuarto y no pudo distinguir quién era el que estaba ahí. Esperó percibir cualquier movimiento. No tenía miedo, sólo curiosidad.

—¿Quién está ahí? —indagó en voz baja.

—Tranquilo Kil, soy yo —reconoció la voz de Illumi y se relajó. Su cansancio regresó y decidió reanudar su camino a la cama.

—Illu-nii tengo sueño, ¿qué ocurre?

—Duerme entonces. No te preocupes por mí.

Aunque sonaba como Illumi, era el ente de Nen el que ocupaba el lugar del Zoldyck. Le hablaba en voz queda al niño, con la intención de arrullarle, un truco básico recurrente en el hipnotismo. Era necesario que el peliblanco se encontrara en ese estado para completar su trabajo y depositar en su consciencia un último mensaje. El punto cúlmine del ritual al que estuvo manteniendo al niño a lo largo de esos días llegó y tras asegurarse de que no hubiera resistencia alguna, se marchó de la recámara.

Cuando el menor despertó, notó cuán cansado y débil estaba. Habría optado por quedarse en cama por más tiempo de no ser porque un vacío estomacal lo obligó a levantarse. Se extrañó, jamás se había sentido así, tenía una sensación de malestar y hambre imposibles de ignorar. Se vistió y salió a desayunar. Al ver la hora se alarmó por lo tarde que era, casi mediodía. Illumi estaría furioso si se retrasaba más tiempo, pero no quería irse sin haber comido algo o no soportaría el entrenamiento.

—Amo Killua, no necesita comer tan deprisa, no le hará bien durante el entrenamiento —comentó Gotoh, quién fue el que le atendió.

—Está bien Gotoh, tengo mucha hambre y de todos modos Illumi me castigará por llegar tarde.

—¿El amo Illumi? —preguntó confundido— él no se encuentra en casa, ¿lo recuerda?

—¡¿Eh?!, ¿a dónde fue? —detuvo abruptamente su comida para escuchar con atención lo que su mayordomo fuera a decirle.

—El amo Illumi salió a terminar un trabajo.

—¿Hace cuánto se fue? —no pudo evitar sentirse nervioso.

—Ayer en la mañana. Creí que lo sabía y por eso ayer no salió de su cuarto en todo el día.

—¿Ayer?, no, yo… no recuerdo nada. No dormí todo un día completo... ¿o sí?

—No lo sé. Lo lamento.

Entonces comprendió que en efecto, pasó un día entero en su cuarto, sin enterarse de nada, eso explicaba su hambre al despertar. Una imagen fugaz apareció en su mente, recordó que Illumi fue por la noche a verle, probablemente con la intención de llevarlo con él, pero al no tener respuesta se había marchado dejándolo atrás.

—Maldición —masculló irritado. Sintió como si sus puertas se cerraran y no encontrara otra salida—, esto no me puede estar pasando de nuevo… Gotoh ¿cuándo volverá?

—Lo siento, no nos lo han notificado.

Se negó a tomarlo con calma. La ansiedad reapareció tan pronto como se percató de que su única esperanza no estaba en casa, sus manos temblaron mientras la ambición insaciable de matar retornaba a su cuerpo.

—¿Traes tu celular?

—Así es.

—Quiero hacer una llamada, déjame hablarle.

Gotoh le extendió el teléfono y se apresuró a marcarle, para su desgracia Illumi nunca atendió sus intentos de localizarlo. Killua trató de comunicarse con él durante todo el día, pero su hermano no respondió jamás. Eso siempre ocurría cuando se encontraba en un trabajo muy serio que le impedía responder, lo cual indicaba que el morocho podría tardar mucho tiempo en regresar.


De hecho Illumi sí salió de casa. El ente y él tenían un trato que consistía en un intercambio de favores. Si el espíritu se ocupaba de Killua, entonces se veía en el deber de conseguir un permiso para salir de casa y dejar que el hombre atendiera sus asuntos personales.

El trabajo principal del espíritu consistió en proteger a la entidad femenina en todos los aspectos posibles, hasta el momento en que Kikyo traicionó el sello que mantenía al hombre y la mujer de la Y en perfecta comunión. Ella era la principal motivación para su existencia, su otro lado, aun su misma existencia dependía totalmente de ella. Cuando le perdió, cualquier rastro posible para localizarla desapareció y carecía de la capacidad para encontrarla. Por ende lo que más le importaba en la vida era recuperarla. Tenía pocas pistas que podían guiarlo a su objetivo, muchas de ellas provenían de épocas muy remotas, así que entendía que no todo lo que conocía continuaría en el mismo sitio de antes, pero había otras cosas que siempre permanecerían en su lugar original y precisamente a esas pistas eran a las que acudiría. Primero requería descubrir todo lo relacionado con los actuales Iluminados antes de involucrarse con ellos. Se fue a una ciudad lejana de la montaña, en un pueblo muy verde, rodeado de praderas coloridas y flores exóticas. Una ciudad que aún conservaba los vestigios de su cultura original.

—Este lugar siempre ha sido preservado por la hermandad de los RK —le explicó a su anfitrión una vez que ingresó a la ciudad.

Los edificios poseían un estilo gótico muy elegante, incluso algunas de las casas de la región se notaba que tenían muchísimos años manteniéndose firmes. Al principio estuvo perdido, caminando entre las calles en busca de pistas que le hicieran encontrar el templo que estaba buscando y no le tomó tanto esfuerzo como en un principio creyó. El templo de los RK aún se conservaba con el mismo material con el que había sido construido en sus orígenes. Los símbolos de la iluminación le indicaron que estaba en el lugar correcto. Miró a su alrededor para asegurarse de que nadie lo siguiera. El templo tenía señalamientos de entrada y salida como si de un museo se tratara, quizá para confundir a los visitantes. El lugar estaba deshabitado, únicamente vio personal de trabajo. No obstante, lo importante estaba a la vista, en un lugar donde nadie tendría curiosidad por ver. Caminó hasta el centro del templo, unas cuantas sillas se encontraban ahí, de frente a una gran cruz decorada con una figura al centro, una rosa. Algunas estrellas de cinco y seis picos estaban a su alrededor, dibujadas entre las paredes y el suelo. Y entonces esperó. Al cabo de unos minutos, un hombre se le acercó a investigarle.

—Tú no eres de por aquí ¿cierto?, no pareces de esta ciudad.

—Ni de ningún otro lugar. Vine siguiendo la luz —esa respuesta fue la señal que el hombre esperaba.

—Un iluminado, teníamos mucho tiempo sin recibir a alguno en nuestro templo, ¿a qué debemos su intrusión?

—¿Intrusión?, ¿desde cuándo los RK nos consideran intrusos?

El hombre tuvo la paciencia de analizar al individuo frente a sus ojos. Le parecía ver algo extraño en él.

—Esa aura —mencionó. El hombre del Y sonrió tratando de parecer inofensivo—, Nen arcaico, ¿no podría ser…?, debería ser imposible.

—¿Una criatura de Nen?

—Es un tabú.

—No para siempre —vio el temor del hombre en sus ojos y tuvo el impulso de calmarlo— no te preocupes, no te haré nada. Los RK han trabajado siempre limpiamente siguiendo los estatutos de SG y yo respeto mucho su labor. Siempre lo he hecho.

Observando con detenimiento reparó en detalles que antes no lo había hecho. Las paredes no lucían tan bien cuidadas, algunas partes de concreto y decoraciones faltaban, era como un templo a duras penas conservado.

—¿Qué ocurrió aquí?

—En otro tiempo fuimos gloriosos, tuvimos mucho qué festejar y nuestras alianzas eran siempre fuertes.

—Demando que me informes de todo lo que me he perdido. En mi tiempo habría sido recibido como un maestro, y ahora me dices que no han recibido a ningún "intruso" iluminado por aquí.

—Lamento haber usado esa palabra —se disculpó, tomando una de las sillas y haciendo la invitación al hombre del Y para que le acompañara a sentarse junto a él—, pero por lo que veo eres de otra época; no sabes lo que ha ocurrido.

—¿Me lo dirás?

—Sin ocultar ni añadir nada. Pero primero quiero saber con quién estoy hablando.

—Afirmas que me lo dirás sin haber preguntado antes mi origen, ¿no es descuidado de tu parte?

—"Quien nada debe, nada teme" —citó—. Y yo no tengo nada que ocultar.

—Soy la entidad de la Y, originalmente éramos dos, mi lado femenino y yo. Vivíamos en nuestro objeto preciado, pero la última persona que nos tuvo, faltó a su restricción y nos separó. Estoy buscando mi lado femenino, y en mi camino quiero saber qué más ha ocurrido.

—El Y… hace tantos años que no escuchaba hablar de él. Los Iluminados habían guardado con mucho recelo el camafeo que los contenía, es una verdadera lástima que las cosas no les hayan funcionado esta vez.

—No lo es tanto, al menos, no para mí. Heme aquí, estoy satisfecho con tener vida propia.

Aquél hombre sabía lo que eso significaba y tembló de miedo, era un tabú poco conocido y estaba frente a sus ojos, un espíritu de Nen con autonomía. No debía estar ahí.

—¿Me matarás?

—No, no hace falta.

—Los Iluminados han dejado de ser nuestros aliados, desde hace varios años, aun así ¿no has de matarme?

—Sigo impresionado con lo que me dices. Los RK nunca representaron un peligro para nosotros, nos respetamos mutuamente, como a un hermano amoroso a quién guiamos como si de un bebé se tratase.

El hombre, ataviado como una especie de sacerdote blanco, se inclinó hacia adelante recargando su rostro entre sus manos enlazadas, y prosiguió a contar una historia que tantas veces repasó en su mente, esperando el momento en que alguien capaz de ayudarles, la escuchara y pudiera efectuar algún cambio a favor de ellos.

—Hace bastantes años, antes de que yo siquiera hubiera nacido, los Iluminados alcanzaron su objetivo. Fueron unificando el mundo, se aliaron con los Hunters y se mezclaron entre ellos, crearon una nueva lengua, la lengua del cazador. Alcanzaron el poder de todos los gobiernos del mundo y comenzaron a gobernar en secreto, trayendo prosperidad y paz al mundo. Nadie sabe cuándo ni cómo, pero en algún momento, varios de los altos mandos que ellos controlaban comenzaron a corromperse. Cambiaron sus libertades por actitudes libertinas, sucias, bajo la bandera de que ellos disfrutaban más de la ausencia de carga moral, emocional y control mental. Empezaron a enseñar cosas espantosas a sus inferiores y en su afán por mantenerse en una élite, transformaron la hermandad en una plaga ambiciosa. La tierra que eligen se la apropian; se adueñan de los ciudadanos, los controlan y se quedan con todo lo que les apetece, lo que sea que deseen en su corazón, lo toman sin importar a quién afecten.

—Desde mi existencia ellos gozaban de esa libertad espiritual de la que hablas.

—Pero eso era entre ustedes, entre sus miembros. No lo practicaban abiertamente contra la sociedad. Sus niños, sus hombres, mujeres y ancianos, todos eran de ustedes, y ustedes se hacían y practicaban lo que deseaban, sin meterse con la sociedad ignorante. Al resto de la sociedad solo la usaban para mantenerse estables y fuertes.

—¿Estás diciendo que las tradiciones y rituales que entre nosotros nos trasmitíamos, están ahora sobre los profanos?

No respondió a su pregunta, prosiguió con su historia.

—Hace veinticinco años hubo una reunión en la isla secreta, todos sus miembro élite estaban ahí reunidos y llevaron con ellos a un grupo de asesinos. Fue la primera vez que introducían miembros que no eran parte oficial de su organización. Se desconoce lo que hablaron y lo que haya ocurrido ahí. Lo cierto es que varios años después de esa reunión, hubo una masacre contra todas las demás organizaciones cuyos propósitos se asemejaran aunque fuera un poco a la de ellos; los RK fuimos acechados, sólo unos pocos sobrevivimos porque nos mantuvimos ocultos, pero otras organizaciones no tuvieron esa suerte y desaparecieron por completo; algunos otros miembros sucumbieron ante sus peticiones y se volvieron parte de ellos, sólo tres organizaciones quedaron de pie, pero bajo el control absoluto de los Iluminados.

—Fue durante la época en que mi querida Kikyo conoció a su marido —se rió la entidad. El individuo frente a él no entendió su oración.

—Luego de eso, se introdujeron en una ciudad importante al norte de York Shin, y abiertamente comenzaron a ejercer su poder, colocaron títeres en el gobierno, alborotaron a las mafias e introdujeron enseñanzas malignas en las escuelas, apresaron a la ciudad completa. Muchos niños murieron a causa de sus prácticas. Se marcharon quince años después, cuando la ciudad quedó devastada, la dejaron para que se recuperara naturalmente y se movieron a otra parte. Se distribuyeron en diferentes ciudades para seguir con sus prácticas.

Repentinamente la historia se volvió turbulenta. Las novedades que esperaba no se asemejaban ni remotamente a lo que tenía en mente. El hombre de la Y estaba horrorizado.

—No puede ser. Nuestro propósito primordial es la supervivencia de la humanidad. Esto no tiene ningún sentido.

—Decide tú qué creer, yo te ofrezco esta verdad. Si no te convence puedes ir a buscar a otra parte, aunque lo más seguro es que encuentres la misma historia que yo te cuento.

—¿Quién es el actual maestro elevado de los RK?

—Estás hablando con él —sus miradas se cruzaron con tanta intensidad que un fuerza oscura inundó el aire a su alrededor.

El ente de Nen estaba furioso por la noticia.

—Tomaré cartas en el asunto. He de hacer justicia, y si tengo que matar a todos, lo haré.

—No todos son malos. Yo puedo guiarte hacia uno de los pocos con los que aún se puede mantener una comunicación decente, pero te lo advierto, los que no han caído en sus prácticas libertinas, se han visto acosados por los otros miembros. No los dejan en paz hasta que logran convencerlos de realizar actos vergonzosos.

—Vergonzosos quizá para ti, no subestimes sus enseñanzas. Pero no toleraré que se aprovechen del poder para destruir a la humanidad.

Luego de que el hombre le diera la información del Iluminado con el que podría hablar, el monstruo del Y salió de ahí. Se sentía defraudado y burlado por aquellos que consideraba sus hermanos. Tenía ganas de correr a la sede de la cueva y exigir la verdad, empero si lo que el hombre había dicho era cierto, lo más probable era que disfrazaran la historia y entonces lo harían verse como un loco hablador. Tendría que jugar un doble papel, seguir sus juegos al tiempo que se dedicaba a cazarlos, por suerte contaba con un verdadero y talentoso asesino, Illumi era totalmente suyo ahora.

Primero que nada se daría a la tarea de continuar investigando otras hermandades, quizá una de ellas podía darle más respuestas antes de ir a buscar al Iluminado. No quería llegar como un completo ignorante ante un miembro de su propia hermandad.


Killua se volvió un ser tenebroso, esa era la novedad en casa. Su sed de sangre era tan potente que incluso daba la impresión de tratar con un monstruo y no un ser humano. Había enloquecido a tal punto que consideraron mantener lejos a Alluka por su propia seguridad; así mismo, colocaron nuevos mayordomos junto al niño, personal especializado que pudiera contenerlo en caso de ser necesario y no provocar una masacre en vano.

Silva no lo tomó a mal, dado que él conocía la situación a fondo y pese a que tenía sentimientos encontrados al ver a su pequeño hijo actuar como un animal salvaje, quiso hacerse el fuerte; soportar esa presión y compromiso, impuestos voluntariamente, a fin de que Zeno no se mofara de su decisión. El anciano de plano optó por irse de la montaña a tomar vacaciones y no ver lo que ocurría.

El resto de la familia huía constantemente cada que veían al niño acercarse. Era una amenaza. El alumno de Illumi, el asesino más talentoso y perfecto estaba hambriento de muerte; con sus habilidades sería sencillo volver su blanco a cualquiera. Sólo la contradictoria orden de mantener su bondad lo frenaba de perderse por completo, le permitía dar batalla contra la penumbra interior y mantener un poco de lucidez en el pequeño.

Para Milluki el asunto se volvió una historia de terror. Vigilaba obsesivamente a Killua, no podía despegar su mirada de él por temor a que en un descuido extraviara su ubicación y que luego lo encontrara en su cuarto. Temía ser la primera víctima de su juego. Desgraciadamente para él su pesadilla se volvió realidad cuando menos lo pensaba; en una de esas ocasiones en las que el niño vagaba por la casa sin sentido alguno, le perdió de la pantalla. El adolescente apenas tuvo tiempo de gritar cuando la sombra de Killua se deslizó al interior del cuarto de vigilancia.

—¿Qué haces? —le preguntó.

Milluki retrocedió hasta quedar contra el escritorio de la recámara.

—¿Qué haces tú aquí?, ¡largo! —hacía aspavientos como si de una mosca se tratase.

—Ja, pareces un pollo aleteando —se mofó el niño y encendió más la ira de su hermano.

—¡No tienes por qué estar aquí!, ¡largo, he dicho! —en un intento por verse más serio cambió su postura por una lista para pelear.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —llegó Kikyo movida por los gritos del mayor, para salvación del asustado adolescente.

—Mamá, Killua está actuando altaneramente, aléjalo de mí o lo golpearé.

Killua se dio la vuelta, vio a la mujer a los ojos con un odio casi irrefrenable, no la quería perdonar por haberle sugerido asesinar a su propio hermano. Su respiración se volvió pesada, como la de una fiera salvaje a punto de cazar.

—Kil, ¿qué te ocurre? —Kikyo no estaba enterada de lo que le pasaba a su hijo, ella lo interpretaba como vestigios de madurez asesina, era incapaz de verlo como otra cosa—, ¿necesitas algo?

—Necesito que te calles —espetó y salió del cuarto.

Kikyo sonrió maliciosamente, esa actitud brava le había refrescado la memoria de lo que ella deseaba tanto; un hijo que le vengara del ente de Nen, ese ser superior incontrolable, pero que en manos de su pequeño albino se volvería como paja, según su predicción. Creía que tendría la solución que tanto anhelaba.

Killua la mayor parte del tiempo se encontraba liado en sus propios pensamientos, sus periodos de lucidez eran escasos, y cuando eso ocurría sospechaba ser objeto de algún experimento humano por parte su propia familia. No confiaba en nadie y solía hacer cosas ridículas como enviar cartas sin remitente a direcciones que asociaba a personas que en sus alucinaciones le decían que le ayudarían en caso de que se encontrara precisamente en esa situación. Los desvaríos ganaron terreno sobre su espíritu; pese a que le insistieran que eran sólo espectros de su mente, ignoraba con frecuencia esas palabras. Entrenaba por rutina, pues no era consciente de sus propios actos. Cuando no tenía tareas en qué entretener su mente era cuando su problema era evidente.

Hacía dos semanas desde que Illumi se marchó para dejarlo a su suerte y el albino parecía que nunca más volvería a ser el mismo. Una mañana, despertó creyendo que los mayordomos querían matarlo. Soñó que planeaban una venganza por la muerte del mayordomo a quien recientemente mató "por accidente", alegando que no importaba si había sido castigado por ello. Le fue sencillo confundirlo con la realidad, juraba que lo querían matar.

Illumi volvió durante esos días, pero se mantuvo oculto para vigilar a su hermano. Tenía una preocupación muy grande por su actitud, supuso que el efecto del ente del Y sobrepasó el límite estipulado. Constantemente se lo reprochaba al ente; no estaba conforme con lo que veía; un niño desorientado, necesitado de sangre y sin poder satisfacerse por causa de la orden contrapuesta almacenada en su mente. Se estaba torturando a sí mismo.

Killua hizo un último intento desesperado por pedir ayuda. Escribió con su sangre sobre una pared de la casa "ayuda, intentan matarme", y eso fue el acabose para Silva, quien presionó a Illumi a terminar su plan. Killua había dejado de actuar como un asesino, para pasar a ser un enfermo mental.

El hombre de la Y aseguraba sin cesar que eso no era gran cosa, que tendría un fácil camino de regreso; luchaba sin cansancio por convencer a su anfitrión que las cosas estaban saliendo tal y como él lo tenía planeado. Como siempre, no mentía, era justo lo que él quería, sin embargo no Illumi estaba preparado para ello, aunque eso a él no le importaba.

Sólo por causa de la presión por parte del líder de los Zoldyck, el hombre de la Y terminó por explotar la última toxina que necesitaba para que Killua perdiera el control de su cuerpo y se entregara completamente al instinto asesino. Para el día siguiente de haber escrito el horrendo cartel de sangre, el experimento llegó a su fin. Al menos diez mayordomos inocentes murieron en un arranque de ira sin sentido por parte del menor. Era una cifra exagerada dado que los mayordomos —se suponía— estaban capacitados para controlar al niño. Silva descubrió la verdadera habilidad que el menor poseía. Esa tarde los hizo pedazos a todos, hubo un gran desastre que afortunadamente sólo fue presenciado por pocas personas que se encontraban escondidas en la escena, entre ellos Illumi.

Killua reaccionó después de satisfacer su instinto y tuvo una crisis de pánico por la que se vieron obligados a noquearle y llevarlo hasta un cuarto controlado en el que pudiera permanecer sin herirse a sí mismo. No sabían cómo reaccionaría cuando despertara, así que prepararon una serie de estrategias para mantenerlo bajo control, cosa que no fue necesaria. Killua despertó sin ánimo de nada, se quedó acostado en la misma cama, mirando el techo mientras sus lágrimas se derramaban por sus mejillas. Su respiración era pausada, así como su pulso. Intentaron saber su condición haciéndole preguntas, pero él no respondió. Estaba de nuevo triste, se veía a sí mismo como basura. No importaba sus años de buen ejemplo. Todo su esfuerzo en demostrar que no disfrutaba matar quedó brutalmente estropeado. No podía creer que su cuerpo y mente le traicionaron de aquel penoso modo.


—¿Has visto lo que provocaste?

Lejos de que Silva le cuestionara lo que seguía en el plan, la mirada intensa le demostraba que estaba a punto de golpearlo. Se contuvo porque reconocía que él mismo había sido parte de todo el juego.

—Es parte del tratamiento. Necesito que Killua baje sus defensas mentales para que me deje introducir una orden nueva, sólo estará triste un tiempo —alegó intentando sonar tranquilo y librarse de la amenaza.

—¿Triste? Killua siempre está triste, eso es evidente. Desde que regresó de la Torre, a duras penas lo he visto auténticamente feliz, pero ya acepté eso como parte de la personalidad de mi hijo —a Silva no lo podía atontar con sus argumentos, y esto se lo demostraba—, no me importa que esté triste mientras haga bien su trabajo. Pero eso que estás viendo en cama, no es un niño triste, es un niño enfermo. Killua tiene la actitud de alguien que ya no quiere continuar con nada ¿cómo piensas sacarlo de ahí?

Illumi se quedó pasmado. Silva tenía absoluta razón, Killua llevaba demasiado tiempo triste como para comparar ese estado con algún tiempo que fuera mejor que el actual, para colmo la tristeza pasaba a segundo plano cuando se estimaba el cuadro por completo, se estaba trasformando en un fracasado. Por primera vez durante todo el trabajo del ente de Nen, se preguntó si en realidad estaba haciendo algo bien.

—¿Illumi?

Ni siquiera notó cuando su padre comenzó a llamarlo, pero el hombre de la Y estaba ahí, observando con desesperación cómo la luz de la duda aparecía en la mente de su anfitrión y tuvo miedo de perder el control sobre él. Sin previo aviso, tomó el lugar de Illumi para enfrentar la situación, su Nen estaba tan unido que aún si Silva hubiera estado enterado de la existencia del espíritu, no habría notado el cambio de esencia entre él y su hijo.

—Ah, padre —suspiró pesadamente—, creo que hay un malentendido aquí.

Illumi se mantuvo en segundo plano, enredado por las circunstancias.

—Nuestro trato era para separar a Killua de Alluka y que no volviera a preguntar sobre ella, dejarlo sin debilidades. Este es el mejor momento para que vayas y le digas a Killua que ya no volverá a ver a Alluka, no te cuestionará o refutará. Si no quieres ir tú, puedes decirle a alguno de tus sirvientes que vaya y lo haga por ti.

Silva se ofendió. El tono y expresión de Illumi eran terriblemente molestos

—¿Y por qué no vas mejor tú y le dices eso?

—Porque hay un pequeño detalle, yo soy quien va a inducirle la orden de que se olvide de… la cosa esa que se hace llamar Alluka; y necesito de su confianza para que me deje hacerlo. Claro que si tienes a alguien que sepa manejar mejor la mente de mi hermanito, con todo gusto voy yo mismo a darle la gran noticia —miró a su padre con una sonrisa cínica y luego continuó—, es aquí donde haces tu propuesta, soy todo oídos.

—No hace falta el sarcasmo Illumi —Silva apenas tenía voz para controlar la ira que le estaba provocando. Su hijo nunca antes había sido tan descarado, esa actitud le tomó por sorpresa—. A la siguiente, cuenta con que yo rompa tu cara.

Salió de su cuarto y se dirigió a la recámara donde yacía Killua. Entonces en soledad el hombre del Y dejó a Illumi salir de donde estaba. El morocho tuvo que sostenerse de la pared, porque el cambio, aunque imperceptible, era demasiado poderoso como para dejarlo volver así de simple. Los recuerdos de la conversación con su padre volvieron y se abochornó por ello; ni aún en su etapa infantil, cuando carecía de control emocional soñó con usar tales expresiones para hablar con su padre. Era por esta misma razón que él prefería tratar con sus autoridades cuando se trataba de situaciones de este tipo.

—Lo hiciste de nuevo, tomaste mi cuerpo sin permiso.

«Un mal necesario. Tú estabas actuando como un niñito llorón, tuve que entrar a salvarte».

—¿Salvarme?, estas arruinando la vida de Killua. No se repondrá bien de ésta; es diferente.

«Ah sí, así es la vida —cambió el tema drásticamente, sin darle importancia a los sentimientos de su anfitrión—. ¡Extraño tanto a mi parte femenina!, quisiera que volviera a mi lado».

—Deja de cambiar el tema. No te perdonaré, ya tuve suficiente.

«Vamos Illumi, te reto. Hazlo tú mismo, ve y arregla a ese niño que tanto adoras, estaré aquí esperando el momento en que lo arruines…»

Illumi no respondió, veía por el vidrio del cuarto del albino el momento en que su padre le anunciaba que no vería más a Alluka.

«Sabes que tengo razón. Tú no sabes qué debes hacer ahora, Illumi…, sólo me tomó unos momentos dominar tus técnicas y obtener tus conocimientos. Ahora mismo puedo ser tu maestro. Soy mejor que tú en tu propia área y lo sabes. Claro, si aún dudas de mí, adelante, no te detendré, de inicio todo lo hago por ti, por nuestro bienestar».

Illumi estaba débil no en un modo físico, sino en un modo mental; asustado por lo que le ocurría a su hermano y francamente, tenía pocas pruebas que le demostraran que el ente hacía mal su papel. No fue capaz de refutarle al hombre de la Y, todavía necesitaba de su ayuda para terminar el trabajo sin ocasionarle más daños al albino.

«Si vas tú, y lo haces, sabes que no podrás garantizar el trabajo. En cambio yo no sólo te aseguro que lo lograré, sino que le pondré un retorno en su mente por si un día necesitamos que vuelva a este estado y reconstruir todo lo que hemos hecho. Sabes que no miento. Cada vez que te devuelvo el control de nuestro cuerpo puedes tomar tanto recuerdos como el conocimiento adquirido mientras yo me hacía cargo de todo. Con mi ayuda no sólo estás obteniendo fuerza, te has vuelto capaz de hacer lo que sea sin poner una pizca de duda en tus acciones, y lo que es mejor para ti, no necesitas dedicar años de entrenamiento en nada. Un tiempo a mi lado y has obtenido mayor conocimiento que tu misma madre en su propio arte».

El monstruo no alegaba algo que no pudiera cumplir, no era palabrería para mantener a su anfitrión tranquilo. Todo lo que decía lo hacía porque podía comprobarlo. En aquel tiempo no le convenía mentirle a su anfitrión porque en cualquier momento regresaría a la consciencia y accedería a cada detalle de sus vivencias, entonces si su plan demostraba tener malas intenciones, Illumi lo sabría sin lugar a dudas. Sin embargo, el hombre de la Y sabía perfectamente cómo mantener sus planes ocultos.

—¿Un retorno en su mente?

«Así es. Illumi, he estado aquí en este mundo desde la torre de Babel, he visto, oído y vivido cosas que el mundo no podría imaginar; he tenido muchos anfitriones, he examinado muchas mentes; tu conocimiento y arte me enseñaron el camino para emplear mis habilidades, y ahora ¿dudas que podré lograrlo?, para mí es como darle un dulce a ese mocoso».

El muchacho buscó reflejo en el vidrio. No creía que era él quien estaba ahí, se veía y se desconocía. Una fuerza lo estaba absorbiendo, nunca antes reparó en ello hasta ahora, quizá ya demasiado tarde como para poner resistencia.

—Cuida a Kil. Cuídalo —susurró.

El ente ganó. Illumi cada día se hundía más en su trampa. Bastaba con darle un poco más de confianza para que se dejara controlar y luego Illumi dejaría de existir en primer plano, se volvería un esclavo atrapado en algún lugar oscuro de su mente. Si las cosas marchaban según sus planes, no volvería a salir jamás.

«Por supuesto, ¿lo recuerdas? Somos uno mismo, tus deseos son mis deseos. Yo también espero ese momento en que Killua se quede junto a nosotros por siempre».

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