"… ¿Quién decreta que el oro es más valioso que la arena?, ¿quién reclama que sostener un papel con un número impreso en él es más valioso que una fruta que crece en un árbol?; cuando uno está hambriento, no puede comer papel u oro.

Las palabras son el verdadero poder de la élite. Las palabras dicen que ése papel impreso y rocas talladas pueden ser transferidas por comida, agua y abrigo. Las palabras dicen que simples números en la pantalla de una computadora bancaria, determinan que un valor humano es más importante que otros.

Las palabras son la riqueza de la riqueza. El conocimiento está en el poder de las palabras…"

—Illuminatiam. The first testament of the Illuminati

93 en Babel

Capítulo 6

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Quizá el hombre de la Y compartía con su anfitrión el deseo por Killua, no obstante, para él no era especial. Él era experto en leer deseos, a fin de alimentarse de ellos; no en obtenerlos. No le importaba estar con el albino, no existía en él la necesidad de estar a su lado, el secreto de Illumi le era como una pelusa escondida entre sus bolsillos. Desconocía lo que esa minúscula basurilla representaría un día para él.

Silva halló relativamente fácil decirle a Killua que ya no vería más a Alluka. No obtuvo contestación, el niño se quedó viendo a la nada incapaz de responder, y hubiera creído que le ignoraba de no ser por su movimiento de cabeza, con un "sí" implícito en él, aunque en cuanto reaccionara, volvería a estar en desacuerdo con ser tratado de ese modo. Esta vez le anunció que no recibiría castigo alguno, sólo ya no vería a su hermana, y supuso que luego sería un tema de futuras discusiones con su hijo, si es que Illumi no hacía bien su trabajo.

Aproximadamente una hora después de que el albino recibiera la noticia, Illumi llegó a su cuarto, como si recién acabara de subir a la montaña a toda prisa desde una gran distancia, apurado por los acontecimientos.

Un agradecimiento especial a Kalen y KaiD23, mis maravillosas betas por sus correcciones.

—Kil, ¿estás bien? Kil… —apretó la orilla de la sábana que cubría los pies del niño—, vine tan rápido como pude, me dieron la noticia de lo que pasó… Kil…

Respiraba agitado, el menor lo observaba sin ninguna expresión. Sus pocas ganas de responder lo mantuvieron en silencio. Internamente le pareció confusa la actitud de su hermano, parecía importarle demasiado lo que le pasara cuando antes ni siquiera había atendido sus llamadas.

—Está bien, entiendo que no tengas ánimo. Lamento no haber estado aquí antes, dejé el trabajo a medias, ¿puedes creerlo?; me es más importante tu bienestar. Cuando papá se entere que abandoné mis deberes me castigará, pero no importa ya.

Pese a su silencio, sus expresiones comenzaron a tomar sentido. Sus ojos delataron que prestaba atención a lo que le decía. El ente de Nen era quien ocupaba el cuerpo de Illumi, e iba memorizando las reacciones de su hermano para su futuro plan.

—También me vi forzado a venir porque —se aclaró la garganta— descubrí una mejor forma de ayudarte a resolver tu problema de autocontrol. Kil, si me estás escuchando házmelo saber.

Alzó los ojos, enfocándose en su hermano mayor. Estaba comenzando a entrar en consciencia de lo que le decía.

—Gracias —se sentó en la orilla de la cama aún mirándolo fijamente—, necesitamos irnos de aquí. Vamos lejos, escapemos juntos, ¿quieres? Este lugar sólo nos impedirá hacer las cosas bien, todo lo entorpecerá.

Killua se sobresaltó, esa idea jamás había sido tan clara en su vida. Illumi le estaba ofreciendo una oportunidad para liberarse de sus propios pensamientos, alejarse de las personas que tanto había lastimado. Se mordió el labio inferior, este era el alivio que tanto anhelaba, tras días repletos de angustia, la puerta de la esperanza se abrió para él. A duras penas podía contener su emoción. Se imaginó a sí mismo fuera de casa en cualquier lugar, sin más tareas ni personas que pudiera lastimar con su falta de control.

—Dejemos nuestros asuntos a un lado. Cuando volvamos tendremos tiempo de solucionarlo, pero si nos quedamos papá me castigará a mí y volverás a recaer mientras estoy allá. No vale la pena quedarnos. Si aceptas venir, entonces levántate ahora mismo, tenemos que irnos ya.

—S-sí —la primera palabra que pronunció justo después de la tragedia. La había susurrado mientras su corazón se aceleraba, llenándose de energía para escapar de ahí.

Durante todo el camino al exterior iba emocionado, la adrenalina en su cuerpo era incontenible. Había salido tantas veces de casa con otros fines; esta vez contenía un significado profundo que lo hacía sentir bastante bien. Seguía a Illumi como una luz guía, que lo llevaba lejos de todo su dolor. La sangre volvió a correr en sus venas trayéndole nueva vida que tanto requería para soportar su dolor.

Se trasladaron en dirigible por varias horas a un lugar muy alejado de casa, ahí tuvieron que correr el resto del camino atravesando una gran llanura. El morocho insistió que allí estarían bien, que él conocía un lugar perfecto para ocultarse.

Viajaron durante casi todo un día, hasta el anochecer. Pronto divisaron una construcción increíble erigida a la distancia. Un castillo barroco lejos de la civilización, rodeado de algunos fresnos que acompañaban sobre la hierba a las flechillas negras, meciéndose con la brisa. Cerca de un alto pozo paseaba libremente un zorro, el cual levantó sus orejas advertido al verlos llegar. Killua respiró hondo, el lugar era hermoso y relajante.

—Ah que bien, temía que no llegáramos a buen tiempo —resopló el morocho—. Lo logramos.

—¿Qué es este lugar?

—Mi casa —contestó como si no fuera la gran cosa—, pasemos de una vez —abrió la puerta principal y Killua se vio en un gran salón que tenía varias puertas repartidas en distintas direcciones.

—No sabía que tuvieras una casa.

—La mandé a construir hace tiempo, no recuerdo cuándo… ¿quieres verla?

Y por primera vez en una larga temporada Killua sonrió de forma natural; la idea de estar haciendo algo divertido, contra las reglas de su padre, alimentaba sus pocas fuerzas, creyendo que nadie más estaba enterado de lo que pasaba ahí. Tenía la oportunidad para huir de las consecuencias del incidente; olvidar sus defectos, simplemente dedicarse a algo diferente. Illumi le devolvió esa sensación de calma que tanto le hacía falta.

—Sí, sí quiero —contestó animadamente.

—Ve, te veo dentro de una hora en aquel cuarto rojo —le señaló uno de los cuartos a su izquierda— trata de no perderte y olvídate de todo lo que haya pasado antes, aquí no estamos para pensar en ser asesinos ¿de acuerdo?

—¡Sí! —no se hizo de rogar, corrió al primer pasillo que encontró.

El lugar parecía salido de algún cuadro surrealista. No era una casa con una temática como él hubiera esperado —conociendo tan bien a su hermano—, creía que vería cuartos de un mismo color, muebles simples y nada de adornos. Pero se había espacio era totalmente diferente al otro. Los colores, los muebles, los estilos. Se metió a un pasillo con pinturas colgadas en su camino, vio símbolos extraños en ellas e inscripciones talladas. Si esa casa había sido "mandada a construir" como Illumi afirmó, debió haber sido hace años, mucho antes de su propio nacimiento, pero eso Killua no fue capaz de percibirlo.

El pasillo llegaba hasta un jardín, uno que de entrada tenía un huerto, y más plantas que conducían a una salida. Killua caminó con curiosidad hasta ella. Esperaba encontrarse con el paisaje de la pradera, pero en lugar de eso vio más jardín. Comenzó a sentirse perdido ante tanto paisaje y detalles a su alrededor. Ese jardín mostraba diferentes tipos de arquitecturas, junto con inscripciones que decían cosas como "Jardín romano IV", "Jardín griego II a. de C.", "Babilonia 33", y otros más, cada uno contenía un mensaje diferente. Y entonces a lo lejos le llamó la atención un movimiento, que a primera vista no pudo distinguir. Impulsado por su curiosidad, se quedó quieto, esperando captarlo de nuevo, y no tardó mucho en descubrir lo que era: un pequeño conejo blanco escondido entre las flores. Corrió tras él para alcanzarlo sin éxito, y descubrió que aquel edén estaba rodeado por un gran muro, que no sólo era alto, y pesado, si no que no permitía al conejo escapar de ahí. De no ser por el alumbrado del lugar, no habría sido capaz de regresar hasta la puerta por la que había entrado. Dichas luces se apagaron en cuanto salió, y eso lo llevó a cuestionar cómo era posible que hubiera electricidad en un lugar tan apartado. El globo por el que llegaron, según Illumi, no pudo acercarse más debido a que el terreno contenía un círculo con altos niveles de magnetismo que no permitía el cruce de cualquier aparato electrónico. Hacía falta que desactivaran el dispositivo desde el interior de la casa, y nadie la habitaba por el momento. Podría decirse que por primera vez Killua estaba siendo un niño acorde a su edad. Ya no tenía que actuar conforme a las reglas de su familia. Era libre de divertirse, explorar y descubrir por sí mismo lo que le hacía humano.

Silva ordenó que vigilaran a su hijo mayor durante todo el trayecto, esto por supuesto, era del conocimiento de Illumi. No le preocupaba que le revelaran a su padre la ubicación de la casa, ni siquiera que fueran testigos del tiempo que compartiría con Killua, o sus actividades, después de todo, el hombre de la Y era un experto de la mente humana; ahora sabía cómo controlar toda la vigilancia y salirse siempre con la suya.

Al hombre del Y no le convenía en lo más mínimo que Illumi dudara de sus intenciones. Necesitaba esa confianza para poder acabar con él. Así que haría un excelente trabajo, se comportaría a la altura de la situación, puesto que no era fácil engañarlo.

Killua perdió la noción del tiempo durante su recorrido y se avergonzó por dejar a Illumi solo en su propia casa. Se dio tanta prisa como pudo para volver a él y lo encontró en el cuarto rojo.

—Oh Kil, te tardaste menos de lo que creí que tardarías.

—¿Menos?

—Cuando dije "una hora" no hablaba en serio —soltó una risa suave—, sabía que te tomaría más tiempo. ¿Tienes hambre?

—Mmm —asintió.

—Ven conmigo, te serviré algo para que comas y luego nos iremos a dormir, ¿te parece?

—Sí.

Cruzaron el cuarto rojo. Tantas decoraciones le hicieron creer que se encontraría con un gran comedor extravagante, pero no fue así, había una simple mesa para cuatro personas junto a una ventana enorme que daba hacía el oscuro exterior; ni un faro o alumbrado afuera, permitiéndole contemplar con claridad las estrellas. Además de eso, en el fondo del cuarto divisó un sillón más, y otras cosas a las que no les prestó atención, se centró más en la comida que su hermano colocó sobre la mesa. Un delicioso aroma le hizo recordar que no había ingerido alimento desde hacía dos días.

—¡Qué hambre tengo!

Illumi le invitó a sentarse con una gran sonrisa.

—Adelante, disfrútalo.

Killua tomó los cubiertos para comenzar a comer, mientras Illumi encendía unas luces que alumbraron tenuemente el patio. Era un lugar mágico, esa era la palabra que surgía en su mente cuando buscaba una descripción. Se sentía tan feliz que ya no le importaban todas sus malas experiencias hasta el momento. Entonces cayó en cuenta de algo.

—¿De dónde salió esta comida?

—Yo la hice —contestó alegremente el hombre de la Y. Observaba complacido cada movimiento y emoción en el niño, se notaba que estaba disfrutando la estancia y la comida, y eso le hacía levantar su ego.

—¡¿Estás bromeando?!

—No, en serio, yo la hice.

—¿Por qué no habías cocinado en casa?, ¡es lo más delicioso que he probado en mi vida!

—Tenemos mayordomos, no necesito ocuparme de eso.

—Espera, ¿cómo aprendiste a cocinar?

El hombre del Y sabía que Killua tendría muchas dudas. Esa sería la parte más divertida de tenerlo ahí. En realidad no había nada qué hacer con él,más que mantenerlo entretenido. El Nen que lo tenía sometido a la necesidad de matar fue removido desde que se cumplió la condición que buscaba. Ya no volvería a sentirse así, salvo por el trauma que seguramente le generaron tantos conflictos morales. Era su deber, darle algo que lo fortaleciera, un placebo que le hiciera creerse "curado" de su sed de sangre.

—Con Marco Polo, durante nuestros viajes, uno de sus cocineros temporales me enseñó todo sobre su arte y nunca lo olvidé. Fue un gran maestro —contestó con sinceridad cínica.

—¿Marco Polo?, me suena…

—Deberías estudiar más Kil; tu desarrollo como asesino es importante, pero también es importante que aprendas más sobre otras cosas. No todo en la vida es matar.

—¡Eso es justo lo que yo pienso! —exclamó sin reparo alguno. Luego se quedó helado de impresión, se dio cuenta que algo no encajaba, miró a su alrededor con atención. Como si hubiera cruzado alguna dimensión desconocida sin ningún aviso.

—¿Qué ocurre Kil?

—Estoy soñando, ¿cierto?

—¿Soñar?, ¿por qué habría de ser esto un sueño?

—Tú… tú normalmente no eres así, nunca me sacarías de casa a escondidas; siempre cumples tus deberes. Esta casa no encaja con tu personalidad, tampoco entiendo… no…, tú no eres así, esto no tiene sentido. Ni siquiera sabía que bebías alcohol.

El ente rió divertido ante el comentario.

—En realidad, no conoces muy bien a tu hermano mayor —levantó una copa de vino y la bebió de un sorbo—, apenas y tienes una leve idea de lo que en realidad es él.

—La casa es enorme —desvió la conversación. Escucharlo hablar tercera persona le provocaba escalofríos—, ¿no tienes sirvientes?

—Sabes que no me llevo bien con los mayordomos, así que no me hacen falta aunque una vez por semana viene un equipo de mantenimiento. Cuidan los jardines, quitan el polvo, plagas, revisan los almacenes, todo lo que tengan que hacer y luego se van. Como no hay nadie en casa, no tienen demasiado trabajo.

—¡Es cierto!, tienes un huerto, vi árboles frutales.

—Sí, ellos se encargan de eso. Prefiero tener mi propia comida en casa, es más saludable ¿no crees?

—Eh… supongo —sonrió. Recargó sus codos sobre la mesa y luego recordó un detalle más—, hay un conejo allí, lo vi entre las plantas.

—Ah sí, el señor conejo.

—¿El señor conejo?

—¿Esperabas que le pusiera nombre?

—¿Es tuyo? —las sorpresas no paraban de aparecer.

—Así es, vive aquí desde hace tiempo, debe tener por ahí a su familia, pero la mantiene oculta siempre.

—No sabía que fueras bueno con los animales —murmuró.

—Dicen que los buenos cazadores, son buenos lidiando con los animales —contestó, pero Killua no entendió la frase, creyó que hablaba de su destreza para matarlos, que se refería a sí mismo de ese modo dado que era un asesino.

Illumi levantó la cabeza, ojeó el plato de comida vacío del albino y se sintió satisfecho.

—Creo que tienes aún muchas preguntas, pero es mejor dormir, mañana tendrás todo el tiempo que quieras para preguntarme lo que gustes. Comenzaremos ayudándote con tu problema. Aún sientes ansiedad, ¿verdad?

El menor pensó en retrospectiva, estaba tan feliz que olvidó por completo el asunto por el que estaba ahí. La pregunta le llegó de sorpresa; su mente todavía sensible por los recientes sucesos le hizo creer que el deseo de matar sólo estaba oculto.

—S-sí, lo… —dudó al responder—, lo siento.

—¿Qué cosa?, recuerda que te pedí que te olvidaras de todo, no me cuentes nada de lo que pasó. Estos días nos centraremos en ti y ya luego lidiaremos con todos los asuntos de la familia.

Después de cenar, terminaron por irse a dormir. Illumi le insistió que buscara algún cuarto —el que gustara—. El niño se emocionó bastante por ello, así que dio vueltas por la casa hasta dar con una habitación extravagante que le diera la sensación de estar en otra época.

Cuatro días era el límite que el ente de Nen tenía para aguantar estar junto a Killua en primer plano, conviviendo sanamente antes de comenzar a decaer. Estar junto a él implicaba concederle el deseo a su anfitrión, por eso evitaba al máximo su cercanía, porque entonces perdía su fuente de alimento y no podía darse ese lujo, menos ahora que necesitaba estar ocupando ese cuerpo sin perder su fuerza. Se aseguraría que esos días rindieran lo suficiente como para hacer olvidar a Killua que alguna vez tuvo problemas y que disfrutaba pasar tiempo junto a Alluka. El niño estaba en sus manos, doblegado por él, tan predecible como lo había sido su hermano mayor. Sólo quedaba la cuenta regresiva antes de deshacerse de su anfitrión para tomar el lugar como el nuevo Zoldyck y seguir con sus planes. Las cosas no podían ser mejores para él. Muy pocos conocían las verdaderas habilidades del hombre de la Y. Ni siquiera cuando era un ser humano hubo gente que conociera el límite de su conocimiento, su conexión con la divinidad. En su tiempo fue uno de los seres más elevados que existieron. Si existían criaturas a las cuales temer, esta era una de ellas.

Mientras Killua dormía, él trabajaba en su influencia sobre su joven mente. Esparció pequeñas, muy sutiles partículas de Nen por toda la casa que atravesaron el cuerpo del niño, hasta alojarse en su sistema, y comenzaron con el proceso de alienar su organismo para que colaborara con su objetivo. Iba a cumplir el capricho de Illumi, lo haría olvidar a Alluka del mejor modo posible. Era una apuesta que no podía perder si quería bajar más las defensas de su anfitrión.

999

A la mañana siguiente, Killua despertó de un sobresalto, temeroso de que todo lo ocurrido la noche anterior hubiera sido un triste sueño. Su sorpresa fue grande al descubrir que no era así. Todo lo que veía a su alrededor era muy real. El cuarto en el que estaba era bastante curioso, la alfombra esponjosa de color café contrastaba con las cobijas rojas con bordados dorados y el enorme espejo del mueble que estaba frente a él lo hacía ver incluso más amplio. Entonces notó un perchero casi a la entrada del cuarto que cargaba una túnica azul oscura y unos pantalones colgados junto a un letrero que decía "úsalo", y se dio cuenta que Illumi ya lo había localizado de entre tantas habitaciones. Se levantó más animado, lleno de curiosidad por saber lo que le depararía ese día, el misterio le excitaba. Tomó las prendas del perchero, necesitaba ropa limpia; se disgustó al descubrir restos de sangre y tierra en su cabello y piel. Dio un fuerte respiro alejando esos pensamientos y luego corrió al baño a ducharse, quería salir de allí tan pronto pudiera; desechando los vestigios del pasado y listo para enfrentar nuevos retos.

Por donde sea que mirara, los detalles reflejaban una elegancia incomparable. Si tan sólo él conociera más, habría atinado a decir que la cultura hindú estaba representada dentro de ese cuarto en un vasto modo. El misticismo se manifestaba en todas sus formas. A Killua le maravilló bastante, pero era incapaz de comprender lo que sus ojos admiraban. Tras cambiarse de prendas, se sintió más ligero. Esas ropas y esa casa tenían un efecto mágico sobre él. Salió apresurado a buscar a su hermano, seguramente se encontraba en el cuarto rojo del día anterior. Illumi estaba ahí, recostado sobre el cómodo sillón mientras leía un libro del cual pudo alcanzar a leer el título.

—¿El león rojo?

—Muy ilustrativo para cualquier joven que quiera aprender a controlar sus impulsos.

—¿De qué trata?

—De alquimia, y de las consecuencias que trae a un novato a jugar con todo arte oscuro.

—¿Alquimia?

El hombre del Y sintió pena por la ignorancia del niño. Killua podía ser brillante para muchas cosas, un gran peleador, un estratega espléndido, pero cuando se trataba de enfocarse en asuntos reales, o por decirlo de otro modo, más humanos, era tan sólo un bebé recién nacido. Por supuesto que esto no le agradaba, así que decidió que ese sería su juego personal, dejaría la aburrición al tiempo que enseñaba al niño retazos de sus conocimientos, algo más que sólo sobrevivir durante un ataque enemigo.

—Ven, tu almuerzo te espera.

—¿Lo preparaste tú? —aún tenía esa sensación de que algo no encajaba, que todo estaba más extraño de lo normal.

—¿Ves a alguien más en casa?, claro que fui yo.

—Es que… creí que era un sueño.

—¿Insistes? —el ente de Nen guardaba un ligero temor al respecto. Modificar la mente del niño para que olvidara a Alluka no iba a ser una labor limpia y sin consecuencias, por supuesto que no, y el desperfecto relucía cuando el menor no lograba distinguir la realidad de la fantasía.

—L-lo siento.

—Olvídalo, vamos.

Entraron a la cocina y el aroma le hizo salivar. Era dulce y se notaba que había sido elaborado con mucha paciencia. Lucía justo como olía, y su sabor y textura eran mejores que eso.

El niño no podía creer que su hermano tuviera tal gracia. Comida que en su vida había imaginado probar y que se antojaba a la vista más que cualquier otro alimento que hubiera saboreado antes. Olvidó sus dudas y deseó que las cosas fueran así siempre.

—¿Te gustan las fresas?, esta fue una buena cosecha, no esperaba tener tantas para hoy.

—Me encantan, además, éstas saben mejor que las que comemos en casa, ¿por qué? —de nuevo volvía a sus preguntas, esa era buena señal en la presente situación.

—Porque estas fueron sembradas aquí, no contienen los químicos que la gente come a diario. Son naturales.

La esencia de Illumi era completamente diferente, cierta parte de eso lo asustaba. Por experiencia entendía que debía protegerse más de la gente amable, esa gente siempre tiene algo que ocultar.

—Yo… no puedo creer que tienes una casa, y además, eres tan diferente aquí. Milluki siempre ha dicho que eres un tipo con muy poca experiencia en la vida, ¡con esto se callaría de una vez!

—¿Dice eso? Vaya…

—Eres muy raro, aniki —se rió juguetonamente, el ente de Nen sintió que algo se retorcía dentro de él, las emociones de su anfitrión por aquel niño eran poderosas—. Aunque es cierto, no tienes tanta experiencia como Milluki.

—Y el señor Killua resultó comprender demasiado sobre la palabra experiencia, dígame entonces, ¿qué es esa experiencia de la que tanto habla?

—Es… mmm… —comenzó a dudar de sus conocimientos—, lo que dice Milluki; tú nunca has tenido una novia y él ya ha tenido tres —se ruborizó, nunca se le ocurrió que terminaría hablando de un tema como este con su hermano mayor. En general, le avergonzaba hablar de esos asuntos.

Illumi rodó los ojos.

—La chicas imaginarias de Milluki no cuentan como experiencias amorosas —el pequeño soltó una carcajada nerviosa, internamente deseaba cambiar de tema—, además ¿quién dijo que yo no he tenido experiencias, según tu definición? —la risa del albino se detuvo, era inverosímil lo que su hermano acababa de afirmar.

El morocho se puso de pie y caminó hacia la gran ventana del comedor, observó al exterior como perdido en sus recuerdos.

—No sólo he tenido ya una novia, estuve casado con ella, vivimos en esta casa juntos por años hasta que todo tuvo que acabar —de nuevo los recuerdos de la entidad salían a la luz. Detuvo sus divagaciones cuando escuchó nuevamente la carcajada del pequeño albino.

—¡Por un momento creí que hablabas en serio!, por todos los cielos, nunca he entendido tu sentido del humor.

El hombre del Y rió junto con él, esos recuerdos Killua no los comprendería y era mejor que no lo hiciera.

—¿Terminaste?, tenemos que empezar con lo que te prometí. Te ayudaré con tu problema.

Tras alistarse, salieron del cuarto. El niño estaba ansioso por iniciar con el supuesto tratamiento. El mayor lo condujo hasta el jardín. La luz suave del día alumbraba entre las hojas de los árboles. Podía escuchar a las aves cantando a lo lejos, el aire fresco corriendo entre las plantas y pudo apreciar el esplendor del cielo parcialmente nublado, un clima perfecto.

—Elige un lugar para estar, debe ser un sitio que te inspire mucho.

Killua observó a su alrededor las variadas opciones para escoger: junto a los árboles de diferentes tamaños, repartidos entre el pasto; por las jardineras cuyas esculturas extravagantes relucían entre el verduzco panorama; junto a las flores que adornaban coloridamente los campos cercanos al huerto; pero no podía escoger uno de ellos. Todo le inspiraba, le parecía extraordinariamente perfecto.

Su hermano mayor notó su duda, y sonrió complacido. Nada le enorgullecía más que darse cuenta de que sus gustos eran el deleite de los otros.

—¿Quieres un poco de ayuda?, puedo mostrarte mi lugar favorito si así lo deseas.

El niño asintió con la cabeza, y su hermano lo guió hasta las jardineras que había visto el día anterior, aquellas que portaban los carteles con las leyendas del lugar al cual representaban. Se detuvieron frente a uno que decía "Maya 1" y una gran estatua extraña apareció frente al niño, una especie de dragón alado.

—¿Has escuchado hablar sobre los mayas?

—¿Los mayas? No, nunca.

—Fueron unos genios matemáticos, científicos que se dedicaban entre otras cosas, a observar el cielo. Este lado del jardín es una imitación a escala de parte de sus construcciones, ven aquí arriba —Illumi dio un gran brinco hasta quedar sobre una reproducción a escala de una pirámide—; observa desde aquí.

Killua quedó paralizado por lo que veía, la pirámide aunque pequeña, era lo suficientemente alta como para asomarse por sobre el resto de las construcciones y árboles a su alrededor, descubriendo así figuras que no había notado antes. Era como ver un enorme paraíso extendiéndose a sus anchas.

—Desde aquí puedes ver las imitaciones de la cultura egipcia, y babilónica; nuestro sueño dorado, la torre de babel —le señaló una pequeña torre que apenas era más alta que la pirámide sobre la que se encontraba—, y el Jardín de flores, supongo que Alejandro Magno estaría contento de ver esto.

—¿Alejandro Magno?

—Un viejo conocido —contestó como si nada— no importa, ¿te gusta este lugar?

—¡Absolutamente aniki!

—Entonces, siéntate, ponte cómodo. Quiero que sigas mis instrucciones, ¿entendido?

El niño se acomodó, recargando su espalda sobre un muro que servía como punta para la pirámide; enfocó toda su atención a lo que le fuera a indicar su hermano mayor.

—Cierra los ojos —obedeció al instante—, respira hondo, respira profunda y suavemente, no hay prisa en ello, nadie te está tomando el tiempo —cuando notó que el menor se adaptaba a su ritmo, continuó—. Ahora concéntrate en tu cuerpo, siente tus pies, siente tus piernas, tus rodillas; ve subiendo y posando tu mente en cada parte de tu cuerpo; tu espalda, cualquier cosa que recuerdes. Si puedes, visualiza cada parte, incluso tu cabello —Illumi se sentó a su lado, dándole suficiente espacio para que su presencia no interrumpiera su concentración. Los músculos de Killua fueron relajándose poco a poco y esperó hasta que se habituara a su nuevo estado—. Ahora sal de esa concentración, siente el aire a tu alrededor, la temperatura de aquí, escucha la naturaleza, ¿puedes oír el sonido de las hojas de los árboles?

Lo cierto era que todo eso era estimulante. Nunca antes se había sentido tan tranquilo y lleno de vida. El aire fresco no hacía otra cosa más que mejorar su estado de ánimo, escuchar todo lo que le rodeaba le provocaba una sensación de armonía dentro de él, consciente de la vida en su entorno.

—Sigue así, trata de encontrar más detalles. Allá afuera hay mucho más de lo que tus ojos te permiten ver y necesitas que una mirada de tu interior te lo muestre.

El pequeño asesino continuó con su concentración, una experiencia vivificante para su debilitado espíritu, fue consciente de cuánto el ser humano se bloqueaba a sí mismo para no apreciar la gran belleza de la naturaleza y la creación divina, que diariamente estaban presentes, pero que lo terminaban menospreciando gracias a la constante convivencia. Illumi se marchó de ahí para que él pudiera seguir con aquel ejercicio sin interrupciones.

Cuando abrió los ojos, vio que el día había avanzado demasiado. Ya el sol se encontraba sobre él, las nubes obstruían la luz. Probablemente era hora de comer, lo supuso al sentir su estómago reclamar algo de alimento y pensó en lo estupendo que sería probar otro de esos manjares que su hermano sabía preparar.

—¿Illumi? —volteó a su alrededor, reparando en la ausencia de éste.

Se puso de pie, sacudió su túnica y se dispuso a hallar a su hermano. Cuando alzó de nuevo la vista, pudo divisar a su objetivo a lo lejos, junto a la torre que antes le fue señalada, y notó el gran letrero que decía "Babel 33", de un salto bajó para alcanzarlo. Se sentía recuperado, listo para cualquier desafío. Cuando al fin quedó detrás de él, Illumi se dio la vuelta y notó por un efímero instante, una expresión de tristeza en su rostro.

—Kil, ¿terminaste con el ejercicio? —pero la pronta sonrisa de su hermano le hizo olvidar lo que acababa de ver.

—No lo sé —se rió—, ¿cuándo sé si ya terminé?

—Cuando ya no puedes concentrarte más.

—¿Eso es todo?

—Sí, se llama meditación. Muchas personas no lo saben, pero la meditación estimula la inteligencia y, por decirlo de algún modo, limpia todas las impurezas que se quedan en nuestra mente —el pequeño lo observó curioso por las cosas que decía—; como esos impulsos asesinos que te impiden ver las cosas con claridad. Los mantendrá bajo control.

—¡No puedo creer que algo tan simple sea tan…! —se quedó en silencio. Recordó la matanza que provocó la última vez y una gran tristeza surgió dentro de él.

—¿Tan…? —distinguió la desesperación en aquellos ojos azules y supo que debía usar sus recursos para traerlo a calma antes de que volviera a salirse de control. Se arrodilló frente a él y tomó su rostro— Kil, no hay nada, no pasa nada, todo está bien —dictó suavemente para estimular su inconsciente, como tantas otras veces lo había hecho—, recuerda que ya estás a salvo.

—Lo siento, lo siento aniki.

—¿Qué cosa?, todo está perfectamente bien, sólo tienes que continuar practicando, y aún tienes otros tres días más para dominarlo. No tienes otra tarea más por hacer —acarició sus cabellos, sintiendo como pequeñas ondas de placer surgían desde las emociones de Illumi, tocar a Killua se volvía cada vez más peligroso para el ente de Nen.

—¿Con eso todo volverá a ser como antes?

—Todo será mejor que antes, y nunca más volverás a preocuparte —pese al dolor que le provocaba tocarlo, dado que concedía un poco de su deseo a su anfitrión, no retiró su mano. Era más importante su misión que su propio bienestar.

—Illu-nii —se ruborizó—, tengo hambre.

Llegó a la conclusión de que su vida era maravillosa estando en casa de su hermano. Comía mejores cosas que en su propia casa; el lugar era un paraíso, un hermoso castillo con cuartos que lo conducían a un mundo imaginario preferible que el real; meditar, y jugar con el señor conejo era todo lo que deseaba hacer en la vida. Un niño con tanto sufrimiento detrás de él, no podía soñar con algo diferente.

Reconoció que Illumi era sorprendentemente inteligente, sus conversaciones estaban llenas de conocimiento extraño y fascinante; sobre la mente, enfermedades, plantas, animales, ciudades, tácticas de guerra, y otras tantas que desconocía. Incluso el mayor le permitió tomar su colección de libros para leer de todo lo que le hablaba. Mucho de lo que leía eran cosas extrañas que constantemente tenía que ir a preguntar a su hermano el significado.

El ente agradecía que Killua fuera un niño tan brillante. No batallaba en explicarle nada, entendía ahora por qué todos le admiraban tanto, no sólo era capaz de comprender lo que le decía, sino que lograba visualizar sus palabras más allá de su propio significado y añadir detalles, ligar sus conocimientos y encontrarles utilidad. Secretamente comenzó a sentir una fascinación por el niño, la misma emoción que Illumi sintió cuando descubrió la gran diferencia que su hermano representaba con respecto a los demás. Prácticamente tuvo que forzar al pequeño a dormir, su curiosidad era insaciable, y se marchó a una recámara con un par de libros en mano. No quería que se desvelara o si no se quedaría dormido durante los ejercicios de meditación, tan necesarios para mantener su fachada.

El mundo a su alrededor era perfecto, lo suficiente para que el albino no se percatara del momento en que algo dentro de su mente se bloqueó. Sólo tenía una molesta sensación de ausencia que no dejaba de aparecer y se convenció de que se debía a que ahora era consciente de todo el conocimiento que por muchos años ignoró. El hombre de la Y obstruyó los recuerdos negativos vividos desde que comenzó a controlar su sed de sangre y junto a ellos, su recuerdo sobre Alluka, el cual su mente asociaba a toda la negatividad por la que había pasado durante ese periodo oscuro.

—"Siempre que vayas a atacar y a combatir, debes conocer primero los talentos de los servidores del enemigo, y así puedes enfrentarte a ellos según sus capacidades"(1) —citó—. Ellos tenían este sistema de espías, los cinco tipos de espías, no todos los días se consigue este control en el campo de guerra.

—¿Cuál es mejor?, he pensado que los espías nativos pueden ser muy peligrosos, pueden jugar un papel doble sin que uno lo sospeche.

—Depende de tu presupuesto o lo que puedas ofrecer. Recuerda que debes darle algo que anhele más que todo, y lo vuelva leal a ti.

—Lo sé, aun así los nativos me dan mala espina.

—Yo pienso peor de los funcionarios. Los usaría para desecharlos luego. Ellos son verdaderos traidores.

—Pero son más fáciles de controlar, sus condiciones son más simples.

Se encontraban en una de las salas, en medio de un acalorado análisis sobre las guerras y artes de espionaje. Killua estaba recostado sobre un sillón, con un par de libros abiertos sobre el suelo, los cuales volteaba a revisar cada cierto tiempo mientras leía otro más en sus manos. Illumi por su parte, se encontraba sentado en un somier con una copa de vino en la mano, disfrutando del estudio al que sometía al menor.

—Una vez, durante un trabajo con el abuelo, nos encontramos en una situación con un sistema de espías brutal. La gente era incitada desde adentro a delatarse entre ellos, tenían separadas a las familias para mantenerlos amenazados; si un miembro de la familia escapaba a otro país, el resto de ellos era asesinado o encarcelado de por vida; en cambio, si se mantenían atentos a los espías, y traidores, delatando a los desertores, obtenían algo así como "puntos" que se traducían en dinero, posición social, y otros lujos a cambio; así permanecían acumulado dichos puntos para seguir su concepto de "buena vida". Pero si alguna información era falsa, recibían un castigo por su estupidez.

—¡Eso suena terrible!

—¿Qué tipo de espías eran ellos?

—Nativos y liquidables.

—Correcto —le alabó.

Killua se levantó a tomar una pieza de chocolate que estaba sobre un plato, junto a los libros.

—Lo que no entiendo es cómo los mantenían a todos bajo control, ¿qué les impedía revelarse?

—Los poderosos los forzaban a vivir en una situación extrema, en la que pocos tienen riqueza, y el resto sufre hambre. Los medios de comunicación los bombardean con noticias de otros países haciéndoles creer que ellos sufren más, que su situación es buena.

—Escalofriante.

—Y por eso nosotros no nos podemos dejar llevar por ningún gobierno.

Su tiempo libre lo aprovechaban en aprender, conocerse un poco más, y continuar con los ejercicios que supuestamente curarían al niño de su hambre de muerte, de modo que su amnesia pasara desapercibida y pudiera regresar a casa como si no hubiera ocurrido absolutamente nada.

Los mayordomos que estaban tras Illumi, informaron de todo lo que vieron al padre y abuelo de los muchachos. Este último quedó con una impresión profunda, no era capaz de asimilar que un chico de tan sólo veintidós años tuviera un conocimiento tan extraordinario. Como si la genialidad de su nieto hubiera permanecido oculta durante todo ese tiempo y ellos fueran un par de tontos por haber dudado de él. Eso lo hacía titubear aún más. La sospecha de que el mayor de los hermanos Zoldyck era aún peor de lo calculado incrementó, y sabía que si quería mantener esa acusación debía darse el tiempo para vigilarlo con mayor precaución que antes. No podía arruinarlo.

—Kil, esta vez trata de dormir temprano. Mañana volveremos a casa —le anunció durante la cena. El niño sintió un pánico por la noticia.

—¡No!, no, no. Illu-nii, no podemos volver aún, no estoy listo.

—Me encantaría que nos quedáramos más tiempo, pero los espías de papá nos han encontrado. No quiero que vengan a tomar la casa, mucho menos quiero que venga papá hasta acá. Esta es mi casa, no quiero que papá me la quite por mi desobediencia.

Era egoísta de su parte querer seguir ahí a pesar de que al final, su hermano pagaría por todo el beneficio que él recibiría.

—Sí, entiendo.

—Míralo por el lado bueno, podremos volver luego y ya no tendríamos que escapar, podríamos quedarnos aquí una temporada larga —mintió, lo último que quería era volver ahí con ese niño que sólo lo debilitaba.

—Más te vale —le amenazó a modo de broma.

—Ahora ve a buscar un cuarto para dormir, yo me iré a mi recámara, necesitaré toda mi energía para aguantar a mamá cuando volvamos.

La carcajada de Killua le reveló que su trabajo estaba terminado. Ni siquiera batalló en hacerlo reír por cualquier tontería, y apostó que si le mencionaba el nombre de Alluka, no le daría relevancia a su presencia, ya actuaba como si todo lo que sufrió los días anteriores fueran simples detalles del pasado.

Pero la noche no parecía buena para el niño, no lograba concentrarse en su lectura, tampoco encontró un cuarto que le llevara de nuevo a otro mundo, ni siquiera caminar por la casa le ayudó a olvidar ese sentimiento de angustia. No quería volver a la montaña, le horrorizaba, sin saber el motivo; no lograba recordar aquello que le hacía temer tanto a su propio hogar. Estaba tan preocupado, que decidió ir a despertar a su hermano y hasta entonces cayó en cuenta que desconocía la famosa recamara de Illumi. La casa era demasiado grande como para poder adivinar rápidamente cuál de todas las habitaciones era la que buscaba.

—Illu-nii —dijo en voz alta, y se dio cuenta que su voz no iba a ser escuchada entre tantas paredes, debía gritar, pero le avergonzaba hacerlo y tras reflexionar que nadie más en casa le escucharía, dejó su inhibición— ¡Illu-nii! —exclamó, miró a ambos lados esperando una respuesta y en vista del éxito no obtenido volvió a llamar otra vez. Entonces corrió por los pasillos en busca de su hermano mientras le hablaba.

Una puerta tras otra aparecieron en su camino, hasta que le llamó la atención una que estaba entreabierta. Una cadena, que desde adentro impedía que la puerta se abriera por completo, le dejó ver que en algún momento alguien deseó mantenerlo cerrado. El cuarto se encontraba abandonado. Observó por la apertura un montón de cosas estaban amontonadas en el suelo; por la oscuridad no logró interpretar lo que eran, sólo distinguió ropa de mujer tirada a los alrededores. Jaló la cadena y se aventuró a revisar el interior del cuarto. Vislumbró un tocador con un espejo que cubría gran parte de la pared, y lo que llamó su atención fue que, escrito en decorativos colores pasteles, la palabra "Kikyo" resaltaba. El nombre de su madre escrito ahí le hizo sentir escalofríos, no halló otra cosa más que objetos para mujer, una chica adolescente quizá. Al mirar a la derecha notó un librero casi vacío, unos cuantos libros salvados del posible saqueo que se había llevado a cabo ahí. De inmediato reconoció los libros, eran justamente la clase de literatura que su madre coleccionaba. Una libreta arrumbada en el librero atrajo su vista, la cual estaba abierta, mostrando una hoja degastada y amarillenta, posiblemente empolvada por el tiempo, con un corazón dibujado y que en su interior decía "S y K".

—Aquí estoy Kil —su hermano apareció en ese instante, en medio del pasillo, provocándole un gran sobresalto—, ¿estás bien?

Aniki, no puedo dormir, no me siento bien.

—¿Tuviste una pesadilla?

—No, pero… no quiero volver a casa.

—Acércate —Killua se apresuró a él. Illumi le dio la mano, para llevarlo consigo hasta su cuarto.

Estando en ese sitio podría controlar mejor sus emociones y hacerlo sentir listo para regresar a la montaña, no iba a permitir que la duda del niño, provocara que su anfitrión se saliera de control. El albino por su parte dejó pasar todo lo que había visto, no quiso indagar en ello. Por alguna razón lo percibía como un tema prohibido.

Desafortunadamente para el ente, tener a Killua en su cama fue peor de lo que en un principio creyó. No iba a resistir hasta la mañana, su cuerpo estaba recibiendo más de su deseo de lo que él esperaba, y el hambre poco a poco lo iba consumiendo. Así que decidió desaparecer y permitir a Illumi ser quien pasara el resto de la noche junto a ese niño, guardaría la poca energía que le quedaba para el regreso a la montaña. Ya tendría tiempo para cobrarse con su anfitrión todos los favores hechos.

Por la mañana el menor despertó un poco malhumorado, el pensamiento de que pronto volvería a casa le había robado el descanso y no era inspirador para levantarse de la cama. Decidió hacerlo una vez que comprobó que su hermano ya no estaba junto a él y recordó que estaba en el cuarto de Illumi. Por primera vez tendría tiempo para ver ese lugar que tanta curiosidad le despertaba, además prefería concentrar su mente en algo diferente. Sí, el cuarto era tal y como ahora suponía que sería del gusto de su hermano. Un lugar lleno de lujos, hermoso y brillante, no estaba repleto de adornos y símbolos como los otros cuartos, sin embargo, contenía esa esencia extravagante que ya consideraba propia de su hermano.

A la derecha de la cama había una puerta corrediza que daba al enorme jardín en el que solía hacer sus ó la gran torre de la jardinera de Babel, detrás de la pirámide Maya; lo que más le llamó la atención eran las flores que al fin tenía de cerca, aquellas que mientras meditaba desde la pirámide no alcanzaba a ver bien. Eran parte de una decoración de otro jardín más con el texto "Babilonia 33" que recorría varios metros hasta unirse a una estatua, una que no había distinguido antes. Bajo los pies de la estatua estaba la leyenda "Alejandro III Magno".

Dio un respingo, recordó a su hermano mencionándolo en algún momento de sus conversaciones, pero no lograba ubicarse en el contexto de sus palabras, y se quedó sumido en sus recuerdos, tratando de averiguar lo que su hermano dijo con respecto a ese nombre. En el reflejo del vidrio se encontró con que Illumi le había vuelto a dejar nuevas prendas para cambiarse, y decidió que era momento de salir de ahí para averiguar por sí mismo qué era lo que le había dicho sobre el tal Alejandro.

El morocho estaba recostado sobre el cómodo sillón del cuarto rojo, mientras leía otro libro. Sonrió cuando lo vio, nunca antes consideró a Illumi la clase de persona que leyera otra cosa que no fueran los intereses que su madre y él compartían.

—"La más ruin compañía te hará sentir que eres hombre entre los hombres"(2) —leyó en voz alta al notar la encantadora presencia del pequeño.

—¿Qué es?

—Fausto —le mostró la portada del libro—. Muy ilustrador para quienes gustan de jugar con fuego.

—Hablas tan extraño aniki —dejó escapar una risita. Se acercó hasta él para tomar el libro de sus manos—, pero es divertido.

—¿Tienes hambre? Recuerda que nos iremos en un par de horas —esos ojos azules le expresaron una molestia al mencionar su partida, imposible de disimular.

—Sí, sí tengo hambre.

Y de nuevo fueron a la cocina, el lugar que era el favorito de ambos para conversar.

—¿Quién es Alejandro Magno?

—¿Eh?, ¿a qué viene esa pregunta tan repentina?

—Vi la estatua desde tu cuarto.

—Un viejo conocido, siempre quisimos revivir Babilonia juntos, pero teníamos muchos enemigos y las cosas no funcionaron como lo esperábamos al final.

—¿Qué? —estaba confundido, no sólo porque no sabía lo que era Babilonia, sino porque no entendía por qué hablaba tan serio de una vida que evidentemente él no había vivido. Hasta donde él entendía, él siempre estuvo en casa con la familia y nunca se tomaba el tiempo de hacer amistad con nadie.

—Bromeo Kil —aclaró ante la confusión provocada—. Él vivió hace cientos de años y se supone que yo sólo tengo veintidós, ¿no?, él fue un conquistador importante en su época.

—¿Por qué tienes una estatua de él?

—Mmm… ¡vaya pregunta! —se quedó observando al niño. No planeaba responder así que optó por cambiar el tema—. Sabes, creo que en verdad ya estás listo para volver a casa.

—¿Volver?, ¿en serio tenemos que volver?

—Kil, ya te lo dije, no quiero que papá me quite la casa.

—¡No te la va a quitar!, tú la compraste. No tendría derecho a quitarte algo que tú compraste.

—Sí, sí, yo la compré, pero tú no pareces comprender cómo son las cosas en casa. Papá puede hacer muchas cosas para arruinarme si se lo propone.

Sus ojos azules se desviaron al suelo sin más palabras para refutar. Cambiar el tema original resultó extremadamente sencillo.

—Además, podremos regresar luego.

—¿Me lo prometes?

—Sí, sí —contestó el hombre del Y como si nada, alejándose de la mesa para acomodar la vajilla usada durante su comida.

Aniki —detuvo su actividad para girarse a ver al niño, no contaba con que Killua mordería su dedo y se lo extendería— es una promesa ¿verdad?, recuerda que el abuelo nos dijo que así se hacían las promesas.

El ente tuvo que hacer un esfuerzo terrible para moderar sus impulsos malignos sobre el niño. Lucía apetecible, adorable, al extremo que comprendía a gran profundidad el amor enfermo que su anfitrión sentía por él.

—Sí —y temblando de emoción, unió su dedo ensangrentado a aquel otro diminuto que le transmitió una sensación de calidez casi irresistible.

(1)El arte de la guerra - Sun Tzu.

(2) Fausto - Johann Wolfgang.

Ambos libros son muy recomendables.

La historia que Illumi le cuenta cuando están hablando sobre espías, es la misma que viene en el anime/manga que Killua le cuenta a Gon cuando van a pelear contra el rey de las hormigas quimera. A ver si se dan cuenta de mi pequeña maldad...'.

Yuuki: *risas* no me acordaba de actualizarlo aquí, hasta hoy casi sábado... me he sentido desmotivado por la falta de interés que veo que hay en fanfiction, y he pensado seriamente en si quiero tenerlo en ésta página o no. Sé que el odio por Kikyo es brutal, pero... todo a su tiempo. ¿La manita de Kil te dice algo?, ¿sí?, que todo está predestinado *insertar corazones* Kil sufrió, pero como podrás ver, ya las cosas comienzan a tener su nivel. Posiblemente Illumi se sienta feliz por ser tratado con la cercanía usual, pero todavía no cantemos victoria. ¿Cómo fue que el hombre de la Y supo arreglar el caos provocado?, es un interesante misterio.

Ouu, lo sé, el hombre va ganando terreno, poco a poco esto comienza a arder. Me hace tan feliz saber que lo disfrutas, es como si me dieran oro por todo mi esfuerzo entre cada capítulo.

¡Eres de las mías!, yo tampoco siento apego por el gonkillu, killugon, nop, para nada. Soy illuKillu de hueso colorado, mi OTP por siempre, y jamás me atrevería a cambiar el fanfic de modo drástico sólo por lo que está haciendo Togashi. Tú tranquila, que yo me ocupo de esparcir mi el poquísimo IlluKillu por el mundo.

Menos mal que ya estás mejor de salud, ten mucho cuidado con los cambios de clima, a todo el mundo le afectan. Y descuida que por nada del mundo me aburrirías, atesoro profundamente el hecho de que te tomes tu tiempo para escribirme. No sabes cuánto lo valoro. Ojalá que tu salud siga estable y que esas investigaciones hayan sido de mucho provecho. Nos vemos en el siguiente capítulo con mucha acción.'.

Reina: Gracias por tomarte un momento de tu tiempo para hacerme saber que vale la pena continuar. Tu opinión por supuesto me es relevante, al inicio de la historia pregunté si a alguien le molestaba lo largo de los capítulos pero nadie respondió. Quizá podría reconsiderar el hacerlos más cortos. Por lo pronto, espero que sigas interesada en la historia y que te guste lo que va, y lo que vendrá! Saludos.'.