93 en Babel

Capítulo 7

.'.

Al anochecer retornaron a la montaña. Concluyendo su viaje en medio de una amena conversación sobre estrategias de batalla lideradas por Alejandro Magno. Killua nunca antes se había sentido tan atraído al conocimiento como lo estaba ahora. Tenía muchas ganas de aprender, de saciar su curiosidad sobre el mundo y todo lo que le rodeaba. Lamentablemente su diversión tuvo que detenerse cuando notaron que Silva les esperaba en la entrada de la casa.

—¿Tuvieron un buen viaje?

Ambos hermanos quedaron en silencio, listos para escuchar sus respectivos castigos.

—Illumi, no puedo entender cómo es que te hayas atrevido a… —Silva trataba de concentrarse en representar su papel de padre molesto, pero le resultó una tarea imposible al ver a su pequeño hijo en tan perfectas condiciones, comparado a los días anteriores. Lejos de estar molesto, se sintió aliviado— Illumi, ya no eres un niño para que te castigue como antes; dejaste un trabajo importante a medias, tuve que ir yo mismo a terminarlo, estos días he tenido demasiado trabajo por culpa de ustedes dos.

En ese instante fue el mismo Illumi a quien le intrigó lo que Silva estaba diciendo.

—Toma tus cosas, te irás a trabajar dos meses sin paga, ni se te ocurra fallarme esta vez porque no te gustaran las medidas que tomaré —su voz sonaba amenazante, al menos, así la percibió el niño.

—Sí, padre.

—Sígueme —le indicó Silva.

—Papá —no obstante Killua los detuvo antes de que se marcharan—, ¿qué hay de mí?

—Tú ya tienes bastante en qué reflexionar —no había planeado un castigo para él, estaba bastante feliz de verlo estable como para querer infringir más daño a su joven mente.

—Illu-nii —llamó suplicante.

El hombre del Y estaba harto de controlar los deseos de su anfitrión, de concederle la cercanía con su hermano y para colmo, limitarse a actuar sin ninguna recompensa a cambio. Ni siquiera quiso dirigir una mirada al pequeño, siguió caminando como si no hubiese escuchado jamás su voz; lo cual fue desconcertante para Killua, que no lograba justificar esa repentina actitud fría y distante

Silva guió a Illumi al cuarto de siempre, aquel en el que hacían sus reuniones. Allí estaban Zeno y Kikyo en silencio, parecía como si ambos acabaran de tener una discusión y se limitaron a observar a los dos recién llegados.

—Magnífico trabajo —dijo en voz alta Zeno—, me pregunto en qué momento te volviste tan poderoso.

—Calmar a un niño no significa tener poder, yo lo habría hecho mejor —contestó Kikyo con ira.

—Ya ha sido suficiente discusión —alzó la voz Silva—, lo importante es que esto ya está completo.

—¿No deberías decir eso después de revisar si ya olvidó a Alluka?

—Illumi, he visto a Killua demasiado inestable desde que volvió de la Torre, estoy conforme con esto. Si me dices que ya no volverá a ser un problema la presencia de Alluka, lo tomaré por cierto.

Al ente no le quedaba mucho tiempo para permanecer en ese plano de la realidad, había aguantado bastante en el exterior. Era el turno de asegurarse en tener la distancia suficiente para mantener a su anfitrión deseoso de estar junto a su hermano.

—Aprovechando la ocasión —llamó la atención de los adultos presentes—, quisiera pedirles algo.

Los tres se enfocaron en él.

—Padre, creo que ya ha llegado la hora de que me valga por mí mismo. Ya no soy precisamente un niño. Como podrás ver, ya tengo una casa y…

—Esa casa… —murmuró su padre.

Kikyo se quedó observando fijamente a su hijo.

Ella mejor que nadie sabía que ese lugar no le pertenecía a Illumi, sino al hombre del Y; ya que había crecido y entrenado allí desde que era una niña. Ahora que ellos estaban enlazados, la idea de que el ente de Nen quisiera regresar a su hogar la alegraba, así tendría una nueva oportunidad para acercarse a Killua.

—No sabía que tenías fondos para ello —continuó hablando—. Normalmente me entero de todos los movimientos que se hacen en las cuentas de la familia. Esto pasó totalmente desapercibido para mí.

—No necesito rendirte cuentas de todo lo que hago padre. Ya soy lo suficientemente mayor para esto.

—Lo sé, sé que ya estás en edad de hacer tu propia vida. Podrías considerar la idea de tener un matrimonio.

El ente de Nen rió, conocía bien a su anfitrión. La conversación no estaba llegando al punto deseado.

—¿Y sobre mi petición?

—Es imposible Illumi. Como bien sabes, no somos una familia común, no podemos regirnos bajo las mismas reglas sociales que los demás. Tú trabajas para la familia, no sólo soy tu padre, soy tu superior —dijo con seriedad Silva y continuó exponiendo sus motivos—, además necesito que evalúes a Kalluto y entrenes a Killua.

El ente de Nen comenzó a enfadarse, hizo un esfuerzo por resistir sus ganas de refutar.

—¿No se supone que ese es tu trabajo?

—Las cosas siempre han sido así; tú entrenas a Killua y yo lo evalúo. No siempre tengo tiempo para entrenarlo, sabes que tu abuelo y yo nos ocupamos de las otras cosas importantes para la familia. Kikyo ha entrenado todo este tiempo a Kalluto, pero va siendo hora de que alguien lo evalúe, y quiero que seas tú quien lo haga.

—Sí, sí… —resopló—. Pero podría irme, vivir en mi propia casa, y tú podrías llamarme cuando tengas un trabajo para mí; de vez en cuando vendría a evaluar a Kalluto y a poner más ejercicios a Killua.

—No. He dicho —conocía a su hijo, sabía que él argumentaría hasta que no quedara más opción que aceptar sus condiciones—. Yo necesito que estés en casa. Sabes que Killua no es como nosotros; necesita de ti para que aprenda, y lo controles mientras se forma como el líder de la familia.

Un no, era un no. Illumi se masajeó las sienes intentando contener el estrés que le provocaba no poder hacer su vida a su gusto.

—No me queda opción entonces… —y no estaba conforme con eso. El ente necesitaba espacio para fortalecerse.

—Illumi, lo he estado pensando y por ello decidí darte unas vacaciones. Te daré dos meses para que salgas a hacer lo que desees. Ya vi que tienes tus propios asuntos de los cuales no estoy enterado, ve y ocúpate de ellos, no pondré vigilancia sobre ti. Dejaré que seas libre por estos dos meses, y tengas los fondos para que no te falte dinero en lo que sea que planees hacer.

No era precisamente lo que buscaba, sin embargo, era mejor que nada. Ocurría que el ente de la Y necesitaba tiempo para recuperarse de los días desperdiciados con el niño. Concederle un deseo así a su anfitrión menguaba por completo su fuerza, requería de siete días por cada día que había ocupado en ello, es decir, de al menos veintiocho días completos lejos de Killua para recuperarse en su estado actual. Silva no sólo le ofreció esa cantidad, sino le añadía más días, eso significaba que no sólo se recuperaría; se volvería más fuerte. Esperaba que lo suficiente como para deshacerse de una vez por todas de su anfitrión; debía ser cauteloso para mantener sus planes en secreto.

—Bien padre, entonces lo tomaré de una vez.

—Esa era la idea.

Ese mismo día se marchó de la montaña sin despedirse de nadie. El albino supo de su partida al anochecer, apenas cuando planeaba hablar con él, por tanto no pudo evitar sentirse inconforme con su hermano. Se había ido sin siquiera aclarar lo ocurrido en esos cuatro misteriosos días.

El hombre del Nen condujo a Illumi hasta un hotel cercano a su casa. Era conveniente que hicieran esa parada; de otro modo el cuerpo de su anfitrión no sería capaz de soportar el viaje hasta la ciudad a la que deseaba ir; donde tuvo que darle algunas horas más de sueño.

Cuando despertó, era Illumi de nuevo, con las memorias completas de todo lo que había vivido los últimos días. Y ahora podía ver las cosas mejor; el ente era realmente poderoso, incluso más de lo que él mismo alguna vez creyó, podía comprender por qué el temor por parte de los demás hacia lo que podía lograr con un ser tan increíble dentro de él.

«Illumi, al fin estás despierto».

Escuchó que le llamaba desde alguna parte de su inconsciente. Ya no le molestaba escuchar su propia voz hablándole como si no fuera él mismo, se había adaptado a reconocer cuando era su propia mente y cuando era aquello otro.

—Sí, no iba a dormir por siempre. Veo que ya me tienes donde querías.

«¿Viste por la ventana?, es una linda ciudad».

—No es necesario que lo haga.

El hombre de la Y tenía ahora que hablar de sus intereses, el precio que le cobraría a Illumi por sus servicios.

«Oye niño, ya es tiempo de que seamos claros, necesito fuerzas para subsistir, ya te concedí mucho de tu deseo estos días, Killua ha vuelto a adorarte. ¿No ves que soy capaz de eso y más?, es momento que me dejes alimentarme como es debido».

—Tú "comida" era durante las noches —le remarcó, comprendiendo a dónde iba la conversación.

«Una botana nocturna no es suficiente para mí… —hubo un breve silencio— no puedo sostenerme más allá de cuatro días frente a Killua, tú sabes bien que soy la mejor opción para ti, para mantenernos fuertes. Illumi, nuestro Nen deben ser uno mismo, nuestro conocimiento puede ser también uno mismo. No necesitas batallar en nada, yo puedo enseñarte más rápido de lo que tus libros lo harán».

Lo que le molestaba, era que no mentía, no bromeaba cuando decía cada cosa. Sonaba más como un fiel aliado en los peores momentos de su vida, y más allá de un aliado.

—¿Puedes ir al punto? Estoy harto de tus rodeos.

«Yo podría demandar poco alimento, si tan sólo tuviera los nutrientes suficientes para subsistir. Estoy en un buen nivel, pero para que llegue a ese nivel que necesitamos, requiero que aumente tu deseo por Killua. El problema es que eres "el señor todo control" y no me permites desarrollarme».

—¿Qué necesitas? —preguntó impaciente, detestaba las constantes divagaciones del monstruo.

«Tu padre te dio dos meses de libertad, ¿podrías aguantar dos meses sin ver a tu hermano?»

—De ningún modo, Killua no sólo me necesita, ahora mismo está más receptivo a mí. Es un buen momento para volverme cercano a él…

«Te recuerdo que fui yo quien lo consiguió —tenía que echárselo en cara— y podría recuperarlo cuando yo quiera. Sabes que no miento».

Las pruebas decían que tenía habilidad para eso y más. No dudaba en que fuera capaz de hacer que Killua le amara más allá del lazo de hermanos. Tenía una cantidad enorme de conocimiento adquirido tras vivir muchas vidas en diferentes cuerpos, diferentes lugares y tiempos.

«Mira, no te estoy pidiendo mucho. Necesito un mes lejos de Killua para volver a mi antigua condición, más otro tiempo para fortalecerme. Una vez que tenga esa fuerza, tú deseo mutará. Eso es justo lo que necesito».

—¿Mutar?

«Sí, se volverá… "diferente" —había un aire de misterio que no le agradaba, de todos modos, el hombre del Y no le diría la verdad, así que no valía la pena indagar más— pero esa diferencia me hará fuerte. Y entonces, sólo bastaría con una hora al día lejos de él para alimentarme. No importaría si pasas todo el tiempo que quieras con él, yo sólo solicitaré una hora y lograrás acceder a todo mi poder».

—Una hora… —no sospechó de sus intenciones, iba a concedérselo sin pensar más allá, la ambición por Killua lo estaba volviendo ciego en sus decisiones—. Dos meses a cambio de eso, suena mejor.

«Sí, sí. Ahora niño, escucha esto, ¿sabes por qué te traje aquí?»

—Vienes a buscar al tipo de los RK.

«¡Bingo! Muy bien, ahora, necesito ir, pero en estos momentos no tengo la fuerza suficiente para moverme por mí mismo. Te necesito para completar esto. Si te digo: "vamos a buscarlo", ¿qué me dirías?».

—¿Vamos?

«Mal, mal… Los RK y los Iluminados por alguna razón ya no son amigos como antes. Naturalmente voy a pensar que estoy a punto de caer en una trampa. Tienes que decir "¿en dónde está la trampa?"»

Illumi rodó los ojos, detestaba el exceso de confianza que tenía el ente a veces.

—¿En dónde…?

«¡Que buena pregunta Illumi!, aprendes muy rápido. Eso me gusta mucho de ti —el ente interrumpió, y él prefirió recostarse en la cama; hablar con aquella criatura le cansaba. Siempre se tomaba su tiempo para decir una cosa simple—. Cuando quieres ocultar algo, no lo entierras en una isla, haces un mapa y lo ocultas para que todos tengan curiosidad por ver qué pasó, y vayan por tu tesoro. No. Cuando vas a ocultar algo, lo pones en un lugar público, un lugar que todo el mundo puede ver, y lo ven durante tanto tiempo que deja de parecer interesante hasta que se convierte en algo normal. Nadie sabe que está ahí, pero tú sí, y eso es lo importante. Nosotros los Iluminados, hemos ocultado a través de todo el mundo nuestros recursos y secretos. Hemos colocado trampas con tal de prevalecer. Si un RK va a atacarnos, nos daremos cuenta por la cantidad de secretos que nos rodean, si vemos un patrón que delate que estamos en terreno peligroso, entonces nos abstendremos de buscar al tipo, si no, entonces iremos por él».

—El asunto es encontrar los símbolos que están en la ciudad, ¿es eso?

«Sí, vaya, se nota que Killua aprendió de ti lo observador».

Se sonrió orgulloso, por supuesto que su niño iba a ser brillante, él no se fijaría en alguien que fuera poca cosa.

«Necesitamos averiguarlo lo más pronto posible, ¿cuánto tiempo crees que te tome hacer la investigación?».

—Depende de qué tantos lugares tenga que visitar.

Salió del cuarto, en busca de alguna tienda en la que pudiera comprar una laptop para usar y recopilar información de la ciudad donde estaba. Aprovechó la salida para comer algo y luego volvió, listo para hacer todo lo que el hombre de Nen le sugería. Comenzó a buscar los sitios importantes de la ciudad: museos, edificios del gobierno, calles principales, centros de arte, y áreas históricas, lo que propiciara turismo.

«Descarta los centros recreativos», le advirtió el ente.

—¿No sería más factible usarlos?

«No, no cuando vas a robar Nen».

—¿Robar Nen? —ni siquiera lo había pensado antes.

«¡Tú mismo lo has usado con tus mudras, no te hagas el inocente! No es tanto como robar, pero mi querido Illumi, nosotros no somos asesinos como tú y tu familia, necesitamos otros medios para subsistir y ser poderosos. Cada uno de nosotros tenemos un valioso Nen que podemos usar en muchas cosas. Hay gente que lo tiene y a lo largo de su vida lo usa en muy pocos momentos, valdría más que ese Nen no se desperdiciara en nada, nosotros nos aprovechamos de su ignorancia y le damos un uso a su energía para el beneficio de la humanidad».

—A mí no me tienes que engañar con esos cuentos. No hay beneficio en la humanidad si ellos ni siquiera saben que existe tal cosa a su alcance.

«Es lo que estoy averiguando, pequeño. Dame tiempo».

La idea del robo de Nen estuvo rondando en su mente mientras continuaba su labor. Tenía curiosidad natural por ella. La sola idea le ayudó a reparar en detalles que anteriormente no habían recibido explicación. Seres como Galileo, Geppetto y compañía, requerían de una cantidad de Nen impresionante para poder realizar todas sus prácticas, y nunca antes se planteó la idea de que recurrieran al robo de Nen para poder hacerlo. Había aceptado que ellos podían hacer todas sus prácticas, sin cuestionar su capacidad, y se lamentó por su falta de curiosidad en algunos momentos de su vida.

Llegada la noche recabó información suficiente como para satisfacer al espíritu y poder comenzar con su investigación apropiadamente. La ciudad, aunque amplia, no tenía más allá de diez puntos sobresalientes y relevantes a visitar. Algunos museos básicos, teatros, zonas históricas, y otros eventos, entre los que resaltó una feria cultural que el hombre de la Y sugirió como interesante para revisar. Entre esos lugares se encontró rápidamente con los símbolos que esperaba, y otros que no le habían parecido familiares.

«Hemos visto suficiente, ¿no lo crees?»

—Es territorio de los Iluminados, no hay duda de ello —concluyó Illumi. Tenía evidencia suficiente para darlo por un hecho.

«El actual dueño del centro cultural de Cluj es el señor S. Marga, abogado de cabecera del gobernador; y el arquitecto es Ítalo Miga. Revisa un poco la información de ambos».

Y ahí estaba, de alguna manera tanto el abogado como el arquitecto tenían un parentesco, lejano pero al final de cuentas, un par de primos. El espíritu era impresionante a la hora de deducir, esto le sirvió al morocho para aprender a conseguir su propia información en un futuro.

«Ambos son de la familia Marga, el abogado tiene más línea pura que el arquitecto. Marga es una familia de Iluminados. ¿Sabes qué significa todo esto?»

—Que estamos a salvo.

«¿No te parece excesivo que una familia adinerada tenga tantas posesiones importantes dentro de un país en el que no viven?, es territorio hostil para un RK; han sido brillantes al ocultarse en un lugar como éste. Tendremos que presentar credenciales que les den confianza para que nos dejen hablar con ellos».

—¿Dirías que esa familia obtiene su poder de esta ciudad?

«Con toda seguridad así lo es. Lo mejor es darnos prisa y salir de aquí. Si algo ocurre no quiero verme involucrado en esos problemas. No nos conviene».

Le tomó una semana dar con la casa del sujeto en cuestión. Tuvo que buscar e interrogar a mucha gente para lograrlo y al final lo consiguió, aunque no como lo había esperado; la casa a la que llegó se veía abandonada, con maleza a su alrededor y rayada por vándalos. Tocó a la puerta y vio entonces que una cámara apuntaba hacia la entrada. Por un instante creyó que estaba encendida, pero luego notó que era sólo una fachada para asustar a las personas. Volvió a llamar a la puerta y añadió:

—Señor Gregg sé que está ahí —se sentía ridículo hablando de ese modo.

Se hizo a la idea de que tenía una deuda con la entidad y que lo mejor era continuar con su labor.

—Señor Gregg, el gran maestro Lewis me envió aquí a buscarle. Me dijo que tenía información importante para mí.

La puerta se abrió con un rechinido molesto. Un hombre de aproximadamente unos cincuenta años asomó la cabeza por la apertura de la puerta, lucía desaliñado y murmuraba las palabras entre dientes.

—¿El Nen… eres tú?

—Él no se encuentra presente en estos momentos. No está en condición para manipular mi cuerpo.

El hombre de pie junto a la puerta miró a los lados como buscando algo, ansioso, tallándose las manos sudorosas; dudó al dar algunos pasos hacia afuera, regresando con torpeza detrás del marco y observó decepcionado a su invitado.

—Pasa, pasa. No es buena idea que te quedes ahí afuera.

La casa estaba sumida en la penumbra; unas largas cortinas obstruían la luz y apenas revelaban la alfombra sucia, donde se amontonaban varias pilas de periódicos, hojas sueltas y libros en derredor de algunos sillones oscuros, atravesados en medio de la pequeña sala de la casa. Un sillón de dos cuerpos parecía ser usado como cama; había una colcha sobre él y varias almohadas.

—Ese Nen arcaico…

—Está aquí, sí. Puede escucharnos.

—¿Sientes algo extraño?, ¿te sientes enfermo o algo por el estilo?

—No, nada de eso.

—Vaya —fue lo único que atinó a responder—, toma asiento donde gustes —luego se dio la vuelta frente a un gran mueble de madera que tenía un montón de botellas de licores diferentes, desordenados y amontonados—. ¿Gusta algo de beber? Acabo de lavar las copas.

Entonces se detuvo a observar al hombre. Parecía pálido, asustado y tomaba precauciones por todo, mirando a su alrededor constantemente. Su ropa estaba arrugada y tenía una gran barba de un día lejano en que deliberadamente dejó de rasurarse, además sus lentes gruesos le hacían parecer más débil de lo que deseaba mostrarse.

Dio un paso al frente y el hombre retrocedió instintivamente, asustado.

—No es contagioso —aclaró Illumi sonrientemente.

—No, pero… ¿qué tal si me alargas la vida si tengo contacto contigo?

—¿Esto alarga la vida?

—No, no… es sólo una suposición, una consecuencia a la que yo le temería.

Illumi desvió la mirada y caminó frente al mueble para tomar una de las botellas que llamó su atención. Se sirvió en una de las copas que estaban ahí amontonadas entre las botellas, y terminó por sentarse en uno de los sillones, algo le decía que sería una larga conversación.

—¿Hay algo que desees saber en especial?

—Esto no tiene nada que ver conmigo. Pero el ente quiere saber qué ha sido de los iluminados antes de involucrarse a profundidad con ellos.

—Es un tipo listo —el anciano se sirvió una copa de vino y se paró frente a Illumi—. ¿Qué sabe sobre ellos?

—No mucho —declaró—. Sé que tienen el control del mundo, que andan de ciudad en ciudad causando disturbios, haciendo lo que desean.

—Hace años nos llevábamos bien. Yo era el encargado de hacer el balance entre nuestros grupos. Era un erudito respetado, me reconocían entre ellos y entre los RK. Ellos tenían sus objetivos y nosotros los nuestros, por lo que nunca teníamos qué temer. Cualquier persona diría que ellos estaban en busca de la dominación mundial, pero eso lo habían logrado muchos años atrás —dio un sorbo a su bebida y continuó—, las pruebas más claras de esto son que el yeni es la moneda oficial por excelencia en todo el mundo y el idioma del cazador; que usaron a los Hunters para lograr su objetivo de diseminarlo por el mundo. Y dirás, ¿si ya tienen su objetivo listo por qué no se hacen públicos? —Illumi le prestaba atención, parecía que comenzaba a llegar a un punto interesante—, dos razones se destacan, la primera es porque deben mantener la población mundial por debajo de los quinientos millones de habitantes, entre menos es mejor, para distribuir los territorios, y para lograrlo deben ir controlando la cantidad de pobladores… lo que nos lleva al segundo motivo. Ellos tienen el control de todo, la tecnología, arte, climas, ambiente político, guerras; todo, ellos usan todos sus recursos para mantener sus ideales y controlar la cantidad de pobladores. ¿Sabes qué pasaría si las personas supieran que ellos existen en verdad?, no puedes pelear contra lo que no puedes ver, el anonimato les ha servido para continuar con el poder del mundo. Han implantado en la humanidad la idea de que ellos no existen, que sólo son teorías conspirativas ridículas. Incluso si tu llegas alegando que tienes pruebas y las muestras, la gente te dirá que es mentira y terminarán alienándote a ellos —tal vez lo que decía el hombre era escalofriante, pero para Illumi eran sólo palabras sin importancia que no tenían relación con él—, de cualquier modo, su meta más importante apenas se cumplió hace unos quince años.

—¿Otra meta más? —sintió como el ente se quería materializar pero no podía y se sonrió. El monstruo aún le necesitaba para existir.

—Siempre han estado a la caza de gente talentosa. Te ofrecen cosas interesantes para que aceptes unirte, la ambición humana es una gran debilidad. Supongo que tú, al poseer ese ente, pasaste a ser parte de ellos, ¿cierto?

—Algo así.

—¿Te hicieron una ceremonia?

—Sí.

—¿Hiciste algún juramento?

Recordó lo que lo ocurrido ese día y respondió.

—Sí, así fue.

—Ya no hay marcha atrás entonces. Jamás podrás salirte de ahí.

Illumi esperó en silencio a que continuara. El hombre se talló la barba, dio un trago a su bebida y continuó con su conversación.

—En su búsqueda dieron con la persona que deseaban. Una persona única en el mundo, fuerte, libre, con todos los dones de este planeta; capaz de controlar todo y mantener el balance; con una inteligencia que supera las conocidas hasta ahora; que puede hacer lo que sea con la humanidad.

«Pregunta por su nombre, Illumi. Debo saber quién es él».

—¿Cómo se llama?

—¿Nombre?, no tiene ningún nombre; ellos lo llaman "él único". No hay registro de él sobre la tierra. No importa cómo busques, no existe en ningún país. Sus padres fueron sacrificados cuando nació para que no tuviera ataduras. Vive en un territorio desconocido, que tampoco aparece en ningún mapa. Incluso los que tienen permiso de acercarse a él; meros mensajeros, son huérfanos sin registro en el mundo. Desde el sitio en que vive, él puede controlar todo, tomar decisiones de lo que va a pasar en la humanidad.

El anciano dio otro trago apresurado a su bebida. Hablar con la verdad le producía mucha sed.

—Cada cierto tiempo los líderes del mundo se reúnen en un lugar conocido como "el cuarto blanco", a tomar decisiones. Entonces uno de los mensajeros huérfanos va con ellos y da las órdenes que manda "el único". Una vez terminado el mensaje, el huérfano se suicida. El resto de los mensajeros recluta a nuevos repuestos. Luego se encargan de que los reyes y gobernantes del mundo cumplan sus órdenes… de hecho no importa si los mensajeros los vigilan o no. No pueden escapar de las órdenes y poder del elegido. Nadie puede.

«Ahora lo entiendo todo», alegó el hombre de la Y.

Fue turno del joven Zoldyck de tomar un sorbo a su bebida, estaba relajado, creyendo aún que nada de lo que le era relatado tenía relación con su vida. Él era un asesino después de todo.

—Hace años él mandó a unificar al resto de las logias. Las que rechazaron la propuesta dejaron de serle útiles y mandó a exterminarlas. Lo ha ido haciendo de poco en poco; las otras aceptaron sus órdenes. Incluso Netero, el presidente de los cazadores se vio en la necesidad de acceder a sus deseos, tuvo que reconocer que tenía mucho más poder que nadie en este mundo. Ahora los Cazadores son sólo sus marionetas, ni que decir de los Asesinos —Illumi levantó la mirada, curioso por lo que fuera a decir—, la élite maestra de todos los asesinos alrededor del planeta dobló sus rodillas ante él.

Illumi estuvo a punto de preguntar al respecto, pero el espíritu le detuvo. No era conveniente que revelara su posición, ni despertara la curiosidad de ese hombre.

—Yo entiendo perfectamente el miedo. Hace diez años lo vi, justo en esta ciudad. Él vino aquí a visitar a los RK, a tomar el poder a la fuerza, ¡sólo era un niño de cinco años!, desde entonces estoy en esta casa. Hay un Nen alrededor de aquí que no me permite salir. Cualquiera puede entrar y salir, excepto yo. Los pocos miembros del RK que quedaron me mantienen informado sobre el exterior, envían cartas, periódicos, comida, y cosas para que pueda seguir viviendo; porque tampoco puedo matarme, "el único" me mantiene con vida —vio la sonrisa entristecida del hombre, se veía realmente desesperado—. Desde el momento en que tocaste la puerta, "él único" supo que llegaste aquí; sólo basta con que levante una mano y sabrá quién eres. Los miembros de los iluminados no tienen permitido ocultarle ninguna información, el hecho de hacerlo, acredita un castigo. Si uno de los iluminados sabe alguna de tus debilidades, él la sabrá y la usará en tu contra.

Entonces todo tuvo que ver con Illumi, la sorpresa le produjo un nudo en la garganta. Tanto su padre como su abuelo estaban involucrados en los asuntos de aquel sujeto anónimo, lo cual implicaba muchas cosas que a lo largo de su vida había ignorado. No obstante, lo que más le atemorizó fue que aquel sujeto pudiera ir en busca de Killua y tomarlo como su punto débil.

«No permitiré que le hagan nada a Killua, tranquilo, confía en mí», aseguró la entidad para hacerlo entrar en razón.

—Eso claro, si le fallas. Si por ejemplo, si me mataras, porque él me mantiene con vida por alguna razón que yo desconozco, si lo hicieras, él te castigaría. Imagina lo que podría hacer ahora que ya no es un bebé, sino un adolescente de quince años.

«Pero yo no tengo debilidades, yo soy la solución a todos tus problemas».

Llegó el día en que Illumi descubrió algo a lo cual temer. Comprendió que en cualquier momento su padre lo involucraría en esos asuntos; que los iluminados lo ataron a ellos en el instante en que aceptó ingresar a su sociedad; y que el ente, bajo el trato al que accedió, le forzaría a cumplir sus objetivos. Ya no sólo se trataba de servir a la familia para proteger a Killua, sino de una gran cadena de sucesos que ni siquiera habría imaginado.

—Para mantener a sus sirvientes felices les concede todos sus caprichos. Originalmente los Iluminados tenían la obligación de poseer dos familias, una para exhibirla al mundo y otra para entregarla a los deseos de la hermandad. Antes podías lamentarte por la familia que era entregada, decir algo como: "pobres, el destino de su vida fue ese", y ahora ya no están obligados a ello. Por eso antes raramente una mujer llegaba al poder, porque las mujeres usualmente no podían cumplir con ese trato de entregar a sus familias. Solían colocar a algunas mujeres en altos puestos para hacer creer a la gente en cosas como la equidad de género y demás… Actualmente los Iluminados pueden tomar a la población inocente como quieran, y no tienen consecuencias por ello.

—¿Qué se puede hacer entonces?

—¿El ente desea hacer algo?

—Tal vez.

—No hay nada. Dile que se rinda y acepte lo que vaya a pasar. No importa, de todos modos seguirá pasando.

«Pregúntale si nos puede decir de alguien más que me pueda dar información».

—¿Hay alguien más a quién me pueda acercar para que el ente conozca más sobre él?

—Esas de allá —le indicó el ya cansado Gregg, señalando un montón de sobres atados con una soga—; son cartas que me han enviado mis aliados, y otros Hunters que de vez en cuando hacen la labor de mantenerme informado. Puedes tomar sus cartas y leerlas; verás sus nombres y remitentes, no nos conviene ocultarle esto al "único", así que tómalas. Quizá uno de ellos pueda darte información actual más detallada.

Lo hizo, tomó las cartas y luego salió de ahí. La entidad le dijo que no fueran al hotel, que no era conveniente encontrarse con algún Iluminado en el camino, seguramente habría uno esperando a que regresara a su cuarto. Así que se fue de la ciudad para tomarse el tiempo de leer las cartas que Gregg le había dejado.

Viajaron durante toda la noche hasta una ciudad poco conocida al norte. Era un poblado verduzco y alegre. El ente se enfureció cuando Illumi optó por primero pasar a comer algo antes que llegar a un hotel en el que se encerraría a leer las dichosas cartas. No era como si sintiera mucha prisa por hacerlo. Regresó a su cuarto en el hotel y se preparó para comenzar a leer.

Las cartas habían sido ordenadas cronológicamente desde la más antigua hasta la más nueva. Eran aproximadamente unas ciento veinte cartas repartidas a través de los años, de diferentes colores, tamaños y texturas.

Tomó la primera carta, tenía un sello de cera que había sido roto hace mucho tiempo. Al abrirlo su sorpresa fue grande. Estaba escrito en un idioma que sólo recordaba a través de la compleja mente del monstruo de Nen, un idioma que había leído, pero no comprendía las reglas del todo. Si el hombre de la Y se hubiera tomado la molestia de leer en voz alta, quizá la inteligencia de Illumi hubiera absorbido el conocimiento. Resultó en mala suerte para el ente, quién aún no podía materializarse.

«¿Qué dice?».

—No lo sé —contestó automáticamente—, ¿no puedes verlo?

«Illumi, creo que no lo has entendido. ¿Acaso tú ves algo cuando estás en esta posición? Normalmente cuando estoy aquí lo que hago es revisar en tu memoria, todo lo que puedo ver, lo noto con un retraso de la vista a tu mente. No es tan simple —dudó un momento antes de comenzar a decir su explicación, preocupado por revelar información delicada—. Veo la carta, y lo que se refleja es una hoja vacía, no puedes memorizar algo que no entiendes. No lo proyectas en tu mente… maldición, no olvidaré enseñarte idiomas cuando esté de vuelta a la realidad».

Eso significaba que tendría que esperar aún a que el monstruo se recuperara para que pudiera terminar de hacer la exploración de las notas por sí mismo.

—¿Qué te parece si primero comienzo a buscar las cartas que estén escritas en el idioma del cazador y me centro en ellas?

«Sabía que podía contar contigo». Si tuviera rostro, estaría sonriendo. Su anfitrión era un chico listo.

Illumi comenzó a explorar entre el montón de cartas, revisando de una en una hasta juntar una pila como de unas cincuenta cartas escritas en un lenguaje entendible. Las acomodó en orden cronológico y procedió a leer. La primer carta indicaba una fecha de nueve años atrás.

M.'.H.'. Keros:

Me es un pesar en el corazón ser quien tenga que darle la noticia. Su esposa, junto con su hijo menor fallecieron durante su viaje a una ciudad en busca de protección, el auto en el que iban salió volando de un puente. Su hijo mayor aún no ha sido encontrado. Trabajaremos muy duro en hallarlo, cuente con nosotros, mi más sentido pésame. Esperamos que el amor en la sabiduría y la trascendencia espiritual le consuele en su pérdida, y que confíe en que un día ha de reunirse en la energía a sus almas.

Jnani de L. A.'.A.'. de Z.

—Pensé que las cartas estaban dirigidas a él —murmuró el morocho.

«Keros debe ser su nombre en la hermandad».

Una nueva carta databa del mes siguiente al de esa otra carta.

M.'.H.'. Keros:

Su hijo mayor se había encontrado hasta ahora bajo la tutela de su hermano, el M.'.M.'. Sibai. Lamentamos informarle que el tal falleció de forma misteriosa mientras estaban en casa, en la hora de comida. El M.'.M.'. Sibai, junto a sus hijos, esposa y su hijo mayor, todos fallecieron estando ahí. Al parecer un veneno que no ha sido identificado aún fue el responsable. Nuestro más profundo pésame.

G.'.C.'.Gr.'.M.'. Tali.

Las siguientes cartas eran de más muertes. La familia de Gregg fue completamente aniquilada por los planes del sujeto que era llamado "el único". No era nada interesante para ambos, dado que hablaban de la vida personal de Gregg y eso los desanimaba entre más pasaban las cartas. De pronto una de ellas llamó la atención de Illumi. Una escrita hacía siete años.

H.'. Keros:

Lo que sea que esté pasando, sé que tienes la respuesta y no nos lo has dicho. Pero en tu encarcelamiento has sido verdaderamente afortunado. Quien sea que es, tiene el poder para controlar a toda la comunidad de asesinos en el mundo. Los mismos Zoldyck trabajan ahora mano a mano con ellos. Nos están acabando, H.'. Keros, ya no queda mucho, estamos huyendo.

D.'.G.'. A.'.S.'. Celeste

No fue su imaginación. Ese apellido estaba ahí, no era cualquier apellido, era el suyo, lo habían relacionado con los asesinos así que sólo podía referirse a su misma familia. Siete años atrás, aproximadamente, Killua fue nombrado el nuevo heredero de la familia, fecha en que él comenzó a desarrollar su habilidad con las agujas. No era casualidad que él fuera nombrado el tutor de Killua, todo resultó parte de un plan de un niño anónimo en alguna parte del mundo.

«¿Qué se siente saber la verdad?», se mofó.

No le respondió al hombre de la Y, sus temores comenzaron a aflorar. Y buscó desesperadamente la siguiente carta. Una de hace cinco años.

Q.'.H.'. Keros:

Por medio de la D.'.V.'. he sido delegado para informarle que la O.'.R.'.+.'. ha sido disuelta oficialmente para la preservación de I.'.N.'.R.'.I.'. y seguridad de nuestra permanencia. Hemos de trascender cada uno por su cuenta. Por respeto a la memoria del G.'.A.'.S.'.G.'. Zain, decidimos en el G.'.C.'.G.'. que entre todos continuaremos haciéndonos cargo de su salud y bienestar, y mantenerle informado. Supimos lo del incidente con el ácido, ¿su garganta ya sanó?, le recordamos que los intentos de suicidio son fútiles en su condición. A.'.V.'.T.'.

O.'.S.'.C.'.L.'.N.'.M.'.Q.'.O.'.S.'.C.'.

D.'.D.'. y G.'.M.'. Sim

«Lo que sea que haya hecho ese niño, logró disolver una de las logias más antiguas del mundo. A menos claro que sólo hayan pasado a un segundo plano anónimo —soltó una carcajada—. Y pensar que ahora ustedes los asesinos trabajan en conjunto para él… dime Illumi, ¿cuándo crees que tu papi planee decirte esto?».

Recordó los sucesos pasados. Durante aquellos años tuvo que enfrentarse contra algunas personas que poseían una habilidad Nen muy especial; no una cualquiera. Por esa misma razón se entrenó bastante, dado que el nivel de dificultad era muy elevado y había hecho lo posible por crear esa consciencia en su hermano menor, esa aguja en la cabeza fue la única solución que encontró para hacerlo reflexionar antes de actuar.

Respiró hondo, su pulso se aceleró ante tanta información expuesta. Se dio cuenta que estaba presenciando un cambio en su perspectiva de vida.

Gregg:

Por lo que más quieras Gregg, ocúltame en tu casa. Me están buscando los Zoldyck, los he visto ya. Hay muchos rumores sobre ellos, dicen que son cinco hermanos, sus papás y hasta tienen abuelos. Uno de ellos está completamente zafado, dicen que usa agujas para mutilarte, ¡agujas Gregg!, ten piedad. Te lo suplico. Sé que en tu casa será imposible que ellos me localicen.

Bayan.

Illumi río por la ironía. Le describieron de una manera casi acertada, a su familia y a él.

Un vacío apareció en su interior. Descubrir que la verdad en la que fundamentó su existencia no era la que siempre había creído, era un golpe muy duro. Ahora las cosas tenían un sentido completamente diferente.

—Killua, será reconocido en el concilio de Asesinos cuando cumpla dieciséis años. Esta es la verdadera razón por la que mi papá tiene tanta urgencia por tener un heredero firme… —sonrió amargamente. Su hermano era más que un asesino, era un niño con buenas intenciones, que tarde o temprano sería usado como una herramienta para un tipo loco que se había apoderado del mundo. Repentinamente deseó que él pudiera librarse de ese puesto.

«Pero las cosas serán peores si Killua no toma esa posición. Kalluto no puede ocupar ese puesto y lo sabes».

Era verdad, en la hermandad de Asesinos sólo los hombres eran admisibles. El hecho de que un asesino fuera entrenado por una mujer habría sido visto con malos ojos; el buen nombre de los Zoldyck se derrumbaría y una cadena de asuntos desafortunados comenzaría a ocurrir. Los líderes del concilio tarde o temprano se enterarían de la verdad. Estaba dicho, Killua no podía huir de su cargo, su padre haría lo imposible por mantenerlo ahí sin posibilidad de una salida.

Se preguntó si Killua podría tomar el cargo y librarse de ellos al mismo tiempo. Inmediatamente descartó la idea, "el único" parecía tener un poder que sobrepasaba los límites de la lógica. Buscó en su mente una posibilidad, algo que le animara. Ser un asesino era todo para él, era su mundo. Quería compartir eso con Killua, no cooperar con un ideal enfermo de un tipo que había sido nombrado el dueño del planeta entero.

«A su tiempo Illumi, hoy no pienses en esto. A su tiempo».

999

Llevaba seis horas caminando entre la gran montaña que rodeaba su casa. Su padre le había puesto un nuevo ejercicio. Tendría que permanecer por veinte días completos en el exterior, sobreviviendo como pudiera. No que antes no lo hubiera hecho, pero no por un periodo tan prolongado y valiéndose por sí mismo, sin ninguna ayuda o instrucción. Sólo los mayordomos que lo vigilaban silenciosamente eran quienes lo acompañaban a la distancia.

Una vez al día bajaba Gotoh, por órdenes de su jefe, a aplicar algún acertijo o ejercicio al niño, que debía completar en un margen de veinticuatro horas, entonces, si atinaba a la respuesta o terminaba la tarea, tenía derecho a un premio. Ya sea una navaja, un cambio de ropa, una cobija, o algo que pudiera canjear hasta la siguiente prueba, Killua se esforzaba mucho por resolverlo y tener algo que le sirviera en su vida al intemperie.

—Amo Killua —le llamó Gotoh.

El albino se aproximó sonriente al verlo.

—¡Gotoh!, ¿traes una nueva pregunta?

—Así es.

—¿Más matemáticas? —preguntó esperanzado en que no fuera así.

—Lo siento.

—Demonios… no es justo… —Gotoh estaba a punto de comenzar con su ejercicio cuando la voz del niño lo detuvo—. Espera, Gotoh, ¿has sabido algo de…?

—El amo Illumi aún se encuentra trabajando en el exterior. No se ha comunicado.

Dos semanas habían pasado desde su partida, y a Killua aún le quedaban doce días más para terminar su ejercicio. No había recibido ninguna noticia de su hermano mayor, y comenzaba a sentirse preocupado por verlo. Illumi fue bastante cruel al marcharse de ese modo, sin despedirse cuando ambos llegaron, tras una gran experiencia en casa del mayor. Quería estar seguro de lo vivido en ese enigmático lugar. Su desesperación por saber la verdad lo tenía al borde de hacer una locura, ir a casa y hacer una llamada. Su padre lo castigaría severamente, y de todos modos deseaba hacerlo, lo pensaba todo el día hasta el hartazgo.

—Gotoh, ¿y si le llamas?

—¿Al amo Illumi?, joven amo, yo no tengo nada que decirle —Gotoh era el único mayordomo en casa que aceptaba ser cómplice de Killua en cuanto a su hermano mayor, cualquier otro habría huido y rechazado sus peticiones.

—Llámalo por mí, ¿sí?, será un momento, lo prometo. Dile que quiero hablar con él.

—Joven amo… —no estaba rompiendo las reglas, no era como si Killua estuviera robando un teléfono o regresando a la casa, sólo pedía una breve llamada. La expresión de súplica le hizo convencerse que hacerlo no le haría daño—, será mejor que espere hasta que el amo vuelva a casa. No tiene caso que le interrumpa en su trabajo.

—Por favor, Gotoh…

No lo pensó más, le prestó el celular y le indicó con un ademán que se encargara por él mismo de hacer la llamada. El pequeño heredero sonrió y se apresuró a buscar el número. Se preparó, tragó saliva; estaba nervioso porque no sabía qué esperar. Su hermano era un tipo misterioso, siempre lo había visto como alguien difícil, pero poseyendo cierto grado de amabilidad que le permitía aceptar seguir bajo su tutela; después de haber estado con él a solas, no podía esperar por compartir una amistad secreta con él. Esto era algo que toda su corta vida deseó tener, un amigo.

La línea sonó, el teléfono de Illumi estaba sonando y luego escuchó que hablaba.

Aniki, soy yo. Killua.

La llamada se cortó al instante. Escuchó un clic y fue todo. Creyó que estaba alucinando y volteó a ver el celular como si hubiera ocurrido algo estúpido. Supuso que él mismo erróneamente presionó el botón de colgar y procedió a buscar el número velozmente para intentarlo nuevamente. Un mal presentimiento le provocó náuseas, tenía miedo de que hubiera sido a propósito. Sintió un nudo en la garganta. Le sonrió nerviosamente a Gotoh y volvió a marcar. Escuchó que la línea de su hermano sonó, pero esta vez ni siquiera respondió. Cortó la llamada. Se desesperó y miró a Gotoh como si él tuviera la culpa de algo.

—¿Ocurre algo amo Killua?

—Creo que hay interferencia, la llamada se cortó.

—Amo Killua, con todo respeto, nuestros equipos son de la más alta tecnología, sería imposible que perdiera la señal o comenzaran a fallar. Es muy poco probable.

—No el tuyo, el de Illumi.

—Le recuerdo que el equipo del amo Illumi es incluso mejor que el nuestro. Podría hacer una llamada en la profundidad de un océano sin problema alguno.

Se lamentó por apresurarse a señalar el hueco en la explicación del niño. La mirada de angustia del menor lo paralizó. Se veía acabado, consumido por una emoción que al fin dejaba salir a flote.

—Tal vez no es eso… a lo mejor está en una situación peligrosa y no puede atender la llamada. De seguro más tarde le devolverá la llamada y le daré su mensaje, ¿de acuerdo?

Tuvo la momentánea tentación de acariciar esos blancos cabellos, y se resistió como todo un buen mayordomo.

—Sí, debe ser eso… —no sonaba muy convencido—. Dile que necesito mucho hablar con él.

El pequeño sintió un vacío terrible, apenas podía respirar. Se quería aferrar con todas sus fuerzas a esa esperanza, aunque había pocas posibilidades de que esta no fuera otra treta más de su hermano.

—Joven amo, el acertijo —afortunadamente tenía trabajo por hacer que le distraería un poco de su decepción.

3

Un agradecimiento especial a Kalen, GirlinBlue2364, KaiD23, mis maravillosas betas por sus correcciones.