Disclaimer: Los personajes de la saga de los Juegos del Hambre no me pertenecen etc etc...

Bueno esta historia esPara el Intercambio Día del Amigo del foro El Diente de León. Regalo para... Robyn Raven XD

Esta historia se sitúa 20 años después de la Rebelión, en esta historia Katniss y Peeta no tuvieron hijos.


Todo se siente como una farsa. Nos convertiremos en un eslabón más en una interminable cadena de odio. La chica a la que dicen amé está frente a mí, su flecha debería marcar el final de la guerra, pero no es más que un cambio de roles.

Cuando es el cuerpo de la presidenta Coin el que cae inerte al suelo, empiezo a ver todo en cámara lenta. Katniss deja escapar una profunda exhalación y baja el arco, su postura se relaja; levanta ligeramente el brazo y dirige su rostro hacia su hombro.

Entiendo entonces lo que quiere hacer y algo dentro de mí me impulsa a impedírselo. Por más que trato de alcanzarla no puedo, ella muerde la Jaula de la Noche y el mundo se hace pedazos.


Cuando despierto y ella no está a mi lado el pánico me invade y necesito revisar varias veces la cicatriz que hay en mi mano. Es pequeña, casi invisible, comparada con todas las cicatrices que la guerra dejó en mi cuerpo, pero es la prueba de que ese día hace ya tantos años, logré alcanzarla y evité que se suicidara.

A mi lado su sitio en la cama aún está tibio, me toma un par de segundos notar que es ya de mañana, el tren no se mueve y que ya estoy de vuelta en el Doce.

Me apuro en bajar del tren, la sensación inquietante que tuve cuando la abracé en el tren no podía evitar relacionarla con el sueño.

Se sentía como una despedida.

La puerta de nuestro hogar esta ante mí, inhalo profundamente antes de abrirla y solo puedo exhalar aliviado cuando la veo sentada en una silla cerca de una de las ventanas, desde la cual se puede apreciar el jardín, donde las prímulas aún permanecen como botones esperando la primavera.

Tomo una silla y la pongo frente a Katniss, lentamente me acomodo en ella pero ni siquiera me dirige la mirada.

– Tenía miedo de no encontrarte al volver – susurro, pero en la silenciosa sala de estar mi voz suena con total claridad – En el tren, sentí que estabas despidiéndote de mí.

– Ya no puedo continuar con esto Peeta – responde tras una larga pausa, sus ojos están rojos y su labio inferior tiembla suavemente como si en cualquier momento su voz fuera a quebrarse, sus manos reposan en su regazo pero cuando trato de alcanzarlas ella las aparta con rapidez – Nunca podré darte los hijos, ni la familia que siempre has querido – al fin nuestros ojos se encuentran, su mirada expresa un dolor que me comprime el pecho.

– Katniss, lo siento – durante largos años había tratado de convencerla de tener hijos, así que cuando ella lo acepto me llenó de felicidad, pero esos hijos nunca llegaron – no me había dado cuenta de toda la presión que ejercía en ti, tú eres mi familia, tú eres lo único que me importa – mis palabras lejos de calmarla la alteran aún más.

– No, no te disculpes – se levanta bruscamente de la silla y se aleja de mi – ¡Tú no lo entiendes! Ayer cuando te vi con el hijo de Gale lo entendí, pude ver lo mucho que lo deseabas y lo que te estaba negando.

– Eres la única persona a la que siempre he querido tener a mi lado – me levanto con rapidez tras de ella y la sigo – tu no estabas negándome nada, no eres cul… – ella súbitamente se da la vuelta enfrentándome con la mirada.

– Te mentí – dice elevando la voz, ahogando mis palabras – Supe que nunca podría tener hijos hace ya varios años; nunca tuve intención alguna de decírtelo, todo este tiempo te dejé alimentarte de falsas esperanzas solo para retenerte a mi lado.

Sus palabras me dejan paralizado ¿Cuántos habrían sido? ¿Cuatro? ¿Seis años? Tantos años sufriendo tal angustia, tal ansiedad.

Sus ojos se llenan de lágrimas y sale corriendo; salgo detrás de ella, es cerca de la estación de trenes donde la pierdo completamente de vista.

Allí hay un monumento. Una chica y un chico el uno junto al otro, parecieran estar apoyándose mutuamente. Sus rostros tristes reflejan una angustia casi palpable, el vestido y los pocos cabellos que escapan de la trenza de la chica parecieran ondearse con el viento y aunque sus cuerpos parecen dirigirse hacia la estación voltean la mirada melancólicamente hacia el distrito; se supone que somos Katniss y yo, pero nunca pudimos reconocernos en ese monumento, pero… ¿Realmente éramos tan diferentes?


– Si tenemos un hijo… llamémoslo Haymitch – dijo con cierta melancolía en la voz, en esa época apenas había pasado un año tras la muerte de nuestro mentor, pero era la primera vez que ella hacía algún comentario acerca de tener hijos.

– Entonces si tenemos una niña deberíamos llamarla… – la felicidad me inundó, sin embargo no quería que mi reacción fuera excesiva y la hiciera sentir incómoda – ¡Effie!

Ella me miró con una expresión completamente desencajada y empezamos a reír. La luz del sol en el atardecer era tenue, estábamos sentados en el pórtico de nuestra casa mientras el aroma de las flores de nuestro jardín perfumaba el aire. La tomé suavemente por la espalda acercándola a mí y juntamos nuestros labios, con ansiedad, con un deseo que ninguno de los dos podría pronunciar, una plegaria.


Katniss era tan fuerte como era frágil, aún ahora solía escapar de aquellas cosas que sentía que no era capaz de enfrentar, pero no podría esconderse de mí porque yo conocía todos sus escondites, todos sus refugios. Ella estaba sentada en el suelo, una suave brisa mecía las plantas que habían a su alrededor; ahora este lugar era parte de la Pradera pero antes era parte de la Veta. Hace ya muchos años, este fue su hogar.

– Lo descubrí hace cinco años – dice ella sin mirarme mientras mantiene la vista en algún punto distante, seguramente había escuchado mis pasos desde hace mucho, pero no había intentado huir; quería enfrentarme, quería despedirse – El médico me dijo que era imposible, quise creer que no era importante pero ayer por primera vez pude verlo, lo mucho que lo deseas, lo mucho que te hace falta, no puedo continuar con esto sabiendo lo que estoy arrebatándote – su voz se quiebra, pero no llora.

– ¿Cinco años? – Murmuro mientras me acerco a su espalda y me arrodillo para rodearla con mis brazos, ella trata de liberarse, pero no se lo permito – Todo este tiempo sin decir nada, por tantos años has estado sufriendo sola en silencio y no me di cuenta de ello, perdóname – susurro enterrando mi rostro en su cabello, ella con brusquedad forcejea para soltarse y se pone de pie.

– ¡No te disculpes! ¿No entiendes que fui egoísta? – Grita alterada y sus ojos lucen vidriosos – ¡No dije nada porque quería retenerte conmigo, no pensé en ti realmente, solo lo hice por mí!

Me pongo de pie calmadamente y la miro a los ojos tratando de concentrar todos mis sentimientos en mi mirada, el niño que la amo, el chico que fue con ella a los Juegos del Hambre, a aquel que no la dejó morir aun cuando ella ya se había despedido del mundo; a pesar de que grita, aprieta los puños con fuerza y tiembla ligeramente no está enojada, esta aterrada, tantas cosas le han sido arrebatadas, tanto peso sobre sus delgados hombros.

– ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí? – su expresión luce rota, incluso ahora ella parecía intentar cargar con el peso del mundo sola, cargar con el deber, la responsabilidad y la culpa – No estás sola Katniss, no volverás a estar sola, estoy contigo y permaneceré a tu lado siempre – su postura se relaja un poco, sé que ella puede entender la verdad que más allá de mis palabras le dicen mis ojos — Siempre — con suavidad acerco mi mano hacia su rostro y toco su cálida mejilla por la cual resbala una lágrima, puedo sentirlo, la he alcanzado.

— Peeta…

– Te amo, siempre te he amado – recuerdos borrosos de una niña hambrienta y de panes me inundan y cierto pavor se dispara cuando las memorias que el hijacking torció quieren crear un torbellino en mi mente, la desgarradora belleza de su canto me devuelve la calma, un paz que no conocería sin ella – Eres lo más preciado para mí, eres mi hogar y nada va a separarnos.

Quiero acercarla a mí y besarla, pero es ella quien se aferra a mí abrazándome, puedo sentir la desesperación con la que sus dedos buscan asirse a mí con fuerza y lloramos juntos. El peso que ha cargado en esos años de silencio, los sueños que no podrán hacerse realidad, su dolor y el mío fluye en un torrente de lágrimas, pero compartimos nuestro sufrimiento.

Cuando las lágrimas se acaban, nuestras miradas se encuentran, y por primera vez reconozco en su expresión a la chica del monumento y sé que ella también ve en la mía al chico del monumento, seguíamos asustados, con las heridas de nuestro pasado aun causándonos dolor y nuestro futuro cargado de dudas, pero estaríamos juntos brindándonos felicidad y compartiendo nuestras tristezas hasta el final de nuestros días.


He aquí el final de esta historia, la verdad en mi mente ese par estarán siempre juntos, aún si adoptan niños o no, elegí dejar esa parte del final abierta, espero que les haya gustado en especial a ti Robyn, perdón por la larga espera por este regalo, soy un mal bicho y rata de dos patas T-T.

Por otro lado quiero agradecer a Cami Rulitos, Paola ozuna, Robyn, arabullet, Brujita 22 y Samantha136 por darle favorito y seguir esta historia, realmente me hicieron muy feliz.

Y el super agradecimiento va para Anna Scheler por betear esta historia en tiempo record ¡Muchas gracias! no se que habría hecho sin tu ayuda te envío todo mi amor.

Agradecerles a todos los que se dieron el tiempo de leer esta historia y mi infinito amor a los que dejen reviews ^3^.