Con Naoko de guardiana de la recámara de Serena, Darien ha optado en mantenerse silencioso en la alcoba de invitados donde fue prácticamente recluido después del almuerzo.
Piensa en su futuro mientras estudia en las posibilidades de llevarse a la rubia a su apartamento antes de que sus padres regresen.
Tiene contactos con jueces que pueden casarlos inmediatamente después de solicitar la licencia de matrimonio. Tan pronto como se restauren las líneas telefónicas se comunicará con uno de ellos.
Debería agradecerle a Yaten su irresponsabilidad, pero por los momentos espera no encontrarlo frente a si, de lo contrario, le romperá la cara como deseo hacerlo en el momento en que escucho la plática en el restaurante. Al chico le gustan las aventuras, pero ser irresponsable al embarazar a una niña, enfurece al moreno.
Darien ha tenido innumerables amantes, y siempre tuvo presente el no embarazarlas. Traer al mundo a un inocente a sufrir no está en sus planes.
Sus padres no lo dijeron con palabras, pero se lo hacían ver en cada cumpleaños y navidad que era un estorbo, donde él solo recibía obsequios enviados desde cualquier parte del mundo. El ama de llaves y el mayordomo se encargaban de hacer sus días menos solitarios.
Está dispuesto a adoptar el niño de la amiga de Serena. Sabe que será buen padre. No le importa que el pequeño no lleve su sangre, él se encargara de demostrarle que no necesita de una madre irresponsable que no desea tenerlo. Con Serena, él y los hijos que vendrán, ese niño tendrá amor de sobra.
-Le mostrare a Serena que nuestra unión durara toda la vida. –Comenta a su reflejo en el espejo…
Dos habitaciones más alejadas, Serena observa el techo de su alcoba. La enorme cama con doseles con detalles de sirenas y tritones que sus padres le obsequiaron para su decimo noveno cumpleaños, no la tranquilizan. Abraza una almohada con rostro de conejo, lamiendo sus labios. Darien besa de tal manera que la hace desear que lo haga todo el tiempo.
-¿Es cierto que me ama? –Levanta la almohada, mirando al conejo -¿Y si solo quiere agregarme a su lista de tontas?
No se arriesgaría a casarse solo para acostarse con ella, ¿O si?
Cerrando los ojos con fuerza, inspira varias veces. Solo hay una manera de saberlo y será lanzándose al vacío…
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Villa Tenoh
La habitación está en penumbras cuando Haruka despierta, sintiéndose desorientada.
¿Cuánto tiempo durmió? Siente el calor de un cuerpo junto a ella. Asustada, pensando que cruzó la línea con Fiore enciende la lámpara.
Dormido profundamente, se encuentra Seiya. Una mano reposa bajo la almohada, la otra cerca de la panza henchida donde se anida su hijo. Muñeco está dormido detrás de la cabeza de Seiya, ocupando gran parte de la almohada.
La rubia observa a su alrededor, está en su alcoba del palacete. ¿Habrá sido un mal sueño todo lo que recuerda? Ruega que así sea.
Elevando su mano izquierda para tocar el rostro del veterinario, la aparta ahogando un sollozo. En lugar de una piedra ámbar, se encuentra un diamante acompañado de un aro matrimonial costoso. Cierra los ojos intentando no derrumbarse por la realidad.
-¿Te encuentras bien?
La voz de Seiya la sobresalta. Ella se prenda de los ojos azules que en ese instante parecen sonreírle.
-¿Qué hacemos en este lugar?
-Viniste a ver a tu madre y la ventisca te detuvo. –Atrapa su mano suavemente.
Haruka aparta la mano y se despoja de la cobija, descubriendo que continúa con la ropa de calle.
-Eso explicaría mi presencia, no la tuya –Rodándose con suavidad sobre su costado, se sienta apoyándose sobre su codo. -¿Qué hora es? -La presencia de Seiya la pone nerviosa, él la hace olvidar todos sus prejuicios -Fiore debe estar preocupado por mi ausencia. Desde que entré al tercer trimestre de mi embarazo, lo llamo cada dos horas para que no se alarme -Habla más para sí misma.
Seiya aprieta la boca un instante.
-Son las tres de la tarde. –Le informa luego de revisar su reloj. –La ventisca se transformó en tormenta por un frente frío. Gracias a los generadores portátiles tenemos electricidad. –Se incorpora para asistirla. –Tu madre te envió algunas cosas que pueden quedarte. Quería cuidar de ti, pero está muy débil. -Sonríe esperanzador - Le diste una razón para recuperarse. Haruka siente su presencia como una amenaza a su cordura.
-No necesitas recordarme que parezco una ballena. Y puedo cuidarme sola, gracias.
-No te he dicho…
-Lo hiciste –Ignora la mano que él le ofrece, levantándose. –El suelo está helado.
-Perdona -Seiya le acerca unas pantuflas. Tal parece que Haruka quiere buscar una confrontación y no está dispuesto a complacerla.
Silenciosa, Haruka se dirige al tocador, encerrándose.
Vestido con un Jeans negro y franelilla blanca, toma un suéter para dirigirse a la cocina y calentarle la comida. Se pregunta cuánto alimento ingiere, ¿Será el doble de porción normal?
-¿Por qué te cortaste el cabello? – Haruka le pregunta a su espalda.
Instintivamente, él lleva su mano al cabello que ha comenzado a crecer. Lo había cortado al ras al saber que se había vuelto a casar.
-Fue… -Girándose para verla, se encoge de hombros -¿Cómo te alimentas? – No quiere producirle lástima.
-La mitad de lo que consumía antes... -Se acerca al microondas -¿Es guisado de pollo?
-No...
Haruka arruga el ceño.
-Quiero guisado de pollo.
-No tengo nada con qué preparártelo.
-Eres… -Gruñe testaruda buscando en los estantes y nevera -Si Fiore estuviera aquí, movería cielo y tierra para... -Escucha un portazo. Girándose, descubre que está sola -El desgraciado me dejo sola -Susurra compungida.
Furioso con Haruka y por ser impetuoso, Seiya se dirige a la casa principal.
-Fiore esto, Fiore lo otro. ¡Ya le voy a partir la madre a ese extranjero ladrón! -No le importa estar titiritando por el frío que se le cala en los huesos o el hecho de no haberse cambiado las pantuflas. -Debería denunciarlo para que lo deporten, ¡Pero a otro planeta!
-¡Señor Kou! -Usui se sorprende al verlo entrar por la puerta con el rostro pálido y los labios azules -¿Por qué no se abrigó?
Otra empleada lo cubre con una toalla.
-Haruka quiere guisado de pollo -Expresa molesto -Espero que tengas algo o llamará al tarado extranjero para que venga por ella.
-¡En seguida lo preparo! -La cocinera se pone en acción -Prepárale una taza de té al señor Kou -Le ordena tirante a la otra.
Ha descubierto en varias oportunidades que contempla a Seiya como un delicioso trozo de pastel.
-En seguida, señorita Usui -Responde respetuosa.
-¿Dónde está Akane?
-Después de comer, el señor Tenoh la llevó a la recámara donde descansa. -Usui indica mientras trabaja rápidamente.
-¿Y el perro guardián de mi esposa?
La doncella tiembla mientras sirve el té.
-Duerme -Usui gruñe la palabra, mirando odiosamente a la mujer a su lado -La señorita Mizuno es sobre protectora.
-Impidió que me comunicara con Haruka...
-Lo se. Pero póngase en el lugar de ella. No diré nada más.
-Solo quise evitarle a Tenoh más sufrimiento -Con voz nasal, Amy se excusa. Todos voltean hallándola en la puerta. -Hubo días en que pensé que esa mujer fuerte y decidida se suicidaría. Desde que la conocí jamás la había visto tan afectada. -Mira fijamente a Seiya. –Tú lo lograste.
-¿Qué hace fuera de la cama? -La interroga la cocinera.
-No podía respirar. Quiero ver cómo se encuentra Tenoh.
-Está rozagante de salud -Seiya indica seco. -Estoy cuidando de ella.
-¿Tú? -La chica lo mira desdeñosa -La última vez no hiciste un buen trabajo. Pero te dejó muy buenos dividendos.
El veterinario se ruboriza.
-Nunca quise su dinero.
-No, pero no hiciste nada por regresarlo. -La mujer se cruza de brazos -Mi padre catalogaría a los de tu clase como caza- fortunas, y la manía es de familia. Con el pichón de médico debimos tener una idea de como son los Kou.
Al moreno le hierve la sangre por la ira y humillación.
-Nadie pidió tu opinión. -Susurra con los dientes apretados.
-Señorita Mizuno, por favor -Usui le suplica.
-La señorita Aino tuvo más suerte que Tenoh. No cayó en las redes del caza- fortunas pichón de médico, de quien se dice tiene otra gallina de huevos de oro asegurada. ¿Aino? Se pregunta Seiya. Ha escuchado ese apellido en alguna parte.
-¿Cuánto tiempo crees que estará ese guiso? -Le pregunta a Usui.
-En la olla de presión estará listo en diez minutos -Nerviosa enciende la estufa -Prepararé unas viandas con arroz, papas y ensaladas verdes.
-Gracias -Sin mirar a Amy, sale nuevamente a la intemperie a esperar los alimentos.
Usui se preocupa por su salud.
-No debió decirle eso, señorita Mizuno.
-Sobrevivirá -Dice calmada -Las malas personas lo hacen.
-Él no es así. Cometió un error y lo ha pagado con creces. La señorita Tenoh...
-Es feliz ahora. Su nuevo esposo nunca la ha hecho llorar. Desde afuera, Seiya la escucha. Está agachado, cubierto con la toalla ientras sopla su aliento caliente en las manos heladas.
Admira la fidelidad de la asistente para con Haruka. Mientras estuvieron casados, pudo corroborar y admirar la confianza que ambas se tienen. Sabe que Haruka no dudaría en poner su vida en manos de Amy.
Se pregunta qué estará haciendo Yaten para que la chica lo haya mencionado. Tendrá que hacer unas cuantas preguntas para conocer lo que su hermano menor concibe.
Esconde el rostro entre las rodillas. No sabe cuánto tiempo ha estado así cuando Usui sale por él. Los dedos de las manos y los pies los tiene dormidos.
-Por favor, venga a la cocina. Le preparé una sopa caliente.
-¿Ya están los alimentos? -Se incorpora con dificultad.
-Falta poco -Ingresan a la cocina solitaria. -Convencí a la señorita Mizuno de regresar a la recámara. -Señala un par de botas de caucho junto a la ventana -Debería medírselas. Se le congelarán los pies si continúa desprotegido. -Silencioso, él la obedece. Luego de un plato de sopa caliente y dos tazas de té, Usui habla –Ya están listas las viandas.
-Muchas gracias, Usui.
-Por nada, señor.
Tomando las cosas, sale veloz hacia el palacete. Por fortuna conoce muy bien el trayecto, Porque lo hace con los ojos casi cerrados debido al viento que lo azota. Entra a la casa, siendo recibido por muñeco que al verlo empapado da la media vuelta desapareciendo.
El veterinario se dirige a la cocina. Haruka no está allí, tampoco en la recámara. Preocupado porque haya subido a las otras recámaras, Seiya sube dos peldaños, escuchando de pronto ruido proveniente del estudio.
Encuentra a la rubia sentada en el taburete mientras dibuja concentrada. Ignorando su presencia, acomoda sus gafas antes de masajear su columna a la altura de las vértebras lumbares.
-¿Eso no te afecta? -Le pregunta con las viandas aún en los brazos.
Ella levanta el rostro, pestañeando varias veces para enfocarlo.
-¿Qué tienes allí?
-El guisado de pollo. Tal como querías.
-¿Yo quería guisado de pollo? -Se incorpora con dificultad -Debes estar demente, porque la sopa que hallé en la cocina era lo que quería degustar.
Seiya va a rezongar, recordando a tiempo que las embarazadas cambian de opinión arbitrariamente...
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Apartamento Aino.
La habitación color rosa se encuentra iluminada apenas con la tenue luz de una lámpara.
Mina, acostada en su cama, toca su vientre mientras recuerda la plática con Malachite en el trayecto a casa.
-No es mi problema, y te daré la razón si me envías al infierno, pero deberías dejar de comer eso -Le dijo el hombre al verla sacar varias golosinas -Tu pequeñín te lo agradecerá.
-Ese bebé ni siquiera tiene un alma -Respondió rasgando la envoltura de un chocolate.
-¿De veras lo crees? Hay estudios que indican que desde su primer latido, los embriones tienen alma y sienten lo que sus madres, si son amados u odiados...Mina se gira en la cama, preocupada. ¿Será cierto? ¿Ese bebé puede sentir lo mismo que ella?
Tocan a la puerta.
-Hija, -Su padre se asoma -Te preparé tu postre favorito.
La rubia lo observa detenidamente.
-Cuando mamá se embarazó, ¿Planearon hacerlo?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Solo responde, por favor.
Kobayashi suspira.
-Planeábamos esperar dos años antes de decidir tener una familia.
-¿Te enojaste cuando...?
-Jamás. -Avanza por la habitación hasta sentarse a su lado y tomar su mano -No negaré que me asusté al pensar que podría hacer mal las cosas. Sin embargo, tu madre y yo decidimos tenerte y aprender todo sobre bebés. Te hablábamos todas las noches mientras crecías en su vientre diciéndote lo mucho que te amábamos, y seguimos amándote.
Mina asiente pensativa.
-¿Y cuando se divorciaron? ¿No te molestó que mamá se marchara y me dejara a tu cuidado?
-Me enojé con ella, jamás contigo. Tú fuiste solo una víctima inocente en medio de las equivocaciones de dos adultos cabezotas. Sus palabras son como una bofetada de entendimiento para la rubia. Suspira entrecortadamente, evitando llorar frente a su padre. Se cuelga del cuello masculino abrazándolo fuertemente.
-Gracias, papá.
-¿Por qué? -Él a su vez la aprieta contra su pecho.
-Por quererme tanto. -Ya sabe lo que tiene que hacer –Perdóname, por favor. Te suplico que no me odies por decepcionarte.
-Nunca lo harás. –Le acaricia el cabello.
Sin soltarlo, confiesa.
-Estoy embarazada y planeo tener al bebé…
