No sé si hago bien en continuar. Ya sé que dije que no lo haría pero... en fin. Me daré otra oportunidad.
93 en Babel
Capítulo 10
.´.
—¡Que ya entendí!, no necesito más explicaciones, es cierto, el bastardo se fue y no me mandó ningún mensaje más, ¿por qué me estás haciendo recordar cosas tan desagradables?
Killua golpeó la mesa, desesperado. La historia iba lenta, se molestaba por tener que recordar eventos tan desagradables que había decidido dejar atrás.
—¿Cuántas veces más vas a interrumpir?, por el amor al dios Sol, cierra la maldita boca. —El tarotista tomó aire, estaba harto de las constantes interrupciones del albino que no hacían otra cosa más que dar rodeos.
El muchacho insistía en avanzar más aprisa y escuchar la respuesta en la tirada del Tarot. Parecía infinito, no le había contado nada que no supiera, sólo le recordó la época en que su hermano le mostró la casa, para luego abandonarlo. Lo único interesante para él fue descubrir que en ese entonces Alluka ya estaba encerrada, y que Kalluto parecía saber mucho más de lo que aparentaba.
—¿Qué pasó con Illumi?, dices que el ente se lo llevó a hacer sus asuntos, ¿qué asuntos fueron esos?
—Pregúntale tú eso…
—No, vete al demonio, no hablaré con ese maldito bastardo.
—¿Quieres hacer una tirada para leer el sólo pasado de tu hermano o dejarás que los Arcanos te respondan a ti primero?
—Me prometiste una respuesta.
—Sí, pero si no aprendes a callarte entonces me tomará un año entero terminar la tirada.
Killua lo miró con fastidio, temía por su hermana, que andaba en otro cuarto de aquella casa. Quizá estaba tranquila, bajo control, pero eso no la exentaba de un accidente, o peor, que Illumi diera con ellos otra vez. Se prometió que esperaría en silencio.
—Esto es un ritual, Killua… para conseguir la respuesta debo terminar el ritual, y necesito que escuches todo lo que sigue de esta parte o tendré que hacer todo de nuevo…, no sabes cuán peligroso sería eso.
—Sí bueno, entonces deja de dar rodeos y termina tu historia.
El hombre giró la siguiente carta.
«Nueve de Espadas»
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Y tan sólo pasaron cinco minutos justo después de que Illumi respondiera el mensaje cuando un elegante carro se detuvo fuera del restaurante y el Jaco bajó de él. Ingresó en el local, caminó entre las mesas con mucha confianza, venía rodeado por un séquito de mayordomos como si no resaltara por él mismo.
—¡Illumi, qué gusto encontrarte! Qué buena casualidad —exclamó con una alegría poco natural.
Muath dejó a un lado su conversación y se enfocó por completo en el individuo que saludó a su acompañante. La furia que emitía era casi palpable, deseaba matar al intruso.
—Muath, amigo mío, ¿sabías que Illumi es hijo de mi mejor amigo?
—Sí, ya lo sé —contestó entre dientes.
—¡Tengo tanto tiempo sin ver a Silva!, me gustaría mucho saber sobre él, sobre lo que ha sido de su vida. —Tomó a Illumi por una de sus muñecas—. Illumi, me gustaría mucho que me contaras sobre él… Muath, ¿te molesta si te robo a Illumi por este día?, él es casi mi sobrino. Te aseguro que lo devolveré en una sola pieza.
Parecía brillar de tan perfectos modales, poco comunes entre los asesinos.
—Pues sí…, ya qué. No puedo decirle que no a mi superior.
No quería soltar ni de chiste al objeto de sus deseos, pero estaba en una posición nada favorable.
Por supuesto, todos los presentes se dieron cuenta que aquel encuentro era todo menos casualidad. Joab levantó a Illumi del brazo, y lo hizo caminar frente a él, empujándolo hasta salir del restaurante. Demostrando que había ido sólo para recoger a su "sobrino", sin ninguna intención de comer ahí.
En el camino no dijeron palabra alguna. Joab lo llevó a su casa donde ya tenía todo preparado para que desayunaran juntos.
—Seguramente te preguntarás por qué te traje aquí…
—En realidad me preguntaba cómo fue que te enteraste de lo que pasaba.
—Illumi. —Rió por lo bajo—. Somos aproximadamente ciento diez familias, de las cuales ocho no son miembros activos, y de ahí se derivan en ciertos rangos. Los que tienen rangos bajos trabajan por zonas pequeñas, ciudades, o regiones dentro de diversos países. Los intermedios, que atienden países completos, trabajan en conjunto con presidentes, reyes o cualquier gobernante que pueda pagar por sus servicios. De ahí siguen los grados altos, los que no trabajan para un país o región, sino para instituciones como la ONU, el Banco Mundial, y otras más. De estos altos puestos, están los que gobiernan y hacen de jueces en la isla, es decir, los cinco maestros que conforman, junto a tres familias más, el sistema de gobierno de Tierra Sagrada y por tanto de todos los asesinos. Si hay un conflicto en la hermandad, ¿cómo crees que se arregla?: según los intereses de los jueces de la isla. Mi familia es una de las tres familias que gobierna en ciudad Sagrada, y atendemos asuntos de la ONU. Como gobernante y juez, debo saber todo lo que ocurre entre los herederos y sus familias. —Estiró una de sus manos y tocó suavemente la mano de Illumi—. Silva también era juez, como tu abuelo, su palabra era la ley y era muy respetado por todos, pero desde que pasó lo de tu mamá, las cosas se vinieron abajo y fue degradado… Hoy en día varios asesinos compiten por la vacante que tu papá dejó. Siempre me pregunté cómo haría Silva para regresar a su lugar y ahora que te veo, la respuesta está frente a mí.
—No es así; yo he venido por mi propia cuenta. Él ni siquiera sabe que estoy aquí.
—¿En verdad? —preguntó incrédulo. Tomó un momento para dar un sorbo a su bebida y luego continuó—. Serías muy útil para tu padre si consiguieras formalizar con alguno de los tipos que andan detrás de ti.
—Eso ha sido un extra. Yo sólo vine aquí por diversión —mentía, y sabía que no estaba engañando a Joab. No era alguien al que pudiera manipular con unas cuantas palabras.
—Como amigo de Silva te daré un par de consejos —se repantigó en su silla mientras colocaba los codos sobre la mesa y comenzó su explicación—: Muath no es un mal pretendiente, tiene una posición muy importante como alumno del maestro Caín, además, su familia tiene mucho poder e influencia a pesar de que no pertenece a una de las élites —comenzó a jugar con uno de los vasos de vidrio que estaban sobre la mesa—. Adalfuns podría arreglar casi todos los problemas que tiene tu padre, tiene los medios y apoyo para hacerlo, pero es un hombre casado, no eres el primero y no serás el último al que ha estado seduciendo. Muchos otros jóvenes han caído en sus redes, formaliza siempre con los padres de sus amantes y los hace sentir que está tomando todo muy en serio. El problema es que si se aburre, dejará todo a la deriva y eso sería terrible para Silva. De todos tus pretendientes, mi favorito sería Ender; no sólo porque es el más joven. Ender proviene de una de las familias élite; aunque no es de los líderes de la isla, es nieto del maestro Caín. El problema es que ese día en que lo viste, va a ser el último también. Ender está siempre ocupado con muchos deberes, su abuelo nunca lo deja en paz, tiene mucho que demostrar. Su abuelo lo trata como su heredero debido a su gran talento... Si tan sólo pudieras seguirlo, Silva te lo agradecería bastante.
—¿Y tú? —preguntó como si fuera nada.
—¿Yo qué? —fingió no comprenderlo.
—¿No serías un buen pretendiente?
Se quedó observando al joven frente a él, como intentando descifrar si bromeaba o no. Le resultaba enigmático y atrayente, pero desde el inicio creyó que gran parte de eso se debía a la nostalgia que le provocaba el tener cerca una parte de su mejor amigo.
—Cuando le dije a Muath que eres como mi sobrino, no bromeaba, niño. Yo tengo la edad de tu padre, no es tan fácil.
—Los humanos así somos, entre más prohibido sea, más nos llama la atención —sonrió coquetamente, pero esto sólo provocó escalofríos en Joab.
El hombre tomó un respiro. Pensando detenidamente lo que respondería, no se prestaría a malas interpretaciones.
—Si tan sólo abriera mi boca para pedir un bocado de lo que está prohibido, viviría para pagar las consecuencias de mis actos —no podía negarlo, una parte dentro de él tenía la tentación de besar a ese chico, lucía extrañamente apetitoso a sus ojos—; no porque no pueda manejar esto frente a todos los asesinos sino que… Silva y yo tenemos una amistad muy larga que debo respetar.
—¿Quieres añadir más motivos para que esto sea más llamativo? —su forma tan confiada de ser, hizo reír al adulto.
—Esto es lo que más me atrae de ti Illumi. Que eres un tipo bastante brillante. —Se quedaron observándose a los ojos un momento, trasmitiéndose un mensaje oculto. Joab optó por cambiar el tema—. El otro día hablabas de cosas impresionantes. No he dormido de sólo pensar en el akasha, dime más sobre él…
No podía permanecer dando señales confusas al muchacho, primero debía definir sus emociones.
Se quedaron conversando hasta tarde, cuando el Jaco tuvo que irse a atender asuntos importantes. Pero antes de marcharse invitó a Illumi a pasar el resto de su estadía en la residencia de los Jaco. Le prometió que tendría un cuarto propio y todo cuando fuera a necesitar; él lo patrocinaría, como un buen amigo de su padre, claro, con un tanto de coqueteo nada inocente de por medio.
Joab se sentía perturbado, el hijo de un amigo de su infancia estaba atrayéndole. Nunca antes se había sentido así hacia alguien tan joven, razón por la que él no se había casado. Planeaba hacerlo con la hija de cualquier asesino, no le era relevante el posible negocio que pudiera conseguir de por medio, sólo mantener el linaje. Sin embargo, llevaba años sin sentirse atraído de forma romántica. En su juventud había sufrido una terrible decepción amorosa que le había dejado sin ánimo de volver a buscar pareja; a excepción de ese chiquillo que ahora se quedaría en su casa. Esperaba que no resultara una mala idea el haberle invitado.
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Si había alguien en casa que tuviera la capacidad de soportar y escuchar a Kikyo, ese era Kalluto. El niño había vivido las más hermosas vacaciones de su vida al estar al lado de su admirado hermano mayor. No le importaba que gran parte del tiempo la hubieran pasado discutiendo debido a que el más chico tenía muy arraigadas las costumbres de su madre. Estar lejos de ella y convivir con su más grande admiración era todo lo que necesitaba para descansar.
—Necesitas practicar con mayordomos; usar árboles como blancos no te traerá nada de práctica, ya lo dominas demasiado.
—No es necesario mamá.
Las vacaciones terminaron; estaba de vuelta y con más entrenamiento que nunca. Kikyo estaba deseosa de comenzar a realizar sus prácticas de tortura con el personal y el pequeño no tenía la disposición de hacerlo. La convivencia con el albino le habían cambiado su mentalidad con respecto a ese asunto. Era consciente de sus malos hábitos, tenía que deshacerse de ellos, y además, él nunca había sido capaz de matar a sus mayordomos por cuestiones de negocios; tratos importantes que debía respetar.
—¿No?, ¿te contagió Killua su debilidad? —contestó, comenzando a llenarse de ira—. Killua es débil porque Illumi le puso una aguja en el cerebro para volverlo un cobarde, y seguirá siendo un cobarde hasta que Silva diga que tiene permiso de ser otra cosa —mascullaba en voz alta intentando que sus palabras no sólo insultaran al mentado, sino a todos cuantas personas le rodearan.
Kalluto sí resultó ofendido. Él no veía como un cobarde a su hermano en lo más mínimo. Así lo había visto. Quizá era precavido, más de lo necesario. Necesitaba que alguien con una fuerza superior y autoridad sobre él le diera la confianza para ir a enfrentarse a sus enemigos; pero una vez que tenía ambos elemento en sus manos, sin importar cuán complicado fuera el objetivo, él conseguía ejecutar sus planes a la perfección. Era cien por ciento efectivo. Además, comparándose con él, no era tan práctico como en realidad deseaba. Usualmente se demoraba más tiempo en terminar sus trabajos, y en ocasiones era necesario que alguien más terminara de matar a sus objetivos, ya que sus torturas no siempre resultaban en muerte. Cosa desafortunada para quien fuera víctima del pequeño Zoldyck.
—Dime Kalluto, ¿cómo va la relación de Killua e Illumi?, ¿crees que haya esperanza en deshacernos de ese estorbo?
Últimamente hablaba de ese modo, como si ambos fueran un equipo.
Estaba más que enterado del deseo de su madre de usar a Killua como herramienta para matar a su hermano, le enfadaba pero no iba a alegar contra la necedad de su madre.
—La relación entre ambos es buena —contestó, sin voltear a verla. Seguía moviendo sus papeles alrededor del árbol, intentando cortarlo—; a pesar de que tienen desacuerdos, mi hermano Killua está aún dispuesto a mantener contacto con mi hermano mayor. Mamá, no creo que los planes que tienes estén cerca de completarse.
La furia de la mujer se encendió aún peor que antes. Y estaba a punto de ir a golpearle, cuando una voz la hizo detener sus impulsos sádicos.
—Kikyo —Silva llamó desde la puerta, con voz fuerte y seria—; necesito hablar contigo —dijo, y fijó la mirada en su mujer.
Todos los que les rodeaban, incluyendo al pequeño Kalluto, se marcharon de aquella área, dejándolos a solas.
—Silva. Es una sorpresa tenerte en este lugar, ¿ha ocurrido algo malo?
—Recibí una llamada de la Isla, era Adalfuns.
—¿Tierra Sagrada?, ¿es una broma? Hace mucho que no te llamaban.
—Lo sé, también creí que era una especie de broma —pero la voz de Silva demostraba que no estaba jugando—; me informaron que los Iluminados están a punto de cambiar su postura con respecto a la hermandad de asesinos. Kikyo…
—Pero esto es demasiado inesperado, ¿por qué te informaron a ti?
—Kikyo —levantó la voz—, a pesar de que no he ido a la isla en años, no quiere decir que haya dejado de ser leal a la hermandad. Tenemos que ir a la cueva, debo ir a hablar con ellos.
Kikyo sintió una profunda angustia; el llevar a Silva a territorio enemigo era ponerse en riesgo de ser descubierta. Ninguno de esos hombres dudaría en exponer sus mentiras; revelarían en un instante los asuntos del hombre de la Y.
—Silva… —bajó la voz, intentando no sonar desesperada— nuestros negocios con los Iluminados son diferentes a los del resto. Nosotros tenemos trato directo con ellos, no hace falta ir a arreglar nada, todos nuestros negocios con…
—La hermandad de los asesinos, es mi hermandad —le interrumpió Silva—. Yo les soy fiel a ellos. Si el trato con los Iluminados va a cambiar, entonces, nuestro trato también lo hará.
—De cualquier modo Silva —sonrió nerviosamente intentando ganar la aprobación de su marido— no hace falta ir a verlos, con unas cuantas cartas basta.
—No —contestó, cortando toda posibilidad de trato que la mujer fuera a intentar—, iremos a la cueva. Es mi última palabra. Alista las cosas, y asegúrate de que esta vez no nos retengan como lo hicieron cuando fuimos a tratar lo de Alluka. No pienso pasar una semana completa en ese lugar.
—S-sí.
No le quedó más remedio que aceptar la petición de su marido. Contradecirlo significaría que ella le ocultaba algo, prefería sacrificar sus últimas esperanzas antes que parecer una traidora.
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Era fin de semana e Illumi despertó alarmado. Detestaba que últimamente su vida fuera así; no poder controlar sus acciones, sino recordarlas como si él mismo las hubiera hecho, estando de acuerdo con cada una de ellas.
Gracias a que el ente hizo un trato con el amigo de su padre, pidiéndole un fin de semana libre en algún cuarto —con toda la privacidad posible para "practicar sus meditaciones"—, pasaría los días siguientes descansando de su desagradable convivencia con el montón de hombres de la isla. Joab había aceptado, prometiendo que nadie interrumpiría sus ejercicios y que se aseguraría de que no tuviera espías molestos; todo con tal de mantener a su anfitrión complacido. Pese a que Illumi había estado de acuerdo con todo su retorcido plan, no estaba dispuesto a participar ni fingir ser algo que él simplemente no era. Le advirtió al hombre de la Y que no saldría de ese cuarto ni coquetearía con el amigo de su padre.
—¿Por qué siempre tienes que elegir ancianos? —preguntó, a sabiendas que esto era penosamente necesario—, ¿no puedes elegir mejor al otro tipo, Ender?
«Ja-ja-ja, Illumi, niño, Ender no nos dará nada. Ya lo escuchaste».
—Pero lucía tan interesado como el resto.
«¿Ah sí?, ¿y dónde está él, entonces? —Illumi se ruborizó, no tenía ni la más mínima experiencia en esos asuntos y frente a eso, se veía a sí mismo como un niño perdido en un supermercado—. ¿Lo ves?, no tienes ni idea de cómo funcionan estas cosas. Déjamelo a mí, yo me haré cargo, sabes bien que yo puedo arreglar todo para ti».
Se sentía mal; sucio, como si estuviera viviendo cosas no aptas para personas de su edad. Pensaba mucho en Killua, en cuanto le estaba traicionado, que ni una llamada le había hecho al pequeño. Lo extrañaba con todas sus fuerzas y más allá. Se maldecía por no poder hacer algo por su cuenta. Todo esto mantenía a flote al ente, que disfrutaba de esa sensación de necesidad por parte de su anfitrión, era un alimento sagrado que no pensaba desperdiciar ni de chiste.
—Me quedaré en esta cama el resto del fin de semana, muero de sueño. —Anunció, y acto seguido se echó sobre la cama, cubriéndose con las sábanas, intentando escapar de su mala suerte.
El ente había tenido grandes avances esos días, Joab le había atendido como un invitado especial, concediéndole estar cerca de la fuente de información más importante en toda la Isla.
«Está bien, descansa, eres un chico con suerte», concluyó.
Cuando llegó a la Isla, lo había hecho con la intención de sacar la información con relación de los Iluminados y los Asesinos, y cuando al fin estuvo en el lugar ni siquiera tenía en mente cómo lo iba a conseguir. Los asesinos eran bestias muy bien entrenadas, guardaban información como espías preparados para morir. Eran rudos, fuertes y tenían barreras impenetrables. Sólo había ideado que a través del arte de la coquetería conseguiría infiltrarse entre ellos, y gracias a Illumi no fue necesario hacerlo por mucho tiempo; Joab apareció en su camino y solucionó el vacío en su plan. Por supuesto, de todos los asesinos, y en mucha de su experiencia, Joab resultó ser de los pocos hombres que le había costado bastante trabajo enamorar; más de lo normal. Era un hombre que sabía lo que quería, tenía los pies en la tierra y no jugaba con sus prioridades. Si había decido no sobrepasar la línea con Illumi, haría lo posible por sostener su palabra. No contaba con que el ente conociera también esta conducta y cómo contrarrestarla.
Durante la semana en casa de Joab, aprovechó el acceso a los documentos históricos de los Asesinos, dado que esa era su prioridad; enamorarlo pasó a segundo plano. Se concentró en buscar información que hablara sobre la aparición de los Iluminados y su relación con la hermandad de los Asesinos. El problema era que tenía que pasar mucho tiempo leyendo pergaminos y hojas impresas, entre montones de carpetas revueltas en una biblioteca mal ordenada. Se prometió que un día, con más tiempo, volvería para terminar de leer toda la historia de los Asesinos. Era algo realmente interesante para él; cualquier oportunidad de adquirir conocimiento, era una buena oportunidad.
A mediados de la semana, pese a la gran resistencia del Jaco, el hombre de la Y consiguió derrumbar su resistencia. Despertó una mañana, desnudo, en cama de Joab, junto a él. Al principio sólo se sentó a observarlo, recordó con ironía lo mucho que se esforzó por tenerlo en sus manos. Joab tenía un punto débil que para un hombre como él, era fácil de satisfacer. El Jaco pertenecía a la pequeña agrupación que no sólo deseaban ser asesinos, sino que se veían atraídos por el conocimiento, y sentían placer al verse envueltos en ello. Illumi estaba lleno de conocimiento antiguo, experiencias únicas, completamente apreciables, y eso terminó por cautivar al hombre que, finalmente, cayó en la trampa.
Vio al sujeto cansado, aparentemente dormido, pero sus instintos estaban ahí latentes, nunca bajaba la guardia. Salió de la cama y caminó hasta una vela que estaba sobre uno de los muebles del cuarto, la cual había sido encendida durante la noche. Una llama violeta alumbraba desde esa esquina, la vela no se había extinguido aún. Se sonrió y extendió sus dedos al fuego. No hubo sensación de calor que le hiciera retroceder, la llama era sólo una luz sin una energía calorífica que le hiriera.
—¿Cómo debemos apagarla? —una voz le habló desde atrás, Joab que se había sentado en la cama y lo observaba con curiosidad—, vaya hermosa vista que me regalas esta mañana…
Se puso de pie y caminó hasta quedar justo detrás de su invitado, paseando sus manos por la cadera y cintura del muchacho.
—Ya luego lo verás —contestó seco. Las manos del hombre se detuvieron en su cintura y hubo un pequeño silencio entre ellos.
—¿Con cuántas personas te has acostado ya?
Illumi continuó en silencio. Esa pregunta era demasiado invasiva como para responder de buena gana.
—¿Silva te usa de este modo?, como su títere para complacer a sus enemigos y amigos. Eres demasiado bueno en la cama como para creer que no has tenido un largo historial.
—Papá nunca me ha usado de este modo. Yo soy quien decide qué hacer con mi sexualidad. No soy un niño… —contestó cortante—, en dado caso, todo esto lo aprendí gracias a los libros de mamá, de algo llamado Kamasutra —y sonrió maliciosamente.
De todas las vírgenes con quienes compartió cuerpo, Kikyo fue la única que había concretado sus deseos sexuales para romper con el voto, él y su esposa habían sido espectadores silenciosos de todos sus actos. Luego él quedó en soledad, observando como un fantasma todo lo que la mujer hacía, hasta que pudo implementarlo en su anfitrión.
—Kamasutra…, así que Kikyo se tomaba más molestias. Eso explica porque no pudiste ser el heredero; una mujer tocó tu mente y pervirtió tu esencia masculina —se inclinó a besar su hombro.
—No veo que te moleste esa "perversión" femenina.
—Eso es porque no eres mi hijo, ni mi heredero. Por supuesto que no me molesta, la estoy disfrutando bastante.
Todo habría sido maravilloso para el hombre de la Y de no ser por esa insistencia de los Asesinos por rechazar la feminidad como si fuera un estorbo y no una herramienta más.
—Los Iluminados por siglos hemos usado a las mujeres como nuestros iguales. Hay un dicho que suele usarse seguido que sugiere que si las mujeres se unieran, sería el momento de ver un mundo hecho por y para ellas.
Joab soltó una fuerte carcajada.
—Es una lástima que eso no pasará, Illumi… —comenzó a deslizar su mano derecha desde el abdomen del muchacho recorriendo su pecho, cuello, deteniéndose en la mandíbula, para luego forzarlo a voltear—, no puedo tener una relación contigo —dijo con seriedad—. No puedo pedirle a Silva que te entregue a mí; soy un hombre de tradiciones, respeto a mi amigo Silva. Tú me pones en una situación terrible.
—Eso sólo está en tu mente —intentó zafar infructuosamente.
—Hablo en serio Illumi. Te quiero para mí, pero desafortunadamente debo decidir entre una vida de explorar y obtener más conocimiento, o una vida de tradición asesina. La regla es: buscar una mujer con la cual copular y tener herederos; conseguir un heredero digno, entrenarle, prepararlo para ser el siguiente líder y retirarme como un sabio. Así como lo ha hecho tu abuelo.
—Que vida tan insípida. Y la última parte, la del sabio, suena como una ambigüedad absurda.
—Aún así es la única elección que se considera correcta. Si te elijo a ti, obtendré una fascinante vida de conocimiento. Pero no tendré herederos, me quedaré sin ello y mi estirpe se extinguirá. No es como si mis padres hubieran tenido más hijos de dónde sacar un nuevo heredero.
—¿Por qué no ambas cosas?
—No me tomes por otro Adalfuns. Él podría tener a su mujer y su harem de Asesinos, pero yo soy un hombre inteligente, sé que esto va más allá de sólo sexo. Tú llenas mucho de las necesidades que tengo todos los días. No podría prestar atención a mi heredero…, abandonaría todo por ti —sonaba casi como una declaración romántica, y todavía no era lo suficientemente convincente para que Illumi pudiera usarlo frente a su padre.
—Ah… matrimonio —su voz sonó molesta.
—Sí, es eso. Yo no podría tener mi romance y mi deber al mismo tiempo, en diferentes camas. Matrimonio.
Joab hablaba en serio, él no era capaz de prestar atención a su deber como líder de una familia y resistir la tentación de permanecer junto al objeto de su deseo. No quería estar dividido, ya no era como un niño que fuera a explorar diferentes caminos antes de tomar uno, él estaba consciente de qué quería, no iba a darse el lujo de volverse un inmaduro sólo por no poder controlar sus emociones.
—El matrimonio hoy en día es tan sobrevalorado. En la antigüedad era un contrato de por vida, ambas partes se daban algo a cambio con tal de mantener una familia. La mujer no tenía permitido casarse si no tenía cierto grado de conocimientos, y el hombre no era digno de tener una mujer si no podía proporcionarle algo estable. La mujer mantenía los negocios de la familia, se aseguraba de que todo estuviera en orden y el hombre le daba un negocio que mantener mientras ellos se inundaban de conocimiento que posteriormente compartirían con sus familias. Lo correcto era que tuvieran el derecho de ser un matrimonio, un grupo de sirvientes fieles que les ahorraran los trabajos que ahora vergonzosamente tienen que hacer por su propia cuenta. Las mujeres dejaron de ser las que mantenían los negocios y pasaron a ser parte de la servidumbre: cuidando niños, limpiando la casa, cocinando…, no sólo eso, los hombres ya no tienen quién se encargue de sus negocios y tienen que hacerlo por ellos mismos. El balance se acabó, por eso ahora las personas tienen que elegir entre ser exploradores iluminados del conocimiento o vivir una vida de cotidiana familiaridad.
—Me encanta escucharte hablar, lo sabes —deslizó su mano derecha de nuevo por su cuerpo, hasta tocar la hombría del muchacho y comenzó a masturbarle—; me excita escucharte hablar de ese modo. Cuando veo cuán maravillosa es tu mente y todo lo que sale de tu boca, me dan ganas de follarte y demostrarte que aún con tus conocimientos, puedo hacerte temblar de placer —acto seguido, empujó a Illumi por la espalda, para hacerlo inclinarse y tener un ángulo más cómodo y así explorar su trasero.
Illumi se dejó tocar. La inteligencia y sabiduría eran las herramientas con las que planeaba someter a ese hombre. No era una presa fácil, tendría que invertir tiempo en él para convencerlo de detener a su padre de casarlo con alguien más. Prefería a este espécimen debido a que él le aseguraría un compromiso lento. No deseaba avanzar tan rápido como hasta ahora lo había hecho.
Dejó al amigo de Silva, disfrutar su cuerpo nuevamente, satisfaciéndolo tanto como se le antojaba. Hasta que lo dejó exhausto y entonces tuvo su libertad para hacer preguntas.
—¿Cuál es la relación que tienen los Asesinos y los Iluminados?
—¿Eh?
Preguntó cuando ambos estaban de vuelta en la cama, después de una intensa sesión de sexo. Aprovechando que el cansancio, le ayudaría a que el hombre no coordinara bien sus límites.
—¿No me entendiste?
—No es eso, es sólo que me extraña que preguntes algo como eso.
—¿Qué tiene de raro?
—No tengo ninguna relación con ellos; si tanto te inquieta. Lo que sé es todo lo que viene en los documentos de los Asesinos, te di acceso a ello. Esperaba que los leyeras con atención.
En efecto, estaba bastante cansado, Illumi tenía un apetito sexual insaciable y extravagante, hacía falta mucho esfuerzo de su parte para conseguir hacerle llegar al clímax.
—La información es insuficiente. Parece que de una fecha para acá, ya no hablan con tanto detalle.
—Eres un gran observador.
Sesenta años atrás, el fallecido dirigente de los Asesinos realizó muchas modificaciones a las reglas, sin dar explicación alguna. Primero, convenció a todos de que los únicos aptos para mantener los secretos e historia de los asesinos eran los Jaco. Quitó todos los documentos de la biblioteca pública de la hermandad y los mandó a la biblioteca privada de la familia Jaco. Luego ordenó que ya no se escribiera más sobre los datos quisquillosos que iban ocurriendo, sino datos generales, simples, bajo la excusa de que estaba siendo precavido.
—¿No hay forma de obtener esa información? —preguntó Illumi, acariciando el brazo de Joab.
—No. Pero si me dices qué quieres saber, yo con gusto te lo diré. Tal vez todo cambió cuando era aún muy pequeño, pero como sabes, todo lo debo saber yo.
—¿Cómo fue que la hermandad de Asesinos se relacionó con los Iluminados? —la pregunta era clara. El ente no podía dar tiempo a más dudas, ni rodeos.
—Estamos de acuerdo en que tú, siendo un Iluminado, es de extrañar que no sepas esto, ¿cierto?
—Que sea uno de ellos, no quiere decir que esté completamente involucrado. Mi viaje aún tiene que continuar…
Lo miró con recelo. No quería hablar del tema porque ello significaba atraer recuerdos y asuntos que aún no lograba comprender.
—Sólo porque eres hijo de Silva… —se rindió ante él y sus seductoras caricias que le provocaban cosquilleos—. Poco antes de que el líder muriera, en misteriosas circunstancias, enloqueció. Decretó que vendría la desgracia a la tierra, se volvió un fanático religioso. No sé de qué religión, pero de alguna muy loca seguramente, ya que afirmaba que el fin estaba cerca. Nos hizo más discretos, decía que la popularidad era mala para nosotros, que a este paso llamaríamos la atención de quienes dominaban la tierra. Dicen que después de su muerte se hizo del conocimiento de aquel mundo que los Iluminados gobernaban tras bambalinas desde hacía muchos años, y que ellos no se habían hecho públicos porque estaban a la espera de un nuevo líder, uno que se haría cargo del mundo entero.
—El único.
—El mesías —añadió—. En aquel entonces, existían muchas logias, fraternidades ocultas que tenían cierto poder en algunas partes del mundo. Varias de ellas tenían a su vez más subdivisiones. Una de ella, los Z, decían que su mesías vendría pronto, y que habían encontrado la fórmula alquímica para darle nacimiento. Tras mucho esfuerzo, hace unos años lo lograron. Creo que fue hace unos quince años cuando todo eso pasó… —dio un largo suspiro y luego continuó—. ¿Estás seguro que quieres escuchar historias aburridas?
—Continua —respondió ansioso.
Otro suspiro largo y siguió su historia.
—De pronto un día llegaron noticias de York Shin. El mesías, o lo que sea, había nacido, y los Iluminados dejaron sus escondites para comenzar a limpiar el terreno. Según tengo entendido, mataron a los padres del niño en un sacrificio para asegurarse de que no tuviera ataduras humanas… toda esa basura de rituales —Illumi asintió, tenía una profunda excitación mientras escuchaba la historia—. Nosotros no le dimos importancia, dijimos "uh, esto no tiene nada que ver con nosotros", realmente lo creíamos. De la nada, un día, un tipo de los Iluminados se paró en nuestra Isla. Apareció así como tú lo hiciste; entró al coliseo, se sentó a ver el espectáculo. La gran diferencia fue que a él nadie le hizo un recibimiento especial.
—¿No tenían una buena relación con los Iluminados?
—No tenemos una mala relación prácticamente con nadie. Nuestro arte y dedicación es el asesinato. Esto es una simple coincidencia… Ellos y nosotros no teníamos un trato, sólo llegamos a trabajar juntos por cuestiones de negocios. Después de que notáramos que era un Iluminado, a la mañana siguiente el maestro Caín envió a sus cinco mejores hombres a hablar con él, a preguntar por qué había venido —hizo un paréntesis para acomodarse en la cama e Illumi aprovechó para pararse y ponerse sus prendas—. Esto no lo verás en ninguno de esos libros, no es una historia pública.
—He venido por esa historia; creo que eso ya lo notaste.
Joab se sintió intrigado, en parte le emocionaba tener a alguien que escuchara una vieja historia sacada de sus memorias, pero tenía recelo sobre lo que su oyente haría con esa información.
—El caso es que al tipo no le pareció respetuoso que el maestro Caín enviara a sus hombres, sin importar si eran los mejores. Nos lo dejó en claro después de matar a cuatro de sus alumnos. El sobreviviente fue hasta el maestro Caín, le dijo que el Iluminado había masacrado a los cuatro, que no iba a aceptar ser tratado por un grupo de subordinados y que sólo hablaría con él o continuaría la masacre ¿tienes una idea de lo que eso significa?
El maestro Caín no era un Asesino activo; era un maestro Asesino, un juez, que dedicaba gran parte de su vida a la enseñanza del arte original de los Asesinos. Él contenía toda clase de técnicas oscuras, exclusivamente para matar. Era como una eminencia, un patrimonio de los Asesinos. Se le trataba con sumo respeto por lo que representaba. No importaba que no se dedicara a matar, para ellos era sagrado que el maestro Caín tuviera la máxima protección posible y continuara enseñando el arte que los había unido como una hermandad.
—Enviar a un representante sagrado, cuando había masacrado a cuatro de sus mejores alumnos. Debió ser vergonzoso…
—No sólo eso; el maestro Caín es el balance entre las diferentes corrientes de pensamiento entre nosotros… Él representa a todas las familias, no es nuestro líder, pero lo protegemos como si lo fuera.
—¿Y sus cinco alumnos eran tan débiles como para ser masacrados?
—¡No eran débiles! —exclamó molesto—. Silva y yo crecimos admirándolos, queríamos ser como ellos. Te juro que no eran débiles. El día en que el último sobreviviente llegó yo estaba ahí, junto a tu papá; nosotros lo vimos. El tipo apenas terminó de enviar el mensaje y se suicidó. Usó sus propias uñas para desgarrarse el cuello mientras gritaba que lo detuviéramos. Nadie pudo, había una fuerza sobrenatural que lo rodeaba y no permitía que pudiéramos tocarlo. Eso cambió todo el curso de nuestra vida, es por ello que hay tanta competencia en ser uno de los nuevos cinco, por eso hay tipos como Muath regodeándose como si fueran la gran cosa.
A estas alturas la conversación parecía afectarle emocionalmente al Jaco, así que Illumi optó por sentarse a una distancia prudente del hombre. No fuera que sus impulsos asesinos le traicionaran en medio de la charla.
—Técnicas de manipulación —explicó Illumi en voz alta—. Sí, he visto algo de eso —quiso reír ante su propio comentario, pero se resistió dado que el tipo lo observaba de un modo poco agradable.
—Yo también, aquí también se hacen esas prácticas, pero ese poder no era normal… Muchos de nuestros hombres comenzaron a desear aprender de ellos. Si habían logrado destruir a los cinco, podía haber más enseñanzas interesantes que aprender —sus palabras sonaban como una petición indirecta, para que le adiestrara en esas artes oscuras. Eran habilidades útiles que le servirían de complemento—. Le pedimos al maestro Caín que no fuera, le aseguramos que iríamos más preparados, pero el maestro estaba resuelto a ir por él mismo. El tipo se hospedaba en una bodega, cerca de las orillas de la ciudad, había una guardia rodeándolo como medida de precaución y esperábamos la orden para entrar, mientras tanto vigilábamos lo que ocurría ahí. Así que, cuando a Silva se le ocurrió la maravillosa idea de ir a la bodega, todos lo vimos entrar.
—¿Papá fue allá y sobrevivió?
—Silva siempre fue un arrebatado. Era muy emocional cuando tenía tu edad. Cuando vio lo que había pasado con los cinco, quiso cobrar venganza por su propia mano, y proteger al maestro Caín. Lamentablemente no todos estaban de acuerdo con la forma en que tu papá actuaba.
—¿Cómo sobrevivió?
—Entró a la bodega, escuchamos algunos golpes, y de pronto… nada. Hubo silencio por una hora aproximadamente. Lo que sea que ocurrió ahí dentro, es un misterio para nosotros. Lo cierto es que desaparecieron, ya no estaban en la bodega cuando entramos a revisar, ni siquiera los encontramos en la Isla. No supimos nada de él ni del tipo de los Iluminados hasta un año después, cuando regresó exigiendo lo mismo. Esta vez lo recibimos apropiadamente, le invitamos al mismo lugar donde tú estuviste el otro día; el maestro Caín le saludó y le ofrecimos lo mejor de la noche; llegada la hora, cumplimos su petición de reunirse con el maestro.
Ahora el Jaco lucía más calmado, distante, como si hubiera recordado algo delicado. Illumi volvió a cambiarse de lugar, para acercarse a él y escucharlo mejor.
—A la reunión asistieron los maestros, sólo los más importantes, los líderes, y… tú padre. Silva apareció después un año de ausencia. Ni el mismo Zeno estaba enterado de su paradero. Lo habíamos dado por muerto y resultó que no sólo estaba vivo, estaba con ellos, y venía del brazo de una mujer, tu mamá. Obviamente eso no le hizo gracia a nadie.
—¿Un amor prohibido?, suena romántico —dijo burlescamente.
—Sí, y para ese entonces ya venías tú en camino. Creo que Kikyo tenía dos meses de embarazo, no recuerdo bien…
—Tampoco me hace feliz, si eso sirve de algo —Joab le sonrió, como si esa frase hubiera aliviado cierto dolor dentro de él y aprovechó la cercanía del muchacho para acariciar su rostro.
—Nos pidieron nuestra rendición oficial. El tipo dijo ser el líder de los Iluminados. Por lo menos fuimos derrotados por un líder y no un simple subordinado. Como mi padre estaba en la isla, yo no estuve en esa reunión. No puedo decirte nada, pero tu papá y tu abuelo sí, así que cualquier cosa que quieras saber sobre ello, tendrás que ir tú mismo y preguntarles. Después de ese día comenzamos a tener mucho trabajo por hacer. Desde entonces, no hemos parado de trabajar para los Iluminados, tienen muchos enemigos.
Fue el turno de Illumi de suspirar. Esa historia le había demostrado cuán cerca estuvo todo este tiempo de la verdad, que sus padres eran un par de traidores, conspiradores, que guardaban un montón de secretos y que seguramente, cada hijo que poseían, era sólo una estrategia para algo que ambos habían planeado desde antes. Zeno, seguramente fingía como un espía que se aseguraba de que ambos no cometieran algún otro disparate.
—Estoy satisfecho, gracias.
—Has metido a Silva a la boca del lobo, ¿te das cuenta ahora? Siempre supe que en realidad Silva no te había enviado, sino que caíste en una trampa; una que alguien planeó muy bien.
—En eso te equivocas —le corrigió—, no caí en ninguna trampa, sólo les di a los Iluminados una posibilidad que ellos no habían ideado. Si hubiera sido así, me habrían enviado a los dieciséis, no ahora que ya han pasado tantos años.
999
Ambos Zoldyck estaban de pie frente a la oscura cascada. Silva y Kikyo llegaron a la infame cueva casi al anochecer; el ruido sordo del agua era todo lo que se escuchaba, mientras que el viejo Geppetto salió a recibirlos, junto a un montón de muchachos que se acomodaron tras él, expectantes de la visita inesperada. El hombre de larga melena albina mostraba una seriedad cortante al anciano que le sonreía como era su costumbre, trasmitiendo su sombría amabilidad; mientras que Kikyo lo miraba con recelo y temor, ansiosa por escapar.
—Silva, Kikyo, tiempo sin verlos —les saludó asomándose entre el agua que caía, cubriendo la oscura entrada.
Silva dio un gran salto desde el extremo de las rocas que rodeaban el río y llegó hasta el interior de la cueva, seguido por su mujer que tambaleante logró sostenerse del brazo de su marido; los nervios le hacían fallar sus cálculos. Ambos quedaron frente a frente con el anciano.
—Geppetto —saludó Silva, sin hacer ningún gesto.
—¿Qué los trae por aquí?, ¿de nuevo tienen problemas con el niño?
—El asunto de ese niño ya está en orden —contestó Silva.
—¿Entonces?, ¿otro niño haciendo cosas raras?, ¿quizá un portal en el cerebro de algún otro familiar? —rió en voz alta, pero ninguno de los Zoldyck le hizo segunda.
—Geppetto, he venido por otros asuntos. He escuchado que el trato que los Iluminados tienen con los Asesinos va a cambiar.
—¿Y eso qué tiene de relevante?, el trato que tengamos con la hermandad de Asesinos no tiene nada que ver con ustedes. Nuestro trato quedará igual.
—¿Lo ves?, te lo dije —rezongó Kikyo. Silva le apretó la mano suavemente para que hiciera silencio.
—Si cambian el trato con ellos, el trato con nosotros cambiará también.
—¿A eso has venido? —se mofó—, bueno Silva, no quiero decepcionarte, pero si revisas bien a tu alrededor notarás que sólo estamos mis pupilos y yo en la cueva. No hay nadie más, todos nos reuniremos dentro de poco en un lugar muy lejano de aquí. Si vas a cambiar algo, tendrás que esperar, aunque de todos modos no será necesario; puedo explicarte ese supuesto cambio.
Silva conocía bastante bien la forma en la que procedían, al menos lo suficientemente como saber protegerse de sus malignos trucos. Tras su encuentro con ellos en la isla, cuando apenas era un jovencito, aprendió lo posible para preparar a sus hijos y a sí mismo para ser un mejor asesino, uno que fuera resistente e inmune a los ataques de esos sujetos. Tal vez no era del todo inmune, sin embargo, podía darles una dura batalla que demostraría que su nivel de pelea era el necesario para derrotarles. Aunque de su encuentro aprendió que el hecho de que los Iluminados ganaran contra los alumnos del maestro Caín, y aterrorizaran a los asesinos, años atrás, se debía a un poder terrible pero único en el mundo. Los cinco se habían enfrentado al poder del hombre y la mujer de la Y unidos. Kikyo los acabó usando sus habilidades de aquél entonces, antes de que él apareciera en su vida y erradicara su poder al hacerla romper el voto.
—Comienza a hablar —ordenó el Zoldyck.
Geppetto tragó saliva, y para calmarse dio instrucciones a sus alumnos de que les atendieran. Ese hombre siempre le recordaba que había peligros tan grandes como el poder de un Nen arcaico; por ejemplo, el poder de un Asesino sediento de sangre.
—El "único" ya no es un niño, ha de tener unos quince años. Pronto podrá darse a conocer en el mundo. Necesitamos crear un nuevo caos social. Él ha elegido crear una serie de disturbios en un área, lo suficiente como para crear un retroceso tecnológico ahí y…
—Pues háganlo, de todos modos ya hacen muchas de esas cosas, ¿no?
El anciano le sonrió y luego continuó:
—Sí, pero la zona que él quiere, es dirigida por una de las familias de la hermandad de Asesinos. Estratégicamente es la mejor para hacer el caos. El "único" quiere que nos reunamos con los Asesinos para anunciarles esto, a esa familia se les dará a elegir entre abandonar la zona y tomar otra, una que nosotros mismos le asignaremos, o quedarse y cooperar con nosotros para crear el caos. —Uno de los alumnos del anciano se acercó a ellos cargando una charola con algunas bebidas—. Decidimos hablar en una reunión con los Asesinos… Podríamos hablar con esa familia a solas, pero no sería agradable que se repitiera la misma historia de antes, ¿verdad?
Se refería al trato que pactado con los Zoldyck, cuando nadie más supo que los Iluminados habían tenido un acercamiento con ellos, mismo que convirtió a Silva en un traidor al regresar a su hermandad.
—Iré a la isla —dijo en voz alta y volteó a ver a Kikyo—, necesito ver qué está haciendo Illumi.
Al decir su nombre en voz alta, Kikyo palideció. Geppetto la miró con una sonrisa malévola, amenazante. La mujer tembló ligeramente y se aferró a la mano de su marido, como para disculparse anticipadamente, si es que algo más se llegaba a saber.
—Oh, cierto, Kikyo… —habló fuertemente, con sorna.
Ella escuchó su nombre y su temor se incrementó, su corazón estaba latiendo tan fuerte que creyó que le daría un infarto
—Hoy luces hermosa.
999
Illumi acabó con su misión en Tierra Sagrada. Había decidió que era el momento de marcharse, ya no necesitaba más información de los Iluminados, y largo camino le restaba. Lo malo era que ahora sólo tenía un par de semanas antes de tener que regresar a la montaña. No le hizo gracia a Joab saber que su joven y sensual anfitrión partiría pronto, quería negarle la oportunidad de irse, no obstante se resignó gracias a las palabras del morocho.
—Sólo he venido por la información que ayer me diste, era todo lo que me interesaba saber.
—¿Por qué? —no lo quería decir en voz alta, pero de alguna manera se había sentido usado.
—Por mis propios motivos… Joab, debo irme. He completado esto, ya no tengo nada que me ate a este lugar.
Lo había dicho con ventaja. Esas palabras era un reclamo silencioso de su falta de interés en formalizar la relación, Joab no era tonto, lo sabía y se sintió aún peor, deseaba por completo detenerle y darle una buena causa para quedarse, pero no tenía el valor, en cambio, le tomó del rostro y le besó; quería trasmitirle ese sentimiento tan cruel que le estaba quemando.
—Illumi…, si Silva te compromete con alguien, házmelo saber, por favor. Quiero estar enterado para poder ayudarte aunque sea un poco…
Se fue. Al llegar a la estación donde tomaría el dirigible, se encontró con Muath que estaba esperándolo con una cara de molestia que le provocó un dolor en el estómago. Ese tipo iba a ser una piedra en sus zapatos.
Caminó con aire autoritario quedando de frente, parecía que en cualquier momento se abalanzaría, propinándole un fuerte golpe en la cara.
—Todo este tiempo estuviste con el Jaco ese… —pronunció con desprecio—, ni siquiera pude llamarte porque el idiota aquel se quiso hacer el tío sobreprotector.
Su posesividad no le permitía ver las cosas de forma objetiva. De algún modo intentaba no culpar a Illumi de su ausencia para alegar que no era que el muchacho lo rechazara, sino que las circunstancias eran las que se habían opuesto a sus deseos. Illumi se resistió a contestar cualquier cosa, si lo hacía, corría el riesgo de meterse en una conversación larga que terminaría presionándolo a quedarse unos días más dentro de la isla, y claramente no tenía tiempo para desperdiciarlo en banalidades.
—Illumi —le llamó al ver que no respondería—, no me importa que Joab no te haya dejado pasar el tiempo conmigo, de hecho, no he venido a detenerte, esta vez te dejaré ir.
Inconscientemente sintió un alivio al escuchar eso, no quería tener que batallar con una conversación que fuera a durar más de quince minutos. Permaneció en silencio para dejar que el tipo terminara de desahogarse.
—Hablaré con tu padre, le haré una oferta que no podrá resistir y haré que te entregue en mis manos. Serás sólo mío. La próxima vez que te vea, no será para despedirnos, me pegaré a tus talones y no te librarás de mí nunca más.
Parecía más una desagradable amenaza que a una proposición romántica o de conveniencia. Y para colmo de todo, el tipo dio un paso adelante, tomándolo sorpresivamente por la cintura y besándolo tan escandalosamente que lo hizo avergonzarse de haber sido observado por otros transeúntes y asesinos a su alrededor.
Ni siquiera lo pensó más, se marchó tan pronto como pudo.
Veamos... el próximo viernes 7 de julio volveré con el capítulo 11 de 93 en Babel
Effy: no es que quiera abandonarla, es sólo que en la cuenta de fanfiction dice que lleva semanas sin que nadie la lea, y bueno... ¿para qué continuar si nadie la lee?, por lo menos en mis stats no sale nada, gracias por aparecer. En realidad no creí que nadie leyera esto.
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