¡oh! Fanfiction dice que tres personitas leyeron el capítulo anterior, muchas gracias por hacerlo, sean quienes sean, les dejo este capítulo aquí.'.
93 en Babel
Capítulo 11
Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? —Apocalipsis 13:1-4
.´.
El viaje fue largo; un día y medio de vuelo en dirigible, y todavía faltaba reservar habitación en algún hotel. Con las prisas por huir de Muath, ni un plan concreto había preparado. Por cuestiones de conveniencia, Illumi ocuparía el primer plano esta vez. El hombre de la Y consideró más conveniente permanecer oculto y observar lo que le fuera posible mientras encontraba el momento oportuno para salir. Tales cosas no eran relevantes al joven Zoldyck. Estaba cansado de tener que pasar a través del camino astral de la entidad, además era consciente de que no le estaba diciendo toda la verdad sobre su persona.
Llegó fastidiado de su viaje, gran parte del tiempo lo había invertido en practicar sus nuevos idiomas, y tenía ganas de dormir. Apenas puso un pie en la estación, notó a un hombrecillo que le observaba desde la distancia; un tipo quizá de su edad o un par de años más joven. Llevaba unos lentes cuadrados, con mucho aumento; un elegante traje negro, saco y corbata. Su cabello rubio y nariz aguileña le hacían ver como un hombre cualquiera entre la multitud; sólo un ojo observador sería capaz de percatarse de su presencia. Pensó con pesadez que su vida estaba arruinada gracias a la extrema popularidad de su invitado no deseado. Se sintió amenazado, él deseaba ser conocido, le gustaba vivir en la sombra, donde sólo los clientes de los Zoldyck le conocieran.
—Gran Magister Illumi —le llamó, dio una reverencia respetuosa con lentitud, esperando ganar la confianza de aquel asesino.
El Zodyck estuvo a punto de hacer lo que su instinto natural le decía, acabar con la vida del sujeto, sin importar la multitud de personas que llegaban de otros vuelos. Fue el ente quien le detuvo, alegando que podía ser importante, que escuchara lo que tenía que decir, y el muchacho aceptó a regañadientes.
—¿Qué es lo que quieres?
—Magister, he sido enviado a usted por los Grandes Maestros para guiarle durante estos días antes de la reunión.
—¿Reunión?, ¿de qué hablas?
El hombre de la Y odiaba la naturaleza franca de su anfitrión, parecía no saber cuándo la sinceridad era conveniente, y cuándo era mejor ser cauto y ocultar sus conocimientos.
«Pareces sacado de la escuela de Diógenes», reprendió a su anfitrión, quien le ignoró.
—Estos días habrá una gran reunión: Iluminados selectos de todas partes del mundo vendrán a ver al elegido. Él nos ha convocado… —Miró hacia la nada, recordando un detalle—. Su invitación, Gran Magister, fue enviada hace unos días, ¿no la trae con usted?
—Ni siquiera era consciente de que había una reunión. He venido por mis propios medios.
—¡¿Eso es verdad?!, no puede ser —dijera lo que dijera, no se le veía sorprendido—. Le daré mi invitación personal, tome. —Le ofreció un sobre y antes de que el muchacho la fuera a tomar, el ente le detuvo.
«Si de verdad nos quieren ahí, que nos den una propia. No aceptes esa cosa».
—No, gracias. Esperaré a que me den una.
—Oh, sí… lo siento. —Dio otra reverencia y guardó el sobre en el bolsillo de su pantalón.
—¿Eso es todo a lo que has venido?
—Guiarle será un gran placer para mí —expresó con extraña sinceridad—. Puedo, si usted así lo quiere, llevarle hasta los puntos de reunión más importantes donde podrá encontrarse con otros Iluminados y sostener conversaciones con én le puedo llevar a las zonas de meditación, los laboratorios de alquimia, centros de investigación científica. Importantes genios de la matemática, física, alquimia, química, entre otras ciencias, se reunirán en nuestros laboratorios de ciencia y tecnología; o si prefiere, también están los centros de artes, filosofía, política e historia; la gran biblioteca privada, donde almacenamos toda clase de manuscritos, incluso encontrará documentos de la biblioteca de Alejandría. Si sólo quiere descansar, le llevaré a uno de nuestros hoteles de lujo, preparados especialmente para invitados de su categoría. Le prometo que será una visita que disfrutará al máximo.
Había un aire de brillante alegría en sus joviales ojos delatando el verdadero motivo por el que le alegraba ser su guía. El trajeado muchacho ni siquiera estaba interesado en hablar de él, sino en las tantas cosas hermosas que había pronunciado, como un paraíso del conocimiento. Tales cosas no eran relevantes para un Asesino, sin embargo, la forma e intensidad con la que había dicho todo aquello lograron antojar a Illumi en probar todas y cada una de las cosas mencionadas. De pronto, esa inesperada compañía, lucía de provecho; no perdería absolutamente nada con aceptar, después de todo, los Iluminados le daban mucha importancia a su presencia. Tanto como para tener un sirviente personal esperándole.
Por otro lado, el hombre de la Y había brincado en su interior cuando escuchó "biblioteca de Alejandría", salir de los labios del rubio. Una nostalgia le embargó y tuvo el impulso de forzar a su anfitrión a ir hasta allá.
«Vamos a la biblioteca», le comandó.
Illumi no quería apresurarse, se sentía más atraído por la idea de ir hasta uno de esos hoteles y dormir para recuperarse un poco del viaje. Era cansino portar con una entidad y un Nen que le sobrepasaban.
«Vamos allá, sólo veremos los títulos que tienen de Alejandría y no te molestaré más con esto; luego iremos a dormir». Tuvo que rogar, para que su anfitrión aceptara.
—Llévame a la biblioteca —respondió Illumi casi sin ganas.
El rubio sonrió gustoso por cumplir su orden y dio la vuelta en camino al lugar indicado. Tenían todo listo, un carro con un adecuado chofer; incluso le hablaron sobre una cena con varios miembros de la hermandad que estaba preparada para esa misma noche.
Nunca antes se había sentido tan absorto por un recibimiento, le resultaba extraño el ser incluido en algo importante y profundo, que él mismo no comprendía. Miró a su alrededor mientras el carro lo llevaba a la biblioteca. El recorrido por las perfectas calles de loza era hermoso; había monumentos, construcciones y capillas por todas partes, junto a edificios gruesos, labrados con cuidadosos ornamentos que daban la impresión de haber sido hechos con el afán de deslumbrar a quien los viera, incluso los muros se prestaban de lienzo para coloridas obras de arte. Sin duda una ciudad renacentista.
Llegaron a la biblioteca; el cual era un gigantesco edificio adornado con luces. Estaba cercado y fuertemente vigilado. Los habitantes de la ciudad seguían su camino sin voltear puesto que eran conscientes que era un recinto reservado para cierta élite del mundo. La biblioteca estaba teniendo más visitas de lo normal, el exceso de vigilancia y carros a su alrededor lo delataban. Illumi se bajó del auto, y caminó como si ya conociera toda la zona, una característica común de un asesino exento de miedo. Mostraba tanta seguridad que su acompañante lucía como un simple lacayo y no un guía. Entró a la espaciosa y pintoresca sala principal, y el Iluminado que venía con él saludo a una mujer que estaba a la entrada, presentando sus credenciales, y anunciando al Zoldyck como el "Gran Magister Illumi, el invitado especial del Gran Maestro Eliphas", y tal presentación produjo que varias miradas se posaran sobre él.
Suspiró, cada vez se convencía más de que no le gustaba ser popular.
—Magister, ¿qué desea ver primero? Tenemos aquí desde tratados de Hermes, textos órficos, algunos libros de los muertos egipcios; hasta colecciones de arte de Da Vinci, y… sólo estoy citando ejemplos comunes. Usted pregunte, yo le guiaré.
—Sólo quiero ver los manuscritos que rescataron de la biblioteca de Alejandría; es todo por ahora.
El guía de inmediato comenzó su recorrido hasta llegar al punto deseado, aclarando que lo que vería serían réplicas exactas; que los textos originales estaban bajo llave un par de pisos más abajo, y si deseaba verlos, también podía llevarlo, sólo si le parecía estrictamente necesario. El ente trasmitió a Illumi cuánto estaba disfrutando escuchar las noticias, pronunciando palabras de júbilo en su idioma natal. El Zoldyck aceptó el trato y se quedó a revisar las réplicas.
Había algo extraño en la forma en que estaban situadas las copias; desentonaban entre los tratados de astrología y colecciones místicas. Incluso notó una pequeña hilera —comparada a las otras tantas— de libros de Thelema y el Kybalion. Seguramente había más en otras partes de la gran biblioteca.
«Los libros de Alejandría, Illumi —le recordó el ente cuando notó que el muchacho se entretenía viendo distraídamente los otros tantos libros—. Más tarde juegas con Kundalini, hoy sólo quiero recordar mis viejos tiempos».
No obstante Illumi le ignoró, siguió repasando rápidamente los libros. Le había nacido la idea de que en algún punto encontraría algo relacionado con sus técnicas de manipulación, hipnosis y más datos sobre el cerebro humano. Tantas cosas interesantes que podía hallar, mucha información por registrar. No le importó la desesperación del hombre de la Y, después de todo, él vivía con esa misma ansiedad todos los días, más ahora que no recibía noticias de Killua. De pronto, como un imán siendo atraído por una fuerza invisible y poderosa, sus ojos se fijaron en una enciclopedia completa. Una que al lomo decía "Tarot", con letras adornadas en colores dorados. Así de simple.
Al principio rió como si le hubieran contado algún chiste. Se acordó de su madre y su obsesión constante por esos artes. Pensó en cuanto ella habría bailado de felicidad al ver una colección tan amplia de un tema que ella adoraba. Tomó el primer libro de esa colección; el que era un enorme índice que conducía a los otros libros, y lo abrió. Las hojas eran delgadas, daba la impresión de que si sus dedos se humedecían estropearía aquellas páginas casi traslúcidas. Buscó algo que fuera de su interés. Pese a que no creía en esos temas, no podía parar de ojearlo. Siempre sostuvo que el futuro era algo incierto, que lo único que podía hacerse para adivinarlo era controlar todo lo que pudiera a su alrededor, de manera que el destino estuviera por completo en sus manos. Sin embargo continuó, leyendo como si fuera un creyente. El monstruo de Nen comenzó a quejarse en su interior, diciendo que sería avergonzado si alguien veía que estaba leyendo falacias infantiles, libros de novatos que apenas han sido iniciados en las artes oscuras. Ninguno de sus argumentos le hizo detenerse, y por supuesto, tampoco evitaron que él diera con una infame página; una que daría un giro a todo lo que Illumi conocía de la adivinación hasta ahora.
«Los amantes. Los hermanos.
Esta carta y su gemela; XIV; Arte; los Atu más oscuros y difíciles. Cada uno de estos símbolos es doble en sí mismo, de modo que los significados forman una serie divergente, y la integración de la carta sólo puede recobrarse mediante repetidos emparejamientos, identificaciones y alguna forma de Hermafroditismo».
Era el título de la página. El anuncio del sexto arcano mayor, y debajo una descripción de todas las imágenes que habían representado el arcano desde tiempos pasados hasta el presente. Observó con detenimiento los dibujos, los encontraba desagradables.
—Mamá cree demasiado en estas cosas.
«Sí, esa vieja zorra, ahora deja estas cosas y vamos a lo que nos importa».
Pero Illumi seguía abstraído por esas imágenes. Dio vuelta a la hoja y vio con intriga una inscripción aún más terrible y maravillosa.
«El sexto arcano. Tirada de Nen».
Sus ojos brillaron con un ardiente deseo de entender lo que ahí veía.
«Es posible que el Maestro Tarotista se encuentre en una situación que implique enamorar a un par de personas, aun contra todo pronóstico, contra toda naturaleza y balance espiritual. En estos casos, "Los Amantes", proporcionarán un camino al Maestro Tarotista que le facilitará llegar a él. Más información, tomo: Los Amantes, página 80».
Ahí estaba, frente a sus ojos, su puerta. Aquella que había estado buscando con tanto anhelo por tantos años. Sintió que sus dedos temblaban de emoción y tuvo la necesidad de soltar aquella página, temeroso de mancharla y perder rastro de la información.
«Esto es absurdo —escuchó que el hombre de la Y reclamaba—, estas tiradas de Nen, en realidad son muy complejas de hacer, no pierdas tu tiempo en nimiedades».
Por mucho tiempo había temido que Illumi llegara hasta esa clase de información, facilidades para conseguir su deseo. La tirada de los amantes era una de esas, y de entre tantas posibilidades, esta era la que había interferido en su camino.
—Dijiste que un día me darías mi deseo —habló en voz alta.
El muchacho de anteojos se le quedó viendo, confundido por escucharle decir algo fuera de contexto.
«Y lo haré, a su tiempo lo haré —mentía, pero a estas alturas el inocente Zoldyck ya no podía distinguir cuando lo hacía y cuando hablaba con franqueza—. Hicimos un trato ¿no?; vas a esperar a que tenga una edad en que pueda disfrutar de todos los placeres sin repercutir en su débil mente. Tiene diez años, ¿lo recuerdas? Ponte en su lugar, a ti no te hubiera hecho gracia que un tipo te hubiera acosado a los diez años».
Era lo único razonable que tenía para defender con bases sustentables su posición y deseo por no satisfacer a su anfitrión.
—Pero esto… podríamos hacerlo. Podríamos prepararnos para hacer la tirada y asegurarnos de que funcione, ¿o no eres capaz?
Ignoró nuevamente las miradas de quienes le observaban.
«Niño. Ni siquiera sabes de lo que hablas —masculló iracundo—. La tirada no la podemos hacer tú y yo. Esto que pides es inútil. Es muy complejo, requiere de muchos años de estudio y un control finísimo de Nen. Fuera de eso, la tirada es para que afecte a dos personas, en este caso, tendrías que conseguir a un Tarotista entrenado para hacer esta clase de técnica y que pueda darte el encantamiento que haga que Killua se enamore de ti, y hay muchos riesgos de por medio. Nos tomaría diez años más entrenar a alguien más para que haga la tirada».
—No tendríamos que buscar a un novato. Aquí debe haber alguno que pueda hacerlo —interrumpió su discurso tramposo y se sonrió. No desistiría de su idea de la carta de los amantes, a menos que descubriera algo lo suficientemente relevante como para negarse a intentarlo.
«Illumi, cuando llegue el momento, te diré el mejor método para hacerlo. Ahora sólo vamos a los libros de Alejandría; por favor», su voz escalofriante, fría, sonaba de ultratumba.
El muchacho dejó el tomo en su sitio, todavía contemplando en la imaginación las palabras de la carta. Despejó su mente. Buscaría más información relacionada con la tirada, así el ente estuviera de acuerdo o no. Lo haría porque él adoraba manipular el futuro, no vivir en la incertidumbre, y esta opción le aseguraría tener a Killua junto a él por siempre. Por ahora sólo haría lo que el ente quería. Caminó hasta los tomos de Alejandría, cubrían una gran franja en la pared, desde el suelo hasta el techo. Varios muros de madera llenos de libros formaban el inicio de un largo laberinto. Ahora el ente comprendió porque estaba esa sección ahí; sólo era el inicio del montón de libros relacionados con la biblioteca fantasma. Los Iluminados los habían rescatado desde sus épocas más violentas, aunque no eran tantos pergaminos, manuscritos y tomos como originalmente existían.
Mientras veía los lomos, buscando alguno que fuera del gusto de su invitado susurraba los títulos para que el ente pudiera acceder a sus memorias y ver los libros con los que se encontraría.
«Detente ahí —ordenó—, ¿ves aquel libro de color azul?, el que dijiste que eran pergaminos de Zoroastro».
Illumi lo tomó, y lo llevó hasta la primera mesa que encontró. Se aclaró la garganta y comenzó su lectura. El ente quería escucharle practicar su lengua nueva. Leía con gran fluidez aquel idioma extraño.
Pronto más miradas se posaron sobre él, acompañadas de voces que a lo lejos comentaban el suceso, impresionados por la hazaña. Fue en ese momento que el joven Zoldyck tomó consciencia de que aquello que hacía no era cualquier cosa. Pese a ello continuó su lectura en voz alta, mientras el ente le explicaba los detalles complicados del libro y le escuchaba extasiado, tanto que incluso él comenzó a sentir las mismas emociones del hombre de la Y.
Tal vez pasó una hora cuando su garganta se secó, y dos hombres al fin se animaron a acercarse a él. Uno de ellos, lo reconoció; era Galileo, el sujeto que conoció en la cueva.
—¡Illumi Zoldyck!, usted quiere matarnos a todos de asombro, ¿verdad?, ¿es que ya domina a la entidad que habita en usted? —habló con un exceso de familiaridad que Illumi encontró hipócrita.
—Sólo leo para el ente de Nen.
—El afamado hombre de la Y. Es un honor tenerles entre nosotros.
—Así que este es el hombre de la Y, por el cual el Maestro Eliphas anuncia gran prosperidad para la hermandad —secundó el otro hombre.
Este era un sujeto de baja estatura, y cuerpo menudo, su extraña forma de expresarse en el idioma Hunter, junto con su apariencia daban a entender que era alguien originario de algún país muy lejano.
—Es él —contestó Galileo—. Esos pergaminos… ¿el ente te enseño a leerlos?
—¿Tanto escándalo por eso?
—No es por nada, pero no muchos hablan egipcio antiguo, se perdieron los fonemas. La mayoría dice haber descifrado la lengua, pero hablarlo es otro asunto. Hasta ahora creí que sólo lo hablaba nuestro invitado especial, el gran elegido.
—¿Eh?, no es una lengua demasiado difícil, cualquiera podría dominarla.
—Ilústrenos, Magister —se añadió a la conversación el muchacho rubio.
—Además de eso —Galileo lo ignoró—, le vi tomar uno de los libros de la enciclopedia del Tarot ¿está usted también metido en ese arte?
—No. Sólo lo tomé por curiosidad —justo cuando consideraba marcharse, una idea cruzó su mente—, ¿tú si estás involucrado en ello? —se dirigió a Galileo, ya que era el único a quien encontraba más familiar.
—Ah… sólo un poco, ¿buscabas algo en particular?
Dudó en preguntar. Él no era la clase de persona que buscaba ayuda en los demás, no se había propuesto hacerlo; para disimular su necesidad prefería engañarse a sí mismo diciendo que "tomaba ventaja de la situación"; además solía hacer que los demás le debieran favores, para que eventualmente le fueran retribuidos. No siempre funcionaba, pero era mejor que estar a la deriva.
—Las tiradas de Nen.
—Las tiradas mágicas. Esas que no están descritas en el libro de Thoth —añadió el hombre que venía con Galileo.
Ambos tomaron asiento junto al Zoldyck, que no precisamente vio con agrado tal acción, pero le alegró escuchar el bufido de molestia del ente; significaba que estaba en buen camino para conseguir su objetivo principal.
—Sobre la carta de los amantes ¿conoces algo de esa tirada de Nen?
—Es una carta en extremo compleja, al igual que su tirada. Originalmente debería llamarse "Los hermanos", y no "los amantes", como dice Aleister Crowley. Yo soy más dado a huir a esta tirada.
—¿Por qué la complejidad?, la verdad no estoy involucrado con el Tarot como tal.
—Sirve para enamorar. Es cierto. Según las enseñanzas antiguas, se usaba para estimular el uso de la energía orgásmica que se produce en los actos sexuales.
Por fin algo con lo que Illumi se había estado relacionando, la infame magia sexual, asintió con la cabeza aguardando la explicación.
—Lo dejaron de hacer debido a que era demasiada la complejidad de la tirada. Hay un gran tomo que explica todos los pormenores de la misma. Para empezar, el Tarotista debe tener un control absoluto de su Nen; debe realizar la tirada a uno de los futuros enamorados o hermanos… como quieran llamarlos; la carta debe salir en la lectura del futuro y debe hacerlo de forma natural, sin hacer trampas. Esto debido a que hay técnicas que te permiten lograr este efecto, pero incluso esas técnicas son para un tipo de Nen especialista; si lo haces con trampa o lo haces mal, el efecto sólo dura la mitad de lo que debe durar el enamoramiento; al finalizar, la carta debe ser entregada al consultante, y el consultante a su vez debe entregarle la carta a la persona con quien compartirá el efecto. Cabe aclarar que no importa que la carta se la entregue a su peor enemigo, ambos quedarán flechados por cupido —tomó aire, eran demasiadas las reglas que venían a su mente—. El efecto, si está bien hecho, durará trescientos sesenta y cinco días completos… También están los puntos no muy claros, como que si uno de los enamorados, ya estaba enamorado del otro a quien se le comparte la carta, entonces no recibirá el efecto, porque su cerebro lo anula, pero el no-enamorado sí lo recibirá y será el doble de lo normal. Eso y que, como no es un enamoramiento producido de forma natural, tampoco el romance vivido entre esas dos personas será normal.
—¡Oh, el magister Galileo es todo un sabio! —exclamó el acompañante de Illumi.
—¿Es posible que alguien de aquí pueda realizar esa tirada?
—No sólo es posible. Hay una persona en todo la hermandad capaz de hacerla a la perfección y esa persona ya la has conocido.
—¿Quién es?
—Alexis von R, el Barón de R —contestó con orgullo—, todo lo que te he dicho, él me lo ha enseñado. Lamentablemente, él no estará aquí, nadie sabe en dónde está. El elegido le ha apresado debido a su traición. Ha intentado mantener en secreto tu deseo, y ocultar secretos a la hermandad no es bien visto.
Hubo un momento de alivio para el ente de Nen gracias la noticia, aunque Illumi había encontrado el método para conseguir su deseo, tendría que aguantar las ganas de ir tras él. Agradecía que aquel individuo que se hacía llamar "el único", le hiciera el favor de mantener oculto a alguien que podía arruinar sus planes.
Con todo, Illumi no dejó de pensar en la posibilidad de realizar la tirada. Sin embargo, como testigo del poder del "único", comprendía que no bastaba su voluntad para hallar al Barón, requeriría de mucha paciencia.
Los días dentro de la gran ciudad pasaron rápido. Illumi estaba embelesado; toda clase de conocimiento era fácil de encontrar en cada esquina. Debido a su falta de estudios no era capaz de comprender por completo los temas, pero cuando encontraba algo que le pareciera interesante, no podía abandonar su puesto y se quedaba ahí como un oyente, aprendiendo y absorbiendo tanto como le era posible; esforzándose por pasar desapercibido. Así estuvo hasta que el gran día llegó. Ese día vio más gente conocida, incluso Geppetto se apareció por esos rumbos y le saludó cordialmente.
El ente tomó el lugar; remarcó constantemente que debía decidir la vestimenta que llevaría para la —esperada— reunión nocturna que tanto se había anunciado. Tomó la decisión de vestir con una larga túnica de seda violeta con bordados de oro, y un cinturón con piedras preciosas que realzaba la forma elegante de su cuerpo; listo para un ritual, un sacerdote poderoso. Se colocó joyas deslumbrantes y arregló sus cabellos con mucha atención. Asimismo usó maquillaje que destacara sus ojos, para resaltar la gran belleza que poseía su anfitrión. Se sentía espléndido. No pensaba llegar temprano, así que se tomó todo el tiempo que quiso para quedar listo. Debía ser perfecto, quería asegurarse de que todos los presentes se quedaran con una gran impresión de él. Revisó por última vez su impecable apariencia antes de salir en dirección al punto donde se llevaría a cabo la reunión.
Era un área gigantesca, como para albergar a miles de personas. Las calles fueron cerradas. La gente de más alta categoría estaba dentro del salón, el resto se encontraba entre los jardines que simulaban laberintos rodeados de hermosas decoraciones, e incluso ahí, podían notarse los niveles. La gente con mayor categoría estaba ubicada cerca del centro, donde el "único" estaba sentado.
Obviamente consiguió lo que deseaba, la gente a su alrededor se detenía un momento a observar al muchacho que caminaba entre las mesas con su atuendo y su galante caminar. La gran mayoría de ellos no tenían ni la más mínima idea de quién era él, sin embargo, era evidente que estaban viendo a alguien importante.
La música a su alrededor le inspiraba a andar con más confianza, y llegó al centro de la fiesta, el área principal, sintiéndose ansioso por hacerse notar por aquellos que representaban a los más altos mandos. Esta noche sería suya. Cuando entró al salón lo primero que vio fue el sitio donde se encontraba el afamado elegido. Había una especie de cortina blanca decorada con perlas y diamantes brillantes a su alrededor. La cortina rodeaba la mesa y la superficie purificada, reservada para el elegido. Dentro de la tela se alcanzaba a ver una mesa cuadrada que apenas se distaba gracias a la tenue transparencia de la tela blanca. Ahí en medio, estaba un niño, apenas un adolescente, sentado frente a un gran banquete para él. Nueve sirvientes —evidentemente ciegos— estaban a su alrededor, muchachos de entre quince y veinte años, que rodeaban la cortina como pilares. El "único" vestía una túnica blanca, alargada, que le llegaba hasta los pies.
En cuanto sus pies tocaron el pasillo que guiaba directamente al elegido escuchó que alguien lo presentaba.
—El hombre de la Y ha llegado —una voz potente resonó en todas partes y atrajo más la atención de los presentes. Ignoró la presentación, sólo agradeció que se le anunciara de ese modo vago, no deseaba molestar más a Illumi.
Algunos hombres giraron sus rostros para verle. Unos cuantos se pusieron de pie y le saludaron a lo lejos. Uno de ellos, le indicó con la mano que se acercara. Era un hombre con traje y zapatos negros, destacaba en él una gran barba blanca que se unía con sus cabellos canosos. Pero el hombre de la Y estaba más ocupado en otro objetivo, aquel que se sentaba en medio de esas cortinas blancas. Esa figura diminuta pero imponente, que hacía sentir a todos pequeños y ridículos. Dado que él no se consideraba el mismo débil que los demás, caminó con autoridad por el pasillo, ante la mirada atónita de la hermandad. Entonces fue que captó la atención de aquel niño. Lo supo porque le vio dejar su cómodo asiento, quizá no podía conocer su rostro, pero podía ver su sombra, y cuando el niño se puso de pie, el ruido poco a poco fue reduciéndose hasta quedar en silencio, observando con atención lo que ahí pasaba.
El elegido dio unos cuantos pasos, lentos pero elegantes, como si su cuerpo fuera de un material delicado y ligero. Se detuvo ante el límite de la tela que le ocultaba, tocando con sus dedos la cortina, apretando y estirando la fina tela decorativa.
—Nunca imaginé que llegaría este día —dijo el ente de Nen.
Su voz hizo eco entre el silencio, nadie esperaba escucharle hablar. Estaban atónitos ante su muestra de valor.
—Es un honor para mí tenerle aquí. El primer poderoso, señor de Babel, Nimrod, el vigoroso cazador.
—El honor es mío. Aquel cuyas profecías le nombraban como el Anticristo.
El chico rio. Y el silencio se volvió general.
—No esperaba ser llamado así tan pronto.
—Ni yo esperaba que alguien volviera a usar mi nombre. Hace tanto que nadie me reconocía como Nimrod.
Ni siquiera la comida, ni los placeres a su alrededor atraían tanto la atención como esos dos poderosos hablando.
—¿Quién lo diría?, el primer y el último poderoso en la tierra reunidos en una misma sala… ¿Pero dónde está su mujer, la diosa Semiramis?
—Es precisamente este tema el que me trajo aquí esta noche —barullos mal disimulados se escucharon entre la multitud. Nimrod se refería al Anticristo como si fuera alguien muy cercano, quitando todas las formalidades en su lenguaje—. He sobrevivido a través de un largo periodo en este mundo. He cruzado dimensiones y conocido más de lo que un humano común haría. Viví con mi propio cuerpo hasta que mi corazón quedó satisfecho, y transmuté mi alma, junto a mi mujer. Por un tiempo habitamos pacíficamente en una simple cadena de oro, sirviendo e instruyendo a través de ella a la humanidad. Por azares del destino la cadena llegó a tierras repletas de la hermandad Y. Fue en ese lugar que, como método para reconocer la cadena, le colocaron un camafeo con el símbolo de su hermandad. Luego los M derrotaron a los Y, y terminamos siendo reconocidos como "el hombre y la mujer de la Y"; pasamos de mano en mano hasta que los Iluminados nos acogieron.
El joven Anticristo se alzó de hombros.
—Siempre responsables, como debe ser.
—Y han sido tus hombres y tus mujeres quienes guiados por sus afanes destruyeron mi perfecta unión con mi mujer. Gracias a ellos, no sé dónde está mi amada Semiramis. Exijo justicia. He venido ante ti, como un frater que busca la guía para encontrar lo que de inicio era mío.
El Anticristo le vio a través de la tela blanca estirando de unas delgadas hebras que sobresalían. Un silencio sepulcral inundaba la sala. Sólo los incautos fuera del salón no se dieron por enterados y continuaban con la fiesta; adentro había un silencio ya no reverente, si no de temor. Si el niño atendía su solicitud, muchas cabezas caerían esa misma noche.
—¿Es eso verdad? —levantó la voz el joven mágico—, ¿es a causa de sus inmundicias, su codicia y negligencia que algo sagrado, como la vida y la esencia trascendental de Semiramis se ha perdido? —miró a su alrededor, y encontró muchas respuestas.
No eran sólo unos cuantos los culpables de aquel suceso, no era algo que simplemente Kikyo había deshecho y ya, se trataba de algo más grande que venía desde tiempo atrás y que sólo esos hombres y mujeres que estaban ahí sentados, repartidos entre varias mesas, sabían. El elegido lo vio, y se sonrió malicioso, retrocedió con un corto paso hacia atrás, haciendo gala de sus movimientos elegantes, suaves. Frente a la muchedumbre, se sentó en el aire, cruzando ambas piernas, flotando como si el viento fuera un sostén físico, sencillo de controlar. Las cortinas no se movieron, sólo su cuerpo permaneció flotando ante la mirada estupefacta de todos. El control perfecto de Nen.
Illumi también dio un paso atrás, y su energía se tornó oscura. Era un evento astral sin precedentes. Cruzaron un par de palabras en una lengua desconocida para todos los demás. Y entonces, volvió a hablar el elegido.
—Esto es basto. He sido proveído de tantos poderes como mi alma ha deseado. No existe el concepto de "tipo de Nen" para mí, los cinco elementos terrenales y los cinco elementos astrales están a mi disposición, así como cualquier cosa que quiera tomar de cualquier dimensión, todo cuanto requiero está en mis manos. He sido provisto de sabiduría de mis antepasados, el conocimiento y la inteligencia, todo lo que hace falta para controlar un mundo entero. Y aun así, he de ser sincero, no soy omnipresente —el ruido de los susurros se hizo más evidente, había expectación en la sala—. Pese a que mi Nen abarca el mundo entero y puedo controlar mi ambiente a placer, no tengo ojos, ni oídos, ni boca en todas partes. Mis mensajeros, todos ellos, no tienen la pureza ni comprensión necesaria para cumplir esta función más que sólo una vez y luego, es menester que sean sacrificados.
Más murmullos distrajeron a ambos conversadores.
—Callaos —les ordenó a todos—. Nimrod, no quiero faltar a su esperanza, ni defraudar su deseo, por ello he de proponerle un trato.
—Soy todo oídos, aunque te advierto, que sé usar la palabra "no".
—Y no será necesaria —ambos rieron—. Se mis ojos, mis oídos y mi boca. Sé que puedo confiar en ti, en que no me será necesario instruirte sobre lo que debes hacer. Tú ya sabes qué es lo que está mal, y lo que se necesita arreglar. Nuestra hermandad se ha ensuciado de las glorias humanas, que son pasajeras, esos placeres que han sido malinterpretados y vueltos elementos de lujuria, pervirtiendo las mentes más brillantes…, haz todas esas correcciones que ya sabes, y que necesito antes de que suba a mi trono. Si aceptas, desde ahora, tendrás mi autorización de cobrar venganza sobre los responsables, y si haces tú parte del trato, entonces, yo no sólo prometo devolverte a Semiramis, sino que los libraré a ambos, si es que es necesario, de su cuerpo de homúnculos, y ocuparán los cuerpos que actualmente poseen, sin necesidad de pagar algún tributo o cumplir una regla para poder existir en este plano.
Lo que había comenzado como una noche gloriosa de fiestas y baile. Ahora, para muchos de los presentes, era una pesadilla, el inicio de una larga jornada llena de temores y arrepentimiento. No estarían en manos del "único", estarían en manos de un ser vengativo, de Nimrod, quién se cobraría por todas las cargas que le habían sido impuestas. Ahora Nimrod sería algo así como la mano derecha de su líder y no podían rechazarle así de simple. Por supuesto, existía un trasfondo antiguo, alrededor del drama. Kikyo sólo era el resultado de esos asuntos, y era turno de que el rey de Babel lo descubriera, al tiempo que se encargaría de limpiar el mundo de las falacias que parecían haber salido de la imaginación burda de Sade y que diariamente realizaban los miembros corruptos de los Iluminados.
Al Anticristo no le importaba lo que la hermandad hacía, sin embargo, entendía que tarde o temprano, aquello le sería relevante para la paz del mundo que luego tendría que provocar. Ahora, había encontrada a un aliado perfecto, un mensajero que no tuviera que ser sacrificado, uno limpio y perfecto para su uso, dispuesto de todo corazón a servir a la hermandad, para extirpar esas creencias falsas de placer, las cuales no conllevan a la verdadera iluminación, al camino difícil de los iniciados.
Después de eso, la fiesta volvió a la normalidad, como si esa mística conversación no hubiera sido relevante. Los excesos, los placeres y todo cuanto era acostumbrado, no se hicieron esperar. La gran diferencia era que unos cuantos, guardaban con recelo en sus mentes los pecados cometidos, que tarde o temprano caerían en manos del poderoso cazador.
El resto de la semana Nimrod continuó en ese plano, conviviendo con el "elegido", para concretar el pacto entre ambos, definiendo los pormenores y dejando cuantos puntos fueran, aclarados, como un contrato perfecto entre ambos. Nimrod sabía perfectamente que no había alguien mejor que él para cumplir su deseo, así que se despidió, confiado en que quedaría satisfecho. Cerró el trato, solicitado al Anticristo que no permitiera que su anfitrión se enterara de sus negocios para tomar su cuerpo, asegurando así que el joven Zoldyck no pusiera resistencia.
Illumi reapareció durante los últimos dos días de vacaciones en la ciudad de los Iluminados para disfrutar de los escenarios hermosos que aquel país le ofrecía. Se sentía invadido de una sensación de poder que no lograba describir, ahora comprendía mejor lo que tenía en su cuerpo; un ente poderoso que estaba sobre los demás. Era temido y respetado, tal cual como era de su agrado, con la excepción de que no gustaba de ser popular. Cualquier rastro de duda sobre la palabra de Nimrod quedó por fin olvidada; creía en él, en que un día tendría a Killua para él. Debía poner de su parte y ser paciente; esperar el momento perfecto para llegar a su meta, cumpliendo las expectativas del hombre de Nen, el cual aparentemente tenía ideales en exceso elevados, que el mismo Anticristo confiaba en él.
En cuanto Illumi regresó a la montaña, no encontró a Silva y Zeno. Se habían marchado a la isla Sagrada, pero no supo de ellos hasta días después. Su corazón estaba ansioso de ver de nuevo a su adorable copo de nieve, aquel pequeño angelito que había abandonado cruelmente tiempo atrás, así que lo buscó por la montaña. Anduvo por los alrededores y pronto lo halló entrenando duramente, sosteniendo un combate con un par de mayordomos. Esperó para ir tras él, a una distancia prudente hasta que terminó el ejercicio y le vio sentarse entre los árboles a descansar.
Killua apenas tuvo tiempo para reconocer a su hermano mayor. Sus ojos se abrieron, y recordó su dolor. Ese dolor de haber sido ignorado por tanto tiempo, después de haber puesto esfuerzo y dedicación en localizarlo. Las dudas y temores le superaban más que su deseo de saber si aquel sujeto frente a él era o no su aliado.
—Illu… aniki —dijo sin aliento.
Su cuerpo tembló, su estómago se revolvió de nervios.
—Kil —le sonrió, pero lejos de parecer fraternal, su sonrisa semejaba a un demonio. Ya no evocaba más Illumi, y eso provocó que tanto Killua, como otros silenciosos espectadores sintieran escalofríos—. Ha sido mucho tiempo sin verte. Te extrañé.
Lo había dicho de todo corazón, sin embargo sonaba vacío; Killua únicamente pudo asentir para darle por su lado.
Las palabras que el albino había planeado decir con tanto esmero, se volvieron imposibles de pronunciar. El temor que Illumi le provocaba era tal, que sólo podía temblar ante su presencia. Incluso comenzó a dudar si aquello frente a él era su hermano o no. Tal vez una alucinación siniestra había aparecido haciéndose pasar por alguien de su familia. Y no estaba muy lejos de la verdad. La esencia de Nimrod ya era, sin lugar a dudas, poderosa sobre su anfitrión. Podía decirse que Illumi sólo existía en un diez por ciento, mientras que el otro noventa, era aquella entidad oscura.
Kikyo se percató de él y de inmediato se escondió. Ordenó a sus mayordomos mentirle a su hijo mayor sobre su presencia en casa aún si su mentira se volviese insostenible.
—¿No me responderás Kil? —se arrodilló, intentando descifrar la temerosa expresión en su pequeño rostro.
—Yo… yo… no sé qué decir —confesó y sonrió de forma forzada.
—Está bien, ya tendremos tiempo de conversar, ¿no es así?
Illumi ya estaba casi ciego. Pese a que Killua demostraba tener un miedo terrible provocado por él, no era capaz de notarlo. Interpretaba aquel miedo como un rubor pasional, como si lo hiciera temblar por su presencia de forma romántica, y no porque su instinto de supervivencia le estuviera advirtiendo que aquello frente a él no era humano.
Aprovechando que su madre no intervendría, y que sus autoridades más importantes no se encontraban, anunció que se haría cargo del niño, revisando los avances de su entrenamiento. Una excusa para permanecer cerca de él por más tiempo del acostumbrado, liberarse de las tensiones que le provocaba estar lejos de su adicción, y de vez en cuando, aprovechar para tocarlo, acariciar sus cabellos, y halagarlo por su trabajo.
Killua no tenía explicación alguna para lo que sentía. Era terriblemente incómodo. Illumi parecía muchas cosas menos su hermano mayor; constantemente buscaba las miradas de los mayordomos intentando preguntarles si ellos también se percataban de que eso de ahí no era su hermano, pero todos lo ignoraban, actuaban como si fuera lo más natural del mundo.
999
Silva y Zeno llegaron a Tierra Sagrada. Cruzaron la gran entrada del Coliseo, y el montón de interesados volteó a verles; desde los grandes maestros hasta cada uno de los representantes de las familias. Algunos cuchicheos los hicieron sentir incómodos, pero prudentes, supieron cómo ignorar toda esa atención desagradable.
La reunión comenzó. Silva había esperado encontrarse a su hijo mayor ahí, y para su mala suerte, se dio cuenta que había llegado bastante tarde. Hace un par de semanas que no estaba en Tierra Sagrada y asumió de inmediato que estaba de vuelta en casa.
Era incómodo, empero nostálgico encontrarse rodeado de toda la hermandad que lo vio crecer. Había líderes de cada familia, o por lo menos un representante, y no podían faltar los cinco maestros. Mientras observaba el panorama, su mirada chocó por un instante con la de su viejo amigo Joab el cual le sonrió a modo de saludo, trasmitiendo un sentimiento de amistad que hace mucho había olvidado.
Los Iluminados enviados en representación a toda la hermandad, hicieron una gran presentación en el centro del coliseo. Eran tres personas: dos hombres con túnicas largas que los cubrían de la cabeza alos pies, y un muchacho de quizá unos quince años, vestido con prendas blancas, al cual en todo momento se lo vio en trance, con sus ojos en blanco, tambaleándose en su sitio. Cuando los dos hombres terminaron la presentación, el muchacho comenzó a retorcerse. Sus brazos se agitaban violentamente a sus costados y su torso se inclinó hacia adelante, abriendo la boca, haciendo arcadas como si fuera a vomitar algo.
De su boca se emitieron dos voces al unísono:
—Ha llegado el día en que he de solicitar su cooperación. La familia Sabó tiene en su poder un territorio necesario para el triunfo de la humanidad. Su cooperación con nuestra hermandad es una exigencia social, un deber que ustedes tienen con el mundo entero. Ofrezco dos puertas, la primera es que voluntariamente me entreguen sus tierras, y entonces, yo les daré unas nuevas tierras a cambio; la otra puerta, es que no me entreguen sus tierras, sino su servicio. Trabajen para mí, y serán recompensados, atiendan mis órdenes, y yo les daré a cambio lo que necesiten —el muchacho luchaba contra esa fuerza que le controlaba a distancia, su cuerpo se contorsionaba de dolor—. ¿Tengo ya una respuesta?
—Tu fama te precede, elegido —habló el líder de la familia Sabó—, ya nos has demostrado cuánto poder tienen sobre todos nosotros y hemos decidido no desafiarte —hablaba con verdad, desde hacía tiempo que los Sabó habían sido atacados constantemente por parte de los Iluminados con amenazas sutiles para que aceptaran la voluntad de su líder sin oponerse a ella—. Te daremos nuestras tierras, mas no trabajaremos para ti. Haz ahí lo que bien te plazca.
—Así será. Mis hombres les entregarán lo que requieren para seguir trabajando. Gracias por su cooperación y esfuerzo, ¿tienen alguna cosa por decir?
—¿Por qué hemos de obedecerte? —con mucha valentía Silva se atrevió a desafiar.
Algunos de los presentes admiraron su valor, otros lo tomaron como un descaro, una forma alzada para demostrar que él era más relevante que los demás.
—Porque así ha sido establecido, las leyes de la naturaleza dictan que el menor se inclina ante el mayor. Tarde o temprano comprenderán su papel en este mundo. Todos al final recibiremos nuestra recompensa.
El niño cayó de rodillas contra el suelo. Su cuerpo estaba bañado en sudor y sus brazos, adoloridos, temblaban por cargar con su peso; la respiración agitada demostraba lo muy agotador que había sido eso. No duró más su agonizante situación, un par de lanzas atravesaron su cuerpo, estacándolo al suelo y matándolo al instante. El sacrificio estaba completo, el mensajero había cumplido su papel. Los hombres bajaron del escenario, dirigiéndose al Sabó, extendiéndole un pergamino que cargaban con ellos.
—Aquí está el mapa de sus nuevas tierras; los nombres de sus nuevos clientes y socios fueron seleccionados exclusivamente para ustedes.
—¿Rokairo?, ¿parte de NGL?, ¡¿están hablando en serio?!, esas tierras no permiten hombres como nosotros.
—Sus licencias de cazador han sido emitidas —le entregaron un sobre con dichas licencias, todos con los nombres de cada miembro de la familia—. Ustedes serán los primeros en ocupar ese territorio, felicidades.
Y por alguna razón, no había motivo para sonreír. Sabó casi rompe los papeles con indignación. Años de trabajo enviados a la basura y ni siquiera podía poner resistencia. La reunión finalizó con un aire de conmoción. Los individuos desaparecieron del mismo modo en que se presentaron, como si la magia estuviera a su disposición en cualquier momento.
Silva y Zeno, habían decidido que se marcharían en cuanto la reunión terminara, pero se vieron detenidos en su camino.
—Los afamados Zoldyck —el llamado de Adalfuns les hizo darse la vuelta, para recordarles que entre ellos tenían asuntos pendientes—, ¿ya tan pronto se van?
—Tenemos trabajo por hacer.
—Parece que olvidaste llamarme antes de venir; tenemos una plática pendiente.
Estaban de pie, cerca de la salida del coliseo; algunos curiosos observaban la escena; lo que fuera a pasar se volvería el chisme de la semana. El Weirdun no tenía vergüenza alguna al momento de hablar de sus temas amorosos.
—¿Qué es eso que tanto quieres hablar?, Illumi ni siquiera está en la isla.
—Lo sé, se marchó hace tiempo… —hizo un ademán de molestia, tenía prisa por terminar el asunto con los Zoldyck—. Silva, sabes que tengo buenos contactos en las altas esferas, no por nada el maestro Caín me tiene entre sus herederos, y tengo buenos negocios que quizá te puedan beneficiar.
Silva bloqueó mentalmente lo que querían decir esas ofertas, no podía ser capaz de imaginar a su hijo en manos de un pervertido del tamaño del pelirrojo.
—Te diré esto de una vez Adalfuns. No hablaré de Illumi hasta que yo aclare con él estos asuntos. No tengo idea de lo que haya hecho aquí ni de sus intenciones para cruzar palabra con ustedes. Sólo haré tratos hasta que mi hijo y yo hayamos llegado a un acuerdo.
Quizá su confesión sobre desconocer las acciones de su hijo le hacían ver vulnerable, no obstante supo controlarse lo suficiente como para que su sola presencia impusiera respeto. Ni siquiera Muath, que esperaba su turno para hablar con él, se atrevió a acercarse más. Si Silva había dicho que hablaría primero con su hijo, entonces, todos los que tenían planes esperarían a que llegara el momento.
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Killua e Illumi yacían sobre la cima de un precipicio. El niño veía en silencio la larga caída frente a él. Tocaba ahora lanzarse a ella, como prueba de su resistencia y valor.
—Vamos Kil, son sólo ochenta metros. No debe ser mucho para ti.
Pero Killua no se movía. Albergaba un montón de emociones en ese momento que le impedían saltar. No quería hacerlo sin antes aliviar esa sensación.
—¿Tienes miedo? —indagó, y estaba a punto de aventarlo sin más, cuando Killua se giró para confrontarlo.
—No tengo miedo —su voz y cuerpo exteriorizaron que hablaba en serio—, no es eso.
—¿Qué ocurre ahora?, ¿te pongo nervioso? —preguntó sintiéndose un poco orgulloso de lo que decía.
—Aniki… no. —Contuvo un poco la respiración, y luego resopló con fastidio, quería darse valor para hablar sin rodeos—. ¿Cuál es tu problema?, te llamé muchas veces, te mandé mensajes, intenté contactarte a pesar de que he tenido mucho trabajo por hacer y tú…, ni siquiera te tomaste la molestia de responder una sola vez, ¿es que acaso juegas conmigo?, ¿por qué vienes y actúas como si yo te importara? No puedo más con esto Illumi, ¡¿quién eres tú?! —y, desafortunadamente, había terminado por gritar sus palabras.
Illumi lo miraba, atónito; la pregunta le había impactado. El ente le había pedido que no se comunicara con el niño durante el tiempo que estuvo fuera de casa, hizo un esfuerzo por complacerle aun si moría de ganas por escuchar la voz del albino; para colmo Killua solía llamarlo justo cuando era el mismo Nimrod quien estaba a cargo de todo, impidiéndole tener un poco de satisfacción. Para todo el mundo podía resultar normal calificar a Illumi como una persona cambiante, imposible de definir con un conjunto de características específicas, porque cada vez que regresaba a la casa era menester volver a interpretarlo; para Killua esos cambios no eran normales. Tenía temores naturales originados gracias a esa particular característica en su hermano, que le hacía imposible de tratar.
—Un día… —Tomó una bocanada de aire por segunda ocasión—. Un día te comportas como un hermano, como un amigo mío, y al día siguiente, soy un desconocido al que no le respondes el celular. Me llevaste a esa casa y después… se suponía que papá te había castigado, y después me enteré que te dio vacaciones, ¿qué se supone que significa eso?, ¿por qué vacaciones?, ¿es que acaso jugar con mis sentimientos es parte de tu trabajo? —intentó controlarse, pero no podía; sus palabras sonaban entrecortadas, y su cuerpo temblaba asustado por no poder detenerse.
Illumi no podía moverse, pensaba en sus palabras. En lo que le contestaría; no encontraba excusas creíbles.
—Kil, tú eres muy importante para mi…, si sólo lo entendieras… —confesó intentando sonar tierno, pero la malévola esencia de Nimrod no le permitió transmitir lo que sus palabras decían.
—Olvídalo, sólo… sólo quiero que sepas que ya no te dejaré volver a acercarte a mí —se dio la vuelta, y dio el brinco al vacío.
Aquellas palabras le dolieron. Se lanzó tras él, quería tenerlo cerca y explicarle que no era así; que él seguía siendo Illumi, su hermano que le amaba. Sin embargo, pronto se dio cuenta que no podía decir algo que no podía comprobar. Que si quería pararse frente a Killua y defenderse, entonces tendría que demostrar que él era mejor que sólo eso. Su ansia por su hermano había crecido tanto que ahora no podía pensar con coherencia. De cualquier modo, no tuvo oportunidad de hablar con su adorable hermano. Su padre llegó ese mismo día y le citó para una reunión importante que no podía demorar más. Antes de marcharse le dio al albino una confortable palmada en la espalda. Se alegró un poco cuando sintió que la tensión en Killua disminuía. Esperaba ansioso la oportunidad de hablar con él y liberar toda esa tensión.
Espero volver el viernes 22 de Julio, gracias.'.
