Aquí les dejo este capítulo nuevo.
93 en Babel
Capítulo 13
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Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. -Génesis 10:8-11
Su padre los envió a completar un entrenamiento en equipo; estarían así dos meses entre pruebas, entrenamiento y trabajo, viajando de ciudad en ciudad hasta completar su objetivo. Illumi les informó que se turnarían entre cada trabajo para que cada uno dirigiera a su modo; así mismo les advirtió que no aceptaría sus "jueguitos", ni toleraría malas actitudes. Los niños lo hicieron bastante bien desde la primer semana hasta que Illumi, deliberadamente, decidió no dejarles compartir más su cuarto, ni siquiera podrían estar en el mismo piso del hotel y los movió de su cómoda habitación. Después se obstinó con prohibirle a Killua pasar tiempo con su hermano, usando sus clásicas amenazas románticas. Olvidó que sus métodos funcionaban porque sometía la actitud de su hermano al regañarlo por su impertinencia, y no afectaba a los verdaderos intereses del menor. Killua podía aceptar contenerse si los regaños estaban propiciados por sus malas actitudes, pero de eso a abandonar su amistad con Kalluto había un mundo de diferencia, eran palabras mayores.
No se quejó, Killua permaneció en silencio al escuchar la noticia, dándole a creer a Illumi que había aceptado sus reglas, en cambio le ignoró y continuó juntándose con el más pequeño. Llegó un punto en que Illumi dejó de ver con buenos ojos esa amistad, y comenzó a proyectarse en Kalluto. Cuando el niño le hablaba al albino, creía que lo hacía con la intención de coquetearle; sus sonrisas, sus gestos compartidos eran parte de una estrategia para conquistarlo, pero una vez más, eran solamente patrañas mentales provocadas por la falta de estabilidad emocional a la que se había orillado tras muchos años de represión. Sospechaba de Kalluto más que nadie en el mundo. Lo veía como un rival, un contrincante que debía derrotar. Había estado teniendo una fantasía frecuente, se imaginaba contendiendo con Kalluto hasta demostrarle a Killua que él era superior en todas las formas posibles y así ganarse el amor del albino, no podía dejar de imaginarlo, así que comenzó a planear llevarlo a cabo.
Los Zoldyck poseían diversos territorios usados con fines de entrenamiento y repartidos en algunas ciudades importantes. Silva les ordenó llegar a uno de esos locales, donde Illumi llevaría a cabo una evaluación especial para Kalluto a base de pruebas y entrenamientos para potenciar y examinar el desempeño del menor. Por la mañana, los llamó para la primer prueba, como lo había hecho los últimos dos días y esperó a que terminaran de prepararse para dar las primeras órdenes. «¿Por qué Killua lo prefiere tanto?», se preguntó mientras los observaba conversar tranquilamente. A su punto de vista él no era fuerte, inteligente, ni mejor que él en ningún sentido; en cambio él podía aportar más a su vida, además de protegerlo, y estaba dispuesto a darle todas las satisfacciones que un ser humano pudiera desear. Kalluto no, él sólo era el niño de mamá. Quería demostrarle a Killua cuan equivocado estaba por darle preferencia a ese mocoso. Después del calentamiento llamó a Kalluto.
—Voy a hacerte una evaluación especial.
Le anunció frente al albino, que frunció el ceño ante tal repentina decisión.
—¿Por qué lo vas a evaluar sólo a él?, ¿qué voy a hacer yo? —como ya era habitual, Killua fue el primero en preguntar.
—Tú puedes observar mientras terminamos.
—¿Por qué a él? —su instinto afinado le indicaba que era una mala idea. Conocía las habilidades de Illumi, entendía que él era peligroso en un modo extremo.
—Kalluto fue enviado aquí para que yo lo evaluara, no para jugar contigo.
Como tenía razón, ninguno pudo refutar. Anunció que pelearía contra él, otra cosa que les intrigó. Lo habitual era que nombrara a alguno de los mayordomos mientras él hacía de espectador y observaba al pequeño asesino, sólo que no fue así, más que un examen, Illumi quería satisfacer su fantasía y ganar delante de todos como un gran héroe.
Killua miró con temor a Kalluto y le sonrió, tratando de brindarle confianza, dándole una palmadita en la espalda.
—Yo sé que tú puedes —le dijo.
Esto sólo irritó más a Illumi, no podía soportar ver cómo su adoración caía en una trampa. Se posicionó para la pelea, al centro del gran almacén vacío que servía como zona de entrenamiento, con paredes metálicas que hacían un eco alrededor del cuarto. Kalluto sintió un terrible escalofrío. Creía que iba a enfrentarse a la entidad oscura que habitaba en su hermano e internamente rogó que no fuera así, que tuviera misericordia.
Sólo llevaban veinte segundos cuando Killua notó que su hermano comenzaba a aumentar la velocidad y fuerza de sus movimientos. Era espeluznante, Kalluto era bueno, sin embargo no tenía ni siquiera el diez por ciento de posibilidad contra su hermano mayor. Había una evidente brecha entre ambos. No estaba usando su Nen, y Killua ya estaba sudando de nervios, sabía que en cualquier momento Kalluto dejaría de defenderse adecuadamente para sólo recibir golpes. El problema era que pese a los clarísimos errores y diferencia de habilidad, ambos no se detenían, y no habrían parado de no ser porque el de ojos azules desesperadamente pidió que lo hicieran.
—Kalluto ya no puede con tu velocidad —fue su excusa.
—¿Y?
Illumi se veía fresco, mientras que Kalluto estaba respirando agitadamente, con sus manos en sus rodillas, intentando recuperarse de tanto esfuerzo.
—¿Se te olvida que es sólo un entrenamiento? No necesitas ser excesivamente…
—¿Es eso Kalluto?
Cortó el discurso con ironía en su voz, y se volteó para ver al pequeño que apenas lograba respirar con calma.
—No te preocupes Kalluto, yo sé que has hecho un excelente trabajo, tienes mucho talento —Killua intentó animarlo a retirarse.
Las palabras del niño sólo encendieron más los celos del enloquecido hermano mayor, que apretó los puños, preguntándose con más furia por qué ese mocoso flacucho era tan relevante para su predilecto hermano.
—¿Qué ocurre Kalluto?, ¿esto es lo que te enseña mamá?, ¿sólo te pone a jugar con papelitos? Esperaba más de ti pero…
—Eso es sucio, Illumi —salió en su defensa el albino.
—¿Necesitas que Killua hable por ti?, ni para responder eres bueno.
Gotas de sudor caían por la frente de Kalluto, el cual se talló los ojos con ira. Llevaba bastante tiempo soportando las ofensas de Illumi, pero estaba cruzando sus límites, la poca paciencia que le quedaba finalmente se agotó. Usualmente prefería dejarlo desahogarse con él, pero ahora no tenía ganas de escucharlo, se había hecho a la idea de que así lo dejara burlarse de él o no, no habría gran diferencia, Illumi seguiría molestándolo sin razón alguna.
—¿Para qué responderle a un necio como tú?, sólo me harás perder el tiempo. Mejor cállate y haz tu trabajo.
Killua soltó la risa, le sorprendió escuchar la respuesta del pequeño, feliz de verlo defenderse. Dio por un hecho de que ganaría al menos en esa batalla.
—¿Tú dándome ordenes?, vaya, esto es digno de verse. Mira que salir de hacer recortes con papeles para entrenar con seriedad… creo que esta es la única oportunidad que tienes para que alguien te tome en serio —dio un paso adelante, y puso una mano sobre su cadera. Su ira no le estaba dejando pensar con claridad; no podía detenerse.
—¡No son recortes!, mamá los usa para su trabajo.
—Sí, claro, aprovecha este momento porque después volverás a ser el juguetito de mamá.
Si algo le fastidiaba de verdad a Kalluto, era ser juzgado como el gran aliado de su madre. La detestaba, su vida era un desastre gracias a ella, y sabía que la vida de sus hermanos también lo era. Volvió a apresurar su respiración, pero esta vez con mucho enojo contenido; levantó la mirada fría sobre el morocho y con sorna respondió:
—Por lo menos no soy la mercancía de papá.
Kalluto no se había defendido hasta ahora porque sabía que el día que lo hiciera diría lo peor que viniera a su mente. Conocía los puntos débiles de toda su familia, tenía más tiempo para observarlos, y contaba con su mamá que le daba información y pormenores de sus asuntos. Esas palabras lo fueron todo para Illumi. Entendió que Kalluto no lo había dicho al azar, estaba haciendo referencia a la desagradable función que ahora cumplía para su padre, y lo más seguro era que su mamá le había dicho que Illumi no sólo trabajaría como asesino, sino que también tendría que trabajar en abrir el paso para Killua, usándose a sí mismo como un trofeo a desear. Una herramienta sexual para la familia.
Su sangre hirvió, ya no sólo los celos le consumieron. Había traspasado el límite de su resistencia y de sus negaciones. Illumi siempre evitaba verse a sí mismo por temor a descubrir lo muy débil que en realidad era, y ahí estaba Kalluto, evidenciando una triste verdad que le avergonzaba en sobremanera, justo frente a Killua. Se sintió más vulnerable que nunca en su vida, desnudo, frágil. No le tomó mucho tiempo para pensarlo, dio una fuerte patada al rostro del niño quien, gracias a sus reflejos ganados tras años de entrenamiento, a duras penas logró disminuir el peso de la patada usando uno de sus brazos como barrera, y salió volando, cayendo inconsciente sobre el suelo. Fue un impulso humano combinado con sus instintos asesinos lo que llevó a Illumi a realizar tal reprobable acción.
Killua horrorizado corrió hasta donde estaba el inerte cuerpo de su hermano. Le descubrió sangrando de la frente empapando el suelo con un pequeño charco de sangre y su brazo lucía herido, la huella del zapato del morocho estaba claramente marcado en un rojo que se volvería un morado seguro, afortunadamente no se había roto el hueso.
—¡¿Cuál es tu maldito problema?! —gritó con rabia y frustración, después de cerciorarse que su hermano estuviera bien.
Illumi no se movió. Él mismo estaba asustado a causa de su reacción. No lograba asimilar su reacción, se suponía que él estaba hecho de un autocontrol sobrehumano que le daba la ventaja de pensar con claridad en momentos complicados, estuvo orgulloso de sus capacidades hasta ese momento. Humanamente deseó buscar las palabras precisas para arreglar el desperfecto; la vergüenza y el arrepentimiento lo consumían, no saldría bien librado de esto. Observó a Kalluto con ganas de socorrerlo, pero la voz de Killua lo detuvo.
—¡Tú mismo dices que un golpe en la cabeza puede ser muy peligroso! Ni siquiera estaba preparado para recibirlo, eres un irresponsable, ¿qué demonios te ocurre?
Sus piernas temblaron ante una nueva visión del peligro, ¿qué haría si su padre tomaba aquello como un intento de matar a otro de sus hermanos?, no quería que lo separaran de Killua. Tenía que asegurarse de no ser delatado; justificar sus acciones antes de que llegaran más lejos.
—Kil, ¿acaso quieres…?
—¡Cállate, mejor! —pero el albino no le dejó hablar.
Estaba en su límite, no soportaría más acoso por parte de su hermano mayor. Desde hace tiempo guardaba muchos motivos para explotar, y encontró la excusa necesaria para que sus amenazas, y todo lo que su hermano pudiera alegar, dejara de tener sentido, lo volvería contra él.
Illumi esperó a que el niño se expresara, se notaba que estaba luchando internamente por hablar; miraba al suelo y levantaba la mirada hacia él constantemente, apretando los labios y respirando agitado.
—Ese es el motivo por el que eres la "mercancía de papá" —usó el término que Kalluto había usado, la diferencia era que él no entendía a lo que se refería—. Siempre actúas como si nada te importara, haces todo para satisfacerte a ti mismo provocando el miedo en todos los que te rodean. Por eso todos te obedecen, porque te temen, pero nadie te respeta, ni papá ni mamá, ni nadie en la familia, ni los mayordomos ni yo…, ¿quién es tu amigo? Nadie. Y aun así te crees con el derecho de acosarme y acosar a Kalluto como si fuéramos tus bebés. No eres nadie… me das asco y vergüenza —bajó la voz con rabia—, estoy harto de tener que pedir perdón por ti.
Se dio la vuelta, necesitaba revisar a Kalluto.
—Kil…
—¡No quiero escucharte! Siempre intentas manipularme con tus palabras, pero este es el fin Illumi. De no ser porque somos hermanos, te mandaría al demonio de una vez por todas.
Todas esas palabras habían dolido. Era un dolor insoportable que comenzó a quemar su cuerpo. Sentía como si se estuviera desintegrando del dolor. Un pesar que no comprendía. Su corazón latía tan fuerte que era capaz de escucharlo y su visión se iluminó con un color rojo sanguinolento que no le dejaba enfocar bien. Si continuaba así, se derrumbaría en el suelo, frente a todos. Vio que Killua se arrodilló, acomodando con sumo cuidado al menor en sus brazos, y él aprovechó para marcharse en silencio, como usualmente hacía.
El pequeño albino no se dio cuenta del momento en que huyó, estaba nervioso e internamente arrepentido por sus palabras, pero no podía concentrarse en otra cosa más que en su hermano herido. Cuando por fin logró levantar a Kalluto con toda la delicadeza que podía, se percató de la ausencia del mayor. Miró a todas direcciones buscándolo.
—¿Illumi?
Entonces recordó todas aquellas veces en las que lo había insultado, reconocía ese patrón de conducta. Cuando el morocho estaba ofendido solía huir del lugar sin dar tiempo para disculpas. Tragó saliva.
«Esa no era mi intención», se lamentó.
No se trataba de lastimar a Illumi, se trataba de hacerlo ver que él estaba siendo injusto, que recibiera un poco de lo que él daba; de una manera absurda, hacerlo entrar en razón. Tristemente, si Illumi no estaba ahí, significaba que estaba herido de verdad.
—¡Por el amor de dios! —exclamó desesperado por no hallar al mayor— Yo dije…
Se detuvo. Le había dicho cosas muy estúpidas por culpa de su ira; palabras como que "le daba asco y vergüenza", cosas que no eran ciertas; temía a su hermano y le hacía perder la paciencia, pero definitivamente no le hacía sentir nada de eso.
Killua era pésimo para disculparse a sí mismo. Una vez que se arrepentía de algo, solía exagerar las cosas en su mente. Reconoció lo mucho que Illumi se esforzaba por hacerlo sentir bien y darle treguas pese a su mal comportamiento. Básicamente no tenía ningún motivo directo para estar enojado con él, su enojo se derivaba de cómo se comportaba con su hermano menor; Illumi hasta ahora había sido, en gran medida, amable con él, como si quisiera ganarse su amistad haciendo cosas absurdas como halagarlo asiduamente, dejarlo hacer travesuras, no presionarlo ni fastidiarlo durante los trabajos, dejarlo descansar justo cuando él se lo pedía; era prácticamente un buen tipo con él y eso le molestaba porque la diferencia de trato entre él y Kalluto era muy marcada.
Mientras Kalluto dormía en una cama recuperándose del golpe en la cabeza, continuó lamentándose por haber sido tan cruel con su hermano mayor. Recordaba su expresión y tono de voz, lucía sinceramente arrepentido, probablemente hubiera auxiliado a Kalluto si él se lo hubiera permitido.
—¿Por qué tengo que ser tan idiota? —susurró.
Era un niño después de todo, no podía ser tan diplomático como lo era un adulto con experiencia en la vida, además era bastante emocional; después de Milluki, podría decirse que era el más explosivo. Pensó bien las cosas, esperaría tener una oportunidad para hablar con Illumi en cuanto regresara. Ya había vivido cosas similares, creía que en cuanto aclarara el asunto todo volvería a la normalidad.
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Había huido de ahí, se había encerrado en su cuarto del hotel. Ahí nadie lo molestaría, sobre todo porque se trataba de Illumi Zoldyck, no de cualquier persona a la que alguien se atrevería a interrumpir. No tuvo fuerzas de subirse a la cama, cayó de rodillas; su cuerpo se había debilitado en un modo extremo. Sentía como si estuviera sangrando por los poros de su piel, aquellas palabras habían abierto toda clase de heridas internas que con tanto esfuerzo se dedicó a maquillar a lo largo de su vida. Heridas que comenzaban desde su propia infancia hasta la actualidad. Todo apareció delante de sus ojos.
—¿Qué soy? —se preguntó en un susurro.
El ente estaba misteriosamente en silencio, no obstante él no deseaba invocarlo, lo prefería en un rincón, pretendiendo no darse cuenta de lo que le ocurría a su joven anfitrión.
Había un pequeño espejo hexagonal colgado en la pared, justo frente a él. Los administradores de las instalaciones eran supersticiosos, y lo había colocado en la entrada de la habitación. Ese espejo ahora apuntaba directamente al muchacho que yacía sobre el alfombrado suelo de su habitación, sin ánimo de levantarse. Tenía miedo de que su mirada chocara con su reflejo y descubrirse a sí mismo. Cuando quiso ponerse de pie, regresó a su mente lo que lo había llevado a estar en esa penosa posición. Su fortaleza había sido destrozada, era consciente de la herida que tenía.
—Papá… —movió los labios.
Su padre le había ignorado por años. Nunca le había tenido a consideración, no veía por él. Pasaba sobre sus deseos, no se interesaba en conocerlo. Muchas veces hubiera rogado por unas cuantas palabras, de esas que compartía con Killua. Hubiera suplicado por ellas si eso bastaba para recibirlas. Silva inclusive eligió el camino de la humillación para su hijo mayor, aceptando usarlo como si fuera una mercancía, una prostituta para la diversión de todos esos tipos, con tal de subir de posición. Si de verdad hubiera querido, le habría detenido frente a Zeno, alegando su dignidad por encima de sus ambiciones. Sintió que su cabeza daba vueltas e intentó detener sus pensamientos, pero ya era muy tarde, una nueva oleada de ellos volvió a su mente.
—Tampoco es como que el abuelo haya sido diferente…
De hecho era peor que su padre, él le trataba como un enemigo. Sólo cuando Illumi hacía algo conveniente le tomaba en cuenta; si no, le trataba como si su existencia fuera un estorbo. Apostaba que si el anciano veía la oportunidad, lo mataría como a un cerdo. De él sólo había escuchado quejas y amenazas contra su persona. Le vigilaba, sembraba odio a su persona hablando mal de él con su familia y mayordomos. Siempre en su contra, jamás se había sentado a conversar con él ni siquiera para conocerle; como de vez en cuando hacía con Milluki, con quién podía sostener breves charlas.
—Y ella… mamá.
Era la peor. Ella había sido capaz de introducir en su cuerpo un ente de Nen, sin escatimar si este era dañino o no. ¡Pudo haber muerto y a ella no le habría importado en lo más mínimo!, sospechaba que su madre quería matarlo, y no estaba en un error. Lo veía en su actitud agresiva contra él cuando se le acercaba, y en la forma en que Kalluto lo miraba, obra de su madre. Kikyo veía en él a su viejo enemigo, pero él no era el culpable de eso. Él era una víctima de las malas decisiones de esa terrible mujer. No tuvo elección entre poseer un monstruo que había destrozado la vida de su madre o no.
—¿Qué soy? —volvió a preguntarse en voz alta y apretó sus piernas contra su cuerpo.
Nunca antes se había visto de ese modo. Como un muñeco de trapo, arrumbado en alguna esquina, abandonado y sin gracia. Un par de dolorosas lágrimas resbalaron por su rostro. Sus ojos ardieron ácidamente, quemándole hasta las pestañas; no estaban acostumbrados a aquél líquido. El dolor ocular era terrible y tuvo que tallarse los ojos con urgencia, todo con tal de liberarse del ardor. Ni siquiera podía llorar ó a quedar como un papel, débil e inmóvil sobre el suelo.
—Alluka no sabe que yo existo; Milluki sólo me habla cuando le es necesario algún favor; Kalluto, él de seguro ha de odiarme. Le he tratado como basura los últimos días.
De hecho el ente hacía un mejor papel como hermano mayor, en comparación a su desempeño durante toda su vida.
«No había querido decírtelo, pero en realidad sí estás muy solo—escuchó a Nimrod, rematar en su corazón—. Y no es porque me guste ser obvio, pero siempre que intentas hacer algo bueno por la familia, todo el mundo se vuelve loco creyendo que intentas sacar provecho de algo».
No se molestó en responder, tenía razón. Incluso los Iluminados estaban con él porque el ente de Nen estaba ahí, si no, nunca hubiese formado parte de la hermandad. Los mayordomos siempre le habían tratado como un enemigo. Desde que tenía memoria, nunca se preguntó si podía mantener alguna comunicación con ellos. De hecho, no se molestó por la falta de amor que sufría porque creía que por lo menos tenía una cosa en esta vida, y ahora resultaba que aquello que amaba tanto, era justo lo que más le rechazaba y detestaba.
—Killua…
Desde que era un niño había deseado —con todo su corazón— tener un trato digno hacía su persona. A los doce años, él soñaba con ser un gran asesino, el orgullo de su familia, y no un niñero, tal como terminó siendo.
Killua arrasó con su vida; le obligaron a estar junto a él y había aprendido a amar aquella dulce compañía. Su llanto nocturno, su dificultad para caminar, para hablar, para expresarse y no quejarse tanto; su sencillez y destreza para decir todo lo que pensaba, y recibir halagos y aplausos. Desde hacía un tiempo él dejó de parecer el maestro y responsable del albino, lucía más como un hermano menor admirando a su todo-habilidoso hermano mayor.
Killua siempre recibía regalos y atención. Illumi al inicio lo envidiaba; él prácticamente había reprimido su deseo por tener ese reconocimiento porque desde su infancia le enseñaron a no expresar sus necesidades. En cambio, Killua obtenía esas cosas con tanta facilidad que se dio cuenta de que él nunca estuvo siquiera cerca de tenerlo.
Cuando descubrió que él también era parte del club de admiradores del albino, no se arrepintió de nada. Decidió abandonar sus sueños, por hacer realidad los de su amado niño. No quería que él se frustrara al comparar sus habilidades con las de sus mayores. Todo lo contrario, quería que Killua se viera capaz de superarlo y volverse el mejor líder de todos los tiempos. Él nunca quiso torturarle ni forzarlo a nada. No había tenido elección, era su entrenamiento. Se había presionado, —vaya que lo había hecho— con tal de sacar adelante a Killua.
Por un tiempo creyó que nadie en el mundo tenía una relación tan fuerte como la que ellos dos compartían. Siempre que escuchaba al peliblanco decir cosas horrendas contra su persona, reclamarle o estallar en furia, se decía «me habla así porque me tiene confianza». Se auto-engañaba con tal de no caer en ese pozo de la soledad. Y ahora veía con más claridad las cosas. Todos esos reclamos, habían sido dichos con la intención de atravesarle, y él tan sólo había podido evadir los dardos hasta que ya no tuvo escapatoria.
Su mente tuvo lucidez en ese instante. Trajo a la memoria los momentos que creía que eran su tesoro. Recuerdos felices que escondía en su interior, ocurridos después del día en que Killua le había dicho "te quiero", y halló que en ninguno de ellos había tenido participación. Eran recuerdos de momentos en los que veía a sus hermanos menores jugar y hacerse toda clase de bromas; molestar a Milluki, sonreírse entre ellos. Momentos en los que la gente trataba bien a Killua; los cumpleaños de sus hermanos, llenos de obsequios y felicitaciones, mientras que él sólo sabía cuál era su fecha de nacimiento. Aun él había abandonado su felicidad personal, consolándose con la felicidad de Killua. Se había dicho hasta ahora que si su niño era feliz, entonces él también lo era.
Entonces vino a su mente, recuerdos de rechazo a su persona. En todos sus recuerdos felices, justo cuando él estaba a punto de involucrarse en la divertida situación, veía las caras de desprecio, de incomodidad, y él optaba por mantenerse a lo lejos y simular que él no estaba ahí. Permanecer en silencio mientras escuchaba a todos los demás bromear, aguantando las ganas de decir algún comentario.
Su frágil corazón terminó de romperse.
Killua se avergonzaba de él. Estaba cansado de pedir perdón por él. Ignoraba el motivo por el que se había ganado ese odio a su persona. No era capaz de entenderlo; él no creía que era un monstruo como lo era Nimrod. No se suponía que las personas le detestaran sin motivo alguno, ¿o sí?, no lo sabía. En su vida no recordaba que alguien le defendiese sin esperar nada a cambio.
Hasta ahí llegaron sus fuerzas. Sus ojos se llenaron de más lágrimas dolorosas, esta vez no le dio importancia al ardor. Quería llorar, lo necesitaba.
—Quiero morir —se dijo.
«¡Ey! Alto ahí niño —intervino el ente, asustado de ver al indefenso muchacho levantarse con mucha convicción—. Entiendo que te sientas así, tienes muchos motivos para hacerlo, pero recuerda que tienes un deseo…»
—Pues tengo uno nuevo, y uno que sí puede volverse real.
«¡¿Estás escuchando lo que dices?!», reclamó.
Debilitarlo era su objetivo, no que Illumi se matara y perder por siempre su oportunidad, esa era la peor de las condiciones en las que Nimrod podía estar.
—Sí —respondió con dureza.
Sacudió sus prendas instintivamente, dispuesto a proceder con su objetivo.
«No des un paso más —ordenó Nimrod, temeroso de que Illumi fuera a cometer una tontería—. Debes confiar más en mi ¿es que no has notado que cuando estoy yo presente, todo está en orden? —logró captar la atención de Illumi un instante».
—Sólo mírame —le dijo— yo no soy el tipo genial que todos aman, yo… no sé qué soy.
«Eres mi anfitrión Illumi. Yo puedo hacerme cargo de todas tus necesidades. Debes confiar un poco en mí, ¿no te he demostrado ya que puedo hacerlo?»
Illumi miró al suelo, invadido por esas palabras, luego Nimrod añadió
«¿No te has dado cuenta que todo cuanto tienes hasta ahora, ha sido gracias a mí?, sólo vete en el espejo, ¿ves ese nerd en tu reflejo?, eres un tipo con un pésimo sentido del gusto, no tienes gracia, pero cuando me dejas dirigir, ese reflejo es más agradable, ¿verdad que sí?»
Illumi se vio al espejo y la imagen que tuvo de sí le asustó. Se veía acabado, cansado, ojeroso, y con un par de ojos enrojecidos que soltaban penosas lágrimas. Miró con más atención, y coincidió con descripción de Nimrod. Un tipo de cabello largo hasta los hombros, desaliñado; traía puesto un suéter blanco con una pantalonera gris, prendas sin gracia que no le favorecían. No se distinguiría en nada de una pared; un mueble. Su reflejo comenzó a engañarle, y se vio como un anciano desagradable. Exageró todas sus facetas y comenzó a criticarse frente al espejo, cada uno de sus detalles era duramente tratado, como si con ello estuviera dando la razón a lo que opinaban sobre él y así no sentirse solitario porque estaba de parte de ellos al pensar mal de sí mismo.
—Me quiero morir… —repitió.
«No Illumi, no muchacho… —Nimrod comprendió que debía cambiar de táctica si quería lograr su meta— Yo te ayudaré más, no digas eso. Por lo menos me tienes a mí para servirte—el silencio de Illumi era buena señal, lo sabía—. No necesitas morir, si mueres nadie pagara por todo tu sufrimiento, ¿acaso crees que matándote vas a tener la satisfacción de ver a tu madre llorar por su hijo? No, no. La muerte es lo último, de ahí ya no verás más allá, ni sabrás si Killua triunfó o simplemente fracasó».
—Kil…
«Exacto, eso es, relájate, ¿quieres mi ayuda?, ¡bah, no es necesario preguntar, por supuesto que la quieres».
—¿Qué quieres de mí?, ¿por qué me estás diciendo esto?
Ya estaba harto de tantas pausas y misterios, quería tener al menos la solución a alguna de sus penas aunque fuera una vez en toda su vida.
«No seas rudo. Yo no quiero seguir viendo cómo destruyen a mi anfitrión —esperó en silencio para ver si podía hacer contacto con el deprimido muchacho—. Quiero ayudarte. No soy una máquina que concede deseos, pero puedo ayudarte a alcanzarlos ¿eso suena bien?»
—Entonces deseo sentarme en el suelo y quedarme aquí el resto de mi vida.
Al fin dejó de sonar como un suicida y pasó a verse como un adolescente en plena duda existencial, aunque él ya estaba lo bastante grande como para tener esos arranques.
«Te daré una mejor opción», le señaló pausadamente.
Luchaba por contener la satisfacción de expresar su propuesta, la cual era el desenlace a su elaboradísimo plan que empezó cuando entró en la vida del Zoldyck.
«¿Quieres descansar? Yo te daré descanso. Déjame tomar tu lugar…, aquí tengo un espacio para que vivas, tengas al fin paz, y no necesites salir. Yo me encargaré de todo y te dejaré volver, justo cuando Killua esté listo para ti».
«Un lugar lejos», no se detuvo a pensar más en lo que decía Nimrod, era más tentador estar en ese segundo plano que seguir su vida o lo que quedaba de ella. Cerró los ojos y entonces encontró el espacio que Nimrod tenía listo para él; una lucecita en el fondo, un lugar cálido en lo profundo de su propia consciencia donde se encontró repleto de agradables espejismos; divisó la sonrisa de Killua, y a sus padres esperándole como si él fuera parte de la familia. Se vio a si mismo rodeado de sus hermanos menores, jugando videojuegos, conversando en la mesa, corriendo por la casa y actuando como si sus vidas fueran diferentes. Era otra vida, una que él hubiera deseado, de saber que algo así podía existir. Ahí, dentro de ese mundo de espejismos no había asesinos, no había armas, ni destrucción. Se sintió aliviado por primera vez. Quería hundirse en ese mundo lleno de mentiras. Eran las mentiras más hermosas y misericordiosas que había visto jamás. Comprendió porqué Nimrod le decía que tenía un espacio para él, sin importar si él un día volvía a la realidad, ese lugar era mejor que ningún otro en el mundo. Una vez que lo descubrió no quiso regresar. No. Nunca más volvería a la realidad, ¿para qué volvería? No sabía cómo vería a los ojos a sus pequeños hermanos; si su padre hubiera estado ahí, lo más probable es que ahora mismo estaría en problemas por atentar contra la vida de Kalluto, y sobre todo le preocupaban los problemas que se acarrearía con Killua por su culpa. ¿Por qué las cosas eran tan complicadas para él? Él sólo quería ser un buen ejemplo y recibir un trato digno a cambio. Al menos, en ese lugar oculto en su propia consciencia, había espacio para él. Permanecería escondido en medio de ilusiones formadas por sus deseos, un lugar del que no quería salir. Ahí no sentiría el pasar del tiempo, ni se preocuparía por nada. Estaba a salvo. La voluntad de Illumi se escondió y desapareció todo rastro de su esencia.
Nimrod ganó. Su deseo por mandar a su anfitrión lejos de él estaba completo. Ya no estaba débil como al inicio, cuando necesitaba urgentemente desarrollar el deseo de Illumi, darle forma para sostener su existencia en el primer cosas se volverían sencillas, Illumi seguiría deseando a su adorable hermano a través de su inconsciente; conseguiría su alimento para existir, pero ya no le estorbaría en sus decisiones ni tendría que pretender ser inofensivo. Su poder se mantendría estable, no requería más que pequeñas dosis del deseo de Illumi, y la mejor parte, era que nada intervendría en su vida para completar sus tareas. No más molestos obstáculos para satisfacer a un muchacho obsesionado con un niño mucho menor que él. Nada de tener que aparentar hacer avances en la mente de un mocoso que menospreciaba los absurdos esfuerzos de su anfitrión. En una pequeña, nimia parte, tenía cierta estima por él, por Illumi. No le había gustado su desenlace. Estaba de acuerdo en que se trataba de un ser humano patético, pero no era motivo para tratarle como un objeto sin sentimientos. Se dijo que como compensación al hecho de que Illumi ya no volvería al primer plano, tomaría represalias contra todos aquellos que se burlaron y ridiculizaron al Zoldyck, y entonces así descansaría su consciencia.
Se miró al espejo y, con desagrado, optó por hacer lo más inteligente que pudo. Cambió sus prendas por algo más adecuado para él. Se arregló correctamente. Se aseguró de lucir espléndido, como el rey poderoso que era, y cuando se convenció de que ya no parecía el patético Zoldyck, salió del cuarto. Caminando a paso lento hasta la habitación en la que se encontraban sus hermanos.
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Kalluto acababa de despertar, estaba sentado mirando las marcas de su mano, mientras que Killua estaba en silencio, sin tener idea de qué hacer para ayudarle. El albino estaba sentado junto a una mesita, esperando a que llegara el mayordomo con algunos hielos para poder atender la inflamación.
Nimrod primero los observó con curiosidad, y burlescamente optó por cambiar su postura para llegar como el hermano mayor preocupado por el bienestar del paciente. Entró dando pasos veloces hasta quedar a un lado dela cama y habló en voz alta, ignorando la presencia del albino quien le dirigía una mirada confundida.
—Kalluto… yo… —se arrodilló junto a él— ¿Esto de aquí es mi culpa? —señaló la mano lastimada y en seguida la tomó con cuidado— Kalluto, ha sido un desastre. Te presioné todo este tiempo con tal de ver lo que te ha enseñado mamá, tanto que te llevé a actuar de este modo, y encima de todo, he caído en mi propio juego —acarició su brazo.
Killua quedó boquiabierto, era un plan muy complicado; tratar mal a Kalluto para hacerlo llegar a un límite y así examinar su resistencia.
—¿Podrías perdonarme Kalluto? —le miró a los ojos.
Entonces los nervios del más pequeño se dispararon, cuando sus miradas chocaron fue como encontrarse con el vacío del universo. Comprendió que aquel que le había pateado, en realidad se trataba de su hermano mayor, y este de aquí, era el verdadero demonio. El que había venido a acabar con todo.
—S-sí —asintió en un susurro.
Tenía miedo de lo que Killua fuera a hacer, lo mejor era seguir el juego de ese monstruo o algo peor podría pasar.
—Gracias yo… ¿ya te están atendiendo?, ¿qué te han puesto?
El pequeño negó con la cabeza y Killua se ruborizó, había tomado a su hermano sin tener idea qué hacer y lo había puesto en una cama como si con ello hubiera ganado algo.
—Maldición, ¿no pueden hacer al menos esto bien? —reclamó para que todos le escucharan—, no te preocupes, yo te atenderé.
Dicho esto, tomó un par de agujas que sacó de entre sus cabellos y los colocó en puntos específicos del brazo.
—Sé que es difícil, pero descansa con esto lo que resta del día, mañana les daré el día libre, quiero que te repongas, es mi culpa que estés así, yo me encargaré de los pendientes que tenemos. Después de eso, volveremos a trabajar ¿correcto?
Kalluto volvió a asentir con la cabeza, mareado por la presencia maligna que despedía su hermano y que él podía notar con extrema facilidad. Descaradamente, Nimrod, simulando ser el perfecto hermano, acarició los cabellos del pequeño para despedirse de él.
—Más tarde enviaré algo para que comas, no te esfuerces mucho lo que resta del día —se dirigió a la salida, andando con mucha seguridad.
Killua le observaba con su mente en desorden. Se sentía avergonzado al extremo porque momentos antes había ridiculizado a su hermano, y ahora, este demostraba no sólo ser bueno y justo, sino que también había dejado en claro que todos sus juegos contra Kalluto sólo habían sido eso, juegos. Él se había involucrado a un punto que ya no tenía vuelta atrás. Debía disculparse de inmediato, tuvo la repentina urgencia de aclarar las cosas; no quería sentirse así de miserable, no importaba si en el trayecto se humillaba también. Se puso de pie, y llamó a su hermano antes de que este desapareciera sin dejar rastro.
Nimrod suspiró, sabía que Killua caería fácilmente en esa provocación.
—¿Qué ocurre, Kil?
—Illumi, yo… en realidad… —hablaba lento y nervioso, sobre todo porque sentía la mirada de su hermano menor sobre él.
—Date prisa, tengo cosas por hacer.
Pero Illumi sonaba molesto con él, y con justa razón. Ni siquiera se tomó la molestia de dirigirle la mirada, le daba la espalda como esperando a que le diera rápido su mensaje, para salir de ahí.
—Confundí las cosas, yo, en verdad lo lamento.
—No. Tú te avergüenzas de mí, ¿no?, ¿por qué no te haces un favor y te ahorras las palabras?, no pierdas tu tiempo hablando con gente que desprecias.
Y se marchó antes de que Killua pudiera pronunciar algo para disculparse con él. Quizá Illumi no le escucharía, pero el subconsciente de su anfitrión aún estaría presente, podía captar cualquier muestra que le diera motivos para volver al primer plano y lo que más necesitaba en esos momentos, era que Killua siguiera mostrando ese desprecio hacia su persona.
El labio inferior del albino tembló cuando le vio salir. Mostrando que en verdad había roto toda posibilidad de relación entre ellos. De por sí era difícil tratar con el mayor, ahora se volvería imposible.
—Illumi no… soy un fracaso —dijo, pero el mayor ya se había ido y rompió a llorar en silencio.
—¡No!
El llamado de Kalluto le sacó de sus pensamientos depresivos
—No lo hagas, no sigas su juego. No lo hagas.
Volteó hacia el menor que se mostraba desesperado por llamar su atención. Kalluto no quería que el ente ganara, no después de que le había usado a él mismo para destruir a su hermano mayor.
—¡Pero por mi culpa…! —se ahogó en su dolor—, le dije cosas horribles Kalluto, debo disculparme, está molesto por mi culpa.
—¡Ya pasó!, no dejes que te vea llorar, no dejes que te vea triste. Eso es lo que él quiere, no lo permitas. Por favor, promételo hermano, promete que no dejarás que él gane al final.
—¿Kalluto, de qué estás hablando?
—Tal vez hoy no lo entiendas, pero de todos modos quiero que me lo prometas.
Hizo tanto esfuerzo como pudo para resistir las ganas de echarse a llorar. El menor fue muy serio al respecto, así que tomó sus palabras como verdaderas, intentó concentrarse, pensar que no era un estúpido por haber sucumbido en una trampa emocional. Hizo lo posible por enfriarse. Se dijo que si Illumi se había comportado así por cuestiones de entrenamiento, entonces él debía estar preparado para recibir esta clase de rechazo.
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Su relación se fraccionó por completo. Illumi no le volteaba a ver, no le sonreía, ni actuaba complaciente hacia él; terminó todo el trabajo que tenía con Kalluto y él como si no hubiera sido la gran cosa. Lo que empezó como una complicada relación entre ambos, pronto se tornó en una especie de competencia por demostrar quién de los dos podía aguantar más la presión y el rechazo. Killua no se resistió a entrar a esa competencia, ya que era la única forma en la que su hermano le dirigía la palabra para algo que no fuera trabajo, y él sentía la constante necesidad de llamar su atención. Aunque no de un modo muy positivo.
Volvieron a casa con una tensión terrible entre ellos. Incluso Silva consideró adecuado darles tiempo de descanso a los tres, mantenerlos separados para que no fuera a explotar una bomba entre ellos.
Ni hablar de Illumi, nuevamente era una persona completamente diferente a lo que todos acostumbraban. Sin embargo, ahora tenía la ventaja de que nadie cuestionaba sus cambios. Esto por supuesto beneficiaba a Nimrod, que podía seguir jugando el papel de Illumi y mantener sus intereses ocultos.
Lo primero que debía hacer, era librarse del deber de cuidar al molesto peliblanco. Para ello tenía un nuevo plan, uno que era definitivo y perfecto para quitar de su camino toda posibilidad de volver a enredarse en asuntos de un mocoso. A su punto vista, la constante necesidad de amistad del albino no le permitía tener un mejor desempeño como asesino, y él no era Illumi como para preocuparse por reparar sus problemas, únicamente usaría esa debilidad como una ventaja. Actuaría con paciencia, porque estaba seguro que una vez que se librara del niño, lograría convencer a su padre de darle permiso para estar fuera de casa y encargarse de sus asuntos personales.
Kalluto finalmente optó por distanciarse del albino, dado que se negaba a decirle la verdad; se negó con tanta pasión que no le quedó duda a Killua que algo raro ocurría en Illumi, una cosa que iba más allá de su imaginación. Pero tratándose de su hermano mayor, podía tratarse de cualquier cosa, y además, la nueva actitud del morocho le nublaba la posibilidad de pensar en algo que le ayudara a compensar esos cambios.
Sin embargo, logró acostumbrarse a ser agresivo con Illumi, a despreciar su forma salvaje de ser y la facilidad con la que asesinaba a sangre fría, usando a las personas como herramientas de trabajo. Algo a lo que aprendió a no estar de acuerdo, y tan pronto como veía que su hermano sacaba las agujas, él se ponía a la defensiva como si fuera a usarlas en su contra. En pocas palabras, si antes solía discutir con Illumi por cualquier cosa, ahora, era más evidente la agresión que había entre ellos.
Esto por supuesto dejó de ser entretenido para Nimrod, que tenía la vista en sus metas personales. En el pasado resistía su día jugando con ironías mientras discutía con el niño, pero ya no le daba la gana seguir aguantando, no tenía tiempo para estarlo perdiendo de ese modo.
—¡No voy a entrenar hoy!, si papá sigue mandándome contigo entonces mejor me sentaré aquí y haré lo que me venga en gana.
Un buen día quiso hacerse el fastidiado. Tenía muchas ganas de que su mal humor le afectara a su hermano, que desde hace días no hacía más que darle ordenes sin hacer contacto visual con él, como si no fuera digno de recibir su mirada.
—¿Desde cuándo tienes permiso para dejarme en vergüenza?
Preguntó Nimrod en voz alta, luego notó que el niño lo observaba aprensivo, y con orgullos se adelantó a acabar con su berrinche.
—Haremos esto rápido.
—¿Qué demo…? —Un escalofrío lo recorrió, y no pudo hablar más.
La sensación más horrífica de su vida, una sensación de un frío recorriendo su cuerpo le paralizó. El miedo a instinto de supervivencia estaba despierto y el dolor de la muerte hizo que todo su cuerpo derramara copiosas gotas de sudor. Illumi estaba haciendo eso, dejaba que una cantidad obscena de Nen aturdiera al indefenso niño que sólo quería hacerse el rebelde.
—No me importa que seas el heredero, si no levantas tu trasero y haces lo que te estoy ordenando, puedes estar seguro que te haré ver el infierno.
Esta fue la primera, de muchas otras tantas ocasiones en las que le amenazaba, lo sofocaba y sometía a su voluntad. Esto, con el fin de debilitarlo para lo que vendría.
Su presencia provocaba espanto, pero Zeno y Silva trataban esto como un beneficio, porque lo veían con la capacidad de lograr cualquier cosa que le propusieran. Sin embargo, Nimrod no estaba a gusto, debía hacer todo lo necesario para que su nueva estancia fuera adecuada para él, aprendiendo a respetar sus nuevas reglas de vida. No necesitaba alimentarse tanto del deseo de Illumi, con una hora que se mantuviera lejos de Killua le era suficiente para seguir subsistiendo en ese cuerpo, eso significaba que la presencia del niño ya no era tan peligrosa; de todos modos valía la pena ser precavido. Si quería aprovechar al máximo sus habilidades, entonces debía aprender a manipular y respetar el cuerpo del Zoldyck, mantenerlo fuerte, sano, descansado, y bien entrenado; además de conocer y estimular a su anfitrión, quién, pese a que ya no estaría en primer plano, todavía poseería un subconsciente del cual no podría librarse hiciera lo que hiciera. No estaba en su capacidad librarse del todo de las necesidades emocionales del muchacho, así que le era conveniente mantener estable su vida.
Nimrod podía conocer muchas cosas, pero en esto de poseer un cuerpo era un novato, desconocía las consecuencias que podía acarrearle a futuro el poseer un cuerpo ajeno. Lo que sabía era que debía darse prisa para no esperar esas consecuencias y solicitar la ayuda de aquél que se hacía llamar "el único".
En definitiva su vida como el hijo mayor de los Zoldyck, no era nada cómoda para un rey como él. Ese cuarto que poseía en la segunda planta de la casa no era más que una pocilga comparada con todas las riquezas a las que acostumbró en su vida pasada. No podía permitirse vivir bajo esas circunstancias.
—Mientras no me dejes vivir en mi propia casa, esto es lo mínimo que puedes hacer por mí, padre.
Se preparó para una discusión con el jefe de la familia, y lo único que ganó fue una mirada desconocida por parte del hombre.
—¿Un cuarto más grande?, de todos modos no pasas tanto tiempo en casa como antes, ¿no te parece irracional?
—Así sólo pase una hora en casa, es mi decisión. Te pediría un piso completo para mí, pero con que me permitas tener un cuarto más grande me conformo.
Silva suspiró. La actitud de Illumi era tan pedante que le fue imposible negarle su petición
—Te daré los dos cuartos aledaños al tuyo, y dejaré que construyas lo que quieras. Al fin, así te mantendrás en paz…
Al día siguiente comenzaron los preparativos y con ello, los rumores por toda la servidumbre. Illumi estaba construyendo un pequeño departamento de lujo en lo que era su cuarto. Tumbaron paredes, cambiaron el piso, redecoraron de acuerdo a sus instrucciones, y se decían entre ellos que el muchacho poseía un gusto por demás extravagante y lujoso. Así fue como la oscura y simple habitación de Illumi pasó a ser un espacio bien alumbrado, con cortinas y alfombras blancas con bordados dorados, espejos, libreros que se volvieron un escándalo en casa.
—¿El amo Illumi lee novelas? —se preguntaban los unos a los otros.
De hecho se incentivaban entre ellos a entrar a curiosear a lo que sería la nueva habitación del muchacho. Lo más sorprendente para otros era el enorme baño que había construido, con una bañera espaciosa, con especias aromáticas y un montón de cosméticos que atraían la atención de todas las mujeres. Era como si un nuevo integrante a la familia hubiera llegado.
Esto por supuesto escandalizó a Kikyo, que no cabía en sus propios lamentos al ver que ya no quedaba nada de su hijo.
—Vamos de compras, madre —le escuchó mientras ella caminaba tranquilamente al lado de su hijo más pequeño. De inmediato se encendió en ira mal disimulada.
—¿Tan de pronto? Podías avisar desde antes, además, no tengo tiempo…
—Vamos como madre e hijo —interrumpió sonriente, disfrutaba ver la amargura de su rostro—. Mis ropas son una desgracia, necesito algo más adecuado para mí, y tus costureras no pueden darme el gusto porque no tienen las telas que prefiero.
Kikyo tragó saliva. Nimrod no parecía temerle ni respetarle en lo más mínimo, no le estaba preguntando si podían ir de compras, le estaba ordenando y le estaba dando un papel a interpretar. Pretendiendo ser madre e hijo. Salieron entre murmullos irritados de la mujer, que lo llevó a las tiendas de telas que eran de su elección, y no conforme con ello, la forzó a buscarle un sastre; un equipo para él que diseñara sus prendas a partir de ahora. No quería volver a verse como un ser mundano. Debía sobresalir donde quiera que iba, él era un hombre poderoso, no un cualquiera.
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Gracias a todos por sus mensajes, no he tenido días muy buenos que digamos, y quiero disculparme por ello.
Gracias Ruu, Yuuki, Cantanoe y Somela, la verdad es que me apena no responder tan rápido como quisiera, pero quiero que sepan que sí leo, que les pongo atención y atesoro todas sus palabras. Si gustan, pueden buscarme en tumblr como loveovershimja, ahí publico noticias sobre la historia y de vez en cuando hablo sobre lo que va a ocurrir, de igual modo, si a alguien le interesa, puede conversar conmigo. Estaré encantado de conocerles.
Nos vemos en el siguiente capítulo, si las cosas salen bien, espero que sea dentro de dos semanas.'.
