Villa Tenoh

Gracias a Yaten y el modelo que Haruka desea en su nómina, la fiesta casi se acaba.

Seiya, que se ha preguntado en qué anda enredado su hermano, estaciona frente al palacete.

Salta de la camioneta, rodeándola le abre la puerta a su acompañante.

-Iré a cambiarme. -De mala gana, Haruka desborda.

Tiene planeado prescindir de Yaten. El peliplateado conoce las normas de la compañía y se saltó la clausula principal que estipula evitar los escándalos que afecten la imagen de la Agencia.

-Lamento el teatro que montó mi hermano en el evento, últimamente no es él -Seiya se disculpa por enésima vez.

-Olvida al pequeño Koucito. Ve a saludar a mamá -Haruka le indica.

Al veterinario no le parece buena idea.

-¿Cómo justificaré mi presencia?

-Con la verdad. Me quedaré esta noche aquí y fuiste amable al traerme.

-O puedo irme silencioso. -Le entrega una pequeña maleta.

-Te aseguro que nos espían desde una de las ventanas. -Dándole la espalda, avanza a la puerta. -Oh, cielos, me voy a secar de tanto que he ido al tocador.

Seiya está inmóvil, viéndola desaparecer dentro de la casa.

Muñeco maúlla fiero, recordándole que se encuentra en su jaula en el asiento trasero.

Luego de recibir el premio que le correspondía recibir a Darien, Haruka le pidió llevarla al apartamento para buscar a Muñeco y algunos efectos personales. No le permitió subir con ella, teniendo él que esperarla afuera del edificio soportando la fría noche.

Eso fue malo para Seiya que esperaba conocer los dominios del enemigo y corroborar al sospecha que lo tortura.

-Vamos, amiguito – Toma la jaula, allegándose a la puerta principal.

-Buenas noches, señor Kou -Una doncella lo espera en la puerta.

-Buenas noches -Coloca la jaula en el piso sin despojarse de la gabardina y la bufanda, solo los guantes -¿Dónde están los señores?

-¡Seiya! -Akane se acerca a recibirlo -Su semblante ha mejorado desde que Haruka la visitó -Que placer tenerte en casa.

Haruka tenía razón. Su madre y tal vez su padre estaban espiándolos.

El veterinario hace una reverencia.

-Vine a traer a Haruka y su inseparable amigo -señala la jaula de Muñeco.

-¡Oh! -Akane se ilumina - ¿Mi bebé se quedará con nosotros?

Seiya asiente.

-Debe convencerla de quedarse en esta casa y no en la de ella.

-¿Te quedarás a dormir? -Pregunta esperanzada. -¿Quieres comer o beber algo?

-No, gracias. Y debo ir a la casa. Mañana viajaré a ver a mis pacientes. -Piensa que también debe buscar un apartamento. Ya es hora de salir de la casa materna.

-Hijo -Hatoko se acerca no muy feliz -¿Qué te trae por aquí?

-Traje a su hija. -Observa su reloj -Fue bueno verlos -Hace una reverencia, marchándose de inmediato.

-¿Ves lo que haces con tu amargura? -Akane acusa a su esposo por la partida de Seiya.

-No me gusta saber que están juntos -Hatoko lo observa hasta que aborda la camioneta.

-Pensé lo contrario.

-La niña está casada. No debemos olvidar eso. -Le recuerda solemne. -No creo que te aprobarías una infidelidad. No la criamos para que se porte como una mujer de dudosa reputación.

-¿Amy continúa en la casa?

Ambos voltean apenados hacia su hija de pie en la entrada hacia la cocina. Como siempre, Haruka se las ingenia para hacerlos sentir incómodos.

-¡Mi niña! -Akane se acerca feliz.

La rubia cambió el vestido por ropa abrigada. Trae en las manos una pequeña cesta con sus efectos personales.

-Amy está arriba. -Haroto responde -Yo que tú no me acercaría esta noche. Se enojó al saber que la habías dejado.

-Tiene que descansar. Necesito tenerla al cien por ciento para la próxima campaña ¿Cómo está su catarro?

-Mejorando con las brujerías de Usui. No permitió que la auscultara -Haroto resopla.

Ilesa, Amy es la personificación de la paciencia y bondad. Tan pronto enferma, puede ser más déspota que Haruka.

-Deberías tener consideración de ella. -Akane jala a su hija hacia el salón -Un médico realizó un mal procedimiento que acabó con la vida de su madre.

-Lo sé, pero ese médico no fui yo -Refunfuña él.

-Amy necesita un esposo doctor para que se le quiten todas esas tonterías -Sentencia Haruka -Subiré a descansar.

-Te acompaño -Akane la sigue -Tu antigua recámara está lista desde el día que regresaste.

-No regresé. Vine a ver si de veras estabas enferma. -Se detiene en el descanso para observarla. Continúa demacrada y su cabello descuidado -No sabes lo que sentí al verte... -Se le quiebra la voz.

Akane la abraza.

-Fue mi culpa. No debí jugar con tu vida ni la de Seiya.

Haruka guarda silencio. Soltándose del abrazo sigue ascendiendo.

Satisfechas por la compañía de la otra, madre e hija alcanzan la puerta de la alcoba.

Haruka entra a su antiguo santuario. La colcha y cortinas infantiles fueron cambiadas por unas acordes a su edad. Entra a la habitación ligeramente más pequeña que la del palacete.

-¿Cuándo hicieron la limpieza?

-Todos los días desde que volviste.

-Haruka va a corregirla nuevamente, prefiriendo no hacerlo.

-Pasaré la noche aquí porque Fiore tuvo una emergencia en la maternidad -Le advierte. -No me mudaré.

-Oh. -Se siente decepcionada.

-Pero puedo almorzar contigo. Quiero cerciorarme que te alimentes.

-¿Por qué no te acercas por las mañanas? Podríamos hacer los ejercicios prenatales que preparen tus caderas para el alumbramiento.

-Ya los estoy practicando. -Nota la desilusión y el dolor en su rostro -Pero puedo acercarme dos veces por semana a ejercitarme contigo.

-¿Cinco veces? -Une las manos en el pecho.

-No. -Aguanta la risa al ver a su madre hacer pucheros. -Tres veces y no regatees o no vendré.

-Tres son mejor que nada. -Retira la colcha de la cama.

-Mamá, ya no soy una niña. -La rubia se queja al verla.

-Cuando seas madre, entenderás que para nosotras un hijo siempre será nuestro bebé.

-Ya que me tratarás como niña, dile a papá que suba a leerme un cuento -Bromea.

Su sorpresa es grande cuando el cirujano plástico entra.

-Ya estoy listo para arroparte.

-¿Te costó mucho esperar a que te llamara? -Ironiza Haruka.

-Por mi niña, me quedo en vela. -Muestra lo que tiene en la mano -¿Quieres escuchar este cuento?

La rubia ríe. Su padre no trae un libro infantil sino un catálogo de artículos para bebés.

.-

Apartamento Chiba.

Desde la puerta de la recámara, Darien, con una taza de té en las manos observa a Serena dormir.

Se siente frustrado.

El regresar a casa lo hicieron en silencio luego de que ella ignorara sus intentos de entablar una plática cordial, negándose a compartir su cama, a pesar de que consumaron el matrimonio.

Acostumbrado a usar a las mujeres y desecharlas, no sabe qué acción tomar para que, precisamente su esposa, acepte dormir con él.

Tal vez se sintió ofendida por lo ocurrido en el auto. Él debió tratarla como la dama que es y no como a una vulgar callejera.

Se siente impotente, como un adolescente.

Ingresando en la habitación, cuidadoso se sienta junto a la rubia, ella se mueve inquieta, dándole la espalda, deja la taza sobre la mesa de noche antes de recostarse a su lado. Solo quiere abrazarla un poco antes de irse a su habitación.

Apartamento Aino.

-Gracias por traerme a casa, -Mina sonríe forzada a Malachite.

-Prometí a tu padre traerte a salvo y así lo he hecho. -Responde galante. Advierte que ella evita mirarlo -¿Te molesta que haya golpeado al mequetrefe?

-Olvídalo, ese hombre no significa nada para mí – Odió a Yaten al saber que la engañaba y lo odió más esta noche en que se comportó como su dueño.

La rubia se sintió enferma al ver que servían cóctel de camarones.

Notando su palidez, Yaten se acercó a su mesa.

-Toma tu bolso, te llevaré a casa.

Mina lo miró despectiva un instante, luego volvió su atención al grupo que amenizaba desde la tarima.

-Estoy acompañada y me parece que tú también. -Señaló a la chica que degustaba afanosa la comida.

-Ámbar es mi hermana.

-Si, también vine acompañada de mi hermano – Ironizó. Su rostro adquirió una tonalidad ceniza al llegarle el aroma de la comida -

Cielos. -Saltó de la silla en dirección al tocador de damas.

Malachite, que había estado platicando con varios publicistas, advirtió que Mina corría con Yaten persiguiéndola.

Lo próximo que supo Mina luego de salir al salón fue que los platinados se habían liado a golpes. Los guardias de seguridad tuvieron que intervenir para separarlos e invitarlos a dejar el lugar.

Apenada, Mina se disculpó con Malachite sin conocer realmente la causa de la pelea. Extrayendo de su bolso la llave, lo invita a entrar.

-Será solo un momento, debo volar a Seúl a primera hora -Expresa.

El poder de su masculinidad inunda la sala.

La doncella sale a recibirlos sorprendiéndose por el visitante.

-Buenas noches, Sandy. Trae té -Ordena Mina.

-En seguida, señorita -Da una última vista al hombre antes de retirarse.

-Tome asiento – Le ofrece la rubia. Lo observa de soslayo, sorprendiéndose por el cardenal que comienza a formarse en su pómulo izquierdo -¡Oh, resultó herido!

Desde que abandonaron el salón, ella había evitado el contacto visual con él. Ahora se siente culpable.

-¿Aceptaría una salida luego de mi regreso? -Malachite no parece afectado en absoluto.

-Lamento que por mi culpa lo hayan golpeado -Aprieta y afloja los puños.

-Descuide, y no fue su culpa.

-¿No?

El platinado lleva su mano al pómulo.

-El otro ha de haber quedado peor -Bromea.

-¿Por qué se pelearon?

Su pregunta lo hace enojar.

¿Cómo pudo una chica inteligente liarse con ese tipo de hombres? Malachite sospecha que es el responsable de su condición. Cuando lo detuvo para que no entrara al baño tras ella, Yaten lo empujó.

-Es mi mujer. -Espetó furioso.

-No veo en la señorita ningún sello de propiedad.

El otro rió irónico.

-¿Señorita? Si así te lo insinuó...

Esas palabras acabaron con el buen juicio de Malachite.

La doncella se presenta con la bandeja de té.

-Retírate, yo lo serviré -Mina le anuncia.

-Si, señorita.

Mina sirve el té silenciosa.

-Creí que su amiga estaría en la fiesta.

-También esperaba verla. No he tenido comunicación con ella desde el día de la tormenta -Es imperioso contarle que decidió quedarse con el bebé.

-¿Ha llamado a su prometido? -Acepta la taza que ella le ofrece.

-¿Prometido?

-El hombre que fue a buscarla. Tal vez pasaron juntos la tormenta.

Mina siente arcadas. Corre al tocador arrodillándose frente al retrete.

No había pensado en eso. Darien Chiba es un rompecorazones declarado. Serena estaría indefensa ante las técnicas de seducción que sus amantes aseguran que él tiene.

Malachite la ayuda a incorporarse. Le ofrece una toalla húmeda.

-Lo siento -Susurra avergonzada.

-No tiene por qué estarlo, es normal en su condición.

Mina asiente, luego niega. Estalla en llanto.

-Todo es mi culpa. Yo soy la única culpable si Serena comete alguna locura.

-.

Apartamento Chiba.

Serena despierta sintiendo calidez en su espalda y un peso en su cintura. Encendiendo la lámpara junto a su cama, gira ligeramente la cabeza encontrando a Darien dormido, abrazándola.

Ahogando el deseo de acariciar su rostro, lo observa dormir durante unos minutos. Ella está enamorada de él, pero con la experiencia de Mina teme demostrárselo y que él le haga daño.

Suavemente, retira la mano masculina incorporándose. Sentándose en la silla ubicada junto a la ventana, recoge los pies abrazándolos.

Un torbellino de pensamientos y preocupaciones la asaltan. Su matrimonio no tenía que consumarse, pero ocurrió y de la peor manera.

¿Por qué Mina tenía que caer en las garras del modelo de quinta? Por su culpa es que su vida acaba de irse por el caño.

Suspira temblorosa. No puede culpar a su amiga. Ella debió golpearla hasta que aceptara su realidad, no darle una salida fácil.
Otra idea la perturba. ¿Darien tuvo el cuidado de protegerla?

Los ojos se le anegan.

El moreno despierta al escuchar un suave sollozo, Levantándose, se acerca a la silla, arrodillándose junto a ésta.

-Mi amor. No llores. -Toca su antebrazo -Por favor. -Serena llora con más intensidad.

Darien se siente impotente. ¿Qué puede hacer para que su matrimonio no acabe antes de empezar?