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93 en Babel

Capítulo 14

Cualquiera pensaría que Killua no se quejaba dado que estaba acostumbrado a los constantes cambios de su hermano mayor al ser su eterno pupilo. Sin embargo, al afirmar esto se cometía un error; de entre todos los que rodeaban a los Zoldyck y miembros de la familia, él era el más confundido e incómodo. Si no se había atrevido a indagar ni a emitir comentario alguno, se debía al miedo que actualmente Illumi le provocaba. Antes quizá le asustaba, pero había una reverencia y cotidianidad entre ellos que le permitía expresar sus sentimientos e inquietudes. No obstante, ya no podría hacerlo más, el lazo que alguna vez hubo, se rompió, y se culpaba, alegando que él lo había provocado con sus gritos y ofensas. Avergonzado de sus palabras, el remordimiento le sometía a la voluntad de su hermano.

Cuando Illumi trabajaba con el albino, solía creer que era mejor discutir con él cada una de sus preocupaciones, sin importar cuanto tiempo invirtiera en ello; era más cómodo para Killua ser libre y pelear por sus creencias, por darse a respetar. Hacía a un lado las heridas que se hacían el uno al otro en el proceso, con tal de darle gusto al albino. Illumi había estado aguantando mucho por él. Sin embargo, Nimrod no tenía paciencia ni la quería tener. ¿Para qué esforzarse tanto si tenía un recurso que le podía facilitar todo el trabajo?, aprovechar el poder de la aguja era mejor que mantener una discusión con un niño de apenas once años. Illumi no recurría a ello a menos que fuera necesario porque sabía el peso que esto tenía en la psique de su hermano. Un dolor de muerte, una advertencia del peligro que podía ser capaz de someter todo su ser; así tuviera mucha voluntad y valor, el poder de la aguja gobernaba sobre su cerebro y lo mantenía atrapado en su propio cuerpo. Esto no significaba nada para Nimrod, él no tenía tiempo para pensar en sus acciones. Él sí que era un monstruo con el albino, y todo lo hacía con alevosía, conociendo cada uno de sus puntos débiles y límites.

Killua estaba en desventaja, le alteraba la idea de que la situación se mantuviera por mucho tiempo. Se preguntaba constantemente qué era lo que su hermano necesitaba para perdonarle y restaurar —así fuera un poco— su relación. Y tras pensarlo mucho, optó por hablar con él, confesarle lo que pasaba por su mente, se humillaría de ser necesario y aceptaría cualquier penitencia que el mayor le impusiera, todo con tal de tener un poco de paz.

Aniki —le llamó apenas lo encontró en el pasillo afuera de su cuarto; lo había estado esperando para no perderlo de vista— necesito hablar contigo.

Nimrod, a través de la ventana de los ojos de Illumi, le miró con desprecio. Ese niño atentaba contra su propia existencia y no iba a permitirlo.

—¿Qué quieres?

No se dignaba a disimular su desagrado. Esto por supuesto intimidaba al menor, el cual tenía que tragar sus emociones.

—Yo… —no sabía por dónde empezar, estaba a punto de atragantarse de los nervios— en realidad, necesito que arreglemos las cosas, yo sé que cometí un error y…

—¿De qué estás hablando, niño?,date prisa, no tengo mucho tiempo para ti.

—Es so-sobre… lo que pasó… de Kalluto. Yo… —pero sus temores lo traicionaron.

Era terrible intentar arreglar las cosas con alguien que no tenía el mismo interés.

—¿Lo de Kalluto? —alzó una ceja, y sonriendo contestó—, ¿te refieres al día en que me confesaste lo mucho que te avergüenzo?,ah, sí es así, no es necesario…

Ani

—No es necesario —remarcó.

Sabía perfectamente que Killua recurriría a su táctica de arreglar las cosas de forma compasiva y noble; el clásico método en el que Illumi caía y esto, por supuesto, no le beneficiaba en lo más mínimo.

Había aún una puerta de acceso al verdadero Illumi, atravesando el inconsciente; cualquier mensaje podía colarse para llegar a él y entonces todo su esfuerzo sería en vano, volvería a empezar desde cero. No podía darse el lujo de permitirle a Killua descubrirlo.

—No volveremos a hablar de ese día de nuevo, no quiero escuchar tus lloriqueos ni excusas sobre tus ridículos motivos sentimentales; tengo muchas cosas por hacer que requieren de mi atención y tú sólo me haces perder el tiempo. De ahora en adelante sólo me hablaras cuando tengas algo qué aclarar con respecto a tu entrenamiento o al trabajo, fuera de ahí, no quiero escucharte, ¿quedó todo claro?

Aquello hirió profundamente al niño. Le dejó sin palabras. Y como presentía que al momento en que dejara salir su voz, sus sentimientos aflorarían y se echaría a llorar, se contuvo tanto como pudo, asintió con la cabeza, dio media vuelta y se marchó velozmente. No quería estar cerca de ese desagradable monstruo, se convenció ese día de que la relación que había mantenido con su hermano no existía más.

Nimrod sometía al niño con tanta pasión que comenzó a parecerle divertido. Le enseñó a ser un sirviente al mero estilo de la antigua Babel. No le permitía hacer ningún desplante, le atormentaba día y noche con sus exigencias; sus entrenamientos se volvieron brutales. Quería asegurarse de tener su absoluta obediencia antes de avanzar con su plan, el método perfecto para librarse de ése chiquillo de una vez por todas.

Así que comenzó a obligarlo a hacerle compañía durante sus misiones, donde él tenía todo bajo control. Solía localizar a su objetivo, controlar a civiles inocentes, amigos o familiares de su víctima y usarlos para matar a su objetivo. Killua se veía forzado a presenciar sus atrocidades, con asco y vergüenza. La cantidad de víctimas al final con frecuencia era ridículamente alta; no importaba la condición de los civiles inocentes, cualquiera era un buen recurso para sus brutalidades. El albino solía regresar trastornado a casa, pensando con dolor en todas esas personas que sufrían por la ambición de su hermano mayor.

Illumi no le dejaba pensar en otra cosa que no fuera trabajo. Le tenía completamente prohibido desear algo más que no fuera ser un asesino. Era irracional, pero era otra forma en la que el ente de Nen deseaba alcanzar su meta.

Killua veía con agonía como todo en lo que creía se caía en pedazos. Podía aceptar ser un asesino, pero nunca se había planteado la idea de matar a ese nivel. Su padre y su abuelo le habían enseñado la importancia de su papel, y que esto no era por placer. Él creía en eso, lo había adaptado a sus ideales hasta que su hermano le mostró que era libre de hacer lo que le placiera y sin tener consecuencias de por medio. Cuando el ente vio en los ojos azules el terror y odio que sentía hacia él, que ya no volvería a intentar arreglar el asunto de Kalluto, se ufanó de ello, y decidió que estaba listo para la siguiente fase, su obra maestra.

El único momento en que Killua sentía alivio, era cuando se le enviaba a hacer trabajos por su cuenta. Claro estaba que su hermano le vigilaría, pero al menos ocultaba su presencia, lo cual era preferible a tenerlo cerca y escuchar su horrible voz. Lo único malo de hacer esa clase de trabajos, era que al regresar a casa debía encontrarse con él para responder sus trataba de ser concreto, contestar tal cual como se le pedía y no hacer movimientos extraños durante sus misiones, para ahorrarse las explicaciones. Entre más rápido fuera esa entrevista, era mejor.

—Bienvenido a casa, Kil —escuchó el saludo. Vio la tenebrosa sonrisa que tanto detestaba y miró al suelo.

Killua recién regresaba de uno de sus trabajos, cansado de la rutina, cabizbajo de sólo pensar que volvería a entrenar junto a su acosador. No había sido un trabajo emocionante, le hubiese gustado que durara unos cuantos días más para despejar su mente aunque fuera un poco, pero no había sido así, y no tenía ánimo de hablar.

—Sí —contestó sin ningún interés.

Aguardó en silencio a la ola de preguntas para marcharse cuanto antes.

—¡Pero que fría respuesta!, ¿no saludarás a tu hermano mayor cómo es debido?

Rodó los ojos con desesperación.

—Hola.

—No hay remedio para tus modales, ¿cierto? —resopló—, ¡mira cómo has llegado hoy a casa!, has manchado tus ropas de sangre.

Se inclinó sobre él para señalarle las manchas en su camisa y short. Killua dio un respingo, cualquier cercanía con él le resultaba amenazadora.

—¿Qué ocurre Kil?, ¿te comportarás mal otra vez?

Esa maldita pregunta. Siempre que la hacía era para amedrentarlo, una forma taimada de amenazarle; después le diría que su comportamiento era indigno y le provocaría ese doloroso escalofrío que adormecía su consciencia y lo forzaba a decir que sí a lo que fuera que su hermano le impusiera. Tragó saliva y se quedó quieto.

—Es sólo un-un poco de sangre —forzó una sonrisa, intentando mantener las cosas bajo control—.Vengo de trabajar, es normal que me ensucie.

—¿Seguro?, ¿no será que te has lastimado?

Pero Illumi no cedió, al contrario, cortó más la distancia y deslizó una mano sobre la cabeza del pequeño, provocándole escalofríos.

—No, no, ¡para nada!

—De cualquier forma, quiero revisarte. Quiero estar seguro de que estás bien.

Podía hablar de ese modo, e intentar tener un poco de cercanía afectiva entre ellos, pero sería en vano, ni siquiera era capaz de trasmitir una pizca de amor fraternal ni aprecio. Primero le tomó de una muñeca, levantando su brazo y fingiendo revisarlo con calma; luego el otro brazo, para después acercar su rostro a su cuello y posar sus manos sobre la camisa de Killua.

—Ahora, revisaré aquí —anunció, y sin más, metió una mano debajo de la playera del menor, el cual tensó todo su cuerpo.

Illumi deslizó una mano por su abdomen, recorriéndolo velozmente; paseando sus dedos por su pecho y provocarle cosquillas por la espalda; luego deslizó su mano al borde del short del niño. Ahí fue cuando Killua ya no pudo resistir más y se sacudió para apartarlo.

—¡Ya basta! —exclamó asustado— E-estoy bien, aniki, no hace falta que me revises más. Si te preocupa mucho, pediré que me revise el personal de enfermería y que te envíen todos los resultados.

—No —contestó con seriedad—. Quiero ser yo mismo el que te revise, ¿te comportarás de una vez?

Sintió de nuevo ese terrorífico frío recorriendo su cuerpo y tragó saliva, sudaba de nervios. No sabía qué propósito pudiera tener con eso de querer revisarlo. Asintió nuevamente y bajó la mirada. Illumi le atrajo hacia él, jalándolo del elástico de sus pantaloncillos, y volviendo a colocar sus dedos sobre la fina piel de su abdomen bajo, metió sus dedos entre su ropa interior para explorar esa suave y virginal piel.

—Esta área de aquí es muy suave —susurró.

Killua estaba enrojeciendo de vergüenza, esto era peor que responder a sus preguntas. No era capaz de levantar la mirada para defenderse. Eso sí, Nimrod no bajó más, ni tocó su sexo, sólo el área que le rodeaba, para luego darse por satisfecho

—Muy bien Kil, hoy no habrá preguntas, puedes irte.

Y con sus mejillas aún encendidas por la vergüenza, huyó tan rápido como pudo. Illumi le había tocado de una manera inapropiada, y él no entendía qué estaba mal porque no entendía los límites que debía poner dentro de su familia. Peor, contando con que un montón de mayordomos presenciaron la escena sin objetar en lo más mínimo.

Está fue la primera vez que el ente se atrevió a cruzar la línea. Había un riesgo importante al hacerlo, podía invocar a Illumi de vuelta, pero esperaba que el muchacho estuviera lo suficientemente humillado como para tomar esas señales como una invitación a regresar al primer plano. Estaba jugando con su suerte, sin embargo lo logró; Illumi no salió ni siquiera porque Killua había tenido una reacción adorable. Su rostro sonrojado, sus suaves temblores y su respiración forzada, le habían gustado. Se dijo que al menos disfrutaría morbosamente realizando su plan. El que los mayordomos le vieran cometer esos actos de abuso era lo de menos porque ya los había sometido antes; ellos se mantendrían distantes y obedientes por temor a su poder, podía reconocerlo en sus miradas.

Tenía dos métodos para llegar a su meta. El primero era que su padre se enterara de que había estado tocando inapropiadamente a su hermano menor; si eso ocurría entonces se encontraba en el camino largo porque Silva no creería tan rápido en una acusación de tal magnitud; le amenazaría, torturaría y lo mantendría así hasta que uno de los dos ganara, y con eso, también estaba la posibilidad de perder todas sus comodidades hasta que Silva volviera a tener confianza en él. Ese camino no le parecía agradable, pero no se quejaría si llegara a suceder. Su objetivo era el segundo camino: su abuelo. Esperaba que el anciano fuera el primero en descubrirle. Si él se enteraba, lo más seguro era que él movería cielo y tierra por mantener al niño alejado de él. No tendría que pasar por torturas ni amenazas. Su padre no se dejaría engatusar tan fácilmente por su abuelo, con tal de demostrar su autoridad, así que no perdería sus comodidades. Se encargaría de que fuera él y no Silva quien le descubrieraintentando seducir a su hermano menor.

Dado que los entrenamientos se habían vuelto extenuantes, Killua llegaba a su límite constantemente. Illumi lo ponía a combatir contra los mayordomos, quienes se turnaban para adiestrar al niño mientras que el mayor lo observaba. Por supuesto que Nimrod quería afinar por completo al albino; le interesaba tenerle como un siervo perfecto; esperaba un día poder tomar ventaja de todas sus habilidades y para ello debía encargarse de tener un arma mortal. Se tomaba muy en serio el entrenamiento de Killua, tanto así que, a pesar del miedo que provocaba, no había quien pudiera negar sus capacidades, era un excelente maestro asesino. Su noción sobre cuándo, cómo y cuánto debía capacitar al menor, y avanzar a otro nivel, era perfecto.

El meollo era cuando Killua acababa sus lecciones. Illumi aparentaba una oscura preocupación por él; aprovechaba que estaba cansado física y mentalmente como para ofrecer resistencia, se le aproximaba y comenzaba sus "revisiones". Le decía que debía asegurarse de su condición para saber qué tanto vería en su siguiente lección. Y esto, frente a la mirada indignada de los presentes. Se echaba sobre él, recorría su pequeño cuerpo con sus manos, trazando su piel. Sintiendo la delicadeza de sus zonas más sensibles.

Killua sólo atinaba a cerrar los ojos con fuerza y pretender que no estaba ahí, fingir que estaba tan cansado que no se daba cuenta de lo que le hacían. Era mejor que demostrar cuan consciente estaba de lo que ocurría.

Illumi levantaba su camisa, palpando su abdomen y pecho; apretando sus tetillas con suavidad; le recorría la espalda como si depositara suaves besos en su extensión; luego se entretenía metiendo sus manos en su ropa interior, tocando la piel de sus nalgas y vientre bajo. Siempre sin tocar su sexo, como si lo reservara para un mejor momento. Se iba a sus piernas, levantaba la tela que le estorbara tanto como podía y metía sus manos por debajo de sus ropas. Prestaba una especial atención a las áreas en las que tenía algún golpe, besaba cada parte en la que descubría un nuevo moretón o cortada, diciendo «cuánto le dolía verle herido». Todo esto con la excusa de siempre, que sólo se aseguraba de la salud del menor.

El niño aguantaba reprimiendo su frustración, imaginando que Illumi no le hacía nada malo. Que era sólo una revisión rutinaria, pero estaba seguro de que no era así, no veía que tuviera un equipo de emergencia en caso de que de verdad lo necesitara.

Los mayordomos que debían entrenar con él crearon un acuerdo de palabra entre ellos. Se volvieron cautelosos sobre qué zonas golpeaban, procuraban que sólo fueran sus brazos y ante-piernas, nada de golpear su abdomen, ni muslos, ni ningún área que pudiera resultar atrayente para el mayor de los Zoldyck. Sobre todo porque sabían que Illumi besaría ahí donde dejaban moretones. Entrenar con Killua, se volvió una tarea terriblemente difícil y nadie quería hacerlo, se sentían responsables del futuro abuso que seguiría.

Nadie estaba enterado de que en secreto el niño lloraba. En sus horas de privacidad, cuando se aseguraba que nadie le veía, solía llorar. Lo hacía porque no comprendía lo que le pasaba; sentía que sobrepasaban su intimidad, y que no podía hablarlo con nadie; sentimientos de soledad le rodeaban. La horrible presencia de su hermano mayor le sofocaba cada vez que comenzaba a propasarse con su cuerpo. Como deseaba aprender a controlarse, a veces sólo se tiraba a la cama a pensar en alguna forma de librarse de su dolor y fantasear con otra vida.

999

Illumi tuvo que detener un poco su rutina, debido a que su padre lo solicitó para realizar un nuevo trabajo. Uno que sólo podía confiar en él. Estuvo en una reunión con sus padres y su abuelo, en donde hablaron de algunos detalles.

—¿Ningún cliente?, ¿esperas que vaya sin saber para quién trabajo? —reclamó aunque sin mucho énfasis; le pareció interesante el esfuerzo que su padre había puesto para darle la noticia.

—Tu abuelo y yo nos hemos reunido ya con el cliente. No necesitas conocerle para hacer el trabajo.

—¿Cómo puedo estar seguro de que no me conduce a una trampa?, son tres objetivos y dices que son difíciles de cazar.

—No lo hace —respondió Zeno—, Silva y yo nos ocuparemos de otros cuatro objetivos más, te hemos delegado los tres que creemos que podrás terminar. La paga que te toca, será bastante más de lo normal.

Era cierto, había suficientes ceros en la cifra. Eso hablaba de que cazaría apersonas con cierto poder y fuerza; que atraparles sería la parte más fácil de hacer, matarles iba a tomar su tiempo. De todos modos no le era posible negarse, ni alegando que tenía trabajo con Killua. Pero al escuchar los nombres de sus blancos sus ojos brillaron, esos tres nombres los reconoció. Venían en las cartas que habían sido escritas para Gregg, el frater Keros que permanecía encerrado por obra del Anticristo. Eran objetivos importantes, tipos diestros en el uso de Nen, que tenían conocimiento sobre ocultismo y darían una buena batalla.

Se marchó de casa en cuanto tuvo todo preparado. Le sonaba a que se iba a divertir, y que iba a sacar mucho de provecho de su misión. Dejó a un par de vigilantes sobre su niño. Killua sabía que aun si su hermano no estaba ahí presente, no tenía escapatoria, en caso de que su hermano se enterara de que había hecho algo que él considerara inadecuado, le iría mal. Así que era mejor someterse, bajar la cabeza y aceptar seguir sus instrucciones. Su hermano invariablemente, se enteraba de cada detallesobre él. Aunque eso sí, era infinitamente mejor estar con los vigilantes de su hermano, a tener sobre él a su abusador.

Illumi viajó hasta la zona en la que indicaba que se encontraba su primer objetivo. Había optado por ir primero por el que habían llamado "el más fácil", dado que el sujeto en cuestión pronto se fugaría de la zona en la que estaba y quería evitar perder su rastro. Llegó a donde se encontraban los mayordomos que estaban vigilando el área. Dos hombres le recibieron con una reverencia, en lo alto de un edificio de tres pisos.

—Amo Illumi, el individuo está en el edificio de enfrente, creemos que saldrá pronto, pero me temo que hay un inconveniente al respecto.

—¿Qué cosa? —preguntó asomándose al primer piso del edificio que le habían señalado, como esperando ver algún rastro de su futura víctima.

—Ha contratado a un guardaespaldas. Un asesino, al parecer.

—¿De la hermandad?

—No.

—Entonces no importa.

—Amo Illumi, si me permite… —le miró a los ojos, esperando su aprobación para seguir hablando— el sujeto no parece ser un tipo cualquiera, es fuerte y bien adiestrado.

—¿Me estás diciendo que puede haber alguien superior a nosotros?, ¿asesinos entrenados por la hermandad…? —levantó una ceja, y el tipo le reverenció en son de disculpa.

—¡Ya vienen! —interrumpió el otro mayordomo que estaba vigilando.

Un hombre de baja estatura salió del edificio. Un tipo moreno, de mirada inteligente y buen porte, seguido de otro bastante alto en comparación, pelirrojo, que le resultó increíblemente familiar.

—Ese es el asesino que contrató, el pelirrojo —le advirtieron.

En efecto, se notaba por todos los ángulos que el sujeto aquel era un sanguinario, un hombre sediento de muerte y marcado por múltiples batallas. Sus orbes doradas parecían destellar locura, acentuando su extravagancia con un onírico atuendo que en conjunto con su sonrisa maliciosa le daban un aspecto salido de otro mundo.

Suspiró. Quería recordar dónde le había visto antes, pero se hartó rápidamente al no lograrlo, de todos modos le mataría si es que el sujeto se interponía en su camino. Al observar atentamente, pudo afirmar tener más preparación que su víctima; en comparación con toda su experiencia, ellos eran un par de novatos.

—Acabaré rápido con este —dijo, antes de dar un gran salto para quedar al frente de sus oponentes.

Ambos retrocedieron instintivamente. El moreno estaba asustado, pero se notaba preparado para que esto ocurriera; en cambio el pelirrojo se posicionó listo para iniciar la pelea. Le habían dicho que tendría la satisfacción de enfrentarse a buenos contrincantes, y ahí tenía su respuesta. Sin embargo, en cuanto observó al asesino, el rostro del Zoldyck le pareció familiar.

—Pero sí eres… —su voz sonaba dubitativa— No, no lo eres, ¿o sí? —luego sus ojos brillaron de emoción y su sonrisa se ensanchó— Eres el pequeño Zoldyck, el tipo de las agujas… hoy luces bastante diferente.

Tuvo la tentación de preguntar quién era, de dónde le conocía. Algo dentro de él le decía que era conveniente tratarlo, pero no llegaba a concretar sus sospechas. Estaba listo para acabar con sus vidas, y lo habría hecho de no ser porque el pelirrojo volvió a hablar.

—O debería decir… ya no eres el chico Zoldyck. Debes de ser la entidad que habitaba en la cadena.

Esas simples palabras le desconcertaron por completo. Estaba hablando con alguien que no sólo reconocía a un Zoldyck, también sabía quién era él. La tentación de matarle se volvió tan fuerte, como el deseo de mantenerle con vida e interrogarlo.

—¿Quién eres tú?

—¡Por supuesto que no me reconoces! —se rió, divertido por su reacción—, es la primera vez que nos vemos.

—¿Vas a invitarle un café también?, acaba con él de una vez por todas —la voz del otro sujeto sobresalió con molestia.

La mirada de Nimrod se posó sobre él, y el ambiente se ensombreció. Se sentía espeso, con un aura tan maligna que era palpable, dificultaba la respiración, y el pobre moreno, pese a que estaba preparado para pelear, descubrió con amargura que su desventaja era tan grande que no importaba cuanto se opusiera, el resultado sería el mismo. Moriría a manos de ese monstruo.

—¿Quién eres tú? —preguntó por segunda ocasión.

—Hisoka —le respondió.

El falso mago mantenía la calma de una manera sorpréndete, parecía una escena planeada. Hisoka era mejor orador de lo que cualquiera podía ser. En cuanto notó la gran desventaja que tenía con esa entidad, supo que su mejor arma era la persuasión; llegar a un acuerdo con esa cosa antes de que acabara con su , que él quería vivir. No estaba ni cerca de estar listo para partir de este mundo.

—Bien, Hisoka, ¿notas el abismo que hay entre nosotros? —el pelirrojo respondió alzando una ceja, con su expresión aún burlesca—, ¿quieres morir o te quitarás de mi camino?

—¡Te he pagado una gran fortuna, no puedes abandonarme! —exclamó el moreno.

Algo le decía en su interior que había contratado a un traidor, que si no le recordaba su compromiso, este le abandonaría. Y no estaba en un error, lo supo cuando le escuchó reírse nuevamente.

—En realidad, si gustas te devuelvo tu dinero… —se giró, para mostrarle que su compromiso no era tan valioso para él.

En ese momento las memorias de Nimrod regresaron; recordó ese rostro escarnecedor, y la noción de conocerle se volvió más fuerte; llegó a la conclusión de que se trataba del sujeto con el que su anfitrión se encontró cuando recientemente había adquirido la cadena. Le miró de pies a cabeza, y halló también otro detalle más.

—Tú eres el "mago" aquel, el que adiestró a mi anfitrión.

—Pues parece que tiene un talento natural en la cama, no diría que yo lo adiestré demasiado —de nuevo no perdió la oportunidad para bromear.

Illumi rodó los ojos con fastidio.

—Me refiero al Nen ancestral, pequeño idiota.

Hisoka detuvo su risa, el ambiente se volvía cada vez más denso. Si quería sobrevivir debía idear algo pronto y ser cuidadoso.

—Ya que lograste dominar al Zoldyck, ¿acaso no me debes algo?

Era molesto tener a alguien que le conociera y tuviera la posibilidad de afectarlo de algún modo, no quería arriesgarse. Entonces pensó, dado que Hisoka era un agente externo a los Zoldyck, alguien que no era su enemigo ni amigo, que tampoco estaba relacionado directamente con los Iluminados; podía serle útil, sobre todo considerando que Hisoka reconocía su Nen. Necesitaba un arma oculta para proceder con sus planes. Deseaba dedicarse a trabajar para el Anticristo, mas sus deberes como asesino a veces lo absorbían demasiado, y la habilidad de Hisoka para ver el Nen arcaico podía serle útil para encontrar a su mujer, Semiramis. No lo dudó más.

—Debí haber contratado a un verdadero asesino, no a un aficionado devoto a la muerte —murmuró el moreno, no había ira en él, más bien parecía una silenciosa resignación.

—¡Oh qué tristes palabras! —exclamó el pelirrojo—, no es por ser un aficionado que luzco tan indefenso frente a él, ¿acaso no lo ves?, él ni siquiera es un humano común, es una criatura de Nen.

Pero el hombre lejos de entender lo que Hisoka afirmaba, frunció el ceño, intentando descifrar sus palabras.

—Sí había notado algo… —contestó con una voz apenas audible.

Quizá no podía ver el Nen ancestral, pero podía intuir en la mirada vacía del Zoldyck una ausencia total de humanidad.

—Un alma atormentada en tu interior —dijo sin más reparos.

La presencia de Illumi se amplificó y sus adversarios doblaron involuntariamente sus rodillas, pero se repusieron al instante, volviendo a retomar su posición.

—Tu nombre es Hisoka, ¿cierto? —habló Illumi, ignorando el diálogo que ocurría entre esos dos—, te tengo dos propuestas.

Hisoka levantó la mirada, observando al muchacho con cautela, sus doradas orbes brillaron al encontrarse con los oscuros ojos sin alma. Deseaba ganar su simpatía y de alguna manera librarse de la muerte.

—Soy todo oídos.

—Quítate de mi camino, déjame hacer mi trabajo y te dejaré ir…, la segunda propuesta, te la diré esta noche si aceptas la primera.

Hisoka miró hacia su cliente, como si con eso bastara para disculparse por su decisión tan repentina.

—No necesitas devolverme mi dinero, a donde voy, no me hará falta —contestó el moreno, quitando su abrigo y arrojándolo a un lado—. He prolongado mi vida tanto como ha sido posible a pesar de que las predicciones decían que hoy me tocaba marcharme de aquí.

—Te veré a media noche en el club de Saint Aimeé —el pelirrojo dio la vuelta y se marchó tan rápido como sus pies se lo permitieron.

Acercarse al aura tenebrosa de esa entidad de Nen era como estar cerca de una llamarada, una onda de calor terrible que sólo podía provenir del infierno. Era sofocante, dolorosa, como mil agujas atravesando sin piedad los poros de la piel. Cualquiera podía comprender el temor de Killua después de experimentar enfrentarse a esa presencia maligna.

—Sé que voy a morir.

Interrumpió el hombre, ahora lucía como un tipo diferente, ya no como un simple hombre sino como una gran piedra en medio de una corriente de un río, fuerte, libre y sin miedo.

—Pero te diré algo. Esa alma que tienes ahí atrapada, no te presagia nada bueno, la única forma en la que te puede ser útil es si le dejas recuperar la felicidad que merece tener, tú solo no vas a lograr nada, necesitas de un humano que posea el tercer ojo para alcanzar la comprensión máxima del conocimiento de las cosa. De todas las formas en las que imaginé que moriría, nunca creí que sería a manos de un verdadero homúnculo —terminó por aceptar su destino.

Pero estas palabras ni siquiera hicieron mella en Illumi. El muchacho ya estaba listo para matar, extendió sus manos, apuntando sus agujas y las arrojó. No fue una pelea sencilla, como normalmente le resultaba, esta había sido una batalla fuerte. Digna de un hombre con un entrenamiento estricto, justo como se esperaba de un alto mando de la orden de RK. Sin embargo, el resultado ya estaba escrito, y pese a sus intentos poderosos por escapar de las garras del ángel de la muerte, no logró hacer más que alargar la agonía de morir.

Esa misma noche, como lo había prometido, fue a Saint Aimeé. Un club nocturno bastante popular, e incómodamente lleno de gente. Un lugar perfecto para hacer tratos sin ser notados por la multitud. Encontró a Hisoka ahí dentro, sentado en una de las áreas reservadas para clientes adinerados, bebiendo algo. La única ventaja que tenía esa área sobre las demás, era que la música no era tan fuerte como en el resto del lugar, se podía conversar decentemente. Le vio de espaldas, sentado delante de una de las pequeñas mesas redondas con sillas altas; llevando una bebida en la mano, evidentemente esperándole.

—Por un momento creí que llegarías muy tarde.

No le respondió. Pidió una bebida y se sentó junto a él, tomando una de las sillas y colocándola a su lado. Quería estar cerca de él para no molestarse en alzar mucho la voz. Hisoka le vio con curiosidad, esperando ansioso por oír su propuesta.

—¿Dónde aprendiste a ver Nen arcaico? —al fin preguntó Illumi, una vez que su bebida llegó a él.

—Me atrapaste —bromeó, intentando ser complaciente—. De unos libros, soy un buen estudiante.

—La técnica para ver Nen ancestral, no es una técnica que esté escrita en libros, ni es una técnica que pueda ser enseñada por cualquier persona, tampoco es algo que te puedas encontrar en cualquier sitio, es una técnica que sólo puede ser aprendida por ciertos miembros de los Iluminados… No lo preguntaré más, ¿dónde?

—De acuerdo, de acuerdo…, reconozco que pertenezco a la afamada orden de los Iluminados.

—Creo que debo ser más claro con un bromista como tú —exhaló—. Los miembros de los Iluminados que pertenecen a altos cargos, como muestra de fidelidad, hacen donaciones importantes a la hermandad. Donaciones que varían de acuerdo a su interés. Una de ellas, consiste en donar a sus hijos e hijas para determinadas funciones. Dichos niños crecen bajo el título de "sacerdotes", que están ahí para el mantenimiento y preservación de diversos asuntos, entre ellos el Nen arcaico. En esta última función, son entrenados desde niños para mantener dicho Nen, y su entrenamiento es muy variado, depende del objeto al que han sido destinados. Sólo los portadores de Nen arcaico y sus protectores tienen esta habilidad.

Hisoka dejó de sonreír, pero su expresión sólo pasó a ser la de un espectador impaciente por lo que desvelarían esas palabras.

—Sí, estás en lo correcto.

—Niño —la postura de Illumi cambió, recargó su cuerpo hacia su lado derecho, acercándose más a Hisoka, como si quisiera hablarle al oído— por tu porte, tu presencia y falta de modales puedo intuir que no eres hijo de un alto mando en la orden, eres sólo un niño abandonado que alguien recogió de por ahí, y le dio la oportunidad de ser un sacerdote protector de Nen arcaico. No tienes la gracia ni la inteligencia de un niño adepto a la orden —dejó escapar una risa sarcástica que sonó molesta a los oídos del mago—, ¿quién fue?, ¿quién te recogió de la calle?

Frente una criatura de Nen del calibre de Nimrod, no era conveniente callar ni mentir. Al parecer, las preguntas que le hacían eran sólo para aclarar en voz alta lo que él ya sabía de antemano.

—Quizá lo conozcas, se llama o se hace llamar Geppetto —respondió Hisoka.

Pese a todo, quiso sonar relajado, como si tal conversación fuera del todo esperada por él.

—Ah… el abuelo Geppetto. Su gusto por los niños es bien conocido. —Miró con cierto desprecio al pelirrojo y luego expresó en voz alta—. Imagino qué fue lo que vio en ti; un pequeño e indefenso pelirrojo, de ojos brillantes, virginal, listo para calentar su cama. Sin duda, logró domarte después de eso.

Cualquier rastro de resistencia en Hisoka desapareció, y clavó en su acompañante una mirada fría de odio. Sin embargo, se mantuvo quieto.

—Sabes… debido a que el arte del Nen ancestral que protegen los sacerdotes es muy peligroso, se suele practicar cierta clase de rituales para domar la mente de los usuarios que protegen este Nen; rituales para asegurarse que esos niños no se sublevaran usando su poder para marcharse, llevando consigo los secretos de la orden en sus manos. Me imagino por cuantas torturas te hicieron pasar… después de todo, ser entrenado por Geppetto significa que tu pureza sexual es lo de menos; puedo darme una gran idea de lo mucho que se divertía el viejo usando tu cuerpo como su altar personal… Dime, Hisoka —se acercó aún más a su oído y susurró—, si te pidiera que mataras a Geppetto, ¿lo harías?

Hisoka hizo un esfuerzo sobrehumano por controlar sus impulsos y su ira repentina. Esa criatura frente a él, en tan sólo unos segundos, reveló toda su infancia; la tortuosa vida que llevaba a sus espaldas. Contuvo su lengua para no terminar delatándose más, pero sus ojos inyectados de sangre demostraban cuán herido y furioso se encontraba.

—No, ¿verdad?,no podrías matarlo —siguió hablando en voz baja, después de notar que el pelirrojo no respondería—, ¿sabes por qué?,porque eres una marioneta, es sólo eso, una marioneta.

Dicho esto, se volvió a alejar de él y soltó una risa burlesca.

—Todo tu ser está controlado por ese titiritero. Tú crees que escapaste de sus garras, pero la verdad es que a nadie le importas, por eso no han venido detrás de ti. Él día que Geppetto te requiera de vuelta, sólo bastará con que truene los dedos para que tú estés de rodillas lamiendo sus zapatos.

De nuevo le escuchó reír, orgulloso de haberle avergonzado de ese modo.

Lo cierto era que Hisoka se había esforzado mucho por escapar de sus captores, de su terrible destino. No quería ser un portador de un ente de Nen y terminar sin voluntad, sin vida, con un destino fatal. La mayoría de los sacerdotes querían huir de su destino, pero les era imposible, sus mentes estaban tan controladas que ni siquiera podían imaginar una forma de liberarse. Aunque poseían un entrenamiento estricto que los volvía poderosos, jamás estaban al nivel de sus maestros, ni de los altos mandos de la orden. Esto le frustraba en sobremanera. Desde el momento en que se dio cuenta de que él, a diferencia de la gran mayoría de los sacerdotes, podía pensar e idear cosas, decidió que escaparía, que buscaría una vida propia, se esforzaría por entrenar y estar al nivel de esas personas; rodearse sólo de gente poderosa y ganarles. Constantemente se decía que si se mantenía así, entonces, si un día iban detrás de él, él estaría preparado para darles batalla de vuelta y seguir conservando su libertad.

Al ser consciente del verdadero significado de la palabra poder, era capaz de intuir cuando estaba frente a un verdadero peligro o un charlatán que quería hacerse el fuerte. Y lamentablemente para él, la mayoría de la gente le parecía ganado fácil de domesticar.

—¿Qué quieres de mí? —le preguntó, conteniendo su alma herida.

—Afortunadamente para ti, aparecí yo en tu camino —dio un trago a su bebida y continuó hablando—. El hecho de que Geppetto te haya incluido en el entrenamiento de los sacerdotes de Nen arcaico, es una falta al reglamento de los Iluminados. Una traición. ¿Y qué sucede?, este traidor sigue en su cargo como si nada ocurriera, y no veo que alguien haga algo al respecto. Del mismo modo que sucedió conmigo, por culpa de las negligencias de estos hombres, yo perdí mi otra mitad, mi mujer. En estos momentos, tengo la misión de acabar con esta corrupción.

—Si vas contra la corrupción, me temo que tendrás que matar a todos.

—Lo haré si es necesario —contestó sin dudar—. Esta es mi propuesta: Hisoka, únete a mí, trabaja para mí, y yo a cambio te entregaré la cabeza de Geppetto en tus manos, le mataré del modo en que tú me lo indiques. Sé que no puedes matarle, pero yo sí, no tengo ningún problema en hacerlo, de hecho, merece morir. Mantendremos este trato hasta que encuentre a mi otra mitad, supongo que tú podrías hallarla por mí, si lo haces, te recompensaré del modo en que gustes.

El tipo en verdad venía preparado para forzarlo a aceptar ese trato. Le había demostrado que conocía su debilidad y todo lo que necesitaba para aplastarlo. No estaba en posición de rechazar la supuesta propuesta. Lo único que le halló de ventaja, era que le había ofrecido matar a Geppetto. El anciano que le dominaba, la única persona a quién no podía matar. Nadie mejor que ese ente para acabar con él.

—Si vas a acabar con la corrupción dentro de la orden, necesitas relacionarte con la mafia, las agrupaciones delictivas poderosas que existen en el mundo son las que pueden delatarte sus fechorías. Claro que, al estar en el cuerpo de un Zoldyck, no debe ser gran cosa esto.

—El asunto es que no puedo ir matando a mis clientes. Debo jugar un doble papel en esto.

—Aquí es donde entro yo.

—Así es. Serás mi as bajo la manga.

—Para tu suerte, no hace mucho que entré a la afamada brigada fantasma. Esos tipos son el centro de atención de muchas agrupaciones delictivas y constantemente son solicitados por los Iluminados, aunque ellos no lo saben. En verdad no sé qué papel desempeñen ahí, pero esto podría servirte.

—Quizá, tendría que verlos.

—Podría llevarte hasta ellos.

No le agradaba Nimrod, sin embargo era mejor ganarse su apoyo para sacarle provecho. Además, mientras estuviera bajo su cargo, Nimrod no permitiría que los Iluminados lo atacaran, era una ventaja que no podía desperdiciar.

Se quedaron conversando hasta tarde sobre sus asuntos. Supo que Hisoka, justo en el momento en que estaba a punto de escapar, se encontró a Geppetto en el camino, el cual en una muestra de su poder y de una forma soez, le ordenó no morir. Eso provocó que como reto personal, Hisoka buscara la muerte en todas partes, darle uso a esa orden y tratar con todas sus fuerzas de desafiar y burlar el poder del anciano sobre él.

999

Durante ese tiempo en el que Illumi no estuvo en casa, Killua se sintió aliviado. Era cierto que tenía miedo de los vigilantes secretos que tenía sobre él, no obstante sólo estaban ahí para supervisarle, no le impedirían hacer lo que deseara. En esos momentos de paz, lo que más deseaba era explorar el mundo. Obviamente no podía salir de casa porque no tenía permiso de nadie y porque ni siquiera una vez se le había ocurrido hacerlo. Esta vez añoraba esos días en los que había estado en casa de su hermano, conversando tranquilamente frente a un hermoso jardín, sin nada terrorífico a su alrededor. Entonces recordó, esos libros llenos de historias hermosas y conocimiento impresionante, tenía ansias de volver a leer. Pero en casa, no había otra cosa que manuales de armamento, tortura, y libros técnicos de Milluki; fuera de sus libros que a veces usaba para sus estudios escolares, cosa que prefería ignorar si le era posible. Se preguntó en dónde podía él encontrar esas hermosas joyas, y de inmediato se respondió: el cuarto de Illumi.

Al principio estaba reacio a ir y tomar uno de sus tesoros, pero al final sucumbió a la tentación, y con mucho temor, fue a hurtadillas hasta la recámara del mayor. El cuarto era totalmente diferente a lo que él recordaba; ya no se sentía como el lugar de su hermano. Ahora era un espacio lujoso, una casa dentro de su casa; incluso tenía su propio refrigerador.

«De seguro se da la buena vida aquí» pensó molesto, imaginando lo muy cómodo que él morocho pasaba su tiempo, mientras que él estaba en algún lugar de la casa, temeroso de que su hermano le atrapase. Contuvo su curiosidad de tomar cualquier otra cosa que no fuera alguno de esos libros que rápidamente divisó en la pequeña biblioteca de su hermano; repartidos entre tres grandes libreros repletos de libros.

Leyó el lomo de cada uno, tomando de vez en cuando alguno que tuviera un título que llamara su atención. Quería leerlos todos, estaba tan emocionado que olvidó en qué parte iba cada uno de ellos y cuando se dio cuenta, se puso muy nervioso. Esto definitivamente molestaría a Illumi, ese monstruo era capaz de reclamarle por la más mínima cosa; sería imposible huir de esto. Se recostó en el suelo, preocupado por lo que tendría que enfrentar; cuando una voz lo sacó de sus pensamientos, haciéndolo temblar de miedo.

—No debería estar aquí, joven amo.

Por fortuna, se trataba de Gotoh y no alguno de los espías de su hermano mayor.

—¡Gotoh, me diste un susto horrible! —exclamó volviendo a sentarse.

—Joven amo, este no es lugar para que usted esté…

Detuvo sus palabras, incrédulo de lo que veía. El niño estaba sentado, rodeado de algunas pilas de libros revueltos en el suelo mientras que en su mano sostenía otro más. Nunca había reparado en la posibilidad de que el albino gustara de leer, y ahí estaba, con sus enormes ojos azules curiosos, explorando montones de libros, palabras e imágenes de cosas que nunca había visto ni indagado.

—¡Lo sé!, lo sé —contestó un poco nervioso—. Tenía ganas de leer algo, pero creo que aquí…, todo está…, por todas partes.

Gotoh le sonrió amablemente.

—No se preocupe, me encargaré de que acomoden los libros en el orden en que estaban.

El niño suspiró aliviado, un peso menos en sus hombros y se relajó por completo.

—Gracias Gotoh, no quisiera ni imaginar lo que me haría si se diera cuenta que estuve curioseando en su cuarto.

—¿Encontró lo que buscaba?

—¿Eh? —no comprendió al principio la pregunta—, sólo buscaba libros, y aquí están.

—Comprendo… ¿estará más tiempo aquí?; ya casi es hora de la cena.

—Sí… no, no te preocupes, yo iré a cenar cuando tenga hambre. Sólo quiero aprovechar un poco más.

—De acuerdo.

Cuando estaba dando su reverencia para despedirse del niño, Killua volvió a llamarlo. El pequeño delató cierta tristeza en su rostro que no pasó desapercibida.

—Gotoh, espera un momento…

—Dígame.

—Gotoh… yo… ¿qué pasaría si yo no quisiera ser un asesino?, ¿qué debería hacer?

Al fin confesó sus emociones. Lo que anhelaba hacer, justo lo que veía en los libros; vivir una aventura, conocer gente de muchas partes, tener amigos, divertirse como lo hacían los personajes de las novelas Molière, conocer otros mundos. Se preguntaba si era mucho pedir.

—Lo lamento, joven amo, yo no puedo responder su pregunta. Si desea conocerlo, deberá preguntar a sus padres.

—¡Pero papá no está en casa! —chilló, lamentándose de que la única persona disponible para hacer el papel de autoridad era su madre. El peor ser humano que conocía.

—Lo lamento.

Gotoh se retiró sintiendo una conmoción por ese niño. Era tan joven, tan frágil, ni siquiera entonaba en esa familia llena de oscuridad. Escucharle admitir que no quería ser un asesino le había estremecido, sabía que un deseo como este le traería desgracias. Estaba atado a esa responsabilidad, no importaba cuanto huyera.

Para Killua el problema no era matar, estaba tan habituado a ello que le parecía hasta cierto punto normal, estaba preparado para desempeñar su papel como asesino. Lo que le molestaba era que tenía que vivir en un ambiente hostil, estar atado a esa vida llena de sin sabores; con un montón de personas que parecían no tener alma, y aceptar el sufrimiento como si fuera algo tolerable, eso simplemente no cabía en su mente. No era como si matar fuera muy agradable, y para colmo, ni siquiera podía sentir algo de paz estando en su propia casa. Quizá fue por esa necesidad tan grande que al final no se resistió a preguntar a su madre, durante la cena, lo mismo que le había confesado a Gotoh.

Gracias por sus mensajes, Somela y Shiro. No moriré en el intento de publicar el siguiente, o sí?

Esta y más chocoaventuras con loveover.'.