Traditions. Destiel

Capítulo 6.

Swan song

Detroit, el lugar donde se cumpliría la última profecía, el lugar donde Sam diría que sí, y sellaría su destino por el resto de su vida, pero por ese pequeño y valioso momento. Los cuatro hombres podían decir adiós y prepararse para dejar ir al más joven de ellos.

-Cuida de estos chicos ¿okay? – le dijo Sam a Cas con un triste intento de sonrisa después de haberse dado un amigable apretón de manos.

Había pena en sus amplios ojos azules. Como siempre, Cas no entendía lo que tenía que hacer -Eso no es posible.

El inocente comentario de Castiel realmente consiguió una verdadera sonrisa de parte de Sam. Realmente extrañaría a ese raro, pero leal ángel que se había convertido en su amigo. Y en el posible compañero de su hermano.

-Sígueme la corriente

-Oh… - el entendimiento llegó a su cara- se supone que mienta.

Si, definitivamente lo extrañaría.

Cas usó una de sus raras e incomodas expresiones faciales que aún no entendía debido al poco tiempo que llevaba conviviendo con la humanidad.- Seguro, ellos estarán bien.

-Deja de hablar

Una ligera sombra de tristeza cruzo por la cara del ángel, para después desviarse al cazador y de vuelta a su hermano. Sam siguió su mirada. Era hora, pero antes de irse miró a Cas a los ojos una última vez y le susurró, asegurándose de que su hermano mayor y eterno protector no lo viera ni escuchara.

-Cuida de el Cas, de su corazón. Te necesitará.

La cuarta vez que se habían besado fue antes de la misión fallida de meter a Lucifer en la jaula en Detroit. Las despedidas de parte de Sam habían terminado y ahora bebía todos los galones de sangre de demonio que podía ingerir. Dean no podía ni quería pensar o escuchar eso, así que comenzó a alejarse del callejón, hacia una calle circundante y se encontró de frente al ángel, que montaba guardia. Aunque no era necesario. Nadie los atacaría.

Cas se veía mortalmente serio, como una gárgola. Le recordaba dolorosamente a los primeros meses de su convivencia, a pesar de que ángel había asegurado no ser un martillo, que él sabía lo que era el tener dudas y preguntas. Sentía que debía hablar con él.

-¿Todo bien?

-No hay nadie humano en un perímetro de medio kilómetro.

Dean suspiró en modo de fastidio. Siempre hablando objetivamente. – Me refería a si tu estas bien, Cas.

Castiel lució sorprendido por un instante. – Lo estoy.

-Eso… eso es genial.

La atención del ángel ahora si dirigía plenamente hacia el - ¿Cómo estás tú, Dean?

-Creo que ya lo sabes. No quiero hablar de eso.

Castiel se vio pensativo por un momento - ¿Cómo están las heridas que te causé? Nunca me aseguré de que estuvieras sanando correctamente.

Dean sonrió débilmente- No es tu culpa Cas, me lo merecía.

-Dean eso no significa que…

Dean detuvo las palabras que salían de la boca del ángel con sus labios. Sabía que probablemente recibiría rechazo o tal vez frialdad, pero fue sorprendido con calidez y sinceridad. Era un beso casto y lento, lleno de disculpa y arrepentimiento de parte de ambos. Los labios de Dean moviéndose lentamente, dejando que el mundo desapareciera a su alrededor, tomando a Castiel por la nuca para profundizar el beso, sin embargo no era algo físico, era un pacto sellado de que ambos estaban dispuestos a seguir con lo que sea que tuvieran y que no era solo una manera de liberarse del dolor, sino un apoyo honesto y desinteresado.

La clase de vínculo que miles de personas solo soñarían con tener.

Dean estaba completamente roto y destrozado, no solo física, sino que también emocionalmente. Dean Winchester, el hombre justo, recipiente de Michael y héroe del planeta tierra y la completa humanidad lo había perdido todo, literalmente. Ni siquiera la débil escusa de decir que seguía con vida podría servir como un pobre consuelo. Las palabras seguir con vida, se habían convertido en simples manchas impresas en un diccionario; seguir con vida era ahora solo una simple frase, porque ahora, Dean Winchester había perdido su espíritu. Su espíritu y esencia se habían ido junto con las muertes de las únicas tres personas que Dean habría podido decir que amaba, aunque nunca lo habría dicho en voz alta.

Dean estaba incado sobre sus rodillas sobre el pasto de aquel cementerio, incapaz de poder moverse, de poder sentir algo que no fuera ese vacío y vibrante y pesado en su interior. Lo único posiblemente capaz de hacerlo reaccionar fueron unos inseguros pasos sobre la hierba, dirigiéndose hacia él.

Cas.

No era posible. El ángel había muerto a manos de Lucifer hacia menos de media hora. Había explotado de manera rápida y violenta frente a los ojos del cazador. Y a pesar de esas innegables y reales pruebas, Castiel estaba frente a Dean, inclinándose con cuidado y respeto, tocando casi delicadamente la frente del cazador y curando de las heridas físicas del último Winchester con vida, para después traer de nuevo a la vida a Bobby.

El inmenso hueco de dolor que se encontraba donde solía estar su corazón no cesaba aun después de varias horas. Tal vez podía tener a Bobby y Cas de vuelta, pero no tenía a Sam. No podía sentirse realmente bien sabiendo que su hermano menor, el hermano al que había criado como su propio hijo estaba siendo torturando en la jaula en el lugar más profundo del infierno por el mismo Lucifer.

-No quiero ir con Lisa y Ben – Dean se encontró diciéndole a su copiloto. Ambos llevaban un par de horas viajando en silencio, sumergidos en sus propios fantasmas – Después de perder… después de todo lo que he pasado, no me parece correcto vivir un intento de vida color de rosa.

El ángel lo miró por primera vez desde que habían emprendido el viaje –Dean…

-Quédate conmigo – Las palabras salieron de su boca sin pensarlas o medirlas.

Cas se tomó unos segundos para responder. Demasiado lentos, demasiado significativos. – Tengo deberes en el cielo que atender. Sin Michael habrá una verdadera anarquía allá arriba.

Esa no era la respuesta que él esperaba - ¿Eres el nuevo comisario en la ciudad?

-Parece que sí.

Dean sabía que sonaba egoísta, pero no podía evitarlo, necesitaba de cas, quería estar con él, su compañía ya era suficiente para apaciguar su dolor, aunque solo fuera mínimamente. Tan dañado estaba que realmente no le importaba si lo necesitaba por su amistad o lo buscaba como un compañero, alguien a quien llamar su pareja. – Guau, un par de alas nuevas y de nuevo eres su perra.

-Dean…

-No.

-Por favor.

-No, Cas, después de todo lo que te han hecho quieres regresar. No quiero saber nada de ese estúpido tema.

El cazador se negaba a escuchar, así que el ángel opto por forzarlo a escuchar razones. Posó una mano en su hombro y los transporto a una habitación de un motel que habían pasado hacia un par de kilómetros. Dean estaba acostado boca arriba en una gran cama matrimonial, con Cas sentado sobre su regazo, obligándolo a escuchar.

El ángel pesaba demasiado. -¿Qué diablos? ¡¿Dónde está mi chica?!

-El impala está bien, Dean. Está estacionado en el aparcamiento.

-Déjame ir - siseó el cazador.

Cas lo miró duramente- Dean, miles de vidas podrían depender sobre mí y no puedo darme el lujo de unas vacaciones, mi entera existencia tiene un solo propósito y es cuidar de los humanos, y si me dejaras hablar ya sabrías que estoy dispuesto a intentar visitarte cada vez que encuentre una oportunidad. No estoy dispuesto a perderte, Dean. Me importas demasiado.

Dean estaba atónito, un zumbido y sonido blanco en su cerebro era lo único que parecía emanar de el - ¿Qué diablos significa eso?

-Lo que tú quieras que signifique.

No estaba completamente claro quién de los dos había comenzado el beso, pero definitivamente se había convertido en la quinta vez que ellos compartían un beso, pero esta vez era diferente, ahora no había nadie que los interrumpiera, no había amenazas inmediatas y aunque había dolor y el profundo sentimiento de perdida en los corazones de ambos, eso solo los hacia más cercanos.

Era como la llave que habría el candado de algo oculto y maravilloso, el beso era lento y dedicado a disfrutar de la compañía y calidez del otro; a dar y recibir. Era suave y causaba ligeros suspiros y gemidos de parte de Dean al impregnarse en la esencia de lluvia y viento de Cas que parecía cargar desde el día en que se habían conocido. Sus manos situadas en la nuca de Cas y recorriendo lentamente la suave tela de su gabardina. Mientras el ángel sostenía suavemente la cabeza de Dean, evitando que este se lastimara el cuello por la ligeramente incómoda posición en la que se encontraban.

Lentamente, las manos de Dean fueron bajando a la espalda de Cas, para con aun más lentitud atraerlo a su cuerpo, y hacerlo recostarse sobre él. Una ligera lluvia comenzaba, en esa región, suavizando los sonidos de labios al moverse lentamente sobre otros y manos descubriendo pequeñas y casi inocentes partes de piel situada debajo de la ropa.

La nariz de Cas acarició suavemente la mejilla de Dean, por lo cual, lo hizo percatarse de las lágrimas que bajaban por su cara. Castiel se alejó de Dean, asustado de haberlo lastimado o haber hecho algo mal.

-¿Dean? ¿Qué está mal?

El cazador le dio una pequeña y tímida sonrisa – Gracias, Cas. Por quedarte conmigo.

-Nunca me iré realmente de tu lado, Dean.

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Soooo….. fluffy para ustedes, de verdad, sorry por la tardanza, pero entré a la prepa y estuve un poco ocupada, pero enserio que voy a intentar actualizar por lo menos cada dos semanas, mil gracias a los que leen y mas a quien comenta, me hacen querer seguir. Anyway, ojalá y les haya gustado el capitulo. Yo amé escribirlo….

besos