-¿Qué hacemos aquí? –El mirador siempre le ha producido el efecto de sosiego.

-Recuerdo que este es el lugar por excelencia que te permite descargar tu energía negativa y calmar los nervios. –Recuerda vívidamente la primera vez que estuvieron allí.

Haruka lo contempla la lejana ciudad consciente del escrutinio que Seiya hace de su perfil.

-Mamá le ha declarado la guerra a Fiore –Confiesa de repente –No entiende que avancé con mi vida desde la última vez que viví en su casa.

-Deberías dejar de preocuparte por ello. –Seiya esconde su satisfacción detrás de una expresión impersonal –Puedo afirmar que él es capaz de defenderse sin necesidad de esconderse detrás de ti.

-No me refiero a eso –Expresa ceñuda –Ella quiere dominarme nuevamente.

-Se siente responsable.

-Lo es en un cincuenta por ciento. El otro porcentaje es tuyo.

Suspirando, el veterinario guarda silencio. Permanecen así hasta que el frío los obliga a encender el auto y retornar a la autopista.

-¿Tienes tiempo para aceptar una invitación a comer? – Se une al tráfico.

-¿No tienes que viajar a Nagano?

-Lo haré cuando esté seguro de que estás bien.

-Lo estoy.

-Tu presión arterial está elevada.

-Gracias a mamá y a ti.

Él fija su sorprendida atención en ella.

-¿Qué tengo que ver? –Observa preocupado las nubes oscuras acercándose.

-¿Y aún te lo preguntas? –Su voz toma un matiz irónico. – Desde el día en que te conocí solo has sido…

-Un dolor de cabeza.- Termina de mala gana –Últimamente lo he sido para todos.

Haruka se siente terrible.

-Confieso que no todo fue mal. –Admite pensativa –Hubo un tiempo que me dejé engañar y estuve viviendo en una falsa burbuja de felicidad.

-No fue falsa. –Murmura él.

Haruka cierra los ojos, suplicando volver al día anterior a ser engañada.

-¿Te habrías fijado en mí de habernos conocido en circunstancias distintas?

Seiya sonríe. A pesar de su manera desastrosa de vestir y los horribles anteojos, Haruka no es una mujer que pueda pasar desapercibida.

-Habría hecho lo que estuviera a mi alcance para ligar contigo. –La lluvia comienza a golpear el parabrisas. –No tienes idea de los pensamientos pecaminosos que cruzaron por mi mente al verte.

Sin poder evitarlo, Haruka ríe ruborizada.

-Ojos rojos y llorosos, ropa deportiva y despeinada. Toda una belleza. –Ironiza.

-Eres una mujer hermosa. –La risa incrédula de ella lo enoja -Nunca lo dudes.

-¿Cuál es tu interés en la mocosa Aino?

Cambio de tema. Seiya suspira ante esa irritante treta.

-¿Aino?

-Minako, la dueña de Sport Center.

-Ella –Toma la desviación que los aleja de la ciudad –Mi hermano menor embarazó a una mujer.

Haruka no se da cuenta de la intención de secuestrarla.

-¿Crees que sea ella? –Recuerda la noche anterior a la chica con Malachite.

-Es lo que queremos saber. Mamá se siente enferma…

-Con lo promiscuo que es, se había tardado en cometer esa torpeza. –Acaricia su panza, recordando que también hizo algo estúpido. –Pero la mocosa Aino no es la única de su lista. Tres modelos, una publicista y el rumor de una loca hija de doctor están en su lista del mes. –Revisa los mensajes de su teléfono, sonriendo ante uno de Amy. –Deberían buscar a la idiota número dos empezando por el hospital. –Concluye.

-¿Número dos? –Enarca las cejas.

-Soy la número uno –Explica desanimada. –Cada mañana maldigo mi torpeza pero luego reconozco que lo tuve bien merecido.

-Mi amor…

-No podemos vernos más. –Suelta indecisa –Haremos una prueba de paternidad al bebé y, si lo que dices es cierto, mi abogado fijará una fecha…

-No aceptaré que vuelvas a irte de mi lado. –Responde alarmado -Rentaré un apartamento para que vivamos juntos con nuestro hijo…

-Nuestra relación jamás debió pasar. –Insiste tratando de convencerse –No estoy hecha para relaciones amorosas, ser una mujercita obediente ni dormir con nadie.

La sorpresa de sus palabras obliga a Seiya a orillarse frente a una casucha.

-¿Qué? –Su confesión le da esperanzas. -¿No has consumado tu matrimonio con el extranjero?

-¿De dónde sacaste esa tontería? –Lo fulmina con la mirada.

-¡Acabas de decir…! –Los relámpagos y el grito aterrorizado de la rubia ahogan su oración.

-¿Dónde rayos estamos? –Grita histérica y colérica.

-Cálmate, mi amor…

-¿Qué me calme? –Lo golpea con el bolso -¿Me traes a morir y me dices que me calme?

-¡Tu presión arterial! –Logra sujetarla –Piensa en el daño que le haces al bebé –Susurra mirándola a los ojos. –No puedes alterarte.

-Odio los truenos y las centellas –Confiesa temblorosa –Llévame a casa, por favor –Suplica con un hilo de voz.

Seiya va a responderle, cuando un movimiento en la casa llama su atención. Una anciana le hace señas invitándolos a entrar.

-Nos iremos en cuanto el tiempo mejore –Le promete besándola brevemente -¿Te atreves a salir y guarecernos en sitio seguro?

-No… -Nuevos relámpagos irrumpen en el cielo acompañados de truenos que hacen temblar el vehículo. –Voy a morir aquí.

-No lo harás, mi cielo. –Acaricia el pulso acelerado de su muñeca.

Haruka voltea, viendo a la mujer acercarse con un impermeable.

Seiya desabrocha los cinturones de seguridad, toma el bolso y el maletín de Haruka, abriendo la puerta.

-¿Necesitan ayuda?

-Mi esposa está embarazada y solicita un lugar caliente para pasar el temporal.

-Sean bienvenidos.

Consciente de lo expresado por él, la rubia guarda silencio dejándose llevar al interior…

.-

-¿Algún día volveremos a ver el sol? –Se queja Darien viendo la lluvia a través de los grandes ventanales de su oficina.

La entrevista con el inglés fue desagradable. Black insistió que solo aceptaría el trabajo de Tenoh y estar presente en las grabaciones. A todas las sugerencias de Darien se opuso amenazando con demandar a Cristal Dorado por incumplimiento de contrato. Darien no supo cómo, pero terminó accediendo a sus peticiones u algo más. Si Tenoh no lo dejó sin descendencia años atrás, ese será el año que acabe con él.

-"Señor Chiba". –Su secretaria anuncia –"Abajo están el señor Kenji Tsukino y su abogado"

¡Lo que faltaba!

Darien siente que las entrañas se le hacen trizas. Teme enfrentarse al buitre de su suegro, pero es una prioridad impostergable.

-Hágalo subir y envíe dos agentes de seguridad cerca de mi despacho –Más vale prevenir un asesinato: el suyo.

-"Entendido".

Nervioso, se pasea de un lado a otro. Desde que puso los ojos en Serena, investigó a Tsukino, conociendo su fama de intolerante y sobreprotector.

Hasta que la amiga de Serena cometió el error de embarazarse, el publicista no tuvo oportunidad de acercarse en ella más que en sueños. La deshonra de Mina resultó la bendición que tanto esperaba y ni siquiera un padre posesivo le impedirá ser feliz junto a la mujer que ama.

Acercándose a la puerta, se aleja rápidamente hacia la ventana.

Siempre se creyó valiente, pero en ese instante…

Las palmas de sus manos le sudan, la ropa le aprieta y ha comenzado a sentir escalofríos. ¿Necesitará un arma y alegar que fue en defensa propia? Serena jamás le perdonaría que le tocara un cabello a su padre.

Su teléfono suena sobresaltándolo.

-¿Hola? –Susurra abriendo ligeramente la puerta.

-"Estoy con mamá" –La voz de su esposa es un oasis para sus atribulados nervios.

-¿Cómo tomó la noticia?

-"No me creyó hasta que vio la copia del acta matrimonial. Luego gritó que estoy embarazada y después de despertar de un breve desmayo, lloró…"

-Lo siento. Ahora que lo pienso, debimos hacer las cosas de manera tradicional –Murmura observando en dirección al ascensor.

-"Ya está hecho" –Suena desalentada –"Nos toca arreglar el entuerto y tratar que todos nos llevemos bien…" –Hace una pausa –"¿Tienes familia? Porque no…"

-Mis padres viven en Europa –Descubre a Amy observándolo, por lo que se refugia nuevamente –Vienen solo para navidad, mi cumpleaños y reuniones de accionistas. El resto del tiempo estoy solo en el mundo.

-"No puedo creer que exista gente así" –Suena lastimera. –"Abandonar a su hijo…"

-Hablaremos sobre eso esta noche en casa.

-"Nos veremos antes. Mamá nos invitó a almorzar. En realidad te invitó a ti".

-¿En serio? –La lluvia se ha intensificado.

-"Quiere darte la bienvenida a la familia".

O celebrar su funeral.

-Atenderé algo importante y nos veremos allá.

-"Trae algo delicioso" –Sugiere ella.

-Te llevaré un enorme pastel de fresas –Susurra sonriendo tontamente.

-"Gracias".

-No tienes por qué darlas. –Responde –Te amo. –Silencio – Hasta pronto. -Con el corazón doliéndole, corta la comunicación.

-¡Señor, tiene que esperar que lo anuncie! –La voz de su secretaria llega hasta él en el mismo instante en que se abre la puerta. -¡Señor!

-¡Maldito pedófilo! –El hombre intenta llegar a Darien, pero dos agentes de seguridad y un hombre rubio lo sujetan. -¡Devuélveme a mi hija!

Fuera de la oficina, los empleados se aglomeran en la puerta afanosos por el chisme.

-Prometiste comportarte civilizadamente, Kenji –El acompañante lo obliga a desviar su atención de Darien hacia él. –Piensa que estás invadiendo propiedad privada y atacando físicamente a alguien que puede demandarte penalmente.

-No si antes hago una denuncia por secuestrar a mi hija.

-No secuestré a mi esposa. –Responde Darien en el instante que Amy desaloja a los empleados y cierra la puerta.

-¿Esposa? –Los hombres están atónitos.

-Nos casamos ayer y le doy mi palabra de que respeté a Serena.

Kenji mueve aturdido la cabeza. Luego reacciona histérico.

-No puede casarse. ¡Ella me prometió que no lo haría sin mi consentimiento!

-¿Está enterado de que es mayor de edad y puede tomar sus propias decisiones? –El moreno expresa. –Y respondiendo a los chismes malsanos, ella no está embarazada. Nos casamos porque así lo quisimos.

-¡Es apenas una niña!

Kobayashi hace una advertencia a su amigo con la mirada antes de volverse hacia Darien.

-¿Tiene el acta de matrimonio que corrobore su palabra?

-Una copia. –Sacando el documento de una gaveta se lo ofrece –Debe saber que mi intención jamás fue mancillar a Serena –Se disculpa –La amo…

-¡Patrañas! –Escupe Kenji -¡Si piensas que obtendrás un yen de mi hija!

-Tengo mi propio dinero –Se siente ofendido –No necesito de una mujer para enriquecerme como lo hizo usted con su hija. –La paciencia se agotó.

Kenji se sacude el agarre de los hombres.

-Acabas de declarar la guerra –Amenaza muy bajo a su nuevo yerno –Veremos quién se queda con Serena.

Valiéndose de sus veinte centímetros de superioridad, Darien se acerca lentamente.

-Es la guerra. –Afirma -Mi esposa se quedará conmigo y a ti te tocará llorar por los nietos que te daremos.

-Eso lo veremos –Le da la espalda.

-Por cierto –Darien toma su abrigo del perchero –Mi esposa y yo fuimos invitados a almorzar con mi suegra –Recalca el pronombre posesivo –Nos vemos –Burlón se adelanta saliendo hacia el ascensor.

.-

Apartamento Aino.

Mina observa su pálida y ojerosa imagen en el espejo.

-No te culpo a ti, bebé. La culpa de todo esto pertenece a ese desgraciado, malnacido aborto de la naturaleza…

-Espero que estés hablando de mí, porque me he comportado como un príncipe encantador –Malachite le ofrece una taza de té y galletas saladas.

-Siento que nuevamente esté atascado en Japón. –Toma las galletas, rechazando el té.

-Yo no lo lamento en absoluto –Se acomoda en el sofá –Necesitaba unos días de descanso y el temperamental clima japonés me dio la excusa perfecta. -Ella se mantiene de pie frente a la ventana. -¿En qué piensa?

-Serena –Muerde la galleta –De las dos, es la más sensata. Siempre me advirtió sobre Yaten.

-No le creíste – Su silencio lo confirma.

-No solo arruiné mi vida. También está sobre mí lo que le pase a Serena. Ella no se habría fijado en el galán de tontas de no ser por el bebé.

-Seguro que no –Asiente preguntándose qué quiere decir con lo de galán de tontas.

-Y ahora que me quedaré con mi hijo, su relación acabará y todo volverá a la normalidad. Volveremos a enfrascarnos en el trabajo.

-¿Qué pasará con el padre de la criatura?

-¿Pasar? –Lo observa.

-Debe hacerse responsable.

-Yaten no tiene derecho alguno. –Replica.

-¿Es lo que le dirá a su hijo?

Mina aprieta la boca evitando derramar sobre él el veneno de su ira.

-Primero haré conocer mi decisión a Serena. Después pensaré en otras cosas –Se aleja de la ventana –Si me disculpa, iré a descansar un rato. Queda en su casa –Abandona el salón.