Este capítulo es el inicio de la nueva temporada.

El capítulo anterior quedó dedicado a los muertos de cd. Juárez Chih.

Capítulo 17

93 en Babel

.´.

Tras despedir a Illumi, Zeno y Joab se dirigieron a otro cuarto. Un lugar especial para realizar las ceremonias habituales de los asesinos acompañadas de hachís y licor; en donde se podía tener una conversación de negocios privada.

—Tenía dos semanas sin consumir hachís; me sorprende que sea así, casi todos los días viene alguien a hablar conmigo. Desventajas de vivir en Tierra Sagrada.

Dio un pequeño golpe a la manguera del narguile, para sacudir el orificio.

—No te molestes, no tienes qué hacerlo si no gustas.

Mientras que Zeno, se relajaba en los cojines. Uno de los mayordomos le ofreció otra manguera que el anciano tomó sin darle mucha relevancia.

—Me gusta. No te preocupes, ¿vas a querer?

—Si tú lo haces, yo te seguiré.

Era una de esas tradiciones que aguardaban a los asesinos una vez que eran reconocidos abiertamente en la hermandad, así que no les molestaba. Además, no era como si el hachís les afectara, puesto que se trataba de una de esas tantas sustancias a las que eran inmunes.

—¿Conseguiste lo que querías? —preguntó al fin Joab, movido por la curiosidad; necesitaba saber si el destino de Illumi estaba ya decidido.

—Todavía no —sacudió la cabeza—. Sabes que muchos temen a las consecuencias; traer de vuelta a Silva a su antigua posición podría ser considerada una traición. Las envidias son una carga para todos.

—Sé de algunos que no temerían a esas consecuencias, pero no sé si estén interesados en Illumi.

—Seré franco contigo Joab —Zeno no tenía la intención de andarse con rodeos, si recibiría un «no», entonces era mejor tenerlo de una vez por todas—. De todos los miembros de la hermandad, preferiría que Illumi estuviera bajo tú tutela, nadie mejor que tú para ayudarlo a ascender y también sé que las consecuencias para ti no serían fatales.

—Zeno…

Dejó escapar el vapor del hachís formando una pequeña nube que se desvaneció en el aire con lentitud. La mirada de Joab tembló un instante y levantó la voz, más de lo que deseaba.

—Tú sabías todo desde el inicio. No me hagas recordar cosas desagradables. Hacer aquello sería humillante, después de todo lo que pasó.

Joab, en su época, estuvo enamorado de Silva. Habían crecido juntos —casi como hermanos— además él siempre admiró al albino por todas sus habilidades y talentos. Zeno descubrió sus sentimientos cuando accidentalmente escuchó una conversación en medio de una reunión; fue el mismo Zeno quién le llevó la noticia a Joab cuando Silva escapó de Tierra Sagrada junto a una mujer, y le hizo saber del momento en que su hijo volvió, con un compromiso serio; cuando Illumi ya estaba en el vientre de Kikyo. Su orgullo fue herido y terminó confesando sus sentimientos, sólo para verse rechazado.

La vida parecía jugarle una broma con Zeno frente a él, pidiéndole que acogiera al hijo de esa mujer, la que le había arrebatado al amor de su juventud; hablando de un muchacho por el que no podía confesar abiertamente su deseo y excitación. Pasó por su mente el responder con un «sí», alejar a Illumi de sus padres y hacerles ver su suerte, pero ni siquiera estaba seguro si esto representaría un daño emocional para la pareja. No se trataba de su heredero, sino de un simple Zoldyck más; un chico usado como una herramienta, y por más que quisiera venganza a través de él, no podía, gracias a que su corazón se había apegado hacia el inocente muchacho. Se maldecía por su debilidad ante el morocho.

—Fue hace muchos años Joab. No puede ser que aún conserves esos sentimientos.

—¡Todo el mundo se enteró! —dio un manotazo sordo sobre uno de los cojines—, ¿qué les diré a los que pregunten por qué el gran Jaco se dejó convencer de tomar al hijo de la traición?; no puedo Zeno, no soy lo que estás buscando.

—Bien, no te lo pediré dos veces. Sin embargo, si te pediré un favor importante.

Respiró hondo, buscando controlarse.

—Si puedo ayudarte, cuenta conmigo.

—He escuchado rumores de que Illumi es un miembro de los Iluminados, como su madre. En realidad no sé si esto sea verdad, ¿sabes tú algo al respecto?

Se alegró al saber que Illumi no le había mentido cuando le dijo que su familia no estaba enterada de sus decisiones. Pese a que sentía un extraño cariño por él, tenía una segura tendencia a desconfiar en todos; un instinto natural de protección que le había hecho creer que Illumi quería aprovecharse de sus circunstancias. Descubrir que no le había engañado, era entonces un alivio.

—No quiero involucrarme en problemas familiares, pero yo diría que es más verdad que mentira.

Zeno comprendió que Joab lo sabía todo, era su deber como miembro destacado de la hermandad y ahora no dudaba de que el deseo que Illumi despertaba, se debía a su posición dentro de una agrupación tan poderosa.

—De acuerdo… tengo que reunirme con la junta de los altos mandos. Estos días estaré muy ocupado, quisiera pedirte que cuidaras a mi nieto, ¿es eso mucho problema para ti?

—Zeno, a la vista de todos, Illumi es como un sobrino para mí. Será un gusto tenerle en mi casa.

No pudo disimular lo contento que estaba de tenerlo en privado. Extrañaba tocarlo, satisfacer su ridícula venganza contra Silva y Kikyo, y disfrutar de su conversación inteligente. Por supuesto que no pasó desapercibida su expresión. Zeno se alegró, quizá con el tiempo Joab cambiaría de opinión.

En cuanto Zeno se marchó, Joab fue a darle el aviso al muchacho como era necesario. Le halló en la biblioteca de pie con un libro en una mano mientras leía, y junto a dos libros más que estaban sobre la mesa.

—¿Encontraste algo interesante?

—No sabía que te interesara la alquimia.

—Ni yo lo sabía —comenzó a reír— algunos de esos libros son de mi padre, a él le debo mi gusto por el conocimiento.

—Tú padre sabe lo que hace.

—¿Sí?, ¿cómo tú? —caminó hacia él, halándolo de la camisa para atraerlo a su cuerpo—. Gracias por seguirme el juego, habría sido muy complicado explicarle a tú abuelo mis condiciones.

—También a mí se me complicaría todo. Pero descuida, no seré un problema.

Illumi no parecía prestarle la atención que él deseaba. Mientras hablaban seguía con su vista sobre alguna página del libro que sostenía en su mano; pese a la cercanía que Joab tenía con él, no tuvo reacción alguna que delatara un sentimiento de atracción. Esto sin embargo no confundía al hombre, entendía que debía esforzarse por ganar su atención; si quería que Illumi cayera en sus encantos, debía provocarlo. Illumi no era un juguetito con el que pudiera hacer cuanto le placiera.

—Tú abuelo te ha dejado aquí conmigo ¿sabías?

Illumi alzó la vista encontrándose con la expresión orgullosa del hombre; le cayó de sorpresa la noticia.

—Eso explica tu sonrisa —y nuevamente escuchó la risa de Joab.

—Tendremos tiempo para hacer algunos experimentos, ¿qué te parece?, ¿con qué deberíamos empezar? —sin mayor preámbulo, tomó el libro que tenía en las manos y lo arrojó a la mesa; luego, sosteniendo sus mejillas le besó apasionadamente. Estaba ansioso por hacerlo; especialmente por tocarlo—. ¿Alguna vez lo has hecho en una biblioteca?

Nimrod rió, recordando su época en Alejandría, cuando descubrió que su amigo el Magno tenía ciertas preferencias sexuales, mismas en las que participó como parte de sus experimentos, cuando apenas abría su mente a otras posibilidades.

—¿Qué vas a querer aprender ahora? —contestó mientras los labios del Jaco humedecían la piel de su cuello.

—Lo que tú quieras, soy sólo tu alumno.

—¿Has escuchado de la magia enochiana?

—No, cuéntame sobre ella.

Era difícil hablar cuando el hombre sólo deseaba desnudarlo y ponerlo contra las mesas. Sin embargo, tenía experiencia y lograba controlar los impulsos propios y los de Joab con mucha destreza. Prolongando el placer y el acto en general. Sabía que sería una estancia larga en casa de ese hombre, el cual lo celaba de forma inconsciente. Cuando acabaron de disfrutarse mutuamente, se vistieron y salieron de la biblioteca para comer. Entonces fue que Illumi sacó a colación el tema de su abuelo. Si había alguien en Tierra Sagrada que pudiera darle a Zeno todo lo que él buscaba y deseaba para la familia, y con quién mantener un acuerdo más que conveniente, precisamente era el heredero de los Jaco. Y de todos los posibles candidatos, Nimrod temía a la voluntad Joab; ese hombre podía apadrinarlo en un abrir y cerrar de ojos, y por lo tanto arruinar el resto de sus metas.

—No sabía que la magia enochiana fuera tan compleja. Dices que muchos la malinterpretan como de la época de Babel. En realidad no sabía que existiera dicha magia. Me ha gustado bastante tu relato esta tarde.

—Debemos aprovechar —le sonrió y dio un trago a su bebida—, antes de que papá entregue mi tutela a cualquier tipo de por aquí y no pueda enseñarte más.

Esa frase cayó como balde de agua fría sobre la cabeza de Joab, no se imaginaba que Illumi se alejaría de él en cuanto alguien le tomara como su ahijado. Detuvo sus movimientos para mirar con asombro al joven Zoldyck.

—¿Qué has dicho?, ¿por qué dejarías de enseñarme?

—Joab, ¿en serio crees que podría estar viniendo a tu casa a darte clases?, ¿cuánto tiempo duraría tu mentira? Peor aún, ¿crees que quien me tome, me dé permiso de estar aquí contigo todos los días?, lo más probable es que me tengan para usos personales.

Tenía toda la razón, de hecho, esa iba ser la realidad del muchacho una vez que fuera entregado. Había rechazado la propuesta de Zeno por motivos personales, y no se le ocurrió que al hacerlo, disiparía la posibilidad de tener al mejor maestro que había encontrado en su vida. Su molestia incrementó, no quería perder, no lo iba a aceptar.

—Quizá haya algo…

—No lo sé, eso dímelo tú. Yo no pienso arriesgar nada, sólo te lo aclaro de una vez.

Con nula cooperación por parte del morocho, se vio contra la pared. Definitivamente este era un trato que no quería hacer, no iba a comprometerse a tomar al hijo de esa mujer como su ahijado, pero tampoco quería perderle.

—Aunque… quizá… quizá pueda retrasar el trato.

—¿Puedes?, en verdad eso sería útil, podrías retrasar el trato tanto como sea posible, y mientras tanto yo te visitaría sin ningún compromiso, nadie vería mal que yo venga a ver a mi querido tío.

—Lo haré, Illumi. Eres un gran manipulador —le sonrió—. Mira lo que me haces hacer… ¿te das cuenta?, haré que nadie termine de hacer tratos con Zeno, hasta que yo me canse de aprender de ti y esté listo para dejarte ir. Soy un maldito egoísta, ¿eso te molesta?

—Ni siquiera entiendo la definición de esa palabra —sonrió orgulloso de su efecto sobre el experimentado asesino.

Se quedaron hablando de sus planes, por lo menos Nirmod ahora tenía algo más seguro. Un trato que se resumía en tiempo para terminar con todo lo que se había propuesto para recuperar a su mujer.

A los tres meses, salieron de Tierra Sagrada. Illumi se había ganado el triple de su popularidad, sin embargo, y para molestia de Zeno, no obtuvo la respuesta que esperaba. Ofrecían muchas cosas, algunas de esas propuestas eran interesantes, pero no eran lo que él buscaba, al final del mes se enteró que había alguien en medio de todos intentando obstruir su meta. No era sencillo descubrir al culpable, los Asesinos no se caracterizaban por ser de poca confianza, nadie delataría a quién les estaba frenando; sólo había algo seguro: se trataba de alguien con mucho poder.

.'.

Illumi retomó sus trabajos fuera de casa, se le encomendó salir a un nuevo país. Revisó el mapa y vio que no muy lejos de la ciudad a la que iría estaba la capital, en donde vivía una de las personas que aparecía en los registros de las cartas de Gregg. Un rey, un gobernante poderoso que patrocinaba las más grandes atrocidades contra la humanidad que se tenían conocidas. Como Iluminado, protector de los dogmas sagrados, sabía que debía dar seguimiento a este caso del cual seguramente se desprenderían otros tantos. Así que llamó a Hisoka, y le esperó hasta que se encontraron. Entonces le entregó las siguientes instrucciones de lo que debía hacer, mientras que él se encargaba de su misión personal, y se marchó directamente a ver al rey.

La capital de aquel país era un lugar hermoso, digno de verse. Calles tranquilas y limpias, con ciudadanos agradables y amables. Un lugar así era libre de sospechas y perfecto para los que tenían algo que ocultar. El rey estaba en una reunión como era de esperarse, esta vez se trataba de algo de carácter urgente y secreto; pero ni los guardias, ni las prevenciones, ni siquiera un horario detendrían a Illumi de ir a su encuentro. Atravesar esas barreras era todo menos un reto. Cabía aclarar que esperaba encontrar a un hombre con la mirada de maldad, la clásica mirada que delataba haber visto y vivido horrores con un gran placer de por medio, un hombre frío y calculador. Cuando lo vio, interrumpiendo la mentada reunión privada, se encontró con un hombre de no más de cuarenta años, con un tanto de sobrepeso, ojos afables y de un evidente carácter tonto. Alguien que era fácil de manipular y maltratar. En pocas palabras, el peón de alguien más.

Sus ojos negros recorrieron la sala, sólo estaba el rey y una extraña mujer que de inicio no supo cómo interpretar; era como si su feminidad no terminara de convencerle. Y entonces entendió que bajo todas esas prendas y maquillaje, se encontraría quizá un varón. Sus miradas chocaron, y percibió una expresión en ella, que no logró comprender.

—¡Pero si es el Gran Maestro y Juez Nimrod! —la chica pronunció sus palabras poniéndose de pie, junto con el rey y ambos le saludaron cordialmente.

Se sintió un tanto intimidado al ser llamado de aquel modo. No todos los días se encontraba con alguien que pudiera determinar su rango dentro de la misma orden, esto no le era revelado a cualquier persona.

—Por favor, Gran Maestro, entre, siéntese con nosotros —el mismo rey fue quien le cedió su lugar y se paró en busca de otro asiento.

—Gran Maestro, estamos aquí precisamente hablando de los términos de rendición. Sabemos que usted está haciendo justicia a todos aquellos miembros de la hermandad que están cometiendo atrocidades y manchando el buen nombre de los Iluminados, sólo queremos ponernos a su servicio —le explicó la chica, una vez que Illumi, aun con desconfianza, se sentó en medio de ellos.

—Supe que acabó con un montón de magos negros que estaban usando nuestro buen nombre para acabar con toda una ciudad. Debo agradecer que sólo me haya enviado una advertencia, estoy a sus órdenes —incluso el rey parecía entender que estaba dirigiéndose a alguien con un rango superior al de ellos y debía respetar esa posición.

Al parecer, el mago que había enviado como mensajero, cumplió su trabajo de forma satisfactoria. El Concilio había tomado la decisión más acertada, trabajar hombro a hombro con Nimrod y protegerle como un líder más. Entonces comprendió que la mujer que estaba ahí, era el mensajero oficial del Concilio.

La rendición que le mostraron no era mala, sin embargo, era evidente que ese rey era inocente de las acusaciones que se cargaba. Había alguien más aprovechando su torpe nobleza para alcanzar metas personales y aunque aceptara su rendición absurda, las cosas se mantendrían tal cual, a menos claro que lograra alcanzar a los que en verdad estaban incurriendo en actos contra la naturaleza de la orden. Y viendo la situación, ni el mismo rey seguramente estaba enterado de los asuntos que se le imputaban.

Se marchó decidido a mantenerse cerca por un tiempo, vigilando a la gente alrededor del rey hasta encontrar a quien en realidad era el responsable de las maldades. Sólo que, antes de que pudiera salir del edificio, la mensajera del Concilio le llamó.

—Gran Maestro, perdone que le detenga —se dio la vuelta y le sonrió de forma forzada— tengo esta carta para usted.

—¿Quién la manda?

—Es… es del Concilio.

La tomó, la dobló y guardó en su ropa. Retomó su camino hacia el hotel en el que se hospedaba. Esperaba leer ahí en privado el mensaje que le habían mandado, creía que se podría encontrar con una amenaza debido a la extraña forma en que el mensaje le había sido entregado. Cuando se aseguró de estar a solas, tomó la carta y comenzó a leerla.

«Gran Maestro y Juez Nimrod, el primer poderoso:

Si usted está leyendo esto, es porque no he tenido otra opción más. Tengo en mi posesión información y pruebas de todo lo que usted está buscando, incluso de cosas que no son de su conocimiento. Deseo fervientemente entregarle todo, y ponerme a su servicio en secreto. No me es fácil presentarme formalmente debido a que mis manos están atadas. Si usted acepta mi propuesta, le invito a dejarle una respuesta a la persona que le entregó la carta.»

No había firma final. No había posibilidad de saber algo más sobre el autor, no tenía Nen, era una impresión de un montón de letras. No sospechaba de alguien en particular, de cualquier modo, nadie que afirmara tener pruebas de cosas tan grandes y no se atreviera a dar la cara ante la única persona en la que supuestamente decía creer, podía ser considerado serio. Destruyó la carta y siguió con su día.

Era cosa del destino que, mientras seguía con su investigación, volviera a encontrarse con la misma mujer que le había dado la carta. Él no lo sabía porque no le daba la más mínima importancia, pero ella lo había estado esperando, hospedándose en la capital sólo porque deseaba una respuesta, así que cuando se encontró por casualidad en la calle, percibió sus intenciones y se dio cuenta de la realidad. Era fácil de deducir, sin embargo, siguió sin darle relevancia. Cuando la mensajera le vio, le sonrió ampliamente, creyendo obtener una respuesta positiva, tristemente en cuanto Illumi se giró, ignorándola, comprendió que las cosas no habían salido como ella había esperado.

—¡Gran Maestro!, Gran Maestro, no se vaya por favor —tuvo que correr para alcanzarlo.

—¿Qué buscas? —pero se detuvo, consideró que era mejor dejar las cosas en claro y librarse de esos asuntos cuanto antes.

—Yo… me dijeron que usted tendría una respuesta a la carta que le enviaron. Me pidieron que me quedara a esperarlo.

—¿Me ves cara de idiota?, ¿por qué vienes a burlarte de mí?

—Gran Maestro… —intentó fingir que no comprendía de lo que hablaba, pero la mirada asesina del morocho le dejó en claro que no podía jugar con él— ¿tan mala soy guardando secretos?

—No es tu culpa, estás intentando jugar con alguien que puede leer las emociones y deseos de los humanos, ¿por qué hiciste aquello?

—Yo, Gran Maestro… en realidad no podía revelarle ni mi nombre ni mi género, porque no tengo alguno. Si le escribía afirmando ser una mujer de nombre Annie, y usted me conocía como un hombre de nombre Alan, no habría creído en mí, y no es que le hubiera mentido, soy esos dos más otros tantos. No quería ocultarle nada, sólo quería evitar una confusión.

—¿"Eres esos dos más otros tantos"?, ¿una marioneta?

—Así es. Soy el resultado de todo lo que ellos me hicieron. Tengo diecinueve titiriteros, y a todos respondo en el Concilio.

—Niña, yo ya tengo un títere, no me hace falta otro más. No soy el salvador de los títeres, sólo estoy haciendo justicia porque es lo correcto, no porque me interesen personas como tú.

Pero ella no le dejó, se aferró a la punta de su manga, como si con ese gesto pudiera despertar un poco de compasión por su condición.

—¡Por favor!, se lo ruego, déjeme servirle. Yo no pido que usted me salve, yo ya no puedo ser salvada. Si tan sólo pudiera ayudar a otros, mientras que arruino los planes de quienes merecen morir, podré dormir tranquila otra noche más. Se lo ruego.

Lucía desesperada, y en realidad Illumi no tenía motivos para rechazarle, sabía que incluso, como mensajera del Concilio debía tener acceso a mucha información importante, cualquier tema le habría resultado fácil de indagar. Así que como primera obra, le ordenó que alistara todo el material que poseyera con respecto al rey; los detalles que conocía sobre quienes estaban usando su buen nombre para hacer sus fechorías a sus espaldas. Annie, como era que se llamaba en ese momento, aceptó la orden e Illumi se marchó de la capital, con la determinación de volver en cuanto tuviera en sus manos la información.

Hisoka ya había acabado con todo su trabajo cuando fue por él. Según las ordenes de Silva, debía permanecer al pendiente del siguiente trabajo, así que sólo restaba esperar esa llamada, lo que significaba que tenía tiempo libre de más. Para su suerte, Hisoka le informó justo unos minutos atrás, que el líder de las arañas le había llamado para hacer un trabajo, la oportunidad de conocerle estaba al fin a la mano.

Elaboraron un plan para lograr presentar al Zoldyck sin ser tratado como un enemigo. No era sencillo conocer al líder de las arañas, sobre todo considerando que él siempre estaba rodeado de su gente, y además, no aceptaba hablar con cualquier persona. Hacía falta un verdadero motivo para que el líder de las arañas accediera a prestar interés en alguien fuera de su agrupación. Por esto mismo, al Zoldyck se le hizo fácil aceptar la propuesta del pelirrojo, porque no era nociva y si llegaba a fallar, nada malo ocurriría al final.

Llegada la fecha, Illumi fue tras los objetivos que habían sido seleccionados para Hisoka, mientras que el pelirrojo, de acuerdo al plan establecido, se dirigió al punto donde el líder le esperaría para una reunión informativa. Hisoka claro que pensaba cumplir su trato con Illumi, pero también deseaba conseguir algo para él, llamar un poco la atención de Chrollo. Para sorpresa del "mago", al llegar a la guarida, en lugar de ver al esperado Danchou, se encontró con dos mujeres, Machi y Pakunoda. Ambas interrumpieron su conversación para observar con molestia al pelirrojo que se acercó sonriente a ellas.

—¿Tú qué estás haciendo aquí?, ¿no deberías estar haciendo tu trabajo? —habló Machi con su tono habitual de voz.

—Vine a saludar —ambas lo examinaron con precaución, no se fiaban de él y eso era evidente—, ¿dónde está el jefe?

—Eso es lo extraño —contestó Pakunoda—. Se supone que él fue a vigilarte, pero estás aquí, no sé qué estará vigilando entonces.

Del otro lado de la ciudad, Illumi llegó al punto que Hisoka le había indicado. Fue fácil distinguir a los dos hombres que debía matar, desconocía los motivos para hacer tal papel, pero no le importaba, era como hacer cualquier otro trabajo. Sin embargo, desde el inicio sintió una presencia detrás de él que le observaba en todo momento, le era difícil concentrarse con esa persona analizando cada uno de sus movimientos. Así que optó por hacer su trabajo más rápido de lo habitual, usando una técnica especial para no delatar mucho sus habilidades.

Al fin sus agujas no eran algo fácil de imitar, dado que al poseer su Nen ancestral, la corrosión y el efecto que tenían sobre el cuerpo humano era inmediato e imperceptible para cualquier ser humano. En cuanto terminó de corromper las mentes de ambos hombres, hizo que atacaran a su silencioso espectador.

Chrollo, quién había observado a una distancia prudente reaccionó con rapidez, evitando los ataques torpes de las marionetas, atrapándolas y destrozándolas en sus manos como si fueran papel. Su rostro nunca cambio a una mueca de sorpresa, era como si pudiera ver el futuro y esperar con paciencia el siguiente movimiento. Nada lo inmutaba. Se paró frente a Illumi, aun con su rostro sereno.

—Se suponía que Hisoka estaría aquí.

Miró los dos cuerpos sobre suelo y notó las agujas que estaban clavadas en ellos, resplandecían por la luz como dos finas líneas, y se agachó a observar con atención lo que contenían, pero no vio nada extraño; supuso que el Nen de su dueño se había desvanecido.

—Él me contrató para hacer este trabajo.

—Soy Chrollo Lucifer, si es a quién estás buscando, lo has encontrado.

Sus miradas por fin se toparon y vio en los ojos de ese extraño hombre algo que no había visto en años: el infierno. Era la típica mirada de alguien que ya había sido adiestrado en los caminos más oscuros y sinuosos de las artes ocultas; alguien que fue enseñado a admirar y respetar esas fuerzas poderosas que atrapan a los hombres con sus numerosos anzuelos; que comprendía y despreciaba a la humanidad por su inmensa ignorancia. Alguien que simplemente no podía manipular porque ya había aprendido a cruzar la línea que separa a un títere de un titiritero. Seguramente había sido instruido por un Gran Maestro, alguien como Nimrod y luego fue abandonado a su suerte, como suelen hacer los Maestros de altos grados, cuando dejan que sus aprendices crucen por diversas pruebas para alcanzar su iluminación, antes de reencontrarse en un nuevo punto de aprendizaje.

Chrollo también vio en los ojos de Illumi ese poder sobrenatural que tanto anhelaba. Se le hizo agua la boca cuando notó ese antiguo conocimiento que fluía a través de los poros del Zoldyck. Sus manos temblaron un momento, deseaba detener al hombre que estaba frente a él, no entendía cómo Hisoka tenía tanta cercanía a una persona de tan alto grado. Desde hace tiempo sospechaba que la broma del pelirrojo, de decir que era "un mago", no venía de un origen gracioso, ni de un capricho infantil. Sus actitudes y movimientos no eran naturales de un huérfano o alguien que se encuentra buscado el mundo violento sólo por placer.

—No soy a quien buscas —continuó Illumi cuando notó ese fuego que comenzaba a crecer en la oscura mirada de Chrollo.

—¿Estoy siquiera buscando a alguien?, ¿no será "algo" en realidad?, no lo sé tampoco.

—Y seguiré sin serlo.

Se arrepintió por completo de haber accedido a conocerle. Un hombre instruido, ansioso por cumplir su siguiente nivel, y consciente de que no tenía absolutamente nada que perder al presionar a un Gran Maestro a guiarle; no tenía temor, al contrario, la excitación de tener una posible respuesta era suficiente motor para meterse en el camino de Nimrod y si no tenía cuidado, Chrollo se volvería un estorbo con la que forzosamente tendría que cargar.

—¿En qué puedo ayudarte?, te has tomado muchas molestias para llegar hasta mí —preguntó elegante, no perdiendo el contacto visual.

—¿Qué te hace creer que necesito tu ayuda?, puede que sólo haya tenido curiosidad por conocer al afamado líder de la Brigada Fantasma. Escuché a mi padre hablar sobre ella antes, y sonaba interesante.

—¿Tengo el placer de conocer a tu padre?, eso es más interesante aún.

Con esas palabras Illumi se dio por satisfecho, le era urgente desviar el foco de la conversación; después de todo, su único propósito, por el momento, era llamar la atención del Danchou y ocultarlo como su as bajo la manga, como parte de sus ventajas personales.

—Silva Zoldyck.

—Zoldyck… por supuesto, pero entonces… —se acercó más para ver mejor al muchacho— creí que tenías más edad. Tu apariencia no es una fachada.

—Supongo que estás acostumbrado a ver gente que cambia su aspecto con algún propósito, pero yo no soy uno de esos —se volvió a alejar de Chrollo, acomodando sus prendas—. En fin, Hisoka debe estar esperándome. Iré a verlo.

—Espera… —se interpuso en su camino.

Chrollo llevaba años aguardando el preciso momento en el que volviera a encontrarse con uno de esos impresionantes maestros que estaban llenos de conocimiento, y que le habían mostrado el infierno antes. Un hombre que le guiara en su camino para completar su transición; esa que secretamente había estado buscando, y no iba a permitir que se le fuera de las manos una segunda vez.

—Ya te lo dije, no soy a quién buscas.

—¿Cómo lo sabes?, ¿lo viste en tu futuro?; yo no busco a alguien en especial, y sé que tú puedes ayudarme a entender esto.

—No soy tu maestro, y no tengo intenciones de serlo —contestó con seriedad.

Chrollo parecía estar metido en su papel de aprendiz a toda costa; Nimrod no estaba preparado para dar con un hombre de esa categoría; alguien que supiera sacarle el máximo provecho hasta dejarlo agotado. Cierto que él disfrutaba de enseñar, pero prefería ser él quien eligiera al alumno; no verse responsable de alguien que apenas conocía y que seguro se encontraba en una etapa de despertar, donde los límites de la curiosidad eran imposibles y le era conveniente meterse en dilemas infinitos.

—¿Cómo hiciste esto? —señaló las agujas, cualquier excusa que le sirviera para retener al Gran Maestro era útil.

Era un hombre inteligente, sabía que si no podía convencer a Illumi de buenas a primeras, entonces tenía que conseguir tenerle en su lista de objetivos, mantener un contacto era conveniente.

Nen —contestó a secas e intentó seguir su camino, pero Chrollo volvió a interponerse sutilmente.

—Fue bastante interesante el método que usaste, ¿puedes manipularlos después de la muerte o sólo mientras están vivos?

—No es tu asunto. Ahora, déjame marcharme.

—Para ser un asesino asueldo eres un mal comerciante —Illumi se detuvo para reír por la ironía de sus palabras— ¿si quisiera contratarte qué tendría que hacer?

—Conoces a mi padre, puedes hablar con él.

—No, no con él. A ti, solamente a ti. Si quisiera contactarte para algún trabajo privado ¿cómo tendría que hacerlo?

Illumi rodó los ojos, no quería hacerlo pero en primer lugar ese era su propósito, hacer de un lazo para el momento en que fuera conveniente. Apenas estaba incursionando a la realidad, era importante tener un grupo de aliados, y empezar con una agrupación fuerte, era buena señal. Sacó su celular del bolsillo y se lo extendió.

—Anota tu número, yo te llamaré luego.

Y Chrollo sonrió por primera vez, tomó el aparato, marcó su número y luego se llamó así mismo.

—No te preocupes, yo te llamaré —dicho esto, le devolvió el aparato a Illumi y se quitó de su camino.

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Illumi se mantuvo con este ritmo por más tiempo. Pretendiendo hacer trabajos para su padre mientras que se hacía cargo de sus asuntos personales, usando a Hisoka para cubrir sus faltas; mientras que mantenía la comunicación con Chrollo, haciendo preguntas estratégicas sobre lo que conocía de los Iluminados. Para su desilusión, el sujeto no estaba del todo implicado en la hermandad, era parte de ella, pero no aspiraba a un cargo serio; sino que su fascinación por el ocultismo le había atraído hacia grandes personajes dentro de la agrupación, pero desconocía por completo su papel dentro del crimen. La parte positiva de mantener ese lazo, era que Chrollo le serviría para confirmar las acusaciones de Annie, cualquiera que fuera la intención de la mensajera del Concilio, quedaría al descubierto antes de caer en una trampa, gracias a la intervención oportuna del líder de las arañas. Ya tenía una marioneta a su disposición, no necesitaba otra más, menos una que podía resultar peligrosa. Su hambre de venganza era un deseo potente al que no podía negarse, después de todo, no tenía mucho que perder si es que resultaba una trampa. No obstante, combinar ambos peones le resultaba una estrategia interesante.

.'.

La parte más divertida de no tener a Illumi en casa, era que durante las ocasiones en las que Silva se ocupaba, tenía tiempo libre para relajarse. Entonces Killua solía buscar a los mayordomos que se prestaran para conversar; también acostumbraba caminar por los alrededores, escalando los árboles, o simplemente deambulando por la casa en busca de algo en qué entretenerse, como yendo al cuarto de Milluki a jugar videojuegos.

Últimamente veía que llegaban visitas a su casa. Esto era particularmente extraño contando que eran asesinos y no cualquiera podía pasar por la puerta de la entrada; desde hacía tiempo se encontraba con hombres que iban acompañados de una guardia personal, al menos contó cuatro de estas visitas. Entendía que se trataba de negocios, que las visitas terminaban en el cuarto de su padre y eso significaba que eran asuntos que no le competían. Prefería ignorar cualquier cosa que no tuviera que ver con él; tampoco se ocupaba en pensar sobre la situación de su hermano mayor, lo último que quería era hablar sobre él. Hubiera continuado así de no ser porque cierto día, mientras caminaba por la casa, pasó cerca del cuarto de su padre y escuchó la voz de uno de esos esporádicos invitados que estaban hablando con su abuelo y Silva.

—¡Vine desde muy lejos para verlo!, ¡no me digas que no lo harás venir! —la voz sonaba apagada por causa de las paredes, pero de igual manera podía escucharlo; no era normal que alguien le gritara a su padre—, ¡exijo ver a Illumi ahora mismo!

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Ese nombre le hizo sobresaltarse. Se preguntó qué clase de persona podía estar buscando a su hermano mayor, por un momento pensó en alejarse y continuar con su vida pacífica, pero le ganó más la curiosidad y se aproximó un poco a la pared para así escuchar mejor. Le avergonzaba espiar a su padre, nunca antes lo había hecho; esperaba que sus habilidades fueran lo suficiente buenas como para cubrir su rastro; tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlar su emoción.

—Baja la voz.

Escuchó que su padre le ordenó al hombre; seguido de unas palabras que no logró entender, por lo que se pegó más a la pared en un intento desesperado por entender el contexto.

—Illumi estará fuera un tiempo más, está ocupado.

—Cuando Zeno fue a la isla pasó muy poco tiempo entre nosotros. Todo el mundo se acercó a hacer ofertas y la mía fue rápidamente desplazada, merezco una oportunidad de verlo; saben bien que les conviene. Después de hablar con Illumi, les mejoraré la oferta.

Gradualmente el invitado fue bajando la voz, pero hablaba tan rápido que en momentos el albino no lograba comprender todo cuanto alegaba.

—Muath, ¿cuál es tu prisa?, aún no hemos tomado una decisión —Contestó Zeno.

—Haré esto —interrumpió Silva— cuando Illumi termine su siguiente trabajo, prepararé una cita para que ustedes dos se vean en cualquier lado que quieras y puedas hablar con él.

—¡Hasta que dices algo coherente!

Volvieron a hablar en voz baja, y tuvo que resignarse a que no escucharía más lo que discutían. Luego de unos minutos, el hombre salió del cuarto; fue tan sorpresivo que apenas tuvo tiempo para reaccionar, sus ojos azules se enfocaron en el asesino que estaba de visita. El sujeto reconoció a Killua por el gran parecido que tenía con Silva, por un segundo se preguntó si ese era el verdadero heredero de los Zoldyck. No se detuvo más, caminó en el pasillo, guiado por los mayordomos hacia la salida. Luego vio que su abuelo se recargaba en el marco de la puerta, notando la presencia de su pequeño nieto.

—Este es el quinto que viene a buscar a Illumi. Algo está ocurriendo dentro de Tierra Sagrada como para que vengan en secreto. Creo que va siendo hora de que me prepare para hacer otra visita.

—Debería traer a Illumi de vuelta a casa.

Escuchó la voz de su padre desde su cuarto. Miró con angustia a su abuelo el cual no se inmutó, tenía la mirada puesta en él, examinando sus reacciones.

—Necesito hablar con él. No sé cuánto tiempo más aceptaré estar bajo sus condiciones —Silva en cambio estaba más intrigado por hablar de su hijo mayor y no se percató del pequeño heredero.

—¿Irás por él pronto?, yo pienso ir dentro de dos semanas a Tierra Sagrada. Necesito averiguar quién está obstruyendo mi camino.

—No puedo ir por él ahora, pero tan pronto como me sea posible iré a verlo.

Silva caminó hasta la puerta y entonces notó lo que su padre estaba viendo mientras hablaba con él. Advirtió la confusión en su hijo e ignoró su expresión, no le era relevante lo que pudiera sentir sobre Illumi, consideraba que ya se había fortalecido lo suficiente como para enfrentarlo de un modo menos infantil.

—Kil, ven conmigo.

Así, otro día de entrenamiento estaba comenzando.

.'.

La principal razón por la que Nimrod no temía que el pelirrojo resultara ser un espía doble o un traidor, era porque lo mantenía lejos de sus asuntos personales. Era conveniente usarlo para los trabajos de los Zoldyck, no le importaba que se enterara de esos negocios porque él no era un miembro directo de la hermanada de los Asesinos, y mientras fuera así no tomaría con seriedad cualquier asunto que pudiera relacionarse con ellos. Sus asuntos personales prefería mantenerlos con la máxima privacidad posible. Mientras Hisoka estaba de vigilante, él decidió aceptar un siguiente encuentro con el otro títere que estaba a su disposición. Esta vez conoció a la personalidad masculina del mensajero; Gio, un muchacho refinado, que siempre actuaba como si fuera un sabelotodo.

Del caso del rey al que había visitado, se desprendía en otros tantos casos que eran complejos de revisar, pero en los que estaban involucrados al menos diez personas con altos grados. Ese era el punto importante, dar con ellos. Su venganza era mucho más profunda que sólo reclamar que había perdido a su mujer por la incompetencia de un montón de Iluminados negligentes.

Kikyo era también una marioneta, alguien que no podía tomar decisiones por sí misma, débil de mente y manipulable. El hecho de que ella hubiera logrado tener un matrimonio no se debía a su determinación, se debía al plan de alguien más; una persona que había encontrado conveniente controlarla para hacerla fallar. Por eso no tenía un rencor particular a ella, ni se le había cruzado por la mente atacarla o forzarla a hablar. Sería absurdo. En primera, ella creía que había decidido romper el sello por su propia voluntad —porque se había enamorado— por tanto, hablar con ella resultaría una gran pérdida de tiempo. Él quería encontrar al verdadero autor de su mala suerte, y comprender qué lo había llevado a tomar esa decisión. No le daría tregua ni le perdonaría, sólo quería saber sus motivos antes de acabar con él y recuperar a su mujer. Por otro lado, comprendía que no cualquier persona podía ser el autor intelectual de semejante traición, debía ser alguien con suficiente autoridad para estar cerca de una sacerdotisa con una entidad tan poderosa; era evidente, porque no cualquier mago o maestro tenía acceso a los protectores de las entidades de Nen, para esto se debía probar cierto grado de lealtad a la hermandad. Partiendo de ahí, podía suponer que era un alto mando que se había aprovechado de su posición y que seguramente ya no sería fácil de capturar ni de seguir su rastro porque había obtenido lo que quería y había huido.

—Aquí están los datos y pruebas de todos los altos mandos que se han visto envueltos en el caso del rey —le extendió Gio una caja de cartón repleta de papeles— estos sólo son los diez más importantes, en cuanto me indique que requiere el resto de la información se la traeré.

—¿Estos son todos?, ¿dejaste la ubicación de cada uno?

—Sí, los organicé para que pudiera ver todos esos datos rápidamente —pero hizo una expresión de inconformidad que no le dio confianza.

—¿Qué ocurre ahora niño?

—¿Irá usted mismo a buscarlos?

—Ese es el punto.

—Me refiero, usted así tal cual…

—¿Cuál es el problema con eso?

—Verá… —hizo una pausa para pensar las palabras que usaría con él. No quería molestar a Illumi con sus explicaciones—, en cuanto usted lanzó la amenaza muchos de los criminales huyeron a lugares de difícil acceso, los que vienen en la caja son sólo maestros que se encuentran en sitios como NGL, Valtat y Us; lugares que no se puede acceder sin un permiso especial.

—No creo que se me dificulte entrar.

—No, los Iluminados tenemos permiso inmediato para entrar, pero si usted va, ellos van a estar esperándole, seguramente ya han investigado al menos cómo identificarle, no se dejarán atrapar tan fácil. Si usted va allá…

—Ya, ya entendí niño. No soy estúpido. Claro que cambiaré mi apariencia para buscarlos, no me es difícil hacerlo.

—No sólo su apariencia, Gran Maestro, hace falta que haga algo como lo que yo hago.

—Mi nombre y datos, por supuesto que puedo hacer eso.

—A lo que quiero llegar —se puso más nervioso, Illumi lucía terriblemente impaciente— es que si usted va así, con otra apariencia e identidad, entonces no tendrá permiso de entrar. Usted podría decir que sólo conseguiría otra membresía a los Iluminados, pero me temo que, debido a su amenaza, los miembros del concilio están denegando la entrada a todos los candidatos; no están admitiendo a nadie hasta que usted cambie su amenaza a una vigilia sencilla.

—Entiendo tú punto. No te preocupes por ello, yo me encargaré de entrar, no importa lo que tenga qué hacer.

No era necesario quedarse a escuchar sermones ni consejos por parte de un títere, fue en busca de Hisoka, con quien compartió la información a fin de hallar más posibles datos que el pelirrojo pudiera tener sobre los nombrados.

—¿NGL?, ¿piensas ir allá?

—Sí, no debe ser tan difícil.

—En realidad no lo es… al menos, no con un permiso adecuado ¿has escuchado hablar del examen Hunter?

—La hermandad de los Cazadores, sí, nunca he pertenecido a ella, pero sé cómo funcionan.

El pelirrojo se echó hacia atrás sobre el sillón del hotel, le era bastante cómodo hablando de temas en los que tenía bastante conocimiento.

—A inicios de este año intenté pasar el examen… tuve la mala suerte de que terminé matando a uno de los examinadores.

—¿Qué hay con ellos? —le preguntó cortando su discurso, sabía que si se lo permitiría terminaría escuchando una historia aburrida sobre la vida del mago.

—Ellos tienen derechos sobre los territorios que vienen en las hojas, con una licencia de Hunter podrías entrar fácilmente a NGL y sin levantar sospechas —debía reconocer que era una excelente idea—, se me ocurre que quizá tú y yo podíamos tomar ese examen.

—¿Juntos? —levantó una ceja, no era como que disfrutara de la compañía de ese títere.

—Yo tengo intenciones de entrar. Con una licencia de Hunter puedes matar sin tener consecuencias… —Illumi suspiró, era más sencillo ver a través de la mente del pelirrojo— con tus agujas podrías asegurarte de que yo controle mis instintos asesinos y ayudarme a pasar el examen, en tanto yo puedo guiarte en el examen, nuestra entrada a los Hunter estaría completamente asegurada si trabajamos en equipo.

La idea de Hisoka al fin terminó por convencerle. Conseguiría una identidad nueva, cambiaría su apariencia y pasaría ese examen, entonces se marcharía directamente a esas tierras, listo para pasar desapercibido y capturar a esos tipos. Una licencia de cazador le daría muchas ventajas.

.'.

Su abuelo se marchó dos semanas después del suceso con el invitado de su padre, eso lo puso de nervios como hace mucho que no le ocurría. Veía constantemente a su padre, en busca de rastros que le dieran esperanza de que no volvería a ver a su hermano. Ahora le guardaba un miedo especial; tras caer en cuenta que podía tener una vida medianamente decente mientras que él se encontrara lejos de su vida. Sin embargo, para su desgracia, no pasó mucho tiempo cuando su padre anunció que se marcharía, que iría por Illumi; tomó a su grupo más fiel de mayordomos con él, y partió. Ahora no le quedaba más que contar los días para que su pesadilla regresara a casa.

Comenzó a tener insomnio, temeroso de que durante sus horas de sueño, su hermano apareciera entre la oscuridad y volviera a tocarlo de ese modo tan atroz que le provocaba el espanto más terrible de su corta vida, o simplemente su presencia volviera a enloquecerlo. Perdió el apetito y al tercer día, apareció un pensamiento imposible de abandonar: su vida era un infierno y debía encontrar una solución pronta a sus problemas. Entonces se le ocurrió que quizá podría escapar. Tras analizar la vez anterior en que lo había intentado, reconoció que lo había hecho bajo malas circunstancias. Aquella ocasión sus vigilantes estaban en casa; su madre había hecho un gran escándalo, y su hermano Illumi regresó en el mero momento en que él ya estaba por conseguir su objetivo. Esta era una ocasión diferente, quizá sus mayordomos presentes le observaban, pero no estaban los más allegados a su padre; Gotoh, Tsubone y el resto se habían marchado, y fuera de ellos, no había personal que tuviera alguna intención de detenerle si es que planeaba escapar. No sólo eso, tampoco estaba su padre, su abuelo y sobre todo, no estaba Illumi. Si deseaba fugarse de casa, no tendría mejor oportunidad que esta, y eso él lo sabía. Además estaba la posibilidad de ser atrapado y traído de vuelta, no sabía si podría soportar ser arrastrado hasta la presencia de su padre; y estaba el otro lado de su salida, aunque lo lograra se preguntaba por cuánto tiempo podría permanecer fuera de casa, ¿cuánto pasaría antes de que alguien fuera y lo forzara a regresar?, de sólo imaginar lo que pasaría le daban escalofríos y resistía a su deseo de marcharse.

Kikyo, por cuestiones de tradición, no tenía permitido entrenar al muchacho y no era como que ella estuviera dispuesta a fallar a sus deberes, lo único que podía hacer para disimular su ausencia en la educación de su hijo era llevar a Kalluto a entrenar junto a él; en ese caso no había problema, él era su hermano menor, no había una regla al respecto. Así alegaba que era necesario que sus hijos convivieran mientras ella los observaba a distancia. Luego, durante sus horas de descanso, se acercaba bajo la excusa de que iba a darle consejos al menor, de modo que, indirectamente, hacía que el albino terminara por escuchar sus palabras.

—Papá me llamó hoy, temprano —llamó la atención de ambos niños— me dijo que mañana a medio día llegará junto con Illumi, ¿pueden creerlo?

La mujer observó como la mirada del albino se endurecía un instante, y luego volvía a su expresión habitual. Eso sí, sin tomar parte de la conversación.

—Ese desgraciado malagradecido, ¡no puedo creer que tu padre no se dé cuenta que ese infeliz no merece volver a casa!, de sólo pensar en todo lo que nos ha hecho me hierve la sangre… merece un verdadero castigo.

Esperaba que Killua participara en sus insultos, en su deseo por castigar al muchacho pero no lo hacía; confundía su expresión silenciosa por desinterés, cuando en realidad estaba paralizado de miedo.

—Kil, mi pequeño niño, si tú deseas tomar venganza por mamá y por ti, yo estaré de acuerdo con ello, tú sabes lo que ese infeliz merece…

Killua no había captado hasta ese momento lo que su madre quería alegar, estaba tan preocupado por saber que su hermano volvería, que tardó en entender las palabras de Kikyo; recordó que desde hacía tiempo ella le insistía que matara al mayor y él hasta ahora se había mostrado reacio a satisfacer los deseos de su madre. De todas las personas ahí, ella era a la que tenía menos ganas de complacer.

—Yo…

—Tranquilo, Kil. Si tú llegaras a hacer algo así, ten por seguro que no tendrás consecuencias, yo te apoyaré; incluso, si lo deseas, te ayudaré a lograrlo. Sólo tienes que pedirlo y te lo concederé.

Killua volteó a ver a su hermano menor, ambos entendían lo que su madre quería. Kalluto sabía ella quería matar a Illumi pero no tenía el valor suficiente ni la capacidad para lograrlo. Los dos pequeños callaron y dejaron que ella continuara con su largo discurso sobre lo mucho que Illumi merecía un castigo ejemplar y otras cosas, mientras que Killua, dentro de su inestable corazón, comenzaba a perder el control.

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Yuuki: Te eché de menos! Sí, como verás, Nimrod tiene muchos planes ahora que tiene un cuerpo libre de Illumi, *suspiro* pobrecito de mi Illumi, lo extraño. Creo que estos meses me ayudaron mucho a refrescar la mente. Descuida, yo soy muy puntual para publicar, aquí me tienes, y me tendrás por un largo tiempo más. Gracias por tu apoyo y tus mensajes, siempre me suben el ánimo.

Nos vemos pronto!, si no, nos vemos en Tumblr.