En efecto; en presencia del peligro es natural tener miedo y tratar de huir; ¿por qué es esto una vergüenza? Porque el honor nos dicta una ley según la cual preferimos nuestro deber a nuestras atracciones o a nuestros temores. ¿Qué es, desde ese punto de vista, el honor? Es el presentimiento universal de la inmortalidad y la estimación de los medios que a ella pueden conducirnos. La última victoria que el hombre puede alcanzar sobre in muerte es la de triunfar del gusto de la vida, no por desesperación, sino por una más elevada esperanza, que está encerrada en la fe, por todo lo que es bello y honesto, debido al consentimiento de todo el mundo. —dogme et rituel de la haute magie, Eliphas Levi

93 en Babel

Capítulo 18

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No iba a ser detenido por el personal si ese día elegía irse; ya había comprobado su falta de interés cuando, al poco tiempo de empezar su entrenamiento, se detuvo sin previo aviso o justificación alguna, y no hubo quien lo sermoneara. Normalmente Gotoh estaba ahí para convencerle de que terminara sus ejercicios, pero libre de las autoridades, podía elegir cuando parar sin obstáculo alguno.

Continuó meditando la idea de huir. Primero que nada, debía concluir lo qué haría y cómo haría para que no lo atrapasen tan fácilmente. Conocía los protocolos de los mayordomos, sabía cuándo sería el mejor momento para escapar, sin embargo, la idea de no permanecer fuera por un largo periodo, y ser arrastrado para recibir un castigo le hacía dudar de su deseo.

De noche continuó debatiéndose entre huir o no; pensando en los pros y contras de tomar una decisión tan extrema, y cada vez se convencía más de que valía la pena irse aunque fuera sólo por una semana, un periodo corto que le permitiera descansar. Pensó entonces que sería bueno tomar todo su dinero para vivir cómodamente durante ese tiempo, no le quedaba mucho de su época en la Torre, pero todavía tenía algo guardado, lo suficiente como para sobrevivir una semana o un poco más. Se le ocurrió que quizá en esos días podría hacer más dinero trabajando de cualquier cosa interesante, y seguir así por otros tantos días.

—Come.

La voz de Milluki lo sacó de sus pensamientos.

Lo único malo de que sus más importantes autoridades no estuviesen presentes, era que Milluki se autonombraba el «hombre de la casa». Nadie le había dado ese papel, él lo asumía por su voluntad, y solía darse de muy honorable y respetuoso hijo mayor; quería que todos reverenciaran su poder y a su madre, cosa que Killua no estaba dispuesto a obedecer. Así que constantemente y por detalles nimios solían encenderse en largas peleas hasta que uno de los dos cedía; normalmente era Killua quien terminaba por hacerlo porque Milluki era tan necio que resultaba imposible llegar a un punto balanceado.

—No tengo hambre.

—Que comas, he dicho ¡No te pregunté si tenías hambre, estúpido!

—Me niego —arrastró la silla hacia atrás, alejándose de la mesa, dispuesto a salir del comedor y encerrarse en su habitación.

—¿A dónde crees que vas?, ¿vas a despreciar la comida por la que tanto se esforzó mamá?

—Ella ni siquiera la hizo. No me importa.

—Kil —lo detuvo su madre, modulando su voz para sonar amorosa—, es importante que comas bien, es para tu entrenamiento como asesino.

—No me interesa ser un asesino. No voy a ser un asesino —contestó tajante.

Kikyo hizo una expresión de dolor que le hizo sentir escalofríos, su rostro anunciaba el inicio de una batalla campal.

—¡No puedes decir algo como eso!, ¡eres el futuro de esta familia! —y en seguida se echó a llorar dramáticamente—, ¡me siento traicionada, no puede ser!

—¡Hiciste llorar a mamá!, ¡discúlpate! —Milluki golpeó la mesa con fuerza, los vasos y platos se sacudieron por un instante, haciendo sobresaltar al resto de los comensales.

No obstante, Killua no se sentía con ánimos de fingir arrepentimiento. No, él ya estaba cansado de ceder ante todos, de dejarse controlar y aceptar cualquier cosa que le impusieran; este era su límite. El desaire de Milluki y el ridículo llanto de su madre le inspiraron a tomar su decisión, se marcharía, ya era definitivo.

—Tu padre e Illumi volverán mañana, ¿quieres que se enteren que has vuelto a hablar de este modo?

—Hagan lo que quieran. Me largo.

Se dio la vuelta y caminó a paso firme fuera del comedor. Escuchó que Milluki lo llamaba a gritos escandalosos, pero lo ignoró. No quiso correr porque sabía que si lo hacía llamaría más la atención, así que caminó con lentitud. A los pocos segundos se percató de que Milluki iba tras él. Sus planes quizá no saldrían como él lo quería, pero con la decisión tomada, no le quedaba de otra más que seguir adelante. Antes de verse perseguido por su hermano, planeaba llegar a su cuarto, tomar un par de cosas, dinero y marcharse brincando el muro que daba directamente al camino principal de la montaña, porque el resto de los caminos conducían a kilómetros larguísimos de bosque, cosa por la que no estaba dispuesto a pasar. Con Milluki persiguiéndole, tuvo que improvisar. Corrió entre los pasillos, intentando despistar a su hermano y en su camino dio con el cuarto de sus padres, el cual estaba abierto. Imaginó que ese era un buen lugar para esconderse, entró y se quedó en silencio mientras escuchaba a su hermano alejarse.

El cuarto de sus papás estaba oscuro, como siempre, sólo una lámpara morada aluzaba débilmente el lugar. Con su plan original arruinado no podría alcanzar a llegar a su cuarto y tomar su dinero, entonces se le ocurrió una idea desesperada, sus padres debían tener ahorros en alguna parte del cuarto. Comenzó a moverse velozmente en toda la habitación en busca de algo que le ayudara a sobrevivir aunque fuera unos pocos días, ya no pensaba en la cantidad, lo que sea que pudiera tomar era útil, y largarse cuanto antes. Empezó a revolver todo, si no se daba prisa su hermano lo alcanzaría.

—Esa maldita loca seguramente carga con el dinero para todas partes —dijo en voz alta, refiriéndose a su madre.

En su afán de encontrar algo, terminó por hacer más ruido del que esperaba y una voz le hizo sobresaltarse.

—¡Te encontré!,¡cobarde sabandija!

Milluki le obstruyo la salida de la habitación, alzando sus manos para iniciar un combate, pero para ese momento Killua ya no podía coordinar sus pensamientos apresurados, con sus emociones; si se quedaba por más tiempo, no sólo su hermano llegaría, el resto del personal estaría al tanto, listos para frenarle. Todo para que al final, Silva e Illumi se enteraran del problema que provocó durante la noche, acreditándole un castigo. Su padre normalmente enviaba a alguien más a aprisionarlo en el cuarto y torturarlo, con su hermano mayor de vuelta en casa, era seguro que él sería quien lo castigaría; así que ya sabía lo que eso acarrearía, escapar no era una opción, era lo único que podía hacer para salvarse a sí mismo.

Milluki se movió tan rápido como su peso se lo permitió, para tomar al niño por la espalda, así apresarlo y no permitirle escapar, pero Killua reaccionó instintivamente; tomó uno de los cuchillos Benz de la colección de su papá y sin pensar, lo clavó en la pierna del mayor, el cual lanzó un agudo chillido de dolor y se apartó para protegerse, pero se recuperó rápidamente y volvió a azotar sus manos, intentando asestarle un buen golpe, sin embargo Killua era bastante escurridizo, y no alcanzo a atinarle ninguna de las ocasiones. El albino, con el cuchillo en la mano, volvió a clavarlo, esta vez en el estómago de Milluki, quien cayó al suelo gritando de dolor; tomó una vez más el cuchillo y huyó tan rápido cómo pudo. Visualizando su salida, sin vuelta atrás, ya vería cómo hacer con el dinero.

Bajó por la montaña, y como era de esperarse nadie le detuvo. Se marcharía por la puerta principal, no tendría problemas para hacerlo; nadie le negaría la salida, a excepción de un detalle que había olvidado.

—Kil, ¿a dónde se supone que vas?

Su madre estaba de pie en la entrada, esperándole. Tal vez ningún mayordomo pondría de su parte para localizarlo, pero su mamá sí, y ella era rápida, fuerte y difícil de evadir.

—Me voy de aquí. Quítate de mi camino.

—¿Crees que te dejaré irte así de simple?

—Quítate.

Tenía dos opciones: continuar con esa discusión hasta que se viera rodeado y sin salida, o actuaba ahora mismo y salía de ese lugar antes de que sus planes se vieran mermados. Tomó el cuchillo de su padre, apretó el mango en su mano derecha y sin previo aviso lo arrojó. Kikyo apenas tuvo tiempo de esquivar el filo, nunca hubiera imaginado que su propio hijo le haría algo como esto; era un firme intento de matarla. Sintió como el filo del cuchillo se deslizaba desde su mentón, destrozándole el labio, parte de la nariz, rozando peligrosamente sobre su ojo derecho; posteriormente abriendo parte de su frente, hasta abrir una profunda herida en su cabeza. Una larga línea sangrienta se abrió en su rostro y ella lanzó un corto grito de espanto, pero Killua no le dio tiempo de reaccionar se abalanzó en su contra, pateándole la cabeza y noqueándola en un instante. No quería matarla, no pensaba ser un matricida. Justo cuando su madre había caído al suelo, escuchó un segundo alarido de ira.

—¡Mamá!

Era Milluki quien, desangrándose, había corrido tras él y en su intento por atraparlo dio con una horrenda escena. El corpulento muchacho fue a toda prisa por su madre, e hizo lo que su instinto le indicaba, es decir, atender sus heridas. Esta preocupación le sirvió a Killua para continuar con su camino sin mayor demora. Se dio la vuelta y se apresuró a la puerta que estaba a pocos metros. Justo en la entrada una sombra pequeña lo detuvo.

—Kalluto… —habló con seriedad— no me estorbes, o te lastimaré.

Kalluto se asomó discretamente, lo miró a él y luego a la distancia, donde vio a Milluki arrodillado mientras sostenía a su madre, y sacó de entre la manga de su atuendo una bolsa de tela negra atada con un cordón dorado, el cual lanzó a Killua.

—Ve —fue todo lo que dijo, y se quitó de la puerta, permitiéndole al albino escapar. Luego se dio prisa para ayudar a atender todo la catástrofe que su hermano había dejado atrás.

Killua tenía la mente en blanco, su corazón latía apresurado, sólo tenía un enfoque: conseguir su libertad; hacerlo antes que su padre y su hermano llegaran a casa, y lo pudieran atrapar. Tan sólo pedía un día más lejos de su verdugo.

Efectivamente Silva e Illumi llegaron al día siguiente, mucho más temprano de lo anunciado y se habían topado con ese panorama desastroso de por medio. Kikyo en cama, ensangrentada, con la nariz inflamada y roja, y la piel levantada; se quejaba adolorida por las curaciones, mientras que Milluki se encontraba en otro cuarto, recién atendido y con un malhumor que nadie soportaba. Silva sintió que la sangre le hervía de ira al ver a su mujer así, convaleciente. En cuanto Kikyo vio los ojos de su marido inyectados de sangre, supo que debía actuar con cordura o perdería su aparente oportunidad de éxito. Tomó su mano, amorosamente y la acarició mientras se esforzaba por sonreírle.

—No te enojes, querido mío —entrelazó sus delgados dedos entre los gruesos de su marido— estoy orgullosa de ver a mi pequeño al fin actuando como un asesino. Tantos años esforzándonos porque él se volviera un mejor heredero para la familia, que perdiera ese exceso de bondad y ésta —señaló su rostro— es la firme muestra de que nuestro niño será un gran asesino. No puedo sino sentirme orgullosa de estas heridas —y dejó salir un par de lágrimas de felicidad que conmovieron a su esposo.

Illumi, quién estaba a unos pasos detrás de su papá, viendo la escena que su madre estaba haciendo, rodó los ojos. Nadie mejor que él para comprender que detrás de toda esa actuación, había mucha manipulación de por medio. Claro que así lo era, Kikyo imaginaba que con el estado mental en el que se encontraba su hijo, estaba en el punto exacto para lograr su meta: forzarlo a matar a Illumi.

—Illumi, que bueno que estás aquí —ambos padres voltearon a ver al morocho—.Yo estoy feliz de que mi muchachito ya esté madurando, pero me da miedo que se vaya de la casa, ¡es tan pequeño aún!, no es bueno que aprenda malas conductas de la gente de allá afuera.

Silva se levantó del lado de la mujer, y se giró para ver a su hijo mayor.

—Haz lo que tu madre te pide, ve. Pero requiero que primero te ocupes de Muath, como habíamos acordado, no debe tomarte mucho tiempo, además, no creo que Killua llegue muy lejos.

—Claro que sí —asintió fingiendo interés—. Nos vemos luego —y de inmediato salió tras su misión.

Tenía dos cosas en mente, primero, atender a Muath lo cual sabía por experiencia, que no sería cosa de un día o dos. Ese tipo era capaz de presionarlo por toda una semana si así se lo proponía, esperaba encontrar una salida sin tener que dañar las buenas oportunidades que Muath atraía de por medio.

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Killua descubrió con alivio que lo que la bolsa que Kalluto le había entregado, contenían el poco dinero que le quedaba de la torre, y otro dinero extra, que seguramente eran los ahorros del menor. En total era una cantidad que le permitiría vivir cómodamente por una corta temporada. No pensaba en asaltar gente, no iba con su estilo, prefería hacer trabajos como espía o algo similar, antes de involucrarse en algo tan bajo como eso.

En su escape había tomado el primer dirigible con la ruta más larga disponible. No lo pensó dos veces, en cuanto logró estar en un hotel a solas, se dio cuenta de la realidad. Estaba en otro lugar, fuera de casa, sin el consentimiento de sus padres y libre de hacer lo que le placiera. «Libre», era una palabra extraña y desconocida para él, ¿qué podía hacer ahora con tanto tiempo disponible? No tenía ni la más remota idea, sólo sabía que no quería volver a casa. Pensó en deambular por la ciudad en busca de cualquier cosa que le pareciera interesante. Estuvo haciendo eso durante varios días. Encontraba un hotel, se quedaba ahí, salía, iba a restaurantes que le parecieran llamativos, visitaba diferentes sitios, sin tomar mucho sentido; se mantenía distante de la gente, porque sabía que a nadie le iba a agradar tener a un asesino cerca, así que fingía ser otra cosa. Estuvo en varias ciudades, intentando encontrar una actividad atrayente, y en eso estaba cuando escuchó, en uno de esos restaurantes callejeros, una conversación que le llamó la atención.

—¡Dejaríamos de ser pobres! —esa frase lo hizo detener sus pisadas, y se quedó a una distancia prudente, oculto para escuchar lo que hablaban.

Su primer objetivo era encontrar de dónde sacar dinero, y que no fuera algo relacionado con el bajo mundo donde fácilmente podría ser detectado y atrapado por su padre.

—Llevas diciendo eso mismo por años, no veo que lo estés logrando —le contestó el otro hombre.

—¡No es nada fácil!, si cualquier persona fuera capaz de ser un Hunter, todo el mundo sería un Hunter. Pero no, las pruebas son horribles y el año pasado tuvimos un loco entre nosotros intentando matarnos a todos.

Esas simples palabras le habían atrapado. Algo que le redituaría bastante bien, y que fuera difícil, era como si le estuvieran diciendo en ese momento "aquí tienes algo interesante por hacer". Decidió que usaría sus habilidades de seguimiento para ir tras esos dos, con suerte encontraría el camino rumbo al examen del que tanto hablaban. Pasó algunos días observándoles, a la espera de tener buenos resultados; hasta que por fortuna, el hombre se decidió a tomar nuevamente el examen de Hunter, y con ello, la oportunidad de cambiar su vida estaba cerca.

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Illumi hizo un gran esfuerzo por mantener controlado e interesado a Muath. Había muchos intereses de por medio en juego, mismos que no podía despreciar. Estuvo usando todas sus habilidades para que Muath no tuviera sexo gratis, pero continuara igual de motivado como si lo hubiese logrado o estuviese cerca de obtenerlo. Detestaba la idea de que ese hombre tuviera acceso a él, pero era un elemento necesario para atraer el interés de otros más. Lo que al principio se trató una reunión de un día, terminó por volverse unas molestas vacaciones junto a ese tipo que no lo dejaba en paz. Cada vez que alegaba tener un trabajo por hacer, él se ofrecía a acompañarlo, a no dejarlo solo porque tenía "preocupación por su bienestar". Cosa que no tenía absolutamente nada de coherencia puesto que era un asesino entrenado desde su niñez y no necesitaba excesiva protección, pero era imposible decir que no. Muath se aferraba a él, profería discursos llenos de emoción para convencerle de mantenerse cerca, descargaba todo su furor en montones de frases que sólo lo irritaban hasta que terminaba por aceptar sus favores. En esos momentos deseaba que Joab le llamara, le sacara de esa mala situación y pudiera volver a casa, pero su padre le había exigido que estuviera con ese hombre hasta que quedara satisfecho. Ahora no tenía suficiente tiempo para dedicarse a sus asuntos personales, y lo peor era que el examen Hunter estaba muy cerca. Necesitaba idear algo para tenerlo lejos sin causar mucha conmoción.

Muath creía que si presionaba a Illumi, si le demostraba que él tenía un absoluto, sincero y devoto interés en él, éste le abriría las puertas a ese mundo al que tanto aspiraba. Tenía la idea inverosímil de que el morocho convencería a Silva de entregarlo a él y que sólo a través de él podría obtener todo lo que buscaba. Por eso, entre más se veía rechazado, más se aferraba a estar junto al Zoldyck, a ofrecer todos sus recursos y entregarse a él.

—Muath, debo irme —le informó, preparándose para un nuevo drama—. Pronto tendré que ir a hacer unas pruebas personales a cierto lugar. No podremos seguir juntos.

—He hablado con tu padre ya. Me ha dicho que tú prioridad es estar conmigo hasta que a mí me plazca. Tú prueba puede esperar, estoy seguro que sí.

Y era verdad, Silva había dicho tales cosas porque él no tenía que cargar con Muath, el único que tenía que soportar esa carga era Illumi, además Silva desconocía las necesidades y propósitos de su hijo, por tanto no le daba prioridad a sus asuntos personales.

Justo cuando la situación se había vuelto insoportable, que el Zoldyck estaba a punto de tirar todo por la borda y arrancar de una vez esa oportunidad, recibió una llamada que le hizo recordar su principal propósito de haber salido de casa.

—Mi hermano ha sido visto, mi principal deber es él —esta vez sabía que ni su mismo padre podría alegar nada en contra—. Me marcharé a buscarlo.

De inmediato se ajustó las prendas, sacudiendo sus pantalones y dio media vuelta, listo para irse.

—¡Espera!, te acompañaré.

—Esto es asunto familiar. No puedo involucrarte en algo que sólo compete a los Zoldyck.

Hizo berrinche, amenazó con derrumbar todos los buenos tratos que se habían hecho hasta ahora; después ofreció su ayuda absoluta en la búsqueda de Killua, pero Silva esta vez no lo permitió. Le dijo con firmeza que Illumi debía ir tras su hermano y que esta vez no habría más palabras que pudiera argüir para convencerle de lo contrario; si por casualidad decidía cancelar los tratos, entonces no habría problema, Illumi sería entregado al siguiente postor sin mayor demora. De este modo, el hombre se rindió y lo dejó marcharse.

Hisoka había visto a Killua caminando tranquilamente durante el examen Hunter. Sabía que el niño no le reconocería ya que en el pasado nunca se habían encontrado, y en cuanto lo vio decidió informar al Zoldyck. Lo hizo por mera curiosidad, por ver lo que ahora ese niño significaba para el portador del ente de Nen, si es que por casualidad la presencia del menor traería de regreso a Illumi, o Nimrod continuaría presente. Lo estuvo observando hasta que se encontró de vuelta con el hombre de la Y, justo a tiempo para el examen. De hecho había llegado más tarde de lo acordado, pero él no tenía ningún motivo para saber lo que había retrasado a su socio.

De inicio no reconoció al Zoldyck, su aspecto había cambiado por completo; tenía una apariencia grotesca poco propia de él. Supo quién era cuando vio en su vestimenta las insignias discretas de la hermandad a la que pertenecía, sólo un ojo agudo y conocedor podía ser capaz de notarlo. En cuanto cuestionó su apariencia, Illumi admitió haber matado a un sujeto para robar su identidad cuando iba de camino al examen, y dado que no podía tomar la prueba con su propia persona, no le dio importancia a los detalles. Además, le pareció ventajoso usar esa identidad para ocultarse, nadie tenía ánimo de mantener cercanía con alguien que lucía tan escalofriante.

El resto es historia. Killua se enfrentó a su pesadilla estando en el examen Hunter y terminó por volver a casa con un gran vacío en su interior. Se había visto débil y poco leal, ya no tenía credibilidad para hablar y decir que él deseaba alguna cosa más allá de sólo matar. En cuanto puso un pie en la mansión, quedó anonadado. Su madre lo recibió con un abrazo, diciendo —con palabras dulces— lo muy orgullosa que estaba de él, incluso habían ordenado a Milluki no hacerle nada, más que quedarse encerrado en su cuarto sin hacer ningún aspaviento. Su estómago se retorció, el castigo merecido era la tortura, posiblemente dos semanas o más, dependiendo del daño, pero no fue su caso. Se le trató como si no hubiera hecho cosa mala, le respetaron y le atendieron como era la costumbre. Y él estaba tan abstraído con sus sentimientos confusos que no le dio mayor importancia.

Kikyo estaba feliz, creía que si él había vuelto a casa sin la compañía de Illumi, sólo significaba que se había deshecho del mayor. Felicitó mucho a su pequeño, le dijo en secreto que eran cómplices, que ella estaba dispuesta a defenderlo a toda costa, y no permitiría que se le refutara nada. Lo atendió como nunca antes había hecho y estuvo así hasta que tres días después, Illumi volvió a casa.

No lo vieron venir, ni siquiera sintieron su presencia hasta que ya estaba ahí. Apareció frente a ellos, justo cuando Killua intentaba evadir a su madre mientras que la mujer lo perseguía. Ambos se dieron la vuelta cuando escucharon la voz del muchacho.

—Veo que al fin volviste a casa.

Killua se horrorizó tanto que, en cuanto se aseguró de que sus ojos no le estuvieran engañando, se giró nuevamente para evadir su figura, respirando con velocidad e intentando calmarse.

—¿Pero qué…?, ¡¿qué haces tú aquí?! —gritó Kikyo desesperada.

Al fin cayo en cuenta que Killua había vuelto no porque se había deshecho de su hermano, sino porque en efecto, se vio forzado a volver.

—¿Mamá ya te felicitó por tu hazaña?, por fin comenzaste a actuar como un asesino, debes estar orgulloso de ello.

Killua no se movió. Su lucidez volvió, y pudo reflexionar lo que esas palabras significaban. Era cierto, no le castigaron porque habían asumido ese acto de sublevación como una expresión de violencia positiva, no como lo que en verdad quería trasmitir. Había fallado en su esfuerzo por darles a todos una lección, decir que él no era un juguete de nadie. Ahora no sólo se había afirmado su falta de voluntad, tampoco tenía credibilidad como una persona decente que deseaba sólo una vida normal.

—Hubieras visto madre. Killua hizo un amigo, un chico de nombre Gon. Una pequeña bestia salvaje que seguramente te habría entretenido mucho.

Todo su esfuerzo se desvaneció frente a sus ojos, nada valió la pena. Le habían aplaudido, alabado como un héroe, mientras que menospreciaban su deseo verdadero de ser libre. Apretó los dientes, no importaba ya nada. Ellos siempre ganaban. Si lo castigaban era como admitir que él había hecho algo mal al querer demostrar su autonomía; y si no recibía una sanción, simplemente admitía su acuerdo con la familia, y en cualquiera de los casos él, y todos sus sentimientos, eran lo de menos. Escuchó que su madre profería algunas ofensas hacía su hermano mayor, y que éste le respondía, pero no prestó atención a nada de lo que se dijeron, él sólo tenía una idea en su mente: hacer lo correcto, mostrar bondad. Caminó lejos de ese par, ignorando si le llamaban o no, y se dirigió por su propio pie al cuarto de castigos, solicitó que se le tratara de acuerdo al reglamento. Además esto era preferible a estar en casa, cerca de su hermano mayor.

Mientras Killua era torturado, Illumi se marchó de vuelta a sus asuntos. No vio el momento en que su padre decidió concederle el permiso de irse de casa, ni supo nada de su hermano durante un tiempo. Él tenía asuntos más importantes por hacer.

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Un golpe en la mesa resonó en la sala, y el tarotista dio un sobresalto, el albino estaba fuera de sí, su rostro expresaba un sinfín de emociones.

—¿Ahora me crees lo que digo?

—¡Lo exijo!, ¡exijo saber de dónde obtuviste esto!, ¿cómo supiste todas estas cosas?, ¿quién te dio derecho a inmiscuirte en mi vida? —gritó Killua con un aura tenebrosa y amenazante.

Cierto que habían muchas cosas que el hombre no había dicho, sólo había hablado de aspectos generales y él ató cabos en su mente; terminó por recordar finos detalles que antes no había pensado. Sin embargo, cada cosa que el hombre le había dicho era cierta, en el orden cronológico en que habían sido relatados, y sin lugar a dudas conocía muy bien los aspectos emocionales ocultos que había en el inter de la historia; cosa que le atemorizó.

—Son los Arcanos, ya te lo dije.

—Pero Illumi… Illumi no…

—No es Illumi. Sí, pero aún no termino la tirada.

—Ya lo dijiste todo, ¿qué más podrías decir?

—¿Qué tal el presente?, digamos que veo en tú presente y decides si yo soy un tarotista o un jugador muy inteligente.

Tuvo que pensarlo dos veces antes de responder. Temía que una vez que escuchara sus palabras, no pudiera negar todo lo que le fuera a decir.

—De acuerdo…

Pero esta era su única esperanza. Sus problemas no se solucionarían sólo por huir después de haber escuchado la verdad en la boca de alguien que aparentemente nunca estuvo cerca de él como para saber detalles íntimos de la familia, pero que sabía cada aspecto de su vida.

El hombre dio la vuelta a la primera carta del presente y dijo en voz alta:

—El loco.

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Mientras Killua estaba de vuelta al lado de Gon rumbo a la Torre Celestial, Illumi se marchó a NGL; había decidido llevar a cabo todos sus planes, tenía el listado de las cuatro personas ocultas a lo largo de todo ese verde país. El cual era una zona gigantesca y difícil de explorar. Encontrar a sus objetivos, con tan poca información iba a ser una tarea difícil.

De entrada conocía los negocios sucios que se realizaban desde el mismo gobierno de NGL; conocía a fondo la forma en la que Jairo actuaba, oculto tras su puesto, trabajaba en secreto para los Iluminados, proporcionando las drogas que servían para ciertos experimentos sociales y de control de masas; mismo por lo que Illumi no le dio la consideración adecuada para ser enjuiciado, porque pese a que lo que hacía estaba mal, era un mal necesario. Lo que él buscaba era un tipo de trasgresión diferente, una que estaba más arraigada a la lucha contra la autoridad que corrompía el orden de la hermandad.

De sus próximas víctimas, dos sólo eran un par de novatos en los asuntos bancarios, trabajando de forma ilegal, para la promoción de sus intereses personales, y los de los políticos que se acercaban a ellos. Solían apoyar causas injustas, pero que pagaran bien, causas como genocidios, extinción de especies animales o plantas, y por supuesto, tráfico de diversas cosas que no tenían razón de existir dentro de la hermandad.

Luego estaban las otras dos víctimas, los peces gordos; una era una mujer que estaba dedicada en cuerpo y alma al tráfico de humanos y el otro, un hombre responsable de uno de los actos más vergonzosos que se habían llevado a cabo los Iluminados. Un asunto que había salido a la luz pública y de todos modos él continuaba trabajando como si no hubiera hecho nada. El infame laboratorio de experimentos humanos de Sergile, que había sido supuestamente clausurado hacía años.

Con su nueva apariencia, estuvo viajando entre los poblados, sin despertar sospechas de nadie. Salía a hacer preguntas durante sus días, y cada cierto tiempo, descansaba su apariencia; se quitaba las agujas de todo el cuerpo y se enterraba a sí mismo para seguir manteniéndose como un extraño turista que desaparecía y aparecía. Le gente no se le acercaba fácilmente, así que podía deambular sin problemas viendo a sus alrededores. Con el tiempo la gente comenzó a pasarse la voz, hablando del extraño turista que visitaba todos los poblados, esto lejos de afectarle, le ayudó a encontrar más rápidamente a sus primeros objetivos, gracias a su popularidad la gente se había vuelto menos reservada a la hora de que les interrogaba.

—Madame Courté, sí, ella llegó hace tiempo al poblado, esta semana se llevó a las mujeres de esta región para ofrecerles un banquete. Es una mujer muy querida por todos, ella es muy accesible, seguramente le recibirá sin problemas. Pasando este tramo la encontrará…

La mejor parte de todo era que nadie ponía resistencia, era como si no fueran conscientes de que existía algo llamado "peligro", así que le daban la información que pedía, sólo era cuestión de preguntar.

Encontró a la mujer junto a dos de las personas que estaba buscando, los divisó a lo lejos y se escondió, no era buena idea llegar sin un plan, cuando posiblemente podían haber preparado algo para su encuentro. A estas alturas todos estaban enterados de que la persecución que Nimrod había iniciado. La observó, había una gran mesa rectangular sobre el fresco pasto, con algunas mujeres charlando, otras más estaban alrededor de un árbol, parecían estar hablándole. Lo que ocurría tenía más que ver con rituales femeninos que con una convivencia sana. Según recordaba, nada era más terrorífico que una bruja bien entrenada. Caminó hasta llegar a un arroyo, cerca de allí estaban los dos hombres que identificó como los banqueros; mismos que conversaban tranquilamente, ajenos a todo. Era un todo o nada, caminó de vuelta al árbol, donde estaba Madame Courté. La mujer detuvo el bullicio, presintiendo que había algo en ese intruso que acreditaba su atención.

—¿Quién eres tú? —hubo silencio a su alrededor, los hombres se acercaron a la escena, curiosos por ver lo que la mujer había notado.

—Soy un mensajero —contestó Illumi.

—¿Del gran mago Nimrod? —preguntó la mujer—, ¿no me he ganado el honor de verle en persona?

—Antes que nada, quiero saber cuánto tiempo hace que trabajan para la hermandad.

Los aludidos se observaron entre ellos, nadie más sabía de lo que estaban hablando. Cada uno se preparó para contestar.

—Yo llevo cinco años, tengo poco que me aceptaron… —contestó uno avergonzado.

—Yo llevo diez años. He trabajado por el bienestar de todos.

—Treinta años —contestó la maga, orgullosa de su récord.

No lucía como una mujer mayor, y no se veía que usara alguna técnica especial para modificar su apariencia, debía ser magia antigua, rituales ocultistas que le habían ayudado a permanecer joven.

—Treinta años al servicio de la hermandad, ¿me culparás por trabajar gran parte de mi vida a favor de mis hermanos?

Sus ojos brillaron, esta era la primer pista que encontraba para descubrir la verdad detrás de todo lo ocurrido con Kikyo.

—Todas ustedes —señaló a las mujeres de atrás—, pueden irse ahora.

Madame Courté asintió y una a una se marcharon. Cuando las mujeres se alejaban, miró a los tipos que estaban detrás de la señora y les habló:

—Ahora ustedes pueden irse, me quedaré con Madame Courté, pero les advierto, si continúan con sus prácticas, iré tras ustedes sin dudarlo.

—¿Me juzgarás sólo a mí? —preguntó Courté.

Pero Illumi la ignoró. Los hombres se apartaron, sin añadir palabra alguna, se percataron de que él no era un simple mensajero. Y en cuanto les dejaron a solas, justo cuando Madame estaba a punto de hablar, él la traspasó con varias agujas y cayó al suelo, inconsciente. Nimrod la recogió y recostó sobre la mesa, esperando a que despertara.

Pasaron dos horas, hasta que la mujer abrió los ojos; se sentía mareada y débil, e intentó ponerse de pie, pero no pudo ni levantar una mano para tocar su propio rostro. Se dio cuenta que todo su cuerpo estaba paralizado y quiso gritar de desesperación, sin embargo la presencia de Illumi que estaba cerca de ella, observándola con curiosidad le hizo frenar su miedo, creyendo que tenía la oportunidad de salir bien librada.

—Si entiendes lo que digo, responde —le dijo Illumi, y ella contestó con un sí casi sin aliento— vamos a iniciar el interrogatorio.

Caminó rodeando la mesa, revisando que el cuerpo de la mujer aún tuviera las funciones básicas para mantenerla con vida, sin deteriorar su inteligencia mientras la forzaba a confesar.

—¿Sabes quién soy?

Ella asintió.

—Madame Courté, dices llevar treinta años trabajando para la hermandad, dime, ¿qué tanto estuviste involucrada en los asuntos de los sacerdotes del Nen arcaico?

Madame lo sabía, conocía aquéllo que Nimrod quería saber, comprendía perfectamente los peligros que representaba el hecho de que él se enterara de los sucesos del pasado y de todos los errores que se habían cometido en ése entonces. Quiso callar, decir una mentira que la librara, pero sin que supiera cómo, su boca comenzó a hablar. Entonces comprendió que hace mucho tiempo su consciencia había abandonado su cuerpo, ella ahora sólo estaría enterada de lo que ocurriría durante el interrogatorio, pero ya no volvería a tomar el control de lo que alguna vez fue su cuerpo.

Le habló de sus recuerdos, cuando los Iluminados pasaban por una crisis debido a que llevaban años de experimentos fallidos; experimentos para traer al mundo al anticristo. Tenían tiempo aceptando magos de muchos tipos, gente que afirmaba haber desarrollado una fórmula secreta y absoluta que les diera el poder que buscaban. Todo absurdo e imposible. Una época en la que sólo los Grandes Maestros y miembros del Concilio sabían que había algo llamado "Nen ancestral", del que nunca había tomado provecho porque sólo los Maestros que se dedicaban en cuerpo y alma al estudio del mismo, sabían su uso y ellos lo tenían para sus objetivos secretos. Fue cuando nació —casualmente— el rumor de la existencia de seres con poderes más allá de las capacidades humanas que trabajaban de forma oculta en la misma hermandad. Muchos Iluminados se dieron a la caza de la verdad, y lo que al principio creían que eran los mismos Grandes Maestros quienes dominaban estos poderes, descubrieron a los poseedores de objetos con Nen ancestral. Se trataban de simples personas que habían sido seriamente dañadas para poder ser controladas por sus amos. Estaban tan controlados que no era capaces de usar sus habilidades, salvo para lo que sus amos lo solicitaran y mientras tanto debían fingir llevar una vida normal, como seres entregados a la hermandad.

La bomba explotó. Unos opinaban que era un acto desleal, que mientras todos se esforzaban por el desarrollo del Anticristo, ellos estaban jugando a vivir una vida cómoda, sin poner nada de su parte para la causa; otros lo vieron como una posibilidad para conseguir sus objetivos; y un grupo menor, pero de mucho poder, los señaló como enemigos dentro de la misma hermandad.

Una época de persecución, donde asesinaron a varios Grandes Maestros sólo para conseguir el poder de esos jóvenes que portaban objetos con poderes misteriosos. Y luego, apareció la infame cadena de la Y, una cadena que podía conceder los deseos más profundos del corazón de quien solicitara su ayuda. No muchos estuvieron enterados de su existencia, pero los más poderosos, los que consideraron a estos usuarios como amenazas, temían particularmente a este objeto. Y para desgracia, Kikyo sólo tenía doce años cuando ellos la ficharon.

Madame Courté no sabía más al respecto, ella acababa de entrar a la hermandad cuando la tragedia empezó y no fue involucrada en los asuntos más serios con referencia a la cadena de la Y. Illumi, finalmente tuvo que matarla para asegurarse de no levantar sospechas.

Luego de eso, cambió nuevamente su apariencia ya que las personas del poblado lo identificaban. Existía la posibilidad de ser señalado como el posible responsable de la muerte de aquella querida mujer. Los otros dos hombres no sobrevivieron, las mujeres enfurecidas por la muerte de Courté, los lincharon en un arranque de ira.

Illumi, con su nueva apariencia, viajó por varios poblados dentro de NGL, repitiendo el mismo patrón que la vez anterior, preguntando de pueblo en pueblo; asombrado por la cantidad de personas que ahí vivían, que aunque era pocas, se habían adaptado maravillosamente a esa vida. Después de semanas de viajar, encontró un área que parecía deshabitada, ahí sólo podía escuchar el sonido de los animales salvajes y naturaleza libre, sin intervención humana. Sin embargo, notó a lo lejos varias chozas construidas y supuso que podía encontrar a alguien. Sin nada que perder, se acercó a investigar. Fue en ese momento que captó un sonido en el fondo, un tarareo proveniente de una voz masculina. Escuchó el sonido de algunos árboles meciéndose como si alguien estuviera trepando sobre ellos, se acercó todavía más y vio que todas las chozas a su alrededor estaban abandonadas, sólo el silbido que se opacaba entre el viento y la naturaleza, podía delatar la existencia de un habitante. Dio unos pasos más y notó que uno de los árboles tenía una cuerda fuertemente atada a una de sus ramas y que esta misma cuerda estaba ligada a otro árbol, como un tendedero. Tras acercarse para ver con detenimiento a la persona que estaba tarareando esa canción, y lo que hacía que los árboles se balancearan por el peso de lo que estaba colgado en el tendedero, divisó con desagrado un panorama inesperado.

Había un hombre, uno que parecía de edad avanzada, tal vez unos sesenta o setenta años, que mientras canturreaba una canción, colgaba en un tendedero pieles humanas. Una pila de cuerpos arrojados sobre el pasto sobresalía a un lado de él. Algunos cuerpos se veían abiertos grotescamente, otros estaban sumergidos en tinas con líquidos que desprendían olores insoportables. Una escena bastante tétrica.

—Doctor Simons —le llamó Illumi con naturalidad.

—Ah… tú debes ser el mensajero de Nimrod.

—Así es.

—Jovencito, da unos pasos atrás, este lugar comienza a oler terrible, no quiero ser recordado como el hombre que tenía mal olor —continuó, dando media vuelta y caminando hacia Illumi, quien retrocedió instintivamente.

Aquel doctor parecía haber perdido su humanidad hace muchos años atrás, su mirada enrojecida, sus dientes amarillos, la extraña curvatura en la espalda y el cabello blanco, resaltaban su extravagante personalidad, provocando escalofríos.

—Creí que si venía a una ciudad, lejos del vicio de la tecnología, dejaría mis malos hábitos y viviría una vida tranquila hasta el final… pero… —miró a su alrededor. Cuerpos de hombres, mujeres, niños y ancianos sólo delataban el horror que un día desató con su decisión.

—No se pueden evitar hábitos arraigados desde épocas muy antiguas —advirtió el morocho.

—No… —volvió a ver a Illumi— tenía la esperanza de que un hijo nacido entre esta sociedad tan limpia, tuviera la oportunidad de volverse el nuevo anticristo —caminó un par de metros y entonces el Zoldyck descubrió lo que en ese punto el hombre escondía, un bebé, quizá de unos pocos meses de nacido que estaba rodeado de tubos y agujas por varios puntos de su pequeño cuerpo.

—Doctor, no quiero dar muchos rodeos, pero le recuerdo que ya hay un anticristo.

—Lo sé… pero nosotros buscamos una raza nueva, una raza pura que pueda tener todos los beneficios del mismo anticristo y erradicar este mundo de todo lo que…

—Ya es suficiente —cortó el discurso, comprendió que si le daba oportunidad, esa conversación se volvería a rumbos inútiles. Seguramente le daría cátedra sobre cómo mutaría aquel pequeño inocente.

—Mensajero —le sonrió con su horrible sonrisa amarilla—, quiero ser recordado como el hombre que trabajó hasta el último instante.

Se dispuso a dar la vuelta. El doctor aún creía que podía mantenerse haciendo sus experimentos, esperando vulgarmente una bala o algún arma que atravesara su cráneo para morir de forma romántica, entre su trabajo. En lugar de eso, unas agujas le hicieron caer, y al igual que con Madame Courté, despertó dos horas después sobre el mismo pasto con su mente alerta; para cuando notó que no tenía control de su cuerpo, vio con ironía su situación, un sentimiento de agonía que le hizo empatizar por primera vez con todos a los que había matado con ulterioridad.

—Doctor Simons, usted lleva trabajando para los Iluminados cincuenta años, ¿qué sabe usted sobre los sacerdotes del Nen ancestral?

—¿Sobre los niños que ocultaron para volverlos marionetas y controlar sus habilidades? —dijo en voz alta.

—Sí, esos. ¿Reconoce al collar de la Y?

—El hombre y la mujer de la Y, sí, he escuchado hablar de ellos.

—Cuénteme lo que sabe al respecto.

Muchos Iluminados temían al poder que traía Kikyo consigo, pero la pequeña era tan obediente que era difícil acceder a ella. Además, tenía guardias vigilándola todo el día, asimismo la niña había sido enseñada para ser un arma letal; no podían simplemente acercarse y convencerla de volverse su aliada.

Pero el doctor Simons no sabía más allá. El resto de la información que tenía, era la misma que todos conocían, las habilidadesdel artículo en cuestión, la historia de su origen y quiénes eran los que protegían a Kikyo, fuera de ahí, lo único nuevo que supo fue la historia terrorífica que en el trasfondo ocurría mientras la cacería por los sacerdotes de Nen ancestral comenzaba.

Ofrecieron una pequeña fortuna al doctor Simons; le prepararon un equipo de especialistas, un gran laboratorio perfectamente equipado, cámaras lujosas y todo lo que pudiera desear con tal de que mantuviera la atención en su trabajo; un lugar con base en el Continente Oscuro, con el único propósito de crear esos supuestos anticristos que buscaban, una nueva especie con capacidades superiores e inteligencia que les permitiera desarrollarse desde el momento en que su nacimiento se daba. Buscaron especies dentro del Continente Oscuro, particularmente, las hormigas-quimera que junto con una alimentación que ellos prepararon realizaban sus experimentos. Por supuesto, parte de esa alimentación pasados los años comenzó a incluir humanos.

No tenía nada que ver con sus asuntos, no le dio relevancia a ese punto, sólo prestó atención a los nombres de las tres personas que estuvieron involucradas tanto en el asunto de Kikyo, como en el de los laboratorios. Lamentablemente su tiempo había acabado, y no podría investigar hasta después de reportarse con Silva, de lo contrario tendría un gran problema.

No obstante algo extraordinario le esperaba; justo cuando acabó de matar al doctor, escuchó el llanto del bebé que yacía acostado en esa pequeña base, conectado a un montón de tubos; lucía espectral, pálido, se veía que no estaba bien alimentado y sintió el deber de matarle. Levantó su mano, listo para acabar con la vida del pequeño, y de pronto los latidos de su corazón se aceleraron, advirtió una emoción que nunca antes había experimentado. Era como una especie de melancolía y apego por una criatura inocente. Sus piernas temblaron, eran las emociones de Illumi que, seguramente, como una referencia a lo que él sentía por su hermano menor, fluían por los poros de su piel y le frenaban con una fuerza a la que no podía resistirse. Optó por no matarle, ya el destino se ocuparía de esa pobre criatura. Él tan sólo dio la vuelta y se alejó tan rápido como pudo, sin mirar atrás.

Llevaba ya dos meses sin comunicarse puesto que no había necesidad, su padre le había dicho que descansara porque pronto volverían a enviarlo a la isla y eso implicaba mucho esfuerzo mental. En cuanto pisó territorio fuera de NGL, su celular sonó, Silva llevaba dos semanas intentando localizarlo, tenía nuevo trabajo para él.

Así que durante el siguiente mes se dedicó por completo a trabajar en los asuntos de la familia. Tenían ahora un poco más de trabajo ya que Killua no estaba en casa y no se podían distribuir del modo en que antes hacían. Illumi tuvo que hacer lo que le correspondía al menor, al tiempo que ayudaba a Kalluto a habituarse cada vez más a los negocios familiares, a fin de asignarle algunos otros trabajos de mayor dificultad. Sin duda, no era lo que tenía en mente hacer, se la pasaba deseando contactar a Gio.

Terminando el mes, tal y como le habían advertido, fue enviado a la Tierra Sagrada. Esta vez su abuelo fue un poco más estricto con él, al grado de que no le permitía fácilmente dirigirles la palabra a los demás asesinos, bajo la excusa de que "era estrategia para llamar la atención", cuando en realidad tenía tiempo que sospechaba de las intenciones de su nieto. Como era su costumbre, no confiaba en él, no le parecía correcto dejarlo decidir lo que era conveniente para la familia.

Esto por supuesto no era del agrado de Nimrod, quien pronto se cansó de estar bajo la vigilancia poco o nada disimulada del anciano. Incluso intentó convencerle de que le dejara andar por su cuenta y a lo más que llegó, después de dos semanas de insistencia, fue a casa de Joab. Zeno le solicitó un espacio en su casa, mientras que el anciano se dedicaba a hacer negocios y otros asuntos.

Joab estuvo feliz, tenía de vuelta a su adorado Illumi en casa. Se notaba que le quería de un modo especial. Tenía todo listo para cuando llegara; un cuarto personal, espacios en toda la casa, como su propio lugar para leer; un equipo de sirvientes que estaban disponibles exclusivamente a su servicio, entre otras cosas que aseguraban la comodidad de su invitado especial. La cosa fue que al tercer día de estar en la mansión de los Jaco, Muath llegó de improviso, rodeado de un grupo de guardaespaldas y con una actitud agresiva, dispuesto a amenazar si era necesario, con tal de obtener lo que quería.

—Te dejaré pasar a mi casa bajo la condición de que entres solo —señaló el Jaco.

Muath la pensó dos veces antes de aceptar. No venía en calidad de invitado, sino como un intruso, y eso ponía en riesgo su vida. Joab le aseguró que si mantenía una actitud respetuosa, no sería molestado y le dio dos horas para hablar con su "sobrino".

—Illumi estará ocupado el resto del día, así que no lo hagas perder mucho tiempo.

—Recuerda esto Joab, algún día seré yo quien decida cuánto tiempo vas a verle y me aseguraré de que lo extrañes de verdad.

El mayor soltó una sonora carcajada.

—Muath, siempre tan gracioso.

Illumi estaba recostado en la cama de Joab, era de mañana cuando eso ocurrió y él acababa de despertar. El Jaco llamó su atención cuando entró a buscarle y avisarle que tenía una desagradable visita esperándole un piso abajo.

Al inicio el chico no quiso levantarse, estaba demasiado cómodo como para ir a atender al persistente Muath del cual ya estaba harto. La única razón por la que continuaba frecuentándole se debía a que gracias a él ganaba mucha fama. Siempre estaba hablando y presumiendo a Illumi, todo lo que el Zoldyck le enseñaba o que veía de él; todo lo que le impresionaba, iba y lo proclamaba a todos los asesinos quienes movidos por la curiosidad, terminaban buscando a Illumi y haciendo buenos negocios con los Zoldyck. Mejor publicidad no podía tener.

Salió de la cama, moviéndose con lentitud, desidioso entre bajar o no.

—Illumi… —le llamó Joab— date prisa, ponte algo de ropa.

El muchacho levantó una ceja, viendo cómo el hombre le devoraba con la mirada.

—También puedes salir del cuarto y dejar que me vista solo.

—Necesito asegurarme que vayas. No quiero tener a Muath refutando que no te dejé ir a verlo cuando vino a buscarte.

—¿Y por eso tienes que verme desnudo?

—Quiero decir… si sigues así, no te dejaré ir.

—Yo no fui el que invitó a Muath a verme. Ahora sal de aquí, requiero mi privacidad.

Joab se dio la vuelta, maldiciendo en voz baja por tener que dejar ir a su sobrino.

Fue otra de esas conversaciones aburridas, donde él tenía que responder un montón de preguntas "profundas" sobre la vida y la muerte, magia, secretos, misterios y otros temas que a Muath le atraían, pero que ni siquiera con todo el estudio que según él afirmaba tener, lograba a comprender. Parecía que entre más leía, más hueco estaba, más idas absurdas se creía. Lo gracioso era que a pesar de que Illumi hacía el esfuerzo por explicarle las cosas, él volvía a encerrarse en su idea original y no aprendía nada. Esto era desgastante.

Una vez que terminó su larga charla, regresó al cuarto de Joab, y encontró a su anfitrión recostado en un sillón, mientras parecía revisar algunos apuntes.

—Voy a salir —llamó su atención.

—¿Eh? —Joab levantó la vista sin comprender lo que le había dicho.

—Voy a salir —repitió— quedé en tener una reunión con Ender.

—¿No se supone que tu abuelo no te dio permiso de salir de aquí?

—¿Y qué?, ¿me vas a detener?

Joab bufó levantándose de su asiento.

—No puedo detenerte, y lo sabes. Pero tu abuelo me pidió un favor y estoy tratando de cumplir mi parte.

Illumi sacó su celular del bolsillo e hizo una breve llamada. En tan sólo unos segundos Zeno ya le había concedido el permiso para ir a la reunión. El nombre de Ender dejaba una buena impresión que no se podía simplemente evadir.

—Ya… ve, pero te advierto Illumi, no te dejaré volver muy tarde. Iré hasta donde estés para traerte de regreso si es que demoras mucho, ¿entendido?

«Sólo rodó los ojos, y asintió con la cabeza— se supone que sólo me quieres para tu diversión ¿dónde ha quedado el casanova seguro de sí mismo? —pensó con ironía».

Gracias por continuar leyendo.

Yuuki: Oh, eres la única persona que creo que lee esto xD bueno, como ves, estoy publicando YA, parece que sí, has estado muy ocupada con tantas cosas de la escuela, pero vamos, aguanta un poco, ya casi es la temporada de vacaciones. Vas a estar muy bien. Yo todavía me acuerdo del momento en que pensé "oh, y sí Joab estaba enamorado de Silva..." me reí tanto, tanto, que no pude evitar escribirlo. Yo también tengo mi lado fan de Alejandro Magno, el problema es que destruyó la cultura egipcia *llanto* y por culpa de su mal marketing, es que satirizaron a los magos, haciéndolos pasar por simples adivinadores, o gente que hace trucos para fiestas... es una pena. Chrollo es un personaje muy difícil, no teme contradecirse, no teme salir mal, eso hace que nunca pueda estar seguro si lo interpreto como debe ser o no. Como viste, sí, Kil se fue, pobrecillo, le hacía falta. Ahora comienza la historia de Nimrod y Kikyo, espero la disfrutes. Recuerda que siempre podrás encontrarme en mi tumblr por si un día te apetece charlar. Gracias Yuuki-chan. Un abrazo!