Hola, he vuelto, sólo te advierto que la historia se volverá un poquito más oscura
93 en Babel
Capítulo 19
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No mintió al decir que iría a ver a Ender. El nieto de Caín le había contactado hace unos días por medio de un mensaje, solicitando su presencia. Por supuesto que Nimrod no iba a desaprovechar la oportunidad de ir a verle, ya le había dicho antes Joab que éste era el mejor candidato de todos los que estaban interesados en él.
Habían quedado de verse en la gran casa del maestro Caín. En cuanto puso un pie en la entrada le recibieron con muchas atenciones. Se notaba la gran diferencia entre una familia poderosa y una de un rango inferior desde la puerta principal; ellos tenían una seguridad especial dado que no confiaban en su personal, los tenían distribuidos en puntos específicos de su casa, además había especialistas en diferentes armamentos, y muchos filtros de seguridad por los cuales cruzar. No fue fácil llegar hasta el cómodo salón donde Ender le estaba esperando.
—Gracias por venir Illumi. Por un momento creí que no me harías caso.
—¿Por qué habría de ignorarte?
Su risa fue todo lo que escuchó como respuesta. Creyó que era una pregunta retórica.
—Illumi, seré breve, hoy de nuevo tendré que salir a arreglar unos asuntos de la ONU, pero he escuchado muchos rumores sobre ti, ¿sabes de lo que hablo?, me interesa saber qué es verdad y qué es mentira.
—Creo saber de lo que hablas, pero dime, ¿qué te interesa conocer?
—Sé que perteneces a los Iluminados, pero ser parte de ellos no quiere decir que… bueno, quiero ver qué traes entre manos y si me conviene apostar por ti.
Le sonrió como si fueran cómplices, y el ente de Nen hizo sus cálculos basado en lo que percibía del interior del sujeto frente a él. Un engreído, fue su conclusión; Ender trataba de parecer el gran tipo que todos estaban esperando, pero en el fondo sólo era un presumido, un mimado, que había nacido en una buena posición. Sabía que tenía dos opciones, la primera era seguir su juego, tratarlo como todos sus subordinados lo trataban y así él, con una mala actitud, terminaría por aceptarle o su segunda opción…
—¿Y a mí en qué me conviene tu compañía?
Ender se sintió herido, nunca se imaginó que obtendría una respuesta tan desagradable y retadora, menos de alguien que había llegado a la isla a ofrecerse voluntariamente.
—No sé si te has dado cuenta Illumi, soy nieto del maestro Caín —se recargó, cruzándose de brazos con mucho orgullo—, pertenezco a una gran élite de asesinos, una tradición grande e importante, nosotros no trabajamos con mafias como el resto, trabajamos con asuntos de política mundial.
—Ender, no pregunté por tu familia. Pregunté por ti. ¿Por qué te revelaría secretos delicados y te haría parte de algo tan importante a ti?
De nuevo se repantigó en su asiento y tragó saliva. Ender se sintió aprisionado en esa pregunta, nunca antes se había visto en la necesidad de indagar en su propia situación. Tardó varios minutos analizando lo que iba a decir, sonriendo nerviosamente a su invitado y mirando al suelo en varios momentos hasta que se decidió a hablar.
—¡Vaya reto! —aclaró su garganta—, sin duda me has puesto a pensar, y concluyo que sí soy apto. Soy un tipo inteligente, aprendo rápido, sé trabajar con la presión que se me imponga y…
—En realidad, Ender, no era necesario que me respondieras, ya lo sé todo.
El tipo creyó que Illumi bromeaba, pero su rostro estaba plano, no mostraba ni un signo de estar jugando o fanfarroneando. Era tan firme en lo que decía que le provocó escalofríos.
—Tu verdadera duda no es si yo te soy útil. Quieres saber si esa persona que alguna vez estuvo en tu vida, volverá, pero sabes perfectamente que no es así y que debes dejarla ir. Yo no puedo ayudarte en eso, ni nadie más.
Los ojos de Ender se abrieron, y deseó ahora más que nunca tener tiempo para hablar con Illumi. Volteó a ver su reloj que estaba colgado en la pared y maldijo en su interior.
—Illumi, en verdad, en realidad me gustaría mucho conversar contigo, pero debo irme. Regresaré en cinco días, ¿puedo verte en el coliseo esa noche?, prometo que llegaré, sólo espérame.
—Estaré ahí hasta que Joab me pida que me marche. No prometo nada.
—Maldición —volvió a morderse el labio, con nerviosismo—. Estaré ahí, no importa qué…, estaré ahí.
Se despidieron, pero Ender guardaba ahora la necesidad de verle y haría lo que fuera necesario para lograrlo.
Esto era demasiado conveniente para Illumi, si Ender lo tomaba en serio, no sólo atraería la atención de personas con mayor relevancia, pondría a Joab en una situación más complicada y quizá lo podría orillar a tomar una decisión drástica. Controlar al Jaco era una de esas cosas que en verdad comenzaba a disfrutar. Y como su reunión había sido muy breve, no fue preciso que le recogiera el personal de los Jaco.
En cuanto pasaron los cinco días, Illumi asistió junto a Joab —como era ya la costumbre— al coliseo. Una vez dentro se separaron, el Jaco iba a su palco privado, enviaba a Illumi al lugar al que su abuelo le había reservado, y ahí se quedaba a solas hasta que era hora de marcharse. Normalmente, esto le aburría bastante, puesto que Joab y su abuelo no le permitían tener contacto con nadie, sólo dejaban que los demás le observaran e hicieran conjeturas cada quien por su parte. Eso permitía mantener al muchacho en una posición atractiva, que asegurara que Illumi no iba a repartir por todas partes esos sagrados secretos de familia y que quién le obtuviera, también tendría consigo exclusividad; por otro lado, también dificultaba el darse a conocer a aquellos que aún no se habían visto interesados en él y que podían ser postores importantes. Para Nimrod esto era una pérdida de tiempo, pero se contenía porque no era su problema, él quería tener al mejor postulante posible y asegurarse una posición que le fuera útil en un momento determinado.
Joab estaba muy seguro de sí mismo, creyendo que nada arruinaría sus planes, hasta que vio a Ender irrumpir en el palco privado en el que se encontraba Illumi. Sabía que pocas personas tendrían acceso a ese sitio, y una de ellas era precisamente el nieto de Caín. Alguien contra quien no podía simplemente decir que no. Ese evento arruinó su noche.
Illumi le sonrió a Ender como si estuviera viendo a un viejo amigo, le recibió con una naturalidad que los que les observaron creyeron que ya llevaban tiempo frecuentándose. El efecto fue positivo, de inmediato, casi todos los que hasta el momento no le habían prestado atención tenían puesta su vista sobre ellos, con curiosidad. Antes no lo hacían porque daban por un hecho que Joab lo apadrinaría, y lo justificaban por el historial que tenían con la familia Zoldyck.
—¿Te hice esperar mucho?
—No me di cuenta, he estado muy entretenido viendo a la nada —bromeo recargando su rostro en su mano, colocando el codo sobre la mesa en la que se encontraba.
—Illumi, no quiero sonar mal pero, ¿cómo supiste de… "eso"?, yo sé que investigándome a fondo, es posible descubrir ciertas cosas, pero para hacerlo se requieren de años de interés en mí, y no creo que tú hayas tenido el tiempo ni el deseo de hacer algo como tal. Sólo concluyo que lo sabes de otro modo.
Y tenía razón. Esta era la especialidad del ente de Nen, conocer los deseos más íntimos de los seres humanos. Todo aquello que escondían y que les atemorizaba de sí mismos, él era capaz de sacarlo a la luz, de verlo y tratarlo a la perfección. Sin herir ni intimidar, el ente comprendía lo delicado que era el tema y podía tratar a cualquier persona que se le acercara sin ninguna dificultad; él podía haber hecho esto mismo con todos los otros asesinos que se le acercaban y llamar de ese modo su atención, pero era más inteligente que eso, podía usar sus habilidades de forma más discreta y sacar el máximo provecho siempre.
—Responder a tu pregunta, y decirte uno de los grandes secretos de la vida, serían lo mismo.
—Eso quiero saber, exactamente, quiero ser parte de ese mundo…, sé que tú puedes llevarme ahí. Estoy listo para hacerlo.
—No, me temo que no entiendes cómo funciona esto. No se trata de que creas «estar listo», es si eres digno de saberlo, ¿lo eres?
—Entonces… ¿qué debo hacer?
Definitivamente sonaba diferente a la última vez que lo vio, cuando con una actitud presuntuosa se había dirigido a él; esto sólo demostraba que debajo de toda esa fachada confiada, había sólo un chico hambriento de conocimiento. Nimrod no pudo evitar compadecerse de él, en otra época habrían sido amigos.
—¿Estás dispuesto a hacer lo que yo te pida?
Sus miradas chocaron, Ender estaba apenado; así que tomó ventaja de su posición para comenzar a trabajar en el inconsciente del muchacho; discretamente envió señales a su mente, efectos subliminales para hacerle sentir excitado. Ender se intimidó ante los movimientos de Illumi, no podía desviar la mirada de sus manos; la forma en la que tocaba su cabello, sus gestos, sus ojos negros atrayentes; la extraña manera en la que se expresaba y cambiaba su postura, era como si de le estuviera diciendo "tómame aquí y ahora"; pero no era así. Tuvo que hacer un esfuerzo por concentrarse durante la siguiente hora en la conversación para no quedar como un tonto.
—Está bien, el Kybalion, puedo leerlo. Me tomará tiempo, verás, no soy un hombre muy letrado y me apena bastante.
—Puedes comenzar con ello y si tienes dudas, puedes preguntarme; por supuesto, si es que estoy disponible y no estoy obligado a responderte siempre —ponía las reglas y Ender las entendía. No debía darle lo que él buscaba sin poner un precio, era forzoso hacer algo que sirviera como base para excusar su cercanía.
—Illumi, oye… —desvió su mirada hacia el público y se encontró con unos ojos que le observaban con recelo, Joab no podía apartar su atención de ellos— Yo no puedo hablar con tu padre tan fácilmente como el resto de los asesinos, creo que ya lo sabes —Joab dejó de mirarle cuando notó que Ender no se intimidaba—, ¿en algún punto, podrías tú hablar con él, sobre la posibilidad de darme una entrevista?
—Mi abuelo se está encargando de eso.
—Preferiría hablar con tu padre —insistió— sé que es lo mismo, pero al menos a Silva lo he visto muy pocas veces en mi vida…
No quiso admitir que le intimidaba Zeno, y que le desagradaba Silva, tampoco era como si Illumi supiera de lo que hablaba dado que desconocía el trasfondo de la historia de su padre dentro de Tierra Sagrada. Nimrod fingió comprender porque no quería quedar como un tonto. De cualquier modo, vivía con la fuente de información más fiable de toda la isla, y podía preguntarle en cualquier momento sus dudas. Sabía que él se lo diría, directa o indirectamente.
El caso es que Joab no se encontraba de buen ánimo cuando llegaron a la gran mansión. Estaba evidentemente fastidiado de haber pasado la noche vigilando los movimientos de Ender y su sobrino adoptado, pensando con morbo que quizá Illumi le estaba coqueteando y eso le hacía hervir la sangre.
—¿Qué tanto hablabas con Ender?, ¿te ofreció apadrinarte?, estás perdiendo tu valioso tiempo, Illumi.
—¿Ahora alegas que es un mal partido?, la primera vez dijiste que era el que más te convencía.
—¿Se te olvida que tenemos un trato?, no vas a entregarte a nadie hasta que yo quede satisfecho —y era evidente que las cosas para él estaban comenzando a salirse de control, que ya no sólo estaba interesado en el conocimiento que le ofrecían.
—Eso déjamelo a mí, yo soy quien lo va a controlar.
—He estado llevando el control de esto desde hace tiempo. Sin mí no podrías lograrlo tan fácilmente —lo tomó por los hombros y lo obligó a verle de frente—. No voy a permitir que te lleven lejos de mí, no tienes idea de lo que soy capaz de hacer con tal de conseguir lo que quiero.
—¿Cualquier cosa menos pedirle a mi padre que te entregue mi tutelaje?
Apretó los dientes, Illumi tenía un buen punto a su favor.
—Eso es diferente.
—Joab, se te está olvidando lo que vine a hacer aquí: son negocios. —Apartó las manos que le sujetaban y remarcó todavía—. Negocios. Eso hago, así que no me estorbes, o sino simplemente perderé el interés en enseñarte.
—No me retes.
Fue su última advertencia. Después de ese día, comenzó a considerar la posibilidad de adoptar a Illumi, ir frente a Silva y pedirlo, pero cuando lo meditaba, recordaba todas las dificultades que eso traía. Ver de nuevo al albino, ver a su mujer junto a él, hablarle, y no para cualquier cosa, sino para pedirle a su hijo; eso hacía que su voluntad flaqueara y descartaba su decisión, pensando para sí mismo que mientras pudiera evitar cualquier compromiso, y poner trabas en los negocios del morocho, no había problema. Lo que temía era que después de ese día, otros poderosos solicitaran audiencias con Illumi, y eso le ponía los nervios de punta.
Después de discutir con él, ya no permitió que Illumi continuara con un palco privado, lo hacía sentarse junto a él y de ese modo evitaba cualquier otro contacto. Se justificaba diciendo que eso beneficiaría a la familia, llamando la atención gracias a su presencia, y sí lo hacía, pero no era lo suficiente como para decir que era una ayuda bien intencionada. Todos asumían que Joab lo sobreprotegía por ser hijo de su mejor amigo, no lo veían como el juego de intereses que había despertado Muath o Ender.
No duró mucho tiempo más en la isla, solicitó permiso a su abuelo para irse a atender sus asuntos personales. Ahora iría de vuelta al encuentro con Gio, la vio en otra ciudad, ahí ella se volvió Johana. La primera impresión que tuvo de Johana no fue agradable. La chica llevaba una blusa de tirantes ajustada con transparencias, demostrando su falta de pudor; una chaqueta de cuero hasta la cintura, una minifalda tan corta que bastaba simples posiciones de su cuerpo para mostrar el inicio de sus nalgas, y unas botas altas hasta las rodillas; todo combinado con un excesivo maquillaje que le hacía verse increíblemente vulgar.
—¿Para qué me has mandado a hablar… Johana? —preguntó impaciente mientras veía como ella se acomodaba en el sillón de aquel cuarto, cruzando las piernas de forma sugerente.
—Ah… sí, Gran Maestro —su voz sonaba floja, estaba mascando un chicle y haciendo bombas. Illumi incluso pensó en marcharse y no perder el tiempo con esa mujer— aquí traje los nuevos informes, ¿recuerda que le dije que los Nakamura y el maestro Euler estaban en NGL?, me temo que se movieron de lugar, hay un rumor que dice que usted consiguió un mensajero de los Hunter y que está trabajando para usted.
Cuando la escuchó hablar del tema, recordó que ella era sólo una marioneta, que si actuaba y lucía así era porque alguien la estaba forzando a hacerlo. No podía culparla, entonces se concentró en algún punto dentro del cuarto para no prestar atención en las apariencias.
—Sí, ¿a dónde se han ido?
—A la ciudad de Zebleg. Es casi el mismo caso de NGL, sólo que ahí es una ciudad pequeña y no un gran territorio; además, es posible el uso de tecnologías, pero sólo las tecnologías que aparecen en el listado que le dejé en el informe, ciertas marcas de ropa, aparatos, medicamentos, entre otras cosas… está todo ahí detallado. Si usted comete el error de ir con alguna de las cosas que no están permitidas, se le sancionará con un mes de castigo «por ser un Hunter», a las personas normales se les sanciona con diez años. El código indica que los únicos que tienen la libertad de entrar sin ninguna restricción son los niños, ellos pueden pasar junto con sus padres, pero una vez dentro, no pueden salir hasta que cumplan la mayoría de edad según las leyes de Zebleg. Recomiendo entonces que lea lo que le di, antes de que se marche.
—El único que me interesa aquí es el maestro Euler, él ha estado involucrado directamente con los sacerdotes del Nen arcaico, y estoy seguro que tiene información para mí. Fue un profesor muy reconocido durante la época en que Kikyo Zoldyck huyó de sus protectores. Los crímenes cometidos por él son delicados.
—Debería tomar más atención a los Nakamura. El señor y la señora Nakamura tienen el tráfico de niños más poderoso en la actualidad.
—Niña te voy a decir algo muy importante… ¿Qué pasaría si acabo con esa pareja? —Johana no respondió—, ¿hay alguien aparte de ellos que sepan dónde están esos niños?, ¿su listado de víctimas?
—No. Esa es una información que sólo ellos poseen —contestó con pena.
—No puedo simplemente ir y matarles, su red seguirá existiendo aun después de sus muertes. No dependen de los Nakamura; en cambio, si me deshago de ellos, no sabremos quién controla a quién y dónde está el resto. Por lo demás, mi principal objetivo tiene que ver con otros asuntos, ya lo sabes.
—¡No podemos simplemente ignorarlo!, ¡tiene que hacer algo!
—Para los Nakamura tengo planes diferentes, pero matarlos es algo que está muy lejos de suceder.
—Pero…
—Johana, no tengo tiempo para estupideces, ¿hay algo más que deba saber?
—Sí, en realidad esto no era lo que yo quería decirle.
—Deja de perder el tiempo.
Johana miró al suelo, se notaba claramente nerviosa y confundida, como si una fuerza interior quisiera frenarla de hablar; Illumi comprendió que debía ayudarla a hacerse presión en sí misma, que no era ella quien se detenía a confesar lo que ocultaba, y con sus habilidades de manipulación logro mantenerla bajo control.
—Los Nakamura fueron los últimos padres adoptivos de la sacerdotisa Kikyo, antes de que ella se fuera, ellos no se dedicaban al tráfico de niños, eso fue justo una semana después de que Kikyo se marchara. Así que puedo asumir que hay una relación ahí…
Illumi salió a toda prisa, después de terminar la reunión, tenía en mente ya su objetivo. Esos Nakamura, de todos los que hasta ahora tenía conocimiento, eran los más cercanos a los enemigos que él estaba deseando encontrar. Aquél que dio la orden, que le robó su paz y le quitó a su mujer. Deseaba completar su venganza, destrozar a esos dos, no era opción, pero tenía un plan especial reservado entre manos.
Hisoka había intentado contactarle un par de veces; no respondió a sus llamadas, pero vio en sus mensajes que intentaba atraerle infructuosamente, hasta que mencionó que Killua estaba en la Torre, justo donde él se encontraba. Cuando lo leyó su corazón saltó, quiso ir a ver al niño, y de nuevo se dio cuenta que algo andaba muy mal. Él era una entidad, una energía poderosa, sin ninguna debilidad, ¿por qué desearía estar con un niño de doce años? No, se negó a su deseo y siguió su camino. Sólo avisó en casa que estaría ocupado en sus propios negocios.
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Cuando llegó a Zebleg, sintió un escalofrío desde la misma frontera. Una sensación de saber que algo muy complejo le estaba esperando ahí dentro, y por supuesto, estaba consciente de que hasta ahora se había encontrado con magos negros, es decir, con gente no muy poderosa que se había conformado con sólo algunos detalles oscuros de la magia; lo más probable es que los siguientes de la lista no serían iguales, al contrario, eran seres verdaderamente peligrosos.
Con su apariencia en forma de Gittarackur, dentro de esa ciudad, pasaba por completo desapercibido. La gente de ahí era tan extravagante que difícilmente él sobresalía. Sus ropas comprendían de capas y capas de tela de diferentes colores que semejaban a un cuadro surrealista; aretes, tatuajes, cabello de muchos colores. Un lugar que parecía un montón de puntos coloridos que hacían sufrir dolores de cabeza ante la forma tan mal combinada del ambiente y las personas, como si quisieran hacer sufrir a sus visitantes por atreverse a pisar sus terrenos sagrados. Al pasar los días se dio cuenta que no sería fácil dar con su objetivo, sobre todo porque la gente de Zebleg parecía haber sido entrenada para no dar respuestas cuando eran requeridas, y él tuvo que ejercer presión en las personas para conseguir la información solicitada.
Por un momento dudó si encontraría a los Nakamura, hasta que al final, a casi tres semanas de búsqueda los halló en una pequeña casa al otro extremo de la ciudad, viviendo como si fueran una familia feliz y normal; con seis hijos adoptados de entre dos y diecisiete años. Cuando llegó a su casa, ellos dos no estaban. Aparentemente habían salido a realizar unas compras mientras que su hija mayor cuidaba a los niños. Ella fue quien le recibió, con un rostro de seriedad absoluta. La chica parecía haberse adaptado perfectamente a la sociedad en la que vivía: labios pintados de negro, ojos rojos con profundas líneas amarillas que daban la impresión de estar frente a un ser de la noche, una especie de vampiresa, cabello de diferentes tonalidades rojas y una ropa extravagante, hacían que Illumi y su apariencia punk pareciera más normal que ella.
—Mis padres no están, puede volver más tarde si gusta.
—No, gracias. Me quedaré aquí a esperarlos —se adelantó y entró a la casa, no iba a esperar una invitación, parecía que ella no tenía modales comunes y tampoco era como que a él le importara seguir protocolos.
Ambos se sentaron en la sala, la chica lo miraba insistentemente mientras se escuchaban risas y gritos de fondo; eran los niños que estaban jugando a todo volumen. Él se detuvo a observar el lugar, a simple vista parecía una casa común, portarretratos en las paredes, una televisión grande, muebles desiguales; al parecer a los Nakamura no les importaba buscar un tema específico para adornar su hogar. En apariencia no delataba nada. Era un simple hogar.
Una hora después se percató de algo extraño, la chica enfocó su vista en la nada y sus ojos se giraron, con la boca paralizada; apenas iba a revisarla, cuando llegaron los Nakamura. Illumi asumió que ella era una marioneta que estaba bajo los efectos de su entrenamiento, pero cuando escuchó a la mujer expresar asustada:
—Kei, ¡está teniendo otra convulsión! —se dio cuenta que ocurría otra cosa.
Gracias a su Nen, tenían la apariencia de una pareja joven, cuando en realidad eran un par de ancianos, y se movieron a una velocidad impresionante para hacer reaccionar a la muchacha. Ambos notaron la presencia de Illumi, pero no le prestaron atención hasta que su hija había vuelto en sí.
—¿Es usted acaso el mensajero del Gran Mago Nimrod? —preguntó el señor Nakamura.
—Tenemos hijos que cuidar, por favor, atienda primero a nuestras palabras antes de tomar una decisión —suplicó la mujer.
Pero sólo eran eso, palabras, excusas; sabían que un posible enfrentamiento sería la respuesta si no actuaban con cuidado.
—Tener hijos no es ningún motivo para detener mi trabajo.
—Mimi, somos dos contra uno —le dijo Kei—. Esto lo podemos manejar.
Nimrod celebró en su interior, estos dos le intentarían dar batalla y eso era lo mejor de todo. Tenía ganas de entretenerse peleando; demasiada energía acumulada no era buena. Salieron de la casa, huyendo lejos de la mirada de los curiosos. Ambos eran realmente buenos, no se les escapaba casi nada, y es que tenían un control magnífico de Nen, el problema era que ambos pasaban más tiempo defendiéndose y protegiéndose mutuamente, que dando batalla y esto a la larga fue tornándose contra ellos. Estuvieron peleando hasta que Illumi terminó por comprender sus ataques de rutina, y en una milésima de segundo, justo cuando fingió un ataque a la mujer y el hombre bajó ligeramente la guardia por ir a socorrerla, lo sometió usando una de sus agujas que atravesó su cuello y lo hizo caer al suelo, al borde del ahogo. No permitió que Mimi ayudará a su marido otra vez, tomó al tipo del suelo, levantándole por los cabellos y profirió una advertencia.
—Si tuviera tantas ganas, podría tomar su vida ahora. Platiquemos un poco Mimi, tal vez tu marido sobreviva otro día más si me haces caso.
No le quedó otra opción, Nimrod no estaba jugando. Entre lágrimas obedeció. Caminaron de vuelta a la casa y ahí sentó a la pareja, uno junto al otro. Mientras Kei hacía un esfuerzo por mantenerse vivo, respirando agitado, pero permaneciendo inconsciente. Mimi temía verlo y darse cuenta que su hombre estaba muriendo lentamente mientras ella tartamudeaba sus ruegos al ente de Nen.
Los niños se asomaban detrás de las puertas de sus cuartos, no sabían lo que pasaba, pero intuían que no era nada bueno. La hermana mayor los escondió a todos y los vigilaba para que no se escapasen a curiosear por la sala.
—Mimi, necesito información sobre los Iluminados. Las cosas que estuvieron ocurriendo hace treinta años, la conspiración del Nen ancestral, ¿te suena?
—No, no… N-no —estaba nerviosa, tan alterada que no podía pensar coherentemente lo que debía decir. Ni podía fingir de forma adecuada, sus emociones la estaban traicionando.
—Niña, al menos esfuérzate por mentirme —pero Illumi estaba tranquilo, no alzaba la voz, más bien, parecía que quería reírse de lo que veía.
—Lo siento, lo siento… —se cubrió el rostro bañado en sudor y lágrimas— no puedo con mis nervios, no está vez.
—Tranquila, tengo el remedio perfecto para tus nervios.
Tomó sus manos y ella le vio a los ojos, se enfocó en esos oscuros orbes que le atrajeron de una forma siniestra.
—Eso es, respira.
Ella quedó en trance, Illumi se sentó en otro de los sillones y más relajado, comenzó con su interrogatorio.
—Mimi, platícame un poco de tu pasado. ¿Cómo se involucraron ustedes en esta conspiración?
Mimi comenzó a hablar, ante la mirada agonizante de su marido, que temblaba de miedo mientras que ella relataba los sucesos que recordaba.
Los sacerdotes elegidos para ser portadores de Nen arcaico, se suponía que siempre eran hijos ilegítimos de miembros de altas categorías de los Iluminados, los cuales habían sido entregados a la hermandad como muestra de fidelidad. Eran ofrecidos una vez que eran destetados, y arrancados de los brazos de sus madres. No había misericordia. Esos niños crecían de acuerdo al objeto que portaran o la misión por la que debían trabajar; en el caso de Kikyo, ella debía mantenerse virgen el resto de su vida, o mientras portara el collar de la Y, así que, para evitar cualquier problema, ella se encontraba en constante vigilancia por diferentes personas, rodeada día y noche de gente que era capaz de cuidarla, sin tener ningún deseo sexual que pusiera en riesgo su objetivo. No estaba permitido que ella estuviera cerca de parejas de enamorados, porque tampoco querían que sintiera curiosidad al respecto. Debía mantenerse firme, así que le quitaban cualquier tentación posible aun si ella era sólo un bebé.
Los sacerdotes del Nen arcaico, no tenían un hogar; vivían en las casas de cada uno de los miembros de los Iluminados que estaban encargados de cuidarlos y frecuentemente estos fingían ser los padres o familia de los sacerdotes, para disimular su presencia. Durante ese trascurso, eran entrenados para obedecer sin importar las circunstancias, les practicaban el mismo ritual por el que Illumi hizo pasar a Killua cuando estaba en la Torre Celestial. Sólo que en lugar de ponerles agujas en el cerebro, les dañaban a tal grado que jamás podían dejar de ser títeres de sus amos. Ellos tenían mucho poder, un Nen que les proporcionaba la facilidad de hacer cosas que otros humanos no podían, pero estaban tan lastimados que no eran capaces de sacar provecho. Especialmente Kikyo, quien portaba a dos de los entes más poderosos de los sacerdotes, los cuales le daban la capacidad de conceder deseos; la más profunda, la más difícil, y secreta de sus ambiciones. Era capaz de conocer el interior de las personas, con sólo verlas un instante. Kikyo sabía todo de todos, hasta las cosas más perturbadoras, no obstante nunca pudo usarlo en contra de nadie, y no porque fuera tonta, sino porque la habían discapacitado para que le fuera imposible.
Durante esa época de su niñez, los Iluminados tenían muchas fracciones en su institución; todas por motivos políticos, intereses personales o económicos. Los círculos con personas que compartían intereses estaban por todas partes, y eso los hacía ser una agrupación poco unida, lo que los volvía débiles. Por todas partes parecía haber una competencia por hacer nacer al anticristo, como si el grupo que lo lograra primero, sería el más poderoso de todos y a causa de ello había más peleas internas. Los que creían que con magia era más fácil y los que creían que con ciencia era más seguro; mientras que una pequeña parte, creía que vendría con el tiempo.
Con el paso de los años, los círculos fueron reduciéndose para formar agrupaciones más grandes y fuertes. Dos de ellas destacaban: los que tenían mucho poder, gracias a su Nen, y los que tenían poder, gracias a su posición social. Ambos tenían muchos seguidores, sin embargo, el grupo de los que eran influyentes en la sociedad, pese a que tenían más territorio, temían enormemente a los poseedores de Nen, ya que sus habilidades eran superiores a las de ellos, tanto que no necesitaban poder político para influir en esos ambientes. Eran odiados y temidos.
Los que carecían de Nen, eran de mente profunda, obsesiva y maligna. Los políticos gastaban mucho esfuerzo en vigilar y atacar a los del Nen, sin importar los recursos. Mientras que los de Nen, simplemente los ignoraban porque sabían que bastaba un poco de decisión de su parte para aplastarlos. No contaban con que ellos, precisamente ahí, se crearían las conspiraciones más fuertes. Porque quizá parecían los más débiles, pero ellos poco a poco se ganaron la simpatía de gente que controlaba el Nen a la perfección, y que, no obstante, valoraban más los intereses políticos que otros asuntos. Y ellos no eran cualquier clase de persona, ejemplo de sus simpatizantes, eran los Hill, millonarios, estrafalarios que tenían mucho conocimiento de uso de Nen, sólo que no era su especialidad; su vida política era bien conocida y todos sabían que había un lado turbio dentro de ellos.
Del otro lado de la balanza, así mismo había problemas. Entre los usuarios Nen que estaban en el otro grupo, también había rencillas y envidias debido a que pasaban tiempo compitiendo entre ellos por ver quién era el mejor, y constantemente se creaban problemas con los Hunters. Además, todavía en su interior, había un grupo más pequeño, de los usuarios Nen más poderosos de todos. Los cuales tenían por misión secreta e interna, proteger el Nen arcaico. No eran tipos populares, no trataban de llamar la atención. Ellos tenían su objetivo claro y firme; daban uso de ese Nen de acuerdo a las reglas y tradiciones de la hermandad, e ignoraban al resto de los grupos, sólo fingían ser parte de uno para no tener que lidiar con nadie.
Lamentablemente no duraron mucho tiempo así, gracias a los espías que estaban constantemente a su alrededor, los protectores del Nen arcaico quedaron al descubierto como un grupo de traidores. Todos se volvieron en su contra. Reclamaban su secretismo, les acusaba de tener el poder de ayudar a la hermandad completa, pero eligiendo mantenerlo oculto para beneficios sospechosos; además no podían aceptar que ellos tuvieran acceso exclusivo a poderes tan fascinantes. Por supuesto, todos ambicionaban tener el uso de esas personas y aprovechar al máximo sus capacidades, por ende comenzaron a perseguirles.
Kikyo en aquella época, sólo tenía diez años. Ella había crecido muy solitaria, pasaba largas horas de entrenamiento como asesina para enfriar sus sentimientos hacia la humanidad, no tenía permitido hablar mucho, era usada para tratar con personas de altos cargos alrededor del mundo, se la pasaba viajando, visitando presidentes, reyes, gente importante a quienes les concedía unos cuantos deseos, y enjuiciaba dependiendo de la situación. Dado que su poder era muy importante y vital, cuando se descubrió el asunto de los sacerdotes, la ocultaron tanto como pudieron; tratando de no descuidar los asuntos para los que ella era dedicada.
Permaneció escondida durante la temporada de decadencia, donde los aliados y enemigos se confundieron entre ellos y al final, ya nadie sabía para quién trabajaba. En algún momento, cuando estaba por cumplir los trece, el secreto de Kikyo salió a la luz, cosa que resultó en un terrible problema. Si ya había guerra por usar a los sacerdotes, la sola existencia de Kikyo era señal de fatalidad, había quienes deseaban matarle, y obviamente, aparecieron montones de interesados en que ella les cumpliera deseos.
«Ella podría darnos la solución a todos nuestros problemas», alegaban los que se querían hacerse los justos.«Ella podría traernos al elegido», decían los que fingían interés en la hermandad, pero desconocían que entre cada deseo había un ritual que respetar y que no podían simplemente concederse deseos sin tener consecuencias en repercusión. Nada de eso les importaba, ellos sólo eran egoístas y fue así hasta que se volvió casi imposible proteger a Kikyo.
No era como que Kikyo fuera tratada bien de todos modos; era atormentada a diario, todo para mantenerla bajo control, la forzaban a matar y a torturar a otros para que no tuviera sensibilidad a las personas y no terminara por conceder deseos por lástima ni se sintiera atraída por otras personas; tampoco le era permitido presenciar muestras de amor, para su suerte, todo esto la salvaba de sufrir abusos sexuales. Los protectores de Kikyo se organizaron para incrementar su vigilancia, incluso descuidaron a los otros sacerdotes, con tal de mantenerla a fuera de peligro.
Fue así como la conspiración pasó a otro nivel. Los líderes de ese movimiento querían a toda costa deshacerse de ella, y estudiaron al máximo la posibilidad de romper con el trato que tenía hacia su objeto, pero era imposible; nunca estaba sola, rodeada día y noche de los protectores más fuertes y difíciles de vencer. Comparados con ellos, no eran nada y además, bastaba con pedirle deseos a Kikyo para poder someterlos. Por eso, como líderes, se mantuvieron ocultos tanto como pudieron, y así lograron hacer que el movimiento perdurara sin preocuparse de ser descubiertos y derrotados. ¿Cómo podían entonces acabar con los que protegían a los sacerdotes?, ¿cómo obtendrían su deseo de eliminar a Kikyo?
—No importa que ella posea ese objeto, sigue siendo un ser humano.
—No se trata de que sea o no un ser humano, ¿cómo llegaremos a ella?
—Eso es a lo que voy, es un humano, tiene emociones y eso conduce a las aspiraciones. Su entrenamiento como marioneta le ha impedido soñar o desear algo, pero no quiere decir que no pueda hacerlo.
Hablaban los líderes de la conspiración.
—El punto es: ¿cómo llegaremos a ella si todo el tiempo está rodeada?
—Yo lo haré. ¿Saben mi habilidad nueva?, gracias a mis entrenamientos ahora puedo hacer viajes astrales. En el mundo astral soy imparable. No importa cuántos vigilantes tenga, ella allá será vulnerable.
A partir de ahí, diseñaron un plan muy bien estructurado. Ese hombre esperó pacientemente para perfeccionar su técnica y enseñar a otros, esperar hasta que Kikyo cumplió quince años, cuando ya tenían todo para no fallar en su misión. Una obra maestra.
Desde el momento en que notaron que ella ya tenía madurez suficiente como para desear conocer el amor, el primero de ellos se le apareció durante sus sueños. Lucía como un hombre joven, más o menos de su edad, vestido con atuendos blancos y dorados, y le sonreía con dulzura, le coqueteaba sutilmente hasta que finalmente tomó su mano. Kikyo despertó asustada como nunca antes lo había estado en su vida; jamás imaginó que algo así pudiera ocurrir, en ningún modo lo había imaginado y sin embargo, le había gustado mucho, lo suficiente como para desear más.
Ese hombre continuó apareciendo en sus sueños, la llevaba a pasear por diferentes lugares, le hablaba de amor, la abrazaba y acariciaba. Ella sentía que eso estaba mal, porque jamás lo había visto en el mundo, pese a que solía leer mucho, y conocía los términos románticos bajo una perspectiva retorcida, tampoco veía posible que ella cayera en esos juegos. Le habían dicho que sus padres eran los entes de Nen que vivían dentro de ella y que ellos tenían una relación parecida a esa; era algo que ocurría con los demás, como si de una enfermedad se tratase. Por tanto, este acoso la orilló a mantener el problema en absoluto silencio, temerosa de que alguien lo descubriera.
Los ataques contra los sacerdotes empeoraron, redujeron el grupo a la mitad y perdieron a una parte de los portadores de entes de Nen. Necesitaban desesperadamente de personal de confianza para protegerlos a todos, y entonces hubo un desliz, uno que cambió la historia por completo.
A pesar de la precaria situación, continuaban trabajando como si no ocurriera nada, porque comprendían que tenían deberes que atender, sobre todo ahora que el nacimiento de "el único", estaba cerca, y todo debía quedar listo para recibirlo; así que tenían por plan someter a la hermandad de los Asesinos. Para ello habían dejado a un encargado de realizar el trato, un tipo llamado DaLozza, a quien se le encomendó solicitar la rendición de los Asesinos. El plan era llevar a Kikyo con los últimos aliados que estaban disponibles para cuidarla, y por recomendación especial de DaLozza, ella fue a dar a casa de los Nakamura. Al principio se suponía que estaría ahí sólo por dos semanas, debido a que los Nakamura no cumplían con la reglas necesarias para poder cuidarla; eran un matrimonio, justo lo que no debía ver ni desear; pero terminó quedándose dos largos meses, y adoptó todas las costumbres de esa familia, porque ellos aparentaron todo el tiempo ser padres de la chica frente a los vecinos curiosos y visitantes que de vez en cuando iban a la casa.
Estando allí, continuó con sus sueños; ahora ella misma los ansiaba, esperaba impacientemente volver a ver a ese hombre de blanco que tanto amor le prodigaba; deseaba ser tocada por él, estar en sus brazos. Pese a que eran solo ilusiones, su deseo empeoró tras ver cómo los Nakamura se amaban con tanta pasión. Comenzó a tener una envidia atroz, internamente los maldecía. Por suerte, DaLozza regresó por ella justo a tiempo, antes de que los asesinara.
—DaLozza la llevó a Tierra Sagrada a fin de usarla contra la hermandad, cosa que funcionó a la perfección. Fue él quien la ayudó en su escape junto a un Asesino, alegó a los demás que ellos dos lo habían intentado matar. Pero él era un espía doble, trabajaba para ambos bandos, los conspiradores y los protectores de los entes de Nen; él fue quien nos recomendó a los líderes de la conspiración para dejarnos formar parte de su plan.
—¿Cuál es el objetivo de ellos? —preguntó Illumi.
—Unos esperaban al elegido… Nosotros creíamos que no era necesario esperar a uno en particular, ¿por qué tener un líder cuando todos podemos desarrollar la misma capacidad?
Lo comprendió, por eso requerían del tráfico de niños, de seres humanos en general, porque experimentaban con ellos en el Continente Oscuro todo con tal de encontrar la fórmula perfecta que los volviera a todos en seres llenos de sabiduría y poder. Un deseo caprichoso que bien habían podido cumplir usando a Kikyo y que por temor a las consecuencias, no lo habían hecho.
Esa era toda la información que Mimi había podido darle y ahora entendía lo que tenía qué hacer, pero antes debía ir en busca del maestro Euler; alguien que estaba relacionado directamente con los sacerdotes y que tenía cargos de crímenes por orquestar genocidios llevando a sus víctimas al Continente Oscuro. Hasta ahí, había una clara relación entre el maestro Euler y los conspiradores.
Justo cuando estaba por salir de casa, vio que uno de los hijos adoptivos de los Nakamura, el pequeño de dos años corrió por el pasillo hasta llegar junto a su madre, el infante se lanzó a su regazo y entonces sintió un hueco en su estómago. Por primera vez en su vida, experimentó una autentica ternura, una nostalgia que lo detuvo de marcharse.
—Dentro de unos días enviaré a alguien por la información de la red de tráfico de niños —expresó en voz alta, no sabiendo a quién se refería, sólo lo había dicho porque su instintito protector lo había impulsado a hacerlo—. Le darán toda la información que les pida y con eso su cuenta será saldada.
La mujer soltó unas lágrimas de alivio cuando vio como Illumi removía la aguja del cuello de su marido y lo liberaba de su Nen.
—Sí, sí…, nosotros queríamos salir de ese grupo, pero nos era imposible, tenemos hijos y…
—No me importa. Sólo hagan lo que les ordené.
—Sí…
Salió de la casa en busca del maestro Euler. Esa ternura que había sentido lo tenía preocupado, ¿acaso los sentimientos de Illumi estaban comenzando a salir? No lo sabía y temía averiguar la respuesta.
999
Por supuesto que encontrar a su nuevo objetivo en esa colorida ciudad no fue fácil, vagó por muchos sitios antes de dar con su paradero. Se podría decir que su encuentro fue más obra del destino que algo que él hubiera logrado, lo halló en la cima de una colina, junto a un árbol, mientras veía el horizonte, con una mirada de decisión. Su cuerpo se veía deforme, se notaba que había tomado un gran esfuerzo para llegar a ese sitio. Sus piernas estaban hinchadas como dos grandes bolas, al igual que su mano izquierda; tenía un ojo blanco, estaba comenzando a perder la vista del único ojo que tenía disponible y además, tenía un gran tumor en su garganta que lo forzaba respirar con mucho dolor. Illumi se preguntó cómo pudo llegar a subir con tantas dificultades, seguramente le tomó todo un día hacer toda esa labor con su cuerpo maltrecho.
Si lo había reconocido fue precisamente porque Johana le había indicado que él siempre portaba consigo determinadas insignias de la hermandad, mismas que reconoció en sus prendas. Un tipo que por muchos años fue el director del laboratorio del Continente Oscuro, definitivamente esas malformaciones eran bien merecidas.
—Eres Nimrod, ¿no es así? —le preguntó el hombre justo en el momento en que Illumi estuvo de pie detrás de él.
Gracias a su decisión de morir, sus sentidos estaban más agudos ahora y podía percibir la realidad de un modo más crudo.
—Así es —contestó sin rodeos.
—He venido aquí a suicidarme. —El viento desordenó los cabellos de ambos—. No tiene caso vivir con esta condición de vida, pensaba firmemente en acabar todo aquí, pero gracias a ti, creo que podría tener un poco de venganza, ¿tienes tiempo para un condenado a muerte?
—¿Tienes algo qué ofrecer?
—Te lo diré todo. El Continente Oscuro, la conspiración que buscas.
Más tiempo para información no podía tener. Accedió e incluso usó sus agujas para anular los dolores que padecía, todo con tal de no tener interrupciones antes de matarle.
Los horrores que la gente vivía en el Continente Oscuro no tienen nombre. Cientos de miles de personas, de todas las edades, habían muerto ahí después de agonías terribles, en busca de la fórmula que los volviera perfectos. Habían caído en prácticas terribles, donde todo era permitido hasta la cosa más sucia y vil, ya no les importaba analizar nada, sólo experimentar y descubrir qué resultados obtenían. No había gloria en ello, y los que estaban encargados de realizar los experimentos habían perdido su humanidad en el proceso, o se habían suicidado ya.
El maestro Euler había caído en la vanidad durante su juventud, debido asu avidez por alcanzar la perfección. No le había importado dar nada, ni su propia familia, a cambio de encontrar ese futuro prometedor que nunca llegó.
—Ixchel R, Dante C, Nicolás B, DaLozza, Winner, Mical… ellos son los seis. Los líderes de la conspiración.
DaLozza, era el líder. Esto fue particularmente interesante, los Nakamura ni siquiera estaban enterados de esto, ellos habían creído que se trataba de un tipo que tenía contacto con los líderes del movimiento.
—Es un hombre que parece como cualquier otro. No tiene nada de especial, no es popular con las mujeres, ni se ve tan brillante. Incluso cuando yo lo conocí, creí que se trataba de un invitado más sin ninguna relevancia. Piel morena, ojos negros, cabello negro, sin ningún dato interesante a añadir, de estatura media, ni siquiera era fornido… se hace pasar por cualquier persona, lo único que tiene de interesante es que conoce a demasiada gente y es agradable, trabaja sin paga en varias fundaciones en causas por la humanidad, los animales y la naturaleza, no tiene un rango relevante en la hermandad, obedece ordenes de todos y a la vez, sutilmente los convence a apoyarle por su causa. En la conspiración, los líderes lo conocen como la bestia, incluso ellos creían que él era el "único", debido a sus cualidades sociales y sus habilidades con Nen. Lamentablemente sobre ese último punto no puedo darte información, no conozco nada al respecto…
DaLozza, el tipo que supuestamente era un doble espía, en realidad era el líder del movimiento, y por tanto, su principal enemigo. Él había llevado a Kikyo a Tierra Sagrada, y seguramente él había provocado que ella se relacionara con Silva. Su sangre hirvió, debía hablar con ella lo más pronto posible.
Apuntó los nombres de los líderes, junto con datos de cada uno, mató al hombre y se marchó. Quería ir a casa, ver a su madre y forzarla a hablar. Lamentablemente no pudo hacerlo, tuvo que regresar a la isla, donde su abuelo lo estaba esperando.
Estuvo ahí, aburrido, junto a Joab, Muath, Adalfuns, Ender, —éste último sólo apareció en dos ocasiones—, los nuevos clientes interesados en él, y continuando la rutina de ir al coliseo a llamar la atención. Por supuesto que deseaba huir, pero no lo hizo porque no le era conveniente.
—¿Illumi? —una tarde, de forma inesperada, Hisoka le llamó—, no he tenido noticias de ti.
—No ha sido necesario —contestó cortantemente—, ¿qué necesitas?
—Por el momento, nada… —sonrió, era la primera vez que escuchaba que Illumi le preguntara tal cosa, eso significaba un ligero avance en su relación— yo era quien deseaba saber eso mismo de ti.
Illumi suspiró, estaba tan fastidiado de estar en Tierra Sagrada que agradecía la llamada de Hisoka para entretenerse.
—No, no hay nada qué atender, ¿alguna novedad?
—Sí, Chrollo nos llamó a todos los miembros de la araña. Tiene planeado un nuevo movimiento.
Eso daba mucho a pensar, si Chrollo había comenzado a hacer un plan, significaba que eventualmente le llamaría bajo la excusa de que tenía un trabajo para hacerle partícipe y forzarlo a verle de nuevo.
—¿Estás con él?
—No aún… voy en camino. Quizá sea mi oportunidad para tener un buen enfrentamiento.
—Bien —respondió, en realidad prefería mantener esa conversación pero no sabía cómo hacerlo.
—Ah y otra cosa más… me encontré a tu hermanito menor, estuvo en la Torre Celestial hasta hace poco. Me parece que ya se fue, pero comenzó a desarrollar su Nen, deberías verlo, es bastante interesante.
La mano derecha de Illumi tembló, por poco deja caer el celular, la imagen de Killua apareció en su mente como si estuviera rodeado de un aura angelical. El inconsciente de su anfitrión añoraba la compañía del peliblanco, deseaba verlo. Su ansiedad era como un hambre que no podía ser saciada, y dolía de una manera inexplicable; por primera vez tuvo miedo, no sabía lo que le estaba ocurriendo, posiblemente el deseo de Illumi estaba volviendo a evolucionar o eso quiso creer.
—Más tarde… —contestó con la boca seca.
—¿Todo bien?
—¿Necesitas hablar de otro asunto?
Inmediatamente identificó que algo no estaba bien en Illumi, y sonrió malévolamente, ¿podría ser que Nimrod era débil a Killua? Quizá, y si era así, entonces quería decir que después de todo no era invencible como tanto aparentaba. Solo bastaba mover las fichas en cierto modo para que todo cuadrara a su favor.
—Descuida, si requiero algo te lo haré saber. En cuanto llegue a la base te llamaré, espero verte pronto, tenemos trabajo por hacer —Hisoka se estaba regocijando ante este nuevo golpe de información, debía encontrar un uso en ello.
Después de un largo mes allí, se le concedió a Illumi la oportunidad de marcharse bajo la excusa de que estaría haciendo trabajos para la familia. Después de todo, era el mes en que más trabajos recibían a causa de que las subastas de York Shin estaban por empezar. Nuevos casos de políticos, millonarios, venganzas y otros asuntos en los cuales debía relacionarse. Nada que no hubiera hecho antes.
Por fortuna, pudo tener la reunión que tanto necesitaba con Gio para confirmar sus sospechas. Le habló de los detalles importantes que Gio era apto para escuchar sin ponerse en riesgo y darle más información a cambio, resultaba que cada uno de los nombres de la lista, tenían un historial interesante en su camino y ninguno de ellos, especialmente DaLozza, sería fácil de localizar.
Continuó con su trabajo, y estuvo así hasta que la infame llamada que tanto esperaba, se dio.
—Illumi, tiempo sin hablarte.
—¿Qué ocurre, Chrollo?
—Tengo aquí entre manos, un trabajo para ti. Es algo que te va a interesar bastante durante la subasta de York Shin y la paga que te ofrezco es justa. Me gustaría discutir contigo los detalles, pero prefiero que sea en persona, ¿crees que podamos vernos pronto?
Pusieron fecha y lugar para verse. El único problema era que en verdad Illumi tenía trabajo por hacer, así que no tuvo otra opción que decir la verdad a su padre.
—Un trabajo para el Genei Ryodan, no suena nada mal —le dijo del otro lado de la línea. Incluso su abuelo se veía entusiasmado con la idea—. Dices que el mismo Chrollo Lucifer te llamó. Será mejor que le des prioridad, no sabemos en qué otros puntos vayan a repercutir y cómo podremos sacar provecho de esto.
—Claro, papá.
En fin, el 14 de diciembre es mi cumpleaños y quiero traer un buen regalo para todos, para festejarme con ustedes, ojalá pueda... Ya más de un año publicando ¿puedes creerlo?
Shiro: ¡Oh!, sí, siento que Kalluto quiere más a Killua de lo que él lo imagina, siempre he tenido esa imagen de él, creo que desde que vi la obra de teatro. En cierto modo me imagino que así fue, o que si llevaba dinero, no llevaba tanto, sólo lo suficiente para aguantar unos días. Y cierto... *risa nerviosa* no puedo imaginar que Illumi voluntariamente eligiera esa apariencia (Gittarackur) creo que debió ser una improvisación o algo por el estilo, mmm de todos modos hice lo que mi imaginación me dio a entender. Gracias por tomarte un tiempo para dejarme un mensajito, es adorable llegar y ver un poco de atención. Muchas gracias!.'.
Yuuki: Te respondo por acá *risas* es que en el otro fanfic no te puedo responder porque sólo es un oneshot y entras como un host, así que se pone difícil. Sí, sólo hablar, pero en esa historia es así, acá es otro asunto. Ja ja soy una horrible persona por romper tu burbuja de amor-sexo. Y por supuesto, quiero publicar mis oneshot en cuanto me sienta listo. Gracias por escribirme, siempre es un placer conversar contigo.'.
¡Hasta pronto!
