He vuelto, aunque un poco triste, el país en donde vivo está cayendo muy, muy bajo y no existe nada que podamos hacer para levantarlo. En fin. El capítulo nuevo ya quedó listo y les agradezco a todos por su paciencia *risas* cómo si fueran muchas personas, Shiro, Yuuki, ustedes dos hacen que esta historia siga viva.

93 en Babel

Capítulo 21

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Kalluto pasó lo siguientes meses en entrenamiento para controlar y dar forma a su Nen. Su madre no le dio descanso, pasó muchas horas perfeccionando su técnica, mientras Kikyo, para darle confianza a su hijo, empezó a hacer lecturas del futuro, buscando orientación en las runas, los astros y todo material guía que encontrara; deseaba tanto asegurarse de que las arañas aun no tuvieran alcanzar éxito sin la ayuda de su hijo, que volvió a realizar rituales con Kalluto para augurarse toda la suerte posible.

Orientó al más pequeño a desarrollar una técnica para localizar a cualquier persona sin importar la distancia o la falta de pistas, a espiar y robar información sin ser detectado; tan sólo enfocándose en determinados factores que eran difíciles de percibir a simple vista. Misma técnica que le bastaría para vigilar a Killua, y dar con el sujeto que la araña precisaba localizar.

Cuando su pequeño estuvo listo, su primer prueba fue localizar al Ryodan mismo, y al cabo de unos días logró dar con Machi, a quién siguió hasta que pudo establecer un contacto con ella. Machi quedó impresionada, cuando vio que el pequeño había sido capaz de encontrarle pese a que apenas le conocía y prácticamente lo que sabían el uno del otro, era casi una nimiedad; así que, con esa habilidad como prueba, llevó a Kalluto hasta Greed Island. Allí, después de tantos meses de entrenamiento, Kalluto puso su nueva habilidad en práctica, localizando al exorcista de Nen.

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Esa temporada, Nimrod la tomó como algo positivo para su vida. No quería actuar como un niño pesimista que se ponía a llorar en un rincón sólo porque las cosas no salían como él las esperaba. Si iba a atacar a esos hombres, entonces los haría tomarle en serio. Comenzó a entrenarse, a prepararse física y mentalmente para derrotarlos. Sin importar el costo debía ganar. Le daba risa ver que la gente en el Continente Oscuro se sentía poderosa haciendo un montón de experimentos, probando e indagando entre manuscritos que eran de la época de su reinado. Estaba seguro que sólo entendían un porcentaje pequeño de la magnitud que en ellos se encontraba. La gran diferencia era que él sí lo entendía; las palabras e imágenes en los pergaminos eran materia básica, fáciles de entender, claras como el agua. Fue a varios mercados y compró varios de los manuscritos que estaban abandonados porque no podían ser comprendidos y los leyó para refrescar sus memorias. Maha tenía un laboratorio pequeño en sus propiedades, era sólo un cuarto, pero tenía todo lo justo para que Illumi pudiera trabajar sin batallar tanto.

Él era un alquimista completo. Perfeccionó todo su cuerpo, lo pulió, retrasando su envejecimiento, fortaleciéndolo más para no ser fácilmente dañado, cada tejido, cada cabello los volvió más resistentes; podía permanecer bajo tierra por más tiempo, soportar temperaturas extremas, y estar sumergido en agua por periodos considerablemente largos. Esto igual lo podía conseguir entrenándose como un asesino, tal y como lo había aprendido de su padre, pero Nimrod no tenía ese tiempo, así que se aseguró que su cuerpo estuviera en un límite superior. Preparó todas sus técnicas, y se alistó como nunca antes lo había hecho, esta vez no permitiría ningún fallo. Iba a superarlos a todos.

Todos los días caminaba por un tramo cercano a uno de los laboratorios de los conspiradores, a diario cambiaba su apariencia para no llamar la atención; añadiendo las medidas adecuadas para obtener información. Revisaba los alrededores y, poco a poco, fue descubriendo lo que ocurría en el recinto. Tenían un experimento que llamaban "el más exitoso de todos"; llevaban meses con un criadero de hormigas-quimera, el cual lo había alimentado y reforzado hasta volverlas del tamaño de un ser humano promedio, y les ayudaron a desarrollar un sistema de comunicación. Se decía que usaban los órganos y fluidos de estos insectos para diferentes medicamentos y otros asuntos extra con el fin de hacer dinero.

Las hormigas vivían en una especie de colmena en forma de montaña que estaba rodeada con un muro electrificado especial para que ellas no pudieran escapar, y no permitían que animales voladores se acercaran, así se aseguraban que esas criaturas no pudieran generan la capacidad de volar. De ahí en más, no se sabía a ciencia cierta para qué las usaban. Sin embargo lo trataban como un asunto del cual se enorgullecían. Illumi quería quitarles eso que tanto adoraban. Si les gustaban mucho sus hormigas, entonces se desharía de ellas.

Un día, sin más, se paró frente al gran muro electrificado. En el suelo había un punto unido hasta el otro extremo de la montaña que representaba una falla en la arquitectura hecha por las hormigas y que desde ese punto, si se provocaba el suficiente movimiento, podía lograr un sismo con la magnitud adecuada para hacer colapsar la construcción. Colocó sus manos en el suelo; como su alcance y fuerza eran ahora superiores al día en que llegó al Continente Oscuro, no dudó en que lograría su meta. Su Nen manipulador comenzó a ejercer presión en la estructura y provocó un fuerte temblor que alarmó a todos en el área. La pequeña montaña comenzó a comprimirse y cientos de hormigas quimera huyeron por montones, achicharrándose al contacto con los muros electrificados, los cuales aún permanecían de pie gracias a su resistente estructura metálica. Illumi ejerció más fuerza. Los muros comenzaron a lanzar chispas, y alcanzó a escuchar un grito desesperado de entre todo el bullicio:

—¡Abran las puertas, salven a las hormigas!

Pero fue de inmediato opacado cuando una gran explosión hizo que la tierra, el fuego y todo el material a su alrededor saltara a todos lados; esta vez hubo más gritos. Una parte del laboratorio había explotado provocando un fuego que se extendió por el terreno de las hormigas.

El autor del desastre sonrió, aún faltaba un acto más para sentirse satisfecho, quería estar seguro de que fuera imposible recuperar su ó a provocar otro temblor, aprovechando que las estructuras estaban reaccionando por sí mismas; esta vez vio sombras veloces brincando sobre su cabeza. Los guardias habían llegado, tarde, pero estaban ahí dispuestos a detenerle.

—¡Es él! —gritó uno de ellos—, doctora Ixchel, es él.

Gracias a ese llamado, pudo encontrar por primera vez a uno de los conspiradores. La reconoció, era imposible no hacerlo. Una mujer que aparentaba tener unos treinta años, de larga melena rosa y piel oscura. Quiso centrarse en ella, pero un ataque lo hizo retroceder. Ixchel corría sobre el montículo, intentando recuperar alguna de las hormigas que buscaban escapatoria entre los muros.

Corrió, ocultándose entre la naturaleza y los hombres le siguieron; aprovechó que el humo negro comenzó a inundar la zona, dificultando la visión. Escaló entre los árboles y desde ese ángulo se concentró en matar a sus atacantes, uno a uno, con maestría y una destreza digna de un Zoldyck. Los primeros cinco fueron flancos fáciles, los siguientes se dieron cuenta del patrón e intentaron alcanzarlo trepando los árboles pero cayeron en la segunda trampa de Illumi, quien los estaba esperando con sus nuevos humanos aguja. La batalla continuó hasta que ya sólo quedaba uno de ellos, su líder, el único superviviente.

Se vieron entre el humo, sabía que no iba a ser una pelea sencilla, cualquier error sería fatal. El líder creía estar en ventaja porque conocía al dedillo la zona, mientras que veía que Illumi improvisaba sus movimientos aprovechando a sus marionetas, de las cuales él se deshizo tan rápido cómo pudo para alcanzar a su objetivo.

No se sabe cómo, pero en algún punto durante la batalla el hombre logró tener muy cerca al Zoldyck, lo suficiente como para usar uno de sus trucos y matarle, pero la suerte no estaba de su lado, otra explosión, una más fuerte que la primera hizo que se detuviera. Hubo fuego por todas partes y el humo negro volvió a esparcirse. El hombre nunca supo que venían refuerzos, puesto que su vida fue tomada por Illumi; lo trasformó en su marioneta y lo puso en contra de la ayuda que venía por él. Para ese momento, el morocho ya había atravesado el muro y estaba en busca de Ixchel.

La encontró mientras ella intentaba huir del calor intenso que la estaba sofocando, apenas logró salir de entre todo el infierno que se había desatado y escuchó a sus servicios de emergencias haciendo un esfuerzo por controlar el desastre. Cuando alzó la mirada, el Zoldyck ya estaba frente a ella, con un par de agujas listas para ser arrojadas.

—Nimrod —pronunció, tosiendo por aclarar su garganta.

Apuntó las agujas, sabía que no iba a ser así de fácil, así que estaba calculando sus movimientos, listo para pelear.

—¿Crees que con esto has ganado?, llegas tarde, pero no tengo tiempo para explicártelo.

—¡Doctora! —un grito interrumpió el momento.

Ixchel extendió un par de alas enormes, sus ojos parpadearon de forma vertical y le sonrió con malicia. A una velocidad exagerada, voló lejos, fuera de su alcance, zigzagueando en el cielo. Illumi entendió que ella no se dejaría atrapar, le daría una gran batalla antes de permitirlo.

Tras presionar a los pocos doctores que quedaban supo que ella había hecho experimentos en su propio cuerpo, combinándolo con la naturaleza de los insectos y plantas, era una botánica experta y sabía lo que hacía. Luego se marchó. Al menos se quedaba con la satisfacción de haber dañado su más preciado logro.

Lo que él no notó, por el calor del momento, fue que la gran mayoría de las hormigas quimera se habían esforzado por salvar a la reina que estaba en lo más profundo de la montaña, entre todas la sacaron de ahí. Muchas habían muerto en el intento, todas menos la reina, se tomaron entre ellas formando una especie de plataforma y se arrojaron al mar por un orificio que se formó en el muro a causa de las explosiones, mientras que la reina descansaba sobre ellas. Dado que el fuego estaba por todas partes esa había sido su mejor opción. Viajaron durante días por el mar, una a una fueron ahogándose, permaneciendo unidas por los químicos que desprendían sus cuerpos, así salvaron a la reina, que era lo único que importaba.

Illumi regresó a la casa de Maha, donde el anciano lo esperaba. Al principio pensaba regañarlo, acusarle por el escándalo y advertirle nuevamente que ellos irían tras él, sólo que al momento de verlo entrar a la casa, vio lo que todos los Zoldyck habían visto por años pero que ninguno había sido capaz de interpretar.

—No eres mi nieto, ¿verdad?

Nimrod sonrió orgulloso, ese hombre era un verdadero peligro.

—No me importa lo que hayas hecho, ni lo que quieras hacer. No tienes nada que ver conmigo ahora. Vete, toma uno de mis barcos y márchate, a partir de aquí ya no responderé por ti.

—Me parece perfecto. Ya me has ayudado demasiado. Estamos en deuda.

—Ahórrate los discursos, no le diré a Silva que no eres su hijo, esperaré pacientemente a que caigas. Si algo he aprendido en la vida, es que nadie puede ser dueño de nadie por siempre.

Nimrod tomó las pocas cosas que le interesaba conservar aún y se deshizo de sus experimentos caseros. No quería dejar rastro de sus conocimientos en un sitio donde podían volverse un arma poderosa. Luego se marchó, tal cual se lo había pedido Maha, tomando una de las embarcaciones del anciano.

Ixchel no regresaría en un largo tiempo, si es que quería que él no la encontrara; por ende no le importó salir del continente, además, con el escándalo provocado, se había dado aviso de que él estaba comenzando a acercarse a los conspiradores, así que lo más obvio era que ninguno se ocultaría en el Continente Oscuro por un tiempo.

Al séptimo día de su viaje de vuelta, su teléfono comenzó a vibrar y recuperar los mensajes que no habían llegado, dado que en el continente el servicio satelital estaba restringido. Tenía tres mensajes relativamente importantes por parte de Hisoka, y uno por parte de Gio.

Hisoka le avisaba que ahora había hecho un trato con Chrollo, que le ayudaría a recuperar su Nen a cambio de que le diera una oportunidad para pelear. En otro de los mensajes le decía que ya llevaba con él al exorcista de Nen y que había visto a Killua en un lugar llamado Greed Island, y que se encontraba bien. Sus manos temblaron un momento y casi suelta el aparato, leer el nombre de Killua le había provocado escalofríos, su cuerpo lo extrañaba, deseaba volver a ver a ese niño, sentir su presencia. Sin embargo, se contuvo nuevamente, no podía dejarse dominar por el cuerpo de Illumi.

—Por eso necesito al anticristo —se dijo. Él era el único capaz de erradicar la presencia del Zoldyck, sin que se perdiera a sí mismo.

Luego leyó el mensaje de Gio.

«En cuanto lea esto, por favor póngase en contacto conmigo».

Inmediatamente le llamó, no sólo quería saber qué era lo que tenía de nuevo, también quería desviar su mente lejos del albino.

—Gio, ¿qué ocurre?

—Gran Maestro, sé que no tiene mucho tiempo para mí, pero mataron al hijo de Ixchel y…

—Ah, ¿es eso?, no hay ningún problema, he sido yo quién lo hizo.

—¿Usted mismo? —escuchó un suspiro al otro lado de la línea—, supongo que todo está bajo control ahora. De todos modos, tengo unos asuntos importantes que hablar con usted, me gustaría saber si tendría un poco de tiempo para mí.

—Llegaré en siete días a tierra, ¿dónde estarás?

—En Tibru, ahí seré, Gio. Un hombre.

Y así lo hizo, en cuanto estuvo en tierra, se dirigió inmediatamente al encuentro de Gio, en una habitación de algún hotel bastante céntrico.

—Hace tiempo se había perdido el rastro de Ixchel. Sabía que tenía algún asunto en el Continente Oscuro, pero ese lugar es gigantesco y hay muchos tabúes que lo rodean así que, por más que escuche noticias por parte del concilio, no puedo saber todos los pormenores. Ixchel se había mantenido oculta bastante bien estando lejos, se ha vuelto imposible de rastrear. Hace unos días ella llegó al concilio, yo estaba ahí, dijo que había perdido una posesión importante en el Continente Oscuro…

—¿Detalló lo que pasó?

—No, sólo dijo que una criatura lugar derrumbó su laboratorio.

—Me llamó, "criatura". ¡Ja!

—¿Usted lo hizo? —esperó la respuesta del Zoldyck—, ella no habló de nada de eso, supongo que no quiere que nadie se enteré que ya está siendo perseguida por usted.

Illumi continuó en silencio, y él no quiso perder su tiempo dando explicaciones.

—Como sea, ella regresó pidiendo nuevos fondos para recuperar su posesión. El concilio estuvo a punto de aceptar, dado que ella, se supone, realiza experimentos en beneficio a la hermandad, sin embargo, sabían que había grandes posibilidades de que fuera usted quién lo hizo y no desean tenerle como enemigo. Así que alegaron algo lo suficientemente razonable; rechazaron su petición diciendo que ella nunca ha hecho reportes de sus avances. La hermandad sólo se entera cuando ya tiene un resultado y no saben del procedimiento. Eso no quita la posibilidad de que esté ocultando más detalles de sus trabajos. Ixchel se marchó con las manos vacías.

—Fue la mejor decisión —contestó con orgullo.

—Sí, yo creí que ella dejaría sus experimentos por un tiempo, pero no fue así. Descubrí, tras rastrear sus gastos, que de hecho lleva el control de todas sus posiciones gracias a un hombre en Girei, un abogado llamado Yayin Santi.

El nombre resonó en su mente, tenía tiempo que no lo oía. Soltó una carcajada. Yayin había sido muy inteligente al ocultar toda esta información.

—Yayin conoce todas y cada una de las posesiones de Ixchel, maneja un despacho de contadores y conoce cada prestanombres que Ixchel posee. Solo hace falta ir allá.

Illumi agradeció la información y se marchó, ir tras Yayin sería fácil, tenía al hombre sometido a sus deseos, sólo era cuestión de ir a presionarlo un poco. No le convenía matarlo, ni usar sus agujas con él, tenía el presentimiento de que si lo hacía, podía llevar las del perder en la balanza del karma. Más riesgos a estas alturas serían su perdición. Así que en cuanto llegó a Girei, fue a darle un vistazo a su antigua mascota.

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Mientras él estuvo ocupado en los asuntos del continente, Hisoka terminó de ayudar a Gon y Killua en su juego, y se dispuso a ir con las arañas, todo para encontrar la novedad de que ya tenía un sustituto dentro del grupo. Un miembro que además había sido capaz de localizar al exorcista de Nen que tanto necesitaban. El rostro de Kalluto le pareció familiar, pero la emoción del momento le hizo olvidar este detalle.

Le delegaron la responsabilidad de negociar con el exorcista, cosa en la que estaba confiado. La suerte que Chrollo había leído para sí mismo era que un hombre le estaría esperando en el este, así que tenía fe en que el sujeto aquel no rechazara su propuesta.

—¿Exactamente quién es esa persona?

—¿Es tan importante saber quién es?

—Le pusieron Nen en el corazón. Hacen falta agallas para que alguien haga algo de esa magnitud y tener éxito.

—Una mujer despechada —contestó alegremente, si el tipo necesitaba mentiras, entonces eso iba a decir.

Abegane, el exorcista, le lanzó una mirada de enojo.

—Soy un hombre serio, si vas a querer hacer esto, entonces, más vale comenzar a ser sincero, porque remover el Nen podría provocarme daños también.

Hisoka se rió a causa de esa reacción.

—La persona que requiere tu ayuda, preferiría mantener las cosas en secreto, es importante que sea así. Si esto representa un problema, entonces simplemente daré media vuelta y buscaré a otro que quiera hacer el trabajo. Sólo quiero remarcarte que estoy dispuesto a pagarte cualquier cantidad de dinero que desees.

—Es precisamente esa parte la que más me intriga. Alguien que acepta cualquier cantidad no puede ser cualquier persona…

—Veamos, estabas aquí por la paga que el señor Batera estaba ofreciendo, ¿no es así?, ¿qué tal si te ofrezco el doble?, ¿si te doy una cantidad, dejarás esos detalles atrás?

Abegane no podía mentir, él estaba detrás de dinero. Tenía asuntos pendientes que lo movían a buscarlo. Finalmente aceptó, sólo puso una condición.

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—Iré con Abegane yo sólo. Si él ve que alguien más hace contacto conmigo durante el viaje, se marchará —les dijo al resto de las arañas, y ellos aceptaron.

Se sentían más confiados con Kalluto en su equipo. Eso les aseguraba que tendrían a un buen espía, como lo había sido desde el momento en que llegó a Greed Island para demostrar sus habilidades.

Hisoka guío a Abegane a través de viaje que duró tres días hasta que se encontró con Chrollo en medio de un desierto. El exorcista tuvo miedo de encontrase en un lugar asolado, donde no podía escapar si es que era atacado, más aún cuando el sujeto que se encontró ahí le hizo bastantes preguntas sobre su habilidad y lo que iría a pasar. Chrollo le había dicho que tenía la necesidad de entender lo que ocurriría una vez que el Nen fuera removido de su cuerpo. Estando en medio del desierto, frente a esos dos testigos, realizó el ritual y eliminó el Nen que obstaculizaba a Chrollo; luego, todo se volvió confuso para Abegane, divisó a un pequeño niño caminando entre la arena, acercándose a ellos tres y le entregó el dinero que le correspondía, indicándole que podía marcharse. Abegane huyó tan rápido como pudo, mientras que Chrollo festejaba secretamente, su nueva habilidad.

Entonces ocurrió lo esperado.

—Hemos hecho un trato —le recordó Hisoka.

—Lo sé.

Chrollo le sonrió de un modo en que no le dio buena espina.

—Hisoka, ¿no podrías esperar?, prometo que después pelearé contigo.

—Chrollo, creo que no lo comprendes, yo no puedo dejar pasar esta oportunidad, sólo por causa de tu itinerario. Lo que sea que tengas pensado hacer podrías posponerlo… Si es que sobrevives.

—Lo siento Hisoka, por ahora tengo asuntos qué atender, así que me daré prisa.

Chrollo tomó su libro y lo abrió en alguna página. Hisoka se puso en guardia, el hecho de que tuviera su libro en mano era suficiente señal de que algo estaba por ocurrir. Chrollo corrió, como si fuera en dirección hacia el pelirrojo y luego, simplemente desapareció. Se había escapado usando su habilidad de teletransportación y había dejado a Hisoka en medio del desierto, aunque no solo, Kalluto estaba con él, había sido enviado por los otros miembros de la araña para que se presentara frente a su líder y le llevara a donde ellos estaban esperándole. Dado que su apariencia era de alguien débil, estaban seguros de que el exorcista no se sentiría amenazado por él. Sin embargo, no contaban con que Chrollo le abandonaría sin cuestionarlo.

—Chrollo —se rió Hisoka, mientras veía al pequeño niño que lo observaba cautelosamente—, se te olvidó tu juguetito.

—No soy un juguete —espetó Kalluto.

—Llévame con Chrollo. Pudiste encontrar al exorcista usando tu habilidad secreta, estoy seguro que puedes encontrar a Chrollo donde sea que se haya metido.

—¿Por qué haría yo eso?

Una carta voló en dirección a su cara y él fue más rápido para evadirla. Justo cuando creía que ya estaba a salvo y que Hisoka no lanzaría otra carta más, escuchó su voz.

—Porque ahora estas atrapado a mí —estiró la línea pegajosa de su Nen que se había adherido al rostro del menor— y a menos de que estés dispuesto a morir en una forma lenta y tortuosa, entonces, dejaré que me ocultes lo que he estado buscando todo este tiempo.

Pronto Kalluto se dio cuenta de la diferencia de capacidades que había entre ellos, no tenía opción. Si las arañas no se metían con él y Chrollo mismo había evitado pelear, significaba que no podía tomarse a juego a ese hombre, y Kalluto no podía darse el lujo de morir cuando su hermano le necesitaba tanto. Tragó saliva, y maldijo en voz baja.

Desconocía que en realidad Hisoka no le mataría, tal vez si lo golpearía hasta hacerlo creer que iría a matarlo, pero el mago no tenía ni un pelo de tonto, no se desharía de la única pista que tenía hacía su objetivo.

Decidió caminar y guiar a Hisoka por un sendero muy largo que le permitiera darse tiempo para hacer un plan y huir de él.

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Conseguir la información de Yayin fue extremadamente fácil, sólo lo había pedido y él se lo había entregado poniendo un poco de resistencia. Le rogó que no le delatara frente a Ixchel, porque ella era capaz de quitarle a sus hijas para usarlas en sus experimentos si es que lo veía conveniente. De todos modos, no pensaba ir a sentarse a conversar con la doctora acerca de sus aliados. Yayin le dirigió de vuelta a su bodega personal, y le entregó copias de todas las propiedades de la mujer, eran treinta y dos en total, repartidas entre los diferentes continentes.

Nimrod no tenía tiempo para dedicarse a ir uno tras uno, en busca de la doctora, así que optó por el camino más fácil. Eligió entre las personas de la calle marionetas que pudieran repartirse entre los diferentes puntos y les ordenó incendiar dichos lugares; casas, edificios, tiendas, todo lo que ella poseyera, ellos lo quemarían. Esperaba que con esa señal, ella se diera por enterada de que no podría evadir la persecución.

Una vez que tuvo todo listo, y que sólo le restaba esperar a ver los resultados, su resistencia terminó. Se sentía ansioso, como si estuviera evitando una adicción poderosa, vital para su vida. Tenía demasiada sed, pero aun cuando ingería constantes líquidos, no se saciaba; su cuerpo temblaba, e incluso comenzó a delirar. Tuvo que reconocer que el momento había llegado.

—Hisoka, ¿dónde está Killua? —le llamó, estaba desesperado por recibir noticias de él, aunque lo que más quería era ir a verlo por sí mismo. Esta vez no le bastaría con escuchar un "está bien".

Escuchó que el pelirrojo reía y se molestó más.

—¿Ya extrañado a tu pequeño hermano? —Hisoka caminaba a paso lento junto a Kalluto. El niño arrastraba los pies, alegando que necesitaba ya un descanso.

—Mis asuntos no son de tu incumbencia, requiero saber su ubicación.

—Es sólo una broma, Illumi —Kalluto detuvo sus pasos, ese hombre estaba hablando con su hermano justo en ese momento, pero se maldijo por haber reaccionado ante ese nombre. Hisoka ahora lo veía con más curiosidad—, no sé dónde esté tu hermano, la última vez que le vi, estaba en Greed Island y eso fue hace dos meses…, tal vez…

Había pasado bastante tiempo. Colgó el teléfono y respiró hondo, ¿cómo podía saber la ubicación exacta de su pequeña adicción? Una idea vino a su mente. Llamó de inmediato a Milluki, él podía rastrear los gastos que Killua hubiera hecho en los pasados días, y así fue, en cuestión de minutos ya tenía el registro de todo lo que había estado haciendo, se enteró de que se encontraba viajando, junto a un grupo de Hunters, rumbo a Yorkshin. Se preguntó qué asuntos podrían tener en un lugar como ese, y con esa idea, justificó su deseo de ir a verle.

Hisoka fue ahora quién dejó de caminar, y jaló a Kalluto para acercarlo más a él.

—¿Qué fue esa reacción cuando escuchaste el nombre de Illumi? —le preguntó, pero el niño se mantuvo en silencio.

Ahora sabía que su hermano estaba buscando a Killua, y eso le asustaba bastante.

—¿Qué eres tú de…? —apenas iba a preguntar, cuando el pelirrojo por fin recordó su rostro— Eres el niño que venía con Illumi ese día —se respondió sonrientemente—. Seguramente eres su hermano, otro de sus hermanos. Qué adorable coincidencia, ¿qué necesidad tiene un Zoldyck de volverse un ladrón?

Kalluto insistió en permanecer en silencio, con la mirada hacia la calle, conteniendo sus expresiones para no delatarse más.

—De acuerdo, no respondas ahora. Más tarde me lo dirás, claro, si es que no te mato antes de que me lleves con Chrollo… ¿crees que soy tonto?, sé que me has estado llevando por un camino falso, te he tenido suficiente paciencia porque me eres divertido, pero tengo un límite.

Haló de su aura de goma y lo hizo moverse bruscamente hasta que retomó su camino. Kalluto estaba seguro de una cosa, la mejor opción que ahora le quedaba, era llevar a ese hombre a la presencia de Chrollo y que él se hiciera cargo de sus asuntos, él tenía el deber de asegurase de que sus dos hermanos no se encontraran.

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Illumi, con los datos que Milluki le dio, se dispuso a ir tras su hermano. No tenía planes de llevarlo con él, solo quería verlo. Su cuerpo lo necesitaba con urgencia. Le tomó varios días llegar. Una vez dentro de Yorkshin se dedicó buscarlo en medio de esa gran ciudad. No tenía ningún plan en mente, se conformaba con hallarlo. Volvió a consultar con su hermano, si es que era posible encontrar el hotel en el que se hospedaba, eso le facilitaría mucho las cosas.

Milluki sabía que Illumi no tenía ninguna razón para buscar al niño, pero le daba igual. Killua no era precisamente alguien con quien simpatizara, y si su hermano mayor le ponía un alto a su aire presuntuoso, era mejor para él. Así que con todo gusto le envió los datos del hotel en el que estaba, al sur de Yorkshin.

Estuvo caminando por más de una hora sin rumbo fijo. Recorriendo desesperadamente el lugar, consumido por el sentimiento que atravesaba su pecho, hasta que captó su presencia. Fue un breve instante; controló todo su Nen, no sólo estaba su hermano, había otras personas cerca de él, y reconoció a Gon entre ellos. Cambió a Zetsu, no quería verse involucrado en los asuntos del grupo que rodeaba a su pequeña adicción, tampoco quería que se percataran de él, sólo quería observar a lo lejos al albino. Se acercó con precaución y lo vio, corriendo entre los árboles, como buscando algo en medio de la playa; esa melena blanca apareció, y él tomó su distancia.

De momentos se detenían, y el sujeto que acompañaba a ambos muchachos, un hombre de una larga cabellera blanquecina, les decía de vez en cuando algún comentario sobre el entorno. En una de esas pausas, en los que el viento dejó su ruido, alcanzóa escuchar una frase que involucraba a las hormigas-quimera. Tragó saliva. ¿Cómo podía ser que esas criaturas llegaran a una playa tan lejana? No lo sabía, quizá la doctora había tomado un puñado de hormigas pequeñas que pudo trasportar con facilidad. Dejó de pensar en el asunto y se enfocó en lo más único que quería era satisfacer su hambre.

—Killua —murmuró, viéndole a distancia.

Lucía más fuerte y maduro, aunque todavía tenía ese aire infantil y presumido de siempre. Pensándolo bien, no se veía maduro, sólo un poco más alto y con más experiencia. Presintió que algo malo estaba por ocurrir, pero era fútil preocuparse. Killua podía defenderse por sí mismo, no obstante su instinto protector lo estaba controlando. Trepó un árbol alto y un poco retirado de con ellos, desde ahí podría ver todo lo que ocurría y se dio cuenta de una mirada que se había fijado en él, fue un segundo en el que Kite le hizo ver que sin importar su Zetsu, él sabía que había alguien arriba de un árbol.

«Al menos está con un tipo bien entrenado, puedo relajarme más», sintió un poco de alivio y continuó observando al niño.

Entre más lo veía, el peso de la adicción se iba retirando de sus hombros, y la ansiedad se fue calmando. Se marchó con la satisfacción de que Killua no sólo sabía bien cómo defenderse, pese a tener esa aguja impidiéndole meterse en problemas grandes, además estaba con esos dos peleadores prometedores. Ya no había mucho de qué preocuparse, o eso creyó.

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En primer lugar, la brigada fantasma había enviado a Kalluto en busca de Chrollo, a fin de que él previniera la pelea con Hisoka, sugiriendo ir a un lugar más adecuado, y así atraer al molesto mago a un sitio donde todos pudieran observarlos e intervenir si es que era necesario. Además tenían curiosidad de ver la posible pelea, y no querían que Hisoka les tendiera una trampa si es que Chrollo les llamaba para avisar que el Nen había sido removido. Sin embargo pasaron dos días sin rastro de Kalluto, en cambio Chrollo se había puesto en contacto con Machi, para preguntar su locación, y no fue hasta que Chrollo llegó a la guarida, que se enteró que aquél pequeño niño que estaba con Hisoka, era en realidad el nuevo miembro de la tropa, el Zoldyck que tanto necesitaba.

Se golpeó la frente. Estaba tan emocionado por tener una excusa para atraer a Illumi que no reparó en detalles cuando tuvo la oportunidad de huir del pelirrojo.

—Kalluto sabe dónde estamos. Seguramente en algún punto volverá aquí —señaló Nobunaga.

—A menos que Hisoka lo haya matado —agregó Feitan.

Chrollo maldijo en su interior, si Feitan tenía razón, significaba que debía empezar desde cero.

—Por motivos personales, espero que no sea así. Necesito recuperar a ese niño.

Nadie cuestionó su decisión. Era el jefe y si tenía un motivo para querer tener a ese niño de vuelta, entonces le ayudarían.

Dos días después, Kalluto apareció con Hisoka. El pelirrojo, burlesco señaló su Bungee Gum, con el que sometía al infante, como trofeo. Kalluto estaba avergonzado, ahora los demás lo verían como alguien débil, pero esperaba que eso no significara gran cosa, su única preocupación era su hermano.

—Veo que pudiste encontrarnos. Felicidades —Chrollo se puso de pie, y caminó, vigilando que Kalluto tuviera una escapatoria.

Durante los pasados días, habían ideado un método lo suficientemente bueno para librarse de Hisoka y tener de vuelta al niño.

—No fue gran cosa —alegó Hisoka, halando al niño atado a él.

Los presentes confirmaron que el Nen del mago era el que lo mantenía atrapado, observando de punta a punta el pegajoso hilo rosa.

—Si no te molesta, preferiría que me lo devolvieras —Chrollo se puso de pie, y los otros miembros presentes, se dispersaron a su alrededor.

—Lo haría, pero no creo que les haga falta un Zoldyck en sus filas.

—En realidad no nos importa si es un Zoldyck o no. Tengo asuntos con ese niño, así que te agradecería que lo liberas.

—Oh…

Sonrió malévolamente. Se había estado preguntando desde hace tiempo qué clase de relación sostenía Chrollo con Illumi. El morocho nunca le habló sobre sus resultados después de que él le ayudara a entrar en contacto con el líder de las arañas, tenía curiosidad y había sido lo suficientemente paciente para averiguarlo.

Estaba tan entretenido que no vio un hilo atravesándose en su camino, la afilada punta cortó el lazo de su Nen que se unía con la mejilla del pequeño Zoldyck. Machi había tajado la ligadura y Feitan, aprovechando que era el más veloz, había tomado a Kalluto; lo habían elegido a él para ser el encargado oficial de quitarle al mago la oportunidad de recuperar a su nuevo miembro. Esto por supuesto no le hizo gracia a Hisoka, aunque ya sabía que la araña fácil se haría con el pequeño Zoldyck.

—Me preguntó qué diría Illumi de verte en este lugar.

Kalluto no se inmutó cuando le escuchó decir aquello, estaba seguro que su hermano no iría por él, después de todo, él no era Killua.

—¿Debería llamarlo para preguntarle si está bien que tú estés aquí?

Los ojos de Chrollo brillaron un instante. Recordó en ese momento que fue gracias al pelirrojo que había obtenido contacto con Illumi. Tenía deseos de descubrir que relación guardaban ellos dos, encontrar la motivación para atraer al Zoldyck, sin importar el medio.

—Olvídalo, él ahora mismo está ocupado en otros asuntos —esta vez fue Kalluto quién reaccionó; esos otros asuntos eran concernientes a Killua y eso sí que le importaba.

Ahora Hisoka tenía lo que quería, es decir, motivar a Chrollo para tratar con él y, Kalluto dando señales de lo que en verdad le atañía.

—¿Qué otros asuntos? —preguntó Chrollo.

Tal vez no iba a aceptar el reto de Hisoka, pero sí iba a tratar de sacar toda la información posible.

—¿Eso sí te importa?, te lo diría si cumplieras tu palabra… —el pelirrojo se adelantó a alegar, a pesar de no saber a ciencia cierta de lo que Kalluto hablaba.

Chrollo miró a los otros como asintiendo a algo que ya habían pensado antes.

—Cuiden a Kalluto. Los contactaré en una semana, no antes.

Buenas noticias para Hisoka, o eso pensó. Tomaron un camino hacia otra parte fuera de la ciudad, un lugar donde pudieran tener un enfrentamiento sin ser interrumpidos. Al inicio sí había sido tal cosa, Hisoka lo había disfrutado bastante, de no ser porque notaba que Chrollo no daba lo mejor de sí mismo. De hecho, la pelea había sido bastante lenta para su gusto; apenas tenían pocas heridas ambos contendientes y nada de eso podía ser considerado como serio. Era un ir y venir de sus habilidades. Incluso logró robar el libro de Chrollo usando su Bungee Gum, para que luego Chrollo lo recuperara mostrando sus habilidades como peleador, hasta que el mago entendió que no era tomado con seriedad.

—¿En serio esto es lo que quieres? —esa pregunta le había dicho todo.

—Si tan sólo dejaras de fingir, ya podríamos abandonar el calentamiento…

—Hisoka, en lo que a mí respecta, no te necesito muerto. No me servirías de mucho así.

—¿Illumi, cierto?, ¿qué tiene él que no tenga yo? —preguntó fingiendo dramatismo.

—¿De dónde es que lo conoces?

—¿Por qué tanto interés en él?

—¿Acaso tú sabes…?

Detuvo sus palabras, no creía que Hisoka fuera a conocer temas sobre los Iluminados, no lucía como alguien serio con el que pudiera hablar de cosas así. Dudaba que él pudiera pertenecer a una hermandad poderosa.

Hisoka sudó frío, se preguntó si esta era otra de esas malas casualidades como la que había tenido con Illumi, y al igual que Chrollo, creyó imposible que éste pudiera pertenecer a la gran hermandad. Lucía más como un ladrón, un tipo que no sabía bien lo que quería; una mentalidad demasiado débil para lo que ellos buscaban.

—Sólo hay dos motivos por los que puedes estar interesado en Illumi, una es como el Zoldyck que hace excelentes trabajos; y la otra…

—Me voy por la segunda opción.

Hisoka detuvo sus deseos de pelear. Esa respuesta le había confesado algo que no quería saber.

Chrollo pensaba en hacer las cosas más fáciles, estaba dispuesto a intercambiar información si con ello conseguía parte de sus intereses.

—¿Qué sabes sobre él?

—Preguntas algo sin ofrecer nada a cambio. Has perdido tus modales, Chrollo.

—Hisoka, creo que lo sabes… en realidad te traje aquí sólo con la intención de preguntarte esto. Sé que te debo una pelea y si no estás satisfecho, puedo continuar haciendo este espectáculo —se refirió a su pelea poco inspiradora—, sólo espero que puedas responder mis preguntas.

Hisoka se molestó por saberse usado. En materia de los Iluminados, las cosas siempre resultaban de ese modo, gente que sólo quería sacarle provecho, lo entendía, pero no lo aceptaba. Repentinamente se dio cuenta que todo le estaba saliendo mal. Ese Nimrod que le atraía a la gente indeseable junto a su mala suerte quizá le estaban comenzando a afectar. Dejó su fachada, contuvo su aliento un momento, ideando la forma en la que haría las cosas difíciles al presumido ladrón.

—Eso sería muy aburrido. Me has hecho perder mi motivación —al inicio respondió con seriedad y luego levantó la mirada—, pero si quieres la información, entonces debes decirme lo que sabes tú sobre él, antes de que yo te diga algo al respecto.

Chrollo ya suponía que no sería tan sencillo; tampoco estaba dispuesto a soltar información, era peligroso declarar algo sin estar seguro de la posición de la persona con quién hablaba. Podía resultar terriblemente erróneo.

—¿No hay respuesta?, ¡ah, qué pena!

—No puedo simplemente responder sin antes recibir un poco de información de tu parte.

—¿Y esperas que yo te dé información sin ninguna garantía?, mejor aún, hagamos una apuesta, si puedes encontrarme después de esto, seré todo tuyo.

Acto seguido, Hisoka desapareció. Chrollo se quedó en medio de la nada, supuso que era un viejo truco y amplió su Nen para localizarlo. Por más que buscó, no le encontró. El problema era que no podía contactar con el Ryodan porque les había dicho que mantuvieran oculto al pequeño Zoldyck hasta la siguiente semana, y eso implicaba que no responderían llamadas de su celular, especialmente porque podía ser una trampa. Ahora era su turno de ser paciente y esperar hasta su momento.

.'.

Illumi recibió una llamada mientras estaba en el hotel. Tras hacer lo posible por despegarse de su necesidad de ver a Killua. La persona al otro lado de la línea ni siquiera podía hablar, era una de sus marionetas, sabía que ellos le llamarían si es que Ixchel se aparecía por ahí. Afortunadamente esto lo hizo olvidar su mal momento y salió a toda velocidad en busca de su marioneta. Aunque lo más probable era que la mujer ya no estuviese más ahí; por tanto revisó la ubicación más probable en la que la encontraría y decidió llegar a una de las propiedades relativamente cercanas a la casa donde se le había visto.

Tuvo un golpe de suerte, ella estaba ahí, era un edificio que se usaba como centro de rehabilitación, parte de sus propiedades. Esta vez Illumi fue precavido, no llegó anunciándose, entendía que ella podía sacar sus alas y volar, así que quiso evitarse la molestia de atraparla en el aire y se aseguró de encontrarla dentro del edificio, donde el vuelo se le iba a dificultar.

—Tuve que fumigarte como cucaracha para poder localizarte —le dijo en cuanto la atrapó en uno de los salones.

Ixchel no se inmutó, iba a pelear. Ella estaba dispuesta a pasar por lo que fuera. Si debía enfrentarse a Nimrod en persona, lo haría, ya no le quedaba otra opción. Desde que descubrió que él tenía toda la información sobre ella, huir había dejado de ser viable.

—Si quieres hacer esto por las malas, entonces no te lo negaré.

Ella se preparó para la pelea, aunque estaba en desventaja desde el inicio, no le dio importancia y arremetió con toda su fuerza. No era que Ixchel se caracterizara en ser una gran peleadora, era mejor como científica, pero era requisito indispensable tener un buen nivel, si es que quería sobrevivir en el continente. Así que no se rindió, Illumi la hacía retroceder en varios momentos, y de vez en cuando ella lograba lo mismo con él. Pero era obvia la diferencia entre ambos, él era un Zoldyck después de todo; ni siquiera los venenos que ella usaba le causaban el más mínimo efecto, lentamente fue viendo su caída. Ni su magia, ni sus fuerzas, nada la iba a salvar de las garras de un asesino de elite. Lo peor era que él no la iba a matar, no así de simple, primero la forzaría a hablar y luego la mataría en el mejor de los casos.

Ixchel comprendió por qué Illumi usaba agujas para pelear cuando su cuerpo dejó de obedecerle, sus piernas se doblaron haciéndola caer de rodillas, Illumi dio unos pasos, mostrando cuán orgulloso estaba de su hazaña. El edificio había comenzado a incendiarse, obra de una de las marionetas que aún seguía haciendo su trabajo y él no podía estar más ansioso por sacar la verdad a esa mujer.

—Comienza por lo básico, ¿sabes dónde está DaLozza? —no tenía prisa, esto lo quería disfrutar lentamente.

Lo que ocurrió fue extraordinario, ella habló pero no se le entendía nada. Illumi creyó que el ruido del lugar junto con la distancia que tenían entre ambos había afectado su audición, pero pronto cayó en cuenta que no era así. Tomó el mentón de la mujer y con fuerza abrió su boca, sólo para descubrir que la loca había cortado su propia lengua, probablemente desde el momento en que vio que él iba a cazarla pronto.

Se encendió su ira, ese cuerpo no valía la pena para nada, no le serviría ni en la más mínima cosa. Si se había cortado la lengua, lo más probable es que se había hecho algo más que le impidiera ser útil. No pudo resistirlo, arrancó la cabeza de Ixchel y la arrojó al suelo. Su mala suerte no había acabado y maldijo en voz alta.

Salió del lugar antes de que fuera consumido por las llamas. Escuchó que su celular volvía a sonar, esta vez era un número conocido.

—¿Ahora qué requieres Chrollo?

—¿Interrumpo en un mal momento?

Dio un profundo respiro. No podía permitir que él se diera cuenta de sus emociones, independientemente si tenían que ver con él o no.

—No. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?

—Por casualidad, ¿el nombre de Kalluto te suena?

Iba a contestar de inmediato que no, mas recordó que se trataba del hermano menor de Illumi.

—¿Qué hay con Kalluto?

—Me preguntaba si está bien que trabaje con él. Vino aquí a pedir unirse al Ryodan, espero que no te moleste…

Eran excusas para hablar con él, Illumi lo sabía perfectamente y de no ser porque ya tenía otros asuntos en qué pensar, le habría puesto más atención al sospechoso comportamiento del más pequeño, al rebelarse contra la familia y unirse a una agrupación tan diferente a sus negocios y sin necesidad alguna.

—¿Él?, ah… no, en realidad no hay nada relevante…

Estaba tan absorto en su problema que no sonó convincente, hubo un silencio incómodo. Así que aprovechó para respirar, seguía alterado, con sus manos temblorosas y ensangrentadas.

—¿Tienes algo qué decir?

Chrollo continuó pensando en silencio. Obvio, si Kalluto era necesario para el morocho, no daría muestras que pusieran en riesgo su vida o intereses.

—Tengo un trabajo que podría serte útil —dijo sin pensar, en realidad no tenía nada para Illumi, sólo una excusa para traerlo.

—¿Puede esperar?, necesito resolver unos asuntos…

—Sí, claro… te llamaré en unos días, espero que puedas estar disponible.

Chrollo decidió que iría tras Hisoka. Usaría a Kalluto para encontrarlo y luego lo interrogaría sobre los asuntos de Illumi. No iba a ser fácil, suponía que ese niño tenía mucho qué ocultar y que estaba bastante entrenado como para soltar la información de buenas a primeras. Sólo esperaría hasta que pudiera contactar con los demás ladrones, ya se haría cargo de eso después.

Illumi apenas había cortado la llamada, cuando de nuevo sonó su celular. Su mal humor volvió a estallar, quería ocuparse en otras cosas, pero no podía evadir esta conversación.

—Illumi —la voz grave de Silva sonó—, ¿te encuentras muy ocupado?

—Un poco, padre. Dime en qué puedo ayudarte —no le importaba mucho si le dejaban trabajos, de eso simplemente haría que Hisoka se encargara.

—Necesito que vayas con tu abuelo a la isla en este momento. Es urgente que estés ahí.

Con mucho dolor, tuvo que recordar que él era un Zoldyck, que servía a la familia y que tenía planes con los Asesinos, tenía mucho en qué dedicarse y todavía estaba su problema de falta de control del cuerpo que habitaba. No le quedó de otra más que aceptar ir a Tierra Sagrada, dejaría todo lo demás pendiente. De cualquier modo, estaba consciente de que encontrar a los conspiradores se complicaría más. En cuanto la noticia de que Ixchel estaba muerta se divulgara, no tardarían en hacer lo posible para desaparecer. Dado que él no tenía la información suficiente para saber quién podría ser su enemigo y quien no, le era conveniente tener a un nuevo jugador que no levantara sospechas y había comenzado a considerar a Chrollo en su desesperación para usarlo como espía, Hisoka era ya títere de alguien, si se llegaban a enterar de la relación que tenían ellos dos, lo más probable era que tomaran a Hisoka y le sacaran la información como si tomaran una rebanada de mantequilla.

Dejó de pensar, no le estaba funcionando, sólo deliraba. Se fue directamente a la isla.

Shiro: Gracias por tu mensaje. Espero que la historia te parezca mucho mejor ahora. Ya casi esto llega al punto por el que empecé a escribir el fanfic.

Yayin, ¿lo recuerdan?, apuesto que no *llanto* no fue un personaje tan relevante, pero si se acuerdan quién es les regalo un especial, ¿qué tal... el siguiente capítulo para la próxima semana?, ¿suena bonito?

Un agradecimiento especial a KaiD23 mis maravillosa beta, por sus correcciones.