Bien, aquí está tu premio Yuuki, por adivinar quien era Yayin. Felicidades, espero que disfrutes esta continuación.
NOTA: lo que viene en paréntesis son referencias que están explicadas en sus fuentes. Por favor, tomen un momento para detenerse y leer cuando las vean, será más comprensible todo. Gracias.
93 en Babel
Capítulo 22
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Su abuelo estaba desesperado. En cuanto llegó, tras de regañarlo por hacerle perder tiempo, le informó que Ender había estado yendo a hacer tratos con él.
—Lo más seguro es que él ofrezca lo que estamos buscando —afirmó el anciano—, y si es así, no dudaré en dejarte en sus manos.
Illumi sabía que era muy complejo que Ender ofreciera limpiar el historial de Silva. La última vez que lo vio, le dejó en claro la enemistad que guardaba con su familia, pero era una pelea que no le concernía. Si Zeno había pedido que fuera a ver a Ender, era porque las rencillas del pasado no eran gran cosa.
Esa misma noche, durante la reunión en el coliseo, vio al nieto de Caín en su balcón. Estaba ansioso, lo notó en el constante movimiento de sus manos. Traía con él un regalo que torpemente intentaba ocultar, una pequeña cajita que gracias a la envoltura dorada llamaba la atención.
—Lo hice —anunció con una gran sonrisa—. Leí el Kybalion, pude terminarlo y debo decir que tengo muchas dudas al respecto.
Illumi tomó el regalo y lo colocó sobre la mesa, interesado más por lo que Ender acababa de expresar.
—Sentémonos entonces —sugirió el morocho—. Déjame escuchar tus preguntas, pero te aclaro de una vez que no todo lo podré responder hoy. Mi tiempo siempre es limitado.
—Descuida —sacó de entre sus bolsillos un papel, sus manos sudorosas se pegaban a la textura, haciéndole ruborizar—, he escrito todo lo que quiero preguntar; así me evitaré rodeos y si no termino hoy, otro día volveré a verte.
La conversación continuó por alrededor de dos horas. Nimrod se complacía en enseñar. Esa era una de sus más grandes diversiones en la vida, así como lo había hecho alguna vez con Killua. Trasmitir sus conocimientos con esos seres brutos, que sólo conocían la muerte como herramienta de vida, era lo más fascinante de todo. Hubiera sido una conversación amena de no ser por las constantes miradas amenazadoras que Joab solía lanzarles. Ambos se dieron cuenta, y era evidente que esto le importaba muy poco a Ender, quien se mantuvo relajado durante la noche.
—Illumi, necesito hablar con tu abuelo. Quiero pedirte para mí, pero sé que me dirá que hable con Silva y eso es algo a lo que no estoy dispuesto…, ¿puedes arreglarlo?, no quiero tener que hablar con tu padre. Podría aceptar el trato si tú ofreces todo en mi nombre.
La respuesta era fácil: no. Illumi no podía hacer tal cosa, era una grosería, una terrible falta de respeto que no podía ser tolerada. Ender se estaba atreviendo a ofender a Silva, al enviarle a su propio hijo a hacer su trabajo, restándole formalidad. Aun si Ender hablaba en serio, no había manera de comprobar sus intenciones.
—Ender, yo no haré de mensajero. Si tanto te duele hablar con papá, has el acuerdo con mi abuelo, si no entonces trágate tu orgullo y has lo que tengas qué hacer.
Ender sabía que era más seguro recibir un no por respuesta, así que no refutó. Decidió que pensaría mejor las cosas, antes de ir a buscar a Zeno para pedir el trato; quizá sólo le faltaba más motivación.
Illumi fue llevado por su abuelo a casa de Joab esa misma noche. El amigo de Silva se había ausentado durante la semana dado que se tuvo que marchar por cuestiones de negocios. No obstante, había dejado en claro que quería que los Zoldyck fueran sus invitados especiales, y cuando volvió se sintió aliviado al encontrar esos rostros familiares que tanto deseaba ver.
Saludó a Illumi como si fuera un sobrino, y frente a Zeno lo trató como tal. Hablando de las anécdotas de su padre, haciendo preguntas sobre las negociaciones que se estaban llevando a cabo y otros asuntos particulares; esperó pacientemente hasta que Zeno se marchó y tuvo su momento de soledad con el muchacho.
Se arrojó sobre él y le besó apasionadamente, pegando su cuerpo en un abrazo posesivo.
—Te extrañé demasiado…, ya necesitaba tocarte —volvió a besarle, extasiado ante la idea de estar besando al hijo de su mejor amigo—. Ya deberías considerar mudarte aquí.
—Tengo trabajo por hacer. No sólo estoy de adorno.
—Vamos, háblame de esas cosas maravillosas… necesito escucharte.
Lo llevó entre caricias y besos hasta su habitación, estaba comenzando a enloquecer de pasión por ese muchacho que parecía seducirlo con su mera existencia. Hacía que Illumi le hablara de magia, de misterios, ocultismo, cosas que él ni siquiera entendía pero que deseaba conocer a la perfección. Recordó entre la conversación que su adorado sobrino había pasado una noche hablando con Ender.
—Illumi, no quiero tener que quitar a Ender del camino, ¿podrías quitarlo por mí? —preguntó mientras besaba su cuello, desnudando su pecho para entretenerse en esa delicada piel blanca.
—¿Recuerdas a qué vengo a la isla?, esto es parte de mi trato.
—No…, no… —siguió con lo suyo, remarcándole cuerpo con sus dedos.
—¿Qué cosa? —levantó la mano para acariciar los cabellos del hombre.
—Que no quiero que esto acabe tan pronto, no lo voy a permitir. Además… —lo tomó del mentón— además ya te reconozco como mío —confesó y volvió a hundirse en sus labios.
Continuaba acariciando y deleitándose en ese cuerpo perfecto, hasta que decidió que era momento de subir las cosas de nivel. Bajó los pantalones del muchacho. El cuerpo de Illumi reaccionaba maravillosamente, pero Nimrod estaba perturbado, su mente sólo podía enfocarse en una sola cosa, el pequeño peliblanco que tanto recurría a su corazón. Su cuerpo se había calentando con las atenciones del hombre, pero su deseo era sólo uno, que fuera ese albino con quien estuviera compartiendo todo. Entre cada caricia el nombre del niño resaltaba y su fantasía volvía. Empeoró cuando sintió una lengua saboreando su sexo.
—Mmm… —gimió quedamente— Killua.
Fue sólo un breve instante, uno que él no fue consciente hasta que se vio azotado contra la cama y sostenido por la mandíbula con fuerza.
—¡¿Qué has dicho?!
Abrió los ojos, confundido por lo que estaba pasando.
—No…
—¿Quién es él?
—¿Quién…?
—¿Quién es Killua? —dudó si ese era el nombre que había escuchado.
Y los nervios de Nimrod se dispararon. No había sido para nada consciente del momento en que había pronunciado su nombre, y estaba ahora más preocupado porque las cosas comenzaran a salirse de control.
—¿Dije eso?
—¡No me mientas!
Apretó con más fuerza el rostro del muchacho, quién tuvo que arremeter en su defensa, pero Joab estaba tan molesto que no lo dejó escapar, volvió a arrinconarlo contra la cama.
—No es nadie… es sólo un asesino.
—¿Nadie?, dijiste su nombre hace un momento… ¡Estás conmigo Illumi!, además, sabes que yo conozco a todos los asesinos de la hermandad, ¿quieres que dé con el tipo y lo mate?, ¿eso quieres?
Esa amenaza había sido suficiente para activar el instinto más peligroso de Illumi, su sobreprotección.
—«Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla y no lo volverás a hacer» (1)—contestó con una voz tétrica. Quizá iba a hacer algún otro movimiento ofensivo, pero se contuvo, aún tenía su consciencia como ente; no iba a permitir que Illumi ganara.
Hubo un silencio incomodo entre ambos. Aunque Joab ya tenía bastante experiencia enfrentando malos momentos, así que respiró hondo.
—No indagaré más sobre eso, pero te diré esto, si doy con el tal Killua, me aseguraré de que cualquier plan que tengas con él quedé totalmente arruinado, ¿lo entiendes?
—Haz lo que quieras, hombre… —contestó fastidiado, de todos modos, si descubría de quién se trataba, lo único que haría sería reírse y disculparse por intentar dañar al heredero de los Zoldyck— Ha sido una casualidad muy desagradable, eso es todo.
El hombre tomó su rostro con suavidad, como olvidando la violencia con la que había tratado a su joven amante.
—¿Ves en lo que me has convertido?, soy tu maldito esclavo —le besó, en un intento de atraer de nuevo su atención—. Sólo yo quiero tenerte.
—Háblalo con mi padre, y deja de perder tu tiempo…
Joab no respondió, sabía que Illumi tenía razón, pero todavía no estaba dispuesto a ceder ante esto. Tratar con asesinos resultó más difícil de lo que había creído.
Estuvo en la isla un mes entero antes de que se le permitiera marcharse. Lo cierto era que tener la atención de Ender había atraído a otras oportunidades; gente que Joab no podía amenazar y que estaban dispuestos a dar cosas interesantes a cambio. Pero todavía seguían sin conseguir lo que buscaban. Para Nimrod, esto era lo menos importante, de todos modos, tenían bastante tiempo antes de tomar una decisión. Zeno se la pasaba repitiendo que pronto comenzarían a ceder.
Illumi no se enteró si hubo un progreso o no dado que logró hacer que le dejaran ir. Llegó a otra ciudad con su mente divagando entre lo que debía hacer para sus intereses personales y sus problemas con el cuerpo de Illumi, que cada vez parecía rechazarlo más; recordándole constantemente que tenía un deseo dentro que le consumía y que imploraba por atención. Era una dolorosa carga de la que nunca antes había estado consciente hasta que apareció; por primera vez se percató de toda la responsabilidad y resistencia que Illumi se había impuesto con tal de mantener su deseo a raya, el sacrificio que hacía para no lastimar a ese albino malagradecido.
Estaba por lanzar una moneda para decidir su destino, cuando su teléfono celular comenzó a sonar, y contestó. Descubrió con sorpresa que Hisoka continuaba con vida.
—¿Ya terminaste tu jueguito con Chrollo?
—En realidad, tu querido Chrollo decidió darse a la fuga, ¿puedes creerlo?
Resopló.
—Como sea…, sólo no se te ocurra incluirme en tus problemas.
—¿Terminaste con tus asuntos? —preguntó Hisoka—, me preguntaba si podías echarme la mano en esto. Estoy seguro de que el resultado te gustará.
En realidad sí le interesaba. Una parte de él quería tomar provecho de Chrollo. Cuando pensaba en el asunto de los conspiradores, se daba cuenta que requería ayuda extra, alguien que no fuera como Hisoka o Gio, es decir, una marioneta que podía ser un espía de su verdadero amo. Necesitaba de alguien diferente. No abandonaba la idea de que Chrollo pudiera ser la clave, después de todo, él era un iniciado, podía inmiscuirse en los asuntos de la hermandad sin necesidad de dar excusas muy elaboradas, sólo con la finalidad de cooperar con el grupo y de tal modo, volverlo un espía contra los conspiradores. Con la diferencia de que Chrollo no sería una débil marioneta, podría actuar libremente.
—Hisoka, deberías hacerte cargo de tus propios asuntos. Tengo otras cosas qué atender, en cuanto te requiera, te llamaré, ¿entendido? —colgó.
Sus planes eran punto y aparte. No iba a solicitar ayuda de un loco como ese pelirrojo, no para algo tan delicado. Cuando fuera necesario lo llamaría para hacerle cumplir con sus deberes como Zoldyck; justamente la clase de asuntos a las que él no tenía tiempo y tampoco requerían una atención muy precisa. Ni siquiera tuvo oportunidad de guardar su celular, cuando volvió a sonar, esta vez era un número diferente.
—¿Illumi?
—¿Qué ocurre?
—Lamento llamarte hasta ahora, sabes, me preguntaba si tenías tiempo para reunirte conmigo.
—Chrollo, estoy en medio de algo más… —no era que quería evitar al tipo, sólo que necesitaba planificar bien sus asuntos, antes de comenzar otros— ¿de qué trata?
—Hay alguien a quién deseo encontrar…
—Maldición —contestó con brusquedad. Nuevamente la ansiedad por Killua estaba haciendo mella en su cuerpo, y ya no tenía mente para otra cosa que no fuera el albino— ustedes dos, dejen de meterme en sus asuntos, hagan lo que quieran, pero no me interrumpan.
Colgó sin pensarlo mucho. Aunque estaba en lo correcto, Hisoka y Chrollo deseaban usarlo a él para su propia satisfacción, sólo que ninguno de los dos había pensado en que las cosas terminarían de ese modo.
Chrollo había usado a Kalluto para dar con el supuesto mago de forma infructífera, se dieron cuenta que durante todo el tiempo que él niño había estado cerca de él, Hisoka había aprendido sobre sus técnicas y seguramente había creado alguna especie de inmunidad. Así que Kalluto debía tomarse el tiempo para seguir entrenando y contrarrestar la habilidad del pelirrojo si es que quería encontrarlo, por tanto Chrollo había optado por solicitar al resto de las arañas que vigilaran que Hisoka no volviera a secuestrar al niño, mientras que él mismo se dedicaba a buscarlo desde las sombras. Por un momento creyó que conseguiría algo de atención de Illumi, pero pronto descubrió que había llegado tarde, Hisoka ya le había arruinado la jugada. Debía pensar en una nueva estrategia.
Una tercera llamada sacó de quicio a Nimrod, pero al ver de quién se trataba, sus nervios se calmaron.
—Gio.
—Gran Maestro, necesitamos hablar urgentemente en privado, por favor, si tiene tiempo libre hoy, le suplico que me conceda verle.
Esto sí que era relevante. Gio hasta ahora había sido útil y no se metía en sus asuntos.
Aceptó viajar y verlo en un poblado cercano a la zona donde estaba, allí se encontró con Annie, quien estaba vestida con toda elegancia puesto que acababa de tener una reunión con algunos líderes importantes. Ella lucía nerviosa, más que en otras ocasiones. Traía un montón de carpetas que se resbalaban constantemente de sus manos debido al temblor de su cuerpo.
—Gio, ¿qué ocurre?
—Maestro… —su cuerpo convulsionaba, era víctima de los espasmos típicos de las marionetas que estaban siendo controladas para no desobedecer las órdenes de sus amos— yo… tengo mucho qué decir…
—Respira hondo… Annie, piensa en quién eres, en lo que deseas lograr.
Fueron necesarios un par de minutos antes de que ella pudiera reponerse, y entonces procedió a explicarle sus descubrimientos.
—Hasta hace poco, el asunto de las hormigas-quimera habían permanecido oculto en el Continente Oscuro, lejos de la sociedad, donde podían ser controladas para que no tuvieran un incremento de poder, pero ahora, por alguna razón, ellas llegaron al poblado de NGL, un territorio en absoluto conveniente para los que desean tomar provecho de la situación. La gente no se enterará de lo que ocurre. Es como si ellas continuaran en el Continente Oscuro, sólo que, esta vez, están al alcance de la sociedad, donde pueden ser usadas y…
—Annie, no me interesa. Esto no es mi asunto.
—Sólo quiero que comprenda el trasfondo. Lo siento. Esto me ha tenido alarmada las últimas semanas.
—Ve al punto, entonces.
—Las hormigas-quimera se volvieron asunto de la Asociación de Hunters. Hace algunos años, un tipo apareció, un hombre que parece no definir su puesto. Actúa como Hunter e Iluminado, y a la vez, trabaja tanto para los miembros del concilio, como para los conspiradores. Su nombre es Pariston Hill.
La memoria de Illumi tuvo un destello de recuerdo, un tipo que en algún punto de su vida se había presentado y al cual no le había prestado suficiente atención. (2)
—Ese tipo es un loco, nadie conoce su propósito. Busca sacar provecho de todo lo que puede y toca. Él hizo un trato con los conspiradores, desconozco los detalles, pero hace poco llegó una carta a la oficina. Aquí está la copia.
Illumi la tomó y la leyó. Descubrió un asunto muy oscuro dentro de él.
Las investigaciones de Ixchel se habían llevado siempre con un propósito conocido, es decir, alcanzar el nivel del anticristo. Todos creían que era posible, si lo habían logrado una vez, la formula podía repetirse infinita cantidad de veces. Parte de sus investigaciones, incluía un gen que provenía de las hormigas-quimera, las cuales se perfeccionaban de acuerdo a las especies que devoraban, pero dichas investigaciones nunca habían alcanzado un nivel interesante debido a que estaban restringidos. Podían usar humanos provenientes de la trata de personas, pero ninguno de esos humanos era alguien con los nutrientes deseados para alcanzar un nuevo nivel. Además, cuando encontraban a usuarios Nen, preferían añadirlos a sus filas y usarlos como peones, o en su defecto, como parte de otros que estaban a cargo de otro conspirador, el dueño del segundo laboratorio. Pariston Hill, había proporcionado a lo largo de los últimos años a algunos Hunter que actualmente habían sido declarados como desparecidos (3). Gracias a sus conexiones, ninguna investigación procedió a realizarse. No sólo eso, Pariston mantenía contacto con un tipo llamado Dante D, un muchacho prometedor del cual hablaban en la carta, diciendo que llevarían a Dante a NGL, justamente para «ayudar» en el asunto de las arañas.
—Dante D, es el alumno estrella de DaLozza. A DaLozza jamás le gustó ser el líder de nada, incluso entre los conspiradores, él y Nicolas B, nombraron a Winner como el líder de todo. Nicolas y DaLozza son grandes amigos, y ellos usan a Dante, quieren nombrarlo el futuro sucesor de los Hunter, si Dante está en NGL, por ende, Nicolás y DaLozza están allá. Seguramente tomarán provecho de las investigaciones de Ixchel… Maestro, tiene que hacer algo, tiene que detener el progreso de las hormigas, ellos piensan usar esto para su beneficio.
No había duda de ello, Pariston Hill estaba de por medio, ocultando todo el asunto como si fuera una paga para los Hunter por sus servicios. Ellos iban allá como carnada, serían devorados por las hormigas; con los nuevos nutrientes más las investigaciones de Ixchel —que seguramente ellos poseían— quizá tendrían grandes progresos, además estaba ese algo que todavía desconocía, que era el propósito que ellos tenían para proceder desde lo oculto.
Los usuarios Nen eran más útiles vivos que muertos, y no era fácil convencerlos de trabajar para las causas de los conspiradores; considerando que ellos hacían cosas terribles contra la humanidad. Desde que Partiston se había unido a ellos, esa dificultad había pasado a segundo plano. Él mismo había movilizado a varios Hunters a trabajar por su causa. Dieciocho en total, era el número de Hunters que estaban en calidad de desaparecidos para propósitos que él había organizado de forma clandestina.
—No me importa el asunto de las hormigas, los Hunter se pueden hacer cargo.
—Pero…
—DaLozza, Annie —cortó irritado, tenía muy poca paciencia desde que su adicción se había pronunciado—. Ese es mi asunto, esperaré a que terminen de hacerse cargo de las hormigas y después me ocuparé de ellos. El proceso de perfección implica debilidad; los atacaré cuando estén débiles y pueda matarlos sin problemas. DaLozza ha estado aprendiendo de mí, si sigo atacándole, sabrá cómo defenderse. Debo quitarle la atención sobre mí, que vea que él no es el único que me importa, mientras, esperaré a que baje la guardia.
Ellos planeaban hacer todo para estar al nivel de «el único», las hormigas quizá eran sólo un paso para conseguirlo. Ese asunto no le importaba a Nimrod, no obstante, hacerlo en contra de los designios de la hermandad y, a menos que su conocimiento lo usaran para beneficio de todos, entonces era su deber detenerlos.
Annie estaba sin aliento, era inverosímil que justo ahora que tenían la localización exacta de DaLozza y compañía, él prefiriera desistir de buscarle para centrarse en otros casos. A su punto de vista, volver a tener una oportunidad como esta, sería un martirio.
—Yo…
—Dime el siguiente de la lista.
Annie miro la mesa en donde estaban sus carpetas, y tragó saliva.
—¿El siguiente?, no entiendo.
—Sí niña, el siguiente de la lista. Dices que tienes todos los miembros de la hermandad que han cometido crímenes contra la humanidad, ¿no?
Caminó temblorosa hasta tomar las carpetas y moverlas, deseando no encontrar nada, y entonces un nombre resaltó en su lista.
—Están los herederos de los Crowley… ellos…
Volvió a pasar saliva, no quería soltar el tema de DaLozza, no podía darse ese lujo. Pero sabía que estaba hablando con un Gran Maestro, un Mago poderoso que había sido nombrado Juez; no podía darle ordenes, ni intentar demostrarle que ella era mejor. Él no iba a escucharla
—Ellos viven en esta área —señaló el mapa que estaba extendido en la mesa, desde hace cinco años comenzaron a ganar popularidad. Tienen control del mercado de esclavos, además manipulan el gobierno con magia. El territorio es rico en materia prima, así que lo han ido explotando, creando guerrillas internas constantes para justificar sus recursos extraídos de las Naciones Unidas y organizaciones sociales. Así mantienen sus crímenes ocultos.
Nimrod tomó la carpeta y comenzó a ojearla.
—¿Qué tipo de magia?
—Magia negra. Tal parece.
—¿A esto llamas crímenes menores? —alzó la voz con ironía—, aquí hay trata de blancas ligada al laboratorio de los conspiradores, crean guerrillas para bajar fondos de los bancos mundiales y solventar sus gastos en la explotación del territorio; hacen sacrificios humanos, abuso infantil con fines de ritual y…, ¿viste el mapa?, ¡es un territorio muy grande!.
—No les pertenece a ellos.
—En serio, Annie, esto requiere mi atención ahora mismo.
Iba a salir de ahí, pero la chica le detuvo.
—¡Espere!, Gran Maestro.
—¿Y ahora qué quieres niña?
—Tome… —levantó la mano y le mostró una hoja doblada por la mitad—, es la lista de otros criminales que están al nivel de los Crowley.
Illumi sonrió, y salió con las carpetas listas. Cualquier cosa era mejor que pensar en Killua, y ciertamente esto era algo de carácter urgente.
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Una carta llegó a una gran mansión. El personal de la casa la tomó, colocándola sobre una bandeja plateada, junto a una tetera y una taza de porcelana fina; una cajetilla de cigarrillos y un par de bocadillos para que el amo de la casa pudiera leer con tranquilidad. Con la música del fondo y una hermosa vista al jardín, era la mejor hora para comenzar con noticias urgentes.
«Alex.
Me dirijo a ti porque no me queda de otra. Hace varias semanas Nimrod, en posesión del cuerpo de Illumi, comenzó una cacería de brujas contra la misma hermandad por órdenes del único. Todos estuvimos de acuerdo con su proceder desde el inicio, debido a que él tenía viejas rencillas con los del grupo de Waldy y Nicolás. En realidad a mí no me importaría que ellos fueran eliminados, nos harían un bien a todos, pero Nimrod eligió desviar su objetivo y a comenzado a atacar al resto del grupo.
Acabó no sólo con el joven Crowley, sino con toda la familia. Los fondos con los que la hermandad se abastecía gracias a ellos, se vieron fuertemente mermados, y no conforme con eso, destruyó las principales familias poderosas que solventaban los proyectos más delicados del grupo. Nimrod no sólo mata al líder, se encarga de que ninguno quede con la capacidad de tomar su puesto. Esto ha sobrepasado nuestra capacidad de resistencia y el concilio ha asentido en unirse al grupo de Nicolás para acabar con él.
Te escribo esta carta porque recuerdo que fuiste tú quien hizo un juramento a Kikyo hace años, le dijiste que liberarías a Illumi en venganza, pero si los Iluminados atacamos, no quedará rastro alguno de él en la Tierra y tu juramento no podrá cumplirse. Si deseas salvar al muchacho, házmelo saber, estoy dispuesto a ayudarte por los viejos tiempos. Hermano, amigo, no me importa si Illumi muere o no, pero tú sabes las consecuencias que te traería el no cumplir con un juramento, tu castigo está por terminar, ¿qué harás?
Galileo»
El Barón de R dobló la carta y miró hacia las otras tantas hojas que yacían sobre su mesa. Estaba enterado de todos los sucesos en los que había estado envuelto Nimrod, y nunca esperó que la hermandad se uniera por un motivo tan absurdo como el acabar con un ente de Nen. Entendía que él era extremadamente poderoso y peligroso, pero el Barón, más que cualquier otra persona, sabía las debilidades que poseía ese espíritu. Tal vez había sido encerrado en esa mansión como castigo por omitir un secreto, pero había pasado los últimos años estudiando a profundidad el origen de Nimrod, sus habilidades a través de los cuerpos que había poseído y actualmente entendía mejor cómo atacarle. Temía por supuesto por su seguridad, pero cargaba con una responsabilidad más grande; no cumplir con su palabra, hacía que su habilidad Nen se perdiera, era una de esas condiciones que debía cumplir, como portador temporal de un objeto con Nen arcaico.
Suspiró, debía darse prisa para preparar su plan si es que quería evitar que la hermandad acabara con Illumi. Nimrod se creía seguro porque «el único» estaba de su parte, pero seguía poseyendo un cuerpo humano, con las debilidades de su portador, y por más que estuviera entrenado o tuviera poder, no era invencible. Tarde o temprano caería en las manos justicieras de la hermandad, que quizá no mataba a sus miembros, pero él era una entidad de Nen, con quién no se podía llegar a un acuerdo. Poco a poco los había dejado sin opción alguna. Ahora todos sabían que si Nimrod lograba su objetivo, aplastaría al resto de la agrupación y él ocuparía sus puestos bajo las órdenes del único, de ese modo nadie podría pelear contra él.
Sacó su baraja de tarot y decidió iniciar su ritual. Su siguiente tirada debía ser perfecta, no tener ningún punto débil, o sería la desgracia de todos.
Miró su reloj, calculando la hora babilónica que le guiaría en su proceso completo. Esa tirada tomaría mucho tiempo de preparación. Luego se dispuso a escribir una carta en respuesta a Galileo. Después de todo, sí requeriría su ayuda. Estando encerrado, no podía hacer todo lo que quería.
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Nimrod había conseguido acabar con varias familias, sin descuidar sus deberes como Zoldyck con la ayuda de Hisoka, que no se había negado a conseguir un poco de diversión gracias a él. Tuvo tiempo de regresar a casa en un par de ocasiones, todo para descubrir con gracia como Kikyo se escondía de él. La mujer que tantas veces había insistido en verle, ahora huía de su presencia, temerosa de ser castigada por él. Quiso interrogarla por los asuntos del pasado, pero prefirió reservar eso para otro momento. Hubiera continuado con toda esa actividad de no ser por un pequeño detalle que se disparó en su interior a finales del mes. Como un recuerdo veloz que recorrió todo su cuerpo, sintió el momento en que Killua removió la aguja de su cabeza. Tuvo un intenso escalofrío, temiendo que la consciencia de Illumi comenzara a dar batalla por retomar su lugar, y al pasar de los días, notó que lo único que había cambiado era que su deseo por ver a Killua empeoró.
Su cuerpo dolía con un hambre atroz por verle. Temblaba por su ausencia con síntomas de abstinencia, y clamaba por satisfacerse. Lo necesitaba tanto que detuvo todos sus asuntos por ir a buscar al niño. No le importaba lo que tuviera qué hacer, ya no estaba como para darse el lujo de pensar en detalles, llamó inmediatamente a Milluki en busca de ayuda.
—¡¿De nuevo?!, no, no… No te saldrá gratis está vez —Milluki sentía cierto respeto hacia él, pero no estaba dispuesto a verse desplazado por el albino.
—Sólo hazlo de una maldita vez —masculló—, o si no me encargaré de destruir toda tu juguetería, me importa un carajo lo que pidas, sólo no te tardes.
Esperó varios minutos, para después recibir en su correo la lista de gastos de Killua en los últimos días, con dirección y detalles. Comida, ropa, dulces, eso no le llamó la atención; vio que se había hospedado en un hotel aledaño a NGL y que estuvo allí por un mes, había pagado la membresía a un gimnasio, el tal delataba su estancia temporal. Después vio con horror que había abordado, no hace mucho, a un tren con rumbo a las afueras de NGL. No tuvo duda alguna, se estaba dirigiendo a ese sitio. Se sobresaltó. Si él estaba allá, entonces podía toparse con DaLozza y las hormigas-quimera, estaba en un riesgo terrible al que no podía permitir que se expusiera. Su sangre se heló.
«¿Qué carajos puede ser más importante que la vida de ese chiquillo en estos momentos?» Se preguntó con dolor. Se sintió un irresponsable. De ese niño dependía su existencia, si Killua desaparecía, ya no había deseo de Illumi y él se desvanecería en la nada. No podía permitir que el heredero de los Zoldyck muriera. Debía ir tras él.
Olvidó sus planes y se preparó para viajar en su búsqueda. Reservó un dirigible privado que lo llevaría a toda prisa hasta NGL, pero descubrió que no estaban aceptando llegar ni a los alrededores, tuvo que usar toda su influencia para cruzar las fronteras sin ser cuestionado. Se dio mucha prisa y cuando estuvo en el interior del territorio, extendió su Nen, no el natural de Illumi porque no quería ser detectado, usó su Nen espiritual, el cual extendió a su máxima capacidad.
Era de tarde cuando se rindió de buscarle en los alrededores sin sentido alguno. Al día siguiente comenzaría la famosa selección que el rey había convocado, así que no tuvo opción alguna, debía ir hasta el castillo para encontrarlo, lo más probable era que Killua estuviese allí. Se había querido dar esperanzas de hallarlo en los alrededores, luchando contra algunas quimeras, pero no, sólo había poblados devastados, abandonados por la gente. Una situación terrible que daba un aspecto deprimente.
Tardó un par de horas en llegar al castillo, aunque apareció a buen tiempo porque aún faltaba tiempo para la afamada selección, todavía no sonaban disturbios o explosiones a distancia. Significaba que Killua, y quién sea que estuviera con él, estaban a salvo, en algún lugar que él no podía encontrar.
El problema era que no podía usar un medio más veloz para llegar al castillo, y temía que en el camino oscurecería, lo que dificultaría su trabajo. Miró a la distancia, si tenía tiempo para estar observando a su alrededor, entonces tenía tiempo para correr hasta allá. Iba apresurado, no obstante intentaba no desgastarse demasiado, ahorrando energías puesto que desconocía lo que le deparaba en el punto más peligroso de NGL. Deseó que Killua no fuera tan imprudente, si tan sólo ese mocoso no se hubiera quitado la aguja, no tendría necesidad de irle a ver.
Calculó mal, para colmo del caso. Había oscurecido bastante, pero no tenía modo de saber la hora, lo único que podía hace era entrar al castillo que parecía estar asediado por las quimeras. Por todas partes, había enemigos, no iba a ser nada bueno que él se involucrara en esos asuntos o llamaría la atención de DaLozza. Maldijo mil veces mientras iba de camino al interior del castillo, bajó la intensidad de su Nen astral con temor de encontrar otros usuarios que pudieran detectarle. No era bueno bajar la guardia sólo por creerse muy especial.
Entró por un costado del castillo, andando por los alrededores en busca de su objetivo. Caminando sigilosamente en su intento para no ser detectado, y entonces, notó una presencia familiar. Un montón de explosiones ocurrieron a continuación, era la técnica de su abuelo, "lluvia de dragones". Retrocedió, era peligroso ser alcanzado por una de esas cosas. Se quedó quieto hasta que la lluvia pasó.
«Si él está aquí, entonces Silva y Killua también lo están», eso era lo más probable. ¿Dónde? Todavía no lo sabía.
Después de varios minutos, en los que se dedicó a vigilar alrededor del castillo se encontró con Silva. Él también merodeaba sin rumbo fijo, esperando a que el abuelo le diera una señal o saliera del sitio al que se había metido.
—¿Qué estás haciendo aquí Illumi? —le llamó la atención y él sintió escalofríos, no había planeado nada, sólo había improvisado.
—Supe que Killua estaba aquí, vine a buscarlo.
Silva lo vio a los ojos. Compartían la misma preocupación por el niño. No querían verlo involucrado algo que podía costarle la vida. Su preciada vida. Así que cuando Silva asintió, Illumi pudo respirar tranquilo.
—Está en el interior del castillo, ¿irás a buscarlo ya?, tu abuelo está atendiendo unos asuntos, vine como refuerzo en caso de que lo necesite, quizá podrías ayudar ya que estás aquí.
Pero Illumi negó con la cabeza.
—Killua es mi prioridad, no puedo permitir que muera en un lugar como este.
Silva rió, ni siquiera él que era su padre se había puesto a pensar en esa posibilidad. Confiaba en su hijo, en su habilidad y sobre todo, en la aguja que Illumi le había puesto. Creía que el niño aún la conservaba. Mientras tuviera eso en el cerebro, no había duda de que estaría a salvo.
—Está bien, ve y vigila que no haga algo estúpido. Después de eso, espero verte en casa, necesitamos hablar de unos asuntos importantes.
—¿Un nuevo postor para la familia?
—Así es —le sonrió amargamente—. No sabes cuánto me desagrada hacer esto, no entiendo como mi padre y tú pueden verlo con tanta frialdad.
—Son sólo negocios, no es como si no te fuera a beneficiar —dio un paso hacia atrás, como indicándole que se marcharía.
—Me pregunto qué es lo que estás buscando con todo esto. Preferiría que no lo hicieras.
Esas palabras lo habían hecho dudar un momento, Silva nunca antes se había mostrado como un padre para Illumi, no del mismo modo en que lo era para Killua y era la primera vez que expresaba abiertamente que no deseaba que su hijo se usara como un producto.
—Después hablamos, papá, necesito encontrar a Kil… donde sea que se haya metido.
—No te olvides de ir a casa. Ya te has ausentado bastante.
—Allá te veré.
Se había resistido a entrar al castillo por ser el lugar con mayor vigilancia. Respiró hondo, no era momento de ponerse quisquilloso, se adentró al lugar y agrandó más el rango de su Nen, se ponía en riesgo pero ya a esas alturas se había dado cuenta que estaban ocurriendo demasiados disturbios como para que él fuera considerado una atracción allí.
Anduvo entre los pasillos cuidando que su presencia no fuera captada hasta que de pronto lo vio, la melena blanca se dejó ver por unos segundos, lo distinguió mientras caminaba junto a una criatura extraña y luego desapareció.
«Eso debe ser… es por eso que no lo había podido encontrar, él esta con esa hormiga que lo oculta».
Mereleon llevaba a Killua al sitio en que Knuckle se encontraba. Para su desgracia en cuanto la criatura volvió a ocultar su presencia, perdió rastro del niño. Rechistó los dientes, no estaba dispuesto a caminar en círculos por todos los pasillos, esperando a que volviera a aparecer. Salió, movido por una explosión que llamó su atención.
«Killua parece estar buscando algo o a alguien, quizá éste es su objetivo», inmediatamente se asomó para ver lo que ocurría. La tierra se había levantado gracias a la explosión y no permitía la visibilidad, esperó pacientemente hasta que un pequeño rayo se disparó en medio de la polvareda.
—¡Narukami!
Esa voz. Su cuerpo la reconoció. Lo había encontrado. Killua estaba frente a sus ojos. Lucía fuerte, mucho más inteligente y maduro, ya no parecía haber ese rastro dulce que antes le caracterizaba tanto, quizá por culpa del enojo en su mirada.
—Todo lo que voy a hacer es golpearte unas ocho veces, ¿está bien?
Hablaba con toda seguridad, como si no tuviera duda de que lo golpearía ese mismo número sin importar las probabilidades. Quedó sin palabras cuando vio la increíble velocidad con la que había procedido a completar su amenaza, ni siquiera pudo ver cómo lo hizo, sólo un montón de descargas eléctricas rodado por el cuerpo del tipo y luego Killua retrocedió. La energía del albino se había agotado en medio de la batalla. Tuvo miedo de que la extraña criatura contra la que se estaba enfrentando lo atrapara, pero apenas dio un paso cuando la hormiga que venía con él lo tomó del hombro provocando que ambos desaparecieran en un instante. Se relajó momentáneamente, la hormiga no fue detrás de ellos (4). Todo estaba de nuevo bajo control, sólo debía hallarlo otra vez.
No podía darse el lujo de dejarlo andar por ahí, con tantos monstruos como ese rondando por la zona. Expandió su Nen un poco más, caminando apresuradamente entre los pasillos hasta que captó su presencia. Lo vio sentado junto a una pared, mientras sostenía un par de cables, no había nadie junto a él, lo cual lo incitaba a acercarse. Verlo ahí, tan fuerte y frágil a la vez, le daban ganas de correr y abrazarle. Sus manos comenzaron a temblar y descuidó un instante su Nen, notó que Killua se había percatado de él, lo vio en su postura que cambió de inmediato a una defensiva. Se alejó de la esquina en la que estaba, Killua corrió hacia él y se ocultó en el primer sitio que le pareció adecuado; vio que lanzó algo al suelo, un objeto metálico que identificó como un yoyo y entendió que quería asomarse a través del reflejo antes de salir de su escondite. Iba a rendirse y confrontarlo, pero entonces, su suerte cambió. Una mujer hormiga que deambulaba por los pasillos apareció. Una que hizo sobresaltar al albino y se sonrió. Esto le había servido para distraer al muchacho al tiempo que se recordaba a si mismo que él no estaba ahí para complacer el cuerpo de Illumi, sólo quería un poco de alivio para poder seguir trabajando en sus asuntos sin que su consciencia se nublara cada cierto tiempo (5).
Observó la pelea contra aquella mujer, y notó que no se encontraba mentalmente estable. Creyó que era un efecto secundario de la aguja, su cuerpo estaba batallando para asimilar la realidad. Esperaba que no fuera así porque estaba en una situación de vida o muerte y necesitaba todos sus sentidos alerta para pelear. Pero cuando Killua cayó de rodillas y rompió en llanto, sintió que su mundo se desmoronaba.
«No debí quedarme a ver…». Se regañó, mientras apretaba la tela de su pantalón, buscando dominar su cuerpo. Por suerte las cosas se ajustaron antes de que él terminara por perder el control.
Se quedó hasta el final. Fue testigo del momento en que Killua llevó a Palm con el resto del grupo, cuando protegió a una niña que parecía muy importante para el equipo y finalmente, tuvo que hacer un esfuerzo por localizarlo cuando se fue en busca de Gon.
En todo el camino realmente detestó a Gon por todos los problemas en los que había implicado al albino, que no sólo se sacrificaba por él constantemente, pensaba en él y lo deseaba proteger sin importar su vida. Esa devoción él la comprendía; detestaba que Killua se sintiera así por ese niño, no podía soportarlo. Dejó de quejarse cuando llegó al lugar donde Gon estaba. Era tarde, Killua estaba junto al cuerpo de su amigo, conteniendo un montón de emociones.
Tragó saliva, Gon estaba vivo. Killua lo cargó en su espalda y se apresuró a sacarlo de ahí. Era un tormento de emociones lo que estaba pasando en su corazón porque no sabía si moverse rápido para conseguir ayuda o lento para no lastimarlo más. Al final el albino optó por correr hacia uno de los portales que Knov tenía listo para escapar. Illumi no le siguió más, sabía lo que pasaría, de hecho, su peor pesadilla estaba comenzando a ocurrir frente a sus ojos.
Tal y como le había dicho a su padre, en cuanto terminó de vigilar a su hermano, fue directamente a casa. Iba con una visión en su mente. En el camino a la montaña volvió a hacer el cálculo de las posiciones de los planetas, quería estar seguro de que la corazonada fuera real. Calculó la hora babilónica y se dio por vencido, sí estaba en lo cierto. La mente de Killua ya había derrotado la barrera más fuerte que tenía, ahora sólo le quedaba ser libre del adormecimiento al que lo había sometido para tenerlo protegido.
.'.
—Eso suena impresionante. Me agrada saber que Killua ha progresado bastante —afirmó Silva, después de escuchar la historia de Illumi.
Illumi había decidido tomar todas las medidas de precaución para detener a Killua de usar a Alluka. Las lecturas le habían mostrado que seguía esa luna continua en Escorpio, su mala suerte todavía estaba anunciada, así que creyó que eso sólo significaba que él ya no podría seguir trabajando por su cuenta. Requeriría más ayuda de la que antes había solicitado en su vida. Su padre, seguramente estaría de acuerdo con detener al ya adolescente, por eso se había confiado al ir y contarle a todos los presentes de las dificultades por las que pronto pasarían.
—Lo que no entiendo es… ¿no se supone que eliminaste de su mente la existencia de… «esa cosa»? —le preguntó Silva, y los demás presentes esperaron en silencio a escuchar la respuesta.
—«Esa cosa» —remarcó— creció con él. Él no sería el mismo sin la existencia de cada componente que le ha ayudado a crecer. Si Nanika hubiera sido algo que estuvo un corto periodo de su vida, no habría problema, con sólo remover esos simples recuerdos hubiera bastado…, pero no fue así. Sólo le impuse un placebo que satisficiera su necesidad de estar cerca de él.
—¿Sólo un placebo? —Silva sonó descontento.
No era lo que habían planeado desde el inicio, él creía que podía hacer que se olvidara de Nanika para estudiar las habilidades de la niña con calma y sacar provecho de ella.
—La mente humana es muy delicada —se acomodó los cabellos, fastidiado de dar explicaciones a simples mortales—, ¿o dime, tú conoces algo que yo no sepa al respecto?
—No vuelvas a faltarme el respeto, Illumi. Te lo advierto.
—Suficiente —interrumpió Zeno—, si estás tan seguro de que Killua volverá a casa por esa criatura, será mejor que te vayas. No queremos que haga un drama al verte…
Recordó el motivo principal por el que Illumi había sido echado de casa. Sus servicios eran preferibles que se realizaran lejos del albino. Nimrod no podía alegar en su contra, porque desde un principio él mismo había propiciado esta situación.
—Sí, quedarte aquí sólo traerá más problemas en casa —remarcó Kikyo con saña, ella era la principal que no quería ver su rostro merodeando por ahí.
—Yo sé en qué concepto me tienen. La verdad no me importa, no pensaba quedarme aquí. Tengo asuntos qué atender.
—¡Si él se va de casa, nadie va a detener a ese mocoso llorón de hacer lo que quiera!, desde que se fue, nadie ha hecho una maldita cosa por traerlo aquí —era Milluki, quién recientemente había sido añadido a las reuniones familiares, por supuesto, los demás se arrepentían de esa decisión.
—Se hará cómo yo diga —Silva los calló a todos. Estaba harto de que en cada reunión tuviera una discusión con ese muchacho que parecía que nunca entraría en la adultez— yo atenderé a Killua si es que viene. Illumi puede hacer como mejor le parezca. Yo ya le he perdonado su falta.
De nuevo era Silva el que, como cabeza de la familia, tomaba las decisiones más difíciles. En su opinión ya habían sido suficientes años de castigo para Illumi y, Milluki tenía razón; por lo menos antes Killua estaba bajo control, durante el periodo en que el morocho cuidó y entrenó a ese niño. Illumi se había propasado con el albino sin mayores consecuencias, le habían echado de casa para que mantuviera sus manos apartadas del menor. Además, confiaba plenamente en que había aprendido la lección.
—¡En primer lugar, ha sido tú falta que Killua esté allá! —reclamó Kikyo.
—¿Dónde está Kalluto, entonces? —preguntó entre dientes.
Desde que el más pequeño se había marchado de casa, Kikyo había estado usando evasivas para tratar el tema. La mujer sabía perfectamente cómo tratar con su marido pero él ya estaba comenzando a llegar a su límite.
—Kalluto está con el Ryodan —contestó Illumi; había notado el nerviosismo de su madre y quiso tomar ventaja de ello—. Él está bien, ya hice buenos tratos con Chrollo.
—¡¿El Ryodan?! —miró amenazadoramente a su mujer, no estaba molesto porque su hijo estuviera con esa agrupación, le serviría bastante para entrenar y madurar, pero le hubiera gustado que desde el inicio se le tomara en cuenta para una decisión como esta.
—Por favor, guarden sus peleas maritales para otro momento. Estamos tratando el asunto de Killua —Zeno se puso de pie, frente a la pareja que parecía que iniciarían otra de sus insufribles peleas.
—La única idea que se me ocurre para detener esto, es matar a esa cosa —Illumi concluyó en voz alta.
Todos palidecieron, cada uno guardaba una postura diferente con respecto a esa niña.
—Eso es imposible —objetó Silva— lo hemos estado estudiando por años, no podemos desaprovecharlo. Es posible que aprendamos un poco más sobre su comportamiento si Killua lo lleva con él. Estoy seguro que él sabrá cómo tratarlo.
—Ese llorón se sacrificará por su amigo —chilló Milluki—. No hará nada para nuestro beneficio, y lo saben.
—¡Es de la familia, Illumi!, no voy a permitir que mates a uno de mis hijos —volvió a chillar Kikyo, con tal de llevarle la contraria al maligno espíritu que yacía en él.
—¿Familia? —se rió Illumi—, yo soy uno de tus hijos, madre. Yo no soy una amenaza para todos, no estoy atentando contra ustedes. Esa cosa no tiene lazos hacia nadie…
—Illumi tiene razón —murmuró Zeno, captando la atención. Era raro ver que el anciano estuviera de acuerdo con su nieto—. Por más que nos esforcemos, no podemos integrar a «esa cosa» a la familia, no podemos contarlo como parte de nosotros porque no sirve para nuestro beneficio. Si tan sólo dejara su postura infantil, que no nos permite el paso a nosotros y cooperara, las cosas podrían cambiar, pero mientras continúe así, Illumi tendrá la razón.
—De todos modos, no pienso matarle. Familia o no, nos es útil.
—Yo estoy de acuerdo contigo Silva, es útil y creo que Killua nos podría enseñarnos más sobre él si es que le diéramos la libertad de usarlo bajo nuestra tutela.
—Bueno…, ustedes quédense hablando del tema, yo me retiro a mi cuarto. Si me necesitan, saben cómo localizarme.
Se rindió, igual no le harían caso. Ese no era el estilo de los Zodyck. Illumi no dio tregua a que le detuvieran, desapareció dejando una posible discusión abierta. Sólo Milluki decidió que terminando esa reunión iría en busca de su hermano, sentía que el mayor merecía una sincera disculpa por parte de la familia, pero él no era el indicado para dársela, al menos trataría de dejar su relación en buenos términos.
1) Biblia. Libro de Job capítulo 41, versículo 8
2) Pariston Hill en la ceremonia de iniciación de Illumi. Capítulo 22
(3) Tomo 30, Capítulo 319, manga.
(4) Tomo 27, Capítulo 281, manga.
(5) Tomo 28, capítulo 293, manga.
La luna en caída en el signo de Escorpio representa mala suerte para los nacidos en ese signo. Sé que era obvio, pero quería aclararlo.
Un agradecimiento especial a KaiD23 mi maravillosa beta, por sus correcciones.
Ahora sí, continuaré con el ritmo normal. Este fue un capítulo especial, así que la fecha no cuenta, pero el que sigue sí, es decir, que lo publicaré el Jueves 19 de Enero. Hasta pronto.'.
