Me he rendido en este sitio, simplemente no se puede.

93 en Babel

Capítulo 23

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Tras una larga discusión, todo en cuanto a lo referente a Killua, quedó en manos de Silva. Nadie más tuvo derecho a intervenir. Milluki se dispuso a ir al cuarto de su hermano, vio que la puerta estaba abierta y se sonrió, era un buen momento para arreglar las cosas con él.

—¿Dónde obtuviste mi número? —escuchó que argumentaba, mientras sostenía su celular y caminaba frente al gran librero de su habitación.

Illumi dio la vuelta y captó su presencia, con un gesto de seriedad, se dirigió hasta la puerta y la cerró. Milluki comprendió que lo que sea que estuviera pasándole era delicado y requería su completa atención.

—¿No es una suerte?, yo, de todas las personas en el mundo, me puedo comunicar con el afamado Maestro Nimrod.

—Estoy por colgar la llamada, Pariston. No tengo humor para payasos.

—¡Oh no, no!, lo siento mucho Maestro Nimrod, permítame explicar las cosas —aclaró su garganta— hace un par de días el Presidente de la Asociación Hunter, Netero, murió a manos de unas criaturas conocidas como las hormigas-quimera. Dentro de poco se celebrarán las elecciones por un nuevo presidente, y yo me postularé… la verdad es que sé que no voy a ganar.

—Esto no tiene nada qué ver conmigo, Pariston. No entiendo por qué estás perdiendo tu tiempo.

—Espere Maestro… —dejó escapar una risa nerviosa— la verdad es que es un buen momento para la hermandad. Es hora de infiltrarse en los Hunter. Me pareció que usted es la persona más adecuada para ayudarme con algunos asuntos internos.

—Pariston —remarcó— la asociación Hunter hace mucho que se rindió ante nosotros. Como prueba de ello, te nombraron a ti como vicepresidente. Es evidente que no necesitamos "infiltrarnos". Ellos no son una amenaza.

—Maestro, yo entiendo. Esto es algo que no puedo hablar por teléfono con usted, preferiría hacerlo en persona. Si no le molesta…

Nimrod lo pensó. No había duda de que se trataba de una trampa, pero ¿por qué se tomarían las molestias de enviarle a Pariston?, ¿cuál era la finalidad de hacerlo ir para tener una conversación privada?, como sea no se sentía amenazado, confiaba plenamente en sus habilidades y además, sabía que no le podrían aprehender tan fácilmente. Sería muy ingenuo de su parte si es que creían que lo harían caer como a un novato.

—Te daré una oportunidad, Pariston. Mañana estaré allá, si no me convence, me marcharé y no me volverás a llamar de nuevo.

Illumi colgó y salió del cuarto, justo para ver que su hermano Milluki estaba recargado a la pared, esperando por verle.

—¿Te irás tan pronto?

—Necesito encargarme de unos asuntos —contestó monótonamente.

—Kil vendrá. Papá lo dejará hacer lo que quiera y lo sabes, ¿qué piensas hacer?

Nimrod sintió escalofríos. Tenía razón, Silva nunca se había caracterizado por someter a ese niño. Durante la reunión lo había escuchado, querían aprovechar la ocasión para experimentar con Alluka en algo mucho más grande, lo que significaba que en efecto, no lo detendrían.

—Independientemente de lo que diga o haga papá, yo me haré cargo a mi modo.

Milluki sonrió. Después de tantos años, Illumi seguía siendo su héroe.

—Yo te ayudaré. Si él viene, te avisaré. Ve a donde sea que vayas, cuenta conmigo —se dio la vuelta, listo para marcharse— ah… Illumi, una cosa más. Hagas lo que hagas, no permitas que Kil se salga con la suya.

Illumi sonrió, era mejor tener un aliado en casa; podría marcharse tranquilamente.

Se dirigió a toda prisa a la ciudad donde se llevarían a cabo las votaciones. Ya estaba anunciado en todas partes. Era un gran evento, mucha gente importante estaba haciendo sus declaraciones al respecto y notó caras conocidas, miembros de la hermandad que parecían muy interesados en lo que sería de los resultados. Al parecer la aparición de un tipo llamado "Ging Freecs" era la sensación, inmediatamente reconoció el apellido, supuso que era un familiar cercano al amigo de Killua. Vio que también en las noticias se hablaba de Gon, de forma menos relevante que la muerte de Netero, pero también considerado un asunto serio. Su estado de salud era un problema, eso significaba que Killua ya estaría en camino para ver a su padre.

Cuando llegó al edificio se aseguró de tomar su apariencia como Hunter, el hecho de que le hubiera dicho a Pariston que iría, no querría decir que hablaría con él, sólo tenía intenciones de observarlo. Descubrir qué clase de persona era y qué era lo que quería de él. Pronto notó que era difícil de cazar, Pariston se movía entre personas que podían detectarle, gente con entrenamiento y uso de Nen a un buen nivel. Esto incrementó sus sospechas sobre lo que planeaba hacerle.

Los asuntos de las votaciones le parecían aburridas, él había sido un rey en su época, nunca tuvo la necesidad de pensar en temas como democracia o cualquier otro sueño guajiro posterior a su época. Anduvo por los alrededores del edificio cuando una presencia captó su atención. Hisoka había entrado a la escena. Estaba sentado cerca de los miembros del Zodiaco que dirigían las votaciones y lo miraban con recelo. Convencido de que esa continúa luna en escorpio le traería desgracia, decidió apostar por usar la suerte de los demás a su favor, y se dirigió a donde el pelirrojo, dispuesto a convencerlo de hacer esto por él. Hisoka nunca antes se había negado a hacer trabajos como asesino, pero esta vez, su intención era involucrarlo directamente en asuntos personales, no era cualquier cosa. No podía estar cien por ciento seguro de que fuera a aceptar, pero él tenía una carta oculta con la que lo convencería. Estaba enterado de su interés por el amigo de su hermano, podía aprovechar esa debilidad para forzarlo a trabajar en algo más privado. Así que, decidió dejar en el olvido el asunto de Pariston, sus prioridades eran otras.

—¿Tienes algo de tiempo? —lo llamó.

Tras hablar brevemente, concertaron una cita en un bar más tarde, mientras él se dedicó a observar a Pariston, en busca de información que le diera más motivos para sospechar de las intenciones del tipo. El rubio era un hombre de lo más extravagante y con una mente claramente siniestra. No mostraba jamás sus ambiciones a pesar de que a la vista de todos era evidente que tenía objetivos ocultos, no le daba buena espina. Mientras que Pariston no mostrara sus verdaderas intenciones, no planeaba mostrarse. Hizo bien, ya que el rubio ya tenía planes de entregarlo a la hermandad. Los Iluminados habían lanzado una consigna que ofrecía una fuerte recompensa por ayudar en su captura. En el momento en que Nimrod se apareciera frente a él, el equipo de DaLozza haría su siguiente jugada, una que posiblemente le hubiese salido muy cara.

Fue a ver a Hisoka, en dónde terminó por envolverlo en un trabajo personal, sin paga alguna. Simplemente no podía darse el lujo de trabajar solo. Y al día siguiente, justo cuando él y Hisoka estaban por llegar a la montaña, Milluki le llamó.

—Kil tiene rato hablando con papá —le advirtió.

Ambos se detuvieron a medio camino, si Killua advertía de su presencia, estaría más alerta y tomaría más precauciones de las que eran convenientes. Seguramente procuraría salir a escondidas y se le escabulliría muy rápido. Ni siquiera estaba seguro si la criatura que había visto con él, el camaleón que lo había estado ocultando durante la pelea contra el rey, estaba cerca; de ser así era preferente evitar mostrarse y no perder su rastro.

—Ve y detén un par de carros, tal vez sea necesario usar algunas personas que nos sirvan como vigilantes.

Le ordenó a Hisoka quien a regañadientes terminó por hacer caso.

«Mantenme al tanto de lo que ocurra». Le escribió a su hermano, para luego él ocuparse de las personas que Hisoka había conseguido.

—Necesitamos escondernos en algún punto donde podamos observar lo que pasa.

—¿Qué tal allá arriba?

Iba a ser una espera larga, posiblemente unas tres horas. Así que revisaron minuciosamente la zona para asegurar su victoria. Habían elegido un lugar lleno de árboles y vegetación que les ayudara a ocultarse y seguirlos desde lejos.

«¿Puedo llamarte?, esto es importante». Recibió otro mensaje de texto por parte de Milluki.

Aprovechando que Hisoka estaba en el otro extremo, atendió la llamada de su hermano.

—Killua sabe usar a la «criatura esa» de otra manera. De un modo que yo nunca pensé que era posible. Illumi, esto puede ser importante.

Milluki le explicó entonces todo lo que había pasado en casa. De cómo había amenazado con matar a su madre y el supuesto deseo que Killua pidió.

—Te mandaré el vídeo en un momento. Por cierto… papá le pidió a Tsubone que fuera con él. Si ella va, usarán el monóculo…

Era la cámara de vigilancia de sus padres. Cuando Tsubone era enviada a asistir a alguno de los chicos y necesitaban revisar los movimientos de sus hijos solían usarlo. Se suponía que el único que conocía de esto era Milluki, pero claro, el chico no sabía mantener bien sus secretos cuando se trataba de su hermano favorito.

—Ah… podrías, ¿reenviarme las imágenes de lo que vaya pasando?

—Justamente eso te iba a decir. Es mejor que veas todo por ti mismo, me ahorrarías tiempo de explicaciones.

Obviamente, esto lo hicieron a escondidas, procurando que sus padres no se enteraran de sus planes.

Y tras colgar, optó por ir con Hisoka, el momento de atacar se acercaba.

Su mente se había clavado en lo que su hermano le había dicho. Revisó la grabación que había guardado sobre Alluka y se percató de algo más. Milluki parecía no saber de lo que estaba hablando, pero él sí que lo había captado; Killua sabía más detalles de Alluka, cosas que no había dicho a nadie y que quizá eran convenientes. Desde que fue consciente del peligro que esa niña representaba había deseado acabar con Alluka, era la única que podía evadir toda clase de reglas y arruinar sus planes en un instante; por esto mismo nunca consideró conveniente usarla para su beneficio. Pero ahora, si había algo que rebasaba sus intereses de supervivencia era su ambición, por la que tanto había peleado. Si la niña tenía un modo de saltar las reglas sin mayores consecuencias, entonces podía significar que podría ser útil. Lamentablemente por la mente de Nimrod, ya no había lugar para pensar más allá de Killua, su cuerpo ahora exigía la protección y compañía de ese niño, como si se tratara de respirar. Por ello, no pudo evitar confiar en Hisoka, ni siquiera él era capaz de darse cuenta que tenía ya un problema fuera de control. Aunque su interior fuera el poderoso rey de Babel, todo su ser obedecía una orden: Killua, sus necesidades y su existencia. Sentía un amor tan profundo por él, que ya no le importaba más que se tratara del deseo de un muchacho que alguna vez ocupó ese lugar, era ahora su hambre; estaba dispuesto a matar por satisfacerla. Iba a presionar al albino hasta tocar el límite. Su cuerpo se había puesto a trabajar de forma automática.

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Más allá del odio y miedo que despertaba la presencia de Illumi, Killua se sentía frustrado por no poder comprender cómo tratarlo. Era su hermano, en algún punto ambos compartieron una buena época y a pesar de estar enojado, sabía que no hablaba en serio cuando pedía que le mataran. Ese tipo era imposible de matar si no era hecho por verdaderos asesinos, y en su experiencia, los Hunters no eran precisamente una agrupación de grandes peleadores. De suerte lograrían lastimarlo, pero había usado palabras fuertes cuando se refirió a él porque era de vital importancia que lo tomaran en serio, que se enfrentaran a él siendo precavidos y evitar una masacre. Por otro lado, todavía no estaba preparado para verlo. Después de descubrir que por muchos años había sido manipulado y controlado por él, y no sólo por Illumi, si no por toda su familia. Se sentía decepcionado, terriblemente abrumado por la situación. Gon estaba muriendo, y él huía mientras intentaba proteger a toda costa a su hermana menor, la cual había sido usada y menospreciada como un vil objeto. Definitivamente no estaba de humor para hablar, sólo quería que esta pesadilla terminara.

Pero luego, Illumi le había dicho esas palabras.

—¿Estás listo para matarme? —le preguntó a sabiendas que el albino podría alardear lo que quisiera, pero no se atrevería a terminar con su vida.

«¿Cómo se atreve a preguntar algo como eso?—se preguntó—, ¿cómo es posible que me haga esto?, Illumi no valora nada, sólo es un egoísta bastardo». No tuvo más opción que revelar uno de los secretos de Alluka (2). No había querido hacerlo, pero si Illumi estaba dispuesto a sacrificarse —haciéndose la gran víctima como siempre— entonces era mejor demostrarle que sus temores eran mal infundados, y que debía confiar en él por una vez en su vida. Aunque a esas alturas ya no le importaba tanto ganarse su confianza, sólo quería que lo dejara en paz.

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Tras sanar a Gon, para ser enviado de vuelta a la montaña. Su mente despertó. Por fin fue capaz de reaccionar y darse cuenta que estaba siendo controlado por el cuerpo de su anfitrión, no podía resistirse a actuar estando cerca de la presencia de ese niño. Sin embargo, debido a que él era quién tenía la batuta, en todo lo referente a la existencia de Illumi, sus acciones estaban delimitadas a las reglas y reacciones de Nimrod.

Ahora que podía pensar con mayor claridad, se dio cuenta que frente a él estaba la llave que estaba buscando. Con el poder de Nanika, derrotaría a los conspiradores y acabaría con todos los asuntos que rodeaban sus problemas; se ganaría el favor del único, recuperaría a su mujer y retomaría su vida con una posición importante. Definitivamente esa era la solución más efectiva y segura, el único problema era que tendría que atravesar por el dolor que representaba ver al albino.

Killua poseía una terrible fuerza magnética que podía volverlo loco si continuaba acercándose a él sin tener nada a cambio. Entonces entendió que debía encontrar un balance pronto, una forma de ir aliviando las necesidades de Illumi, para permanecer con la mente fría y actuar en su propio favor.

Estando en casa, perdió el interés de enfocarse en sus asuntos personales. Sentía un vacío mortal en su corazón, la falta de balance le estaba mermando su visión del mundo. Ni siquiera se animó a ir a interrogar a Kikyo, se mantuvo encerrado en su cuarto. Dado que su recámara era como un pequeño departamento, no le hacía falta salir a comer puesto que tenía suficiente alimento en su cocina personal. Sólo se concentró en su problema, debía, con causa justa, expulsar de sus necesidades a Killua.

Los siguientes días los dedicó a planear una estrategia de emergencia que le ayudara a trabajar, no bajar la guardia. Además, con la clase de enemigos que él poseía, era muy posible que ellos estuvieran detrás del albino y su angustia incrementaba cada vez que lo pensaba. Killua podía ser fuerte, pero no era oponente para esa gente, ellos no irían a pelear contra él en un combate cuerpo a cuerpo, lo acabarían a distancia con magia, lo atormentarían y debilitarían hasta volverlo un muñeco de trapo fácil de destruir.

Estuvo practicando rituales que leía en sus libros, se puso a estudiar como si no supiera nada, en busca de algún hueco que hubiese pasado desapercibido cuando recién inició a aprender todo lo relacionado con los entes de Nen. Creía firmemente que había alguna otra solución que le ayudara a lidiar con la ausencia del elemento que lo ataba a la Tierra. Incluso un día, harto de tanto divagar, salió a la ciudad y convocó a todas las brujas que habitaban en los alrededores. Las juntó al pie de la montaña y estuvieron tres días en medio de un gran aquelarre que resonó entre los pueblos aledaños y se volvió una leyenda urbana.

Luego, decepcionado de sus constantes fracasos, regresó a la mansión de los Zoldyck para enclaustrarse en su cuarto; de nuevo con ese vacío y su hambre por Killua. Era tan doloroso que se atrevió a ir al cuarto del niño a dormir. Robaba sus pertenencias y las mantenía en su habitación, en busca de cualquier rastro de su presencia.

Pasadas dos semanas, Silva decidió confrontarlo. Illumi estaba actuando más extraño de lo que alguna vez lo había hecho y era necesario que alguien le diera orientación. Kikyo era consciente de que Nimrod no podría sobrevivir sin Illumi y no aceptó intervenir en el extraño comportamiento de su hijo; le era conveniente que él se autodestruyera, y más ahora que el morocho parecía no tener interés en atacarla. Supuso que sin la ayuda de Killua, probablemente llegaría a la misma solución que originalmente quería llegar.

De todos modos Silva quiso hablar con él en privado. Un nuevo pretendiente había aparecido. Desde hace días le había informado a su hijo y éste ni se había molestado en preguntar, simplemente se había encerrado en su cuarto como si nada ocurriera y esto le resultó perturbador. ¿Por qué Illumi se recluiría cuando había tanto por hablar?, se preguntó si quizá el muchacho al fin había reaccionado; lo que estaba haciendo en la isla iba en contra de todo lo que él era. Silva jamás imaginó que un día su muchacho regresaría a casa con esa mentalidad y actuando como si fuera natural en él, el seducir y atraer a extraños, hombres mucho mayores que él. Si alguien le hubiera dicho que su hijo un día iba a actuar de ese modo, le hubiera roto el cuello por hablar mal de un Zoldyck. Caminó hasta la habitación y llamó a su puerta.

—Illumi, voy a pasar.

Cuando entró, se impresionó de lo que estaba frente a él. Illumi estaba acostado boca abajo, semidesnudo, y tenía una gran marca en su espalda, una que reconoció de inmediato y comprendió porqué todos los hombres de la isla lo buscaban tanto. Sintió una enorme urgencia por preguntarle sobre ello, saber qué demonios había pasado con él y por qué tenía ese símbolo en la espalda, pero se resistió porque su preocupación paternal era más importante.

—Levántate, necesitamos hablar.

—No ahora —respondió contra las sábanas, su voz ahogada delataba sus sentimientos. Estaba deprimido.

Pudo haberse marchado, dejado las cosas así y olvidarse del asunto, y en lugar de eso, mostró su autoridad como padre, líder de los Zoldyck.

—He dicho, levántate. Ahora.

—¿Qué… quieres? —masculló, colocándose sobre sus manos y rodillas, obedeciendo la orden dada.

Esos ojos que él vio no eran los de su hijo. Lucían como los ojos de una bestia salvaje, algo inhumano y terrorífico que no pudo describir, le dio la misma sensación que tuvo cuando se encontró por primera vez a Nanika, de hecho podría jurar que poseía esa misma esencia destructora, poderosa y sin límite.

—Quiero que hablemos, necesito saber qué ocurre contigo. Has estado encerrado en tu habitación por mucho tiempo. Yo necesito que salgas de aquí y te pongas a trabajar.

Nimrod suspiró. Sus intentos por mantener su mente lejos del niño ya habían fallado y sólo tenía un objetivo ahora, ir a verlo. Quería ir y no sólo observarlo a distancia, deseaba hablar con él, tratarlo de cerca y sentir su mirada puesta sobre él.

—Lo siento, padre —contestó, deteniendo todo su poder. Fue un cambio radical que Silva hizo lo posible por ignorar, no podía dejarse llevar por sus temores— no he tenido buenos días. Creo que salir me vendría bien.

Silva se sentó junto a él, intentado comprender qué estaba pasando. Antes de llegar a su cuarto había creado su propia teoría de lo que le ocurría.

—Illumi, no tienes qué hacer lo de la isla si en realidad no quieres. Tierra Sagrada no significa todo para mí, como significa para tu abuelo. Para él la tradición es más importante de lo que es para mí. He visto… Hemos visto muchas cosas, lo que en realidad sucede en el mundo. Nosotros no tenemos una venda en los ojos como para que nos dejemos guiar por meras tradiciones que no tienen tanto valor como podría ser involucrarse en causas más grandes.

—Papá, está bien. No me molesta ir a Tierra Sagrada… —replicó antes de que continuara con su discurso motivacional—, es sólo que —suspiró— necesito ocuparme de otros asuntos, cosas que me conciernen a mí. Sólo ignórame, dame el maldito trabajo e iré hoy mismo a donde sea que me mandes.

Era imposible hablar con él, se notaba que cualquier cosa que le alegaran, la evadiría como si no fuera importante; cualquier argumento sería resistido de ese modo tan peculiar y molesto. Decidió dejarlo ir, era mejor eso que tenerlo encerrado en su cuarto, haciendo esas actividades extrañas de las cuales Milluki no quería hablar. Que por cierto, Milluki estaba molesto porque al final de cuentas su hermano había hecho justo lo contrario que él deseaba; Killua estaba de nuevo en la calle y ahora con la niña por la que tanto peleaban. No había querido involucrarse con su hermano mayor hasta que su enojo se le pasara.

Illumi se marchó y ese mismo día contactó a Hisoka. Tenía un plan en mente.

—¿Estás aun jugando con Chrollo?, tengo trabajo para ti.

—¿Mmm… Algo interesante?

—El trabajo de siempre, requiero que lo hagas porque esta vez estoy a punto de llegar a mi menta.

—Deja el dinero en mi cuenta y me haré cargo.

Sonó sencillo, Hisoka también tenía planes para él. Ya estaba absolutamente seguro de la debilidad que Nimrod poseía y quería divertirse a su costa, averiguar dónde estaba el límite del espíritu de la Y. Fue tras él, decidido a presionar los botones que llevarían a la locura a ese ente. Sin embargo no tuvo lo que quiso, Illumi le dejó el trabajo por medio de una de sus marionetas para luego marcharse sin dar oportunidad de más. Ni siquiera supo a dónde había ido. Ya tendría más oportunidades para hacerlo caer.

Illumi se dispuso a localizar al albino. Esta vez no dispondría de Milluki, sino que se valdría de sus habilidades. Había hecho una tablilla con ayuda de las mujeres con las que se había reunido, consiguiendo así un método de adivinación para localizar al niño sin importar al lugar al que fuese. Confiaba en que no fallaría y estuvo en lo cierto, porque lo halló en una ciudad muy lejana a la montaña Kukuru, andando por las calles junto a Alluka. Caminaban tomados de la mano, felices.

Planeó acercarse a él, le haría notar que él estaba ahí y no temería a sus reacciones, confiaba en su poder. Killua podía tener miedo, podía atacarlo en respuesta, y de todos modos, no habría nada en el mundo que pudiera detenerlo. Si moría a manos de Alluka no le importaría porque moriría por boca del albino. De algún mórbido modo, esta idea le producía paz, un alivio que no podía disimular.

Caminó a paso lento mientras los veía detenerse en frente a varios locales, decidiendo lo que iban a comer, y luego vio que daban la vuelta, movidos por Killua. No le dio importancia y siguió caminando tras ellos. Hasta que el albino se detuvo.

—¿Acaso crees que soy idiota, Illumi? —alzó la voz, dándole la espalda— puedo notar tu presencia desde hace rato, ¿qué carajo quieres?

Sonaba retador y esto le motivaba más a seguirlo. Nimrod no le contestó, espero a que Killua volteara, y fue hasta que lo hizo que se apartó de ellos. Killua tuvo temor. No lo iba a demostrar porque no quería que Alluka se asustara pero, si su hermano estaba ahí, nada bueno vendría a continuación. Eligió viajar lejos, moverse a otra ciudad antes de que su hermano volviera a localizarlo, al menos ganaría tiempo y podría descansar por otros días. El problema fue que, así como la primera vez que se lo encontró en la calle, le ocurrió dos veces más, de forma continua. Era como un fantasma, como una pesadilla recurrente. Lo peor era que no comprendía lo que hacía, simplemente se aparecía así sin decir nada y, en cuanto él lo miraba, su hermano se apartaba de su vista. Parecía una advertencia, y la tercera vez, le quedó claro que así lo era, porque vio una leve sonrisa que no le inspiró confianza. Illumi volvería y cuando lo hiciera, sería peor.

No quiso tener dudas, fue a un banco, sacó cuánto dinero cupo dentro de una mochila y se cambió de ciudad, si Illumi le estaba rastreando por medio de sus cuentas bancarias, entonces era preferible no usar sus tarjetas, ni registros como Hunter, nada de eso, sólo en efectivo y viajando como en el pasado, usando un pseudónimo, aprovechando que era menor de edad y que nadie le preguntaría si era cierto o no la identidad que mostraba.

Alluka no tenía miedo, ella estaba segura de que tenía a sus dos personas favoritas junto a ella, la entidad que vivía en su interior y su hermano mayor, no podía pedir más. Confiaba en que ambos la protegerían de lo que fuera. Illumi no representaba una amenaza para ella. Se dejó guiar si con eso calmaba a su hermano, decidió ayudarlo a enfocarse en disfrutar su viaje, que era lo mejor que les había pasado en sus vidas.

Illumi regresó con Hisoka, se sentía recuperado, listo para seguir trabajando. Estaba animado, así que no se dio cuenta del momento en que empezó a hablar de más con el pelirrojo.

—¿Tanto bien te hace Killua?, ¿por qué no lo vas a ver más seguido?

Le dijo mientras estaban en un bar, tranquilamente conversando. Illumi debía informarse de todos los movimientos realizados por el pelirrojo en los últimos días.

—No me es necesario. Sólo requería esta dosis y debo continuar con mi labor.

—¿Está bien qué siga pretendiendo ser tú?, yo no tengo tus habilidades de metamorfosis…

—A mi padre no le importa cómo haga mi trabajo —bajó su bebida y sonrió—. Ya es momento de involucrarme en cosas más grandes.

Y hablaba en serio. Después de que estuvo listo, regresó a sus trabajos. Llamó a Gio, quién estaba más preocupado por su bienestar que el mismo Illumi. Después de recuperar su energía, se sentía libre para hacer lo que fuera.

—El concilio dio permiso de darle cacería —le informó Gio, en la llamada— debería reconsiderar dejar sus actividades contra el resto de la hermandad y centrarse sólo en los conspiradores. Aún está a tiempo.

—Gio… yo sé lo que hago —pero Nimrod era un rey, había sido un rey poderoso, el primero en la Tierra y ahora no estaba dispuesto a escuchar consejo de una marioneta cuya experiencia y conocimiento estaban limitados por su posición—. Ellos creen que podrán conmigo, pero no es así.

—¿Cómo está seguro?

—Eres una marioneta, no te diré cómo lo sé…

Nimrod tenía algo a su favor, no sólo contaba con el apoyo de "el único", también estaba eso de que él había vivido un gran número de vidas a través de muchos tiempos, y su conocimiento y experiencia eran superiores a los de cualquier miembro de la hermandad, ni siquiera los otros poseedores de entes de Nen podían comparársele. Pero eso sólo provocaba que él tuviera un exceso de confianza, basado en sus conocimientos, pero que al final podía ser su perdición.

El problema aquí era que no había información suficiente con respecto a lo que él estaba padeciendo. Sabía que era algo relacionado con el balance de dos entidades en el mismo cuerpo, llegó a escuchar de entidades que perdían la razón debido a esa falta de balance, y entendía que él estaba jugando con su suerte desde el momento en que se apoderó del cuerpo de Illumi. Según sus cálculos le quedaba bastante tiempo antes de que esto comenzara a pasar.

Lamentablemente no pudo hacer mucho, su deseo por Killua volvió, incluso con más fuerza que antes. Soñaba con él, ya no se sentiría satisfecho con sólo sentir los fríos ojos azules mirándole fijamente, quería escuchar que dijera su nombre, sentía que sólo así estaría de nuevo con calma.

Sacó la tablilla, y calculó la posición del albino. Descubrió que había viajado más lejos del sitio donde se habían visto la última vez, y se alegró mucho de ver que estaba actuando con miedo.

—¿Qué es lo que ahora quieres lograr, Illumi? —le preguntó Hisoka al saber que el morocho de nuevo estaba solicitando sus servicios.

Se habían reunido antes de que el poseedor de la Y volviera a ir tras el rastro del albino.

—Sólo quiero ver si mi vela está encendida —contestó refiriéndose al niño y su deseo por huir de su hermano.

—Lo sé, pero, ¿con qué fin?

—Nadie mejor que yo conoce a Kil. Sólo lo estoy domando antes de ponerle la correa.

Nimrod ya lo había pensado. Quería controlar a Killua, volverlo su marioneta había sido su primer opción, sin embargo, el cuerpo de Illumi no se lo permitió. Lastimar a Killua le resultaba imposible, entonces optó por su conocimiento del pasado para debilitar la moral del albino y someterlo de otro modo.

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De hecho Killua sentía un déjà vu. El comportamiento de Illumi le recordaba al tiempo en que sus temores por Kozi existían. Había pasado las noches durmiendo a la defensiva, su sueño era extremadamente ligero porque incluso cerrar los ojos era algo peligroso cuando se trataba de Illumi. Hacía bien al temer de ese modo. Illumi le volvió a encontrar con mucha facilidad.

Le halló en el hotel en que se hospedaban. Fue durante la noche, mientras ambos muchachos dormían. Killua se percató de su presencia cuando ya estaba en el interior de la habitación, en una pequeña sala y se levantó de inmediato. Caminó hacia la puerta de su cuarto donde vio con horror la peor situación que podía haber imaginado.

Nanika había despertado también, estaba de pie, fuera de su cuarto mientras observaba a Illumi a menos de dos metros de distancia entre ambos. Él se paralizó, un movimiento tonto y estaría perdido.

—Kil —está vez escuchó que su hermano le llamó.

—Maldito…, ¿qué quieres?, no tengo nada para ti.

Volteó a ver a Nanika, esperando llamar su atención para indicarle que huyera, pero Illumi se interpuso en su mirada.

—Sólo vine a visitarte.

Rechistó la lengua, y sin temor pronunció.

—Nanika…

Apenas hubo dicho aquello, unos objetos que identificó como agujas, fueron arrojados en dirección a su hermana. Había sido mucho más rápido de lo calculado. No recordaba que su hermano fuera así de veloz, ni siquiera tuvo tiempo para gritar. Por reflejo corrió hacia donde estaba Alluka, preocupado por su bienestar mientras veía como Illumi huía por la ventana, alejándose de ellos. No le dio importancia, quería asegurarse que la niña estuviera bien.

Descubrió con confusión que aquello no eran agujas, sino botones. Tres botones habían sido arrojados hacía Alluka, dos de los cuales habían acertado al blanco y probablemente le dejarían un par de moretones. Se dio cuenta que si no tuvo la voluntad de matarla, significaba que su interés iba más allá, pensó en lo peor. Si Illumi atentaba contra la vida de su hermana, tendría el valor de luchar a muerte contra él, pero si su deseo era otro, entonces la implicación moral sería más conflictiva y no sería capaz de herirle con seriedad. De hecho no era capaz de matarle. Era su hermano, podía intentar atraparlo para hacerlo entrar en razón, le dolía la idea de matarle aunque quizá esa sería la única solución factible a sus problemas.

Para colmo el albino no podía contar esta vez con sus amigos. Kurapika y Leorio estaban envueltos en los eventos del Continente Oscuro, no podían ir a ayudarle, desconocía su paradero y difícilmente respondían mensajes; pedir ayuda a la asociación era un imposible, su vida no era un asunto de talla internacional, y recordaba la cantidad de Hunters que fallecieron a causa de su deseo por curar a Gon, pedir ayuda sería un absurdo más; y Gon no podía usar Nen. Estaba solo, debía idear una estrategia para sobrevivir.

En cuanto a Nimrod, el ataque nocturno perpetrado, le provocó un arranque de adrenalina increíble. Se sintió tan lleno de vida que repitió el ataque dos veces más, sólo que Killua había optado por dormir junto a Alluka así que no fue tan interesante como en la primer ocasión.

El viaje para conocer el exterior se había vuelto una pesadilla para ambos. Killua estaba estresado la mayor parte del tiempo, y no disfrutaba nada de lo que veía. No bajaba la guardia, no se explicaba cómo era posible que Illumi siempre le encontrara. Y lo peor era que no entendía lo que quería, era terriblemente angustiante. Con su mente cansada, sus ánimos abajo y sin ganas de seguir, decidió que era momento de dejar de huir, y buscar un enfrentamiento. Si Illumi no iba a atacar, él lo haría, no lo dejaría marcharse como siempre, no se dejaría vencer como cuando tenía siete años y estaba solo en la torre, haría las cosas justo como hubiera deseado hacer cuando Kozi estaba ahí. Se preparó mentalmente y esperó a que el día llegara.

Una noche, mientras dormía Alluka y él le esperaba, sintió la presencia de su hermano entrando a su habitación. Se levantó de la cama, despertando a su hermana en el proceso. Esperó en silencio a enfrentar la oscura mirada de su hermano mayor, pero lo que vio fue diferente.

No había palabras para describirlo, sólo sabía que eso que estaba frente a sus ojos no era su hermano Illumi, era otra cosa, algo que poseía las mismas características que él, pero que en definitiva no era la misma persona que había conocido. Había una maldad tan increíble en su presencia que su corazón comenzó a latir velozmente, reconociendo esa sensación, era la misma que alguna vez sintió estando frente a Pitou.

—¿Quieres enfrentarte a mí? —preguntó el morocho, como si pudiera leer su mente.

—¿Quién eres? —preguntó, abrazando a Alluka protectoramente. No iba a dejar campo para fallas.

—¿Eso quieres?, te mostraré porqué nadie puede enfrentarme. Mírame Killua.

Extendió su sed de sangre y su Nen, como nunca antes lo había hecho. La habitación se rodeó de penumbras y tuvo que retroceder con miedo, ¿cómo se iba a enfrentar a eso por su cuenta?, no podía arriesgarse a morir y dejar sola a su hermana, tampoco quería perderla. Se dio cuenta que estaba atrapado en un dilema imposible. No había ninguna solución ni escapatoria. Si Illumi planeaba matarles, entonces lo haría, tal vez podría darle batalla, pero el resultado seguramente no cambiaría.

«No… Biscuit dijo que incluso así había oportunidad» intentó animarse, desviar su atención del pánico que sentía.

La energía oscura se detuvo, e Illumi volvió a la faceta que él conocía. Una menos monstruosa y más humana.

—Podrás esforzarte lo que quieras, y al final, sabes bien que yo tendré la razón.

Se esfumó en la oscuridad, y Killua se dejó caer con Alluka en brazos.

—Perdóname Alluka —imploró. Estaba confundido, quería pelear pero no podía.

Salieron de ese hotel rumbo a otro, ya sin ganas, a sabiendas de que de nada les serviría hacer tantos cambios; iban en silencio mientras el peliblanco pensaba en alguna estrategia más, algún hueco que estuviera olvidando y del cual pudiese tomar ventaja. Sacó su celular y se dispuso a marcar a toda prisa, creyendo recordar alguna esperanza.

—Gotoh, comunícame con papá, ¿puedes?

—El amo no está en casa ahora, ¿tiene su número de celular?

—¿El abuelo está ahí? —ignoró la pregunta.

—No, tampoco; su madre está aquí, si requiere puedo comunicarlo con ella.

—No… no, cualquier persona menos ella.

—Está aquí el amo Milluki.

—Por supuesto que lo está… —pensó velozmente las cosas y se animó. Después llamaría al celular de su padre, pero primero debía cerciorarse de conseguir la información que le faltaba.

—¿Qué quieres? —la voz cortante de Milluki lo hizo entrar en razón.

—¡Hey cerdito!

—Ugh, no tengo tiempo para tus estupideces, habla rápido.

—¿Por casualidad sabes dónde está Illumi?

—Está trabajando. Si tanto quieres encontrarle por qué no le llamas tú mismo, estoy seguro que bailaría de felicidad si tú lo contactaras —el tono irónico de su hermano le hizo sentir escalofríos.

—¿Trabajando?, ¿en dónde está trabajando?

—Kil, no tengo tiempo para tus tonterías, ¡ya te lo dije!, está en Yorkshin, hace unos minutos dejó un aviso de que se había hecho cargo de otro trabajo y que ya iba en camino a… no recuerdo dónde.

Sus sentidos se pusieron alerta. Había posibilidad de que Illumi estuviera usando sus marionetas para hacer su trabajo. Él siempre trabajaba sólo, era imposible que contratara a alguien. Seguramente no tenía permiso para vigilarle, podía tomar esa excusa para acusarlo con su padre y hacer que él lo alejara. Eso era mejor que usar a Alluka para sus intenciones.

—Está bien, eso es todo.

—Illumi acaba de entregar su otro trabajo en Vera, ¿ves?, allí está…

—Espera, espera… —lo detuvo antes de que colgara—, ¿cómo sabes que es Illumi?

—No sé.

Se cortó la llamada. Decidió contactar a su padre. El tono sonó a través de la bocina, y después de tres timbres en espera, colgó. ¿Qué iba a alegar con su padre?, ¿qué Illumi no estaba donde decía estar y que estaba acosándolo?, ¿cómo pretendía hacer que su padre le creyera?, Silva nunca aceptaba argumentos absurdos; no iba a hacer nada sin estar seguro de que estuviera hablando con seriedad. Además su padre estaba molesto con él después de todos los problemas que había provocado. Planeaba disculparse más adelante, después de que satisficiera la curiosidad de Alluka por conocer el exterior.

«Soy un tonto, papá nunca me haría caso en algo como esto». Lo reconoció, lo más probable era que su padre argumentaría que ya era lo suficiente mayorcito como para resolver los conflictos con su hermano.

.'.

Para ese entonces, la mente de Nimrod ya no podía enfocarse en otra cosa que en el albino. Había ya olvidado su plan de buscar a su mujer, su deseo por destruir a los conspiradores, y acabar con la corrupción de la hermandad. Dejó de responder llamadas de sus clientes, de los hombres de la isla, en ocasiones hacía caso omiso de su padre y su abuelo. Sólo respondía a las llamadas de Hisoka; se dedicaba día y noche a analizar los movimientos de su hermano. Pensando qué haría y por qué, era un juego extremadamente divertido para él, no podía dejarlo.

Se dio un respiro después de que Hisoka le pidiera que se vieran, le pareció buena idea ir con el pelirrojo a tomar algo y escuchar las novedades que habían surgido en su trabajo. Todo mientras planeaba su siguiente movimiento para atacar a su adorable objetivo. No contaba con que el falso mago tenía ya un as preparado para su siguiente truco.

—Killua ya no es un niño —le dijo el pelirrojo después de un rato de conversación—. Me imagino en qué clase de persona se convertirá.

—Yo lo he entrenado, seguramente hará las cosas bien.

—Me refiero a lo otro… debe estar ya entrando en la edad de la curiosidad sexual, de seguro ya debe haber tenido alguna experiencia.

Illumi abrió los ojos con sorpresa, de todas las cosas que esperaba que salieran de boca de una marioneta, eso era lo último que se hubiera imaginado.

—¿Qué quieres decir?

—Ya no es un niño, te lo dije, Illumi. Ya llegó la hora de que lo dejes experimentar un poco; lo acosas mucho, ¿sabes?

Decía esto fingiendo inocencia cuando sabía perfectamente lo que esto provocaría. El fuego interno de la posesividad de Illumi, su sed por ser todo para el joven heredero.

—En lo que a mí respecta, sigue siendo un niño y no Hisoka, no permitiré que alguien… —detuvo sus palabras con miedo a reconocer que estaba pareciéndose más a su anfitrión que a él mismo.

—No importa lo que creas. Alguien tarde o temprano se lo ganará y no tendrás más remedio que aceptar la realidad.

Tragó saliva. Después de esa noche no paró de tener pesadillas donde veía a su adoración buscando el contacto y la compañía de alguien más. Deseó con todas sus fuerzas que todo aquel que le rodeaba, muriera. Killua sólo debía tener ojos para él. Su oscuridad comenzó a atraparlo.

Nimrod tenía un sólo problema. De entre todas las personas en el mundo capaces de atacarle, había uno que podía darle batalla de la forma adecuada. El hombre que conocía el secreto de Illumi, el Barón de R. Para su desgracia, no se trataba de cualquier persona, lo descubrió desde que sacó la tablilla e intentó localizarlo. El Barón usaba técnicas especiales para evadirle. Sin importar sus esfuerzos no podía localizarlo, ese hombre se había preparado para enfrentarse a él, era posible que contara con la ayuda de otras personas que lo protegían y eso le preocupaba. Sin embargo, no podía concentrarse en él teniendo su mente tan perturbada.

Dejó de usar el Nen de Illumi que sólo lo delataba, y comenzó a usar el suyo, ese que no era detectable más que para personas con la habilidad para verlo, se volvió una fiera terrible, y salió en busca de su hermano, con un sólo pensamiento en mente: demostrarle quién mandaba. Killua era muy llamativo, cualquier persona podría desearle y no quería que nadie tuviera la oportunidad de cruzar palabras seductoras con él.

Fue a buscarlo, esta vez era indetectable. Se paró en lo alto de un edificio por el que sabía que pronto los dos jóvenes Zoldyck pasarían y se quedó esperando, hasta que los divisó. Su cuerpo fue más rápido que su mente. En un instante, unas milésimas de segundo, atrapó a Alluka, y corrió con ella en brazos. Killua activó su velocidad, y pronto alcanzó a su hermano en su huida. De todas las cosas que no iba a tolerar, esta era la peor de todas.

—Dame a mi hermana —exigió, mostrando su ira. La electricidad de su Nen comenzó a fluir amenazando con mostrar su mayor potencia.

—¿Y aun así te quieres poner violento Kil?

Esa aura maligna reapareció. Sus ojos se tornaron por completo negros, su presencia era otra, no era Illumi. Killua dio un paso atrás, y agarró valor cuando vio que Alluka seguía atrapada.

—Dame a mi hermana…

—Sólo quiero decirte, que esto ha sido extremadamente fácil —soltó a Alluka, acarició sus cabellos— y si yo quisiera, esto pudo haber terminado peor. No se te olvide.

Era imposible olvidar un detalle como ese. No podía enfrentar a Illumi, era también su hermano aunque no lo quisiera, él no podía jugar ese juego de matar a su propia familia. Quería atacarlo pero cada vez que lo tenía de frente, notaba su incapacidad para hacerlo, sus sentimientos le impedían llegar a más.

Al fin optó por una salida diferente. Tal vez Illumi no estaba atacándole del todo debido a que siempre se encontraban en lugares públicos, sitios donde no era conveniente para ninguno de los dos llevar a cabo una pelea. Buscó un lugar apartado, una casa rústica, elegante, a las afueras de un poblado. La encontró en renta, como opciones de retiro espiritual. El lugar no estaba tan mal, Alluka era feliz saliendo al jardín, caminando en los alrededores, donde no era posible encontrar gente con la cual meterse en problemas.

Al tercer día de su hospedaje, escuchó que llamaban a la puerta. Sorprendido por lo extraño de la situación, puesto que se encontraban muy lejos de cualquier posible vecino, no quiso abrir. En cambio vio una carta deslizarse por debajo de la rendija.

—¿El correo?, ¿aún hay cosas como esta?

«Killua Zoldyck

Sé que tienes más motivos para temerme e ignorarme, que para prestarme atención, pero quiero decirte que no soy tu enemigo, hace tiempo hice un juramento y he venido a cumplirlo. Quiero ayudarte a enfrentar a Illumi. Si estás dispuesto a recibir la ayuda de un extraño, abre la puerta, te estaré esperando.

Alexis Von R»

Vaya que tenía muchos motivos para ignorar esa carta. Su hermano podía estar rondando por la zona, bien podía ser un nuevo modo de atormentarle, y tras pensarlo un poco más, se convenció a si mismo que estaba pensando cosas muy raras debido al estrés y cansancio, pero eso no quitaba que el tipo sólo dio una pista de cómo localizarlo.

—Abrir la puerta, ¿uh? —volteó a un lado, Alluka se había quedado profundamente dormida en un sillón. Supuso que era un buen momento para hacer lo que decía la carta, así no quedaría en ridículo si se trataba de una mala broma— es imposible que sea una broma. Dice mi nombre.

Caminó hacia la puerta, tomó la perilla y con algo de nervios la abrió. Casi da un brinco cuando descubrió a hombre ahí, de pie, sonriendo amistosamente.

—Buen día, Killua.

(1) Manga capítulo 330, tomo 30. En el anime le cambiaron para que dijera que Kikyo les estaba ayudando, pero en el manga está claro que no fue así, fue Milluki ayudando a Illumi.

(2) Manga capítulo 330, tomo 30. Cuando le explica que Nanika es buena para curar.

Vuelvo el 2 de Febrero

Un agradecimiento especial a KaiD23 mi maravillosa beta, por sus correcciones.