Publicar este capítulo este día no estaba nada planeado *risa nerviosa* lo hice porque me enteré que mañana es el cumpleaños de la única persona que lee este fanfic en esta cuenta Yuuki!
Feliz cumpleaños, Yuuki, espero que disfrutes este capítulo tanto como yo y KaiD23 lo hicimos, la aventura oscura comienza!
93 en Babel
Capítulo 24
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Se quedó sin palabras. Un hombre fuera de serie estaba de pie frente a él; portaba un traje negro con un moño del mismo color, eso era, hasta cierto, punto normal. No obstante, su sombrero de copa atraía su curiosidad, era algo que imposible de ignorar; un sombrero adornado con fotografías, unido a una máscara que cubría la mitad de su rostro, dejando un ojo expuesto y continuaba en varias medias caras que rodeaban su cabeza. Para colmo, le sonreía con naturalidad, como si llevaran tiempo conociéndose.
—¿Quién eres?
—Alexis von R —contestó, extendiéndole la mano en un saludo formal.
—Eres… —su nombre le pareció familiar—, ¡¿el tipo que me rentó la casa?!
—Así es, ¿qué lugar mejor que este para esconderte de Illumi?
Como era de esperarse, se colocó a la defensiva, mostrando una hilera de afiladas uñas, listas para cortar la garganta del sujeto. Sus ojos brillaban con amenaza.
—¿Cómo sabes quién soy?, ¿de dónde conoces a mi hermano?, ¿qué quieres de mí? —en ese momento tenía muchas dudas y no sabía por dónde empezar.
—Soy un mago —contestó, aunque temía a su destino en manos del joven asesino, continuó sonriendo—. Un mago de verdad, no como otros que has conocido, ¿puedo pasar?, no voy a entrar sin tu invitación.
Reconoció que estaba un tanto paralizado por la sorpresa. Las palabras de la carta continuaban dando vueltas por su mente. Volteó de nuevo a ver a su hermana, dudando si era buena idea o no aceptar un hombre extraño en casa mientras ella estaba descansando.
—¿Alluka está dormida? —preguntó, asomándose sobre marco de la puerta—, no te preocupes, no despertará hasta dentro de un rato.
—¿Cómo lo sabes? —su voz tensa. Estaba claro que no bromeaba con eso de atacarle si hacía falta. No podía fiarse de alguien que había dicho el nombre de su hermana, bien podía tratarse de Illumi disfrazado de alguien más.
—Soy un mago, ya te lo dije.
—¿Cómo sé que eres lo que dices ser?
—Debes dar un paso de fe, antes de llegar a la solución que deseas. Has estado en medio de muchos problemas, dudas sobre lo que tienes qué hacer con tu hermano y yo he venido a expandir tu panorama, a darte las respuestas que buscas.
¿Qué podía ser peor que lo que ya había visto a lo largo de su vida?, si ese hombre no era más que su hermano disfrazado de otra cosa, entonces era el plan más estúpido de todos los tiempos. Fingir ser otra persona para entrar a su casa y atacarle era ridículo en muchos niveles, tratándose de un asesino adiestrado que ya había irrumpido varias veces en su habitación sin necesidad de un truco tan bajo.
Dio un paso atrás, y le hizo la seña de que entrara, no muy seguro de lo que hacía.
—Ah… —suspiró el invitado—, ¡mi buena casa!, tenía años sin venir —miró de reojo los alrededores y se quitó el sombrero junto con la máscara.
—Alexis, ¿cierto?
—Así es.
—¿Qué clase de juramento hiciste para que tuvieras que buscarme?
—Te lo diré, dalo por seguro, pero todo viene en partes.
El hombre, miró hacia el sillón y vio a la pequeña niña recostada. Dormía profundamente y no pudo evitar maravillarse al recordar a la criatura que habitaba dentro de ese cuerpo. Killua se interpuso, no le gustaba que observaran a su hermana por tanto tiempo, menos un extraño.
—Comienza, entonces.
—¿Ya lo notaste, cierto?, aquello que está detrás de ti no es tú hermano, es otra cosa y, esa cosa, está buscando a tu hermana…, quien tampoco es lo que parece.
—Cuida tus palabras —advirtió, no quería escuchar más cuestionamientos sobre la falta o no de humanidad de su hermana.
—Buenas tardes, Semiramis.
Nanika se levantó de inmediato. Abriendo los ojos y sonriendo como si fuese una niña pequeña.
—Hace mucho que nadie me llamaba así —contestó ella, pero se mantuvo en su sitio, como si aguardara una indicación.
Killua se quedó sin palabras. Ahora tenía más dudas que nunca.
—He venido a hablar con Killua, posiblemente necesitaremos privacidad… todo depende de si el joven Zoldyck acepta a venir conmigo.
Nanika asintió, y se levantó, llevaría a dormir a Alluka a un cuarto diferente.
El barón se dio la vuelta y dijo.
—Te daré diez minutos a solas, me moveré al cuarto de atrás, si te decides a aceptar a hablar conmigo en privado, ahí te esperaré…
Alexis se encerró en la habitación que había previamente señalado, asegurándose de dejar la gruesa puerta de madera entreabierta para que Killua se sintiera invitado a entrar. El albino miró a ambos lados; el sitio por el que su hermana se había marchado y la puerta que el Barón había atravesado. Se vio a sí mismo indefenso, con dudas, y en la más grande desventaja; ese hombre conocía el nombre real de la cosa que habitaba en su hermana, mientras que él apenas podía comprender que había algo especial en ella. ¿Quién era él entonces?, ¿debía aceptar seguir al mago y descubrirlo?, no era tan sencillo como parecía, aunque fuera la única solución a sus problemas. Sus piernas temblaron. Miró por última vez el pasillo por el que Alluka se había marchado y se decidió entrar al cuarto donde el Barón le esperaba.
El Barón estaba cerrando la última cortina cuando él entró, dejando el cuarto a oscuras. La mesa del centro tenía unas velas que habían sido anteriormente encendidas. El extraño se dio la vuelta y se sentó en la esquina, sacando de sus bolsillos un objeto que parecía estar envuelto en un pañuelo rojo.
—Bienvenido, toma asiento.
Killua le siguió.
—Te prometo que te daré todas las respuestas a tus preguntas. Esta es mi más grande investigación.
—Deja el misterio, anciano. Habla ahora.
La historia procedió, y con ella llegó el mar de emociones, producto de encontrarse con la verdad. La realidad en su más crudo sentido invadió el cuarto. Killua ya no estaba en condiciones como para continuar con la lectura, y en cuanto terminó de leer su presente se percató que desde hace unos minutos había comenzado a sudar por montones. El tarotista había atinado a todo, ese hombre había viajado en el tiempo para descubrir los detalles más increíbles que hubiera imaginado en su vida. Por supuesto que el Barón no le contó todo con lujo de detalles, sólo en forma general, esperando no aburrir mucho a su consultante. Y por la expresión de su rostro, pudo deducir que estaba listo para escuchar la respuesta a su pregunta.
—Killua, ¿estás bien?
—No puedo… no puedo creer que Illumi… tantos años…, ¿por qué mamá nos hizo esto?, ¿ahora qué haré?, él no está en sus cinco sentidos, sería muy injusto pelear con él, pero… ¿debería matarle entonces?, dices que yo soy su debilidad.
—Killua, ¿recuerdas que cuando entré a casa, llame a Semiramis por su nombre?
—¿Semiramis?
—Alluka, la entidad que vive en Alluka.
—Ah… sí.
Miró al suelo, sus manos jugaban nerviosas con el mantel, haciéndolo casi añicos. Había descubierto que la realidad en la que vivía era un engaño, un sueño hermoso hecho para que la humanidad se doblegara ante el verdadero poder que los dirigía a todos, y él era parte de esa realidad.
—El collar de Babel, o el collar de la Y, poseía dos espíritus. El hombre y la mujer, un matrimonio que era uno mismo, Nimrod y Semiramis.
—¡No! —azotó la palma de su mano sobre la madera y las velas tiritaron, no había sido un golpe tan fuerte, pero fue lo suficiente para provocarle a Alexis un sobresalto—, no…, estás jugando, dime que estás jugando.
Esto era el peor de los casos. Si tenía pesadillas después de ese día, ésa sería la nueva recurrente. Nimrod, el temible ente que se apoderó de su hermano, que arruinó su vida y la de su hermana, y cuyo propósito real era encontrar a su mujer, resultó ser que a quién más protegía en la vida era la contraparte de su tormento.
—Semiramis fue una diosa. Ella es buena y benevolente, posee toda la energía positiva que Nimrod no tiene. Luz y oscuridad; femenino y masculino; bien y mal; juntos eran balance, separados pues…, tú lo entiendes mejor. Semiramis parece que se encariñó con Alluka y contigo, así que no debes temer, ella no te traicionará a menos que… a menos que Nimrod se le presente. Ella no debe escuchar su voz llamándole o será su perdición.
—¡¿Qué demonios quieres que haga?!, no puedo permitir que mi hermana… —lo pensó, se dio cuenta que sus dos hermanos podían volverse algo obsceno que no estaba dispuesto a ver—, ¡no!, lo mataré, cueste lo que me cueste…
—No puedes.
—¿Qué? —quedó en silencio, observando como el individuo frente a él intentaba tranquilizarlo poniendo una mano en su hombro.
—Bueno, en realidad sí puedes, pero los espíritus viven de la misma energía vital de tus hermanos, y ellos son un mismo espíritu, si uno muere, el otro también, ¿entiendes de lo que hablo?
—No puedo matarlo —se desparramó sobre la silla, sin aliento; ahora sí no veía solución a sus problemas—. No puedo y…, tampoco él me matará porque me necesita, pero usará a Alluka para su beneficio y, tarde o temprano, descubrirá que ella es a quién busca… Un momento, ¿cómo es que no se ha dado cuenta que ella es Semiramis?
—No se ha dado cuenta porque él no puede verla a menos que ella lo llame por su nombre, cada vez que la ve, es como si viera un espejo, por eso buscó ayuda con «el único», porque por su propio poder no puede buscarla. Tampoco Semiramis puede verle, pero si ambos saben quién es quién, entonces sabrán qué hacer para volver a tenerse el uno al otro.
Al menos una buena noticia después de tanta tragedia.
—¿Entonces… qué se supone que deba hacer?
—Te queda una carta Killua. Tú respuesta.
Miró a la carta que seguía boca abajo, y se relamió los labios, tenía una sed tremenda y su cuerpo no paraba de temblar. Darle la vuelta a esa carta, era como apostarse la vida.
—¿Puedo girarla ahora?
Los ojos azules se detuvieron en el rostro del Barón un instante, y luego asintió.
«Los amantes».
Frunció el ceño; la figura de un hombre y una mujer tomadas de la mano le llamó la atención, pero no veía cómo podía complementarse con su lectura.
—Killua. En unos días, tú hermano volverá, sediento de ti. Muriendo por dentro, porque su cuerpo ya no puede soportar tú ausencia. Nimrod ha estado bajando tus defensas para poder atacarte, sabes bien que no te lastimará porque el deseo de Illumi nunca fue herirte, así que no será un ataque normal. En la historia, supongo que entendiste cuál es su debilidad, ¿no es así?
—Estar cerca de mí —respondió con seguridad.
—El viene, te ve, y se va; porque sólo quiere calmar la herida que se provocó. Se recupera y continúa haciendo su trabajo. Puedes optar por elegir seguir así, él sólo hará esto, vendrá, te hablará, te intentará quizá acariciar, abrazar, algo que calme su dolor, lo que sea, y luego se irá satisfecho para seguir su trabajo; pero ten por seguro que en un momento, Nimrod será derrotado y morirá gracias a la venganza de los Iluminados y con ello tú hermana.
—Créeme anciano, si pudiera, no lo permitiría. Lo que sea con tal de proteger a Alluka, ella no tiene la culpa de nada.
—Tampoco Illumi, Killua. Él es otra víctima de tu madre. La segunda opción no es mejor, eso sí.
—Dila, sólo dila… yo veré qué hacer.
—Lo que tienes que hacer es debilitar a Nimrod. Cuando él esté débil, debes convencer a Illumi de retomar su lugar. Si Illumi regresa, él recuperará sus memorias y sabrá qué hacer.
—Si Illumi regresa, ¿las cosas volverán a la normalidad?
—Posiblemente… —tiró una carta de su mano y luego la giró— Nimrod vendrá a ti, te propondrá un trato que es conveniente que aceptes, ese trato definirá si Illumi y Alluka viven o mueren.
—Debo entonces mantenerme cerca de él, eso es todo, ¿cierto?, si estoy cerca, Nimrod se debilitará.
—No sólo eso. Recuerda que Illumi huyó de la realidad porque tú lo rechazaste; debes sanar esa herida, hacerle entender que en realidad no sientes desprecio por él; tienes que hacer que deseé volver porque tiene un propósito.
Por un momento, la idea sonaba sencilla. Podía tratar de mantener conversaciones más prolongadas con Nimrod cada vez que se vieran, hasta convencerlo de quedarse, luego recordó que Alluka estaba ahí y se dio cuenta que no era tan fácil.
—No puedo dejar a Alluka cerca de Illumi, tampoco puedo dejarla sola.
—Si deseas recuperar a Illumi, entonces, si te parece de fiar, puedo darte mi palabra de que cuidaré a Semiramis. Yo sé cómo lidiar con ella sin que su necesidad de cumplir deseos se alimente de mí, además, le vendría bien a Alluka resguardarse en un lugar seguro…
Era difícil, muy difícil aceptar esa propuesta. Después de todo, ese tipo era un hombre, uno que acababa de conocer, aunque él parecía saber todo de sus vidas. De no haber sido por ese detalle, posiblemente hubiera titubeado. Era su única oportunidad de salvar a su hermana y de paso, recuperar a Illumi, sin que hubiera intercambio de violencia.
—¿Por cuánto tiempo tendría que estar cerca de él?
—La última vez fueron cuatro días y le tomó dos meses recuperarse, quizá unos quince días sea suficiente.
—¡¿Quince?!, no… no puedo ni soportarlo una hora y tú quieres que lo aguante por quince días.
—Es tú decisión. Podrías intentar de poco en poco, y visitar a tu hermana para cerciorarte que ella esté bien.
Al menos podía decir que el Barón tenía buena voluntad. Después de haber escuchado esa historia y encontrar las coincidencias tan impresionantes; la sabiduría con la que le había aconsejado borró todo rastro de duda. Cada palabra había sido real. Hicieron un trato, viajarían juntos, se hospedarían en un hotel en cuartos separados. Si durante esos momentos Illumi hacía acto de presencia para proponer su trato, entonces él se esforzaría por mantenerlo el mayor tiempo posible, y mientras tanto Alluka quedaría bajo el cuidado del Barón. Si no soportaba, al menos, podría seguir cuidando a su hermana por él mismo, mientras se armaba de valor para volver a intentar mantener entretenido a su hermano por más tiempo. Era el mejor plan que tenían por ahora.
—Te pediré una cosa más —el Barón le detuvo, tomó la carta de la respuesta y se la extendió—. Toma esta carta, y escúchame con atención.
Killua asintió y esperó en silencio.
—Esa carta es la solución a todos tus problemas. Originalmente esa carta poseía una ilustración de Caín y Abel, dos hermanos. Podrías considerarlo la representación de ti e Illumi pasando tiempo, juntos, pero hay un detalle, Illumi no está aquí, al menos no en este plano existencial. Cuando Illumi despierte de su largo letargo y estés listo, dale la carta —y remarcó—: sólo a él, y no a nadie más. No permitas que nadie más vuelva a tocar esa carta. Tenla contigo, y dásela a tu hermano cuando despierte. Es sumamente importante que sea así. Si alguien accidentalmente tomara esa carta, todo se iría al carajo, ¿lo entiendes?
—¿Qué tiene de relevante esta cosa?
—Imagina que es el sello que mantendrá a Nimrod apartado de ti y de tu hermano, ¿no sería maravilloso sellarlo de por vida?
—Obviamente.
—Pues así sería, si es que esa carta llega a manos de Illumi.
Killua la guardó en su pantalón. Ahora ya no se sentía indefenso, ya tenía las herramientas necesarias para combatir a Nimrod, y estaba impresionado de que la solución fuera tan sencilla. Tan sólo bastaba con darle de su tiempo. Eso era todo. No peleas, no heridos, sólo dos hermanos conviviendo. Illumi no le lastimaría, al contrario, quería beneficiarlo. Debía agradecer esa fuera la intención original de su hermano o si no enloquecería.
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El Barón se mantuvo escondido, como una sombra tras ellos dos, brindándole confianza. Pensaba en la suerte que tenía por encontrarse con alguien que había jurado salvar a Illumi. Quizá era orgullo personal el que lo motivaba a ayudar a un par de desconocidos, pero agradecía tener una oportunidad para su hermana.
Se dirigieron al hotel en el que esperarían a Illumi. Desde el momento en que llegaron, se dieron cuenta que Alluka no estaba cómoda, no se habían tomado la molestia de disimular que algo pasaba, pero tampoco le habían explicado lo sucedido. De por sí, ya era lo suficiente sospechoso que un hombre extravagante estuviera con ellos, aunado con el constante secretismo que mantenían cuando veían que ella estaba por ahí. Por primera vez confesó que tenía miedo y Killua sólo le pudo compadecer.
El albino optó por hablar con ella, se le ocurrió ir a su recamara poco antes de dormir para ayudarla a estabilizarse. Lo último que quería era darle problemas. Apenas ella estaba comenzando a disfrutar su vida libre y, llevar a un extraño, del cual no conocía su nombre, ocupación ni nada específico, sabía que era bastante malo. Sobre todo si quería que ella aceptara quedarse con él por unos días, debía convencerla de empatizar con él.
—Alluka, sé que esto es difícil pero…
La niña miraba por la ventana, era difícil atinar si estaba molesta o no. Particularmente él no recordaba haberla visto enojada más allá de la vez en que habían discutido por el asunto de Nanika, y ciertamente, que no le dirigiera la mirada mientras él intentaba hablar con ella, incrementaba la dificultad.
—Lo sé…, sé que algo está pasando con Illumi. Sé que algo malo pasa, y también sé que no harías nada para lastimarme. Confío en ti, es sólo que…
—¿Quieres estar sólo conmigo, verdad?
—No es tan simple. Quiero que estés feliz también, cada día pienso más en que deberíamos volver a casa. Por lo menos allá no tenías miedo de que Illumi me atacara.
Suspiró, ¡cuánto añoraba esa época en la que era un simple ignorante que sólo aspiraba a ser fuerte, ágil y talentoso para pelear!, cuándo sólo bastaba esperar su hora de descanso para ir a jugar y explorar la montaña junto a su hermana, escucharla discutir con Kalluto…
—¿Kalluto? —la voz de Alluka, coincidiendo con sus recuerdo lo hizo sentir escalofríos—, ¿por qué está Kalluto aquí?
—¿Qué dices?
—Allí —Alluka señaló a un punto fuera de su ventana y el muchacho corrió a asomarse.
Vio no sólo a su hermano menor, también contó a cuatro hombres de la Brigada Fantasma caminando junto a él. Se conmocionó, comenzó a procesar la imagen en su mente Esa gente era peligrosa, eran personas que él había enfrentado con anterioridad y lo peor es que su hermano más pequeño estaba junto a ellos como si fuera algo natural, en aparente silencio, caminando hacia el interior del hotel en el que él mismo se hospedaba.
—Alluka, espérame aquí, ¿de acuerdo?, iré a ver a Kalluto.
«¿Más mala suerte?—se preguntó con amargura. No podía asimilar la idea de que el pequeño estuviera con esa gente que tantos problemas le habían ocasionado antes. Además, no le agradaba que estuviera usando a un Zoldyck a su favor—, ese niño… me las va a pagar si cree que puede estar jugando con estas cosas».
Ocultó su presencia con Zetsu, y cuidadosamente bajó en busca de su hermano. Era fácil de identificar. La entrada del hotel era bastante amplía y sin tantos muebles que le ocultaran la visión. Dos de los tipos estaban haciendo una reservación mientras que veía como el resto conversaba, luego los siguió a una prudente distancia mientras iban rumbo a sus cuartos. Killua tragó saliva, en su experiencia, sabía que no bastaría con usar Zetsu, pero su preocupación por Kalluto era más importante; debía sacarlo de ahí cuanto antes, así que esperó un poco hasta que vio que el pequeño se encerraba en un cuarto.
Calculó un poco la distancia del piso en el que su hermano estaba, y optó por irrumpir en su habitación desde una de las ventanas. Tal vez llamaría la atención, pero se aseguró de ser lo más veloz posible para tomar a su hermano y salir de ahí sin que nadie pudiera alcanzarle. Por supuesto, llamó la atención pero fue apenas un instante, mismo en el que sacó a Kalluto y lo llevó a su habitación. Al parecer, nadie temía por la integridad del pequeño, ya que nadie salió a buscarle.
—¡Qué demo…!
—Kalluto… ¡¿Qué tienes en la maldita cabeza?!, ¡¿qué estás haciendo ahí?!, papá dijo que esa gente es peligrosa, ¡maldición!, me expones a esto…
—¿Eh? —Kalluto apenas reaccionó, estaban en el cuarto de Alluka, que era el que tenía más cercanía al cuarto del más chico— ¿Killua?, ¿Alluka?
Quizá el más confundido era él. Le habían atrapado en un momento inesperado.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó preocupado, mirando hacia la puerta, no quería que el resto del Ryodan apareciera en esos momentos.
—No, no… ¡Yo pregunté primero!, Kalluto, haz el maldito favor de poner atención.
Miró de nuevo, de reojo a la puerta y volteó a ver a Alluka.
—Yo…
—¡Te ves tan lindo! —Alluka se lanzó hacia su hermano menor y lo abrazó intensamente—, tenía mucho tiempo sin verte.
—¡Su-suéltame! —exclamó rojo de vergüenza—, ¡me estás avergonzando!
La risa burlesca de la chica, hizo que Killua regresara a la realidad. En su mundo jamás imaginó que vería una escena como aquella, tantos años afirmando que el más pequeño no tenía relación con su hermana, verlos juntos era como una especie de alucinación.
—¿De qué me he perdido? —se preguntó en voz alta.
—¡Ya suéltame! —esta vez hizo un ligero movimiento para quitarse a la chica de encima. Lo hizo con cautela, no queriendo lastimarla.
—Es sólo un abrazo —se quejó ella.
—¿Podrían sólo explicarme que está pasando?, caray, siento que una parte de mi vida fue borrada de la historia.
La situación era irreal, no concordaba con nada de lo que él conocía. Kalluto siempre fue tan apegado a su madre que consideraba que él se volvería de la misma calaña que sus hermanos mayores; verlo con su hermana, la cual no era expresiva con cualquiera, daba a entender que en verdad algo había pasado entre ellos dos, durante esos años en los que él se ausentó.
—Es una larga historia —contestó serio, el de ojos violetas.
—Es cierto —continuó ella, dirigiéndose a Kalluto—, nunca te lo dije en persona pero… gracias.
Su cabeza comenzó a dar vueltas, aún estaba el efecto de Nimrod en su mente. Desde que le había hecho olvidar a su hermana, esas sensaciones le marearon al grado de que tuvo que sentarse en la cama, junto a Alluka, para no caer contra el suelo.
—¿Estás bien? —escuchó la voz de su hermano.
—S-sí…
—¿Podrían esperarme unos minutos?, ya volveré, es que… —se ruborizó un poco— estoy trabajando. No quiero traer problemas aquí, ¡sólo esperen!
Kalluto salió a toda prisa, sin que ninguno de los dos pudiera hacer nada para detenerle. Killua continuó mareado. La palma de su hermana sosteniendo su hombro le brindó tranquilidad, y se inclinó hacia ella.
—Cuando papá decidió enviarme a ese cuarto… él se encargó de que no me faltara nada. Tal vez papá cuidaba que no me enfermara, que comiera y tuviera una vida decente, pero Kalluto era quién me enviaba los juguetes; al inicio no sólo mandaba juguetes, también dulces y libros, todo lo que a él le gustaba para mí. Él nunca me lo dijo, lo quería mantener en secreto, pero Nanika fue quién me lo hizo saber. Después de que papá se diera cuenta de lo que Kalluto estaba haciendo, comenzó a mandarme juguetes…, pero todo empezó porque Kalluto quería que yo no me sintiera mal por estar ahí.
Era como un sueño. Nunca en su vida hubiera atinado a creer tal cosa. Para él, todos esos juguetes eran símbolo de manipulación, de deseos de controlar a esa niña haciéndola sentir agradecida por el trato recibido y que aceptara —en su ignorancia— hacer lo que le pidieran. Ahora resultaba que una parte no había sido hecha con mala intención, sino con un deseo de sacar adelante lo poco que había de familia y esa fuerza había salido de la última persona que creyó que daría algo por alguien en casa. Del pequeño al que siempre juzgó como un peón más de su madre.
Se sintió mal, más de lo que antes se hubiera sentido por haber juzgado a uno de sus hermanos. De por sí aun no podía asimilar que Illumi hubiera padecido tantas cosas, y ahora resultaba que había un hermano más que podía ser símbolo de esperanza en su deforme hogar.
Kalluto regresó, había ido a avisar al Genei Ryodan que estaría ocupado en algunos asuntos personales. Se había preparado mentalmente para esto. Primero intentaría negociar verbalmente con su hermano mayor, ese era el método más humano antes de proceder a presionarlo de otros modos. No esperaba llegar a ese extremo, menos con Alluka como testigo. Se preguntó si la presencia de esa chica ayudaría al albino a decidir volver a casa sin hacer tanto drama, aunque no se dio muchas esperanzas. Siendo sinceros, todavía sentía celos de verla junto a Killua, él no tenía ninguna influencia positiva sobre el albino, y envidiaba eso.
—Necesitamos asegurarnos de que nadie nos espíe. Esto es información muy delicada —anunció, comenzando a revisar por todos los rincones, ignorando los consejos de su hermano de despreocuparse. Colocó sobre el suelo un hilo rojo que extendió en derredor a todo el cuarto.
—¿Qué se supone que haces? —pero ignoró a su hermano, se sentía con el firme deber de hacer lo posible por mantener toda el área asegurada, y hablar con libertad—, ¿Kalluto?
Terminó de hacer el ritual para sellar el área y decidido comenzó con su discurso.
—Hay algo que debes saber con respecto a nuestro hermano mayor, Illumi… No sé cómo explicarte esto pero…
—¿El ente?
—¿Eh? —vio los ojos azules indicándole que no debía dar más información de lo que estaba a punto de responder.
—Lo sé, también lo sé —contestó con complicidad.
—¡Ya los vi a los dos!, no soy tonta —hizo un puchero infantil Alluka, estaba molesta de ser excluida de la conversaciones.
Killua se dio la vuelta mirándola con ternura y, aprovechando que estaban sentados sobre la misma cama, acarició sus cabellos.
—Tranquila —la consoló—, esto es algo que tienes que hacer por nosotros, tal vez sea difícil, pero es mejor que no lo sepas por el momento.
Aún con el puchero, se dio la vuelta. Consideraba que tenía la inteligencia suficiente para escuchar aquel secreto que tanto le reservaban, pero se conformó, al menos tenía la promesa de que luego lo sabría.
—Pero no entiendo, ¿cómo es que lo sabes? —preguntó Kalluto, interrumpiendo la escena.
—Un hombre me buscó para decírmelo. Por un momento creí que era una farsa muy bien montada, pero al verte…, ¿cómo es que lo sabes?
—Mamá me lo dijo. No sé qué tanto sabes, pero ella es la mayor responsable de todo.
—Sí —resopló—, lo sé… y estoy en medio de esto, decidiéndome si hacer lo que me dicen o idear algo más.
—¿Hacer qué cosa?
Ya más relajado se sentó sobre la cama, junto a sus hermanos, los tres mirando hacia una pared, recargados en la cabecera.
—Debilitarlo. Usar su deseo en su contra.
Kalluto sabía que tenía huecos en su historia, este era uno de esos huecos en los que no podía dar su opinión.
—Yo no sé lo que él quiere, pero sé que si lo tiene, ya no va a seguir recibiendo la paga que le falta para vivir.
—Parece un plan viable —respondió un poco más resignado y seguro de su decisión, entonces recordó un detalle más— un momento… ¡Ni creas que he olvidado que vienes con el Ryodan!, ¿qué clase de maldito trabajo estás haciendo?
—¿Volverás a casa, Killua?
—¡Esa no es una puta respuesta! —se despegó del respaldo para mirarlo amenazadoramente.
—¡Tampoco la tuya, imbécil!
—¡Dejen de pelear los dos!, ¿no ven que estoy en medio? —los detuvo Alluka—, Kalluto, no es correcto llamar de ese modo a tu hermano mayor.
—Es que él…
—¡Ya basta! —de vez en cuando Alluka sabía muy bien cómo poner las reglas.
—No, no pienso volver a casa —contestó tajante.
—Ni yo. La araña me adoptó, y no pienso dejarlos —se cruzó de brazos.
—¡No!,vete a casa Kalluto, es una maldita orden.
—Vuelve a casa —contestó sin reparos.
—No.
—Entonces yo tampoco lo haré —ahora el mismo albino se cruzó de brazos.
—Le diré a papá —intentó sonar amenazante, justo como hacían con él cuando se trataba de someterlo—, ¿eso quieres?, ¿qué él te haga volver a la fuerza?
—A diferencia de ti, mamá me apoya en mi huida.
—Ugh… por eso no podemos llevarnos bien. Tenías que apoyar a mamá…
—¡Y tú a Illumi!
—¡No apoyo a ese bastardo!, ¡sólo estoy protegiéndonos! No sabes nada Kalluto, mejor no opines.
—¡Les dije que no pelearan!, bajen la voz o se las verán conmigo.
Ambos chicos tragaron saliva. No era bueno hacer enojar a Alluka, algo dentro de ellos se los estaba advirtiendo.
El albino se levantó de la cama y se puso al borde, viendo a los dos menores frente a él.
—Kalluto, yo no tengo motivos para volver a casa, y no pienso dejar que te pongas en riesgo, la Brigada Fantasma es peligrosa.
—Son mis amigos, ¿algún problema? —Killua rodó los ojos. Hablar con Kalluto era más difícil de lo que recordaba.
—Después volveremos a casa Kalluto, no te preocupes —contestó con seguridad la pequeña—. Sólo queremos explorar un poco. Además Killua tiene que volver a ver a Gon, ya habrá tiempo.
—¡Espera, espera!, ¿quién dijo que volveríamos? —la mirada enojada de Alluka lo hizo callarse.
Entonces Kalluto se vio en un dilema, quería decirle a Killua todo lo que sabía. Decirle de los Iluminados y las trampas, pero tenía miedo del resultado, ¿qué tal si, tras conocer la verdad, le hacía desistir en sus planes de ayudar a Illumi?, ¿y si se metía en un problema más grande al decir todo aquello frente a Nanika?, tal vez sólo no era el momento indicado. Miró hacia la puerta, pensando que ya se había demorado mucho y debía volver.
—No vas a ir —le advirtió el albino, comprendiendo lo que estaba pensando.
Se sonrió, quizá no podía decir ahora la verdad completa, pero si seguía manteniendo la atención de su hermano sobre él, tal vez luego encontraría la ocasión adecuada.
—¿Vas a volver a casa?
—No. Ya te lo dije.
—Entonces yo tampoco.
Cuidaron su tono de voz, esta vez no iban a hacer que su hermana se sobresaltara o sería la última advertencia. Alluka tuvo que defender al más chico cuando fue el momento en que se tuvo que ir del cuarto. No iba a dejar que Killua le detuviera, por más argumentos que presentara; para ella era bastante justo dejarlo ir si es que ellos dos también salían a pasear. Claramente ella no comprendía que Kalluto trabajaba con personas peligrosas en asuntos riesgosos y, por supuesto, nada loables.
Para la noche Killua estuvo dando vueltas en su recámara, pensando indeciso si ir por su hermano menor y llevarlo a su cuarto, o simplemente seguir su camino. Habían sido demasiadas sorpresas en poco tiempo, se preguntaba si ahora resultaría que Milluki era el superhéroe amoroso que tanto estaba haciendo falta. Se miró en el espejo y notó una presencia que por sus delirios metales no había captado.
—¿Puedo dormir contigo hermano? —le preguntó la adorable Alluka desde la puerta.
Tenía la sensación de que el hombre que se les había unido en el viaje la estaba observando aún si estaban encerrados en su cuarto, miró a los lados intentando localizarlo, pero no vio nada sospechoso. Probablemente era alguna habilidad secreta.
—Uhm, Alluka, no es que no quiera, pero… —no pudo continuar, ella se lanzó a él y lo hizo caer sobre la cama.
—¡Tomaré eso como un sí!
Sonrió, le hacía feliz, aun si fuera imposible negarle algo a esa adorable niña cuando decidía algo.
—Alluka… de acuerdo, pero sólo por esta noche, ¿entendido?
—¡Sí! —se echó sobre la cama. Killua acomodó las sábanas y se preparó para una divertida noche.
Se quedaron despiertos conversando hasta que en un momento Alluka dejó de responder. Quería que la vida fuera siempre así de sencilla, conversando cosas triviales, agradables, y felices, nada de problemas. Olvidarse de todo ese asunto oscuro que lo envolvía a él y a la humanidad. Poco a poco comenzó a quedarse dormido.
Un peso sobre su cuerpo lo hizo despertar. Había sido tan repentino que ni siquiera tuvo tiempo de gritar.
—Sshh… —escuchó una voz intentando calmarlo, y quiso moverse angustiado por defenderse, sabía muy bien quién era— Tranquilo Kil…, no quieres asustar a Nanika, ¿o sí?
Negó en silencio. Respiró profundo para calmarse, recordando que el Barón le había advertido que esto pasaría.
—Tengo algo qué decirte. Algo que te va a alegrar bastante, pero no aquí. Vamos al otro cuarto.
«Illumi sabía todo… sabía que teníamos dos cuartos…», tuvo temor de que también conociera el paradero del Barón, pero no era momento de pensar en esas cosas.
Illumi se quitó de encima y caminó hacia la puerta. Killua se levantó cauteloso de la cama, observando a Alluka por última vez antes de seguir a su hermano. Atravesó el pasillo hasta que el morocho le abrió la puerta del otro cuarto que estaba disponible. Se asustó, reconoció lo estúpido que era haber dejado que Alluka durmiera en otra habitación. Illumi detuvo la puerta, indicándole que entrara y él obedeció, encendiendo la luz en el trayecto.
—Siéntate, esta será una conversación que quizá se prolongue un poco.
Killua buscó sitio en la cama, se sentó cerca de una esquina mientras que veía cómo Illumi se sentaba a pocos centímetros de él, mirando hacia un punto fijo en la pared. Se le veía muy confiado, tranquilo, incluso pensó que era una buena oportunidad para entretenerlo con una conversación.
—¿Qué qui-…?
—Tengo un trato qué proponerte. Es un excelente trato para ti, así que antes de que comiences a alegar, escucha todo hasta el final.
Asintió. Nimrod estaba un poco ofuscado porque el niño no parecía estar a la defensiva como usualmente lo estaba.
—Hace tiempo que mis ambiciones han cambiado. Debo ser sincero, esto me es absolutamente necesario y, aunque me hace ver débil, quiero que sepas que en realidad no lo soy…, ha sido extremadamente fácil seguirte. No sabes la cantidad de oportunidades que he tenido para matarte, o matar a Alluka —la expresión de ira en su hermano menor le complació—, pero he venido a ofrecerte una oportunidad única. Te ofrezco esto: no volveré a molestarte, no me meteré en tu vida, ni con tus amigos, ni con Alluka o nadie más en la familia; no volveré a usar mis agujas ni trucos en ti, te dejaré absolutamente libre, ni siquiera te volveré a pedir que seas el heredero de la familia. Bajo una condición…
Killua no podía creer lo que escuchaba, Illumi le estaba prometiendo libertad, no cualquier libertad si no la más extrema y perfecta. Ya no tendría que temer por Gon, por su hermana, ni por nadie. Podía seguir viajando con Alluka y tener la seguridad de que nadie se aprovecharía de ellos. Tener una vida decente.
—¿Qué condición?
—Dame de tu tiempo. Déjame estar contigo…, unas dos horas máximo. Dos horas para hacer lo que yo desee, y es todo. No será a diario, sólo será cada cierto tiempo, e incluso esperaré a que sea en la noche, cuando no tengas más pendientes por hacer. Como te dije, no te atacaré ni siquiera volveré a tocar el tema de Alluka, sólo seremos tu y yo, eso significa que incluso vendré a ti desarmado.
Era un sueño, era increíble lo que le estaba pidiendo. Dos horas cada cierto tiempo, a cambio de tantos beneficios. Y esas dos horas, pensándolas en su mente, podían volverse diez días, si es que lograba acostumbrarse a estar junto a él.
—Espera…, dos horas, ¿haciendo qué?
—Lo que yo quiera.
La inseguridad en el rostro de Killua le demostró que estaba siendo precavido, de que hubiera alguna falla en el trato.
—No te pediré que hagas nada estúpido, nada de matar, nada de entrenamientos. Te doy mi palabra, no te lastimaré, no lastimarás a nadie tampoco.
—Es…
—¿Demasiado perfecto para ser real?, bueno, no tengo alternativa. Sé que no soy de tu agrado, y debo sacrificar mis deseos para tener un poco de ti, pero te lo advierto, si rechazas hoy, la siguiente vez que te ofrezca el trato, será con menos beneficios.
Era un sí ahora, y de hecho, desde el inicio, cuando habló con el Barón, ya sabía que iba a acceder a sus deseos.
—¿Si digo que sí… cuándo empezaríamos?
—Podemos empezar hoy mismo, he venido especialmente preparado para la ocasión. Claro, si es que aceptas.
Tembló un momento, presentía que algo estaba mal, debía evadir las señales de alarma con tal de aceptar el trato, y no podía simplemente ignorarlo, pero tampoco podía hacerle caso sin pensar mejor las cosas. No obstante, iba decir que sí, esa era la idea original.
—D-de acuerdo —su voz titubeó—, ¿qué… qué se supone que haremos?
—Ven, sube a la cama. Recuéstate.
Aun temeroso, obedeció. Recordó la narración del Barón, el tipo prácticamente había estado ahí cuando la magia se inventó. Vino a su mente la idea de que quería usarlo para rituales y quiso levantarse, no podía permitirse participar en esas terroríficas cosas.
—Tranquilo, recuerda que dije que no te lastimaría —honestamente, esas palabras lo tranquilizaron, el Barón también se lo había dicho. Nimrod no podía lastimarlo, el cuerpo de su hermano no se lo permitiría.
En cuanto sintió que Illumi se ponía sobre él, apresándolo contra la cama, la calma se perdió.
—¿Qu-qué haces a-aniki? —su cuerpo se sacudió con pánico, le hizo recordar a esos tiempos en los que Illumi solía avergonzarlo tocándolo de forma inapropiada.
—Sabes… la verdad es que he estado pensando mucho esto —comenzó a hablar suavemente en su oído—.Ya no eres un niño pequeño… Tú cuerpo ha estado cambiando, y pronto comenzarás a experimentar cosas que no puedo permitir que hagas con nadie más. Kil…, yo debo ser el primero, y el único.
«Definitivamente no puede estar hablado de lo que creo que está hablando», pensó alertado, deseando salir de esa prisión.
—¿De qué hablas? —jadeó.
—¿Aún no lo puedes imaginar? —se separó para acariciar sus blancos cabellos—, bueno, creo que será buena idea decirlo de otro modo.
Se inclinó sobre él, sosteniéndolo por la barbilla y lo besó justamente en los labios, presionando los suyos con pasión. Todos los temores de Killua se dispararon y quedó paralizado, atontado con lo que estaba sucediendo. Hasta que reaccionó y por reflejo empujó a Illumi por el pecho, logrando hacer que se apartara.
—¡¿Qué carajos te ocurre?!, ¿qué crees que haces? —el rojo de sus mejillas por la ira y la vergüenza delataron sus emociones.
—Eso es lo que ocurre Kil. Esto es lo que yo quiero de ti, no puedo permitir que alguien más te toque, yo quiero la exclusividad sobre tu cuerpo —tomó una de las manos de Killua, que lo presionaba para que se apartara, y besó sus dedos—. Aunque aún estas a tiempo, todavía puedes decir que no aceptas el trato.
El cuerpo de Killua tembló incontrolablemente. Estaba en un dilema terrible, si rechazaba el trato, perdía los privilegios que le habían sido ofrecidos, pero si aceptaba, significaba dar más de lo que estaba dispuesto a dar. Él creyó que sólo pasarían tiempo desagradable, esto era peor de lo que había imaginado.
—Claro, te lo volveré a pedir… aunque con menos beneficios —continuó Illumi, intentando convencerlo de que aceptara en ese momento—. Piensa bien las cosas Kil. No soy estúpido, sé que Gon no puede usar Nen, sé que Kurapika y Leorio están en medio de un viaje con el zodiaco; Alluka puede ser mi gran final.
Abrió los ojos con asombro, ¿tanto así se había informado antes de ir contra él?, era de esperarse, se trataba de Illumi. Nimrod podía ir tras Gon y él no podría darle pelea, no estaba en condiciones. Además Killua tendría que protegerlos a ambos, era demasiado sacrificio. No podía permitir que algo así sucediera.
Comenzó a llorar involuntariamente. «Si tan sólo Illumi reaccionara…», se lamentó.
—Aniki… por favor, reacciona, ¿no recuerdas quién soy? Soy tu hermano menor.
Yuuki: Como verás... Killua entró a escena para rescatar lo que se pueda de su hermano, la tirada de Tarot al fin quedó resuelta después de... 45 capítulos *risas* Todos agradezcamos nuevamente a Hisoka por meterse en lo que no le importa y arruinar la vida de Killua por segunda ocasión sin que él mismo se enterase. Sí, ya me rendí, nadie más que tú la lee aquí, por eso acepté adelantar el capítulo para ti, al fin nadie se dará cuenta más que tú xD aunque la mala noticia es que tendrás que esperar hasta el 16 de febrero, si es que no me pica la locura otra vez.
Oh... oops... lo corté en la mejor parte *risa diabólica*
Hasta pronto!
