¿Hola?, ¿alguien lee esto?
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Quería hablar con Illumi, se preguntó si dirigiéndose a él, su hermano le escucharía.
—Lo sé, lo sé… —aspiró su aroma deleitándose con el sutil temblor del albino—, eso es lo que más me gusta. Que eres mi pequeño, dulce y tierno hermanito.
Su voz grabe, peculiar, le hizo darse cuenta que definitivamente su hermano no le escuchaba; que Nimrod estaría presente por más tiempo, respondiendo en lugar de él; el rey de Babel no empatizaría con su pobre alma, no le importaban sus lazos consanguíneos ni su desprecio.
—Aniki… no… no, por favor —las palabras salía entrecortadas, estremecidas.
—Ssh… respira hondo —se acercó a su oído—, ¿seguimos con el trato o debo irme ahora?
Killua continuó en silencio, atormentado, a sabiendas que cualquier respuesta que diera sería mala.
—Piensa en los beneficios. Después de esto, me iré, y no te molestaré, sólo vendré cuando te necesite de nuevo. Podrían ser semanas…, no lo sé…
Más lágrimas. No podía matarlo, no podía pelear contra él y, en cualquier momento, tendría que aceptar, si es que quería que su hermano regresara.
«Cuando Illumi vuelva, cuando él recupere su memorias y sepa que me hizo esto… me aseguraré que sufra el hijo de puta. Que se arrepienta de lo mucho que me hizo sufrir».
—No tienes que hacer nada. Sólo dejarme a cargo, sin resistencia, no quiero abusar de ti, quiero hacerte el amor —susurró, su aliento chocó en la mejilla del albino provocándole escalofríos—, todo lo que deseo es que sientas lo que yo siento por ti. Te haré el amor y me aseguraré que sea la mejor de las experiencias para ti. No te lastimaré, lo prometo.
—No puedo aniki…, tengo… —tragó saliva—, tengo miedo —su voz se ahogó al final.
—Aaaww… comprendo, puedo entender cómo te sientes. Debe ser impresionante que yo, siendo tu hermano mayor, tenga tanto deseo por ti…, pero no puedo permitir que alguien más te posea, además, ¿no es mejor dejarlo en familia?
Soltó una risa que a oídos del menor sonó más molesta de lo que en realidad era.
—Illu-nii —susurró, pero su boca fue ocupada por unos labios hambrientos que parecían querer traspasar su cuerpo.
—¿Vas a decir que no? —se separó, esperando una respuesta que sabía que tomaría tiempo en llegar.
—Tú no quieres que te odie Illumi, no… yo…
—¿Sí o no, Kil?, no aceptaré otra respuesta.
—Ah —se sobresaltó cuando sintió que una de las manos de Illumi entraba por debajo de su camisa—, Illumi…
—¿Sí o no? —insistió.
—Por favor… no lo hagas…
—¿Sí o no? —musitó, deslizando sus dedos por la mejilla y labios del menor; comprendió que Killua era demasiado tímido para aceptar responder— Puedes cerrar los ojos, eso te facilitará las cosas.
Killua observó, durante unos segundos, esos vacíos ojos negros, pero no halló nada humano, sólo alguien que quería sacar provecho de la desventaja que él tenía frente a su poder. Cerró los ojos, y dejó de poner resistencia, esa era su respuesta y, Nimrod, jubiloso, la tomó.
Volvió a besarlo, esta vez con mayor intensidad, sin ser correspondido.
«Muy conveniente», pensó alegre.
Era justo el balance que necesitaba. Killua relajado, dejándose tocar y a la vez odiando ser objeto de tal abuso. Era como un dudoso «sí», y eso le gustaba bastante. Metió por completo su mano bajo la camisa del albino y tocó esta vez, con morbo, toda esa blanca piel. Le levantó la camisa para acomodarse mejor. Entre besos y lamidas fue marcándole el pecho y cuello, deseando dejar huella, una prueba que demostrara cuán suyo era.
Killua tiritaba de nervios. No pudo evitar abrir los ojos con miedo cuando sintió que la mano de Illumi se posaba sobre sus shorts.
—E-espera, no… no…
—Quita tus adorables manitas, Kil. Recuerda el trato.
«El trato —pensó con amargura—. No quiero ni pensar en mi propia existencia y este bastardo quiere que recuerde el sucio trato». Alejó sus manos y volvió apretar los ojos. Al menos en eso no se había equivocado el infeliz. Era más sencillo si cerraba los ojos y pretendía que no existía. Podía ignorarse a sí mismo en la oscuridad de sus pupilas.
Nimrod terminó por quitarle las prendas, dejando desnudo su joven cuerpo y se detuvo un segundo, Killua lucía adorable en todo el sentido de la palabra, con sus ojos fuertemente cerrados, y sus jadeos inconscientes.
La ausencia de acción hizo que volviera a abrir los ojos, para arrepentirse por completo. Era imposible aceptar que estaba en esas condiciones frente a Illumi, quiso escapar, pero una mano en su cintura le detuvo.
—Tranquilo, cierra tus ojitos. Sólo estaba buscando algo, pero ya lo encontré.
Era cierto, no podía simplemente escapar. Ya se había resignado a la desgracia. Más lágrimas nublaron su visión. Se preguntó ahora qué querría hacerle Illumi.
Escuchó un susurró extraño proviniendo de la voz del morocho. Esta vez resistió el deseo de abrir los ojos cuando sintió una mano moverse por su miembro, provocándole una erección involuntaria. Sus mejillas se encendieron, ¿en verdad era capaz de dejarse? Estaba comenzando a dudar de ello, no quería esto, no lo soportaba. Entonces repasó en su mente los motivos y nombres de las personas por las que se estaba sacrificando; en la compensación al final de la adversidad. Era sólo una paga por los crímenes cometidos a sus hermanos. Poco a poco el consuelo mental le fue dando fuerzas.
La paz se terminó cuando la lengua de su hermano humedeció su entrepierna. Chilló suavemente. No lo podía admitir, no lo iba a hacer, pero esa sensación era nueva. Le producía un calor y un deseo extraño, como si deseara seguir sintiendo aquello. En verdad que era nuevo en esto y no sabía cómo controlarse, además, Illumi lo hacía con sumo cuidado, acariciándole en todo momento como si con ello fuera a simplificar las cosas. La boca de Illumi rodeó por completo su miembro y él movió su cuerpo instintivamente, dejando escapar su aliento.
—Ah —fue un quejido suave, apenas perceptible, y por reflejo se cubrió la cara con ambas manos. Las sensaciones le estaban matando de una manera muy diferente. Le invadió la culpa por excitarse, pero es que no acababa de comprender qué era lo que le estaba gustando, no era como si Illumi le atrajera.
El morocho se detuvo. Se estaba esforzando mucho para que el niño se relajara y disfrutara; era vital para él que Killua respondiera de forma positiva a sus estímulos. Por causa de esto se iba a dedicar con mucha pasión a su placer. Las emociones de Illumi no se calmarían hasta verlo satisfecho. Tomó con su mano derecha aquello que había estado chasquido de una tapa sonó, era lubricante. No por nada había dicho que se había preparado, que se aseguraría de que fuera una grata experiencia, no permitiría que su niño sufriera tanto en el proceso, el dolor mínimo posible.
Levantó las caderas de Killua y acomodó una almohada bajo su cuerpo, para asegurarse de que la posición no dificultara las cosas.
Killua temblaba, continuaba con sus ojos cerrados y hacía movimientos involuntarios entre querer huir o quedarse a experimentar esa extraña sensación nunca antes conocida. Por supuesto que había escuchado hablar de sexo, había sido enseñado como cualquier otro púber que en su momento recibe educación sexual, pero nunca se había preocupado por realizar el acto, ni siquiera había pensado en tener una relación. Sólo quería viajar y vivir nuevas experiencias.
Justo en ese momento de su vida, sólo podía pensar en que Illumi le estaba abriendo las piernas. Las cerró de inmediato. Estaba fuera de sí, ya no quería continuar.
—Kil… no me hagas insistir, relájate… —y acto seguido, se inclinó a lamer de nuevo su miembro.
—Ah… ah… —de nuevo esos gemidos silenciosos, cortos, salieron de su boca sin que él pudiera comprenderse a sí mismo.
Illumi aprovechó la distracción para acomodarse entre sus piernas, y llevar uno de sus dedos humectados justo a su objetivo, empujando la sensible piel alrededor de sus nalgas. Escuchó como comenzaba a respirar con velocidad, no podía calmarse aunque se lo pidiera, y encontraba divertido seguir con el ritmo lento. Deslizando con mucha delicadeza su dedo, poco a poco al interior.
—¡No!
—¿No? —se detuvo—, ¿quieres romper el trato ahora?
Killua apretó las sábanas de la cama, mirando hacia todas partes del cuarto, menos hacia sus piernas, sus labios temblaban y hacía un esfuerzo por calmar su respiración.
—¿Kil?
—No…, no… —se dijo a si mismo que sería un grandísimo idiota si rechazaba a su hermano ahora, justo cuando ya había tomado una decisión, simplemente dejaría que las cosas continuaran y después tendría tiempo para vengarse— S-sigue.
Illumi sonrió. No iba a ser precisamente fácil de asimilar para su niño lo que estaría a punto de experimentar, tampoco era como que el cuerpo de Illumi le permitiera herirlo, pero verlo en esas circunstancias en verdad lo estaba encendiendo. Su respiración agitada, sus manos estirando las sábanas mientras iba introduciendo lentamente su dedo índice, le hacía sentir deseos de ir más rápido, pero se contenía.
Killua se preguntó cómo era posible que alguien pudiera disfrutar algo como eso. No se sentía bien, era desagradable, una intrusión como aquella en su cuerpo le mareaba y asqueaba.
—Es sólo el inicio. Es normal que no te sientas a gusto, pero yo sé cómo se debe hacer.
Provocó que el niño volviera a dar un respingo y tuvo que sostenerlo de nuevo por la cintura cuando introdujo por completo su dedo. Se sonrió complacido.
Killua de nuevo cerró los ojos. No podía creer que su hermano en verdad hubiera introducido algo en su cuerpo, quería huir a toda costa. Lo peor no fue eso. Illumi, entre susurros extraños que no lograba descifrar, comenzó a mover su dedo, y como distracción, volvió a pasear su boca por su miembro. Eso lo estaba consumiendo, no podía concebir que su cuerpo sintiera placer cuando su mente sólo pensaba en lo muy desagradable que era aquello.
Nimrod no era tonto. Tantos años experimentando le habían enseñado todo el arte del placer a la perfección. Necesitaba un poco más de cooperación por parte de Killua y no sólo hacer que el niño se dejara tocar de esos modos.
—Relájate, Kil —le ordenó— respira hondo.
Por alguna razón comenzó a hacer un esfuerzo por controlar su respiración. Hasta que su cuerpo dejó de temblar. Escuchó un siseo pero no comprendió qué era. Nimrod de nuevo estaba diciendo algo en voz muy baja, en algún idioma extraño, y esas mismas palabras, supuso que eran las responsables del calor en su cuerpo, algo que lo comenzó a relajar de un modo inexplicable.
—Tranquilo. No es nada malo, sólo uso el idioma natural, lo uso para proclamar tu cuerpo sin que te de miedo.
No tuvo palabras para responder. Ni siquiera había entendido lo que le había querido decir, fuera lo que fuera, agradecía que su cuerpo ya no estuviera tan tenso. Sin embargo, el alivio no duró mucho. Illumi continuó con su juego, esta vez, metiendo otro dedo, y él se asustó. Un dedo era mucho, dos era terrible, y entonces recordó el rumbo que luego tomaría, y tuvo más miedo. Illumi sólo estaba preparando su cuerpo para lo que en realidad tenía interés.
De nuevo más tensión, Nimrod sintió que el pequeño volvía a atemorizarse, e hizo un esfuerzo por calmarlo. Largos minutos donde seguía con ese juego de rezar en voz baja, mientras tocaba a Killua hasta que consideró que era suficiente.
Killua gimió suavemente cuando sintió que los dedos de Illumi rozaban con una parte de su cuerpo que le hizo vibrar. Eso, y el placer debido al sexo oral le hicieron olvidar lo que estaba ocurriendo. Con sus ojos entrecerrados, sus labios se abrieron y dejó escapar un suspiro de placer que no fue ignorado.
Ya no se movía por desesperación, sino que, inconsciente, empujaba sus caderas hacia el interior de la boca de su hermano, con un ritmo suave, hasta que, abruptamente, Illumi se detuvo, y con cuidado sacó los dedos de su interior, permitiendo que el albino recuperara el aliento un instante. Se acomodó de nuevo sobre él, besando su abdomen, su pecho, dejando más marcas de chupetones en su cuello, hasta detenerse en su lóbulo izquierdo.
—Kil, Kil… me fascinas —le susurró, y comenzó a lamer su lóbulo.
Killua se ruborizó. Sus sentidos se habían incrementado, iban más allá de cualquier cosa que él pudiera controlar. Ya no pensaba en lo que ocurría en su exterior, sólo sentía un calor que lo estaba consumiendo, lo que sea que Nimrod estuviera haciendo para excitarle, había tenido un éxito rotundo. Ni siquiera notó el momento en que su hermano se arrodillo para bajarse los pantalones y dejar su miembro al descubierto. Sólo sabía que quería de nuevo sentir ese placer que le había nublado la mente.
Illumi se separó, dejando un poco confundido al pequeño, y comenzó a ponerse lubricante, masturbándose frente al menor que, otra vez, cayó en cuenta de lo que estaba pasando, y antes de que perdiera ese enfoque por el que tanto se había esforzado lo tomó por la cadera.
—Abre tus hermosas piernas…
No había podido evitar ver la erección de Illumi y se había asustado como nunca antes lo había hecho. No era un miedo a la muerte, era un miedo diferente; algo que no lo mataría pero que sería inminente y le marcaría de por vida, como si todo lo experimentado hasta ese momento no hubiera sido lo suficiente traumatizante.
—No… no aniki…—suplicó, pero de nuevo los profundos ojos de su hermano le dijeron que hablaba con la persona equivocada, que él sólo buscaba un objetivo personal, un balance que lo estaba volviendo loco.
Illumi sujetó sus rodillas, separándolas y colocándose entre ellas. Killua mostraba una resistencia no muy fuerte, pero sí notoria.
—No tengas miedo, esto es normal, es algo natural —comenzó a besar sus labios, a tocar su cuerpo, estimulándole para que volviera a su estado de éxtasis y no se detuvo hasta que escuchó un quedo gemido que le indicó que iba por buen camino.
En realidad era más sencillo de lo que parecía, principalmente porque era virgen y todo lo que experimentaba era totalmente nuevo. Se mantuvo así hasta que por fin se atrevió a avanzar, llegó el momento por el que tanto había hecho sufrir a su anfitrión, y entre besos, comenzó a penetrarle, era lento, suave porque sabía que esto iba a resultar doloroso.
El albino no sabía cómo es que lo había conseguido, dejó de respirar en el momento en que su cuerpo fue invadido. Illumi, su hermano, había introducido la mitad de su miembro y se había quedado quieto. Volvió a respirar cuando ya no pudo contenerse más.
El morocho acomodó su rostro en el hombro del muchacho, respirando agitadamente.
—No sabes cuánto había deseado esto… no sabes… —su voz sonaba más grave de lo normal.
No había querido penetrarle por completo hasta que el chico se acostumbrara a estar en esa situación, y por más que lo deseaba, no iba a moverse aún, quería que todo fuera perfecto, ni un sólo quejido de dolor.
Jadeantes los dos, Illumi le besó y empezó a mover lentamente sus caderas, penetrándole más. Killua quiso huir otra vez, pero fue apresado. Su hermano continuaba con esos movimientos, y rezos; para colmo, de nuevo le masturbaba aunque con mayor intensidad. Tanto así fue, que comenzó a perder de nuevo la conciencia, el placer era mucho, cerraba los ojos para no ver lo que sucedía, pero su cuerpo le decía que quería probar el éxtasis máximo de los humanos. Hasta que no pudo más, y su cuerpo se contrajo en un orgasmo intenso.
Illumi, excitado al máximo por la visión, del menor corriéndose delante de él, no se contuvo más e incrementó la velocidad de sus movimientos hasta que terminó en su interior. El orgasmo fue tan fuerte, que cayó sobre el cuerpo del adolescente, ensuciándose con el semen esparcido en su vientre.
Se quedaron quietos hasta que ambos se recuperaron.
—Eres hermoso —murmuró Nimrod.
Después de meses de locura, al fin estaba satisfecho, su mente se sentía más liviana, mejor que dormir por días, mejor que cualquier otra cosa que prometiera alivio. El descanso que tanto estaba implorando. Se apartó del cuerpo del menor para que pudiera respirar.
—Esto era todo lo que quería.
—Entonces vete… —pronunció con ira el albino.
Le importaba un carajo lo que le había dicho el Barón, no quería tener a Illumi en su cuarto nunca más. Sus lágrimas comenzaron a humedecer sus mejillas.
—No llores, hermanito —Illumi no se contuvo y acarició sus mejillas, mirándole como si sintiera tristeza de verle así—. Esto es hacer el amor, así se hace el amor.
—Sólo vete, ya… vete —ni siquiera tenía voz para gritar.
—Me iré si me prometes que estarás bien, no quisiera que estuvieras triste.
Le dirigió una mirada llena de desprecio, recordándole a Nimrod quién era él, esto era justo lo que estaba necesitando. Odio y amor; el balance que le alimentaba, junto al alivio que conllevaba no cargar por tanto tiempo los deseos de su anfitrión.
—Te aseguro que estaré bien en el momento en que te largues de mi vista.
Illumi se puso de pie, arregló sus ropas.
—Desahógate entonces, pero ten por seguro que volveré, y si no quieres que esto pase de nuevo, ve pensando cómo vas a proteger lo que amas o te lo arrebataré uno a uno…
Ese sí era Nimrod en su total esencia. Ahora sí reconoció la esencia maligna de lo que por muchos años creyó que se trataba de su hermano. Quedó hecho un ovillo en la cama, no controlando su llanto, sólo quería liberarse.
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A la mañana siguiente, no fue necesario despertar. Él prácticamente había pasado la noche en vela. Ya no lloraba, simplemente tenía su mente en blanco, sus ojos puestos en la nada, sin ganas de levantarse, esperando que algo lo sacara de la realidad. No sabía cómo interpretar lo que había ocurrido. De cierto modo, uno muy retorcido, había experimentado una sensación de éxtasis que jamás había imaginado; al mismo tiempo, tenía un vacío interior. Culpa, porque él lo había permitido todo, no podía ponerse de pie y luchar; decir que lo habían sometido en contra de su voluntad, no, ese bastardo se había asegurado de hacerle admitir por su propia boca que él prestaba su voluntad a cambio de paz.
Escuchó que llamaban a la puerta, era Alluka, preocupada había ido a buscarle. Era casi medio día y él no se había aparecido ni para almorzar. A duras penas se levantó y vistió, no iba a ver a su hermana, sólo quería pedirle que se marchara, se daría una ducha y luego volvería a la cama, a esperar que la muerte viniera a él.
Afortunadamente, Alluka creyó que era una broma eso de que se quedaría en cama, o quizá su hermano, por alguna razón contra su propia naturaleza, había pescado un resfriado. Por otro lado, Killua batallaba frente al espejo, viendo con vergüenza las marcas que tenía en su cuello y pecho.
«No puedo salir con esto… no quiero que nadie me vea»
Podía confiar en que Illumi no iría tras su hermana, así que ni siquiera se preocupó por asomarse por la puerta, se echó a la cama tal y como lo había planeado y miró al techo, ¿en verdad quería soportar revivir esa situación? Lo dudaba, no podía pasar más tiempo con Illumi. Pero regresaba al dilema original, no era cosa de pasar tiempo por mero gusto, lo estaba haciendo porque Alluka moriría si no lo ayudaba, si no lo hacía volver.
«De haber sabido que ese bastardo era tan emocional, no le habría dicho nada el día que me enojé con él por lo de Kalluto», nunca había imaginado que en verdad lo había herido ese día. Era muy niño, inocente e inmaduro, no podía simplemente callar sus ideas para no enfrentar consecuencias. Todo eso se había vuelto una bola de nieve enorme que estaba aterrizando sobre él. Quizá no era el método más agradable, pero poco a poco fue consolándose; convenciéndose de que estaba haciendo todo eso por una causa justa, que era la clave para resolver los problemas en los que se había metido. Y aunque le disgustara mucho, lo haría.
«Por Alluka»
Esta vez no escuchó que tocaban la puerta, alguien abrió y entró de golpe.
—Alluka me dijo que estás enfermo, ¿qué te pasa? —preguntó el Barón, de entrada él ya estaba enterado de los sucesos de la noche, pero necesitaba confirmarlo.
—Lárgate, no pedí tu compañía.
—Vino ayer, ¿verdad?
Comenzó a conectar las idas y se llenó de energías.
—¡Tú lo sabías!, ¡tú en verdad sabías lo que él quería y por eso no me dijiste nada!, tu maldita carta decía esto y no me lo dijiste.
—¡No, no es así!, detén tu discurso, niño —sacó un cigarrillo de entre sus prendas y se sentó en un pequeño sofá que estaba al extremo de la cama—. Maldición, mocoso… el futuro es impredecible, puedes calcular muchas variables de acuerdo a las decisiones que se tomen, pero no atinarás por completo lo que pasará, ni con cartas, ni con profecías, ni habilidades. Sólo obtendrías aproximaciones, ¿lo entiendes?, todo está en constante cambio.
—Pero la carta que me diste…
—¡Es un sello, niño!, entiéndelo. Hice un ritual para que esa carta saliera y pudiéramos aplacar a Illumi una vez que él despierte. Aunque te hubiera dicho que tu hermano te haría esto, si hubiera fallado en mi predicción, no me habrías creído nada. Hubiera quedado como un farsante y esto se habría complicado más…
—No lo entiendes, ¿verdad?, él… él… abusó de mi —su voz se cortó, contuvo su deseo de llorar, no iba a hacerlo frente a nadie, no por una causa como ésta, aun si tuviera todo el derecho de hacerlo.
El Barón suspiró, dio una bocanada a su cigarrillo y confesó:
—He visto tanto abuso… niños mucho menores que tú, en manos de viejos más grandes que yo, esto pasa todos los días. Lo he visto tantas veces que, sinceramente, ya no tengo sensibilidad al abuso infantil. Tú eres una cifra más en la cuenta.
Esas palabras lo ofendieron aún más, sólo que no tenía argumentos para alegar. Si el hombre no empatizaba con él, era como hablar a la nada. Para colmo ese hombre era lo único que tenía para resolver sus enigmas y atravesar sus dificultades, tendría que enfrentar todo sin el consuelo que necesitaba.
—Así que te hablaré con toda objetividad y franqueza —otra bocanada más y atrajo la atención del adolescente—, ¿qué harás?, ¿abandonarás a tu hermano en las manos de los Iluminados para que lo maten y tu hermana muera con él o seguirás adelante?
Se tiró a la cama, viendo hacia el techo, y dejó salir un par de tibias lágrimas.
—Seguiré adelante.
—Pues ya empezaste mal, eh, lo dejaste ir.
—¡Vete al carajo!
—¿Cómo fue que abusó de ti, entonces? —Alex lucía serio, aunque sus preguntas y comentarios parecieran un tanto burlescas.
—Eso es irrelevante.
—¡Si fuera irrelevante no te preguntaría!, ¿qué crees que soy, niño?, ¿eh?, ¿un maldito psicólogo?,todo lo que yo hago es vital para ti y para mí —agitaba el cigarro, inundando con su aroma la habitación.
Secretamente Killua apreciaba ese olor, que le hacía olvidar la esencia de su hermano.
—Ahora contesta, ¿qué te fue lo que pasó anoche?, ¿te amarró?, ¿usó algún método de control para someterte?, ¿te drogó?
—No.
—¿Te dijo que quería abusar sexualmente de ti?
—No.
—¿Te amenazó, entonces?, ¿amenazó con matar a tu hermana? —detestaba ese juego de adivinanzas, pero entendía que Killua estaba demasiado sensible como para hablar abiertamente del tema, necesitaba estimularlo si quería conocer los detalles detrás de las intenciones de Nimrod.
—Sí… —dudó un poco—, algo así.
—Perfecto, ya tenemos un progreso, ¿entonces te amenazó y luego te dijo que quería tener sexo contigo?
—Sí —contestó con amargura.
—¿Así dijo?, textualmente, quiero decir, dijo con su propia boca "quiero tener sexo contigo". Recuerda muy bien sus palabras Killua, esto es vital.
—Entonces no… maldita sea, deja de hostigarme.
Suspiró exasperado, ese niño no le estaba facilitando las cosas, quería respuestas rápidas para analizar la situación y saber cómo proceder, su falta de sensibilidad no le permitía darse cuenta que en verdad Killua no podía responder, no sólo por tristeza, sino por vergüenza a causa de la humillación.
—No te estoy hostigando, niño. Te estoy ayudando, ya que tú no pareces querer hablar, tengo que hacer las cosas de este modo.
Killua se dio la vuelta, para mirar al sujeto sentado frente a él, sin ánimo de levantarse de la cama.
—¿Te lastimó?, físicamente, me refiero…
—No, físicamente, no.
—Entonces, si me permites dejar de jugar este juego de adivinanzas, ¿no será que dijo algo sobre "hacer el amor"?
A juzgar por la expresión que el muchachito hizo, desviando la mirada con pena por escuchar esas palabras, había acertado al fin.
—Entonces no abusó de ti —de nuevo, los ojos azules se dirigieron a él, esta vez con desprecio—. Me refiero a Illumi. Inconscientemente él cree que te hizo el amor, con tu aprobación. Que Nimrod haya conseguido ese balance milagroso que necesitaba es otra cosa. A Nimrod tú le importas al mismo grado que… no se me ocurre nada ridículo… —el barón se puso de pie en busca de un cenicero— Lo que quiero decir es, no le importas a Nimrod, pero a tu hermano sí, mucho, por lo visto, al grado de querer darte más amor del que un par de hermanos se dan.
—Sólo debo dejarlo seguir, ¿no?, ¿si lo hago, Illumi eventualmente despertará?
—Sí, si no lo dejas ir y sigues accediendo a sus deseos por ti, sí.
Esta vez ya no pudo contenerse, dejó que sus lágrimas siguieran apareciendo, lo necesitaba para recuperarse del profundo daño en su corazón.
—¿Qué pasará cuando él despierte?
—Bueno, primero que nada, él recordará todo lo que pasó desde la vez que decidió huir de la realidad y sabrá todo lo que te hizo. Después, su cuerpo ya fortalecido, podrá mantenerse a una distancia decente de ti, y tú podrás vengarte todo lo que quieras, reclamarle hasta el infinito si gustas… con el sello, Illumi sólo requerirá verte de vez en cuando para calmar sus ansias y mantener a Nimrod oculto.
No era como si le agradara el resultado, pero era mejor que el presente. Cerró los ojos. Se había dicho que cuando Illumi volviera, por supuesto que le haría la vida imposible, pero también, sentía que debía comprender a su hermano de un modo en que nunca antes lo había hecho. Sin embargo, no tenía el ánimo de hacerlo, no hoy.
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Los siguientes días, trató de pasarlos de forma tranquila junto a Alluka. Saliendo a pasear como antes, relajados, o al menos, él pretendía estarlo, no quería preocuparla. No era capaz de distinguir que ella veía a través de su sonrisa, ella sabía que él no estaba bien, no importaba cuánto se esforzara en ocultarlo. Alluka tenía ese sexto sentido nato, no necesitaba convivir mucho con las personas para determinar si eran de fiar o no, o si tenían algún problema, simplemente lo sabía.
Viajaron a otra ciudad, y se entretuvieron visitando los alrededores. Hasta que ella se cansó de pretender que no se enteraba del estado de su hermano mayor, ya no eran un par de niños en medio de las presiones familiares cotidianas, donde tenían que manejar un nivel de secretismo especial.
—¿Ya me dirás qué te ocurre?
Killua se asustó, quiso fingir que no entendía la pregunta.
—¡Hermano, no mientas!, no puedo seguir pretendiendo que no pasa nada. No más.
Increíblemente esas palabras sonaban más consoladoras que cualquier discurso que hubiera escuchado antes. Tenía a su lado a una personita que podía atravesar sus barreras, todo para hacerlo sentir mejor. Vaya que se había esforzado por disfrutar su viaje cuando pasaban por tantas adversidades. Simplemente, Alluka era fenomenal.
—Alluka… no te preocupes —acarició sus lacios y negros cabellos—, con esto es suficiente. Me gustaría compartirte mi situación, pero no me es posible —su hermana estaba a punto de hacer un mohín—, ¿me harías un favor?
—¡Sí!, lo que sea por ti.
—Ignora esto, sólo, sigamos viajando. Nadie nos molestará ahora, todo estará bien. Yo arreglaré las cosas, ¿puedes hacerlo?
No quería. Esto era justamente lo que él siempre le pedía desde que ella tenía memoria, seguir una vida llena de tranquilidad y felicidad sobre las circunstancias, para que ella fuera capaz de compartirle un trocito de ese mundo a su hermano mayor, al que consideraba digno de vivir feliz. No obstante, si esto era lo que él pedía, se lo daría, con la idea de que en un punto, trataría de involucrarse más en las circunstancias.
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El Baron de R se había distanciado de los Zoldyck. Le avisó Killua que iría a visitar a un amigo suyo, el cual vivía cerca de la ciudad donde se estarían hospedando ellos dos. Así que volvería tan pronto como terminara de arreglar sus asuntos.
—Necesito que los detengas.
Galileo vivía en una mansión en medio de una ciudad famosa por su arquitectura y arte. Era un hombre fiel a sus principios, así había sido desde que ingresó en la organización, junto a su amigo de la infancia, un hombre que ahora fungía como el verdadero líder de los conspiradores, DaLozza. Habían entrado al mismo tiempo, eran amigos de toda la vida, pero Galileo siempre destacó por su postura ortodoxa, a pesar de recibir la invitación de DaLozza de formar parte de sus planes para crear sus propias fuentes de energía, se negó, sin importar si eran amigos o no. DaLozza, lejos de enojarse, aceptó que su amigo era un hombre de principios, tampoco era como que Galileo apoyara a sus enemigos, él simplemente trabajaba a favor de la organización y por eso mismo Galileo se estableció como el punto neutro entre toda la hermandad. Si había alguien dentro de los Iluminados, cuya opinión era aceptada ciegamente y respetada, era Galileo.
El Barón y Galileo eran grandes amigos. Galileo sentía un especial apego por Alexis, era por ello, que le había ido a avisar de los planes de la hermandad, porque sabía que si Alex no cumplía su juramento, se metería en serios problemas.
—¿Detenerlos?, Alex, quisiera ayudarte, pero no puedo detenerlos si no veo un progreso. Nimrod viajó hasta la sede de los R, los fondos de todos se vieron en peligro cuando él amenazó con atacarlos.
—¡¿Los fondos?!, espera… no los atacó, ¿cierto?
—No. Pero no van a aguantar por siempre, DaLozza no va a permitirlo, y quedará como el héroe.
Un silencio tenso se situó entre ellos.
—En cierta forma se lo merecen… —contestó con ironía el Barón.
—Sí, pero ese no es el punto, lo van a matar.
DaLozza tenía especialistas en entidades de Nen. Desde el momento en que les declaró la guerra se habían dedicado a estudiarlos, a comprenderlos hasta que, poco a poco, comenzaron a volverse enemigos competentes contra esas criaturas.
—Alex, no me has dicho el deseo de Illumi. Supongo que juraste privacidad al muchacho, pero de acuerdo a las palabras de Geppetto, Illumi estaba enamorado de alguien, si a esto le sumo que Kikyo afirmó que Killua, su hijo menor, era la balanza justiciera de Illumi. Llego a la conclusión de que Illumi está enamorado de Killua, ¿es así? No respondas, sé que es así. De este modo no estás fallando a la promesa de Illumi.
—Killua ya aceptó cooperar con nosotros. A ese progreso me refería.
—No se nota —ironizó.
Galileo solicitó unas bebidas para ambos, el salón elegante estaba rodeado de sirvientes que al parecer estaban habituados a esta clase de conversaciones.
—Necesito que Killua pase tiempo de calidad con su hermano. Unos quince días, es todo, con eso Nimrod volverá a su forma débil.
—Sólo ponle en la cama a ese niño y ya. No entiendo la complejidad del asunto.
El Barón bufó, tampoco Galileo tenía sensibilidad al abuso infantil y le parecía ridículo que ambos hablaran de esos temas sin sentir incomodidad.
—No es tan fácil. En cuanto Killua se dio cuenta de lo que en verdad iba a pasar, se asustó. Era virgen hasta que su hermano lo tocó, y ahora me está costando trabajo convencerlo de que siga haciéndolo.
—¿No puedes hacer que se enamore de él? —rodó los ojos, no tenía paciencia para actitudes como esa.
—Le di los amantes.
—¿Los amantes?, interesante…
—Le dará la carta a Illumi, pero primero tiene que despertar. Sería nuestra ruina si Nimrod obtiene esa carta.
El ambiente volvió a relajarse. Esa carta era bien conocida por Galileo, quien en su pasado había hecho uso de ella, y era consciente de los peligros que atraía. La fuerza que se conseguía a través de ella, era como una maldición.
—Necesito que detengas a todos, en lo que Killua logra permanecer diez días con él. Es todo lo que te pido.
—Puedo detenerlos si me dices que ya llevan tres días juntos. No antes, ahora mismo no puedo… —se cruzó de brazos— Alex, esto te pasa por estar haciendo juramentos a lo tonto —vio la mirada desesperada de su amigo y se dio por vencido—. Pediré que se unan a tu experimento. Les diré que tenemos un plan y que no interfieran, pero eso no significa que se van a detener, simplemente te dejarán trabajar. No nos conviene que ellos se enteren cuál es la debilidad de Nimrod o usaran a Killua en su contra.
—Eso es mejor que no tener nada. Gracias, amigo.
.'.
Killua despertó en la madrugada en su cuarto, vio la hora de su celular, las 3:42 a.m., demasiado temprano para despertar, contando con que se había dormido tarde. Últimamente su descanso se había mermado, su hora de dormir era irregular debido a que tenía miedo a que su hermano fuera durante la noche a verlo. Cuando dormía tenía pesadillas con él observándolo desde algún punto entre la oscuridad de su cuarto, vigilándolo, con su furtiva mirada clavada su cuerpo entre las sábanas y luego despertaba bañado en sudor, temblando.
Esa noche no había sido diferente, pero quiso hacer algo nuevo para sentir un poco de alivio. Se levantó de la cama y bajó a la cafetería del hotel. Compró un chocolate caliente y un par de donas, y se dispuso a ir a su cuarto a ver películas. Con suerte, tarde o temprano, terminaría durmiendo sobre el sofá y soñaría con la tonta película que estuviera viendo.
Encendió la televisión, se relajó un poco con el aroma dulce, y de pronto, mientras daba un sorbo de su bebida, vio que su celular sonaba. Sus manos tiritaron cuando vio quién era el que le buscaba. Illumi. Su paz se acabó, no quería contestar, estaba a punto de arrojar el celular por la ventana, cuando el recuerdo de su hermana caminando libremente por las calles, vino a su mente.
—Ho-hola —contestó con su voz apagada.
—Kil… Kil… no puedo estar sin ti —sintió escalofríos al escuchar su voz, era como un ruego—. Lamento haberte despertado, pero no puedo apartar de mi mente tu cuerpo. Necesito verte. Iré a tu cuarto en veinte minutos. Ya dormirás el resto del día, sabes que no te molestaré.
Su pesadilla estaba por comenzar otra vez, no quería verlo, y se quedó sin habla, hasta que la llamada se cortó.
Olvidó todo lo planeado para relajarse esa noche, ya no podía pensar en otra cosa que no fuera el peligro que estaba por enfrentar. Miraba a la puerta constantemente mientras revisaba su celular; el tiempo pasaba lento y doloroso. Luego pensaba en Alluka, en todo lo que protegía si accedía a tales cosas. Detestaba sentir que estaba prostituyéndose al aceptar dicho trato. No tenía opción, no debía dejarse vencer.
Escuchó que llamaban a la puerta y con mucho pesar, fue a abrir.
—Illu-nii —su voz apenas era un murmullo, quería hablar más fuerte, pero no podía, se le había secado la garganta.
—Buenas noches, hermanito —extendió una mano para tocar su suave rostro, y sintió como le temblaba la mandíbula.
Killua tragó saliva, luchaba por controlar su deseo de alejarse, pedirle que no lo tocara, que se marchara y se olvidara del trato. Illumi cerró la puerta detrás de él y con firmeza, tomó al chico por la cintura, acercándolo a su cuerpo, para besarlo acaloradamente, sin ser correspondido.
—Extrañaba tanto tu delicioso sabor —le dijo al oído, y Killua se sacudió con violencia— ¿por qué tiemblas?, ¿estás nervioso?
Killua no contestaba, no era capaz de pensar en una respuesta.
—No estés nervioso…, tranquilo —Illumi le rodeó con ambos brazos, acariciando su espalda para confortarlo—, respira hondo…
Inconscientemente Killua siguió su instrucción, inhalando y exhalando con calma, y aun así su temblor no cesaba.
—Ven, vamos a la cama…
—¡No, no!, ¡espera…! —apretó la camisa de Illumi, y su agitación incrementó. No soportaba la idea de lo que vendría, no quería que su hermano volviera a tomar su cuerpo.
Illumi rió.
—Ya, ya… tranquilo.
Comenzó a empujarlo a la cama sutilmente mientras fingía que lo calmaba. Killua se sobresaltó al sentir el borde del colchón en sus muslos, no quería estar ahí, tampoco quería sentir los brazos de su hermano a su alrededor. Se preguntó si podría distraerlo abrazándolo así hasta que pasaran las dos horas, pero se respondió cuando notó que las manos del Illumi bajaban por su abdomen para comenzar a desnudarle.
—¿Por qué traes tanta ropa?
Soltó una carcajada al descubrir que Killua, debajo del pijama, traía más ropa puesta. Esta vez se había molestado en hacerle batallar un poco más para desnudarle. De todos modos, no era un problema, esto sólo añadía diversión al asunto.
Desabotonó su playera, entre los ruegos mal disimulados de su hermano, y con un poco de esfuerzo, terminó por quitarle la otra playera que traía debajo, dejando su pecho expuesto. Killua temblaba con más insistencia, y empeoró cuando desabrochó el nudo de sus pantalones, empujándolo hacia abajo.
—¡No!, Illumi, no. No, por favor.
—¿No qué, Kil?, ¿ya no quieres el trato?
—Sí —lloró, se había esforzado mucho en decirlo—, sí, pero vas muy rápido… por favor, no… no me siento bien.
—Mi adorable hermano —volvió a besar sus labios—, ¿se te olvida que es un trato?, te sentirás muy bien cuando me dejes avanzar, vas a ver que será mejor que la primera vez.
Mientras hablaba, había conseguido bajarle los pantalones, y se había encontrado con que traía un short más, se sonrió, Killua debía estar aterrorizado para recurrir a un truco tan absurdo.
—Vamos a quitarte esto de una vez, y te prometo que seré lento. Aprovecharé las dos horas al máximo.
Pero Killua lloraba, las lágrimas no paraban de fluir y se tallaba los ojos porque no quería que su hermano, o mejor dicho, Nimrod lo viera de ese modo. Sabía que Illumi no disfrutaría verlo sufrir, pero el principal propósito del ente de Nen, era hacerle llorar, buscar su odio. Forzarlo a detestar a su hermano, el cual sólo quería darle amor.
—Sube a la cama, por favor, hermanito —le pidió una vez que lo tuvo completamente desnudo.
Killua no se movió, y se le ocurrió la maravillosa idea de cargarlo. El muchachito ni siquiera se quejó cuando sintió que su hermano lo tomaba entre sus brazos para recostarlo en la cama, reaccionó justo en el momento en que su espalda tocó la suave tela, ahí se dio por enterado que Nimrod estaba a punto de tener lo que quería.
—¡No!,espera, espera… espera, espera —insistió, apretando con fuerza la camisa de Illumi. No permitiéndole que se alejara, que lo soltara para que siguiera con su juego.
—¡Ay mi pequeña adoración!, ¿sigues nervioso? —tomó las manos del albino, y se inclinó sobre él para besar sus labios otra vez—, tranquilo, tranquilo… —deslizaba sus dedos con lentitud por sus hombros, como si en verdad buscara relajarlo— Sólo soy yo, Illumi. No te haré daño, Kil.
Prácticamente tuvo que quitarse la camisa para que Killua no tuviera de donde sostenerlo. Y estando ya libre, se posó sobre él. Buscando las marcas de los chupetones que ya estaban prácticamente invisibles, remarcándolas nuevamente, reclamando su piel.
—No hay nada que temer, Kil. No soy tu enemigo. Yo te cuidaré, vas a ver que será mejor…
—Illumi… —Aprovechó que su hermano estaba besando su cuello para abrazarlo y así detenerlo.
—¿Qué ocurre Kil? —se sonrió divertido, sintiendo cómo Killua lo presionaba contra su cuerpo.
—Illumi, por favor, tu y yo… somos hermanos, recuérdalo, ¿lo recuerdas? —contenía sus lágrimas, deseaba con todo su corazón llegar a los oídos de su verdadero hermano— crecimos juntos, hemos pasado por muchas cosas juntos…
—Lo sé, lo sé… —aprovechó la cercanía para acariciar los blancos cabellos con toda la ternura que su maldad le permitía trasmitir—, por eso te amo, por eso mismo quiero hacerte el amor. Yo debo ser el único que pueda hacerte el amor.
El albino sintió como sus fuerzas volvían a desvanecerse, había hablado al viento. No había sido escuchado por la persona a la que quería llegar.
—La primera vez fue hermosa, ¿verdad?, yo me sentí tan lleno de vida… —se detuvo, fue sólo un instante en que a la mente de Nimrod vino una idea que le dio escalofríos— a menos que… ¿te lastimé?
Se separó para ver a los ojos azules, buscar algo más que miedo en ellos, luego bajó la vista hacia la entrepierna del muchacho como si pudiera notar algún rastro de una vieja lesión interna.
—Kil, dime la verdad, ¿te lastimé?, ¿te provoqué una herida?, no debería ser así, yo… yo fui estrictamente cuidadoso… Kil…, responde —tenía miedo de haber hecho las cosas mal, ese no era el deseo de Illumi.
Nimrod estaba atemorizado porque desde hace días, sin importar cuánto se había permitido satisfacer el deseo de su portador, tenía un hambre atroz por el albino, lo deseaba como si nunca lo hubiera tocado. La imagen de su cuerpo desnudo, los recuerdos de su encuentro lo atontaban, encendían cada centímetro de su cuerpo. Se había asustado, y si existía la posibilidad de haber lastimado al niño, entonces, era posible que esa fuera la explicación al porqué seguía deseándole con tanta fuerza.
—N… —no pudo contestar, sólo negó con la cabeza, ni siquiera tenía mente para mentir.
Illumi exhaló aliviado.
—Por supuesto que no te iba a lastimar… sé cómo debe hacerse esto. Confía en mí.
Gracias por leer.'.
Yuuki: Lo siento. Si hubiese tenido los capítulos a tiempo no te hubiese hecho esperar tanto tiempo. Espero que ahora si te compense un poco la espera. Creo que lo valió... creo... Pobre Kil, tener que cargar con una responsabilidad que no le corresponde, debe ser duro. Aunque por otro lado *sonrisa maligna* sí, mmm yo no me quejo. Quería que Alluka fuera algo que un simple personaje delicado y femenino, creo que puede potenciarse bastante, por eso es que tanto ella como Kalluto, tendrán una participación muy importante. Espero que la hayas pasado fenomenal, hermosa! Lo mereces.
Hasta el 2 de Marzo!
