He vuelto con más porn... historias lindas y tiernas.

93 en Babel

Capítulo 26

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Se levantó, buscaba el lubricante entre sus pantalones. No estaba dispuesto a continuar si no traía el valioso líquido que le facilitaría la labor. Killua intentó aprovechar el momento para escapar, pero Nimrod le detuvo colocando una mano en su cintura.

—¿Trato? —pronunció con lentitud y Killua se detuvo—, no te preocupes, sólo me cercioraba de haberlo traído —le mostró el frasco, triunfante de haberlo hallado—. Ahora sí me podré concentrar en lo que deseo.

Más besos, caricias en su piel. Killua cerraba los ojos intentando concentrarse en alguna imagen que le ayudara a salir de su estado, pero no lo conseguía. Además Nimrod era bastante bueno en lo que hacía; sabía usar su lengua y dedos para complacerle; al grado que comenzó a excitarse sin siquiera pensarlo. Nimrod no iba a avanzar si no veía al niño encendido, deseaba hacerle arder de placer tanto como él lo hacía.

Hasta que vio que Killua involuntariamente movía las caderas, buscando más contacto, fue cuando decidió que era momento de usar el lubricante. Se vació un poco del contenido en los dedos de su mano izquierda, mientras que con la otra mano, sostenía una de las piernas del menor, empujándola para que sus instintos no le dificultaran el trabajo. Al igual que la vez anterior, antes de introducir su dedo, comenzó con sus rezos. De ese modo, la sensación se volvía más compleja y difícil de controlar. Los jadeos suaves del peliblanco eran la pauta para seguir, ya consciente de que el niño no sentiría dolor.

Killua tuvo que reconocer que la sensación no era como la primera vez. Era un tanto diferente, incómoda, bochornosa, pero ciertamente no como antes. Sintió que un sonrojo aparecía en sus mejillas cuando los dedos de su hermano comenzaron a entrar y salir de su cuerpo, rozando ese punto dentro de él que le hacía sentir escalofríos.

—Ah… —rápidamente se tapó la boca, asustado del sonido emitido. Lo último que quería era complacerlo, pero era difícil, podía jurar que Nimrod hacía trampa con sus murmullos en otro idioma.

—Te gusta, ¿cierto? —Illumi se colocó sobre él, deseaba verle a los ojos, antes de penetrarlo, quería ver ese sonrojo que tanto se esforzaba por disimular.

—Dijiste —tragó saliva—, dijiste que no usarías trucos.

—¿Lo dices por mis palabras en otro idioma?, es el idioma natural, el original antes de que todos se separan en Babel… —la mirada confundida del muchacho le desanimó a seguir dando explicaciones— Como sea…, sólo entiende que es un idioma que se comunica con tu naturaleza, no importa si no lo hablas, de todos modos tu inconciente lo sabe interpretar.

Volvió a hablarle en ese idioma, justo al oído. Sintió que su cuerpo se calentaba con una excitación irrefrenable, mientras que Illumi rozaba su entrepierna contra la suya. Apretó la mandíbula, no quería gemir otra vez, resistiría. Se concentró en entender lo que decía a su oído, y poco a poco fue figurando parte del mensaje, de alguna manera entendía que le pedía sentir placer, le insistía en ello, mientras le tocaba de ese modo que atrapaba sus sentidos.

Illumi se acomodó entre sus piernas, alzándolas. Le recordó que no debía preocuparse por cooperar con él, que él se encargaría de todo y, dicho esto, contra su voluntad, volvió a penetrarle. Contuvo la respiración, esa sensación era terrible, un dolor en su orgullo y en su amor por su hermano. Quiso perderse en sus pensamientos, buscar algo en qué enfocarse pero no lo logró. Illumi seguía pronunciando palabras en ese idioma que le erizaba la piel. La parte buena de eso, era que él sabía que no estaba escuchando a su hermano y bajo esa idea, se animaba a no ver a Illumi como su abusador, sino a Nimrod.

No supo en qué momento fue, pero comenzó a perder el razonamiento, su cuerpo estaba ardiendo de placer, debido al idioma extraño que le incitaba a sentirlo. Se dejó tocar y usar del modo en que mejor le pareciera a Nimrod. Hasta que por fin, su pesadilla terminó. Illumi se dejó caer a su lado, ambos con sus respiraciones aceleradas, intentando recuperarse de la actividad.

Killua se cubrió el rostro, no quería ver su cuerpo. Esta vez Illumi se había venido sobre él. La sensación de su propio semen y el de su hermano, que comenzaba a escurrirse por su vientre y piernas, le dio asco. El aroma, y la presencia de su hermano no mejoraban la situación para nada. Estuvo así un rato, recuperándose del agotamiento, hasta que una mano acariciando sus cabellos suavemente le trajo a la realidad. Él no respondió, estaba paralizado.

—Eres hermoso… me fascinas —escuchó que decía.

Y sin querer, víctima de su deseo de protección personal y decepción, le ordenó:

—Ya, ya vete… —lo había murmurado, con su garganta cansada, pero había sido suficiente para que de inmediato Illumi se pusiera de pie, dispuesto a salir.

Quiso detenerlo, recordando su deber; que no se había sacrificado una noche más en vano, pero su voluntad flaqueó y para cuando pudo reaccionar, su hermano ya se había marchado.

Avergonzado por su condición, caminó hacia el baño a lavarse. Mientras la tina eléctrica se llenaba de agua, se dedicó a limpiarse con sus manos temblorosas; deseando morir mientras veía todas las marcas que le había dejado esta vez. Era terrible. Después, mecánicamente se metió a la tina, y se quedó ahí hasta que durmió sin pensar en nada más.

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Alluka se levantó temprano, estuvo llamando a la puerta de su hermano insistentemente, sin éxito; decidió darle tiempo, hasta que, a medio día se rindió de esperar y fue nuevamente a buscarle. Nanika le ayudó a abrir la puerta, esperaba no molestar a su hermano mayor, pero era extraño que no se presentara ni para asegurarse que se encontrara bien. Para su sorpresa, no lo vio en los alrededores, lo que le hizo pensar que estaba en el baño.

«Quizá está enfermo», se preocupó y llamó a la puerta.

—Hermano, ¿estás ahí?

Killua despertó gracias al eco de su voz, apagada por la madera. De un sobresaltó se levantó. El agua continuaba tibia y burbujeante, gracias al sistema de la tina que había dejado encendido. Ese aparato en verdad que funcionaba para relajar, agradecía haberlo usado, de no haber sido por eso, habría sido otra horrible noche.

—Alluka, aquí estoy…

—¡¿Estás bien?!, ya es medio día, hermano… ¿qué ocurre?

—Me quedé dormido en la bañera, eso es todo…

—Debes comer, ¿te traigo algo de la cafetería?

Al momento de levantarse se percató de las marcas en su cuello gracias al ancho espejo que poseía el baño. Esa imagen en definitiva le mermó las ganas de comer o hacer cualquier otra cosa.

—No…, no…, no saldré hoy. No te preocupes por mi iré por…

—Killua, ¿lo dejaste ir de nuevo? —la voz que le había interrumpido era del Barón de R.

Killua se alteró, no había estado consciente de su presencia hasta que escuchó su voz.

La ausencia de respuesta le hizo darse cuenta que el niño se encontraba de vuelta en esa faceta depresiva y eso le iba a costar más semanas antes de que Nimrod regresara. Tiempo que no tenían para perder.

—Semiramis, cariño, ¿podrías ayudarme a tener una conversación privada con Killua?

—Sí —contestó complacida la pequeña Semiramis al escuchar de nuevo su nombre.

—¡No, detente ahí! —suplicó, no deseaba que su hermana les dejara a solas y tener esa supuesta conversación privada, sin embargo Semiramis le ignoró y se vio forzado a resignarse.

—Sal, toma tu ropa y vístete en el baño —le dijo el Barón—. No me iré del cuarto hasta que hablemos.

Killua abrió la puerta, molesto por escuchar esa sutil amenaza. Se había cubierto el cuerpo con su bata de baño y miraba con furia al hombre que se encontraba de pie a la orilla de la cama. Siguió las instrucciones del tipo, tomando su ropa y cambiándose en el baño.

—¿Por qué dejaste que se marchara?, Killua… creí haberte dejado en claro tu papel.

—¡Cállate!, no sabes hacer nada más que pedir cosas. Estoy harto.

El servicio de cuarto se había encargado de limpiar durante la mañana, mientras él estaba en el baño, motivo por el que no encontró rastro de lo que había sucedido durante la noche.

El Barón buscó un asiento donde acomodarse, eligiendo para sí una silla frente al tocador, acomodándola para quedar frente a la cama, en donde Killua se había recostado, con ambas manos cubriendo su rostro, estaba al borde de un colapso nervioso. A juzgar por la postura de Alex, supuso que tenía algo muy importante que decirle, así que guardó sus palabras para otro momento.

—Mis aliados me prometieron cooperar con nosotros, no atacar a Illumi si tú cumples tu parte de mantenerlo contigo por tres días. Si no, seguirán con su plan hasta matarlo… ¿pero qué veo?, llego y tú lo has vuelto a hacer, lo dejaste ir, ¿sabes qué eso significa que en estos días, puedes no volver a ver a tu hermana?, no estoy jugando Killua —hurgó entre sus bolsillos, deseando uno de sus amados cigarrillos—. DaLozza, el enemigo de Nimrod, es capaz de juntar a toda la hermandad para que unidos acaben con tu hermano. Sin importar el poder, sus capacidades, y fuerza. La unión de la hermandad es todo lo que hace falta para derrotarlo sin problemas.

—Ya…, ya sé —suspiró frustrado—. No tienes qué recordármelo cada vez que nos vemos. Sé que comprometo la seguridad de Alluka cuando él se aleja de mí, pero no es tan sencillo, no me siento motivado a ver su cara después de… eso.

«Motivación», esa palabra resonó en la mente de Alexis. Recordó entonces que la constelación madre de Killua era Cáncer, ese signo emocional que necesitaba conmoverse para aceptar cooperar por una causa. Lo examinó con mucha atención, y se aclaró la garganta antes de continuar.

—Killua. Sé que esto es más difícil de lo que parece, y sé que no te importa mucho lo que yo opine, pero te diré algo que a mí me motivo por años para ayudar a tu hermano.

Killua se extrañó por sus palabras, el tipo prácticamente hablaba como un maldito insensible y de pronto parecía que había algo de corazón, después de todo.

—Cuando comencé a investigar, sólo pensaba "es un chico abusado, como cualquier otro", un niño a quién ignoraron como persona hasta que tuvo nueve años y comenzó a matar mayordomos; rodeado de adultos que no le permitían expresarse; nunca tuvo juguetes; nadie lo atendía si se enfermaba o salía herido durante los entrenamientos porque según Kikyo eso "lo volvería independiente"; un niño que nunca nadie abrazó, ni le dio palabras de amor. Un niño abandonado…

Se detuvo, el humo del cigarro ya se esparcía por toda la habitación, miraba a Killua con mucha atención, analizando sus reacciones pese a que el albino evitaba el contacto visual.

—Y tú podrías pensar "y a mí qué", porque eso mismo yo pensé. No me importó porque era otra historia triste más. Y entonces lo vi. A través de su historia, lo vi esforzarse, buscando desesperadamente por un poco de eso que a él no le dieron, pero que a ti sí…

Eso último le hizo sobresaltarse, dejó de cubrirse el rostro y prestó más atención, mirando hacia el techo, escuchando con mucho cuidado puesto que presentía que había algo importante en medio del filo con el que clavaba sus palabras.

—¿Sabes en qué momento tus padres comenzaron a festejar los cumpleaños?, cuando Milluki, tu hermano, cumplió ocho y quiso una fiesta, seguramente porque se la pasaba viendo caricaturas y veía eso en sus programas.

Killua aguantó la respiración un par de segundos, como si de este modo se preparara para el siguiente golpe, ya sabía lo que le diría a continuación. Inclusive él mismo llegó a pensarlo, pero no le dio relevancia.

—Tal vez te parezca que hablo de detalles sin relevancia —dejó escapar el humo del cigarro sacudiéndolo un poco—. Alguna vez te preguntaste por qué a Illumi no le festejan sus cumpleaños.

Killua negó con la cabeza. Jamás, ni siquiera en broma se le había ocurrido la idea, era algo tan natural en la familia que él nunca lo vio extraño.

—Porque como a él nunca le habían hecho algo por su cumpleaños, pensaron que quizá no quería nada. Nunca se lo preguntaron.

Killua tragó saliva, de pronto vino a su mente momentos como ese; los cumpleaños de sus hermanos y de él, donde veía a Illumi sentado a la mesa, dejando algún regalo para ellos, y su corazón se estremeció. No recordaba ni una sola vez en que él siquiera lo hubiera felicitado por el suyo.

—¿Sabes desde cuando tus padres comenzaron a procurar revisar que no estuvieran heridos o enfermos por causa de sus entrenamientos? Desde que tú hermano Milluki nació con su problema en las rodillas y no sé qué más… —dio una calada a su cigarrillo—, después descubrieron que, en secreto, Illumi te curaba y protegía.

No pudo permanecer recostado, tuvo que sentarse. Debía asegurarse de que ese hombre estuviera diciendo esas palabras. No que estuviera viviendo una alucinación porque le dolía, el colmo del asunto es que comenzaba a sentir la carga de haber formado parte del grupo de personas que ignoró a su hermano.

—Cuando Illumi estaba herido, cuando estaba enfermo por tantos venenos, nadie hacía nada por él, ¿sabes por qué Illumi era tan bueno curándote?, ¿por qué sabía tanto de medicina?, ¿lo sabes o ya lo supones? Él tenía que atenderse solo.Y luego llegaste tú, y él estaba tan asustado de sentir apego por ti; creía que estaba cometiendo algún crimen contra la familia al cuidarte, así que lo hacía a escondidas.

Casi podía recordar la verdadera mirada de su hermano cuando éste se tomaba la molestia de revisarle fingiendo que no lo hacía, mientras que aquel extraño le echaba en cara una realidad que había evadido por años.

—Cuando tú tenías tres años, tu padre hizo que te fueran quebrando los huesos para fortalecerlos. Es una práctica horrenda y dolorosa, e Illumi la recordaba, estaba tan asustado de que te hicieran eso que, a escondidas, te puso anestesia para que no sufrieras tanto como él lo hizo. Si te hostigó, si te fastidió en tu infancia, si te pareció que era sobreprotector y obsesivo, era porque vivía con miedo de que pasaras por lo mismo que él pasó, y vivía con miedo de sentir amor porque a él le privaron del conocimiento de esa simple palabra. Él te amaba, y te ama. Dentro de su mente, eres el único en su familia que le dio algo de afecto y tocaste su alma, está asustado, confundido, creyendo que está enamorado de ti y…

Cuando el Barón levantó la vista, se quedó en silencio, Killua de nuevo lloraba, pero esta vez no trasmitía furia por causa de su desgracia, sino que había dado en el clavo. La intensión de su discurso era este. Conmoverlo.

—Y luego mamá le hizo eso como si él fuera basura que pudiese desechar, y papá lo usa para su beneficio, y él es siempre tan obediente y estúpido que no se fija que le están haciendo más mal… Es un idiota, un completo y patético idiota —dijo, limpiándose las lágrimas. Detestaba que el Barón usara sus sentimientos nobles en su contra. Sin querer le había hecho recordar cosas que ahora tomaban un sentido diferente.

Se lamentó terriblemente no haberle dado aunque sea una nota de felicitaciones por sus cumpleaños; no haber mostrado una actitud más agradecida mientras le curaba de sus heridas; no haberle hecho hablar un poco más para conocer sus deseos. Tan sólo se había empeñado toda su vida en pensar en sí mismo, hasta que se olvidó que Illumi también podía sentir y desear algo; el desdichado siempre ocultaba sus sentimientos por miedo, y él había juzgando mal esa actitud como otra forma de manipulación, cuando en realidad, sólo no sabía expresarse. Illumi estaba ahí, oculto tras todos los trucos de Nimrod, esperando por un poco de comprensión.

—Lo haré, acabaré con Nimrod, no me importa ya lo que deba hacer. Después, golpearé al idiota de Illumi por no haber sido franco antes y le enseñaré con mis puños que no vuelva a ocultarme nada.

—Así se habla. Bien, se lo debes. Alguien debería salvar a ese torpe muchacho que cayó en todas las trampas… nunca me siento perturbado por causa de los débiles, sólo por la gente que lucha sin ganar ninguna batalla. Y tu hermano es uno de esos. Alguien que merece una mejor vida.

El albino se limpió las lágrimas, asintiendo a las palabras de Alex. Esa era toda la inspiración que necesitaba escuchar para aceptar un reto tan grande como este. Se sentía fortalecido ahora. Por supuesto que tenía miedo de hacerlo, pero ya tenía más motivos para luchar y seguir adelante.

—Claro, eso no quiere decir que no me parezca horrendo tener que hacer esto con… con mi propio hermano. Quieras o no, es el cuerpo de Illumi el que está usando para hacer estas cosas.

El Barón se le quedó viendo, sorprendido por lo rápido que cambiaba de humor, de un montón de lágrimas a una fuerza emocional increíble.

—Bueno, Killua… sé que probablemente suene como a un grandísimo idiota, pero… ya que estás ahí, al menos podrías… no sé… podrías encontrarle el gusto, digo, es sexo, el sexo es placentero. Sé que es tú hermano, pero al menos, para que no sufras tanto, quizá deberías dejar tus paradigmas y disfrutarlo. Al fin de cuentas, lo que Illumi en realidad quiere es que satisfacerte.

Hubo un silencio prolongado en el que el albino mantuvo sus ojos en el hombre, mirándole como si fuera un bicho raro y luego suspiró.

—Tienes razón —se talló la sienes, la expresión de sorpresa del hombre sentado frente a él le sacó una sonrisa—. En verdad tienes razón… sonaste como un grandísimo idiota.

—De nada…

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Illumi viajó a la montaña, tenía la urgencia de interrogar a Kikyo. La estuvo buscando durante días por la casa, esperando la oportunidad para hablar con ella. Es que la mujer se la pasaba ocultándose de él, evitándolo a toda costa, esperando que el momento de hablar no sucediera y ella saliera bien librada como las veces anteriores.

Esta vez no tuvo éxito, aunque no tenía tanto miedo como antes. Estaba enterada de que Nimrod estaba siendo enjuiciado por la hermandad así que albergaba cierta confianza de verlo, tenía la esperanza de que aunque la amedrentara un poco y la hiciera miserable, en algún momento ese ente tendría su merecido y su venganza estaría completa.

—Madre… —le habló Nimrod, satisfecho de encontrar el momento para hablar con ella en el jardín.

Su sonrisa confiada, su postura, todo había cambiado la esencia de su hijo. Difícilmente podía reconocer a su primogénito a través de esos oscuros ojos llenos de maldad.

—Tú… hombre de la Y —se mantuvo firme, no quería que nadie notara su debilidad—. Me has encontrado ahora, ¿estás satisfecho?

—Mami, ¿recuerdas cuando decías que Killua traería el balance? Tenías razón, sabes. Agradezco la pista que me dejaste, ya lo estoy disfrutando mucho.

Soltó una carcajada escandalosa, Kikyo quiso retroceder, pero él la jaló por la muñeca. Se había esforzado mucho para ir tras ella y tener su entrevista con esa mujer, no iba a permitir que se fuera tan fácil.

—¿Qué le has hecho a mi bebé?, iré con Silva, él…

—¿Qué sabes de DaLozza, mujer? —la pobre no conseguía liberarse del agarre, miró con desconcierto al muchacho—, ¿te suena el nombre, verdad?, responde.

—¿DaLozza?, no sé de quién me estás hablando.

Si ella estuviera intentando mentir, él lo habría sabido. Era experto en emociones humanas, así que estaba seguro de que la respuesta de la mujer era completamente sincera. No había rastro de duda, ella no parecía ni siquiera haber escuchado hablar de DaLozza antes.

—DaLozza, el tipo que te ayudó a escapar con Silva hace años. Cuando fuiste a Tierra Sagrada a someter a los Asesinos.

El temblor leve de la mujer le fue trasmitido a través de su mano. Como si quisiera ocultar algo, y eso le dio confianza.

—Te has de referir entonces a Aydian, él fue quién me llevó y ayudó en…

—En tu escape, lo sé, lo sé —soltó su muñeca y se sentó sobre el barandal del kiosco en el que ambos estaban—. No me estás contando una historia íntima.

—¿Buscas a Aydian?, yo supe que le mataron después de que me ayudara a salir con Silva. Nunca más volví a verle, ¿ocurrió algo?

Volteó a verla con aburrición, lo último que quería era entablar una conversación con alguien que ignoraba de lo que hablaba. Se puso de pie y se despidió. Silva le había pedido que fueran juntos esta vez, a Tierra Sagrada, así que tenía trabajo por hacer.

No era que disfrutara mucho yendo a ese lugar, pero prefería tomarse con calma su nueva libertad, además, quería darles un descanso a los Iluminados, los últimos ataques habían resultado particularmente fuertes.

Llegaron al día siguiente a la isla. Para sorpresa de los presentes, dado que habían pasado bastantes años sin que Silva pusiera un pie en la ciudad de los Asesinos, y mucho se decía entre ellos, como si fuera una gran novedad social. Obviamente, el primero en ir a visitar a los Zoldyck en su residencia, fue Muath, el cual llegó con regalos, y llamando la atención, a diestra y siniestra.

—Cuándo me dijeron que Silva estaría aquí, no podía creerlo. Espero que se queden una larga temporada. A Illumi le vendría bien salir un poco.

Illumi se aguantó las ganas de salir corriendo lejos de ese tipo. Silva se aclaró la garganta, antes de hablar. Llevaba, desde la mañana, impresionado por la forma en que los hombres de la isla —tipos que había conocido desde su niñez y personas que conocía por su renombrado apellido— miraban y trataban de acercarse a su hijo. Incluso él se sintió tonto por no haberse dado cuenta de lo valioso que era su muchacho.

Le explicó a Muath que no estarían mucho tiempo. Silva había accedido a ir debido a que los nuevos cambios en las reglas de los Asesinos estaban comenzando a efectuarse y era preferente reunir a todos los contactos que tenían con la hermandad de los Iluminados; un grupo de apenas cuatro, los cuales que conocían los aspectos más importantes de la hermandad, y que de alguna manera podían ser escuchado gracias a los negocios importantes que mantenían con ellos. Muchos de los cambios nuevos estaban afectando seriamente en la economía de los asesinos, aunque cabe aclarar, en realidad se trataba de una repercusión de los ataques de Nimrod, y necesitaban que los líderes de la hermandad les tomaran con más seriedad. Habían recurrido a Silva como una muestra de su desesperación.

Esta era la verdadera razón por la que Silva había comenzado a cambiar de parecer en su idea de usar a su hijo mayor como herramienta para su regreso, porque creía que encontraría otro camino a través de esa necesidad de los Asesinos. Siendo sinceros, no le agradaba la idea de que esos tipos pusieran sus manos sobre ninguno de sus hijos. Sin importar si Illumi estaba de acuerdo o no, él los quería lejos de esos pervertidos. Gracias a tantos años actuando como padre en la distancia, tenía una percepción diferente sobre su relación con sus hijos; por tanto la culpa sobre su hijo mayor le carcomía.

Era difícil ver cómo actuaba el morocho. Era como si él hubiera nacido para coquetear, su postura, su ropa ajustada, el porte, e incluso sus gestos; tenía tal gracia que él nunca antes había notado hasta el momento en que lo vio de pie junto a Muath. El hombre no podía quitar la vista de él, y le sonreía como un idiota asintiendo a todo lo que dijera, luchando torpemente por congeniar con su hijo como si así ganara puntos para que Silva aprobara su relación. Definitivamente, fue incómodo.Y siguió siendo vergonzoso, conforme el desfile de hombres se iba dando. Adalfuns fue a visitarles por la noche, llevando regalos, al igual que Muath, pero con menos faramalla que el primero. Solicitando una audiencia privada para hablar de los detalles de negocios para poder adoptar a Illumi. El problema de Silva era que ya no encontraba el método para decirle a su hijo que no estaba de acuerdo con su persistente búsqueda por ser apadrinado, lo miraba de reojo en un tonto intento por llamar su atención y ver si dudaba de sus acciones. Claro, sin éxito alguno.

—¿No te parecería mejor casarte con alguna hija de un Asesino?, con tu popularidad podría conseguir a una chica hija de un alto mando —preguntó por la noche, cuando había despedido a la última visita del día. Mañana sería la primera reunión con el Concejo de Asesinos y tenía la esperanza de que la privacidad que mantendría con su hijo le ayudaría para descubrir alguna brecha que le ayudara a cancelar cualquier trato con otro Asesino, con respecto al futuro de Illumi.

—Papá, se supone que esto te conviene a ti. A ambos. No creo que sea bueno dejar pasar una oportunidad como esta —sus ojos brillaban ambiciosos—. Además, si lo que te preocupa es que me case, una vez que tenga un tutor nuevo, podría casarme con quien se me dé la gana…

—Sabes… si tú me dijeras que te quieres casar con una persona en especial, yo no te forzaría a estar con alguien con quien no quieras estar —se sentía abochornado de tocar esos temas, ni siquiera él en su juventud llegó a hablar de ello con su padre. Por lo que hablar de eso con su muchacho era difícil, tratándose de un tipo estoico y asocial a niveles estrafalarios, incluso sospechaba que la verdadera razón por la que lo hacía era por causa de su orientación sexual.

—Sí… supongo, pero este era el trato al que habíamos llegado el abuelo y yo. No me gustaría hacerlo enojar con esto.

—Illumi… temo preguntar esto, pero ¿alguno de ellos te gusta? —rogaba internamente que su respuesta fuera un no. No quería imaginar a su hijo en cama de alguno de sus compañeros de la infancia.

—No —contestó con firmeza, Silva respiró profundo, aliviado de escucharlo—. Pero yo a ellos sí, y mucho —su risa al final, no le dio nada de confianza, lo hizo sentir como si estuviese hablando con una persona que no conocía. Illumi parecía todo menos alguien que tuviera experiencia en el arte del coqueteo.

—Lo importante para mí, es lo que tú quieras.

—¿Por qué el cambio papá?, ¿le temes a algo?, no te preocupes por mí, ya no soy un niño. Sé lo que estoy haciendo.

Y esos días le demostraron cuán serio iba al respecto. Dejó de pensar en lo que su hijo hacía, le resultaba perturbador. Las reuniones se volvieron peores de lo que se imaginó, de hecho, se dio cuenta que había ido a perder el tiempo y a recibir miradas acusadoras cada vez que abría la boca para advertir asuntos sobre los Iluminados. Lo único que consiguió al final, fue un "bienvenido" por parte del Concejo de Asesinos. Una especie de perdón temporal mientras durara su visita, con el afán de hacerle partícipe de las reuniones y sacarle tanta información posible. Quizá lo más rescatable para su beneficio, fue que pudo ir a visitar a su mejor amigo de la infancia.

Había escuchado por boca de su padre, que Joab le había tomado cierto cariño a su hijo mayor; lo cual le parecía algo extraño debido a que por años creyó que su antiguo amigo debía odiarlo, después de tantas desgracias ocurridas en el pasado, sobre todo cuando el Jaco intentó justificarle frente al Concejo de Asesinos, sólo para quedar como un tonto. Sin embargo, le pareció agradable saber que su amistad no estaba del todo perdida.

Joab casi se desmaya cuando vio a Silva entrar hasta la sala donde él se encontraba, había ido sin Illumi, lo cual le devolvió la sangre a las venas, de lo contrario no hubiese sabido cómo lidiar con ambos Zoldyck. Su viejo y su nuevo amor reunidos en su casa habría sido una pesadilla.

—Los años han pasado ya sobre ti eh, vaya que has crecido —le dijo Joab, invitándolo después a entrar y charlar, tenían mucho de qué hablar.

Si Silva se había atrevido a ir, fue porque tenía el perdón temporal, lo cual suponía que su presencia no representaba una vergüenza. Eso no quitaba que seguían viéndole como si fuera peligroso, pero era mejor que nada.

—Escuché que te dejarán trabajar con Roboam para los asuntos de los Iluminados, me da gusto que hayas sido tú y no el idiota de Ender —le dijo Silva—, no hubiera querido lidiar con él, es un dolor de cabeza como su tío. Además Roboam necesita ayuda y su hijo todavía es muy joven como para asistirlo.

—Ender es el fan número uno de tu hijo, ¿lo sabías?, parece que se volvió a la religión "Illumi" desde que comenzó a buscarle.

—No seas ridículo, Joab. Ese tipo es como su tío, un cretino que se cree superior al resto —se acomodó en su asiento, colocando los pies sobre la mesita para café, misma en la que Joab también descansaba sus piernas.

—No estoy bromeando, deberías echarle un vistazo. Busca a Illumi, le pide consejería e incluso se le ha visto cargando libros que, según cuentan las historias, han sido recomendados por tu hijo. No sé qué le hizo Illumi, pero vaya que debió marcar su vida.

—¿Por qué ahora todos conocen más a mi hijo de lo que yo lo conozco? —se quejó en voz alta, esto era algo que rondaba bastante por su cabeza, y no lo había querido aceptar. Cosas como esta, sólo le echaban en cara lo muy mal padre que era.

—Ay Silva, ¿qué te quejas?, es tu karma. Zeno jamás imaginó que terminarías escapándote con una Iluminada y menos que volverías hasta que la dejaste embarazada. Maldito caliente hijo de perra. ¡Al fin lo dije! Me siento de maravilla.

—¿Caliente yo?, ella fue la que empezó…

—Nunca quise saberlo… —bajó la mirada, apenado por los recuerdos—, pero creo que ya estoy listo para escucharte.

Silva le sonrió. Hacía años, él había intentado contactar con Joab, disculparse con él y aclararle los sucesos, pero Joab se había escabullido, sumido en su depresión. Se escondió hasta que Silva comprendió que no quería hablar con él y lo dejó pasar sin hacer más esfuerzo.

—Tal vez otro día.

—¡No jodas! —volteó a ver a sus sirvientes—, trae el narguile, esto tiene que tomarse con calma.

—Ya no fumo. Soy un padre de familia —dramatizó en son de broma.

—Sólo escuché que eres pendejo, pero los pendejos también fuman. No me dejes en mal, tenemos años sin hablar…

Ahí escuchó la historia de cómo Silva había sido atacado violentamente, librándose por poco de la muerte, cuando esa mujer confesó que su presencia le recordaba a un tipo que ella conocía en sus sueños. No quiso dar muchas explicaciones, puesto que la historia que guardaba aun le parecía reciente, no podía sacarla de su mente. Las dudas que Kikyo le despertaban le hacían desear huir de su lado, sin embargo, esto no lo diría frente a Joab, tenía miedo de que al final no le creyera. Así que desvió, tan pronto como pudo, la conversación a algo más agradable.

Se quedaron hablando hasta la madrugada; durmió en casa del Jaco, y a la mañana fue a buscar a Illumi que recién regresaba del coliseo con buenas noticias. Justo lo que Joab le había dicho la noche anterior, Ender estaba detrás de él, buscándolo insistente. Sólo atinó a reírse cuando su hijo le avisó que había pasado la noche hablando con el sobrino de Caín, de todas las cosas increíbles que esperaba encontrar, esa era la última de todas. No sólo porque Ender no le agradaba, sino porque dicho sujeto se comportaba obediente y elegante con su hijo, era como otra persona. Le daban escalofríos.

Por otro lado, Nimrod, esa temporada, que había empezado tan agradable, en la que se había encontrado tan lleno de vida, gracias al tiempo que había compartido con Killua, se tornó una pesadilla cuando, una mañana, recibió un mensaje a su celular, era un mensaje que provenía del mismo peliblanco. Con una sola palabra:

«Illumi…»

Su mente comenzó a divagar en lo que pasaba, imaginó cómo fue que el niño escribió y envió ese simple mensaje; es decir, se había animado a mandarlo pese a que él sólo se dedicaba a abusar de su cuerpo. Se preguntó qué era lo que quería conseguir con ello, si se encontraba bien, o si era un mensaje de emergencia. Y todo se fue abajo. De nuevo comenzó a sentir ansiedad por verlo, se volvió torpe y distraído. El hambre por Killua se tornó en una terrible carga, y pensar que sólo había bastado un mensaje para volverlo inestable, y arruinar todo su trabajo. Definitivamente quería vengarse, pero no podía. Su cuerpo, o mejor dicho, el cuerpo de Illumi le pedía a gritos descubrir el motivo tras ese mensaje; protegerle y darle todo su amor. Con mucho trabajo, consiguió salir bien librado de Tierra Sagrada y correr en busca de Killua.

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El Barón le había dicho al albino que tiempo era lo último que tenían, y Killua había jugado bien su carta al mandar el mensaje, habían apostado que Nimrod no podría ignorarlo, y habían acertado.

Killua llevaba días sin poder dormir. Salía con Alluka y seguía con la ansiedad. No quería ver a Illumi no lo quería, pero no podía evitarlo. Constantemente, abatido, pensaba cuánto había sufrido su hermano a causa de la familia; cuando el morocho, de entre todos, era quién más se esforzaba por ellos. Incluso cuando lo analizó en retrospectiva, él a los doce años se había ido de casa y estaba orgulloso de ello, pero Illumi, a sus doce años, cuidaba de un bebé. No podía imaginar lo difícil que debió ser. De sólo pensar en él cuidando a un bebé le hacía sentir escalofríos, la palabra «aburrido» sobresalía en su cabeza. Illumi había perdido una etapa interesante en su vida, gracias a él, a su nacimiento. Meditar tanto en los sufrimientos de su hermano, era lo que en verdad le había quitado el sueño, angustiado por consolarlo, por ayudarlo a enfrentar sus problemas por primera vez en su vida, quería recuperar el tiempo perdido y curar las heridas. Quería abrazarlo, pero primero, debía salvarlo de Nimrod, y salvarlo de él mismo.

—Escúchame Killua, cuando tu hermano llegue, quiero que me mandes un mensaje vacío, no pongas nada, yo entenderé lo que quieres decir. Tomaré a tu hermana y nos marcharemos a un lugar seguro, así tendrás que esforzarte sin preocuparte por lo que le ocurra. Sé que yo no le agrado a ella, pero siendo honestos, Semiramis está más segura conmigo que contigo, yo sé cómo tratar entidades.

—De acuerdo… —se había mentalizado todo este tiempo para no fallar, no echarlo de su recámara, y tras reflexionar le nació una duda importante— ¿cómo sabré que mi trabajo ha terminado?

—Es fácil. Primero, ya no te sentirás amenazado por él ni por su presencia, y de pronto, un día, Illumi no podrá despertar; probablemente tendrá mucho sueño y dormirá por horas, quizá días y seguramente tendrá mucha fiebre por causa de los recuerdos que regresarán a él. Cuando eso suceda, háblame, ¿entendido? Seguramente querrás saber qué diablos hacer, y mientras él está en cama, podría tomarme el tiempo para cerciorarme de que tu hermano esté volviendo de su mundo astral. Así daré aviso a la hermandad para detener sus ataques…

Esa había sido la instrucción. Esperaba esta vez no ser débil, no perder ante el tipo que le había arrebatado su vida y a una persona importante. Estuvo aguardando por varios días después de haber mandado el mensaje, permaneciendo despierto, en alerta, creyendo que en cualquier momento entraría por una ventana o le llamaría, y en lugar de eso, sólo se quedaba frustrado por la mañana, viendo que nada cambiaba. Fue así hasta que una noche no aguantó más y se quedó dormido, profundamente cansado, ni siquiera era muy noche cuando sus fuerzas cedieron, lo que demostraba que en realidad ya no podía permanecer despierto.

Nimrod había pasado el día vigilando a distancia la habitación del muchacho, esperaba ver alguna señal externa que delatara si estaba en peligro, si lograba intuir qué era lo que lo había llevado a mandar el mensaje. Vio que salía con Alluka y luego volvía sin más. Lo que le llevó a pensar que le había mandado ese mensaje por una motivación diferente, una que le hizo estremecerse y agonizar: estaba pensando en él.

«Pensando en mi… pensando en lo que le hago sentir», se sonrió, después de todo, él sabía bien cómo forzarlo a disfrutar. Tomó la decisión de ir a su recámara cuando ya era de madrugada, y las luces continuaban apagadas, quería darle una sorpresa.

Entró por una ventana, asegurándose de no ser visto por nadie y se detuvo cerca de la cama, observando al albino acostado, boca-arriba, con las sábanas revueltas dado que se había recostado sin fijarse en detalles, estaba tan cansado que ni siquiera se había puesto algo cómodo para dormir. Lo miró con deleite, traía puesta una camiseta de manga larga y pantalones, como si hubiese aprendido a no mostrar su cuerpo sin permiso. Al observarlo más detenidamente, tuvo que reconocer que era un chiquillo muy atractivo, con un cuerpo maravilloso, y unas facciones seductoras.

No lo resistió más, se subió a la cama, acomodándose sobre su cuerpo, respirando su dulce aroma, repartiendo tibios besos en su cuello, desabotonando su camiseta, para encontrarse con otra más, una de tirantes. Killua comenzó a moverse, entre sueños, todavía no lograba darse cuenta de lo que estaba pasando. Despertó hasta que sintió la lengua de Illumi lamiendo su cuello hasta llegar a su oreja.

Se atemorizó, e instintivamente quiso empujar a su hermano, pero este tomó una de sus manos y la besó.

—¡Pobrecito!, estás tan cansado y yo vine a despertarte.

Killua enrojeció, la sensación en su cuello, junto con esa voz, le hizo confundirse entre la fantasía y la realidad, bien podía ser que se encontrara en una de esas recurrentes pesadillas que últimamente tenía. Lamentablemente no fue así, y el beso en sus labios le hizo darse cuenta de la realidad. Por supuesto que lo primero que deseó fue echarlo de ahí, sólo que se resistió. Esta vez estaba preparado mentalmente para dar batalla real y no sólo dejarse llevar por sus emociones.

«Illumi, él no es Illumi…», pensó para darse aliento.

A-aniki… lo siento, no creí que fueras tú.

—¿Si no soy yo, quién más? —se rio suavemente—, no podría permitir que alguien más te tocara.

Dicho esto, procedió a continuar con su labor, desabotonando el resto de su camisa y pantalones. El pulso de Killua se aceleró e ideó algo para intentar salvarse de su hermano.

—¿Podrías… podrías detenerte?, ¿podrías, sí? —detestaba sonar nervioso, pero era inevitable.

—¿Detenerme?, ¿por qué?, me muero de hambre por ti, no creo resistir tanto tiempo.

Se apartó del niño, colocándose a su lado, observándolo a través de la oscuridad. Deseó encender la luz, y se levantó de la cama para hacerlo. Killua aprovechó el momento para sentarse, y acomodarse la ropa de vuelta.

—Alto ahí —tronó los dedos.

La voz de Illumi le paralizó

—¿Por qué te vistes de nuevo?, no seas tramposo, hermanito. Sólo tengo dos horas y cada segundo es valioso para mí.

—Pero… pero aniki… Podríamos hacer otra cosa, ¿no?, algo diferente —se estaba presionando para sobrellevar la noche lo mejor posible.

—¿Sí?, ¿cómo qué cosa quieres hacer? —preguntó sin interés de conocer la respuesta, de igual forma regresó la cama, acomodando las cobijas a un lado, y volviendo a desabotonar la ropa del muchachito.

—Eh —aquel movimiento le había hecho temblar, su hermano volvía a quitarle la ropa, justo como las veces anteriores, y antes de que terminara de desnudarle recuperó el hilo de sus ideas—. Podríamos… podríamos hablar un poco, ¿no crees?

—Hablar —susurró, recorriendo con sus manos las piernas del albino hasta tomar el filo del pantalón de Killua y comenzar a bajarlo—, ¿de qué quieres hablar?

—De… —pese a que no se detenía, no perdía la esperanza, esto era lo más lejos que había llegado hasta ahora—, ¿cómo estuvo tu día?

Se lamentó la pobreza de la pregunta, en realidad no tenía ningún tema de conversación con su hermano.

—¿En serio quieres hablar de mi día?, ¿o es esta una adorable táctica para distraerme y hacerme perder mis dos sagradas horas en una conversación trivial que me dejará con hambre? —Killua tuvo que recordar que no estaba hablando con un tonto, su hermano no era fácil de engañar, y ciertamente tampoco lo era un espíritu de miles de años.

El jalón fuerte en sus pantalones le hizo recordar que iba en serio, que de nuevo abusaría de él, engañando la mente de su hermano. Debía esforzarse más, aunque ya era tarde, le había vuelto a desnudar por completo.

—Sí, claro que sí… yo, tengo mucho que no sé sobre ti.

—Ah… —recostó al niño en la cama, paseando sus manos por su pecho, abdomen hasta casi llegar a su entrepierna—, mi día es aburrido hermanito. No he hecho otra cosa que trabajar para papá y hacer cosas de asesinos. Nada que no conozcas ya —continuó su recorrido acariciando su entrepierna.

Hizo un esfuerzo sobrehumano para desviar sus pensamientos del hecho de que su hermano lo tenía desnudo y que estaba comenzando a masturbarle sin ninguna inhibición.

—Mejor cuéntame tu día. Apuesto que tú haces cosas más… interesantes —bajó por su cuerpo besando su abdomen, satisfecho por las reacciones del menor—, ¿a dónde fuiste?

—Yo… —tragó saliva— llevé a Alluka al zoológico, ella quería ir.

—¡Qué tierno! —se distanció un poco, acomodándose entre las piernas de su hermano—, ¿te gustan los animalitos?

La voz del morocho sonaba tan molesta a sus oídos, sobre todo cuando no se detenía en su empeño por tocarle; sus manos, sus labios, su lengua, paseaban por su piel, sentía como esos negros ojos recorrían ávidos cada parte de su cuerpo y le hacían perder la concentración.

—Sí… ah…

Puso una mano en su boca, Illumi lamía su erección, provocando que su respiración se acelerara. Repentinamente ya no quería tener esa conversación, sólo se distraía a sí mismo y permitía que su cuerpo reaccionara al gusto de Nimrod.

—Mmm…

Le encantaban esas reacciones, tan inconscientes, levantaban su ego, se sentía el rey todo poderoso del placer.

Killua intentó mantener el hilo de la conversación tanto como pudo hasta que se convenció que no importaba en realidad, Nimrod no le prestaba atención a la plática, sólo quería seguir tocándolo de ese modo.

—¿Lo ves Kil?, no podemos platicar si estoy a punto de entrar en tu cuerpo —murmuró en su oído, provocándole escalofríos.

—¡No-no!

Ya había tenido suficiente con todo lo que le había hecho hasta ahora, no quería continuar, pero se repitió que debía resistir «diez días», se dijo, y gimoteó.

—No estoy listo, no lo estoy…

—Claro que sí, ya te he preparado lo suficiente —contestó mientras tomaba sus muslos para levantarle las piernas—, nunca te lastimaría hermanito, ¿qué no ves que adoro hacerte el amor?

Apretó las sabanas mientras sentía como penetraba su cuerpo. Cerró los ojos, en un intento de no dejar que Nimrod le viera llorar, no iba a llorar frente a esa maligna entidad, jamás le volvería a dar ese gusto. Respiró hondo, si Nimrod no quería que en realidad esto fuera placentero, si no traumatizante, entonces le daría lo contrario. Abrió los ojos, los enfocó en el rostro de su hermano, con su respiración agitada, se mantuvo así, mientras este comenzaba a moverse.

«Pensó— ¿cómo puedo volver esto en algo que Nimrod no quiera? —él era inteligente, se aseguraba de que Killua al menos sintiera un poco de placer mientras le hacía todo aquello. ¿Qué era lo que Killua debía hacer para que se viera amenazado? Y aun haciéndolo, temía que huyera de él al darse cuenta de sus planes».

Cerró los ojos, concentrándose en la sensación. En verdad, era agradable, cálido, sus piernas se tensaron cuando el miembro de su hermano comenzó a rozar un punto sensible dentro de él. Podría jurar que había enrojecido completamente, y decidió ignorar el hecho de que era vergonzoso.

«Esto… se siente… bien» se dijo mentalmente, quería convencerse de eso. Ya el barón le había dicho que el sexo era placentero. Tal vez esa idea de "dejar sus paradigmas y disfrutarlo", no era tan mala, considerando que precisamente esto era lo que Nimrod no quería que él hiciera.

Nimrod estaba asombrado, Killua estaba comenzando a ceder sin necesidad de usar el lenguaje con él que lo había forzado a excitarse. Aunque se había asustado al notarlo, no podía parar, aquello le estaba comenzando a gustar. El albino era por demás excitante, incluso no podía comprender cómo era que su anfitrión había logrado resistir tantos años sin recibir nada a cambio.

Killua consiguió lo impensable, tuvo un orgasmo por su propia voluntad. Incluso él no podía creerlo, había logrado dejarse llevar por los movimientos en sus caderas y las manos que constantemente le masturbaban y acariciaban. Descubrió que estaba completamente agotado, sólo que su hermano, no se detenía, incluso ahora era más rudo, estaba casi llegado a su clímax, y tuvo que resistir hasta que sintió que había terminado.

«Maldición…»

Olvidaba que lo tenía en esa posición, y ahora, su interior estaba lleno de ese desagradable fluido. Quería morirse, echar a Illumi de ahí, y volver a encerrarse a llorar un día entero sin la compañía de nadie. Darse una larga ducha y sufrir en silencio por días.

«Él te amaba, y te ama, dentro de él, eres el único en su familia que le dio algo de afecto y tocaste su corazón, está asustado, confundido creyendo que está enamorado de ti y…»

La voz del Barón resonó en su mente, más fuerte que nunca antes.

«Descubrieron que en secreto, Illumi te curaba y protegía…»

Alzó la vista, mirando como Illumi se levantaba de la cama, recogiendo las prendas del suelo y colocándolas junto a él. Todo de forma mecánica. Se arreglaba, se peinaba el cabello y le sonreía con malicia.

«Estaba tan asustado de sentir apego por ti, creía que estaba cometiendo algún crimen contra la familia al cuidarte, así que lo hacía a escondidas».

—¡Espera! —alzó la voz, temeroso, sus emociones se habían fortalecido. Esta vez, no pensaba perder frente a Nimrod, no, liberaría a su hermano. Su verdadero hermano.

Illumi se congeló antes de poder poner la mano sobre la puerta. Podía ser Nimrod, el rey de Babel, pero la voz del albino regía sobre su vida, sus deseos y necesidades. Recordó que si había ido hasta allí se debía a un simple mensaje de celular. Se giró para ver al niño, que estaba cohibido entre las sábanas, cubriéndose torpemente con la camisa que le había quitado.

—No te vayas… aniki

—¿Este es otro de tus juegos? —suspiró—, Kil, no voy a perder mi sagrado tiempo, no quiero desperdiciar mis oportunidades de estar contigo. Podrías intentar otro juego, después, en la siguiente visita.

—No es nada de eso. Lo juro. Es…

—El mensaje, ¿es eso?, ¿qué era lo que querías?

—¿Mensaje? —había olvidado que le había escrito. Ese mensaje lo había enviado por sugerencia de Alex, sólo era una táctica para atraer la atención del ente de Nenaniki…, ¿podrías quedarte a dormir?

Trepidó al escuchar esa pregunta. Killua le estaba pidiendo que se quedara más tiempo, tiempo en el que podía debilitarse. No obstante, verlo de rodillas sobre la cama, nervioso, tembloroso, desnudo y apetecible, en definitiva era imposible decir que no a su invitación.

—¿Por qué me quieres aquí?, ¿vendrán tus amigos a matarme?, ¿planeaste algo nuevo y divertido para arruinar tu oportunidad?

—¡Nada eso!, ya te lo dije.

Vaya que le estaba costando el aliento expresar esas palabras, era complejo pedirle a la persona que acababa de abusar de él, que se quedara más tiempo. Preferiría arrojarse a lava hirviendo, sólo que perder a Alluka tampoco estaba entre sus planes.

—No te haré perder tu tiempo, podrías volver luego, no pienso matarte es sólo que…

—No pienso quedarme. Prefiero no arriesgarme.

—¡Aniki! —tuvo que hablar fuerte; esta vez, se levantó de la cama, jalando las cobijas para cubrir su desnudez y aproximarse a Illumi antes de que este se marchara—, no te vayas, por favor…

—¿Qué ocurre niño?, ya habla.

Aniki… es que…

El Barón le había aconsejado lo que debía decir. Lo había repetido muchas veces en su mente, este era el momento, debía aprovechar el consejo.

—Vienes, y te vas así de simple…, ¿es tan fácil dejarme así después de…? Bueno… —se le había olvidado todo el discurso, era más difícil de lo que había calculado—, siento que me usas, siento que… sólo soy un objeto sexual para ti. Vienes y me usas y luego te vas… —bajó la mirada, en verdad, así se sentía, pero tampoco era como que quisiera que él se quedara. Al menos la tristeza que le mostró era autentica.

—¡¿Qué demonios?! —escuchó que exclamaba, Illumi lo tomó de una de sus muñecas— Kil, mírame. Mírame, ¡ahora!

Las emociones de Illumi se habían vuelto locas cuando escuchó esas palabras, se había alterado terriblemente, no podía permitir que las cosas se salieran de control.

—Kil, escúchame con atención. Yo te hago el amor, te muestro mi veneración, no te uso… no rebajes a sexo todo mi esfuerzo nunca, ¡nunca!, ¿lo entiendes?

—Pero…

—Me quedaré está noche, ¿eso te haría feliz?

—Sí…

—Perfecto, ven.

Lo tomó del brazo, recogiendo de vuelta la ropa del niño, y acomodándola a un lado, pasándole la ropa interior, luego se quitó la camisa que traía puesta y se la puso, como sugiriéndole que durmiera con eso. El menor obedeció aun no muy convencido.

—Así estarás más cómodo, no quiero que duermas con toda esa ropa… además, honestamente, te ves muy sexy… podría volver a hacerte el amor.

Killua le dirigió una mirada acusadora. No quería pasar por eso una vez más, al menos no por esa noche, ya se había hecho consciencia de que esto sería algo que tendría que resistir.

—No lo haré, descuida. Estoy satisfecho por esta noche —despeinó sus blancos cabellos— ahora, sube, vamos a dormir.

Se recostaron en la cama, guardando un tanto de distancia entre ambos. Con cuidado, porque no quería provocar a su hermano, tenía miedo que sus roces, se volvieran otra cosa.

—Kil… dime la verdad, ese mensaje…

—Quería verte —dijo, ya cubierto por las cobijas, evitando su mirada— por favor, sólo durmamos.

Nimrod tenía otra duda más, ¿qué pasaría en la mañana?, después de todo, Killua estaba cuidando a Alluka o eso se suponía. Si su hermana llegaba y los veía, seguramente se volvería un problema, pero no podía preguntarlo porque se suponía que había prometido que no hablarían de ella. No era tan sencillo como eso, miró que el pequeño poco a poco comenzaba a relajarse y se dejó llevar. Dormir junto a él era muy agradable, le hacía sentir en casa.

Vaya! Me han sorprendido, Yuuki y yo creíamos que eramos los únicos por este rumbo.

Muchas gracias Shirosakurai, Yuuki, rukiakuran1997 por sus mensajes!, fue increíble. Les dejé una respuesta en sus bandejas de fanfiction, ojalá les hayan llegado!

Yuuki: Ya te estoy escuchando quejarte injustamente *llanto* Ya te expliqué que yo cuento 15 páginas y corto el capítulo, no es como que quiera dejarlo a medias. En cierto, muy retorcido modo... quería un poco de NimKillu, es horrendo, pero sñdjskdjs mi pobre Killua bebé, ya no es virgencito otra vez *llanto* me la he pasado muy triste por él, pobrecito. Todo por culpa de Nimrod. Yo estoy muy ansioso por llegar al final de ésta larga novela, la que sigue es pura cursilería, no creo que nadie quiera leer eso. Descuida, mi maldad fue activada hace mucho xD y te cuento que lo que estás leyendo es una historia de mi maldad hace dos años. Y descuida, ya se que AY está haciendo las cosas mal, desde siempre. No te preocupes. Me alegra mucho saber que la pasaste bien en tu cumpleaños, y me sigo riendo de haberte trolleado por el chat de tumblr cuando te dije que había porno...

Un agradecimiento especial a KaiD23 mi maravillosa beta, por sus correcciones.

Nos vemos el 16 de Marzo con más aventuras. Gracias por el apoyo.'.