Va, esto se está calentando.'.

Qué es justicia, e injusticia. En esta ley de naturaleza consiste la fuente y origen de la JUSTICIA. En efecto, donde no ha existido un pacto, no se ha transferido ningún derecho, y todos los hombres tienen derecho a todas las cosas: por tanto, ninguna acción puede ser injusta. Pero cuando se ha hecho un pacto, romperlo es injusto. La definición de INJUSTICIA no es otra sino ésta: el incumplimiento de un pacto. En consecuencia, lo que no es injusto es justo.

-El Leviatán, Thomas Hobbes-

93 en Babel

Capítulo 27

A la mañana siguiente despertó alarmado, preguntándose cómo demonios le habían convencido a hacer algo que iba en contra de su verdadera voluntad; arriesgando su fuerza. Satisfacer a su anfitrión sólo le colocaría en la peor desventaja posible. Se levantó de la cama, cuidando de no despertar al peliblanco, aunque sin éxito; el menor estaba alerta incluso mientras dormía; esperando el momento en que su hermano se levantara para evitar que se marchase.

—Me voy —le anunció con seguridad—. Debo ocuparme en otros asuntos.

—¿Tan temprano?, no creo que necesites irte tan pronto.

Lo miró, incrédulo de lo que escuchaba, ¿en verdad Killua le estaba sugiriendo que se quedara?, creyó ser víctima de una mala interpretación de su mente, ese niño debía odiarlo, repugnar su sola presencia; no debería estarlo invitando a quedarse más tiempo del acordado.

—Kil, seamos honestos. Tú en verdad no me quieres tener aquí, no te he pedido que me des más de lo establecido, y no necesitas engañarme.

—Nunca he dicho tal cosa. Ya te lo dije, no estoy mintiendo.

Ver esa actitud en el morocho, tan precavida y temerosa, le hizo darse cuenta de la ventaja que tenía. Nimrod no podía negarse a él, estaba imposibilitado a marcharse sin más, pese a que le afectaba. Lo mejor era que, implícitamente, le estaba diciendo que temía a su compañía. Esto a su vez significaba una sola cosa, que estaba haciendo justamente lo que necesitaba para debilitarlo.

—¿No?, ¿no tienes algo más por hacer?, alguien podría venir a verte.

—No. Alluka fue a un campamento, me rogó mucho que la dejara ir sola, y yo… bueno, quería aprovechar estos días.

—¡¿Días?! —exclamó—, ¿estás bromeando?, no puedo estar tanto tiempo aquí.

—¿Me dejarás solo? —lo miró fingiendo tristeza.

Su actuación tuvo que ser muy buena, ya que el ente no pudo negarse una segunda vez.

—Kil, ¿para qué me quieres?, si me quedo aquí —lentamente fue empujándolo contra el colchón— querré hacerte el amor no una vez, si no varias veces más. Eso creo que no te vendría bien.

«Tragó saliva— se está esforzando el hijo de puta por hacer que lo rechace —se dijo, y misteriosamente, eso le hizo sentir mejor, como si tuviera el poder sobre ese ser que lo acechaba. Ya no se intimidaba sólo por estar en desventaja»

—E-está bien, yo… no me dejes solo, eso es todo lo que te pido.

Nimrod se alejó. Confundido con la respuesta, de algún modo preocupado por lo que el menor estaba sufriendo.

—De acuerdo, creo que algo te ha afectado severamente, y es mi deber asegurarme de que vuelvas a la realidad, hermanito.

Esperaba que al usar esa última palabra, Killua recordara que estaba tratando con su hermano mayor, y forzarlo a desistir, pero la sonrisa del menor, no sólo lo convenció de que sabía lo que hacía, también derritió su corazón. Ese niño era encantador, adorable, deseaba estar con él, besarlo nuevamente. Cosa que hizo con extrema delicadeza.

—Está bien… —susurró el albino una vez que su hermano se separó de sus labios— Puedes hacerlo. Prométeme que no te irás, ¿de acuerdo?

—Lo prometo —respondió, ni siquiera él mismo supo de dónde vino esa respuesta. No de él, de Nimrod, eso estaba seguro—. Pero primero, iré a darme una ducha rápida, ¿está bien si uso tu baño?

—Eh… sí, sí, está bien.

Se dio la vuelta, y fue directamente al baño. Killua esperó paciente, hasta que escuchó el sonido de la regadera. Entonces se levantó, buscó su celular y mandó el mensaje al Barón. Esta era la señal, Alex tomaría a su hermana y la llevaría a un refugio seguro, y de ahí, esperarían hasta que Killua avisara del cambio, o que sus planes volvieran a fallar. Por el bien de todos, más le valía que no fuera así.

Luego se vio, en el reflejo de un ía puesta la camisa de Illumi, y se horrorizó. Se la quitó, y notó las marcas en su cuello y piernas. Volvió a sentir nauseas, no era agradable verse de ese modo tan vulnerable. Se quedó revisando las marcas rojas de su cuello, esas huellas oscuras, en áreas muy delicadas de su piel, le hacían recordar que habían sido hechas con unos labios ardientes de deseo por él. Miró a un lado, pensando con asco la situación. No quería volver a verse en un espejo, no así. Se echó a la cama y esperó hasta que su pesadilla saliera del baño.

—Iré a bañarme.

—Sí, está bien.

—No te irás, ¿cierto?, me prometiste que estarías aquí. No lo olvides.

Illumi lo miró nuevamente con recelo. Era como si ese chiquillo hubiera leído su mente justo en ese momento, cuando pensaba escaparse de él, y ahora le había impedido la posibilidad.

«¿Cómo es posible que un ser como yo no pueda negarme a sus deseos?», se preguntó angustiado. No soportaba la idea de que la voluntad del albino lo sometiera, cuando él ya tenía suficiente poder para controlar y dominar naciones completas.

—Lo prometí, hermanito.

Killua había llevado su celular consigo, poco antes de que el ente saliera, no quería darle oportunidad de que revisara sus contactos y encontrara más información sensible. Y al terminar, pese a que no quería salir del baño, tuvo que hacerlo.

Ahí estaba él, iniciando la complicada travesía de hacer amistad sin desearlo. ¿Cómo podía mantener al ente ahí cuando tampoco él lo quería?, no tenían nada en común, no había tema de conversación qué tratar, ni siquiera albergaba el ánimo para ello. No podía soportarlo y, aun así, debía esforzarse. Al menos el barón le había dado pistas en su relato, las cosas que Illumi disfrutaba hacer y que Nimrod compartía con él.

—¿Tienes hambre? —le preguntó Nimrod cuando el albino ya estaba vestido.

—Mmm… —no sabía qué responder, normalmente perdía el apetito después de pasar una noche con él.

—Tomaré eso como un sí, debes comer. Además yo si apetezco algo, ¿tienes comida guardada?

La expresión silenciosa del albino le indicó que ni siquiera estaba consciente que había rentado un pequeño departamento con una cocina.

—Olvídalo. Vamos a comprar comida y de ahí iremos al centro comercial, quiero ropa nueva y preferiría comprar algo decente para cocinar.

—Olvidaba que cocinabas… —confesó distraído, en realidad era Nimrod el que cocinaba, pero tras varios años en esa posición, resultaba complicado diferenciar entre las actividades de su hermano y las del ente de la Y.

Caminaron al centro comercial, y se detuvieron a desayunar en algún sitio que Nimrod señaló como atractivo. Killua iba desganado, pretendiendo tener interés en Illumi; en su presencia. Ni siquiera sabía de qué hablar con él, hacía preguntas al azar, sin pensar si eran tontas o no, sólo quería mantener alguna especie de conversación, y llegó al punto en que era obvio que no tenían nada de qué hablar. Tuvo que convencerlo en quedarse varios días, y forzarlo a comprar ropa de más para que no tuviera excusa de marcharse; le insistió hasta que regresaron al hotel. Ahí acomodaron todo en silencio.

Nimrod no había querido decir nada porque estaba esperando descubrir cuál era el supuesto interés del niño en hacerle permanecer por tanto tiempo a su lado. Tenía curiosidad por entender el motivo de su obstinación; no sospechaba que Killua deseaba arruinar sus planes porque veía al albino tan inferior al él que no creía que fuera capaz de comprender su mera existencia. En cambio a él comenzaba a divertirle molestarlo con sus indirectas sexuales.

—No tienes por qué fingir que me quieres tener aquí, ¿cuál es el punto en mantenerme en este cuarto contigo si me detestas tanto?

—¡Que no te detesto!, ya deja esas ideas, ¿quieres?

—Entonces, Kil, ¿qué quieres hacer?

Difícil pregunta, Illumi se había acomodado en la sala, sentado en uno de los sillones, con las piernas extendidas a lo largo del mismo, y lo miraba burlesco, como diciéndole "vamos, no tienes nada qué decirme, sólo me quieres hacer perder el tiempo y las cosas no te funcionan".

Entendía lo que tenía qué hacer, pero tenía sus dudas. Dado que dentro de ese cuerpo habitaban dos personalidades, estaba inseguro de su plan, quizá este sólo funcionaría con Illumi y no así con Nimrod.

—Has desarrollado muy buenas técnicas —interrumpió—, me alegra ver que todo lo que se te enseñó desembocó en algo positivo. Mi Nen es manipulador, no me resultaría sencillo hacer eso que haces con la electricidad, pero en verdad se nota que tienes un talento impresionante.

—¿Gracias?

—Aunque por la forma en la que lo usas… me dice que no puedes expandirlo mucho.

Killua permaneció en silencio, a la expectativa de ese cambio. El tipo quería conversar, eso era bueno, al menos no se aburriría infinitamente.

—Por tu expresión deduzco que he atinado, ¿ya has pensado en trabajar en eso?

—No, no realmente. He tenido otros asuntos qué atender.

—Sé que te dije que no te entrenaría, y no lo haré, pero puedo darte algunos consejos al respecto. Si quieres, claro está.

Y ahí estaba la naturaleza de Illumi, su maestro dispuesto a ayudarle a progresar. Esa invitación era mejor que nada, y además, debía reconocer que alguien tan experimentado y serio como lo era su hermano, no le daría un montón de consejos sin comprender sus habilidades. Quizá Biscuit había sido una excelente maestra hasta ahora, pero ella no conocía los detalles de sus entrenamientos en casa, así como sus capacidades ni defectos. En cambio, Illumi y Nimrod, sí, y podían enseñarle basado en cosas que él sería capaz de comprender a profundidad.

Esa conversación derivó en otros temas del mismo género, e incluso resultó interesante a excepción de que en ocasiones Illumi solía detenerse a hacerle comentarios poco agradables; recordándole que no debía relajarse, que en cuanto él quisiera, volvería a tomarle de ese modo que tanto asco le daba.

Al final, no se salvó. Volvió a abusar de él esa misma noche, con el pretexto de que era su paga por hacerle quedarse todo un día entero. Al menos había aprendido a relajarse y pese al desagrado que sentía, lo usó como práctica para los siguientes días. Estaba preparado de antemano a soportar estas situaciones; así que más le valía trabajar por evitar mostrar angustia y depresión.

Justo como la noche anterior, no opuso resistencia, se concentró en lo placentero que podía resultar ser tocado hasta perder la consciencia y regresar cuando todo terminara.

Se odiaba, detestaba admitir que Illumi lo hacía muy bien. Que conocía cada punto de su cuerpo, y entendía mejor que él sus gustos; que no era violento, si no suave, delicado, protegiéndole en cada movimiento; era paciente y no lo lastimaba; eso hacía que fuera doloroso en otro sentido, y se consolaba pensando en que pronto acabaría, que era un día menos para que todo terminara. Recordar que Nimrod quería alejarse de él, pero que no era capaz, gracias a que él lo detenía, le hacía recuperar la confianza.

—¿Vas a querer que me quede a dormir?

Sin voz, sintiéndose sucio por los actos cometidos anteriormente, tomó de la muñeca a su hermano y asintió con la cabeza. Sus ojos tristes mostraban que en verdad se arrepentía de sus palabras y de haberse convencido en disfrutar de aquella actividad; su inmensa tristeza evocó a las profundas emociones de Illumi.

—No llores, Kil. Por favor no lo hagas —lo tomó entre sus brazos—. Sé que debe ser difícil aceptar que tu hermano mayor te ama de este modo, pero entiéndeme un poco…

Killua se rindió al sentir su abrazo. Era un abrazo que en verdad necesitaba, no de él, no obstante le hacía falta. Normalmente era Alluka quien sin darse cuenta lo consolaba. Pasar un día con su abusador, no era cosa fácil.

—Sé que debes odiarme. No entiendo porqué te obligas a mantenerme aquí contigo, si sólo estas llorando por mi culpa. Lo sé, no soy tonto.

—No, no te odio —gimoteó, no quería darle el beneficio de alimentarse más de su hermano, no mientras él pudiera dar batalla—. No te vayas.

—No me iré Kil, no. Tengo que verte sonreír otra vez, irme y dejarte así… —estaba siendo demasiado sincero, se quedó en silencio al darse cuenta que no estaba controlando sus palabras.

Continuó sin añadir palabra alguna mientras ayudaba al chico a vestirse y recostarse. Pasaría ahí la noche, vigilando que durmiera y que no continuara en ese estado de depresión; de nuevo impedido a marcharse. Hasta ese momento cayó en cuenta del porqué el cuerpo de Illumi ya no soportaba tanto tiempo estar lejos de su deseo: porque las noches anteriores en que había abusado de él, lo había abandonado triste. Ese recuerdo se le había grabado en su mente, penetrando hasta el inconsciente de su anfitrión, e Illumi no podía abandonar a Killua en una situación como esa. Debía animarlo, debía hacer que Killua lo dejara marcharse estando él feliz o si no, todo volvería a ponerse mal.

No sólo debía satisfacer el deseo de Illumi por hacerle el amor a su hermano, también debía mantener al albino a salvo, sano y feliz. Esa era parte de la verdadera naturaleza del deseo de su anfitrión. No era tan sencillo como había calculado.

Se quedó despierto hasta que estuvo seguro de que Killua dormía tranquilamente a su lado.

Killua despertó primero, había tenido un sueño muy profundo, lo cual le asustó. Un descuido bastaba para perder el rastro de Nimrod. Se relajó cuando constató que Illumi todavía dormía en la cama. Quería levantarse y ducharse, no le gustaba tener restos de semen en su cuerpo, le recordaba cuán vulnerable era, pero no deseaba despertar a Illumi, quería descansar de él. Optó por levantarse y, en silencio, colocar un cartel en la puerta, con un simple "no te vayas" escrito; si es que su hermano se levantaba esperaba que ese letrero le hiciera desistir.

Con temor fue al baño. Realmente le hacía falta esa ducha, se relajó cuando el sonido del agua y el vapor le despejaron la mente de tantos problemas.

Illumi no era aburrido, en realidad, tratar con él había resultado interesante, mientras se mantuviera a raya. Aceptaba que era un excelente mentor, con todos los conocimientos de Nimrod, a lo largo de su existencia, estaba claro que guardaba una amplia experiencia en casi toda clase de cosas y sólo hasta que su mente estuvo clara, fue capaz de notarlo. Si esa criatura había vivido en muchas diferentes épocas, entonces debía tener montones de anécdotas y datos históricos qué compartir. Si no fuera tan renuente a tratar con él, probablemente lo estaría interrogando todo el día, en busca de más datos interesantes.

Cuando menos lo pensó, se había demorado bastante en salir, y al darse cuenta, se dio prisa. Se cambió y salió del baño buscando a su hermano, lamentablemente no lo encontró en la cama. Se alarmó, volteó a ver a la puerta y vio que el cartel ya no estaba. Asustado de que se hubiera marchado, corrió a localizar su celular, dispuesto a llamarle y pedirle que volviera, pero el ruido de la puerta abriéndose le hizo sobresaltarse.

—¿Qué haces? —le preguntó el morocho, viendo que tenía un tiradero en el cuarto. Había arrojado las sábanas al suelo en un intento torpe por localizar su celular.

—¡Estás aquí!, maldición, Illumi, no me des estos sustos.

—Me pediste que me quedara —se rio— sólo fui por algo para tomar, preparé el desayuno, ¿tienes hambre?

Ese era el instinto de Illumi por proteger y cuidar a su hermano, Nimrod lo sabía y temía a ello, pero no podía resistirse a esa necesidad.

Miró a la estufa, en efecto, no había notado que había algo preparado ahí. Se le hizo agua la boca, Illumi o Nimrod, quién fuera, tenía buena sazón y agradecía que tuviera ese gusto por cocinar. Volvía las cosas más simples, podía estar en ese cuarto por días, trabajar con Illumi sin tener que salir. Aceptó la invitación, aunque tuvo que comer solo, su hermano le dijo que iría ducharse, que no le esperara y se sirviera cuanto quisiera.

«Más tiempo de paz», pensó mientras comía. Ahora que podía, debía planear un método para pasar el resto del día sin levantar sospechas de sus verdaderas intenciones. Nimrod definitivamente no sería fácil y podía darse cuenta de sus intenciones.

Consiguió que Illumi hablara, le contara algunas anécdotas de su vida como asesino, y que le explicara temas sobre política. Cosas que él no había imaginado que ocurrían en el mundo. Killua era un muchacho muy curioso, inteligente y con ganas de aprender, eso hacía que fuera sencillo explicarle todos estos complejos y delicados temas; llenando con preguntas retóricas a su hermano, a fin de encontrar un hueco en sus palabras. Resultó en un intenso debate que ambos disfrutaron por igual.

Incluso a la hora de comer, todavía estaban tratando de llegar a una conclusión que satisficiera a ambas consciencias.

—Es el llamado "derecho a la guerra".

—No. Seguramente te lo acabas de inventar. Ningún acto violento puede considerarse una defensa justa, ¿en serio crees que matar en masa a personas que crees peligrosas te hace ser justo?

—Kant. Killua, se llama Kant, un filósofo. No lo inventé yo; y sobre lo que alegas, es muy sencillo si lo ves desde ese punto; pero te diré una cosa, existe algo que a ti no te pasa porque creciste como un Zoldyck…, no obstante, la gente común, todos los días escucha eslóganes contra la supuesta violencia, y aparecen grupos pacíficos que intentan luchar por sus derechos constantemente violados, y nunca piensan en quién les enseñó que no debían armarse y prepararse para pelear. Si durante sus protestas pacíficas, ellos son atacados por el mismo Estado que, se supone, trabaja para ellos, usando toda la fuerza de sus armamentos y oficiales, ¿qué acaso no tienen derecho a defenderse?

—Defenderse es otra cosa… —tragó saliva pensando que también su respuesta estaba mal, era un caso muy extremo, dudaba mucho que algo así ocurriera—, pero eso…

—Una niña de quince años, asesina a sus padres tras diez años de tortura y abuso, pero ella es encarcelada, ¿tiene sentido humanitario para ti? —no dejó que respondiera—, una mujer mata a su violador en un intento por salvar su vida; es juzgada y condenada a treinta años de cárcel; un muchacho asesina a un ladrón que entró a la casa y amenazó con matar a su familia, es condenado a prisión; dime, ¿es que acaso somos tan estúpidos como para seguir las leyes como si se trataran de reglas en un videojuego que no puedes modificar de acuerdo a nuestra conveniencia o sentido humanitario?

—Eso… eso no puede ocurrir, ¿o sí? —de pronto se dio cuenta que desconocía las profundidades del verdadero mundo en el que vivía.

—Eres muy joven y te fuiste de casa antes del tiempo. Papá no te ha enviado a esa clase de trabajos, por eso no lo conoces de primera mano. A mí se me ha contratado para ir a matar a los líderes opositores de gobiernos corruptos, ¿qué se supone que deba hacer yo bajo esas circunstancias?

—Por eso no quiero ser un asesino… —contestó con amargura.

—¿Y los que matan a los ciudadanos por "justicia" no lo son?, si nosotros matamos por dinero, lo llaman asesinato, si la policía lo hace o los juzgados condenan a muerte a un criminal, lo llaman "justicia". Si lo hace un soldado, lo llaman "guerra". Es cuestión de semántica. Son oficios, las personas normalmente no se dan cuenta de eso.

—Eso sólo demuestra que no hay cara bonita en el oficio familiar. Sólo me das la razón.

—La gente nunca ser prepara para luchar, literalmente cree que con pancartas y hambrunas despertarán las consciencias de quienes los violentan y mandan a matar. Mientras que los que despiertan a la razón para enseñarles que luchar no es tan malo como suena, son juzgados como violentos, alborotadores de la paz, ignorantes. Delincuentes. Incluso usan palabras como "anarquista", sin siquiera conocer sus orígenes, creyendo que se refieren a grupos revoltosos cuando generalmente es el mismo gobierno quien provoca la violencia para justificar el uso de fuerza excesiva.

—¡Basta!, esto hace que me duela el estómago. Es muy complicado para resolverse.

—No es complicado, es sólo una postura. Toma tu postura e ignora la otra, de eso se trata toda la política, no tiene gran dificultad.

—¿Puedo decidir no hacer nada y pretender que no es mi problema? —se recostó, comenzaba a oscurecer cuando notó que llevaban horas luchando por llegar a un acuerdo que por lo visto, no ocurriría.

—Sí, normalmente eso hacemos todos. Pretender que no ocurre nada, es más sencillo que lidiar con la realidad.

Continuaron con el tema. Aparentemente conversar con él era muy sencillo y se detuvieron cuando vieron que era muy noche.

—Ya es hora Kil, hemos conversado demasiado. ¿En verdad me quieres sólo para esto?

No se había puesto a pensar en lo que debía decir para mantenerlo cerca, sólo había usado las líneas que Alex le había aconsejado usar para convencer al hombre de la Y a quedarse una noche más.

—Como sea, quiero mi paga. La necesito.

Se levantó de la silla en la que estaba y caminó hacia el menor quien instintivamente retrocedió con vergüenza. De todos modos, ya estaba en la cama, se le había olvidado por completo que la entidad tenía un propósito más que sólo conversar con él. Se estremeció cuando lo vio subirse al colchón, acomodándose sobre él, con su sonrisa malévola. Mientras que él sin desearlo, ni pensarlo, le mostró lo muy asustado que en realidad estaba.

—¿Qué ocurre hermanito?, ¿ya se te quitaron las ganas de tenerme cerca?

Sí, en definitiva quería responder que quería que se marchara, que ya no era necesaria su compañía. Pero él no iba a arruinar su trabajo de dos días; un esfuerzo que valoraba bastante.

—P-pero aniki—tragó saliva, inconsciente levantó sus manos para evitar que su hermano se acercara mucho a su rostro—, aún no me has explicado la postura de los asesinos en los eventos políticos de… ah… —no pudo terminar la frase, Illumi había tomado una de sus manos para lamer su dedo índice.

—Ya hablamos bastante de política, Kil. ¿En serio creías que me iba a conformar con sólo platicar?, desde hace horas que sólo estoy pensando en todo lo que deseo hacerte esta noche —se inclinó sobre él, besando sus labios y bajando hasta su abdomen, mordiendo la tela de su camisa para levantarla y así besar la blanca piel debajo de ella.

A-aniki, espera, detente… —colocó sus manos sobre los hombros de su hermano, en un sutil intento por hacer que parara. No quería repetir esas escenas terribles una vez más, no esta noche.

—¿Mmm? —se acomodó sobre él nuevamente, haciendo a un lado su cabello para que no estorbara, y besó de nueva cuenta sus labios—, ¿qué ocurre ahora?

—Es que, es… —no podía concentrarse, Illumi sólo se había detenido en ese momento y regreso a su cuello, recorriéndolo con besos, tuvo que empujarlo con más fuerza para que se separara de él— Tengo dudas, todavía, yo…

—Dilo Kil, di que ya no quieres seguir y me iré.

Eso era terriblemente tentador, pero debía resistir. Se mordió el labio, conteniendo las ganas de decirle que se marchara.

—No, yo quiero saber. En realidad quiero saber cuál es la postura de los Zoldyck en los ambientes políticos…

Escuchó la risa de Illumi. Detestaba que se burlara de él en esas circunstancias.

Illumi tomó las manos del menor, y las puso a los costados, apresándolo contra la cama, acercándose mucho la cara del muchacho y susurró a su oído:

—Kil, déjame hacerte el amor, lo necesito esta noche. Necesito mi dosis antes de explicarte lo que quieras.

—Pero, pero es-es interesante —si sonaba más nervioso, era porque esa petición se la había dicho mientras restregaba sus caderas contra su entrepierna, sintiendo la erección de su hermano.

—Te lo diré después de hacer el amor. Me quedaré esta noche y platicaremos hasta que te quedes dormido, luego me iré.

—¡No!, no te vayas.

—¿Me dejarás hacerte el amor entonces?

Se aferró a su ropa, rogando por ser escuchado.

—En verdad aniki, en verdad quiero saber —esperaba que si se mostraba un poco asustado, lo convenciera de no tener relaciones sexuales, mas pedía demasiado. Más de lo que Nimrod estaba dispuesto a ceder.

—Oh Scheherezada, deja tus cuentos para otra noche, tu rey está esperando —la expresión extrañada que le devolvió el niño le hizo recordar que trataba con una hoja casi en blanco—. Más tarde te explico el chiste.

Ya no quiso insistir más, Illumi lo tomaría le gustara o no. Decidió relajarse, no mostrar resistencia o si no estaría dándole satisfacción a Nimrod. Ya había visto que él tenía la capacidad de dañar profundamente al ente, no era un efecto que fuera simple de ver, pero desde el momento en que consiguió hacer que él se quedara, a costa de que fuera a perder su fuerza, significaba que él tenía influencia sobre él. Que no tuviera aún la suficiente autoridad para controlarlo, no quería decir que no estuviera teniendo un progreso.

Lamentablemente para él, no fue una buena noche. Después de que su hermano lo hubiera tomado, terminó avergonzado y deprimido. No pudo conversar después sobre los temas que tanto le habían maravillado durante la tarde, así como tampoco prestó atención a lo que Illumi le decía.

—No estés triste, Kil —le dijo, acariciando su mejilla—. No se supone que estamos haciendo algo malo, yo sólo quiero hacerte sentir bien.

El forzó una sonrisa y asintió. Estaba preocupado, temía que su miedo y tristeza fueran lo suficiente para provocar que Nimrod continuara ganando terreno sobre su hermano, sin embargo, fue precisamente gracias a esa actitud que el ente no pudo marcharse, tuvo que quedarse otra noche completa, intentando consolarlo. Los impulsos de Illumi eran dolorosos y sofocantes en gran manera. El balance por el que tanto se había jactado en definitiva no era lo que había creído de inicio. Sin embargo, hacía falta más tiempo para que el monstruo de Nen cayera en cuenta de esta realidad.

999

De nuevo se levantó alarmado por la mañana, había estado tan cansado que cuando despertó ya pasaba de las diez. Se levantó de golpe, imaginando que Illumi se había marchado —arruinando así su trabajo— y tras escuchar el sonido de alguien en la cocina, se relajó.

—Después de que te des un baño, ven a almorzar. Vamos a tener un día agradable.

Escuchó que le decía desde el otro lado de la cocina. Se puso de pie, preguntándose a qué podía referirse. Daba igual, lo que quería era concentrar su mente en algo que no fuera sexo.

Dicho y hecho, al ir a la cocina, su hermano ya le tenía un buen desayuno preparado, y él estaba de pie junto a la ventana, con un pequeño libro en la mano, leyendo a la luz del día, mientras que a su lado, sobre el borde de la ventana había una taza con café humeante. El aroma de la cocina era delicioso, y se sonrió al ver el esfuerzo que había puesto en preparar algo para él, de no ser por el doble sentido en sus intenciones, le habría agradecido el gesto.

Detestaba que Nimrod tuviera posesión del cuerpo de su hermano, tenía curiosidad por saber qué clase de persona escondía en su interior. Si Illumi tenía ese deseo por amarlo y ser correspondido, quería decir que dentro de esa oscuridad se encontraría con alguien que probablemente no le estaría haciendo nada parecido y que jugaría de su lado en los debates y asuntos familiares, una persona inteligente y dedicada, gracias a la experiencia ganada con la entidad. Justo lo que le hacía falta para tener lejos a sus padres de Alluka y sus decisiones. Con ese pensamiento en mente, se dio ánimos para seguir adelante con su plan.

—Sé cuál va a ser tu respuesta pero de todos modos quiero escucharla. Kil, ¿continuaste aprendiendo después de que te llevé a mi casa? —le preguntó tras verificar que Killua hubiese terminado de comer, dejó a un lado su libro, para concentrarse en el albino.

—¿Y cuál se supone que es mi respuesta?

—"Sí su majestad, así como usted me enseñó que debía hacer" —contestó con sarcasmo.

—¿Por qué te llamaría "majestad"?, idiota.

Soltó una carcajada. Eso era lo que quería, que se relajara y rompiera el hielo, no quería que el chico continuara con su actitud silenciosa y depresiva que sólo lo forzaba a quedarse más de lo necesario.

—Bien, ahora que tengo tu atención, quisiera saber tu respuesta.

—Creí que ya la sabías —respondió con ironía y continuó—. Lo intenté, en verdad que lo hice, inclusive yo… —se ruborizó recordando ese momento de su vida— llegué a escabullirme a tu habitación para leer tus libros, pero, desde que me fui de casa, sólo he entrenado.

—El buen Gon Freecs; una pequeña bestia con tan poco conocimiento.

Se mordió la lengua conteniendo su deseo por cerrarle la boca de un puñetazo, no le agradaba escucharlo hablar sobre su mejor amigo de ese modo.

—Bueno, no es tan relevante. Supuse que ni siquiera leerías algo después de salir de mi casa, es una sorpresa saber que al menos lo intentaste.

Killua podía jurar que ese que hablaba en definitiva no debía tener nada que ver con su hermano. Hasta donde recordaba, Illumi tenía tan poca educación como él. Quizá, sus conocimientos sobre la mente y el cuerpo eran lo único que le daban la apariencia de un tipo inteligente, pero esos conocimientos se debían a la experimentación y no precisamente al estudio, o eso creía él.

—Ayer me dejaste impresionado con tu forma de ver las cosas, no me defraudaste, sabía que no eras cualquier persona más.

—¿Debería decir gracias?

—No, no es importante. ¿Te gustaría aprender algo nuevo? —preguntó sin más rodeos.

La mirada del albino se iluminó y esa fue su respuesta, era un completo sí. Killua adoraba aprender, era estimulante, le hacía sentir que estaba consiguiendo salir de los paradigmas asesinos. Se imaginaba que algún punto lograría encontrar un camino diferente, de esos que por su propia cuenta no había sido capaz de hallar. Siempre había tenido que depender de los demás para descubrirse a sí mismo, pero la puerta que su hermano le ofrecía, invariable, parecía estar llena de muchos otros pequeños y grandes elementos que estaban ahí listos para que él continuara explorándolos.

Illumi sacó su celular de entre sus bolsillos e hizo una llamada a la directora del departamento de cultura de la ciudad en la que se encontraban, presentó sus credenciales como miembro de los Iluminados y al instante le prepararon una sala privada en la biblioteca principal, con acceso a servicio ilimitado y todo lo que fuera a requerir para pasar un agradable día de estudios.

—¿Desde cuándo conoces a la directora de cultura de este lugar?, yo ni estaba al tanto de la existencia de esta ciudad.

—Conozco mucha gente, Kil.

—¿Y lo de no tener amigos?

—¿Quién dijo que éramos amigos? Son negocios.

Luego partieron rumbo a la biblioteca. Inicialmente se había imaginado un lugar aburrido y silencioso. Dudaba tener un día agradable. Apuntaba más bien a un pesadísimo día con empolvados libros, y apuntes, se imaginaba algo parecido a lo que su maestro solía hacer con él. Sin embargo, al entrar a la sala que tenían reservada, se llevó la sorpresa al ver un lugar elegante y acogedor; algunas personas que se presentaron como su personal privado, un espacio bien amueblado, con un buen clima. Escuchó que Illumi solicitaba traer unos libros y otras cosas que no prestó atención por observar la sala. Se preguntaba, cuánta gente tendría acceso a un lugar como aquel. Lo más probable era que muy poca.

—¿Recuerdas lo último que estudiamos juntos? —le preguntó una vez que terminó de dar las instrucciones.

Les habían dejado en privado por petición del morocho. Si requerían algo, sólo sería cuestión de llamarlos por el teléfono para recibir todo cuanto les hiciera falta.

Killua estuvo en silencio, rememorando lo que había ocurrido en aquel entonces. Deseando en verdad recordar sus enseñanzas, tenía la noción de que era algo genial, que había abandonado sólo porque Illumi era quién se lo había enseñado.

—El renacimiento —respondió—, Da-DaVinci, Shakespeare, John Dowland.

—¿Te acuerdas de Bach?, el período barroco…

—¡Ah! —las palabras golpeaban su memoria sin poder atinar concretamente a algo que le diera la pista definitiva— Bach, es…

El morocho se levantó a toda prisa, y colocó una pista que empezó a sonar.

—La pasión según san Mateo. Bach, el más grande genio músico de todos los tiempos. Incluso, me atrevería a decir que hoy en día, no ha nacido un hombre superior a él en su área.

—¿Por qué es mejor que todos los demás?, todos somos superables, ¿no?

—Escucha. Escucha la pieza —ambos quedaron en silencio un momento, mientras las voces del coro y los instrumentos iban uniéndose—. Probablemente no te estés dando cuenta, pero esta complejidad en la composición no tiene igual, este hombre lo escribió en una época en la que sólo podía contar con su imaginación y un instrumento incompleto que resonaba varios segundos después de haber presionado las teclas, y de todos modos, lo hizo como si estuviera escuchando todo al mismo instante en que las ideas venían a su mente… Lo entenderías mejor si tocaras al menos un instrumento.

—¿Tú sabes de música?

—Por supuesto, no lo hago con frecuencia, pero sé tocar laúd, citara, piano y arpa. Las cuerdas se me dan bastante bien.

—No lo entiendo —continuó pensativo—. Tú y yo crecimos en el mismo ambiente, mismos padres, y nunca vi siquiera interés de tu parte en estas cosas. De la nada resulta que sabes tocar varios instrumentos, hablas varios idiomas, sabes de medicina, arte, filosofía y eres un sabelotodo, ¿en qué momento ocurrió eso?, que yo recuerde, nunca teníamos tiempo para otra cosa que no fuera entrenar y hacer trabajos.

—Cuando yo era pequeño mamá me hacía estudiar música. Luego se dieron cuenta de lo fútil que era. Yo fui el conejillo de indias antes de que Milluki llegara y pusiera sus reglas.

Debía reconocer que era un excelente mentiroso. No había titubeado al hablar. Usando de excusa a su madre —alguien a quien no interrogaría— para respaldarse, y añadió una época en la que él no había nacido, así que no podía alegar que era mentira sin caer en algún vacío.

—Aparentemente en tu época había tiempo para todo. Es una lástima que conmigo no fuera así —quiso sonar más listo y hacerle ver que su historia podía tener huecos.

—Bueno, Kil, yo no tenía hermanitos con quién perder mi tiempo.

Le sonrió, lo que sea que el menor estuviera intentando no funcionaría. Él ya había pensado muchas veces lo que respondería en caso de necesitarlo, estaba listo para enfrentar a cada uno de los miembros de su familia.

—¿Por qué la queja?, ¿quieres aprender algún instrumento? —cambió de tema antes de terminar inventando fantasmas y cosas absurdas así como inexistentes.

—¿Me enseñarías? —preguntó sin querer, no lo había podido evitar, no era como si quisiera darle motivos a su hermano para tener más cercanía con él, pero esas invitaciones por el aprendizaje encendían sus venas; le hacían desear adquirir todo ese conocimiento que le mostraba un mundo diferente al que siempre había visto.

Illumi se aproximó a él, tomando una de sus manos, acariciándola con suavidad para luego observar sus dedos.

—Tan menudos y adorables —besó su mano, Killua sintió desagrado por el gesto aunque fingió indiferencia— si aprendes piano, aprendes todo lo que necesitas para tocar cualquier otro instrumento. Te enseñaría con gusto, pero no hoy, otro día.

Respiró hondo. Esa respuesta era mejor, la guardó en su memoria en caso de que tuviera que usarla como un recurso más para frenar a su hermano.

—En fin…

Se quedaron reflexionando sobre período barroco, pasaron al clasicismo y luego llegaron al romanticismo como si las horas no hubieran pasado. Se detuvieron un momento cuando fue la hora de comida y llegaron los del servicio a atenderles como era debido. Killua disfrutaba la experiencia como si aquel ser frente a él no fuera la cosa monstruosa que en realidad era. Se dedicaba a escuchar, a debatir y comprender cada palabra que su hermano le decía.

—Anécdotas de Haydn hay muchas. Eso pasa cuando recoges a un genio indigente que no tiene miedo de volver a la calle.

—Tenía bastante aguante. Su esposa se parece a mamá, ¿no crees?

Illumi se rio, secundado por el menor, había cierta gracia en comparar a Kikyo con las mujeres famosas por su carácter histérico.

—Es que Haydn tenía bastante sentido del humor, sólo escucha "la sorpresa", te habla de alguien que estaba harto de ver a la gente dormida durante sus interpretaciones.

—Lo sé…, ¿te imaginas a toda esa gente despertando de golpe?, apuesto que debió ser muy gracioso.

—Lo fue —se sonrió recordando haber estado ahí—, pero incluso el rey lo tomó como tal. Una buena broma —suspiró melancólico— ¡Qué recuerdos!

—¿Recuerdos?, eso fue hace cientos de años, ¿no?

—¿Qué te parece mejor el clasicismo o el romanticismo? —cambió el tema, ignorando la pregunta del albino.

Killua sabía perfectamente lo que le ocurría. Nimrod estaba evocando cosas de su pasado. Tenía curiosidad en saber si podía orillarlo a confesar su viaje a través de los tiempos, pero cada vez que se acercaba el hombre de la Y, éste cambiaba astutamente el tema hacia algo que de igual modo le atrajera.

En medio de la conversación, el celular de albino comenzó a sonar. Se sobresaltó, observando con pena a su hermano quién le indicó con la mirada que atendiera la llamada. Su corazón latió rápidamente cuando lo hizo, tenía miedo de que fuera el Barón con malas noticias en un momento nada oportuno, y para su sorpresa fue la persona que menos creyó que le llamaría.

—¿Hermano?, ¿eres tú?

—Kalluto —exclamó en voz baja, y se puso de pie para hablar en un lugar privado—. ¿Dónde demonios estás?, ¿qué estás haciendo?, ¿estás bien?

—Estoy bien —lo escuchó resoplar al otro lado de la línea—, estoy en medio de un trabajo, pero… pero mamá me llamó, dijo que Illumi estaba contigo, ¿es eso cierto?

—¿Mamá? —se extrañó, no imaginaba que algo así llegaría a oídos de su madre. Luego recordó que ella era una Iluminada y que podía tener contactos que le informaran lo que ocurría. Eso sólo significaba una cosa, todos estaban a la expectativa de sus resultados combatiendo al ente de Nen.

—Sí. Dijo que él te ha estado buscando y ella tiene miedo por ti.

—¡Esa mujer está loca! Kalluto, no le hagas caso a mamá, toma tu distancia. Créeme, ella no es alguien seguro.

—Yo sólo quiero saber si eso es cierto. Por favor, dime…

Kalluto tenía temor de que la cercanía con Illumi desembocara en su pesadilla, que se llevaran a su hermano para torturarle y lavarle el cerebro.

—Yo sé lo que hago.

—Pero…

—¡No!, basta, no quiero hablar del tema. Kalluto, por lo que más quieras, no vengas, no me busques… —tenía ganas de desahogarse, contarle a alguien lo muy mal que lo pasaba, pero no podía, menos preocupando a las personas que estaban pendientes de su situación, esta era una batalla que debía enfrentar solo— Ahora no puedo atenderte, ¿puedo pedirte algo en especial?

—¿Qué es? —no era que quisiera aceptar. Su hermano sonaba inseguro, cosa que iba en contra de su naturaleza y preparación como asesino. Definitivamente algo importante estaba sucediendo.

—Busca a Alluka, por favor, asegúrate de que ella esté bien. Búscala y dime qué ha sido de ella. Lo necesito mucho…

—¿Ella no está contigo?, ¿qué demonios está pasando?, dime. Dímelo ahora.

—No puedo Kalluto —susurró, su voz tembló un instante— si lo haces, prometo decírtelo.

—Lo haré —miró hacia el cielo, sabía que se arrepentiría por decir lo siguiente, pero no soportaba la idea de ver a su héroe derrotado—, pero no tienes que contarme nada si no quieres. Lo haré porque quiero que estés bien.

—Gracias Kalluto. Debo colgar. Esperaré tu llamada.

Regresó a la sala, y escuchó el sonido de música renacentista al fondo, había puesto alguna pieza para acompañarle mientras repasaba un libro con pinturas de Caravaggio, y se detuvo absorto ante alguna obra. Lo observó en silencio, si tan sólo pudiera unir esas dos personalidades, alguien así de brillante, pero no que fuera abusivo ni despreciable, seguramente tendría al mentor perfecto. Alguien que le guiara de verdad.

—¿Todo bien?

—Sí.

Estuvieron ahí hasta tarde, cuando Illumi decidió que era hora de volver al hotel. Killua sintió que su estómago se revolvía. Regresar al cuarto significaba que su hermano de nuevo reclamaría su cuerpo. Tragó saliva. Debía encontrar el modo de mentalizarse para que esto no le resultara tan enfermo y escalofriante. Pensó en las palabras del Barón y la palabra "disfrutar" salió a la luz. Ya había aprendido a relajarse e ignorar quién era el que le hacía sentir de ese modo, pero no podía aún asociarlo con esa palabra, aunque tal vez era momento de hacerlo. Quedaban otros diez largos días en los que todo podía ocurrir. El hecho de que tuviera éxito hasta ese momento no quería decir que continuaría con esa buena suerte.

Se dejó tocar, cedió al final sin poner resistencia, ni intentar crear distractores. Se concentró en sólo sentir. Illumi cada noche mejoraba, le acariciaba con dulzura y perversión, el cielo y el infierno al mismo tiempo. Eso le ayudaba bastante a no sólo sufrir a costa de él si no pasar un acalorado rato que terminara en un éxtasis real, como agotador.

Al final, sin necesidad de pedirlo, Illumi se quedó a dormir ahí junto a él.

De nueva cuenta, a la mañana siguiente, tras desayunar Illumi le anunció:

—Me iré esta misma tarde, Kil, tengo trabajo por hacer.

Eso había sido totalmente inesperado, por un momento había creído que tenía la situación dominada.

—¡¿Qué?! ¡No!, no puedes irte aniki.

—¿Por qué no?, tú estás bien, no me necesitas aquí. Además ya te lo dije, tengo que trabajar, papá necesita que me encargue de unos asuntos.

Estaba mintiendo, en realidad no quería verse más involucrado con ese chiquillo, no debía arriesgar su valiosa energía.

—No puedes irte. No.

—¿Por qué no? —remarcó, en verdad detestaba que intentaran detenerle cuando tenía tantas cosas importantes por hacer.

—Porque… —necesitaba desesperadamente una excusa, escarbó en sus recuerdos en busca de lo que el Barón originalmente le había sugerido como motivo para retenerlo—, ¿por qué te quieres ir?, ¿me quieres abandonar? Seguramente para ti, resulta muy fácil tratarme de ése modo y luego irte.

Abrió los ojos, incrédulo de lo que acababa de escuchar. Sonaba como si estuviera desesperado por atención; como una expareja adolorida y deseosa por retener más tiempo una relación inexistente.

—¿Qué demonios…? —musitó—, Kil, por el amor al Creador, no digas sandeces, ¡me quedé tres días contigo para demostrarte lo mucho que me importas!, no puedo creer que estés diciendo semejante estupidez.

—Llévame contigo entonces. No sería la primera vez que voy contigo a un trabajo —al inicio se había arrepentido de usar un recurso tan ridículo para frenar a su hermano, pero el efecto en Nimrod le produjo una retorcida satisfacción. Illumi parecía estar en un verdadero apuro.

—Kil, es en otra ciudad, lejos de aquí, ¿estás seguro de que puedes viajar? —lo que en verdad quería preguntar era tenía más que ver con Alluka. Killua no podía simplemente abandonarla.

—Sí te estoy diciendo que me lleves contigo, es porque no tengo problema.

—Kil… no, no puedo trabajar así. Me distraeré por completo si te veo cerca de mí. Voy a querer tocarte de nuevo, ¿qué no ves que matar me excita?

Mentía y eso Killua pudo percibirlo. Illumi nunca expresó en su vida sentirse atraído por tales cosas; sólo por el control, de eso sí que no tenía duda que le provocara una emoción profunda. Debía estar urgido por alejarse de Killua para recurrir a una mentira tan mal planteada.

—¿Y?, no sería la primera vez que… —se ruborizó, no podía completar la oración sin imaginar lo que eso conllevaba.

—¿Qué…? —sonrió satisfecho de ver ese rubor.

—¿Me vas a abandonar cierto?, no importa nada de lo que yo diga, de igual modo me dejarás. No te interesa cómo me sienta yo, debí sospecharlo —se cruzó de brazos y se dio la vuelta para que su expresión facial no delatara sus falsos sentimientos.

—¡Maldición! —tomó del hombro al chico, girándolo violentamente para mirarlo a los ojos— Ya, ya… no digas esas cosas Kil, está bien, puedes venir conmigo, ¿eso te hará feliz?

Y partieron juntos rumbo a una nueva ciudad. Tuvo que pedir a Hisoka que le dejara los siguientes trabajos para él, para que su mentira no terminara mal.

Lo siento, quizá esperaban más lemon, pero esta no es una historia porno... todavía *risa nerviosa* es una historia que usa todo como recursos literarios, y bueno... ¿tengan paciencia?

Yuuki: Nunca, nunca me canso de leerte, puedes escribirme cuanto deseas. Me hace feliz saber que lo has disfrutado. Y sí, todos queremos ver ese momento en que Illumi, Silva y Joab están en la misma habitación con la tensión sexual a todo lo que da. Pues mira que disfrutarlo... ya medio lo hace, pero dale tiempo, que respire el niño! Esta vez no puse porno pero por que así estaba escrito *risas* yo sólo corto, pego y modifico. Quiero más doujin illuKillu o un fanfic más *llanto* es que yo también quiero sorpresas! Gracias Yuuki, te mando un abrazo fuerte, espero que te haya gustado toda esta... esta cosa.

Nos vemos el... bueno, no sé cuándo.'.